Kyle MacLachlan archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/kyle-maclachlan/ Revista de cine Wed, 11 Sep 2019 16:15:43 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.8 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg Kyle MacLachlan archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/kyle-maclachlan/ 32 32 Twin Peaks Recap – Episodio 16: Han llenado de alegría mi corazón https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-16-han-llenado-de-alegria-mi-corazon/ https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-16-han-llenado-de-alegria-mi-corazon/#respond Wed, 30 Aug 2017 21:56:29 +0000 http://las-pistas.com/?p=8957 Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. […]

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

Por Keith Uhlich

“Finalmente”, dice el One-Armed Man, también conocido como Phillip Gerard, cerca de la mitad de la Parte 16 del revivido Twin Peaks de Mark Frost y David Lynch, justo después de que cierto Agente Especial del FBI regrese al mundo de los vivos. Pasaron 13 episodios desde que vimos un trayecto completo de Dale Cooper, aunque ni siquiera ahí era completamente él mismo. (Estar 25 años atrapado en el Black Lodge afecta de manera templada ciertos rasgos de la personalidad.) Ahora, sin embargo, él está al “cien por ciento” (en sus estimativos, al menos), y hay un cierto placer vertiginoso al ver al viejo Cooper y su ánimo de boy-scout tomando el mando otra vez. Pero eso presume que lo que tenemos enfrente es al viejo Cooper y rápidamente se vuelve claro que no sería este el caso.

“Y soy quien soy/Quien fui ya nunca más seré” canta el invitado musical del Roadhouse de esta semana, Edward Louis Severson, también conocido como Eddie Vedder, interpretando su nueva balada “Out of Sand” y resumiendo así el extraño viaje- espiritual-de-dos-décadas-y media de Cooper. Sin embargo, no se trata de una mirada micro sino más bien de una macro, el ethos que nos guía dentro de una serie que podría haberse apoyado en regresos simplones—que nos podría haber dado, de hecho, a ese Dale Cooper de antaño (físicamente conservado pero inútil para lo filosófico) y desarrollarlo simplemente como el motor para los cariñosos recuerdos que tanto los creadores como los fanáticos dictaban. En cambio, Lynch y Frost hicieron del regreso (tal como reza el subtítulo de este revival) de Cooper la espina temática y emocional de la nueva temporada. Y se dieron cuenta de que un regreso hacia el centro propio de uno no es una regresión. El tiempo todavía corre, y moverse hacia dentro no quiere decir que dejas de moverte hacia adelante.

El momento más placentero de la conciencia reencontrada de Cooper, después de su féliz línea de salida del hospital “Yo soy el FBI”, viene cuando reconoce, sin duda alguna, a Sonny Jim Jones como su hijo. Hubiese sido fácil negar todo el arco de Douglas Jones sacando la carta de la amnesia o teniendo a Cooper tan concentrado en su regreso a Twin Peaks a punto tal de que ignorara a las personas que sirvieron como sus estaciones de paso y luces de guía entre los dos mundos. En cambio, en el momento en el que Sonny Jim entra en el cuarto del hospital para encontrar a su padre despierto, Copper le da una torcida sonrisa y lo invita a que se siente junto a él en la cama, invitación que Sonny Jim acepta encantado.

El resto sigue desde ahí. No hay un solo momento de todo su peregrinaje que Cooper no recuerde y considera que es correcto pagarles sus tributos. Se da la mano con su jefe de la compañía de seguros, Bushnell Mullins y dice “No olvidaré su bondad y su decencia.” (Simultáneamente esto funciona como un amoroso, ligeramente velado saludo de Lynch a su primer mentor, el pintor Bushnell Keeler.) Recluta a los hermanos Mitchum, Bradley y Rodney, para que protejan a su familia y lo lleven en avión hacia Twin Peaks, asegurandoles que él sabe muy bien quienes son y que siempre hablará del hecho de que ambos “tienen un corazón de oro”. (La encantadamente mareada Candie que interpreta Amy Shiels apoya la moción de Cooper con un gracioso “Lo tienen. De verdad lo tienen.”) Y justo antes de embarcarse en lo que seguramente será la parte final de este viaje, lleva hacia un costado a Sonny Jim y su “esposa” Janey-E Jones para una despedida llena de lágrimas. “Llenaron mi corazón”, les dice, antes de prometerles (y no es una promesa vacía) que pronto volverá. “Entraré por esa puerta roja y me quedaré en casa para siempre”.

“Quien quiera que seas”, dice Janey-E, “gracias”—la línea más tierna que escuchamos salir de ese personaje al cual Naomi Watts le ha brindado tantísimas facetas. Esas miradas lujuriosas y reverenciales que le hace a Cooper mientras viajan hacia el casino son un momento culminante bastante particular. Aún así, hay algo en su momento de despedida que atañe a un tipo especial de trascendencia, quizás porque se fue armando muy lentamente. Esta es la recompensa hacia la integridad esencial de Copper/Dougie, una epifanía emocional que seguramente tiene mucho de la propia devoción de Lynch a las prácticas religiosas orientales en general y a la meditación trascendental en particular. Vivi tu mejor vida y el universo te responderá con cariño.

Pero también hay un mal dentro de nosotros. O, como en el caso de Cooper, un mal exterior que al que le están pisando los talones. La única aparición demoníaca de Mr. C. esta semana lo muestra en compañía de Richard Horne, junto al que llega a un remoto punto que se corresponde con dos de las tres coordenadas que sus deshonestos subordinados le fueron dando. Mr. C. le da a Richard la tarea de escalar una roca cercana, que es el punto exacto donde la latitud y longitud convergen. Y quien otro que Jerry Horne para estar mirando todo esto desde la distancia, que aparece en esta escena y, todavía drogado, observa a Mr. C. y Richard por el lado inverso de unos binoculares (lo que causa una toma de punto de vista grandiosamente ovalada).

Lynch y Frost disfrutan de esas vistas torcidas, asi como tambien se deleitan en torcer la línea narrativa, llegando a puntos de información reveladora (aunque se trate de los giros más obvios) de manera siempre singular. Richard Horne—hasta ahora construído como un psicótico con cara de bebé en la vena del Frank Booth de Blue Velvet—es abruptamente despachado una vez que alcanza el punto de convergencia de las coordenadas. (Su sombra convulsa, elongada, proyectada sobre las colinas cercanas por las luces de la camioneta de Mr. C. es una de las imágenes más resonantes de Lynch.) Y mientras todavía estamos tambaleando por ese giro de los eventos, además de caer en cuenta de que esto se trataba de una trampa que el doppel-Coop expertamente evitó, Mr. C arroja casualmente el hueso que muchos de los espectadores venían sospechando: “Adiós, hijo mío”—la aparente confirmación, que viene a completar la divulgación dada en la Parte 15, de que Richard es el progenitor de Mr. C. y Audrey Horne.

Oh, Audrey. Los secretos están llegando a su punto final y el de ella es verdaderamente excepcional. Pero antes tenemos que ir marcha atrás y hablar de otro punto enigmático de Peaks—Diane Evans, la confidente diaria de Cooper, que, mientras está sentada en el bar de su hotel en Buckhorn, South Dakota, recibe un texto de Mr. C. que dice: “ : – ) ALL.» Es fácil darse cuenta, por la violencia que suscita en ella el texto, que algo horrible está por suceder. Y Lynch estira perfectamente la tensión mientras Diane le manda al doppel-Coop su propia versión de coordenadas y revisa el revólver que se encuentra en su cartera, dirigiéndose luego lentamente hacia la habitación donde se encuentra Gordon Cole, el jefe del departamento, junto a sus colegas Tammy Preston y Albert Rosenfield.

La larga caminata de Diane (que recuerda a algunos de esos extraños tracking shots acompañados por música de Rammstein en Lost Highway) está musicalizada con una reversión del remix que Lynch hizo a la “American Woman” de Muddy Magnolias, que originalmente habíamos escuchado en la primera aparición de Mr. C en la Parte 1. El peso de la horrible conexión entre los dos personajes es evidente sin que ninguna palabra sea dicha, aunque Diane está a punto de desatar un torrente de confesiones frente a Gordon, Tammy y Albert. Les cuenta que está lista para hablar sobre esa noche, hace muchos años atrás, en la que Cooper fue a verla. “…entró como si nada”, empieza, las primeras palabras de un cautivante monólogo que crece en fervor y terror a medida que va contando acerca de un aparente encuentro amoroso que termina en una violación y en un encuentro sobrenatural en una “vieja estación de servicio” que alteró su vida y que claramente se refiere al “Convenience Store” ocupado por los Woodmen.

Esta secuencia bien podría ser una parte perdida de Inland Empire, en la cual Dern guiaba a los espectadores a través de tres horas de viñetas surrealistas, improvisadas. El armado aquí es más clásico—una actriz interpretando la escena de manera brillante, diciendo sus diálogos frente a la cámara, tan solo con unos pocos cortes a sus tres compañeros de escena para lograr un poco de énfasis. Pero el punto clave es indudablemente de otro mundo ya que cuando Diane saca su revolver Tammy y Albert le disparan y ésta desaparece en el éter. Se materializa de vuelta en el Red Room, sentada frente al One-Armed Man y dándole un último, desafiante “Fuck You” antes de romperse en pedazos de la misma forma en la que lo hizo el Dougie de MacLachlan en la Parte 3. Habiendo sido revelada como otra “tulpa” o “forma supernatural”, la veracidad de su historia se pone en duda. ¿Cuánto de lo que contó Diane fue, para usar una palabra dicha por el One-Armed Man, “manufacturado” (ya sea por Mr. C ó Lynch y Frost) para causar un efecto?

Todos llevan una máscara. Incluso el encanto y esa actitud de siempre-listo que tiene el buen Cooper parece, por momentos, como una simulación, una que solo puede ser resuelta (hacia el verdadero caos de la humanidad) luego de que él se ponga cara a cara con su sensible lado oscuro. Por ahora, es Audrey la que tuvo un momento reflexivo de claridad luego de que ella y su marido Charlie finalmente llegaron al Roadhouse. ¿Es esta la vida real, después de todo? No vayamos tan rápido. Mientras ella y Charlie se sientan en la barra, brindando maliciosamente con sus martinis, el presentador del Roadhouse anuncia el próximo número: “El baile de Audrey”. Los clientes dejan la pista de baile libre y Audrey luce momentáneamente confundida y algo engañada. Entonces una composición familiar de Angelo Badalamenti—esa misma a la que Audrey, ensoñada, bailaba en la serie original—llena el ambiente. De repente es transportada. Cierra sus ojos, se mueve hacia la luz y comienza a moverse al son de la música. Unos gestos aniñados, de jovencita, florecen en su rostro y la cámara se balancea junto a cada uno de sus movimientos. Aun así la edición es fragmentaria, sugiriendo, tal vez, que Audrey está tratando, futilmente, de recapturar un momento de juventud perdida en vez de crear algo completamente nuevo.

Abruptamente, una riña entre dos personas rompe el hechizo. Audrey corre hacia Charlie, lo agarra y le dice “Sacame de acá”. De repente, el Roadhouse se desvanece. Audrey está parada en medio de un cuarto blanco, mirando en el espejo a una versión mucho más desaliñada de ella misma. La electricidad zumba amenazante y su cara aterrorizada aumenta la intensidad.

“Quien fui ya nunca más seré.”

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-Mientras Cooper, Janey-E y Sonny Jim se encuentran a salvo en el hospital, en su casa en Lancelot Court hay mucha acción. Los incómodamente íntimos asesinos rednecks Gary y Chantal Hutchens, vestidos de pintores, se encuentran vigilando el lugar y viendo al Agente Especial Randall Headley y a su frecuente chico de los mandados, el Agente Wilson, golpeando en la puerta sin obtener respuesta. Más tarde, los hermanos Mitchum llegan con algo de comida para la heladera. (“Parece un circo”, dice Chantal mientras los hermanos y sus chicas vestidas de rosa apuran la caminata.) Justo cuando la irritación de Chantal va en aumento al enterarse de que le queda una última bolsa de comida chatarra, un vecino, acreditado como “Contador Polaco” y que maneja un auto que dice “Zawaski Accounting. Inc”, se acerca hacia su camioneta y les dice que están tapando su entrada. Gary y Chantal, para nada amables, le dicen al tipo que se vaya, a lo que éste se mete en su auto y comienza a chocarlos. (Sombras de aquella secuencia de furia al volante del Mr. Eddy de Robert Loggia en Lost Highway—Lynch comprende la furia impulsiva mejor que nadie.) Las armas pronto salen de todos lados y los obsesionados por la tortura de los Hutchens encuentran su sangrienta final. La muerte puede ser tan inesperada. Y tan absurda.

-La actriz que interpreta a la doctora que atiende a Cooper se llama Bellina Logan. Ella ya había interpretado a una asistente del Great Northern en el cuarto episodio de la segunda temporada de la serie original, compartiendo algunas escenas con el Benjamin Horne de Richard Beymer.

-Una teoría sobre Audrey, propuesta algo en broma: ¿Podría ser ella la “soñadora” de la que le habla Monica Bellucci a Gordon algunos episodios atrás y podría haber sido todo esto que vimos (esta temporada, y quizás todo lo anterior) el mundo que ella estuvo imaginando? De alguna forma dudo que Twin Peaks haga algo a los St. Elsewhere.

-”Estoy en la comisaría”, dice una Diane perturbaba cerca del cierre de su monólogo, indicando a Gordon, Tammy y Albert acerca de la importancia de los guardianes de la ley de Twin Peaks, que seguramente van a tener un gran rol en el final de dos horas de la próxima semana. Cuesta creer que el fin está cerca. Nos vemos para una última ronda.

Traducido por Lucas Granero

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

Por Keith Uhlich

Gran parte de la obra de David Lynch es sobre regresión, sobre gente que se siente más cómoda condescendiendo (en realidad, escondiéndose detrás) sus instintos más bajos. Un saxofonista de jazz con un asesinato en mente se refugia en el cuerpo y alma de un delincuente juvenil (Carretera perdida), o una chica del interior que jugó y perdió el juego de Hollywood puede tramar una vida de ensueño en la que finalmente consigue un estrellato de lentejuelas (Mulholland Dr.). Pero estos escapes siempre son trampas cíclicas encubiertas. Uno recoge lo que siembra. Lo que ya pasó volverá a pasar. Incluso la Dorothy Vallens de Terciopelo azul (Isabella Rossellini), finalmente liberada de su relación abusiva con Frank Booth (Dennis Hopper), afirma que “aun puedo ver el terciopelo azul a través de mis lágrimas”. El dolor de lo real lleva a innumerables personajes lyncheanos a buscar los placeres simples de la fantasía, pero muchos de ellos fallan al no darse cuenta de que, a causa de su regresión (consciente e inconsciente), se han construido su propia prisión.

“¿Qué es esto, un jardín de infantes?” pregunta el villano Mr. C. cerca del principio el capítulo 13. Se dirige hacia un cuarto lleno de criminales machos-alfa que se ven y se escuchan como salidos de un pantano de testosterona. Después de una pausa, lleva el insulto más lejos: “¿una guardería?”. Este es el preludio del duelo de pulseadas entre Mr. C y el líder de la banda, Renzo (Derek Mears, una especie de Michael Berryman con esteroides), cuyo desenlace va a definir el destino de Ray Monroe (George Griffith), al que vimos por última vez casi asesinando a Mr. C. en la parte 8.

Todo en esta secuencia es bastante Over the top, incluyendo la pantalla gigante en la que los miembros de la banda ven lo que está pasando en su guarida de Montana (Montana, el estado en el que nació Lynch: otra regresión). Es fácil imaginar que la versión en carne y hueso del lado oscuro del Agente Dale Cooper va a vencer a Renzo en un golpe rápido de sus músculos de Killer BOB. Pero antes tiene un punto que probar. Deja que Renzo se acerque a vencer una o dos veces antes de demostrar su control físico y mental sobre la situación. “Volvamos a la posición inicial”, dice Mr. C. luego de mover el brazo de Renzo sin un gramo de esfuerzo. “Es mucho más cómoda”. Renzo nunca fue vencido y no puede soportar la idea de perder. Lo mejor que puede hacer, después de la provocación de Mr. C. es volver al momento anterior a que todo esto pase. Esto es posible en el mundo de Lynch, pero tiende a significar volver al mismo camino trágico ad infinitum. Sólo la muerte cierra el círculo, así que Mr. C. le quiebra el brazo a Renzo y le da un golpe que le colapsa la cara.

Ray es suyo, y antes de que Mr. C le ponga una bala en la cabeza a su colega, le saca información: tanto las coordenadas que, podemos suponer, Diane Evans memorizó en el capítulo 12 y que llevan a Twin Peaks, y el nombre de un hombre, Philip Jeffries (el ex agente del FBI interpretado por David Bowie en Fuego Camina Conmigo), quien aparentemente quiere ver a Mr. C. muerto. Ray también tiene uno de los anillos de la Owl Cave para ponerle a Mr. C. y transportarlo de vuelta al Red Room. Como Ray quedó del lado de los perdedores, es su cadáver el que queda confinado en el limbo del más allá, dónde el One-Armed-Man recoge el anillo y lo devuelve a su pedestal. La banda de Renzo mira todo desde la pantalla gigante. Desde atrás se acerca Richard Horne quien, al mirar a Mr. C. parece reconocer algo (¿Papá? Acá me tienen, especulando una vez más).

Mientras tanto, en Las Vegas, Dougie Jonesla manifestación simplona del lado bueno de Cooper está pasando un gran momento, celebrando en una fila de conga con su jefe Bushnell Mullins y los absolutamente maravillados hermanos Mitchum. La felicidad desenfrenada puede ser su propia clase de regresión: los hermanos con 30 millones de dólares más no ven ningún problema en repartir cigarros Montecristo ni BMWs, y ni hablar del gimnasio miniatura más espectacular del mundo (con su acompañamiento musical a cargo de Tchaikovski y una luz puntual muy Lyncheana que parece venir de ningún lado) para el hijo de Dougie y su “esposa” Janey-E, Sonny Jim,. “Mirá lo que hiciste” dice la encantada Janey-E a su esposo mientras su hijo corre y juega por su nuevo juego, “Sonny Jim está en el séptimo cielo”.

¿Pero cuánto puede durar el cielo por si solo? Visto desde un ángulo, el arco de Dougie es una larga broma sobre un semi hombre que inspira a la gente mala que está a su alrededor a que hagan las cosas bien. Su inocencia es desconcertante. Y aquellos que tienen la consciencia intranquila no pueden evitar otorgarle motivos concretos a su comportamiento y significados profundos a cada palabra. En esta versión es Anthony Sinclair, el colega dos-caras de Dougie en la empresa de seguros Lucky 7, quien al final se quiebra. Enviado por el mafioso Duncan Todd a matar a Dougie, Anthony consigue un veneno de parte de un contacto, el detective Clark (John Savage), en el departamento de policía de Las Vegas. Pone el polvo en el café de Dougie (por siempre antojado de tajas de café y tarta de cerezas), pero se desarma cuando Dougie comienza a tocar una sustancia brillante en la parte de atrás de su traje y luego repite el final de la frase de Anthony (“Dougie… ahí está tu café”) como devolviéndosela (“…tu café”).

Al poco tiempo Anthony está vomitando toda su historia criminal sobre Bushnell y Dougie, junto con promesas de mejorar. Una mala interpretación de la acciones y palabras de Dougie llevan a Anthony a hacer confesiones. Y ahora ya se siente como si este patrón pudiera seguir para siempreel buen Coop a un lado del país arreglando cosas sin querer mientras el mal Coop hace estragos en todo el resto del mundo. Pero es una repetición vacíauna regresión con trampa. La gente está hecha de impulsos conflictivos que no pueden separarse ni dividirse. En el mejor de los casos podemos mantener balance y en el peor, torcernos violentamente (y después, con suerte, enderezar el barco). Pero intenten reducir a un hombre a sólo su mejor o su peor versión y algo crítico se perderá.

Y de nuevo a Twin Peaks, el lugar al cual el Agente Cooper (en todas sus formas) está atado. Donde contempló su propia regresión en la serie originalrenunciando a la vida de ciudad por la vida campestre (¡vivir ese cliché!). La parte 13 deja en claro que la ausencia de Cooper se siente cada vez más, incluso si muchos de los residentes no pueden ponerlo en palabras. “Eso es existencialismo básico” le dice Charlie, el marido enano de Audrey Horne, quien está todavía más border que en la secuencia larguísima de la parte 12. “Bueno, no estoy segura de quien soy” dice salvajemente, “pero no soy yo”. Frente a este raro momento de claridad, Charlie contraataca rápido: “¿podés dejar el jueguito?”, amenaza con calma, “¿o tengo que terminar tu historia también?”. Esta es otra indicación de que hay una fuerza divina funcionando en el pueblo, algo que hace que los locales corran en círculos, y mucho más ahora desde que el agente Cooper, el necesario balance, está afuera teniendo su propia extraordinaria crisis existencial.

Pero aún hay mucha gente que puede quedar estática por su cuenta. Sarah Palmer continúa su muerte lenta de cigarrillos y vodka mientras mira viejas peleas de boxeo que se reproducen en un extraño loop. Bobby Briggs y Shelly Johnson parecen estar ocupando su propia línea de tiempo con sus propios sucesosel descubrimiento del mensaje secreto de Mayor Briggs; la vacilantemente ansiosa relación entre Shelley y su hija Beckyese revoltijo sin sentido que hemos visto en los episodios anteriores (recuerden, sin embargo, las palabras del One-Armed Man a Cooper en la Parte 2: “¿Es esto el pasado o el futuro?”) y Norma Jennings tiene la conversación más meta posible con su actual novio, el abogado Walter Lawford, sobre las franquicias del RR. Parece que el original de Twin Peaks está perdiendo plata porque, como dice Walter, “estás gastando mucho por tarta y no cobrando lo suficiente”. Norma intenta discutir argumentando con la importancia de los ingredientes orgánicos y el amor que va en cada pieza. “Norma, sos una artista”, responde Walter con gracia Faustiana, “pero el amor no siempre tiene ganancias”. Dinero, el último cielo.

Y después están los hombres HurleyJames y ¡por fin!, Big Ed (Everett McGill, emergiendo desde un retiro que duró décadas). En un giro inicialmente feliz, el más joven de los Hurleys resulta ser el invitado del Roadhouse del capítulo, cantando la canción “Just You” (de Lynch y Badalamenti) que ensayaba hace 25 años con Donna Hayward y la idéntica prima de Laura Palmer, Maddy Ferguson. En el escenario se ven unas falsas Donna y Maddy haciendo los coros. Desde el publico la mujer que le gusta a James, Renee, se mueve entre una marea de emociones. Desde desconcierto, pasando por vergüenza y angustia. James está recreando públicamente un momento privado que tiene décadas, y se siente como un simulacro. Aun así, su vacío es conmovedor precisamente por la tristeza transportadala sensación de que este es uno de los últimos restos felices de una vida que jamás alcanzó su mayor potencial. A veces todo lo que tenemos son fragmentos.

Y Ed. Oh, Big Ed. Aun prendado de Norma, y aun sin poder hacer nada al respecto. La forma casual en la que reingresa (sentado con Norma en el RR) y luego, una vez que aparece Walter, queda a un costado (ofreciendo dócilmente irse a otra cabina) duele mucho. Y la forma en la que Lynch y su director de fotografía Peter Deming lo dejan blureado al fondo de cada cuadro de la conversación entre Norma y Walter es aun peor. A Big Ed también le toca la última escena del episodio, devastadora: está sentado solo en su estación, tomando su sopa para llevar del RR, mirando como pasan los autos por el frente de su negocio de sólo efectivo. Si miran de cerca podrán ver que, en un momento, su reflejo en la ventana no coincide con los movimientos de su cuerpo. Está atrapado en su propio loop ¿una premonición, una amenaza, un alma que grita para poder salir? Sea lo que sea, Ed parece notarlo. Pero no le presta atención.

Mejor malo conocido…

MÁS PORCIONES DE TORTA

-Entre los secuaces del escondite de Montana, mi favorito es Muddy (Frank Collision), quien explica las reglas de la pulseada, y el contador nerd (Christopher Durbin Noll) quien le pregunta consideradamente a Mr. C. , luego de que esté ultimo tenga la mejor mano, si necesita un poco de plata. También sospecho que muchos de estos actores (muchos de ellos barbudos) ya hicieron de Woodsmen en el programa, lo cual sería una linda y sutil manera de doblar el mundo terrenal y el inmaterial de la serie.

-Las últimas palabras de Ray a Mr. C. son sobre el posible paradero de Philip Jeffries: The Dutchman’s. “Se lo que es”, dice Mr. C. Sigo rogando contra todo pronóstico que Lynch haya guardado un último cameo de Bowie.

-Los detectives Fusco vuelven con una información sobre las huellas digitales de Cooper. Pero los detectives se ríen de la sola idea de que el tontuelo de Dougie sea tanto un convicto en la fuga como un agente perdido del FBI. Así que todos hacen una apuesta de 1 dólar para ver si el reporte cae adentro de la basura.

-En genial tener a John Savage (un viejo y querido que ha estado en todo, desde Malas Compañías pasando por El Francotirador, Salvador y La delgada línea roja entre otras) en las filas de Lynch. El veneno, aconitina, que le recomienda a Anthony Sinclair, tiene un pronturaio interesante en la Historia y la Literatura. Cleopatra envenenó a su hermano con él para poder asegurar el lugar de su hijo en la carrera por el trono de Egipto. Y es utilizado por un personaje en el cuento de Oscar Wilde, El crimen de Lord Arthus Savile (1891), así como también en Ulysses (1922) de James Joyce.

-Muy arriba en la lista de “Momentos de Twin Peaks con los que me reí como un loco”: Dougie chocando de cara contra la puerta de vidrio del edificio de su oficina. También me encanta la forma en la que dice “café” (coffee – “caw-FEE”) a Anthony como si fuera el mozo decrépito del Great Northern, Señor Droolcup (Hank Worden) en la serie original.

-Nadine se reconecta con Dr. Amp, antes conocido como el Dr. Jacoby, cuando él pasa con el auto por su negocio de cortinas y ve en la vidriera una de sus palas doradas. Tienen una especie de semi coqueteo, Nadine como una fan y Jacoby como un no muy humilde famoso (“somos nosotros contra ellos” le dice). Luego le cuenta a Nadine la última vez que la vió, siete años atrás, mientras ella gateaba para buscar una papa en el suelo del supermercadouna salida surrealista que se las arregla para contar lo lejos que llegó Nadine. Es quizás una de las pocas habitantes de Twin Peaks que ha logrado tener éxito, o así parece.

-Audrey describe la casa de la que no se puede ir como “parecida a Ghostwood”, referenciando tanto el bosque laberíntico que rodea Twin Peaks como el emprendimiento que su padre, Ben, intentó hacer funcionar en la serie original.

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Twin Peaks Recap – Episodio 10: True Men https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-10-true-men/ https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-10-true-men/#respond Thu, 27 Jul 2017 00:22:06 +0000 http://las-pistas.com/?p=8543 Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. […]

La entrada Twin Peaks Recap – Episodio 10: True Men se publicó primero en La vida útil.

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

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Por Keith Uhlich

Vale la pena citar por completo las últimas (¿tal vez la última?) declaraciones cortas hechas por Margaret “The Log Lady” Lanterman (la fallecida Catherine E. Coulson), hablando por teléfono con el ayudante del Sheriff, Tommy “Hawk” Hill:

“Hawk—la electricidad está zumbando. Se oye en las montañas y en los ríos. La oyes bailar entre los océanos y las estrellas. Y brillando alrededor de la luna. Pero en estos días, ese brillo agoniza. ¿Qué será lo que en la oscuridad permanezca? Los dos hermanos Truman son dos hombres honestos (*). Son tus hermanos. Y los otros, los buenos que han estado contigo. Ahora, el círculo está casi completo. Mira y escucha el sueño del tiempo y espacio. Todo sale ahora, fluyendo como un río. Aquello que es y no es. Hawk—Laura es la elegida

Hay mucho para examinar en esta escena—que llega casi al final de la Parte 10 del revival de la serie de Mark Frost y David Lynch, Twin Peaks—: “Electricidad” trae a la mente imágenes del Black Lodge y sus habitantes que deforman el tiempo y hablan al revés. Muchas observaciones crípticas  (“the glow is dying”; “el sueño del espacio y tiempo”) se sienten como si sirvieran tanto para nuestro mundo como para el que vemos en la pantalla. La forma tranquila y atenta en la que Hawk se sienta a escuchar a Margaret produce en él un comportamiento casi monárquico, real, que le da un aspecto más cincelado que humano (una provocativa complicación de su herencia Nativo Americana mencionada en una profecía pasada de la Log Lady). Y por supuesto, está esa referencia final, poderosa, a la quizás semi divina reina de la graduación, Laura Palmera, el cordero sacrificial de este pequeño pueblo pintoresco y de nuestra propia pequeña pantalla.

Sin embargo, lo que más sobresale es el juego de palabras que Margaret hace alrededor del apellido de los dos sheriff Truman (Robert Forster and Michael Ontkean): True Men (Nota: se dejó intencionalmente sin traducir para respetar el juego de palabras). En un primer visionado, su lectura solemne de esa línea me sonó algo discordante—un extraño momento donde donde el patrón surreal que Lynch y Frost manejan en torno a las palabras y el habla se volvía demasiado obvio. Al pensarlo y volviéndolo a ver, se entiende que se trata de un momento clave de un episodio (y de una serie; y de todo un cuerpo de trabajo) frecuentemente preocupado en torno a esa misma idea. ¿Qué es lo que hace a un hombre en el mundo de David Lynch?

Los hombres son basuras. Cualquiera pensaría eso luego de haber tenido la mala suerte de encontrarse con Richard Horne (Eamon Farren). Este vástago psicótico de una de las familias más ricas de Twin Peaks regresa luego de una ausencia de tres episodios para amenazar y asesinar a Miriam Sullivan (Sarah Jean Long), la mujer que atestiguó cómo Horne se escapó de la escena del choque en la Parte 6. Lynch y su director de fotografía Peter Deming filman el asesinato desde afuera del trailer de Miriam, capturando el reflejo irreal de Richard (tal vez hecho con CGI, lo que lo hace aún más terrorífico) desde el vidrio de la puerta. Ya adentro del trailer para terminar lo que empezó, la cámara corta a un plano general del trailer, que se sacude mientras los dos pelean y el grito de Miriam da el pie para que un enfermizo golpe seco seguido del sutil susurro de la hornalla, que Richard abrió para que todo estalle, se escuchen.

Los hombres son sabios. Miren a Carl Rodd (Harry Dean Stanton), manager del Fat Trout Trailer Park y espectador del caos vehicular de Richard Horne, tocando su guitarra, canturreando la icónica canción folk “Red River Valley”. Al igual que con la Log Lady, sus palabras parece proféticas y aplicables a varios de los dramas que ocurren dentro y fuera del mundo de Twin Peaks: “From this valley they say you are leaving/I will miss your bright eyes and sweet smile/For they say you are taking the sunshine/That will brighten my pathway a while.» (Dicen que te vas de este valle / Voy a extrañar tus brillosos ojos y tu dulce sonrisa / Porque ellos dicen que te llevas la luz del sol / Que hará brillar mi senda por un rato”). Antes de que Rodd pueda terminar la canción, una taza roja de café sale desde una ventana de un RV cercano, y la enojada voz de un hombre comienza a escucharse. “Es una puta pesadilla”, se queja Carl. Está sucediendo de vuelta.

Los hombres son crueles. Dentro del RV, Steven Burnett (Caleb Landry Jones) le aúlla a su mujer Becky (Amanda Seyfried) acerca de la vida indigente que llevan. Ella se acurruca en el sillón mientras él grita como un animal salvaje. Ella lo ataca con sus manos. Él la sostiene, sus ojos dilatados de miedo. Se trata de la versión homínida de ese documental de violencia animal que que Sarah Palmer (Graze Zabriskie) miraba en la Parte 2, y para nada menos hipnotizante.

Los hombres no harían daño ni a una mosca. Asi que dejan que sus mujeres lo hagan. En una mansión de Las Vegas, Rodney Mitchum (Robert Knepper), hermano de su compañero en el crimen Bradley Mitchum (James Belushi), estudia atentamente las grabaciones de vigilancia de uno de sus hoteles-casinos. Una de sus tres damas de compañía, la mujer-robot interpretada por Amy Shiels, Candie (sus hermanas cabeza huecas con Sandie y Mandie), persigue una mosca por el cuarto, queriendo aplastarla con un trapo. El insecto siempre logra evidarla, hasta que vuelva cerca de Rodney. Candie agarra el control remoto y, cuando el bicho se asienta en la cara de Rodney, se lo lanza a él y a su hosco empleador. El infierno se desata: Candie llora, Rodney se contrae de dolor sangriento, Bradley llega y trata de entender qué es lo que pasó. Una vida de películas llenas de gángsters y sus mujeres nos indica que Candie va a recibir su merecido. Pero en cambio tenemos una escena en la que Rodney gentilmente reconforta a su arrepentida novia. “Estoy bien”, le dice dulcemente, aunque sus palabras no traen mucha calma. “¿Cómo puedes amarme despues de lo que hice?, Candie balbucea. Y Rodney, ese violento criminal (quien luego hará una referencia sobre Marlon Brando y su rol de mafioso más conocido), la mira sorprendido como si estuviera por decir “¿Cómo podría no hacerlo?”.

Los hombres son peculiares. Janey-E Jones (Naomi Watts) finalmente lleva a su esposo Dougie—quien es, en realidad, el agente especial del FBI Dale Cooper, todavía encerrado en ese caparazón luego de su viaje interdimensional—al doctor de cabecera de la familia, Doctor Ben. El doctor se maravilla de la transformación física de su paciente, “perfecta” en todo, desde la presión sanguínea hasta el tono muscular, aunque se sorprende un poco de la peculiar tendencia de Dougie de repetir las palabras que otros dicen. (“Pe-cu-liar”, murmura Dougie. Tal cual.) Janey-E también nota esta transformación y claramente se excita. Lo que sigue es una seducción bastante lyncheana que comienza con un hermoso plano de los pies de Janey-E en chatitas rojas  y que llega a su clímax con, bueno, Cooper/Dougie y su “mujer” en éxtasis orgásmico. (La forma en la que MacLachlan extiende sus brazos y mueve su cara mientras Janey-e se lo coje remite a un genio idiota a lo Showgirls—aunque Showgirls ya es, quizás, una genialidad idiota). Luego de ese momento de resplandor, Janey-E le susurra un “te amo” a Dougie. “Amo”, él repite, aunque hay algo en su eufórica expresión que sugiere que esto no se trata tanto solo de una imitación verbal. Las profundidades se están formando.

Los hombres son ruidosos. Claramente es ese el caso con el Dr. Lawrence Jacoby (Russ Tamblyn), vendiendo sus teorías sobre conspiraciones del gobierno y sus palas para “escarbar la mierda” en otra transmisión nocturna de su programa de internet.  Aunque él se propone hablar para las masas, sus escupidos estruendos son muy masculinos, muy de macho. (Personalmente pienso en la concisa respuesta que la gran humorista Fran Lebowitz dió una vez a un miembro de la audiencia que le preguntó “¿Cuáles piensa que son las diferencias innatas entre el hombre y la mujer?”: “Testosterona”, dijo sarcásticamente.) Pero, como suele suceder seguido en esta Parte 10, los berrinches de Jacoby son contrabalanceados por una mujer. Se trata en este caso de Nadie Hurley (Wendy Robie), devota fan del doctor y uno de los personajes de la serie original más tristes y lastimosos (y habitualmente una figura de diversión) a quien aquí se la revela como la dueña de su propio negocio—una tienda de cortinas llamada “Run Silent, Run Drapes” (una referencia, y por extensión, una complicación del thriller de submarinos Run Silent, Run Deep, dirigida por Robert Wise en 1958 y protagonizada por los muy masculinos Clark Gable/Burt Lancaster). “Es tan hermoso”, dice Nadine al mismo tiempo que Jacoby larga su furia (“¡Deja de distraerte con toda esta mierda divertida!”), aunque queda la sensación, especialmente en todos nosotros ya familiarizados, que ella ha hecho un viaje largo, emocionalmente agotador, para ser capaz de decir eso.

Los hombres son bufones. Jerry Horne (David Patrick Kelly), todavía drogado y perdido en el bosque: “¡No podes engañarme! ¡Yo ya estuve acá!”, grita a su celular. Y también está el comisario Chad Broxford (John Pirruccello), quien intercepta la carta que Miriam Sullivan le mandó al Sheriff Truman luego de hablar algunas idioteces con la recepcionista Lucy Moran Brennan (Kimmy Robertson), quien, a pesar de su peculiar comportamiento, se da cuenta quien es un hombre malo cuando lo tiene enfrente.

Los hombres son inútiles. Johnny Horne (Erik Rondell), a quien vimos por última vez rompiéndose la cabeza frente a una pared, usa ahora un casco, una chaqueta de fuerza y está atado a una una silla en el hogar que comparte con su madre, Sylvia (Jan D’Arcy). Es forzado a ver a un osito de peluche algo improvisado—una cabeza de vidrio pegada a un cuerpo peludo—que le dice “Hola, Johnny. ¿Cómo estas?” una y otra vez. Ahí es cuando entra Richard Horne, quien viene a robarle dinero a Sylvia, su “abuela” (esta trama casualmente revelada sugiere que Richard es, de hecho, el hijo del personaje de Sherilyn Fenn, Audrey Horne, aún por aparecer). Esta es la secuencia más desconcertante de la Parte 10, ya que superpone la impotencia de Johnny y Sylvia (él se cae al piso y lucha, ella se acurruca en triste terror) con la furia desenfrenada de Richard. Lynch enerva todavía más las cosas al musicalizar todo el encuentro con una popular grabación de “Charmaine” de Ernö Rapée y Lew Pollack, hecha por la orquesta de Mantovani. En medio de todos esos momentos de violencia, nuestra simpatía cambia constantemente, dando vueltas de un lado a otra, y nuestro entumecimiento (o nuestro deseo de tenerlo) constantemente pinchado. Sentimos…aunque no sabemos bien cómo hacerlo, ni hacia quién. La última frase que Richard Horne le dice a Sylvia parece resumir toda la escena: “¿Por qué tenés que hacer las cosas tan difíciles? ¡Puta!”

Los hombres son tramposos. En Las Vegas, el colega de Dougie Jones en la compañía de seguros, Anthony Sinclare (Tom Sizemore) se encuentra con el adinerado hombre de negocios Duncan Todd (Patrick Fischler). “¿Recordás a mis rivales en los negocios y amargos enemigos, los hermanos Mitchum?” le pregunta, y así comienza a arrojar un montón de información que trae toda una nueva luz acerca de la línea narrativa sobre el fraude de los seguros con la que Lynch y Frost vienen molestando de un modo surrealmente oscuro. Todd le ordena a Sinclair que vaya a visitar a los hermanos Mitchum (Mitchum, Gable, Lancaster, Brando—¡Hombres!…de un cierto tipo) para convencerlos de que es Dougie quien está detrás de todo esto, y así asegurar su muerte y la continuación de toda la encubierta. Luego, cuando Sinclair va a decirles a los hermanos “¡Que tienen un enemigo en Douglas Jones!”, vemos que Candie ya volvió a su estado de cabeza hueca. Ni siquiera es capaz de traer a Sinclair a la oficina de los hermanos sin ponerse a balbucear sobre el reporte climático y el aire acondicionado del casino. Las tareas más sencillas son imposibles para Candie; su felizmente atontada ignorancia y su dulzura constante hacen acordar a Betty Hudson (Marla Rubinoff), siempre desorientada e ingenua, personaje de la serie de corta vida que Lynch y Frost realizaron en 1992, On the air. Una vez más, las condiciones nos hacen creer que será castigada. Pero todo lo que los chicos Mitchum hacen es putear con mínima exasperación. “Hay que despedirla” dice Bradley, enfadado pero compasivo, “no tiene lugar adonde ir”. El amor todo lo conquista, incluso a esos que cortan gargantas.

Los hombres son buenos. La humanidad, en toda su bondad, se puede ver en su totalidad en el hotel de Buckhorn, Dakota del Sur, donde la coronel Constance Talbolt (Jane Adams) y el especialista en forenses del FBI Albert Rosenfield (Miguel Ferrer) conversan coqueteando mientras cenan, al mismo tiempo que Gordon Cole (David Lynch) y su protegida Tammy Preston (Chrysta Bell) los observan, riendo y maravillados, desde lejos. Esta escena es menos sobre diálogo (que permanece, en ambas parejas, prácticamente inaudible) y más sobre reverente pantomima, acerca del absoluto placer que las personas pueden encontrar en la compañía de los otros, más allá de los géneros y otras diferencias.

Los hombres son empáticos. Más adelante, en su cuarto de hotel, Cole se distrae de su trance artístico (dibujando lo que se parece al “Angriest dog in the world” del propio Lynch, reformulado en lo que se asemeja a un reno) cuando alguien le toca la puerta. La puesta en escena es escalofriante debido a que es prácticamente igual a ese momento de la primera temporada en el que un agresor desconocido le dispara al agente Cooper. Pero en cambio, cuando Cole abre la puerta lo que vemos es…una asustada Laura Palmer proyectada encima de él. “Proyectada” es la palabra correcta, porque la imagen de Laura pertenece a Fire walk with me, especificamente a ese momento devastador en el que va a visitar a su amiga Donna Hayward en busca de algo de consuelo luego enterarse de que el hombre que estuvo abusando de ella es su padre, Leland. La visión se disipa para revelar que Albert tiene una evidencia que complica a la Diane de Laura Dern, y pisándole los talones llega Tammy, trayendo una imagen de Mr. C, el doppelganger maléfico de Cooper, en el penthouse de New York donde la joven pareja de Sam y Tracey fueron asesinados en la Parte 1. Aún así, es difícil librarse de esa imagen de Laura—un momento especialmente extraño en un serie repleto de ellos. Más allá de las maquinaciones propias de la trama, es como si Lynch se confrontara con su propia creación, contemplando a su serie y a su torturado personaje desde el centro de una ausencia de un cuarto de siglo, preguntándose cuál es el mejor camino a seguir.

Los hombres son patéticos. En el Great Northern, Benjamin Horne (Richard Beymer) recibe una llamada de Sylvia (de quien ya está divorciado) en la que le cuenta de la invasión que acaba de cometer su nieto. Al igual que en la serie original, su conversación rápidamente se llena de acusaciones y recriminaciones. Luego de cortarle, Ben tapa su cara, exhausto, y finalmente cae en la tentación de la que estuvo escapando en el resto de los episodios. “Beverly”, le dice a su devota aunque casada secretaria (Ashley Judd), “¿querés cenar conmigo?”.

“Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”, reza el viejo dicho. Y es, de hecho, una mujer la que está en el frente y el centro de la escena final de la parte 10 que sucede, obviamente, en el Roadhouse. Esa mujer es Rebekah del Rio, la cantante latinoamericana que llevaba al límite emocional a Naomi Watts y Elena Harring en la sublimemente trágica historia de Hollywood de Lynch, Mulholland Dr., (2001). Aquí, engalanada en un vestido cuyos patrones blanco y negro son muy similares a los del piso del Black Lodge, canta la balada que co-escribió con Lynch, “No Stars, incluída en su disco del 2011 “Love Hurts Love Heals”. La cámara, como bien debe ser, se queda con Del Rio. La audiencia está extasiada. La letra de Del Río es muy simple y muy nostálgica y llena de presentimientos al igual que las súplicas que la Log Lady le hace a Hawk o bien la canción que Carl Rodd se canta a si mismo. El coro, en español, dice lo siguiente: “En tus ojos vi las estrellas / Pero ya no están / Las estrellas ya no están.” Algo se perdió. Hay que falta en muchas vidas. No puede haber belleza sin horror, luz sin oscuridad—”aquello que es y no es”. Mientras Del Rio canta, una cara conocida se encuentra detrás de ella, acompañándola en la guitarra. Ese hombre es Moby.

MÁS PORCIONES DE TORTA

ep10

-«Hola, Las Pistas. ¿Cómo se encuentran hoy?”

 

(*) Acá la Log Lady hace un juego de palabras que no se entiende en la traducción. Al decir, en inglés true man, fonéticamente hace una alusión al apellido de los dos hermanos Truman. De ahí también sale el título de este resúmen, que decidí dejar en inglés para que se entienda mejor.

Traducido por Lucas Granero

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

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Por Keith Uhlich

Hay un breve y hermoso momento en la parte 7, durante la escena en la que el hotelero Ben Horne y su secretaria Beverly Paige (Ashley Judd) están investigando un sonido extraño que emana de las paredes del Great Northern. Ben señala en dirección al punto del cual, él cree, sale el dulce y relajante tono y, por un segundo, parece señalar directo a cámara –a través de ella en realidad, hacia nuestro mundo, hacia aquellos que están del otro lado de la brecha ficción/realidad. Un gesto para perderse si uno parpadea en el cual yace un sutil trabajo de base para lo que siguió: el estética y temáticamente provocativo capítulo 8, que introducía el mito de Twin Peaks en nuestra verdadera historia de destrucción nuclear. En el episodio de esta semanaun regreso a lo misteriosamente banal, la especialidad de Lynchlo revierte trayendo un elemento del universo Peaks de lleno al nuestro (más de esto abajo).

Volviendo a Ben y Beverly, los cuales, hacia el final de la parte 9, seguirán buscando ese tono hipnotizante, al cual Ben asocia con una campana de monasterio. Esta vez hay otra brecha, pero es entre dos personajes que accidentalmente (aunque no tanto) se tropiezan entre ellos para luego hacer una pausa, como si estuvieran preparando los movimientos para un beso mutuamente postergado. Ben no puede. “No sé por qué” él dice, embelesado. “Sos un buen hombre, Ben”, contesta Beverlylo cual para cualquiera familiarizado con la serie, incluso Ben mismo, no es el caso. Pero en este contexto hay algo dolorosamente verdadero en el análisis de Beverly, así como también redentor en la forma en que ambos se toman de las manos y luego inclinan la cabeza como rezando. Somos cosas diferentes (y también) para personas diferentes.

Muchas escenas de la parte 9 giran alrededor de silenciosas interacciones de este tipo, entre personajes tan familiarizados con los rasgos del otro que parecen estarse comunicando por señales. Estos intercambios pueden ser cómicos, como en la forma en la que Gordon Cole (Lynch) anhelada y largamente mira un cigarrillo sostenido por Diane Evans,  para disgusto de la agente Tammy Preston. O puede ser retorcido y horrible: la conversación entre un par de personajes nuevos que cierra el capítulo en el Roadhose, la agotada Ella (Sky Ferreira) y su amiga Chloe (Karolina Wydra), quienes hablan crípticamente (adrede) de un “Zebra” y un “Pingüino”, mientras Ella se rasca furiosamente el sarpullido que se forma en su cuerpo.

La sensación de malestar que Lynch conjura sin esfuerzo está infectando a la gente, pero aun así todo el mundo se comunica en su lenguaje privado (quizás es preferible eso a tener que lidiar con el horrendo panorama general). El Cooper malo, mejor conocido como Mr. C. recientemente levantado de la tumba gracias a los personajes sobrenaturales del Black Lodge- tiene un intercambio secreto con sus dos secuaces, Chantal Hutchens y Gary “Hutch” Hutchens (el novato en la serie Tim Roth, con su gracioso destino absolutamente redneck). Pistolas y otras armas son llamadas “cachorros y galletitas”, y una bolsa de Cheetos cambia de manos como si fuese un objeto religioso. Mientras tanto, en Las Vegas, el buen Cooper sigue encerrado en el aparentemente corto de jugadores (en mente y cuerpo) Dougie Jonesse queda mirando, colgado, la bandera de los Estados Unidos (mientras una versión instrumental de “America the Beautiful” aparece lentamente), luego se pierde ante la belleza de los tacos rojos de una mujer y, finalmente, el terror de un tomacorrientes (un recordatorio del mundo surreal al cual está inextricablemente ligado).

La Diane de Dern recibe un mensaje de texto enigmático (“Alrededor de la mesa la conversación es animada”) de ¿Mr. C.? ¿Están complotados o simplemente la está molestando? Y en Twin Peaks, Andy y Lucy Brennan tienen una discusión graciosa e increíble sobre el color de un sillón y una otomana (roja o beige) que quieren comprar por internet. Acá, como en cualquier momento, no es claro cuál de los dos tiene las mejores cartas y, en términos generales, sobre quién y qué. La vida está siendo vivida en el suelo aunque el cielo (quizás) amenaza con caer.

Mi favorito personal de estos momentos fuera del tiempo: Constance Talbot y Albert Rosenfield haciendo chistecitos sobre el cuerpo decapitado del Mayor Garland Briggs luego de que el equipo de Cole hace una parada inesperada en la morgue de Buckhorn, Dakota del Sur. Hay muchas miraditas entre los dos, pero lo que más resuena es la sensación de que ambos reconocen en el otro un espíritu afín. “¿Cando perdió los mármoles?” pregunta Albert como respuesta a una de las observaciones de Constance. “Cuando el perro recibió su ojo de gato”, dice ella. Otro intercambio en código en una serie llena de ellos. Pero ,aunque los que miramos a la distancia no entendemos nada de lo que dicen (no explícitamente), de alguna forma entendemos. Incluso Cole, parado al lado de su leal subordinado, reconoce y aprecia el coqueteo intelectual. Es hermoso.

Después están las interacciones que no vemos pero nos enteramos de segunda mano todas ellas en relación al Mayor Garland Briggs. Bobby, el hijo ahora parte de la ley, junto con el sheriff Frank Truman y el comisario Tommy “Hawk” Hill se acercan a su madre Betty (Charlotte Stewart) con preguntas sobre el último contacto de su fallecido padre con el agente Dale Cooper hace 25 años. Betty los interrumpe rápidamente, observando pensativa que Garland le había dicho tiempo atrás que ese día llegaría. “Cuando vengan a preguntar por el Agente Cooper, dales esto”, dice, repitiendo las palabras proféticas de su esposo. Los guía al living. “Esta es la silla “dice, señalando hacia de los muebles antes de abrir un compartimiento secreto.

Adentro hay un pequeño cilindro que Betty sostiene contemplativamente por un segundo. Gira hacia Bobby y, en uno de los intercambios más hermosos del nuevo Twin Peaks, se maravilla ante el arco que su hijo ha atravesado, desde sus años de adolescencia delincuente hasta hoy, un viaje en el cual el Mayor Briggs tuvo gran parte. “De alguna forma él sabía que todo iría bien, tu padre nunca perdió la fe en vos” le dice, mientras Bobby comienza a derramar lágrimas. Para los espectadores leales esto se remonta a una de las mejores escenas de la serie original en la que el Mayor Briggs le cuenta a Bobby un sueño que tuvo sobre su eventual éxito en la vida. Ya era hermosa entonces y es aún más poderosa ahora, a la luz de esta secuencia salida del paso natural del tiempo. Que el total del diálogo acá sea llevado por Stewart (parte de la compañía de Lynch desde que fue la novia maníaca de Jack Nance en Eraserhead) no hace más que aumentar el peso emocional de la escena.

Más tarde, cuando Truman y Hawk están perdidos intentando abrir el cilindro, Bobby avanza. Sabe exactamente cómo hacerlo (requiere dos golpes fuertes contra el suelo, la segunda acompañada de un sonido de afinador de metal que sale del cilindrootro “tono hipnotizante”). Una vez que se revela el contenido, Bobby conoce exactamente a qué se refiere el mensaje, con dos fechas (1/10 y 2/10), una hora (la específica del Black Lodge, 2:53) y la mención al Palacio de Jack Rabbit, ya que su padre plantó todas las pistas en la mente de su hijo desde su infancia y adolescencia, sabiendo que iban a florecer en su debido tiempo. Truman está en shock por la presciencia del Mayor Briggs: “él vio todo esto”, dice, “lo que sea que sea”.

Esa es otra historia. Y las historias (que pueden desplegarse en muchísimas páginas o estar contenidas en una mirada) nos ayudan a darle sentido a las cuestiones más inescrutables. Esa es seguramente una de las razones por las cuales el ex director de escuela William Hastings escribió un blog con la ayuda de la fallecida bibliotecaria y amante Ruth Davenport, un blog que detalla la existencia de una dimensión alternativa conocida como La Zona. Los que tienen inclinaciones cinéfilas podrían pensar en Stalker (1979) de Andrei Tarkovski, en la que una tierra mítica (también llamada La Zona) se transforma según la voluntad de la gente que la atraviesa. Y esto nos lleva a la trama que hace estallar la cuarta pared: vayan a “The Search For The Zone” para ver el sitio web de Hastings (¡y compren algún merchandising de Twin Peaks!) que existe en nuestro espacio-tiempo, aun cuando su apariencia noventosa se ve y se siente ridícula y anticuada en este período tan moderno que es 2017, ese en el cual se supone que sucede todo esto.

La disonancia es seguramente intencional. Lynch y Frost aman mezclar pelos y señales de distintas épocas, así como también jugar con nuestras expectativas sobre lo que se supone que tiene sentido en determinado contexto. El tiempo, como tradicionalmente sabemos, no tiene significado acá. Incluso este serial televisivo, parece, no entra en la caja que lo contiene (¿dónde vimos eso antes?) Y la escena larguísima en la que la Agente Preston interroga a Hastings sobre el último post de su sitio, en el que dice haber “conocido al Mayor” sube las cosas un poco. A través de algunos arranques emocionales crudos, Hastings le cuenta a la Agente Preston su viaje a La Zona: cómo él y Ruth Davenport le llevaron al Mayor Briggs una serie de “coordenadas” que permitieron un viaje tridimensional y cómo las últimas palabras que les dijo fueron “Cooper… Cooper”, que se parece a la transmisión desde el espacio (una parte de la cual está registrada en un papel guardado en el cilindro de Bobby) que el Mayor descifró en la serie original. Y sobre todo, cómo la experiencia fue “algo que nunca nadie vio antes. Nunca vi algo así. Nunca jamás vi algo así fue… fue hermoso”.

La admiración de Hastings en seguida se transforma en miedo cuando recuerda cómo, casi inmediatamente después de esta experiencia trascendental, encontró a Ruth muerta y su vida hecha pedazos. Luego Lynch, Frost y Lillard se animan a ir por las risas cuando Hastings solloza, un poco exageradamente, hablando de Ruth “íbamos a ir a las Bahamas… tomar sol… ¡hacer snorkel!” Al principio parece un sueño ridículo, especialmente después del viaje a La Zona,  la sustancia de la cual las palabras de Hastings, incluso con fervor, no pueden parar de transmitir. Pero mientras más habla, más profunda se vuelve la tragedia de sus vacaciones canceladas. Tanto la p mayúscula del “Paraíso” que encontraron y el pequeño cielo que conjuraron en la tierra probaron ser fugaces. Cuán rápido puede la dicha ser consumida por la agonía y el abismo.

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-Sospecho que Lynch y Frost estaban extasiados cuando se les ocurrió la línea de diálogo de Cole para cuando Mr. C. Escapa de prisión: “Cooper escapó del gallinero (Cooper flew the coop)”.

-Mr. C llama a su contacto siempre border en Las Vegas (Patrick Fischler) para saber las novedades, seguramente (como hablan en su habitual tono evasivo) acerca de los muchos intentos de asesinato frustrados al Cooper bueno / Dougie. “Más vale que esté hecho para la próxima vez que te llame”, dice Mr. C., lo cual llena a Todd de ansiedad.

-Mr. C encarga a Chantal y Hutch el asesinato de Warden Murphy (James Morrison) –“Cantará para mi”, dice Chantal con su tono lujurioso psicopático- y luego les dice que tiene un doble trabajo para ellos en Las Vegas, detalles a ser revelados. Va a ser un placer perverso ver a Tim Roth y Jennifer Jason Leigh hacer estragos juntos.

-Los detectives Fusco (Larry Clarke, Eric Edelstein y David Koechner) vuelven para más tonterías al estilo sublime de los Tres Chiflados. Pasan estoicamente por alto las preocupaciones del jefe de Dougie, Bushnell Mullins. Engañan a Dougie y a Janey-E para que dejen sus huellas digitales en una taza de café. Y tienen un chiste interno sobre una luz de guiño rota que parece existir solo para desatar las risas contagiosas de Edelstein. Las risotadas inimitables vuelven a aparecer cuando el trío captura al enano asesino Ike “The Spike” Stadtler (Christopher Zajac-Denek). “Tenemos la huella de la palma de tu mano… de hecho tenemos toda tu palma”. Ha ha.

-¡Poder Dern! El detective Macklay (Brent Briscoe), claramente sin saber a quien se dirige, le informa a Diane que no puede fumar en ese depósito frío de Buckhorn. “¡Es una puta morgue!” ella responde. Bendita sea.

-El resumen de Macklay sobre el caso William Hastings-Ruth Davenport a Cole y compañía da lugar a una de las salidas más filosas de Albert: ¿Qué pasa en la segunda temporada?

-El pobre Jerry Horne, todavía fumado hasta la médula, perdido en el bosque y gritando, horrorizado, a su propio apéndice. “¡No soy tu pie!” le dice a su pie. Ni siquiera se siente raro tipear eso. Esta serie está haciendo maravillas con mi sentido de la realidad.

-Otros Hornes que vuelv: el débil mental Johnny Horne (Erik Rondell, el tercer actor en interpretar este papel después de Robert Davenport en el piloto de la serie y Robert Bauer en el resto, hasta ahora) y su madre/la esposa de Ben Horne, Sylvia Horne (Jan D’Arcy), quien atiende a su hijo después de que corre de cabeza contra una pared. La forma en que Lynch y Peter Deming filman a la pareja, de manera tal que sólo los lados o la parte de atrás de sus cabezas son visibles, es una evidencia precisa de cómo la nueva serie juguetea con y frustra la idea de servicio al fan.

-Más diversión con el Comisario Chad Broxford (John Pirruccello) mientras es regañado y echado a patadas de la sala de conferencias por el Sheriff Truman por comer su almuerzo donde no debería. Esa bala en la frente (ya viene, ¿no Dave y Mark?) puede suceder en cualquier momento –un destino más que apropiado para un lector asiduo, como revelan acá, de la revista “Cargar y disparar”.

-Dos invitados musicales en la Roadhouse esta semana. El DJ escocés y colaborador de Kanye West, Hudson Mohawke, tocando su “Human”, y las chicas del dream-pop Au Revoir Simone con “A Violent Yet Flammable Word”, de su disco The Bird of Music, 2007.

-Otra nota musical: hasta ahora las composiciones del compositor de la serie, Angelo Badalamenti, tendieron hacia un espacio casi subliminal, o hacia momentos potentes del Twin Peaks más familiar (el riff alegre de las secciones de Chris Isaak – Kiefer Sutherland de Fire Walk With Me reaparece en la secuencia de los detectives Fusco, en el momento en el que averiguan el paradero de Ike “The Spike”). La escena de Betty Briggs, por otro lado, es una de las primeras veces (quizás la primera) donde, aunque la melodía es familiar (rastreando hasta el acompañamiento de la escena reveladora entre el Mayor Briggs y Bobby en el restaurante, en la serie original), la música es evidentemente nueva. No me sorprendería que sea una movida intencional de Lynch, Frost y Badalamenti para llevarnos de nuevo a esos lares melodramáticos de la vieja Twin Peaks, aunque me inclino más a pensar que es una forma de subir nuestras expectativas acerca de lo que se viene.

-Terminaré este recap con una pregunta: ¿Hawk se está moviendo hacia atrás en uno de los planos de la escena de Betty Briggs? Esto pasó algunas veces en la nueva Twin Peaks (ver también el final de la conversación entre Gordon Cole y Denise Bryson en la parte 4) donde la tendencia Black Lodge de hablar como si  estuvieras al revés se va metiendo en el mundo real de la serie (así como está).

Traducido por Lucía Salas.

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Twin Peaks Recap – Episodio 7: …y eso es todo lo que diremos al respecto https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-7-y-eso-es-todo-lo-que-diremos-al-respecto/ https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodio-7-y-eso-es-todo-lo-que-diremos-al-respecto/#respond Sat, 22 Jul 2017 23:00:05 +0000 http://las-pistas.com/?p=8427 Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. […]

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

Por Keith Uhlich

Con que así es como David Lynch nos da una información. Primero, con una pícara escena que incluye a los hermanos Horne: “¿Jerry, qué está pasando?” pregunta Ben (Richard Beymer) luego de que su hermano (David Patrick Kelly) lo llama completamente drogado desde el bosque. “¡Creo que estoy volando!…¡No sé dónde estoy!” grita Jerry, quizás hablando por una buena parte de los televidentes de este regreso de Twin Peaks, que tuvieron, después de seis episodios previos, tan solo pequeños destellos del cuadro completo. El ímpetu narrativo pronto se hace a un lado; lo más tedioso está reservado para crear momentos climáticos y de atmósfera, para la inmersión total en la aparente inmovilidad.

La parte 7 sacude un poco las cosas, y después de la demencia de los hermanos varias revelaciones vendrán en rápida sucesión. Pero durante todas las vueltas y giros de la historia hay un persistente sentido que nos indica, como bien lo dice el personaje de Christopher Walken en True Romance, el mafioso Vincenzo Coccotti, “no me querés mostrar nada pero me estas diciendo todo”. Y no me refiero a eso como a una crítica. Hay un cierto placer en ser engañado por un artistas que amas, siempre y cuando la verdad aparezca. ¿Contradictorio? Diría que a Lynch y a su co-creador Mark Frost les fascinan esas oposiciones irreconciliables, armando colisiones extremas (especialmente entre sus impulsos narrativos y no narrativos) que resultan en una cierta intangibilidad trascendente, una que, por supuesto, varía de espectador en espectador dependiendo siempre de su efectividad y resonancia.

“Hay algo que definitivamente no está aquí”, dice Diane Evans (Laura Dern) luego de visitar al malvado doppelganger del ex agente especial del FBI Dale Cooper, Mr C (Kyle MacLachlan), en la prisión de Yankton. Ella está hablando de algo imperceptible, una omisión esencial que ni siquiera un microscopio podría percibir. “Ese no es el Dale Cooper que conocí… No es que el tiempo pasó, o que está cambiado o la forma en la que luce. Es algo de aquí”, dice, tocándose el corazón. Hasta ahora, Diane había sido una persona a la que solo conocíamos de nombre y que únicamente el Cooper bueno (también MacLachlan) contactaba vía casetes, haciendo de paso las veces de su siempre revuelto monólogo interior.

Ahora es de carne y hueso, aunque lo suficientemente extraterreste, con su estruendosa ropa y ese bob rubio platinado (¡ja!) que tiene de pelo. Y de repente se encuentra en una posición activa (Mirame…mirame, le demanda a ese Cooper falsificado de ojos muertos, quien aprovecha para tirar unas indirectas sobre un pasado algo en falta que todavía debe ser hablado en voz alta). Todo esto la vuelve resentida. Cuando Gordon Cole y su compañero Albert Rosenfield la visitan en su departamento, ella los insulta (la forma en la que Dern dice “Fuck you!” ciertamente rankea alto entre los placeres de la vida) y actúa como si no hubiera un mejor lugar para Cooper que estar pudriéndose en una cárcel. “Tough cookie”, le dice Cole a Albert, “siempre lo fue”. La escena tiene un delicioso componente meta, como si no solo estuviéramos viendo a Cole tratando de convencer a Diane sino que también vemos al propio Lynch tratando de persuadir tanto al personaje que él mismo creó como también a la actriz que funciona como su musa frecuente desde Blue Velvet (1986) para participar en esta extravagante trama de 18 partes. “Tiene que ver con algo que tú sabes”, dice Cole, tirando la piedra y escondiendo la mano, “y eso es todo lo que diré al respecto”. ¿Diciéndole todo, mostrándole nada? ¿O viceversa?

Otra variante cómica en este tema de mostrar/decir ocurre en una escena posterior que involucra al Cooper bueno –todavía atrapado en el cuerpo, mente y tediosa vida del agente de seguro Dougie Jones– en la que un trio de policias todos llamados Fusco (Larry Clarke, Eric Edelstein and David Koechner) lo visitan en su oficina. Están ahí para contarle acerca del ahora estallado auto que dejó en Rancho Rosa algunos episodios atrás. Pero ellos esconden este hecho hasta que Janey-E, la nada complaciente esposa de Cooper/Dougie, y su casi igualmente autoritario jefe Bushnell Mullins empiezan a ofuscarse contra ellos, quienes admiten el engaño (un truco común de los policías) y les cuentan que han encontrado el auto destrozado. Pero Janey-E no se los deja pasar. “¿Por qué no nos dijeron eso desde el principio?”, demanda.

Tomemos ese consejo y discutamos algo que yo ya debería haber mencionado: que las páginas que Tommy “Hawk” Hill (Michael Horse) encontró la semana pasado en el baño de hombres de la estación de policía de Twin Peaks fueron arrancadas del diario de Laura Palmer (Sheryl Lee). En lo que es, por lejos, la sección linear más abierta de la nueva temporada, Hawk le presenta las revelaciones de esas páginas (una de las cuales todavía continúa perdida) al sheriff Frank Truman. Nombres familiares como Harold Smith y Leland Palmer vuelven a aparecer. Lo mismo con Annie Blackburn (Heather Graham, aún ausente), vieja amante de Cooper, y su diálogo aparecido en Fire walk with me en el que le implora a la aún viva Laura (en lo que pareciera ser un sueño) que escriba en su diario que “el buen Dale está en el Lodge y no puede salir”. Así que el Cooper que si salió, conjetura Hawk, posiblemente no sea el bueno.

Lo que sigue es una juego de teléfonos (literalmente) en el que Frank llama a su hermano Harry (Michael Ontkean, también ausente) y luego hace Skype con el Dr. Will Hayward (Warren Frost, el padre de Mark Frost, quien falleció luego de que la filmación terminó y a quien está dedicado el capítulo). Tanto Harry como el Dr Hayward estuvieron en compañía de Cooper inmediatamente después de que él abandonó el Black Lodge, pero cualquier información que pudieran tener de ese fatídico día de hace 25 años, se encuentra completamente embarrada por el paso del tiempo y las circunstancias. Harry, ya quedó claro, se encuentra muy mal en términos de salud, luchando contra alguna enfermedad en algún hospital. (Nos damos cuenta de todo esto a través de la sútilmente derrotada cara de Frank, en una magnífica pieza de masculina emoción contenida). El Dr Hayward tiene un poco más para decir al respecto, específicamente recordando que vió salir al doppelganger Cooper de la unidad de cuidados intensivos luego de visitar a Audrey Horne (Sherilyn Fenn, aún sin aparecer), que se encontraba en coma luego de la explosión en el final original de la serie. Pero Frank se da cuenta de que el viaje hacia el pasado lo lleva hacia un desagüe por lo que cambia la conversación con el Dr y empiezan a hablar de pesca, algo que todo Twin Peaker bien sabe hacer.

Hay tan solo un poco de historia que uno pueda procesar, así como solo podemos poner algunas cajas alrededor nuestro, con sus continuas y a menudo inexplicables irritaciones antes de que el orden impuesto se transforme en su propio tipo de caos. Así que vacilamos entre los extremos, intentando encontrar un balance. Quizás seamos Diane, buscando por el espíritu que debería estar en los ojos de un querido amigo, pero que terrorificamente no se encuentran allí. Quizás seamos Jerry Horne gritando en medio del bosque –trágica y cómicamente perdido. O quizás seamos Benjamin Horne, quien, en la mejor secuencia de la parte 7, intenta, junto a su secretaria Beverly Paige (Ashley Judd), descubrir la fuente de un zumbido sobrenatural que resuena por los pasillos del Great Northern Hotel.

Como mucho en este nuevo Peaks, la escena prospera en su apariencia engañosa. Es tanto calma como nerviosa (al igual que ese sonido que Ben y Beverly persiguen), y se agranda gracias a la brillante manera en la que Beymer y Judd actúan la química entre sus personajes, yendo del infantil coqueteo platónico hacia una sensualidad más acalorada. Hay un largo momento durante el cual Ben acerca su mano hacia Beverly, sosteniéndola lo suficientemente cerca como para que pueda tanto acariciarla como reconfortarla gentilmente. El lenguaje corporal de Beverly, también, sugiere que está tanto dispuesta a retroceder con disgusto como a caer en los brazos de Ben. El punto real es ese zumbido efímero, que se escucha durante toda la escena, incluso después de que un punto fundamental de la historia aparezca—la llegada de la llave de la vieja habitación de Cooper, 315, enviada por Jade, la dama de compañia de Dougie, algunos episodios atrás. Pero ese sonido: ¿de dónde viene? Recordemos que una pregunta similar se planteaba en el engañoso drama de Lynch, The straight story (1999), donde un personaje secundario deseaba entender por qué los ciervos siempre corrían delante de su auto. Pero a pesar de todos sus suplicios al cielo, lo único que tenía en el final era la pregunta: ¿dónde? ¿y por qué ella, o nosotros, debemos saberlo?

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-El nombre de usuario de Skype del Dr Hayward es “MiddelburyDoc”, una referencia a la ciudad de Vermont donde Warren Frost vivió antes de su muerte en Febrero de este año. También me encantó la pequeña manija de leña de la que el Sheriff Truman tira para que la su computadora salga del escritorio.

-Andy Brennan (Harry Goaz) busca al dueño, acreditado como Farmer, del camión que fue clave en el accidente de la parte 6. El hombre está claramente alterado; probablemente esté escondiendo a Richard Horne, quien estaba al volante y de quien sabemos que no es de comportamiento amable. Así que éste accede a verse con Andy en la banquina de la ruta cerca de Sparkwood y 21 en dos horas para contarle toda la historia. Más adelante en el capítulo, vemos a Andy esperando al hombre, quien nunca acude a la cita. Lynch corta hacia una de esas inquietantes tomas que solo él puede hacer en la que vemos la puerta de la casa de Farmer levemente abierta, lo que sugiere que algo horrible le debe haber sucedido. Esta segunda escena está acompañada por una de las clásicas melodías de Angelo Badalamenti de la serie original. Eso, junto con el largo número de secuencias localizadas en Twin Peaks que vimos en este capítulo, sólo aumentan el sentimiento de que el pueblo en sí mismo se está moviendo lejos de la periferia narrativa.

-La teniente Cynthia Knox (Adele René) llega desde el Pentágono a Buckhorn, Dakota del Sur, para investigar el misterio del Mayor Garland Briggs y sus huellas digitales. Se sorprende cuando escucha de parte del detective Dave Macklay y la coronel Constance Talbot que hay un cuerpo, excepto que le falta la cabeza. También está el asunto de que el cuerpo tiene una edad que no se corresponde con la del Mayor Briggs (está en sus 40s, cuando en realidad Briggs debería ser más viejo). Ella hace una llamada a su superior en Washington, el coronel Davis (Ernie Hudson), para informarle de este nuevo descubrimiento. Pero mientras ella hace eso, el terrorífico hombre de ceniza (Stewart Strauss)–el demonio que, en la Parte 2, colgaba en la celda conjunta a la de William Hastings, el hombre erróneamente encarcelado–camina hacia ella a lo Michael Myers. Nadie muere; solamente pareciera estar dando vueltas por la morgue de la misma manera en la que el One-Armed Man (Al Strobel) lo hacía en la serie original, esperando por el exacto momento para hacerse notar. Por cierto, el actor que hace del hombre de ceniza, Stewart Strauss, está en Twitter (@stewstrauss). Deberían seguirlo. Tal vez él haga lo mismo. Es bueno en eso.

-Cosas que nunca pensé que iba a ver #1: Gordon Cole imitando cantos de pájaros en su oficina (la cual, además de los retratos de Franz Kafka y de la foto de una explosión atómica, contiene un cuadro de un maíz en la mazorca–¿garmonbozia en su estado original?). También aprecié la irritación de Albert con Cole en relación a todo el asunto de Diane que se va construyendo hasta alcanzar una cima cuando el Cole es forzado a decir “por favor” al solicitarle ayuda a su colega.

-Mientras vuelan hacia la cárcel con Diane, hay una escena entre Albert, Gordon y la agente Tammy Preston (Chrysta Bell) en la que ésta última revela los resultados de la comparación de huellas digitales entre el joven Cooper y Mr. C. Como era de esperarse, los anulares no se condicen, o en realidad si, pero solo cuando son invertidos. Este descubrimiento lleva a que el lado más particular de Gordon aparezca (cualquiera que sea familiar con la escena de Blue Rose en Fire walk with me sabrá de lo que estoy hablando) y le pida a Tammy “que le muestre sus manos”. Asi, agarra cada uno de sus dedos, repitiendo aquello que Mr. C le dijo al verlo en la cárcel en la Parte 4: “estoy muy, muy feliz de verte viejo amigo”. Gordon cierra su acto tomando el dedo anular de Tammy, describiendolo como “el montículo espiritual, el dedo espiritual”. Bien, entonces…la palabra que se corresponde con el dedo espiritual es, en este caso, “mucho”, lo que también coincide con el dedo que, en los archivos que Tammy examina, esta invertido para que coincida con las huellas del Cooper bueno. Vayamos, ahora, de vuelta a la Parte 4 y miremos la escena en la que Mr. C se encuentra por primera vez con Albert, Gordon y Tammy. Notaran que en realidad lo que dice es “estoy yum, muy feliz de volver a verte viejo amigo”. Lo que hace es invertir la segunda palabra, demostrando así de una manera efectiva de que él no es el verdadero Dale Cooper. Y ahora pongámonos todavía más tópico de Reddit y señalemos que el “montículo espiritual” es una clara referencia a la prominente colina de Dakota del Sur que fue (en la realidad) descubierta y escalada en la expedición Lewis y Clark en 1804 y que es (en la ficción) parte de la tradición de la novela The secret history of Twin Peaks. Último “dato real”: los indios de las Grandes Llanuras creían que la Montaña Espiritual era el hogar de un peligroso seres sobrenaturales conocidos como “enanos”. Estoy seguro de que eso no tiene nada que ver con nada.

-La única foto que el FBI tiene de Mr. C es una imagen muy graciosa de él pavoneando, en un estilo muy John Travolta en Staying Alive, en frente a una mansión en Río, sugiriendo una precuela a la Miami Vice meets Baywatch Nights que realmente debería existir. Albert comenta que la mansión fue comprada por una “chica de Ipanema”. Me pregunto si ella tenía viejos ojos azules* para visitar.

-Mr. C tuvo una semana muy completa. Además de encontrarse con Diane, convenció a Warden Dwight Murphy (James Morrison) a hablar con él en privado. En su tete-a-tete, chantajea a Warden con un cierto crimen que involucra a un tal “Joe McCluskey” y el ya mencionado “Mr. Strawberry”. Esto convence a Warden de dejar ir a Mr C de la cárcel junto con su socio Ray (George Griffith), saliendo tranquilamente en bajo la oscuridad de la noche. Asi que el Dale malo está de vuelta en el mundo. Lo que seguirá será seguramente el caos.

-Luego de su encuentro con los detectives Fusco, Cooper/Dougie y Janey-E se cruzan con Ike “The Spike” Stadtler (Christophe Zajac-Denek), el pequeño asesino cuya arma predilecta quedó irremediablemente torcida en el episodio de la semana pasada. Esta vez aparece con un revolver, lo que nos lleva a Cosas que nunca pensé que iba a ver #2: Kyle MacLachlan haciendo una técnica de karate (¡dos veces!) que detiene al enano asesino mientras una manifestación digital del árbol eléctrico del Red Room se le aparece y le dice “¡Torcele la mano!”. Literalmente es lo que termina sucediendo: cuando la policía llega al lugar del hecho, agarran el arma de Ike como evidencia y se dan cuenta de que un pedazo de carne de su palma se encuentra pegada en la culata.

-Una cosa favorita más de la escena de Ben Horne y Beverly: el descubrimiento de las viejas llaves de Cooper desatan los recuerdos del hotelero y menciona el nombre de la joven muerta que fue lo que trajo al agente del FBI al pueblo. “¿Quién es Laura Palmer?” pregunta Beverly. “Eso”, dice Ben haciéndose un poco el sabelotodo, “es una larga historia”.

-Resulta que Beverly tambien tiene una vida hogareña y no es una muy feliz. Junto a ella vive su marida Tom Paige (Hugh Dilon), enfermo terminal que usa su convalecencia como una excusa para molestar de manera pasivo-agresivo a su mujer. “No jodas conmigo” le grita ella a este caparazón de hombre y ambos terminan compartiendo su dolor crudo, áspero y nada resuelto en una manera muy “lyncheana”.

-Este episodio no termina en el Roadhouse, aunque hay una larga escena que se desarrolla allí (musicalizada con “Green Onions” de Booker T. & the M.G’s). Inicialmente pareciera que el propósito es poner a prueba la paciencia de los espectadores, ya que lo único que vemos es a un hombre barriendo colillas de cigarrillos y acomodando las sillas del bar. (Aunque, en realidad, esto no parece ser muy diferente que ver al Dr. Jacoby pintando palas–el simple placer de mirar un trabajo duro). Pero de repente el teléfono suena y tenemos el primer diálogo de Jean Michel Renaud, el simpático dueño del Roadhouse que, como era evidente, hace las veces de proxeneta, conectando a colegialas con grandes ejecutivos. “¡Me debe dos!” le grita a su contacto, refiriéndose a un pago que salió mal, para luego describir a sus trabajadoras menores de edad como “prostitutas de clase A”. Como ya dije…buen tipo ese Jean Michel.

-De hecho la parte 7 finaliza en el RR, con una serie de planos generales (y algunos primeros planos de la cara de Norma, encargándose de las facturas del día) de una jornada aparentemente mundana en el restaurant. El balance se altera momentáneamente cuando un chico entra y pregunta a los gritos si “Alguien ha visto a Bing?!”. Todos se alteran. El joven se va. La patrona vuelve a sus negocios, aparentemente inmune a esa tal amenaza. (El ausente Bing está acreditado en los títulos finales de ser actuado por Riley Lynch, el primogénito del genio de Twin Peaks y guitarrista de la banda que que tocó en la Parte 5. Usen estos datos como quieran.) Se trata de una secuencia que le da un cierre entre pacífico y aterrador al capítulo, una buena manera de concluirlo, hermosamente acompañada, además, por una banda sonora que incluye algunos de los ominosos ambientes sonoros creados por Badalamenti mezclados con la icónica composición instrumental de Santo & Johnny, “Sleep Walk”, de 1959. Un extra bonus, si aguantan hasta el final: la infaliblemente efusiva mesera Heidi (Andrea Hays) saca a relucir una poco de su distintiva carcajada–el equivalente de Twin Peaks a un easter egg de una película de Marvel.

*Ol’ Blue Eyes en el original, haciendo referencia a esta canción de Frank Sinatra: https://www.youtube.com/watch?v=uzTbbbtpk4g

Traducido por Lucas Granero.

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

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Por Keith Uhlich

La imagen clave de la quinta parte del revivido Twin Peaks es la de una mujer en éxtasis. Recuerda el subtítulo que David Lynch, el co-creador y director de la serie, le puso a su espinosa obra maestra en el 2006, Inland Empire: A woman in Trouble (una mujer en problemas). La línea que separa el arrebato de la angustia es muy borrosa, especialmente para las mujeres Lyncheanas, que tienen iguales posibilidades de terminar siendo cadáveres exquisitamente labrados (la ubicua Laura Palmer; la condenada secuaz de la parte 2, Darya) que de ser sobrevivientes hartas del mundo.

Por el momento concentrémonos en Rebecca “Becky” Burnett (Amanda Seyfried), hija de la moza de la cafetería RR, Shelly Johnson (Mädchen Amick), cuyo apellido viene del bueno para nada de su marido, Steven Burnett (Caleb Landry Jones) y oscurece la identidad de su padre. (El ahora amigo de la ley Bobby Briggs—Dana Ashbrook—es el candidato más probable, pero no me sorprendería que Lynch y Frost le dieran una vuelta a ese idea narrativa.) Becky entra al RR promediando el episodio, se acerca a Shelly y le pide,  después de dar algunas vueltas, plata. Vemos y escuchamos todo esto a la distancia, desde la perspectiva de la dueña del local, Norma Jennings (Peggy Lipton)—tres generaciones de mujeres de Twin Peaks interactuando en una especie de organización prismática: El voyeurismo de Norma filtrándose en las preocupaciones maternales de Shelly y terminando en los pequeños ojazos de Becky.

“Si no la ayudás ahora va a ser mucho más difícil ayudarla después”, le dice Norma a Shelly. “Las dos conocemos esa cancioncita, ¿no?” le contesta, invocando a los espectros tanto del abusivo de su ex marido, Leo Johnson (Eric DaRe, quien aparentemente no va a aparecer en esta nueva serie) y de “Big” Ed Hurley (Everett McGill, quien va a aparecer definitivamente), con quien Norma tuvo un romance fallido. Es claro que las dos mujeres pasaron por un torbellino y salieron cansadas y deshechas; Cuando Norma y Shelly pasan sus brazos alrededor de la otra es con la familiaridad de la gente que pasó lo peor y siguió para lidiar con la caída.

Es en ese punto en el que Lynch corta a Becky y Steven en el Thunderbird, en una composición que recuerda a los encuentro clandestinos de Shelly y Bobby en el piloto de la serie original. Esta vez, en cambio, Shelly está adentro mirando hacia fuera (a la sangre de su sangre, ni más ni menos) y la sensación general es la de derrota en lugar de energía. (Bastante esto-pasó-antes-y-va-a-volver-a-pasar) No ayuda que Steven parezca una combinación de los peores aspectos de Leo y Bobby, ni que le ofrece a su joven esposa los restos de la bolsa de cocaína que estuvo inhalando todo el día. Seyfried nunca estuvo tan bien en la pantalla: toma la droga y, lentamente, se vuelve distraída y eufórica. Y es en ese punto en el que Lynch corta a un cenital de Becky que hiela la sangre—acompañado de  I love how you love me” de las Paris Sisters—y lo mantiene, como tantas imágenes de esta nueva serie, mucho más allá del punto de confort en el que se pierde en un júbilo podrido por la droga. Ella es quien es. Sin embargo, Becky es simultáneamente la descendiente trágica de las mujeres lyncheanas pasadas—ciertamente Laura Palmer (cuyo destino, esta escena sugiere, puede llegar a compartir), pero también a la valerosa, impresionantemente ingenua, masticada y escupida por la masculina máquina de Hollywood, Betty/Diane de Mullholland Drive.

Más allá de la abundancia de la acción doppelgangeristica de Dale Cooper, son las mujeres las que más resuenan, de formas tan absurdas como asombrosas. La Constance Talbot de Jane Adams, esa jueza de instrucción que hace una serie de chistes negros cuando se revelan los resultados de su autopsia al cadáver decapitado sin identificar en la primera parte. (También encuentra un anillo de casamiento en el estómago del cadáver que pertenece a la Janey-E Jones de Naomi Watts.) La insistente esposa del Sheriff Truman, Doris (Candy Clark con sus interpretaciones John Waterescas) aparece en la estación de policía de Twin Peaks para gritarle a su marido por la gotera en el techo y el musgo negro que puede aparecer en cualquier momento.

La escena en el Casino Silver Mustang que introduce a dos imponentes pesos pesados, Rodney (Robert Knepper) y Bradley Mitchum (Jim Belushi) que ponen a Burns, el administrador del casino en su lugar más sangriento es más interesante por el trío estoico de chicas de vestido rosa que miran la golpiza desde el costado. Y por primera vez en la serie, la agente del FBI Tammy Preston (Christa Bell) aparece en su escritorio comparando una imagen del joven Dale Cooper con su contraparte malvada y envejecida—vista no como un obsceno objeto de lujuria sino como alguien implacablemente inquisitivo, la “buena agente” que su jefe Gordon Cole (David Lynch) descubrió detrás de ese halo de lascivia a la vieja escuela.

Hablando de vieja escuela pero en una forma nueva y aterrorizante: un psicótico personaje bajo el nombre de Richard Horne (Eamon Farren)—¿quizás el hijo de la Audrey Horne de Sherilyn Fenn?—hace su debut en lo que en un principio parecía ser una escena musical climática en la Roadhouse. (La banda en el escenario es Trouble, liderada por el hijo de Lynch, Riley, y tocando una composición—Snake Eyes—con una furia destructora de sinapsis muy parecida al solo de saxo de Bill Pullman en Carretera Perdida). Al contrario, nos vemos envueltos en otra incómoda secuencia que incluye espantosos maltratos de hombres hacia mujeres cuando Richard maltrata a una chica del Roadhouse llamada Charlotte (Grace Victoria Cox) quien en un principio se vio absorbida por su carisma de chico malo. (Se sabe que es un iconoclasta cuando se lo ve fumando frente a un cartel gigante que dice “Prohibido Fumar”). El hechizo se rompe rápidamente cuando la agarra y le dice “Me voy a reír mientras te cojo, puta.”

Después de un episodio que está repleto de incidentes graciosos (ver más detalles en los ítems del final del texto), este cambio tonal  hacia lo ultra-serio y perturbador—bastante parecido al cambio en Twin Peaks: fire walk with me del cómico agente Chester Desmond hacia la para nada graciosa última semana de Laura Palmer. También deja lugar para una provocativa comparación y contraste con la larguísima escena del segundo episodio en la que Mr. C (Kyle MacLachlan) asesina a Darya (Nicole LaLiberte). Siempre habrá algo cómico en Mr. C. Es más grande que la vida y eso le quita un poco (aunque definitivamente no todo) el timo a sus actos más violentos. También hay algo extraterrestre, por lo menos al principio, en Richard Horne, aunque es mayormente en la forma en la que se ve (esa cara angular a lo Matthew McConaughey bebé) y sus modales calculados (el personaje intenta demasiado parecer “rebelde”). Pero cuando abre la boca y arremete contra Charlotte, su maldad es terrenal y reconocible. Es un Bobby Perú de Corazón Salvaje sin estrellato, por lo que su locura sexista se vuelve más humana y así, más terrorífica. Pero es la cara de Charlotte la que completa el cuento –la apariencia del peligro abyecto (y la inminente condena) tan desmoralizante y vacía que funciona como un complemento frío a la dicha entumecida de Becky Burnett. Esa era la chica.

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-En el frente de Mr. C esta semana: aunque el gemelo malvado del Agente Cooper está en la cárcel,  sigue haciendo su buena cantidad de estragos. Finalmente Walden Murphy (James Morrison) le da su llamada telefónica, la cual Mr. C aprovecha para hacer que los sistemas de vigilancia y seguridad de la prisión se vuelvan locos. Mientras Walden y sus colegas se agarran la cabeza, Mr. C dice “la vaca saltó sobre la luna” al receptor. Un continente más allá, en Buenos Aires, Argentina, una cajita negra con luces hace un destello rojo y se desintegra. Esto no es una coincidencia: se trata de la misma caja que vemos al final del episodio (aunque su paradero no está del todo especificado) después de ser llamada por una mujer en pánico que tiene que encargarse de los dos asesinos que esperan a Cooper/Dougie en el Rancho Rosa. Buenos Aires es también el último lugar donde se sabe que estuvo Phillip Jeffries, el colega de Copper que interpretaba David Bowie en Fire walk with me. Si el personaje de Michael J. Anderson fue recreado digitalmente en un árbol eléctrico en la nueva serie no veo por qué no se podría convertir a Ziggy Stardust en un contenedor negro carbón. Tiene sentido.

-El arriba nombrado no es ni siquiera el momento que más miedo da con Mr. C. Ese es el momento en que se mira al espejo de la celda y el fondo de su cara se transforma en la de Killer Bob (el fallecido Frank Silva). “Todavía estás conmigo” dice Mr. C.—un sentimiento alternadamente conmovedor y terrorífico.

-La primera vez que vemos al Steven Burnett de Caleb Landry Jones es durante la desastrosa entrevista de trabajo. Su interlocutor es el antiguo compañero de crimen de Bobby Briggs, Mike Nelson (Gary Hershberger), quien también parece haber dado vuelta la página hacia una una un poco más legal. Increpa a Steven por su currículum poco profesional y lo manda a volar al grito de “¡Qué pelotudo!”. Es bastante claro que ser bueno no le queda muy cómodo a Mike todavía.

-Cooper/Dougie continúa su integración a la sociedad moderna en la compañía de seguros Lucky 7, donde su fabricado doppelganger solía trabajar. Viene siendo interesante observar cómo Lynch y su Director de Fotografía Peter Deming encuentran el horror (¿quizás también la belleza?) en estructuras corporativas como casinos y desarrollos de viviendas serializados. Esta semana fueron las oficinas caras, con su iluminación plana y fluorescente, ascensores repletos y salas de conferencias vidriadas. Entre las abejas obreras que acompañan a Cooper/Dougie está el colega tramposo, Anthony Sinclair (Tom Sizemore, amenazador como siempre) y un viejo jefe, Bushnell Mullins, interpretado por un Don Murray de 87 años cuya carrera cinematográfica se extiende hacia una comedia con Marilyn Monroe, Bus Stop (1956). Entre sus créditos están también Advise & Consent de Otto Preminger (1962) y la cuarta entrega de los monos favoritos de la ciencia ficción, Conquest of the Planet of the Apes (1972). Mi favorito es el póster gigante que revela que Bushnell solía ser boxeador, un gag visual equivalente a esos retratos que, en las películas, adornan la oficina de los hombres ricos.

-Antes de que Janey-E lleve a Cooper/Dougie a la oficina, hay un momento misterioso en el cual él derrama una lágrima después de ver a su “hijo” Sonny Jim, (Pierce Gagnon) en el auto—uno de esos momentos extrañamente hermosos en los cuales Lynch sobresale.

-La bomba que los dos asesinos ponen en el auto de Dougie finalmente estalla en este episodio, pero solamente después de que un segundo grupo de asesinos —aparentemente llamados por la caja negra de Buenos Aires—aparezca. De una forma muy idiota no se dan cuenta de que el auto está por explotar, aunque la escena se trata más del vecinito (Sawyer Shipman) que vive en frente con su madre drogadicta (Hailey Gates), dos personajes que aparecen en la tercera parte. Hay una historia que Lynch siempre cuenta, la de la vecina golpeada y desnuda que se le acercó cuando era chico. (Ese encuentro finalmente tomó forma en Blue Velvet con Dorothy Vallens y la secuencia de “él me llenó de enfermedad”). Esto viene a ser una pequeña variación de esa experiencia formativa, especialmente en la forma en la que Lynch y Deming encuadran el reflejo de la explosión en la cara del chico, eficazmente significando su naturaleza reveladora.

-Otra cara conocida: la amiga prostituta de Dougie, Jade (Nafessa Williams), quien descubre que el distraído dejó en su auto una llave del hotel Great Northern (cuarto 315). La deja en un buzón, así que seguramente recorra su camino hacia el pueblito de Washington al que pertenece.

-Cuando Becky entra al RR, tiene puesto un delantal de un negocio de pan llamado Sweet Loaf. No es el Meals on Wheels, pero el paralelismo con el trabajo de medio tiempo haciendo/distribuyendo comida se mantiene.

-Otra de las asiduas costumbres de Lynch y Frost: Hawk (Michael Horse) y Andy (Harry Goaz) continúan examinando evidencias del caso de Laura Palmer buscando esa pieza perdida. Lynch y Deming filman esto en una toma larga, con un movimiento de cámara lento y sin palabras hasta que Andy pregunta, “Hawk, ¿encontraste algún indio?”. La respuesta de Hawk es triste: “No, Andy”. El subtexto de genocidio es inconfundible.

-El Doctor Jacoby (Russ Tamblyn) y sus palas doradas son lo más gracioso del episodio. Jamás imaginé que el ex terapeuta de Laura Palmer se transformara en el Alex Jones de Twin Peaks. Pero parece que el doctor se volcó de lleno a la cruzada anti-illuminati, transmitiendo un revoltoso programa de radio/YouTube como el “Dr. Amp”. Las palas doradas son sus mercancías, que vende para ayudar a sus radioescuchas a cavar “lejos de la mierda y hacia la verdad”.  Una para la carcajada. Entre su audiencia cuenta con el productor extraordinario de cannabis, Jerry Horne (David Patrick Kelly) y, por primera vez en esta nueva serie, Nadine Hurley (Wendy Robie), con el mismo parche, sonriendo silenciosamente ante cada palabra del Dr. Amp. Su esposo, Big Ed Hurley, debe estar agradecido por el descanso.

-Una escena rápida en el Pentágono (¡!) muestra por primera vez al Coronel Davis (Ernie Hudson, de los Cazafantasmas originales y la serie de HBO, Oz) y su subordinada, Teniente Cynthia Know (Adele René), a quien envían a Buckhorn, Dakota del Sur, a investigar unas huellas digitales que aparecieron en un cadáver NN. Aunque la policía de Buckhorn no tiene idea, Davis y Know saben que esas huellas son las del Mayor Garland Briggs (el fallecido Don S. Davis), padre de Bobby.

-El contacto en el Roadhouse de Richard Horne es el comisario Chad Broxford (John Pirruccello) a quien ya vimos en la parte 4. Parece ocupar la misma posición de mierda que el comisario Cliff Howard (Rick Aiello) en Fire walk with me,  y no me sorprendería que termine con el mismo destino de cabeza llena de plomo. Horne le alcanza una coima en un paquete de cigarrillos Morley, la marca que fumaba El fumador de los X-Files (William B. Davis). ¿Cruce de episodios?

-La parte 5 está dedicada al recientemente fallecido Marv Rosand, el parrillero del RR, Toad.

-A diferencia de los tres episodios anteriores, este no termina con un recital en la Roadhouse sino con un plano de Cooper/Dougie parado fuera del edificio de oficinas, frente a la estatua de un forajido. (La música que se escucha es una cancioncita del disco Windswept de Johnny Jewel). Como muchos objetos que encuentra, la estatua lo ensimisma y parece traerle algún recuerdo de su vida como agente del FBI. Por el momento se queda contemplando, en silencio y sin certezas. No me sorprendería que siga ahí el próximo capítulo.

Traducido por Lucía Salas.

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Twin Peaks Recap – Episodios 3 y 4: Hell-o-o-o-o-o-o-o-o! https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodios-3-y-4-hell-o-o-o-o-o-o-o-o/ https://lavidautil.net/twin-peaks-recap-episodios-3-y-4-hell-o-o-o-o-o-o-o-o/#respond Tue, 18 Jul 2017 22:49:51 +0000 http://las-pistas.com/?p=8264 Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. […]

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

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Por Keith Uhlich

¿Qué debe hacer un agente especial del FBI luego de haber sido encerrado durante 25 años en una suerte de purgatorio? Los episodios 3 y 4 se dieron de manera seguida, y es en donde vemos a nuestro héroe del Black Lodge, Dale Cooper (Kyle MacLachlan) reintegrarse al mundo real. Esto es básicamente Twin Peaks haciendo Rectify, solo que en lugar de una pena de muerte hubo que esperar en un paisaje del infierno salido de Clive Barker.

O de David Lynch, realmente. Lo que se está haciendo más y más evidente a medida que progresa la nueva temporada, es que se está volviendo una suerte de depósito del inconsciente de Lynch, pasado y presente. Un lugar para nuevas visiones, pero también para darle un distinto contexto a viejas ideas. Volviendo a Barker, hay una cita en uno de sus primeros libros de cuentos («Books of Blood») que se puede mencionar a propósito del método de que está usando Lynch: «Somos nuestras propias tumbas, a mi parecer caminamos entre las tumbas de las personas que solíamos ser»

Cooper inicia el tercer capítulo atravesando una suerte de campo de estrellas, para luego terminar en un cementerio. Se trata de una necrópolis de algún tipo donde se halla una casa habitada por una de las creaciones más terroríficas de Lynchuna mujer sin ojos, interpretada por Nae Yuuki, que oficia de guía de Cooper en este estadio. Estas escenas están narradas con jump cuts, fast-forwards y rewinds, dando el efecto como si los personajes caminaran hacia atrás luego de dar dos pasos adelante. Parece haber una toma de corriente enorme en la pared con un número 15 y un sonido de constantes golpes a una puerta.

En el recap anterior mencioné que parecía que estaba hablando varias lenguas a la vez; describir lo que pasa en Lynch es una manera fácil de hacer creer, y de demostrar, que ya estás metido hasta el fondo. Entonces, es con eso en mente que puedo decir que la aventura de Cooper con la mujer sin ojos concluye con ellos flotando arriba de una caja en el espacio, y debajo de ellos aparece la cabeza cercenada de Garland Briggs (el ya difunto, digitalmente recreado Don S. Davis) que dice de manera afectada «Blue Rose» (una referencia a Fire Walk With Me), hacia el éter. Aquí no es donde todo termina (¿Dónde está mi camisa de fuerza?).

Luego de eso reaparece brevemente Phoebe Augustine, la actriz que interpreta a Ronette Pulaski, la única testigo con vida del asesinato de Laura Palmer. Aunque en los créditos aparece como «American Girl» y su único propósito es ayudar a Cooper a escapar de ese universo antes de que su «madre» (el monstruo que le da golpes a la puerta) llegue. Cooper se inclina cerca de la corriente de electricidad (tengamos presente que a través de la «electricidad» las cosas circulan por el Black Lodge). La corriente eléctrica lo succiona para luego depositarlo en Nevada, en un barrio conocido como Rancho Rosa, donde toma el lugar de otro doppelganger suyo conocido como Dougie.

Ah, Dougie. Como si MacLachlan no estuviera ya en un tour de force interpretando a Cooper y a su doble malo, Mr. C. (que mientras todo esto ocurre se encuentra en un accidente automovilístico mientras vomita la sustancia vital de los habitantes del Black Lodge conocido como «garmonbozia»). Ahora puede actuar como un completo idiota de varias formas interpretando a Dougie. Hay un momento de humor en el Red Room, donde al Dougie original se le achican los brazos y su cabeza se convierte en cenizas antes de convertirse en una pequeña pelota dorada. No hay que obviar que Dougie está usando el anillo que evidencia a las víctimas del Black Lodge. También el saco que está usando es una copia exacta a la de The Yellow Man (Fred Pickler) en Blue Velvet.

Eso nos deja con el Cooper bueno/Dougie, que actúa como un recién nacido, y ocupa casi todo su tiempo en el tercer capítulo jugando en máquinas tragamonedas en el Silver Mustang Casino en Las Vegas. Esta secuencia se siente como un chiste berreta, pero está dilatado hasta cierto punto que se vuelve hilarante. Ayuda que una de las primeras personas con las que Cooper/Dougie se encuentra es la cajera del casino interpretada por Meg Foster (ver They Live de John Carpenter) que logra, con sus fantasmagóricos ojos celestes y voz ronca, sugerir que hay un ser celestial escondiéndose entre los humanos.

Cooper/Dougie se dirige hacia las máquinas, donde Lynch parece encontrar un placer en la repetición de sonidos y coloressonidos de palancas, campanas electrónicas, los colores de las máquinas crean pasillos interminables de tragamonedas. Un ridículo efecto digital (una llama caricaturizada) aparece arriba de todas las máquinas de las cuales va a terminar con un gran premio. Luego de tirar la palanca, hace un grito triunfal: «Hell-o-o-o-o-o-o-o-o!», gesto que imitó de otro jugador. Se convierte asi en un santo para un personaje especialmente Lyncheanouna indigente (Linda Porter) que le da el sobrenombre de «Mr Jackpots» a Cooper/Dougie, luego de ayudarla a ganar un par de veces (sin estar al tanto de esto).

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-Bastantes «porciones» para mencionar del recorrido pre y post casino de Cooper/Dougie. Al Casino lo lleva una prostituta afroamericana llamada Jade (Nafessa Williams), que le ha costado a Lynch críticas en internet por su manejo de asuntos de género y etnia. ¿Por qué hay tan pocos actores negros en sus películas? ¿Por qué las mujeres en sus películas suelen terminar golpeadas, desnudas y/o en profesiones poco respetables? Estas son preguntas que vale la pena hacerse. En mi opinión, Lynch trata a sus personajes con un gran cariño, que me recuerda al trato que tenía Vincente Minnelli con sus personajes, quien tendía a ponerlos como objetos en una vidriera. Hay una diferencia, claro, con el manejo destructor que tiene Lynch del cuerpo humano, algo que Minnelli rara vez hizo (salvo en aspectos psicológicos). En el recap anterior mencioné como el trato de la muerte de Darya (Nicole LaLiberte) era «escultural». En el caso de Jade es llamativo cómo pasa de ser un objeto de deseo a una figura erudita para Cooper/Dougie. Estoy seguro que Lynch encuentra mucho humor y humanidad en su secuencia camino al casino, ningún personaje por encima del otro.

-Luego del Casino, Cooper/Dougie va a casa donde es recibido por su mujer, Janey-E Jones, interpretada por Naomi Watts. Primero está preocupada por saber dónde estaba su marido, pero cambia el tono rápidamente cuando ve que tiene una bolsa llena de plata ganada en el casino. Se refieren a una pasada deuda que ellos tienen, pero todo esto es secundario ya que la escena a mencionar es la del desayuno del día siguientemusicalizada por «Take Five» de Dave Brubeck- donde Cooper/Dougie reaprende cómo comer. El hijo de la pareja, Sonny Jim Jones (Pierce Gagnon), ayuda a Cooper/Dougie a recuperar su gesto característico de pulgares hacia arriba. También parece recuperar alguna de sus facultades luego de tomar un poco de café.

-Hay un momento después de que Cooper/Doguie vuelve a «casa» con su mujer e hijo, donde un buho vuela cerca suyo. Como en la serie original, es mejor asumir que estas criaturas nocturnas no son lo que parecen.

-Hay un par de detalles que adoro como, por ejemplo, el momento en el que Cooper viaja por la corriente de electricidad, la manera en la que su cabeza se distorsiona y le sale humo, es como un pedazo de carne arrojado a la plancha. Sus zapatos no viajan con él, dejándolos en el suelo. Luego cuando sale en el mundo real se puede ver que una de las medias de Cooper tiene un agujero.

-En el bolsillo de Cooper/Dougie está la llave de la habitación 315 del Great Northern Hotel, donde él se quedó en la serie original. La llave va a tener un rol importante más adelante, pero en estos capítulos le salva la vida, ya que al agacharse en un momento dentro del auto de Jade camino al casino, distrae a un francotirador contratado para matarlo.

-Uno de los asesinos a sueldo que persigue al Dougie original planta una especie de dispositivo rastreador en su auto, que se queda en la casa de Rancho Rosa. Va a ser interesante si esto de alguna manera tiene un fin narrativo. Por el momento sirve para introducir a un vecino de ese barrio (Saqyer Shipman) que come galletitas de agua mientras que su madre adicta a las pastillas toma whisky y repite «119!» (¿911 al revés? Más sentidos invertidos y reflejados) como un mantra.

-¡Finalmente vamos a Twin Peaks! Donde nos encontramos con el oficial Andy (Harry Goaz), a la secretaria Lucy (Kimmy Robertson), y al oficial Hawk (Michael Horse) revisando el archivo del caso Laura Palmer/Dale Cooper para encontrar qué es lo extraviado. Hay un momento en el que Lucy de manera aterrorizada admite haber comido un conejo de chocolate de la evidencia. Hawk le aclara que no es el conejo lo que falta, para minutos después dudar si tal vez se trate del chocolate extraviado.

-La trama del Dr. Jacoby y sus palas avanza lentamente. Hay una secuencia extendida donde se lo puede ver pintando con aerosol dorado las palas. Es una secuencia que causa gracia porque parece hacer un chiste interno de la lógica de esperar a que algo ocurra que tiene la serie. También hace referencia al hobby que tiene el director por la carpintería, que puede verse en detalle en el documental David Lynch: The Art Life (2016).

-Hay varias escenas de Cole (David Lynch) en el FBI, donde aparece el personaje de Richard Chamberlain, Bill Kennedy. Este habla de manera hermética sobre un conocido que fue enviado al polo norte. También hay una reintroducción al personaje transexual interpretado por David Duchovny, la agente Dennis/Denise Bryson, ahora como supervisora. La escena que comparten es una maravilla, Duchovny le da muchos matices al personaje, como logró hacerlo en la serie original. Lynch hace referencia al pasado complicado de Denise con colegas transfobicos, «¡Les dije a tus colegas, esos payasos, que arreglaran sus corazones o que murieran!». Aquí la humana excentricidad del director queda demostrada.

-Una breve escena en la estación de policía de Buckhorn que involucra a Constance Talbot (Jane Adams) y al detective Dave Mackley (Brent Briscoe) revela que la identidad del cadáver del capítulo anterior pertenece a alguien del ejército. La información es clasificada, pero parece probable que el cuerpo pertenezca a Garland Briggs, o a alguno de sus colegas.

-Alguien que reaparece en este capítulo es Bobby (Dana Ashbrook). ¡Como un oficial de policía de Twin Peaks! Ashbrook siempre fue uno de los talentos menospreciados de la serie original, y no decepciona con su aparición en la nueva temporada. Cuando Bobby ve la foto de Laura Palmer en la jefatura cuando se está revisando el caso Dale Cooper/Laura Palmer, rompe en llanto. Esta es la única parte donde la música original de Angelo Badalamenti (El «Laura’s Theme») toma control de una escena.

-El capítulo cuatro termina con Gordon Cole, Albert y Tammy yendo a Dakota del Sur a una cárcel donde el Cooper malo está encerrado. Su conversación es terrorífica, ya que el Cooper malo tiene una voz de ultratumba y su intento por imitar el gesto de pulgar hacia arriba del Cooper bueno es muy forzado.  Luego Cole y Albert tienen una conversación donde hacen referencia al personaje de David Bowie, Phillip Jeffries, y se menciona a «Blue Rose» nuevamente. También mencionan que precisan a alguien para vigilar a Cooper, confirmando que sospechan que el Cooper malo no es efectivamente Dale Cooper.

-Los créditos finales de ambos episodios terminan en el Roadhouse, con recitales de The Cactus Blossoms y Au Revoir Simone. Sin contar el primer episodio que se dio en conjunto con el segundo, todos parecen terminar así. ¿Será así con todos los que faltan? Conociendo a Lynch, no tomaría nada como una constante.

Traducción por Agustín Rayneli.

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

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Por Keith Uhlich

El mundo ha enloquecido. Afortunadamente para el agente especial del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan), él ha podido obviar en gran parte las locuras que han ocurrido en los últimos 25 años. Desafortunadamentecomo seguro saben los seguidores de la serie de Mark Frost y David Lynch eso es porque se encuentra atrapado en un purgatorio conocido como el Black Lodge, todo esto mientras su endemoniado doppelganger, una manifestación del espíritu asesino conocido como Killer Bob, anda desatado en el mundo real.

Ya parece que estamos hablando en distintas lenguas a la vez. Pero si Twin Peaks y Lynch (quien dirigió, co escribió, co-editó, y diseñó el sonido para todos los nuevos capítulos) nos han enseñado algo, es que no es malo perder el hilo. Está bien tomarse las cosas con calma. Está bien quedarse quieto esperandomuchas veces de manera impacienteen cualquiera sea el entorno en el que nos encontremos. “The world spins” (el mundo gira) como dice la letra co escrita por Lynch de la balada de Julee Cruise, pero es la versión instrumental Angelo Badalamenti la que nos tira nuevamente, en una nueva secuencia de títulos, al espacio patas para arriba creado por Frost y Lynch.  

Lo inmediatamente obvio: ¿Dónde es arriba? La manera en la que Lynch y el director de fotografía Peter Deming filman la cascada del pueblo y las oscilantes cortinas del Black Lodge sugieren que la gravedad no existe en este lugar. En una secuencia de los primeros dos capítulos, que tuvieron su premier como un solo episodio de dos horas, Lynch se asegura que podamos notar una caja que tiene estampado “Do Not Drop Up” (No Soltar Hacia Arriba). Con esto el director afecta nuestra percepción de una sintaxis común. El sentido se convierte en sin sentido y en sentido nuevamente. Es por eso que las cajas pueden caer hacia arriba.

Hablando de cajas, hay una extraordinaria en el el primer capítulo. Se encuentra en un último piso de un decrépito edificio de Manhattan, una de esas estructuras deslúcidas donde cualquier sonido (lejano o cercano) hacen eco de manera inquietante. Esta es vigilada por un guardia de seguridad (Michael Bisping) con ojos de distinto color, junto con un estudiante universitario, Sam (Benjamin Rosenfield), cuyo trabajo principal, además de tener cámaras de seguridad listas para grabar cualquier cosa que ocurra en esa caja de plexiglás, es mirar sentado esperando a que algo ocurra.  

Si las primeras secuencias de una película o serie de televisión nos dan algún tipo de guía de cómo verla como un todo, este es el momento clave de Twin Peaks. Mira. Espera. Algo puede ocurrir. O podría no ocurrir. Aprende a vivir con la duración, con la bella monotonía. Impaciencia, aburrimiento, irritación, agitación  (emociones humanas muy comunes) conducen a un estado mental trascendental. Es llamativo que solo después de que Sam y su atractiva pretendiente, Tracey (Madeline Zima)que de manera poco ingeniosa se escabulle a la bóveda donde está la cajasucumben a distracciones del cuerpo se conviertan en carnada, ambos devorados por un demonio sin cara, que con su irregular y desdibujada forma se convierte en fuente inagotable de pesadillas.

Siempre ha habido un rastro lascivo en el trabajo de Lynch, especialmente cuando se trata de sexo que encierra potencial para destruir. Pero también hay algo erótico acerca de cómo trata la carne humana, como si las innumerables maneras en la cuales el cuerpo puede desmembrarse son de alguna manera su forma de hacer escultura. Se sienten los dedos del artista en cada herida. Esto está presente en varias de las escenas con el doppelganger macho de Cooper, al que se nos introduce manejando un Mercedes Benz en una carretera de noche, donde atropella dos veces seguidas al mismo campesino. Las intenciones de este alter ego de Dale C. son poco claras, excepto su deseo de estar lo más lejos posible del Black Lodge. Por ahora existe más que nada para posar y amenazar, mientras que nos recuerda a muchos de los antihéroes de trabajos anteriores de Lynch. Su descarada misoginia es puro Frank Booth (Blue Velvet) y su atuendo referencia a la campera de piel de serpiente de Nicholas Cage en Wild at Heart. (Se puede llegar a sospechar que Lynch está encarando la nueva Twin Peaks como una manera de ser autorreferencial, o de hacer un trabajo en englobe toda su carrera, pero seguro él no estaría de acuerdo con esta idea).

En una de las escenas más largas de la premier, el Cooper malo interroga a una secuaz desleal llamada Darya (Nicole LaLiberte) en una sórdida habitación de motel.  La mantiene agarrada muy de cerca, reafirmando su lado más psicótico cuando le da varios golpes en la cara. Un momento desagradable, que culmina cuando Darya es ahogada con una almohada y luego asesinada con un tiro a quemarropa.  Luego de que esto ocurre, Lynch corta a un plano del cuerpo de Darya, con la almohada actuando como una suerte de sustituto de su cabeza. La aniquilación engendra más arte, Lynch aumenta el nivel de perversión cuando luego de esta secuencia el Cooper malo va al cuarto de al lado donde lo espera.. ¡Jennifer Jason Leigh!.. ¡Como una excitada secuaz llamada Chantal! “Ah…estás toda mojada”, él le dice a ella,  antes de que la escena vaya a un fundido a negro, como si se esperaran las risas enlatadas luego de un gag.

Hay varios cambios de tono durante los nuevos capítulos, especialmente cuando aparecen personajes de la serie anterior. Entre nuestros viejos amigos aparecen: Russ Tamblyn como el Dr. Lawrence Jacoby (aparece recibiendo unas palas); Margaret “The Log Lady” Lanterman (la ahora difunta Catherine Coulson, cuya participación cercana a la muerte llena a sus escenas de un pathos casi insoportable); y los hermanos Ben y Jerry Horne (Richard Beymer y David Patrick Kelley) que básicamente aparecen para hacer una rutina de Abbott y Costello en torno a unos comestibles de marihuana.

Y, por supuesto, el cadáver animado que está al centro de todo Twin PeaksLa reina del baile, Laura Palmer, interpretada por Sheryl Lee, que se materializa una vez más (envejecida, pero igual de encantadora) para hablar con el buen Cooper en el Black Lodge. “Estoy muerta…pero viva”, entona (esto justo antes de quitarse la cara como una máscara, dejando ver una luz enceguecedora). Su discurso fragmentado está directamente vinculado a las contradicciones de su personaje (un cuerpo sin vida que de alguna manera oficia de motor que revela secretos),  y de la obra de arte que estamos viendo (cajas dentro de cajas, muchas de ellas no contienen nada, pero que el espectador debe llenar de vida). No existe otro inframundo de inexistencia en el que preferiría pasar esta temporada.

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-Es un honor hacer un resúmen del nuevo Twin Peaks, pero estaría mintiendo si no dijera que es un gran desafío. El arte de Lynch no se presta para un análisis fácil, punto por punto de la narración, ni a ninguna sinopsis como esos de los resúmenes convencionales. El problema no es que decir, sino cómo decirlo. Es por eso que muchas secuencias o tramas no quedaran dentro del artículo principal para poder centrarme en un tema o línea argumentativa que me interese. Personalmente, disfruto que sea una obra que no pueda ser abordada desde todos los ángulos convencionales.

-He estado teorizando  acerca del primer personaje que aparece en la pantalla, y resulta que es un gigante que reside en el Black Lodge interpretado por Carel Struycken (Aunque aparece en los créditos como “????????”). Le da a Cooper algunos indicios de lo que vendrá (“430”, “Richard y Linda”). Luego el gigante dice con tristeza, “Estas muy lejos” antes que el agente especial desaparezca en un glitch bizarro.

-La escena con Ben y Jerry Horne nos introduce a varios personajes nuevosBeverly, una secretaria interpretada por Ashley Judd. Jerry lo molesta a Ben para saber si se ha acostado con ella o no. Es agradable ver un poco de hermandad infantil.

– Hay una escena con el Cooper malo donde visita a un grupo de campesinos, una de ellas es la muy Lyncheana Buella (Kathleen Deming), que responde de manera negativa a un comentario del visitante diciendo “Es un mundo de camioneros” otra línea de diálogo muy pulida, de las que abundan en la premier.

-Hay una sección entera dedicada a una trama que se lleva a cabo de Buckhorn, South Dakota, en la que Jane Adams y Brent Briscoe son detectives investigando el asesinato de una tal Ruth Davenport (Mary Stofle), cuya cabeza cercenada aparece en el cuerpo de un desconocido. Su principal sospechoso es un director de secundario llamado Bill Hastings, interpretado por un genial (y aterrorizado) Matthew Lillard (“Por favor díganme que está pasando”, él dice en un momento  de meta-autoconsciencia). Su esposa Phyllis (Cornelia Guest) parece estar incriminándolo por este crimen. La trama termina cuando aparece el Cooper malo, que antes de dispararle a Phyllis dice; “Seguís la naturaleza humana a la perfección”, una línea de un cinismo espectacular.

-Los otros personajes que vuelven son: Tommy ‘Hawk’ Hill (Michael Horse), Andy Brennan (Harry Goaz) y la recepcionista Lucy Moran Brennan (Kimmy Robertson). The Log Lady le pide a Hawk (por teléfono) que revise el caso de Cooper, donde Andy y Lucy dan un poco de comic relief. “Algo falta y vos tenes que encontrarlo”, the Log Lady le pide a Hawk. Su tierno saludo a ella, “Buenas noches, Margaret”, es para que se te piante un lagrimón.

-Un pequeño momento en Las Vegas (esta temporada de Twin Peaks parece ocurrir en varios lugares) nos introduce a Mr. Todd interpretado por Patrick Fischler (Actor que trabaja en Mulholland Drive). Aquí aparece para hacer referencia a un alguien que parece estar moviendo los hilos detrás de escena-probablemente el Cooper malo, parece costarle mantener la compostura al hablar de su compañero de negocios.  

-Además de Laura Palmer, las secuencias en el Back Lodge/Red Room cuentan con Al Strobel haciendo nuevamente de Philip Michael Gerard, mejor conocido como el One-Armed Man. También hay que hablar de The Arm, mejor conocido como The Man From Another Place, el enano bailarín que habla al revés interpretado por Michael J. Anderson en la serie original. Anderson y Lynch están distanciados, así que está siendo reemplazado por una de las creaciones más raras del director, un árbol que escupe electricidad y que tiene la cabeza de un fósforo quemado en su parte superior. Una manera muy única de hacer un recast.

-Aplaudamos todos a Grace Zabriskie, que vuelve como Sara Palmer al final de la premier de dos horas, tomando mientras que mira un documental donde se ven a unos leones destrozando a su presa. Se la ve cautivada pero aterrorizada al mismo tiempo cuando mira a uno de los leones descuartizando a otro animal.

-La premier termina con un concierto en un bar de una autopista, donde la banda Chromatics cantan “Shadow” mientras que varios personajes nuevos y viejos aparecen. Esta Shelly Johnson (Madchen Amick), hablándole a un grupo de amigas sobre la vida amorosa de su hija. Esta Balthazar Getty, como un nuevo personaje llamado Red, guiñándole a Shelly de lejos. Detrás está Walter Olkewicz, atendiendo el bar, que parece ser un familiar de Jacques Renault, un personaje de la primera temporada y de Fire Walk With Mw (Aparece en los créditos como Jean-Michel Renault). Finalmente está James Hurley (James Marshall), un poco desmejorado luego de un accidente de moto, pero Shelly se asegura de decir con mucha ternura “James sigue siendo cool. Siempre ha sido cool”.

Traducción: Agustín Rayneli.

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