Poné a Francella – Sobre Homo Argentum

Me arrojé sobre la nueva película de Mariano Cohn y Gastón Duprat como quien lo hace sobre una granada, tratando de cuidar al resto de su poder explosivo. O al menos esa era mi intención. En algún lado de mi razonamiento delirante (y pasado de moda) podía decirle a mis amigos: ya la vi, no vale la pena. La verdad, la verdad, es que no funciona así. Una buena parte de los lectores irán (o ya fueron) a ver Homo Argentum para poner su reseña de ½ estrella en Letterboxd, con malicia y sentido del humor. Todos disfrutamos, secretamente, de ser baiteados. Seguimos las migajas que nos dejan los influencers y los políticos, sin esperanzas de salir del laberinto algorítmico, pero, eso sí, tratando desesperadamente de formar parte de una conversación sobre algunos temas en común aunque tengamos posiciones diversas. Eso sería lo ideal. La mayoría del tiempo en redes sociales ni siquiera estamos hablando de lo mismo. Estamos en diferentes laberintos superpuestos y deformados.

Se estrenó una película que se pretende como explicación, índice, summum, catálogo, de la argentinidad. Dieciséis mini-historias que van desglosando diferentes aspectos de cómo vendríamos a ser los argentinos (y ninguno está emplazada, no digamos en Salta, sino digamos a más de cien kilómetros de la Capital Federal). Una película que está hecha para ser despedazada y viralizada en pequeños fragmentos que pierden (o ganan) su sentido al descontextualizarse. Como nosotros, se desvive por formar parte de esa conversación, incluso quiere dirigirla. ¿Qué tiene para decir? Más bien poco.

Leí dos cosas que me dieron ganas de seguir la conversación. La primera es esta pieza de un pensador contemporáneo del que sólo sabemos su nombre en Instagram. Va a dedicar toda su carrera a convencernos de que el argentino en esencia es una mierda. Bastante ambicioso para alguien con un registro que va de Pepe Argento contento a Pepe Argento triste. Las habilidades interpretativas de Francella son puestas en duda, con razón. Convencernos de la esencia del argentino puede parecer muy ambicioso para el poderío de sus armas. Pero… ¿Cuáles son sus armas? ¿Cómo actúa Francella? Tiene sus modos, tiene sus lugares seguros, tiene un espíritu constante traslúcido en cada una de sus interpretaciones.

Hay un modo Francella, el que todos conocemos de la televisión, que está entre el “es una nena…” cada vez que la tensión sexual se volvía insoportable en el sketch con Julieta Prandi que viene de su programa Pone a Francella y elpedazo de boludo…”  dedicado a su hijo, Coki, cada vez que se mandaba una macana en Casados con hijos. Un hombre cansado, acuciado por situaciones en las que se revela incapaz de actuar según sus deseos. Le gustaría concretar con la nena o echar de la casa a Coki Argento. No puede y entonces arquea las cejas en una V invertida, entrecierra los ojos, estira las vocales, en un lamento que lo posee totalmente. El formato televisivo permite la ruptura de la cuarta pared: con ella trata de encontrar complicidad con su público. Nos encuentra del otro lado de la pantalla y pide una ayuda que no necesita porque se sabe derrotado. Su arte, si se lo puede llamar así, es el de la queja.

En otros momentos, como en la célebre escena de El secreto de sus ojos, se emociona contando un descubrimiento: entendió, y le cuenta a quien quiera escuchar, cómo funcionan las pasiones, quizás las específicamente argentinas. Se engolosina dando vueltas sobre una misma idea universal. Sonríe con la boca pero también con la mirada. Sus ojos brillan. Hace pausas dramáticas. Su dicción ahora es perfecta, armonizada por la sonrisa. Es como si fluyera, poseído por el genio: tiene la capacidad, si se quiere intelectual, de encontrar la verdad más evidente posible y vendérnosla. De esa especie de sabiduría de cafetín nostálgica extrae la certeza de que las cosas siempre fueron más o menos así. ¿Así cómo? Así. Y así debería entenderse. Francella es, resumiendo, un frustrado y un entusiasta de las obviedades. No debería sorprendernos su popularidad.

Estos recursos interpretativos (y no muchos otros) pueden verse en Homo Argentum. El muestreo de las argentinidades que proponen Cohn-Duprat no varía demasiado de esos dos modos, más bien descubre los sentimientos oscuros que lo subyacen. Lo que es queja se transforma en cinismo, lo que era sermón/revelación deriva al resentimiento. No hay furia ni derroche: en todo caso, la actuación responsable y tranquila de quien está salvado. Lo estático de la puesta en escena, el cuidado publicitario por las marcas, la timidez del resto de los actores frente a su presencia, todo está en función de cuidar su seguridad (salvo por un capítulo en el que está muy ocupado haciendo de un personaje al que por alguna razón no le salen las erres). ¿Cuál es el rango dinámico de su actuación? ¿Cuáles son los rasgos de sus personajes? Si tuviéramos que hacer una lista, yendo en el orden de los capítulos, quedaría así:  

1)Hipócrita 2) Cagón 3) Indefenso 4) Cagador 5) Pacato 6) Cagón x2 7) Exagerado 8) Nostálgico 9) Maníaco 10) Desbordado 11) Maquiavélico módico 12) Poser 13) Nostálgico derrotado 14) Tilingo 15) Hipócrita 16) Nostálgico estafado

De la lista se infiere que no hay buenos sentimientos ni ningún tipo de nobleza o heroísmo. La tarea espinosa de pensar alternativas para el brete histórico en que nos encontramos, de encontrar algo redimible del presente, de potenciarlo e incluso crear cierto tipo de hiperstición, eso, para los directores, sería arrodillarse frente a la dictadura de la corrección política. Y en realidad, más que ceder frente a las presiones del wokismo, lo que hacen es demostrar su falta de imaginación. Su negocio está en que el mundo se mantenga así, estable, marmóreo, para que puedan describirlo de la peor manera posible.

Segundo punto. Juan Francisco Gacitúa, en su crítica de la película, llega a un punto neurálgico. Cito:

¿Cuánto más chocante puede ser hoy su idea de incorrección política que un delirio de Diego Recalde, un video hecho con IA que retuitee Milei o lo que sea que haga Santiago Oría? ¿Qué puede decir sobre el cine independiente argentino el episodio Un film necesario que el mismo presidente del Incaa no haya dicho antes y con mucho mejor sentido de la villanía? 

Al leer esto uno no puede evitar pensar que Homo Argentum tiene la pólvora mojada: al compararlo con la realidad política en la que vivimos, pareciera que queda vieja o peor: queda pacata, incluso en sus partes más anti-woke, como en el episodio que gira alrededor de una falsa denuncia de violación (escalofriante la coincidencia con el juicio que viene llevando a cabo Julieta Prandi), el que parodia a un cura villero (suma un punto por la campera Adidas), o el protagonizado por un cineasta extractivista pero bienpensante. Es más una película del macrismo espiritual que del aceleracionismo decadente mileista, cuya estética no se preocupa por ningún tipo de forma legitimada ni de agradar el sentido común. Comparten lo esencial, que es el antiperonismo, pero si hay algo que tienede interesante el mileísmo es su desparpajo, un mal gusto orgulloso, de alguna manera novedoso, y su falta total de nostalgia. Su ánimo destructivo lo acerca al futuro de una manera paradójica y a la vez totalmente segura de sí misma. Eso que caracteriza al mileismo, lo que nos produce terror, asco, miedo, a la vez que nos paraliza, está ausente en Homo Argentum, que es tan fácil de discutir e impugnar.

Hay un corto, a mi gusto el mejor, que hubiera sido imposible si los Cohn-Duprat realmente sintieran una consustanciación espiritual con Milei (que no haya foto juntos da cuenta de que lo consideran grasa o peor, un político más). Empieza una cadena nacional. Francella presidente, de traje, va a hablar al país. Silencio incómodo. Tensión. Desde fuera de cámara intentan apurarlo. El pide calma, paciencia. Cuando parece que va a hablar, entra en modo queja, dice que se quiere ir y efectivamente eso es lo que hace. Termina la cadena nacional. Es el episodio más breve, silencioso, contenido. El personaje y la película enfrentan una situación que lo sobrepasa y decide retirarse antes de pasar un papelón. Un presidente bajo la estética mileista hablaría por los codos, diría cosas, golpes bajos, lo que sea, pero nunca aprovecharía la oportunidad de hacer silencio.

Aunque tenga mi simpatía, da la sensación de que no hacía falta que Francella hiciera de presidente (así como tampoco era necesario que lo fuera Darín). Termina siendo algo redundante: ya sabemos que Cohn-Duprat son cineastas que se preocupan por “lo argentino” y por “la política”. Sin embargo, le siguen dando a los mismos temas, refunfuñando contra enemigos imaginarios, incapaces de disfrutar de su propio éxito. Un éxito que en términos de taquilla será irrefutable y a la vez esperable y amañado, considerando que todo el aparato Disney está a su servicio; en términos de prestigio en el mundo del cine, es más difícil (y que lo sigan deseando con su buena cuota de resentimiento es una muestra más de que son macristas nostálgicos y no tanto mileistas refundacionales). 

En las últimas horas el presidente hizo un embanderamiento y una defensa férrea de la película. Esto implica un ida y vuelta, un intercambio entre el ímpetu de Milei y el conservadurismo de la película. Se necesitan mutuamente a riesgo de neutralizarse.

Por un lado, si me disculpan el exceso de realpolitik, que el presidente quiera integrarse al fenómeno de una manera tan desesperada es parte de cierto amansamiento de La Libertad Avanza en sus formas, que también se puede ver en la composición de sus listas electorales que viene de parte de Karina Milei, los Menem junior y Sebastián Pareja en detrimento de Santiago Caputo y sus delirantes de Twitter. Quiere formar parte de un sentido común al que no necesariamente pertenece. Y por el otro lado, Homo Argentum necesita la ayuda de Milei para acrecentar nuestra indignación. La tira al centro embarrado de la política nacional, la hace fluir dentro de un engranaje malicioso y aceitado de la famosa batalla cultural, trata de darle un poder destructivo que a priori no posee, o no posee más que otros espadachines de las fuerzas del cielo. Que necesite este boost, en realidad, es la prueba de su incapacidad. De todas maneras esta es una noticia en desarrollo. 

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