Una nota sobre la sección Reencontrado y restaurado de Il Cinema Ritrovato XXXIX
… En esta edición de Il Cinema Ritrovato contamos con muchas copias de filmotecas latinoamericanas. Creo que es una señal hermosa en un momento en que el nacionalismo está creciendo en todas partes. Aquí tenemos filmotecas que conservan películas de otros países. Así, nos ayudamos mutuamente a mantener vivas las otras culturas.
Gian Luca Farinelli, que sudaba como lo hacía el resto de la Sala Mastroianni, concluyó con esta idea la presentación de La paura di amare (Dir. Roberto Roberti, Italia, 1920), la versión restaurada a partir de una copia resguardada en la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), exhibida en la sección Ritrovati e Restaurati.
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Reencontrar «algo» en la Ciudad de México debería ser impracticable. Allí todo queda lejos de todo*. Incluso si se supiera que «algo», por ejemplo unas latas de película, se conservan en una bodega a doce minutos de una estación de metro, la concentración de innumerables puestos de tacos, stands con cientos de películas, ropa y zapatos distienden el tiempo de tal manera que los doce minutos se vuelven horas. Como allí incluso lo próximo queda lejos, encontrar una película que llegó hace un siglo debería ser improbable. Debería, pero no lo fue.
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A pesar de las escaramuzas revolucionarias, las mujeres de la Ciudad de México imitaron las maneras y los atuendos de las divas italianas del cine silente; a las Borelli, las Manzzani, las Quaranta, las Bertini, las Minechelli, las Jacobini se les vio caminar por la avenida San Juan de Letrán. Pero, y los ademanes de La Vergani, ¿hubo quién los practicó?
Sí, puede ser. Imagine dos personas mexicanas de los años veinte del siglo pasado en ambientes afrancesados. Una de ellas, sentada en el salón de una casa porfiriana de la colonia Juárez, está leyendo la sección de ”Noticias y opiniones de Europa” (Revista de revistas). A vuelta de página encuentra un comentario sobre la interpretación de La Vergani en Seis personajes en busca de autor, la obra de Pirandello estrenada en 1921. La otra persona escucha el timbre, recibe en su apartamento art déco un paquete de postales de la diva milanesa que llegaron, con olor a tabaco, al puerto de Veracruz procedentes de Europa.
Fondo Vera Vergani de la Cineteca de Bolonia.
Hemeroteca Nacional Digital de México.
Es más, si sobreimprime un sonido sobre las butacas vacías de los cines mexicanos –fotografiados en los años veinte por los hermanos Casasola–, sería posible escuchar a los asistentes del Teatro Arbeu, o del Apolo, o del Granat, frente a la pantalla en que se proyecta El miedo de amar, protagonizada por La Vergani.
—¡Ahhhh!
Cerca del final, el enamorado rechazado, Matteo (Gustavo Serena), apunta con un arma hacia lo que él considera la quimera de la mujer que ama, «la condesita Anna», que interpretó Vera Vergani.
—¡Ahhhh!
¿Y? ¿Dispara?
Colección Archivo Casasola/Fototeca Nacional INAH.
Desde alguna de esas salas de proyección de la capital mexicana, y por lo menos cuatro décadas más tarde, El miedo de amar (La paura di amare) llegó a la bodega de la Filmoteca UNAM. Pudo ocurrir que estas latas quedasen junto con cientos de películas sin identificar, distribuidas en un pasillo que hace que todo quede lejos de todo, hasta que un catalogador, con el poder de convertir los meses en horas, se diera a la tarea de revisar las películas sin descripción. Pero no fue así. La película de la diva italiana está accesible: fue catalogada, registrada en el banco de imagen y en ella se invirtió una parte minúscula de los 96,174,768 pesos mexicanos destinados a todas las áreas de la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la Universidad, donde se incluye la Filmoteca de la UNAM.
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Una gota, aunque extraordinaria, no hace un mar. Una sola película no puede dar cuenta de la carrera de la actriz italiana. La posibilidad de restituir su filmografía la dio el acopio de materiales parafílmicos agrupados en el Fondo Vera Vergani, consultable en la Cineteca de Bolonia. Es decir, solo la suma de numerosos detalles dibuja la trayectoria. Los pormenores se ubican en las notas periodísticas, en la masificación de la imagen de la diva: postales de representaciones teatrales y cinematográficas y, también, en la correspondencia personal.
Pero, ¿qué explica el interés por recuperar las películas y la biografía de La Vergani? Las razones pueden ser infinitas, habría que subrayar que parte del esfuerzo de Il Cinema Ritrovato está en poner el foco en la carrera de actrices, productoras, guionistas y directoras que trabajaron –y aún trabajan– en una industria onerosamente machista.
Ahora, ¿por qué no se encontró una copia de La paura di amare en una cineteca italiana o europea? Las causas podrían ser del tipo conspiratorio, las películas fueron expresamente destruidas porque: 1) la industria cinematográfica italiana se vengó de la diva trás su retiro prematuro. ¿Quién dice «no más» en la cúspide de su carrera?; 2) un grupo de funcionarios romanos solicitó su destrucción por considerar que la gestualidad de La Vergani no era lo suficientemente italiana. A las hipótesis conspiratorias podrían sumarse otras causas: 3) hubo que «hacer espacio» para nuevas divas; 4) la imprenta que producía las postales perdió en un incendio las placas fotográficas de La Vergani, y a falta de imágenes, la figura de la diva terminó por diluirse.
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Y, sin embargo, en algunos países de América Latina, de África y de Asía, “El reto no es de las películas en sí mismas”.
En el subcontinente indio el primer trabajo no se refiere a la restauración, si no a una labor de convencimiento de que las películas son parte de la cultura y que por eso se debe dar el segundo paso, la preservación.
[…] Fue aquí, en Bolonia, que entendí la preservación [cinematográfica] en el sentido más profundo. Luego, cuando regresé a la India después de la primera vez en Bolonia, me pregunté, ¿cuál es la situación? Bueno, en la India no teníamos idea de lo que era la conservación de películas. Y esto también se experimenta en una buena parte del mundo […] Allí el desafío es precisamente el aspecto humano, convencer a la gente de la importancia del cine, hacerles entender que el cine es una parte integral de la cultura de un país, y este trabajo de persuasión es realmente difícil.
Mientras hablaba, Shivendra Singh Dungarpur sonreía a la intérprete que traducía sus palabras del inglés al italiano, y también al director de Il Cinema Ritrovato, quien le entregó el premio Vittorio Boarini que reconoce a promotores de la preservación del patrimonio cinematográfico.
Como la tarde previa, los asistentes sudaban. Quizá lo hacían en menor proporción, aunque la temperatura también rondaba los 34ºC, el aire circula más en el Pop Up Cinema Arlecchino que dentro de la sala Mastroianni, ubicada a medio kilómetro de distancia. En Bolonia, a diferencia de la Ciudad de México, 450 m. pueden recorrerse en siete minutos, si una persona los camina a un paso regular.

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