Encuesta anual archivos | La vida útil https://lavidautil.net/category/encuesta-anual/ Revista de cine Fri, 08 Jan 2021 15:45:56 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.6 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg Encuesta anual archivos | La vida útil https://lavidautil.net/category/encuesta-anual/ 32 32 La Encuesta de La Vida Útil – 2020 https://lavidautil.net/la-encuesta-de-la-vida-util-2020/ https://lavidautil.net/la-encuesta-de-la-vida-util-2020/#respond Fri, 01 Jan 2021 13:46:37 +0000 http://lavidautil.net/?p=10273 La particularidad de este año que acaba de terminar, con sus cuestiones pandémicas pero también con locuras de otras índoles, ha regado las letras de todos los textos que leeremos por mucho tiempo. Del lado de las imágenes, aún no sabemos su efecto porque los tiempos de producción son más largos. Los términos para comparar […]

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La particularidad de este año que acaba de terminar, con sus cuestiones pandémicas pero también con locuras de otras índoles, ha regado las letras de todos los textos que leeremos por mucho tiempo. Del lado de las imágenes, aún no sabemos su efecto porque los tiempos de producción son más largos. Los términos para comparar el 2020 con otros años son esquivos porque no existen metáforas oportunas; algunos han probado por el lado bélico, otros por el lado económico, pero no hay caso. Es una situación que requiere de nuevas (combinaciones de) palabras e imágenes. 

Lo que sí sabemos y puede ayudarnos a pensar lo sucedido es la manera en que el año fue narrado por la publicidad, las grandes corporaciones y otros discursos concéntricos. Hay un video que recopila algunos spots para televisión (¡todos iguales!) que salieron cuando la gesta contra el COVID-19 tenía su épica y puede darnos algunas pistas. La gracia de la recopilación es que deja en ridículo esos discursos por repetidos, por remanidos. Todos empiezan con un piano en sordina, pidiendo permiso, que muestra calles desiertas sobrevoladas por drones. Las máquinas asediando las ciudades, las personas adentro de sus casas. “En tiempos inciertos…”, dice una voz, “…vamos a acompañarte”. “Todos juntos vamos a pasar esta”, siguen las voces, multiplicadas por distintas personas con gesto compungido, en cámara lenta, una cadencia smooth que se siente al tacto como el terciopelo de un sillón de decoración en una sala de espera. El amontonamiento de retratos refuerza la idea de ese “nosotros”. Pensando en quienes enuncian, puede resultar engañoso. Uno de los editores de la revista suele fruncir el ceño cuando alguien en un texto utiliza la primera persona del plural de forma vaga. Dice que hay un problema fundamental: ¿en nombre de quienes se está hablando? ¿Les preguntaron a esas personas? En el caso de estas publicidades: ¿a quiénes alcanza ese “nosotros” que va a pasar juntos una situación como esta? Mientras los emisores de esos mensajes aumentaron en general sus ganancias (si no lo hicieron las empresas, sí lo hicieron los empresarios y los publicistas) el resto del mundo se encontró con que la pandemia los dejó más pobres que antes. Hubo un momento en el que la caída de ciertas certezas parecía una buena oportunidad para revisar las desigualdades estructurales pero quedó rápidamente sepultada bajo las ganancias de las empresas como Amazon y (sobre todo) las farmacéuticas. A río revuelto…

En estas publicidades hechas a las apuradas, con imágenes de stock, poca plata, focus groups que quedaron viejos y la primera música que encontraron sin pagar derechos hay una simplificación de ese “nosotros” que trae aparejada un poco de chantaje emocional porque “todos nos sacrificamos…” Pero no fueron todos: ese supuesto “nosotros” no tiene otro destino que quebrarse y caer por su propio peso. Por el peso de los que sobran, los expuestos al contagio, los que de verdad se sacrificaron. 

Lo que queremos entonces es configurar otros “nosotros” más horizontales y menos impuestos, que puedan salir de una socialización directa 100% libre de algoritmos. Porque más allá de las redes sociales y sus oscuras dinámicas en las que todas las interacciones ya parecen superfluas e intercambiables, hay espacios en los que internet sigue siendo un lugar de intercambios útiles (y ociosos), de libertad y pensamiento. La cantidad de menciones que tuvo el Cineclub La Quimera en la encuesta no es casual. Y lo mismo con otros cineclubes. Siempre se generan anticuerpos de socialización por fuera de la norma y nosotros quisiéramos formar parte de ellos. Todavía hoy, incluso en este contexto, la calle es el lugar ideal para estas interacciones. Dos eventos en Argentina mostraron lo insólita y rica en matices que puede ser la vida cuando la gente se junta: el funeral de Diego Maradona y la vigila en el Congreso por la ley de la IVE. Ahí no hay cálculos ni encuestas que valgan. Durante toda la cuarentena fuimos un número, un dato, pero al salir a la calle nuestra presencia cobra una diferencia cualitativa. Esas comunidades complejas, al calor de lo popular, totalmente excéntricas, son el opuesto total del “nosotros” de la publicidad. 

Todo este recorrido es porque nos gustaría que esta Encuesta que van a leer tenga ese espíritu, de fogón mancomunado en el que cada unx cuente cómo la pasó este año. Queremos construir un “nosotros” escurridizo, que siempre se desborde (si es que encontramos sus bordes), que nos exceda. Sin imposiciones ni falsos consensos: también hay muchas personas que contestaron la encuesta de manera virulenta y eso también nos gusta. Y así narrar un año (que lejos está de haber terminado). Que traiga su propia ofrenda, que puede ser una película como un texto o simplemente un pensamiento. Cuídense, amigxs, cuiden a sus familias, a sus compañerxs, porque la libertad también conlleva responsabilidades. Nos vemos el año que viene.


Ramiro Sonzini

Una película

Sometimes a Great Notion (Paul Newman, 1971)

Mientras veía esta increíble película, allá por febrero, durante la Semana de la Cinefilia, en la sala mayor del Cineclub Municipal, nunca hubiese imaginado que ese iba a ser el único festival de cine al que asistiría en todo el año. La ausencia de la sala pesa más de lo que hubiera imaginado, y se materializa especialmente en películas como esta: una imponente oda al paisaje, al trabajo manual y a las fuerzas de la naturaleza. Además, tiene una de las escenas de amor más potentes de la historia del cine. Todos aquellos que estuvieron conmigo en la sala aquella noche pueden dar fe de lo que digo.

Un descubrimiento

Cut (Amir Naderi, 2011)

La película más sorprendente que vi en el año y quizá en muchos años. Imposiblemente equilibrada mezcla de Yakuza con cinefilia digital, contemporánea. Una película que convierte las listas de películas en un recurso formal para la creación de suspenso digno de Hitchcock. Tengo que agradecer este momento revelador a mi gran amigo José Fuentes Navarro, programador del cineclub Cinéfilo y Pasión de los Fuertes, los mejores espacios para ver películas en mi ciudad.

Una canción en una película 

Amazing Grace (Sydney Pollack/Allan Elliot, 1972/2018) 

https://www.youtube.com/watch?v=Sxs_0fBTrjE

Un doble programa 

En distintos momentos del año hice ciclos de grandes maestros que debía; va un doble programa de cada uno de ellos:

Jacques Tourneur: Great Day in the Morning / Experiment Perilous

Frank Capra: The Matinee Idol / Lady for a Day

John Wayne: The Shootist / McLintock!

Jean Renoir: La Marseillaise / Elena and Her Men

Más algunos más:

The Wonderers (Philip Kaufman, 1979) + The Warriors (Walter Hill, 1979)

The Misfits (John Huston, 1961) + Parapalos (Ana Poliak, 2004)

Chained for Life (Aaron Schimberg, 2018) + Freaks (Tod Browning, 1932)

Nobody’s Fool (Robert Benton, 1994) + Diane (Kent Jones, 2018)

Una imagen (dos)


Lautaro García Candela

Una película

Little Women, de Greta Gerwig.

Un descubrimiento

Dos películas de Lizzie Borden, Born in Flames y Working Girls. Con tres años de diferencia, películas increíblemente buenas sobre una experiencia similar en dos extremos opuestos del cine: de la vanguardia al costumbrismo.

Algo que te hayas preguntado

¿Cuándo se termina esto?

Pero una incertidumbre mejor, que hizo que me pregunte “¿¿¡¡Qué está pasando!!??” durante 14 minutos, la causó Palm Springs. La actuación de Andy Samberg en una situación que se revela (y se normaliza) después, hasta ese momento consigue unos momentos que pasan por casi todas las emociones posibles. Es una mini-película en sí misma, totalmente ingrávida, nunca cae. Samberg parece estar “de vuelta” todo el tiempo por todo el mambo temporal pero no por eso se vuelve un cínico ni sufre menos. Después decae pero no tanto. Y me llevó a otra reescritura del Día de la marmota que es totalmente genial como Edge of Tomorrow, del Santo De Los Protocolos Tom Cruise.

Una canción en una película

«Ave de paso», de Sandro, en Las mil y una, de Clarisa Navas.

Les dejo varios dobles programas sin restricción de fechas

First Cow (Kelly Reichardt, 2019) / Profit Motive and the Whispering Wind (John Gianvito, 2007)
Esther Kahn (Arnaud Desplechin, 2000) / Isabella (Matías Piñeiro, 2020)
Heroes For Sale (William A. Wellman, 1933) / Pain & Gain (Michael Bay, 2013)
Riding in Car With Boys (Penny Marshall, 2000) / Gilmore Girls (Amy Sherman-Palladino, 2000-2007)
Passe ton bac d’abord (Maurice Pialat, 1978) / Pretty in Pink (Howard Deutch, 1986)
Juan Moreira (Leonardo Favio, 1973) / A Hero Never Dies (Johnnie To, 1998)

Un fotograma que defina tu 2020

Adam Sandler con la chica que le gusta y los pies en la palangana mirando una pileta grandísima en la que nunca se va a poder meter.


Lucas Granero

Una película

Tomasso (Abel Ferrara, 2019)

La película de un resucitado. Del cúmulo de experiencias que Ferrara viene arrastrando desde hace años, la más interesante es aquella en la que pone su vida directamente en el centro de su proceso creativo. Apoyado en el cuerpo de Willam Dafoe (su alter ego desde Go Go Tales en adelante) y tomando en cuenta sus recientes aventuras en el documental improvisado, Ferrara vuelve a Tomasso una película de múltiples pliegues en las que explora su relación con un nuevo espacio, un nuevo rol familiar, una nueva creatividad y, en definitiva, una nueva vida. Es interesante notar como algunos aspectos de Tomasso funcionan como versiones clean de sus películas más descontroladas, especialmente The Blackout, con la que comparte muchos elementos. Si su cine siempre estuvo guiado por una idea de transformación –de la cordura a la locura, de la desintegración de la moral a la purificación–, pocas veces pudo ponerla en escena con tanta honestidad inconsolable.

Un descubrimiento

Tres películas realizadas por Jonathan Demme en los 80: Melvin and Howard (1980), Something Wild (1986) y Married to the Mob (1988). Una trilogía perfecta que demuestra como pocas la curva que el cine norteamericano dio desde el fin de los 70, con su melancolía del “fin del cine”, a la explosión pop, de ritmo acelerado, como si de Liechtensteins en movimiento se tratase. Demme se divierte metabolizando géneros como la screwball o la película de gangsters para la nueva platea new wave de pelos teñidos y maquillaje fluorescente. Sus planos parecen recuadros de historieta, incluso el sonido de las dos últimas –hermanadas en su retrato de mujeres al borde del ataque de nervios– se asemejan a puras onomatopeyas, exponenciadas por soundtracks multiculturales, expansivos y ultra modernos que se permiten mezclar ritmos africanos con The Feelies. Tal vez eso sea la mejor forma de definirlas: soundsystems visuales, ensordecedores. Alguna vez el cine fue esto.

Y también:

Home for Christmas (Rick Hancox, 1978)

Crossing Delancey (Joan Micklin Silver, 1988)

My Soul to Take (Wes Craven, 2010)

Little Odessa (James Gray, 1995)

Best Seller (John Flynn, 1987)

When a Stranger Calls Back (Fred Walton, 1993)

Cronaca Familiare (Valerio Zurlini, 1962)

Cosas de mi vida (Chick Strand, 1976)

Running on Empty (Sidney Lumet, 1988)

Keep In Touch (Jean-Claude Rousseau, 1987)

Easter Morning (Bruce Conner, 1988/2008)

Algo que te hayas preguntado

¿Cuánto falta para que se termine de bajar?

Una canción

Vamos con algunas canciones, a secas. Un pequeño playlist:

1.Janet Key “Silly Games” (1979). Suena en Lovers Rocks (Steve McQueen, 2020), en el momento más contagioso, intoxicante y revelador de esa película.

2.Del Shannon, “Runaway” (1961), cantada y bailada por Willem Dafoe en Siberia (Abel Ferrara, 2020)

3.Irma Thomas, “Time Is On My Side” (1963). Suena en Autoficción (Laida Lertxundi, 2020)

4.Eric Burdon and The Animals, “Good Times” (1967). Escena de créditos de Die Katze (Dominick Graff, 1988)

5.The Supremes, “Where Did Our Love Go” (1964). En Amphetamine y Where Did Our Love Go (Warren Sonbert)

6.Solomon Burke, “Fast Train” (2002). Mission Accomplished, The Wire S03E12.

Un doble programa

Days (Tsai Ming-liang, 2020) / An Affair to Remember (Leo McCarey, 1957)

Un fotograma que defina tu 2020

First Cow (Kelly Reichardt, 2019)


Flavia Dima

Una película

Goodbye, Dragon Inn, de Tsai Ming-liang. La vi no hace mucho, a 9 meses de la última vez que había entrado a un cine. Qué película devastadora, sincera, abrumadoramente nostálgica para ver en esas condiciones.

Un descubrimiento

Artistas: Antje Ehmann, vía la exhibición “Reality Would Have to Begin” en Timisoara, y Babeth M. Vanloo, vía Arnold Scwarzenegger – The Art of Bodybuilding. Presten atención a estas dos increíbles artistas femeninas. Ya.

Una película. Nárcisz és Psyché / Narcissus and Psyche de Gábor Bódy. Imaginen si Kate Bush fuera una película, esto es lo que saldría: una expansiva épica histórica de cuatro horas impregnada de erotismo y poesía, de un autor injustamente olvidado que se fue demasiado pronto.

Una canción

“Ser Aquele” de Num Camané, en A Religiosa Portuguesa / The Portuguese Nun de Eugène Green. Más allá de la maestría de su puesta en escena y de su utilización dentro de la economía de la película, ¿qué canción mejor para este año de saudade infinita?

Un pregunta que te hayas hecho

Me he preguntado mucho por el silencio este año: la paradoja de cómo el silencio es todavía expresivo, cómo funciona más allá del sonido, dentro del texto y la imagen, cómo está investido de significado y un juicio de valor moral en contextos diversos, dentro y fuera de la pantalla, a pesar de su fundamental neutralidad. Algunas otras preguntas intenté contestarlas en mi correspondencia con Pedro para el Films After Tomorrow de Locarno.

Un fotograma que defina tu 2020

Need I say more?

From Miko Revereza – NO DATA PLAN (2019).


Nicole Brenez

Una plataforma/película

#nøborders 

Greece, 2019, 3’

y

Meeting with Remarkable People A Platform of Interactive Documentary Films

Greece, 2020

Ambas creadas por Menelaos Karamaghiolis

Un descubrimiento

Cecilia Bengolea, Lighting Dance, Argentina, 2018, 6’

Algo que te hayas preguntado

¿Cuántas veces debo ver Où en êtes-vous? Teresa Villaverde (Teresa Villaverde, Francia-Brasil-Portugal, 2019, 17′), para verla tantas veces como seres humanos hay en cada cuadro de esta abrumadora obra maestra? Un saludo al Brasil Libre.

Una canción en una película

La presencia estructurante de Gilberto Gil en la obra maestra de Carlos Adriano O que há em ti, Brasil, 2020, 13’30

Un doble programa

Othello Vilgard, Iter, France, 2020, 59’ / Jacques Perconte, Printtemps, France, 2020, 6’

Porque son las dos películas que produje este año, ambas sobre el trabajo de Jean-Luc Godard

Un fotograma que defina tu 2020 

De Fergus Daly, Mirror of the Possible Worlds, Ireland, 2020, 24′


Adrian Martin

Una película

The Salt of Tears (Philippe Garrel, 2020)

Un descubrimiento

Disappearance at Clifton Hill (Albert Shin, Canada, 2019)

Algo que te hayas preguntado

¿Por qué los supermercados y las tiendas de dos dólares/euro ya no tienen DVDs?

Una canción

“Stayin’ Alive” en Undine (Christian Petzold, 2020) / “Húsavik”, grand finale en Eurovision Song Contest: The Story of Fire Saga (David Dobkin, 2020)

Un doble programa

Lovers Rock (Steve McQueen, 2020) / Portrait of a Young Girl in Brussels at the End of the ‘60s (Chantal Akerman, 1994)

Un fotograma que defina tu 2020


Iván Zgaib

Una película

El año del descubrimiento (Luis López Carrasco)

Descubrimientos

Algunas películas:

Crossing Delancey (1988), de Joan Micklin Silver: un film de una musicalidad flotante, que merece su lugar destacado en la historia de las comedias románticas del último aliento del siglo XX.

The Legend of Billie Jean (1985), de Matthew Robbins: un coming of age que canibaliza la mitología de Juana de Arco, la mítica de la cultura pop ochentosa y la pulsión contestaria de los adolescentes; todo en un solo golpe emotivo y placentero que pide a gritos su (negado) estatus de culto.

A Margem (1967), de Ozualdo Ribeiro Candeias: un realismo fantasmagórico que nos lleva por los márgenes del Río Tiete como si atravesáramos las compuertas hacia un purgatorio. Reconcilia el realismo social con la vanguardia de comienzos de siglo y nos arroja, a la distancia, otra piedra misteriosa para repensar los cánones del cine.

Tea and Sympathy (1956), de Minnelli: un melodrama que asume a Sirk, presagia a Haynes y pone en crisis toda la arquitectura emocional de los suburbios estadounidenses.

Un crítico: tuve la suerte de cruzarme con los escritos de Agustín Durruty (a quien recomiendo que sigan en letterboxd). Vienen a mi mente varios de sus textos sobre cine argentino (desde Los inundados hasta El triunfo de Sodoma), llenos de referencias y vínculos esclarecedores.

Un libro donde la crítica y la literatura son inseparables: El nervio óptico de María Gainza.

Y un trío de discos, porque sí (?): Heaven To a Tortured Mind de Yves Tumor, Women in Music Pt. III de Haim, Græ de Moses.

Una canción en una película

Y una película en una canción:

Dos programas dobles

Uncut Gems (2019), Josh y Benny Safdie / One, Two, Three (1961), Billy Wilder

La ansiedad (como comedia o tragedia de enredos) orquestada desde una banda sonora desbordante.

 El triunfo de Sodoma (2020), Goyo Anchou /  La hora de los hornos (1968), Fernando Solanas y Octavio Getino

¿Está muerto el legado de Pino?

Un plano que defina tu 2020

Objetivamente diría que es este de Toute une nuit (1982), de Chantal:

Pero en realidad se sintió más bien como esta escena de Gremlins (1984), del gran Joe Dante:


Ana Contreras

Una película

Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse. Pablo Martín Weber

Los Conductos. Camilo Restrepo

Un descubrimiento

Michelle Citron, Jorge Cedrón y los talleres de cine de Azúl Aizenberg.

Algo que te hayas preguntado

Cómo salir del arrinconamiento defensivo y nostálgico que hay en los procesos de subjetivación que se organizan desde las nociones de resistencia y  supervivencia en nuestra configuración de la experiencia a partir de la transición que atravesamos desde hace un tiempo pero que cobró visibilidad con la pandemia. Por extensión, lo que la industria del cine pudo o quiso hacer con la determinación de estas condiciones materiales.

Una canción en una película: 

Un plano que defina tu 2020

Un programa doble

Epecuen en 1926, Fiippini / Esta es mi selva, 2015 – Aquel verano sin hogar, 2018 , Santiago Reale


Leonardo Bomfim

Una película

Ante la duda entre City Hall, The Woman Who Ran y Le sel des larmes, creo que hay un empate técnico, entonces elijo el cuarto favorito, Talking About Trees, de Suhaib Gasmelbari. Una película sobre cines cerrados, aunque en un contexto bastante particular, va muy bien este año. Mi escena favorita: los grandes veteranos del cine de vanguardia de Sudán limpiando la pantalla sucia del viejo cine.

Un descubrimiento

Pasé gran parte del tiempo de encierro viendo películas de los 1980 hechas en EE.UU.. No quería pagarle a un psicólogo para entender por qué, pero la verdad es que vi muchas cosas maravillosas, entre ellas Lianna de John Sayles. Grandes personajes, grandes escenas, muchas emociones contradictorias e inesperadas.

Algo que te hayas preguntado

La pregunta clásica del final de The Birds («Can I bring the lovebirds, Mitch?») adaptada a la manija de mi puerta: «¿Me matarás?»

Una canción en una película

La canción de Night of the Comet, cantada por Chris Farren y Amy Holland. El tema perfecto para escuchar después del fin del mundo mientras «todo el peso de la civilización ha recaído sobre nosotros». 

Un doble programa

Quiero intentar recordar este año loco y maldito así: el primer semestre es É Rocha e Rio, Negro Léo y el segundo es Luz nos Trópicos, ambos de Paula Gaitán. Una película de pensamiento en acción que cierra la década en Brasil, una especie de retrospectiva al mismo tiempo delirante y lúcida de los años 2010; y otra, siguiendo la corriente de los ríos, que parece abrir muchos horizontes. Espero que sea la película inaugural de la nueva década…

Un plano que defina tu 2020

Uno de los últimos planos de la última película que vi en la sala de cine, aquí en Brasil, en 2020. Viernes, 13 de marzo: el chico riendo desesperadamente y disparando en el horizonte en Dangerous Encounters of the First Kind, de Tsui Hark.


Pablo Martín Weber

Una película

El año del descubrimiento. ¡Larga vida a la clase obrera española!

Un descubrimiento

Mburucuyá, cuadros de la naturaleza. Obra maestra absoluta de Acha.

Algo que te hayas preguntado

Durante esta cuarentena he tenido la oportunidad de rever la famosa trilogía dell’incomunicabilità de Antonioni: L’avventura, La notte y L’eclisse. De una manera extraña considero que son películas que nos hablan de este año que nos ha encontrado tan físicamente distanciados. Mi pregunta, no muy original, reside en cómo tratará esta distancia el cine, quién hará la gran película de la pandemia. Muchas veces cuando estaba al pedo o antes de dormir me surgía este juego mental, cómo sería la pandemia filmada por Lubitsch, cómo sería filmada por Dreyer, por Bergman, etc. Y así hasta llegar al presente: Tsai, Jia Zhang-ke, Martel, Schanelec, Serra, etc. ¿Quiénes estarán a la altura, quiénes nos desilusionarán? ¿Cómo entrará este evento histórico en la obra de los grandes del presente?

Una canción en una película

«Amara terra mía» en Welt am Draht de Fassbinder y el tema de Vilma Palma en El año del descubrimiento.

Un doble programa  

Adiós a la Memoria / Le Livre d’Image

Un plano que defina tu 2020

San Francisco de Asís luego del encuentro con un leproso en Francesco, giullare di dio de Roberto Rossellini


Juan Pablo Martínez

Una película:

Unidos (Onward, Dan Scanlon, 2020)

Un descubrimiento

Gentleman Jim de Raoul Walsh, la película más feliz de la historia.

Algo que te hayas preguntado

¿Por qué en Rumbo al mar el personaje Federico Bal, que nació en Tucumán, y el de Santiago, que vivió ahí 50 años, no hablan con acento tucumano cuando el resto de los personajes sí?

Husavik en Eurovision Song Contest, Bye Bye de Vilma Palma e Vampiros en El año del descubrimiento

Un doble programa

Happy Gilmore y Hubie Halloween

Un plano que defina tu 2020

Darío (Mauricio Vila) bailando «Ave de paso» de Sandro en Las mil y una. En realidad dudo que ese plano defina el año (es más probable que sea lo contrario), pero qué lindo que es.


Enrique Méndez Valverde

Una película

Tlamess de Ala Eddine Slim. El cine libre nunca deja de sorprendernos. 

Un descubrimiento

Télé Reálité de Lucile Desamory, Glodie Mubikay y Gustave Fundi. Una película a puro vacilón. 

Algo que te hayas preguntado

¿Cuántos realizadores habrán empezado a creer que Netflix o plataformas similares son el futuro del cine durante este año?

P.D.: Me encantaría saber cuándo dejaremos de usar mascarillas en Lima para poder grabar una nueva película que tenemos pendiente. 

Una canción en una película

Nymphs – “Revolt” (En Bliss de Joe Begos). La mejor película de género vista en el año.

Flema – “Si yo soy así” (En Las buenas intenciones de Ana García Blaya). Una oda a la paternidad, sin duda. 

Lisandro Meza – “Lejanía” (En Ya no estoy aquí de Fernando Frías de la Parra – 2019). Sí es rebajada, mucho mejor.

Bob & Marcia – “Young, Gifted And Black”. (En Rudeboy: The History Of Trojan Records de Nicolas Jack Davies – 2019). Gran archivo de nuestra música favorita. Black Lives Matter!  

Un doble programa

Fourteen de Dan Sallitt + Giraffe de Anna Sofie Hartmann. 

Dos películas sobre universos femeninos planteados con mucha humanidad y desde latitudes distintas. 

Un plano que defina tu 2020

Una del buen Potrykus. 


Pedro Segura

Una película

Mencionaré 3 películas en una línea similar a la del año pasado. Películas del 2020 que no solo me maravillaron o disfruté enormemente, sino que también poseen una relevancia profesional y algún vínculo personal.

First Cow de Kelly Reichardt, An Unusual Summer de Kamal Aljafari y Red Post on Escher Street de Sion Sono.

Un descubrimiento

Como buen boomer, encontrarme con la practicidad cinéfila de vk y ok.ru en la etapa más claustrofóbica y ociosa de este año, fue el descubrimiento que me permitió seguir existiendo.

Un día, en una larga caminata situacionista, di vuelta en una calle en la que nunca lo había hecho para encontrarme con una librería de viejo en medio tránsito a la gentrificación. Entré. Un mapa llamó mi atención y camino a acercarme, una portada lo hizo también. No sabía, hasta ese momento, de la existencia de Hollywood Babylon de Kenneth Anger.

Ya hablando de cine, unos cineastas a seguir descubriendo:

Mathilde Girard, Dorian Jespers y Aya Kawazoe

Algo que te hayas preguntado 

¿Qué filmarían -y cómo- hoy en día Hawks o Ford si hubiesen nacido a finales de la década de los 80 o principios de los 90?

Con el estimado Salvador Amores me preguntaba el otro día, ¿qué pensaría Rohmer de la atomización post-tumblr que se hace de sus stills en redes sociales?

¿Cuándo volveré a ver una copia en fílmico en una sala de cine?

Una canción en una película 

Crowded House – «Don’t Dream It’s Over» en Inflorescence de Nicholaas Schmidt, el «flautazo» del 2020. 

Annita Koutsouvelli – «Τυλιγμένοι Στο Χάος» en The End of Suffering (A Proposal) de Jacqueline Lentzou. 

Hugo García – «En el año 2000» en Pajarito Gómez. Una canción para este 2020. 

Un doble programa

En este año en que no se pudo regresar plenamente a las salas de cine:

Goodbye Dragon Inn de Tsai Ming Liang y Variety de Bette Gordon

En este año de encierro:

The Plastic House de Allison Chhorn y Down There de Chantal Akerman

En este año de regresar:

Ta fang jian li de yun de Zheng Lu Xinyuan y Sicilia! de Jean-Marie Straub y Danièlle Huillet

Un plano que defina tu 2020

Planos de La France contre les robots de Jean-Marie Straub, To Have and Have Not en On Paradise Road de James Benning y Domangchin yeoja de Hong Sang-soo. 


Mariano Luque

Una película

Ví mucho este año, estas son las primeras que me vinieron a la mente: Good Time de los hermanos Safdie (2017), Offside de Jafar Panahi (2006) y Cyrus de los hermanos Duplass (2010). Hay tres más que disfruto tanto que las vi 2 o 3 veces este año: Phantom Thread (Paul Thomas Anderson 2017), Elle (Paul Verhoeven 2016) y Eden (Mia Hansen-Løve, 2015).

Un descubrimiento

Walkabout de Nicolas Roeg (1970). Es su primera película dirigida en solitario. Me pasó algo parecido a una película que vi hace unos años: Diamonds of the Night, de Jan Nemec (1964), donde el trabajo de montaje, tan particular y expresivo, me quedó dando vueltas por varios meses.

Algo que te hayas preguntado 

La pregunta es la misma de siempre, pero en un contexto casi imposible, y por suerte en compañía de un grupo de cómplices: ¿cómo haremos las próximas películas y dónde carajo las mostraremos?

Una canción en una película 

El tema emblemático de Barry Lyndon de Kubrick (1975), para poner al palo el 31 a la noche y mirar el vaso de fernet con cara de circunstancia. Sarabande de Georg Friedrich Händel.

Un doble programa

Invasion of the Body Snatchers de Don Siegel (1956) y The Day the Earth Stood Still de Robert Wise (1951).

Un plano que defina tu 2020

Sorcerer de William Friedkin (1977). Esta película es apasionante.

Un camioncito por la mitad con la caja llena de explosivos cruzando un río caudaloso por un puente colgante a punto de quebrarse en medio de una tormenta terrible.


Alejandro Small

Una película

The Iron Horse (1924), John Ford

Un descubrimiento

Seguro no son descubrimientos para los más cinéfilos pero son las películas que marcaron mi año. La trilogía de Apu de Satyajit Ray; la trilogía de Taipei de Tsai Ming Liang; Ousmane Sembene; Hal Hartley.

Algo que te hayas preguntado 

¿Dónde acaban las emociones? El montaje y los misteriosos azares que deciden el lugar a donde van a parar las imágenes.

Una canción en una película 

La música de City Girl (Murnau)

Un plano que defina tu 2020


José Miccio

Una película

De este año: Richard Jewell (Clint Eastwood), First Cow (Kelly Reichardt) y Esquirlas (Natalia Garayalde). De antes, Había una vez un mirlo cantor (Otar Iosseliani), Perfect Strangers (Larry Cohen), Fortress (Stuart Gordon), Los cuatro días de Nápoles (Nanny Loy) y El testamento del Dr. Mabuse (Fritz Lang).

Un descubrimiento

Otro motivo para amar a un tipo que amo. En la charla con Walter Hill que formó parte del ciclo Conversaciones con Maestros, ya un clásico del festival de Mar del Plata, Pablo Conde le propuso al director de Hard Times el siguiente juego: “De estos nombres tenés que salvar uno solo”, y enumeró (dejando de lado explícitamente a Ford): Peckimpah, Fuller, Hawks, Aldrich, Anthony Mann y puede que algún otro que ahora olvido. Hill -cuadernos, papeles y un cráneo humano detrás- contestó: el único director del que tengo una foto en la oficina en la que escribo es Luis Buñuel. Un segundo descubrimiento: puede que la mejor película sobre Diego sea La condesa descalza

Algo que te hayas preguntado

Una canción en una película

Las canciones populares de Atarrabi y Mikelats, de Eugene Green. “Stayin’ Alive” de los Bee Gees en Undine, de Petzold. “Me das cada día más”, de Valeria Lynch, en la versión para Latinoamérica de Héroes

Un doble programa

Ordet (Dreyer) – God Told Me To (Larry Cohen)

Un plano que defina tu 2020


Mariano Morita

Una película:

Richard Jewell (Clint Eastwood)

Por lejos la mejor de la serie de películas de Eastwood dedicadas al héroe común y la mejor película del año. Como dije en su momento: Richard Jewell expone y le pega una piña en la cara al siniestro entramado que trabaja, constantemente y con todas sus posibles herramientas, para asegurarse de erradicar al espíritu heroico de la humanidad. Y lo hace con un nivel de humildad sin precedentes, con personajes completamente transparentes, a través de los que se lee una firmeza moral casi imposible de creer, pero que está ahí delante nuestro.

Un descubrimiento:

Los 7 westerns de Budd Boetticher con Randolph Scott, hechos entre 1956 y 1960. Siete historias que en definitiva son la de un mismo hombre, con una concentración dramática y un nivel de economía que ya nadie parece tener en el cine.

https://www.untiroenlanoche.com/2020/07/diario-de-peliculas-4.html

Un doble programa:

Uncut Gems (Hermanos Safdie) y Sorcerer (William Friedkin)

Salvando las distancias, la cita a Friedkin que hace el film de los Safdie en sus primeros minutos es perfecta (también en relación a El exorcista). La ampliación del fuera de campo hacia la mina de diamantes sienta las bases de toda la escalada de atropellos que transita el personaje de Sandler. Por supuesto que en Sorcerer eso sucede cuatro veces, y no es una historia «local», Friedkin viaja hacia un lugar al que se permite representar como el infierno al que hemos caido.

https://www.untiroenlanoche.com/2020/02/uncut-gems.html

Algo que te hayas preguntado:

Qué carajo pasa en la película Tenet.

Un plano que defina tu 2020:

En el 2020 nos cayó el peso de la ley.


Diego Trerotola

Una película

Her Name Was Europa (2020), dirigida por Anja Dornieden y Juan David Gonzalez Monroy

A partir del hallazgo del libro de un zoólogo nazi que plantea la posibilidad de dar vida a una raza extinta, la película documenta experimentos que tratan de revivir una fauna desaparecida. Mientras la última década Disney está haciendo versiones físicas de sus dibujos animados, esta película sigue el derrotero de la ciencia que intenta producir seres vivos a partir de animales de pinturas rupestres. Algo así como una continuación de La cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog. O mejor, podría ser una versión de Jurassic Park filmada por Eadweard Muybridge. Este ensayo audiovisual vuelve al impulso primitivista de filmar animales pero también de seguir su propio camino estético y narrativo, que puede desviarse por senderos excéntricos, sin nunca perder una perplejidad donde hay lugar tanto para una lucidez que encandila como para el humor absurdista. ¿Alguien dijo patafísica?  

Un descubrimiento

Total (1983), dirigida por José Luis Cuerda

Tardío pero descubrimiento al fin: vi por primera vez este año el inicio de la trilogía “surruralista” de Cuerda y es un prodigio del cine postapocalíptico y de la reinvención de la comedia española berlanguiana. Junto a Pares y nones (1982), anterior y más injustamente olvidada, Total debería estar entre las obras más inteligentes de la modernización del cine español, pero como están ligadas a la televisión, donde Cuerda trabajaba en esos tiempos, parece que casi nadie les da la importancia que se merecen. Cuerda murió a inicios de 2020, antes de la pandemia en España, y acababa de publicar su libro Memorias fritas, texto imprescindible para entender la genialidad y humildad de este enorme cineasta.

Un doble programa

No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (2020), dirigida por Nicolás Zukerfeld / Dragones de la violencia (Forty Guns, 1957), dirigida por Sam Fuller

Dos películas que comienzan con estampidas de caballos, ambas llevan al western y al cine a lugares desconocidos, ambas tienen algo de locura y de lucidez, ambas no resisten el placer de detonar al cine clásico, ambas tienen números pares muy cercanos en sus títulos, ambas son grandes películas.

Algo que te hayas preguntado

¿Hasta cuándo?

Una canción en una película

“En que nos parecemos”, canción popular española cantada primero a dúo por Susana Pampín y Osmar Nuñez, y luego por Santiago Motorizado en La muerte no existe y el amor tampoco (2019), dirigida por Fernando Salem.

Un plano que defina tu 2020

Soul (Pete Docter, Kemp Powers)

Un músico afro en el cuerpo de un gato gordo. Tina Fey en el cuerpo de un músico afro. La New York de lo vulgar sublime. Pizza. El paraíso está dirigido por hermosos personajes lineales en dos dimensiones. Disney/Pixar haciendo su magia. Sí a todo.


Dan Sallitt

Una película

The Disciple, de Chaitanya Tamhane. Realmente quiero ver adónde va este tipo desde aquí.

Un descubrimiento

La constante grandeza de la carrera de Sohrab Shahid Saless, tanto en Irán como en Alemania. Su pico puede ser el de los 80 con The Changeling, pero hay mucha competencia.

Un doble programa

Aquí hay uno natural: ambos estrenos de la Berlinale 2020, ambos en español, ambos evocaciones ambientales de la niñez: Las niñas de Pilar Palomero y Mamá, mamá, mamà de Sol Berruezo Pichon-Riviére.

Algo que te hayas preguntado

¿Extraño los cines?

Una canción

No sé los nombres de las canciones, pero si hubiera un álbum de la banda sonora del documental de Marwa Zein Khartoum Offside (2019), lo compraría.

Un fotograma que defina tu 2020


Alejo Franzetti

Una película

Los pies en el arroyo y las piedras en las manos: Isabella, de Matías Piñeiro. Una (emocionante) película sobre un color, sobre un momento del día, sobre una etapa de la vida. Los rectángulos de Josef Albers abrazan la melancolía alemana de María Villar. La dramaturgia geométrica abraza la hermosa voz de Agustina Muñoz.

Un descubrimiento

Economía asesina: Reichsautobahn, Hartmut Bitomsky, 1986. Acompañando con su fascinante voz ronca de fumador, Bitomsky trasciende lo obviamente simbólico y narra cómo el Nacionalsocialismo se sirvió de la construcción de la Reichsautobahn para bajar el desempleo (a través de la obra pública) y cómo, junto con la Volkswagen, fue un pilar económico fundamental de las atrocidades del nazismo.

Porque todo, siempre, tiene que ver con todo, la vi en el Zeughauskino, cine del Museo de Historia Alemana ubicado en el edificio más antiguo de Unter den Linden, donde, el 21 de Marzo de 1943, Rudolf Christoph Freiherr von Gersdorff estuvo a punto de inmolarse para asesinar a Hitler.

Un doble programa

No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo de Mr. Zukerfeld + Personne, de Matthias Müller y Christoph Girardet.

Algo que te hayas preguntado

Este fue el año (¿o un año más?) para preguntarse qué va a pasar con el cine (con la sala de cine) y la avanzada del streaming. Me pregunté si será verdad que el cine (que nació casi a la par que la UCR o el SPD) es, técnicamente hablando, socialdemócrata (sentados en la sala, compartiendo la oscuridad, todos disfrutamos de la misma calidad de imagen y sonido) y el streaming (que nació casi a la par que el PRO) es, en cambio, liberal/individualista (quien tiene más dinero, tiene mejor computadora, mejor proyector, mejores parlantes, mejor sillón y un departamento más silencioso).

Una canción en una película

Pasaron guerras y revoluciones,

perdimos unas cuantas ilusiones,

no la del cuento extraordinario

que alguien repite desde un escenario.

Tuvimos padres que nos castigaron,

tuvimos hijos que nos criticaron.

Somos idénticos, delante

la feria mágica de los cantantes.

 “El viejo varieté” de María Elena Walsh en Playback. Ensayo de una despedida, de Agustina Comedi.

Un plano que defina tu 2020
Tabea Blumenschein en Bildnis einer Trinkerin, Ulrike Ottinger, 1979.


Fernando Ganzo

Una película 

Malmkrog de Christi Puiu estrenada, sin estrenar First Cow de Kelly Reichardt

Un descubrimiento 

The Midnight Gospel de Pendleton Ward y Duncan Trussell

Un doble programa 

Retrospectiva doméstica de John Ford + lectura de La herencia del cine de Paulino Viota

Algo que te hayas preguntado 

¿Dónde está la luz?

Una canción en una película 

Retrospectivamente, «Simulacro» de Rafael Berrio en La reconquista de Jonás Trueba, en este el año de la muerte de Berrio. 

Un plano que defina tu 2020

Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait de Emmanuel Mouret


Matías Piñeiro

Una película

The works and days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) (Curtis Winter & Anders Edström)

Una razón para volver a las salas de cine. 

Un descubrimiento

The Woman Who Ran (Hong Sang Soo). Descubriendo siempre.

Algo que te hayas preguntado 

(«¿Quién me/te/nos/les ama, y quien no?»)

The End of Suffering (a Proposal) (Jacqueline Lentzou)

Para terminar con estas preguntas.

Una canción en una película 

La traviata en In My Room (Mati Diop)

Bella y dura ocasión para calzarse altos tacos.

Un doble programa

City Hall (Frederick Wiseman)

El año del descubrimiento (Luis Lopez Carrasco)

Para pensar un poco sobre la figura del plano contra-plano.

Un plano que defina tu 2020

2 Lizards (Meriem Bennani and Orian Barki)

Buscando un horizonte.


Sofia Bohdanowicz

Una película:

Equinox – Margaret Honda

Un descubrimiento:

Maborosi – Hirokazu Koreeda

Algo que te hayas preguntado:

Quo vadis?

Una canción en una película

«Heigh Ho, the Wind and the Rain» de Alfred Deller en Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle) de Arnaud Desplechin

Un plano que defina tu 2020


Griselda Soriano

Una película

El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020). Porque necesitamos un cine dispuesto no solo a hablar, sino también y sobre todo a escuchar y a ir al encuentro de los otros; un cine capaz de pensar el presente de la mano del pasado, con todas sus contradicciones, su esperanza y sus desencantos.

Un descubrimiento

No califican para nada como descubrimientos, pero este año vi por primera vez dos películas que debería haber visto hace mucho: Wanda (Barbara Loden, 1970) y A Touch of Zen (King Hu, 1970). Nada tienen en común salvo el hecho de haberme recordado que siempre hay una película que parece haber sido hecha para nosotros esperándonos.

También, mientras revisaba la filmografía de Studio Ghibli (porque en algún lugar había que esconderse), descubrí que Isao Takahata había dirigido un documental, The Story of Yanagawa’s Canals (1987), un retrato muy minucioso de lo que su título indica, y me pasé varias noches navegando. Recomiendo.

Algo que te hayas preguntado

¿Qué va a ser de nosotros si desaparecen los cines? Me lo sigo preguntando.

Una canción en una película

«Don’t Let the Sun Catch You Crying» en la escena del karaoke de Never Rarely Sometimes Always (Eliza Hittman, 2020): https://www.youtube.com/watch?v=f07VJDmD9Lk

Otra de yapa: Ave de paso en Las mil y una (Clarisa Navas, 2020).

Un doble programa

Mejor un triple programa: Historia de lo oculto (Cristian Ponce, 2020) + The Vast of Night (Andrew Patterson, 2019) + The World Is Full of Secrets (Graham Swon, 2018)

Un plano que defina tu 2020


Carlos Losilla

Mi relación con el cine no se puede contar por años, sino más bien por oleadas. Y la que ha incluido 2020 tiene un carácter dual  que dura ya mucho: por un lado, la euforia porque el cine sigue ahí, a pesar de todo; por otro, las dudas que me provoca el modo en que yo pueda narrarlo o narrármelo. Esa es la pregunta que me hago: ¿cómo escribir ahora sobre cine? O bien: ¿puedo seguir escribiendo sobre cine? Lo cual tiene que ver con la película que más me ha desconcertado de todas las que he visto en 2020, pues en Rizi, de Tsai Ming-liang, se mantiene esa dualidad aunque sea de otra forma: entre el dolor y la felicidad extremos, entre el plano y el tiempo. ¿Cómo puedo encontrar yo ese tono justo que exhibe Tsai, que no desprecia nada, que lo contempla todo en su justa medida? ¿Y cómo ser capaz de resumirlo,  por ejemplo, en una canción, como hace él con el tema de Candilejas encerrándolo en una pequeña caja de música, a la vez recuerdo y exaltación del presente? Esa mezcla también ha constituido mi descubrimiento, encapsulado en algunos musicales Warner de principios de los años 50, algunos dirigidos por David Butler y protagonizados por Doris Day, como Lullaby of Broadway (1951) o April in Paris (1952): la justeza del encuadre, el ritmo (no solo musical) como única ley, un cierto deseo de pasar desapercibidos… Quizá el cine se haya dado demasiada importancia, a lo largo de su historia. Y en el fondo puede que solo se haya tratado de un aluvión de imágenes, sin orden ni concierto, como las que abruman al “narrador” de Ne croyez surtout pas que je hurle, de Frank Beauvois, donde está el “plano” que me ha definido en este tiempo, una confusión de planos que me han asaltado con inusitada violencia, que me han querido sacar de quicio. Pues bien, junto con La flor, de Mariano Llinás, el film de Beauvois ha dado forma a mi programa doble perfecto, una pura contradicción: un deseo inextinguible de ficción, por mucho que siga agrediéndome, acosándome, sumiéndome en un mar de dudas.


Boris Nelepo

Una película

Voices in the Wind (Kaze no Denwa, Nobuhiro Suwa, Japan, 2020). No sé si realmente me gusta esta película, pero hay un verdadero sentimiento de pena, luto y tristeza capturado aquí, que refleja mi sentimiento de 2020. En el cine japonés a menudo vemos a los fantasmas que vuelven a visitar a su familia. Pero aquí, los que perdieron a sus seres queridos y los sobrevivieron, vagan sin rumbo por el país vacío. Me recuerdan a los fantasmas unidos por la solidaridad de su pérdida. Creo que hay algo en esta película que no he visto antes.

Un descubrimiento

José Luis Garci. Me encantó descubrir a este director gracias a Olaf Möller y hablar de sus obras a lo largo del año con mi amigo Álvaro Arroba. Aunque este año es especial para mí porque finalmente tuve la oportunidad de pasar todo mi tiempo con las deseadas filmografías de directores cuyo trabajo amo especial e incondicionalmente. Larry Cohen, Boris Frumin, Ann Hui, Klaus Lemke y Amir Naderi me acompañaron durante el año 2020 y me hicieron feliz.

Algo que te hayas preguntado

Francamente, nada. Bueno: ¿cómo hacer más visibles las películas y los directores que amo y que consideran su trabajo como algo que realmente importa?

Una canción

«Cuando pienso en todos los buenos momentos que he desperdiciado teniendo buenos momentos / Cuando pienso en todos los buenos momentos que he desperdiciado teniendo buenos momentos». «Good Times» de Eric Burdon and the Animals suena durante los títulos de Die Katze de Dominik Graf. Este año he visto 16 películas de Graf, y ciertamente uno de mis mayores sueños es ver algún día, lo antes posible, todas sus obras (más de 70 en este momento), lo cual no es tan fácil por la falta de copias y subtítulos en inglés. Graf logra en cada toma el sentido del verdadero misterio y la complejidad del mundo y de la naturaleza humana. Como si siempre mostrara más de lo que parece.

Un plano que defina tu 2020

Es de P.S. Uti-Uti-Uti (P.S. Ducky ducky ducky) de Sergei Solovyov, mi debut como «coproductor». Mostramos esta «bagatela cinematográfica» en Rotterdam, gracias a Olaf Möller y Gerwin Tamsma, y se sintió como el comienzo de un año de aventuras lleno de promesas. Ahora lo siento más como un símbolo de un año abortado, que puso fin a la mayoría de mis proyectos e ideas. Pero aquí, en esta imagen, pude ver a mi director y amigo ruso favorito, el propio Solovyov, pescando en la niebla. Por las películas, las imágenes y la belleza.


Graham Swon

Una película

Empezaré haciendo trampa. Durante años, los videojuegos han ido superando lentamente al cine convencional tanto en valor estético como en impacto emocional. Con The Last of Us: Part II, Druckmann y compañía han llevado la idea de un ‘juego cinematográfico’ a nuevas alturas, produciendo una experiencia en la que el movimiento entre ‘jugar’ y ‘ver’ es casi totalmente perfecto.

En muchos sentidos, sigue siendo una obra adolescente: quejoso, necesitado, desordenado – demasiado largo, ocasionalmente desenfocado o mal orientado. Sin embargo, no es su mensaje superficial (algo bastante trillado sobre la naturaleza cíclica de la violencia) lo que la hace especial; los personajes y el mundo que los rodea constituyen algo mucho más que la suma de sus partes. Es un juego centrado en una narración, pero la verdadera historia es la experiencia del jugador, que se ve consumido por un borrón de ansiedad, amor, depresión, aburrimiento y gloria durante treinta y pico de horas. No puedo recordar la última vez que una película de gran presupuesto me hizo pensar o sentir tanto.

Un descubrimiento

Mientras estaba convaleciente de una enfermedad este verano, en cuarentena con las pocas personas con las que todavía tenía contacto, vi casi todas las películas de Alan Clarke que no había visto antes. Aunque hay muchas maravillas en su carrera, creo que este doble golpe de 1987 de películas dramáticamente diferentes hechas para la televisión en las que profundiza sobre el miserable vientre de la sociedad británica son su mejor trabajo. Christine trabaja a través del silencio y las miradas, altas y tristes; Road, a través del discurso incesante y la música, borracha y enfadada.

Una pregunta que te hayas hecho

¿Cuál es un buen término para cuando una obra de arte produce una experiencia emocional cuando se encuentra, y una drásticamente diferente cuando se recuerda?

Un plano que defina tu 2020

The Last of Us: Part II (2020, arriba)

Christine (1987, abajo)


Patxi Burillo

Una película:

Rizi/Days de Tsai Ming Liang. La película que más me ha emocionado este año en una sala de cine, y la que más me acompañó después de verla.

Un descubrimiento:

Dos descubrimientos de los últimos meses que a estas alturas solo deben de serlo para mí (siempre llego un poco tarde): Sofia Bohdanowicz y Mani Kaul. Conocía el nombre de la primera desde hacía tiempo, pero no su obra. Point and Line to Plane me encantó. Los trabajos y textos de Mani Kaul, por otro lado, con las tradiciones artísticas indias y Bresson como base me han resultado fascinantes también.

Y un descubrimiento extra: el libro Habitar, del arquitecto Juhani Pallasmaa.

Algo que te hayas preguntado:

¿Dónde pueden comprarse los números 1 y 2 de La Vida Útil?

Una canción en una película:

Dos canciones. La primera, de otra maravillosa escena de baile de Philippe Garrel, “Fleur de ma ville”, del grupo Téléphone, que aparece en su película Le sel des larmes.

La segunda, del cortometraje Ella i jo, de Jaume Claret. Se trata de «To syneffo» de Nikos Mamangakis, que aparece en la preciosa escena final del film, en su “final griego”.

Un doble programa:

El formado por Acteón, la película que Jorge Oteiza nunca pudo realizar, y Gorria, de Maddi Barber. Viajes de ida y vuelta en distintas direcciones y formas.

Un plano que defina tu 2020.

De Gorria de Maddi Barbe


Carlos Saldaña

Dos películas

Propiedades de una esfera paralela, de Valentina Alvarado Matos.

Ongodist, de Bruno Delgado Ramo.

Siete descubrimientos

Jorge Silva Melo. A Pousada das Chagas, de Paulo Rocha. António Campos. Wenceslau de Moraes.

Y: Edward Owens. Bent Time, de Barbara Hammer. Le gant de l’autre, de Michel Nedjar. 

Algo que te hayas preguntado:

Imagens que passais pela retina / Dos meus olhos, porque não vos fixais?

Una canción en una película

«Puente de los Franceses», del Coro y Banda de la Defensa de Madrid, en La espada me la ha regalado, de Miriam Martín. (https://www.youtube.com/watch?v=w3QNEJatB-E)

Un doble programa

Fragmentos de Pasión de la tierra y de Espadas como labios, de Vicente Aleixandre, leídos en las pausas de una proyección integral de los Super 8 de José Val del Omar, entre cartucho y cartucho, con la sala y la pantalla a oscuras.

Dos planos que definan tu 2020:

De Ninguém Duas Vezes, de Jorge Silva Melo.

De Amphetamine, de Warren Sonbert.


Patrick Holzapfel

Una película:

Ljudi Sa Neretve (Obrad Gluščević, 1966)

Me recordó que nuestras palabras y canciones, trabajos y actos de amor son siempre parte del paisaje en el que vivimos.

Un descubrimiento

La poesía de Ernst Herbeck y con ella el hecho de que a veces las hojas azules son rojas.

(Subcampeón: Mi placer de pulsar botones disminuye cuando no los devuelvo)

Algo que te hayas preguntado

¿Es posible escapar?

Una canción en una película:

«Le Rappel des oiseaux» de Jean Philippe Rameau en la versión de Scott Ross. Se puede escuchar en Tendrede Isabel Pagliai. Lo que me gusta de ella es que prueba que los pájaros pueden ser muy ansiosos mientras cantan maravillosamente.

Un fotograma que defina tu 2020


Giovanni Comodo

Una película

El año pasado, cuando se estrenó en Portugal, respondí Vitalina Varela. Vuelvo a hacerlo este año, ya que el resto del mundo la está viendo. Y lo volveré a decir el próximo, cuando finalmente se estrene en Brasil (eso espero). No hay otra opción.

Un descubrimiento

Stranger by My Door (1956), de William Witney. A veces encontrás una película que es una obra maestra y te terminás obsesionando con ella y no dejas de hablar y mostrársela a tus amigos – muy a su pesar… Me gustaría haber encontrado más sobre esta película (si alguien sabe algo sobre Witney, que me escriba).

Algo que te hayas preguntado:

¿Puedo estar realmente seguro de algo que estoy seguro? ¿En la vida? ¿En las películas?

Una canción en una película

Las tres mejores películas nuevas que vi este año (en un cine) tenían grandes escenas musicales:

1. Las mujeres cantando Nietzsche en latín (!) en Portrait of a Lady on Fire, de Céline Sciamma

Toda esta película me sorprendió hasta la médula. Inquietante, atrevida, audaz. Un logro formal y emocional.

2. La Macarena (!!) en Richard Jewell, de Clint Eastwood

Eastwood mostrando que puede hacer una secuencia de música y baile con una gran multitud haciendo una coreografía (¡y filmándola con una grúa!). Un acto clásico, como siempre, en una obra maestra muy mal vista.

3. Bailando Neil Young en Guerra, de José Oliveira and Marta Ramos

Casi podemos decir que la película de Oliveira y Ramos sobre los traumas de la guerra colonial portuguesa es un musical fronterizo, con todos sus grandes momentos con canciones que juegan un papel protagonista en él. Mi favorita es cuando Dulce Pascoal y Zé Lopes bailan con Neil Young, una escena de una tranquila y delicada belleza.

Un plano que defina tu 2020

(Mission: Impossible – Ghost Protocol)

¿Trabajos imposibles? Comprobado. ¿Oportunidades que pueden autodestruirse si dudan? Comprobado. ¿Muchos locos corriendo por ahí? Comprobado (la mayoría en el interior). ¿Amenazas que amenazan la vida que vienen justo detrás de ti? COMPROBADO. ¿Todo eso con el pelo largo y usando un traje de dos piezas? Sí (los pijamas cuentan como dos piezas, ¿verdad?). Más o menos mi 2020, supongo.


Santiago Fillol

Una película

El año del descubrimiento, de Luís López Carrasco.

Un descubrimiento

Sudden Fear (1952), de David Miller, con Joan Crawford, Jack Palance y Gloria Grahame. 

Anticipa las cuestas en coche de Vértigo, y en el final Crawford atraviesa algo muy oscuro con una sonrisa sin culpas, que emborracha el ánimo.

Una pregunta que te hayas hecho

¿Dónde estaban los estudiantes mientras los obreros luchaban en las calles de Cartagena? (en El año del descubrimiento)

Una canción

«Bye-Bye» de Vilma Palma e Vampiros (en El año del descubrimiento)

Un doble programa

Hud (1963) de Martin Ritt y The Last Picture Show (1971) de Bogdanovich (en realidad, una excusa para hacer un ciclo de McMurtry).

Un plano que defina tu 2020

No sé si lo definen, pero me es imposible no asociar estas imágenes a 2020: 

En Hud, todo el ganado de un viejo ranchero (Melvyn Douglas) ha pillado un virus y tienen que sacrificarlo. 

Abren una gran zanja con unas topadoras, hacen entrar a todas las vacas, y con una tristeza enorme todos los hombres del rancho comienzan a disparar sobre sus animales. Costaba no pensar en las zanjas dantescas que hacían en New York, D.F., Sao Paulo, durante la primera ola de la pandemia para enterrar las incontables muertes que vendrían… Y también en los millones de visones que exterminaron en Dinamarca por temor a una mutación del virus. ¿Una imagen llega a clásica cuando la atraviesa más de un presente?  

Un video de Maradona entrenando tiros al palo. Con una precisión increíble chuta cinco tiros en los palos de la portería (tres en uno, dos en el opuesto), haciendo tañer el metal con la fe (alevosa) del campanero de Tarkovsky.  


Paola Buontempo

Una película

First Cow (Kelly Reichardt). 

Dice el I Ching: dedicarse al cuidado de la vaca trae ventura.

Un descubrimiento 

Dos a las que llegué tardísimo y abracé con fuerza: Symbiopsychotaxiplasm (William Greaves,1968-2005), Privilege (Ivonne Rainer, 1990).

Un doble programa

El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020), El trabajo o a quién le pertenece el mundo (Elisa Cepedal, 2019). El pueblo es un cuerpo vivo.

Algo que te hayas preguntado

Dos preguntas que robé y repetí de O som da terra a tremer (Rita Azevedo Gómes)

Una canción en una película 

«Quiero dormir cansado» de Emmanuel en Fake Fruit Factory (Chick Strand, 1986) 

Strand observa cerquísima los rostros de unas trabajadoras mexicanas, el pliegue del papel maché y el de la bombacha. Al filo del encuadre, el jefe gringo busca millones con la fábrica de fruta falsa. Las chicas tararean el amor idílico de Emmanuel y el mundo se suspende por un ratito. Durmiendo vivir durmiendo, soñando vivir soñando.

Un plano que defina tu 2020

El diario de Svetlana en Mes chers espions (Vladimir Léon, 2020). Nuestra vida orbitando alrededor de las películas.


Álvaro Bretal

Una película

El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020) y su potencia del diálogo, como en Rohmer, Hong, Wiseman o Coutinho. En la película de López Carrasco se trata, también, de la potencia política del diálogo, y sobre todo de una clase de política que hoy parece pasada de moda: la sindical, la obrera, la de los tipos que salen a luchar a la calle porque se quedaron sin laburo. También es fascinante la multiplicidad, el choque, la rabia en la defensa de un posicionamiento; rabia que jamás implica clausura, cancelación o bloqueo, sino la posibilidad de accionar colectivamente. Y, como en los cineastas hermosos nombrados más arriba, la certeza de que la fuerza de la palabra no implica —no debe implicar jamás— una pobreza de la imagen.

Un descubrimiento

Un cineasta que estrenó película en 2020: Pablo Martín Weber. Dos cineastas a los que descubrí este año, aunque no estrenaron películas (en rigor, ya había visto films de ambos, pero recién este año entendí que me cautivaban, profundicé en sus obras y los descubrí): Whit Stillman y el recientemente fallecido Aldo Tambellini.

También descubrí —sin demasiada perspicacia— que muchas de las películas proyectadas este año en el Festival de Mar del Plata remiten al pasado de forma directa y explícita, en muchos casos trabajando a partir de material de archivo, filmaciones caseras o fragmentos televisivos. Entiendo que a través del diálogo con el pasado se trata, casi siempre, de poner en perspectiva al presente, ¿pero se estará esquivando, así y todo, el desarrollo de una estética visual contemporánea?, ¿en cierto sentido —tal vez más estético que político— desconfiaremos más de las imágenes actuales que de las pasadas? Es un tema que da para mucho; aquí apenas me permito esbozarlo, para tal vez retomarlo en otro momento (y otro lugar). 

Algo que te hayas preguntado 

La misma pregunta que nos hicimos muchos: ¿cuándo vamos a volver a sentarnos en una butaca, en una sala a oscuras?

Una canción en una película

No son canciones que me gusten particularmente, pero hay una belleza misteriosa en la escena de los marinos escuchando “Mother” de Pink Floyd y “Where the Streets Have No Name” de U2, a bordo del ARA San Juan, mientras toman mate y juegan al ajedrez, en La noche submarina (Moguillansky, Villanueva, Flores, 2020).

Un doble programa

Ice (Robert Kramer, 1970) / El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020)

Un plano que defina tu 2020

En Atman (1975), de Toshio Matsumoto, una figura está sentada en un espacio abierto. La cámara gira alrededor suyo; se acerca, se aleja. Los colores y el ritmo cambian tanto que marean. Hay cielo, pasto, flores y montañas; hay vibración. Sin embargo, la suma de todos esos movimientos transmite una sensación de encierro y monotonía, de amenaza e imposibilidad de escape. La figura es un demonio.


Leandro Listorti

Una película

Film About a Woman Who… 1974 de Yvonne Rainer

Un descubrimiento

The Mutations 1974 de Jack Cardiff

Mikey and Nicky 1976 de Elaine May

Un doble programa

Lomax the Songhunter 2004 de Rogier Kappers

+

A Voz e o Vazio: A Vez de Vassourinha’ 1998 de Carlos Adriano

Algo que te hayas preguntado 

¿Por qué todavía no tenemos una Cinemateca Nacional funcionando, preservando y exhibiendo cine?

Una canción en una película 

Luz de luna por Chavela Vargas, en Chavela

Un plano que defina tu 2020

Lazzaro Felice


Eloísa Solaas

Una película

Kajillionaire, de Miranda July, entre otras cosas por el acontecimiento detrás del beso.

Un descubrimiento

Gran título para descubrimiento: Historia de lo oculto, de Cristian Ponce.

Un doble programa

Malmkrog (2020) Cristi Puiu,  Apocalypse Now (1979) Francis Ford Coppola.

Lo que queda flotando en el samovar dorado y las finísimas conversaciones sobre la guerra y el progreso universal del hombre europeo, a espaldas de las cachetaditas del mayordomo a un siervo, por preparar mal el té ruso -vieja herencia mongólica- “El té es mejor que el vino, ya que no le hace al hombre ver cosas tontas, y mejor que el agua porque no lleva a las enfermedades, ni puede actuar como veneno»; y de la pendiente lectura del texto sobre del anticristo; retorna, flotando también, entre la bruma, los helicópteros y las bombas: la guerra descarnada y la locura.

Además tienen una duración muy parecida y son geniales.

Algo que te hayas preguntado

Si estoy de acuerdo con las analogías evolucionistas en relación al cine. Creo muchísimo en el talento del «hacer con lo que hay» y adaptarse a las circunstancias, de eso en general se trata hacer cine acá. Pero también quisiera creer, y que se crea más, en las posibilidades de las buenas políticas de estado y transparencia. A ver cómo se hace y se sostiene.

Una canción en una película

Para mí van juntas y tienen que ver con el acontecimiento del beso. «Love Theme» de Emile Mosseri aunque es un tema, no canción

Angel Olsen & Emile Mosseri – Mr. Lonely

Versión del gran Bobby Vinton

Fotograma representativo de 2020 

Es de First Cow.


Jaime Grijalba

Una película

El año del descubrimiento la vi en una de sus primeras funciones en el Festival de Rotterdam, el último y único festival de cine al que asistí durante el 2020. Fue una experiencia inolvidable, y ahora mucho más, gracias al hecho de que es el último recuerdo que tengo de cine visto en salas. El covid-19 era un rumor fuerte que corría entre las personas que se juntaban en la sala de prensa, y yo miraba con cierta desconfianza a una encargada de prensa que conocí después de meses de emails (y a quien le agradezco varias cosas en las que trabajo hoy) sonándose los mocos, tosiendo y tratando de hablar entre un ronco sonido que salía de su garganta. No era la temida enfermedad, pero aunque no hubo precauciones especiales, se hablaba mucho de cómo algo se acercaba a Europa. Me resulta curioso que todo este torrente de cosas me vengan a la mente, pero es inseparable de la que aún es la mejor película que he visto este año, pero en sí es un indicador de un estado social y mental del mundo. El año del descubrimiento encuentra paralelos en movimientos sociales y disruptivos a lo largo de todo el mundo, y luego del Octubre Rojo chileno del 2019, sentía que había más paralelos, más eventos y más cosas que comparar. En un mundo que ha sido obligado a dormitar por nuestro propio bien y futuro, resulta inusual volver sobre el mismo filme y tratar de buscar un sentido dentro de nuestro estado actual. Pero algo hay, en esas ansias de reunión, en esas largas conversaciones, hablan de un pasado que ya era pasado antes de la pandemia, de un mundo que no volverá, de una chispa que ya no será la misma. Al final no pudimos encender el mundo, pero un pequeño bicho (que ni siquiera está biológicamente vivo) pudo hacerlo

Un descubrimiento

Varias cosas me llevaron a dar un paso atrás en mi visionado de filmes voraz y constante. Algunos vieron aumentado esa voracidad por el encierro, pero yo tuve que hacerme cargo de varias cosas y todo dio dos pasos para atrás. Sí hubo tiempo para tener dos apreciaciones nuevas de cineastas, principalmente las películas de Valeria Sarmiento (Amelia Lopes O’Neill y Elle), además de los cortometrajes de John Wilson, los cuales en mayor parte se pueden encontrar en Vimeo (recomiendo encarecidamente The Road to Magnasanti). Pero el descubrimiento más grande del año es que empecé a jugar Magic, y no podré dejarlo pronto.

Un doble programa

Responsabilidad empresarial (2020, Jonathan Perel) / Las cruces (2018, Teresa Arredondo, Carlos Vásquez)

Una mirada a la crueldad de un estado lunático a través de la empresa cómplice. Juegan en lugares similares, pero con acercamientos estéticos y narrativos completamente diferentes. Todos somos parte de lo mismo.

Algo que te hayas preguntado

¿Vale la pena todo el tiempo que ocupamos en pensar lo que pensamos?

Una canción

An American in Paris está lejos de ser el mejor musical que he visto, después de todo Singin’ in the Rain es la obra maestra del género dentro del mismo pool de performers, directores y estilo en general. Pero la vi en un momento especial, donde sentí que podía seguir viendo cine al mismo ritmo de antes (grave error), y la secuencia final, con esa pieza musical sin letra, reminiscente de esa otra obra maestra que es The Red Shoes, me lleno de una sensación especial respecto al valor de una pieza musical, una canción, en el cine, y cómo es que la mejor canción de una película en la que cantan todo el tiempo es justamente la única en la que no cantan.

Un plano que defina tu 2020

Foto a la pantalla de la última película de Obayashi, Labyrinth of Cinema en Rotterdam 2020. Increíblemente adecuada. Adiós a la pantalla.


Malena Solarz

Una película

Cualquiera de las que nombro en las otras categorías. Agrego 3 medio caprichosas, solo por nombrar cosas que me hicieron bien: First Cow, de K. Reichardt; Medium, de E. Cozarinsky, y la restauración y reanimación de cronofotografías de Marey en sus experimentos de la “Estación fisiológica”, subidos hace poco acá: https://www.cinematheque.fr/henri/film/113597-films-chrono-photographiques-etienne-jules-marey-1889-1904/

Un descubrimiento

El primero es muy obvio, pero nunca lo sentí tanto como este año: me es casi imposible separar una película del contexto en el que la veo. Al comienzo de la cuarentena, no podía dejar de pensar todo desde la pandemia: las escenas con gente reunida por cualquier motivo me parecían de un riesgo altísimo, las situaciones de encierro extremo me generaban una identificación tremenda (aunque se tratara de películas fantásticas o comedias absurdas), incluso las imágenes más abstractas se asemejaban, en mis ojos, a formas y figuras que veía todos los días dentro de mi casa, o a aquéllas que extrañaba de la calle. 

El segundo no es para nada un descubrimiento pero sí algo que ganó una intensidad completamente nueva: la virtualidad, con todo lo que acerca y todo lo que aleja, casi en iguales proporciones. Por momentos, todas mis actividades dependieron del celular, o del cable de red de 30 metros que, aún hoy, sigue siendo la única forma de que mi computadora tenga internet en distintos puntos de la casa. Entre esas actividades está mi trabajo, que consiste en dar clases. Este año fue necesario adaptar los modos a esta misma computadora en la que estoy escribiendo esto, y por suerte también renovar en algo los contenidos. Las clases virtuales fueron un terreno bastante patinoso e incierto que fuimos conociendo de a poco. Con un poco de suerte, tanto dar como recibir clases suelen ser maneras de descubrir cosas (a veces películas, a veces otras). Gracias a preparar una clase/charla online sobre cine y viajes, este año conocí, por ejemplo, la película Empty Suitcases de Bette Gordon o me encontré con  Tourist de Barbara Hammer. Y también, afortunadamente, me encontré siendo alumna varias horas de la semana y en ese sentido este año me dejó mucho, varias puntitas de hilos de los que seguir tirando. Nombro solo dos de muchos descubrimientos que les continuaron: el fisionotrazo, un artefacto de fines del Siglo XVIII utilizado para hacer retratos reproducibles de pequeña escala; y Margaret Tait.

Un doble programa

Triple, mejor: Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (P. Portabella, 1977) / 1982 (L. Gallo, 2020) / El año del descubrimiento (L.L. Carrasco, 2020)

El registro, el archivo y el testimonio, pensados como tres formas de extraer de cualquier imagen una idea compleja del tiempo, o tres formas de leer, desde el presente, ese futuro imaginado alguna vez.

Algo que te hayas preguntado 

Por varios motivos, la relación entre la situación global y la vida personal este año fue más fuerte que nunca: me resulta prácticamente imposible pensar algún rubro que me haya quedado sin cuestionamientos, crisis o dudas.

Una canción en una película 

Disculpas de antemano por la autorreferencia. 

Junto con Nicolás Zukerfeld terminamos de montar su película No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo justo cuando empezaba a declararse el aislamiento obligatorio (y después de haber estado unos meses voluntariamente aislados frente al Premier). En una de las tantas versiones, una secuencia (que luego derivó, con modificaciones, en el trailer) hacía uso y abuso del poder del raccord de miradas entre rostros estelares. El fragmento tenía como inicio y base el momento en el que, en The Roaring Twenties, Pricilla Lane hace una audición con una versión titubeante y hermosa de “My Melancholy Baby”, frente a James Cagney que la mira embobado. 

Aunque lo que hicimos quedó eliminado de la película (y el trailer encontró otra canción), canté “My Melancholy Baby” prácticamente todos los días del año, repasando en la cabeza cada una de esas miradas. 

Un plano que defina tu 2020

Varios, mejor: 

En Isabella, de Matías Piñeiro, María/Mariel/Isabella duda con sus manos, su rostro y el horizonte entero del Río de la Plata.

Las manos (mías o de otras personas) están presentes en la mayoría de las fotos de mi celular. Esta mano es de la hermosa Colección Privada, de Elena Duque.


Dana Najlis

Una película

¡Van dos!

Ga Woo Man Si Ging (Herman Yau, 2019)

En la Frontera (José Celestino Campusano, 2020). 

Un descubrimiento

El genio de George Marshall. Hizo tal cantidad de películas que se ha convertido en una fuente inagotable de felicidad. Mi favorita: The Perils of Pauline (1947).

Un doble programa

Plácido (Luis García Berlanga, 1961)

El cochecito (Marco Ferreri, 1960)

Algo que te hayas preguntado 

Una canción en una película 

Martin (Hanns Zischler) toca el piano y canta para Anna (Sabine Bach) en BERLIN CHAMISSOPLATZ (1980) de Rudolf Thome. Me cuesta creer que pueda existir algo más hermoso que esta escena.

Y otra…  de una película revisitada:

“One for My Baby (And One More for the Road)” por Ida Lupino en ROAD HOUSE (1948) de Jean Negulesco.

Un plano que defina tu 2020

Applause (Rouben Mamoulian, 1929)


Paul von Sprecher

Una película

The Hardest Working Cat in Showbiz (2020) de Sofia Bohdanowicz: Este corto sobre Orangey, el único gato que ganó dos veces el premio PATSY para animales actores, famoso por hacer del gato de Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany’s y por salir en The Increible Shrinking Man de Jack Arnold, me cautivó bastante. Es una adaptación de un texto de Dan Sallitt que había leído antes de ver el film, traducido por Lucia Salas, acá en La Vida Útil. Cuando vi el corto me parecía conocido el texto y a medida que lo veía recordé. Todo esto lo puedo relacionar al 2020 con la enorme viralización de los gatos, que en internet son más estrellas que los mismísimos perros. Y también a la importancia que tienen estos felinos en mi vida y no solo por vivir con uno. Además, creo que es justo poder elegir un corto como la mejor película del año. Otro corto que podría haber sido es Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse de Pablo Martín Weber, que me pareció bastante alucinante. Y si hubiera elegido un largometraje probablemente estuviera entre: Esquirlas, Adiós a la Memoria, El año del descubrimiento y Lava. Aunque De repente, el paraísoIt Must Be Heaven– (la última que vi en cine), The King of Staten Island y Eurovision también están entre lo mejor de mi año.

Un descubrimiento

Richard Franklin -1948/2007-. Había visto Patrick hace mucho en el querido Cinéfilo Bar pero a comienzos de la cuarentena vi Road Games, Link y Psycho II y me di cuenta de lo impresionante que era este director australiano. También ayudaron los copetes de Filmoteca de Peña y de Roger. Road Games es una road movie con un asesino de la ruta y que incluye a la gran Jamie Lee Curtis. El suspenso que logra, y lo que hace con el espacio de la ruta, son realmente increíbles. Lo mismo se puede decir del chimpancé asesino de Link que acecha a la joven Elisabeth Sue en una casa de veraneo. Otra vez el espacio y el suspenso. Franklin tiene más que evidentes influencias hitchockeanas y fue acertado que dirija la secuela de Psicosis. Franklin le da una vuelta de tuerca a la original y en esta los que quieren culpar al reformado Norman Bates están mucho más dementes que él mismo. Además tiene algunas cosas bien border como que el motel, durante la ausencia de Bates, se haya transformado en un telo de drogones. Franklin más que un descubrimiento fue un re-descubrimiento. Un director del cual me había entusiasmado una película hace mucho, pero que no tenía muy en cuenta su nombre ni su obra y resultó ser de lo más relevador que vi este año.

Algo que te hayas preguntado

Cuando estaban los cines abiertos seguía bastante los estrenos. Tanto los más indie (que solía verlos en la sala grande del Cineclub Municipal) como los más mainstream (que solía verlos en el Hoyts del shopping Patio Olmos) pero la verdad que en febrero y marzo hubo pocos que me hayan entusiasmado. La discutida Parasite, Richard Jewell, De repente, el paraíso y no mucho más. Durante la pandemia vi estrenos virtuales pero no tantos. Algunas de las más nombradas las dejé para  después, en cuanto a novedades. Recién para el festival de Mar del Plata online (que fue en noviembre), me entusiasmé bastante. Pero lo mejor que hice en materia cinematográfica este año fue ver películas que tenía pendientes hace varios años, que iban desde The Bigamist de Ida Lupino hasta Garaje Olimpo de Marcos Bechis. Además de rever y descubrir muchas películas tanto en los ciclos de Peña (en el Bazofi Virtual, los ciclos del MALBA y las pequeñas joyas de Filmoteca Online) como en los de La Quimera online, que hizo que extrañara menos a La Quimera como espacio físico. Además de algunas películas y episodios de series de terror en el ciclo (ahora virtual) Ciclo de la luna. Y como bonus leí la autobiografía del gran Vincente Minelli, y vi algunas de las obras que tenía pendientes de su filmografía como Designing Woman o The Reluctant Debutante. Leyendo el libro se nota que sabía bien lo que hacía y era bien exigente para que se lo hiciera bien, lo cual se nota mucho en sus películas. Definitivamente está bien arriba entre mis directores preferidos. Así que a raíz de esto estas dos preguntas me hice: ¿realmente vale la pena seguir tanto las novedades? Y ¿por qué Minelli no está valorado en su justa medida?

Una canción en una película

Eurovision Song-A -Long Official: En un momento de la pandemia me quedé sin internet por una semana y apenas me pusieron de nuevo me puse a ver Eurovision. Ver esa película, en la madrugada de un lunes, fue de los momentos más felices que tuve en la cuarentena. Ver a Will Ferrel y Rachel McAdams  haciendo de un dúo pop islandés que quiere ganar el festival de Eurovision fue algo más que alentador y entre las hermosas canciones que integran la película elegí este “song a-long” que cantan en una parte en una fiesta donde varios participantes reales del festival Eurovision hacen cameos cantando clásicos del pop. Entre ellos salen “Believe” de Cher, “Ray of Light” de Madonna y “Waterloo” de Abba (banda fundamental en la trama de la película). Ese espíritu de usar varios hits del pop me hace acordar a la llamada nueva comedia norteamericana en su época de oro (entre fines de los 90 y comienzos de los 2000), la cual incluyó algunas de las mejores películas de Will Ferrell y Mean Girls  (2004), el gran film con el cual Rachel McAdams se hizo famosa. Eurovision me parece lo mejor de ambos en bastante tiempo.

Un plano que defina tu 2020

En medio del Festival de Cine de Mar del Plata, esta vez online, cayó la sorpresa de la muerte de Maradona. Uno o dos días después veo 1982 de Lucas Gallo, que es realizada en su totalidad con material de archivo sobre la cobertura de la guerra de Malvinas, del noticiero 60 minutos (de ATC, como se llamaba en ese entonces la TV Pública) y del Teletón de 24 horas para “beneficio” de los soldados de Malvinas conducido por Pinky y Cacho Fontana. En ambos sale Maradona. En el noticiero sale un poster de Diego con la camiseta de Boca en la habitación de algunos soldados. El relator dice algo así como: “antes había desnudos, ahora está el poster de Maradona”. También sale en el Teletón junto a Passarella, Ardiles y Patricio Hernández, antes del mundial del 82. En muchas notas y comentarios (desde Pablo Martín Weber hasta Quintín) resaltan este hecho ineludible en un momento como aquel. Los comentarios se detienen más en el Teletón pero lo que más me impactó fue el poster de Maradona en la habitación. Estuve buscando el plano en internet y no lo encontré, pero encontré aquel de El sabor de la cereza de Kiarostami. Cuando la vi en VHS muchos años atrás, con mi familia, mi viejo le puso pausa al plano donde sale un poster de Maradona, con la camiseta de la selección en una cabina de trabajo en las montañas en Irán. Otro amigo me contó que se sorprendió cuando estaba en el cine y vio ese plano. Ya sea en las Malvinas o en Irán planos e imágenes como estas definían lo que trasmitía Maradona y como trascendía fronteras. En abril la TV Pública pasaba los partidos de la selección de distintos mundiales y repusieron prácticamente todos los del 86 y del 90. Ver,  sin haberlos vistos en vivo -por cuestión de edad-, los goles a los ingleses, el pase de Maradona que dio pie al gol de Burruchaga en la final contra Alemania, y luego los penales contra Italia en el 90, me trasmiten una emoción solo comparable a las películas deportivas. De hecho creo que Maradona es el deportista más cinematográfico pensándolo en un sentido de las épicas biopics y de las películas deportivas que el cine de género y que el norteamericano en particular nos supo dar. El único director que supo trasmitir esto fue Asif Kapadia en el documental, que se centra en su época en el Napoli, Diego Maradona (2019).  Además justo había leído la autobiografía, así que este plano define parte importante de este 2020. Y además se puede hacer un paralelo entre los partidos sin público y ver películas solamente en el hogar en contraste con cuando la gente iba a las canchas y a los cines. 

Imagen

Cecilia Oliveras

Una película

En  este año de pantallas pequeñas vi mucho menos cine del que hubiera querido ver pero de todos modos me cuesta pensar en una sola película así que elijo 3 (sin orden de mérito):

Mes chers espions  de Vladimir Léon, porque un documental  sobre el exilio y los secretos familiares puede ser a la vez una intrigante historia de espías con el plus de un Pierre León tan entrañable como los personajes de sus películas.

Domangchin yeoja de Hong Sang-soo porque este año hubiera sido mucho más terrible aún sin el encuentro anual con el cine de Hong.

Esquirlas de Natalia Garayalde, es increíble que nadie haya hecho  antes  una película sobre las explosiones de Río Tercero, de ahí la importancia de Esquirlas, una película  necesaria pero además un retrato conmovedor y valiente desde lo personal y político sobre una de las grandes tragedias argentinas que aún siguen impunes

Un descubrimiento

Dos

Baila, muchacha, baila de Dorothy Arzner, podría ser una más de la época clásica del cine hollywoodense, pero una película de 1940, dirigida por una mujer donde las  protagonistas son mujeres trabajadoras y libres de vivir su deseo es una rareza y una maravilla.

Tuve el inmenso placer de programar un ciclo de cine de no ficción sudamericano y en la búsqueda descubrí un montón de cinematografía interesantísima y secreta de países tan cercanos geográficamente como  lejanos en las posibilidades de acceder a su cine, por suerte existen estas pantallas alternativas de  los ciclos de cine, festivales y cineclubes que nos permiten descubrirlos.

 Algo que te hayas preguntado

¿Cuándo va a terminar este apocalipsis y vamos a poder volver a los cines?

Una canción en una película

¿Puede ser de una serie? Vi We Are Who We Are de Lucas Guadagino y descubrí la banda Blood Orange y todo un soundtrack increíble.

Un plano que defina tu 2020

Tendría que poner una foto de mía en un zoom pero prefiero este plano de un gatito de ojos orientales en una de las mejores secuencias de la película de Hong 


Lucrecia Matarozzo

Una película

Days/ Tsai Ming-liang

Un descubrimiento

«No, no tengo sed de saber en absoluto.
Pero conozco miles de canciones que aprendí en mi pueblo. Las letras y las melodías están en las células más profundas de mi cuerpo.
Profesores:
Levántense y sacudan el cuerpo.
Una sacudida vigorizante.
Y luego quédense parados en silencio y escuchen.
¿Pueden oír alguna canción que venga de lo más profundo de sus carnes?»
«Ningún lugar adonde ir. Jonas Mekas». Editorial Caja negra. (2014)

En este tiempo extraño sin poder ir a ningún lugar, sentí un enorme agradecimiento por las películas, historias y canciones que están en mi y me han ayudado a transitar estos días.   

Una canción en una película 

«Ya no tan jóvenes» en Los pasos dirigida por Renzo Blanc, compuesta por Luis El Halli Obeid e interpretada por Tomates Asesinos. 

Un plano que defina tu 2020

El 2020 es un año indefinible para mi. En cambio pienso en este plano de una gran fuerza y conmovedora belleza que vuelve a mi memoria luego de su visionado como un antídoto contra todos los males. 

Las motitos, dirigida por Inés Barrionuevo y Gabriela Vidal 


Giuliana Nocelli

Una película

Visión nocturna – Carolina Moscoso

Es una obra que destaco tanto (el tipo de registro, la construcción sonora y el montaje) como así también la decisión de la directora en abordar su propia violación y la burocracía de un sistema judicial patriarcal. No es solo la historia de Carolina, sino también el reflejo de la realidad de muchas. 

Además, tuve el gusto de trabajar durante un mes muy intensamente con mi colega Pablo Ceccarelli en la realización de un fanzine y un ensayo audiovisual para una iniciativa de 16° FESTIFREAK y el Centro Cultural Recoleta. 

Les dejo por aquí el link por si quieren ver y leer: 

https://festifreak.com/16ff/tienes-que-hablar/

Una canción

«Que reste-t-il de nos amours?» de Charles Trenet  y «Non, je ne regrette rien» de Michel Vaucine y Charles Dumont, esta última interpretada por Edith Piaf (aunque la cantante no se encuentre entre los títulos de la película y solo estén los autores de la misma). Ambas en Adiós a la memoria de.Nicolás Prividera

Un doble programa

Tiempo de revancha (Adolfo Aristarain, 1981) y Río Turbio (Tatiana Mazú, 2020)

No solo por su punto fuerte en las condiciones laborales de lxs trabajadorxs de la mina y el contexto histórico-social, sino también por el rol de las mujeres en una ciudad minera. En Río Turbio, la directora reflexiona con su tía por mensaje de texto acerca de ser mujer en una ciudad pensada para hombres. Algunas de ellas son las TAF: “Traídas a la fuerza” junto a sus parejas que trabajan en la mina, lugar donde no se permitía que ellas accedan y donde los hombres mantenían un pacto de silencio de lo que sucedía adentro. 

En este sentido, Río Turbio es una suerte de expansión de Tiempo de revancha, donde el personaje de Amanda (esposa del protagonista) es el claro ejemplo de las TAF, donde su único rol era quedarse en su casa, suplicar la atención y el amor de su marido, y permanecer callada en un mundo de hombres. 

Un plano que defina tu 2020 

Mank (2020) Dir. David Fincher

No tanto por la película, sino porque es una síntesis personal de este 2020: limitaciones, algunos problemitas de salud (corporales), pero siempre continuando (a veces sin desearlo) con las responsabilidades y lo mejor de todo: la salvación de ver y hacer cine. 


Santiago Gonzalez Cragnolino

Una película

Red Post on Escher Street (Sion Sono).

Un vistazo a la ventana del paisaje social o al espejo de la fibra íntima que quitan el aliento. La continuidad de los golpes bajos, en perfecta coherencia con lo que se sabía construido hasta el momento. Un año de ver cine a través del filtro que paraliza pies y manos, y entumece la cabeza. Todas las películas nos hablan del mismo fantasma, incluso las que habían sido producidas sin saber que se iba a concretar lo (no tan) inimaginable. La pregunta por excelencia del crítico: ya no ¿qué es? sino ¿para qué mierda sirve?, ¿qué sentido tiene dedicarle tiempo? Cerca del cierre del calendario aparece una película de cine dentro del cine, sin conexiones aparentes con el fin del mundo. Resulta ser un gesto de amateurismo, desparpajo, arrojo y romanticismo desaforado. “Este amor por la vida me hace perder la fuerza en las rodillas.” Gritos de inconformismo y ecos inesperados con la absurda realidad, que excede por mucho al detrás de escena del rodaje de una película.

Un descubrimiento

No creo que sea un descubrimiento, pero quiero celebrar la novedad del newsletter de cine argentino Las veredas. Probablemente existan iniciativas similares (no soy experto en la materia), pero me parece importante por el concepto, la constancia, la amplitud y el laburo puesto en el proyecto.

Algo que te hayas preguntado y una canción en una película

¿Cómo preservar las tradiciones populares sin ser retrógrado? Contraté a un asesino a sueldo (que está dedicada a Michel Powell) es protagonizada por Jean Pierre Léaud e incluye esta canción (en su totalidad) de Joe Strummer. Son esas figuras – Powell, Léaud, Strummer – artistas obstinados, personales, pero de alcance extendido. La película no los incorpora azarosamente; es un reconocimiento a sus trayectorias como artistas folclóricos. Contraté a un asesino a sueldo (y el cine de Kaurismäki en general) es un acto de preservación de distintas manifestaciones populares, entendidas como refugios para un presente hostil, sin perder un impulso original y modernista. No hay razón para que más gente no pueda disfrutar la amarga ternura y la sensibilidad cómica de Kaurismäki (un cineasta que tiene bastantes puntos en común con Pedro Costa, pero también con Tati y, por lo tanto, con Chaplin). La siguiente pregunta es: ¿cómo acercar a más gente a las formas más personales del cine de autor? Sin ponerme el traje de oráculo: no resignarse a morir en el nicho de mercado, para empezar a caminar una ruta empinadísima. Olvidar la comodidad golondrina de los festivales que, cómo los cines que no pertenecen a corporaciones, pueden, si no desaparecer, verse reducidos a su mínima expresión.

Un doble programa

Escribí en Twitter: “Me encantó First Cow como la versión amorosa, casi minimalista de There Will Be Blood. Su alquimia es transformar el petróleo en pequeñas raciones de leche. Intercambia prepotencia por sabiduría detallista y lucidez a escala”. El implacable crítico de Traslasierra Koger Roza me marcó: “Y esas galletitas después se resignifican en Soylent Green, para seguir con el delirio”. Yo humildemente creo que es un gran triple programa, así que:

 First Cow (Kelly Reichardt) + There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson) + Soylent Green (Richard Fleischer).

Canción de créditos para el año

Los cielos más azules… y días menos amargos

Que todas tus estrofas rimen y los mejores estribillos también

Salud, lvu. 


Maui Alena

Queridos Vidautileros:

En este año decidí hacer mi lista tomando sólo películas que tengan como temática la pandemia, el confinamiento y distintas situaciones que puedan derivar de ellas. Todas las ví o volví a ver este año.

Una película

Tiburón (1975) de Steven Spielberg. Su conflicto central podría ser el de de cualquier país cuando arrancó la pandemia, o el de cualquier partido de la costa argentino este verano: a raíz de una nueva amenaza se debate entre cerrar todo, cancelar la temporada y así salvaguardar la vida de sus habitantes pero empobrecerlos dándole la espalda al capitalismo y la horda de turistas que vienen a gastar dinero; o negar la amenaza y mantener la rueda de la plata girando a costa de que la nueva plaga se lleve puesta muchas vidas inocentes. A diferencia de la vida real (que no debería ser tan binaria como la película, pero lo está siendo) en Tiburón la interpretación era una sola: el héroe era Brody que no negociaba la vida de ni un habitante, y el villano era el intendente de la costa (o el capitalismo) al que sólo le interesaba no perder el negocio de la temporada alta.

Un descubrimiento

Panic in the Streets (1950) de Elia Kazan. La última vez que fui al cine, en marzo en un lugar donde me hicieron jurar que nunca contaría donde era, ni quienes estábamos o quien programaba. Así, mi última visita al cine queda inmersa en un manto de misterio y anonimato, pero siendo en 35mm con una película plantea otra posibilidad de la cuarentena: encontrar al paciente cero para matarlo a él y así a la plaga. Gracias a ella entré en la filmografía de Kazan (del que había visto casi nada) la cual seguí en mi casa en los meses de confinamiento.

Algo que te hayas preguntado

La misma pregunta que muchos que estamos acá ¿Cuándo volvemos al cine?

Una canción

«Heaven Help Us» de Beverly Bremers en los títulos finales de The Crazies (1973) de George Romero. Más allá de que es otra de las grandes películas para ver sobre una pandemia y preguntarnos si locos nos estamos volviendo nosotros o los que nos gobiernan, el detalle de la canción de cierre de títulos funciona perfecto como contrapunto del relato frenético de la película y como conclusión: que alguien allá arriba nos tire un ayudín porque en estas circunstancias entre nosotros solo sabemos matarnos.

Un doble programa

Safe (1995) de Todd Haynes y Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1976) de Chantal Akerman. Alguna vez leí que Haynes basó el personaje de Moore en Safe en la protagonista de la película de Akerman. Al margen de que son dos películas enormes, creo que representan dos estados más de este 2020 en algunas personas: la paranoia a enfermarse llevada al extremo y lo alienante que puede ser el día a día sin casi salir de casa.

Un fotograma


Gabriel von Sprecher

Una película

Voy a nombrar cuatro. Tres las pasamos en La Quimera online durante el año, la más apocalipticamente tranquilizadora (una de sus palabras finales es algo así como “creo que es mejor darles una oportunidad a las hormigas” dicha en respecto a el posible fin o no de la humanidad) fue la primera película -y una de las poquitas- que volví a ver acompañado luego de que comenzó la pandemia-cuarentena:

Noyuki yamayuki umibe yuki de Nobuhiko Obayashi (que traducimos como Arraigado a los campos, las colinas y las costas)

¡Que vivan los crotos! de Ana Poliak

Miracle Mile de Steve De Jarnatt

Y la cuarta, una película que vi solo en mi casa, en una computadora, en una vorágine de ver pelis, no impulsada por la normal busqueda/curiosidad cinematográfica de los otros años, sino en una especie de intento de búsqueda de leve protección en la incertidumbre de los primeros meses:

Aliens de James Cameron

Un descubrimiento

La obra de Nobuhiko Obayashi y Lizzie Borden.

Algo que te hayas preguntado

Por lo menos respecto al cine qué difícil (para mí por lo menos) es reflexionar, pensar, preguntarse cosas, sin estar con otres, sin el diálogo posterior a salir de la sala de cine.

Este año fue más bien un año de pensar por qué pasar películas, en un año marcado en mi experiencia personal, a nivel cine, casi exclusivamente por el programar en La Quimera online.

Una canción

«Mi formula de amor» de Los del Maranaho

Aparece en Las ranas de Edgardo Castro, es la canción que escuché más veces después de conocerla en la peli.

Mención también para todas las canciones de Eurovision Song Contest: The Story of Fire Saga de David Dobkin.

Un plano que defina tu 2020

Nek se čuje i naš glas de Krsto Papić (que traduciendo el título en inglés sería algo así como Hagamos que nuestras voces también sean escuchadas)


Mónica Delgado

Una película

Malmkrog de Cristi Puiu. Hay un empeño del rumano por extender lo que había logrado con sus diálogos filosóficos/esotéricos en Trois exercises d’interprétation (2013) al jugar con el imaginario político y poético del ruso Vlaidimir Solovyov. Verborreas de la decadencia o la vigencia de viejos preceptos.

Un descubrimiento

Domovine de la serbia Jelena Maksimovic: al fin una película feminista.

Algo que te hayas preguntado

¿Cuánto tiempo más durará esta situación de abulia en el cine peruano?

Una canción en una película

“Winter” (1994) de Sergey Kuryokhin en el final de Sun Dog (2020), corto de Dorian Jespers. 

Un doble programa

She Dies Tomorrow de Amy Seimetz + Possessor de Brandon Cronenberg: fucsias y puesta en escena estilizada para las alteraciones mentales.

Un plano que defina tu 2020

Este de Luz Nos Trópicos de Paula Gaitán. No sé si define mi año pandémico, pero sí grafica la sensación de estar en un espacio y tiempo equivocado.


Carolina Benalcazar

Junté en este dibujo momentos de cinco películas, todas vistas por primera vez este año, que responden a algunas de las consignas de esta encuesta. No sé cuál responde a qué pero todas en su momento han sido «la película», «el descubrimiento» y «el plano de este 2020», principalmente por las ganas que me han provocado de compartirlas. 

Creo que muchas de las preguntas que me he hecho este año han sido realmente las que me han hecho estas películas (y muchas otras más).

Estas cinco películas son:

Sueños de hielo de Ignacio Agüero (1993)

The Watermelon Woman de Cheryl Dunye (1996)

Una giornata particolare de Ettore Scola (1977)

Familia sumergida de María Alché (2018)

Arábia de Affonso Uchôa y João Dumans (2017)

«Todo y nada» del conjunto Valdelomar – Dávila que suena en Familia sumergida es la canción de este año para mí y mi amiga Cristina porque escuchándola nos sobran los motivos para movernos, bailar aún si es a solas y sobre un mismo lugar, y soñar con bailar entre multitudes. Un programa doble: Abuelos de Carla Valencia Dávila (2010) + El lugar donde se juntan los polos de Juan Martín Cueva (2001)


Nicolás Carrasco

Una película

Just Don’t Think I’ll Scream, de Frank Beauvais

Un descubrimiento

Este año descubrí la obra del gran Mark Rappaport, gracias a una retrospectiva online organizada por el Filmmusem München.

Quisiera mencionar, además, otros eventos que definieron mi cinefilia virtual en 2020:

  • Los ciclos “Columbia Noir” y “Western Noir” en Criterion Channel.
  • Los dos BAZOFI, así como las funciones sorpresa en el canal de Youtube de Hasta Trilce y los ciclos de westerns y óperas primas, programados por Fernando Martín Peña (junto a Roger Koza en el ciclo de óperas primas).
  • Las funciones de los jueves en el Cineclub La Quimera.
  • Las copias restauradas de Shaolin vs. Wu Tang, The Mystery of Chess Boxing y Shaolin vs. Lama en 36 Cinema.
  • El ciclo Taiwan B-Movies de Anthology Film Archives.
  • Las funciones sorpresa los viernes en The Cinemadness Movie, programadas por Jim Branscome.
  • Las enormes programaciones de los cines virtuales (y gratuitos) The Cinephobe and Cathode Cinema.

Algo que te hayas preguntado

Cómo festivales de gran presupuesto decidieron no hacerse o tuvieron ediciones muy mediocres, pero cómo otros festivales, con una fracción de esos presupuestos, tuvieron grandes ediciones y ayudaron a aliviar este año espantoso.

Una canción

Perfecto cierre para una gran película:

Mención especial para el soundtrack del año:

Un doble programa

Seguiré cumpliendo mi tradición en la encuesta de La Vida Útil de mandar varios programas dobles.

Uncut Gems (Josh Safdie, Benny Safdie, 2019) + Born to Win (Ivan Passer, 1971)

Bliss (Joe Begos, 2019) + Habit (Larry Fessenden, 1995)

Demonic (Pia Borg, 2019) + The House of the Devil (Ti West, 2009)

Un plano que defina tu 2020

¡Que viva la República! (Karel Kachyna, 1965)


John Campos Gomez

Querida gente:

Adelanto que en esta ocasión casi todas mis respuestas irán hacia un solo lugar. El paso del tiempo terminó casi reduciendo mi año cinematográfico a esa gran experiencia también musical. 

Veanla y quiéranla como yo.

Una película

Don’t Rush, de Elise Florenty y Marcel Turkowsky

Un descubrimiento

Que me interesan demasiado más las películas con personas que con personajes.

Algo que te hayas preguntado 

En las limitaciones compartidas de la programación y la crítica cinematográfica. Y cómo entrelazarlas para potenciar sus respectivos alcances.

Una canción

Todas las canciones de Don’t Rush para abrirse auditiva y emocionalmente al rebétiko griego.

Un plano que defina tu 2020

Gannis poniendo y escuchando rebétiko en su propio programa radial en mi favorita Don’t Rush.

Un programa doble

Aprovecho la redundancia y recomiendo otro título de los mismos autores también sobre migración y resistencia:

Back to 2069 + Don’t Rush, ambas de Florenty + Turkowsky.

Cariños.


Daniel Ángeles Hernández

Este año todo lo que vi estaba marcado (o lo marqué) por la pandemia e invariablemente por lo que no pude ver.

Una película

The Woman Who Ran, de Hong Sang-soo.

Una mujer en tránsito, va de visita y al cine, como hoy nadie. Es libre, pero parece escapar de algo, como hoy todo el mundo.   

Un descubrimiento

Wind (1996) / Marcell Iványi

Una película sobre el registro del tiempo y la memoria. Sobre el fuera de campo y su misterio. Pero al mismo tiempo, no es una película, es un recuerdo; es un momento en el tiempo que se repite con sufrimiento; es el sueño eterno de una mente que espera despertar. 

Algo que te hayas preguntado

Lucas Granero se lo pregunto antes que yo. En el libro ¿Qué será del cine? Postales para el futuro escribió:

Vivimos un año extraordinario y nunca volveremos a ver películas de la misma manera. Pienso en qué pasará con las películas del futuro. Cuando un personaje vuelva a su casa del trabajo, ¿lo veremos lavarse las manos? En las películas de ciencia ficción, ¿la visión del mundo futuro será parecida a la del pasado?

Una canción en una película 

Todo el diseño sonoro de Sound of Metal, de Darius Marder

Un doble programa

The Hole (1998) de Tsai Ming-Liang / Days (2020) de Tsai Ming-liang

La soledad en medio de una cuarentena en la primera y, en medio de una ciudad en la segunda.  

Un plano que defina tu 2020

The Woman Who Ran, de Hong Sang-soo (4)


Eduardo Cruz

Una película 

Isabella de Matías Piñeiro

Un descubrimiento

Tengo que poner dos: El primero es el trabajo de Alex Piperno. Con el estreno de Chico Ventana también quisiera tener un submarino, su opera prima, revisé sus cortometrajes anteriores, La inviolabilidad del domicilio se basa en el hombre que aparece empuñando un hacha de 2011 y Lloren la locura perdida de estos campos de 2019. Las tres películas trabajan con el misterio al interior del plano y la elipsis como materia prima de manera asombrosa y cada una se relaciona a distintos géneros tradicionales, (cine de gangsters, terror y ciencia ficción) desde sus rasgos mínimos. El segundo es una película estadounidense de 1987, de Bill Forsyth, llamada Housekeeping, que pude ver en el Cineclub La Quimera, melancólica y agridulce. 

Algo que te hayas preguntado

A propósito de Fedora de Billy Wilder y de ciertos vínculos fantasmagóricos que me pareció entrever con algunas películas de Pedro Almodóvar pero  en sentido cronológico inverso; como si Almodóvar hubiera influenciado a Wilder, como si la tragedia de Julieta anunciara la de Fedora y no al revés, me preguntaba ¿es posible que la historia del cine pudiera discutirse también fuera de su desarrollo temporal, podríamos poner en diálogo una película frente a otra exclusivamente por el contenido de sus planos y no tanto por su fecha de producción?, y una vez trascendido el hecho, si se pudiera, ¿tal ejercicio arrojaría nuevas formas de ver o nos permitiría aproximarnos de maneras diferentes a películas ya mil veces vistas? 

Una canción

«23 de junio» en Yo siempre puedo dormir pero hoy no puedo de Andrea Morán y Fernando Vilchez

No es exactamente la misma versión, pero es esta: 

Un doble programa

Una luna de hierro de Francisco Rodríguez / India Song de Marguerite Duras

Un plano que defina tu 2020

Todos los abrazos de Toute une nuit de Chantal Akerman


Alejandro Cozza

Una película 

Harley Queen. El método ¿documental? de José Luis Sepulveda y Carolina Adriazola llega a su cumbre en su quinto largometraje. En los últimos 20 minutos de la película se conjuga paradójicamente la exposición cruda del qué mostrar y cómo mostrarlo con la distancia adecuada, con la habilidad en el manejo de las elipsis para hacer avanzar cualquier tipo de relato que envidiaría todo cineasta de ficción. Completan así una historia de vida que estruja el corazón como si de un melodrama de Douglas Sirk del desamparo se tratase, enlazando el ímpetu personal y las expectativas vitales de la protagonista con tragedia y dolor en partes iguales; la vida como esa grieta abierta de amarguras que parece no cicatrizar nunca por más empeño que se ponga en ello. Además, si alguien aun quiere entender de qué van o porqué existen las revueltas sociales en Chile actualmente, en Harley Queen y en las películas previas de Sepúlveda y Adriazola pueden encontrar muchos de esos síntomas y algunas respuestas. 

Bonus: otra de un director chileno que no es de este año, y que no está filmada en Chile, pero que por gentileza del streaming vi recién ahora es Tyrel de Santiago Silva, una total tapada de 2018 (nunca es tarde para la justicia poética) que veladamente podría ser una de las películas definitivas sobre lo que fue la era Trump en los EE.UU.. 

Un descubrimiento

Pueden ser muchos y es inevitable decir que esa palabra “descubrimiento” (y mas allá de la extraordinaria película de López Carrasco) viene intrínseca a mucho de lo que fue el 2020 en general. Pero yendo al cine mismo y al estar “guardados” por varios meses muchos estrenos importantes y rutilantes, hizo que afloraran películas que en una época normal hubiesen estado un tanto absorbidas por los estrenos en las salas: Bad Education, The Vast of Night, The Assistant, Emma, The Rental, por citar algunas, películas que en otro momento hubiesen sido consideradas «medianas», ahora acompañaban con creces nuestros meses de incertidumbre. Por similar motivo coyuntural muchos nos pusimos obsesivamente a revisar lugares escondidos de la historia del cine. Así, a nivel de impacto personal perdurable, debo decir que el descubrimiento del año para mí fue el cine de Bill Forsyth que vino recomendado por amigos de LVU, y de parecida manera me topé con Broadcast News, obra maestra absoluta de James L. Brooks, o cómo sentir que el genio de Preston Sturges y Billy Wilder se materializó en 1989 y casi nadie dio debida cuenta de ello (a pesar de haber estado en los oscares de ese año). También, por la misma época, revisar Bajos instintos y darme cuenta que capaz este entre las 10 mejores películas de los 90, algo inimaginable al verla en con ojos adolescente cuando se estrenó en 1992. Y ya que estamos con sorpresas de esa década, ver que Walter Hill hizo cumbre también en 1995 con la (para mí) ignota Wild Bill

Bonus: en un remoto mes de febrero pre-pandémico, Álvaro Arroba en la Semana Mundial de la Cinefilia que se celebró en Córdoba nos iluminó la década del 70 entera mostrándonos Casta invencible de Paul Newman. Creo que la mejor muerte de la historia del cine esta filmada allí, el momento fordiano del año. 

Algo que te hayas preguntado 

¿Por la –inevitable- proliferación de las desktop movies? y sus variantes street view o google maps movies (algunas muy interesantes, como el corto brasileño Nunca es de noche en el mapa de Ernesto de Carvalho) y sobre las películas de, y con, videojuegos. Y por la irrupción de imágenes ciudadanas que llegando desde celulares y redes sociales conformaron algunos de los planos más potentes que vi en el año, casi todos sobre protestas y luchas populares latinoamericanas: chilenos muchos, peruanos otros, y también algún que otro video de Bolivia o Guatemala. Además de las apocalípticas, y a veces cuasi surreales, imágenes de la pandemia alrededor del mundo. Hay que ir aceptando que la aparente utopía de Vertov y los kino-pravda (y el espíritu de Santiago Álvarez) están más presentes que nunca, y la imagen y sus modos de circulación son cada vez más inasibles.

Un plano que defina tu 2020

Un ejemplo de lo que dije más arriba… 

Captura de pantalla (658).png

Una canción en una película 

Más que una canción es todo un género musical que a su vez es una película entera: las escuchas sin parar de rebetikos (canciones populares y melancólicas griegas, un género marginado a inmigrantes y clases proletarias) en Don’t Rush de Elise Florenty y Marcel Türkowsky. Unas muestras:

Bonus: el uso de «What´s the frequency, Kenneth» y «Losing my religion» de R.E.M. en Tyrel de Silva. 

Un doble programa

Difícil elegir solo uno porque prácticamente mi método de visionado durante la pandemia fue armar programas dobles todo el tiempo, y no dejar que nunca una película que me gustase no tuviese su correlato en otra, sea por la unión que fuese. Eran programas dobles que podían convertirse en triples o cuádruples o toda una cadena entera (así terminé viendo veintipico giallos). Menciono algunas sin abusarme: Una sull´altra, obra maestra absoluta de Lucio Fulci me llevó a la mencionada Bajos instintos, reversiones delirantes de Vertigo de Hitchcock y que amplían ese rulo en el rodete de Kim Novak hacia el infinito. ¡Confirmado! San Francisco es un bucle eterno-temporal de crímenes, lujurias y amores malditos que parece arrancó en 1950 con el noir Woman on the Run que pasó Peña en el Bazofi -¡oh casualidad!- este año. 

Otra, viendo la mediocre Echo in the Valley sobre Laurel Canyon me llevo a la maravillosa Model Shop de Demy, y justo apareció via streaming la también brillante David Crosby: Remember My Name en donde confirma al viejo trovador como el storyteller perfecto de la época dorada de esa región tan cara a la música folk rock. Gracias al amigo José Miccio vi la impresionante El emperador del Polo Norte de Aldrich, una con Lee Marvin y Ernst Borgnine de acción sin frenos, con vagabundos a bordo del tren que le da título a la película y con el trasfondo de la gran depresión. Eso me llevó a Bound of Glory de Hal Ashby, la de Woody Guthrie, otra obra maestra de la época sobre similar tema: trenes, vagabundos y la Norteamérica deprimida. Y de ahí era inevitable ya revisar Los viajes de Sullivan de Sturges, que ahí nomas linkea con O brother, Where Art Thou? de los Coen y mientras pensar en la importancia de Wendy and Lucy mientras veía First Cow… y así podríamos seguir largo rato. 


Mercedes Arias

Una película

En un año verde… Never Rarely Sometimes Always, de Eliza Hittman

Un descubrimiento

Pablo Weber con su magnífico Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse.

Algo que te hayas preguntado 

Es un año en donde creo que muchos aquí nos debemos haber hecho la misma pregunta: ¿Qué pasará con las salas de cine?

Tras una prolongada crisis política y económica la pandemia vino a dejar a las salas como la última de las prioridades y siguen sin poder abrir. Mientras tanto las grandes empresas de streaming vieron crecer sus ganancias exponencialmente transmitiendo contenidos de consumo masivo. Muchas salas no resistieron y cerraron. Quedan en pie las grandes cadenas, cuyo beneficio está basado en la venta de pochoclos y bebidas más que en el corte de tickets, y que nunca cumplieron la cuota de pantalla. Hace poco se dio a conocer que Warner Bros. estrenaría sus películas en 2021 al mismo tiempo en los cines y en streaming y también las cadenas temblaron. 

¿El tan anunciado final apocalíptico para las salas de cine está finalmente ante nosotrxs? Con toda mi fuerza deseo que no. 

¿En qué lugar queda parado el cine de autor e independiente? ¿Dónde podremos estrenar nuestras películas a partir de 2021?

Una canción en una película 

Me costó mucho recordar una canción en una película de este año. Luego se me vino a la cabeza una hermosa escena de Las mil y una, de Clarisa Navas, donde Darío (Mauricio Villa) ve que Susi (Marianela Iglesia) está angustiada y le pone una canción en el celu, “Nuestro amor”, de Los Forasteros, y bailan en la habitación.

Nota: este año muchos festivales se llevaron a cabo de forma online, entre ellos el Festival de Mar del Plata. Más de 20 asociaciones y entidades otorgan los llamados “premios independientes”. De todos ellos, la única entidad que decidió dejar su premio desierto fue SADAIC porque ninguna película tenía música original, alguna composición de envergadura que mereciera recibir el premio. Me pregunto si como parte involucrada en el asunto habrán tomado nota de esto o simplemente habrá pasado de largo. 

Un doble programa

Encuentre las 10 diferencias:

  • The Godfather: Part III.
  • Mario Puzo’s The Godfather Coda: The Death of Michael Corleone.

Un plano que defina tu 2020

Can We Quickly Talk About the Food in 'The Holiday'?

Victor Guimarães

Una película

República (Grace Passô, 2020) es a la vez la respuesta más contundente a lo que vivimos este año en Brasil, la destrucción completa de una idea de país y la invención de un cine del futuro.

Un descubrimiento 

Las películas de la realizadora argentina Mabel Itzcovich, particularmente Soy de aquí (1965). Es una maravilla sobre la cual nunca había leído una línea hasta que la descubrí por casualidad en YouTube. Mucho de lo que se discute hoy sobre las relaciones entre documental y ficción, entre subjetividad e historia, entre cine y perspectiva de género, estaría en un lugar mucho menos obvio si más gente conociera esta película. 

Algo que te hayas preguntado 

Desde que empecé a coeditar la revista Cinética con Juliano e Ingá, a principio de año, no he dejado de preguntarme: ¿Cómo es posible crear un espacio colectivo en donde errar no signifique parálisis, sino movimiento? 

Una canción en una película 

«Terry’s Theme» de Limelight (Charlie Chaplin, 1952) en la caja de música que Lee Kang-sheng regala a Anong Houngheuangsy en Days (2020) de Tsai Ming-liang. Ha sido necesario que Tsai pasara la última década desenganchándose de todo el aparato ficcional del cine para volver a hacernos amar nuevamente dos personajes y una historia. 

Un doble programa 

Narita: The Peasants of the Second Fortress (Shinsuke Ogawa, 1971) + Detido dá golpe em policial e consegue fugir com apoio de populares (Autoría desconocida, 2019)

Lo que más emociona al ver la película de Ogawa por primera vez es sentir cómo la cámara está enteramente involucrada en el conflicto, al punto de que nos preguntamos varias veces cómo es posible sostener el plano cuando todo alrededor está a punto de desmoronarse. En los dos planos anónimos hechos en la periferia de Belo Horizonte y subidos a YouTube por un milico, está lo que Ogawa no pudo filmar y que es el sueño de todo cineasta militante: el momento preciso en que el pueblo derrota el poder e inventa la libertad con su propio cuerpo. 

Un plano que defina tu 2020 

Days (Tsai Ming-liang, 2020)


Mercedes Orden

Una película

El año del descubrimiento (Luis López Carrasco), por la utilización de la pantalla partida para reflexionar sobre el lugar de la clase trabajadora poniendo en paralelo diferentes testimonios y acontecimientos, la elección del bar como espacio de pertenencia de los y las habitantes de una ciudad y el modo en que López Carrasco logra construir su documental a partir de cepillar la historia a contrapelo.

Un descubrimiento

El hecho de estar encerradxs, hizo que comiencen a socializarse películas a las que nunca había tenido acceso ni tiempo de ver. Así descubrí Ahora te vamos a llamar hermano, de Raúl Ruiz. Los rostros del campesinado y Salvador Allende puestos en primer plano, con fotografía de Mario Handler y edición de Carlos Piaggio fue de las cosas que más me conmovió, en materia cinematográfica, de este año. 

Sumo, también, El tango del viudo y su espejo deformante, un enorme trabajo comenzado por Ruiz y terminado por su viuda Valeria Sarmiento. 

Una canción

“Porque hoy nací” (Manal), en Adiós a la memoria (Nicolás Prividera). 

Un doble programa

Propongo un triple programa de películas dirigidas por mujeres que plantean la violencia patriarcal desde diferentes ángulos: Río Turbio (Tatiana Mazú González), Visión nocturna (Carolina Moscoso) y Niña mamá (Andrea Testa).

Anexo este doble programa de películas que dialogan a la perfección acerca de la historia de Argentina: Gigantes (Natalia Cano) y 4 Lonkos (Diego Díaz).

Un plano que defina tu 2020

Taipei Story (Edward Yang)


Chiara Marañon

Una película

El Año del Descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020)

Un descubrimiento

The Watermelon Woman (Cheryl Dunye, 1996)

All The Vermeers in New York (Jon Jost, 1990)

About Some Meaningless Events (Mostafa Derkaoui, 1974)

Algo que te hayas preguntado

¿La mujer que corrió somos un poco todas las mujeres?

Una canción en una película

Rosie escuchando «Little Green» de Joni Mitchell en el apartamento de Áila, en The Body Remembers When the World Broke Open. El karaoke del camping en À l’abordage, de Guillaume Brac, cantando «Aline», de Christophe.

Un plano que defina tu 2020

Le trou (Jacques Becker, 1960)


Marcos Uzal

Una pelicula

First Cow (Kelly Reichardt)

Un descubrimiento

Amigos argentinos, descubrí Leonardo Favio hace solo unos meses. Para vosotros debe ser una vergüenza, un escándalo. En mi defensa, debeís saber que en Francia casi nadie lo conoce… (aqui los dos cineastas argentinos anteriores a la generacion de los noventa un poco conocidos son Leopoldo Torre Nilsson y Hugo Santiago).

Algo que te hayas preguntado

Por primera vez en mi vida me dije que el cine como espectáculo colectivo era quizas mortal. Fue solo una idea pasajera.

Me pregunto también por qué tanta gente se toma en serio esa mala broma llamada Mank.

Una canción

«Aline» de Christophe en el karaoke final de À l’abordage de Guillaume Brac, que la muerte de Christophe este año hizo particularmente conmovedora.

Doble programa

El dependiente (Leonardo Favio) / Eraserhead (David Lynch)

Un plano que defina tu 2020

El plano con el gato en The Woman Who Ran de Hong Sang-soo. Contiene lo que hemos tanto echado de menos en 2020: el azar milagroso.


Dmitry Martov

Una película

THE CHESS GAME OF THE WIND [SHATRANJ-E BAAD] (Mohammad Reza Aslani, 1976, restored in 2020).

Obra maestra perdida de la Nueva Ola Iraní: enterrada después de su única proyección en prensa en el Festival Internacional de Cine de Teherán de 1976, prohibida después de la revolución de 1979, no vista durante 40 años (salvo una copia VHS descolorida y pixelada que circulaba entre los coleccionistas), y ahora finalmente resucitada gracias a los magos de la restauración cinematográfica, después de que la copia original fuera casualmente encontrada en una tienda de antigüedades. Las proyecciones en Bolonia parecen haber tomado a los críticos desprevenidos: muchos se sintieron obligados a evocar las (presuntas) influencias occidentales (Visconti, Kubrick, Clouzot, «gótico de Oriente Medio», incluso giallo), los demás se agarraron a las pajas del orientalismo, y unos pocos volvieron a los libros de historia (y a Wikipedia) para aprender sobre la efímera República Soviética Socialista de Persia (1920-1921), escenario de THE CHESS GAME OF THE WIND. Pero, ¿y si adoptamos una postura ahistórica: podría esta película ser la «inoportuna colaboración» de Aslani (para usar la frase acuñada por Jalal Toufic) con Straub & Huillet (ANTIGONE [1992]) y Rita Azevedo Gomes (A VINGANCA DE UMA MULHER [2012])?

Un descubrimiento

1. DIE GLÜCKLICHEN MINUTEN DES GEORG HAUSER (Mansur Madavi, 1974)

Cuando los cinéfilos no anhelan las películas no vistas, anhelan los libros no leídos de las películas. Una noche de noviembre, el extraordinario cinéfilo Boris Nelepo y yo estábamos salivando vía Messenger sobre la serie «Taschenkino» publicada por el Archivo de Cine de Austria, en particular sobre un libro (en coautoría con el venerable Olaf Möller) sobre el autor austriaco de extracción iraní Mansur Madavi. Por suerte, el Archivo de Cine Austríaco acababa de anunciar su retrospectiva en línea de los autores austriacos de los años 70 y, aunque todavía no podíamos poner nuestras manos en el libro de Olaf, tuvimos la rara oportunidad de ver 3 películas de Madavi, incluyendo esta desconcertante y áspera rebanada de una crisis de la mediana edad que algunos espectadores han comparado con Tati, Carpenter y Haneke, pero que yo describiría como un riff estructural sobre el BOF de Claude Faraldo! (1971).

2.  LU TEMPU DI LI PISCI SPATA (Vittorio De Seta, 1955)

Persiguiendo al pez espada: suspenso de la edición, frágil materialidad y geometría de la puesta en escena, belleza de la fotografía de contra-vuelta, ¡y esas canciones! Una clase magistral de 10 minutos de duración sobre el surrealismo etnográfico.

Algo que te hayas preguntado

Dos preguntas recurrentes:
1) ¿Está bien leer varios libros al mismo tiempo?
2) ¿Deben mis hábitos de visionado de películas ser más sistemáticos y orientados hacia un determinado proyecto (escribir un artículo, preparar una conferencia, llenar las lagunas de la autoeducación) y menos dependientes del azar, el accidente, la deriva, la corazonada, la intuición?
Encontré las respuestas (Sí; No) en estas 2 citas:

  1. Virginia Woolf a Saxon Sidney Turner, 1928:
    «Estoy leyendo seis libros a la vez, la única manera de leer; ya que, como estarás de acuerdo, un libro es sólo una única nota no acompañada, y para obtener el sonido completo, uno necesita otros diez al mismo tiempo.»
  2. Moyra Davey en «El problema de la lectura» (2003, reeditado en 2020 en su colección «Index Cards») (Al igual que Woolf, Davey habla de los libros pero su afirmación podría extrapolarse fácilmente a las películas):

«Así como una estantería llena de libros leídos y no leídos evoca un retrato del propietario a lo largo del tiempo («corredores de la memoria» los llama Perec), los libros que nos arrestan en el presente constituyen un reflejo de «lo que somos, o en lo que nos estamos convirtiendo o deseamos» ([Lynne Sharon] Schwartz). No hay nada de aleatorio en eso, ni en ninguna de estas otras formas aparentemente aleatorias de llegar a los libros, y es a partir de esta noción que la idea extrañamente apta de que los libros nos elijan, y no al revés, parece tener sentido. La idea de que un libro elija al lector tiene que ver con un permiso concedido. Un libro da permiso cuando descubre un deseo o una necesidad, y al hacerlo se afirma a sí mismo por encima de todos los cientos de otros que se esfuerzan por ser leídos. De esta manera un libro puede convertirse en una especie de extraño espejo que se le presenta al lector, uno que concreta un deseo en el proceso de convertirse».

Una canción

“The song of Veronica and Caracol” from ГОРОД МАСТЕРОВ [THE CITY OF CRAFTSMEN aka THE CITY OF MASTERS] (Vladimir Bychkov, 1965). Music by Oleg Karavaychuk.

Karavaychuk era un excéntrico genio musical que murió hace 4 años, poco después de que Andrés Duque terminara un documental sobre él (OLEG Y LAS RARAS ARTES). THE CITY OF CRAFTSMEN es un oscuro cuento de hadas soviético realizado por el estudio Belarusfilm, donde, aparte de los estudios checoslovacos Barrandov, se podría decir que todos los mejores cuentos de hadas fueron filmados durante la Guerra Fría. Una puesta en escena casi deoliveriana, con una pizca de Jacques Demy, se despliega para representar una inquietante historia de resistencia de los plebeyos (que pueblan la ciudad medieval titular) contra el tirano sanguinario y sus secuaces: una astuta premonición de los acontecimientos manchados de sangre en la actual Belarus, donde el «último dictador de Europa» Lukashenko y su policía secreta han detenido y torturado a miles de manifestantes desde las fraudulentas elecciones de agosto.

Un doble programa

NEVER TOO LATE TO REPENT [aka THE FIRST ERROR STEP] (OUYANG Chun aka TSAI Yang-Ming, 1979)

y

KREIVI [THE COUNT] (Peter von Bagh, 1971).

En la comedia-musical pseudodocumental de von Bagh, el polígamo en serie y estafador Pertti Ylermi Lindgren (que estuvo comprometido con 76 mujeres y las estafó a todas ellas por considerables sumas de dinero) se interpreta a sí mismo, recreando sus conquistas y fiascos.
En la película de Tsai -el primer ejemplar oficial de la corta vida (1979-1983) de la ola de «películas negras» taiwanesas (a veces también llamadas películas realistas sociales)- el ex delincuente juvenil fuertemente tatuado que se convirtió en pandillero, escritor y actor Ma Sha también recrea la historia de su propia vida.

Un fotograma que defina tu 2020

DEATHS IN TOKIMEKI [TOKIMEKI NI SHISU] (Yoshimitsu Morita, 1984): una perfecta película de encierro.
Esta captura de pantalla ilustra maravillosamente la doble sensación: soledad esencial de aislamiento + deseo de compartir (el espacio, un momento, un caramelo, un archivo mkv, la ansiedad, el arte).


Christopher Small

The souls of all my dears have flown to the stars.

Thank God there’s no one left for me to lose–

so I am free to cry. This air is made

for the echoing of songs.

A silver willow by the shore

trails to the bright September waters.

My shadow, risen from the past,

glides silently towards me.

Though the branches here are hung with many lyres,

a place has been reserved for mine, it seems.

And now this shower, struck by sunlight,

brings me good news, my cup of consolation.

— “The Return”, Anna Akhmatova (trans. Stanley Kunitz and Max Hayward)


Diego Cepeda

Una película

Puchuncaví, Jeannette Muñoz, 2014 – presente. Otra sería The Shepherd of the Hills, Henry Hathaway, 1941, que me parece la película más enigmática que vi en todo el año.

Un descubrimiento

El verano pasado, empecé a armar un pequeño mapa del tesoro, investigando los vínculos posibles entre un cineasta dominicano olvidado con movimientos marginales desde el L.A Rebellion hasta Diagonale. Se llama «La fuga de los piratas: Jean-Louis Jorge en contexto» y se puede leer acá https://www.simulacromag.com/por-diego/2020/7/11/la-fuga-de-los-piratas-wtahm

Algo que te hayas preguntado

 ¿Qué tan esencial ha sido la piratería para la historia del cine? Hace poco me encontré con unas declaraciones de Alexander Horwath: Los piratas de antaño fueron los fundadores de las cinematecas… El movimiento de los archivos y museos de cine nació de un impulso pirata, porque el medio cinematográfico parecía ser propiedad de una industria. Las personas que fundaron las primeras instituciones públicas de este tipo afirmaron que el medio en su vigencia trasciende los límites de la propiedad privada capitalista y se había convertido en algo tan importante para la sociedad que también era importante crear instituciones públicas que se ocupen de eso, incluso a expensas de ser llamados piratas. 

Una canción

Lado A – «Ole Buttermilk Sky» de Hoagy Carmichael, el gran trovador nocturno de Canyon Passage, Jacques Tourneur, 1946.

Lado B – «All Cried Out» de Dusty Springfield, en Remembrance: A Portrait Study, Edward Owens, 1967.

Un doble programa

Lado A – Descuero rana a cuchillo, ya le doy vuelta a la rueca: Mimbre, Sergio Bravo, Violeta Parra (música), 1957 + Rio Grande, John Ford, 1950

Lado B – Relieve the drain, relieve the strain: Killing Time, Fronza Woods, 1979 + Cluny Brown, Ernst Lubitsch, 1946

Un plano que defina tu 2020

Fury, Fritz Lang, 1936


Luciana Calcagno

Una película

Vi Never Rarely Sometimes Always al inicio de la cuarentena, en un momento de mucha angustia en el que para evadirme de la realidad miraba películas todos los días.

Más allá de sus cualidades formales -está filmada en un hermoso 16mm-  para mi es la película del año porque plantea con libertad a lo que se enfrenta una mujer que aborta.  Muestra cómo ser mujer también es tener que atravesar un aborto mientras estás con tu amiga y un tarado en un karaoke. Un tarado que solo piensa en levantarse a tu amiga mientras vos estás abortando y tu amiga y vos lo saben.

Es una película sobre la importancia de tener otra mujer al lado -una amiga, una médica, la que te lee el cuestionario antes de que abortes-  y lo demuestra principalmente con gestos y movimientos de cámara. Es sutil, no es dramática ni exagerada. Y deja bien en claro que el embarazo será deseado o no será. Ojalá que así lo entiendan nuestros representantes y que cuando este texto se publique ya haya quedado viejo.

Un descubrimiento

El descubrimiento del año fue Normal People porque es una serie sobre el amor y la falta de timing, que es algo más común de lo que se cree. Porque tiene una banda sonora hermosa y sus protagonistas tienen una química pocas veces vista, porque las escenas de sexo son estupendas y porque me sacó del bajón durante casi una semana de cuarentena. Le haría un monumento si pudiera.

Algo que te hayas preguntado

Creo que este año todos nos preguntamos todo. Pero principalmente me pregunté por el futuro del cine y la respuesta obviamente es incierta.

Una canción

Este año nefasto también se murió Maradona así que desde el 25 de Noviembre la banda sonora de mi vida es «Live is Life» con el Diego haciendo jueguitos de fondo. Pero para responder más exactamente a la consigna sin salirme de la onda maradoniana podría decir “Me das cada día más” al final de Héroes (Tony Maylam).

Un doble programa

El año del descubrimiento y 1982. Ambas vistas en la edición online del Festival de Mar del Plata. Bendito sea el archivo.

Un plano que defina tu 2020

Este plano de Call Me by Your Name. Creo que no necesita explicación.


Marcelo Felix

Una película

El 2020 no fue un año de proyecciones adecuadas, así que lo más probable es que las películas más relevantes que se vieron se encontraran en otros lugares y muchas de ellas se repitieran. Algunas incluso las podría proyectar dentro de mi propia cabeza, como el siempre subversivo exilio autoimpuesto de Bruce Dern en la melancólica Silent Running (1972) de Douglas Trumbull; otras todavía están trabajando en mí de maneras que no puedo evocar con tal abandono. Una película que puede resumir este año y su peculiar air du temps: el sorprendente y poco conocido cortometraje de ciencia ficción A Invenção do Amor (António Campos, 1965), basado en el texto epónimo del poeta caboverdiano Daniel Filipe, que se presentó debidamente fuera de Portugal en julio, en el Cinema Ritrovato de Bolonia, por las cineastas Alice Rohrwacher y Luciana Fina, que comprendieron claramente su inquietante belleza y relevancia.

Un descubrimiento

El cine georgiano, que tuve la suerte de poder programar en una retrospectiva conjunta de Doclisboa y Cinemateca Portuguesa que tuvo lugar en octubre. Proyectamos cerca de 50 películas (largometrajes, documentales y animación) de 48 directores, desde 1918 hasta la actualidad. Alejándose de los autores georgianos más famosos (Kalatozov, Chiaureli, Ioseliani, Abuladze), Lisboa pudo vislumbrar una de las cinematografías europeas más ricas, atrevidas y sofisticadas, cuyo patrimonio está en vías de recuperar una visibilidad parcialmente perdida tras la desintegración de la Unión Soviética.

Algo que te hayas preguntado

¿Se desperdiciará realmente esta pandemia?

Una canción

No una canción sino la novena sinfonía de Beethoven en una emisión de radio, devolviendo a Hanna (Maria von Tasnady) la voluntad de vivir en el Schlussakkord (1936) de Detlev Sierck/Douglas Sirk. Nadie se atrevería a hacer esto hoy en día, y nadie lo haría como Sirk, para que ahora podamos disfrutarlo como gran arte clásico. No es una canción, sino una melodía silbante del xilófono del gran Joseph Kosma: introduce recurrentemente la violencia cometida por Jean-Louis Barrault, el monstruo de Le testament du docteur Cordelier (1959) de Jean Renoir. No es una canción, sino la voz humana: Rose Hobart en (para permanecer dentro del tema del monstruo) Doctor Jekyll y Mr. Hyde (1932) de Rouben Mamoulian – pero cualquier película con Hobart me daría la razón, excepto la titulada con su nombre por Joseph Cornell.

Un plano que defina tu 2020


Marcos Migliavacca

Una película

An Unusual Summer (2020, Kamal Aljafari). Sutil e ingeniosa mirada generada a partir del registro de una cámara de seguridad que combina intriga y homenaje familiar.

DAU project (2020, Ilya Khrzhanovskiy – Aleksei Sliusarchuk – Jekaterina Oertel – Ilya Permyakov). Hasta el momento está conformado por Natasha, Degeneration, Brave People, Nora Mother, Katya Tanya, Three Days, Nikita Tanya, String Theory, New Man, y Nora Son.

Saga gigantesca de más de más de 21 horas de duración, uno de los acontecimientos cinematográficos del año, que pasó desapercibido.  

Menciones especiales:

Never Rarely Sometimes Always (2020, Eliza Hittman) y The Assistant (2020, Kitty Green).

Un descubrimiento

Dos cortometrajes de llamativa belleza y dos directores para seguir de cerca sus próximos pasos.

– Sun Dog (2020, Dorian Jespers)

– Shadows of Your Childhood (2020, Mikhail Gorobchuk)

Algo que te hayas preguntado 

¿Cuándo finalmente podré encontrarme con mi N°3 pendiente de LVU?

Una canción en una película 

Va un popurrí de canciones:

– En el 16° FestiFreak se dio la feliz coincidencia de una doble aparición de una misma pegadiza canción griega en The End of Suffering (A Proposal) (2020, Jacqueline Lentzou) y – Electric Swan (2019, Konstantina Kotzamani): 

– Melodía para recolectar hongos en First Cow (2019, Kelly Reichardt)

– Escena romántica cumbre en discoteca al ritmo de «Stars de la pub» en Été 85 (2020, François Ozon):

– Mads Mikkelsen baila «What a Life» de Scarlet Pleasure en la efectista escena final de Druk (2020, Thomas Vinterberg):

– Bonus tracks: la sinergia entre música, intensidad y baile en las bandas sonoras de If It Were Love (Si c’était de l’amour) (2020, Patric Chiha) y Lovers Rock (2020, Steve McQueen).

Un doble programa 

Van tres duplas:

– Bloody Nose, Empty Pockets (2020, Bill Ross IV – Turner Ross) / El año del descubrimiento (2020, Luis López Carrasco). Climas de bar, espacios incitados y/o auténticos. 

– Sound of Metal (2019, Darius Marder) /  The Vast of Night (2019, Andrew Patterson). La potencia reveladora de los sonidos y el silencio.  

– The Trouble with Being Born (2020, Sandra Wollner) / Swallow (2019, Carlo Mirabella-Davis). Mundos fríos y distantes tan inhumanos como posibles.

Un plano que defina tu 2020

Days (Rizi) (2020, Tsai Ming-liang) + A Metamorfose dos Pássaros (2020, Catarina Vasconcelos)


Juan Francisco Gacitúa

Una película 

Uppercase Print de Radu Jude

Un descubrimiento

Recorrer las joyas turísticas argentinas pero con materiales de archivo es una pérdida de tiempo más sana que el doomscrolling.

Algo que te hayas preguntado 

En relación al cine, si Aristarain habrá escrito algo en todo este tiempo.

Una canción

Once Upon a Time in Hollywood fue mi comfort food varias veces durante estos meses, pero «Twelve Thirty» de The Mamas & The Papas cobró vida propia como el sonido maldecido apropiado para este año.

Un doble programa

Easy Rider de Dennis Hopper + Diego Maradona de Asif Kapadia

Un plano que defina tu 2020

Fui Burns y Smithers al mismo tiempo.


Nicolás Zukerfeld

Una película

Freaky (Cristopher Landon)

Una película de esas que ya no se hacen, pero que al mismo tiempo no podría haber sido hecha en otro tiempo que en este. Sin embargo, es una película que no sufre los pecados de la contemporaneidad porque no se deja enceguecer por las luces del presente (pero tampoco con la nostalgia del pasado). Que logra ver en la oscuridad de los tiempos y cagarse de la risa. Que no se hace la canchera, ni transita los lugares comunes, ni quiere quedar bien con nadie. Más bien lo contrario: Freaky es una película descabellada, llena de ideas, de preguntas y sobre todo, con una de las escenas más incómodas y extrañas que ha dado el cine últimamente.

Un descubrimiento

The Wolf of Snow Hollow (Jim Cummings, 2020)

Las películas de Morgan Fisher

Algo que te hayas preguntado

¿Cuánto tiempo más llevará?

Una canción

Dejame que te toque la piel” de Vilma Palma e Vampiros en El año del descubrimiento (Luis López Carrasco)

¿Cómo no inquietarse ante la aparición de este temazo fuera del tiempo casi al inicio de una película suspendida en el tiempo?

Un doble programa

Hubie Halloween” (Steven Brill, 2020)

Jour de fête (Jacques Tati, 1949)

Un plano que defina tu 2020

La última película que vi en una sala de cine fue It must be heaven de Elia Suleiman. No había visto nada de él y recuerdo que no paraban de decir que era una especie de Tati palestino. Nada de eso encontré en la película. Justamente porque hacía de Tati o Pierre Étaix un simulacro de Wes Anderson (la composición simétrica ya no me parece ni tan graciosa ni tan simpática). Pero lo peor de todo es que caía en algunos surrealismos subielescos o Kusturicas (si acá haces una película que termina con un cartel que dice “A la Argentina” sos un grasa total y si encima le dedicas la película a John Berger, sos un snob grasa). Claro, si hubiera sabido que sería la última película y que no iría al cine, por lo menos, durante todo el 2020, hubiera elegido otra, pero de todas maneras no estuvo mal. Ahora me pongo a pensar en el último plano, el último fotograma de esta película y se me revela una ironía fatal. Algo que visto desde hoy, resulta extraño, casi de ciencia ficción: un grupo de personas bailando, felices, todas pegadas, festejando en un bar. Eso es lo último que vería en una sala de cine, que por cierto, estaba bastante vacía. Pero, como en un montaje (o un Meme), esa imagen podría venir antes de esta otra: una de las últimas que vi en el 2020 y que literalmente define mi año. El rostro de Jessica en Alone desencajado, violentado, sucio y casi desfigurado, pero con la felicidad de haber podido destruir el monstruo (que tal vez era también ella) y de haber aprendido (de forma poco ortodoxa, pero contundente) a ser una. Sola.


Verónica Balduzzi

Una película

First Cow (Kelly Reichardt, 2020).

Si tuviese que elegir solo algunas de las cosas en las que me quedé pensando durante varias semanas desde que vi esta película, señalaría: en primer lugar, la manera en que sus personajes asisten a los procesos de construcción simbólica de un país, en un tiempo en el que las relaciones con lxs otrxs se dan en función de la construcción de una identidad nacional (y, si se me permite la obsesión, como también sucede en Zama: una especie de “lado B” de las relaciones de poder en un terreno habitado por poblaciones heterogéneas). En segundo lugar, el trabajo con los personajes masculinos que es, en definitiva, otra manera de pensar la masculinidad. Y, en tercer lugar, las paredes de color azul.

Un descubrimiento

Las funciones virtuales del Cineclub La Quimera (primer descubrimiento) fueron una fuente inagotable de rarezas (descubrimientos ^infinito) y, no menos importante, una compañía con día y horario asignado. En este mismo refugio, la “proyección” de Dance, Girl, Dance fue el comienzo de mi descubrimiento/camino del año: las películas de Dorothy Arzner.

Una canción

En enero de este año, cuando me sentía melancólica aún sin saber que más adelante tendría motivos de sobra para lo mismo, estuve escuchando mucho a Gal Costa. Por eso agradecí lo fresca que estaba la sala y la noticia de un nuevo amiguito en el mundo cuando empezó Bacurau:

Algo que te hayas preguntado 

Si veo una película y no puedo discutirla con nadie, ¿realmente vi una película?

Si veo una película y la pantalla de mi teléfono puede interrumpirla impunemente en cualquier momento, ¿realmente vi una película?

Un doble programa

The World Is Full of Secrets (Graham Swon, 2019) / Landscape Suicide (James Benning, 1987). El testimonio, el primer plano, las historias de terror, ¿en boca de quién?

Un plano que defina tu 2020

Greetings (Brian De Palma, 1968)


Alejandro Tévez

Una película

Days, de Tsai Ming-liang

Todos los principios de año, en una de esas tradiciones que perdimos, llegan los primeros indicios desde Berlín y que luego marcarán el primer recorrido del camino cinéfilo del año. Esas fugaces críticas de las películas de la Berlinale dejaron de ser, quizás por primera vez, actuales en tan solo pocas semanas. Un par de semanas después, el crecimiento de la primera pandemia que nos tocó vivir volvió vacías a todas las primeras impresiones críticas alrededor de la nueva película del taiwanes. Dichas observaciones sobre Days hablaban de una película distinta a la que pudimos ver después. Porque, post Covid-19, la película ya era otra cosa. Tsai filmó la soledad y angustia actual un par de meses antes y es algo que ya había hecho con The Hole o The River. O es un gran observador o tiene un sentido que nosotros desconocemos. 

Un descubrimiento

Sin ganas de seguir criterios, un poco por aburrimiento y por agotar todos estos, quise devolverle un sentido lúdico a mi cinefilia. Leyendo una nota de Boris Nelepo, al que extrañé mucho este 2020, me encontré con Panfilov y ese apellido se quedó en mi memoria unos días. Así, antes de que se hagan aplausos contra la llegada del comunismo y que la vacune pise tierra argentina, me adentré en el mundo de este director soviético y salí maravillado. Con sus altibajos, la discusión entre arte, moral, las atrocidades y la censura se convirtieron en temas centrales en su prolífica carrera. Por ejemplo, en No Path Through Fire y las pinturas, los vuelve a retomar con el teatro en The Debut y en Tema, a través de la literatura. Una vida dedicada a la discusión.

Algo que te hayas preguntado 

La gran pregunta es ¿Qué será del cine? y gente más capacitada lo respondió en este maravilloso libro que editó Mar del Plata. La otra la hizo Bazin años atrás. A lo que me pregunto, ¿a quién le importa el cine? La respuesta nuestra es obvia pero, con un proceso básico de extrañamiento, es muy difícil de responder. ¿Al público? El cine ya no tiene la importancia, en la vida cotidiana, que ocupaba años atrás. ¿A las grandes empresas? Van a mandar todo a streaming. ¿A los festivales? Quiero creer que si pero algunos lo hacen difícil. ¿A las autoridades? Es lo único que no abrió. ¿A los periodistas? Mientras se hacía MDQ virtual, la mayoría hacía recorridos por Disney+ y su catálogo de películas que históricamente fueron a VHS. Espero que esta desidia no llega a los que las hacen, los que las producen y, obviamente, a nosotros.

Una canción

El período de aislamiento me puso introspectivo. Todo me llevó a anhelar, más allá que hace un año no voy a mi casa, mi lugar de pertenencia. De eso habla «Húsavik», canción principal de Eurovision Song Contest (2020), la nueva película de Will Ferrell. Emoción pura. Una de las películas más infravaloradas de este año, con un amor total al extraño concurso europeo y un apego por esas obsesiones del cine que crecimos viendo como la amistad, la lucha por cumplir sueños, la simpleza y las nulas ganas de Eurovision Song Contest de demostrar algo que no es. De eso vimos mucho este año. ¿La canción? Nostálgica, emocionante y bella. Como la película.

Un doble programa 

The Vast of Night (2019), Andrew Patterson | The World Is Full of Secrets (2018), de Graham Swon

Pocas cosas más cinematográficas que los relatos orales. “Teatro filmado”, je.

Un plano que defina tu 2020

La última película que vi en una sala, en un ciclo de cierto archivista e historiador argentino el día que se confirmó el primer caso en el país. No puedo decir qué ciclo porque las películas son secretas y te pueden tildar de buchón (y menos con mayúsculas, dijo el Diego). Ah, la jornada se llamó “Bienvenido Covid-19 a la Argentina”. Aún lo tomábamos en chiste. En el viaje de vuelta en el tren, comenzó la paranoia.

Panic in the Streets (Elia Kazan, 1950)


Felipe Retamal

Una película

Imposible quedarme con una, difícil escoger diez… Entiendo que no hay problema (las instrucciones no dicen lo contrario) en que reúna los títulos, e incluyo aquellos a los que he regresado, que por uno u otro motivo más me han interesado este año en esta caprichosa y tal vez demasiado extensa lista: Akira (Katsuhiro Otomo, 1988), Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019), Beau travail (Claire Denis, 1999), Beginning (Dea Kulumbegashvili, 2020), Belle de jour (Luis Buñuel, 1967), Blanco en blanco (Théo Court, 2019), Caniba (Véréna Paravel y Lucien Castaing-Taylor, 2017), Cold Meridian (Peter Strickland, 2020), El color que vino del espacio (Richard Stanley, 2019), Los conductos (Camilo Restrepo, 2020), Cruising (William Friedkin, 1980), The Fall (Jonathan Glazer, 2019), El laberinto (Laura Huertas Millán, 2018), Liberté (Albert Serra, 2019), The Mandalorian (varixs directorxs, 2019-2020), Mank (David Fincher, 2020), Midsommar (Ari Aster, 2019), Ne croyez surtout pas que je hurle (Frank Beauvais, 2020), O arrais do mar (Elisa Celda, 2020), Playback. Ensayo de una despedida (Agustina Comedi, 2019), Possessor (Brandon Cronenberg, 2020), La sangre es blanca (Óscar Vincentelli, 2020), Two-Lane Blacktop (Monte Hellman, 1971), Videodrome (David Cronenberg, 1983), Written on the Wind (Douglas Sirk, 1956). Lo siento, aún no he podido ver El año del descubrimiento pero ya que hablamos de López Carrasco, aprovecho para recomendar El futuro a quien no haya tenido el gusto.

Un descubrimiento

El 6 de marzo tuvo lugar la última proyección previa al confinamiento en España del estupendo ciclo «Historias de Cine» comisariado por Santos Zunzunegui, catedrático de la UPV/EHU e historiador de cine. La película que Zunzunegui eligió para ese día fue Stars in my Crown (Estrellas en mi corona…) de Jacques Tourneur, un western aparentemente menor dentro de su obra pero con mucha miga. Durante el metraje nos encontramos con brote vírico, un (otro) debate entre ciencia y religión, cierres, negacionistas y, por si fuese poco, un episodio de racismo contra un ciudadano negro. Para mí todo aquello pasó desapercibido en ese momento, pero de alguna manera, y desde 1950, Tourneur nos estaba diciendo por dónde iban a ir los siguientes meses. Aquel día descubrí que los poderes proféticos de Tourneur que luego confirmé con…

Algo que te hayas preguntado

Me he preguntado hasta cuándo van a estar de moda «lo poscolonial». También si queda algún familiar o pueblo perdido sin su peliculita. Espero que no, sería muy triste.

Una canción

«Cry Little Sister» de Gerard McMahon y Michel Mainieri. Suena en la gran The Lost Boys (Joel Schumacher, 1987)». Marilyn Manson la llevó a su terreno, industrial, hace un par de años. Por cierto, buena banda sonora la de The Lost Boys (Jóvenes ocultos en España) e impagable momentazo protagonizado por Tim Cappello

Un plano que defina tu 2020

Solo se me ocurre uno pero me parece terriblemente pedante así que se lo voy a ahorrar a quien haya llegado hasta esta línea.


Cecilia Kang

Una película: 

Happy Hour, de Ryusuke Hamaguchi

Un descubrimiento: 

Happy Hour, de Ryusuke Hamaguchi

Algo que te hayas preguntado: 

¿Cuándo van a volver a abrir los cines?

Una canción en una película: 

La peli es de fines del 2019, pero un poco anticipaba todo este año 😉

Y también

Un doble programa: 

Lucky Chan-sil, de Kim Cho-hee, y Happy Old Year, de Nawapol Thamrongrattanarit

Un plano que defina tu 2020:

Una carta de amor, y una peli secreta:


María Aparicio

Dos películas

First Cow, Kelly Reichardt 

The Woman Who Ran, Hong Sang Soo

Un descubrimiento

La filmografía completa de Jean Renoir, feliz compañía de este año. 

Una canción

«Stars in My Crown» – Stars in My Crown / Jaques Tourneur

https://www.youtube.com/watch?v=3fNtq0ORJKs

«La complainte de la butte» – French Cancan / Jean Renoir

Un doble programa

The Miracle Worker – Arthur Penn / Land of Silence and Darkness – Werner Herzog

Un plano que defina tu 2020


Pablo Ceccarelli

Una película

Río Turbio de Tatiana Mazú González

Un descubrimiento (o más bien, el “llegué tarde”)

Los videoclips de HAIM dirigidos por Paul Thomas Anderson.

Algo que te hayas preguntado

¿Es genuino hablar de “Federalismo” cuando todos en el país pueden ser espectadores pero el centro productivo y creativo sigue instalado en CABA?

Una canción

«Hurt» de Nine Inch Nails. En Song Exploder (Volume 2)

Una doble función

Arbeiter verlassen die Fabrik (Harun Farocki, 1995) / El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020)

Soñar soñar (Leonardo Favio, 1976) / Las mil y una (Clarisa Navas, 2020)

Un plano que defina tu 2020

Una película en desarrollo.


José Luis de Lorenzo

Una película

Richard Jewell (Clint Eastwood)

Un descubrimiento

Smooth Talk (Joyce Chopra) / Shadow in the Cloud (Roseanne Liang)

Una canción en una película

“In Between Days” (The Cure) en Été 85 (François Ozon).

Un doble programa

The Last Hurrah / The Irishman

Un plano que defina tu 2020


Ivan Moscovich

Un año muy raro dónde vi muy pocas películas, mucho menos estrenos (me pregunto incluso si existió tal cosa). Así que me agrego un apartado para sumar un poco de interés a una lista tan inocua, de diez películas fantásticas, increíbles, hasta trascendentales que descubri este año. Con eso omito el doble programa. Gracias por permitirme el atrevimiento y ante todo por la invitación.

Una película:

La France contre les robots (Jean-Marie Straub, 2020)

Diez películas y…:

Bound for the Fields, the Mountains, and the Seacoast (Nobuhiko Ōbayashi, 1986)

Celine (Jean Claude Brisseau, 1992)

Clueless (Amy Heckerling, 1995)

Henry Fool (Hal Hartley, 1998)

La mort de Louis XIV (Albert Serra, 2016)

Soft Fiction (Chick Strand, 1979)

Sueños de hielo (Ignacio Agüero, 1993)

The Assassin (Hou Hsiao-hsien, 2015)

Two-Lane Blacktop (Monte Hellman, 1971)

Zvenigora (Alexander Dovzenko, 1928)

…y Twin Peaks: The Return (David Lynch, 2017) 

Un descubrimiento

Hubo muchos, elijo dos: el cine de Albert Serra y el género slasher. Mucho para pensar aún, tanto de uno como de otro. 

Algo que te hayas preguntado 

¿Cuándo vuelven los cines? 

Una canción en una película:

“Tarifa” de Sharon Van Etten (Twin Peaks S03E06)

Un plano que defina tu 2020


Tatiana Mazú

Una(s) película(s)

El año del descubrimiento de Luis López Carrasco / Adiós a la memoria de Nicolás Prividera / An Unsual Summer de Kamal Aljafari / Visión nocturna de Carolina Moscoso / Apiyemiyekî? de Ana Vaz / Lluvia de jaulas de César González

Bonus track de películas cortas:
Correspondencia de Dominga Sotomayor y Carla Simón / Colección privada de Elena Duque / El renacer del Carare de Andrés Jurado / Antes del diluvio de Jean-Jacques Martinod

Un descubrimiento:

Del pasado, las películas de Shinsuke Ogawa y el grupo Ogawa Pro. Del futuro, Homenaje a la obra de Philip Henry Goose de Pablo Martín Weber.

Algo que te hayas preguntado

Ya sabemos que este año demostró con la claridad más absoluta y horrible los alcances y límites del sistema capitalista heterocispatriarcal, racista y destructivo de la naturaleza en el que nos toca vivir. ¿A cuánto más nos podemos acostumbrar? ¿Cómo conjurar la definitiva demolición? ¿Qué puede hacer el cine con todo esto? ¿Todx espectadorx es unx cobarde o unx traidorx?

Una pintada en las paredes de alguna ciudad argentina durante diciembre de 2001

Una canción

«Ave de paso» de Sandro en Las mil y una de Clarisa Navas

Un doble programa

El Sopar de Pere Portabella (1974) y El futuro de Luis López Carrasco (2013)

Un plano que defina tu 2020

A lo largo de la cuarentena, mantuve un diario fotográfico en Instagram y dos redes de videocorrespondencia. Salía una o dos veces a la semana a dar vueltas por mi barrio a filmar. Un día, Facebook me sugirió que stalkeara “Seguridad para Lomas del Mirador”. Mi curiosidad antifascista le dio click y una de las primeras cosas que encontré fueron estas imágenes tomadas por una cámara de seguridad, donde aparezco sacando fotos con Manuel Embalse y una bolsa de las compras en la mano. Lxs vecinxs dicen haberlas enviado a la policía. Estábamos sacándole fotos a un gato. 


Héctor Coire (AKA ayresybenson)

Una película

Hubie Halloween (Steven Brill, 2020): en un año en que la crueldad y la violencia estuvieron presentes aún más de lo habitual, por suerte hubo gente que nos hizo reír. Como el bueno de Hubie con su termo multiuso, pero también Tutar Sagdiyev descubriendo el feminismo en una reunión de mujeres republicanas. O pasando a otro rubro (total los cines ya no existen), el DT Ted Lasso y su optimismo melancólico para aceptar que los ciclos terminan. O el tuitero @eldeibik, que llevó al nivel de arte los recortes de un youtuber trumpista que pide encarcelar a los diputados que voten a favor del aborto.

Un descubrimiento

Richard Jewell (Clint Eastwood, 2019): en tiempos de gritos y solicitadas políticas (parafraseando a Pablo Gianera), Clint rescata a un héroe gordo y republicano que vive con la madre. Si Renoir y Rosellini inventaron la modernidad del cine para contar historias de profundo humanismo, Clint vuelve al clasicismo para hablar de la descomposición humana.

Algo que te hayas preguntado

¿Por qué el INCAA no construye un par de pisos sobre el Gaumont y tenemos de una vez cinemateca?

Una canción

«Porque hoy nací», de Manal, en Adiós a la memoria (Nicolás Prividera, 2020), en una Buenos Aires sin rastros de vida humana (que no es la de los meses de cuarentena dura, sino la de un par de horas durante un partido del Mundial de Rusia).

Un doble programa

Diario del dinero (Rosario Bléfari) y No Home Movie (Chantal Akerman, 2015). Dos mujeres que nos dejaron demasiado pronto y en grandes momentos de dos carreras plenas de grandes momentos. Una carrera que termina atándose los cordones en la casa que ya no es de su madre, y otra que termina con una artista total (con más de 25 años de carrera y público propio) cobrando 30 mil pesos de adelanto por un libro. 

Un plano que defina tu 2020 


Iván Morales

Una película

Richard Jewell (Clint Eastwood, 2019)

Un descubrimiento

La belleza de los westerns mudos y boscosos

The Half-Breed (Allan Dwan, 1916)

Un doble programa

Freaky (Christopher Landon, 2020) / Vidalita (Luis Saslavsky, 1949)

Una canción

Cyd Charisse y Ricardo Montalbán bailando «La Amorita» en The Mark of the Renegade (Hugo Fregonese, 1951)

Un plano que defina tu 2020

Yo en mi casa fascinado con las charlas de café de El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020)


Marcelo Alderete

Una película

El profesor chiflado (The Nutty Professor) – Jerry Lewis. La última película que vi en un cine antes de la pandemia. Fue durante el festival de Berlín junto a mi señora esposa. Antes merendamos al aire libre, con frío pero bajo el sol, rodeados de árboles y después disfrutamos de la obra maestra de Lewis. Días más tarde ocurrió lo que todos sabemos. 

Un descubrimiento:

Mis reuniones, charlas, con gente del cine (amigos) en el Petit Colon durante estos meses. Alguien debería hacer la serie. Fueron particularmente disfrutables los episodios con Clarisa Navas y otro con Paola Buontempo. Los interesados en participar se pueden anotar por privado. El descubrimiento de esto es personal y es que la vida social es, hoy más que nunca, muy necesaria para poder soportar el mundo en el que estamos viviendo. Y lo dice un ogro como yo, ojo.

Algo que te hayas preguntado

Esto es algo que publiqué en mi cuenta de Instagram, como para seguir ganando amigos. Le hice algunos cambios y correcciones, y son algunas cosas que me pregunté durante estos días de encierro. 
Entre las muchas generalidades que suelo repetir (imagínense, no solo son generalidades, sino que además las repito), hay una que asegura que cuando los escritores hablan sobre cine suelen decir tonterías. No me refiero a “boutades”, algo que sería divertido, sino a lugares comunes dichos como si se trataran de revelaciones, tonterías que no resisten el mínimo análisis, y gustos más que dudosos. Incluso personajes conocidos, pienso en un Alan Pauls, que uno sabe que manejan cierto conocimiento sobre el cine pero aún así no pueden evitarlo. Acá me animo a dar un nombre porque yo no pertenezco al mundo de la literatura y nada de lo que pueda decir les va a importar en lo más mínimo a los que sí pertenecen y forman parte de ese mundo. No podría hacer lo mismo si hablara de cine. Por ejemplo, no me animaría a decir que hace poco se realizó un festival cuyo grado de endogamia entre los programadores, los jurados y las películas premiadas haría sonrojar a cualquier miembro de una familia real de la Europa medieval. No lo podría hacer porque mis colegas me retirarían el saludo, evitarían mi presencia y me dejarían de invitar a los (muchos) festivales en los que trabajan. Además la endogamia es parte de nuestro oficio, no voy a ser hipócrita. Bueno, ser hipócritas (un poquito aunque sea) también es parte de nuestro trabajo. Pero mejor volvamos a los literatos. Ayer terminé de leer Breve historia de la literatura latinoamericana (a partir de Borges) de Luis Chitarroni. Chitarroni es uno de los grandes intelectuales del país y el libro es maravilloso, lleno de ideas geniales. Sin embargo, en un momento el autor escribe: “Julian Schnabel que es un director muy osado, un tipo muy interesante”. ¿Julian Schnabel ? ¿En serio? ¿Cómo alguien con un conocimiento tan sofisticado en literatura cae en una aseveración semejante a la hora de hablar de cine? Simples cuestiones de gusto, me dirán y seguro tienen razón. Por eso siempre vuelvo a mis queridos colegas del cine. Ya que con ellos nunca discutimos ni estamos en desacuerdo, a todos nos gusta lo mismo y jamás se nos ocurriría decir lo contrario. A ver si alguien se ofende. 

Una canción en una película

Los hermanos Léon, Pierre y Vladimir, bailan en un barcito de mala muerte en Rusia en la película Mes chers espions y suena una canción. No sé qué canción es y tampoco creo que sea importante saberlo. Pero la escena es tan bella que no quería dejar de recordarla.

El final de Druk (Another round) de Thomas Vinterberg, se puede adelantar toda la película e ir directamente a esa danza loca de Mads Mikkelsen mientras suena «What a Life» de Scarlet Pleasure. Es pura tribuna, pero en un año como este se perdona y hasta se agradece. Bueno, quizás exagero.

Un doble programa

Ted Lasso (creadores: Bill Lawrence, Jason Sudeikis, Joe Kelly y Brendan Hunt) – Temporada 1 The Mandalorian (creador: Jon Favreau) – Temporada 2

Apostando al clasicismo más básico, estas dos series televisivas demostraron que el buen cine del pasado sigue siendo un terreno propicio para crear (saquear) fantasías y que lo mejor que puede hacer la televisión es reciclar esos viejos trucos. 

Un plano que defina tu 2020

El cine Lorca cerró en algún momento de marzo y, como todos los cines, ya no volvió a abrir. Quizás ya haya sido abandonado por sus dueños, no lo sé, pero eso es lo que parece cuando uno ve el estado en el que se encuentra. Decir que esa imagen es la que mejor define el estado de las cosas es muy fácil y obvio, lo cual no hace que no sea cierto. Estas fotos fueron tomadas en el mes de diciembre.


Miguel Zozaya

Una película

Gorria (Maddi Barber, 2020).

Un descubrimiento

Como es demasiado obvio poner El año del descubrimiento de Luis López Carrasco, mi descubrimiento es una película del año que viene: Amateur, de Martín Gutiérrez, que espero dé que hablar en 2021.

Algo que te hayas preguntado 

¿Podré responder a la encuesta de este año solo con películas españolas?

Una canción en una película

El “Pasodoble de los esqueletos” escrito por Miguel Mihura para Una de miedo (Eduardo García Maroto, 1935), brillantemente rescatado por Hidrogenesse este año:

https://www.youtube.com/watch?v=JEHhHnsrukA )

Ya puestos, el videoclip del remix de Chico Blanco para “La carta exagerada” de los mismos Hidrogenesse es de las mejores películas del año:

Un doble programa 

El carrer (Joan Colom, 1960)

+

Días inolvidables (Manuel Vidal Estévez, 1981)

(Esta última incluye Un plano que define mi 2020)


Martín Emilio Campos

Una película

De entre todas las que vi de 2020 me quedaré con Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse, de Pablo Martín Weber. 

Si pudiera elegir una mención: La última primavera, de Isabel Lamberti.

¡Y un ciclo! El maravilloso cineclub virtual que llevaron adelante en 2020 desde el Cineclub La Quimera de la ciudad de Córdoba.

Dos descubrimientos

Bill Forsyth. Antes de hacer Housekeeping (1987) en Estados Unidos, Forsyth hizo en Escocia That Sinking Feeling (1980), Gregory’s Girl (1981), Local Hero (1983) y Comfort and Joy (1984). Cuatro obras maestras repletas de ideas novedosas e inesperadas de puesta en escena y montaje (es un detalle menor, pero ¡cómo filma la soledad!) que comparten sobre todo un humor delirante de parte de aquellos que, como pueden, no se resignan a meramente sobrevivir. (¡Tengo que agradecer a Iván Zgaib por la insistencia!).

Vittorio De Seta. Llegó a mis manos (ojos, oídos) cuando Lucas Granero, con su generosidad habitual, nos compartió en el grupo LVU un cortometraje restaurado de este director italiano. Lu tempu di li pisci spata (1955), que contiene en sus 10 minutos una sucesión apabullante de planos increíbles de un grupo de pescadores en el sur italiano, debe ser posiblemente lo mejor que haya visto en el año. Y como en YouTube pueden conseguirse varios más de sus cortos documentales en la zona ni siquiera hay que quedarse con ganas de más…

Algo que te hayas preguntado

¿CUÁNDO MIERDA SE VA A TERMINAR ESTA PESADILLA?

Programas dobles

Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse (Pablo Martín Weber, 2020) y Don’t Rush (Élise Florenty, Marcel Türkowsky, 2020). Dos películas motivadas por la hermosa virtud de ser obsesivos y curiosos.

Esta obra no ha de tener título (Juan María Bianchini, 2020) y Tren (Juan María Bianchini, 2017). ¡Cómo entiende el amor Bianchini a partir de las sutilezas!

La última primavera (Isabel Lamberti, 2020) y Terra Franca (Leonor Teles, 2018). Dos operaprimistas intentando entender su país acercándose con cariño a la periferia.

Local Hero (Bill Forsyth, 1983) y Crossing Delancey (Joan Mickling Silver, 1988). ¡Qué insospechadamente encantador que es Peter Riegert!

Una canción en una película 

“Jaja Ding Dong”, cantada por mis héroes Will Ferrell y Rachel McAdams en Eurovision Song Contest: The Story of Fire Saga (David Dobkin, 2020), que me encantaría escuchar versionada por Estrelas do Alva, la banda de Aquele Querido Mês de Agosto.

Un plano que defina tu 2020


Lucía Salas

Una película

No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (Nicolás Zukerfeld, 2020)

Si bien esta película fue hecha casi íntegramente fuera de la pandemia, tiene mucho de los primeros meses de confinamiento, cuando todos estábamos dispuestos a compartir pistas, recetas, intrigas y archivos. Fue un tiempo duro, pero igual lo atesoro, porque como sucede en esta película, existía la sensación de un conocimiento colectivo que crecía sin límites. En esta película es aún mejor, porque todo sucede entre que un profesor da una clase y otra: una intriga internacional de una semana. Además, en ella trabajaron (trabajamos) muchas personas muy queridas, que extraño mucho, y con quienes vivimos durante muchos meses una utopía walshiana. ¡Larga vida a una cinefilia que produce presentes y futuros! Brindo por todos ustedes, amigos de La Vida Útil, y por todos los compañeros del cineclub Club Crisis, esa experiencia tan cercana a esta, amistades fundadas por la pandemia. 

Un descubrimiento

Este año fue el menos sistemático de mi cinefilia, aunque tuve muchos objetivos, no cumplí ninguno. Salvo ver todo Capra antes de Sucedió una noche con una de nuestras nuevas incorporaciones de la revista, Christopher Small, para armar un ciclo para el cineclub pandémico. Se develaron muchas pesadillas y milagros, por ejemplo, Harry Langdon, a quien nunca le había prestado atención. Gracias a eso también conocí a otro gran cinéfilo, Noah Teichner, que programó unas semanas antes una serie de cortos de Vitaphone en los que famosos comediantes de la época hacían sus rutinas frente a una cámara y el flamante sistema de cine sonoro. Noah terminó una película este año sobre el barco que usó Buster Keaton para filmar Navigators, Alexander Berkman, Emma Goldman y muchas cosas más, cuya historia también fue uno de los descubrimientos del 2020. De los anarquistas a los comunistas, Christopher también terminó una película en el 2020, que aún no se estrenó, pero si se hubiera estrenado votaría su escena junto al lago como la canción del 2020. 

Algo que te hayas preguntado

¿Qué es el tiempo libre?¿Cómo se hace?

Con el trabajo desplazado obligatoriamente hacia el hogar me di cuenta de que realmente no se cómo es el tiempo libre, ni cómo se crea, ni de qué se llena, y que no hay límites para la alienación. 

Una canción

Durante casi la mitad del año el trailer de la sala de cine a la que voy todas las semanas (de una a tres veces por semana desde que reabrió en junio) terminaba con Les tarots de Elli y Jacno, que acompañaba una retrospectiva de Pascale Ogier que acompañaba un pequeño foco a Rohmer. Así que por lo menos una vez por semana me encontraba con amigos y conocidos en la fila, frente a la pantalla con el trailer, y siempre, absolutamente todas las veces, alguien cantaba la canción. Se armó una cofradía Rohmer, todos los jueves y algunos sábados, que se fue moldeando hacia una experiencia de felicidad total (y varias puñaladas). Las noches de luna llena fue la última película de mi 2020. Je tire une carte, mauvais présage / Que faire d’un si triste message? /L’horrible cri du fond des âges (¡au!).

Un doble programa 

Dorothy and Alan at Norma Place (John Dorr, 1983) / Palm Springs (Max Barbakow, 2020)

Un plano que defina tu 2020

Fui coleccionando muchas durante el año. La mayoría están acá:

https://2020png.tumblr.com/


Martín Álvarez

Una película: 

The Law of Parties (Charles Burnett, 2020)

Leo y escucho mil profecías sobre todo lo que el cine está llamado a cambiar cuando pase este año terrible. Una película de un par de minutos me conmueve con todo lo que el cine fue, es y puede ser.

Un descubrimiento

El gran comediante Eric Andre, la serie Rick and Morty, la filmografía de D.W. Griffith en compañía de los textos de John Dorr, los tres (!) libros de Luc Moullet que tradujo al inglés la web The Seventh Art (hay que traducir al castellano los libros de Moullet, uno de los mejores críticos de cine de la historia, y el más gracioso). Descubro que descubro las cosas tarde.

Puede que este también sea el segundo año de mi vida que la mejor película que vi fue The Shop Around the Corner. La vi en una pantalla de computadora como tantas otras cosas (un modesto deseo para el 2021 sería ni prenderla), pero esta vez no fue en mi casa sino en una oficina bastante fea de la tienda en la que trabajo (Mièville y Godard pasaron con rayos láser por una de ellas en Le rapport Darty), a pocas semanas de volver después del confinamiento y con la pandemia todavía muy activa en San Sebastián, como parte de las formaciones que los encargados de recursos humanos diseñan cada tanto para que parezca que trabajan de algo. Por alguna razón alguien metió adentro de esta especie de tutorial de atención al cliente un clip de la famosa escena de la cigarrera en la película de Lubitsch, sin poder (o sin querer) aprovechar este plano para recomendar nada:

Algo que te hayas preguntado

“este deambular a través de mundos improbables en el que nos encontramos a nosotros, básicamente”

Jean-Louis Schèfer en Danses macabres, explicando cómo la conversación crea amistad. Las preguntas mejor en conversación.

Una canción en una película

“I Can’t Love You Anymore” en el corte musical de I’ll Do Anything (James L. Brooks, sin estrenar).

En una escena del corte musical de I’ll Do Anything, el productor que hace Albert Brooks está llegando a una proyección de testeo en el valle de San Fernando y mientras buscan estacionamiento abre la ventana del auto y saca la cabeza para poder ir viéndole la cara a la gente que espera en la fila. Es otra manifestación de su neurótica dependencia ante estos testeos de marketing y cómo influye la opinión ajena en toda su vida, pero me gustaría imitar su gesto retrospectivamente y mirarle la cara a todos los que vieron esta versión de la película en su testeo y la destrozaron, incluso a James L. Brooks, que reaccionó estrenando la película en un nuevo corte con todas sus escenas musicales (salvo una) cortadas. Igual es un grande Brooks, sus películas, un puñado en casi cuarenta años, son reliquias que se van haciendo más y más raras con el tiempo. Si Leo McCarey fue el gran maestro del equilibrio y la flexibilidad entre la comedia y el melodrama, Brooks resignifica su legado como desequilibrio para recorrer esa zona intermedia. “I Can’t Love You Anymore” (de Prince, que compuso varios temas para la película), es cantada con resignación por Julie Kavner en una escena en un restaurante luego de una danza de saludos y charlas breves, chit chats en silencio, una coreografía para todo el delirio y el terror oculto en lo que se llama relaciones públicas. La versión musical de I’ll Do Anything apareció este año en internet en un ripeo de VHS y ojalá algún día podamos verla como se merece.

Bonus track: La Macarena en Richard Jewell de Clint Eastwood.

Un doble programa

The Case of the Missing Consciousness (John H. Dorr, 1980) + Chasse gardée (Jean-Claude Biette, 1992)

Un plano que defina tu 2020

Dorothy and Alan at Norma Place (John H. Dorr, 1980-82)

Night and Day (Hong Sang-soo, 2008)


Jose Fuentes Navarro

Una película

Fatman (Eshom Nelms, Ian Nelms, 2020)

Todo es imposible en esta película, Loco Mel es Santa Claus, Marianne Jean-Baptiste (!) es su esposa, Walter Goggins es el sicario que lo tiene que matarlo por orden de un niño demente; la fábrica de Santa tiene problemas económicos así que acepta un contrato para fabricar armamento para el ejército y así todo. Pero ese tipo de desafíos es el punto de partida de muchas de las grandes películas. Es el secreto de Johnnie To o de Godard por dar dos ejemplos extremos. Es la enseñanza fundamental de Alfred Hitchcock: Como resuelvo esto (un plano, una secuencia, una situación, etc). En la mayoría del cine contemporáneo pareciera que eso está cerrado de antemano.
Fatman es una película pequeña su resolución es narrar lo más económicamente posible (pareciera que dura 15 min) como hace Clint Eastwood en sus últimos films.
El milagro es la precisión quirúrgica que eso da como resultado.

Un descubrimiento

Casa de muñecas (Ernesto Arancibia, 1943)

Algo que te hayas preguntado

Gracias a un grupo en Slack que abrieron unos cinéfilos en medio de la pandemia pude ver varias películas de Frank Capra.
Y es evidente que hay una concepción equivocada con Capra, no existe lo capresco. Esa idea de un director que realizaba películas esperanzadoras en medio de contextos políticamente dramáticos. La mayoría son películas terribles, tristes y crueles que emparchaban finales felices y las pre code ni siquiera eso.
Lo mismo sucede con Henry King, al que se lo tilda aun de artesano. Ningún burócrata del cine puede filmar The Gunfighter o The Bravados.
En muchos casos se afirman y se dan por sentadas sentencias que tienen más de 50 años.
No se con que me voy a encontrar si revisito la filmografía de, no se, Shoei Imamura o Lisandro Alonso.
No tengo una pregunta solo se que críticos, programadores, curadores, cinéfilos, etc debemos estudiar y mejorar permanentemente porque si no contribuimos a la mediocridad, en forma de lugar común, que es norma.

Una canción en una película

La reversión de Maria de West side story que hace Eric André en Bad Trip (2020), no hay link para ver asi que vean la película completa.

«Kunta Kinte Dub Version One» de The Revolutionaires en Small Axe: Lovers Rock (2020, Steve McQueen)

Un doble programa

No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (Nicolas Zukerfeld, 2020) / Montando al Zorro (Juan Ignacio Domínguez, 2011)

Beloved infidel (Henry King, 1959) / The Last Tycoon(Elia Kazan, 1976)

The decay of fiction
(Pat O’Neill, 2002 ) / DAU. Degeneration (Ilya Khrzhanovsky, Ilya Permyakov, 2020)

Un fotograma que defina tu 2020 

Paura nella città dei morti viventi (Lucio Fulci, 1980)

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Este año que pasó tuvo grandes acontecimientos. El mundo insiste en que la historia no se terminó y que estos tiempos merecen ser vividos con arrojo e inventiva. ¿Estuvimos en crisis? Lo estamos. Eso, eventualmente, puede aflojar los lazos entre las palabras y las cosas. Es una oportunidad y una responsabilidad, sobre todo en Latinoamérica. Este año fue como si todo lo que se estaba esbozando en el pensamiento durante la década hubiese encontrado su carnadura (desde el ambientalismo, el feminismo, la lucha por las disidencias, la preocupación por la privacidad on-line, el big data y tantas otras cosas). En este panorama, ¿qué sentido tiene la crítica?

Como revista tenemos la oportunidad de hacer contrapeso frente a los discursos que proliferaron en toda polémica de la actualidad a favor de un consenso casi siempre coyuntural y tendencioso. La crítica debería poder hablar en otros términos, que no sean los mismos que la película o la publicidad o la prensa proponen. No solo con los tanques de Hollywood sino también con el cine independiente, y especialmente el argentino, avalado en los festivales más importantes del mundo pero sin una crítica que explique ese fervor o lo discuta. Lo demás es silencio, que se parece bastante a la asociación ilícita, para usar un término que apareció últimamente en los portales de noticias. El cine, especialmente el que vive en y de los festivales, pareciera estar cada vez más alejado del mundo, delante y detrás de cámara. Una de las tareas de la crítica, de cara a esta década que comienza, es la de acercar nuevamente el mundo al cine y el cine al mundo, es decir, que las ideas que surgen de pensar una película nos lleven a pensar el mundo y que nuestras experiencias vitales influyan en la forma que tenemos de ver y pensar el cine.

A pesar de la crisis empezamos a sacar nuestra revista en papel. Es algo que a todos los que participamos nos marcó profundamente. Estamos muy contentos (orgullosos también) con lo hecho pero sobre todo con lo que se viene. Hay tantas películas por descubrir, tantos textos por escribir, tantas personas que conocer y charlar que no damos más de la ansiedad. El aprendizaje más grande fue entender que la única manera de hacer la revista es abriéndonos al mundo. Pensarla no como una plataforma para dar a conocer nuestras ideas, sino como un espacio en el que podemos recibir a muchos invitados para nutrirnos de sus pensamientos. Esta encuesta quizá sea la ilustración más clara de esa idea.

Así aprendemos también: una categoría resistida o puesta en cuestión fue la de flautazo (agradecemos a los españoles de Telegram -Fernando Ganzo, Álvaro Arroba, y otros- por el término), que es una película buena de un director que no pensábamos capaz de hacer algo así. La mayoría no se sintió tan cómoda pensando de esa manera, lo que da a entender que nuestra forma de pensar es deudora de la política de los autores, según la cual importa más una película mala de un autor que una buena de alguien sin rasgos característicos. A nuestro entender, esas categorías pueden obturar la vista: las películas se enfrentan a una materia cambiante, viva, imposible de ser moldeada por una sola persona. No todo lo totalmente consciente implica un salto cualitativo. En las charlas sobre la encuesta en nuestro grupo surgió Pitch Perfect, una película alegre, rigurosa y lúdica, hecha por un artesano entusiasta que probablemente no vaya a hacer algo igual. Hay más ejemplos.

No hay razón para ceder ante el pesimismo. Cada nueva película, cada nuevo texto que aparece es la cifra de un nuevo comienzo. Tenemos muchas cosas en común y no mucho tiempo para compartirlas. El próximo número saldrá en marzo de 2020 y la mayor parte la ocupará un especial sobre la década que pasó. Estos fueron los años de nuestra entrada a la cinefilia: para nosotros es indivisible el aprendizaje sobre la historia del cine de lo que vivimos en festivales y cineclubes, acompañando los grandes hitos de lo contemporáneo. Es un movimiento en dos direcciones, que se retroalimenta. Lo que podemos decir sobre estos años es básicamente lo que podemos decir sobre el cine. Es un recorte quizás demasiado grande, pero como dijimos antes, la pluralidad es un método que encontramos para no apunarnos. En una especie de pedido de ayuda, les pedimos a nuestros amigos que también hicieran su recorrido personal por la década. Solo tenemos palabras de agradecimiento para los que nos ayudaron y nos ayudarán. Bienvenidos.


Lautaro García Candela

Una película: Once Upon a Time… in Hollywood

Una canción en una película: Adam Driver cantando «Being Alive» en Marriage Story. Si la mayoría del tiempo (recordar la escena-meme de la piña a la pared) está actuando para el lucimiento, cuando canta parece encontrar otro procedimiento, más nervioso e implosionado. Canta como si no quisiera, en sordina, encontrando una verdad emocional más cerca de la disolución más que del estallido. Como en Meyerowitz, los personajes se llevan mejor con la música que con las palabras.

Un doble programa: Long Shot, de Jonatan Levine y Holiday, George Cukor

Este año me di cuenta de…: ¡La crítica sirve! Hubo un acto de la política, bastante alejado del cine, que encumbra el acto de la crítica entendido como disenso. Una mañana de abril nos despertamos con una noticia: Cristina Fernández anunciaba que se postulaba como vicepresidenta y que le dejaba la responsabilidad mayor a Alberto Fernández, un político que había pertenecido al riñón de su marido, Néstor Kirchner, y que luego se había distanciado por razones políticas, morales, etc. Después de eso, Alberto fue crítico con los gobiernos de Cristina hasta lo irreconciliable, como los medios opositores se encargaron de remarcar. El anuncio fue una sorpresa porque todos asumíamos que ella como líder nunca habría de delegar el alto mando. Esas críticas la ennoblecieron. El tiempo dirá si todo fue una jugada para limpiarse y presentar una falsa autocrítica, o si realmente entre la crítica y el hecho puede existir una convivencia retroalimentada.

Un texto: Este año publicamos dos revistas en papel con La vida útil y seguiremos haciéndolo el año que viene. El ejercicio de leer a mis compañeros, charlar sobre sus textos, editarlos, y tratar de encontrar soluciones para problemas que a priori no lo tenían fue algo que me sirvió mucho, en muchos niveles. Esos fueron mis textos favoritos. 

Pero más concretamente, el texto de José Miccio sobre Under the Silver Lake

Un fotograma: De lo particular a lo universal: La deuda.

La promesa del 2020 (joven director/a que consideres promisorio para la próxima década): Mis amigxs.

Película testamento de la década (última película de director que haya muerto en esta década): ¿Está mal decir que de Jersey Boys en adelante Clint Eastwood está haciendo sus testamentos? Está un poco mal porque no quiero ni pensar el día en que se muera. Pero está bien para ver las películas, que contradicen esa frase sobre la experiencia como un peine cuando te quedás pelado.

Película maldita de la década (película que haya merecido mejor suerte): Las películas de Chris Miller y Phil Lord: Cloudy with a Chance of Meatballs, 21 Jump Street, 22 Jump Street, Lego Movie. Y fueron guionistas de Spider-Man: Into the Spider-Verse. No digo que no les haya ido bien, lindas casitas en Beverly Hills se habrán comprado. Pero su filmografía es consistente y tiene motivos que se repiten. Son gente muy inteligente y muy graciosa. Una crítica más despierta ya los hubiese calificado como “autores” Aunque por otro lado, mejor: menos presión, sin la carga de mantener el prestigio. ¡Pero sigan filmando!

Flautazo de la década (una gran película dirigida por un pésimo director, una película accidentalmente buena): Me casé con un boludo, de Juan Taratuto. Casi involuntariamente pone en escena todo lo que tiene de banal la farándula argentina (y la de todo el mundo). Es imposible saber cuán auto-consciente es. Todo es artificial, mal actuado, inverosímil. Todos actuando de buenas personas mientras solo pueden mostrar su propia imbecilidad. Y esa es su verdad, no hay ejecución frustrada. En este caso la distancia entre las ideas y la realización parece bastante poca. 

Una escena de la década: El final compuesto de muchos futuros posibles de El futuro perfecto, de Nele Wohlatz. El beso entre Agustina Muñoz y Elisa Carricajo en Viola, de Matías Piñeiro. 

Un intérprete (actriz o actor destacado de la década): Greta Gerwig, Adam Driver, Zac Efron, Jennifer Lawrence, Anna Kendrick, Channing Tatum.


Lucas Granero

Una película: Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2019). Hay películas que están hechas como casitas, pequeñas casitas de madera, chapa, algunos ladrillos. Modestas, uno puede vivir tranquilamente en ellas. Pero hay otras, más difíciles de encontrar, que están hechas de puro durlock. Uno entra en ellas y puede escuchar el eco de sus propios pasos al caminar. Casas frías, de paredes ásperas. Megaestructuras que parece que se nos vienen encima. Así, de esa arquitectura bruta, está hecha Dragged Across Concrete. Cuando escribió sobre la película, Ramiro Sonzini la comparaba con catedrales. Para mi es más similar a un galpón gigantesco y vacío en el que se puede gritar y el sonido rebota y te pega en la cara. 

Una canción: “Out of Time (stereo version)” de The Rolling Stones en Once Upon a Time… in… Hollywood (Quentin Tarantino, 2019). Las cuerdas empiezan a sonar apenas el avión está tocando el piso. Trae a nuestros héroes de vuelta a casa luego de una temporada en Roma, filmando spaghetti westerns. Rick Dalton y Cliff Booth están juntos desde hace años pero esa noche será la última que pasen como combo estrella de cine/doble de cuerpo. Los Ángeles, el espacio que fue el trasfondo de toda su amistad, se prepara para recibirlos. Paralelamente a la canción de los Stones, otra música comienza a escucharse: los ruiditos de los carteles del centro que se iluminan con la llegada de la noche. “You’re out of time / My baby / You’re of time / My love”, canta Mick Jagger mientras los neones de los cines y restaurantes le brindan a la noche angelina su particular esplendor. En una película con síndrome de gran épica como esta, los pequeños detalles importan más que cualquier cosa. Tarantino, que ama a esa ciudad igual que a sus personajes, la transforma en un mixtape interminable en el que hasta los más mínimos ruiditos importan. Tengo la sensación (podríamos probarlo) que escuchar esta película es igual de gratificante que verla.

Un doble programa: The Beach Bum (Harmony Korine, 2018) +  Boudou suave des eaux (Jean Renoir, 1932). La vida mostrada a través de sus deleites. Dos expresiones de puro hedonismo, de total entrega a la experiencia de la libertad. Dos muestras, también, de lo maravilloso que es ver cómo las narrativas se tensionan y las formas se destruyen. Y otro: Parsi (Eduardo Williams y Mariano Blatt, 2018) + broulliard – passage #14 (Alexander Larosse, 2012), dos cortometrajes que descomponen la idea de plano tal como la conocemos y la expanden hacia nuevos límites que desconocíamos.

Este año me di cuenta que…: Existe una comunidad cinéfila generosa, curiosa y siempre dispuesta a ayudar. Hacer la revista nos puso en contacto con mucha gente de todo el mundo y conocerlos fue clave para seguir alimentando el deseo de continuar con esta aventura delirante.  

Un texto: “Los muertos”. El autor es José Miccio, tal vez uno de los pocos críticos en la actualidad que todavía recuerdan que la crítica de cine puede ser, si se quiere, la mejor literatura. Imposible no mencionar el libro editado por el Museo del Cine: Nitrato Argentino: Una historia del cine argentino de los primeros tiempos.

Un fotograma: El plano punctum en Fourteen (Dan Sallitt, 2019)

La promesa del 2020: Cuatro películas que deseo ver: Outside Noise (Ted Fendt), Álbum para la juventud (Malena Solarz), Herbario (Leandro Listorti) y La raza de los ligeros (Paola Buontempo)

Película testamento: Jonas Mekas nos dejó Out-takes from the Life of a Happy Man. Chantal Akerman, No Home Movie. Y Raúl Ruiz se murió pero nos sigue mandando películas desde el otro plano de la existencia. Sin embargo, creo que ninguna de ellas me resuena tan fuerte como Scream 4 de Wes Craven. Allí, en esa película a la que también le vendría bien la etiqueta de maldita, Craven formulaba una serie de signos que ahora entiendo como claves para comprender la naturaleza de las imágenes y sus diversas transformaciones durante la década. Mientras tanto, en las oficinas de A24, alguien firma un cheque para la nueva película de terror del momento.

Película maldita: Road to Nowhere (Monte Hellman, 2010). Todavía falta para que podamos comprender todo su potencial. Quizás en la próxima década. 

Flautazo: First Man (Damian Chazelle, 2018).  Una película sobre la estremecedora sensación de descubrir paisajes inexplorados, ver a la tierra girar y volver desde más allá del cielo. Chazelle no se debe haber dado cuenta pero filmó una experiencia similar a la de Michael Snow en La region centrale (1971)

Una escena de la década: Zhao Tao bailando dos veces “Go West” en Mountains May Depart (Jia Zhang-ke, 2015). Primero en el pasado, después en el futuro, haciendo los mismos movimientos. Primero impulsada por esa efervescencia que da el suponer que la vida es eterna, después un poco agotada de vivir, pero dispuesta a confortarse con la pequeña ilusión de un recuerdo que nunca se apaga. 

Un intérprete de la década: Pascal Cervo en las películas de Paul Vecchiali y Pierre Leon. Kim Min-hee pasando frío en las de Hong Sang-soo. María Villar andando en bicicleta por la ciudad en las de Matías Pìñeiro. Greta Gerwig bailando la Sambuca en Damsels in Distress, de Whit Stillman. 


José Fuentes Navarro

Una película: Dragged Across Concrete de S. Craig Zahler

Una canción: El muertho TJ – «Halloween» en Nuestro tiempo de Carlos Reygadas.

https://www.youtube.com/watch?v=fUJlgSzJdvQ

-El momento John Duncan en Tinnitus de Daniil Zinchenko.
Quizás la experiencia del año en un sala de cine. No hay link disponible.

Un doble programa: The World is Full of Secrets (2018) de Graham Swon / The Curse of the Cat People (1944) de Gunther von Fritsch y Robert Wise
Dos óperas primas, Robert Wise en el caso Curse, dos cuentos teóricos de terror con narraciones oblicuas y con un objetivo eminemente popular.

Este año me di cuenta que…: Nunca me doy cuenta de nada, vivo en una constante perplejidad.

Un texto: Dejo un link a una colección de textos, en inglés, escritos por el crítico más original y radical de Cahiers du Cinema: https://theseventhart.info/2019/07/07/piges-choisies/

Un fotograma: El cine, la televisión e internet todos (y todas las miradas) contenidos en un plano de Domino. Todavía no entendemos bien a Brian De Palma, no nos olvidemos de él.

La promesa del 2020: No tengo uno en particular, si espero que Córdoba produzca en el decenio que comienza una película que salga de la norma. Herramientas y prospectos no faltan.

Película testamento: Princess Racoon (2008) de Seijun Suzuki (1923 – 2017)
Con este musical surrealista Suzuki se despidió del cine con una anti pelicula testamento. O mejor dicho se fue riendo con libertad de su historia con el cine.

Película maldita: Más maldita que Blackhat (2015) de Michael Mann no se consigue.

Flautazo: Michael Bay, el rey de los flautazos, dirigió la extraordinaria Pain and Gain en 2013.

Una escena de la década: La escena del cine en Romancing in Thin Air (2012) de Johnnie To. Una ontología de la imagen.

Un intérprete de la década: Nicholas Cage hizo 30 películas en esta década, lleva más 90 en su carrera. Es el más grande actor vivo. No el mejor, no el más talentoso, el más grande. Punto.


Alejo Franzetti

Una película:  Fourteen, de Dan Sallitt. Fue la primera vez en mi vida que lloré en una sala de cine, y con eso lo digo todo. 

Una canción:  La canción oficial de ISIS en Past Perfect, de Jorge Jácome. 

Un doble programa:  A movie made of, más conocida como Una película hecha de, de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld + “München-Berlin Wanderung”, de Oskar Fischinger (1927 – http://www.makimono.es/munchen-berlin-wanderung/) 

Este año me di cuenta que…:  Una tontería interesante: Las escenas de sexo, por más mal que estén filmadas, siguen generando cierta tensión inigualable, incomodidad, silencio en la sala de cine. 

Un texto:  “Un episodio en la vida del pintor viajero”, César Aira. 

Un fotograma: Parsi, de Eduardo Williams 

La promesa del 2020: Jean-Luc Godard 

Película testamento: 36 vues du Pic Saint Loup, de Jacques Rivette. 

Película maldita: El misterio del conflicto, de Sebastián Lingiardi. 

Un intérprete de la década: María Villar


Dan Sallitt

Una película: «Le Jeune Ahmed», de los hermanos Dardenne. Mención honorífica para la sorpresiva y excitante «Das freiwillige Jahr», de Ulrich Köhler y Henner Winckler.

Una canción: La versión en vivo de «Unchained Melody» de Elvis Presley que suena en el corto de Mauro Herce, «Lonely Rivers».

https://www.youtube.com/watch?v=7n0dB_nWfPA

Un doble programa: La vieja no es tan vieja, pero sería interesante emparejar Roubaix, une lumière (2019), de Arnaud Desplechin con Bas-Fonds (2010), de Islid Le Besco.

Este año me di cuenta que…: Mis defensas contra las redes sociales no eran tan fuertes como pensaba. O tal vez haya más contra lo que defenderse ahora… no lo sé.

Un texto: Disfruté mucho las nuevas traducciones de los ensayos de Luc Moullet en el blog The Seventh Art (https://theseventhart.info). Esta que les comparto es una polémica un tanto anticuada que peca de ser un poco incauta, pero cumple una función útil: https://theseventhart.info/2019/10/21/on-the-harmfulness-of-film-language-on-its-uselessness-and-on-the-means-to-combat-it

Un fotograma: La película «Light from Light», de Paul Harrill, presentaba una fotografía evocadora y táctil del noreste de Tennessee, cortesía de la cinematógrafa Greta Zozula.

La promesa del 2020: Hay muchas posibilidades aquí, pero me arriesgaré a predecir un futuro brillante para el director rumano Paul Negoescu. Después de su magistral debut en 2012, «A Month in Thailand», con «Two Lottery Tickets» de 2016, una comedia más convencional, cuyos placeres formales me llevaron a apreciar dos veces. Y luego en 2018 llegó «The Story of a Summer Lover», una mezcla equilibrada del fatalismo contemplativo de la primera película de Negoescu y el impulso satírico de la segunda.

Película testamento: Abbas Kiarostami no sabía que estaba haciendo su última película con «24 Frames», pero no podría haber elegido un testamento más perfecto si lo hubiera planeado. Uno tenía la extraña sensación, mientras veía la película, de que estaba diseñada para inducir en el espectador el estado interior de su creador, que hacía que Kiarostami volviera a la vida mientras lo veíamos.

Película maldita: ¿Qué tal «Avengers» (2012) de Joss Whedon? Tuvo un poco de suerte en la taquilla, pero las películas de Marvel están bastante maudits últimamente, y existe el peligro de que la historia pase por alto el logro de Whedon de hacer una película íntima y personal a partir de material que abrumaría a cualquier otro director.

Flautazo: Es una pregunta difícil para mí, porque a menudo no me gustan las películas de cineastas que no me gustan. Un posible ejemplo es Shyamal «Uncle Turn off the Lights», de Suman Ghosh, de 2012: no estoy familiarizado con todas las películas de Ghosh, pero ninguna otra que haya visto sugiere que sea un director fuerte.

Una escena de la década: Elijamos una escena de Hong Sang-soo, ya que es ciertamente el mejor director de la década. Una gran escena que no necesita contexto es la de «Yourself and Yours» (2016), en la que los dos pretendientes de la protagonista primero se pelean y luego se dan cuenta de que son viejos compañeros de escuela, con la mujer retorciéndose en la incomodidad mientras los hombres se unen.

Un intérprete de la década: La intérprete de la década tiene que ser Isabelle Huppert: es como Marlon Brando con buen gusto en los proyectos. ¿Un intepréte que surgió en esta década? Entre muchas opciones, quizás Adele Haenel, sobre todo por su gran actuación en «La Fille Inconnue» (2016).


Matías Piñeiro

Una película: «Las Facultades», de Eloísa Solaas.

Una canción: El tema oficial del grupo terrorista Isis en «Past Perfect», de Jorge Jácome.

Un doble programa: «Atlantique» (2019), de Mati Diop con «The Fog» (1980), de John Carpenter

Este año me di cuenta que…: Hong Sang Soo no estrenó ninguna película

Un texto: El texto sobre John Ford de Mariano Llinás en Revista de Cine.

Un fotograma: «Parsi», de Eduardo Williams.

La promesa del 2020: Jorge Jácome

Película testamento: «Three Landscapes», de Peter Hutton

Película maldita: «El cielo del Centauro», de Hugo Santiago

Una escena de la década: El Q&A en «Happy Hour», de Ryusuke Hamaguchi

Un intérprete de la década: Vitalina Varela


Patrick Holzapfel

Una película: Bessho Tea Factory (Hori Teiichi). Esta película fue presentada por mi amigo Hiroatsu Suzuki en Fundão, durante Encontros Cinematograficos. Es una película sobre aquellos que recogen hojas de té, sobre la arquitectura del lugar remoto donde trabajan y es un musical en el que nadie canta.

Una canción: En Viena tuvimos la oportunidad de ver las películas de Margaret Tait en fílmico. Hay canciones en ellas, pero yo prefiero verlas enteramente como canciones.

 ‘Then sing your song without me: I shall sing

Alone. But if by accident you hear,

Listen. – In every song of loss or Spring

Are overtones for the familiar ear.’

(Margaret Tait. One is One.)

Un doble programa: Ne croyez surtout pas que je hurle (Frank Beauvais) + The Great White Silence (Herbert G. Ponting)

Dos películas sobre explorar separado por un mundo vuelto imágenes. El romanticismo británico de la muerte de Scott en el hielo y el existencialismo francés de un hombre viviendo aislado. Las dos expediciones/películas se mantienen vivas por un hambre por las imágenes, especialmente esas que no buscábamos. Y, finalmente, en ambas películas una hermosa canción para el luto por la desaparición de la luz: I see a Darkness y Abide Me.

Este año me di cuenta que…: Uno tiene que poder prolongar la incerteza.

Un texto: La letra de “Movies“ de Weyes Blood

Un fotograma: Vitalina Varela, de Pedro Costa

La promesa del 2020: En 2016 fui parte del jurado de un festival de cine de jóvenes. Le dimos una mención especial a un cineasta muy joven llamado Stanislaus Bär. Hizo una película sobre subir al techo de su casa. Una vez que estaba arriba su madre lo llamó a almorzar. Eso es todo, fue perfecta. 

Película testamento: No Home Movie, de Chantal Akerman 

Película maldita: No se qué significa tener mejor suerte pero si diría que el cine de Helena Trestíková merece más resonancia.  

Flautazo: No creo en esos accidentes. Si creo que algunas cosas mediocres pueden significarnos mucho. Por ejemplo, vi un documental televisivo común y corriente sobre la fabricación de tweed en las Islas Hébridas que removió más cosas dentro mío que muchas grandes películas.

Una escena de la década: El último plano de Visita ou Memórias e Confissões, de Manoel de Oliveira. Un plano en el que podemos ver fantasmas.

Un intérprete de la década: Yoo Jun-sang que interpreta al guardavidas en In Another Country, de Hong Sang-soo y actuó de Robin Hood en teatro.


Adrian Martin

Una película: Il traditore (Marco Bellocchio)

Una canción: Leon Russell, “Out in the Woods” (1972), bailada por Mary Kay Place, en el jukebox en Diane (Kent Jones)

Un doble programa: The OA (serie de TV, segunda temporada) / The Patsy (Jerry Lewis, 1964): https://filmkrant.nl/video/the-thinking-machine-30-english/

Este año me di cuenta que…: el mercado para DVD/Blu-ray (hasta ahora un refugio para todo tipo de cinéfilo) está realmente colapsando con mucha rapidez en varias partes del mundo –y que, por lo tanto, el nuevo mundo del “streaming” nos retrotrae a la vieja situación de que Raymond Bellour llamó en 1975 “el texto inencontrable”, por ejemplo, películas que ya no puedes “tener” para un análisis detallado.

Un texto: On Cinema de Glauber Rocha (I.B. Tauris)

Un fotograma: Elle Fanning en A Rainy Day in New York (Woody Allen)

La promesa del 2020: Bani Khoshnoudi

Película testamento: Mistérios de LIsboa (Raúl Ruiz, 2010 – la versión completa de televisión)

Película maldita: I Love You, Daddy (Louis C.K., 2017)

Flautazo: Lucky Day (Roger Avary, 2019)

Una escena de la década: Aurora Alexandra Marion avanzando en el escenario para cantarle a la cámara “Ave Maria”, en Almayer’s Folly de Chantal Akerman (2011)

Un intérprete de la década: Esther Garrel


Mónica Delgado

Una película: Siete años en mayo de Affonso Uchoa. Breve, directa, contundente.Algo que puse en Desistfilm: “Uchoa vuelve a explorar la culpa de la marginalidad, como ruinas económicas y sociales que condenan a las personas desde que nacen a un estado de exclusión que los vuelve objetos ante el poder y la violencia. Rafael dos Santos Rocha, como algunos de sus personajes de A Vizinhança do Tigre o Arábia, se vuelve en una marioneta controlada por otros, o supeditada a un sistema capitalista corroído, donde la corrupción y sus cadenas avasallan y matan. La historia, que Uchoa junto al mismo Rafael y João Dumans, es reordenada en un guion de tiempos y alegorías, logra la configuración de un micromundo, que sobrevive bajo la noche”.

Una canción: «Memoria do futuro» de Ratka en la brasileña Sick, sick, sick (Sem seu sangre, 2019) de Alice Furtado

Pero también esta la de los créditos de The Souvenir de Joanna Hogg (que recuerda que hay que salirse del cine hasta después de que terminen los créditos): La canción Julie en la voz de Anna Calvi.

Un doble programa: A portuguesa (2018) de Rita Azevedo Gomes + Transit (2018) de Christian Petzold. La historia como sugerencia.

Once upon a time in… Hollywood (2019) de Quentin Tarantino + Hollywood story (1951) de William Castle. History vs. Story.

Este año me di cuenta que…: América Latina entera puede temblar, rebelarse, gritar, renacer y Perú seguirá igual, en todo sentido. La comunidad del cine y audiovisual aquí vive un letargo. Un ejemplo: vivimos a inicios de los dos miles un proceso de insurrección democrática  que tuvo su cumbre con La marcha de los cuatros suyos y no existe un solo documental o ficción sobre ese gran momento que vivió el país para librarse de la corrupción fujimorista.

Un texto: Este hilo de Twitter sobre The Irishman de Martin Scorsese me parece buenísimo.

Un fotograma: Este gran momento de Parsi (2018), de Eduardo Williams.

La promesa del 2020: La gallega Jaione Camborda, el chino Liang Ming, y el italiano Carlo Sironi. 

Película testamento: Welcome To This House (2015) de la gran Barbara Hammer y Visita ou Memórias e Confissões (1984) de Manoel de Oliveira (no es la última pero es la última que vi de él en una sala de cine hace un par de años)

Película maldita: Mektoub, My Love: Intermezzo (2019) de Abdellatif Kechiche. Defenestrada por la pacatería. Es un film sobre la capacidad de abstracción, de formas y atmósferas. Nunca antes una canción de Abba había sido usada para acompañar la materialidad de los ritmos y la frivolidad de los cuerpos en baile.

Flautazo: No sé si tan buena, tampoco es un cineasta que me interese, pero creo que es un film que podría graficar el pedido: Clímax (2017) de Gaspar Noé.

Una escena de la década: Mujeres construyendo sus casas en el barrio, ladrillo a ladrillo, en el final de Baronesa (2017) de Juliana Antunes, que también me recuerda de alguna manera al final de Vitalina Varela de Pedro Costa.

Un intérprete de la década: La china Zhao Tao (sobre todo por A touch of Sin), Robert Pattinson (en Good Time y en The Lighthouse) y las cuatro actrices formidables de La Flor: Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa.


Pedro Emilio Segura Bernal

Una película: L’ile aux Oiseaux de Maya Koza y Sergio da Costa. Una película que selecciono, primero que nada, por la profunda identificación emocional personal que tengo con su narrativa. Segundo, por su espíritu bressoniano al cual me es imposible resistirme y por último por volverse fuera de la pantalla, una de las experiencias cinematográficas más satisfactorias a nivel profesional al ser ganadora de la primera competencia de festival que he tenido la oportunidad de participar en su programación. Su triunfo crece al ser una película que por cuestiones de su calendario de estrenos, estuvo a horas de quedar fuera y cuyo desenlace terminó en volverse en una historia de confianza y complicidad con sus directores y productores. En fin, en su belleza estética, en su mirada empática y en esta historia fuera de campo, encuentro una esperanza para seguir trabajando en este mundo de egos, poder y agentes de venta. 

Una canción: M Ward – «Lets Dance». Utilizada por Angela Schanelec en Ich war zuhause, aber… en una escena complejamente emotiva y que funciona como un rarísimo paréntesis narrativo. Su toque de absurdo, que también se encuentra a lo largo de toda la película otorgando un bizarro toque de comicidad y con ello, una fuerte tensión en relación con la carga melancólica de la temática de pérdida y muerte… Esto hace que esta escena en particular, así como toda la obra, después de múltiples revisiones, me siga resultando una maravilla bellísima e indescifrable. Como debe ser.

Un doble programa: Autohystoria de Raya Martín – Sete Anhos en Maio de Affonso Uchoa – Geschichtsunterricht de Danielle Huillet y Jean Marie Straub. Extensos y fascinantes planos secuencias de personajes transitando. Una economía austera del montaje, empleado más que con consciencia, con sabiduría. Revisiones político histórico formales sobre la violencia. En dos hay carros y en dos hay extensos discursos. Un programa denso de obras que a cada cuadro,se cuestionan a sí mismas en cada corte, encuadre, palabra o elemento corpóreo.

Un texto: Todo el devastador Ma Mere Rit de Chantal Akerman, texto que por fin pude leer este año gracias a su publicación anglosajona. 

Un fotograma y este año me di cuenta que…: Este año hice consciente el goce que me generan las manos en el cine. Realicé un rápido ejercicio de memoria, recordando algunas manos que me cautivaron en este 2019. Acá va, top de manos en el cine 2019. ¡Que viva Bresson!

Ich war zuhause, aber… – Angela Schanelec

O Que Arde – Oliver Laxe

MS Slavic 7 – Deragh Campbell y Sofia Bohdanowicz

Derriere les volets – Messaline Raverdy

Ne croyez surtout pas que je hurleFrank Beauvais

Vitalina Varela – Pedro Costa

Those That a Distance Resemble Another – Jessica Sarah Rinland

Ghost Strata – Ben Rivers

La promesa del 2020: Cinco promesas: Ted Fendt. Affonso Uchoa. Eduardo Williams. Jodie Mack. Sofia Bohdanowicz

Película testamento: Visita ou Memórias e Confissões de Manoel de Oliveira. Literalmente, un testamento fílmico con el que De Oliveira tuvo un pequeño triunfo sobre la muerte, al decidir sus últimas palabras cinematográficas con tanta anticipación en este, el cierre de su infinito legado artístico. Seleccionar está película me parece una decisión tan obvia que hasta da pena. Sin embargo, disfruto mucho el cuestionamiento temporal a la que invita. La que para mi es la mejor película testamento de esta década, ¡es de 1982! Me gusta pensar que con este gesto, los más de 25 filmes realizados tras Visita ou Memórias, como todo un compendio de obras póstumas. O mejor, como el cuerpo de trabajo de un fantasma que durante 33 años trabajo en extender esta sensible, críptica, íntima y enigmática auto-elegía.

Película maldita: No creo que sea una película maldita, pero si una película que merecía una mejor suerte en visibilidad y recepción. A Vingança de Uma Mulher de Rita Azevedo Gomes es una obra maestra absoluta. 

Flautazo: John Wick. El vulgar auteurism vive. La vi muchos años después de su estreno, no queriendo aceptar o caer en su buzz inicial. Después, me rendí ante esta maravillosa abstracción coreográfica de ese complejo proceso llamado duelo. John Wick es un conmovedor y vertiginoso neo-western sobre ese doloroso proceso que es transmutar el duelo. 

Una escena de la década: Una(s) escena(s).

Kaili Blues (Gan Bi, 2015) El plano onírico y virtuoso plano secuencia de 30 min.

Cinco escenas que rescatan y trabajan sobre un espíritu baziniano. 

1.-Un seguimiento sostenido de un angustioso y existencial cabalgar que nos invita a pensar en el fin de un arte (boj) o de una era (lol) o de un cineasta (:,( ). 

2.- ¿Que el digital apesta? – dijo un húngaro. Bueno…  Un falso plano secuencia -sólo posible gracias a la practicidad del medio digital – que consiste en un fluido tránsito de diversos puntos de vista (Agua, sangre, barco, pez, oleaje,  gaviota, cadena, te hundes, te ahogas, vuelas, respiras… el monstruo del capitalismo frente a ti, estoico devorando la natura) gracias a un mágico e inigualable ejercicio de montaje. 

3.-¿Alguien dijo magia? Tom Cruise, el multimillonario stuntman que se conjunto con un tal McQuirre (¿?) quien resultó ser un hitchconiano de sepa para realizar este  (¿valdría utilizar el término «herzogiano capricho»?) apabullante acto circense que encuentra su espíritu cinematográfico en esa noción absurda del goce por realizar un magnánimo y disfrutable gesto inútil pero maravilloso. ¡Oh, la fábrica de sueños!

4.- ¿Sueños? El cine es sueño, ¿no? Otra vez, gracias digital (En tu cara, Bela Tarr). Que mal que perdimos a este genio prodigio tan pronto. Un horror su segundo filme. RIP. 

Un intérprete de la década: Kim Min Hee recibiendo el premio a nombre de todo el ensamble actoral incondicional y recurrente en el cine del más grande.  ¿Las razones? Top 5 de Kim: 

Ahora, en confianza, tomo la invitación de divertirme con la lista y extiendo las preguntas realizadas para el 2020, a la década. 

Una Película

Mmm…no he mencionado a Godard. 

Grande, Godard.

La que quieran de Godard. 

Aguante, Godard

Una  5 canciones en una cinco películas:

Love is a song – DJ Soulscape en Rak Ti Khon Kaen de Apichatpong Weerasethakul

Speak Low – Nina Hoss en Phoenix de Christian Petzold

https://www.youtube.com/watch?v=taJ7F5thk9A

Bailando – Paradisio en הגננת‎ de Nadav Lapid

Tu serás mi baby – Les Surfs en Tabú de Miguel Gomes

Maledetta Primavera – Loretta Goggi en Sieranevada de Cristi Puiu

Un doble programa de la década: Twenty Cigarettes de James Benning y Manakamana de Stephanie Spray y Pacho Velez. Demasiado fácil, ¿no?

Un texto: Voy de cancheros y tribunero: Siete veces Zama de Ramiro Sonzini y la Trivia de Viola de @Jotafrisco

Un fotograma: Esta imagen me ha perseguido por años. Me parece tan mundana como cautivadora. El vómito de un ebrio personaje hongiano. Los invito a perderse en este still de Oki’s Movie donde un pulpo mal engullido sin masticar, contiene un simbolismo existencial de orden trascendental. Solo Hong. 

Que siga la confianza, ¡otra lista invertida!

Promesas del 2019: Jorge Jacome, Anna Sofie Hartmann, Graham Swon, Jessica Sarah Rinland.

Pelicula testamento: ¿Cuenta The Irishman?

Flautazo: Subject to Review de Theo Anthony. Aún no decido las razones por las cuales estaría en esta sección. 

Una escena: En John Wick 3 hay una escena con un detalle muy particular. John viene huyendo de un pandilla de asiáticos. Entra a un cuarto de antigüedades, bloquea la puerta. Tiene unos segundos de ventaja sobre sus perseguidores y afortunadamente, varias armas a su disposición. Sin embargo, en un gesto carente de sentido si no que un poco suicida, John decide armar un arma particular con piezas antiguas. Sacrifica su ventaja, que le aumenta porcentaje a su probable supervivencia, para darse un pequeño gusto y disparar un arma, que entiendo le resulta particular, y que solo le permitirá dar un disparo, ni siquiera será una metralleta o yo que sé, un arma que le garantice acabar con todos los que vienen por el. Siento que en este detalle, que resulta imperceptible en la vorágine de movimiento, color y violencia del metraje, existe algo más. ¿Es esto una invitación al goce estético formal de las obras desprendiendonos de la funcionalidad? No lo sé.

Una intérprete: This girl, tsh tsh…


José Luis Torrelavega

Una película: Mektoub, My Love: Canto uno, de Abdellatif Kechiche (no es de este año, pero ha sido durante este año cuando la hemos podido ver fuera de los festivales).

Una canción: Es muy buena la idea de enlazar a Sharon Tate con “The Circle Game” de Joni Mitchell (vía Buffy Sainte-Marie).

Un doble programa: Sería triple programa más bien. Ya se ha dicho, pero es muy impresionante ver el último Almodóvar como el tercer capítulo de La ley del deseo y La mala educación (incluso aunque en mi opinión esté por debajo de esas).

Este año me di cuenta que…: Tampoco es algo nuevo, pero el culto a la novedad, a la polémica visceral, al totalitarismo del “fan” desquiciado (más allá del racionalismo obsesivo por el detalle nimio de su objeto de adoración) es algo ya omnipresente e insoportable. De igual manera, la veneración hacia series de televisión formalmente nulas (cada semana un acontecimiento), y el delirio censor por motivos “progresistas” pintan un panorama penoso. Se dirá que se puede huir fácilmente de ello, que podemos hacer nuestro propio espacio al margen. Pero, en lo referido al cine, sigue siendo muy complicado acceder a según qué títulos del pasado en buenas condiciones, si es que se puede llegar a ellos. En España, la edición en DVD y Blu ray está bajo mínimos, y los servicios de televisión desprecian o ignoran toda la tradición cinematográfica más allá de lo más trillado.

Un texto: «La ciudad desnuda” de Alberto Ruiz de Samaniego es un gran libro no estrictamente de cine en torno a una película (“Un homme qui dort”, de Georges Perec y  Bernard Queysanne). También el texto de Víctor Vázquez sobre “Dolor y Gloria” en la revista SoFilm, y los artículos de Bozon en la misma revista. Y no sólo ellos: siendo una revista de cine desde lo periodístico, allí se publican, curiosamente, las mejores reseñas en una revista española. 

Un fotograma: Un director de cine nada dado a hacer manifiestos sobre su oficio, haciendo uno de la manera más sutil:

La promesa del 2020: S. Craig Zahler: cada una de sus películas es mejor y más depurada que la anterior. Tal vez con tendencia a la desmesura en la duración y en las ganas de impactar; pero desde luego, le veo muy consciente de los defectos de estilo que estropearon bastante su western, y piensa en términos de puesta en escena muy raros en el cine de género actual (que casi no existe, por otro lado). El problema es que termine en la televisión, dada la dificultad para llegar a los cines.

Película testamento: Gebo et l’ombre (2012) de Manoel de Oliveira. Aunque hizo alguna cosa más chica después, creo que es una de sus películas más bellas.

Película maldita: Aunque no sé si es muy acertada en este espacio, ya que tiene muchos admiradores, diría Restless de Gus Van Sant: una de las mejores películas de este siglo, con la pureza de los melodramas más clásicos y con la frescura de lo que un día se consideró cine independiente (pero ninguno de sus “tics”.)

Flautazo: No se me ocurre, la verdad… Me suelen gustar sobre todo los cineastas con cierta personalidad -de estilo ante todo, pero a veces un poco también de temas-, y es raro que haya una película de uno que no la tiene que me parezca interesante, o una de uno que me interesa que me disguste por completo. Diría (por citar una reciente), Ford v. Ferrari de James Mangold. A lo mejor me sorprendió con la guardia baja, pero me pareció  muy buen cine popular.

Una escena de la década: Cuando Tom Hanks llega hecho polvo a su casa y se deja caer sobre su cama al final de Bridges of Spies de Steven Spielberg. O tantas de Twin Peaks: The Return

Un intérprete de la década: Emma Stone: tan luminosa y dotada que no ha podido destruir la fascinación que nos provocó en aquellas inolvidables Superbad, The House Bunny o Easy A. Y mira que ha hecho bodrios después… (de prestigio, o sea, más bodrios aún).


Marcelo Alderete

Una película: Me hizo muy feliz Once upon a time… in Hollywood. Además Hong Sang soo se tomó un merecido descanso, así que… La de Tarantino me recordó el placer de ir al cine. Me hizo volver a ser ese adolescente que salía fascinado de ver una película y se volvía a meter al cine, inmediatamente, para volver a verla.

Una canción: Y bueno, tiene que ser «Out of time» por los Rolling Stones en Once upon a time… in Hollywood, que suena cuando Cliff Booth y Rick Dalton vuelven de Italia («You don’t know what’s going on, You’ve been away for far too long») y saben (sabemos) que una era y una amistad llegaron a su fin. Hasta lo dice la voz en off de Kurt Russell. Y sigue sonando mientras las marquesinas de restaurantes, bares y cines se encienden (en una secuencia que bien podría ser un cortometraje de Thom Andersen) y nos preparamos para el «gran finale» que, aquellos que consumimos todo ese cine italiano hermoso y berreta de la década del 70 (hablo aquí de mí y mi hermana), supimos apreciar con risotadas y lagrimas en los ojos.

Un doble programa: Para ver con un desfibrilador a mano: Un maldito policía (Bad lieutenant, 1992) – Abel Ferrara / Uncut gems – Josh & Benny Safdie

Este año me di cuenta de…: Me tengo que mantener alejado de la mafia de mis colegas y acercarme a los buenos. Aunque a veces se me mezclan.

Un texto: Los dos libros de Quintín: «La vuelta al cine en 40 días» (Ediciones Paidós) y «Los años irreverentes. Escritos completos en El Amante/Cine. Volumen 1» (ASL Ediciones). Son una maravilla y una muestra innegable del talento de Q, uno de los mejores críticos de cine del mundo. (Ok, en uno de los libros aparezco mencionado, así que mi juicio es bastante parcial, pero eso no quita que sea lo que realmente pienso). Y agrego un pedido de fin de año: ojalá Quintín abandone Twitter de una vez por todas.

Un fotograma: La discusiones sobre qué es cine y qué no (Scorsese vs. Marvel) o quién produce las películas (Netflix, Amazon, tu vieja) o si las series son o no cine, me parecen útiles solo a la hora de hacer chistes en las redes sociales. Por lo tanto, les dejo este fotograma de una de las grandes películas del año, que ademas es un cortometraje, producido por ESPN (what?), con ustedes la gran Subject to review de Theo Anthony. Y tratando de capturar la imagen mencionada, encuentro otra, uno de los momentos más divertidos del año: Wesley Snipes como el peor director de cine de la historia en Dolemite is my name, pidiendo “Azione”.

La promesa del 2020: Clarisa Navas (de acá), que estrena dentro de poco su nueva película Las mil y una en el festival de Berlín y una banda de coreanos, todos ellos con nuevas películas en algún estado de producción: Jang Woo-jin, Kim Dae-hwan, Yoon Sung-hyun & Jang Kun-jae.

Película testamento: No tengo la lista a mano de los directores que se murieron este año. Pero fue el año en el que se fueron dos de mi favoritos: Stanley Donen y Jonas Mekas. Mekas filmó, casi, hasta el final de su vida y Donen no, a la industria del cine hollywoodense solo le gustan los ancianos para homenajearlos. Pero ya que estamos hablando de homenajes, no me gustaría despedirme sin nombrar al actor Jan-Michael Vincent, quien también nos dejó este año y cuyo espíritu (y «rubiez”) sobrevuela la película de Tarantino y, además, supo protagonizar, al menos, tres grandes películas de mi canon personal: The Mechanic (Michael Winner, 1972), White Line Fever (Jonathan Kaplan, 1975) y Big Wednesday (John Millius, 1978)

Película maldita: No sé si maldita, pero Tommaso de Abel Ferrara debería haber sido más vista, pero las torpezas de los distribuidores (extranjeros, aclaro) y ciertos directores de festivales (en la semana del Festival de Cannes se vieron las nuevas tonterías de Xavier Dolan y Gaspar Noé y no la de Ferrara), lograron que una película de uno de los directores de la década, aprovecho para sumar este dato, no se viera como merecía. Incluso la propia mujer del director (protagonista junto a su hijo) la presentó en su premiere mundial diciendo: «No esperen mucho de la película». Sin embargo sí hay que esperar mucho de Tommaso, un psicodrama por momentos brillante y por otros ridículo, pero con una vitalidad que se extraña. Ojalá algún festival porteño la rescate.

Flautazo: No sé si una gran película, pero no la pase mal viendo Men in Black: International en un avión. Pero a tantos metros de altura, la percepción cambia mucho. Y ademas tengo cierta debilidad por la saga en cuestión, pero no se lo cuenten a nadie.

Una escena: SPOILER. El final de Uncut gems. Aunque no me gustó, me afectó emocionalmente como pocas veces en el cine reciente. ¡Con Adam Sandler no, viejo!

Un interprete: Ver a Adam Sandler y a Eddie Murphy ofreciendo dos de las mejores actuaciones del año (Uncut gems y Dolemite is my name, respectivamente), mientras que los británicos Jonathan Pryce y Anthony Hopkins (ambos en esa cosa de los dos Papas) y Judi Dench e Ian McKellen (en esa otra cosa llamada Cats) dan lastima por un sueldo (suponemos que muy abultado), me pareció una venganza hermosa. Se siente bien cuando el tiempo ordena las cosas


Enrique Mendez Valverde

Una película: Liberté – Albert Serra. ¿Qué es la libertad? ¿O el libertinaje? Una película hecha con mucho de ambos, por seguro.

Una canción: Iggy Pop – «The Passenger» (La Gomera – Corneliu Porumboiu). Nada puede salir mal si una película comienza con Iggy Pop, definitivamente así lo fue. ¡Gran película!

Pasi – «Odavno» (Teret – Ognjen Glavonic). Tema que cierra con agitación una película de duelo. 

Los Bravos – «Bring a Little Lovin’» (Once Upon a Time in… Hollywood – Quentin Tarantino). Soul hispano en la película más anti-hippie del año. Vacilón puro.

«Pass The Dutchie» – Musical Youth (Ray & Liz – Richard Billingham). Otra película que es vacilón puro.

«A Punk Killed/Murdered» – Total Chaos (Bomb City – Jameson Brooks)

Un doble programa: Vitalina Varela – Pedro Costa – 2019 / Ossos – Pedro Costa – 1997. La mirada de un pequeño sector portugués a través de tres décadas sigue siendo la de un campo de batalla suburbano para Pedro Costa. Ambas notables películas, la más antigua fue la primera que vi de él.

Este año me di cuenta que…: No hay política pública que vaya a terminar de solucionar lo que hace falta para el cine peruano este año. Se necesita una Cinemateca y cuota de exhibición para beneficio de todas las películas hechas en el país.

Un texto: El libro completo de Latino-América Radical.

Un fotograma: Summer of 84Anouk Whissell, François Simard, Yoann-Karl Whissell. La película de aventuras con más sangre en el año.

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Atlantique – Mati Diop. La mejor película de género (fantástico) en el año.

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La promesa del 2020: Joshua & Ben Safdie.

Película testamento: Varda by Agnès – Agnés Varda.

Película maldita: Fango – José Celestino Campusano

Flautazo: The Dark Knight Rises – Cristopher Nolan

Una escena de la década: Toda la matanza entre pandillas rivales. Why Don’t You Play in Hell – Sion Sono

Un intérprete de la década: Joshua Burge, intérprete en varias de las películas de Joel Potrykus.


Sol Bolloqui

Una película: The World is full of secrets, Graham Swon. Seguramente sea caprichosa esta elección, pero esta película me quedó impregnada. La pensé por varias semanas y no puedo entender como tantos fundidos encadenados pueden funcionar tan perfectamente. Siete años en Mayo, Affonso Uchoa. Ambas películas, desde lugares y urgencias muy disímiles, recuperan la potencia del relato oral (en toda la extensión que necesite).

Una canción: Es 2017, no se si vale. La música en general de Arabia, de Affonso Uchoa y Joao Dumans. Pero bueno, cuando Cristiano empieza a contar su historia.

Y 2019, en Portrait de la jeune fille en feu, porque no me esperaba este momento.

… una yapa de serie, pero en The Handmaid’s Tale aparece Kate Bush y es un momento desgarrador.

https://www.youtube.com/watch?v=pSCQPSrlNbk

Un doble programa: No se si es un doble programa pero siempre pienso en Arabia, de Uchoa y Dumans con La salida de los obreros de la fábrica de los Lumiere. Un poco pensando en la historia del cine retratando trabajadorxs, y que pasa cuando son lxs trabajadores los que cuentan. De repente Arabia y Cuerpo de Letra, de Julián D’Angiolillo, pero serían ambas bastantes contemporáneas.

Este año me di cuenta que…: Hay que buscar los aliades precisos para que esa fragilidad que implica materializar una película sea posible.

Un texto: Una frase que me volvió a aparecer entre papeles: “Para que un plano merezca la pena, es necesario que ‘algo queme en el plano’. Eso que quema, es la vida y la presencia de las cosas y de los hombres que la habitan”. Jean-Marie Straub citado por Alain Bergala en su libro “La hipótesis del cine”.

Una entrevista a Agüero. Porque Agüero siempre SI 
https://www.revistaarcadia.com/cine/articulo/ignacio-aguero-y-la-divagacion-como-estrategia-antisistema/78927

Quizás Sonzini escribiendo «Siete veces Zama». Por lo minucioso. 
http://www.conlosojosabiertos.com/60-columnas-02-siete-veces-zama/

Un fotograma: L’Île aux oiseaux

La promesa del 2020: Voy por realizadores/ras latinoamericanxs que tienen mi atención : Affonso Uchoa / Tatiana Mazú / Fernando Restelli / César González / Gustavo Vinagre / Juliana Antunes. Y espero las próxima película de Julián D´Angiolillo / Colectivo Rabia.

Película testamento: Abbas Kiarostami – Like Someone in love. Ella recorriendo el taxi escuchando mil veces el audio de su abuela. Igual estamos repletos de tremendas despedidas esta década. Me da pudor decirlo pero llegué desordenada y tarde a todo Mekas y lamento mucho eso, porque despejé muchas variables cuando empecé a verlo.

Película maldita: No es maldita, recién empieza su recorrido en el gran Transcinema pero como todavía no pude verla en un festival por acá y me encantaría que eso pase, Caperucita Roja de Tatiana Mazú. Creo Yasirée Trance de Rocío Barbenza, también debería haber tenido más recorrido; una rareza que siento hoy sería muy festejada. Lo bueno es que está haciendo una próxima película.

Una escena de la década: Asi, pedazos que se me vienen a la cabeza.
El juego final de Siete años en mayo de Affonso Uchoa. 
El principio de Sip’ohi, el lugar del manduré de Sebastián Lingiardi. Fue muy significativo para un momento de nuestras vidas con Lucia Salas y Fermin Acosta haciendo Implantación (¿Película maldita?) Igual que Cuerpo de Letra de Julián D’Angiolillo. Aparecieron en el momento justo para enfocar de nuevo el sentido de lo que estábamos haciendo. 
El final de Still Recording.
La desconcertante entrada y salida de los personajes en plano en Zama.
Les niñes recitando en Una Luna de Hierro (el cortometraje más hermoso del mundo)
Todo Ana Vaz y sus rarezas
Los meteoritos pixelados de Meteors
La serie de manos en Una película hecha de
La escena de la lambada en John From
No me acuerdo escenas sino pedazos, pero todas las derivas de Nunca subí el Provincia
Por siempre y encima de todo, esta escena de Morir como un hombre:

Un intérprete de la década: Vitalina Varela, Zhao Tao en Mountains May Depart, me parte el corazón. Julia Katharine, Lembro Mais Dos corvos (otra destacada). Adriano Tardiolo en Lazzaro Felice 


Eloísa Solaas

Una película: State funeral, Sergei Loznitsa

Una canción: Aparece al final de los créditos de Las Buenas Intenciones. Además de ser un tema hermoso, es un hit de Sorry, banda del padre de Ana, Javier García Blaya, con Pablo Fischer (que en paz descansen ambos), Pao Pelzmajer y Sebastián Orgambide, y los vi en vivo en varias oportunidades. El video podría ser una coda de la película.

Un doble programa: Zombie Child / The Mad Masters / I walked with a Zombie.

Este año me di cuenta que…: Los creadores de memes son los verdaderos artistas conceptuales de la época, basta de gente robando con bananas pegadas a la pared con chonflex. Ya lo pensaba el año pasado y el anterior, pero este año con mayor radicalidad.

Un texto: Terminar y presentar Las facultades fue tanto trabajo que el tiempo de ocio fue escaso y casi no leí textos sobre cine de 2019. Algo autorreferencial, pero sí leí dos textos muy lindos sobre Las facultades: el de Malena Solarz para LVU, y de Lucía Salas “Cine argentino radical: La vida todos los días”. ambién me acompañaron todo el año los Diarios de Ruiz, pero vienen del año pasado.

Un fotograma: Me gusta mucho como actúa de público el público del unipersonal de Asier Etxeandia en Dolor y Gloria. No pude bajarme la película para screenshot.

La promesa del 2020: Sarah Jessica Rinland. Felipe Galvez . Louis Garrel. Affonso Uchoa

Película testamento: No Home Movie (Chantal Akerman)

Película maldita: Road to Nowhere (Monte Hellman)

Flautazo: Esta pregunta es dificilísima. Otro votante me sopló la suya y me pareció excelente pero no me voy a copiar. No creo que haya muchos casos de “accidentalmente buena” porque los que toman malas decisiones en general arruinan lo que es accidentalmente bueno que es el cine.

Una escena: Aproximadamente a la hora y diez de Fango, El Brujo le habla a El indio de que el tiempo se le viene encima y la vida es una lucha constante contra la decrepitud, luego le pide que toque un tema en la guitarra. Igual Fango está llena de buenas escenas.

Un intérprete: Juliette Binoche y Edgardo Castro.


Pablo Conde

Una película: Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018). Inexplicable no-estreno en Argentina, el tercer largo de Zahler es más que una confirmación: estamos ante uno de los grandes nombres de esta década.

Una canción: Todas las kolombias que suenan en Ya no estoy aquí (Fernando Frías de la Parra, 2019), representadas por el tema principal:

Un doble programa: Bliss (Joe Begos, 2019) y Mandy (Panos Cosmatos, 2018): dos certeros ataques a los sentidos, pura adrenalina. El cine de género está pasando un excelente momento, como demuestran estas dos pesadillas cinematográficas, opuestas, pero complementarias, a la vez.

Este año me di cuenta que…: está más que bien no ver todo lo que uno «tiene» que ver. Todo lo contrario, de hecho…

Un texto: El genial dossier de Senses of Cinema sobre Peter Strickland – http://sensesofcinema.com/issues/issue-91/

Un fotograma: Willem y sus ojos, en The Lighthouse (Robert Eggers, 2019)

La promesa del 2020: Fernando Frías de la Parra. Tras Ya no estoy aquí, todo es posible.

Película testamento: Antes que el diablo sepa que estás muerto / Before the Devil Knows You’re Dead (Sidney Lumet, 2007). Insuperable final de carrera para alguien que filmó genialidades como Serpico y Tarde de perros.

Película maldita: Aaaaaaaah! (Steve Oram, 2015), debería ser un film de culto, no uno oculto…

Flautazo: The Disaster Artist: Obra maestra (James Franco, 2017): única en su filmografía como director.

Una escena de la década: Gordon Cole (¿o David Lynch?), hablando en París con Monica Bellucci en Twin Peaks: The Return. No, no, LA escena de Norma y Ed. No, no: el episodio 8, completo. No, mejor, toda la tercera temporada de Twin Peaks.

Un intérprete de la década: Adam Driver. Por afano. Lo que sea que haga, está mejor que bien.


Martín Farina

Una película: Space Dogs

Una canción: «Delorean Dinamyte» de Todd Terje. Hace varios años, usamos este tema como referencia para una escena de fiesta, mientras editabamos con Marco Berger, el primer corte de Taekwondo. Y este año cuando vi la peli de Maradona que empieza con ese recorrido en un 147 (creo) y suena todo el track me gustó muchísimo..

Un doble programa: Lonely rivers, me gustaría proyectarla con Blisfully yours, de Apichatpong Weerasethakul.

Este año me di cuenta que…:  que es el primer año de mi vida, que estuve más tiempo trabajando con películas que viendo. Creo que no es bueno.  

Un texto: Sé que no es políticamente correcto, pero la verdad es que el texto que me llevo del 2019 es uno más bien breve que escribió Marcela Gamberini para con los ojos abiertos sobre El Profesional, una película que hice sobre Raúl Perrone.

Un fotograma: Space Dogs

La promesa del 2020: Espero con muchas ganas la nueva película de Manque La Banca

Una escena de la década: Varias de la peli de Diego. Pero hay una que se queda en silencio como un minuto…

Un intérprete de la década: Edgardo Castro


Gary Mairs

Este año me di cuenta de que lo que más valoro en una película es algo que casi nunca veo: esos pasajes excepcionales – casi siempre hacia el final – en el que de repente un agujero se abre en la historia y todo puede pasar. Gena Rowlands finalmente subiendo al escenario, borracha, en opening Night. “Rhythm of the Night” estallando después de 90 minutos de desierto y Benjamin Britten en Beau Travail. El micrófono entrando y saliendo en Close Up. Sandra Hüller y su canción en Toni Erdmann, mi película favorita de la década. Lo más asombroso – después de una docena de proyecciones, todavía no puedo creerlo del todo – los últimos cuarenta minutos de La mamá y la puta mientras va dando tumbos del el monologo brutal a Edith Piaf, y a Alexander hundiéndose en la pared mientras Veronika vomita, discretamente, fuera de campo. 

La película que más me gustó este año, Parasite, jamás dio en esa tecla de inevitabilidad inesperada pero si se las ingeniaba para estar siempre dos pasos adelante, derrumbando quedamente todo lo que creía entender escena a escena. Me gustaría ponerla junto a la sublime y menospreciada Le Bonheur de Agnes Varda: si la película de Varda es un “durazno veraniego con sus colores perfectos en el que adentro hay un gusano”, Bong usa los duraznos como armas mientras nos muestra qué sienten los gusanos al respecto. 

Fui a ver Once Upon a Time in… Hollywood esperando salir horrorizado – las últimas películas de Tarantino fueron tanto horrorosas como desagradables, además siempre tuve una gran fascinación con la familia Manson (y la esperanza secreta de alguna vez hacer una película sobre esa historia). Así que cuando los asesinos llegan a Benedict Canyon y la radio proclama “12:30 (Young Girls Are Coming to the Canyon),” fue genuinamente shockeante: primero, que dio tan en el clavo – que escuchó cuán siniestras son esas armonías exuberantes – y segundo, que en vez de hacer jugar su belleza contra las acciones atroces por unas risas, dejó que la canción le hable a la historia, abriéndolas al mismo tiempo.  

Una promesa para el 2020: muchos estadounidenses parecen estar convencidos de que los jóvenes trans son los miembros más quisquillosos de la generación más quejosa, terriblemente serios y listos para demandarte si decís mal sus pronombres. Lyle Kash prueba lo equivocados que están con Death y Bowling, su ópera prima, un largometraje de ficción que es su tesis y divide las diferencias entre Fassbinder y Waters, destrozando alegremente todos los preconceptos con un elenco 100% trans (haciendo de trans, cis, hétero y queer), riéndose de (y a veces empleando con habilidad) los tópicos más sagrados del cine queer, apuntando a una audiencia masiva sin un momento de concesión a sus miedos o malentendidos. Y su nuevo guión es aún mejor. Y finalmente, el mejor libro sobre cine que leí en años fue publicado en 2001: volviendo a los ‘30s (y por lo tanto saltando más allá del miasma de blabla estructuralista/semiótico/lacaniano), How a Film Theory Got Lost de Robert Ray me abrió nuevos territorios en todas las direcciones.


Miguel Zozaya

Una película: Creo que ninguna película de estreno ha sobresalido muy notablemente sobre el resto para mí (también me faltan muchas por ver, algunas bastante celebradas). Más que destacar una película concreta, quiero mencionar aquí un proyecto que me entusiasmó: se trata de un trabajo de Jonás Trueba conformado por distintas piezas largas, una “experiencia de cine inmersivo con jóvenes adolescentes” (tal y como se describe en la web de su productora) bajo el título global Quién lo impide. En el Festival Punto de Vista pude ver tres de las cuatro obras que lo integran por el momento: “Solo somos”, “Tú también lo has vivido” y “Si vamos 28 volvemos 28”.

Una canción: Ha habido muchos momentos musicales memorables en las películas vistas este año y me cuesta ordenar todos para elegir mi favorito, así que diré lo primero que me vino a la cabeza. En el Festival de San Sebastián  hubo dos momentos trap (ahora que cierta crítica ya está intentando enterrar el género tras haberlo “agotado”) especialmente pregnantes: la ducha de Greta Fernández al son del “Miedo” de Albany en La hija de un ladrón (Belén Funes) y las chicas de Zombi Child”(Bertrand Bonello) cantando a capela el “N. J Respect R” de Damso.

En DocLisboa también vivimos hermosos momentos musicales, como las locuras sintetizadas de Felix Kubin en Felix in Wonderland (Marie Losier), el góspel de Hampton (Kevin Jerome Everson & Claudrena N. Harold) o incluso esos fragmentos de vídeos domésticos y stories de Instagram en los que el fallecido Lil Peep versionaba a Sum 41 y My Chemical Romance en el documental Everybody’s Everything (Sebastian Jones & Ramez Silvan). Pero, sin duda, si pudiera dar un premio musical se lo daría a Miguel Lobo Antunes por todas las canciones cantadas en el coche, especialmente la titular, en Technoboss (João Nicolau). Y por bailar a Las Ketchup.

Un doble programa: “Unas preguntas” (Kristina Konrad, 2018) y “Un mito antropológico televisivo” (Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo, 2011): formas distintas de antropología televisiva para hacer cine y hacer historia con material de archivo. (la más vieja no es nada vieja en realidad, aunque 8 años en mi vida se antojan una eternidad, y me pareció un diálogo interesante).

Este año me di cuenta que…: Lo nefasto que puede llegar a ser conocer personalmente a algunos directores de cine (hasta ahora había tenido demasiada suerte, supongo).

Un texto: “La Codorniz. De la revista a la pantalla (y viceversa)”, de Aguilar y Cabrerizo, publicado por Cátedra y Filmoteca Española: una obra monumental para comprender las distintas corrientes y desviaciones de la comedia cinematográfica española y sus relaciones con el humor gráfico y literario.

Un fotograma: No está escogido por su valor plástico –es prácticamente el único que he encontrado de la película, y el archivo no tiene gran calidad–, pero este fotograma sirve para ilustrar uno de los momentos más felices presenciados este año: la ilusión de poder volver a ver a mi paisano Joaquín Roa (a la izquierda, de perfil, con bufanda) confraternizando con esa gran banda de actores españoles de los años cuarenta (Conchita Montes, Manuel Requena, Julia Lajos…) bajo la dirección de Edgar Neville en Café de París, considerada perdida durante décadas y felizmente recuperada recientemente gracias a la colaboración de Filmoteca Española y Filmoteca de Zaragoza. Ojalá más reencuentros así.

La promesa del 2020: Me ha salido paritario: S. Craig Zahler y María Aparicio.

Película testamento: Me sirven las dos últimas de Raúl Ruiz (1941-2011), ya que es todavía más difícil despedirse tras una larguísima carrera con dos obras de la altura de Misterios de Lisboa (2010) y La noche de enfrente (2012).

Película maldita: Es un poco trampa por no ser de esta década, pero la injusticia es todavía más terrible: Bruja, más que bruja (Fernando Fernán-Gómez, 1976) tuvo toda la mala fortuna del mundo en su época, y lamentablemente tampoco recibió la atención merecida su reestreno en 2016, que debería haber supuesto poco menos que un acontecimiento mundial.

Flautazo: Bridesmaids (Paul Feig, 2011). No es que considere a Paul Feig un pésimo director –tal vez lo sea, pero también los hay peores–; realmente apenas le tengo en consideración como director (de lo más destacable en su carrera como realizador seguramente sean algunos capítulos de Arrested Development y The Office). Lo que da verdadera lástima es que este tipo, que creó Freaks & Geeks y dirigió la que tal vez sea mi comedia favorita de la década cuando apenas arrancaba (aunque ya sabemos que, en este caso, la mayor parte del mérito recae en las guionistas, el reparto y el productor), haya llevado una carrera posterior tan errática y tenido tan mal gusto como para acabar haciendo una cinta navideña con la peor actriz de Game of Thrones.

Una escena de la década:

https://www.youtube.com/watch?v=O52pVCDrB_E

Un intérprete de la década: Bárbara Lennie <3


Giovanni Comodo

Una película: 2019 fue un año espectacular para el cine, el tipo de fecha que al ser mirada en años por venir mirada la gente pensará: “¿Podés imaginar que todos estas películas se estaban proyectando, así nomás?”, como miramos a 1939, 1954, 1982, 2006 y muchos más. Un año con grandes, intrépidos y únicos trabajos de Clint Eastwood (The Mule), Rita Azevedo Gomes (A Portuguesa), James Gray (Ad Astra), M. Night Shyamalan (Glass), Abel Ferrara (Tommaso)… pero Pedro Costa la sacó del estadio: Vitalina Varela no solo es la mejor del 2019, pero el mejor film de la década. Su trabajo más audaz y clásico, un show de belleza hipnotizante, fuerza y compromiso con la gente (frente a cámara y en el público).

Una canción: Es difícil elegir un momento de Ad Astra de James Gray y Max Richter, una sinfonía de color, sonido y corazón puros, así que me quedo con los pocos segundos de Asier Etxeandia bailando a «La vie en rose» de Grace Jones en Dolor y Gloria de Almodóvar – tan grande es ese momento que casi nos olvidamos de la gran escena con Penélope Cruz y las otras mujeres cantando a la orilla del río mientras lavan la ropa.

Un doble programa: Double double: Sorry we missed you (Ken Loach) + Ladri di Biciclette (Vittorio De Sica). Long Shot (Jonathan Levine) + Ball of Fire (Howard Hawks)

Este año me di cuenta que…: esto puede parecer muy simple: encontrar a la gente con la que quieres trabajar y hablar con ellos sobre eso. Inténtalo.

Un texto: Este año he traducido al portugués «La Connaissance Totale» de Jean Douchet, sobre «Sansho the Bailiff» de Kenju Mizoguchi, un texto sorprendente y esencial sobre el cine que me encanta y que no estaba disponible en ese idioma. Desde entonces hemos perdido a Douchet, pero su trabajo y su amor por el cine seguirán inspirando a las generaciones venideras. Hazte un favor: lee a Douchet. http://coletivoatalante.blogspot.com/2019/05/o-conhecimento-total.htm

Un fotograma: Los momentos finales de Vitalina Varela. Se necesita toda una vida para filmar algo así. Una pareja, una casa en construcción, una mirada y el gran cielo azul de Cabo Verde.

La promesa del 2020: José Oliveira, cineclubista portugués y crítico de cine durante muchos años, está realizando sus primeros largometrajes en solitario (Os Conselhos da Noite y Guerra saldrán en 2020). Escucharemos sobre él y veremos mucho sus películas en la próxima década, estoy seguro.

Película testamento: Lamentablemente, en esta década también se han visto muchos ensayos cinematográficos que se encuentran entre los trabajos más finos de los directores: Varda, Akerman, Brisseau… Pero mi elección personal es Visita ou Memórias e Confissões de Manoel Oliveira.

Película maldita: Damsels in Distress, de Whit Stillman (2011). Uno de los más finos cineastas de los años 90 rompe un paréntesis de 13 años con esta gloriosa comedia universitaria, llena de encanto, luz y toques de Lubitch, Hawks, F. Scott Fitzgerald, Jane Austen y Dorothy Parker y la gente la ignora o la trata como algo menor. Justicia para Violet y sus amigos! Bis: Blackhat de Michael Mann es una obra maestra salvaje de un director en la cima de sus habilidades.

Flautazo: Hubo un día en esta década en la que Tom Cruise fue a ver a Edward Zwick y decidieron hacer una película de Harrison Ford de los años 90. El resultado fue Jack Reacher: Never Go Back. Si lo piensas bien, esta película de acción muy bien hecha e incluso discreta no es un accidente en absoluto.

Una escena de la década: La escena final en American Sniper. Bradley Cooper baja las escaleras y juega con sus hijos y su esposa con una pistola, antes de salir en compañía del hombre que será responsable de su muerte, más el mizoguchiano disparo final del rostro de Sienna Miller cerrando la puerta con una sensación de fatalidad… sólo resume toda la tensión, la desesperación y la compleja relación que esta familia (y su país) tiene con las armas y la violencia. Y después de eso va ese epílogo con el «noticiero» de su muerte y la pista de Morricone… para terminar con un disparo al ataúd de Chris Kyle. Desvastante. ¿Qué nos dice eso sobre la guerra, amigos? ¿Y algunas personas se alistaron en el ejército después de ella? En fin: Clint Eastwood es el mejor cineasta vivo. Nadie ha hecho tantas obras maestras en esta década, nadie se ha adentrado tanto en el alma, los miedos y las contradicciones de un país en estos últimos diez años.

Un intérprete de la década: Está claro que me cuesta elegir una sola cosa, así que terminaré de la misma manera: Michèle de Isabelle Huppert en Elle, Caprice de Anaïs Demoustie en Caprice, Sienna Miller en American Sniper y The Lost City of Z, Vitalina Varela en Cavalo Dinheiro y Vitalina Varela… imposible de olvidar, imposible de elegir sólo una.


Flavia Dima

Una película: Liberté, de Albert Serra. A pesar de no ser mi película favorita del año (aunque esté en el top), es la que más me ha hecho pensar/reconsiderar/calibrar a mí misma a lo largo del año, en varios momentos. Y fue un honor conocer al Sr. Serra en su mini-retrospectiva en Bucarest, y moderarlo un desafío inmenso.

Una canción: «Pump the Jam», en Synonyms de Nadav Lapid. Simplemente icónica. La tuve en repeat durante semanas.

Un doble programa: Silvia Prieto de Martín Rejtman (1999) espalda con espalda con Ich War Zuhause, Aber… de Angela Schanelec (2019). Como un ejercicio mental posible, imaginen una continuidad entre estas dos obstinadamente distantes líneas narrativas sobre vacío(s) emocional(es).

Este año me di cuenta que…: Quizás más que en cualquier otro momento he estado pensando mucho acerca de quién es exactamente el que da forma a la crítica de cine y qué la ha llevado a su crisis actual, y creo que ese retroceso tanto hacia los reaccionarios como a la publicidad (en cine y la crítica) es hoy más vital. 

Un texto: Aún no ha sido traducido a ningún idioma, pero elijo el libro más nuevo de Andrei Gorzo, The Life, Death and Again the Life of Film Criticism, editado hace dos meses en Rumania.

Un fotograma: La primera aparición de Vitalina Varela en la película homónima de Pedro Costa; mientras desembarca del avión, la cámara se detiene para contemplar sus pies, sumidos en lágrimas.

La promesa del 2020: Eduardo Williams, internacionalmente. Teona Galgotiu, en Romania.

Película testamento: PARALELL I-IV de Harun Farocki. Qué serie espléndida para capturar su cuerpo entero de leitmotifs, temas, preocupaciones y metodología, manteniéndose profundamente contemporáneo y fascinante. (Para serles sinceros, aún no vi su última-última película, Labour in a Single Shot)

Película maldita: No Place for Fools de Oleg Mavromatti solo se proyectó Rotterdam, que yo sepa – y es un found footage absolutamente fascinante, un bricolage de locos canales rusos de YouTube que dice mucho de las regiones más bajas de la cultura online.

Flautazo: Si quieren ir por algo que de tan malo es bueno, busquen en Netflix una película rumana llamada Love is a Story. La comedia de la década.

Una escena de la década: La escena del avión en La Flor, parte V. Simplemente maravillosa. ¿Quién hubiera pensado que ver aviones podrían hacerlo a uno llorar?

Un intérprete de la década: Kim Min-Hee, en todas sus colaboraciones con Hong Sang-Soo.


Patxi Burillo

Una película: Dolor y gloria de Pedro Almodovar. La película me sorprendió gratamente. Agradecí mucho el gesto de Almodovar de abrirse en dos, y el mejor cumplido que puedo hacerle es que salí de la sala con ganas de hacer cine.

Una canción: Voy a elegir dos, que oscilan de alguna manera entre este año y mucho tiempo atrás. La primera de ellas, «Wholy Holy» de Aretha Franklin, en esa joya llamada Amazing Grace. La película es un ejercicio en apariencia sencillo, que esconde en cambio una gran complejidad. Toda una reflexión sobre el cine que trabaja además el archivo de forma magistral. «Wholy Holy» es la primera canción que aparece en el film, y en el momento en que surge la voz de Aretha Franklin, tras los coros y el piano, la película se acerca de pronto hasta un lugar capaz de estremecernos.

La segunda, «I’ll take you home again Kathleen», de Rio Grande, una película de 1950 que redescubrí este año. La sencillez, precisión y poesía de la escena me desmontan.

Un doble programa: Once upon a time in… Hollywoodde Quentin Tarantino, y The Last Movie de Dennis Hopper. Hollywood, westerns, rodajes, drogas, amistad y dobles de acción. Son, sin embargo, las dos caras de una misma moneda; las dos caras de un Hollywood dorado. 

Este año me di cuenta que…: La importancia y la necesidad del tiempo en todas las fases de una película, en el antes, el durante y el después.

Un texto: «Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk» de Antonio Drove. Una auténtica joya reeditada en abril de este año.

Un fotograma: Dos. Dos inicios. De Atlantique de Mati Diop y O que arde de Oliver Laxe. Dos inicios absolutamente hipnóticos y opuestos. Un paisaje desértico marcado por un totem de cristal, y un bosque habitado por luces y formas ancestrales.

La promesa del 2020: Dos cineastas y amigos que han terminado de manera espléndida 2019 y que van a dar que hablar en la década de 2020: Gabriel Azorín y María Antón.

Película testamento: An elephant sitting still de Hu Bo. Película iniciática y final, y auténtico testamento fílmico de un cineasta que podría haber marcado también, estoy seguro, la próxima década.

Película maldita: En 2018, en el Festival Punto de Vista, asistí a la entrega del premio Jean Vigo a Elohim, or divine beings, the energy of light as creation, de Nathaniel Dorsky. Se dijo en el discurso de entrega que el dinero del premio iba a servir para que Dorsky pudiera continuar filmando. Más que película maldita, cine o filmografía injustamente maldita.

Flautazo: Voy a salirme un poco de las reglas, hablando quizás del antiflautazo: un gran cineasta que no atina últimamente. Tras realizar una de las películas más importantes, sin duda, de la década (Boyhood), Richard Linklater no parece encontrar el camino, especialmente con una última película que no ha sido tan siquiera estrenada por el momento.

Una escena de la década: Una serie de escenas pequeñitas pero preciosas de uno de los cineastas de la década: Hong Sang Soo. Estamos en The day he arrives. En un momento del film, dos personajes, chico y chica, salen a la puerta de un bar a conversar y mientras hablan comienza a nevar y cuando nieva el espacio entre los dos se vuelve de pronto físico y material. Caminarán después bajo la nieve y en un plano lejano, con bolsas de la compra entre las manos si no recuerdo mal, se darán un beso inocente y casi ridículo, en medio del paisaje nocturno y nevado.

Un intérprete de la década: Un actor no de esta década sino quizás de todas: Jean-Pierre Léaud. Por tres actuaciones pero en especial por la última de ellas: Le lion est mort ce soir. Quizás sea más cosa mía que suya, pero no puedo verle en este film sin sentir una gran emoción. Es, en cierto modo, asistir, a través de él, final de un cierto cine que adoro desde hace mucho.


Micaela Berguer

Una película: Había una vez… en Hollywood (Quentin Tarantino)

Una canción: «Suzanne», de Leonard Cohen, en O que arde. No encuentro la escena, pero el tema es este:

Un doble programa: Las facultades (Eloísa Solaas) y El estudiante (Santiago Mitre).

Este año me di cuenta que…: Es imposible ir seguido al cine con una entrada tan cara.

Un texto: «Madre no hay una sola», de Maia Debowicz para La Agenda.

Un fotograma: Elijo uno de Godzilla 2:

Y uno de Ad Astra:

La promesa del 2020: Greta Gerwig, Jonah Hill.

Película testamento: Scream 4, de Wes Craven

Película maldita: Muchas, pero ahora se me ocurre la saga de El hobbit.

Flautazo: No creo que sea un pésimo director, pero no me gusta nada Pablo Trapero y disfruté mucho La quietud.

Una escena de la década: Casey Affleck en la comisaría en Manchester by the Sea. César diciendo «No» en El planeta de los simios.

Un intérprete de la década: Casey Affleck.


Maia Debowicz

Una película: Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar

Una canción: YMCA, de Village People, en Esa mujer, dirigida por Jia Zhangke.

https://www.youtube.com/watch?v=OFvn5L31eaQ

Un doble programa: El ártico, de Joe Penna, y All Is Lost, dirigida en 2013 por J.C. Chandor. Dos películas sobre la supervivencia y la soledad, sin presencia de trampas, que apuestan al poder del silencio.

Este año me di cuenta que…: Que es más fácil escribir sobre las películas que no me gustan que sobre las que me deslumbran.

Un texto: La emotiva y detallista crónica de María Belén Etchenique sobre el traslado de la orangutana Sandra desde el ex zoo porteño hasta el aeropuerto de Ezeiza, donde luego viajará en un vuelo comercial a Dallas, Texas: https://www.clarin.com/ciudades/capitulo-final-novela-duro-anos-trasladan-orangutana-sandra-unidos_0_AUNcy1Go.html

Un fotograma: Dogman, de Matteo Garrone

La promesa del 2020: Agustina Comedi

Película maldita: Encandilan luces, viaje psicotrópico con los Siquícos Litoraleños (A. Gallo Bermúdez)

Flautazo: Entre navajas y secretos, de Rian Johnson

Una escena de la década: El final de Historia de un matrimonio (Noah Baumbach): atar los cordones del otro puede ser una demostración de amor mucho más grande que un beso apasionado.

Un intérprete de la década: La increíble actriz tucumana Liliana Juárez (Los dueños, El motoarrebatador, Planta permanente)


Fidel González Armatta

Una película: No hubo

Una canción: «Push It» en Booksmart, «Willow»en High Life, «Tearz» en Mid90’s

https://www.youtube.com/watch?v=Q0_rjvo-C5o

Un doble programa: The dead don’t die, Jim Jarmusch y Play Misty for Me, de Clint Eastwood. Canciones que anuncian problemas.

Este año me di cuenta que…: Este año no me di cuenta de nada.

Un texto: https://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2019/12/01/cordoba-capital-cinefila/

Un fotograma:

La promesa del 2020: Mejor no prometer nada

Película maldita: El tesoro, Corneliu Porumboiu

Flautazo: Drive, Nicolas Winding Refn

Una escena de la década: Tres escenas:

https://www.youtube.com/watch?v=kD8hbg67u5c

Un intérprete de la década: Adam Driver/Robert Pattinson/Greta Gerwig


Miguel Savransky

Una película: Vitalina Varela (Pedro Costa). Ya escribí para esta revista un extenso texto disponible online sobre la película, así que me dispenso de agregar algo más aquí.

Una canción: Este año llegué tardíamente a Laida Lertxundi y Nazli Dinçel, dos grandes mujeres cineastas del presente que filman cortometrajes en 16 milímetros, con momentos musicales absolutamente geniales aunque se trata de poéticas completamente diferentes. Lertxundi explora mayormente la relación entre canciones soul sesentosas (en versiones originales íntegras) y el paisaje californiano, mientras que Dinçel se reapropia en algunos cortos de canciones pop para problematizar de manera performática y auto-afirmativa las formas de figuración de las prácticas sexuales. Además 2019 fue para mí el año de Paulo Rocha y en su cine abundan las canciones y los momentos musicales (“Se eu fosse ladrão roubava / roubava aquela menina…). Y también podría mencionar el plano-secuencia con una versión de Pieces of a man de Gil Scott-Heron en un corte de 15 minutos del nuevo proyecto musical de Pedro Costa que pudimos ver en Buenos Aires. Pero como nada de todo esto está en youtube, dejo al menos los links de dos canciones prácticamente desconocidas y hermosas que están en las películas de Lertxundi.

https://www.youtube.com/watch?v=FmW0PcF0U40
https://www.youtube.com/watch?v=afwVmi770ig

Un doble programa: Fourteen de Dan Sallitt y Love streams de John Cassavetes. Es una elección muy intuitiva pero al ver la primera sentí una conexión con el cine del segundo, sobre todo por la intensidad e importancia del trabajo a nivel actoral, cierta frescura y espontaneidad en las interpretaciones (que no hay que confundir con la mera improvisación).

Este año me di cuenta que…: “La historia del cine todavía no se ha escrito”. La frase es de Nicole Brenez (en el apartado siguiente se especifíca de dónde) y en esta época de listas y balances da cuenta de que hay mucho trabajo por hacer tanto en lo relativo al presente como al pasado en materia de descentralización geopolítica, desestabilización de los cánones y particularmente en términos de visibilización del así llamado “cine experimental”, casi siempre marginal en estas instancias salvo honrosas excepciones. Lo mismo vale para la vindicación de extensiones distintas al standard de los largometrajes: la mejor película que vi este año (?) fue Khaneh siah ast (aka The house is black) de Forough Farrokhzad.

En otro orden de cosas, me impactó mucho la circulación de imágenes urgentes difundidas en redes sociales de la represión atroz perpetrada en el hermano país chileno por los pacos y milicos ante el ciclo de protestas populares. Para una generación como la mía que nació después de la dictadura y que no vivió ese horror cara a cara, de alguna manera ese material audiovisual es el registro más cercano que tenemos de ese tipo de prácticas en una geografía tan cercana. No estudié el asunto pero entiendo que no hubo muchas imágenes del genocidio argentino justamente porque parte del plan político era no dejar huellas. La explosión de las tecnologías digitales en estas últimas décadas transformó de forma radical la posibilidad de tomar imágenes de la violencia estatal. Esto abre nuevas encrucijadas e interrogantes. Tal como nos enseñó Farocki, las imágenes hoy en día son un elemento no accesorio sino estratégico de la guerra. Como dice Bredekamp en un texto del 2007: “Los conflictos de los cinco últimos años se han librado, por lo menos en parte, como una guerra de imágenes.” En un contexto regional de ascenso autoritarista, aquí habremos desalojado al macrismo del gobierno pero una derecha social antes disgregada o larvaria coaguló en los últimos años con una voluntad de orden y seguridad acicateada por un imaginario individualista. Por eso el cine de César González o de Affonso Uchoa son especialmente relevantes en este pedazo del mundo. Todo esto es un poco un desvío pero como diría Ignacio Agüero en los desvíos está lo más interesante.

Un texto: La primera de las cartas de Nicole Brenez en Movie mutations (la versión chiquita editada en el Bafici en 2002, no la de Errata Naturae que sale como cinco lucas hoy en día). También terminé de leer este año Adiós al cine, bienvenida la cinefilia de Rosenbaum que tiene varios textos imprescindibles. Además, Paulo Rocha hablando sobre Mizoguchi y una conversación entre él y Pedro Costa en la que comentan con un minuciosidad descomunal A Ilha dos Amores. Y algo maravilloso que descubrí hace relativamente poco y aún no tuve tiempo de leer extendidamente (sólo algunos artículos) pero es altamente recomendable: Srikanth Srinivasan tradujo al inglés este año en entregas periódicas el libro de compilación crítica de Luc Moullet Piges choisies (de Griffith à Ellroy). Esperamos ansiosamente la pronta aparición de los libros de Gilberto Pérez y Many Farber.

Un fotograma: Uno de antes / uno de ahora

20 películas de la década en orden alfabético, una sola por director, una lista abierta y provisoria, sin pretensiones de exhaustividad…) 

025 Sunset red (Laida Lertxundi)

Adieu au langage (Jean-Luc Godard)

Ang panahon ng halimaw (Lav Diaz)

Between relating and use (Nazli Dinçel)

Classical Period (Ted Fendt)

Correspondências (Rita Azevedo Gomes)

Dead Souls (Wang Bing)

Get out of the Car (Thom Andersen)

Jiao you (Tsai Ming-liang)

Ji-geum-eun-mat-go-geu-ddae-neun-teul-li-da (Hong Sang-soo)

La mort de Louis XIV (Albert Serra)

La sapienza (Eugène Green)

L’aquarium et la nation (Jean-Marie Straub)

Milla (Valérie Massadian)

Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerre) (Sylvain George)

Rudzienko (Sharon Lockhart)

Svi severni gradovi (Dane Komljen)

Trudno byt’ Bogom (Aleksei German)

Twenty cigarettes (James Benning)

Vitalina Varela (Pedro Costa)

5 argentinas:

Buenos Aires al Pacífico (Mariano Donoso Makowski)

P3nd3jo5 (Raúl Perrone)

Tierra de los padres (Nicolás Prividera)

Yatasto (Hermes Paralluelo)

Zama (Lucrecia Martel)

La promesa del 2020: Soy pluralista, así que dejo un par de nombres: Isaiah Medina, Ted Fendt, Julian Radlmaier, Miguel Hilari, César González.

Película testamento: Se fueron muchos grandes en estos tiempos. Varios de ellos hicieron películas (aunque no necesariamente las últimas) que encajan perfecto con la idea de testamento, de una vida póstuma, en el sentido de que o bien llevan de algún modo en sí la marca de la finitud o bien son el último resplandor que corona una trayectoria: Manoel de Oliveira lo hizo literalmente con Visita ou memórias e confissões, Raúl Ruiz con su última obra maestra Mistérios de Lisboa (aunque la sobrevida de su fantasma nos siga acosando por varias décadas: ahora se viene El tango del viudo), Chantal Akerman con su nudo de amor y muerte con la madre en No home movie, Luis Ospina pendiendo del abismo para la genealogía coral de Todo comenzó por el fin o la post-producción digital de 24 frames de Abbas Kiarostami.

Película maldita: Durante un buen rato estuve tentado de rendirme y declarar nula mi mente y este espacio, luego se me vino un título a la cabeza que es notable y no obtuvo bastante atención en su momento: Lukas Nino del filipino John Torres. En otro orden de cosas, me gustaría poder ver la serie completa de cortometrajes de Tsai Ming Liang sobre el monje budista que camina más lento que la cartomagia de René Lavand, los pocos que fueron visibles son excepcionales pero tengo la impresión de que su circulación quedó encerrada en un circuito museístico muy limitado. Y ya que estamos con los asiáticos en esta consigna, ¿por qué no llegó a Argentina la última película de Raya Martin? Dos cosas más: el corto de Nicolás Prividera Yo maté a Antoine Doinel se pasó en Bafici y en Cosquín pero creo que no se lo mencionó y/o valoró lo suficiente y las correspondencias entre Erice y Kiarostami del 2016 son algo absolutamente maravilloso pero muy poco visto. Igualmente tampoco me resultan del todo ajustadas estas opciones para la categoría “maldita”. En fin…

Flautazo: Lo pensé un buen rato y no se me ocurre ninguna. Eso habla un poco de que tengo un espectro estrecho para ciertas cosas. El tiempo es finito, hay que elegir.

Una escena de la década: El plano de extensa duración (no es estrictamente una escena porque la secuencia después sigue un rato) de Sete anos em maio de Affonso Uchoa donde Rafael cuenta todas las cosas que tuvo que atravesar al haber entrado en el circuito de la prisión es políticamente lo más potente que haya visto en los últimos años de todo el cine latinoamericano. Dar a ver y oir la voz de los que no tienen voz en el contexto de neofascismo actual.

Un intérprete de la década: Kim Min-hee, porque el cine de Hong no sería ya lo mismo sin su presencia, ella introduce una torsión en la que el punto de vista deja de estar del lado masculino y los personajes femeninos cobran una fortaleza renovada. También me encanta Edgardo Castro en todo lo que hace, incluso cuando son papeles secundarios de “bajo perfil”.


Don Coire (aka ayresybenson)

Una película: Martin Eden. Podría haber sido Once upon a time in… Hollywood. Las dos son películas que, a su manera, reconocen una tradición cinematográfica y su pertenencia tanto a esa tradición como a una pantalla grande* (en tiempos en que en el mejor de los casos hay que irse hasta los límites de la ciudad para ver caras pixeladas de hombres de mediana edad en cuerpos de 70 años). *Martin Eden está comprada por Zeta, que necesita de nuestro apoyo más que Flanders cuando funde la tienda para zurdos. Ahora mismo pueden ir a ver La Gomera.

Una canción: «Out of time», de Sus Majestades Satánicas (en Once upon a time in… Hollywood)

Un doble programa: 4×4 (Cohn y Duprat) / Detrás de la mentiras (Emilio Vieyra).

Hablando de tradiciones cinematográficas, hay directores conocidos por su profundo humanismo (Renoir, Rosellini, Traffut), y hay directores que exploran procesos de putrefacción humana (Peckinpah, Clint, Zahler). Estos últimos casos se ajustan a una mirada de derecha, en tanto que a diferencia de su contraparte no teme a la mordacidad ni a la incorrección política. Pero si algo nos han enseñado estos tiempos de neopuritanismo disfrazado de corrección política, es que no basta con apoyar a Pinochet para tener la gracia de Borges. 

Estas dos películas sirven para pensar en el gorilismo más rancio, sea desde el pánico a la avanzada comunista inmediatamente posterior a las “revoluciones” (Cubana y Libertadora), o a la fobia garantista frente al cabeza con camiseta de Boca (que en el fondo no es un mal pibe).

Este año me di cuenta que…: que antes de picar los tomates para la salsa, conviene darles un mínimo hervor, dejarlos enfriar y sacarles la cáscara y las semillas. Sirve el consejo para este preciso instante, que es el único mes en que se consiguen tomates realmente buenos.

Un texto: Los tuits de @aldemarce desde Cannes (y festivales varios), además de divertidos son un resumen muy ilustrativo de lo que depara al año cinematográfico. Pero si vamos a ser más puristas, la gente de Monte Hermoso Ediciones sacó una antología de textos la etapa cahierista de Olivier Assayas, que funciona muy bien como una conversación hermosa con todos los divagues necesarios para redondear ideas no necesariamente sobre el cine. Se llama «Presencias. Escritos sobre cine».

Un fotograma:

La promesa del 2020: Lautaro García Candela (que sea un amigo, así eventualmente le pedimos plata para arreglar la humedad de las paredes)

Película testamento: La telenovela errante (Raúl Ruiz, Valeria Sarmiento): A diferencia de 24 frames (Abbas Kiarostami), que es claramente el final de una carrera, don Raúl vuelve de entre los muertos (sus Diarios son probablemente el libro de la década) y quedan esperanzas de que así siga sucediendo.

Película maldita: Dragged across concrete (Craig S. Zahler). Estaba comprada para su estreno en cines, pero como en una película de Zahler, sale todo mal: la distribuidora de su país le pide que la recorte, el director los manda a cagar, la película tiene un estreno en pocas salas y la lanzan en paralelo para alquilar en servicios de streaming (y por gentileza de rarbg y tamabin, en cuestión de minutos la tenemos para ver en el hogar). Todavía estamos esperando su estreno, en lo posible en un cine de barrio con pocos espectadores y mucho olor a humedad, que haya cedido a la gentrificación. 

Flautazo: Force Majeure (Ruben Ostlund). Es como si nuestro César Aira escribiese una novela realmente graciosa, cuando intenta ser gracioso.

Una escena de la década: La mirada final de Rooney Mara a Cate Blanchett en Carol.

Un intérprete de la década: Nicolas Cage. Hay actores buenos, actores malos, y está Nick Cage, que es tal vez el único capaz de ser la marca autoral en películas buenas (Joe, Mandy, Dog Eat Dog) y en películas no tan buenas (que no hace falta mencionar).


Sol Santoro

Una película: Había una vez… en Hollywood (Quentin Tarantino)

Una canción:

Un texto: https://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/188256195560/madre-no-hay-una-sola

Un fotograma:

La promesa del 2020: Phoebe Waller-Bridge. Más allá de que está claro que ya no es un perfil emergente, me parece interesante pensar cómo va a ser su carrera cinematográfica. Me intriga e ilusiona en partes iguales que sea ella quien haga el guión de Sin tiempo para morir, y para lo que venga después aquí estaré esperando.

Película maldita: En los 90 y Booksmart. Son películas que creo quedaron medio presas de un modelo de distribución injusto (no son las únicas y no abro la polémica por la distribución de cine local porque lloramos todos), y por supuesto son ejemplos de algo que pasa con muchas otras. Postergadas, llegan a mercados como el argentino mucho más tarde de lo que podrían, con pocas copias y no llegan a encontrarse con su público.

Flautazo: Voy a hacer algo medio arbitrario y es votar el contraflautazo, un gran director que me decepcionó: Historia de un matrimonio (Noah Baumbach) 

Una escena de la década: Algo que me pasa con esta selección de década es que dado que estoy tratando de contestar sin googlear, con el objetivo de ir recordando y repasando qué películas, directores o momentos me gustaron, llamaron la atención o cachetearon, caigo una y otra vez en el último año. Estoy segura de que hay muchas escenas de esta década que vería en loop pero acá van solo algunas que me voy acordando, como flashes. De Parasite, la escena en la que escuchan a la familia que vive en la casa abajo de una mesa y luego, esa otra escena en el cumpleaños en la que se desata todo tipo de sangre y muerte. De Badur Hogar, me parece muy buena la escena del protagonista con su padre, en el auto, cuando este le dice que nunca quiso seguir el mandato de su propio padre. La secuencia final de Había una vez… en Hollywood me parece brillante y el enfrentamiento entre los personajes de Mark Hamill y Adam Driver en Star Wars VIII impecable. Cuando Lady Bird se tira del auto, el primer encuentro de las dos protagonistas en Carol, la batalla épica de Mad Max en la que aparecen esos seres voladores con guitarras, todos los encuentros entre director y actor en Dolor y Gloria, Furry Walls, el show circense de Madagascar 3, la espera en Zama, el llamado que le hace Hoffa a Frank en El Irlandés, la de la taza de té en Get Out, la intoxicación de Bridesmaids, toda la fiesta de Sisters.


Griselda Soriano

Una película: The Irishman. No diría que es la mejor película del año, pero es una que me permitió discutir, leer, escribir y cantarle el cumpleaños feliz a Scorsese en el Festival de Mar del Plata. Bastante bien.

Una canción: Hice un poco de trampa porque Os Verdes Anos es una película de 1963, aunque la vi por primera vez hace unos meses (y quizás sea mi película del año).

Va otra de yapa: esta canción que es el corazón de una escena musical hermosa de Portrait de la jeune fille en feu

Un doble programa: La vida de Oharu (Kenji Mizoguchi, 1952) y A vida invisível (Karim Aïnouz, 2019)

Este año me di cuenta que…: Este año me di cuenta de que, aunque todo el tiempo estemos hablando de que la crítica de cine ya casi no tiene lugar en este mundo, si paramos la oreja a la salida de una sala (o en una clase, en una reunión, o en cualquier lugar donde alguien se sienta compelido a hablar sobre una película con relativa “seriedad”) no son pocos los espectadores que comparten un idioma familiar. Es el idioma de una crítica que no es la que queremos ser pero que al parecer le enseñó a hablar de cine a mucha gente: el de las “películas cuidadas”, la “buena fotografía”, las “buena ideas a las que le sobra media hora”, los “temas arriesgados”; un idioma hecho de lugares comunes y que (como pasa con todos los lugares comunes) pone límites muy precisos a lo que se puede decir y por ende pensar, cerrando la conversación en vez de abrirla. Quizás, entonces, la crítica tenga más peso del que creíamos, de una manera en que no habíamos pensado. Quizás, entonces, haya que dejar la elegía y los círculos de iniciados para pelear ese espacio, para construir un idioma que permita pensar más allá del lugar común, para ver cómo hacemos para ampliar el territorio del cine y ampliarlo para todos.

Un texto: Este texto de Scorsese: https://www.nytimes.com/es/2019/11/11/espanol/opinion/martin-scorsese-marvel.html Que probablemente no diga nada que no estemos discutiendo todo el tiempo. Pero bueno: como lo dice Scorsese, se escucha más fuerte.

El hermoso discurso de Lucrecia Martel en el homenaje a Pedro Almodóvar en el Festival Internacional de Cine de Venecia. https://youtu.be/twE8HZH5wIc?t=513

Y este fragmento que incluye un abrazo de Coutinho:

Un fotograma: Quizás porque no pude evitar asociarlo con lo que dice Scorsese en el texto del que hablaba antes, este plano de The Irishman me rompió el corazón.

La promesa del 2020: César González

Película testamento: En esta década murió Chris Marker, mi director más amado, y ese día descubrí que podía llorar la muerte de alguien a quien nunca conocí. Su última película es de la década anterior, pero en esta nos dejó varias cosas hermosas en su usuario de YouTube: https://www.youtube.com/user/Kosinki

Para cumplir ligeramente mejor con la consigna, van tres películas:

24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017)

Ultimas conversas (Eduardo Coutinho, 2015)

Out-Takes from the Life of a Happy Man (Jonas Mekas, 2013)

Película maldita: Antiporno (Sion Sono, 2017). Creo que no llega a calificar como “maldita”, pero de las muchas y muy variadas películas que Sion Sono nos dio estos años creo que Antiporno pasó más desapercibida de lo que merece.

Flautazo: Me pareció TAN buena esta categoría que me intimidó y me quedé en blanco. ¿O será que ya me volví un poco prejuiciosa, huyo de los directores que creo pésimos y me pierdo los flautazos?

Una escena de la década: El final de Zama.

Un intérprete de la década: No sé, pero lo primero que se me vino a la cabeza al leer esta consigna fue Zhao Tao bailando Go West en la nieve en el final de Mountains May Depart

https://www.youtube.com/watch?v=8-ts9IbbFxc&feature=youtu.be

Luciana Calcagno

Una película: La virgen de Agosto, de Jonás Trueba. Sé que varios pueden pensarla como una película menor o incluso “rara” dentro de la filmografía de Trueba, pero a mi me parece superadora. Tiene una manera de transcurrir igual a la de Itsaso Arana, su protagonista y guionista: etérea y cuidadosa pero con paso firme. Es delicada y a la vez infinitamente amorosa. Narra la confusión y los vínculos femeninos con amabilidad y sin idealizaciones. Y además de todo eso, es una película sobre una treintañera que se quiere tomar un respiro en Madrid, la mejor ciudad del mundo. Imposible no elegirla.

Una canción: «Suzanne» de Leonard Cohen acompañando la mirada triste de una vaca en O que arde (Oliver Laxe, 2019)

Un doble programa: The Irishman y Godfellas. Creo que no hace falta explicar por qué.

Este año me di cuenta que…: De que la política es hermosa, transformadora y necesaria, pero muchas veces decepcionante. Y lo mismo pienso sobre hacer y estrenar películas: tareas hermosas aunque llenas de complicaciones y problemas que suelen ser desalentadores. Pero a pesar de todo, hay algo de lo que estoy segura: tanto en la política como en el cine, siempre hay recompensa.

Un texto: Segundo año que no elijo un texto sobre cine, perdón amigos de LVU. “Sobre escribir” de Lorrie Moore en A ver qué se puede hacer. Ensayos, reseñas y crónicas, editado por Eterna Cadencia este año. Un ensayo que deberían leer todos aquellos que escriben o deseen hacerlo. Y de paso recomiendo Quién se hará cargo del hospital de ranas, la mejor novela que leí este año, también de Moore.

Un fotograma: Eva (Itsaso Arana) en La virgen de Agosto

La promesa del 2020: Benjamín Naishtat

Película testamento: Varda por Agnès. Quisiera haber descubierto a Varda mucho antes pero estaba muy ocupada viendo las películas de todos los varones del cine francés. Una lástima.

Película maldita: Tangerine, de Sean Baker.

Flautazo: Desearás al hombre de tu hermana. El director me parece bueno y siento que  la película podría haber sido mejor -ya me parece bastante buena igual- si se hubiera arriesgado todavía un poco más. Creo que acabo de inventar el anti-flautazo.

Una escena de la década: La escena final de Estiu 1993.

Un intérprete de la década: Nahuel Pérez Biscayart


José Miccio

Una película: Había una vez… en Hollywood

Una canción: “¿Tenés miedo de que Jim Morrison sepa que bailás con Paul Revere”?

Un doble programa: Hablemos de cosas importantes, que para eso existe el cine, no para perder el tiempo en pavadas. En 1993, el Scott bueno dirigió True Romance a partir de un guión de Tarantino. La volví a ver este año, después de dos décadas. Es hermosa. Christian Slater anuncia la camisa y los lentes de Brad Pitt en Había una vez… en Hollywood

Este año me di cuenta que…: que soy más peronista de lo que pensaba.

Un texto: Esta parte del diálogo entre Scorsese y Tarantino:

MS: Siempre pienso en el polvo.

QT: La sangre en la cara transpirada.

MS: Es genial. Nunca pude hacerlo, pero está en la escena con el pequeño niño mexicano en Érase una vez en el Oeste, cuando se revela que su hermano está siendo colgado.

QT: Sí, sí.

MS: Y está parado en sus hombros, y él cae de rodillas, y es captado con el polvo. Lo intenté.

QT: Oh sí— Imposible.

MS: Lo intenté incluso en La última tentación de Cristo; no funcionó. María y Marta llegan, Jesús está por resucitar a Lázaro. No funcionó. Estábamos en Marruecos. Harvey estaba conmigo. No lo logramos. Nunca. Tal vez sea el polvo. No sé qué es.

QT: Sí, es ese polvo duro ¿no? Necesitás tierra española. Necesitás la tierra de Almería. 

Completo acá: https://revistaruda.com/2019/11/01/quentin-tarantino-y-martin-scorsese/

Un fotograma: El plano final de Había una vez en… Hollywood.

La promesa del 2020: Clint Eastwood

Película testamento: La noche de enfrente (Raúl Ruíz)

Película maldita: No sabría decirlo. Pero tengo la sensación de que Más allá de la vida quedó como una película menor dentro de la filmografía de Clint Eastwood. O peor: como una película new age. Es todo lo contrario. Y es hermosa.

Flautazo: La mejor categoría jamás imaginada para una encuesta. Odio que no se me ocurra ninguna película que la honre. Pero digamos que Melancolía tiene esa escena de erotismo maldito y recaliente en la que Kirsten Dunst se entrega desnuda al planeta que va a terminar con nuestro mundo, y que debe ser lo mejor que filmó Von Trier. Evidentemente, el cine sopla en cualquier lado.

Una escena de la década: La de Andrew Garfield y el compositor de canciones en Under the Silver Lake

Un intérprete de la década: Por lo que hizo en la última de Tarantino, Brad Pitt. Directo al Olimpo.


Mercedes Arias

Una película: Parasite

Una canción: Es 2018 pero yo la vi en 2019. «Générique» de Miles Davis, en Burning de Lee Chang-dong.

Un doble programa: Space Dogs / Heart of a Dog

Este año me di cuenta que…: Bong Joon-ho es peronista.

Un fotograma: Lluvia de Jaulas (César González)

La promesa del 2020: Cesar González /  Elsa Kremser y Levin Peter

Un intérprete de la década: Joaquin Phoenix


Victor Guimarães

Una película: La primera vez este año en que tuve una idea clara de que me enfrentaba a una película decisiva para el cine de hoy fue cuando vi Ich war zuhause, aber, de Angela Schanelec. Esa sensación pasó un par de veces más, pero me gustaría destacar esta película.

Una canción: I see a darkness, en esta grabación de Bonnie ‘Prince’ Billy al final de Ne croyez surtout pas que je hurle, de Frank Beauvais. Estaba en Berlín, ya al final del festival, y me encontré con esta película que era a la vez un buceo en un abismo de tristeza y un lugar perfecto para alguien a quien, muchas veces, le gusta ir solo al cine. Muy cansado, me dormí un buen rato y me desperté ya en los créditos, con esta canción. Volví al día siguiente para ver la película de nuevo. La vi entera de esta vez. Al final me di cuenta de que quizás haya vuelto al cine para escuchar de nuevo la canción.

Un doble programa: Roma (Alfonso Cuarón, 2018) + Agarrando Pueblo (Luis Ospina & Carlos Mayolo, 1977) Un doble programa dialéctico que me ha asombrado durante este año. Si uno vuelve a Agarrando Pueblo inmediatamente después de ver Roma, nunca más acepta las innumerables Roma que son hechas cada año.

Este año me di cuenta que…: Este año me di cuenta de que tener demasiadas pocas dudas es un problema importante, sobre el cual hay que trabajar insistentemente.

Un texto: “Against Lists”, de Elena Gorfinkel. Quizás sea el texto más provocativo que haya leído este año. Bellamente escrito y con una energía de combate que raramente se encuentra en la crítica de hoy. Como todo manifiesto, uno no debe tomar las propuestas literalmente. La potencia de movimiento que el texto instaura es lo que más importa.

Un fotograma: El plano final de Vitalina Varela, con su amplitud y su aireación, con sus montañas al fondo y su promesa fallida de futuro, es a la vez una inyección de aliento en la densidad opresiva de la película y una nota extremadamente trágica porque solamente puede existir en la imaginación. Es una reconfiguración visual completa y, por contraste, la justificación del estilo esculpido a lo largo de más dos décadas por Pedro Costa, Leonardo Simões, Ventura, Vitalina Varela y tantos otros artistas en los barrios caboverdianos de Lisboa.  

La promesa del 2020: Getúlio Ribeiro, director de Vermelha (Brasil, 2019). Una de las mayores alegrías de un cinéfilo es descubrir una película cuyo idioma secreto no es aún decodificable. El primer largo de Getúlio Ribeiro me hizo acordar la emoción de descubrir Pude ver un puma, de Teddy Williams, por primera vez. En ambos casos, experimenté un sentimiento único: presenciar un mundo en estado de inauguración. Y así como Williams fue un director imprescindible para mi cinefilia en esta última década, espero con mucha anticipación lo que puede venir de la imaginación de este joven director brasileño. 

Película testamento: Fueron muchas las películas testamento en esta década, desde Outtakes from the life of a happy man de Jonas Mekas hasta Visita ou Memórias e Confissões de Manoel de Oliveira. Pero ninguna me ha emocionado tanto como No Home Movie de Chantal Akerman. La vi poco tiempo después de su muerte y saber que era su última película influyó decisivamente en la experiencia. Más allá de eso, se trata de un punto altísimo en las investigaciones akermanianas sobre las relaciones entre lo personal y lo cinematográfico.

Película maldita: Me encantaría que el primer largo de Adirley Queirós, A Cidade é uma Só? (2011), fuera mínimamente conocida afuera. En Brasil, no hay ningún film más decisivo en la década. En el cine independiente brasileño hay un antes y un después de esa película. 

Flautazo: Wonder Wheel (Woody Allen, 2017). Nunca fui un admirador de Woody Allen. Siempre miré sus películas con una cierta distancia, sin pasión y, en los últimos años, con un desinterés creciente. Quizás me haya gustado una película u otra de los setenta u ochenta, pero nunca construí nada parecido a una relación propia, singular, con alguna de ellas. Hasta que un día, sin la menor expectativa, entré al cine y me deparé con esta película misteriosa, encendida, única. La artificialidad de la puesta en escena, las luces manieristas de Storaro, la deliciosa sobreactuación del reparto, las capas sobrepuestas de la narración… No sé si es accidentalmente buena, pero nunca más encontré en Allen lo que encontré aquí: ni en las películas anteriores a esta, ni en las posteriores. 

Una escena de la década: El fragmento final de 24 frames, de Abbas Kiarostami. Si la película entera es una investigación extraordinaria sobre las cualidades pictóricas del cine, en el último frame el cine brilla en su singularidad: una mujer en frente al beso final de una película de William Wyler, una ventana cerrada – y sin embargo abierta hacia al mundo allá afuera –, un universo de movimiento y energía incomparable acá adentro, una canción de amor. No habría manera más hermosa de concluir la obra de un cineasta imprescindible.

Un intérprete de la década: En términos de actuación, nada me ha impresionado más en estos últimos años que las performances de Maria José Novais Oliveira en las películas de André Novais Oliveira. Su trabajo consiste en subvertir todas las expectativas sobre qué significa una buena actuación. En primer lugar, porque la primera impresión es que no actúa, sino que simplemente reproduce sus gestos cotidianos, su habla cotidiana, su vida cotidiana fuera del cine. Pero, de repente, un gesto, una palabra, una manera de decir inaudita emerge en la escena para sorprendernos y llevarnos a otro lado. Bajo la superficie de la voz más dulce jamás filmada, se encuentra un mundo interior lleno de imaginación y misterio. 


Alejandro Small Rivera

Una película: Vitalina Varela

Un doble programa: La chucha perdida de los Incas («Huanchaco», 2019) + El tesoro de la sierra madre (John Huston, 1948)

Este año me di cuenta que…: hay sentimientos que solo el cuerpo sabe, puede y debe, expresar.

Un fotograma: Los pies de Vitalina.

La promesa del 2020: Es mejor no decir su nombre por el momento, pero hay una promesa peruana. Una camada se asoma.

Película testamento: 24 frames – Abbas Kiarostami.

Película maldita: Un fuego lejano (Chile, 2019) Los amigos Diego Soto y Manuel Blastelica me han sorprendido tanto por su sin fortuna como por su talento. Que su premiere internacional en Transcinema les dé un empujón.

Flautazo: Estaré muy atento a las respuestas de esta encuesta.

Una escena de la década: Cada vez que Agüero se pregunta qué es lo cinematográfico en Como me da la gana II / La intro de Viejo Calavera.

Un intérprete de la década: Ignacio Agüero.


Iván Zgaib

Una película: Vitalina Varela: una película sobre las sombras, el inframundo y las tinieblas. Me hizo soñar por días. Bonus tracks. Sol Alegria de Tavinho Teixeira: una rareza brasilera que pervierte los géneros cinematográficos y sexuales hasta crear una utopía. The World is Full of Secrets de Graham Swon: una película de terror sobre un mundo que amenaza con quebrar la inocencia.

Una canción: Cada una de las hermosas escenas musicales de The Beach Bum, tan injustamente ninguneada. La película arranca con A Pirate Looks at Forty y esa secuencia donde Moondog se tambalea borracho por el puerto y se encuentra un gatito blanco y lo adopta. Después lee un poema tan crudo y tan dulce que dice: “(…) me levanté a las 4 de la mañana y tuve que mear, como hacen los tipos, y miré mi pija. Y al hacerlo sentí tanta ternura en mi corazón, sabiendo que había estado adentro tuyo dos veces ese día”.  Un adelanto de la briza ligera y placentera que sopla durante toda la película. Después está la escena lisérgica, a orillas de una piscina de millonarios y envuelta en una nebulosa rosa, mientras suena Just Like Heaven de The Cure. Moondog descubre que su esposa está besando a otro tipo y en vez de explotar en una escena dramática y resentida se termina zambullendo en la pileta y abrazando a su hija. Puro amor. Ninguna de las dos escenas está en youtube, pero sí se puede ver ésta otra, que es casi igual de bella. ¿Qué bien que filma Harmony Korine! Y ya que hablamos de él y del fin de una era, no está mal recordar que en 2012 la década recién había empezado y este tipo ya nos había dado uno de los mejores momentos musicales de los próximos diez años. El pop filmado en toda su potencia ambigua; brillante y violento, angelical y demoledor. Everytime de Britney flotando fantasmalmente.

https://www.youtube.com/watch?v=kD8hbg67u5c

Un doble programa: The Beach Bum (2019), Harmony Korine /  Boudu sauvé des eaux (1932), Jean Renoir

Este año me di cuenta que…: la mayor parte de la gente se ríe cuando digo esto y no me cree o piensa que lo digo en joda, pero My Best Friend’s Wedding es una obra maestra.

Un texto: Una crítica de este año: Santiago Cragnolino, sobre Once Upon a Time in Hollywood  (http://www.conlosojosabiertos.com/centro-los-margenes-habia-una-vez-hollywood/). Santiago escribe sobre una de las películas más comentadas del año y aún así logra llevarnos a lugares inesperados (los que las mil y un criticas restantes no transitan). Considerando que el texto piensa cómo Tarantino explora los márgenes, el gesto de Santiago es casi performático. 

Un libro, lateralmente vinculado al cine: Pueblos expuestos, pueblos figurantes de Georges Didi-Huberman. Hay un capítulo entero dedicado a Pasolini que es fantástico, como todo el libro. Un antes y un después en mis lecturas ♥  Dos libros sin relación al cine, pero muy bellos: Mentirosos enamorados de Richard Yates y Amarillo sobre amarillo de Pablo Natale.

Un fotograma: High Life, de Claire Denis.

La promesa del 2020: Graham Swon, después de ver The World is Full of Secret.

Película testamento: Outtakes from the Life of a Happy Man (2012), Jonas Mekas.

Película maldita: Jovens Infelizes ou Um Homem que Grita não é um Urso que Dança (2016), de Thiago B Mendonça. Wonderstruck (2017), de Todd Haynes

Flautazo: No creo que sea “accidentalmente buena”, pero siempre miré con recelo a Lanthimos y The Favorite me pareció bastante buena.

Una escena de la década: En El auge del humano (2016), de Teddy Williams: la escena que empieza en un supermercado argentino siguiendo al protagonista y después lo cambia por una chica, sale a la calle, entra en una casa oscura, llega a una habitación y termina metiéndose por la pantalla de una computadora hasta llegar a Mozambique. El trayecto entero se hace en un plano secuencia, salvo por un corte sobre el final. Una síntesis perfecta del tratamiento espacial y temporal en toda la película: una poética de la desorientación y del desplazamiento. 

En Once Upon a Time in Anatolia (2011), de Nuri Bilge Ceylan: la deriva de la manzana y el viento.

Un intérprete de la década: Greta Gerwig es la anti-Actors Studio. Nada de método, nada impostación (cof cof, nada de Meryl Streep). Sus actuaciones pasan desapercibidas porque no tienen grandes momentos de exhibición; conforman un trabajo orgánico de principio a fin. Greta es capaz de llevar personajes extremos y difíciles de querer a lugares de una empatía inusitada. La incomodidad es descarnada, pero siempre hay un límite que evita caer en la mera explotación. Antes están las fisuras, la ternura, la fragilidad. Creo que es un rasgo *tan* autoral que se percibe también en su obra como guionista y como directora. Sólo basta ver el trabajo solitario de Baumbach para notar cómo la tendencia al cinismo de él desaparece cuando trabaja con ella. 


Nicole Brenez

Una película: Solitude(s) L’insomnie de Valérie Massadian . Cuando una película se convierte en amor.

Una canción: El grupo A Filetta en “Blue Night” (“Nuit bleue”), de Ange Leccia, 2010 y una música en una película: por primera vez en la historia, los bailarines de la Ópera de París bailando afuera El lago de los cisnes de Tchaïkovski por estar de paro (24 de diciembre, 2019).

Un doble programa: Zones & Passages de Iro Siafliaki, 2019 y todos los filmes del Grupo Medvedkin en Besançon y Sochaux (1967-1974) – Estas películas hacen vivo y concreto el principio revolucionario de «autogestión» en el cine.

Este año me di cuenta que…: Hasta la industria de Estados Unidos se dio cuenta de que el cine está bajo ocupación.

Un texto: La crítica de Nicolas Klotz sobre “The Image Book” de Jean-Luc Godard. 

Un fotograma: La estructura de su nueva película, Scénario, que Jean-Luc Godard me envió el 14 de marzo de 2019.

La promesa del 2020: Colectivo Los Ingrávidos (Mexico)

Película testamento: La sublime Out-takes from the Life of a Happy Man (2012) by Jonas Mekas

Película maldita: Jajouka, something good is coming to you (Jajouka, quelque chose de bon vient vers toi), 2012, de Eric Hurtado y Marc Hurtado, una verdadera obra maestra condenada a lo largo de su proceso.

Flautazo: Dunkirk (2017) de Christopher Nolan

Una escena de la década: En su gran ensayo fílmico The Image You Missed (2018), Donal Foreman editando el material crudo de su padre para excavar de él la película de ficción que su padre, Arthur MacCaig, nunca pudo completar.

Un intérprete de la década: Denis Lavant


Santiago González Cragnolino

Una película: Suburban Birds de Sheng Qiu. Sigue vigente la idea de Rosenbaum, de las películas como envíos de un periódico internacional, que reporta sobre el presente de personas de los más lejanos rincones del mundo, de una manera sensible privilegiada.

Una canción: Una historia de terror, narrada en un poco menos de 40 minutos, en una sola toma. Esa secuencia es el plato fuerte de una de las películas más arriesgadas que vi en mucho tiempo, The World is Full of Secrets de Graham Swon. La película enlaza casi todos sus planos con fundidos encadenados, lo que funciona como una metáfora sobre su propia construcción: bajo su apariencia sencilla, se acumulan capas sobre capas de ideas cinematográficas. 

Un texto: Es una gran pérdida que Kent Jones, un crítico top 5 mundial, se haya retirado de la profesión tan prematuramente. Este año Con los ojos abiertos reedito un texto suyo de 2015, «Una acción vale más que mil palabras». Una carencia de mi cinefilia terriblemente autorista, se debe a haber seguido muy al pie de la letra el dictamen de Hitchcock, que le dice a Truffaut en sus conversaciones que «los actores son ganado». Kent Jones, que filmó una película sobre esas charlas, hace lo contrario y escribe un texto maravilloso sobe la actuación como elemento de tensión de la puesta en escena, y restituye el valor de actores y actrices como colaboradores creativos de quien dirige y firma la película. Las ideas son mucho más jugosas que en este escueto sumario y envidio profundamente la metáfora del pez luna.

El texto se vincula para mí con una película muy importante para mí, que es (hoy) mi película de la década, The Master (Paul Thomas Anderson, 2012). Seguramente el trabajo de Philipp Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix (y Amy Adams -sólo en menor medida porque no comparte tanto tiempo en pantalla-) es magnificado por la puesta en escena de Anderson y los planos ampulosamente ingeniosos que dan forma a esta película. Pero también podemos decir que PTA sale bien parado gracias a dos actores inmensos que pueden soportar sobre sus hombros el peso de semejante despliegue, que interpretan sus intenciones y le dan vida a sus ideas (e incluso las complejizan). Las múltiples facetas de los personajes no son determinadas por el encuadre y trascienden lo que se pudo haber puesto por escrito en un guión (sin contar las múltiples y dementes líneas improvisadas que aportaron por su cuenta). He leído que Thelonious Monk fue un maestro del jazz en el piano por las notas que no tocaba, por lo que hacía suceder entre notas. De manera similar, Phoenix y Seymour Hoffman hacen música en cada uno de los parlamentos, pero fundamentalmente entre los diálogos. Un pequeño gesto con las manos, un acento con el mentón, un ligero cambio de postura, una inflexión en la forma de disponer el cuerpo frente a quien comparte la escena; las oscilaciones que ponen un manto de ambigüedad sobre lo que dicen y nos hacen pensar sobre su reacción a lo que escuchan u observan.

La forma de disponer los cuerpos en el plano es un arte perdido del cine clásico, en la medida que las películas estadounidenses se refugian cada vez más en el plano medio y el primer plano, con el plano americano que definió en algún momento su cinematografía como (casi) una reliquia del pasado (salvo como establecimiento de una situación que luego se decide en planos cortos). Es un arte perdido para los directores (que mueven la cámara y no a los actores) y para los intérpretes (que se ven limitados a usar ojos, frente y boca como instrumentos).

La locura y la irresponsabilidad animalesca de Freddie Gibbs versus el (ilusorio) auto-control y la exagerada dignidad de Lancaster Dobbs. El conflicto, traducido en juego corporal, ayuda a darle forma a una película que tensiona permanentemente una forma clásica de narrar con sus impulsos más abstractos, una serie de ideas elocuentes con dudas irresueltas, un punto de vista preciso con una mirada perpleja. Lo maravilloso es que los personajes y sus actores no representan dos metáforas, dos posturas vitales, simplemente dos polos opuestos, estáticos en su lugar en el esquema; sino que ambos se mueven por un amplio terreno hasta que convergen en varios puntos. El director y sus intérpretes crearon un lenguaje común que le da un marco de comprensión a un material frágil e inestable, la arbitrariedad creadora. Lograron hacer una película sobre la indeterminación y la incertidumbre (mayúscula, existencial) que no cae en un vacío gratuito ni le falta el respeto a la inteligencia de su público vociferando una serie de paradójicas certezas. La relación de The Master con la historia es indirecta (pero cuidadosamente pensada, de manera que condensa décadas, desde la posguerra hasta hoy) y su vínculo con el presente es tan hermosamente oblicuo que es difícil no sentir que se empequeñece en este breve comentario; aun así voy a decir que Phoenix y Seymour Hoffman entregaron sus cuerpos a distintas maneras de lidiar con la creencia trascendental y con su ausencia, transformados en cajas de resonancia de la actualidad y los años venideros. (Con disculpas por el acceso de futurología)

Una canción: (I’d Like to Get You on a) Slow Boat to China, es la que canta Seymour Hoffman cerca del final de The Master. La escena tiene todos los matices tonales de la película, su carácter polifacético (gracioso, absurdo, solemne, trágico, plebeyo, refinado) y la canción abre tantas interpretaciones y trae de vuelta tantos temas y motivos esbozados a lo largo de la película (que en mi comentario no llego ni a mencionar). Una escena tan absorbente o magnética. No me alcanzan las metáforas físicas. La escena me lleva hacia dentro de la pantalla, que se transforma en uno de los ejercicios de hipnosis de Lancaster Dobbs, emocionalmente agotador y desconcertante intelectualmente. Una de las tantas interpretaciones que ofrece el título es que The Master, el maestro, el amo, es el cine. Y el espectador, la espectadora, su conejillo de indias, súbdito o aprendiz. (Y la película nos deja ver como ese tipo de relación siempre se puede invertir).

https://www.youtube.com/watch?v=3H4i9gpAWrs

Este año me di cuenta que…: En los últimos años he vuelto a leer a David Bordwell, no sólo por su dedicación analítica a la hora de desmenuzar películas, sino por sus aportes al estudio de las prácticas industriales y su relación dialéctica con los resultados estéticos. Si digo que este año me di cuenta de la importancia del contexto de producción, no voy a sonar muy avispado. Pero voy a dejar un ejemplo que me parece maravilloso.

En The Way Hollywood Tells It, Bordwell describe cambios y continuidades del sistema clásico del cine industrial, desde los años ’60 hasta esta parte. Un cambio notable en la construcción de las escenas en este período es la brevedad cada vez más acentuada de las tomas utilizadas y el uso de una escala de planos cada vez más corta (como decíamos, las escenas suelen privilegiar planos medios y primeros planos). Bordwell encuentra muchas explicaciones para fundamentar este cambio (entre otras: una noción difusa, pero difundida acerca de la «energía» de los planos; la lógica económica a la hora de rodar, la influencia de la televisión) y no deja pasar uno que me resulta asombroso. A comienzos de los ’60 se perfeccionó la cinta scotch, que vino a reemplazar al pegamento en la sala de edición, como instrumento para juntar los distintos trozos de fílmico que componían la película final. Eso permitió a los montajistas de ese entonces cortar a menudo y con confianza, sin temer arruinar todo su trabajo de forma casi irreversible. ¡La cinta scotch como elemento revolucionario del lenguaje cinematográfico! ¿quién lo hubiera pensado? Un pequeño artículo multiuso del hogar cambió para siempre nuestra forma de ver las películas…

Exagero (exageradamente), por supuesto.  Me gusta la anécdota para ilustrar la importancia que tiene entender las condiciones materiales de producción de los objetos a los que dedicamos nuestra vida. Y de manera más general y desafiante, me hace pensar sobre todo lo que no sabemos y ni siquiera sospechamos.

Pido disculpas por no contestar todas las consignas. En varias sinceramente no sabía que responder. Otras quedan contenidas, creo, en lo que sí escribí. De cualquier manera, ya abusé escandalosamente del espacio que generosamente me brindaron. Felices fiestas y próspero 2020.


Alejandro Cozza

Una película: Dragged across concrete (S. Craig Zahler)

Una canción: Es muy potente el momento en que suena «Let’s dance» de David Bowie en versión de M.Ward en I was at home but…  de Angela Schalenec.

Y aca la versión entera de la canción:

Otra, las kolombias sonadas y bailadas en la mexicana Ya no estoy aquí de Fernando Frias. Algo de esto en el trailer:

Un doble programa: La escena de la terraza en John Wick 3 donde Laurence Fishburne está rodeado de palomas linkea directamente con Ghost Dog de Jarmusch. Para nada mal como programa doble de asesinos a sueldos solitarios.

Este año me di cuenta que…: El cine argentino tiene una variedad enorme de expresiones y realizadores, nadie negaría eso. Pero que este año particularmente en la mayoría de sus vertientes solo repite fórmulas hiper probadas que encajan en diferentes mercados, sean más o menos independientes o industriales. Salvo excepciones: como las nuevas películas de Santiago Loza (Breve historia del planeta verde), Albertina Carri (Las hijas del fuego) o Gustavo Fontan (La deuda). ¿Algunas otras? La Flor por supuesto, pero sería del año pasado, lo demás entra en un terreno de falta de riesgo y personalidad pasmoso. La pregunta sería ¿qué factores hay para que se haya llegado a esta situación?  Y si se nos ocurre hacer una antojadiza comparación con todo lo extraordinario que está ocurriendo con el cine brasileño en estos momentos en materia de radicalidad estética, la brecha se agranda y las respuestas pueden ser harto complejas.

Un texto: No sé si vale un libro entero, pero este año me topé con “Días de un cámara” de Nestor Almendros y muchísimas de sus reflexiones me parecieron reveladoras, además de volver a encontrar desde otra perspectiva, los rastros y testimonios del “fuego sagrado” de una época del cine como la nouvelle vague. 

También varios momentos del libro “Presencias”, editado por Monte hermoso, sobre Olivier Assayas. Pero particularmente el largo texto de 1993 inédito (hasta ese momento y reescrito para la ocasión del libro) llamado Imágenes habitadas en donde sobre la visión de un cuadro figurativo de Balthus, Assayas relata en forma autobiográfica sus ideas en torno al cine y sus crisis de identidad en ese momento presente, y allí dice sobre el final una reflexión entorno a la obra de un cineasta: «… la obra es lo que permanece: no lo digo en el sentido ingenuo de la relación con la posteridad, lo digo como uno diría del sustrato resultante de un experimento químico. Lo que emerge del ser humano, del hombre tal como lo revela su obra, en su complejidad, en sus contradicciones, en su búsqueda, consciente o no, como ocurre con un pintor periodo tras periodo. El itinerario de un artista con sus altibajos, sus retrocesos y avances, película tras película, es la vida misma. La experiencia cada vez singular, cada vez única, cada vez aberrante también, del encuentro entre un arte y un individuo, cuestionado cada vez, en esencia, el tema central, que no es otra cosa que el de la representación. El cine para mí es eso: son los cineastas y la relación con el mundo que se desprende de su obra. En resumen, no es el cine sino lo que hacen las individualidades, como lo transforman.omás bien como lo usan para capturar no la realidad, sino las sombras que acechan su percepción de lo real. “

Un fotograma: El último plano de Vitalina Varela de Pedro Costa. El único plano “luminoso” de la película en donde en este extracto que tomé de la pantalla del Auditorio en el Festival de Mar del Plata donde vi la película, no se alcanza a ver aún a la mujer (¿una joven Vitalina?) que se asomaría parada sobre ese techo (¿en Cabo Verde?) y miraría hacia fuera de cuadro (¿hacia un porvenir aciago?). La in-certeza como método creativo y compositivo.

La promesa del 2020: Joseph Kahn y S. Craig Zahler serán los cineastas fundamentales de los próximos años. Rian Johnson también podría ocupar el podio en tercer lugar. 

Película testamento: Es difícil no poner en primer lugar a Raul Ruiz (fallecido en 2011) y sus varios proyectos póstumos estrenados. Desde Misterios de Lisboa a La noche de enfrente, pasando por La telenovela errante. También es ineludible como testamento Que el diablo nos importe de Jean Claude Brisseau.

En las antípodas de estos veteranos directores, hay que mencionar a An elephant sitting still de Hu Bo. Opera prima, magna y definitiva, de un joven de 29 años antes de su suicido.

Película maldita: Bodied, definitivamente, merecía ser la película más grande de nuestra era. No sé si le entra el mote de “maldita”, pero seguro debiera ser más considerada por todo un establishment cinematográfico.

Flautazo: Ron Howard siempre me pareció insoportable, pero hizo Rush, mis respetos ahí. Algo parecido podría decir sobre Melancholia de Lars Von Trier. 

Una escena de la década: El extraordinario montaje de la escena de sexo en el auto en de Orson Welles en The other side of the wind. ¡Ah, no! ¡Pero es de 1976 la película!

Entonces la escena de la persecución en Mad Max: Fury Road. ¡Ah, no! ¿Pero así es toda la película entera? Bueno, capaz toda la película sería mi elección.

Y sino, vi esta semana por primera vez El hombre de Paso piedra de Martin Farina gentileza de Santiago Gonzalez Cragnolino que me la recomendó fervientemente y la eligió con justicia entre lo mejor de la década. La escena/clip musical noventeso con la canción “Guarida” de Coiffeur de fondo es probablemente el mejor momento del cine argentino en muchísimos años, bueno, tal vez junto con el  final de La noche de Edgardo Castro. 

Un intérprete de la década: Adam Driver es la gran figura de la década, ya un actor de porte y status clásico. Y Valeria, Laura, Pilar y Elisa las Piel de Lava en La Flor.


Ceci Oliveras

Una película: ¿Se pueden poner 3? La que más me conmovió: Arábia de Affonso Uchoa y João Dumans. La que más me impactó: High Life de Claire Denis. La que me maravilló formalmente: Vitalina Varela de Pedro Costa.

Una canción: La que suena en los minutos iniciales de Arábia: Blues run the game de Jackson C. Frank y todo el resto de su increíble soundtrack.

Un doble programa: Una canta, la otra no (1977) de Agnès Varda y Las Hijas del fuego de Albertina Carri. No sólo por la temática feminista sino por el optimismo contagioso y cierto aire “punk luminoso” que ambas transmiten.  

Este año me di cuenta que…: Que gracias al cine, la música y la literatura muchxs pudimos refugiarnos y sobrevivir a estos 4 años de oscuridad neoliberal. 

Un texto: e texto de Ivan Zgaib en La vida útil sobre High Life y el texto de Sebastian Hacher sobre el sonido en el cine de Martel (que es de 2011,  pero leí este año) https://nocontesta.wordpress.com/2011/11/15/lucrecia-martel-y-el-sonido/

Un fotograma: Adjunto uno de Arábia y agrego cualquiera de los claroscuros de Vitalina Varela (no encontré uno digno del film en internet) 

La promesa del 2020: Teddy Williams, María Aparicio.,Santiago Reale, Fernando Restelli

Película testamento: Varda por Agnès (porque un montón de gente se acercó a su filmografía gracias a su película póstuma)

Película maldita: Todas las de Terence Davies , no porque le haya ido mal sino porque aún es desconocido por el gran público, después de tantas obras maestras conmovedoras y accesibles. 

Flautazo: No se  me viene nada  a la mente, creo que no me arriesgo demasiado, pero podría poner varias películas de directorxs muy buenos que hicieron películas que no me gustaron nada: Por ejemplo odie Los amantes pasajeros de Almodovar, Sólo los amantes sobreviven de Jarmusch  y Dulces sueños de Marco Bellocchio. O películas a las que llegué con mucho prejuicio por su temática o marketing atrás, pero que me encantaron como por ejemplo Zoolander de Ben Stiller, A Star Is Born de Bradley Cooper o Baby Driver de Edgar Wright.

Una escena de la década: Sin pensar mucho las primeras que se me vienen a la cabeza son: Agnes sollozando porque JLG no la recibe en Visages Villages, Los cadáveres de los presos-astronautas flotando en el espacio en High Life, todas las borracheras felices o patéticas  de las películas de Hong, el orgasmo mental de Emily Dickinson en A Quiet Passion.   

Un intérprete de la década: Me gusta mucho Adam Driver, lo descubrí en la serie Girls y desde ahí le sigo los pasos y Sofía Gala, sobre todo en Alanis, pero siempre está bien incluso en la vergonzosa serie que hizo Burman para Netflix. 


Eduardo Cruz

Una película: Dolor y gloria de Pedro Almodóvar. Mentiría si niego que el motivo para seleccionarla se reduce a la profundidad con la que me conmovió mientras la veía. Hace mucho no salía tan afectado de una sala de cine. 

Una canción: ‘Yo soy el fuego’ de Pilar Gamboa y Héctor Díaz en La flor (Mariano Llinás).

Un doble programa: Uno de los cortometrajes más bellos y potentes que vi este año y una de mis películas favoritas de siempre: Onde o Verão Vai: episódios da juventude de David Pinheiro Vicente / Le diable probablement / Robert Bresson.

Un texto: Dos propuestas. La primera es una publicación completa. Fireflies Magazine es una de las publicaciones más libres y estimulantes que he descubierto este año, no sólo en sus contenido sino también en su forma. La edición dedicada a Albert Serra y Alain Giraudie es genial. (https://www.fireflieszine.com)

Por otro lado, (y sin ánimo de lucro, lo prometo haha) me gustaría compartir también este texto publicado en Correspondencias, No. 08: «Ted Fendt, stilnovista» de Salvador Amores, que de alguna manera dialoga con el texto publicado en La Vida Útil No. 1. y desde los cuales de pueden tender puentes: http://correspondenciascine.com/2019/04/ted-fendt-stilnovista/

Un fotograma: Portrait de la jeune fille en feu de Céline Sciamma / Página 28.

La promesa del 2020: La palabra promesa me genera un poco de conflicto pero recomendaría seguir el trabajo de Camilo Restrepo. 

Película testamento: No creo que haya alguna última película esta década tan lúcida y tan consciente de su propia finitud y, al mismo tiempo, sin drama ni autoconmiseración que Varda par Agnés de Agnés Varda.

Película maldita: Hay un escena medular en Orly de Angela Schanelec, casi perfectamente musicalizada por Cat Power: en el centro de un gentío apresurado. un mirada discreta entre dos desconocidos. Tan sutil como sublime. La calidad del video es muy mala pero dejo esto aquí por si ayuda de algo:

Un intérprete de la década: Ventura, actor de Pedro Costa.


Daniel Ángeles Hernandez

Una película: Synonymes de Nadav Lapid

Una canción: «Just Like Heaven» de The Cure en The Beach Bum de Harmony Korine.

https://www.youtube.com/watch?v=W4i8o-3B4LU

Un doble programa: The Lighthouse (Robert Eggers) con 9 dedos (forzando un poco el término «vieja») de F. J. Ossang.

Este año me di cuenta que…: Sobre la crítica: (…) comparada con el acto de creación, ésta (la crítica) es una tarea aparentemente secundaria. Pero nunca ha representado tanto como ahora. Sin ella, es posible que la misma creación se hunda en el silencio — George Steiner en Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano.

Un texto: Leyéndolo a cuenta gotas, en PDF y por pedazos, Diario, de Raúl Ruiz. A cada tanto Ruiz nos hace pequeños:

Una de las cosas más inquietantes del cine es la mainmise de la música sobre la imagen. Su efecto predador. Su capacidad de unificar direcciones de secuencias en movimiento que divergen dentro de la imagen. Otro problema es el efecto forzosamente paródico de citación. Su capacidad de crear vasos comunicantes con otros films. Viejos problemas: todos los films están contados (principio retórico gracianiano) como los espejos. Sueño hacer un film visto por un vendedor de zapatos que sólo ve zapatos, de los que eventualmente caen historias como peras maduras.

Un fotograma: Largo viaje hacia la noche, Bi Gan

La promesa del 2020: Pablo Escoto, México. Director de Ruinas tu reino

Película testamento: Qué difícil es ser un dios, de Aleksei German, muerto en 2013.

Película maldita: Me fue sumamente difícil contestar esta pregunta, por tantas que siendo buenas no tuvieron tanta suerte. Así que se las cambio por la que creo es la cinta más sobrevalorada de la década, idea que creo sí tengo muy clara: Roma, de Cuarón. 

Flautazo: No es una gran película, de hecho está lejos de ser siquiera una película mediana, pero no quería desperdiciar un lugar más para decirlo después de que responder este apartado se me complicara tanto. Chicuarotes, del actor venido a director Gael García Bernal, es acaso, una buena película porque nos recuerda lo que no se debe de hacer teniendo la oportunidad, contactos (Thierry Frémaux dijo que la cinta dejó huella en la memoria del comité de Cannes, aunque inteligentemente no le puso ningún adjetivo a su declaración) y recursos para hacer una película. Disculpen mi momento de catarsis y el revoltijo que hice con la pregunta, pero se ganó un lugar entre las peores cintas de la década.

Una escena de la década: Cualquier fragmento de Leviathan (2012), documental de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel. Pero en especial aquel en el que la cámara entra y sale del mar para registrar el vuelo y búsqueda de comida de las gaviotas.

Un intérprete de la década: Juliette Binoche


Guillermo Franco

Una película: The Mule, Clint Eastwood

Una canción: The Passenger (Iggy Pop), en Leto (Kirill Serebrennikov)

Un doble programa: Esa mujer (2019) en doble programa con Lejos de ella (2015). Ambas de Jia Zhang-ke.

Este año me di cuenta que…: El Teorema de Pascual: “Lo que no quieren que haga, lo hago igual” (Rodolfo Livingston en Método Livingston, película de Sofía Mora)

Un texto: “Las calles y tabernas de nuestras grandes ciudades, las habitaciones y oficinas muebladas, las estaciones y fábricas de nuestro entorno parecían aprisionarnos sin abrigar esperanza. Entonces llegó el cine, y con la dinamita de las décimas de segundo hizo saltar por los aires todo ese mundo carcelario, con lo que ahora podemos emprender mil viajes de aventuras entre sus escombros dispersos: con el primer plano se ensancha el espacio, con el ralentí el movimiento en él”. (Walter Benjamin)

Un fotograma:

La promesa del 2020: Lukas Dhont, realizador de Girl (2018).

Película testamento: Creo que es anteúltima: El extraño caso de Angélica, de Manoel de Oliveira (1908–2015)

Película maldita: Toni Erdmann (2016), de Maren Ade

Flautazo: Mejor Pitazo (una gran película dirigida por un director genial, una película decididamente buena): Tabú, Miguel Gomes (2015)

Una escena de la década: Viniendo de quién viene la encuesta, cómo no elegir El monólogo de la mentira (Mark Twain), interpretado por Jorge Jellinek, en La vida útil (Federico Veiroj, 2010):

Un intérprete de la década: Isabelle Huppert


Gabriel von Sprecher

Una película: Vamos a elegir una Argentina: Lluvia de jaulas de César González. Una que no: MS Slavic 7 de Sofia Bohdanowicz y Deragh Campbell. Y una que no es de este año: Ruby in paradise de Victor Nunez. Y una que es una genialidad olvidada por el tiempo: También encontré mariquitas felices de Els 5QK’s

Una canción: Una de las varias canciones de la película de Steven Universe, que desde hace rato viene haciendo una recuperación del músical que es lo más:

Un doble programa: No se me ocurre un programa doble con alguna de las pelis que vi de estos años. Pero si se podía hacer uno entre Ruby in Paradise de Victor Nunez y Three Wise Girls de William Beaudine, al cual se le podría sumar Una canta, la otra no de Agnès Varda. Quedaría entonces un muy lindo, muy armónico, triple programa. Quizá Las hijas del fuego de Albertina Carri sería una actualización (menos narrativa de alguna manera, o de otra forma de narración) en relación a lo que proponen estas películas, quizá

Este año me di cuenta que…: Me gustaría empezar  a pensar más con las manos.

Respecto al cine… hay que establecer vínculos personales con las películas (y con el mismo cine), aunque sean estos de génesis socializados o surjan de instancias colectivas. No caer, caer, en los caminos ya bien establecidos, y evitar tratar de ver lo que supone que tenés que ver buscando seguir la línea del comentario standard (del cine comercial, de cine de culto-festivalero-artie). Construir el propio camino cinematográfico que uno mismo necesita construir, y que le parece necesario construir, dice Felisberto Hernández: “En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento: sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos.”, y aunque le hable de escribir cuentos, me parece que la misma actitud se puede suscribir, estaría bueno hacerlo, a la construcción de nuestra mirada del cine.

Un texto: Este año estuve leyendo las «Poéticas del cine» de Ruiz, que están llenas de vuelo para cualquiera que quiera hacer cualquier cosa básicamente (hacer cine, ver cine, o ninguna de estas)

Otro textito que me resultó fundamental para las cosas que estuve pensando este año: el ya citado en el punto de arriba: “Falsa explicación de mis cuentos” de Felisberto Hernández.

Y un poema de Rilke:

Mientras capturas lo que tú mismo has lanzado, 

es todo habilidad y conquista fácil: 

solo si de repente te vuelves captor de la pelota

que una eterna compañera de juego

te lanzó a tu centro con muy preciso impulso certero, 

en uno de aquellos arcos

del gran puente del constructor de Dios:

solo entonces saber capturar es fortuna

no tuya, de un mundo. 

Y si incluso tuvieras fuerza y coraje

 para volver a lanzar o no, 

más asombroso aún: 

si coraje y fuerza olvidaras 

y hubieras ya lanzado

(como el año que lanza a las aves,

y las bandadas migratorias 

desde un calor viejo a otro más joven 

impulsa sobre los mares), 

solo en este riesgo

es válido tu juego.

No facilitas ya tu lanzamiento,

ni ya lo dificultas. De tus manos se escapa

el meteoro y va raudo a sus espacios. 

Un fotograma: Una dulce revelación, una pequeña esperanza, en el rostro de Barbara Stanwyck en la película Ladies of Leisure

La promesa del 2020: ¿El concepto de jóvenes es complicado, no? Yo acá puse alguno que ya anda cerca de los 50. 

De los nuestros Martin Farina, Adirley Queirós…Teddy Williams capaz.

De los primer mundo Sofía Bohdanowicz, David Robert Mitchell y Julian Radlmaier.

Alguno más: Bi Gan.

Y nombrar a Masaaki Yuasa, que viene trabajando hace más de 20 años, pero esta década fue la primera en que le entró de lleno al cine, hizo tres películas, y es para mi uno de los directores más importantes contemporáneos.

Película testamento: Out-Takes from the Life of a Happy Man de Jonas Mekas es el testamento más bello que me puedo imaginar de esta década.

Nobuhiko Obayashi ya tiene 81 años y todavía no murió, pero me parece que ya sus últimas películas están funcionando como su testamento (capaz luego pasa la Oliveira y vive 30 años más). Hanagatami del 2017 es una película del-tipo-testamento, de esas películas “más grandes que la vida”, y que también no deja de estar pensando de manera creativa cómo usar esa herramienta cine. Me parece bien incluirla acá.

Esta década también se fue Kira Muratova, y dirigió una película en el 2012: Eternal homecoming.

Película maldita: Vamps de Amy Heckerling. Programada por Martín Álvarez en alguna función muy lejana del Cinéfilo, es ese tipo de películas que solo muy casualmente encuentran a su espectador frente a toda una serie de complicaciones de qué es lo que a priori se creería de esta “tipo” de película (una comedia, yankee, de vampiros) 

Hanagatami es una película que me parece que no se le dio mucha bola.

Yuasa aunque es muy prestigioso en el ambiente de la animación sigue siendo un poco ignorado en el ambiente más cinéfilo o del cine.

Luke Fowler me parece un director super importante, qué más allá de que tuvo una retro en el Bafici se sigue  dejando bastante de lado sus películas.

Hay una película china que me impacto muchisimo y que hubiera estado bueno que circulara más, viera más gente o más gente nombrará: Guanggun de Yu Guangyi (La montaña de los solteros).

Otra película-genialidad media escondida: Motorway de Soi Cheang.

Flautazo: Gus Van Sant a pesar de algunos altibajos no es un pésimo director, nada más alejado, pero Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot tenía todos los elementos para ser una pésima película, y resulta que es bastante buena.

Una escena de la década: Un par de imágenes que me vienen a la cabeza:

Los inmigrantes calentando clavos y pasandolos por sus dedos para borrar las huellas digitales en Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerre) de Sylvain George.

El tiempo volviendo hacia atrás a medida que se van moviendo las manecillas del reloj animado pintado sobre el tren en Kaili blues de Bi Gan.

Y una escena: en Classical Period de Ted Fendt, cuando el personaje de Evelyn habla de sus sentimientos frente a toda la lógica y manera de relacionarse imperante en los otros personajes. O la escena donde se cruza con el protagonista en la calle y le comenta que no pudo dormir. Son escenas que me afectaron.

Un intérprete de la década: La actriz de Evelyn en Classical Period, que se llama Evelyn Emile, e imagino que su actuación debe tomar varias cosas de sí misma. Y… Robert Pattinson, por ser la estrella adolescente que más grandes películas se puso al hombro (High life, Good times, Cosmopolis).


Paul von Sprecher

Una película: Podría haber elegido Érase una vez en Hollywood / Once Upon a Time… in Hollywood (la que más veces vi de este año y mi preferida de Tarantino) o Sinónimos / Synonymes (la que más me impactó), pero opto por dos que están bastante relacionadas: The Mule y The Old Man & the Gun). La primera es el retorno (y probablemente la despedida) de Clint Eastwood a la actuación y la otra el adiós de Robert Reford como actor. Eastwood interpreta a un anciano, pasados sus ochenta, que oficia de mula para unos traficantes mexicanos y Redford es un ladrón que ha escapado de muchísimas cárceles. Las dos parecen ser el canto del cisne de un tipo de cine que ya no se hace. Ese cine clásico y reposado que tan bien le sienta a estas dos road movies. Un cine que Clint Eastwood y David Lowery (director de The Old Man & the Gun, que ya había hecho la adorable Pete’s Dragon ) dominan a la perfección.

Una canción: «Everything’s not awesome» (La gran Aventura Lego 2) / «Part of Your World» (La Sirenita).

Elijo dos canciones de dos películas animadas. Una  es de The Lego Movie 2: The Second Part y transcurre en un momento difícil para los protagonistas cantan el hit «Everything is Awesome» («Todo es increíble») pero al revés. La película tiene una inventiva increíble, con plots twists geniales y es (claro) divertidísima Además de tener una de mis bandas sonoras preferidas de la década (en un tiempo todos los días me despertaba con Super Cool, una potente canción parte de su banda sonora). Lamentablemente fue la película Lego lanzada en cines menos valorada. En cuanto a «Part of Your World» la elijo porque en los reestrenos de los Hoyts del 2019 incluyeron La Sirenita (The Little Mermaid, 1989) y la fui a ver dos veces. Esta canción era de las que me sabía casi de memoria y pertenece a esa hermosa escena donde Ariel canta sobre que quiere ser humano y vivir fuera del mar mientras muestran los cacharros de humanos que encontró por ahí. La Sirenita es una película contra todo mal, un hermoso refugio contra los males de este mundo. Además sus perfecta animación me hizo extrañar a la animación 2D que hace rato no se ve, gracias al predominio de la animación 3D. Y Ariel hace lo que quiere y es bastante independiente, al contrario de lo que suele pasar en las relaciones con las princesas de Disney. 

https://www.youtube.com/watch?v=cy3dgg2WUMU

Un doble programa: Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950) / Under the Silver Lake (David Robert Mitchell, 2018): Mientras veía (después de mucho tiempo y por primera vez en una sala grande, la sala mayor del Cineclub Municipal) la (probablemente) mayor obra maestra de Billy Wilder la relacioné con la última película de David Robert Mitchell. Ambas son un noir enrarecido y  transcurren en Los Ángeles (Los Ángeles más oscuro y extraño de lo que solemos verlo). Además de presentar a dos protagonistas sin demasiada suerte en situaciones extrañas. Claro que en una el leit motiv o excusa que atraviesa toda la película es los cambios en el Hollywood desde el cine mudo al sonoro ya establecido y a la la cultura pop en diversas formas. En ese sentido la escena clave de El ocaso de una vida (como se tituló Sunset Boulevard cuando se estrenó en Latinoamérica) es cuando la estrella del cine mudo caída en desgracia Norma Desmond (Gloria Swanson) visita un set del mítico director Cecil B. De Mille y (disimuladamente) es vista como una antigüedad molesta y la de Under the Silver Lake cuando Andrew Garfield se encuentra con el songwriter que escribió varias canciones claves de la historia de la música pop. El cambio en el cine puede definir las primeras décadas del cine sonoro y el misterio de la cultura pop y sus canciones, películas y demás es algo que puede definir las dos primeras décadas del siglo XXI. Ambas películas representan el lado oscuro de cada época y a la vez esto hizo que no hayan tenido demasiada repercusión en su momento de estreno. Sunset Boulevard fue un fracaso de taquilla cuando se estrenó y Under the Silver Lake solo entusiasmó a la cinefilia dura mientras que al público común le provoco aún más confusión que It Follows. Con el tiempo Sunset Boulevard empezó a estar en la mayoría de los rankings de las mejores películas de la historia y la película más prestigiosa de Wilder (y con razón, en el mío debe estar entre las cinco mejores junto a Una Eva y dos Adanes). Ojalá que con la de David Robert Mitchell pase algo parecido.

Este año me di cuenta que…: En febrero llegaron a coincidir en la cartelera cordobesa (en fechas pero no en salas) La mula de Eastwood con Le livre d’image de Godard. Una siguió meses en las salas comerciales y a la otra la dieron por una semana en el Cineclub Municipal. Viendo ambas dos veces se me ocurrió que La mula era la despedida de Eastwood del cine clásico tal cual lo conocíamos y Le livre d’image era la despedida de Godard del cine moderno tal cual lo conocíamos. Claro que en el caso de Eastwood se refiere al cine clásico que empezó a tambalear justo cuando él se hizo famoso como cowboy en los ya lejanos 60 y el caso de Godard se refiere al cine moderno que ponía en jaque, mientras lo reivindicaba al cine clásico, con la nouvelle vague que él encabezó también en los 60. En ambas los directores hacen lo que mejor les sale: en el caso de La mula una historia narrativamente bien clásica con un outsider del sistema que no puede adaptarse a su familia y en el caso de Le livre d’image un found-footage que va desde una recopilación de trenes en el cine hasta el conflicto palestino. Ambas están fuera de norma en el cine contemporáneo y por algo no ganan premios a pesar del prestigio de sus directores. Son directores que más allá de la adoración crítica, con mucho mas consenso en el caso de Godard que en el de Eastwood, están al margen de los sistemas donde nunca entraron del todo (más allá que Eastwood haya tenido algunos éxitos de taquilla y Godard haya ganado algún premio importante hace mucho,  pero en los últimos años les quedaron los motes de “el último cineasta clásico” y de “el último sobreviviente de la nouvelle vague”.  Hoy en día el cine clásico y el cine moderno son algo difuso y confuso, se sabe aún menos que antes lo que son. Pero estos dos cineastas veteranos (pero con más potencia e intensidad que muchos cineastas jóvenes) filmaron dos películas  que, sin decirlo explícitamente, representan lo que en la segunda mitad del siglo XX se entendía por cine clásico y por cine moderno. Podrían haber sido sus opus finales, pero Clint ya estreno su última película en Estados Unidos y Godard anunció una nueva película. 

Un director que podría estar en el medio de los dos anteriores es Brian de Palma, que pasó injustamente desapercibido con Domino (que no se estrenó aquí pero se consigue fácilmente), su última película que sin ser de sus mejores películas ni mucho menos, vuelve a demostrar su talento narrando de una forma ultra moderna una historia aparentemente simple. 

Un texto: Poplítica (una introducción al cine de Joseph Kahn) de José fuentes Navarro, aparecido en el número 2 en papel de La vida útil. De Joseph Kahn había visto dos veces Castigo / Detention (2011) y sabía que había dirigido la mayoría de los  hermosos videoclips del gran álbum de Taylor Swift 1989. Pero gracias a José vi Bodied (2017), que me voló la cabeza aún más que Detention. Y gracias al dossier busque más sobre su videografía y me entere que había filmado videoclips icónicos, entre ellos algunos de mis favoritos (como «Toxic» de Britney Spears). Pero lo mejor del dossier fue este texto introductorio de JFN donde nos cuenta un poco la historia de Kahn y da dos ejemplos de su maestría para dirigir publicidades (con All Eyes on Us, publicidad de selección estadounidense del mundial, uno de los grandes eventos del año que pasó) y videoclips (con «Last Cup of Sorrow», videoclip de Faith No More que remite al clásico hitchockiano Vértigo).  Además de hablar sobre sus tres largometrajes y cómo los produjo, la forma en que escribe José es de un tono bajo pero a la vez muy potente y hace que los que no conocen o los que lo conocíamos poco a Kahn nos den ganas de ver y saber más sobre este gran director.

«La mueca feroz: De Vito dirige» por Marcos Vieytes (https://calandacritica.com/2019/10/15/de-vito/). En este texto Vieytes analiza la carrera del Dany de Vito como director muy acertadamente. Se centra en La guerra de los Roses / The War of the Roses (1989), Hoffa (1992) y Matilda (1996). Lamento que no haya escrito más sobre Tira a mama del tren / Throw Momma from the Train (1987) y que no haya mencionado a Maten a Smoochy / Death to Smoochy (2002) y Duplex (2003), pero igual está muy bien este texto que rescata a un director medio olvidado y bastante subvalorado, que desde fines de los 80 hasta comienzos del milenio se dedicó a poner patas para arriba ciertas instituciones norteamericanas (con la familia a la cabeza) sin ser paródico. Justamente este año vi Hoffa por primera vez y quedé maravillado. Entre otras cosas tiene una de las mejores actuaciones de Jack Nicholson. Y en el Etiqueta Negra de vacaciones de invierno (programado por Martín Emilio Campos) vi Matilda en pantalla grande tanto doblada al castellano (como la había visto siempre) y como en versión subtitulada. La película me encanta tanto como cuando era niño y sigue siendo una de mis preferidas. Además ahora noto varios detalles que de chico no notaba (como la elección de familia y el grotesco grasiento de la familia de Matilda). Es una lástima que De Vito esté retirado de la dirección.

Un fotograma:

La promesa del 2020: David Robert Mitchell. Lo que hizo Mitchell en The Myth of the American Sleepover (2010), It Follows (2014) y Under the silver Lake (2018) es algo realmente impresionante. Tomó a dos géneros “adolescentes” (las teen movies y el slasher, una rama del terror claro) e hizo otra cosa con los tópicos de estos, los enrareció. Y aún más extraña fue su última película donde tomó un supuesto tipo de película (la película de viaje, flashera o drogona) e hizo algo totalmente demente. Pero siempre con una narrativa y una destreza formal increíble. Un cine que puede descolocar y maravillar al mismo tiempo. He escuchado comentarios muy en contra y muy a favor de las dos últimas. A las que tuvimos más acceso, gracias al estreno comercial y en festivales, fueron It Follows y Under the Silver Lake. The Myth of the American Sleepover se consigue fácilmente online. El camino fácil hubiera sido que después del éxito de It Follows hubiera hecho otra de terror u otra cosa “más cool” pero con Under the Silver Lake apostó a un riesgo muy grande. Ojalá que siga haciendo más películas en la década que está por empezar y que sigan estando a la altura, algo difícil después de esta perfecta trilogía.

Otros directores de los que espero mucho en la próxima década son Nadav Lapid, Sean Baker, S. Craig Zahler, Rudi Rosenberg, Abbas Fahdel, Germán Scelso, Ari Aster, Alicia Scherson, Eloisa Solaas, Mariano González, Hitoshi Matsumoto, Nicolás Abello, María Aparicio. Seguro me olvido de algunos, por lo que parece que hay cine para rato

Película testamento:  Mistérios de Lisboa (2010) / La noche de enfrente (2012) de Raoul Ruiz. Hubo cierta discusión entre los cinéfilos a comienzos de esta década sobre cuál era la última película de Ruiz. La noche de enfrente no la alcanzó a editar pero es una película totalmente ruiziana y la última vez que nos entregó ese placer hermoso y aventurero que tienen todas sus películas. De Mistérios de Lisboa se suele decir que es su película más clásica y quizás lo sea pero además es una de mis preferidas tanto de RR como de la década. Tiene un encanto por saber qué será lo próximo que pasará y también visualmente es increíble. Recuerdo con gran placer cuando vi La Noche de enfrente en el BAFICI 2013 y Mistérios de Lisboa, la versión abreviada, en el curso de Roger Koza  y años más tarde en su estreno oficial en la sala grande del Cineclub Municipal Hugo del Carril, pero sobre todo cuando vi la versión completa un sábado maratónico en el desaparecido y querido Cinéfilo Bar, gracias al cual pude ver varias películas de Ruiz (de todas las épocas) y que fue de lo más hermoso que me pasó en esta década.

Película maldita: Damsels in Distress (With Sthilman, 2011) / Vamps (Amy Heckerling, 2012) . Damsels in Distress fue la película más ignorada del gran Whit Stillman. De hecho la descubrí cuando vi toda la filmografía de Stillman hace un par de años. Pero creo que es su mejor película. Su película menos cínica (lo que no le saca el encanto a las demás) y la más amable. La adorable Greta Gerwig encabeza un grupo de estudiantes mujeres en la universidad que quieren hacer ciertos cambios en la institución. Es una lástima que Whit Stillman solo haya filmado cinco largometrajes (todas de muy buena para arriba) y un piloto para televisión. Nunca fue reconocido en su justa medida más allá de tener varios defensores y detractores en los 90. Otra película que no fue reconocida como debía serlo (pero que al menos se pasó en el BAFICI 2013 y Martín Álvarez la programó en el desaparecido Cinéfilo Bar en el mismo año) fue Vamps, el regreso de la dupla heroica Amy Heckerling directora y Alicia Silvestone protagonista, quien ya había dado sus frutos en aquella hermosa comedia adolescente llamada Clueless (1995) (mejor conocida acá como Ni idea) El tiempo paso y ahora la Silverstone interpreta a una vampira veterana llamada Goody que tiene una amiga más joven llamad Stacy (Kristen Ritter). La diferencia de edad las une más que de lo que las aleja y tiene cosas encantadoras como Goody extrañando a James Cagney y sintiéndose horrorizada frente a los iPads. La película habla sobre el paso del tiempo y de la historia de una forma muy original pero muchos vieron en ella una “tonta comedia”. Se merecía mejor suerte esta película de una directora que debutó con toda la fuerza en 1982 con la genial Fast Times at Ridgemont High.

Flautazo: La estafa de los Logan (Logan Lucky, 2017) de Steven Sodebergh. Sodebergh no me parece un director pésimo pero sí uno demasiado desparejo, con películas apenas salvadas por sus actuaciones (Erin Brockovich, Ocean’s Eleven), otras espantosas (Side Effects) y alguna que otra muy buena (Out of Sight). Por eso fui a ver Logan Lucky desconfiado y arrastrado por alguna que otra recomendación cinéfila. Mi sorpresa fue inmensa. Y creció aún más cuando la vi de vuelta online primero y en HBO o algún canal de esos después. El retrato de estos pueblerinos de un lugar en lo más profundo de Estados Unidos y sus costumbres son una excusa para uno de los grandes caper films (películas de robo) que yo haya visto. El amor hacia los personajes es impresionante y los actores están mejor que nunca (todos: desde Adam Driver hasta Hillary Swank pasando por Daniel Craig). Paso medio desapercibida (mas allá de ciertos elogios) entre otras cosas porque se estrenó el mismo jueves que Zama y Mother!. Además de toda su nobleza me hizo conocer a esa hermosa canción  llamada «Take me Home Country Roads» de John Denver.

Una escena de la década: El comienzo de It Follows, David Robert Mitchell (2014): Esta obra maestra empieza con un extenso plano secuencia donde se ve a una adolescente desesperada (aunque lo niegue) corriendo en un barrio de clase media acomodada. Solo se ve rápidamente a una vecina y a su padre pero rápidamente nos olvidamos de ellos. El plano termina con ella yéndose en un auto y luego la vemos manejándolo y finalmente para en una playa donde llama al padre para decirle que lo quiere y disculparse porque a veces puede ser una pesada. Luego vemos el auto de enfrente con sus luces rojas. Lo que lo hace parecer como algo maldito o diabólico. Y a continuación la impactante escena de la joven descuartizada. Esta escena es lo único gore que habrá en toda la película, lo contrario de lo que suele ser el slasher clásico, que está lleno de gore). Pero más allá de eso esta escena impresionante nos anticipa (con uno o dos personajes ajenos al resto de la película) el misterio y la tensión que manejara toda la película. 

Un intérprete de la década: Zac Efron / Pilar Gamboa. Es difícil elegir porque hay varios y varias. Algunos que pueden definir la década (Adam Driver), otras que prometían comerse la década pero lo cumplieron a medias (Kristen Wiig), otras que se hicieron famosas de grandes pero la rompieron mal (Rose Byrne), otra/os que superaron todas las expectativas (Robert Pattinson, Kristen Stewart), otras que después de mucho remarlas se terminaron de consagrar en esta década (Natalia Oreiro, Sofía Gala) o incluso actores que antes no soportaba y ahora me encantan (Brad Pitt). Pero elijo dos a quienes les seguí las carreras de un tiempo a esta parte. Uno es Zac Efron que se hizo famoso por una saga adolescente que nunca vi (High School Musical) y un par de películas teenagers que tampoco vi. Pero a partir de That Awkward Moment (película menor pero simpática que vi de pura casualidad) y sobretodo de la primera Neighbors (2014), donde hace una excelente dupla de odio-amor junto a Seth Rogen además de Rose Byrne y otros más, le empecé a prestar atención. Se notaba que era un excelente comediante como también lo demostró en las subestimadas Dirty Grandpa (2016, que también incluye la mejor actuación comedia de Robert de Niro), Buenos Vecinos 2 / Neighbors 2: Sorority Rising (2016), Mike and Dave Need Wedding Dates (junto a Adam Levine, Anna Kendrick y Aubrey Plaza, que también estarían en una lista de actrices y actores de la década), en su pequeño papel en The Disaster Artist (2017) e incluso en la un poco decepcionante Baywatch (2017). Saca lo mejor de sí tanto como cuando esta desatado (como en la hermosa The Beach Bum de Harmony Korine) como cuando está más contenido. Pero, además de la recién mencionada última película de Korine, brilla en dos películas muy distintas entre sí: We Are Your Friends (2015) donde interpreta a un incipiente DJ que se hace amigo de un DJ experto (Wes Bentley) pero a la vez se enamora de su hermosa novia (la modelo Emily Ratajkowski, que lamentablemente no volvió a incursionar en el cine). Su cara de tranquilo -pero que en el fondo es un loco- le sirvió mucho para hacer este papel pero sobre todo para esa sorprendente actuación donde interpreta al famoso asesino Ted Bundy en Extremadamente cruel, malvado y perverso / Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile (2017). Un asesino serial que era bonito (y por lo tanto hasta tenía fanáticas) y mataba mujeres inocentes mientras se presentaba como el novio ideal frente a su pareja. Además actuó para Linklater en Me and Orson Welles  (2008) pero eso fue en la década anterior. Efron es un actor que parece el mejor amigo, el que le encanta la joda (como tanto se ve en Buenos vecinos) y el más simpático que esconde detrás un lado oscuro. Está un poco subvalorado y eso capaz se deba a  que no actuó en películas de directores prestigiosos (salvo con Linklater, pero ya hace un tiempo). Ojalá que el tiempo le dé el reconocimiento que se merece.

En cuanto a actrices elijo a Pilar Gamboa, que brilla en todo lo que hace. Y que con su carrera se puede definir al cine argentino de la década que paso: comedias indie muy buenas (El futuro que viene, Las Vegas) y bastante malas (Recreo), comedias mainstream divertidas pero olvidables (Mamá se fue de viaje, Re-Loca), películas con “estilo FUC” para bien (Lo que más quiero) o para mal (El incendio) y La flor (2018), esa película de 14 horas (¡que se pasan volando!) de Llinás, que esta aparte de todo y donde brilla junto a sus compañeras de Piel de lava: Laura Paredes, Elisa Carricajo y Valeria Correa, que (sobre todo los dos primeros casos) también podrían estar en una lista de las grandes actrices de la década.


Armand Yervant Tufenkian

El 2019 trajo un par de películas que sentí como compañeros de viaje en su cuidado por la imagen y nuestro lugar en relación al oikos: Those That At a Distance Resemble Another de Jessica Sarah Rinald y O que arde de Oliver Laxe. Su calidez e inteligencia me lleva cinemáticamente hacia el nuevo año, y la precisa Sete anos en maio de Affonso Uchoa me recuerda que la resistencia en forma de cine puede ser. 

Tantos cineastas queridos fallecieron en 2019, la pérdida que me fue más difícil fue la de Phil Solomon — cuyas películas atesoraré para siempre como obras maestras.

El año 2013 fue un año decisivo de mi década: una retrospectiva transformadora de Nathaniel Dorsky y Jerome Hiller en el Lincoln Center, Island of St. Mathews de Kevin Jerome Everson y de Ben Rivers + Ben Russell A Spell to Ward Off the Darkness, y las primeras imágenes de Accession

Para los 20s que vienen: una curiosidad para lo que venga de Jessica Sarah Rinald y Virgil Vernier, si Kodak va a resistir y cómo, y ¿resistirá el cine al mundo del arte?


Carlos Saldaña (Archivista)

Una película: Vitalina Varela (Pedro Costa)

Una canción:

Un doble programa: Mansfield K (Martine Rousset) + Viaje alrededor de mi cámara (Bruno Delgado Ramo) + La Chambre (Chantal Akerman)

Astrologie ou le miroir de la vie (Jean Grémillon) + Danses macabres, squelettes et autres fantaisies (Rita Azevedo Gomes, Pierre Léon, Jean-Louis Schefer)+ Histoire(s) du cinéma 4A: Le contrôle de l’univers (Jean-Luc Godard)

Este año me di cuenta que…: que «las imágenes sólo quieren fluir, y les da todo igual»;

«el recuerdo es un baño»;

y «todos los ruidos se hinchan de por sí hasta convertirse en paisajes».

En resumen, que no hay más que matices pero son todos iguales.

O, lo que es lo mismo:

Mi mano es muchas manos

Y se llama mi mano.

(W.B., Haschisch)

Un texto: «Textes critiques» – Jacques Rivette (Post-Éditions). Y dos libros de luz para construir o dinamitar metafísicas de la visión: «Dictionnaire historique de la terminologie optique des grecs. Douze siècles de dialogue avec la lumière» – Charles Mugler (Klincksieck). «The Ecological Approach to Visual Perception» – J.J. Gibson (Houghton Mifflin)

Un fotograma: De El anillo de Giges (Víctor Ladera)


Sofia Bohdanowicz

Una película: Those That, at a Distance, Resemble Another – Jessica Sarah Rinland

Una canción: «Let’s Dance», escrita por David Bowie, interpretada por M. Ward en I Was at Home But..

Un doble programa: This Film Is About Me (Alexis Delgado Búrdalo) + A Woman Under the Influence (John Cassavetes)

Este año me di cuenta que…: Este año aprendí mucho sobre cómo abordo y etiqueto mi práctica. Leí el libro Process Cinema editado por Janine Marchessault y Scott Mackenzie, en el que hablan sobre las teorías de Proceso y Realidad de Alfred North Whitehead, donde “distinguía un acercamiento de proceso al arte que no veía al mundo como una entidad fija sino como una en constante cambio y movimiento – en un proceso de devenir.” La forma de cine de proceso permite a los cineastas utilizar los recursos que los rodean durante la producción. El producto en cuestión entonces cambia, se tuerce y se dobla a si mismo para acomodarse a las variables que se presentan (o desaparecen) conforme la obra es creada. Como resultado, las películas de proceso adoptan un aura vivida que captura la esencia y las condiciones en las que la obra fue creada. Adopté esta práctica de trabajo desde el principio aunque no había logrado etiquetarla y articular su forma y lógica interna más allá de decirle “intuitiva” hasta que empecé a estudiar con el profesor Phil Hoffman en la universidad de York. “El cine de proceso situa películas que están hechas con esta metodología y fenomenología direccionada por el proceso que no están atadas a una simple replicación de lo real. Esto significa que estas películas rara vez se apoyan en un guión como un documento general que guía el trabajo. En cambio, el proceso de hacer una película es reemplazado por una integración fluida de escritura, rodaje y edición, y no necesariamente en ese orden.

A través de Hoffman, he aprendido cómo dejar que una película me diga lo que es en vez de forzarla a acomodarse a mi imagen preconcebida. En la materia que enseña en la universidad de York bajo el título “Process Cinema”,  Hoffman me enseñó a mirar los defectos que pueden ocurrir durante la producción o postproducción como regalos en vez de como ocurrencias desastrosas. 

Un texto: Dane Komljen sobre Afternoon de Angela Schanelec – https://mubi.com/notebook/posts/dane-komljen-on-angela-schanelec-s-afternoon

Un fotograma: De 2008, Blake Williams

La promesa del 2020: Mateo Bendesky

Película testamento: Evidentiary Bodies – Barbara Hammer

Película maldita: Fourteen – Dan Sallitt

Flautazo: Lawrence Anyways – Xavier Dolan

Una escena de la década: La escena en el negocio de Carol (2015) con Cate Blanchett y Rooney Mara, “me gusta ese sombrero”.

Un intérprete de la década: Bobby Sommer – Museum Hours


maui alena

Una película: Este año voy por las autoficciones (se dice así y existe eso ¿no?)

Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar) y Rolling Thunder Revue: a Bob Dylan story by Martin Scorsese (Martin Scorsese)

Las dos películas me entusiasmaron y emocionaron como pocas en el año (podría sumar a Amazing Grace a la lista). Ambas son únicas e irrepetibles y sólo sus directores/protagonistas (considero a Dylan como co-creador y a Almodóvar como protagonista) pueden imaginarlas y realizarlas. La idea del cine como herramienta para repensar(se) la vida (o las vidas posibles) de una persona me parece extraordinaria.

Alrededor de las dos (sobre todo en la de Dylan por parecer a priori un documental), hubo mucha discusión sobre qué es verdad o no en sus historias, cosa que me puso muy triste porque demuestra lo poco que la gente cree en el cine hoy en día. 

Una canción: Let’s Dance (cover de la canción de Bowie por M. Ward) en I was home but…  de Angela Schanelec: suena en una escena absolutamente placentera que ayuda perceptiva y narrativamente a destrabar la película. En ese momento, lo que era desentendimiento y desconfianza de mi parte como espectador, pasó a ser un viaje placentero por el resto de la película, a través de la canción entendí el tono con el que tenía que mirarla

Suzanne (Leonard Cohen) en O que arde de Oliver Laxe: ¡Estúpida y sensual escena! La vaquita y el paisaje con esta canción casi que se puede tomar como un abuso del virtuosismo del director o un golpe bajo.

Mención especial para Technoboss de João Nicolau.

Un doble programa: Daguerréotypes (Agnés Varda – 1976) y Nunca subí el Provincia (Ignacio Agüero -2019)

La idea del cine como cápsula de tiempo. Me gusta pensar Daguerréotypes como un viaje en el tiempo, nos lleva a ver la vida cotidiana de una calle de París en los 70s. Varda filmó lugares y situaciones que en su momento podrían haber parecido muy simplonas y sin sentido, pero que hoy en día estamos agradecidos de poder ver. Siempre la tomé como una película altruista, realizada no tanto para sus espectadores contemporáneos sino para gente como nosotros, que accede a ella 40 años después. Cuanto más pase el tiempo, más se valorará.

Con la de Agüero me pasa exáctamente lo mismo, al igual que la película de Varda, tiene sentido del humor, es profunda, está hecha desde el cariño y será adecuadamente valorada en varias décadas.

Son como un vino que podemos disfrutar ahora pero será totalmente superador en varios años, cuando añeje. 

Este año me di cuenta que…: En este año me dí cuenta de muchas cosas relacionadas al cine. La que más me viene retumbando en la cabeza en los últimos meses, es la necesidad urgente de que trabajemos para volver a conectar al cine, a las películas y a los festivales que queremos y defendemos, con la gente. En la última temporada tuve la suerte de estar en muchos festivales y mi conclusión es que el cine se (y lo) está (estamos) volviendo cada vez más elitista y esto lo (y nos) va a terminar matando. Muchos festivales se convirtieron en eventos privados para gente del mundillo, muchos programadores no programan más para que la gente de sus ciudades, sino pensando en otros programadores. Estamos llegando a un nivel de endogamia horrible. Las películas y el contacto de ellas con el público está perdiendo el rol central de la cuestión y en festivales se habla más del “mundo del cine” que de cine en sí. Un ejemplo claro y muy sintomático de estas cuestiones es la cantidad de festivales pequeños que priorizan la premiere de las películas sobre su calidad, hecho que se puede traducir en priorizar el sorprender a otros programadores sobre el buen cine que se puede llevar a una ciudad o población.

Un texto: «Ardent Hope» – Interview with Godard  en Cahiers du cinéma. Porque sigue siendo genial y porque es sorprendentemente cariñoso con los nuevos Cahiers.

Un fotograma: Rapados (2019 x maui alena). Casi 30 años después de Rapado, Rejtman vuelve a hacer un retrato de los jóvenes porteños con sus problemas e inquietudes, que resulta más preciso y acertado que cualquier película de jóven realizador contemporáneo. 

La otra que casi pongo: Mati Diop y Stallone, la que para mi fue la foto del año.

La promesa del 2020: Gabriel Azorín, Oscar Vincentelli y María Anton Cabot. De los tres se hablará mucho en la década que viene, tanto de sus trabajos individuales como en conjunto. El próximo cambio del cine viene por el lado de cómo lo están pensando ellos.

Película testamento: Todo comenzó por el fin (Luis Ospina -2015) y Outtakes from the Life of a Happy Man (Jonas Mekas – 2012) 

Estos últimos años murieron muchos grandes directores (entre ellos Marker, mi preferido), pero siguiendo la consigna, creo que las grandes películas testamento fueron la de Ospina y la de Mekas. Ospina, siendo el último sobreviviente de su grupo, hace una necesaria historia oficial de la banda de Caliwood que deja un legado y mensaje para próximas generaciones; en la segunda, Mekas deja de testamento una película que lo representa 100%: alegre pese a lo dura que fue su vida y una defensa a la belleza a la que siempre militó. Hace una película con todos los “desechos” de otras a lo largo de décadas que nos deja como enseñanza que el material o metraje siempre está vivo.

Película maldita: Stand by for tape backup (Ross Sutherland – 2015)

No creo que haya tenido mala suerte (pasó por algunos festivales y ganó premios), pero sí me sorprende la cantidad de gente que no la vió. Es chiquita, frágil, libre y potente. Creo que en Buenos Aires tuvo más éxito por su paso en Bafici y su posterior programación en el Palais de Glace (gracias al esfuerzo de Tomás Dotta). 

En la era de las películas personales y los intentos fallidos de ensayos cinematográficos, creo que esta es de las pocas que verdaderamente logra crear “una forma que piensa”.

Para los que gusten, acá la película completa

Flautazo: Drive (Nicholas Winding Refn – 2011).

Vi Drive en la última proyección que tuvo (luego del revuelo que ya había causado) en una salita pequeña en mi primer festival de Cannes en 2011 y salí totalmente extasiado, pensando que por fin el mundo de festivales comenzaría a abrazar el género de acción de los 80’s que formó mi primera cinefilia. Drive me conectó con el maui de 7 años que veía películas con su papá, parecía que era el comienzo de algo nuevo, de una reinterpretación del cine de esa época. 

El tiempo, y sobre todo las películas posteriores de Winding Refn, demostró que Drive fue un verdadero flautazo con el que Refn logró engañarnos a todos. Finalmente resultó ser otro narcisista más, enamorado del esteticismo y de su manera de filmar. Drive simplemente terminó siendo su película más medida en la que no lleva tanto al extremo este amor por los espejitos de colores. También debo admitir que nunca volví a verla desde aquella proyección y que es posible que ese día, influenciado por el revuelo que generó en el festival y por mis ganas de que ese cine reviva y ocupe un espacio importante, haya sido muy bueno con la película. 

Una escena de la década: Secuencia inicial de Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Apichatpong Weerasethakul – 2010). Seleccioné esta escena no porque sea la mejor de la década, sino porque creo que representa al cine que más vimos en festivales en los últimos diez años. Creo que en la historia y el progreso del cine hay momentos culmines en los que luego de ellos, nada podrá volver a ser igual. Siento que con Uncle Boonmee pasó lo mismo que en la primer década del milenio sucedió con La Libertad de Lisandro Alonso. Son grandes películas que marcaron épocas e influyeron tanto que lamentablemente crearon fórmulas que luego tuvimos que aguantar ver repetidas hasta el infinito en festivales. Lo triste de esto, es que en la mayoría de esas copias no entendieron la esencia y lo genuino de estas películas. Vean la escena de apertura de Uncle Boonmee (estrenada en 2010) y rápidamente se les vendrán por lo menos diez películas a la cabeza (de distintos países, continentes y realizadores) donde está la que para mí fue fórmula para acceder a festivales de la década: naturaleza + nativo + híbrido ficción/documental + extrañamiento fantástico.

Un intérprete de la década: Todos los y las intérpretes en Hong Sang-Soo. La hermosa repetición, prueba y error de Hong con sus personajes emborrachándose, riéndose, peleandose, durmiéndose para despertarse y volver a beber, nos acompañaron toda la década. Ellos nos esperaban siempre en algún festival amigo con una nueva historia que no dejaba de ser siempre la misma y podría ver cientos de veces más sin aburrirme. La búsqueda constante y la repetición, hizo que no importara quienes eran los intérpretes de turno en sus películas y que al fin y al cabo todos y todas sean los mismos personajes en distintas aventuras, situaciones o conflictos. 


Dana Najlis

Una película: Marriage Story, Noah Baumbach.

Una canción: Adam Driver cantando Being Alive in Marriage Story.

Un doble programa: A Rainy Day In New York (2019), Woody Allen / The clock (1945), Vincente Minnelli.

Un fotograma: To Catch A Thief (1955), Alfred Hitchcock.

Un texto: Volver a leer El arte de amar, de Jean Douchet.

Película testamento: Que le diable nous emporte (2018), Jean-Claude Brisseau. No home movie (2015), Chantal Akerman.

Flautazo: How Do You Know (2010), James L. Brooks. No creo que sea una película accidentalmente buena ni dirigida por un pésimo director, pero es una gran película que se destaca particularmente en la escasa filmografía de Brooks como director.


Vanja Milena Munjin Paiva

Una película: Mejor, dos que se complementan, de alguna manera. Sete anos en maio de Affonso Uchôa, por su furia, por su verdad, por la escucha, por el desgarro que te deja + So Pretty de Jessie Jefrey Dunn Rovinellipor imaginar una utopia, un futuro en que dan ganas de construir y habitar.

Una canción: Archivo Pittoresco, la voz de Lula Pena planeando en multiples lenguas y entonando diversos lamentos acompañada solo de su guitarra y la cantidad astronomica y telurica de sonidos y vibraciones que logra evocar con ellas en un rio-concierto bajo las estrellas del verano al  cobijo arbol al lado de la Casa das artes de Arcos de Valdevez. Quizás una de las experiencias más cinematográficas de Doc’s Kingdom 2019. 

La tormenta que azota los tejados de la casas de Ignacio Agüero en Nunca subí el Provincia, justo en el momento en donde el filme pasa de algo espacial/territorial a una dimensión totalmente mental, un flujo de conciencia y recuerdos con la textura del mundo onirico, y de la que azota en el techo precario de la casa Joaquim en  la que Vitalina Varela se hospeda durante su luto tardío cuando el cielo parece caerse por completo allá afuera e inundarnos por dentro. 

El mantra en que se transforma la recitación de “No es” de Mariano Blatt en Parsi y su juego con la idea de la imagen crea en su falta, en su negación en su similitud.

Un doble programa: Those, at the distance, resemble each other (Jessica Sarah Rinland) & Fake Factory Fruit (Chick Strand)

Este año me di cuenta que…: La cinefilia te permite encontrar grandes amigos en cualquier rincon el mundo

Un texto: He disfrutado durante todo el año el encargo de los libros editados por Lumièré “Jeanette Muñoz, El paisaje como un mar” y “El cine de la devoción” de Nathaniel Dorsky. También atesoro cada extracto que he ojeado de “António Reis e Margarida Cordeiro: a poesia da terra” editado en 1997 por el Cineclube de Faro.

Un fotograma: Ceniza Verde (Pablo Mazzolo, 2019). No encontré una imagén pero aún guardo en mi recuerdo aquellos momentos en medio de la oscuridad costiana en que Vitalina clava el brillo ardiente y la rabia profunda contenida en la negrura de sus ojos en el espectador, como una daga en el corazón.

La promesa del 2020: Ay qué terrible sería tener solo una joven promesa para la próxima década, dejo aquí nombres jóvenes (?) de este 2000-2010 a los que me gustaría seguirles el rastro para la próxima década: Nicolás Videla, Dane Komljen , Pablo Escoto, Helena Wittman, Alexandra Cuesta, Sofia Brito, Flavia Contreras, Alba Gaviraghi, Malena Szlam, CEIS 8, Colectivo Los ingrávidos, Manque La Banca, Fernando Restelli, Ana Vaz, Laura Huertas Millán, Paola Buontempo, Mary Helena Clark, Francisco Rodríguez, Charlotte Bayer-Broc, Juliana Antunes, Jessica Sarah Rinland, Teddy Williams, Melisa Liebenthal, Edward de Ybarra, Carla Simón, Blanca Camel…

Película testamento: No home movie, Chantal Akerman. La noche de enfrente, Raúl Ruiz. Outtakes From The Life Of A Happy Man, Jonas Mekas. Visita, ou Memórias e confissões, Manouel de Oliveira. Todo comenzó por el fin, Luis Ospina </3

Película maldita: Tiempos malos, Cristián Sánchez. Los iluminados, Sebastián Pereira. El Diablo Es Magnífico, Nicolás Videla.

Flautazo: Gran categoría, triste mi imaginación para proponer algún título que le haga justicia.

Una escena de la década: Tres pasos rituales: El gran plano secuencia de Kaili Blues que sin darnos cuenta viaja en el tiempo, la secuencia marítima de Drift donde entendemos una emocionalidad que la primera parte no explicita, el paso de un lugar del mundo a otro sumergiéndose en un hormiguero de El auge del humano.

Un intérprete de la década: Kim Min-hee & Vitalina Varela


Mercedes Orden

Una película: Hace unas semanas tuve que elegir las mejores películas del año y me di cuenta que, a diferencia del 2018, la dificultad estaba en acotar la lista a diez (tenía más de quince en mente). Situación que me resulta por demás positiva. Hasta hace un par de meses estaba convencida que mi preferida iba a ser Parasite, de Bong Joon-ho, pero después vi Vitalina Varela, de Pedro Costa y, sin dudas, me pareció lo más valioso del 2019. Me parece que es (sin exagerar, o quizá sí, y poco me importa porque considero que la crítica siempre es subjetiva) una película que alcanza la perfección.
Costa se centra en Vitalina, una viuda que llega tarde a despedir a su marido. Por tanto, la narración ocurre en los días sucesivos de la mujer en pleno proceso de duelo. La construcción del relato se basa en los fragmentos y las oscuridades, en un espacio donde el tiempo parece estar estancado. La densidad de la pérdida se ubica como centro, no sólo del ser amado, sino del deseo, de la ilusión ante un futuro mejor que nunca llegó.
Me han dicho que esta película cansa o agobia en sus reiteraciones, respecto a sus anteriores trabajos. Yo creo que, lejos de repetir, el director profundiza. Y ¿qué es Vitalina Varela si no un viaje a las profundidades? De un barrio cuya configuración resulta similar a la de un cementerio, de la psicología de una mujer, de un sector social invisibilizado, de los migrantes sin voz. La oscuridad como decisión estética y temática, la elección del personaje protagónico, la construcción de la crítica social, el peso la melancolía, el híbrido entre documental y ficción, la atención puesta en la corporalidad y el silencio, la convierten en mi preferida del año y también en una de las de esta década que llegó a su fin.

Una canción: “Púrpura”, de WOS en Los Sonámbulos y “Suzanne”, de Leonard Cohen en O que arde.

Un doble programa: Los olvidados, de Luis Buñuel con Lluvia de Jaulas, de César González. Un barrio marginal de México, una villa de emergencia en Argentina, en ambas películas se observa la soledad y la marginalidad a través de la figura de jóvenes olvidados de América Latina. 

Letters to Paul Morrissey, de Armand Rovira con Persona, de Ingmar Bergman. Hay, en la película de Rovira, influencias marcadas de los grandes del cine. Una de ellas es Bergman, cuya inspiración aparece de forma clara en una de estas maravillosas cartas fílmicas dedicadas a Paul Morrissey.

Este año me di cuenta que…: Lo aburrido, vacío y gris que es el centro porteño desde que falta BAMA Cine Arte, y la necesidad de defender las salas, de no dejar que ninguna más cierre sus puertas porque con sus clausuras, desaparecen los relatos.

Un texto: Quintana, Ian. “La experiencia del tiempo: el cine de James Benning” en Revista Caligari, 4, p.46-48. Es una reflexión filosófica sobre la actualidad y el cine de Benning como resistencia y contemplación.

Bilik, Julieta. “Cine, ¿en qué te has convertido? De salas a pantallas”, Revista Pulsión, 10, p.4-7. Crónica de lo que define como “un cementerio de cines” (aún no está disponible online pero entiendo que pronto se van a poder leer las revistas en https://revistapulsion.com/)

Un fotograma: Nacional e internacional:

Vitalina Varela (Pedro Costa)
Cada fotograma de Vitalina Varela muestra su grandeza. Podría elegir cualquiera porque  sus composiciones me parecen perfectas. La oscuridad, lejos de vaciar, completa los espacios, recorta a los personajes, les otorga el peso dramático que atraviesa a esta historia.

Ausencia de mí (Melina Terribili). El documental atestigua el sufrimiento de Alfredo Zitarrosa durante el exilio. Las mudanzas, la dificultad del desarraigo es lo que se propone conocer Terribili. Este fotograma muestra la revancha de Alfredo, su vuelta, a la vez que condensa su forma de sonreírle a tanta muerte.

La promesa del 2020: Andrea Testa se ganó su lugar en el cine con la dirección y co-dirección de Pibe chorro y La larga noche de Francisco Sanctis. Niña Mamá (cuyo estreno comercial será en 2020) sigue ese camino. Abre la nueva década con un fuerte contenido político y social a partir de observar rostros, de poner atención a los discursos como así también al lenguaje no verbal, exhibiendo la vulnerable situación de jóvenes madres. Testa encuentra el mensaje con habilidad, crea un espacio donde las adolescentes logren ser escuchadas y lo ubica en pantalla para interpelarnos, para evidenciar la necesidad de hacer un cine que se comprometa con el presente.

Película testamento: Varda por Agnès (2019). Una película que nos dejó la directora a modo de despedida y que fue pensada de ese modo. 
Verla en la sala, tras su fallecimiento, fue como un proceso de elaboración colectiva donde la mujer nos explicaba, a partir de un repaso de su obra, cómo le gustaría ser recordada. Directora, pero también fotógrafa, artista militante, viuda y amiga. Humanizó al cine, lo alejó de las frivolidades, le añadió su impronta ideológica y la belleza estética que la acompañaban. Esta fue la despedida de una mujer que se sabía enferma y el mejor ejemplo de lo que alguna vez escribió Adolfo Bioy Casares: “Sobrevivimos en la obra. Por eso hay que hacerla con amor”.

Un intérprete de la década: Kim Min-hee, por la frescura que le otorga al cine de Hong Sang-soo.

Una escena de la década: Es difícil elegir una escena de la década, pero me acordé de “20,0000 Days on Earth” (2014), el documental dirigido por Jane Pollard y Iain Fosyth, donde Nick Cave habla del momento en que conoció a su compañera, Susie Bick. Me interesa el modo en que Nick Cave construye el recuerdo a partir de una fotografía que actúa como disparador. Es una escena rústica, donde el material de archivo, el montaje y la poesía cooperan en la construcción del caos. Y el cine, por suerte, es también eso.

Me interesa el modo en que Nick Cave construye el recuerdo a partir de una fotografía que actúa como disparador. Es una escena rústica, donde el material de archivo, el montaje y la poesía cooperan en la construcción del caos. Y el cine, por suerte, es también eso.


Diego Trerotola

Una película: Breve historia del planeta verde

Una canción: Royals de Lorde en Hustlers

Un doble programa: Border con Martin de George Romero

Este año me di cuenta que…: John Stahl tenía más obras maestras de las que creía.

Un texto: “The White Sheik” anticipated or inspired a number of later Hollywood comedies, including Gene Wilder’s “The World’s Greatest Lover,” Neil LaBute’s “Nurse Betty” and especially Woody Allen’s “The Purple Rose of Cairo.” But farcical as it is, “The White Sheik” has a serious interest in fandom’s quasi-religious pathology. The movie’s spiritual twin is Billy Wilder’s “Sunset Boulevard,” made two years earlier and similarly self-reflexive in pondering the effect of the so-called dream factory.

It’s not simply that both reference silent cinema and the original Sheik, Rudolph Valentino. “The White Sheik” is “Sunset Boulevard” in reverse. When the delusional former movie queen Norma Desmond imagines her fans, “those wonderful people out there in the dark,” she is invoking star-struck Wanda. Whose fantasy is more potent?

J. Hoberman, ‘The White Sheik’: Fellini’s Charming Farce About Fandom, New York Times, 24 de diciembre 2019.

Un fotograma: Booksmart

La promesa del 2020: Olivia Wilde, directora de Booksmart

Película testamento: La Telenovela Errante (2017) de Raoul Ruiz

Película maldita: Voluptuous Sleep (2011) de Betzy Bromberg

Una escena de la década: El joven verdulero Franck charla sobre siluros con el viejo leñador Henri sentados en la orilla de El desconocido del lago de Alain Guiraudie.

Un intérprete de la década: Emma Stone


Mariano Morita

Una película: Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler). Se trata de una rareza absoluta en el panorama actual del cine estadounidense. Zahler coquetea con el cine de explotación pero a la vez está cerca de Jean-Pierre Melville, que en sí mismo fue otra rareza. Escribí algo sobre esta película: https://untiroenlanoche.wordpress.com/2019/11/19/dragged-across-concrete/

Una canción: «Turning my life around» de Anna and the Apocalypse (John McPhail). La película figura como que es de 2017, pero recién llegó a estrenarse en varios lugares este año.

Un doble programa: Es un doble-doble programa. En un caso es por complementariedad, en el otro por respuesta (o auto-respuesta).

Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino)

The House on the Edge of the Park (Ruggero Deodato, 1980)

Tarantino ejecuta en su última película, entre otras cosas, una historia de los antecedentes del cine de explotación. La masacre en la casa de Rick Dalton debería leerse en el código de algunos de sus hitos como The House on the Edge of the Park. No por su inversión histórica, que mucho no tiene que ver, pero sí por el lugar que le termina quedando al personaje de Cliff. Mucho en Tarantino termina siendo la historia de aquel que se mete en lo carnal como si fuera el trabajo sucio (doble) de lo que brilla y es bello. Tarantino es el intento de generar una autoconsciencia de la explotación, aunque algo a destiempo (Out of time). Deodato hizo eso tempranamente con sus dos mejores películas: Cannibal Holocaust, y The House on the Edge of the Park, ambas de 1980.

The Irishman (Martin Scorsese)

The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2014)

En este caso es una respuesta. Con The Irishman, Scorsese responde a la irreverencia de este otro film anterior, en el que la tragedia es la de un sinvergüenza, y la puesta en escena es la descripción desjerarquizada de su devenir obsceno. A una película narrada en clave de Goodfellas pero que caía en una jocosa misantropía se le responde con otra narración similar, donde la puesta maneja un camino parecido, pero con seres humanos, y con un catolicismo más sentido que cerebral.

Este año me di cuenta que…: Es el año de las segundas películas de varios directores que hicieron películas de terror que detesté, con alguna excepción. Se trata de Jennifer Kent, David Robert Mitchell, Robert Eggers, Ari Aster, Jordan Peele. Con eso vienen algunas confirmaciones, y también decepciones. Peele es el que decepciona, porque había podido contar algo. Desde Get Out tenía dos caminos posibles, la alegoría o el género. Eligió la alegoría. Mitchell confirmó, fuera del terror, la forma vacía. Pero en el resto hay una tendencia particular. Eso que varios llamamos “terror fino” se termina de, justamente, afinar y me di cuenta de lo siguiente: se trata de realizadores que se dedican a construir caminos hacia donde uno no quiere ir, o nadie. Hacia la degradación, hacia la descomposición, hacia la angustia y la miseria. En Midsommar, Aster desarrolla y desglosa el grito de angustia y miseria (que ya venía desde Hereditary). En The Lighthouse, Eggers, desarrolla un proceso de locura y descomposición. Lo que tienen en común es que ambos se centran en la construcción, porque probablemente se vean a sí mismos como finos diseñadores de puentes. Alguien le está haciendo creer al público que el terror debería ser eso, que nos lleven a donde no queremos, que sintamos la angustia, la miseria, la descomposición como si fuera una entidad aparte, separable de un estado de organicidad y sentido. En términos más fotográficos que críticos. Entre todas las posibilidades que arman, terminan en el peor escenario posible. “El peor escenario posible” parece ser la nueva idea dominante, es lo que destaca, lo remarcable, lo festejable. Una combinación extraña porque es una lectura parcial del cine como un arte “sentido”.

Un texto: «Notas sobre Mizoguchi» por Angel Faretta (A Sala Llena)

Un fotograma: Plano final de Crawl (Alexandre Aja). Es la síntesis. Hay un doble gesto simultáneo, el pedido de ayuda y el triunfo. La cámara es la subjetiva del padre, su mirada, que perdió el brazo con el que la levantaba, pero sobre él cae ahora la sombra de su hija iluminada.

La promesa del 2020: S. Craig Zahler, definitivamente. Con Bone Tomahawk y Brawl in Cell Block 99 incluidas. Como mencionaba antes, Zahler es maestro a la hora de combinar género, explotación, y determinismo puro. Un solo plano de Zahler es un oasis dentro del desierto de ideas del Hollywood liberal de hoy.

Película testamento: Scream 4 (Wes Craven). Wes Craven se fue dejando otra de sus películas abiertamente reflexivas, pero que al mismo tiempo son tremendamente divertidas. Si ya Scream fue intertexto, en la cuarta parte se encarga de dialogar con su intertexto, pero nunca cayendo en la mera masturbación cerebral. Scream 4 es otra terrible película de Craven sobre el oscuro proceso de banalización del mal, que se acelera cada vez más al paso de las generaciones. A su vez, la película es también un duelo cinematográfico entre la versión original y su remake imaginaria, y lo hace oponiendo a su grupo de personajes con uno nuevo, que acecha amenazando con el reemplazo. La secuencia de Emma Roberts automutilándose probablemente esté entre las más inolvidables de la década.

Película maldita: Domino (Brian de Palma). Sobre esta película me explayé en la nota que escribí para el número 2 de esta revista. “Eso tan preciado que algunos llaman libertad creativa”. Está en la edición impresa y replicado en mi blog: https://untiroenlanoche.wordpress.com/2019/10/21/eso-tan-preciado-que-algunos-llaman-libertad-creativa/

Brian De Palma es uno de los grandes ninguneados del establishment del cine internacional, pero al mismo tiempo parece ser el único capaz de poner en escena las cuestiones más punzantes de la contemporaneidad. En Domino, De Palma trabaja con el terrorismo internacional como elemento necesariamente subyacente al mundo hipernormalizado y bienpensante. Arma el tejido, une los hilos, desnuda a ese caos para luego enfrentarlo. Para muchos esto fue otro compendio estético de sus marcas autorales, cuando en realidad De Palma sólo plantea que la marca de autor ya no pertenece al mundo del cine, sino al mundo de los videos de cabezas cortadas. Parece que esa es una verdad difícil de tragar.

Flautazo: Alita: Battle Angel (Robert Rodriguez), pero probablemente sea por responsabilidad de Cameron que la produjo y participó del guion. Pero tampoco diría que es una gran película, pero es una en la que Rodriguez parece haber entendido algunos problemas sobre la conquista del poder en el marco de una lucha.

Una escena de la década: La muerte de Joe Pesci en The Irishman. Sólo voy a decir que es desgarradora. A pesar de tener un rostro digital, Pesci es realmente un hombre a punto de morir, que se aleja en silla de ruedas mientras lo llevan a la capilla de la cárcel. En la capilla parece resolverse todo, y al personaje no lo vemos más.

Un intérprete de la década: Song Kang-ho. Muchos lo recordarán por Parasite, que si no lo tuviera a él tal vez no sería nada, o muy poco. Su mejor actuación de estos años la vi en A Taxi Driver, una película que pasa casi esquizofrénicamente de la comedia a la tragedia política. Song Kang-ho es querible porque puede combinar imágenes de mediocridad con imágenes de grandeza. Es un actor al que se lo puede aprovechar en muchos niveles. También está The Drug King, donde lo convierten en una especie de Tony Montana coreano. La película no vale mucho la pena, pero verlo a él es todo.


Malena Solarz

Una película: Me es casi imposible elegir una, así que hago como hice otras veces, me quedo con la que me viene antes a la cabeza: Fourteen, de Dan Sallitt. Creo que la elijo porque es la prueba de que no hay una sola forma de generar profundidad narrativa, emoción y hasta empatía (si es que aplica), y tampoco hay una sola forma de tener gracia y ligereza. Hay muchas, y Dan Sallitt recorre uno de esos caminos, quedándose a una distancia muy precisa de sus personajes, pero insistiendo en ellos: lo que hacen, lo que dicen, lo que comen, por dónde caminan, cómo se visten, cómo son sus casas, sus parejas o sus mascotas.

Una canción: “L’italiano”, en Il traditore, de Marco Bellocchio (“io sono un siciliano un siciliano vero”). Esa canción que podría ser demasiado obvia, en el contexto de la película se transforma en una (una más) amenaza mafiosa que el personaje acepta con una resignación espectacular. No es una escena muy trascendente de la película, pero sí un momento en el que la música cuenta todo con un poco de ironía y mucha gracia.

Un doble programa: Dolemite is my name, de C. Brewer, con otra que vi este año, en Mar del Plata: Sweet sweetback’s baadassss song, de Melvin Van Peebles. Sé bastante poco sobre blaxploitation, y estoy aprendiendo a entender sus momentos de genialidad, y a incluso celebrar sus imperfecciones y torpezas. Creo que eso es lo que extrañé en el caso de Dolemite is my name: no le pido que sea una auténtica blaxploitation, sino que le haga un poco de honor al género atreviéndose a ir más allá de cierta corrección, incluso si eso la termina llevando a meter mucho la pata.

Este año me di cuenta que…: dirigiendo de a uno o de a dos, el agotamiento físico, emocional y mental de hacer una película es directamente proporcional al disfrute, y también a la voluntad de reincidir. 

Un texto: Aunque algunos lo criticaron en esa famosa presentación de “La vida útil” en el Festifreak, a mí me gustó la crónica de Lucas Granero y Ramiro Sonzini sobre la participación en el Taller de Crítica Joven del Festival de Mar del Plata 2018. Es un texto que da cuenta de sus auténticas preguntas y no de las que supuestamente “habría que” hacerse. Me parece que refleja de una manera muy genuina las reflexiones que pueden surgir en contextos en donde uno puede compartir la experiencia de ver, pensar, hablar y hasta mostrar películas.

Un fotograma: Dos fotogramas, de dos películas vistas hace poco en Mar del Plata. Pensé que no tenían ninguna relación, pero ahora que lo pienso sí: en ambas películas (A imagen y semejanza, de S. J. Rinland, y Danzas macabras, esqueletos y otras fantasías, de J. L. Schefer, R. Azevedo Gomes y P. Léon) hay una atención muy detenida hacia los objetos, el trabajo manual y las ideas que giran alrededor.

La promesa del 2020: No es tan joven ni tan novato, pero seguiré de cerca todo lo que haga Ted Fendt. Después, hay una gran cantidad de ex alumnos y alumnas que pienso que harán hermosas películas pronto (algunas están terminándose en este momento, algunas están por empezar).

Película testamento: Out-takes of the life of a happy man, de Jonas Mekas. Todas las películas de Mekas parecen funcionar como testamentos, pero bueno… ésta fue la última. Y además en el título hay un gran chiste: es absurdo pensar la idea de “descartes” en Mekas, o tal vez lo ridículo sea pensar que sólo aplica para esta película. Mekas justamente hizo de los descartes una forma de montar, de proyectar, de preservar y de ver el cine. 

Otra película testamento creo que es Chant d’hiver, de O. Iosseliani, especialmente por la forma de releer toda su obra anterior. Pero bueno… Iosseliani sigue vivo y seguramente tomando vodka. 

Película maldita: La destrucción del orden vigente, de Alejo Franzetti. No sé si habría merecido mejor suerte, pero sí al menos poder ser vista en su momento.

Flautazo: Dejo esta categoría desierta simplemente porque no suelo llevar listas y, de haber visto alguna que cumpla con la consigna, no me la acuerdo.

Una escena de la década: ¿Están locos? ¿Una escena? Pongo las 12 (sí, 12) que se me vienen muy rápido a la cabeza y que no encuentro en youtube.

– El quilombo que hace Godard con el 3D en ese diálogo de Adiós al lenguaje, en el que plano y contraplano se dirigen cada uno a un ojo distinto.

– Cleo Moguillansky y amiguitas leyendo el cuento de H. C. Andersen y apagando fósforos, en La vendedora de fósforos de A. Moguillansky

– El cuerpo de Rufus siendo aplastado por una aplanadora y pasado, luego, por debajo de la puerta de su casa en Chant d’hiver, de O. Iosseliani

– Cal y Evelyn paseando por Filadelfia con insomnio en Classical period, de T. Fendt

– Alguna de las escenas de comida en Historia de la meva mort, de A. Serra

– El loop del diálogo de “Noche de reyes” que ensayan Elisa Carricajo y Agustina Muñoz, en Viola de M. Piñeiro.

– El final (o los finales) de Right now, wrong then, de Hong Sang- soo

– Laura Paredes, interpretando a una espía, paseando por París en La flor, de M. Llinás, rodeada de imágenes impresionistas gigantografiadas

– Los personajes de Cavalo dinheiro, de P. Costa escondidos en los árboles.

– Lady Susan desparramando muchos rumores en Love and friendship, de W. Stillman

– La nena de Tiré la langue, mademoiselle, de A. Roppert, yendo a comprarse un bubble tea al negocio de otro paciente de los hermanos Pizarnik.

– Las tres tomas (dos fallidas y una exitosa) de los fuegos artificiales del rodaje que se lleva a cabo en Y ahora elogiemos las películas, de N. Zukerfeld (un poco de nepotismo se permite, ¿no?)

Un intérprete de la década: Kyle Maclachlan y, con él, todo el elenco de Twin Peaks


Nicolás Zukerfeld

Una película: Fourteen (Dan Sallitt) y Ford vs Ferrari (James Mangold)

Me acabo de dar cuenta la cantidad de “F” que hay en mi selección. Pero más allá de esta coincidencia patafísica, ambas películas son reflexiones sobre la lengua clásica. O sobre el período clásico. Ambas hablan con claridad e inteligencia y, aunque haya algunas explosiones, lo hacen en voz baja. Y eso es muy difícil. 

Una canción: “California dreamin’” (versión de José Feliciano). Aquí la canción completa:

Aquí, tal como se escucha (y se ve) en Once upon a time in Hollywood. Una canción que, como suele hacer Tarantino, no subraya sino que “hace ver”, que descubre. Aquí, una tremenda melancolía atraviesa a casi todos los personajes de la película, que, sencillamente, terminan su día. Aquí la canción completa:

Un doble programa: Liberté (Albert Serra, 2019) + Le Déjeuner sur l’herbe (Jean Renoir, 1959)

Dos películas sobre un grupo de personas que, aburridas, en el medio del bosque, escuchan el llamado del Dios Pan y se entregan al deseo, al viento, a la naturaleza. Hasta que caiga o salga el sol.

Este año me di cuenta que…:

1. Que una década son diez años y eso es mucho tiempo para hacer una lista.
2. Que la ficción le hace bien al arte.
3. Que los seres humanos son complejos y que una mala persona puede hacer una gran obra de arte. Y viceversa.
4. Que lo peor que le puede pasar al terror es no confiar en el terror.
5. Que quizás la década que viene pueda entender qué es el “cine contemporáneo”
6. Lo bello que es el Super 8. Más si lo usás enamorado.
7. Etc.
8. La importancia de la homeopatía.
9. Lo emocionante que es ver una película con buenas ideas bien utilizadas (en el momento justo, como la homeopatía)
10. Lo aburrido que es ver una película que te dice todo el tiempo que tiene buenas ideas.

Un texto: “The World as Media Screen: Tarantino and Trump as Soul-Brothers” (J. Rosenbaum). Si bien estoy en desacuerdo en casi todo lo que expone Rosenbaum, me parece un texto sintomático del 2019, la crítica y el cine – https://www.jonathanrosenbaum.net/2019/08/the-world-as-media-screen-tarantino-and-trump-as-soul-brothers/

Un fotograma: The world is full of secrets (Graham Swon)

La promesa del 2020: John Krasinski, Graham Swon, Greta Gerwig, Jonah Hill.

Película testamento: Out-takes from the Life of a Happy Man (Jonas Mekas, 2012)

Película maldita:La noche polar (Florencia Romano, 2016) y Las altas presiones (Ángel Santos Touza)

Flautazo: Después de ver Get Out podría haber puesto a Jordan Peele entre las promesas del próximo año. Después de ver Us, empecé a pensar que la primera la salió de casualidad. El año que viene les digo qué pasó porque, como confío en la dialéctica, necesito una mas.

Una escena de la década: Twin Peaks S03E08. Porque esta escena es una síntesis no solo de la década sino del SXX. El 16 de Julio de 1945, pero también el 25 de junio de 2017, todo explotó en mil pedazos.

https://www.youtube.com/watch?v=4IKUeIEdRMY

Un intérprete de la década: Kim Min-hee


Iván Morales

Una película: Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019)

Una canción: La escena de las lavanderas en Dolor y gloria (Almodovar, 2019)

Un doble programa: Badur Hogar (Rodrigo Moscoso, 2019) / La rubia del camino (Manuel Romero, 1938)

Este año me di cuenta que…: Los últimos años, y este en particular, la investigación y la escritura de una tesis se robaron toda mi concentración. En el proceso me obsesioné con John Alton, tal vez el fotógrafo más impresionante del Hollywood clásico. Como se sabe, dos décadas antes de iluminar sus famosos film noirs para Anthony Mann y de ganar un Oscar por Un americano en París, Alton tuvo una etapa formativa en el cine argentino de los ’30. Quiero  aprovechar esta consigna de La vida útil para compartir no una idea sino un documento (con muchas ideas) que encontré de casualidad cuando estaba a punto de cerrar mi trabajo. En 1932, recién llegado a Buenos Aires, Alton escribió una nota para el diario Crítica. Ahí, además de demostrar una mirada visionaria, resumía muy bien la encrucijada entre nacionalismo y cosmopolitismo que marcó a la época más maravillosa del cine argentino, cuando se vislumbró la posibilidad de generar una industria cinematográfica. «La Argentina ofrece un vasto horizonte para crear su industria cinematográfica».

Un texto: J. Hoberman sobre la de Tarantino https://www.nybooks.com/daily/2019/08/19/once-upon-a-time-in-tarantinos-hollywood/

Un fotograma: The Mule (Clint Eastwood, 2018)

La promesa del 2020: S. Craig Zahler

Película testamento: Pensé que Eastwood había hecho The Mule para despedirse pero sigue entre nosotros.

Película maldita: Logan Lucky (Steven Soderbergh, 2017)

Flautazo: De Palma (Noah Baumbach, 2015)

Una escena de la década: Las escenas del crucero de Film Socialisme  (Jean-Luc Godard, 2010).

Un intérprete de la década: Tom Cruise.


Paola Buontempo

Una película: I was at home, but… (Angela Schanelec)

Una canción: «La mère» en Les enfants d’ Isadora (Damien Manivel)

Un doble programa: The Bloody child (Nina Menkes) en rima con Demonic (Pía Borg), la ficción y el acontecimiento.

Este año me di cuenta que… seguido de un text: ¡El letrismo!  ‘Estamos de acuerdo con todo lo que lucha y sigue luchando desde el principio del mundo’ compila textos firmados por Nicole Brenez, Sonia Rangel y los propios letristas: la potencia de la imaginación como primera forma del cine.

Un fotograma: Uno entre tantos parpadeos de la amorosa Rushing Green with Horses de Ute Aurand.

La promesa del 2020: Clarisse Hahn

Película testamento: No home movie (Chantal Akerman)

Película maldita: Le quattro volte (Michelangelo Flammartino, 2010)

Flautazo: (¡Qué tiranía esta pregunta!) Sin ser una obra maestra y un pésimo director, arriesgo Berberian Sound Studio (Peter Strickland)

Una escena de la década: ¿De la década? ¡Tantas! Va una de este año, indeleble: el juego de ‘vivo/morto’ que cierra Sete anos em Maio (Affonso Uchoa)

Un intérprete de la década: La magnética Zhao Tao


María Aparicio

Una película: Las películas más reveladoras que vi en 2019 no son de este año, pero para cumplir con la consigna y para militar los descubrimientos: Fourteen de Dan Sallitt. (Bueno, también Vitalina)

Una canción: La selección musical de Technoboss, de Joao Nicolau, especialmente el momento de Asereje de Las Ketchup. También todo Felix en Wonderland de Marie Losier.

Un doble programa: Fourteen con The trouble with angels. Amistad de chicas. 

Este año me di cuenta de… que hay esperanzas en el fílmico.

Un texto: Algo de lo que estoy leyendo ahora:

Buster Keaton – Slaptick. Algún fragmentito en palabras del mismísimo:

No hacía mucho tiempo, William Randolph Hearst, que ya chapoteaba en el negocio de la realización de películas, propuso a Pop (papá) hacer una comedia de 2 rollos para él.
– ¿Pero qué dice? -vociferó Pop-. ¿Quiere mostrar Los tres Keaton en una sábana por 10 centavos?
(…) Como la mayoría de los actores de vodevil de mediana edad, Pop se habría reído si cualquiera hubiera predicho que los parpadeos, como aún llamaban a las películas, reemplazarían al vodevil como la forma de entretenimiento favorita del país.
Al oír finalmente las terribles noticias que Mom (mamá) le dió sobre mi, gruñó:
– ¿Nuestro Buster está haciendo películas? No me lo puedo creer.

La poética de lo cotidiano – Yasujiro Ozu (Va captura adjunta) 

Un fotograma:
Los Pasos de Antonio, de Pablo Baur.
Es una película de 2007, pero se vió por primera vez en Córdoba este año.

La promesa del 2020: Lo acoto a directores amigos con al menos un largo: Pepe Gutierrez, Fernando Restelli, Maxi Schonfeld, Santi Sgarlatta, Renzo Blanc, Rodrigo Guerrero, Nicolás Abello, y varios más.

Película testamento: Últimas conversas, de Eduardo Coutinho.

Película maldita: Los Pasos, de Renzo Blanc

Una escena:

Un/a intérprete: Eva Bianco.


Marcos Migliavacca

Una película: The Lighthouse (Robert Eggers, 2019)
Mención especial: Zombie Child (Bertrand Bonello, 2019)

Una canción:
Technotronic – Pump Up The Jam en Synonymes (Nadav Lapid, 2019)

M Ward –Let´s Dance de M Ward en I Was at Home, but… (Angela Schanelec, 2019)

Vivaldi – The Four Seasons / Concerto l’estate for violin, strings, in 6 minor en Portrait de la jeune fille en feu (Céline Sciamma, 2019)

https://youtu.be/CRVqQWmPGtM?list=PLXBrIFjTSMDaNbqcPuQB18RSRu7Rs9DjD&t=16

Bonus track: Petr Pogodaev, Zveri Group – Моё настроение en Leto (Kirill Serebrennikov, 2018)

Un doble programa:
A Russian Youth (Alexander Zolotukhin, 2019)  / Come and See (Elem Klímov, 1985)
Midsommar (Ari Aster, 2019) / The Wicker Man (Robin Hardy, 1973)
Zombie Child (Bertrand Bonello, 2019) / I walked with a zombie (Jacques Tourneur, 1943) 

Este año me di cuenta de… Comparto ideas ajenas que siempre son mejores. Recomiendo dos libros que leí este año que no son de cine, pero que la lucidez de sus observaciones y conceptos son aplicables al cine.
Las Clases De Hebe Uhart, de Liliana Villanueva
Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, de Byung-Chul Han

Un texto: Crónica de un jurado joven – por Ramiro Sonzini (La vida útil N°1) + El toque perverso, por Quintín ( http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/ )

Un fotograma: Mother, I Am Suffocating. This Is My Last Film About You (Lemohang Jeremiah Mosese, 2019)

La promesa del 2020: Kantemir Balagov / Testona (2017) – Beanpole (2019)

Película testamento: Aleksey German (1938–2013) / Hard to be God (2013)

Película maldita:
The Fits (Anna Rose Holmer, 2015). Película poco difundida. Una gema tan extraña como estilizada, muy recomendable.
Beyond the Black Rainbow (Panos Cosmatos, 2010). Un ejercicio de estilo del director de Mandy, película extrema que se afirma en su convicción sin tenerle miedo al ridículo. Cuando la vi en sala en su momento fue un concierto de burlas del público.
Tony Erdmann (Maren Ade, 2016). Una de las mejores películas de la década que finalmente no tuvo la suerte de estrenarse comercialmente en el país.

Flautazo: Joker (Todd Phillips, 2019)

Una escena: Leviathan (Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel, 2012) 
https://vimeo.com/45252172

Un intérprete:
– Zhao Tao / Isabelle Huppert (todas sus películas)
– Joaquin Phoenix (Joker, The Sisters Brothers, Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot, You Were Never Really Here, Irrational Man, Inherent Vice, Her, The Immigrant, The Master, I’m Still Here).
– Robert Pattinson (The Lighthouse, High Life, Damsel, Good Time, Maps to the Stars, The Rover, Cosmopolis).


Raúl Camargo

Una película: Sete Anos em Maio, de Affonso Uchoa.

Una canción: The Legend of the Stardust Brothers

Un doble programa: Vai e Vem de João César Monteiro (2003) con Technoboss (2019) de João Nicolau.

Este año me di cuenta de… Un año sin películas de Hong Sang-soo es un año triste para el mundo.

Un texto:
“Yo no sé más que que es justo y que es injusto.
Sólo sé que no puedo olvidarme.
Volver aquí, en ese lugar,
es como volver en el tiempo.
Es como si aquel día nunca dejase de existir.
Todavía se puede ver la marca de su pie en el suelo.
Todavía se puede ver las manchas de sangre en el asfalto.

Y no es sólo tuya.
Hay mucha gente muriéndose todos los días.
Y esa pila sólo está creciendo,
desde antes de que nacieramos.
Estamos rodeados por una pila de gente muerta.
Y ya está tan alta que tapó el cielo.
Es por eso que todo está tan oscuro.
Pero no hay noche que dure para siempre.
Tenemos que seguir adelante.
Por nosotros y por ellos también”.

Sete Anos em Maio, de Affonso Uchoa

Un fotograma: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de José Luis Torres Leiva.

La promesa del 2020: Mati Diop. Tenemos una linda tradición en FICValdivia de realizar focos tempranos de obra de cortometrajistas que a juicio de nuestro Festival serán los clásicos del futuro. Invitamos a Mati Diop el 2015 a exhibir sus trabajos y esa mirada única hoy se ha cristalizado en su primer y maravilloso largometraje Atlantics.

Película testamento: La de mi director favorito: Outtakes from the Life of a Happy Man de Jonas Mekas. Lo extraño muchísimo, acá un texto que escribí sobre él y su film hace 7 años: https://hambrecine.com/2013/12/24/outtakes-from-the-life-of-a-happy-man-by-jonas-mekas/

Película maldita: El Limonero Real de Gustavo Fontán, bellísima e incomprensiblemente ignorada por los grandes festivales,una muestra más de la decadencia de Festivales A.

Flautazo: La primera película que se me vino a la mente con esta notable categoría es Rush de Ron Howard, así que respetaré ese pensamiento inicial confirmándola acá como mi voto.

Una escena: el plano final de The day he arrives de Hong Sang-soo.
Sungjoon se encuentra en la calle con una admiradora, la cual le pide poder sacarle una foto. Él se apoya en la muralla y mientras posa (y la toma se acerca en zoom sólo como Hong sabe hacerlo) Sungjoon mantiene la mirada fija en la cámara de ella, pero a la vez sabemos que por un instante ha mirado hacia su propio interior, viendo un vacio, o un anhelo, o ambas cosas. Algo que finalmente le entristece. La nieve cae sostenidamente mientras suena el leit motiv musical de la película hasta llegar a los créditos.

Un/a intérprete: No por obvio menos cierto: Ventura, persona fundamental en la filmografía de Pedro Costa.


Cecilia Kang

Una película: Parasite, de Bong Joon-ho. (Toda mi coreanidad al palo. Me vi en esa madre, me vi y la vi a mi madre y a la madre de mi madre)

Una canción: la que canta el potro de Adam Driver en Marriage Story

Un doble programa: Voy a armar un tríptico: Ash is purest white (o la traducción tonta que le pusieron acá Esa mujer) de Jia Zhangke, que estrenaron en salas este año;  Gion bayashi (Los músicos de Gion) de Kenji Mizoguchi, de 1951 y que pasaron en la Lugones este año; por último, una joya que me dejó perpleja de todo, una película coreana que tuve la oportunidad de ver en un ciclo que se hizo en el Kino Arsenal de Berlín por los 100 años de cine coreano, un ciclo muy interesante porque curaba películas que trabajaban en torno a la imagen de la mujer en Corea en época guerra y post-guerra. Por supuesto que eran todas películas dirigidas por hombres y creadas para un público masivo, o sea, masculino (o lo que femenino fuera dictado por la masculinidad). La película que traigo para este tríptico se llama A female boss (la traducción sería Una jefa mujer) y es una película de 1959, dirigida por Han Hyeong-mo. Son tres películas de Asia, de tres porciones de historia muy distintas, pero dirigidas por hombres y su mirada hacia los sufrimientos de una mujer. Algo muy interesante que me pone a pensar. La última que nombro me dejó muy triste porque aún resonaba tan actual. Era tan real que superaba la ficción. Recomiendo que la busquen. 

Este año me di cuenta de… que estaba muy contracturada, en muchas formas. Estoy intentando disfrutar más, agradecer, tomar más drogas y bailar más. Me di cuenta de que estoy leyendo muy poco, y eso es algo que quiero revertir. Me di cuenta de que la ansiedad mata al cine, pero todavía no sé cómo manejar eso. Lo intento. Pero bueno, soy lo que me sale. Cada vez sé menos todo, hago el ejercicio de entender, todos los días. Pero bueno. Soy joven. Soy vieja y soy joven, siempre 🙂 

Un texto: LA IDEA (MARK STRAND)
También para nosotros existía el deseo de apropiarnos
de algo más allá del mundo conocido, más allá de nosotros
mismos y más allá de nuestra facultad de imaginar,
algo en lo que pudiéramos de todas formas vernos reflejados;
y este deseo aparecía siempre como al pasar, en una luz difusa,
y con un frío tal que el hielo de los lagos del valle se quebraba
y bajaba en torrentes, y todo se cubría
con un manto de nieve, y las escenas
del pasado, al volver a emerger, ya no eran como antes,
sino que parecían fantasmales y pálidas
entre las curvas falsas y las borraduras
disimuladas; y jamás sentimos que estuviéramos cerca
hasta que el viento de la noche dijo:
“¿Por qué hacen esto, y justamente ahora?
Vuélvanse a casa”. Pero en ese instante
apareció a lo lejos, en un confín helado, la pequeña silueta
de una cabaña con las luces encendidas.
Nos quedamos parados contemplándola,
asombrados del hecho de que estuviera allí.
Y habríamos llegado donde estaba,
y habríamos abierto la puerta y penetrado
en la luz, a la busca de un poco de calor;
pero era nuestra porque no era nuestra,
y tenía que seguir vacía. Era la idea. 

Un fotograma:

La promesa del 2020: Cecilia Kang (ah re)

Película testamento: Ay no sé, una pregunta triste. «Película testamento». Creo que ningún director querría hacer una película testamento. Testamento me suena a letras talladas en piedras. Reglas a seguir a rajatabla. Deberes y obligaciones. Me suena a muerte y el cine es todo lo contrario. No creo que ningún cineasta querría dejar una película así. Al menos quisiera creer eso. Pero ya que estamos hablando de muerte, voy a nombrar la última película de un director que admiro mucho, y que tengo en la cabeza últimamente porque la estoy usando de referencia para algo que estoy comenzando a masticar: Últimas conversas de Eduardo Coutinho.

Película maldita: Al otro lado del viento de Orson Welles. Me hubiera gustado tener la posibilidad de verla en el cine. Y bueno, luego hay todo un documental de netflix que cuenta todas las maldiciones que tuvo esta película.

Flautazo: No sé si el director es malo porque no vi otra película de él. Pero este año vi entera Dirty dancing de Emile Ardonlino y me parece hermosa y excelente.

Una escena: Depende del momento, del ánimo, de lo que una necesita. 

Un interprete: ehhhh imposhible esta pregunta. Pienso en Brad Pitt y la escena de la antena de Érase una vez en Hollywood. Pienso en Julia Roberts y su sonrisa que vale el mundo. Pienso en Isabelle Huppert y cómo me encanta su cuerpo todo cerebral. Me encanta Kim Min-Hee, su belleza me hace sonrojar. Me encanta Adam Driver, fantaseo con ser su novia. ¡Pienso en estrellas de Hollywood! Soy una cholula.


Pablo Ceccarelli

Una película: Este año me cuesta elegir una sola y siento también que voy a dejar varias afuera. Así que barajo un par de las que vi este año que me parece importante destacar: Atenas de César Gonzalez (Estrenada finalmente este 2019), Visión Nocturna de Carolina Moscoso (Vista en FICValdivia), Por el dinero de Alejo Moguillansky, Portrait de la jeune fille en feuI de Céline Sciamma, La deuda de Gustavo Fontán, Espero tua (Re)volta de Eliza Capai.

Una Canción: Un ratón de vacaciones de Litto Nebbia en Tiempo perdido de Francisco Novick y Natalio Pagés.

Bonus track: La versión de Let’s Dance de David Bowie incluida en I was at home but de Angela Schanelec (Porque me despertó en la función de las 9 AM en el Auditorio del Festival de Mar del Plata)

Un doble programa: (Otra vez) No intenso agora (2017, Joao Moreira Salles) / Espero tua (re)volta (2019, Eliza Capai)

Este año me di cuenta de… Que hay que dejar de naturalizar el estado y funcionamiento de mucho de los espacios/eventos culturales/artísticos.

Un texto: Cine, ¿En qué te has convertido?: de salas a pantallas de Julieta Bilik. Publicado en Pulsión #10

Un fotograma: El plano final de Portrait de la jeune fille en feuI de Céline Sciamma.

La promesa del 2020: Agustina Comedi

Película maldita: dos películas kirchneristas / del kirchnerismo:
NK (2013, Adrián Caetano) 

Victoria (2015, Juan Villegas) 

Película testamento: No la dirigió él, pero Ata tu arado a una estrella (2017), de Carmen Guarini me parece un tierno y conmovedor testamento de Fernando Birri.

Una escena: Albertina Carri jugando con su hijo en Cuatreros (2016)

Un flautazo: ¿Que sería un “pésimo” director?

Un/a intérprete: María Laura Berch (Directora de actores/actrices, Directora de casting)


Juan Francisco Gacitúa 

Una película: Once Upon a Time… In Hollywood

Una canción: I Can’t Turn You Loose de Wayne Cochran and the C. C. Riders, en el trailer de C.C. and Company que Margot Robbie mira en el Bruin

Un doble programa: Once Upon a Time… In Hollywood y Soñar, soñar

Este año me di cuenta de… que en esta década se deben haber estrenado más películas argentinas que en las… ¿cuatro o cinco décadas anteriores combinadas?

Un texto: Michelin restaurants and fabulous wines: Inside the secret team dinners that have built the Spurs’ dynasty 

La promesa del 2020: Eloísa Solaas

Película testamento: Visages villages

Película maldita: elegiré Bronces en Isla Verde (Adriana Yurcovich), Los sentidos (Marcelo Burd) e Invasión (Abner Benaim), que no tienen nada de malditos pero son tres documentales sin tanto reconocimiento que no deberían perderse.

Flautazo: me había sorprendido mucho Su Realidad de Mariano Galperín, pero ya no estoy para decirle «pésimo” a nadie.

Algunas escenas rioplatenses que se me vienen a la cabeza sin pensar demasiado: Escondiéndose en el cine en La larga noche de Francisco Sanctis / El intercambio final enceguecido por la luz en Mochila de plomo / La llegada en tren en Rusia y la grabación de los Pimpinela en La flor / El recital de La Mona en De caravana / La persecución en Zama / La mentira en La vida útil / El examen de derecho en Las facultades / Sábados circulares en El ángel / El acto escolar en Las buenas intenciones / El hotel alojamiento en Alanis / La llamada telefónica antes del debut actoral en La reina del miedo / El encuentro padre-hija en Hermia & Helena / El himno en Tierra de los padres / Qué será en Te quiero tanto que no sé / El viaje mental en camioneta en Muere, monstruo, muere / El viaje mental en plena hipnosis en La cordillera / La juntada a los cuarentas en El futuro que viene / La cita en el teatro en La luz incidente

Un/a intérprete: Piel de Lava/Sofía Gala


Sofía Marramá

Una película: Breve historia del planeta Verde – Santiago Loza (2019).  

Una canción: La intro de Breve historia del planeta verde
Willow de Tindersticks susurrada por Robert Pattinson en los créditos de High Life de Claire Denis (2019)

Un doble programa: Sinceramente no logro armar un buen doble programa con los poquitos estrenos que vi éste año, me animo a desprogramar la consigna y armo un doble programa a mi medida. Elijo La estructura del cristal de Krzystof Zanussi (1969) junto con Jules y Jim de Truffaut (1962)

Este año me di cuenta de… Franz Kafka  

Un texto:
(hago míos los subrayados)
– Peter Bogdanovich: Hablando de eso, ¿qué piensas de Rossellini? Últimamente ha rodado varios documentales muy buenos…
– Orson Welles: Oh Peter, Peter!
– PB: ¿No te gusta?
– OW: No me gusta ésta conversación. No me gusta hablar de películas. Estoy hastiado de tanta charla sobre cine. Y apostaría que nuestros lectores también lo estarán.
– PB: Confiemos en que no!
– OW: Está bien, está bien. Naturalmente tienes razón. Si nuestro amado cine (y digo en serio la palabra «amado», Peter, porque nosotros lo amamos apasionadamente, como no podía ser menos), bien, una vez que deja de ser la gran obsesión contemporánea, toda la amada pelota de cera se deja en manos de los distribuidores. En otras palabras, las películas son echadas a los perros. ¿Y dónde quedamos nosotros? ¿Porque demonios tengo que yo participar en este negocio de valoraciones críticas? Yo raramente veo un filme de año para otro.
– PB: Eso no es del todo cierto y tú lo sabes.
– OW: No hay una cultura cinematográfica, Peter, sólo una espantosa multitud de películas. Tenemos que mantenernos al nivel de las cosas, claro está, per no sólo con los filmes, sino con todo el mundo en su conjunto. Tenemos que encontrar qué podemos hacer con este lugar que vivimos – este lugar en el tiempo – , pero tenemos que ser terriblemente precavidos, me parece, para que nunca lleguemos a hacernos a nosotros mismos una parte demasiado perfecta de ello. La moda es un signo seguro de segunda categoría. A la postre seremos juzgados no por el grado de nuestra incorporación a la corriente principal, si no por nuestra respuesta individual a ella.
De cualquier modo, creo que todo ocurre por primera vez. Eso es lo que entiendo por inocencia, como Adán en el primer jardín del mundo dandole nombres a los animales y a las flores. Como mi historia sobre la escena inicial de Journey into fear…Yo creí verdaderamente que era algo nuevo!
– PB: ¿Esa es la razón por la que ves tan pocas películas?
– OW: Las buenas, en particular. Me mantengo alejado de la mayor parte de ellas por pura autoprotección, para conservar lo que queda de mi propia inocencia… Sonríes. Hablo en serio. La inocencia es una seria materia de preocupación. Cuanto mejor pueda ser el filme de otra persona, mayor será mi riesgo de pérdida de inocencia si lo veo. Cuando miro a través de la cámara tengo que mirar con mi ojo inocente, para enfrentarme, solo, con cada nueva escena y no en compañía de otros directores por buenos y venerables que sean. Siguen amontonándose a nuestro alrededor y si no se va con mucho cuidado… Por favor, deja que el señor Mizoguchi conserve su distancia.
– PB: ¿Piensas que eso debe ser cierto para todos nosotros?
– OW: Claro que no. Nada es cierto para todo el mundo. Lo que ocurre es a mi edad la virginidad es bastante frágil. Mi caso, en especial, es que para funcionar felizmente a mí me gusta sentirme como un pequeño Colón: en cualquier escena nueva quiero descubrir América. Y no quiero oír hablar de esos malditos vikingos. Cada vez que pongo los pies en el plató para rodar un filme, es para mí como plantar una bandera. Mientras más cosas sé de los intrépidos descubridores que llegaron antes, más se va empequeñeciendo mi bandera hasta convertirse en una de esas banderolas que se colocan en un campo de golf para señalar un agujero y el jugador vea adónde se dirige la pelota. Yo no pretendo, en absoluto, que mis delicados sentimientos sobre este asunto sean aceptados como dogma, pero sí voy a decir esto: los que hacemos películas debemos tener cuidado con ellas. Son malas para los ojos. Los directores de cine se pasan demasiado tiempo en las salas de proyección. Deben salir a la luz del sol con más frecuencia. Las películas de otros directores son una pobre fuente de vitaminas. ¿Me sigues?
– PB: Creo que estoy de acuerdo.
– OW: Las películas de los otros están llenas de buenas cosas que son merecedoras de que se las vuelva a inventar una y otra vez. Inventadas, si pero no repetidas. Las cosas buenas deben ser halladas, halladas, en el precioso espíritu de la primera vez. Y las imágenes, descubiertas, no encontradas con referencia a algo.
– PB: Ése es un gran problema para todo aquel que empieza ahora.
– OW: ¿El que todo se haya hecho ya? No, ése no es el problema. El problema está en que todo ha sido visto ya. Los directores ven demasiadas películas. Es cierto que todo se ha hecho ya, pero es más saludable saber que es así. Diantres, también ya estaba todo hecho cuando yo empecé…!
(Ciudadano Welles, Peter Bogdanovich y Orson Welles) 

Un fotograma

La promesa del 2020: Alex Piperno. Sus cortometrajes son espectaculares y pronto estrena su ópera prima.

Película testamento: La telenovela errante de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento (2017), La locura de Almayer de Chantal Akerman (2011)

Película maldita: Pienso que La Flor de Llinás merecía mejor suerte pero no la considero una película maldita, más bien todo lo contrario. 

Flautazo: Under the Silver Lake de David Robert Mitchell (2018)

Una escena: Todas las escenas de Jeannette, la infancia de Juana de Arco (Dumont, 2017) 

Un intérprete: Adam Driver, particularmente por su trabajo en Paterson.


Dante de Luca 

Una película: Liberté de Albert Serra

Una canción: El sintetizador que empieza con un arpegio muy simple y va sufriendo variaciones y se va volviendo más complejo (y más hermoso) a lo largo de The World Is Full Of Secrets, de Graham Swon.

Un doble programa: Vitalina Varela y Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo.

Este año me di cuenta que…  El criterio de algunos programadores de festivales parece ser que las películas acusen al público, como buscando que asuma la culpa de algún pecado (racismo, machismo, etc.) y experimente en la sula una especie de expiación didáctica.

Un texto: Los subtítulos de las historias que cuentan las actrices en The World Is Full Of Secrets forman, literalmente, un texto. Pero incluso sin subtítulos creo que los relatos abren una relación entre imagen y texto que me pareció productiva y misteriosa a la vez. Cuando pienso en la película se me mezclan planos filmados con imágenes inexistentes, la chica crucificada, la chica muerta en un baúl, que pertenecen a esos puramente (o impuramente) orales.

Una promesa para el 2020: Jean-Luc Godard.

Película testamento: Como me parece que la muerte de su director no significa nada para una película, o, más bien, lo lindo del cine es que, entre otras cosas, es una forma de vencer la muerte, pienso en el  hecho de que Clint Eastwood haya filmado The Mule, en que Godard haya resucitado -otra vez- como cineasta punk. Por sobre todo, me sobreviene una felicidad incontenible cuando pienso en que David Lynch fue a la vez hacia atrás y años luz hacia el futuro para terminar Twin Peaks; en mi opinión, la mejor película de la década. No soy exactamente un fanático de Lynch, más bien lo opuesto, pero de la próxima década no espero otra cosa que una cuarta temporada de Twin Peaks.

Película maldita: A mí me sorprendió Nervous Translation de Shireen Seno, que se pasó en el BAFICI del 2018. Una nena pasa las vacaciones en su casa, jugando con un horno en miniatura y escuchando las grabaciones que su papá le dejó a su mamá antes de irse a vivir a otro país. Cada escena incorpora nuevos procedimientos y varía los anteriores, pero la puesta de los planos es bastante simple y de a poco se intuye un conflicto, que ni se resuelve ni se explica ni se vuelve psicológico. La película no es naturalista pero tampoco hay un exotismo abstracto. La fantasía es la forma, que hace que la realidad se vuelva por sí sola algo aterradoramente bello. Pienso en uno de esos poemas como crucigramas de E.E. Cummings. Por desgracia no encuentro a nadie que la haya visto. Creo que pasó demasiado desapercibida.

Flautazo: Gracias a una función de “cine e historietas” que organizó Nicolás Zukerfeld en la FUC, descubrí que Logan, de James Mangold, es el primer clásico moderno de su género. Si las películas de super héroes amenazaron con devorar buena parte del cine y, a lo largo de la década, cumplieron con la amenaza, toda su épica barata se subvierte cuando unas pocas películas, al interior del género, llevan adelante una pequeña revolución. La utopía siempre está lejos, pero la última trilogía de el planeta de los simios acaso sea su manifiesto.

Una escena: la escena de Ventura en el ascensor, en Cavalo Dinheiro. Se volvió automáticamente una de mis escenas favoritas del cine. No solo porque es hermosa, sino porque está llena de cosas para robarle. Podrían salir cientos de películas distintas de esa sola escena.

Un/a intérprete:  Las manos de Cate Blanchett en Carol, mi otra película favorita de la década. O los animales de The Strange Little Cat de Ramon Zürcher.


Juan Pablo Martinez

Una película: Había una vez… en Hollywood

Una canción: It Must Have Been Love de Roxette en Long Shot.

https://www.youtube.com/watch?v=9ODQwlU7y9k

Un doble programa: Las buenas intenciones (Ana García Blaya) – Estiu 1993 (Carla Simón)

Un texto: El de Hugo Zapata sobre Avengers: Endgame, que es una cosa espantosa pero es sintomático de lo peor de la crítica «influencer» actual, que dice no ser crítica pero que incluye un puntaje que después es computado en sitios que compilan críticas, que es un ejemplo del gacetillismo más servil posible, que le pide al público que «disfrute del hecho de poder comprar la entrada), que termina agradeciéndoles a los directores de la película en cuestión en mayúsculas.

Un fotograma: Uno de Godzilla 2.

La promesa del 2020: Olivia Wilde

Película testamento: Imparable (Tony Scott, 2010)

Película maldita: The BFG (Steven Spielberg, 2016)

Flautazo: Pain & Gain (Michael Bay, 2013). No la considero «accidentalmente buena» (la considero más bien extraordinaria, de hecho) ni creo que Bay sea (siempre) un pésimo director, pero sí creo que es una película que da cuenta de que Bay es un tipo mucho más inteligente de lo que parece a simple vista.

Una escena: toda la secuencia del secuestro en Zama, la primera media hora de Mad Max: Fury Road

Un/a intérprete: Kate McKinnon


Álvaro Bretal

Una película: La que para mí fue la sorpresa del Festival de Mar del Plata, y la sorpresa del año también: Fourteen, de Dan Sallitt. Bellísima construcción del ritmo de lo cotidiano, como en Ozu; una película en la que dan ganas de vivir.

Una canción: Dos destellos del siglo veinte.
60s: Have Love, Will Travel de los Sonics, en Ford v. Ferrari (o Contra lo posible, según el jugadísimo título local) de Mangold.

70s: Cualquiera de los breves fragmentos de canciones (ya sea con instrumentos o cantos en movilizaciones) en Santiago, Italia de Moretti. Elijo uno, el más obvio: Quilapayún tocando La batea en el Estadio Nacional de Chile (que originalmente es de La batalla de Chile de Guzmán).

Lástima que todavía no vi Rolling Thunder Revue de Scorsese.

Un doble programa: La secuencia en el Rancho Spahn de Once Upon a Time… in Hollywood, para ver junto a Manson, documental de 1973 de Robert Hendrickson y Laurence Merrick, que en su momento hasta fue nominado al Oscar a mejor documental y luego cayó en el olvido. Hendrickson y Merrick filman y entrevistan a los miembros del clan, tanto a los que estaban presos como a los que seguían viviendo en el rancho. Perturbador es poco. Parece que se lo empezó a revisar un poco más después de la película de Tarantino. Está en YouTube. También se puede conseguir en ciertos lugares un ripeo de DVD que se ve considerablemente mejor.

Este año me di cuenta de… que la parte de escribir, compilar, traducir y corregir es la más simple y disfrutable a la hora de hacer un libro. La parte ardua, al menos hoy y acá, es la de distribuir, difundir, reimprimir y lograr generar un mecanismo que te permita seguir editando sin tener que pedir dinero prestado cada seis meses. También descubrí que, en cuanto a libros de cine, hay todo un universo fascinante a explorar, y me resulta interesante ejercer la reflexión y la crítica a partir de esos huecos, de ese territorio inexplorado. En un nivel más personal, me di cuenta de que quiero dedicarle una parte importante de mi vida a editar libros y -más personal aún- que todos los problemas se observan desde otra perspectiva cuando fallece alguien cercano.

Un texto:Este año llegué a Letterboxd, y ahí descubrí al brasileño Filipe Furtado, a quien leo con muchísimo placer (imagino que para muchos de los que están leyendo esto debe ser un viejo conocido). Recomiendo calurosamente su página, Anotacões de um Cinéfilo (todos los textos están en portugués e inglés): https://anotacoescinefilo.com/ 

Un Fotograma:
Opción uno: capturo un fotograma equis, imaginario, del momento en que Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi filman el puente en el que fue asesinada la primera persona durante la guerra de Bosnia. Gianikian y Ricci Lucchi visitaron la zona poco después de la finalización de la guerra. Esa visita, entre una cámara cargada de perplejidad -y algo de temor- y narraciones extraídas del diario personal de Ricci Lucchi, conforma uno de los fragmentos más fuertes de la primera parte de I diari di Angela – Noi due cineasti. Agregaría, como acompañamiento de la opción uno, el dibujo de Ricci Lucchi que muestra a Gianikian prendido fuego durante un accidente casero. Los dibujos de Angela merecen ser editados en un libro; sería un libro realmente hermoso.
Opción dos: el plano de la estación de tren en Fourteen de Sallitt, que se distingue de la lógica general de la película y funciona, simultáneamente, como un momento de quiebre y de reposo.

La promesa del 2020: Graham Swon, director de la fascinante The World Is Full of Secrets. También Nele Wohlatz, alemana radicada en argentina y directora de la gran El futuro perfecto.

Película testamento:Murieron tantos. De hecho me puse a hacer memoria y me entristecí una barbaridad. Como sé que me voy a olvidar de miles, en este caso voy con una respuesta sola: 36 vues du pic Saint-Loup (2009) de Rivette, que murió en 2016. Y un dato de color: Rohmer, cuya película final Los amores de Astrea y Celadón también me gusta, murió el 11 de enero de 2010; es decir, hace casi exactamente diez años; es decir, casi exactamente al comienzo de la década.

Película maldita: Esta está difícil. Podría ser Bernie, una de las mejores de Linklater, que lamentablemente pasó un poco desapercibida. O Le nouveau de Rudi Rosenberg, que se estrenó acá y es de esas películas que con más prensa podría haber llevado bastante gente a las salas (¿o estoy soñando?). O Mala de Caetano, inmerecidamente destrozada. También milito mucho El 5 de Talleres de Biniez, una de esas películas argentinas con voluntad popular que, por mala distribución y difusión, terminan siendo vistas por poca gente (y con esta hago el intento: la recomiendo a familiares y amigos, y siempre gusta). Caso similar pero de película norteamericana (y en este caso con la diferencia de que el film anterior del director era más bien críptico, y el paso a un cine amable y directo le jugó en contra): Results de Bujalski.

Flautazo: Recuerdo -tengo que viajar bastante al pasado, pero lo recuerdo- que me gustó No de Larraín, a cuya obra en general le tengo poquísimo aprecio. Pero tampoco se trata, creo, de una gran película. También me gustó mucho, cuando se estrenó, The Witch. Hace unos días vi The Lighthouse y creo que, con el correr de los años, Eggers puede terminar convirtiéndose en un pésimo director que dirigió una película accidentalmente buena.

Una escena: Van algunas medio al azar:
Velatorio (x2): el de El extraño caso de Angélica de Manoel de Oliveira y el de Fourteen de Sallitt. Los últimos diez minutos de La vida útil de Veiroj. La filmación de la pelea en Why Don’t You Play in Hell? de Sono. La cámara que se bambolea entre olas y gaviotas al final de Leviathan de Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel. La vida real (x2): la caída del caballo en El silencio es un cuerpo que cae de Comedi y la explicación del suicidio del padre en el baño en Papirosen de Solnicki.

Un interprete: Tres mujeres (Altman dixit): Kim Min-hee, Tallie Medel, Greta Gerwig.


Verónica Balduzzi

Una película: Les enfants d’Isadora (Damien Manivel, 2019). Y luego, menciones para Fourteen (Dan Sallitt, 2019) y Pirotecnia (Federico Atehortúa Arteaga, 2019).

Una canción: En Les enfants d’Isadora, una niña con síndrome de down que ensaya una coreografía se toma un momento para jugar con una aplicación musical en su celular. Las notas que toca en la pantalla suenan más o menos así:

Un doble programa: Support the girls (Andrew Bujalski, 2018) / The Misfits (John Huston, 1961). Dos películas sobre parte de la esencia de la sociedad y cultura estadounidense: lo asignado a lo femenino y a lo masculino. ¿Cómo soportar lo insoportable? ¿Hasta dónde se puede aguantar la rabia, la humillación, las ganas de llorar?

Este año me di cuenta de…
En primer lugar, que al tiempo hay que respetarlo.
En segundo lugar, confiar. Las voces se van a entender. 

Un texto: Para mi cumpleaños, un par de amigxs me regalaron Tres cuentos espirituales, de Pablo Katchadjian (Ed. Blatt y Ríos, 2019). No son textos sobre cine, pero son cuentos increíblemente cinematográficos que conservé de manera muy presente a lo largo del año. Ficciones fantásticas y espirituales, de esas que aparecen cuando se está esperando en un café. 

Un Fotograma: Nanni Moretti en Santiago, Italia (2019). -“Io non sono imparziale.”

La promesa del 2020: En esto soy entusiasta. 
Jessica Sarah Rinland (Arg-UK)
Sofia Bohdanowicz (Can)
Alice Rohrwacher (Ita)

Película testamento: No home movie (2015), de Chantal Akerman. Estrenada el mismo año de su fallecimiento, esta película es una despedida. Despedida de su madre -cuyas cartas a New York conocemos bien- y de ella misma, de la casa, del cine, de Jeanne, de la cocina: ya en su primer cortometraje (Saute ma ville, 1968), Chantal se suicidaba en su cocina. 

Película maldita: Certain Women (2016), de Kelly Reichardt (y todas sus películas en general). Mención local: Fango (2012), de José Celestino Campusano.

Flautazo: Le père de mes enfants (2010) de Mia Hansen-Løve, es buena.

Una escena: Veintidós minutos dentro de un ascensor con Ventura, la historia contemporánea de Portugal, lo que quedó en Cabo Verde y un General en Cavalo Dinheiro (Pedro Costa, 2014).

Mención a esta otra escena, tal vez menos relevante pero que personalmente me gusta mucho, de Ida (Pawel Pawlikowski, 2013):  

Un intérprete: Voy a decir Greta Gerwig 😮


Matías Marra

Una película: Las facultades (Eloisa Solaas). Me pareció una película increíble. Todos esos momentos de ansiedad cuando se prepara el examen, las ganas de hablar durante el final, la sonrisa esbozada por el placer de haber hecho algo bueno y eventualmente tener una materia más aprobada.  Y el final, casi como una vuelta al comienzo, donde se vuelve a la clase y al momento donde el estudiante aprende con tanta voluntad. La universidad es hermosa porque crea una ilusión sobre el futuro.

Una canción: Sundown de Gordon Lightfoot – en The beach bum. Las películas de Harmony Korine siempre tienen canciones con cierta nostalgia yankee que me conmueve. Tal vez tengo el afecto colonizado, tal vez los músicos yankees trabajen demasiado bien la nostalgia.

Un doble programa: El irlandés / Once upon a time in Hollywood
Si bien las dos son de este año, creo que todo el rito de ir a verlas al cine vale para la consigna. Todas las películas están pensadas para verlas en el cine, obviamente, pero hay algunas que por su duración, por su propuesta, por su promesa, hacen que no haya otra forma de verlas.

Este año me di cuenta de… Bueno, lejos de revelar algo nuevo, creo que reafirmo lo genial que es vivir con otrxs la experiencia del cine.

Un texto: Las publicaciones en papel de La vida útil.

Un fotograma:

La promesa del 2020: Este punto es un poco “yeta”.  Pero acá voy.
Elijo dos: Martin Farina y Francisco Lezama. Farina ya es uno de los directores más importantes de nuestro país. Pero sus últimos cortos y Mujer nómade hacen creer que se viene algo muy bueno. Y de Lezama vi sus dos cortos, buenísimos, así que siempre estoy atento a ver qué hace.

Película testamento: Scream 4 de Wes Craven.

Película maldita: Dos películas que no están malditas (tal vez sí) pero me hubiera gustado que hayan tenido más repercusión porque son buenísimas.
Disco Limbo (Landaveri-Toledo) / Los que matan (Morita-Granero)

Una escena: Le Havre (Kaurismaki). Cuando el protagonista está comiendo en una escalera al lado del agua, y aparece el chico.

Un/a intérprete: Agustina Muñoz (en las películas de Matias Piñeiro)


Juan Villegas

Una película: Había una vez en Hollywood

Una canción: Brother Love’s Travelling Salvation Show, de Neil Diamong, en Había una vez en Hollywood.

Un doble programa: Sinónimos: Un israelí en París [Synonymes] (Nadav Lapid) y Sin Aliento (Godard)

Este año me di cuenta de… que escribir (no guiones, escribir otras cosas) me gusta tanto como filmar. 

Un texto: Todo el libro «Fassbinder por Fassbinder, las entrevista completas», editado este año por El Cuenco de Plata.

Un fotograma: Es de La Gomera, de Poromboiu.

La promesa del 2020: Lautaro García Candela

Película testamento: Rohmer murió el 11 de enero de 2010. Entonces, El romance de Astrea y Celadón, última y gran película de este genio discreto.

Película maldita: Las Vegas

Flautazo: The Nice Guys. En realidad, no se si Shane Black es pésimo, pero desconozco el rsto de su filmografía como director y esta película me gusta mucho.

Una escena: La del yate en El lobo del Wall Street, el diálogo entre Di Caprio y Kyle Chandler.

Un interprete: San Rockwell


Rodrigo Moreno

Una película: Había una vez en Hollywood

Una canción: La pasión según San Juan, de J. S. Bach cantada por Humberto Brause (Daniel Hendler) en el patio de la cárcel en Así habló el cambista, de Federico Veiroj.

Un doble programa: Parasite, de Bong Joon ho con Los dueños, de E. Raduzky y A. Toscano

Este año me di cuenta de…Este año me tomé el trabajo de ver a fondo la obra extensísima de Yazujiro Ozu y me di cuenta de que su estilo tan característico lo encontró recién en su película número 37. Escribí sobre ello en el último número de Revista de Cine. 

Un texto: Elijo tres.
José Miccio sobre Once upon a time…in Hollywood
John Ford y sus exégetas, de Mariano Llinás, en Revista de Cine número 6
Santiago González Cragnolino sobre The irishman

Un fotograma:

La promesa del 2020: sigo expectante la carrera de Damien Manivel. Si bien no me gustó tanto Les enfants d´Isadora (2019), sus dos primeras películas son formidables. S. Craig Zahler es un cineasta que me interesa mucho también y que creo que puede dar grandes películas en la próxima década.Muy lejos de la joven promesa, me intriga qué van a seguir haciendo Tarantino, Maren Ade y Hong Sang Soo.De Argentina, siempre espero los nuevos trabajos de Nacho Masllorens, de Nele Wohlatz y de Julian D´Angiolillo, cineastas sagaces y curiosos (y jóvenes de espíritu)

Película testamento: Vi especialmente para esta pregunta la película póstuma de Raúl Ruiz, cuya muerte lamenté mucho. En estos años se fueron muchos grandes cineastas, una generación que conoció de cerca la gran Historia del cine: Kiarostami, Akerman, Rivette, Cimino y Varda, me debo estar olvidando de varios. Pero no me gustó nada la de Ruiz. Ahora voy a ver Agnés por Varda y 24 frames, a ver qué pasa, y les cuento.

Película maldita: Todas mis películas de la década fueron un fracaso rotundo de público -como casi todo el cine argentino- y recibidas tibiamente por la crítica (a excepción de LVU, gracias muchaches, les quiero). En el exterior circularon muy poco y Cine.ar no las programa nunca. La mayoría de la gente me pregunta: «-¿por qué no filmaste más después de El Custodio?» Más maldito que eso, no consigo. Hablo de Un mundo misterioso -2011-, Réimon -2014- y Una ciudad de provincia -2017-.

Flautazo: me exaspera la improductividad de ciertas categorías de la crítica, sobretodo si se la denomina bajo palabras cancheras como flautazo (me recuerda a lo peor del Amante en la decadencia de sus últimos años), qué quiere decir flautazo? en qué idioma están hablando? No sirve para nada pensar en esto y por otro lado ¿cuál sería un buen ejemplo para esta pregunta? es muy sencillo, si hizo una gran película, no es un pésimo director. Un pésimo director no hace grandes películas, hace pésimas películas.

Una escena: del 2019,  Dos de Once upon a time…in Hollywood: La pelea entre Cliff Booth y Bruce Lee, y cuando Rick y Cliff ven la serie de Dalton en la tele y se ríen con complicidad. De la década, elijo tres finales: los de Our Sunhi y Wrong then, right now de Hong Sang Soo y el de Toni Erdmann, de Maren Ade.

Un/a intérprete: Todos, absolutamente todos, los actores y actrices de las quince películas que Hong Sang Soo filmó en los últimos diez años.


Ezequiel Iván Duarte

Una película: Sete anos em maio, Affonso Uchoa

Una canción: ninguna (me doy cuenta que tiendo a ver películas que no incluyen canciones o que, por lo menos, éstas no saltan a la vista) 

Un doble programa: mejor aún, un triple programa: Lasting Marks de Charlie Lyne, Blue Boy de Manuel Abramovich y The Fall of Communism as Seen in Gay Pornography de William E. Jones (1998): en conjunto, expresan la tensión entre los límites del placer (sexual) y la explotación de los cuerpos, ya sea para el deseo propio y ajeno (consensuado) o sólo ajeno (pero también consensuado —sin embargo, ¿hasta dónde puede hablarse de consentimiento si hablamos de explotación?).

Este año me di cuenta de… que ya no soy cinéfilo o que ya no me identifico con el apelativo ‘cinéfilo’. Miento, porque esto viene del año pasado, donde lo mencioné aquí mismo en relación a una entrevista a Derrida hecha por Cahiers. Digamos, entonces, que lo confirmé.

Un texto: “Pinta tu aldea de amarillo: introducción al giallo” de Carlos Pagés, del libro Giallo: crimen, sexualidad y estilo en el cine de género italiano (eds. Natalio Pagés, Álvaro Bretal y Carlos Pagés, Editorial Rutemberg).

Un fotograma: ¡cómo no poner a Anna Karina llorando en Vivre sa vie! Evitemos el lugar común. Esto que adjunto me dio miedito:

AI Martel.jpg

La promesa del 2020: deben ser un montón. Digamos, Martín Farina. O Manque La Banca. O César González.

Película testamento: ¡ay, no sé! Podrían ser Epistolar y La telenovela errante de don Raúl Ruiz, aunque en el caso de Ruiz es con trampa porque la película fue rodada bastante antes y terminada póstumamente por Valeria Sarmiento.

Película maldita: ¡ay, no sé! Los muertos dos creo que no la vio nadie y es una de las mejores películas argentinas de los últimos años (¡y es una tesis de grado!). Los modernos de Marcela Matta y Mauro Sarser me sorprendió gratamente cuando la vi en el MDQFEST y creo que no llamó la atención de nadie.

Una escena: Tampoco sé. No tengo la memoria del cinéfilo (Derrida dixit), en general no recuerdo escenas particulares. Las películas dejan en mí una impresión más abstracta (y abstraída de ellas mismas). Por eso puedo olvidar las minucias y recordar los efectos.

Un/a intérprete: me encantó la dupla de Die Geträumten (Anja Plaschg y Laurence Rupp). El pibito de Homeland: Iraq year zero es inolvidable.


Marcelo Felix

Una película: Visto y considerando que se estenó en Portugal a fines de 2018, Le livre d’image de Godard no debería ser mi elección. Pero quizás algunas películas podrían ser las mejores de varios años  — o no tendría sentido hacer listas de las Mejores Películas de todos los tiempos — que de hecho no lo tiene. 

Una canción: Porque en serio, el humo se te mete en los ojos: Blinded by Love (compuesta por Sia y cantada por Natalie Portman) en una película que por todas las razones deberían haber llamado Vox Lucis pero terminó siendo Vox Lux (Brady Corbet, 2018).

Un doble programa: Un Étrange Voyage (Alain Cavalier, 1980) y Atlantique (Mati Diop, 2019). Viajando con pérdidas y fantasmas, absoluta soledad y aun así un grito de resistencia. A demás, para un doble programa alternativo psicodelico, me gustaría juntar a la gata inductora de color Cassandra (!) de Az Prijde Kocour (Vojtek Jasny, 1963) con el celuloide pintado a 2.35:1 de …ere erera baleibu izik subua aruaren…  (José Antonio Sistiaga, 1970). Ambas películas son porsupuesto ni viejas ni nuevas — solo únicas. 

Este año me di cuenta de… Uno podría sumar una tercera inevitabilidad — tiempo ingloriosamente gastado —, a la muerte y los impuestos. 

Un texto: El exhaustivamente investigado, poético y disfrutable ensayo Ways of Seeing, Ways of Writing. Of Image and Writing in Herberto Helder and Jean-Luc Godard de Rita Novas Miranda (Lisbon: ILCML/Afrontamento, 2019), sobre las formas en las que tanto el poeta como el cineasta abrazan, rechazan y experimentan con el lenguaje y la visión sin fin. 

Un fotograma: Annihilation (Alex Garland, 2018). Una obra visionaria pensada para la pantalla grande, ancha, no tuvo estreno comercial fuera de Estados Unidos. Un gran ejemplo de los cambios lúgubres que sabíamos, llegarán algún día. 

Una promesa para el 2020: Esta década no termina hasta el 31 de diciembre del 2020 así que esperemos que Scott Barley saque una película nueva hasta entonces — y luego empiece su promisoria nueva década, junto con muchos jóvenes talentos de todas las edades. 

Una película testamento: Beskonetchnost (or Infinitas) (1991) Marlen Khutsiev: con un sentido inagotable de asombro, un viaje a través de la historia personal y colectiva, o de sus resonancias fantasmales hacia el fin de una era. 

Una película maldita: El fragmento de 4 minutos que sobrevivió de The Case of Lena Smith (1929) de Sternberg, en representación de miles de películas relevantes pasadas y futuras  — perdidas o mutiladas.

Flautazo: Ambas posibilidades son difíciles de creer. 

Una escena: Cualquier episodio de cualquier parte del Diary de Anne Charlotte Robertson, en Super 8, que uno pueda ver. 

Un/a intérprete: So-dam Park (apellido último), el terapeuta entrenado por google de Parasite (Bong Joon-ho, 2019); Fan Liao, el pandillero que pierde el rumbo en Ash Is Purest White (Jia Zhangke, 2018). Y arriba del volcán o abajo en alguna cueva, Natalie Portman, pionera honoraria.


Anna Brufau

Una película: Vitalina Varela, de Pedro Costa.

Algunos descubrimientos y un acontecimiento:
– El descaro de Jackie Raynal.
El diario de Angela. La carta de amor y despedida de Yervant Gianikian a Angela Ricci Lucchi.
– La programación entera de Courtisane 2019. Descubrir en ella Jayne Parker.
– El color y la puesta en escena del imaginario de Pirosmani (Giorgi Shengelaia).
Hotel by the river El Hong Sang-Soo más pausado, reflexivo, delicado.
Matou a familia e foi ao cinema, de Júlio Bressane. Divertida y espeluznante.
È piccerella. Elvira Notari y sus fiestas del Carmine en Nápoles.
– El rostro final en Je ne suis pas morte, de Jean-Charles Fitoussi.

Dos paisajes:
– ‘Terra’, de Hiroatsu Suzuki y Rossana Torres.
– ‘Before my eyes’, de Mani Kaul.

Dos actos de responsabilidad en las VOD:
– Exhibir ‘Las muertes chiquitas’, de Mireia Sallarès en Filmin.
– El programa Mubi-Go.
‘Man With Mirror’, de Guy Sherwin… ¡en vivo!

Este año me di cuenta de… que, por lo general, al cine de hoy le sobra gravedad y le falta locura, alegría, experimento.

Tres ejemplos de cine libre:
– El cine de Marc Ferrer, cada vez más trash y consecuente.
– ‘Tombent les heures’, de Blanca Camell Galí – valiente, valiente.
– ‘Ari y Yonay pasan el rato’, de Ariadna Onofri y Yonay Boix – ¡que viva el juego!

Un texto: El Johnny Guitar de João Bénard da Costa en ‘Outros amarão as coisas que eu amei’ (Manuel Mozos). Y también el poema de Sophia de Mello Breyner que titula el film.

Un fotograma: Vitalina y Ventura cómplices.


Pablo Martin Weber

Una película: Le Livre d’image de Jean-Luc Godard. Para mí, la película del 2019 y también la película de la década. No se me ocurre otro artista que haya ido tan a fondo y de manera tan radical como Godard. Hasta las últimas consecuencias, con sus últimos suspiros, siendo el más moderno de todos.

Una canción: El Viejo Vaireté” de Maria Elena Walsh en Playback de Agustina Comedi. Un gran momento cinematográfico. Tristísimo y doloroso. Una comunidad devastada, que ante toda la mierda de este mundo se juntaba a cantar y bailar todos los fines de semana. La nostálgica voz en off de una de las protagonistas y el muy interesante found-footage utilizado la hacen una de mis grandes experiencias cinematográficas de este año.

Un doble programa: Subject to Review de Theo Anthony y Videogramas de una revolución de Farocki. Otro gran descubrimiento de este año. Valoro mucho los cineastas que se inscriben con tanta decisión dentro de una tradición y operan en ella y la transforman. La visión de la máquina, la visión del humano y la Historia.  

Este año me di cuenta de… lo inútil e innecesario que es el arte. A nadie le interesa tu película. A nadie le interesa tu texto, ni tu canción ni tu poema. So you want to be a writer? nos pregunta Bukowski y así nos responde:
if it doesn’t come bursting out of you
in spite of everything
don’t do it
unless it comes unasked out of your
heart and your mind and your mouth
and your gut
don’t do it
if you have to sit for hours
staring at your computer screen
or hunched over your
Typewriter
searching for words
don’t do it
if you’re doing it for money or
Fame
don’t do it
if you’re doing it because you want
women in your bed
don’t do it
if you have to sit there and
rewrite it again and again
don’t do it
if it’s hard work just thinking about doing it
don’t do it
if you’re trying to write like somebody
Else
forget about it
if you have to wait for it to roar out of
You
then wait patiently
if it never does roar out of you
do something else

if you first have to read it to your wife
or your girlfriend or your boyfriend
or your parents or to anybody at all
you’re not ready

don’t be like so many writers
don’t be like so many thousands of
people who call themselves writers
don’t be dull and boring and
pretentious, don’t be consumed with self-
Love
the libraries of the world have
yawned themselves to
Sleep
over your kind
don’t add to that
don’t do it
unless it comes out of
your soul like a rocket
unless being still would
drive you to madness or
suicide or murder
don’t do it
unless the sun inside you is
burning your gut
don’t do it

when it is truly time
and if you have been chosen
it will do it by
itself and it will keep on doing it
until you die or it dies in you

there is no other way

and there never was

Un texto:Los condenados de la pantalla” y “Arte-Duty Free”, ambos de la artista Hito Steyerl y ambos editados por Caja Negra en Argentina. No puedo recomendar con más énfasis esos dos libros. No sería exagerado decir que cambiaron para siempre mi forma de ver y de pensar el cine.

Un Fotograma: Le Livre d’Image

La promesa del 2020: Isiah Medina (ya tiene dos películas, pero tiene apenas 28 años y creo yo mucho para dar).

Película testamento: Elegiría acá también la de Godard. Pero no está muerto. Ya veo que lo mato, asique mejor no. Elijo Varda par Agnès. Con Varda me sucede lo mismo que con Godard. Veo las películas llenas de vida que hacen a sus ochenta y tantos, y luego veo películas de jóvenes cineastas de veinti, trentitantos, muertas de antemano, sin alma, y pienso: quiero morir así. Quiero despedirme del mundo como ellos.

Película maldita: Citizenfour de Laura Poitras. Esta película ganó el Oscar a mejor documental y luego desapareció. En Argentina se la ha visto muy poco pero creo que es, junto a The Act of Killing, uno de los grandes aportes al cine documental de esta década. Es impresionante pensar que Laura Poitras formó parte activa de las filtraciones hechas por Edward Snowden sobre el programa de espionaje de la NSA. El gobierno de Obama incluso le sacó la ciudadanía norteamericana por haber hecho la película. Como decía Godard en Historias del Cine: quizás haya llegado el momento en el que tenga que volver a ser peligroso ser un artista.

Flautazo: The Martian, de Ridley Scott. El cinéfilo y el fanático de la ciencia ficción representan dos formas antagónicas de vivir en el mundo. El primero es católico: se arrodilla y quiere creer con todas las fuerzas de su corazón. El cinéfilo ha sido extirpado de su verdadero hogar y cree (inocentemente) que la pantalla de cine, como las canciones de Sión para los judíos del antiguo testamento, es el remedio que esta vida le ha brindado para paliar su exilio. El fanático de la ciencia ficción, en cambio, es un materialista inconmovible: un detective. Todos los años, ante cada gran estreno de ciencia ficción pululan toda clase de libros, videos en youtube, podcasts etc. en el submundo (mi submundo) de los fanáticos de la ciencia ficción “¿Si Brad Pitt cae de la estratósfera, a determinada velocidad y dada la cantidad de masa promedio de un cuerpo humano, no debería suceder X en vez de Y? Si la atmósfera de Marte es más liviana que la tierra, ¿no debería suceder X, Y, o Z? ¿A qué velocidad se mueve Sandra Bullock, y cómo podría cambiar de órbitas con la escasa cantidad de energía disponible en su jetpack?” Etc. El físico Neil Degrasse Tyson incluso le presentó personalmente una queja a David Cameron por un error en una escena de Titanic: en el final, cuando Dicaprio y Winslet están flotando en la famosa tabla en el medio del Océano Ártico, la posición de las estrellas no es la que correspondería para esa fecha de principios de siglo XX en el hemisferio norte del planeta (Cameron cambió el fondo para la versión Blu-ray de la película, a partir de esta sugerencia).

Toda una industria cultural dedicada a lo que Alejandro Dolina llamó “la refutación de leyendas”, esta práctica supuestamente despreciable, incapaz de comprender el verdadero significado que han tenido las narraciones en la historia de la humanidad. 

Resulta ser que me considero un poco de ambas cosas: cinéfilo y “sci-fi geek”. La hard-scifi (el género más extremo) ha sido una de las grandes pasiones que he cultivado en este 2019. Stanislaw Lem, Arthur C. Clarke, etc. The Martian pasa con creces la prueba de todo fanático de este género. La obsesión de Scott por la precisión científica es algo que personalmente valoro, sobretodo después del gran fracaso con el que este director arrancó su década: Prometheus. No hay nada más frustrante para un fanático de la ciencia ficción que ver una película cuya premisa está basada en mala ciencia o directamtente en pelotudeces new age o pseudociencia. Scott crea un personaje que es ¡botánico! y logra involucrar a sus espectadores en la travesía de crecer plantas para sobrevivir en un ambiente tan hostil. Al mismo tiempo, evita una de las grandes tentaciones de la ciencia ficción de nuestra época: la hiper-psicoanalización de las motivaciones de los protagonistas, lo que algunos críticos de cine norteamericanos han llamado “The Sadstronaut” (por la unión de las palabras sad y astronaut en inglés). Matt Damon quiere sobrevivir. Punto. Por eso rescato esta película, que desde un costado cinéfilo considero bastante menos valorable.

Una escena: La escena del carruaje en The Hateful Eight, cuando Samuel Jackson cuenta por primera vez su historia sobre la carta que supuestamente le escribió Abraham Lincoln. Cuarenta minutos adentro de una locación pequeñísima, los diálogos tarantinescos en su máxima expresión y actuaciones muy buenas.

Un intérprete: Leonardo Dicaprio, Juliette Binoche y Joaquin Phoenix (quien será recordado por Joker pero creo que The Master es su punto más alto). De principio a fin, esta década es toda de ellos.


Ana Schmukler

Una película: Van dos porque no puedo definirlo… y la verdad es que tampoco quiero. Ambas me dieron el goce pleno de la pantalla encendida y luminosa, en el mejor de los sentidos: Parasite del enorme Bong Joon Ho y Lo que arde de Oliver Laxe.

Una canción: Uno canta:

El otro baila:

Un doble programa: Pongamos a dialogar el trans-feminismo musical latinoamericano de Bixa Travesty (Kiko Goifman y Claudia Priscilla) con el feminismo musical europeo  de Una canta, otra no (Agnès Varda). 

Este año me di cuenta que…: Este año me di cuenta de que el tiempo no es algo dado, sino que se conquista y defiende. Ser responsable con mi tiempo y energía fue una especie de leitmotiv 2019, lo comparto para ver si se expande y contagia como un virus que nos salve de la desidia y la abulia.

Un texto: El nervio óptico de María Gainza es una de las mejores cosas que leí en el año. Ella habla de pintura, pero seamos laxos que la cosa (por suerte) no siempre es tan directa. Volví a agarrar el libro ahora, con esta encuesta enfrente y salta un subrayado en la página 124 que va perfecto con la charla que tuve hace unos días con un amigo. Discutíamos sobre el cine que nos conmueve y emociona mientras compartíamos una tortilla de papas,y ahora quisiera decirle esto:

Sé que las razones por las que me acerqué a esa pintura no pasarían un examen de la academia, esa casa de los espíritus donde el mayor miedo es escapar, pero de última, ¿no son todas las buenas obras pequeños espejos? ¿Acaso una buena obra no transforma la pregunta «qué esta pasando» en «qué me está pasando»? ¿No es toda teoría también autobiografía?

Un fotograma:

Nicolás Carrasco

Una película: An Elephant Sitting Still, de Hu Bo

Una canción: Desde que la vi, he estado obsesionado con el soundtrack de Once Upon a Time… in Hollywood. Si tuviera que escoger solo una, sería esta:

Un doble programa: Haré trampa y mencionaré dos dobles programas: dos películas recientes y una película nueva con una vieja. ¡El cine fantástico está vivo!

Zombi Child (Bertrand Bonello, 2019) + The World is Full of Secrets (Graham Swon, 2018)

Atlantics (Mati Diop, 2019) + The Fog (John Carpenter, 1980)

Este año me di cuenta que…: Qué enorme relevancia tienen aún películas hechas en la región hace medio siglo como La hora de los hornos (Solanas, Getino, 1968, vista en copia restaurada en el Festival de Lima de 2018) o películas de Jorge Sanjinés como El coraje del pueblo (1971) o El enemigo principal (1973) (vistas ambas en copias restauradas en el Festival de Lima de 2019)*. A estas se suman películas vistas este año en otros eventos como Agripino (1971) y Bolivia después del Che (1970) de Jan Lindquist o los films del Grupo de Cine Liberación sin rodeos. Qué importante es la programación (y la crítica) para que las cinematografías más frágiles no caigan en el completo olvido. Y ojalá que estas películas valiosísimas se sigan viendo y discutiendo.

*Fuera de su programación compuesta, en gran parte, a espaldas del cine contemporáneo, es en los homenajes y retrospectivas donde, a veces, el Festival de Lima acierta.

Un texto: La mejor crítica de cine del mundo está en la Argentina y, entre estos críticos, el mejor es José Miccio: «Out of Time (sobre Había una vez en Hollywood)» y «Los muertos»

Un fotograma: El plano del año

La promesa del 2020: Qué ganas de ver nuevas películas de los brasileños Adirley Queirós, Affonso Uchoa y del boliviano Kiro Russo. Como promesas peruanas mencionaría a Óscar Catacora y a Felipe Esparza. 

Película testamento: Hard to be a God, de Aleksei German (2013)

Película maldita: Universal Soldier: Day of Reckoning, de John Hyams (2012). Toda la vida.

Flautazo: No se me ocurrió ni una sola gran película dirigida por un pésimo director, pero Drive (2011) me gusta muchísimo más que todas las otras películas de Nicolas Winding Refn que he visto. Con el danés me pasa lo mismo que con Guillermo Del Toro: es alguien que como persona quiero y admiro mucho más que a su obra, por todo lo demás que hacen relacionado al cine: promover la obra de cineastas de género poco conocidos, presentar películas malditas en festivales, usar su dinero para restaurar dichas películas, escribir libros, etc.

Una escena de la década: Entre las varias escenas que uno podría escoger de esta obra maestra, me quedo con el final:

Un intérprete de la década: Joaquin Phoenix y Kim Min-hee.


Javier Rebollo

Una película:

Una canción: At the Back of the Pit deI disco I made a Place de Bonnie “Prince” Billy. Y esta es la película, de vaqueros forajidos y burlesco americano:

Bonnie ‘Prince’ Billy es uno de los heterónimos de Will Oldham, uno de los más personales artistas americanos. Es un cantante de folk, country o vete a saber, que empezó de adolescente en el cine y aprendió en Hollywood todo lo que no hay que hacer en una película, abandonándolo para volcarse en la música y de vez en cuando meterse en proyectos cinematográficos que le  permitan participar de los procesos creativos, desde el centro y en todas direcciones: «Me gusta trabajar en el cine con gente que se sitúa al margen de lo convencional, que busca su propio camino, aunque no disponga de un gran presupuesto, porque prefiere no someterse a los engranajes de la industria». Por eso le podemos ver en las películas de Kelly Reichardt, Harmony Korine o John Sayles, involucrado (i)responsablemente en todos los procesos.

Un doble programa: La virgen de Agosto de Jonás Trueba rodada en agosto del año pasado en un Madrid de verbena y vacío tras Itsaso Arana como treinta y cinco años antes Eric Rohmer filmó un agosto parisino en Las noches de la luna llena tras Pascale Ogier.

Este año me di cuenta que…: Hemingway se equivocaba, una vez más; es mejor rodar sobrio y editar borracho, y no al revés.

Un texto: Cualquiera de las «folhas de sala»-hojas de sala de la Cinemateca Portuguesa escritas por Antonio Rodrigues; estos preciosos papelitos que leemos antes de empezar la película, o después, y que guardamos con notas al margen. Dice este escritor de cine e histórico programador, que las «folhas de sala» no se hacen para el público sino para obligar al programador a volver a ver la película, volver a pensarla. En la Filmoteca española algunos las echamos mucho de menos.

Un fotograma: De Educación sentimental de Jorge Juárez, una primera película melancólica estrenada en el Festival de Gijón. Una película de amor, cine y política, que es lo mismo.

La promesa del 2020: Tristán Trueba

Película testamento: Cello de Marcel Hanoun, con su querida Lucienne Deschamps, un encargo que recibió Marcel desde la muerte, me dijo al teléfono. Y Todo comenzó por el fin de Luis Ospina, película farmacológica, generosa y larga, de amor y humor, de cine y memorias cinéfilas y caleñas.

Película maldita: L’île du rinocheroz, de Luis Bértolo, una película de piratas marselleses y Dioses en el Olimpo que ni siquiera se rodó porque el ICAA se encargó de retirar el «derecho a cobro» de una subvención concedida con la máxima puntuación ese año.

Una escena de la década: El baile de Jorge Jélineck, mi semejante, mi hermano, en las escaleras de la Facultad de Derecho de Montevideo en La vida útil de Federico Veiroj, …por supuesto.

Un intérprete de la década: José Sacristán, Pepe; que se incorporó de nuevo al cine aunque tenía echado el telón porque se había cansado de madrugar; le convencimos algunos para levantarlo y que de nuevo se levantara temprano y acostara tarde; con él recorrí 7.000 kilómetros por Argentina en un Falcon rural y en una película.


Alvaro Arroba

Una película: Il traditore de Marco Bellocchio.

Una canción: Todas las misas de Réquiem que incluyó el sonorizador responsable de las músicas diegéticas en State Funeral, me recordó mucho a la forma en la que Sokurov musicalizaba sus primeras películas, como un rumor de fondo como si viniera de las esferas. Ninguno de los resoplidos, jadeos y bufidos que incluyó el responsable de sonorización de mocos de la misma película (y que casi hunden el galeón del tesoro).

Vista (dos veces) restaurada en 2019: «El ropavejero» de Francisco Gabilindo Soler por Libertad Lamarque y su alegre chiqulliada en Acuérdate de vivir (1953, Roberto Gavaldón):

https://youtu.be/CG6G65HEM-4?t=1478

Un doble programa: Where Would You Go Bernadette(Richard Linklater & Cate Blanchet) con «Acuérdate de vivir» (Roberto Gavaldón & Libertad Lamarque), – vía Leo McCarey, Guru Dutt y James L. Brooks como asistentes de un tono que aúna una doble respiración: el clasicismo y su inmediata digresión, siempre contenido por una mirada moral que vuelve a revertir en clasicismo.

Este año me di cuenta que…: La mayoría de las cosas importantes que aprendí este año acerca del cine se fijaron por conversaciones con amigos. Algunas por escrito como las de un grupo de Telegram, «Smorgasbord», que es una corriente inconsciente de información y conocimientos con más de treinta melómanos y cinéfilos españoles y argentinos de cháchara incesante. Hay semanas en que no navego en busca de información porque todo llega a «Smorgasbord». También aprendí mucho del intercambio de correos con mis compañeros programadores del BAFICI en los que discutimos sobre decenas y decenas de películas. Se debería poder editar un libro sobre esas conversaciones de un año de programación, porque evidencian la tramoya del festival y de un grupo de cinéfilos que se preguntan (a veces desconsoladamente) dónde va quedando el cine después de que los certámenes y «la cultura» acabaran con él. Lo último bueno que les leí este año, a minutos de 2020, es una invectiva de Juan Manuel Domínguez sobre el mal de cierto cine de diseño en una disquisición entre Pedro Costa, Hou Hsiao-hsien y Hong Sang-soo que aplica muy bien como rasero para las dudas de programadores con respecto a algunas películas de nueva hornada. 

También aprendí de Marcos Uzal – vía Fernando Ganzo – un adictivo juego : que la historia del cine a partir de los años 60 es perfectamente divisible entre cineastas presumidos y cineastas flipaos («flasheros», en argentino). Y así es relativamente fácil saber si una película está del lado de lo noble o de lo bobo. Funciona muy bien con el cine portugués, por ejemplo. A muerte con la inocencia ignorante de los flipaos, ni que decir tiene.

Un texto: El libro más importante de 2019 es la continuación del mejor libro de 2018. El segundo volumen de los escritos completos de João Benard da Costa editados por la Cinemateca Portuguesa. Por fin llegó el río a Buñuel, Bresson, Ford y Godard. Dicen que los portugueses nunca llegaron a completar su «Diccionario de los diccionarios» un intento de enciclopedia sobre su lengua en 4 volúmenes. Ojalá que en la Cinemateca les dé para consumar esta tarea épica del único crítico que (como le decía Peter von Bagh) escribía por kilos. Adjunto su texto sobre Ordet.

 Y el índice del segundo volumen, ya a las puertas de Hitchcock:

Un fotograma: Valle de los Caídos, 12 de Octubre. Mujeres gritando a la Guardia Civil «¡Queremos ir a misa!». La película que mejor condensa la España de los últimos años, y el mejor Berlanga en color. 

La promesa del 2020: Malena Solarz y Nicolas Zukerfeld (Argentina)

Película testamento: Unstoppable Tony Scott, Que le diable nous emporte de Jean Claude Brisseau, y Relazioni pericolose de Giulio Questi.

Película maldita: Billy Lynn’s Long Halftime Walk – Ang Lee

Flautazo: P’tit Quinquin, de Dumont (contiene la mejor misa del cine), y en menor medida The Revenant de Iñarritu que me parece que tiene ideas alucinantes dignas de un flipao del opus fan de Tarkovski que devienen en gran emoción paternofilial incluso a su pesar.

Una escena de la década: La caja de cristal en Nueva York en el primer episodio de Twin Peaks the Return. Un significante vacío fecundo para todo tipo de interpretaciones existencialistas de la vida moderna ante las pantallas (del tipo hombre mirando a una caja vacía) hasta que lo rellena Judy. Esas escenas valen por todo Black Mirror.

Un intérprete de la década: Kyle McLachlan, y en español Pilar Gamboa.


Christopher Small

Una película:

Wait ‘Til the Sun Shines Nellie (Henry King, 1952) — devastación

Vitalina Varela (Pedro Costa, 2019) — no lo llamen regreso

La femme au couteau (Bassori Timité, 1969) — inspiración

Bhavan Shome (Mrinal Sen, 1969) — la vida inútil

Una canción: Una canción impresionante sobre el pan — Derechos del hombre

Un doble programa: Embracing (Naomi Kawase, 1992) + No Data Plan (Miko Reverenza, 2019) — ¿quizás cómo me importan un carajo las películas más menores de todas? O: Magdana’s Donkey (Rezo Chkheidze and Tengiz Abuladze, 1955) + L’Île aux oiseaux (Maya Kosa and Sérgio Da Costa, 2019) — en 2019, por ahí fueron los tiros. Hagamos que el 2020 sea el año en que los animales y los humanos redescubran cómo coexistir en pantalla.

Este año me di cuenta que…: Necesito volver sobre los pasos de mi cinefilia si va a sobrevivir al nuevo mundo.

Un texto: Sin duda: Frame by Frame: A Materialist Aesthetics of Animated Cartoons by Hannah Frank

Un fotograma:

La década:

RIP


Roger Koza

Una película: Vitalina Varela: Nuestras legítimas discusiones, el deseo de impugnación del cine de Pedro Costa, también la adoración acrítica resultan tan atendibles como inocuas frente a la conquista material del film. Las contiendas de la interpretación son propias de nuestro trabajo, pero aquí no basta esa posición. Dicho de otro modo, el film de Costa exige algo más, como si tuviéramos que añadir a nuestra tarea conocimientos propios de otros saberes y una libertad de pensar más allá de la castración del consenso y su transgresión inherente y correlativa que reclama el menoscabo enfático y el placer momentáneo del repudio. Un querido amigo me decía desde Locarno: “No me gusta que encierre a todos estos fantasmas en una pecera oscura”. El tema es que Costa está en la pecera y desde ahí, junto con Vitalina y Ventura, erige partículas de vida y algo de luz arrancada de las penumbras y la muerte. Y esa luz se ve en ese recuerdo feliz al final de la película. El gesto de la joven Vitalina glosa una felicidad posible. El duelo termina en un recuerdo. 

Una canción: Es el momento más hermoso de Portrait de la jeune fille en feu, y es asimismo un pasaje auténticamente femenino, una suerte de solidaridad entre mujeres mucho antes de que ese lazo fuera codificado como sororidad. En esa escena misteriosa e inesperada, todas las mujeres se encuentran en la noche alrededor del fuego. Y cantan. Este es el tema:

Un doble programa: Chained for Life (Schimberg) es una de las grandes películas secretas de este año; en verdad, se estrenó en el 2018, no recorrió festivales y se vio en la Semana de la crítica en Berlín 2019, en un auditorio muy pequeño y con poco público. El film es una deconstrucción lúcida sobre el concepto de belleza y su relación intrínseca con el cine. El personaje principal podría ser el hijo de El hombre elefante, y los secundarios, los nietos de los personajes de Freaks. Pero el programa acá no será doble. Se tratará más bien de un cuarteto visual y sonoro destinado a destruir todo lo que pensemos sobre lo hermoso para volver a pensar sobre una categoría históricamente esencial de la estética: Chained for Life + Freaks + The House is black + Ladoni.

Este año me di cuenta que…: Existe una máquina colosal de psicotización; más que una máquina, es una red abierta sostenida en máquinas, y a la que se adjunta un adjetivo que le prodiga su presunto estatuto utópico: el adjetivo “social”. En las redes sociales he visto a críticos de cine convertirse en canallas y matones (quizás lo eran antes, potencialmente); en las redes sociales he visto traspasar límites que horadan el orden simbólico para hacer aceptable lo inaceptable; ahí también he visto linchamientos sin piedad alguna y sin voluntad de verdad que regule la compulsión de publicación y participación. En las redes sociales el usuario se desata y se siente liberado, como si se le proporcionaran las garantías de una impunidad absoluta. La megalomanía que allí se ejerce puede considerarse una pandemia. Sobre esto hace falta hacer una película. Assayas, siempre él, más adelante que todos, llegó a intuir algo de todo esto, pero en otras coordenadas. Primero en Demonlover, luego en Personal Shopper. Ojalá exista un cineasta capaz de filmar todo esto. ¿Quién podría? Quizás Cronenberg, pero tal vez ya esté un poco viejo para poder filmar algo así sin juzgar todo esto de antemano, porque se requiere libertad y un grado cero de moralismo para ir hasta el tuétano de lo que aquí está en juego. 

Un texto: El mejor texto de crítica cinematográfica que leí fue el primer segmento de Presencias, de Olivier Assayas. Todo lo que escribe sobre el cine americano y el cine chino es de una precisión erudita, inaudita y admirable. Las descripciones sobre algunos planos de las películas de King Hu tienen una contundencia que ya no se observa en las publicaciones actuales. Por la misma razón, y aún más, The Eloquent Screen, de Gilberto Pérez, a mi juicio, uno de los 5 críticos más extraordinarios de la historia del cine. 

Un fotograma: La Gioconda plebeya de Pedro Costa

La promesa del 2020: Los directores que más prometen:

Los directores que más prometen:

Qui Sheng (China)

Sandra Wollner (Austria)

María Aparicio (Argentina)

Isiah Medina (Canadá)

Marta Mateus (Portugal)

Camilo Restrepo (Colombia)

Alexander Zolotukhin (Rusia)

Película testamento:

24 Frames (Kiarostami)

An elephant sitting still (Hu Bo)

Película maldita:

A Russian Youth (Zolotukhin)

The Inmigrant (Gray)

Sunset Song (Davies)

Samuray-S (Perrone)

Carmín tropical (Perezcano)

Rester vertical (Guiraudie)

Flautazo: Tom en la granja (Xavier Dolan

Un intérprete de la década: Los vampiros: Robert Pattinson y Kristen Stewart


John Campos Gómez

Una película: Liberté, de Albert Serra

Una canción: Todos los delirantes experimentos sonoros de Felix Kubin en Felix in Wonderland, de Marie Losier. 

Un doble programa: Uno triple y no tan viejo: programar sucesivamente los 3 opus «costeros» post Fontainhas de Juventude em marcha (2006), Cavalo Dinheiro (2014) y Vitalina Varela (2019) como una retahíla de un cine ensombrecido, lúgubre, pero humano y contradictoriamente luminoso como pocos. Creo que esas tres películas son parte de una misma obra todavía en construcción.

Este año me di cuenta que…: ya es hora de quitar (o redireccionar) reflectores a quienes no necesitan más iluminación. Con nuestras pequeñas linternas intentemos alumbrar esas buenas pero modestas películas y autores aplastados por las sombras de las grandes películas de ilustres nombres.  

Un texto: cometeré dos groserías. Una amable, aduladora, pero sincera: celebrar la existencia en papel de La vida útil (o sea, ustedes), como de las revistas impresas también argentinas Pulsión, Caligari y Revista de Cine. Y la otra grosería: invitar a leer los ensayos -salvo el mío- del libro Latinoamérica Radical, que editamos desde el Festival de Cine Radical en Bolivia este año. El pensamiento (sobre cine, en este caso) debería imprimirse siempre.

Un fotograma: Redundando, cada plano Liberté, del catalán Albert Serra. Sordidez, sexo, placer, enigma, limbo y plasticidad como una sola cosa que deslumbra en la noche más oscura.

La promesa del 2020: Que aparezca nomás. Los buenos y buenas que ya han filmado, que lo sigan haciendo. No voy a señalar de promesa a alguien que ya tiene obra, así sea un solo corto. Que lo nuevo y prometedor asome sin previo aviso.

Película testamento: Out-Takes from the Life of a Happy Man, de Jonas Mekas

Película maldita: Creo yo que la obra de Joel Potrykus, y especialmente Buzzard (2014), su gran comedia negra friki.

Flautazo: Como de la lepra, huyo velozmente de una nueva película cuyo director/a ya la ha cagado más de una vez. Lamento no tener respuesta para esta buena categoría.

Una escena de la década: Denis Lavant como acordeonista en Holy Motors:

Un intérprete de la década: Jamás me acerqué a una película impulsado por la imagen y atracción de un actor o actriz y dudo que eso cambie en un futuro cercano.


Leonardo Bomfim

Una película: Este año hay 3 películas absolutamente favoritas: Vitalina Varela, de Pedro Costa; It must be heaven, de Elia Suleiman y Synonymes, de Nadav Lapid. Me gusta pensar en la relación de cada personaje principal de estas tres películas con sus (y otros) contextos y la forma en que el arte cinematográfico surge de eso. Dejan, de alguna manera, la misma pregunta extremadamente política y contemporánea: ¿dónde puede estar mi lugar?

En la importante categoría de favoritos que no vi están: Uncut gems, First cow, La gomera, I was at home, but.., Danses macabres, squelettes et autres fantaisies y muchas otras…

También menciono un argentino y un brasileño que me parecen inventivos retratos contemporáneos de dos quiebras que marcan los dos países a fines de la década: la financiera y la existencial: Por el dinero, de Alejo Moguillansky y A noite amarela, de Ramon Porto Mota. Y dos cortos brillantes sobre el protagonismo: Shakti, de Martín Rejtman, y A mulher que sou, de Nathalia Tereza. 

Una canción: Podría ser cualquier una de Aretha Franklin en Amazing grace, pero es cobardía.

Me encantan las canciones modernas en Martin Eden, de Pietro Marcello, pero no pude encontrar los títulos. También me gusta el uso de canciones de José Feliciano y Vanilla Fudge en la película de Tarantino. Y hay una escena antológica en A noite amarela, de Ramon Porto Mota, con «Um lugar do caralho», una canción de Jupiter Maçã, en una pelea la estación de servicio. Esta canción es una especie de himno de mi generación aquí en Brasil. Jupiter Maçã (también usa el seudónimo de Jupiter Apple), quien murió hace algunos años, fue un gran genio de la música psicodélica brasileña contemporánea. 

Pero hay que elegir solo uno en el año: esta versión de «Motherless child» en el emocionante y intenso Sibyl, de Justine Triet.

https://www.youtube.com/watch?v=PHhzwIh6bsQ

Un doble programa: Un doble programa para la década: Ne croyez surtout pas que je hurle, opera prima de Frank Beauvais + Dernière séance, de Laurent Achard. La película de Achard es de esta década, no tan vieja, pero me gustaría ver este doble para pensar en estas dos relaciones diferentes (y a veces antagónicas) con el cine: el cinéfilo que ve cientos de películas encerradas en casa compulsivamente mientras el mundo explota afuera versus el programador de un pequeño cine de barrio (¡qué programa Renoir, Chantal Akerman y Gus Van Sant!) que está condenado a cerrar. El sociópata versus el psicópata. Depresión versus voluntad asesina. Beauvais habla en su película sobre este antagonismo, el cine como espejo y como ventana para el espectador. Admito que me molesta la idea del cine como un «espacio seguro» para usar un concepto común en la actualidad. Para mí ir al cine siempre es salir de casa. Si no hay cine de cualidad en la ciudad, puedes crear clubes de cine. Hoy es fácil. Pero hay una tendencia absolutamente individualista y egoísta, para el gusto de los anhelos neoliberales, de ver una película en casa y un segundo después dar el veredicto definitivo en una red social y ver otra película y dar el veredicto y ver otra película… ¡lo cual me parece desastroso!

Este año me di cuenta que…: Hay una gran cantidad de novelas brasileñas de la década de 1970/80 que dialogan mucho con el cine más radical de la época, con las películas de Julio Bressane, Rogerio Sganzerla, Andrea Tonacci, Carlos Reichenbach, Luis Rosemberg Filho y otras del llamado Cinema Marginal. El mismo gusto por la invención formal, el diálogo con el modernismo brasileño en la década de 1920 de Oswald de Andrade, la provocación política (y la angustia) en los años de la dictadura, las descripciones pioneras de la tortura, la violencia militar, los vientos locos de la contracultura…. Cito algunos: Confissões de Ralfo, Zero, A festa, Os ambulantes de Deus, Em liberdade, Galvez, o imperador do Acre, O caso Morel, A maçã triangular, A rainha dos cárceres da Grécia…

Un texto: Este año, por razones de trabajo (un ciclo de cine) y de investigación, continué leyendo un trabajo académico inspirador del crítico Luiz Carlos Oliveira Jr: Vertigo, a teoria artística de Alfred Hitchcock e seus desdobramentos no cinema moderno. Es casi un trabajo anti-académico que analiza la relación de Vértigo con mil y una películas, desde Lynch a Akerman, Guerín a Bressane, Antonioni a Argento, Abel Ferrara a Larry Cohen: https://www.teses.usp.br/teses/disponiveis/27/27161/tde-29062015-123125/pt-br.php

Un fotograma: Me encantaría poner un fotograma de la última escena de Frankie, de Ira Sachs. No están disponibles… Pero el fotograma que me persiguió durante gran parte del año después de una sesión del Stagecoach de John Ford: el plano-retrato del indio Cheyenne al principio de la película.

Este plano abre una contradicción entre el sonido y la imagen, entre lo que se dice (el discurso del militar) y lo que se muestra (la mirada frontal de lo indígena). Y la mirada del personaje (y el actor), al mismo tiempo sereno, soberano y fantasmal, frente a la cámara, el director y el espectador.

Me hizo pensar en la historia del cine, la historia de los Estados Unidos, la forma en que Straub defiende a Ford como brechtiano, en Stagecoach como un pelicula de ensayo pionera sobre su nación, en la escena final de Psycho (en la sonrisa de Norman Bates y el discurso sobre su supuesta patología), en los retratos etnográficos de grandes líderes indígenas de los Estados Unidos, en los retratos criminales que se hacen en las cárceles, en el cine de Pedro Costa (el contracampo como una imposibilidad ética)…

Y en esa película pionera The big swallow. Cuando el hombre que está siendo filmado devora la cámara y quién está filmando. Son solo unos segundos, pero el plano revela toda la complejidad e intensidad política del cine de John Ford.

La promesa del 2020: Dos jóvenes directoras brasileñas: Juliana Antunes, que revitalizará el humor político en el cine brasileño, y Marcela Bordin, directora del cortometraje Princesa Morta do Jacuí, en el campo más fabuloso y experimental.

Película testamento: Perdimos a dos grandes maestros brasileños en esta década: Eduardo Coutinho y Andrea Tonacci. También hay Alain Resnais, pero no podría ser otro: Manoel de Oliveira. Y hay tres testamentos maravillosos: un largo (O gebo e a sombra), un corto (O velho do Restelo) y un póstumo (Visita ou memórias e confissões).

Película maldita: El cine brasileño se convirtió en una estrella internacional después del golpe y la elección de Bolsonaro. Todos quieren un brasileño suicida en su escuadrón, esa es la impresión. Y precisamente una de las obras más políticas y visionarias no tuvo el reconocimiento merecido: A cidade dos piratas de Otto Guerra, basada en el trabajo del dibujante Laerte. Es una película llena de contradicciones: el Brasil de Bolsonaro, con el terror de la sexualidad masculina como su aspecto central, desde un punto de vista lisérgico. O Bolsonaro (y el macho brasileño) in Wonderland, .

Flautazo: Gravity. El hombre que hizo Roma, una de las películas más repugnante de la década, también hizo una aventura espacial sin devanados pseudo-filosóficos, con algunas escenas de acción memorables. Disfruté viendo a Sandra Bullock girando en el espacio. 

Una escena de la década: Iba a citar la escena «peeping tom» de A vingança de uma mulher de Rita Azevedo Gomes, pero es una película con tantas escenas maravillosas… Pero como estoy en lo fondo del planeta, mi escena favorita son las constelaciones invertidas de Mariano Llinás en La flor

Un intérprete de la década: Isabelle Huppert y Robert Pattinson. Me gustaría ver una película de Hong Sang-soo con los dos (y Kim Min-hee) en la proxima decada. Saïd Ben Saïd podría pagar los honorarios.


Florencia Romano

Una película: Los hijos de Isadora (Damien Manivel) quizás no es mi favorita de este año (me costó mucho pensar este ítem) pero es uno de mis directores favoritos de la década.

Una canción: La letra y la voz ♡

Bonus track de otro universo:

Un doble programa: Dos películas que comparten belleza y amor: Una película hecha de (2019, Malena Solarz, Nicolás Zukerfeld) y A propósito de Niza (1930, Jean Vigo)

Este año me di cuenta que…:

Un texto: Dos textos

1. “Escribo porque fui conmovido”… entrevista + canciones + un poema hermoso muy muy al final… tesoro para quien llegue (se puede llegar scroleando, pero no es lo mismo): https://hablardepoesia.com.ar/2019/06/15/escribo-porque-fui-conmovido-eso-es-lo-que-me-impulso-que-fui-tocado/?fbclid=IwAR1zdvMrNzHaZHQ3bhl1orwc0RpJtgD-GwMBPQB4MvIB9VPDGQWtrbhP5yE

2. Este texto no es de este año, es de todos los años y de cualquier década, también es mi favorito para dar clases, “Jean Vigo muere a los 29 años” de Truffaut: https://es.scribd.com/document/145556093/Jean-Vigo-muere-a-los-29-anos

Un fotograma: The world is full of secrets (2018, Graham Swon)

La promesa del 2020: ☆ Chema García Ibarra con sus películas-hechizos ☆

Película testamento: Visages villages (2017, Agnès Varda, JR) y As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty (2000, Jonas Mekas). No es última película pero sí es un testamento.

Película maldita: Drive (2011, Nicolas Winding Refn)

Flautazo: A star is born (2018, Bradley Cooper)

Una escena de la década: Dos escenas de finales de grandes cosas que sucedieron en esta década…

-What year is this?

-I’m pregnant

https://youtu.be/F3NZvg8P4Wg

Un intérprete de la década: Adam Driver y Laura Dern


Tatiana Mazú

Vi menos cine “del año” que años anteriores. Y mi registro de qué vi la primera mitad de la década es mucho menos sistemático que el de los últimos cinco años, porque básicamente fue la década en la que empecé a estudiar y hacer cine. Así que son respuestas muy intuitivas. Además, siempre que había que elegir una cosa, elegí como diez. Y una pregunta no supe contestarla. Todo un éxito.

Una Película: “Siete años en mayo” de Affonso Uchoa y “Nunca subí el provincia” de Ignacio Agüero son las películas contemporáneas que más me resonaron este año. Y, en un punto, por razones diametralmente opuestas (o no). La película de Agüero es una apología absoluta de la deriva. La de Affonso, la precisión mínima misma. Pero ambas proponen modos posibles de encarar la búsqueda de la libertad en un mundo cada vez más áspero y asfixiante. Agüero revolotea de aquí para allá con su cámara y sus palabras inquietas, conociendo gente, revisando archivo, vinculando todo con todo. Uchoa se detiene por cuarenta minutos en prácticamente una sola imagen, en un relato específico, en el gesto poético decidido de unos cuerpos contra la violencia policial -pensé mucho en la potencia del Teatro del Oprimido de Augusto Boal mientras la veía-. Son películas que confían plenamente en la forma absoluta que eligen, obstinadas en generar -dentro y fuera de la pantalla- algún tipo de movimiento. Películas-dínamo.

Me gustó también cruzarme con  “Felix in Wonderland” de Marie Loisier, “L’ile aux Oiseaux” de Maya Kosa y Sérgio Da Costa y “Las facultades” de Eloísa Solaas. 

Y quiero también nombrar algunos cortometrajes:  “Playback” de Agustina Comedi, “Past perfect” de Jorge Jácome y “Una luna de hierro” de Francisco Rodríguez Teare -que es de 2018 pero me lo crucé recién este año y me parece muy bello-. 

Una Canción: La semana pasada, volviendo de «Transcinema», tuve que atravesar una escala nocturna de siete horas en el aeropuerto de Santiago. Intentaba dormir hecha un bollo sobre un sillón plástico, bajo las luces frías y brillantes del free shop. A todo volumen, sonaron toda la noche canciones navideñas. Remixadas, en su versión bossa nova o cantadas por Luis Miguel. Por la ventana, casi completando una metáfora perfecta de la realidad política chilena, un incendio se propagaba por entre los cerros, arrasando los bosques del Cajón del Maipo. Al otro día le di play a “Lonely Rivers” de Mauro Herce. Allí, los trabajadores de un aislado buque mercante cantan karaoke junto a un árbol de Navidad, mientras comen comida empaquetada y se emborrachan. Cantan en un momento, por ejemplo, “Silent night” de Bill Crosby, uno de los villancicos que me había quemado el cerebro la noche anterior, pero que, a la vez, tanto en ese momento como en este, le daban espesor cinematográfico a la realidad o hiper-realidad al cine. Y me puse a pensar: creo que la música que me interesa en las películas es esa que se filtra inesperadamente, la que respiran los personajes contra todo pronóstico. Como acá, donde estos solitarios marineros pulverizan su masculinidad impuesta cantando hasta el llanto “Feel” de Robbie Williams o “Unchained melody” de Elvis Presley. 

Por la coincidencia personal, elijo la canción navideña en cuestión:

Un doble programa:  Este año, investigando para un proyecto propio, vi muchas películas que giraban en torno al universo minero. Así que triangulo tres que me gustaron: “Bocamina” -cortometraje de Miguel Hilari de 2019- con “An injury to one” de Travis Wilkerson (2003) y “Harlan County USA” de Bárbara Kopple (1976).

Este año me di cuenta de… : Los últimos meses, pensando en torno la rebelión chilena y el gobierno asesino de Piñera, me pregunté varias veces cuál es el límite entre una imagen que genera bronca y una que genera miedo. Cuál el que hay entre la imagen que moviliza y la que paraliza. Comparto la inquietud. 

Un Texto: Compré los “Cuadernos de crítica nº 1” editados por el Festival de Cine de Mar del Plata. Particularmente, me gustó leer ahí esta entrevista que le hizo Pedro Segura a Pablo Escoto, Salvador Amores y Jesús Núñez a propósito de su película “Ruinas tu reino”: http://www.conlosojosabiertos.com/las-peliculas-transcinema-2016-03-ruinas-reino/

Celebro en general la vuelta idealista a la publicación de crítica independiente en papel. Vale el festejo tanto para el librito arriba citado, como para esta revista o el “Latinoamérica radical” publicado por el Festival de Cine Radical de Bolivia. 

Un Fotograma: Esta imagen pertenece a “The bloody child”, de Nina Menkes. El momento exacto que busco no aparece en Google: el caballo, que hace poco entró en cuadro caminando tranquilamente, se para de repente en dos patas. Su pelito brilla al viento. No recuerdo si relincha o no, pero los marines permanecen inmutables a cualquier manifestación de belleza. La película me generó náuseas y dolor de cabeza. Pero -quizás por eso- en ninguna otra agradecí tanto este año un destello de vida. 

La promesa del 2020: El año pasado, al día siguiente de enviarles mis respuestas, vi “Lembro mis dos corvos” de Gustavo Vinagre. Lamenté mucho que haya quedado afuera de la lista que armé, porque me atravesó nivel llhdfgjdflñffguifdgdfdfjhkz<xxd. Ya me había pasado con “Nova Dubai”. Todavía no pude ver “A Rosa Azul de Novalis”… Me gustaría cruzarme con las películas del futuro de Saeed Al Batal y Ghiath Ayoub (“Still Recording”), Leonor Teles (“Terra Franca”), Juliana Antunes (“Baronesa”) e Isiah Medina (“88:88”). 

Película testamento: No sé bien qué decir cuando en los últimos años murieron Varda, Mekas, Marker, Farocki y Akerman.

No vi “Varda par Agnès”, no me tentó mucho. Pero me hizo feliz verla usando Instagram su último año de vida. El testamento que me inventé de parte de Marker es este video de él filmando una manifestación por el día internacional de lxs trabajadores (https://vimeo.com/groups/overlap/videos/46611938). Me gusta verlo cada tanto. Pero la ganadora es Chantal Akerman con “No home movie”. 

Película maldita: Hablar de “suerte” es un eufemismo cuando el cine se produce y se distribuye bajo condiciones materiales concretas atravesadas por el capitalismo y el patriarcado. Hablar de “suerte” es un eufemismo que niega que el canon es una construcción siempre política de la crítica y los festivales; que avanza la lógica meritocrática del lobby; que lamentablemente muchxs prefieren reafirmar antes que descubrir; que hacen falta políticas públicas para que producir deje de ser un privilegio de clase y se garantice la distribución en igualdad de condiciones de las cinematografías no hegemónicas; que recién hace un par de años que empezó a cuestionarse la supremacía de varones cis hétero en los equipos de programación, en los jurados, en la crítica oficial. La lista sigue. A lo que voy es a que el cine que me interesa es el que se hace y se exhibe constantemente “a pesar de”, sabiendo que al final del día tenemos que pagar el alquiler, la comida, los impuestos. Así que brindo por un mundo en el que tengan más oportunidades las películas que están vivas, las que se amigan con el error, las que experimentan, las que se proponen movilizar las raíces del lenguaje cinematográfico y de la espantosa realidad que nos toca habitar. Por todo eso, por ejemplo, me alegra que siete años después del estreno de su primera película, la obra de César González finalmente haya empezado a nombrarse en círculos que venían pasándola completamente por alto. 

Flautazo: No me sale responder esta pregunta. 

Una escena: Perdón, pero voy a aprovechar esta respuesta para nombrar películas que fueron importantes para mí estos años.

Inolvidable es la escena de Haidar pegando con cinta los vidrios de las ventanas de su casa, para prevenir que las bombas los hagan saltar por los aires, en la enorme super enorme “Homeland (Irak año cero)” de Abbas Fahdel. Algunas otras cosas que aparecen si pienso rápido: quizás alguna escena musical de “A fábrica de nada” de Pedro Pinho, los trabajos prácticos de “Una jeunesse allemande” de Jean-Gabriel Périot o el colchón secándose al sol en “Viajo porque preciso, vuelvo porque te amo” de Marcelo Gomes y Karim Aïnouz. También se me viene algunas entrevista de la última película de Eduardo Coutinho (“Últimas Conversas”), quien por cierto también murió en esta década y se me había pasado. O momentos de “La última vez que vi Macao” de João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata. “Did you wonder who fired the gun?” de Travis Wilkerson y “El mar, la mar” de Joshua Bonetta y J.P. Sniadecki me acompañaron muy de cerca a nivel creativo este año. Y escenas de “El viento sabe que vuelvo a casa” de José Luis Torres Leiva están ligadas a situaciones personales importantes de hace algunos años atrás.

Un interprete: Disfruto mucho la dirección de actores de las películas de Albert Serra. Así que Lluís Serrat o Lluís Carbó quizás sean respuestas posibles para esta pregunta. Si sigo pensando, me conmueve el vínculo entre Carla Simón y Laia Artigas y Paula Robles, las nenas de “Estiú 1993”. O pensar qué pasó a lo largo de esta década entre Isaki Lacuesta e Israel y Francisco Gómez Romero. 


Lucrecia Matorozzo

Una película: Me resulta muy difícil elegir solo una, van mis preferidas de este año.

Largos: Dolor y gloria (Pedro Almodóvar), High Life (Claire Denis), Las buenas intenciones (Ana García Blaya), La deuda (Gustavo Fontán) y Nunca subí el Provincia (Ignacio Agüero).

Cortos: Playback. Ensayo de una despedida (Agustina Comedi), Suquía (Ezequiel Salinas) y Una película hecha de (Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld). 

Una canción: “Willow” en High Life

Un doble programa: Las buenas intenciones y Los excéntricos Tenembaum. Ambas tienen humor, y una mirada fresca y amorosa a ese universo familiar siempre complejo.

Un texto: Ojo de agua (Escritos de un fotógrafo). Rodrigo Fiero. Ediciones DocumentA/Escénicas. 2019.  

Un fotograma.

El primero es de High Life y el segundo de Las buenas intenciones. Hace poco más de un año murió mi papá, estuve este tiempo acostumbrándome a la orfandad y de alguna manera también al recuerdo de su manera particular y compleja de vincularse conmigo. Claro que mi año cinematográfico estuvo teñido de ese estado. 

La promesa del 2020: María Alché, Eduardo Williams y Santiago Reale. 


Película testamento: No es directamente la consigna pero está un poco cerca. Este año empecé un trabajo nuevo como profe de secundario, con una colega estuvimos trabajando con Daguerrotipos de Agnès Varda, cuando me llegó la triste noticia de su muerte sentí un enorme agradecimiento por su cine, su pensamiento siempre joven y revolucionario y por haberme acompañado este año como impulso y motivación para el trabajo con mis estudiantes. Me queda pendiente ver Varda por Agnès. 

Una escena: Las tías saliendo de los capullos de cortina en Familia sumergida de María Alché.  

Un intérprete: Eva Bianco, es una actriz versátil con un magnetismo particular que me conmueve tanto en cine como en el teatro. 


Chiara Marañon

Una Película: I Was At Home… But, de Angela Schanelec.

Una Canción: Étude in C-sharp minor, Op. 2, No.1, de Alexander Scriabin, en Les Enfants d’Isadora de Damian Manivel.

Un Doble programa: O Que Arde, de Oliver Laxe y Mouchette, de Robert Bresson; por la dimensión trágica del personaje.

Este año me di cuenta de…: No es algo revelador, pero este año me descubrí diferenciando más que nunca entre películas inagotables y películas finitas. En cualquier caso, confirmé que nunca es suficiente un solo visionado, y que las películas que sólo aguantan uno, lo demuestran en el segundo. 

Un Texto: Of Values and Women, de Olaf Möller para Notebook: https://mubi.com/notebook/posts/of-values-and-women-venice-18-rome-18-berlin-19

Un Fotograma: The Souvenir, Joanna Hogg.

La promesa del 2020: Zia Anger, Sofia Bohdanowicz y Eloísa Solaas.

Película testamento: No Home Movie, de Chantal Akerman

Película maldita: Bárbara, de Mathieu Amalric

Flautazo: Jackie, de Pablo Larraín

Una escena: La fiesta nudista de Toni Erdmann

Un interprete: Lise Leplat Prudhomme, en Jeannette: The Childhood of Joan of Arc y Joan of Arc de Bruno Dumont. Para mí el rostro cinematográfico de esta década


José Luis de Lorenzo

Una película: Domino (Brian De Palma)

Una canción: Voy a dejar esta casa, papá – Lali Espósito (Claudia)

Un doble programa: Te quiero tanto que no sé / Todos dicen te quiero

Este año me di cuenta que…: En una charla con amigos («cena de los jueves» como solemos denominarla), específicamente junto a Ángel Faretta y Julio Romero, nos cuestionamos sobre el llegar a cierta etapa en la que ya llevamos cierta cantidad de films vistos (demasiados) que, a su vez, a veces tiene relación con la edad propia  de cada uno o puede que no sea así. El planteo fue el siguiente: por qué decidimos de cierta manera, nos equivocamos, triunfamos o fallamos sabiendo de antemano que muchas de nuestras situaciones diarias, sentimentales, laborales ya las hemos visto repetidas veces y hasta calcadas dentro del cine que hemos visto. Sabemos qué va a pasar, lo vimos mil veces, sin embargo corremos a experimentarlo por nosotros mismos y luego lo charlamos. ¿No lo viste en tal película?

Un texto: «Leaving Neverland»: ¿se puede seguir escuchando a Michael Jackson como si nada? (Gustavo Noriega): https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/03/26/leaving-neverland-se-puede-seguir-escuchando-a-michael-jackson-como-si-nada/

Un fotograma: Ash is Purest White 

La promesa del 2020: Alice Rohrwacher / Greta Gerwig / Olivia Wilde

Película testamento: Before the Devil Knows You’re Dead (Sidney Lumet)

Película maldita: Badur Hogar

Flautazo: Rush (Ron Howard)

Un intérprete de la década: Tom Cruise / Hanks


Carla Maglio

Una película: Il traditore (Marco Bellocchio). I meridionali non vanno in Paradiso.

Una canción: El Epitafio de Seikilos, silbado por Silbatriz Pons, en De l’amitié, de Pablo García Canga.

El concierto ruidista de John Duncan en Tinnitus de Daniil Zinchenko. Hasta donde pude ver, no está disponible en la web, pero hay esto:

Toda Felix in Wonderland, de Marie Losier

Un doble programa: Once Upon A Time in Hollywood (Quentin Tarantino)+ Histoire(s) du cinema. Ep 3 Seul le cinéma (Jean-Luc Godard, 1997) o Caterina (Dan Sallitt) + When Tomorrow Comes (John M. Stahl, 1939)

Este año me di cuenta..: de modo más preciso dónde yace mi malestar con el último cine de Pedro Costa y también dónde está el cine en el que me interesa persistir -y que persistamos. ¡Jo! Casi nada. Las dos cosas no están desconectadas, claro. La discusión en torno al cine de Costa está en pleno curso en otros sitios y seguirá, barrunto. Sobre lo segundo, de modo un poco epigramático, o tuitero -espero que no, críptico; no es mi intención- y para seguir en el estilo en que hablé de la película de Bellocchio, diré esto: Si en serio vamos a cuestionar y aun abandonar el dualismo en general, tenemos que abandonar también y para siempre el dualismo en el cine.

Un texto: “Por una cinefilia renovada”, Vicente Monroy: https://ctxt.es/es/20190918/Culturas/28416/cinefilia-cine-arte-eric-rohmer-el-ministerio-vicente-monroy.htm#.XYZa1Fqb1rY.twitter

Somos laxos. Un libro: Retahílas, Carmen Martín Gaite (1965 -1973)

Un fotograma: Alguno de Il traditore. Cada secuencia y casi cada fotograma de la película condensan series tan complejas de emociones; de Historia, con mayúsculas; de historias; de cine; de política y poder puro y duro… Tante cose… A veces, no sé si deliro. ¿Se ven? ¿Las ves?

La promesa del 2020: César González. Aunque ya es un hecho, además de promesa.

Película testamento: 24 Frames, Abbas Kiarostami (2017)

Película maldita: No sé. No sé si se puede saber.

Flautazo: No sé.

Una escena de la década: Alguna de Right Now, Wrong Then, Hong Sang-soo (2015). La final, por caso.

https://www.youtube.com/watch?v=g8wkajsPuws

Un intérprete de la década: Maud Wyler. Maud Wyler. Maud Wyler. Chloé Chevalier. Kim Min-hee


Valeria Fernández

Una película: Tal vez es porque las vi hace relativamente poco, pero me resuena todavía esta tríada marplatense: Les enfants d’Isadora de Damian Manivel, Fourteen de Dan Sallitt y The world is full of secrets de Graham Swon. 

Una canción: There’s too much on my mind de The Kinks en el corto (maravilloso) de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld, Una película hecha de.

(Y como mención especial la canción de Chwojnik de Por el dinero, de Alejo Moguillansky).

Un doble programa: Dos formas de lo epistolar. Ms Slavic 7 de Sofia Bohdanowicz y Letter from an unknown woman de Max Ophüls. 

Este año me di cuenta de… Cursilería total pero: que a las películas se las hace con amor, de amor, por amor. Sin eso, mejor no. 

Un texto: Cada vez leo menos sobre cine así voy a elegir el único libro editado este año que leí (de todos modos es muy bueno): Otoño alemán de Liliana VIllanueva.

Un fotograma:

La promesa del 2020: No sé si es una promesa que en realidad ya se cumplió, pero le pongo todas mis fichas y mi fe Sofia Bohdanowicz. 

Película testamento: Outtakes from the life of a happy man de Jonas Mekas.

Película maldita: The world is full of secrets de Graham Swon. 

Una escena: El comienzo de La princesa de Francia, de Matías Piñeiro.

Un/a intérprete: Las Piel de Lava durante, justamente, una década entera en La Flor.


Martín Emilio Campos

Una película: The Beach Bum, de Harmony Korine, con su reivindicación absoluta de un tipo de personajes que suele ser juzgado y castigado, antes que celebrado.

Una canción:  “Delilah” de Tom Jones, en la interpretación sentida del marinero filipino en el karaoke del barco en Lonely Rivers de Mauro Herce.

(Reconociendo que el Gran Premio Objetivo debería ir para “Out of Time” de los Rolling Stones en Once Upon a Time… in Hollywood de Quentin Tarantino).

Un doble programa: Al visionado de High Life (Claire Denis, 2018), First Man (Damien Chazelle, 2018) y Ad Astra (James Gray, 2019) les sumaría, conceptualmente, Aniara (Pella Kågerman y Hugo Lilja, 2018; vista en el Bafici), para completar la reflexión en torno a la soledad en el espacio; y a todas las emparentaría con las grandes películas de ciencia ficción soviéticas y de detrás de la cortina de hierro, en particular Solaris, Homoide (Test Pilota Pirxa, Marek Piestrak, 1979) y Petlya Oryona (El Bucle de Orión, Vasili Levin, 1981).

Este año me di cuenta de…: Que el sexo, los cuerpos y el deseo están siendo progresivamente elipsados en el cine. ¿O será la programación la que los deja afuera?

Un texto: Elijo dos:

-El majestuoso “Los muertos”, de José Miccio, publicada el 18/11 en Calanda: https://calandacritica.com/2019/11/18/los-muertos-por-jose-miccio/

-La didáctica entrevista a Victor Guimarães en el N° 2 de La vida útil acerca de la historia del cine brasileño, con la extensa lista incluida

Un fotograma: La obra maestra de Quentin Tarantino tiene varias escenas memorables, aunque me quedo con una, en particular, que paradójicamente no parece ser más que una de transición. De ella elegiría, como años anteriores, un gif más que una imagen, de dos momentos, dos planos; uno casi al inicio de la escena y otro casi al final. En primer lugar, cuando Brad Pitt en su descapotable, a toda velocidad, con el pelo al viento y la mirada firme, sobrepasa autos en la autopista. En segundo, el pequeño capricho, la pequeña digresión, de cortar un largo recorrido para mostrar, con un plano en grúa, el autocine, antes de quedar encandilado por la luz del proyector.

Para momentos como esos es que se creó el cine.

1) https://gph.is/g/aRgzVKv

2) https://gfycat.com/grippingvigilantfallowdeer

La promesa del 2020: Joseph Kahn (y Christopher McQuarrie que tiene dos Misión Imposible entre manos…). De quienes filmaron sus óperas primas en la década: Britni West, Sandra Wollner, Julian Radlmaier, Leonor Telles, Graham Swon.

Película testamento: Out-takes from the Life of a Happy Man, de Jonas Mekas (2012).

Película maldita: Tired Moonlight, de Britni West (2015), una pequeña obra maestra.

Flautazo: Pitch Perfect, de Jason Moore (2012).

Una escena: La escena del 4 de julio en Tired Moonlight que, entre otras cosas, me hizo conocer la mejor canción (en el cine) de la década, quizás de todas las décadas: “Some Day, that Place in Time” de Yann Tomita/The Doopies.

Un intérprete: Joaquin Phoenix.


Ramiro Sonzini

Una película: A Place for Tomorrow (Behrouz Rae). En general, y en contra de lo que solemos escuchar, a las películas independientes de directores jóvenes, o más o menos jóvenes, lo que les sobran son recursos y lo que les faltan son ideas. A Place for Tomorrow demuestra, como ninguna otra que haya visto este año, que se puede hacer cine del más puro (es decir teniendo a los grandes maestros americanos como referentes e interlocutores) con la inteligencia como casi único recurso. Una película que corre el riesgo de quedar en el olvido pero a la que deberíamos prestarle muchísima atención.

Una canción: En un momento de Felix in Wonderland (Marie Losier) Felix Kublin cuenta una rutina que mantiene con su hija: de su infinita colección de vinilos ella elige uno sin que él lo vea y reproduce una canción al azar para que él adivine qué están escuchando. Mientras cuenta esto el ritual se repite, Felix reproduce un disco y empieza a sonar un tema compuesto por unos sampleos de pelotas de ping pong. Inmediatamente empieza a bailar con movimientos de lo más extraños, casi en contra de su voluntad mientras cuenta algo de la música. La relación que este sujeto tiene con la música es lo más inspirador que vi en el año

Un doble programa: Once Upon a Time in Hollywood + Road to Nowhere. El programa doble que inaugura y clausura nuestra década.

Este año me di cuenta de… : Que cualquier vaticinio de muerte del cine o de la crítica o de la cinefilia es una mentira y lo único que demuestra es la falta de capacidad y deseo de quien lo dice de aprender y entender los cambios que se suceden. Siempre que haya una nueva película o un nuevo texto el cine estará vivo.

Un texto: En esta categoría cito textualmente a mi amiga Lucía Salas: “Los Muertos – Jose Miccio. Pero además, la felicidad de cada texto que imprimimos en nuestra ojalá eterna versión en papel.”

Un fotograma: Este año descubrimos las películas de Diagonale, un antes y un después definitivo en nuestra biografía cinéfila. Este fotograma es de Corps a Coeur de Paul Vecchiali, en donde el protagonista convierte su auto estacionado frente al negocio de su enamorada en una casa con jardín en la que se queda a vivir hasta que ella lo acepte.  

La promesa del 2020: Joseph Kahn, el futuro mejor director norteamericano.

Película testamento: Visita ou Memórias e Confissões, de Manoel de Oliveira.

Película maldita: Detention de Joseph Kahn

Flautazo: Pitch Perfect (Jason Moore)

Un intérprete: Andy Lau en Blind Detective de Johnnie To, el director más grande del siglo.


Lucía Salas

Una película: A place for tomorrow (Behrouz Rae), que salvo Transcinema y Kinoslang nadie se animó a pasar.

Una canción: Ida Lupino en Roadhouse: “puede hacer más sin voz que cualquiera que conozco”

El gospel de Hampton de Claudrena N. Harold, Kevin Jerome Everson

Un doble programa: Fourteen  + Céline et Julie vont en bateau (un poco de paz para los que se van) + Night Nurse (un poco de paz para las que tanto trabajan)

Este año me di cuenta de…: Sin un nosotros todo esto no sirve para nada. 

Un texto: «Los Muertos» – Jose Miccio. Pero además, la felicidad de cada texto que imprimimos en nuestra ojalá eterna versión en papel. 

Un fotograma: Mi fondo de pantalla por varios meses. Ponerla como promesa sería injusto, porque sus películas ya están abriendo senderos en el presente. Es de Veslemøy’s Song, que como es de 2018 la acompaño con otro, el fotograma que fuimos todos en 2019.

La promesa del 2020: María Aparicio, a quien he visto copiar diálogos de Jacques Tourneur para el guión de su próxima película. 

Raul Ruiz, de quien espero más estrenos zombies. Pierre León que según entiendo está preparando un libro. Por él y todas las nuevas historias del cine que vendrán. 

Película testamento: No fue en esta década, pero él sí murió en esta década. 36 vistas del pico de Saint-Loup.

Película maldita: Sip’ohi el lugar del manduré no es maldita porque mucha gente la recuerda con el valor que tiene, pero debería circular por todos lados, por el universo. También me gustaría que todos se acuerden más de Branco Sai Preto Fica, una película que nos cambió la vida a todos. Y su lo-fi original.  

Flautazo: Un flautazo al revés es The Projectionist de Abel Ferrara, que ni siquiera es sobre un proyeccionista. Diamantino podría ser un flautazo. Stand-by for the tape backup es un flautazo solo porque el tipo no vino del cine y tampoco se quedó. 

Pero el flautazo de la década y una de las películas de la década también es Pitch Perfect

Una escena: El final de Coincoin et les Z’inhumains, que es una escena del fin del mundo. Esta década, que fueron mis 20s, fue la primera década sería de mi cinefilia y entre esas cosas fui ensamblando mi propio seguimiento del presente. El signo más grande del paso del tiempo, de ese año a año que fue transcurriendo desde 2010 son los cambios en el cine de Bruno Dumont, cuyas películas recuerdo siempre haber ido viendo mientras iban saliendo. Estos cambios fueron haciendo que fuera menos mal visto decir que a una le gustaba Dumont. Pero ahora que pasó el agua y el puente les voy a decir que a mi siempre me gustaron, hasta cuando hacía esos dramas místicos. Es que las películas de Dumont fueron pasando por exactamente todos mis humores y deseos de todas las épocas de la década. Cierta curiosidad laica (aunque coqueteando) por lo místico y las místicas, por los lugares un poco aterradores lejos del centro como el lugar donde nací, el tardío amor por los musicales y la liberación de mi propio humor. Podría decir que Dumont me leyó la mente todos estos años, me capturó un espíritu de época. El final de Coincoin fue el que más dio en el clavo. Cuando la vi por primera vez, hace unos meses, venía pensando mucho en el fin del mundo. Por esas semanas tenía la certeza de que el mundo se iba a acabar en pocos años, dos o tres, y si no, que iba a llegar viva a verlo. Todavía un poco así lo creo, no parece haber espacio para mucho más tiempo que el que ya pasó, y el desfile de muertos final de Coincoin puso escena a las palabras. Creo que vamos a vivir un momento en el que todo flote del pasado hacia hoy y ahí vamos a morir. Pero jamás se me había ocurrido que fuera una fiesta, una danza macabra. 

Un interprete: Kim Min-hee, sobre todo en una de las películas más tristes de la década, Claire’s Camera.

Zhao Tao, reina de mi orazón. 

Lo cierto es que la década empezó muy fuerte, 2010 fue un año taladro. Road to Nowhere, Film Socialisme, Get Out of the Car, Misterios de Lisboa, Toujour Moins, La Vida Util. todo lo que el cine podía ser en la década por venir y más. Lo único que realmente me hace creer que estos años fueron una década es ese comienzo. 

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Introducción por Lautaro Garcia Candela

¿Para qué sirve la crítica? Es una pregunta tramposa que cada tanto me asalta en los momentos más desesperanzadores. Es una pregunta difícil de contestar porque supone una idea de utilidad que lleva a un callejón sin salida. En realidad, no debería servir para nada. No debería servir para extraer frases cortas y sencillas en los pósters de las películas (una costumbre en desuso) ni en los presskit de las películas que nos llegan por mail y en la que la opinión de un crítico está al lado de las especificaciones técnicas para orientar al proyectorista. Sobre esos usos, un manto de dudas. Una crítica disecciona, juzga, se expone. Muestra sus pasiones, que es algo vedado al periodismo. Puede o no estar en primera persona, pero lo que allí se expresa no representa a nadie más que al propio crítico. ¿Cuál es el destino de un texto calmo y equidistante? Los suplementos culturales, que terminan siendo una extensión del aparato de propaganda de una película, la versión culta de lo que Jonathan Rosenbaum describe en Las guerras del cine. La cultura se abre paso en forma de elogios y consensos. La crítica puede servir para ordenar, categorizar, hacer un mapa, para ver qué hacemos con lo contemporáneo. Es una forma de resistencia para reordenar lo que nos viene dado como natural, ya sea por el mercado, o en su variante más sofisticada, el buen gusto.

La crítica busca siempre el recoveco por el cual la revelación, el destello trascendente nos llega con el lenguaje del cine. Dar cuenta de esa herida en la experiencia que se escapa de lo verbal: mantener un misterio en la escritura, un vestigio de lo que siempre se escapa. Y a esa experiencia politizarla, ponerla en contexto. Nuestras elecciones y nuestro gusto nos ponen, lo queramos o no, al lado de algunas ideas y en contra de otras. Arístoteles, incluso antes de haber visto las películas de Cohn y Duprat, decía que pensar siempre es pensar contra alguien. De esto no se desprende que todas las críticas tienen que ser negativas. Todo lo contrario.

La tarea de cartografiar se vuelve cada vez más necesaria considerando que este año fue el de los estrenos en Netflix: por esa vía pudimos ver películas como Lazzaro Felice, The Other Side of the Wind o Roma, que son todo lo “de autor” que la plataforma permite. En su manera de presentarse, no se destacan por sobre otras películas menos importantes, como la de Sandra Bullock o el especial interactivo de Black Mirror. La interfaz de Netflix lo iguala todo en una idea falsamente democrática. A esas películas hay que destacarlas porque son de otro orden, pero eso no implica dejar de discutirlas: ¿qué implica su estreno allí? ¿qué vieron los empresarios, en qué momento se volvió rentable Orson Welles?

Lo último sobre la crítica: es capaz de crear textos que encuentran lectores, que a su vez crean comunidad. En Argentina al menos sabemos que algunas personas leen La vida útil. Nos gusta pensar que la encuesta es la manera de poner en escena esta comunidad natural que se arma. No alrededor de la revista, sino de ciertas películas y de ciertos eventos. La comunidad que se crea en las redes sociales tiene el encanto y la limitación de lo banal y la inmediatez. Lejanos son los tiempos de los comentarios en blogs llenos de respuestas sesudas y con secreta malicia que quedan guardados al lado del escrito original que suscitó la polémica, para placer de los bibliotecarios del futuro. O las mesas largas en bares, que algunos escritores todavía siguen añorando. Nosotros solíamos ir a La Giralda después de la Lugones pero parece que va a cerrar…

Lo que en cualquier momento va a cerrar, o al menos serviría para blanquear las intenciones del actual Gobierno, es el INCAA. Ralph Haiek habrá pensado que un crítico querido dentro de la cinefilia como lo es Fernando Juan Lima, con sensibilidad y renombre dentro de los festivales, podría haber sido un calmante para la convulsionada situación de la industria. Que dé la sensación de que había alguien allí de los nuestros, alguien con quien charlar. Pero después de una serie de papelones, actos de censura y prácticamente el desmantelamiento del cine nacional, no queda nada por discutir: Lima renunció y la situación, suponemos, se recrudecerá. No hay diálogo, no hay posibilidad de disenso. Hay una comunidad rota.

Si encima en este micromundo de pocos centenares de personas hay consenso, vamos fritos. Si somos pocos, al menos seamos intensos. La encuesta anual de La Vida Útil no contabiliza los votos, sino que enfatiza la particularidad de cada uno. Se pueden leer salteados, en orden, o como quieran. Este año incluimos la categoría Incertidumbre para que podamos expresar sin temor sus dudas. En general este tipo de convocatorias tienen un poco de impostura: son una especie de lucimiento personal. Pero la verdad es que no siempre sabemos qué pensar. Eso no implica no saber qué escribir. Mediante la crítica podemos poner en palabras cierto proceso mental para aclarar los tantos; o peor, caer en la duda más extrema.

Mejor termino acá, ya hay mucho para leer y veo que una de las primeras encuestas acá abajo es la mía. Todos en La Vida Útil queremos dedicarle este esfuerzo colectivo a Fernando Martín Peña y a Cecilia Barrionuevo por su dedicación y constancia en sus respectivos ámbitos, porque sin ellos no hubiésemos podido ver algunas de las películas aquí nombradas. Fuerza y a no desanimarse.


Lucía Salas (La Vida Útil, Actualmente en CalArts)

Una película

Las dos películas del año:

Something good – Negro Kiss
El teatro de las materias – Jean Claude Biette

El mundo es un lugar muy grande del cual no se casi nada, y el tiempo está lleno de sorpresas. Este año el archivo de USC encontró esta película (https://vimeo.com/305144396). Los actores son Saint Suttle y Gertie Brown. Como en este otro corto de Edison (https://www.youtube.com/watch?v=IUyTcpvTPu0), y una buena parte de los inicios del cine, el puritanismo, el racismo y la seriedad no era una obligación. Es una promesa que se dice que el cine no cumplió, pero yo creo que hay una historia secreta en la cual esa promesa si es cumplida y sigue siendo, la promesa de la vitalidad que casi no se nota que es un fantasma, de la posibilidad de una felicidad política, como la de las comedias y dramas feministas-anti-capitalistas de Alice Guy Blanchè y Dorothy Arzner, películas como Black and Tan Fantasy, Oscar Micheaux, Tod Browning, Moonfleet, Spencer Williams, Bodied de Joseph Kahn, Jack Smith, Los besos de Andy Warhol, Morir como un Hombre, Quinquin y CoinCoin, mil otros.

Este año también algunas almas milagrosas (Lucas Granero y Migo entre ellas) se pusieron a hacer y traducir subtítulos de algunas películas de Jean-Claude Biette y finalmente pude entender todo lo que estaba pasando en El teatro de las materias, por ejemplo qué Dorothèe se duerme cada vez que toma té. Por ahora hicieron esa y Le champignon de Carpathes, una película de ciencia ficción post-chernobyl. Este fue el año en el que un misterio se empezó a revelar, pero no diré más porque el año que viene traerá algunas sorpresas y Biette será parte.

Una canción

No fue en una película, pero bien podría porque las suyas tienen siempre grandes canciones. El cierre del año de REDCAT, el cine/teatro de CalArts, fue una función de películas de Laida Lertxundi con ella presente. En la presentación dijo unas palabras y nos hizo escuchar una canción que me acompañó el resto del año, no se si todos los días pero por lo menos todas las semanas. Es una versión de Yolanda de Pablo Milanés hecha por Robert Wyatt. No me acuerdo mucho que fue lo que dijo Lertxundi sobre la canción, los cierres de año acá se hacen en mayo, pero si me acuerdo que había sido una serie de ideas hermosas sobre las formas de Milanés y Wyatt. Hizo poner la canción entera en medio de una presentación de un programa de películas y nos tuvo a todos en silencio escuchando durante más de cuatro minutos, un poco preparándonos para lo que vendría. La canción, y las películas después, son formas de vivir en Los Ángeles de esa forma en la cual Los Ángeles es la ciudad y todas las montañas, mini desiertos y playas que hay alrededor. También es la experiencia extrañada de filmar en un lugar hipnótico pero ajeno (la experiencia de la gran mayoría de la gente que anda por acá como dicen en The Prowler, no hay tal cosa como un Californiano nacido y criado). O sea, formas de apropiarse del espacio mirando y escuchando. También evocan la experiencia del inglés hablado de mil formas, las cosas escritas por todos lados en español y el español medio redondeado de los que quieren acercarse más a la ciudad evitando hacer la ridiculez de vivir acá sin hablar una palabra de castellano, y así lo integran a la propia entonación, le inventan una nueva, las entonaciones se cruzan y vemos que pasan. También está en las películas la experiencia del paisaje, de cruzar por el paisaje todos los días para hacer algo, como por ejemplo ir a CalArts que hay que cruzar del otro lado de las montañas hacia el desierto, uno medio cementado. La belleza del cemento también, del sol duro y ridículamente fuerte, la uniformidad de los colores cuando el sol pega así. Y el sonido, la música, las cosas que pasan por al lado.

Un doble programa

Dos pares de refugios:

Soft Fiction (Chick Strand) – As Boas Maneiras (Juliana Rojas, Marco Dutra)
Old Cat (Kevin Jerome Everson) – Gens du Lac (Jean-Marie Straub)

Un descubrimiento

Joyce Wieland, Gunvor Nelson y Carolee Schneemann.

También Driftwood de Allan Dwan y este momento de Jerry Lewis que me ahorró mínimo 100 años de terapia:

Un reencuentro

Nunca no estamos viendo películas de Lubitsch pero la retrospectiva que hicieron en el archivo de UCLA este año fue lo mejor del año, empezando por This Is Paris que abrió las sesiones. Ese día hubo una charla entre Nicola Lubitsch, la hija, Joseph McBride (en algún lado pueden encontrar esa entrevista que McBride le hace a Ford en la que le dice “22 años y querés hacer un libro?”) y Jan-Christoph Horak, el héroe del verano. Ahí volvimos a ver varias cosas como One Hour With You.

Del primer día de esta retrospective no me voy a olvidar nunca. Seis de Julio, el día más caluroso del verano y de mi vida toda. Andábamos sin plata así que alquilamos el departamento por el fin de semana, metimos toda la ropa y algunos libros en el auto y yo me quedé dando vueltas hasta la noche que íbamos a ir al Hammer a ver la primera función. Después de darle la llave a los niños que alquilaron entré al auto y el volante quemaba. Me fui a buscar un estacionamiento techado para que las cosas no estén al sol y crucé la calle para ir a un café. El cemento de la calle estaba blando, la gente se ahogaba. Cuando llegamos a Westwood, el barrio donde está el Hammer y UCLA, que como queda del otro lado de las montañas y no tan lejos de la playa, debería estar más fresco, hacían 46 grados. Pasa un tipo corriendo, un tipo que salió a correr con 46 grados a las seis de la tarde. Nos vamos encontrando con amigos en el playón del museo, había más gente que nunca. Todo el mundo derretido, la cara desencajada. Ya en la sala estaban las estrellas, entre ellas Bogdanovich, a quien en algún momento le pidieron que haga su gracia y contó unas anécdotas con comentario, que fueron estas:

Renoir sobre Lubitsch: ah, inventó el hollywood moderno. Lo que quería decir es que hasta 1924, 1925, cuando vino, todo el cine estaba influenciado por Griffith. Pero cuando Lubitsch vino, cambió una cierta moral puritana, cuadrada, sexual y trajo el toque europeo. Y como ustedes dijeron, inventó el musical con The Love Parade, hizo cinco de los mejores musicales jamás hechos. Creo que La viuda alegre es una obra maestra. No hizo ninguna película mala, ¿saben? Era genial. La historia sobre Jack Benny… le pregunté una vez: ¿es cierto que [Lubitsch] actuaba todos los papeles? Y me dijo: si. Y le pregunté: ¿era bueno? Y me dijo: era un poco general pero te dabas una idea (risas). Y Signe Hasso, un nombre del pasado, que hacía de la empleada francesa en Heaven Can Wait, le pregunté sobre Lubitsch y me dijo que actuaba todos los papeles, incluso la empleada francesa, era muy bueno como mucama francesa (risas). No es común que los actores toleren que el director les diga cómo decir sus líneas y demás. Cuando hice una película con Streisand y le hice una lectura de sus líneas me llamó su agente y me dijo ¿le estás diciendo cómo decir sus líneas a Streisand? Si, estaba. No tiene que decirlo exáctamente como se lo dije. Pero con Lubitsch es cierto que tienen un cierto ritmo en su hablar. Ya era Gary Cooper, Melvin Douglas o Herbet Marshall… todos tienen un cierto ritmo en las películas habladas. El sonido fue muy bueno para lubitsch, sabía cómo usarlo. En 1929 todos en Hollywood decían: sonido, cómo vamos a hacer por dios? Y muchas de las películas son muy duras y avejentadas. Lubitsch hace un musical! ¡A la mierda! Tengo sonido, voy a hacer un musical… y es extraordinario. Y estoy tan contento de que Joe haya hecho este libro porque de verdad dice como Lubitsch lo hizo. Y hasta cierto punto porque el misterio de la personalidad es difícil de definir, pero es un libro genial y recomiendo a todos que lo lean, realmente pueden tener un sentido de lo que es Lubitsch por el libro, es un gran trabajo. Y el hecho de que hagan este festival de Lubitsch acá es genial porque no se pone mejor que esto, y creo que necesitamos un poco de Lubitsch en estos momentos.

Después de una charla bastante larga entre los invitados los amigos nos llevaron a la que es ahora nuestra hamburguesería favorita, The Apple Pan. Con Nora, una de las amigas que estaba esa noche, vamos a ir a filmar al apple pan dentro de poco. Es un lugar viejo que dice en el cartel de neón que lo marca “quality forever” (calidad para siempre). Es una barra semicircular con la cocina en el medio y un viejo que te pregunta solamente si queres papas y te echa 400 litros de ketchup en un plato cuando las trae. La gente con la que estábamos es bastante habladora, pero ese día decir una frase de corrido era una tortura. Hacían ya quizás solo 40 grados cuando terminamos de comer y nos fuimos afuera a seguir intentando hablar de lo increíble que es So This is Paris. En eso alguien dice: si uno pone un huevo en el cemento con este calor que hizo en el día seguro se hace rápido, imaginen lo que le hace esto al cerebro adentro del cráneo. Bastante aterrador y a la vez, adecuado — https://www.cinema.ucla.edu/events/2018/ernst-lubitsch-revisited

Una experiencia en el cine

El último día de Kino Slang (también mayo creo) se llenó de amigos cosa que no es para nada frecuente porque son amigos que hasta no van al cine jamás. Las películas eran Väntan (Das Warten, Waiting) de Peter Nestler, Le Six juin à l’aube de Gremillon y Gens du Lac de Staub.  Fuimos todos a tomar algo después y ahí conocimos a un chico que estaba de visita que resultó ser un brasilero de la revista Foco (http://www.focorevistadecinema.com.br/?fbclid=IwAR0Al6hd5x3buyeBXiMwaVJ02vs4BuEQkcRnif8kLVTX4lSZkAIbr4_qogg). Foco, como Lumière, puso en circulación cosas e ideas que ahora son corrientes para nosotros pero que no siempre lo fueron, como Brisseau y los macmahonianos. Así que estuvimos hablando a los gritos varias horas de Brisseau y de Arrieta, una práctica olvidada por estos lugares (el griterío y la amistad instantánea).

También me hizo pensar en cómo venía el año, que fue más o menos como siguió. La verdad amigos es que me pasé de bando. No vi tantas películas contemporáneas que pasaron por los festivales a los que hay que prestar atención, tampoco fui mucho al cine comercial. Sin embargo, fui mucho al cine. Los Ángeles es un mar de eventos, premieres, galas de homenajes y entregas de premios de los que no se nada. También hay una resistencia es bastante majestuosa. La forma en que funcionan ambas es hacer que todo sea un evento. En la resistencia esto también significa que gran parte de las proyecciones son un evento porque no hay otra forma de ver esas películas, o son películas que todavía están hechas para verlas en el cine, muchas veces en fílmico, con latas que van y vienen con sus hacedores, o restauraciones recientes. Estos eventos son armados por distintas familias de la resistencia, cada una con sus habituales aunque a veces se unen para hacer esfuerzos conjuntos. Es un ritual como los domingos. Algunas de estas familias a las que voy de visita son Acropolis Cinema con sus estrenos que son cercanos a lo que se ve en Locarno y compañía, más cosas que andan pasando en Estados Unidos, más lo que circula en las revistas, siempre intentando traer a alguien, armar una conversación, compartir unas cervezas, etc. El Archivo de UCLA, que es bastante ecléctico, con una retrospectiva de Lubitsch alternada con las funciones de los 50 años de Canyon Cinema, o sus funciones en casas prestadas como el ciclo de Poverty Row en los estudios Raleigh en Hollywood. Kino Slang, que está a punto de volver y ya les conté antes. El REDCAT, programado por dos profesores de CalArts a los que les tengo mucho cariño, Bèrènice Reynaud y Steve Anker, siempre están buscando combinar experiencias adentro y afuera de la pantalla, cine expandido, la linterna mágica de Ken Jacobs, la muestra de Morgan Fisher, así. El Los Ángeles Filmforum combina cineastas experimentales contemporáneos con ciclos como el del Mayo del 68 en Francia y EEUU y es itinerante, entre la salita chica de la American Cinematheque en Hollywood (que se llama Steven Spielberg Theater), el MOCA, el LACMA, el Echo Park Film Center (que es su propia familia, una cooperativa de cineastas con cursos y proyecciones, membresías para alquilar equipos y películas, la familia más familia de todas), y el Downtown Independent cuando se juntan con Acrópolis (si alguna vez vienen a visitar, me encontrarán vendiendo entradas y grabando preguntas y respuestas en el filmforum). Cuando las familias se juntan arman eventos que duran una semana, como cuando vinieron Ute Aurand y Robert Beavers, o Flo y Ken Jacobs. En CalArts los proyectoristas alumnos que trabajan pasando las películas para las clases tienen un cineclub los domingos, y en las clases se pasan decenas de películas por semana. Me fui del bando de lo que pasa “en el mundo” (esa ilusión que mantenemos con uñas y dientes) y me pase a lo que pasa en la ciudad, que es ilusorio también pero bastante menos. ¿Menos síntomas y conjeturas y más hechos? Puede ser.

Una incertidumbre

Este año vi varios de los documentales de Chantal Akerman y todavía me estoy peleando.

Un texto

Este: http://www.conlosojosabiertos.com/60-columnas-03-encontrar-lugar-mundo/

Y este:

Porque eran todos unos caretones de mierda… o sea, sin ánimo de crítica.
Una de las entrevistadas de El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi.

Un fotograma

Como se acerca el fin del mundo y vos tipo:



Lucas Granero (La Vida Útil)

Una película

Classical Period, de Ted Fendt

La nueva película de Ted Fendt retrata a un grupo de personas que no hacen otra cosa más que leer, escuchar música y discutir sobre esas cosas que leen y escuchan. Son cultores de una labor casi extinta, participantes de una selecta cofradía. Nada sabemos de ellos excepto que tienen un conocimiento extremo en cuestiones que hoy al mundo le resultan totalmente banales y prescindibles. Son gente culta que no pertenece a ningún tipo de aristocracia (ninguno de ellos podría ser parte de una película de Stillman). Autodidactas, son parte de un universo que el cine dejó de filmar acaso por considerarlo una nueva forma de obscenidad frente al malestar de un mundo que exige que las imágenes devuelvan un reflejo igualmente caótico de la realidad. Quizás por eso la película muchas veces se siente como un documento de un planeta paralelo, que respira con un ritmo único y que se interesa por el silencio, por filmar la quietud, por prestar atención a lo que las personas tienen para decir y sobre todo por aprender. Es, en un punto, una puesta en práctica de los conceptos de Straub/Huillet y podríamos pensarla hasta como una forma de traducción de los métodos de trabajo de aquella pareja, de la que Fendt sin duda ha tomado mucho pero que aquí trabaja a su propio modo, que siempre se desliza hacia un manejo del absurdo que manifiesta la incomodidad de vivir en un mundo en el que no encajan. Y si nada de esto alcanza, ahí tenemos al mejor personaje del 2018, Evelyn, la única mujer del grupo y la única capaz de demostrar que bajo toda esa erudición hardcore subyace una tristeza total que ningún conocimiento de las altas artes puede venir subsanar. Una película sobre genios pobres.

Una canción

En los créditos finales de la maravillosa Terra Franca, aparece esta canción de Bill Withers que acompaña el álbum de fotos de la familia Lobo. No es la única canción buena de la película, que se sirve de varios hits norteamericanos para musicalizar las pequeñas épicas cotidianas. Todo es luminoso, a lovely day.

Un doble programa

Van tres dobles programas:

La película infinita (Leandro Listorti) y El día de las películas familiares (de varios artistas no reconocidos)

Aunque se viene haciendo en Argentina hace bastante tiempo, este año el Museo del Cine fue por primera vez sede de ese evento mundial llamado El día de las películas familiares. Lo que allí se hace es bastante simple: cualquier persona puede venir con sus rollos de películas (super 8 o 16mm) y verlos proyectados (a veces por primera vez) ante la mirada atenta de un grupo de espectadores que acompaña la sorpresa de encontrar imágenes que se creían perdidas, secretas e inéditas. Toda la experiencia tiene algo de justicia, de volver a restituirles a esas imágenes el lugar que alguna vez merecieron, ponerlas otra vez en acción, verlas actuar con todo su poder de encantamiento. La película de Listorti funciona bajo esos mismos criterios. Es una obra que no confía en otra cosa más que en esas imágenes huérfanas y en aquello que pueden ofrecer, así que las deja que se expongan en todo su esplendor y misterios, acaso cumpliéndoles el sueño de ser aquello a lo que estaban destinadas. El futuro del cine está en su pasado.

Berliner Blatter (Alejo Franzetti) y München-Berlin Wanderung (Oskar Fischinger, 1927)

Citemos al poeta: As I was moving ahead… Dos películas que son dos formas de conocer un espacio ajeno a través del cine. Volver a lo extraño algo familiar. Volverse parte del mundo.

Transit (Christian Petzold) y Gens du lac (Jean-Marie Straub)

Si bien ambas son de este año, las dos miran el presente desde un estado fantasmagórico que bien puede entenderse como un limbo. En todos los espacios que Petzold y Straub filman (ambos, también, enlazados por el fantasma de Farocki), se ven las huellas de ese pasado que se busca enterrar a toda costa, pero que no hace otra cosa que resonar en cada esquina, habitación de hotel o en esas leves oleadas de un lago y un río que, vistos con el peso del presente, revelan un terror insospechado.

Un descubrimiento

Ver por primera vez en el cine las películas de Teo Hernández fue una revelación que bien podría aplicar para la categoría de experiencia. No hubo otro momento cinéfilo que haya superado la emoción de ver Lacrima Christi en el cine y el resto de su retrospectiva tampoco se quedó atrás. Todos los que vimos cada uno de los trabajos de Hernández que se exhibieron en el BAFICI quedamos convencidos de que allí estaba la obra de un cineasta total, de esos que cuando filmaban lo hacían con todo el cuerpo, pura electricidad en trance, miles de sensaciones entrando en acción. Sus películas son contagiosas, invitan a entrar en un ritmo que es el de sentirse vivo, el de estar verdaderamente presente en un momento y a vivirlo con total intensidad. Todo es rayo, luces, movimiento: nada más ni nada menos que la experiencia de la vida en formato pequeño.

Un reencuentro

Volver a ver las películas de Maya Deren. Aunque al verlas por primera vez en 16mm es como si nunca antes las hubiese visto. Algo me pasó con Meditation on Violence, que no me parecía tan bueno y ahora me resulta esencial.

Una experiencia en el cine

Este año pude conocer Anthology Film Archives y llegué justo para una proyección de The Text of Light de Stan Brakhage. Conocía buena parte de la leyenda de la película (que Brakhage la filmó utilizando como filtro un cenicero, por ejemplo) pero al verla uno no puede más que sentirse arrasado por todos esos climas hechos de pura luz, colores cambiantes, texturas que mutan y que van revelando nuevas formas de ver. Como ver cuadros de Turner que de repente entran en movimiento, esto es el verdadero arte de la visión y experimentarlo supone empezar a ver todo de vuelta con nuevos ojos.

Una incertidumbre

No hay nada que me haya dejado descolcado, pero aprovecho el espacio para decir que tanto Mandy como Under the Silver Lake me parecieron interesantes en lo suyo, aunque no dejan de parecerme dudosas en varios aspectos. Y que me hubiese gustado ver Ash is Purest White sin tanto cansancio encima. Y que me quedaron todavía por ver varios trabajos que podrían haber dado vuelta toda esta encuesta, como Altiplano, de Malena Szlam, Words, Planets, de Laida Lertxundi y que todavía no puedo creer que me perdí A Ilha dos Amores en el festival de Mar del Plata.

Un texto

“La tristeza durará por siempre. A propósito de Van Gogh, de Maurice Pialat”
Malena Solarz, Revista de Cine Nº5

Los enlaces entre la pintura y el cine desparramados por la historia son aquí ordenados por Malena Solarz con una amabilidad muy poco frecuente en este tipo de textos. Hasta que finalmente llega al Van Gogh de Pialat y todo se vuelve una lección de cómo escribir sobre una película que se ubica por encima de todo.

Un fotograma

El grito liberador de las chicas de Support the Girls


Lautaro García Candela (La Vida Útil)

Una película

Dos de viejos: Que el diablo nos lleve, de Jean-Claude Brisseau y El tren 15:17 a París, de Clint Eastwood.
Dos de jóvenes: El Ángel, de Luis Ortega y Under the Silver Lake, de David Robert Mitchell

Una canción

Imaginate m’hijo, de Leo Masliah, en Belmonte de Federico Veiroj..

Un doble programa

Support the girls, de Andrew Bujalski con La calle de la verguenza, de Kenji Mizoguchi.

Las prostitutas de la película de Mizoguchi lo son a la vieja usanza. Ganan dinero con lo que hacen, reciben regalos de clientes, y es ese el contrato. Una cosa es el trabajo y otra los sentimientos.También se enamoran, pero eso va aparte. Sin valoración moral. ¿Hasta qué punto las chicas de la película de Bujalski, 60 años después, venden sus encantos y hasta qué punto sólo están siendo simpáticas? ¿Cuánto de su sueldo es por servirle la cerveza a esos rednecks y cuánto es por sonreírles y soportar que les pongan la mano en el hombro o en la cintura? La economía, hoy, es también libidinal. En Support the girls vemos que todas las profesiones van vaporizándose en esa alquimia capitalista que nos confunde a todos.

Un descubrimiento

Tiro de gracia, de Ricardo Becher.

Un reencuentro

Alta Fidelidad, de Stephen Frears.

Todos los años vuelvo a ver esta película y siempre le encuentro una arista inesperada: no inventé yo eso de que el hombre nunca se baña dos veces en el mismo río. Con el tiempo dejaron de ser desconocidas para mí todas sus referencias culturales y hay líneas de diálogo que son como un chicle conceptual, uno las va masticando hasta que se quedan sin sabor y sin sentido, pero aún así lo sigue haciendo: “¿Escucho música pop porque estoy triste o estoy triste porque escucho música pop?”, etcétera, etcétera. Este año, año turbulento, Alta Fidelidad reveló su… machismo.

Una experiencia en el cine

Breaking Away, de Peter Yates, en el Teatro Encantado, en FICIC.

De FICIC es difícil decir algo que no se haya dicho. Es un festival pequeño, riguroso, con una comunidad que todos los años se arma de diferentes maneras pero siempre con una amabilidad y cinefilia que no existe en ningún otro lado. Ramiro Sonzini había programado algo llamado “Trasnoche de Superacción” y casi que nos arrastró al cine para que la veamos. Yo tenía algún privilegio (no por alguna credencial, nada más ridículo que pensar algo así para el festival) y pude pasar al primer piso de ese cine improvisado, en el que pudimos ver la película tomando cerveza y fumar sin que nadie se entere. La película refleja ese sentimiento de compañerismo entre un grupo desparejo y también el riesgo de que el tiempo pase y algunos deseos queden sin cumplirse. Más o menos lo que se vive en FICIC. Creo que fue un momento de comunión los que estuvimos en la sala, arriba y abajo, en el que alentamos la carrera de esos pibes de clase media que le querían ganar en su propia cancha a los chetos de la Universidad. Todos estuvimos a punto de aplaudir cuando salimos campeones, y todos nos fuimos con una sonrisa en la cara del cine.

Una incertidumbre

Las hijas del fuego, de Albertina Carri.

Un texto

Los monstruos más fríos, de Silvia Schwarzbock.

Buscando una cita para acompañar esta elección me doy cuenta de que es difícil que no quede descontextualizada. Schwarzbock va creando sus propias categorías de pensamiento para reformular cómo se mira una película hoy e ilumina las relaciones del cine clásico con el cine contemporáneo, el lugar de autores como Lynch y Kubrick, los límites de la primera persona en el cine. Viene de la academia pero conoce los códigos de la cinefilia: para los que somos cinéfilos (es decir, un poco brutos) es una manera de ver el cine completamente nueva.

Un fotograma

Podría poner cualquier de Classical Period, una película en la que persiste una belleza sin estridencias, calma, una concepción del cine casi siempre olvidada.


Martín Emilio Campos (La Vida Útil, programador Cineclub Municipal Hugo del Carril)

Una película

Bodied (Joseph Kahn, 2017).

Véanla. Todas y todos. De comienzo a final. Después la discutimos.

Una canción

Guardo en la memoria varios momentos gratos, entre ellos el final de El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi (que por obvio no deja de ser preciso), pero me gustaría destacar otros dos.

Probablemente, a pesar de que el enfoque queer dentro del cine brasileño nos viene dejando un número nada despreciable de obras notables, hubiera pasado muchísimo tiempo antes de que viera Inferninho de Guto Parente y Pedro Diógenes (sobre todo ya habiendo padecido la muy mediocre El club de los caníbales de Parente, en el mismo Bafici), si los subtítulos que nos llegaron al Cineclub en la muestra del Bafici itinerante hubieran estado perfectamente sincronizados. Pero no lo estaban, ni por asomo, así que no me quedó otra que dedicarme a la tarea de corregirlos, casi línea por línea. Lo que encontré mientras me enfrascaba en esa faena me dejó deslumbrado. En ese bar trágico perdido en la historia, de personajes irrisorios y tristes, marineros querellescos y canciones conmovedoras entonadas de manera desafinada con la mera compañía de un sobrecogedor órgano de iglesia, el desencanto de la noble y firme Deusimar es demasiado tangible. Quizás no haga falta aclarar a veces uno ve películas en condiciones emocionales endebles, pero a la canción final sólo atiné a responder de la única forma que encontré posible: llorando casi sin consuelo. Una y otra vez, cada vez que la repetía.

Me costó un poco más de la cuenta averiguar cuál era la canción original, pero finalmente la localicé: se llama “Barreiras” y fue compuesta por Rita de Cássia, la compositora más grande de forró brasileño. Es probable que este género tan popular en el noreste del país vecino resulte entre un poco y sumamente cansador para nuestros oídos (aunque recomiendo intentar ver algún show en vivo de artistas como Wesley dos Teclados), pero aún considero que ese estribillo vale todo el esfuerzo. Más aún en ese suspiro desgarrador de Luizianne, la cantante residente del Inferninho, que logra que esas palabras crueles y resignadas hagan sentir todo el peso de los amores frustrados.

Cuando Gaspar y Julia van a la fiesta en Julia y el zorro (Inés María Barrionuevo, 2018) también reaccioné con estupor. Si no hubiera habido tanta gente en la sala mientras me tocaba proyectarla probablemente hubiera hecho el intento (que estoy seguro varios hubieran aplaudido) de volver a pasar la escena: el primer contacto con el cuarteto/pasodoble que suena casi en un segundo plano generaba, al menos para gente como yo, muchísimo asombro, y no todos íbamos a tener la posibilidad de volver a escuchar qué era lo que estaba sucediendo. Pero lo bueno de ser proyectorista es que al menos dos veces por día (por el esquema de estrenos que maneja el Cineclub Municipal) uno puede asomarse a la sala para corroborar momentos que podrían llegar a pasar desapercibidos. Y, efectivamente, un rato después pude comprobar que todavía estaba allí: una canción que era casi una respuesta a mis plegarias.

No discutiremos aquí sobre el discurrir del cuarteto y sus muchas transformaciones (aunque en algún momento deberíamos hacerlo seriamente), pero sí voy a decir que de los muchos caminos que se han abandonado en pos del fin de lucro el que incluía sintetizadores trayendo sonidos desde el futuro sobre el ritmo del tunga-tunga es quizás el que más echo de menos (y la base de mi amor impertérrito hacia grupos como Santamarina). Si se combina este elemento capital con una instrumentación minimalista (pariente cercana a los primeros discos de La Mona), una voz sumamente dulce y una letra a la altura de la nostalgia nocturna cuartetera se puede lograr lo que automáticamente empezará a aparecer en los rankings de mis listas personales del gran género mediterráneo. El cine, nuevamente, cueva de descubrimientos insospechados.

Un doble programa

Mission: Impossible – Fallout (Christopher McQuarrie, 2018) – Cops (Edward F. Cline, Buster Keaton, 1922)

Les he fallado. Como verán no he dedicado mucho tiempo a la reflexión en torno a este asunto. Para salir del paso diré, consciente de ser un chanta, que cualquier excusa es buena para volver a ver a Buster Keaton en HD.

https://www.youtube.com/watch?v=bMxMuoMAuXQ

Mucho se ha hablado, luego de su heroica actuación en lo que fue la gran peli de acción de 2018 (¿y de la década?), del linaje que unía a Tom Cruise con los actores atletas de antaño (y no tan antaño, aunque ya no abundan). Yo simplemente propongo volver a ver dos formas hermosas, físicas y por ende poéticas de huir de la policía.

Un descubrimiento

El recorrido que desde hace un par de años hacemos con Eva Cáceres por el cine soviético y de detrás de la cortina de hierro para programar el Etiqueta Negra de fin de año en el Cineclub Municipal nos depara siempre una cantidad increíble de sorpresas. La idea de este año, luego de descartar con pesar varias opciones que incluían hacer un ciclo dedicado exclusivamente al ostern o western rojo, fue hacer un especial con cine de género de aquellas latitudes. Vimos horas y horas de ciencia ficción, comedias, musicales, bélicas (nos faltó terror, ¿quedará para el año que viene?), de las cuales hicimos una selección que siempre termina siendo muy escueta. Pero de entre todas las películas que programamos, con las cuales es imposible no encariñarse, hubo una en particular que, para mí, se llevó todos los laureles: Los vengadores escurridizos (1967) de Edmond Keosayan.

Quizás desde el mismísimo plano inicial, un contraluz en contrapicado de cuatro jinetes acercándose lentamente a la cámara con un fondo rojo furioso que simula ser un amanecer, ya se vislumbra una obra extraordinaria, así más no sea por esa voluntad pictórica sublime que no abandonará hasta el final. Pero las aventuras de estos cuatro niños étnicamente diversos, enfrentándose de manera fantasmal en venganza por las masacres de sus familias de manera fantasmal a todo un ejército que no sabe bien a quiénes combate, son algo digno de tener siempre a mano arriba del escritorio, para volver a ver al menos una vez al mes. Los momentos musicales, importantes, de hecho, para la trama, son memorables y su disección del campesinado soviético logra combinar momentos de suma hilaridad con un retrato dedicado del sufrimiento de la guerra. Este ostern, inventivo hasta la obsesión, basado en una conocida novela infantil y primera parte de una trilogía dirigida entera por Keosayan, fue definitivamente para mí una de las mayores alegrías del año que nos deja.

Un reencuentro

A comienzos de marzo La vida útil, el cineclub Cinéfilo y el Hugo del Carril organizamos en el auditorio del Cineclub Municipal de Córdoba un evento que, espero, no se haya agotado: la Primera Semana Mundial de la Cinefilia. Detrás de ese nombre pomposo se escondía el deseo de recrear una de las cosas que más nos gusta hacer en la vida: compartir las películas que más nos gustan con gente que queremos mucho, discutiendo obviamente en torno a ellas (en general, con mucha presencia etílica).

Resumo, brevemente, la propuesta: formamos cuatro parejas (Salinas/Cozza, los representantes cordobeses; García Candela/Granero, los delegados de La vida útil; Solarz/Zukerfeld, que vinieron en representación de Revista de cine; y Miccio/Vieytes, que recientemente habían inaugurado Calanda), trajimos a Córdoba a los extranjeros y los hicimos elegir uno o varios textos sobre los cuales explayarse y un programa doble para proyectar y luego discutir en vivo. Luego de la función de trasnoche, nos esperaba el meeting point.

En ese contexto, la dupla Solarz/Zukerfeld tuvo la felicísima idea de acompañar Hellzapoppin’ (H. C. Potter, 1941) con una de las grandes obras maestras de la historia de las comedias: La pistola desnuda (David Zucker, Jim Abrahams, Jerry Zucker, 1988). A pesar de las decenas de veces que la vimos en televisión, ver a Frank Drebin en pantalla grande tiene un sabor que jamás le había encontrado. Y, para ser sincero, no parece haber una mejor forma de ver una película que tan bien sabe esconder los chistes en el encuadre.

Una experiencia en el cine

Elegiré dos, aunque el cine afortunadamente aún sigue siendo una fuente inagotable de experiencias, más o menos significativas, que se renueva con cada nueva película con la que nos toca cruzarnos. Establecemos relaciones incluso con películas que no hemos llegado a ver (recuerdo por caso con muchísimo cariño un programa reciente de cortometrajes de cine polaco de animación cuyo cambio de locación no alcancé a enterarme); estructurar la vida en torno al cine hace que el aburrimiento sea prácticamente imposible.

Cuando uno viaja con cinéfilos por Estados Unidos puede suceder que vea a Martin Scorsese presentando en el MoMa el ciclo que curó con películas restauradas de la productora Republic, a Thom Andersen presentando Los Angeles Plays Itself con Benicio del Toro en la sala (y durante el Q&A) o The Blues Brothers en 35 mm presentada por el mismísimo John Landis (en realidad es justo decir que le pasaron mal las fechas y no llegó a la función por estar en el aire viajando desde Londres), pero de entre todas voy a elegir haber podido ver a) The Wild Bunch (Sam Peckinpah, 1969), b) en un 35 mm absolutamente glorioso, c) en el mítico Teatro Egipcio de Grauman, d) presentada por Chalo Gonzalez, un viejito simpatiquísimo que no sólo tuvo un gran papel de una sola frase en la película, sino que además ha pasado a la historia como location manager del rodaje por haber conseguido el tren para una de las secuencias más extraordinarias de la historia del cine. Y elijo esta función no únicamente por estas razones, cualquiera de las cuales podría ser suficiente, sino por la manera de vivir el cine en aquella sala de Los Ángeles. Pasamos de ver películas en el MoMa neoyorquino, un reducto plagado de viejas y viejos insoportables convencidos de que ver una película requiere un ritual aséptico digno de una ópera aristócrata y que chistaban y gritaban (¡incluso antes de las películas!) ante el más mínimo sonido, a un lugar en la cual el público en comunión aplaudía cada uno de los créditos iniciales y hasta estallaba de algarabía ante las escenas más excitantes que les tocaba atestiguar. Qué cosa más satisfactoria poder vivir el cine con esa pasión y esa alegría.

También atesoraré para siempre haber estado a un metro de Jean-Pierre Léaud mientras presentaba La mamá y la puta (Jean Eustache, 1973), con Cecilia Barrionuevo alumbrándole con una linternita sobre su hombro las hojas que leía. Lloré, aunque esta vez sólo un poquito y de manera contenida porque estaba en público, y contento de haber filmado con el celular algún video con el que estaría feliz de ser enterrado.

Un texto

El Comunicado del Colectivo de Cineastas de Córdoba sobre los Concursos 2018 del Polo Audiovisual (https://www.facebook.com/notes/colectivo-de-cineastas-de-c%C3%B3rdoba/comunicado-del-colectivo-de-cineastas-de-c%C3%B3rdoba-sobre-los-concursos-2018-del-po/455366771640620)

Aparecido a mediados de agosto de este año, el primer comunicado del CCC fue, ya desde su mismo enunciado, una victoria. Representó en primera instancia un paso adelante de una fuerza colectiva necesaria y que de a poco pero con pasos firmes se ha ido organizando para hacerse escuchar y sentir en medio del panorama tan hostil que se prefigura desde los distintos estratos políticos. Preciso, didáctico, combativo, el comunicado permite que el CCC plante una bandera aprovechando su claro punto de vista sobre los concursos del Polo en la provincia de Córdoba. Las réplicas (fuertes, en muchos casos), indican que sin lugar a dudas se avanza. La organización, en este panorama de ataques tan virulentos a la cultura (y no sólo a ella), es la única manera posible de resistencia.

Un fotograma

El chiste del año está (¡repetidas veces!) en Coincoin et les z’inhumains de Bruno Dumont.¡Larga vida a ese desenfreno delirante!

https://media.giphy.com/media/uFhYwGczseBb2uMNJK/giphy.gif


Chema García Ibarra (Cineasta)

Una película

Mandy de Panos Cosmatos

Una canción

Entertainment de Rick Alverson es de 2015, pero yo la he visto en 2018.

Un doble programa

Recomiendo leer El reino de la noche de William Hope Hodgson y a continuación ver Mandy de Panos Cosmatos.

Un descubrimiento

Sole survivor (1984) de Thom Eberhardt. Lo mejor es verla sin saber nada de ella.

Un reencuentro

Hellraiser y Hellraiser 2 para mi yo niño eran gore, violencia y mal rollo. Películas prohibidas. Este año el reencuentro ha sido hermoso.

Una experiencia en el cine

Vivir una proyección cualquiera en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián es algo que le recomiendo a todo el mundo.

Una incertidumbre

Magic, magic de Sebastián Silva

Un texto

Mi libro favorito del año es Correspondencia escogida de Luis Buñuel (Cátedra Ed.)

Un fotograma

Conquest de Lucio Fulci, una película como ver atardecer a través de un cristal manchado de sangre.


Chiara Marañon (Programadora en MUBI)

Una película

Le Livre d’Image / The Image Book (Jean-Luc Godard)

Una canción

De mi 2018:

-‘Willow’ de Tindersticks cantada por Robert Pattinson en High Life.

-En Burning (Lee Chang-dong), Jeon Jong‑seo baila con atardecer de fondo, al ritmo de la trompeta de Miles Davis en Ascensor para el cadalso. No tengo link, tengo una imagen.

De mi vida:

-Dean Martin y Ricki Nelson cantando ‘My Rifle, My Pony and Me’ en Rio Bravo de Howard Hawks.

https://youtu.be/Ti84ubx2TEQ

Un doble programa

-Sobre ciudades, conspiraciones e historias cifradas: Under The Silver Lake (David Robert Mitchell, 2018) + Out 1 (Jacques Rivette, 1971)

-Dos de 2018 que nos dan perspectiva sobre lo humano, demasiado humano: High Life (Claire Denis, 2018) + ☆ (Johann Lurf, 2018)

-Un doble programa doble sobre dobles y desdoblamientos: Quien Te Cantará (Carlos Vermut, 2018) + Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) + Persona (Ingmar Bergman, 1966) + Body Double (Brian de Palma, 1984)

Variaciones sobre el thriller político, los mecanismos del poder como abismo, la verdad y la mentira, la construcción de la impunidad: The Waldheim Waltz (Ruth Beckermann, 2018) + Investigation of a Citizen Above Suspicion (Elio Petri, 1970)

Un descubrimiento

El magnífico festival Play-Doc dedicó una retrospectiva este año al cineasta americano Peter Emanuel Goldman, cuya obra permanecía inédita en España. Ver Echoes of Silence, Wheel of Ashes y Pestilent City en compañía del director fue una revelación.

Un reencuentro

Douglas Sirk. Antes me parecía un director virtuoso, ahora me parece un genio indispensable.

Una experiencia en el cine

-Ver Leave Her To Heaven de J. M. Stahl, por primera vez, en 35mm, en una copia de archivo en magnífico estado y glorioso Technicolor, a las 9 de la mañana, café en mano, sentada en el suelo del cine Jolly de Bologna porque la sala estaba llena a reventar.

-Ver La Flor a lo largo de 3 días, junto a otras 30 personas, en la sala más pequeña del British Film Institute en Londres. Un acto de militancia, y una terapia cinematográfica colectiva.

-Ver West of The Tracks de Wang Bing. Nueve horas que recogen un cambio de siglo y de milenio, y suponen un esfuerzo físico y mental épico recordando que ser espectador de cine también requiere mano de obra.

Una incertidumbre

Yara (Abbas Fahdel)

Un texto

Julien Allen sobre The Other Side of The Wind

Un fotograma


Matías Piñeiro (Cineasta)

Una película

La Flor (Mariano Llinás)

Una canción

The Rhythm of the Night en I hope I am loud when I am dead (Beatrice Gibson)

https://www.youtube.com/watch?v=gwVxXEYrgZk

Un doble programa

Asako I & II (Ryusuke Hamaguchi)

Backstreet (John M Stahl – 1932)

Un descubrimiento

Natalia Marin y su película La casa de Julio Iglesias

Un reencuentro

Frederick Wiseman y Monrovia, Indiana. Si ya me gustaba, ahora me resulta fundamental.

Una experiencia en el cine

La Flor de Mariano Llinás

Una incertidumbre

Este año estuve bastante afirmativo, no mucha incertidumbre, así que voy a aprovechar este espacio para decir que me gustó más Grass que Hotel by the River, que me gustó Classical Period más la segunda vez que la vi, aunque siempre me pareció bellísimo y fundamental el personaje de Evelyn, que no me puedo sacar de la cabeza Altiplano (Malena Szlam), que no vi todavía High Life (Claire Denis) y que… ¡larga vida a Orson Welles!

Un texto

Textes critiques de Jacques Rivette

Un fotograma

Le Livre d’Image, Jean Luc-Godard


Miguel Savransky (aka Migo)

Una aclaración preliminar: voy a hacer trampa sistemáticamente. Me valgo para ello de dos motivos: pragmáticamente, me han sido conferidos guiños de laxitud que me amparan; más globalmente, creo que precisamente lo valioso de una encuesta como esta de LVU reside en el hecho de no limitarse a la mera enumeración de las “mejores películas” del año –con conteo de votos y ganadores– sino en habilitar a través de una lista abierta de consignas un espacio lúdico para un paseo cinéfilo en el que se pone en juego algo del orden de la relación entre el cine y la subjetividad de cada uno. (A ello se suma una suerte de incapacidad crónica mía para ser sintético y establecer jerarquías.)

Una película

Elegir una película entre tantas vistas y amadas este año me resultaría tortuoso, casi imposible, por lo que voy a dejar dos listas bastante compactas de favoritas, una de actuales y otra de pasadas. (Últimamente veo muchas más películas en el cine que en casa, tal es así que todas las que voy a enumerar a continuación –excepto una– las vi en sala.)

Películas estrenadas este año (en orden aleatorio):

Classical period de Ted Fendt (MDQ)
Season of the devil de Lav Diaz (BAFICI)
Le livre d’image de Jean-Luc Godard (¡Ay, el BAMA!)
Dead souls de Wang Bing  (DocBsAs)
Milla de Valérie Massadian (BAFICI)
Farpões, baldios de Martha Mateus (FICIC/DosBsAs)

Películas no-estrenos vistas este año (en orden aleatorio):

Le théâtre des matières de Jean-Claude Biette (¡piratas del mundo, uníos!)
A ilha dos amores de Paulo Rocha (MDQ)
La maman et la putain de Jean Eustache  (MDQ)

Philippe Garrel x 4: Les hautes solitudes, L’enfant secret, Elle a passé tant d’heures sous les sunlights…, Les amants réguliers (las tres primeras vistas en el BAFICI, la última en el ciclo alrededor de mayo del ’68 en la Lugones).

Ozu en la Lugones x 3: La hierba errante, He nacido pero…, Una historia de Tokio.

Hugo del Carril x 3 en el Malba: Más allá del olvido, La quintrala, Amorina.

Una canción en una película

Que sean tres:

La versión de All tomorrow’s parties por Nico en Elle a passé tant d’heures sous les sunlights…

Love itself de Leonard Cohen en la película cuasi-homónima L. Cohen de James Benning. Recuerdo vagamente que Benning dijo al presentarla en el BAFICI –alerta: suerte de imposible spoiler– que al principio no pasaba nada (aunque si uno prestaba atención no era así), después empezaban a pasar algunas cosas, más adelante sucedía algo literalmente extraordinario y espectacular y finalmente de nuevo no pasaba nada. Es un plano fijo de alrededor de 45 minutos de un campo semi-desierto que captura el acontecimiento de un eclipse solar. Hacia el tramo final, aparece la canción espiritualizando el paisaje. Tras la proyección agregó que creía que esa percepción un tanto cíclica del tiempo y del carácter efímero de algo hermoso destinado a la insignificancia le hubiera gustado a Leonard Cohen. Y tenía toda la razón. (El momento de la película no está disponible para poner un link pero sí la canción con un video kitsch radioactivo que tiene al menos en su favor tener la letra subtitulada en español.)

Al final del último largometraje de Thom Andersen, The thoughts that once we had, hay un fragmento de Made in U.S.A. de Godard en el que Marianne Faithful canta As tears go by de los Rolling Stones. Lloré cada vez que la vi (que fueron varias) por una serie de razones que serían muy extensas para consignar aquí.

Un doble programa

Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc de Bruno Dumont / Moses und Aron de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet.

Digamos que en la primera se siente la huella de la oreja de los Straub (o mejor, de Huillet/Straub, puesto que ella estaba a cargo del sonido), ese bazinismo radical llevado al plano del registro directo y sincrónico del sonido en la interpretación del canto musical en un espacio abierto fuera de la comodidad acústica de un estudio de grabación (aquí lo que está interdicto es precisamente que la toma de sonido venga de otro sitio que aquél donde están situados los cuerpos filmados: el doblaje sería una vulgaridad). La admiración de Dumont por la dupla es bien sabida. Y ambas son películas de una intensa espiritualidad política “arcaica”.

Un descubrimiento

Teo Hernández. Lo conocía de nombre solamente (gracias a la infinita y amorosa labor de la asociación/revista Lumière: http://wwww.elumiere.net/especiales/teo/index.php). Vi todo lo que se pasó en el BAFICI, en total fueron cuatro funciones: dos programas de cortos, un programa de dos cortos junto con el breve-largo Salomé y el largo-largo Lacrima Christi. Cine de la devoción, sin dudas. Pocas veces experimenté esa sensación de ir al cine como ir a misa con tanta fuerza (una misa materialista y pagana, hecha de luz y sombra propagándose a ráfagas de velocidad fulminante). Mis favoritas fueron: L’Eau de la Seine, Nuestra señora de París, Gong, Pas de ciel (la calidad deja mucho que desear pero se puede ver aquí: https://www.numeridanse.tv/en/dance-videotheque/pas-de-ciel), Corps aboli y Lacrima Christi. Un gigante de la estatura de Brakhage o Caldini.

Un reencuentro

Pizza, birra, faso de Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro. La vi más o menos cuando salió en VHS (recuerdo el estuche alquilado de Blockbuster), pero era bastante jovencito en ese entonces y no guardaba prácticamente ningún recuerdo. La pasé junto a Crónica de un niño solo en un doble programa de dos clases consecutivas en el bachillerato popular donde doy clases. Gran pintura de la infame época menemista y su correlativa ruptura de los lazos sociales, una inyección de realismo para ese entonces. Es una obviedad referirse a ella como un hito del en su momento naciente y hoy crepuscular NCA pero no por ello deja de ser cierto.

Una experiencia en el cine

No puedo seleccionar una sola circunstancia que se halla grabado en forma indeleble en mi memoria prevaleciendo entre las otras de forma incontestable, así que voy a recuperar una breve serie de momentos, detalles o situaciones, todos relacionadas con la sala oscura (porque si se trata de hablar de experiencia, eso que aun llamamos ir al cine resulta inconmensurable respecto a la práctica privada de ver películas en formatos domésticos), en muchos casos con la posibilidad de acceder al formato fílmico original, y también un poco con una (discreta) dosis de cholulismo ante la presencia de los directores o una presentación “especial” en algunas funciones.

Cito desordenadamente: Benning ubicuo en Buenos Aires; los dos Joãos –unos de mis cineastas putos preferidos, dicho amorosamente– en O fantasma en la gloriosa oscuridad de la textura del fílmico; Garrel avistado en un par de ocasiones más o menos de cerca, aunque no estuvo en ninguna de las (muchas) funciones de su retrospectiva a las que fui; Jean-Pierre Léaud presentando La maman et la putain en el Teatro Colón en MDQ –ars longa vita brevis–; Gustavo Fontán en la presentación de su Trilogía del Lago helado en la Lugones –de la cual Sol en un patio vacío es la mejor y más radical–, uno de esos pocos cineastas que es un verdadero placer escuchar hablar porque pueden articular un discurso acerca de su práctica con una lucidez arrolladora (la conversación entre él, Eduardo Russo y Roger Koza parecía por momentos una tertulia lacaniana); el corto For Michael Brown, homenaje de Travis Wilkerson a un joven negro asesinado por un policía, pantalla en negro y silencio durante 5 minutos, una performance situacionista que exige un momento de recogimiento y duelo colectivo en la sala que sentí como un imperativo sagrado de una tristeza demoledora y una ira que subleva (se puede ver aquí: https://vimeo.com/112767701, con las siguientes instrucciones: “Por respeto al pedido de sus padres, cuatro minutos y medio de silencio por Michael Brown Jr. Un minuto por cada hora que su cuerpo permaneció en las calles de Ferguson, Missouri, después de que el Oficial Darren Wilson le disparó a matar. Por favor ver en oscuridad. Por favor ver en silencio.”); el plano frontal que comparten Godard y Patti Smith –el paso del tiempo que se inscribe en los cuerpos de estos dos héroes absolutos– en Film catastrophe de Paul Grivas (que lamentablemente no pude encontrar en ningún lado); fue muy estremecedor poder ver de nuevo (en el marco de la BIM) la impresionante L’anabase de May et Fusako Shigenobu, Masao Adachi et 27 années sans images de Eric Baudelaire, en esa proyección descubrí la pequeña publicación La imagen, el hecho, la acción y lo que queda por hacer de Nicole Brenez, que me pareció un hallazgo monumental con su cuadro comparativo de doble entrada entre los manifiestos más ultra de Godard y Adachi (aunque después lo leí entero y no fue para taaanto); las inmortales ¡Que vivan los crotos! de Ana Poliak y Pajarito Gómez de Rodolfo Kuhn, ambas en fílmico en el FICIC.

Una incertidumbre

Vi películas odiosas (Roi soleil), fallidas (Rojo), irregulares (La flor, Burning), problemáticas (La vendedora de fósforos, Esto no es un golpe), pero no se me ocurre nada que encaje estrictamente en esta categoría.

Un texto

Dos libros que con seguridad me acompañarán a partir de ahora.

Desconfiar de las imágenes de Harun Farocki, ya todo un clásico, que no había leído entero antes, alguien cuya temprana ausencia lamento mucho. Un inventor de conceptos capaz de desplegar una formidable maquinaria analítica de archivos históricos (muchos artículos obligatorios sobre el montaje, el uso de la música, la televisión, la guerra, las mutaciones sociales y tecnológicas, pero el gesto iconoclasta de “Mostrar a las víctimas” me quedó resonando fuertemente y he llegado a ver con mucha sospecha y recelo algunos aspectos de películas políticas progresistas encumbradas). Creo que no hay muchos cineastas que persigan esa senda crítica. Me encantaría poder ver la película que le dedicó Benning, que se ubica en un extremo formal completamente opuesto: un plano fijo de una nube como homenaje.

Slow writing de Thom Andersen, un verdadero maestro capaz de anudar la teoría cinematográfica más académica con la cinefilia voraz sin jerarquías (cine clásico, moderno, contemporáneo, experimental, autores, géneros), la crítica precisa, perseverante y rigurosa, la contra-cultura y el marxismo en… ¡Estados Unidos! Imperdibles sus textos sobre Warhol, Wang-Bing, Ozu, Pedro Costa, Straub/Huillet, Morgan Fisher y las investigaciones que guiaron sus propias películas, entre otros. Cito dos fragmentos sobre su último largo traducidos un poco al voleo:

The thoughts that once we had dice más de lo que yo sé, pese a que aprendí cierto número de hechos materiales sobre el cine y mi relación con el cine haciéndola: pocos cineastas son capaces de hacer lo que Deleuze llama una «imagen-afección», una imagen que inscribe el rostro como puro afecto; la melodía de la mirada también es rara; mientras más firme esté la cámara, mejor (lo que Joris Ivens enseñó); un plano de El undécimo año de Dziga Vertov anticipa Wavelenght; leer en voz alta es la más cinemática de todas las acciones; mi interés en el cine es más carnal de lo que me había dado cuenta; las películas de Fritz Lang son realmente ridículas; lo que interesa a la cámara no es algo dado sino algo que la cámara descubre de nuevo en cada plano. Y otra cosa: en Shanghai Express de von Sternberg no importa por qué Marlene Dietrich está rezando; lo que importa es el primer plano de sus manos en la oscuridad. Otros pensamientos les serán dados a otros espectadores.”

“La película no estaba calculada para volver locos a los liberales; simplemente resultó de esa manera. En The Hollywood Reporter, Todd McCarthy escribió, la película está «embebida en un pesado estilo europeo de sabor izquierdista de los tardíos ‘60s tan tediosamente doctrinario que resulta pintoresco.» Y Derek Jacobs en Cinema Axis: «Tanto tiempo inyectando comunismo, socialismo, capitalismo y otros ‘-ismos’ en escenas de películas donde pueden o no estar que se vuelve agotador.» Aparentemente las palabras «proletarios» y «capitalistas» ahora son tabú.”

Un fotograma

Lo voy a dividir en dos partes: una serie y un fotograma estrictamente.






(The thoughts that once we had, Thom Andersen)


(Farpoes, Baldios, Martha Mateus)


Mercedes Orden (Crítica en Revista Caligari)

Una película

The Florida Project (Sean Baker)

Una canción

La versión Frío, de Loquero interpretada por Cussy Fernández en Me quedo contigo, película de Javier González Díaz.

Un doble programa

O Processo y Era uma vez Brasilia. La primera película, dirigida por María Augusta Ramos, la destaco por estar en el momento adecuado en el lugar adecuado, atendiendo a los distintos discursos que circularon alrededor de la destitución de Dilma Rousseff, sin descuidar los aspectos técnicos y poniendo en cuadro imponentes planos de la Brasilia de Newmeyer.

Se complementa con la película de Adirley Queirós que si bien no es vieja (2017), comparte tema y habla de algo similar desde una perspectiva completamente distinta. En «Era uma vez Brasilia» lo llamativo es el modo en que entra en juego la imaginación de Queirós y la apuesta por distintos recursos que cooperan en la creación de una atmósfera de ciencia ficción donde lo que se observa es un panorama oscuro y pesimista de Brasil.

Un descubrimiento

Mónica Lairana en versión directora, con su ópera prima La cama.

Un reencuentro

Happy End de Michael Haneke. Sentí que esta versión soft traiciona al viejo Haneke aunque siempre resulta divertido ver de qué modo ver denuncia las lógicas burguesas.

Una experiencia en el cine

BAFICI: Estaba por empezar la función de From Where We’ve Have Fallen. Hablo con una señora que tenía asiento por medio. Me dice que era la segunda vez que la iba a ver. En verdad, estaba haciendo tiempo porque más tarde empezaba la que le interesaba. «Vi asiáticos y entré», dijo. Citó a Diego Lerer, para hablar de la complejidad de la película china próxima a empezar, ya que él la había visto dos veces. Miró mi acreditación, me preguntó dónde escribía. Me contó las páginas de cine que ella leía y los periodistas que seguía. Después me preguntó si había visto «Las cinéphilas» de María Álvarez. Asentí. Se señaló. Era una de ellas. Ahí entendí todo. Admiración total por ese grupo de mujeres amantes del cine.

Un texto

La entrevista que le hizo Paulo Pécora a Ralph Haiek en Página 12 (para entender la necesidad de apoyar el cine nacional frente a los atropellos de la gestión actual)

https://www.pagina12.com.ar/149222-no-estamos-haciendo-un-ajuste-en-el-incaa

El libro «Diálogos de cine / Fernado Birri-Carmen Guarini» donde figuran las charlas presentes en «Ata tu arado a una estrella». La película es un sentido homenaje al director y las entrevistas, un complemento necesario y digno de formar parte de la biblioteca de cualquier cinéfilo.

Un fotograma

En «La imagen tiempo», Giles Deleuze escribe: “(…)De Sica plasma la secuencia que Bazin ponía como ejemplo: la joven criada entra por la mañana en la cocina, realiza una serie de gestos maquinales y cansados, limpia un poco, espanta las hormigas con un chorro de agua, coge el molinillo de café, cierra la puerta con la punta del pie. Y cuando sus ojos atraviesan su vientre de mujer encinta, es como si estuviera engendrando toda la miseria del mundo”.

Todo eso puede adaptarse a la mirada de Cleo en Roma, de Alfonso Cuarón, excepto las hormigas y el molinillo.


Fidel González Armatta (Archivista en el Museo del Cine)

Una película

Zama, de Lucrecia Martel. Ojalá la reestrenen el año que viene también.

Una canción

El trailer:

El tema:

Un doble programa

La Pelicula Infinita de Leandro Listorti / Rohfilm, de Birgit y Wilhelm Hein, 1968.

Dos Alephs.

Un descubrimiento

El Negocion, de Simon Feldman, 1959. Una película sobre el pasado el presente y el futuro.

Un reencuentro

El último Malon, de Alcides Greca, 1917. Una película distinta que la que vi en 2009 cuando estudiaba.

Una experiencia en el cine

Female Trouble, de John Waters, 1974. Proyectada en el Gaumont en el marco del BAFICI. Cómo me reí, especialmente en este momento:

El día de las peliculas familiares en el Museo del Cine P. Durcós Hicken. El día del año que mejor la pasé.

Una incertidumbre

Classical Period, de Ted Fendt.

Un texto

https://www.revistaotraparte.com/cine-y-tv/el-dia-despues/

https://www.revistaotraparte.com/discusion/la-pregunta-es-cual-es-la-relevancia-del-rock-argentino-en-2018/

Dos textos importantes para mi. Dos Alephs.

Un fotograma

Dos de La Película Infinita, de Leandro Listorti. Ojalá tuvieran sonidos.



Pablo Conde (Programador, Festival de Mar del Plata)

Una película

¡Un año muy difícil! La respuesta más sincera puede ser MandyTransit. Perdón, pero no puedo dejar de lado a ninguna. ¿Quién la dirigió? ¡El afamado CosmatosPetzold!

Una canción

No es canción, pero este tema instrumental en la escena de la pileta (piscina, sí) en Eight Grade es un gran logro para una película industrial. Que Anna Meredith la haya musicalizado completa, también.

Un doble programa

Butch Cassidy and the Sundance Kid, de George Roy Hill y The Old Man & The Gun, de David Lowery. En ese orden. Ver a Robert Redford en su joven esplendor y su más que digna retirada, es un acto de reverencia al cine y al tiempo, pero sobre todo al tiempo en el cine.

Un descubrimiento

La negrísima comedia Bêtes blondes (Blonde Animals) de Alexia Walther y Maxime Matray, es un debut rutilante por donde se lo mire. ¡Así se empieza una carrera! Es una película que tiene que ver todo el mundo, aunque más no sea para odiarla o desestimarla porque están por encima de ella. No faltarán los que.

Un reencuentro

Una insistencia: Harold and Maude, de Hal Ashby, es mejor y mejor a medida que uno la vuelve a ver.

Una experiencia en el cine

La de Hong Sang-Soo apareciendo en pantalla en vez de Prospect, en el Festival de Cine de Mar del Plata. Duró poco, pero fue un gran momento.

Una incertidumbre

Annihilation. No sé si me quemó los papeles. No sé si me gustó. O no. Creo que su solemnidad me hizo bostezar. Pero alguito tiene, ¿no? O no. En fin.

Un texto

«Merci pour tout: Pierre Rissient (1936-2018)», de Scott Foundas

Deaths of Cinema | Merci pour tout: Pierre Rissient (1936-2018)

Un fotograma

Una vez la noche, de Antonia Rossi. Una acuarelística hermosura:


Leandro Listorti (Archivista y Cineasta)

Una película

Casanovagen de Luise Donschen

Una canción

Wuthering Heights por Kate Bush, al final de Casanovagen

Un doble programa

Algunas preguntas (2018) de Kristina Konrad + Me gustan los estudiantes (1968) de Mario Handler

Un descubrimiento

11 x 14 de James Benning. Gracias a la restauración que llevaron a cabo el Arsenal de Berlin y el Museo de Cine de Austria, se pudo ver (en digital o en 35mm) la ópera prima de Benning (1977). Muy alejada de las películas que le dieron renombre internacional y aún con una vitalidad deslumbrante.

Un reencuentro

Prisioneros de la tierra de Mario Soffici, restaurada por el Museo del cine con el apoyo de la Film Foundation. Nunca la había visto ni escuchado como ahora.

Una experiencia en el cine

Los 234 minutos de Season of the Devil de Lav Diaz.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image de JL Godard

Un texto

Die Radikalität der Avantgarde (1984) de Birgit Heim

Un fotograma

Un fotograma que todavía espera que lo identifiquemos. Nitrato perteneciente a la colección de materiales de Alberto Sorianello, probablemente se trate de un noticiero sobre un museo del norte de la Argentina.


Giuliana Nocelli (Crítica en Revista Pulsión)

Una película

Es difícil elegir una sola película, pero si me permiten voy a elegir las mejores dos películas que vi este año:

Las hijas del fuego de Albertina Carri y El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi.

Dos películas diferentes entre sí, pero que ambas me enamoraron. La primera, porque es una película que se distancia completamente del porno de consumo masculino y heteronormativo. Carri nos muestra diferentes cuerpos, deseos sexuales y fantasías sin límites. La segunda, la directora abre un diálogo con la vida de su padre. La sutileza y la poética de su realización es fascinante.

Una canción

Modern Love – David Bowie en Mauvais Sang (Leos Carax)

Finalizando una semana con muchas actividades, debates, charlas y películas en 33º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, decido ir a ver Mauvais Sang de la retrospectiva de Léos Carax.

A pesar de que me encontraba distante y analítica de lo que sucedía en el film,  comienza a sonar esta pieza musical que revitalizó todas mis energías, imposible no cantarla por lo bajo.

Un descubrimiento

Frederick Wiseman, descubrí este director en la proyección Monravia, Indiana en esta edición 33 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Fue la primera vez que vi una película de este director, y me pareció interesante recorrer sus obras y conocer más en profundidad la particularidad de su cine.

Una experiencia

En esta parte de la encuesta voy a inclinarme a describir mi experiencia actual de ver cine desde una perspectiva en general.

Ver cine y especialmente debatir sobre cine este último año me ha impulsado a pensar otras formas de hacer cine y reflexionar acerca de un lenguaje cinematográfico más liberador y no excluyente. Este año fue muy particular y hermoso porque junto a compañeras nos organizamos y formamos Mujeres Audiovisuales La Plata, una red de trabajadoras de cine que nos nucleamos para (re)pensar y producir contenido audiovisual de tinte feminista.

El cine como dispositivo dominado por la mirada masculina generaron representaciones en pantalla (y ni hablar detrás de cámara) que se alejan completamente al mundo de la mujer, ni hablar de que muchas veces es ofensivo y nefasto. Un cine que es muy difícil de volver a ver o una sorpresa muy amarga verlas en producciones actuales.

A través del cine como ventana al mundo, se pueden observar las diferentes formas de agresión, represión y disciplina del cuerpo femenino no sólo en diferentes épocas sino también a través de la mirada de distintos directores. No es el fin de esta encuesta, pero podría hacer una lista muy larga de todas aquellas películas que hacen apología a la violencia, abusos, violaciones, a la no valoración de la palabra de las mujeres o simplemente asignarles roles secundarios como simples adornos, o como un trofeo luego de un largo día de mucho trabajo. Ni menciones de la representación de otras identidades fuera del binarismo (hombre y mujer).

Identificar y desnaturalizar estas situaciones no me producen sensaciones muy gratas pero me han motivado a reflexionar y accionar, porque son necesarias nuevas miradas.

Me tomo el atrevimiento de citar el cartel que colocaban los realizadores de “La hora de los hornos” antes de las proyecciones: “Todo espectador es cobarde o traidor”, es bastante fuerte pero salir del cine y que no te produzca nada o que esto sea irrelevante puede notarse una fuerte tibieza ante un cine que siga reproduciendo una mirada patriarcal.

Ver películas hoy para mi es un trabajo de deconstrucción, de transformación, debate pero sin perder lo erótico y el disfrute del cine. Es un arduo trabajo pero que me fortalece y me hace seguir creciendo.

Un texto

El cine en lo ausente – Pablo Ceccarelli (Revista Pulsión nº8) y Universos masculinos en el cine de animación argentina – Lucila Da Col (Revista Pulsión nº9)

Un fotograma

Las Hijas del Fuego – Albertina Carri.

El fotograma perfecto es de la escena donde las personajes tienen relaciones sexuales en una parroquia. Esa combinación me parece fascinante, la libertad sexual y el goce femenino manifestándose sin tapujos frente a una religión que nos estigmatizó, mutiló y nos condena aún en cada uno de sus actos y palabras. Esa imagen, a mi punto de vista, se puede apreciar el goce, la libertad sexual femenina, diferentes cuerpos y deseos. Un lugar tan sobrio, frío y ortodoxo como el de la parroquia, ahora se ve iluminado y cálido por el fuego de las pasiones de las protagonistas.

Me hubiese gustado mostrar este fotograma, pero no pude conseguirlo. De todas formas, la presente imagen mantiene la misma esencia: el goce.


Daniel Ángeles Hernández (Crítico, México)

Una película

Classical Period de Ted Fendt.

Una canción

Todo el trabajo de Johann Johannsson en Mandy.

Aunque la cinta me pareció un despropósito de violencia gratuita y de una intencionada oscuridad caricaturizada, las piezas de Johannsson convierten el trabajo de Cosmatos en un videoclip de dos horas fácil de sobrellevar.

Un doble programa

No sé bien si las siguientes películas tengan una conexión en algún nivel, seguro sí, y no sé qué tan acertadas sean, pero al ver unas me recordó las otras, así entonces la relación radica en algo muy básico: la remembranza maquinal, solo comparable con aquello que recuerdas al oler la tierra mojada, cierto perfume, al ver un atardecer o escuchar una canción;  Dicho lo anterior:

Les Garçons sauvages, (Bertrand Mandico, 2017) – Village of the Damned (Wolf Rilla, 1960)

Transit (Christian Petzold, 2017) – Carnival of Souls (Heck Harvey, 1962)

Ésta es un poco más evidente:

First Reformed (Paul Schrader, 2018)-  Journal d’un curé de campagne  (Robert Bresson, 1951)

Un descubrimiento

Želimir Žilnik – The Most Beautiful Country In The World

Habiendo apenas escuchado y leído poco sobre él, este año descubrí a Želimir Žilnik con The Most Beautiful Country In The World, no sin cierta culpabilidad por no haber visto algo de él antes. La cinta, sin asomo de espectacularidad, aspira a una crítica social franca, los roces entre ficción y documental parecen ser la cualidad que potencializa el discurso político sobre la migración, la indiferencia y la pérdida de identidad.

Un reencuentro

Sam Peckinpah con The Wild Bunch.

Ahora he notado más su impecable estructura narrativa y formal. La película es una suerte de codificación de la barbarie como modo de vida y la muerte violenta como destino ineludible en un mundo que se cae a pedazos. Los tiempos que corren son así, violentos y amargos, solo a que diferencia de The Wild Bunch, nosotros caminamos solos en el sendero.

Esta respuesta me podría llevar a responder la numero 2 ahora que he visto la última de los Coen.

Una experiencia en el cine

Todas las funciones a las que asistí a en el MDQFilmFest

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang-dong.

No es porque sea enrevesada per se, sino porque es intensamente buena, socialmente significativa, cinematográficamente estimulante y políticamente perspicaz. Una cinta así es difícil -al menos para mi- de abordar, sobre ella no se hace «crítica», se harían en todo caso ensayos u opiniones. En Burning todo parece estar en su lugar, cada imagen enuncia muchas cosas sin el esfuerzo por evidenciar lo que se quiere decir. En suma, sigo pensando en ella sin saber bien por dónde aprehenderla, no se diga ya, analizarla.

Mi respuesta a la pregunta 1 también podría caber dentro de ésta, pero aún sigo pensando en la película de Fendt sin saber qué escribir.

Un texto

Leyendo un poco de Samuel Beckett me encontré con otro pequeño libro suyo-de nombre Film- que recopila el proyecto original de Film, la única incursión de Beckett en el cine, y un par de textos más. Film (el producto audiovisual) tiene como protagonista a Buster Keaton. El magnetismo del libro recae en las anécdotas que cuenta sobre el encuentro entre Beckett y Keaton, un encuentro frió, casi insípido y vació. Solo en apariencia dos genios que no se pudieron entender.

Adjunto link del material audiovisual: https://vimeo.com/227365573

Un fotograma

Nuestro tiempo de Carlos Reygadas.


Héctor Coire (a.k.a. Ayresybenson)

Una película

Downsizing (Alexander Payne, 2017): Como dijo García Candela, parece una novela de Aira en su quiebre “fantástico” que va del retrato de una pareja en crisis a un culto nórdico que busca salvar a la humanidad. Pero también se parece a una novela de Aira en cierto desgano por avanzar porque sí, para terminar y de alguna manera para seguir con lo que vaya a venir después. Downsizing no sólo no es la obra maestra que prometía Payne desde hace más de diez años, sino que es el primer fracaso de público y crítica en una filmografía tendiente al consenso. Lo que la distingue de otras películas fallidas es que en ese fracaso (de la película y en parte del protagonista) podemos leer algunas cuestiones reconocibles sobre el estado actual del cine y de la cinefilia. Digamos que al protagonista le ofrecen una vida en la que tiene todas las comodidades a su alcance (como la próxima ganador del Oscar en tu televisor), pero elige el camino donde está su verdadero amor (digamos, sacar una entrada, lidiar con el transporte público y llegar en horario a la única sala con buen sonido y buena calidad de proyección en una pantalla grande, donde a su vez habrá que lidiar con espectadores desconsiderados). Downsizing también indica el final de una forma de cine en el hecho de que la presencia de “figuras” como las que aparecen en cameos ya no garantizan la difusión de una película (entendiendo por difusión convocar público para que películas similares se puedan seguir estrenando en los cines de este lugar perdido del mundo). Como el culto nórdico, el streaming promete una salvación al margen de tanta frustración. Olvidando que el que detenta el poder siempre tiene la razón, y que Netflix ya no se conforma con ganar el Oscar, sino con ser más grande que Dios y resucitarlo a Orson Welles. Pero nadie sabe si mañana la regla de negocios es Los Parchís, y ya no habrá ni salas de servicios de streaming donde ver algo que puede seguir conmoviéndonos. O tal vez tenga razón PTA, y a esta altura todo resulta tan al pedo como quejarse porque llueve.

Una canción

“This year´s girl” en la apertura de la segunda temporada de The Deuce

Un doble programa

Las Vegas (Juan Villegas) y They all laughed (Peter Bogdanovich)

Un descubrimiento

Ruth Beckermann

Un reencuentro

Ingmar Bergman: la edición del libro que conmemora su relación con el público del Río de la Plata, más la edición de Nórdica de sus Cuadernos, más la aparición de varios rips de Criterion de DEPTH, nos recuerdan que también fue un gran director de cine fantástico.

Una experiencia en el cine

Estar a punto de levantarme e irme de la sala (por primera vez en años) en Animal (Armando Bó)

Una incertidumbre

The Other Side of the Wind: ¿Es una película de Orson? ¿Es una película de Bogdanovich? ¿Es una película?

Un texto

“El tiempo y la sangre”, de Nicolás Prividera http://www.conlosojosabiertos.com/no-golpe-02/  “Payne y sus enanos”, de Quintín http://www.asalallena.com.ar/cine/pequena-gran-vida-downsizing-quintin/ …

Un fotograma


Jaime Grijalba (Crítico y programador en FICValdivia)

Una película

Siento, por alguna razón, la sensación de decir: «Lamentablemente, la Mejor Película del año para mi es Roma...» porque la reacción crítica ahora que el filme está siendo visionado por gente fuera del circuito de festivales es simplemente salvaje, pesimista, tremendo y de personas tan variadas que me hace pensar que podría estar equivocado. Con todas esas cosas en la cabeza la volví a ver en un cine de Santiago (luego de haberla visto por primera vez en la función de clausura del Festival de Mar del Plata), prestando atención a ver si podía captar esos momentos terribles, horribles, clasistas, racistas, manipuladores que tantos habían visto. No sólo encontré varias cosas más en las cuales fijarme, específicamente cómo Cuarón retrata la diferencia de clase y la relación extraña/extrañada entre el cariño de los niños y la forma en que sigue siendo una sirvienta, sino que lloré más en secuencias clave que pensé que ya había superado. No soy de los que lloran en el cine, por lo que me parece aún más sospechoso aquellos que reclaman por la cámara de Cuarón y que dicen que les impide acercarse emocionalmente a los personajes, sobre todo a Cleo, y creo que hay algo en esa operación técnica que se está obviando o simplemente malentendiendo o… sobre-entendiendo, hay una cierta parada en la que cierto espectador puede estar en la que desconfía de todo y de todos, yo ya no estoy para tener tantas cosas en la cabeza, prefiero entrar y que la película me lleve, y si la película no me deja entrar o me saca, pues es mala de la película. Acá no pasó.

Una canción

Apenas vi Belmonte supe que iba a poner esta canción en la encuesta de LVU, «Imaginate m’hijo» de Leo Maslíah, precisa en el momento en que suena, y a la vez un descubrimiento absoluto, un recitado triste pero duro.

Un doble programa

Une Chambre en Ville (1982, Jacques Demy) + Season of the Devil (2018, Lav Diaz)

Pareciera que la forma más clara de demostrar una revolución frustrada, la violencia de la represión y la imposibilidad del amor eterno es a través de un musical donde cada diálogo es cantado. Mientras que Demy busca la armonía musical para dar una ilusión de felicidad aplastada por el destino, Lav Diaz realiza una cantanta proveniente desde el infierno, donde la ilusión de felicidad es eso, sólo una ilusión, una mujer que se aparece de repente para cantar sobre la luna, la realidad es muerte.

Un Descubrimiento

Sin duda de lo más grato fue poder ver varias película del director Wolfgang Staudte en el Festival del Mar del Plata, presentada por diversas personas a lo largo de los días, pero sobre todo las funciones introducidas por Olaf Möller, sobre todo aquellos filmes que no hay ninguna posibilidad de ver mas que en esas copias en 35mm que estuvieron ahí  a disposición de todos y que sólo algunos se aventuraron a descubrir.

Un reencuentro

Lamentablemente no tuve tiempo de volver a revisar muchos filmes este año. Debería, pero no me da.

Una experiencia en el cine

No hay nada que supere la función en 35mm de una versión medio cortada, mal montada, con los rollos de diferentes fuentes de La maman et la putain de Jean Eustache, más de 3 horas sentados en el Cine Colón luego de haber sido introducidos al filme por el mismísimo Jean-Pierre Leaud. Una función mágica.

Una incertidumbre

Creo que esa incertidumbre es lo que definió mi más reciente visionado de The Ballad of Buster Scruggs. No sabía qué pensar y la verdad es que el formato antológico funciona dentro de lo esperado, en el sentido de que provoca novedad en el espectador, lo suficiente como para mantener la atención, pero al mismo tiempo no creo poder separar los cuentos unos de otros… salvo tal vez por Meal Ticket, el cual me provocó una reacción extrañísima de distancia y a la vez de desolación. Me gustan los Coen, pero mi película favorita de ellos es y seguirá siendo Raising Arizona, una muy diferente al resto de su filmografía, por lo que no sé qué pensar. «The Girl Who Got Rattled» termina de una forma tan decepcionante pero a la vez creíble, «Mortal Remains» juega a la metáfora pero alarga el final de una forma medio extraña, pero todo parece ser tan «a propósito» que me hace pensar que a la vez es mejor que todo lo que han hecho y a la vez lo más débil. Puf.

Un texto

Soy un pésimo lector sobre cine, pero los diarios de Raúl Ruiz, que estoy traduciendo al inglés, me provocan sustento emocional todos los días.

Un fotograma

Detective Dee: The Four Heavenly Kings (2018, Tsui Hark)


Griselda Soriano (Crítica en El Club de las Cinco)

Una película

Le livre d’image (Jean-Luc Godard) / As boas maneiras (Juliana Rojas y Marco Dutra) / The Other Side of The Wind (Orson Welles)

Elijo tres películas vistas en tres contextos muy diferentes; quizás estoy un poco fuera del espíritu de la época, pero para mí las experiencias de ver una película en una sala «común», en un festival y en mi cama siguen siendo muy pero muy distintas. Las tres me parecen buenos puntos de partida para pensar el cine de hoy (y de ayer) por distintos motivos; las tres me obligaron a reacomodarme frente a ellas, me conmovieron, me hicieron pensar y me devolvieron al mundo mejor de lo que era antes de verlas.

Una canción

La canción de cuna de As boas maneiras. Pueden escucharla un poco en el trailer:

Y también escuchar la banda sonora completa de la película en Spotify: https://open.spotify.com/album/3mf518dDXjYKHGlxc4Nx7H

Un doble programa

Como el concepto «doble programa» me hace pensar en el cine de género, dejo dos programas dobles que van un poco por ahí:

In Fabric (Peter Strickland, 2018) + Death Bed: The Bed That Eats (George Barry, 1977): para una trasnoche de Objetos Asesinos.

As boas maneiras (Juliana Rojas y Marco Dutra, 2018) / Wolf Children (Mamoru Hosoda, 2012): dos fábulas con lobizones y también dos de las películas más hermosas sobre la maternidad que haya visto.

Un descubrimiento

Había leído mucho sobre ella y finalmente este año pude verla y comprobar que era todo eso y más: Funeral Parade of Roses (Toshio Matsumoto, 1969).

Un reencuentro

En parte gracias al Festival de Mar del Plata, en parte gracias al estreno de El libro de imagen y también gracias a una serie de circunstancias azarosas, este año (en particular, en estos últimos meses) volví a reencontrarme con muchos directores, películas y textos vinculados a la Nouvelle Vague, muchos de los cuales no había vuelto a ver ni leer desde mis primeros años de estudiante de cine. No sé si cambió tanto mi apreciación sobre las películas y los textos en sí, pero sí creció bastante (como yo, supongo). Sobre todo, el reencuentro me permitió reconstruir y ampliar la perspectiva sobre mi propia historia cinéfila.

En otro orden de cosas, este año estuve viendo por primera vez algunas películas de María Luisa Bemberg, de quien solo había visto Camila y a quien, confieso, siempre había subestimado un poco, bastante prejuiciosamente. La primera que vi, Yo, la peor de todas me cambió por completo e instantáneamente todo lo que pensaba sobre ella. Mi otro gran reencuentro nacional fue con una directora enorme a pesar de su bajo perfil: Ana Poliak, con la proyección de ¡Que vivan los crotos! en el FICIC, una película que había visto hacía mucho y que recordaba muy poco y que es increíble y adelantadísima a su época. Cuando reescribamos la historia del cine argentino, vamos a tener que repensar a esas dos.

Una experiencia en el cine

Ver Los cuatrocientos golpes, Besos robados, La mamá y la puta y La muerte de Luis XIV presentadas por el mismísimo Jean-Pierre Léaud en Mar del Plata fue la experiencia cinéfila del año. No me voy a olvidar nunca de la presentación de la película de Serra, en la que Léaud empezó diciendo «En esta película verán a la muerte trabajando a través de mi cuerpo». Léaud habló de haberle entregado su cuerpo al cine, de empezar y terminar la vida en él, de sostener una mirada a cámara que es como sostenerle la mirada a la muerte. Todavía no me recupero y no creo que me vaya a recuperar.

Una incertidumbre

The Other Side of the Wind me parece uno de los eventos cinéfilos del año, pero creo que excede por mucho la discusión acerca de si es una película buena o mala. Nunca sé qué pensar sobre los proyectos póstumos y este no es la excepción. Me parece que es una película que obliga a volver a pensar en Welles, en la historia del cine, en quién, cómo y cuándo termina una película, en ciertas figuras arquetípicas del mundo cinematográfico y en muchas pero muchas otras cosas más.

Otra de las películas que me dejó sumida en la incertidumbre más extrema (aunque ya la había visto) es La mamá y la puta, que me parece una genialidad pero una genialidad que no sé por dónde abordar (más allá de los lugares comunes «muerte de los ideales del Mayo Francés», «final de la Nouvelle Vague», etc.) y que me deja siempre estallada de preguntas.

Un texto

Soy adicta a las entrevistas a Lucrecia Martel, y esta que leí este año me pareció particularmente hermosa: https://gatopardo.com/reportajes/entrevista-lucrecia-martel/ Y además, como el cine no está separado del mundo, sumo esta carta de Lucrecia en el marco del debate por la legalización del aborto: http://revistaanfibia.com/ensayo/vicepresidenta-usted-puede-cambiar-la-historia/

Además, y aunque esto no tenga mucho que ver con la crítica de cine (¿o sí?), hace poco me compré impulsivamente un librito misterioso que resultó ser un tratado sobre la escritura y a la vez un poema escrito en China en el siglo III (!): el Wen fu, de Lu Ji. Lo abrí y encontré este texto:

Un fotograma


Micaela Berguer (Crítica en El Club de las Cinco)

Una película

Amor de vinilo

Una canción

“Waterloo Sunset” por Ethan Hawke en Amor de vinilo

Un doble programa

El guiño de The Post a Todos los hombres del presidente me encantó

Un descubrimiento

¿Puede ser una serie? Bojack Horseman

Un reencuentro

Gracias a Isla de perros me amigué con Wes Anderson

Una experiencia en el cine

Las tres partes de La flor en dos días durante el Bafici

Una incertidumbre

Ready Player One

Un texto

Este año leí muy poca crítica. No recuerdo ningún texto particularmente.

Un fotograma

Alguno en la pileta de Los extraños: cacería nocturna o este de The Florida Project


Tatiana Mazú (Cineasta)

Una película

El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi

Narrada con la justa distancia que amerita una película, en parte, autobiográfica y familiar; y con la intensidad emocional necesaria para que salgamos del cine con ganas de construir otro mundo posible. Ese donde no tengamos que entendernos ni desentendernos como disidentes de ningún orden opresivo para sobrevivir.

Still recording, de Saeed Al Batal y Ghiath Ayoub

Película-golpe-manifiesto desde la Siria resistente. Por qué y para qué seguir sosteniendo una cámara en un mundo desbordado de imágenes. El cine como arma y las armas como cine.      

Las cruces, de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez

La belleza terrible. (muy) precisa excavación en imágenes y sonidos, que hace volar por los aires esa continuidad anestesiada que la sociedad chilena mantiene con la dictadura militar del 73’.     

Sumo cuatro cortos y un mediometraje, porque el cine más vivo puede hacerse con cualquier cosa y ser breve:

Elektro Pythagoras, de Luke Fowler – Las fuerzas, de Paola Buontempo – La carta natal de Argentina, de Manuel Embalse – Aquel verano sin hogar, de Santiago Reale . TRAP, de Manque La banca

Una canción

https://www.youtube.com/watch?v=KStIxIfMhIY

YMCA de Village People en Ash is the purest white de Jia Zhangke

Tuve un crush con Virus en El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi (con Dame una señal) y en Teatro de guerra de Lola Arias (creo que con Amor descartable y Luna de miel en la mano, si la memoria no falla).

Mejor película en un disco: El mal querer, de Rosalía.  

Un doble programa

Una obvia, pero ojalá se filmaran más seguido películas de ficción con esa verdad cinematográfica y ese cariño por los personajes: Entre dos aguas y La leyenda del tiempo, ambas de Isaki Lacuesta.

Un descubrimiento

Primero estas dos, porque óperas primas:

Terra franca, de Leonor Teles. Por favor, más películas donde conversaciones triviales sobre electrodomésticos nos permitan pensar los grandes problemas de la existencia humana bajo el capitalismo con el amor y la sobriedad con que lo hace esta chica.  

Construcciones, de Fernando Martín Restelli. Lo mismo digo. De alguna manera, tiene, con la película portuguesa, un parentesco visible –y audible-. Incluso hay algo en la ruptura excepcional de la ilusión en ese plano en que lx camarógrafx devuelve la pelota a uno de los personajes, que está en la mirada a cámara de la nena de Terra Franca. No somos nada haciendo cine sin otrxs.

Llegué tarde a La última vez que vi Macao de João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata, pero qué lindo ver películas donde los directores juegan así contando historias. También a Vida activa de Susana Nobre: la alquimia de extraer poesía de la burocracia.   

Un reencuentro

Volví a ver As i was moving ahead occasionally i saw brief glimpses of beauty de Jonas Mekas. Era otoño y estaba terminando una etapa muy triste. Me acosté con la gata entre muchas frazadas y me amigué con la soledad. La belleza como excepción política. Ahora tengo una relación personal con la película.

Una experiencia en el cine

Las películas que siguen apostando a que el cine es también algo físico que debe suceder frente a una pantalla grande, como LCohen de James Benning y Your face de Tsai Ming Liang.

Una incertidumbre

Le realidad. Un resumen de ella en las fotos sacadas por mi celular en 2018 aquí abajo:

Un texto

El otro montaje: reflexiones en torno al montaje documental de Coti Donoso. La terapia que necesitaba mientras intentaba terminar de editar mi película.

Imagen no disponible, pequeño pensamiento de Valeria Hofman sobre las imágenes alrededor del asesinato de Camilo Catrillanca en manos del Estado chileno.

http://vhttp.tumblr.com/post/180240107389/imagen-no-disponible-una-imagen-de-un-rostro-se?fbclid=IwAR1mMuzSuK4GQuqGmJ_Yt3qLnQ_W2M3emRMZE0G4zrmZ99WbWskOwPqbEf8

Un fotograma

El plano final de Las hijas del fuego, de Albertina Carri. Ojalá toda la película fuera así. No lo encontré sin censura ni en su mejor momento.


José Miccio (Crítico en Calanda)

Una película

Phantom Thread

Una canción

Elijo dos. Una de cierre: “Dame una señal”, de Virus, en los créditos de El silencio es un cuerpo que cae. Y otra de desarrollo y pausa: la que canta Zhao Tao en un teatro, sufriendo por amor, en Ash is Purest White, el extraordinario melo con trompadas, lágrimas, inteligencia sociológica y plato volador que Jia nos regaló este año.

Un doble programa

Dos obras maestras de lo sublime grasa.: Que le diable nous emporte y Showgirls:

Un descubrimiento

Descubrir amor en el amor: háblame de lo intenso. Acá van dos tipos que adoro. Primero, Raúl Ruiz. No había podido disfrutar nunca de La hipótesis del cuadro robado. La tenía en la cabeza como una de esas películas imposibles, que demandan esfuerzos que al final se revelan fofos porque no estimulan más que la inteligencia. Este año me divertí tanto como con las novelitas de César Aira (a propósito, ¿leyeron Un filósofo?). ¡Era una comedia! El otro tipo es Marco Ferreri. Volví a ver todas sus películas. El Gordo filmaba tragedias bufas. Su cine es infinito.

Un reencuentro

Amo a George Romero, pero tenía perdida su obra maestra de 1981, Knightriders. La había visto una sola vez, hace mil años, en una versión doblada, creo que grabada de Cinemax en velocidad lenta. Mi memoria me dictaba adjetivos ridículos como linda, agradable, menor y simpática. Este año la vi dos veces. La primera, sorprendido. La segunda, en estado de excitación. No hay muchas películas tan hermosas e inteligentes como esta de los caballeros artúricos en moto.

Una experiencia en el cine

Besos robados en un Auditorium repleto.

Una incertidumbre

Estrenada este año, ninguna que me acuerde. Vista por primera vez en este año,  4:44 Last day on Earth, de Abel Ferrara.

Un texto

Fassbinder por Fassbinder

Un fotograma

En una escena de Phantom Thread que contiene a la película entera, Alma y Reynolds juegan al backgammon. Ella se enoja y dice que es un juego estúpido. Reynolds contesta: “Tal vez te parezca estúpido porque estás perdiendo. Pero me atrevo a decir que si salieras victoriosa lo verías de manera diferente”. Y agrega: “Necesito tu silla para mi próximo rival”. Ese salirse del tablero es lo que Alma no acepta. La pelea que da es una de las más hermosas historias que contó Hollywood en los últimos años. Alma es una mujer fuerte que no quiere serlo por fuera de la pareja sino en su interior, poniendo ella las reglas. O disputándolas. Desde el comienzo, sirve el té, el agua o lo que sea levantando el recipiente para que el líquido caiga desde bien arriba. Reynolds se queja siempre de los ruidos. En algún momento ella obedece, se cuida, trata de no molestar. Se porta como una invitada. Pero Alma no es esa mina. En la escena central de la película, la de los hongos, esa que termina con Reynolds diciendo “Kiss me, my girl, before I’m sick”, y en la que la música de Johnny Greenwood crece como nunca antes, en esa escena, decía, que ya pertenece a la eternidad, Alma sirve el agua levantado tanto la jarra que mueve la lámpara que tiene arriba:


Gabriel Von Sprecher (Cinéfilo)

Una película

Céline de Jean-Claude Brisseau. Iba a poner solo esta peli que vi en mi casa, pero me parece que tendría que ir también una peli que haya visto en el cine, así que: Mujer nómade de Martín Farina

Una canción

Este año se termino Adventure time, sus canciones son geniales, para el último capitulo Rebecca Sugar compuso esta:

Y algo del cine, este tema que esta en El hombre de paso piedra de Martín Farina:

Un doble programa

Dos nenas de aventura:

The Florida Project de Sean Baker/Chibi Maruko-chan: mi canción favorita de Tsutomu Shibayama y Yumiko Suda

Una de terror digital y una de terror analógico:

Unfriended: Dark web de Stephen Susco/Celluloid nightmares de Hisayasu Satô

Un descubrimiento

Ermanno Olmi, en un ciclo del Pasión de los Fuertes, ya con las cinco pelis que vimos ahí queda para mi como uno de los más grandes.

La saga de Pesadilla, las pelis de Freddy, todas me parecieron buenas (quizá las que menos me entusiasmaron fueron las del padre, Wes), todas una locura de imaginario visual y pesadillesco.

Un reencuentro

Cronenberg. Creo que había visto Videodrome tipo a los 16 o 17 años, me había parecido que estaba bien. También por esa época vi The Brood, la misma sensación, tampoco era la gran cosa. Este año vi esas dos pelis de nuevo más varias otras de él. Videodrome es una de las cosas más alucinantes que he visto en mi vida, y este tipo es un genio.

Una experiencia en el cine

El pan nuestro de cada día de King Vidor, en La Quimera.

Creo que al terminar todos los que estábamos en la sala queríamos salir, agarrar picos y palas, y continuar la zanja que protagoniza la secuencia final de la película.

Una incertidumbre

Quizá el cine de Sally Cruikshank, pero es medio trampa porque el corto Face Like a Frog me parece genial. Así que voy a decir The Black Cat de Luigi Cozzi.

Un texto

Un texto sobre la tercera peli de Pesadilla, un textito de Claire Diane, que no es crítica de cine, ni tampoco me parece que sea el cine lo que más le interesa, pero es un texto con mucha emoción: https://letterboxd.com/fieldmouse/film/a-nightmare-on-elm-street-3-dream-warriors/

Y América profunda de Kusch, que también me acompaño para pensar muchas cosas, incluyendo el cine.

Un fotograma

Este año me acorde que siempre tendría que volver a Rohmer:


Paul Von Sprecher (Cinéfilo)

Una película

As Boas Maneiras de Juliana Rojas & Marco Dutra. La relación que se da entre una mujer joven de clase alta con  la niñera de su futuro hijo es algo realmente hermoso y conforma una de las grandes parejas cinematográficas del año. Además contiene la mejor escena de sexo que haya visto este año (y en mucho tiempo). Pero además es la mejor película sobre hombres lobos desde Nazareno y cruz y el lobo de Favio o al menos desde Aullidos de Joe Dante. As boas maneiras es la película del cine brasilero reciente que más me impresiono además de que puede hablar de muchos temas (distintas clases sociales, racismo, lesbianismo) sin señalar para nada con el dedo y ser una preciosa película de amor y terror al mismo tiempo. Integra mi combo de películas más queridas y hermosas del año junto a Proyecto Florida, Isla de perros y Juliet, Naked.

Una canción

Ethan Hawke cantando y tocando «Waterloo Sunset» de The Kinks en Juliet, Naked (Amor de vinilo). Ethan Hawke es un músico de culto retirado que va con uno de sus hijos al pueblito costero de su nueva novia. En una muestra, que prepara la novia (Rose Byrne) le piden que toque algo y toca una canción que aclara que no es suya. Mientras miraba la película me preguntaba de quien era. Más tarde me fije en internet y era uno de los clásicos de The Kinks. No recuerdo si la había escuchado probablemente sí pero al pasar. Desde entonces la escuche varias veces sobre todo a la versión de Hawke. Es una canción hermosa como la película que duro una semana en la cartelera cordobesa y las dos veces que la fui a ver la disfrute muchísimo. Salí contento del cine de una manera que pocas veces me paso este año.

https://www.youtube.com/watch?v=M6IFR-Q7gNM

Un doble programa

Campamento sangriento (Sleepaway Camp, 1983)/Los Extraños: Cacería nocturna (The Strangers,Prey at night,2018). Este año vi muchos slashers y estos dos fueron de los más destacados. Campamento Sangriento es una película de terror teenager post-Martes 13 que, por lo tanto, transcurre en un campamento de verano y Los Extraños: Cacería Nocturna es un slasher contemporáneo muy autoconsciente con aire ochentoso que incluye muertes musicalizadas con hits pop de dicha década (la muerta en la pileta con “Total Eclipse of Hearth” de Bonnie Tyler de fondo es una de las escenas del año). Las dos coinciden en un gran uso del suspenso, asesinos psicóticos y retorcidos, grandes climas y uso del espacio. Además los dos saben hacer un buen slasher (con todos los tópicos de estos) un subgénero difícil de hacer bien en un género (el terror, claro) de por sí difícil de hacer. De hecho Campamento Sangriento 2 y la primera de Los Extraños son bastante inferiores a las nombradas.  Campamento Sangriento pertenece a los 80’ la última década dorada del terror y Los segunda parte de Los extraños (o reebot ya que no continua de la primera)a la actual década donde el terror es más autoconsciente que nunca (autoconciencia  que termino de tomar forma a mediados de los 90’ con La Nueva Pesadilla y Scream ,ambas de Wes Craven, justamente dos grandes slashers).En el año que más películas de terror vi en mi vida (lo que es mucho decir ya que siempre fue de mis géneros preferidos) elegir un programa doble así era inevitable.

Un descubrimiento

Elaine May & Claude Sautet .Conocía solo de nombre a Elaine May pero a partir de ahora es mi directora preferida. Pertenece a ese selecto grupo de directores que con una obra muy breve hicieron una obra única y que supera  a otras filmografías más extensas. La tragedia absurda de A new Leaf  y The  Heartbreak kid, la amargura casevetiana de Mickey and Nicky y el delirio hilarante de Ishtar componen una  filmografía donde las situaciones más graciosas  se transforman en las más incomodas y viceversa. Además filma como pocas (perdón Bigelow y Claire Denis) a los grandes actores ya sean John Cassavetes,Walter Matthau o Dustin Hoffman. Fue una buena decisión de Alejandro Cozza y José Fuentes Navarro de cerrar el Pasión de los fuertes de este año con estas cuatro hermosuras. Otra buena decisión, en otro espacio del Cineclub Municipal, fue el ciclo que Jesús Rubio le dedico al gran Claude Sautet.  Imposible no enamorarse de Romy Schneider de la forma en que la dirige en Max y los Chatarreros,Cesar & Rosalie y Una historia simple y lo mismo con Emannuelle Beart en Un Corazón en Invierno y El placer de estar contigo. Justamente es un placer ver las películas de Sautet, un director francés no valorado en su justa medida.

Un reencuentro

Casper, Space Jam y Hook en el etiqueta negra. Martin Emiliano Campos programo para las vacaciones de julio un ciclo de películas infanto-juveniles de los 80’ y 90’ (el año pasado lo había hecho abarcando solo los 80’). La mayoría del ciclo las había visto de niño y un par de adolescente pero estas tres son las que más hace tiempo que no veía.  Casper la había visto en las salas de abajo del Nuevocentro shopping (varios años antes de que sean Hoyts) y Space Jam en el Cine Ciudad  (¡Dos veces seguidas! En los últimos años pre multicines), un cine que estaba en una peatonal del centro de Córdoba .Volver a ver esas dos películas, a las 23 en la sala grande del Cineclub Municipal, fue algo muy emocionante y divertido. Las disfrute tanto como cuando tenía 6 años. Cristina Ricci y Bugs Bunny siguen siendo dos ídolos. En cuanto a Hook recuerdo haberla visto por Space (u otro canal de cable) y tenía un grato recuerdo de ella. Verla en cine confirma que sigue siendo una de las películas más subvaloradas de Spielberg (Uno de mis directores preferidos, lo mismo pasa con Always que la vi por primera vez este año). Además fue muy grato ver ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Quisiera ser grande, Los Exploradores, El Secreto de la Pirámide y Cuidado Hércules vigila en pantalla grande .La diferencia en volver a ver estas hermosuras de grande fue ver que pertenecen a un tipo de cine que casi que  ya no existe más (por lo menos en salas de cine). Hoy en día las opciones en cine para niños y no tanto son o dibujos animados o películas de superhéroes. Ambas para un público amplio (entre los que me incluyo) pero películas apuntadas a un público infanto-juvenil como la de los 80´o 90´muy pocas. En el 2018 solo se me ocurre el muy divertido reebot de Jumanji.  He ahí también la importancia de lo que significó para mí este ciclo  que me hizo volver a asociar julio y vacaciones de invierno con este tipo de películas.

Una experiencia en el cine

Cine argentino clásico y moderno en 35mm/Semana de la Cinefilia.

En febrero, en el Malba, pude ver algunas películas de la retrospectiva integral como director  de Hugo del Carril (más un bonus con algunas películas en las que actuó) en fílmico. Entre ellas pude ver algunas de las grandes películas del cine argentino como Las Tierras Blancas, Surcos de Sangre, Mas alla del Olvido, Gente Bien (de Manuel Romero) y La Cabalgata del Circo (de Mario Soffici) . Ver estas obras maestras en fílmico (y por primera vez además) fue algo sumamente placentero más teniendo en cuenta que la mayoría de las veces se pueden ver en copias de dudosa calidad o aceptables en Youtube (o en Cine.Ar, acá si en mejor calidad). Pero cuando se las ve como se debe se nota que fueron hechas para ver en una sala de cine. Además permitió ratificar que considero a Hugo del Carril como el mejor director del cine argentino junto a Favio .Y como actor no se queda atrás. Este placer por ver cine argentino como se debe se amplió, unos meses después, con la muestra de 3 clásicos del cine argentino que se dio en el festival de cine de Cosquin que incluyo Amorina, también de Del Carril, No abras nunca esa puerta de Carlos Hugo Christensen y Pajarito Gomez de Rodolfo Kuhn. Tres obras maestras pero la que más me impresiono fue Pajarito Gomez. Hace rato que la quería ver y me dejo en estado de éxtasis. Fue mi película preferida del FICIC y tiene uno de los mejores finales que vi en mi vida. Como si fuera poco en el mismo festival se dio una retrospectiva de la gran Ana Poliak en fílmico también. Ver ¡Que vivan los crotos! el primer día del festival y volver a ver La fe del Volcán y Parapalos fue una experiencia única e irrepetible. Mi preferida de su filmografía es La fe del Volcán  que fue filmada en el 2001 y entre otras cosas impresiona como muestra un país devastado.  Y otra experiencia que no puedo dejar de nombrar es La Semana de la cinefilia el evento que unió a críticos de Calandia, La Vida Útil y Revista de cine en Córdoba en el Cineclub municipal y que entre charlas, proyecciones y post-charlas se transformó en un hito para la cinefilia cordobesa. Entre los momentos más memorables se hayan la proyección de La Pistola Desnuda (con la sala estallando de la risa), el doblete aventurero que integraron  El Mundo en sus manos de Raoul Walsh y Sueños de Hielo de Ignacio Aguero y José Miccio criticando la noción de abyección de Daney y de los que lo siguieron.

Una incertidumbre

Drift de Elena Wittman. Fue la primera película que vi en el FICIC y  la venia siguiendo pero a la mitad me dormí y cuando me desperté había varios planos del mar. Salí bastante desconcertado y aun hoy no se bien que pensar de la película y si me gusta o no.

Un texto

Nicolas Prividera (http://www.conlosojosabiertos.com/la-quietud-2/9 ) y Iván Zgaib (https://queridosrproyectorista.wordpress.com/2018/09/09/poses-de-familia/ sobre La Quietud.

Mientras veía La Quietud sentía vergüenza ajena. No podía creer que el mismo director de Mundo Grua y El Bonarense  hubiera dirigido esto. Y sentía que alguien que empezó en el denominado nuevo cine argentino que venía  a sacarnos del peor cine argento de los 80’ y comienzos de los 90’ terminaba en una película muy deudora de este cine.  Luego de leer la notable critica de Ivan Zgaib, donde desmenuza la película y donde coincido con todo lo que dice, y la excelente nota de Prividera, donde pone a la película en contexto con la historia del cine argentino y la compara con la última película de Leopoldo Torres Nilson (Piel de Verano) que yo no conocía, me  di cuenta que había sido fundamental ver La Quietud para poder comprender estos dos textos de dos de los críticos que más disfruto leer (coincida o no con ellos. En este caso sí, claro).

Un fotograma

The Florida Project es algo increíble y uno de los momentos más hermosos que tiene es este cuando Moone le muestra a su amiga un arco iris y le dice que hay oro al final del arcoíris pero la amiga le dice que  hay duende que no quiere se lleven el oro entonces Monee le dice “vayamos a golpearlo”. Ese dialogo entre dos niñas realmente contiene una frescura poco corriente en el cine contemporáneo. Y en cuanto a la imagen que más se puede decir de un fotograma así con dos niñas viendo  un arco iris con un hostel rosado y los autos estacionados de fondo. Después de que la vi por segunda vez (en cine) salí con la sensación de que era la mejor película de los últimos tiempos y de que Sean Baker es uno de los grandes directores en actividad.


Mariano Luque (Cineasta)

Una película

Phantom Thread, de Paul Thomas Anderson.

Una canción

Uno de los temas de Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta. Los músicos son Raül Refree y Kiko Veneno, encontré sólo este link, que sale un pedazo breve:

Un doble programa

The Post, de Steven Spielberg. El argumento no me interesó mucho, pero la disfruté un montón, tanto que me hubiese gustado que dure más. No la conecté con una película específica, sí con pasajes al mejor estilo Spielberg clásico. Una suerte de “grandes éxitos de Spielberg”.

Un descubrimiento

Mia Hansen-Løve (hermosas películas en las que transcurren varios años en la vida de los personajes).

Un reencuentro

Fui a ver otra vez Persona de Bergman en la Sala Lugones, y no fue una buena decisión. Me vi casi todo Bergman a los 20 años, Sonata de otoño es una de mis películas preferidas, a Persona la recordaba con mucho entusiasmo, pero ahora, 12 años después, me pareció un plomo. Posiblemente las interpretaciones ajenas a toda su simbología y el tono teatral, que ahora parece que tolero menos, contaminaron mi percepción. Así que mejor no sigo revolviendo.

Una experiencia en el cine

Fui al cine a ver A Quiet Place, de John Krasinski, y el principio es casi literalmente silencioso, está muy bien, y la banda sonora era la gente comiendo pochoclo, tomando Coca, atendiendo el celular, etc. Mientras avanzaba la película, iba subiendo la tensión y de a poco dejaron de hacer ruido. Muy de a poco. Recién a la media hora se quedaron en silencio, y pensé: al fin, les ganó la película.

Una incertidumbre

Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher. Consenso sospechoso. Tiene unos momentos increíbles y atrapantes, lúdicos y oníricos, que hacía tiempo no experimentaba, pero la escena final, que sentencia “puf, la sociedad está perdida y llena de violencia” me pareció muy vaga y simplista. Ese final me hizo repensar toda la película, y creo que hay una lectura super clasista de la pobreza y cristiana de la bondad. El protagonista se supone que es adorable y admirable por ser pobre, bueno, generoso y un poco boludo. Casi como si fuese un personaje de Disney. Incluso la película idealiza el trabajo esclavo como peones rurales frente a la miseria que viven en la ciudad. No pude evitar compararla con el humanismo de las películas de Kaurismäki. El puerto es una película de pobres y marginados que se ayudan entre sí frente a la malaria, hasta “el malo” es bueno, y no hace falta que haya un idiota buenudo. Sobre este consenso, algo más burdo y violento sucedió luego con Roma, de Cuarón. Mirada clasista y Lationamerica for export al palo. No es casual que esas películas entren a Netflix, y encima da la sensación de que están gustando y seduciendo muy bien al público progre.

Un texto

Del libro “Lynch por Lynch”, de la editorial El Cuenco de Plata, hay un pasaje donde el director habla del enorme trabajo y esfuerzo para hacer su primera película, Cabeza borradora, y me resultó muy motivador.

Un fotograma

Fotograma de Vendrán lluvias suaves, de Iván Fund, Director de fotografía: Gustavo Schiaffino


Martín Farina (Cineasta)

Una película

An Elephant Siting Still

Una canción

As Boas Maneiras tiene el momento musical que más disfruté. Creo que no hay link

Un doble programa

Construcciones / Yatasto

Un descubrimiento

Travis Wilkerson en el Doc Bs. As. Todas sus películas

Un reencuentro

Luis Ortega – El Ángel

Una experiencia en el cine

El encuentro con los espectadores cubanos en las salas de cine La Habana. Lo viven de una forma diferente a todo lo que había visto antes.

Una incertidumbre

No se si alguna película me quemó los papeles y categorías de pensamiento.

Un texto

En busca de la cinefilia perdida (Parte 4) – Quintin

Arqueología del Presente, algunas conjeturas sobre el cine de Travis Wilkerson – Roger Koza.

Corsario, de Perrone. Oscar Cuervo

Un fotograma

Este de As Boas Maneiras


Mercedes Arias (Productora y Realizadora)

Una película

As boas maneiras de Juliana Rojas y Marco Dutra.

Una canción

Todos los temas de Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc,  de Bruno Dumont  estrenada en Bafici 2018 son geniales

Un doble programa

Roma y La Teta asustada.

Un descubrimiento

La casa lobo, de Cristóbal León y Joaquín Cociña. Están completamente locos. Es dificilísimo lo que hicieron. Además uno no tiene la sensación de estar viendo una película animada, sino de estar frente a una obra de arte en constante transformación.

Un reencuentro

Al otro lado del viento, Orson Wells y Me amarán cuando esté muerto, Morgan Neville

Una experiencia en el cine

Una de las últimas noches del BAFICI, deambulando sin entrada por los pasillos, contacto a unos amigos para consultarles qué estaban por ver y me dijeron: “As boas maneiras, venite a la sala 6”. No tenía idea qué iba a ver, estaba con un poco de sueño y desde que comenzó la película, escena tras escena, no podría creer lo que estaba viendo. Todo me parecía increíble. Es un placer cuando uno tiene esas sorpresas.

Una incertidumbre

Roma, de Alfonso Cuarón, no me movió la estantería al nivel de la pregunta, pero me dejó esa sensación de no estar segura de si acababa de ver una buena o mala película… quizás fue sólo su virtuosismo obnubilándome. Aún lo estoy pensando.

Un texto

Esta pregunta me hizo dar cuenta que no estoy leyendo mucho sobre cine, pero recientemente leí esta nota en A sala llena, que me pareció muy interesante para pensar sobre las figuras de programadores y críticos, que sigue ocupando los lugares que “marcan la cancha”.

La nota además me dio muchas ganas de leer el ensayo de Sonzini, ¿me lo pasan? 🙂 http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/

Un fotograma


Ana Schmuckler (El arma secreta de todo festival)

Una película

Hago trampa y voy con una triada de peliculas que vi este año y se van a quedar conmigo: Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher

What you gonna do when the world’s on fire? de Roberto Minervini y Cassandro, el exótico de Marie Losier.

Una canción

Harry Dean por siempre:

Un doble programa

Malambo, el hombre bueno de Loza con Aniceto de Favio.  Fan de ambas, fan de las peliculas que se bancan su contundencia poetica y afirman que las historias pequeñas merecen pantalla. Además del baile, que salva.

Un descubrimiento

No habia visto Boy meets girl de Léos Carax. Descubrimiento con 34 años de demora….

Un reencuentro

No es tanto un reencuentro como una cita: cada vez que necesito recuperar la fe en el cine vuelvo a mis preferidos. Este invierno fue Fellini y el hermoso quilombo que es 8 1/2.

Una experiencia

En medio de dias muy agitados de trabajo festivalero me escapé a ver lo que me quedaba justo por horario. El título era conflictivo desde que apareció en programacion porque habia que copiar una estrella negra muy especifica, no escribirlo, no ingles ni aleman ni castellano. Meses hablando de «Estrellita»… Fue un viaje de una hora y media de cielos estrellados en la historia del cine. Justo lo que necesitaba. Gracias, Johan Lurf.

Una incertidumbre

Lo dejo vacante.

Un texto

El libro con el que empecé el año fue el de Henri Langlois: Memorias de un cinefilo. Escritos sobre cine (1931-1977).  Belleza que te hace soñar con fotogramas y suspirar por todo lo que falta ver. Tiene mil subrayados con lapiz, pero elijo compartir este a modo de anzuelo «El sueño implica la realidad.Es imposible que una imagen sea total si no se vincula con la vida, si no es concreta, si carece de volumen y sonido.»

Un fotograma


Enrique Méndez Valverde (Cineasta)

Una película

Climax – Gaspar Noé (2018)

Película que debería estar en la sección de Reencuentro, pero es la que más me gustó este año. Love la detesté por su espíritu hipster y esta me tiene todavía electrizado hasta ahora (como sus personajes). ¡Tremenda!

Mención: Era uma vez Brasilia Adirley Queirós (2017)

Una canción

Cornelius Bros and Sister Rose – Too Late Too Turn Back Now (Blackkklansman – Spike Lee)

Menciones:

Hot Blood – Soul Dracula (Los Débiles Eduardo Giralt y Raul Rico)

Sister Nancy – Bam Bam (Cómprame un revolver – Julio Hernández Cordón)

Un doble programa

The Harder They Come – Perry Henzell (1972)

Black Mother – Khalik Allah (2018)

Dos películas hechas en Jamaica, país con filmografía pequeña y con la mejor música en el mundo. Ambas situadas en contextos difíciles, pero en dos siglos distintos.

Un descubrimiento

Drvo André Gil Mata (2018)

Menciones:

Black Level Valentyn Vasyanovych (2017)

Casting – Nicolas Wackerbarth (2017)

Lima Grita – Ximena Valdivia y Dana Bonilla (2018)

Un reencuentro

Nuestro Tiempo – Carlos Reygadas.

Valió la pena esperar 6 años al mexicano, Post Tenebras Lux la vi mientras iba en el primer ciclo de la escuela de cine.

Una experiencia en el cine

Long Day’s Journey Into Night de Bi Gan

Una incertidumbre

Le Livre d’image – Jean-Luc Godard

El viejo Godard sigue desbordando (y loqueando también) con ideas sobre la vida, el cine y el estado político mundial.

Mención:

Cómo matar a tu presidente – Ernesto Flores.

Película de arrebato, hecha por unos chicos de Bolivia que se graban a ellos mismos, con muchas imperfecciones de realización, pero muy divertida y honesta a la vez.

Un texto

Los hijos del bit – Roger Koza.

Un fotograma

Uno de Inferninho, película freak, chacotera, exótica y a la vez cálida. Una de las más originales vista en el 2018.


Miguel Peirotti (Crítico en Perro Blanco)

Una película

Mandy, de Panos Cosmatos.

Una canción

«Lucky Man», de Emerson, Lake & Palmer, en BlacKkKlansman, de Spike Lee.

https://www.youtube.com/watch?v=89g1P_J40JA

Un doble programa

The Other Side of the Wind, de Orson Welles, para ver junto a F for Fake, también suya.

Un descubrimiento

Ari Aster, director de Hereditary.

Un reencuentro

Ver Bullitt de Peter Yates en el cine – gracias a ese programa esporádico de “Clásicos en el cine” – fue todo lo que podía pedirle al año.

Una experiencia en el cine

Misión imposible: Repercusión. La mejor película de acción del año, la mejor de la saga hasta el momento.

Una incertidumbre

Roma es una de las películas del año – ya la vi dos veces – pero no sé qué pensaré de ella en unos meses. Cuarón es brillante pero uno se olvida pronto de sus películas.

Un texto

2018 se ha caracterizado por golpearme de una manera extraña en lo referido a la transición en la forma de consumir cine estrenado comercialmente. A algunas de las mejores películas del calendario las he visto en streaming, y no en una sala, como prefiero, y en esta tesitura, o preferencia, siento cada año mayor soledad. Ustedes seguramente coincidirán conmigo. Pero no es novedad que coincidamos los cinéfilos. A mí me encanta hablar de cine con los no especialistas (amigos, familiares, gente casual), pero son los que la ponen cada vez más difícil. Los últimos tres meses del año casi no he ido al cine comercial por el sopor que me da la programación. Y creo que en 2019 seguiré bastante de este modo. Me condiciona hacer radio, pues hay que estar al día. Pero es insoportable perder tiempo cuando podés usar esas dos horas en ver una de Melville. Estoy volviendo a los clásicos. Uno nunca se va de ellos. Me refiero a que los estoy volviendo a ver en cantidades. En el pasado está el futuro, dice el proverbio japonés. En cambio, en el presente de la exhibición está el pasado, el hastío. Están llevando a la experiencia de ir al cine del shopping hacia un infierno inextinguible. Lo peor es que no me preocupa. Me irrita pero no me preocupa.

Me gustó una entrevista a Dario Argento muy grossa, publicada en Calanda Crítica: https://calandacritica.com/2018/07/20/argento-habla/?fbclid=IwAR1uC4XjIgETVwdPum2W1WDGI7l81lzVAqZ99ZpQJfaPp2BtsBVQ2Vuf68Q


Juan Pablo Martínez (Crítico en Los jóvenes viejos)

Una película

Puppet Master: The Littlest Reich (Sonny Laguna, Tommy Wiklund): no la vio nadie y deberían verla todos. Tiene guion de S. Craig Zahler (o sea, tiene sus diálogos) y un score hermoso de Fabio Frizzi, el músico de Fulci; tiene a Thomas Lennon, a Udo Kier, a Barbara Crampton, a Michael Paré y a Charlyne Yi, tiene un tono deadpan encantador, unas criaturas hermosas y varias de las muertes más creativas de este lado de Destino final. Y no necesitan ver las películas anteriores de la interminable franquicia a la que pertenece, pero de seguro van a querer ver la próxima

Estrenada: El legado del diablo (Hereditary, Ari Aster): podría haber sido otro exponente del “terror culposo de ser terror” al que A24 ya nos tiene acostumbradxs (ver: La bruja y Viene de noche), pero la opera prima de Ari Aster parte de lo terrenal para luego abrazar al género como pocas películas de los últimos años, con una segunda mitad enormemente generosa en materia de sustos y un final antológico que, extrañamente, muchos vieron como “sobreexplicado” cuando su gran mérito es precisamente el no molestarse demasiado en atar cabos.

Una canción

Toda la secuencia del Live Aid en Bohemian Rhapsody, que es el mejor final del año, “Te quiero” y “Confesiones de invierno” en Te quiero tanto que no sé y el combo Jim Steinman (“Total Eclipse of the Heart” por Bonnie Tyler y “Making Love Out of Nothing at All por Air Supply) en Los extraños: cacería nocturna.

Videos:

Un doble programa

Annihilation, de Alex Garland y Pequeños Milagros, de Eliseo Subiela

Un descubrimiento

Caught de Max Ophüls y su pañueloverdismo de avanzada.

Un reencuentro

Bergman en la Lugones, o cómo, luego de años de jactarme de ser antibergman, terminé haciéndome medio fan.

Una experiencia en en el cine

Las presentaciones de Jean-Pierre Léaud en el Festival de Mar del Plata.

El videoclip espantoso de Arjona en stop motion que se le ocurrió a la gente de Village Cines que podía ir bien antes de películas como El ángel y Misión: Imposible.

La indignación que Las hijas del fuego causó en parte de la platea masculina. ?

Una incertidumbre

Rojo.

Un texto

Quintín sobre Downsizing: http://www.asalallena.com.ar/cine/pequena-gran-vida-downsizing-quintin/ y Lucas Granero sobre Downsizing.

Un fotograma

Luego de haber estado solo una semana en cartel en 2011, Las aventuras de Nahuel, catástrofe marionetil de diseño más bien precario y por momentos involuntariamente aterrador perpetrada por el inefable Alejandro Malowicki (el del Pinocho de Midón con Solita Silveyra), desapareció del mapa, ya que no se editó en formato hogareño ni apareció colgada en Clan Sudamérica. Solo quedaba su imposible tráiler, hasta que finalmente, este año, el propio Malowicki nos la regaló en su canal de YouTube. Y la espera no fue en vano. El hecho de que durante toda la película se vea la marca de agua del software que Malowicki usó para ripearla no hace más que sumar al disfrute general.


Luciana Calcagno (Distribuidora y crítica en El Club de las Cinco)

Una película

The Florida Project.  

En una época en la que todas las películas empiezan a parecerse, no hay ninguna que se parezca a esta.

Con Tangerine, Sean Baker ya había demostrado por qué es uno de los directores más relevantes de la actualidad y acá lo reafirma: puede mostrar a los marginales de esta sociedad sin estetizarlos ni idealizarlos, y aún así lograr nuestra empatía. La paleta de colores y el soundtrack merecen un texto aparte, al igual que la actuación de Willem Dafoe,  y de Brooklynn Prince- la niña protagonista- que llevan la película a otro nivel.

Una canción

«Hand in my pocket» de Alanis Morissette en Lady Bird. Un hermoso viaje al pasado.

https://www.youtube.com/watch?v=LQ8D5Ihe4hg

Un doble programa

Gracias a la visita de Jean-Pierre Léaud en el festival de Mar del Plata pudimos ver varias películas protagonizadas por él en pantalla grande. Y al ver nuevamente Los 400 golpes recordé inmediatamente The Florida Project.

El combo  Los 400 golpes y The Florida Project (al que le podríamos agregar Verano 1993, pero voy a respetar la consigna)  es recomendable para cualquiera que quiera recordar lo duro que es crecer. No sé si hay algo más agridulce que las escenas finales de ambos films, tan bellas como desgarradoras. Para ver en loop sólo  cuando se está anímicamente estable.

Un descubrimiento

Paul Dano. Le tenía cierta idea (¿desprecio?) por llevar siempre la misma cara a cada película, pero en el Festival de Mar Del Plata vi Wildlife (basada en la novela homónima  de Richard Ford) y me pareció muy sólida, una película con imaginario norteamericano  y problemas norteamericanos sin mayores pretensiones que mostrar la destrucción de una familia. Es durísima y muy efectiva.

Además, gracias a la película empecé a leer a Richard Ford, así que ahora Paul Dano me cae decididamente mejor.

Un reencuentro

Brian De Palma. Siempre lo tuve como  un director menor (y de muy mal gusto)  y este año volví a ver Doble de cuerpo y me di cuenta de lo equivocada que estaba. Lo del mal gusto lo sigo pensando, pero me parece que nunca tuvo el reconocimiento que se merece. Doble de cuerpo es una película complejísima (casi barroca) y muy buena.

Una experiencia en el cine

Tengo dos:  una más emocional y otra más cinematográfica – no estoy segura de que sean categorías distintas-.  Ambas fueron fallidas y en festivales de cine.

1) Ver a Jean Pierre- Leáud en el  cine Colón de Mar del Plata contando cómo Eustache le había llevado el guión de La Mamá y la puta. Nunca me voy a olvidar de eso. A la proyección posterior – en 35 mm-  le faltó un rollo pero ¿qué importa?.

2) Tuve la suerte de ir a TIFF y allí  ver Our time, de  Carlos Reygadas, en pantalla grande. Reygadas es uno de mis directores favoritos y poder ver y escuchar su última película  en una sala enorme y bien equipada fue una experiencia hermosa. Pero en los primeros minutos de de la proyección el sonido empezó a fallar generando un zumbido insoportable y se levantó más de la mitad  de la sala. Los verdaderos Reygadistas (?) seguimos firmes junto al pueblo y esperamos un rato hasta que el problema fue solucionado y finalizamos la proyección sin problemas. Nunca esperar tuvo tan buenos resultados como aquella vez.

Una incertidumbre

Enemy (Denis Villeneuve). Tiene unos años pero la vi hace poco. No sé si la odio  o no, no sé si es una metáfora de algo o simplemente una muy mala película. La tengo que pensar un poco más.

Un texto

Este año fue muy importante porque estuvimos cerca de conseguir la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, y el movimiento feminista creció y se multiplicó, mostrándose como fuerza política  en un país que está siendo arrasado por el gobierno de derecha.

Así que voy con dos textos de mujeres que son muy iluminadores en cuestiones de género:

http://revistaanfibia.com/ensayo/vicepresidenta-usted-puede-cambiar-la-historia/

http://panamarevista.com/sacar-las-violaciones-del-closet/

Y, en el plano cinematográfico, la hermosa entrevista de Peña a Leáud

https://www.pagina12.com.ar/162302-actor-de-autor

Un fotograma

The Florida Project


Roger Koza (Crítico y programador)

Una película

Good art sí, GodArt no. Podría haber elegido otra película (la última de Minervini, la de Rude, la de Diaz), pero el acto más sincero de mi parte es poner el film de Godard primero que todos. Al hacerlo, sé que una vez más seré blanco de críticas y acaso también de burla. He escrito en tres ocasiones sobre este film y he dejado constancia de mi parecer, y dudo que en esos textos haya siquiera insinuado que el arte de Godard es el arte de un ente divino sin fisuras. La irritación me es ajena como respuesta estética, y prefiero definir mi posición como crítico a propósito de lo que amo y no mutando la bilis en signo. Hay escritores que pueden sentirse de tal modo y darse el permiso de crear cuando los posee la hostilidad. Godard despierta desde siempre las ganas de escupir y asimismo de dirigir un par de dardos envenenados a todo aquel que sienta placer por los delirios del viejo cineasta. En ocasiones, algunos ataques indirectos sobre la felicidad ante este film parecen responder más a una inconfesable envidia por el placer que suscita. La dedicación policíaca al placer ajeno tiene algo de eso. Si tengo razón o no sobre este señalamiento —una intuición inverificable—, esto reviste tanta importancia como otras discusiones solo estimuladas por el combustible barato que proviene del desprecio. El enojo modifica toda noción de prioridad. Lo que sí importa, y mucho, es El libro de imagen, un film que asume su tiempo como ninguno, conjeturando lúdicamente un destino abierto de la imagen en movimiento devenida ahora en bit y enunciando tímidamente una discreta esperanza para la vida política. Lo últimos 30 minutos de este último film de Godard son memorables.

Una canción

Digan lo que digan los envidiosos y resententidos compatriotas que he escuchado un par de veces, la última película de Kent Jones titulada Diane es una feliz pieza anacrónica en el contexto del cine contemporáneo. Los protagonistas son personas ordinarias, los lugares elegidos son impersonales, la trama es elíptica, el tempo es clásico; todo eso se ordena para intentar filmar una experiencia infilmable, a la que se arriba lentamente y sin aviso. En el film se escucha una obra musical justificada por la trama de principio a fin. Se trata de “En el paisaje”, de John Cage, una composición de una simpleza océanica que se puede escuchar en loop hasta el infinito. El tema es perfecto para los planos elegidos y también para la intuición general que rodea a la trama: en el film de Jones los personajes y el paisaje se copertenecen, y aquel se limita a filmar esa interacción entre la imantación de un ecosistema y la vida espiritual de una mujer.

Aquí se puede escuchar:

Un doble programa

El último film de Wang Bing ya ha encontrado su lugar esplendoroso en la historia del cine, como alguna vez Shoah de Lanzmann lo hizo y así dejó para siempre asentada una posibilidad del cine y su incidencia en la Historia. Almas muertas es tal vez la película más extraordinaria del cineasta chino de la Sexta Generación. La he visto tres veces y sé que no tiene ningún plano de más y ninguno de menos. En cada plano hablan los que no tienen nombre, y el misterioso Wang —a quien le di la mano una vez sin poder asociar el genio a la sencillez casi campesina que emana de ese hombre circunspecto y distante— insiste en personalizar a cada uno de sus testigos, hombres y mujeres acostumbrados a la obediencia y la sujeción. A los delirantes y ardientes anticomunistas de hoy es bueno recordarles que esto sucedía antes, durante y después de los tiempos de Mao: la obediencia define la subjetividad vacía del pueblo chino, que se avisora en una forma de disciplinamiento que en su praxis no está tan alejada de aquella a la que se sometieron los alemanes en tiempos disímiles y bajo una constelación cultural inconmensurable. Ver Shoah y Almas muertas en un fin de semana puede ser deletéreo para el ánimo, pero no se me ocurre mejor medicina frente a la estupidez generalizada que orquesta la vida circundante.

Un descubrimiento

Peter Emanuel Goldman. Había escuchado de él por Godard y pensaba que estaba muerto, pero a fines de abril de este año, en el contexto del extraordinario festival llamado Play-Doc, hablé con esa leyenda del underground neoyorkino. Goldman supo mejor que nadie retratar la ciudad de Mekas en Echoes of Silence y desnudar y desanudar la relación entre misticismo oriental, narcisismo y locura en Wheel of Ashes. De estas dos magníficas películas no se predica ningún punto de vista que tenga algo que ver con el sionismo, inadmisible filosofía estatal a la que el director le prestó sus servicios una década más tarde. No será la ni la primea ni la últma vez en la que un genio siente simpatías políticas abominables.

Un reencuentro

La hora de los hornos. ¿Quién de nosotros es capaz de verla en serio y reconocer la vigencia de un experimento estético como este? No sería el caso de nuestros críticos de derecha. La burla sistemática y la nunca aguda defenestración que le dedicaron recientemente, acaso por razones no estéticas y de conyuntura, ni siquiera esboza un posible frente de discusión. La molestia que despierta, por otra parte,  revela la inesperada actualidad de un film que cumplió 50 años. Ya que estamos, y mal que les pese, incluso asumiendo los anacronismos poéticos del caso, el único cineasta que ha filmado los últimos 20 años de la reciente historia argentina es justamente aquel que hizo La hora de los hornos.

Una experiencia en el cine

La flor 2, un poco antes del primer intervalo. Dreyfuss está amordazado en el auto, sentado en el asiento de atrás. La voz de Llinás da significado a los gestos del prisionero y prodiga signos poéticos a la conciencia del personaje, cuyo rostro transmite perplejidad, temor y asombro. Llinás dice: “Y entonces, una a una, empezaron a salir las estrellas. Y ahí Dreyfuss miró al cielo. ‘Claro’, pensó, ‘soy un tonto. No estoy en Rumania, estoy en el sur, en algún lugar del hemisferio sur’. Y cuando vio que no solamente no estaban la Estrella Polar y la Osa Mayor, ni tampoco Vega, comprendió que estaba realmente muy abajo, en el fondo del planeta. ‘Este cielo es nuevo’, pensó. ‘Este cielo nunca lo había visto’”. La locución sigue, la emoción perdura y mi recuerdo de esa escena no me ha abandonado. No está nada mal señalar que todo el film destruye felizmente uno de los tantos dogmas que pasan en el discurso crítico por verdades reveladas. ¿No dice siempre el coro de fundamentalistas que la voz en off es una aberración?

Una incertidumbre

High Life de Claire Denis. No veo la hora de volver a ver la película espacial de Denis en la que todo el universo es libidinoso y la desespiritualización del cosmos es absoluta. La arritmia de su trama y el constante fraseo murmurante de su protagonista principal constituyen una resistencia para el pensamiento. A un querido amigo ruso le pareció la peor película del año; a otros, una inmediata genialidad. Personalmente, pienso que es un aerolito que no tiene que ver con nada, más allá de que hay rastros dispersos de Bella tarea, Trouble Every Day y Los bastardos de la misma Denis.

Un texto

El primer texto de Nicolás Prividera sobre The Other Side of the Wind titulado “La última película”. Y el libro Imitación de la vida, de Alberto Tabbia, a mi juicio uno de los grandes de la crítica de cine de Argentina. Leyéndolo pensé en qué hubiera sucedido entre nosotros si las dos últimas generaciones lo hubiéramos tenido a él como referente. Creo que nos hubiéramos ahorrado una cantidad de problemas y evitados los típicos trucos que aprendimos de la más nefasta tradición que triunfó y que todavía hoy detiene a la crítica vernácula y la condena a la más decadente forma de impresionismo: el diletantismo, esa retórica y sensibilidad nacida de la comodidad de clase y del desprecio.

Un fotograma

Pertenece a Buenos Aires al Pacífico, de Mariano Donoso. La elijo porque en ese plano se glosa el presente y el pasado de Argentina, y además porque el cine argentino evita sintomáticamente filmar el presente.


Cecilia Barrionuevo (Directora Artística del Festival de Mar del Plata)

Una película

Le livre d’image, Suiza-Francia/2018 – Jean-Luc Godard

Una canción

Yo soy el fuego (Grupo Siempreverde – Pelicula La Flor, de Mariano Llinás)

Un doble programa

O Fantasma (Joao Pedro Rodriguez) – High Life (Claire Denis)

Un descubrimiento

Luciano Emmer

Un reencuentro

John Stahl

Una experiencia en el cine

El séptimo cielo de Frank Borzage (1927)
Musicalizada en vivo. Festival Il Cinema Ritrovato (Bologna, Italia)

Un texto

Libro: La Poetica De Lo Cotidiano – Yasujiro Ozu
Texto: Algunas cosas en las que creo – Pablo Suárez

Un fotograma


Nicolas Abello (Cineasta)

Una película

The Other Side of the Wind (Orson Welles, 2018)

Una canción

No es una canción especificamente, es toda la banda sonora. Para mí la mejor OST del año.

Un doble programa

Mission: Impossible – Fallout va bien con cualquier película de Hitchcock. Habría que desmenuzar el trabajo de Cruise y de McQuarrie a la hora de armar el guión del film. Más allá de las referencias textuales, Mission Impossible es un conjunto de secuencias cinematográficas encadenadas, donde la progresión narrativa esta dada por la acción misma y no por la idea de un cambio que deba sucederle al héroe. Cine, suspenso  y acción recordando a Hitch todo el tiempo…

https://www.youtube.com/watch?v=TzuuIWp7X2M

Un descubrimiento

Para mi el descubrimiento este año estuvo asociado casi siempre al curso dictado por Roger Koza en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. El “Seminario de los viernes” tiene de todo, pero me abrió una nueva pagina en el mundo del cine clásico. Vimos: Stars in My Crown de Jacques Tourneur (EE.UU., 1950)

Y tambien: Whistle Down the Wind de Bryan Forbes (Reino Unido, 1961)

Para completar una tríada medio extraña podría agregar una peli que no formó parte del Seminario pero si fue proyectada en el Cineclub: Seven Men From Now de Budd Boeticher (EEUU, de 1956). Un western romántico en el marco de los 100 años del nacimiento de André Bazin (que escribió una critica perfecta del film)

Un reencuentro

Volví a ver y analizar muchas películas, y sobre todo filmografías de directores. No creo que las películas que pueda mencionar impliquen un cambio de apreciación, pero si me parece que volver a verlas es meterlas debajo de la piel y empezar a pensarlas en profundidad fuera del terreno de espectador común.

Me enamoré perdidamente de Wong Kar Wai, de sus colores, de la música de sus películas. La trilogía de los departamentos de Polanski también fue un punto alto de mi año.  Y uno que aparecía esporádicamente por distintas recomendaciones amigas y cada vez me gusta más es Peter Bogdanovich. “Paper Moon” probablemente sea su obra maestra, pero Noises Off es una película que elegiría mil veces si necesito mejorar un día no tan bueno. Y la otra película que me encuentro viendo de nuevo y de nuevo es Sin lugar para los débiles de los Coen. Además de la obvia y tremendísima fotografía de Roger Deakins, el diseño sonoro (casi sin música) me parece visionario, señal del comienzo de una época en el cine contemporáneo.

Una experiencia en el cine

En Córdoba se han hecho muchos ciclos de cine hermosos, pero hay dos momentos que no podré olvidar en mi vida y que tienen un punto en común.

En el cineclub La Quimera se hizo un ciclo de cine mudo de Yasujirō Ozu. He nacido pero… musicalizado en vivo por los Tomates Asesinos fue una función mágica. La misma sensación de plenitud al finalizar la función la dio unas semanas mas tarde el Cineclub Municipal Hugo del Carril al proyectar Metrópolis de Fritz Lang con los Fonez acompañando las imágenes proyectadas en la terraza del lugar. Las dos experiencias son difíciles de describir, pero han sido realmente memorables (y lamentablemente irrepetibles)

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang-dong. Probablemente una de las mejores películas del año, pero ese final… Sigo (y seguiré) sin saber que pensar de la película por sus últimos minutos.

Un texto

Leí muchos libros vinculados al cine este año. El que más me gustó fue Croma de Derek Jarman. Es un libro hermoso que quiero volver a leer muchas veces a lo largo de mi vida. Este año la edición con la tapa azul radiante de Caja Negra parecía estar en todas partes… Certeza de que no era solo yo el que caminaba viendo a la vida y sus colores con otros ojos.

Además del libro de Jarman, dejo una recomendación que no está vinculada al cine pero fue parte de lo mejor de mi año. Quien pueda, sumérjase en la experiencia incomparable de leer El libro de la almohada de Sei Shonagon.

Un fotograma

Meteors, Gurcan Keltek, Turquía, 2017.


Alejandro Cozza (Crítico y cineasta)

Una película

Bodied de Joseph Kahn entró derecho a mi estantería de grandes clásicos norteamericanos.

Una canción

Acá siempre cuesta elegir solo una.

Claramente todas las de Bodied:

https://www.youtube.com/watch?v=uz_2dprH52E

Como tambien la BSO. entera de Jeanette, las monjas haciendo headbanger es un momento glorioso de cine del 2018.

Y claro, varias de Juliet, Naked, como esta versión de Waterloo Sunset a cargo de Ethan Hawke.

Un doble programa

En A simple favor de Paul Feig se menciona directamente al clásico de Clouzot, Las diabólicas. Pero creo que su tono jugetón (por momentos de comedia) con el cine de pistas,  detectives y de tuercas argumentales linkea mucho mejor con ¿Quien mató a Harry? De Hitchcock.

Un descubrimiento

La trilogia inicial de Ermanno Olmi fue para mi el mayor descubrimiento del año: Il Tempo si ha fermato, Il posto e Il fidanzatti conforman un corpus de obra de una solidez inaudita en la historia del cine.  También lo fue sumergirme más a fondo en las fauces de la Hammer y encontrarme con un sinfin de placeres culpables inigualables. De yapa, la proyección sorpresa de Dead Birds de Robert Garner, gentileza de José fuentes Navarro.

Un reencuentro

Las primeras de James Bond con Sean Connery. Desde la icónica Goldfinger a las sorpresas que significaron para mi los delirios pop/kitsch de Thunderbolt, You only live twice y De Rusia con amor. Películas que tenía en un rincón de la niñez pero que jamás pensé que disfrutaría tanto de grande. La libertad formal y la autoconciencia del desparpajo absoluto las hace únicas.

Una experiencia en el cine

24 frames, o la tristeza de ver por última vez una película de Kiarostami en una sala de cine

Una incertidumbre

El otro lado del viento de Orson Welles. Claramente es extraordinaria, pero el tema es diseccionarla y ver que hay importante en esas imágenes/montajes al día de hoy, o qué puede dialogar de ella  con el cine actual. Es sin duda el estreno del año, pero… dejará alguna huella en nuestra contemporaneidad o será solo un gesto vintage más. Esa es mi incertidumbre.

Un texto

El dossier de cine y técnica publicado en Revista de cine Nº 4. Si la crítica de cine estuvo reñida históricamente con la perspectiva netamente material  y física del hacer cine, la gente de la Revista zanja esa grieta con textos justos que al mismo tiempo resuenan en lecturas frescas a pesar de lo complejo del tema abordado. Nunca fueron tan necesaria en estas épocas de cambios tecnológicos las reflexiones que disparan Mariano Llinás, Juan Villegas, Rodrigo Moreno, David Oubiña, Rodrigo Sanchez Mariño, Alejo Moguillansky y, mención de honor, al texto/entrevista Tres fotógrafos en donde Llinás conversa con Fernando Lockett, Inés Duacastella y Lucio Bonelli.

Un fotograma

Pertenece al corto Fragmentos desde el exilio de Pablo Martín Weber. Ese plano particular en donde con el trasfondo de la asunción de Macri festejada en la Casa Radical de Córdoba (preanuncio de una tragedia?) se relata la historia de un camionero cruzando la cordillera, trasladando un transbordador espacial, que se emociona leyendo desde su celular los comentarios de la gente en videos de Chebere por youtube. Ni lo popular, ni la alegría, estaban en esa imágen sino en otro lugar remoto, a mitad camino entre Chile y Argentina. La epifanía en un plano.


Iván Zgaib (Crítico y productor)

Una película

La flor (Mariano Llinás)

Una canción

Ethan Hawke (<3) tocando el piano y cantando The Kinks (<3) en Juliet, Naked

https://www.youtube.com/watch?v=M6IFR-Q7gNM

Que a su vez me recuerda a otro momento cinéfilo de los Kinks, quizás mi escena musical favorita de siempre:

Un doble programa

I do not care if we go down in history as barbarians (Radu Jude, 2018) + La commune (Paris, 1871)  (Peter Watkins, 2000)

Dos experimentos sobre el artificio cinematográfico que señalan otros mecanismos de construcción (el de los medios y el de los libros sobre la historia “universal”). Además, dos posibles respuestas sobre el lugar que puede asumir el cine frente a aquellos monstruos.

Un descubrimiento

Gracias al ciclo de Ermanno Olmi programado por Alejandro Cozza y José Fuentes Navarro en el Cineclub Hugo del Carril, terminé viendo otra película del director (su primer largo, de hecho), una de las más hermosas que vi en el año: Il tempo si è fermato (1959)

Una experiencia en el cine

La función de Golden Eighties (Chantal Akerman, 1986) en el Festival de Mar del Plata; uno de esos momentos extraños y milagrosos en que la película corre mientras va dejando su marca.

Bonus track: abuchear a Avelluto en la apertura del mismo festival.

Una incertidumbre

Still Recording (Saeed Al Batal, Ghiath Ayoub, 2018)

Un texto

La vida secreta de Walt Disney, escrito por Jim Hoberman: un texto de una precisión (¡y pasión!) admirable que cumple el (¡triple!) mérito de leerse como una pieza literaria, una crítica al cine industrial y a la cultura pop y una lectura sociológica de la muchachada estadounidense. Además, una clase sobre el uso del humor y la construcción poética en un texto de cine.

Y una elección no-cinéfila: De amor y de hambre, de Julian Maclaren-Ross; un libro de la juventud del ’39 para los jóvenes del 2018.

Un fotograma

Este plano de Instrucciones para flotar un muerto (Nadir Medina, 2018). Una imagen hermosa y conmovedora por la cual la película lucha desde el principio y que llega sólo cuando los protagonistas atraviesan sus diferencias. Ellos (y el film) se ganan este plano. Es el reencuentro, expresado en la materialidad de la película. Y por sobre todo, es la mirada de un fantasma que suelta a los protagonistas con cariño y melancolía.


Santiago González Cragnolino (Crítico)

Querida vida útil:

Una película

Bodied (Joseph Kahn, 2017)

No se si es la mejor pero es buenísima y grita 2018, no sólo por su tema/contexto, sus preguntas por los usos del lenguaje, la corrección o la incorrección política, las perspectivas de género, de raza, de clase; sino por su construcción. Joseph Kahn imagina un espacio cinematográfico con una claridad impresionante, aún ajustándose a la exigencia sensorial de los ritmos del videoclip y los entornos de pantalla 2.0; recursos para seguir moldeando nuestra vieja y querida forma cinematográfica… En ese sentido también es una película de actualidad, que sirve para pensar la pregunta baziniana en 2018.

Un texto

Cada tanto vuelvo a Las paradojas del arte político de Rancière (particularmente cuando habla de Juventud en marcha de Pedro Costa), una de las respuestas más sólidas que leí a la pregunta por el arte político y la política del arte. Me lleva a leerlo este momento de furor (?) por Roma y su dudosísimo homenaje a Cleo. ¿Cómo se posiciona el o la cineasta (en la mayoría de los casos parte de una clase acomodada) frente a los personajes cuando son pobres? Si el miserabilismo tradicional ya es una etapa casi superada, ha sido reemplazado por un paternalismo un poco más sofisticado, pero igual de elitista. Así, nos encontramos con un montón de películas lobo-con-piel-de-cordero.

Tenemos en Latinoamérica varios contra-ejemplos de películas que intentan imaginar otras posibilidades desde una empatía verdadera y que no caen en la candidez voluntarista. Pienso entre otras en Mambo Cool, en Branco Sai, Preto Fica o en la película que nos lleva a la…

Una canción

No es de 2018, pero conocí las películas de Martín Farina este año. El hombre de paso piedra (2015) podría haber sido un refrito de La libertad, observando con distancia la sacrificada labor de un trabajador, reemplazando hachero Misael por ladrillero Mariano, pero a los 10 minutos la película ya se mueve a otro terreno cuando el director se incorpora como personaje. Ahí empieza a mostrar sus conversaciones con el (otro) protagonista y se suceden importantes revelaciones, como por ejemplo que el hecho de que el dueño del precario ranchito viva sin luz y conexión de gas, es una elección antes que una imposibilidad material. Se siguen conversaciones en torno al dinero y los caminos a la felicidad que encuentran a Martín y a Mariano en posiciones opuestas, pero que se muestran como respuestas igualmente válidas. La película también va a trazar un paralelo entre las vidas solitarias de los dos hombres y los muestra compartiendo tiempo, charlando, riéndose juntos. Ahí es donde entra la canción de Coiffeur, una pieza de electro pop con una letra misteriosa que se repite una y otra vez; y vemos a Mariano y Martín bailar en el áspero contexto rural del rancho. El pasaje es cómico -digamos que no son Gene Kelly y Fred Astaire-, sorpresivo y está montado con mucha gracia (Farina tiene un sentido musical para montar que es notable). Es un momento feliz y muy inteligente: es su ruptura definitiva con la mirada pseudo-objetiva sobre un mundo ajeno. Lejos de la distancia observacional “neutra”, se nos muestra que el mundo del director de cine porteño invade el del ladrillero de Choele Choel. Es una confesión de parte, que renuncia a una falsa horizontalidad; es la aceptación de un límite a la hora de acercarse a una realidad de clase y vivencias intransferibles, pero también un momento compartido entre amigos y una invitación política a bailar:

Un (doble) doble programa

Vuelvo a Bodied y me hace pensar en una película muuuy distinta, que es Ayuno de amor de Hawks. Sí tienen en común que ambas conllevan un verdadero desafío cognitivo: seguir el ritmo arrollador de lo que dicen los personajes y lo que sucede en pantalla. Lo que es llamativo de la película de Hawks es que a pesar de que es un tren que no para, en realidad es una película de planos largos (15 segundos de promedio) y escenas larguísimas (hay una de 33 minutos). Es increíble como el cine manipula el tiempo y todas las posibilidades que ofrece.

El otro programa es más obvio. Hereditary (Ari Aster) y A Quiet Place (John Krasinski), son películas de terror, realizadas con gran habilidad, por directores de los que no esperaba mucho (un debutante y Jim de The Office). Son películas muy sentidas, donde el terror no resuena solamente por el ingenio de los artilugios formales, sino porque le dan forma a miedos profundos relacionados al terror por la responsabilidad paterna y a los traumas familiares que se sienten como condenas ineludibles y se rehúsan a morir.

Un fotograma

Pensando en lo visto este año, se me vienen a la cabeza planos extraordinarios de Season of the Devil (Lav Diaz), Mission Impossible: Fallout (Christopher McQuarrie) Un bello sol interior (Claire Denis), Support the Girls (Andrew Bujalski) y La cicatrice intérieure (Philippe Garrel). También un par de Hereditary que tiene algunas de las imágenes más perturbadoras que vi en mucho tiempo.

Aun así me quedo con un par de planitos que no son muy llamativos por sí solos, ni parecen inalcanzables, pero puestos a jugar en el contexto de la película de Aster tienen una fuerza enorme y hablan de una inteligencia y una claridad para filmar destacables.

Después de un accidente vial horroroso, la cámara se queda en un largo primer plano del protagonista, inmovilizado por el shock. Luego muestra esto:

En todo ese tiempo, quedó enterrado al freno el pie del personaje, que muy lentamente va soltando, después del momento más traumático de su/mi vida. Toda la secuencia es buenísima, pero este toque es un plus de calidad.

El otro plano es este. El padre sentado en la cama de su hija, da vuelta las páginas del cuadernito de dibujos de la niña, hasta que no hay más (y no habrán más). Hereditary es una película de posesiones demoníacas que adentro lleva una película conmovedora sobre (no poder) hacer un duelo.

Para no terminar en una nota tan sombría: gracias por esta encuesta, es muy divertido leerla. Feliz 2019.


Armand Tufenkian (Cineasta)

Una película

Roma… no, estoy jodiendo: El laberinto by Laura Huertas Milan

Una canción

Uno de los últimos trabajos de Johann Johannson antes de morir fue el soudtrack de la nueva película de Panos Cosmatos, Mandy. Melancolía garantizada:

https://www.youtube.com/watch?v=ilaRNAPSUKc

Un descubrimiento

Disorder (2009) by Huang Weikai. El título en chino [Xianshi shi guoqu de weilai] se traduce mucho mejor como título: «Ahora es el futuro del pasado»

Una incertidumbre

No me quemó los papeles, pero todavía no se qué pensar sobre Casanovagen de Luise Donchen. Por momentos la considero como el fin de mi interes en un cierto tipo de película de composición conceptual que (sin saberlo) extiende el montaje de distanciamiento en una forma del lenguaje cinematográfico nueva y cuestionable. Otras veces, sin embargo, la veo simplemente como el pase de antorcha de O’er the Land, de Deborah Stratman; la cual, si alguien me preguntase por un top ten de todos los tiempos, estaría en algún lugar cerca de los primeros puestos.

Un texto

«The World is a Cartoon: Stray Notes on Animation» de Steve Reinke

Un fotograma

Una imagen de la película de Rob Todd Marking Time /  Y otra des Spot on Spot off: Uganda de Karo Goldt (niguna de estas película son de 2018)


José Luis de Lorenzo (Editor de A Sala Llena)

Una película

¿Quién mató a los Puppets? / Mid90s

Resulta imposible la tarea de aferrarse a tan sólo un film cuando tantos (y muy buenos) pasaron por nuestra retina dejando marca. Sí, este es el primer año de mi vida a partir del cual he tenido que adoptar un nuevo implemento/elemento para mi visión: unas hermosas gafas con aumento mínimo. Desconozco si estas huellas han sido dañinas o han mejorado notablemente mi percepción o quizás causado lo contrario, pero sí puedo afirmar que con (o sin ellas) mi percepción para elegir los mejores films de este año no se habría visto modificada.

¿Quién mató a los Puppets? es un film único, de esos que se disfrutan aún más estando acompañado, una comedia guaranga a partir de la que reírse (una de las mejores respuestas o estímulo al ver un film) es obligación. Mientras que Mid90s representa una especie de clausura sobre ciertas películas de skaters y coming of age, algo asi como lo que Ready Player One representó a los films que vivían homenajeando lo que se les ocurra y agregar nada más para concluir la cita a un twitt amigo de @jpmclovin que afirmaba que “Jonah Hill hace todo bien”. Y así es, de hecho.

Una canción

“Waterloo Sunset” (The Kinks), cantada por Ethan Hawke en Amor de vinilo (Juliet, Naked).

https://www.youtube.com/watch?v=M6IFR-Q7gNM

Un doble programa

Nota: cualquiera de las variantes que conformen un doble, triple o cuádruple programa de estos títulos.

All the President’s Men (Alan J.Pakula) / The Post (Steven Spielberg) / Frost / Nixon (Ron Howard) / Watergate (Charles Ferguson)

Un descubrimiento

Agustín Toscano por El Motoarrebatador.

Un reencuentro

Steve de Jarnatt (Cherry 2000, Miracle Mile), para bien.

Una experiencia en el cine

Ver The Other Side of the Wind en 35mm presentada por Martin Scorsese, Frank Marshall y Peter Bogdanovich, sumado a algunos gritos de Danny Huston en la platea muy entusiasmando con lo que se hablaba de su padre.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image

Un texto

El candidato a presidente de John Ford (Ramiro Sonzini – La vida útil)

http://lavidautil.net/2016/11/12/el-candidato-a-presidente-de-john-ford/

Un fotograma

Una escena de The Post (de la que no encuentro su imagen en google) dentro del hogar de Ben Bradlee (Tom Hanks) tomada desde un ángulo inferior en una esquina, y que registraba al grupo de periodistas trabajando en plena etapa de incertidumbre.

De lo contrario, fotograma de Sorcerer (William Friedkin), film que veo una o dos veces por año invitando a amigos (muchos de ellos cinéfilos) que desconocen la existencia de tal obra maestra.


Nicolás Carrasco (Crítico y productor)

Una película

The Other Side of the Wind, de Orson Welles

Una canción

“Starless” de King Crimson, al comienzo de Mandy de Panos Cosmatos

Un doble programa

Aquí hare trampa y pondré un programa doble y uno triple. Todas, salvo la de Polanski, las vi por primera vez este año.

East of War (1996) + The Waldheim Waltz (2018), ambas de Ruth Beckermann


Rosemary’s Baby (Roman Polanski, 1968) + Tutti i colori del buio (Sergio Martino, 1972) + Hereditary (Ari Aster, 2018)



Un descubrimiento

Director: Este año descubrí la maravillosa obra de Ruth Beckermann gracias a una pequeña retrospectiva durante el Festival Al Este de Lima, donde pude ver seis de sus películas, incluyendo la más reciente.

Películas: Las películas de explotación (y otras rarezas) restauradas por Nicolas Winding Refn y colgadas en su pagina web bynwr. Hasta ahora, he podido ver una película extraordinaria (Spring Night, Summer Night) y otras muy buenas (The Nest of the Cuckoo Birds, Night Tide, Shanty Tramp, Wild Guitar). También hay insufribles (Hot Thrills and Warm Chills) y otras delirantes (If Footmen Tire You, What Will Horses Do?).

Un reencuentro

Las dos veces que lloré en Mar del Plata. La primera fue después (¿o durante?) la presentación de Jean-Pierre Léaud antes de la proyección de La mamá y la puta. La segunda fue durante la escena de “Modern Love” en Mauvais Sang. En ambos casos fue un reencuentro con viejos amigos, con los que me sentí en confianza y feliz, con Antoine Doinel (más que con la película de Eustache) y con Denis Lavant.

Una experiencia en el cine

Ver 2001 de Kubrick en 70mm en el Village East Cinema en Nueva York, y Les amants du Pont-Neuf de Carax en 35mm en Mar del Plata.

Una incertidumbre

Apenas terminó la proyección de Nuestro tiempo de Carlos Reygadas, vista en Transcinema, Chacho León se acercó a preguntarme qué tal me había parecido. “Aún no lo sé”, le respondí, “es muy pronto para saber. Necesito tiempo”. Han pasado tres semanas y todavía no me decido. Es la única película vista en el año que tengo en un limbo, tal vez hasta que la vuelva a ver.

Un texto

“La poesía esta acá” de Marcos Vieytes y “El lugar sin límites” de José Miccio, que son casi unos manifiestos de Calanda, la web donde están publicados ambos textos. Disfruté también los “Giro d’Italia” de Miccio, publicados en la misma página.

Un fotograma

El momento en que aparecen las sombras del equipo en Era uma vez Brasilia de Adirley Queirós.

Y yapa (robada de Facebook)


Rodrigo Moreno (Cineasta y docente)

Una película

Le livre d’image de JLG

Una canción

«Le lendemain» de Diane Denoir, en Belmonte de Federico Veiroj

Un doble programa

Casa del teatro de Hernán Rosselli y Broadway Danny Rose de Woody Allen

Un descubrimiento

Valeska Grisebach, Western

Un reencuentro

Un alumno dio una clase sobre Hal Hartley -que no veía hacía 20 años (a Hartley, no al alumno que apenas si había nacido)- y ahora comprendí otras cosas. Antes me gustaba – pienso en Trust por ejemplo- por razones bien distintas, me gustaba básicamente que en los exteriores no hubiera nadie en cuadro más que los personajes. Hoy puedo apreciar una idea de montaje y de apuesta formal que en su momento me era totalmente negada. Así y todo, me gustaba más antes que ahora, se ve que disfruto más cuando entiendo menos las cosas.

Y El espejo de Tarkovski. Hacía tiempo que había dejado de ver las películas de Tarkovski. Su gravedad y virtuosismo me habían alejado de su obra. Ahora están todas en youtube subtituladas. Una mañana me puse a ver El espejo y quedé fascinado. Es demencial. Lejos de lo que yo recordaba, sus planos están llenos de vitalidad y de misterio, en un mismo plano las actrices pueden llorar, reir, desmayarse. Un cineasta cuyo virtuosismo (único por otra parte) pretende lo opuesto, el encuentro de lo salvaje y desequilibrado. Hay que volver a ver Tarkovski para reencontrarse con su vitalidad.

Una experiencia

La flor de Llinás. en tres dias. Y el ciclo de Ozu en la Lugones -sólo me perdí una-.

Una incertidumbre

Solo: A Star Wars Story. No termino de aceptar que Solo no sea más Harrison Ford. Entiendo que hay que mirar para adelante y seguir y que Disney pagó por los derechos para explotar lo mejor de mi infancia como se le de la gana. Al mismo tiempo la película es buena. No se.

Un texto

Seguí bastante los posts de Miccio en facebook. En general me gustan y/o me divierten todos.

Un fotograma

La descomunal Margarita Terekhova en El espejo de Andrei Tarkovski.


María Aparicio (Cineasta)

Una película

Lazzaro Felice

Una canción

Más que canciones, músicas:

La secuencia en la iglesia de Lazzaro Felice (qué belleza).

La música de Virus en El silencio es un cuerpo que cae.

Las músicas de Terra Franca.

Un doble programa

Haciendo un poco de trampa, ya que se trata de dos películas contemporáneas:

Playing Man de Matjaž Ivanišin y Football Infinit de Coneliu Porumboiu

Otro doble programa un poco más obvio pero que disfruté encontrar este año puede ser: Lucky, de John Carrol Lynch y Partly Fiction de Sophie Huber

Un descubrimiento

Meteoros, de Gürcan Keltek

Actriz, de Fabián Fattore

Un reencuentro

Un reencuentro con Kelly Reichardt. Había visto Wendy and Lucy en algún momento perdido en la adolescencia donde veía películas en el Cine Teatro Córdoba sin saber nada de sus directores. Este año vi Certain Women, que me gustó muchísimo y que luego de verla descubrí que se trataba de la misma directora de esa película que había visto aquella vez. Podría estar en mi top ten de directoras mujeres contemporáneas.

Otro reencuentro posible: Rita Azevedo Gomes y su A Portuguesa

Una experiencia en el cine

El estreno de Good Time en el Cineclub Hugo del Carril.

Una incertidumbre

Sol alegria, Tavinho Teixeira

Un texto

Un fotograma

Lazzaro Felice


Alejandro Small (Cineasta)

Vi mucho más fútbol que cine y haciendo el recuento del año me doy cuenta que vi bastante cine peruano. Quién se vea interesado en conocer más de él, que esta lista le sirva.

Una película

Grass de Hong Sang Soo / 24 frames de Abbas Kiarostami / Construcciones de Fernando Restelli

Una canción

Morbo – Cultura Juvenil en el El Anti-faz de Enrique Mendez (Perú, 2018)

Un descubrimiento

Las películas de Omar Forero (Perú). Las vi por primera vez este año (Chicama y Casos Complejos). Busquenlas.

Un reencuentro

El gran Spike Lee.

Una experiencia en el cine

Ver El Caballo de Turín en la Robles Godoy. Las hermosas palabras de los espectadores peruanos agradeciendo a Bela Tarr por su cine, y los abrazos que se dieron. Mitos alrededor de esa función, desde que se pasaba en dvd hasta que Bela Tarr manipuló el proyector DCP de la sala y lo malogró.

Bonus: Connatural de Javier Bellido (Perú). Los comentarios de una pareja de ancianos. Estremecedora reflexión sobre la vida cuando se encuentra encallada. Para verla siempre en el cine. (Colabore como editor en la pela)

Una incertidumbre

Mataindios de Robert Julca y Oscar Sánchez (Perú).

Un texto

Ignacio Agüero: Dos o tres cosas que sabemos de él.

Un par de bonus futboleros:

https://www.nytimes.com/es/2018/06/21/peru-mundial-rusia-eliminado/

https://www.nytimes.com/es/2018/12/09/boca-river-libertadores/

Un fotograma

Nuestro tiempo, Carlos Reygadas. El plano del avión. Cine.


John Campos Gomez (Programador y crítico)

Una película

No sé si la mejor, pero mi preferida: The Image you Missed, de Donal Foreman

Una canción

“Cuando salga el sol”, canción de los créditos de Entre dos aguas de Isaki Lacuesta

Autor:  Raül Refree
Voz: Rocío Márquez

Un doble programa

Este programa doble es una secuela que podría ser una obviedad, pero mejor me aseguro en mencionarla por si nadie más lo hace:

La leyenda del tiempo, de Isaki Lacuesta (2006)
Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta (2018)

Un descubrimiento

Encontrar una gran película no significa necesariamente descubrir un director, pero me pone muy contento la consolidación de Joel Potrykus (Buzzard, The Alchemist Cookbook y Relaxer) como cineasta de gran interés para distintos públicos.

Un reencuentro

Retomé el anime Full Metal Alchemist: Brotherhood (2009) 9 años después (y por Netflix) para convencerme de que fui un chibolo un poco estúpido al dejar trunco el visionado de esta obra maestra por tanto tiempo.

Una experiencia en el cine

Sala repleta para ver Le Livre d’Image, de Jean-Luc Godard, en FICValdivia, Chile.

Una incertidumbre

Me gusta la pregunta, así mismo no me gusta quedarme en offside al momento de valorar una película. Tomo posición. Sin embargo, esas películas que desacomodan, que te replantean, son las que uno busca con cierta desesperación al momento de programar. Y de ese tipo suelo encontrar más en mi imperfecto cine de mis pagos.

Cómo matar a tu presidente, de Ernesto Flores (Bolivia)

Abismos y Sonrisas, de Carlos Córdova Ayvar (Perú)

Un texto

Esta columna de Quintín, cuyo tema fue muy recurrente en los días del pasado Festival de Mar del Plata: http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/

Un fotograma

No sólo el fotograma sino el plano más importante del año (y de varios antes y después) es el último de Still Recording, de Saeed al Batal y Ghiath Ayoub. El cine como forma de vida y más allá de la misma.





Mariano Morita (Cineasta y crítico)

Una película

Downsizing (Alexander Payne)

Inesperado, porque  nunca me interesó mucho lo que hacía Alexander Payne. Sobre Downsizing ya dije algunas palabras en la encuesta de A Sala Llena y en la de B.S.O. (Banda Sonora Original).  La película se desarma a sí misma, e invierte lo que propone desde su trailer. Ahí hay de entrada un ejercicio consciente de elección de su espectador, pero no en vano. Si al principio podemos conectar con un sueño tecnocrático de bienestar, al final, luego de torcer la película hasta desenterrar una mirada más honesta, el centro de la cuestión es la pura empatía. Finalmente de la complejidad innecesaria se pasa a algo simple y directo, tal vez previamente desdeñado.  Es la mejor película del año porque, entre otras cosas, sabe a qué publico buscar, lo encuentra, lo lleva al cine y le enseña sin insultarlo. Es noble.

Una canción

“I’ve Been Everywhere” (Hank Snow), en The Mule (Clint Eastwood).

Acá hay algo de trampa porque The Mule no se estrena hasta enero. Sería de 2019. Pero no puedo evitar querer explayarme un poco.  Además de que la escena es extremadamente satisfactoria, con un Clint de 88 años cantando por la ruta mientras viaja, la canción, su tono y su letra, van perfectamente de la mano con la película. En una de las primeras secuencias, Clint es abordado por un reclutador del cartel, que nota la cantidad de calcomanías en pegadas en el vidrio trasero de su vieja camioneta. Son todos los estados por los que su dueño condujo. Clint estuvo en todas partes, pero no se trata solo de la experiencia sino también de la manera. Cuando el personaje tiene su humorístico encuentro con las motociclistas lesbianas, describe a una de las motos diciendo que anduvo en una de esas hasta gastarla por completo. Una de las taglines de The Mule dice “Nobody runs forever”. En un ambiguo inglés sugiere al verbo “run” como escape, pero también puede referir al funcionamiento de un objeto. Como si ningún objeto funcionara para siempre. Dentro ese plan crepuscular que tiñe toda la última parte de la filmografía de Eastwood, The Mule puede mostrarse como la consciencia trágica del desgaste, donde cada viaje como mula puede ser una de sus películas, todas por las que Eastwood pasó, como si fueran los estados que la letra de la canción enumera.  Pero el tono musical es alegre, irreverente, cómico, en un código que podría compartir algún jubilado al que ya todo puede chuparle un huevo.

Si consideramos que esta canción no vale, entonces :

“Starless” de King Crimson, durante los créditos iniciales de Mandy (Panos Cosmatos).

La película me parece apropiada para una elección músical y no cinematográfica. Es un juego plástico, superficial, caprichoso, pero sin aires de superioridad. Mandy es un conjunto de estéticas separadas provenientes de distintos lugares: la cultura del black metal, del hippismo, del LSD, y del terror cósmico. De todos estos puntos, Mandy toma la parte estética produciendo una experiencia plástica. Es una película que no intenta valerse de una narración fuerte y cargada de un sentido obtuso,  pero que al mismo tiempo elige explotar un relato mínimo de venganza, sin desprecio por el terror, aunque inevitablemente limitado en su capacidad de construcción de sentido cinematográfico. Su máximo disfrute encaja tal vez con una apreciación musical. En tiempos donde el terror se va adornando de snobismo y falsa intelectualidad, Mandy al menos le trae un poco de calor a tanta frialdad.

Un doble programa

Bodied (Joseph Kahn) y 8 mile (Curtis Hanson)

Dos películas sobre batallas de rap y con participación de Eminem. Fácilmente emparentables, pero difícilmente Bodied esté a la altura de 8 mile, que sin humor cínico logra el doble, además de la participación directa de Eminem y unos de sus mejores raps registrados en el film. Bodied arma algunos personajes y conflictos sólidos, pero caricaturiza otros dejando ver su risueña necesidad de molestar. Al final termina siendo muy buena, y con sus créditos finales hasta parece que nos invita al doble programa, a ver de nuevo la de verdad.

Un descubrimiento

Of Unknown Origin (George P. Cosmatos, 1983).  Llegué por el apellido del director, que es el padre de Panos, el de Mandy. Su cine es totalmente diferente y superior al de su hijo. El motivo del relato es simple: Peter Weller tiene una rata enorme en su casa y necesita sacarla, matarla, hacer algo al respecto. Es una película clase B donde la rata está filmada de verdad la mayor parte del tiempo, y donde la casa se destruye de verdad, y al mismo tiempo es también la destrucción de la idea de hogar de un prototipo de neoliberal ingenuo. Esta película se adelanta 6 años a El séptimo continente de Haneke y la destruye antes de que exista, con altura y cine, como se debe.

Un reencuentro

Rainer Werner Fassbinder y Yasujiro Ozu.

Volví a ver Veronika Voss después de muchos años de ausencia de Fassbinder en mi vida. Más allá de que hablemos o no hablemos del supuesto “Nuevo cine alemán”, Fassbinder es un director de melodramas totalmente sanguíneo, y es lo único que importa. Y Ozu se repitió en la Lugones, y siempre es bueno reencontrarlo porque nos enseña a vivir, que es muy importante.

Una experiencia en el cine

Mochila de Plomo (Darío Mascambroni)

Una sorpresa que me llevé en el BAFICI.  Mochila de Plomo es un relato simple de un intento de venganza, pero por un chico de 12 años. También puede pensarse como una especie de western cordobés infantil, pero sin ningún tipo de adorno. Una película que trata de llevar a su personaje a un entendimiento nada racional, pero certero y amargo, sobre el mundo de los adultos. Es una buena experiencia en el cine porque en el BAFICI puede pasar todo lo contrario, y en este caso me metí a la película sin saber nada, sin expectativas, con la mente en blanco.

Un texto

No estuve leyendo mucho.

Una incertidumbre

El por qué ya no tengo ganas de leer nada sobre cine. Aunque estuve escuchando muchos podcasts sobre cine de terror.

De la película The Ritual (David Bruckner)

Elegir un fotograma, al igual que con la música, es poner el foco en elementos extraídos del sentido total. Es intentar aislar elementos que tal vez no deberían aislarse. Por eso, ya que estamos separando, tenemos que hablar de elementos plásticos y recursos puntuales. En The Ritual hay un interés real por usar la puesta en escena como un elemento creador, en este caso particular, con la deformación de la realidad tangible del universo del relato. El terror siempre fue un género avanzado en esa materia, en tomar esa parte del cine que es fantástica por naturaleza y trabajarla para producir algo nuevo y terrible. Miro un plano como este y pienso que es muy valioso poder seguir haciendo lo que hacía Wes Craven con las pesadillas de Freddy y el uso del espacio y los escenarios. Acá en The Ritual tenemos el recuerdo de un hecho trágico en un supermercado totalmente mezclado en el bosque donde se da la pesadilla. Las luces de tubo se encienden una por una y revelan una dimensión espacial extraña inmiscuida entre la tierra y vegetación del lugar. El cine de terror es creativo cuando crea, no cuando se la da de sofisticado.

Un top 10:

10. Bodied (Joseph Kahn), 9. The Clovehitch Killer (Duncan Skiles), 8. The Night Eats the World (Dominique Rocher), 7. Upgrade (Leigh Whannell), 6. Misión: Imposible – Repercusión (Christopher McQuarrie), 5. Grass (Hong Sang-soo), 4. 15:17 Tren a Paris (Clint Eastwood), 3. Mochila de plomo (Darío Mascambroni), 2. A Quiet Place (John Krasinski), 1. Downsizing (Alexander Payne)

Y un par de buenas películas que vi después de haber hecho el top 10:

Lazzaro Felice (Alice Rohwacher), The Ritual (David Bruckner), One Cut of the Dead (Shin’ichiro Ueda)

Quería ver y me perdí:

Hotel by the River (Hong Sang-soo), Ash is Purest White (Jia Zhangke), Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler), Suspiria (Luca Guadagnino),  Anna and the Apocalypse (John McPhail), Overlord (Julius Avery), Le livre d’image (Jean-Luc Godard), Burning (Lee Chang-dong)

Lo peor del año:

El refinamiento kubrickiano del terror corpo-sofisticado de Hereditary (aunque la decapitación del principio fue muy buena), Spike Lee mostrando que todos los problemas del mundo son por culpa de Griffith (aunque Adam Driver siempre está bien), la película esa horrible sobre las aventuras de Godard siendo un forro, la película esa horrible y nostálgica del monstruo ese feo  del agua que no te enamora (solo te da asco y ganas de que ganen los malos), el final de Cam (que destruye en 5 minutos una película que podía ser genial), el ejército de nerds en relación de dependencia de Spielberg, la película esa mala de los tres carteles que todo el mundo por suerte ya se olvidó que existía, y Halloween 11 dirigida por un indie sin miedo y su certificado de que John Carpenter recibió dinero por ella (bien por John).


Marcos Vieytes (Crítico en Calanda)

Una película

El hilo fantasma y El depredador.

Una canción

Alguna de las versiones de “Dos corazones” cantada por Joanna Kulig en Guerra fría. Esta, por ejemplo:

https://www.youtube.com/watch?v=eJ9i8xhDaZQ&list=PL5p0AcTzqV3Xi05HJqQDX0AhlR2oV7R29

Otra: “Procuro olvidarte”, que conocí por José Vélez, en Quién te cantará, de Carlos Vermut (vista en el festival de Mar del Plata)

Un doble programa

Falbalas, de Jacques Becker, y El hilo fantasma, de Paul Thomas Anderson, que la copió sin decir nada.

Un descubrimiento

Street Trash, de James M. Muro, gracias a la Semana Mundial de la Cinefilia que organizaron, donde José Fuentes Navarro la programó.

Otro: Nosotros los monos, fábula corpórea, epopeya del corazón y continua expresión del deseo. Terminé de verla en youtube con el recuerdo encima de El fantástico mundo de la María Montiel, El camino hacia la muerte del viejo Reales y Cochengo Miranda. Hay una poesía nacional hecha de precariedad, azul, celuloide con grano, tinta roja de ladrillo barrial sin revoque o madera de villa miseria, pared descascarada y calles de tierra, guitarra, barro, pudor, explotación, cariño y maltrato. Un llanto cinematográfico malamente retenido, una dulzura que el dolor no derrota. Que sabe la sensualidad incluso en la pobreza, y que no le esquiva el bulto al goce. Una poesía plebeya, brutal, sentimental y solidaria que desborda el documento para volverlo cuento. Una poesía fatalista que no se come el cuento del progreso aséptico aunque eche mano a lo que le sirva de él. Sabe, con Pasolini, que la salvación es la única pasión estética considerable justamente porque no existe. Una poesía que, mientras se esfuerza políticamente, nos hace sentir la discrepancia entre esa tarea y el anhelo de absoluto, tan verdadero como el melodrama. Puede que esa distancia sea la singularidad del espíritu que se objetiva en tales películas (así como en las de Favio y en otras que ahora no recuerdo o todavía no conozco, filmadas especialmente durante los 70). Poesía que se da en los márgenes, la clandestinidad, el exilio y la derrota, porque no es una poesía del poder sino de la esperanza. O sea, del dolor. Poesía trágica. Entonces, sagrada. Y por eso mismo popular. Siempre, desmesuradamente amorosa.

Heinosuke Gosho

Un reencuentro

Con Bergman, que es mucho más grosero de lo que sus viudas y devotos transmiten.

Un texto

La nota de Batlle del 12 de noviembre en La Nación acerca del festival de Mar del Plata (https://www.lanacion.com.ar/2190704-la-pantalla-grande-de-calidad-se-muda-a-la-playa) empieza mal desde el título y sigue peor. El adverbio de tiempo es peyorativo con las ediciones previas, superiores a ésta -al menos las inmediatamente anteriores- debido a razones de presupuesto por no hablar de otros aspectos. No le pifia indicando que la actual parece apostar a eso que llama calidad, pero cualquier cinéfilo sabe que tal criterio -o esa forma de expresarlo- no tiene nada que ver con el gran cine sino con el respetable, las más de las veces desde un punto de vista sociológico. En ese sentido, la mayor presencia de mujeres delante y detrás de las películas, o en las actividades paralelas, no garantiza mejora cinematográfica alguna. Es otro avance civil virtuoso no necesariamente relacionado -y más que a menudo reñido- con el placer cinéfilo. Tampoco hay evidencias de «la intensidad infrecuente» del inicio del festival, destacado en la portada del suplemento de espectáculos por el cronista, a no ser que se refiera al primer y estimulante Boca-River, o a los incidentes durante la ceremonia inaugural, en la que Avelluto fue abucheado según informan todos los medios. El cronista da cuenta de ello en una sola frase, sin informar o recordar las razones del repudio, y en la siguiente transmite los supuestos logros de la gestión declamados en su discurso -«récord de rodajes»- sin el más mínimo análisis, ni tan siquiera unas comillas que pongan saludable distancia entre el autobombo del ministro y la transcripción del cronista.

Gracias a las reediciones de revistas impulsadas por Horacio González cuando dirigía la Biblioteca Nacional –y descontinuadas por Cambiemos- leo un artículo de Rodolfo Kuhn publicado en Tiempos Modernos y me encuentro con la otra madre del borrego: Godard es la de los que crucifican a Tarantino y Kuhn es uno de los responsables de que la intelectualidad argentina desprecie Nazareno Cruz y el lobo (junto a Soñar, soñar, «dos películas lamentables» según él). Kuhn escribe enojado y me gusta. Vamos, que escribe exiliado (Godard suele hacerlo «retirado»). El artículo traza un recorrido histórico de trazo grueso y frases cortas que se lee con ganas. Por ahí dice que uno de los dos únicos momentos en que hubo «libertad de expresión cinematográfica» se dio «después de que fuera echado el peronismo» y uno se queda con las ganas de preguntarle específicamente a qué clase de libertad se refiere. La prioridad de su mirada política también le hace cometer el desatino de llamar a La patagonia rebelde -una de las películas más chatas que se hayan filmado en nuestro país- «una de las películas fundamentales del cine argentino», en el mismo contexto en que le pone peros a Juan Moreira («film desparejo y algo demagógico»).

Un fotograma

Un GIF: https://web.facebook.com/marcos.g.vieytes/videos/1953827038000124/.

El gag al fondo del plano secuencia, sin acercamiento por travelling, zoom o corte -el paneo a la izquierda opera como montaje en plano- porque la cámara confía en la mirada del espectador y porque los colores -negro el adulto, rojo y negro el niño que aún participa de la realidad cromática de su casi seguro progenitor- han sido distribuidos para compensar la distancia de modo que visualicemos las figuras arquetípicas del padre y del hijo. La creciente opacidad del primero aparta de sí la vitalidad de quien ha venido a este mundo para suplantarlo. La violencia del gesto, a la vez, implanta la utilidad colectiva del sufrimiento en la víctima, ocultando el victimario -quizás incluso ante sí mismo- las verdaderas motivaciones. Si nadie, además de la cámara que nos hace testigos impotentes, ha visto la totalidad del hecho, y si el colorado bulto menos autónomo aún que la pelota no revelara lo acaecido -por temor o perplejidad- será un héroe a los ojos del mundo, una nueva versión del melancólico hombre(cito) que mató a Liberty Valance.


Juan Francisco Gacitúa (Crítico en Los jóvenes viejos)

Una película

Visages villages

Una canción

La peregrinación de Ariel Ramírez (por Paul Mauriat) en Infinite Football, la (o las) de Vicentico en La reina del miedo, Lovely Day de Bill Withers en Terra franca, Che sarà de José Feliciano (en el estilo de Diego Torres) en Te quiero tanto que no sé, las viñetas de Mathieu Chedid en la banda sonora de Visages Villages, más obviamente El extraño de pelo largo en El ángel. También se me quedó grabada La trampera, por el final de Gotán de Jorge Cedrón, y Granero es testigo de que en una de Ozu proyectada en la Lugones sonaba la música de Esperando la carroza.

Un doble programa

El ángel con Somos? de Carlos Hugo Christensen, y El silencio es un cuerpo que cae con Being Boring de Pet Shop Boys.

Un descubrimiento

Descubrimiento: el ciclo de Hugo del Carril en el Malba, porque no había visto ninguna de sus películas. Como un mal chiste del destino, el año termina con la proscripción del archivista que las reunió.

Un reencuentro

Jackie Brown, que vi una sola vez alquilada en VHS y no había disfrutado demasiado, esta vez mucho más. Me recordó que me devoré muchos clásicos antes de los 20, y que debería volver sobre ellos.

Una experiencia en el cine

Quedarme como el Chavo cuando lo dejan hablando solo en clase, pero en mi caso riéndome con algunas escenas particularmente cruentas en las películas de John Waters durante el Bafici.

Una incertidumbre

Me costó algunos días definir cómo me sentía respecto a La omisión y Rojo, pero nada parecido a lo que propone la consigna. Es cierto que vi El libro de imagen (le robo esta mención a otro votante), pero me terminó provocando desazón ante los años que me llevaría absorber, relacionar y entender las referencias cruzadas que Godard tira como una ametralladora.

Un texto

No leí casi nada, pero lo primero que se me viene a la mente es esta nota sobre la caótica realización de The Last Movie de Dennis Hopper: https://www.esquire.com/entertainment/movies/a23287946/the-last-movie-dennis-hopper/

Un fotograma

El plano congelado de Grandinetti para los créditos de Rojo debe haber sido el único guiño formal que le festejé a la película, y amo el final de Visages Villages con los directores contemplando el río. Pero este ítem me parece demasiado pinterestero (además de que habría que contar con el Vimeo de la película elegida). ¿Se supone que estaba mirando una película y llegué a registrar un cuadro en un cachito de segundo que dije «Oh por Dios, este lo mando ya a la encuesta de La vida útil»? ¿Tengo que llevar la cámara al cine cuando den la próxima de Godard y volver siete veces hasta que enganche la cita a la película neorrealista con la canción editada por ECM y el pasaje del Corán? ¿Por qué no lo cambian a escena el año que viene?


Pablo Martín Weber (Cineasta y crítico)

Una película

The Day After, Hong: Por la fotografía y las actuaciones. Y la escena del taxi (elegida en la categoría fotograma también). Como le dije a un amigo, el universo es mucho menos feo gracias a que existe esa escena y la hermosa Min-hee Kim. Solo por el hecho de que haya un primer plano de ella ya consideraría a The Day After como la mejor película que vi este año. Por supuesto, la película tiene eso y mucho más.

Un doble programa

Fort Apache/La balada de Buster Scruggs: Como dijo Clint Eastwood, el jazz y los westerns son las grandes contribuciones culturales norteamericanas del siglo XX. Me parecería muy interesante armar un doble programa con estos dos westerns, el de Ford y el de los hermanos Coen, como un pequeño recorrido por la historia del cine y del capitalismo norteamericano. Tanto en lo que respecta a lo “de adentro” de la pantalla (tema, forma, etc.) como sus condiciones de producción y reproducción en tanto obras.

Un descubrimiento

The Flying proletarian,  Phillip Warnell. La vi en FICIC porque competía en la misma categoría que un cortometraje propio. Sinceramente me dio vergüenza que mi trabajo se pase en la misma categoría que este gran cortometraje. Una fotografía impresionante y los textos de Nancy acompañando con la voz en off. Lleva el mismo nombre que el famoso cortometraje soviético de ciencia ficción de Iósif Boyarsky & Ivan Ivanov-Vano. Comparto el interés por retomar críticamente los tópicos y preocupaciones de la ciencia ficción soviética.

Un reencuentro

La infancia de Iván, Tarkovski. La había visto apenas entré a la facultad y este año tuve la posibilidad de retomarla. No me siento digno como para opinar sobre semejante película: simplemente diré que, tal y como el mismo Tarkovski afirma en su libro, sus películas están estrictamente ligadas a la experiencia de la adultez.  Hay algo en su obra que me resultaba inaprensible en aquellos años y que poco a poco, con el correr de los años, se me ha ido develando (aunque aún no del todo).

Una experiencia en el cine

Zama. No soy un fundamentalista de la sala, sin embargo Zama en una pantalla grande es una experiencia única e imperdible. Tanto por su fotografía como por el sonido, demuestra lo poco “acabado” que está el cine propiamente dicho y lo irreductible de sus experiencias: Ir en grupo, salir de la sala y debatir la experiencia fue muy valioso.

Una incertidumbre

El silencio es un cuerpo que cae. Intento no hablar en términos de “bueno o malo” para referirme a una película. Considero la ópera prima de Comedi una obra con valor e interés en sí mismo y que puede suscitar todo tipo de debates en torno a ella. En ese sentido se podría decir que la considero una “buena” película. Sin embargo, no he podido digerir del todo mis opiniones con respecto a ella. Me gustaría verla de nuevo, para poder rescatar algunos pensamientos más claros.

Un texto

Gritos y susurros: a propósito de (las críticas sobre) Rojo de Nicolás Prividera y Frente al poema de José Miccio. El debate Prividera-Miccio (que es largo ya que son muchos textos más) me parece una de las cosas más interesantes que han pasado en el último tiempo en lo que respecta al pensamiento en torno al cine argentino. Si bien podríamos decir que se retoma una vieja, viejísima discusión del campo cultural argentino, considero valiosa la voluntad polémica de Prividera para poner nuevamente estas cuestiones sobre el tapete. Quisiera aportar a esta discusión el texto de Jorge Alemán llamado “Borges y lo real” publicado en su ante último libro Horizontes neoliberales de la subjetividad. El fantasma de Borges recorre de principio a fin este debate y Alemán trae a colación la relación entre lo particular y lo universal en su obra. Creo que ahí está en cierta medida el meollo de la cuestión, más allá de los rencores personales y los ataques ad hominem innecesarios que han plagado en cierta manera el debate.

Un fotograma

Zama y The day after



Fernando Restelli (Cineasta)

Una película

Touch me not – Adina Pintilie

Una canción

Skate Kitchen – Crystal Moselle

Esta película tiene muchísimos aciertos en relación a la música, pero hay una canción que no me la puedo sacar de la cabeza:

Un doble programa

Lazzaro Felice – Alice Rohrwacher y Edipo Rey – Pier Paolo Pasolini

Un descubrimiento

Ausencia de mi– Melina Terribili

He tenido la suerte de ver hace muy poco el estreno mundial en IDFA de una película argentina que espero tenga un gran recorrido el año entrante. La directora es una joven muy talentosa y sensible llamada Melina Terribili, que ha presentado su ópera prima titulada Ausencia de mi, antes titulada Hago falta, sobre la vida y obra del cantautor Alfredo Zitarrosa, construida mayormente a partir de las memorias dejadas por el músico en cassettes y diarios personales atesorados por su familia. A ella, mis agradecimientos.

Un reencuentro

Yara – Abbas Fahdel

De Fahdel solamente había visto la monumental Homeland (Irak Año Cero) y en ésta oportunidad pude conectar con una versión mas lúdica del cineasta. Quedé cautivado por su política del cine y la belleza que reside en los montes del Líbano.

Una experiencia en el cine

Tuve la suerte de ver en pantalla grande la versión restaurada de Prisioneros de la tierra (1939) de Mario Soffici en el 33˚ Festival de Mar del Plata. Siempre me impactó el vínculo que existe entre el cine clásico argentino y la representación del trabajo rural de mi tierra misionera, en particular Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril y El trueno entre las hojas de Armando Bó. Desconocía completamente la existencia de esta película pre-clásica y fue muy emotivo para mí ver en la pantalla grande las reducciones jesuíticas de San Ignacio tan vírgenes, como cuando iba de visita con el colegio y jugábamos a las escondidas entre sus calles o el monte que las rodea.

Una incertidumbre

El estreno en Netflix de The Other Side of the Wind fue un evento que me sacudió la cinefilia. Adjudicar a Orson Welles la dirección de una película estrenada a más de 30 años de su fallecimiento me pareció un acto osado y mercantilista. Sin embargo, todas las secuencias en las que se proyecta la película que se encuentra filmando el personaje protagonizado por John Huston (y que tengo entendido que fueron editadas por el mismísimo OW hace 35 años) me quemaron los papeles. El montaje, construido magistralmente a través de las miradas de Oja Kodar, como si fueran extraídas directamente del rodaje en celuloide, me pareció magistral y de lo más moderno que he visto en el cine contemporáneo.  Se podría decir mucho (mas y mejor) respecto a esta obra maestra post-mortem, pero por suerte Prividera se tomó el trabajo, y por eso lo elijo como el punto siguiente:

Un texto

The Other Side of the Wind – Nicolás Prividera
http://www.conlosojosabiertos.com/the-other-side-of-the-wind/

Un fotograma

Touch me not (2018) – Adina Pintilie


Marcelo Alderete (Programador en el Festival de Mar del Plata)

Una película

Dead Souls (2018) de Wang Bing. Una película política de verdad. Y otra que también dejé de lado en otras encuestas: Hotel by the river (2018) de Hong Sang soo.

Una canción

Los títulos finales de Terra Franca (2018) de Leonor Teles. Suena Lovely Day de Bill Withers sobre fotos de la familia protagonista.

When the day that lies ahead of me
Seems impossible to face
When someone else instead of me
Always seems to know the way
Then I look at you
And the world’s alright with me
Just one look at you
And I know it’s gonna be
A lovely day
A lovely day

Un resumen perfecto, y bello, para una película de una emoción seca y honesta, como Albertino Lobo el padre de la familia protagonista del documental, también dueño de uno de los mejores bigotes del año. (Por ese motivo el fotograma también va dedicado a él). Los marineros le hacen bien al cine. Aprovecho para mandarle saludos al amigo Xurxo Chirro.

Un doble programa

The other side of the wind (2019) de Orson Welles
The Last Movie (1971) de Dennis Hopper

El Nuevo Hollywood (New Hollywood) fue durante mucho tiempo una posibilidad de escape para el cine de EE.UU. Duró hasta que la mayoría de sus representantes se cayeron de sus egos. Pero no fueron ellos el problema, sino un sistema que prefirió la rutina a precio módico antes que las carísimas demencias de un par de directores tan jóvenes como engreídos. Orson Welles solo fue parte de ese movimiento de manera muy colateral (su relación con Henry Jaglom, algún que otro título como actor). The other side of the wind viene del pasado para hablarnos de la modernidad de aquellos tiempos y lo hace y de una forma espectacular. El pasado reescribiendo la historia (futura) del cine y a la vez también el mismo pasado. Algo tan maravilloso como extraño. Y todo gracias a Netflix…

En cuanto a los puntos en común entre estas dos películas, sólo basta verlas para notarlos. La película (y su rodaje) dentro de la película, la demencia en el montaje, la autoconciencia de sus autores y el fracaso que fueron en su momento, cada una a su particular y mítica manera.

Un descubrimiento

Si bien es alguien de la casa, me refiero a ésta casa, este punto le pertenece a Te quiero tanto que no sé (2018) de Lautaro García Candela. No la vi en el BAFICI y ninguno de mis allegados, ni de los confiables ni de los otros, me habló de la película. Recién tuve tiempo de verla gracias a ser jurado de la pasada edición del FESTIFREAK y fue, valga la repetición, un verdadero descubrimiento. Una película sobre amigos, hecha entre amigos. Amable, honesta, graciosa y rigurosa. Podría seguir hablando, pero para eso necesitaría hacerle demasiado bombo a mucha gente relacionada con La vida útil y no me parece que sea el lugar.

Un reencuentro

La hora de los hornos (1968) de Fernando Solanas / Octavio Getino

Apenas si tenía unos vagos recuerdos de La hora de los hornos. Imágenes poderosas en un contrastado blanco y negro vistas vaya uno a saber dónde y en qué formato. Un recuerdo borroso, pero positivo. Ahora, al volver a verla en su versión restaurada (o simplemente a verla, debería decir) el momento en el que se burlan de Mujica Lainez y tratan a las hermanas Ocampo y a Borges de “extranjerizantes”, me pareció algo muy triste de ver. Me pregunto qué pensará Solanas hoy en día al respecto de esa secuencia.

Una experiencia en el cine

Volver a ver Mala sangre (1986) de Leos Carax en un cine. La primera vez que la vi también fue en una sala, pero de la calle Lavalle. Demasiados años atrás. Y haber tenido el honor de presentarla con el director al lado. Sin dudas una de mis peores presentaciones, nervioso, demasiado emocionado, y con una infección en la garganta que me acompaño todo el festival, pero aún así, la experiencia valió la pena.

Una incertidumbre

No sabe / No contesta.
O quizás, para aprovechar el espacio, puedo agregar lo siguiente.

No soy fan de Roma (2018) de Alfonso Cuarón, pero la pasé bien viéndola. El prejuicio hacia la película porque su director haya sido un niño rico o de muy buen pasar, es un tanto hilarante. El 80% de los directores que nos gustan comieron caliente toda su vida. Pero lo que sí me gustaría agregar es que de las películas (o algo así) producidas por Netflix, la única que realmente le habló a mi niñez, a mis experiencias (aclaro que nuca estuve en la Estación 69), me mostró cómo pasa el tiempo en la vida de las personas, mientras me hacía reír y, finalmente, emocionar fue Adam Sandler: 100% Fresh de Steven Brill, Nicholaus Goossen.

Y algo parecido me ocurrió con la segunda temporada de Atlanta. Pero es televisión y de eso no se habla.

Un texto

El libro Totalmente, tiernamente, trágicamente de Phillip Lopate. Un libro que no figura en los cánones de los libros sobre cine, por algunas de las razones que expliqué en un breve texto que escribí en mi cuenta de Instagram y puede ir ahí a leerlo. O mejor no.

Un fotograma


Alejo Franzetti (Cineasta y programador)

Una película

La película de este (mi) año fue Shoah. Experiencia inolvidable, en busca del tiempo perdido. Durante días y noches fui viendo las 10 horas. Y nadie es el mismo después de ver Shoah. Antes y después. Cuerpo y alma. Quizás la película más importante del Siglo XX. Concreta y abstracta a la vez, gigante y simple a la vez, como el cine. 10 años de trabajo y riesgo. Film oral. Meticulosa dramaturgia del horror.

Una canción

La del final de Te quiero tanto que no sé. Extrañamente simpática y melancólica, como la película, como Buenos Aires. Me olvidé la letra pero aún la canto.

+ Bonus-track místico-banal: el día que murió Bertolucci, Facebook me “recordó” que “ese mismo día” pero hace años había posteado esta canción, que había conocido gracias a “Io e te”, su última película. Grandiosa canción; inevitable gritar con Bowie, que canta en italiano (sobre la base de “Space oddity”):

https://www.youtube.com/watch?v=4TVW7c1QsMQ

Dimmi ragazzo solo, dove vai
perchè tanto dolore
hai perduto senza dubbio un grande amore
ma di amori è tutta piena la città

Un descubrimiento

Imfura, de Samuel Ishimwe (Ruanda, 36 minutos). Un film admirable, rosselliniano y fordiano; un camarada en la batalla contra la tiranía del largometraje. Acá escribí un poco sobre él (en castellano debajo de la versión en inglés): https://shortsblog.berlinale.de/2018/03/02/terrible-ideal-youth/ Acá el trailer: https://vimeo.com/255358801 Ganó el Oso de Plata de los Berlinale-Shorts, el jurado hizo bien su trabajo.

Una experiencia en el cine

Estar por primera vez “del otro lado”, moderando proyecciones de los Berlinale-Shorts, gestando y organizando el Q&A. Especialmente la primera proyección, en un cine enorme en el este de la ciudad, lleno.

Una incertidumbre

Quizás Cat people, de Tourneur.

Un texto

Por descuido o pereza, o por el típico desorden de toda mudanza (o tal vez porque cada vez que pasaba por la biblioteca y leía el título, me daba miedo su genialidad), llegué tarde y recién este año leí “Una juguetería filosófica”, del Rey David. Señor rector de la universidad: elimine todo texto introductorio e incluya solamente este libro en el programa de primer año.

Un fotograma


Agustín Rayneli (Filósofo y cineasta)

Una película

Support the Girls (A. Bujalski)

Donde la empatía no se confunde con condescendencia, se revelan las complejidades de un oficio que es exclusivamente de mujeres. Un oficio que se sostiene a partir de pequeños y grandes gestos; para con los clientes y entre colegas de trabajo. Mujeres que también se hacen de un mundo privado que debe ser atendido; una madre soltera, una mujer a punto de divorciarse, una mujer en un noviazgo con una persona mucho mayor a ella. Ámbitos que se trascienden entre sí; en palabras de Regina Hall al principio de su jornada laboral “We are family!” Con esta película Bujalski entra en la misma línea de directores norteamericanos conformada por Whit Stillman, Nicole Holofcener y Desiree Akhavan.

Una canción

Springsteen on Broadway  (T. Zimny)

Un doble programa

Support the Girls (A. Bujalski)/Mujeres que trabajan (M. Romero)

Un descubrimiento

Model Jop (J. Demy)

Demy llega a los Estados Unidos, donde parece decepcionarse. Un arquitecto que no trabaja de eso vaga por las calles de Los Angeles; un destello de magia se da cuando aparece Lola. La Lola de Anouk Aimee, que nos había dejado con un final feliz casi diez años atrás. El cine no cumplió ninguna promesa, la vida continua.

Trailer:

Un reencuentro

Ozu y Jarman en la Lugones.

Una experiencia en el cine

Estreno de Cerca y Extraño en el BAFICI.

Una incertidumbre

The 15:17 to Paris (C. Eastwood)

Un texto

¿No hay inocentes? – Sobre Rojo. Por Lautaro Garcia Candela.

Un fotograma

The pictures are beautiful


Valeria Fernández (Cineasta)

Una película

La joya marplatense después de los churros de Manolo (R.I.P. el dueño): Classical Period, de Ted Fendt (2018)

Mención especial del jurado para La flor (Mariano Llinás, 2018).

Una canción

Le jardin imaginaire de Christine Corda. Aparece en la siempre genial La Flor, en lo que probablemente sea su fragmento más bello.

Un doble programa

No creo que valga porque son las dos de este año (igual discutible), pero me parece divertido pensar La flor y La película infinita (Leandro Listorti, 2018) juntas.

Un descubrimiento

Todo Ted Fendt. Es increíble.

Un reencuentro

En Mar del Plata volví a ver Baisers volés (Besos robados) de Truffaut. Tenía un recuerdo, que si bien era bueno, no me daba muchas ganas de reveerla (y menos habiendo visto poquitas semanas antes L’histoire d’Adèle H). Tal vez fue el contexto: haber visto pocas películas que me hayan gustado en el festival, el cine Auditorium, Jean-Pierre Léaud presentándola, pero creo que fue lo mejor que vi este año en Mar del Plata.

Una experiencia en el cine

Ver la grieta en vivo y en directo en la proyección de prensa de Vendrán lluvias suaves (Iván Fund, 2018) frente a la placa de conmemoración del ARA San Juan. Escuchar a unas señoras comentando Roi Soleil (Albert Serra, 2018) a la salida del cine.

Una incertidumbre

Estoy segura de que es buena, pero también estoy muy segura de que soy totalmente incapaz de decir por qué o siquiera hablar de ella: Le livre d’image, de J.-L. Godard.

Un texto

Elijo top five de libros que leí este año, porque creo que leí más de lo que vi (aclaro: 80% no son del 2018, ni de cine):

1) Vamos a tocar el agua, de Luis Chaves (2017)
2) Memoria Romana de Fogwill, que es parte de Memoria romana y otros relatos inéditos (Blatt & Ríos, 2018)
3) Hitchcock por Hitchcock I, editado por Eterna Cadencia (2017)
4) Esto no es una novela, de David Markson (2001)
5) Suicidio, de Édouard Levé (2008)

Un fotograma


Dana Najlis (Cinéfila y musica)

Una película

No puedo decir cuál es la mejor película del 2018 o de cualquier otro año y, en todo caso ¿quién puede? Me limito a mencionar dos películas de este año que me mostraron otros mundos posibles:

Asako I & II (Ryusuke Hamaguchi) y Ash is purest white (Jia Zhang-ke).

Una canción

Dream Baby Revisited del gran Alan Vega en los créditos finales de O Fantasma (2000)

Un doble programa

Classical Period (Ted Fendt, 2018) / Design for living (Ernst Lubitsch, 1933)

Un descubrimiento

Este año vi por primera vez dos películas de Jean-Charles Fitoussi: Les jours où je n’existe pas (2002) y Vitalium, Valentine! (2017). Ambas son verdaderas obras de arte de una originalidad, inteligencia y sensibilidad que me cautivaron por completo. La vida, la muerte, el tiempo, la filosofía, la ciencia, el misterio en relación a lo fantástico, el humor, la presencia y la ausencia: de todo ello nace su cine tan particular, poblado de constantes referencias literarias y musicales. Desafortunadamente, no tuve aún la posibilidad de ver ninguna de sus otras películas. Al comienzo de Les jours où je n’existe pas, una niña está leyendo El Horla de Guy de Maupassant. En cierto momento del cuento el narrador, aquejado por una presencia invisible que durante las noches absorbe su vida, afirma: “Nuestros ojos, señores, son unos órganos tan elementales que a duras penas si son capaces de distinguir lo que es indispensable a nuestra vida. Se les escapa lo demasiado pequeño, se les escapa lo demasiado grande, se les escapa lo demasiado lejano”. Fitoussi está cerca, que no se les escape.

Y me gustaría agregar un segundo descubrimiento. La retrospectiva de Wolfgang Staudte en el último Festival de Mar del Plata fue una maravilla. Todas las películas fueron proyectadas en 35mm y cuidadosamente presentadas por su curador Olaf Möller. Me hubiera gustado verlas todas. Espero que se repita en Buenos Aires pronto.

Un reencuentro

La retrospectiva de Max Ophüls este año en la Sala Leopoldo Lugones. Me hizo muy feliz.

Una experiencia en el cine

Roi Soleil (Albert Serra).

Un Texto

Los diarios de Raúl Ruiz. (Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas).

Un fotograma

Corps à coeur (1970), Paul Vecchiali.


Nicolás Zukerfeld (Cineasta y crítico en Revista de Cine)

Una película

Classical Period (Ted Fendt)
Porque es la película más radicalmente moderada, o moderadamente radical que vi en mucho tiempo.

Una canción

Love itself de Leonard Cohen en L.Cohen (James Benning):

Road to nowhere de Talking Heads en Transit (C. Petzold)

Elegí dos en este caso porque ambas contienen dos elementos que me resultan fundamentales: el amor y el humor. En el caso de Transit, la canción de Talking Heads parece ser una coda, un epílogo en sí mismo, de la película de Petzold. Hay allí un gesto humorístico de distancia y, a diferencia del cinismo de Lars Von Trier con «Young Americans» al final de Dogville, Petzold es irónico y en consecuencia exponencialmente más crítico. Incluso, además de adaptar la novela de Anna Seghers, parece haber adaptado Road to nowhere cuando Byrne canta «Hay una ciudad en mi cabeza, venite a dar una vuelta»

En el caso de la película de Benning, recuerdo a él mismo durante el último BAFICI, contar que la aparición del tema (y en consecuencia el título de su película) aparecieron más bien por azar, como el encuentro de dos fenómenos (¿meteorológicos?): Benning quería filmar las particularidades de un eclipse solar en Oregon y Leonard Cohen había muerto durante esos días. De vuelta a su casa, después de haber rodado uno de los planos más bellos en la historia del cine, Benning escucha en la radio Love itself y decide incorporarlo a su película. Entero, de principio a fin. Aquí, la música, como el amor mismo, irrumpen. Y, parafraseando a Cohen, intentaré decir un poco mas: el amor pasa sin detenerse.

Un doble programa

1. Uno de los capítulos de El libro de la imagen se llama La región central.
2. Michael Snow hizo en 1971 solo una película: La región central. Dura tres horas, pero él no quería que la sensación fuera «parece que pasaron treinta minutos», sino «parece que pasaron treinta mil años». El libro de la imagen parece contener en una hora y media, esos treinta mil años.
3. En 1971 Godard filma junto Jean-Pierre Gorin y El grupo Dziga Vertov dos películas: Luchas en italia y Vladimir y Rosa. También una publicidad de crema de afeitar.
4. Godard, más a o menos a partir se este momento, deja de escribir guiones de manera convencional y empieza a hacer gráficos (Fig. 1) como los que hacía Dziga Vertov en los 20’s (Fig. 2) o Michael Snow en 1971 (Fig. 3)
5. Godard y Snow están vivos y siempre trabajaron por y para la liberación.

Un descubrimiento

Anne Biller con The Love witch, Carla Simon con Estiu 1993, Berlín Eckshonhauser (G. Klein), Boss baby (T. McGrath), Kong: skull island (J. Vogt-Roberts)

Un reencuentro

Divido este grupo en dos. Tristezas: aquellas películas que al volver a verlas me trajeron pequeñas o grandes decepciones. Alegrías: aquellas películas que al volver a verlas que me trajeron, como su nombre lo indica, alegrías y emociones positivas, de esas que sirven para sobrellevar nuestras vidas como muertos vivientes.

Tristezas: Barcelona (Whit Stillman), Lost Highway (David Lynch) y Alien (Ridley Scott)
Alegrías: I walked with a zombie (Jacques Tourneur), Aliens (James Cameron), Small soldiers (Joe Dante)

Una experiencia en el cine

Todas las películas de Maya Deren en 16mm en el Festival de Mar del Plata.
La mamá y la puta en 35mm presentada por Jean-Pierre Léaud
La flor (Mariano Llinás) en el BAFICI
Que le diable nous emporte (J- C. Brisseau) en 3D en el BAFICI

El ciclo de Y. Ozu en La Lugones.

Una incertidumbre

The Love Witch (A. Biller). Un película que, a diferencia de todo el cine de terror «retro», me resulta muy difícil de agarrar. Lleva a tal extremo el gesto de expropiación de un cierto tipo de estética que termina siendo, más que una película de referencia o cita, un objeto pop o un «détournement» situacionista. Es decir, está más cerca de lo que hace Guy Debord con su auto- adaptación de La sociedad del espectáculo o La dialectique peut-elle casser des briques?, de René Viénet, que a Tarantino o Brian De Palma (cineastas que entre paréntesis me encantan). Parece haber en Biller un borramiento total del lugar del estilo (o de su voluntad) que toca el imposible warholiano: allí donde no hay trazo alguno, es donde el trazo es mas notorio. El estilo aparece por saturación y la política, como un contrabando.

Un texto

Propongo dos textos que, como en la película de Biller o de Godard, se preocupan por los extremos: sus límites, diálogos y tensiones. Ambas críticas son pequeñas guías llenas de ideas para orientarse o perderse en ese libro de la imagen o jungla de asfalto que es el cine, ¿clásico?, ¿moderno?, ¿contemporáneo?

1. En busca de la cinefilia perdida IV (Quintín en A sala llena): http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/
2. La banalidad del bien (Fernando Ganzo, en A sala llena): http://www.asalallena.com.ar/cine/1517-tren-paris-the-1517-to-paris-fernando-ganzo/

Un fotograma

Te quiero tanto que no sé (Lautaro García Candela) porque este fotograma es sólo una fracción de toda la melancolía contenida en esta escena que tiene la particularidad de parecer un final, cuando en realidad es sólo el principio. Terminar una película con melancolía es mucho más fácil que empezarla. Y si hay algo que asume esta película es asumir este tipo de riesgos sin que importe nada más.


Malena Solarz (Cineasta y crítica en Revista de Cine)

Una película

Un trío: Classical period, Ted Fendt / La flor, M. Llinás (y Piel de Lava) / El libro de la imagen, Jean-Luc Godard

El año pasa rápido y siempre pienso lo mismo: por mi tarea de docente leo y veo más películas en proceso que películas terminadas. Eso, admito, genera una especie de deformación profesional un poco difícil, que implica que todas las películas (terminadas, ejercicios, planitos sueltos, etc.) queden en la cabeza como en un limbo un poco confuso. El Festival de Mar del Plata suele ser el mejor momento para ver películas despejada de todo esto, pero aún así hago el esfuerzo de buscar otros momentos de cierta belleza (en el sentido más amplio que pueda pensarse) que me regaló el cine (en el sentido más amplio que pueda pensarse) este año.

Una canción

Otro trío, pero en otro sentido. Justamente en Classical period, de Ted Fendt, hay una escena en la que un personaje interpreta en piano (acompañado por dos cuerdas, formando así un trío), ante la presencia atenta del protagonista, el 4º movimiento del Trío en Do menor de Beethoven. La película muestra un fragmento, y luego la próxima escena es una explicación que el pianista le da al protagonista de las cualidades compositivas de Beethoven, que lo convierten en un autor de transición entre el “período clásico” y el romántico. Estas dos escenas condensan algo de lo extraño y genial que tiene esta película: sencillez (no hay grandes despliegues técnicos con la cámara, el sonido de los instrumentos puede hasta escucharse algo desafinado y a un tempo mucho más lento que el “prestissimo” que dice la partitura) y un virtuosismo acallado, encerrado por esa austeridad (ambas escenas son filmadas de corrido, en 16 mm., en una película que no disponía de la posibilidad de hacer muchísimas tomas por plano). Pareciera como si Ted Fendt fuese de los pocos cineastas contemporáneos que soportan que sus escenas muestren o se traten “solamente” de eso, y en esa seguridad ganan poder.

Mención especial para Canción sobre canción, de Fito Páez, tocada por Franco Guareschi, al final de Te quiero tanto que no sé, del “vida útil” Lautaro García Candela. Después de haber visto varios armados de la película, apareció algo que no había visto ni oído antes, y que ahora asocio directamente, no sólo con Lautaro, sino con el momento de verla.

Un doble programa

Para variar, otro trío.

Transit, de C. Petzold
Alphaville, Jean-Luc Godard
Invasión, Hugo Santiago

Cierto juego con la alegoría, que suele ser tan tentador y peligroso para tantos cineastas, creo que en estos tres casos termina mostrando su mejor cara. En cada caso la extrañeza se construye por lados muy distintos, pero en todas hay algo fantástico/fantasmático y algo anacrónico, que se vuelve político también.

Un descubrimiento

En el BAFICI vi las películas Teo Hernández y me gustó mucho conocerlo. Escribiendo un artículo sobre Van Gogh, de M. Pialat, descubrí un cortometraje homónimo de 1965 que, además de venirme muy bien para el texto, me encantó. Y por último, pude ver hace unos días, en el Festival Novos Cinemas, en Galicia, The world is full of secrets, de Graham Swon; una película que casi propone una mezcla entre Straub/Huillet, Cuentos de la cripta, y los Screen tests de Warhol, con unas actrices adolescentes que parecen disfrutar y divertirse cada segundo que la cámara las toma.

Un reencuentro

También en Novos Cinemas, pude ver una copia en 35 mm. de Los muertos, la última película de John Huston. Es una película que forma parte del programa de una materia que doy hace muchos años en la facultad y, por lo tanto, me la sé de memoria, casi con puntos y comas. Pero verla de nuevo, entera, y con la concentración que una sala de cine permite, me hizo encontrarle cositas por todos lados, e incluso me empujó a que me gustara todo aquello que rechazaba hace años.

Una experiencia en el cine

Además de compartir tres largas jornadas en el Village Caballito con extraños, amigos, comidas e infusiones, viendo La flor, dos más: ver La mamá y la puta, presentada por Léaud en 35 mm. en Mar del Plata, y ver He nacido, pero…, de Ozu, en completo silencio en la Sala Lugones, para descubrir ahí otro genio oculto de la comedia muda.

Una incertidumbre

Como me pasa con las últimas películas de Godard, El libro de la imagen me dejó bastante sin palabras. Se ha escrito y se seguirá escribiendo muchísimo sobre Godard y toda su obra, incluso su último período, pero creo que eso es, en parte, porque todos intentamos poner en palabras algo que no tiene una lógica que el lenguaje verbal pueda aprehender, sino que tiende (y cada vez más) al caos, a la explosión, al dadá.

Un texto

Dejé esta categoría para último momento y ahora, apurada, no llego a releer y elegir una crítica del año. Recuerdo el texto de Lautaro García Candela sobre El ángel que nos dio mucho para hablar y discutir en esas charlas grupales que duran días, y también uno de Lucas Granero sobre el ciclo de Jarman en la Lugones que me parecía un buen cierre a esos días de invierno viendo películas todos los días.
Pero lo que quería nombrar, para festejar el hallazgo, es que hace unos días llegó a mi manos de manera casi azarosa, un libro que publica los diarios de Ozu durante los últimos treinta daños de su vida. Obviamente habla más del clima, de bebidas y comidas que de cine, pero es muy lindo seguirle los pasos durante algunos días de su vida e intentar buscar ahí algo que permita entender su genialidad, aunque sea imposible. Ya que tal vez esta encuesta sea publicada con el comienzo del año, aquí va la primera entrada de su diario, el 1 de Enero de 1933: “El albergue, que se encuentra en la región de Shinano, al pie de las montañas, está cubierto de nieve. Empiezo el año dormitando al calor del kotatsu. El sol ilumina las mamparas de papel. Ruido imperceptible de la fusión de la nieve. Mi espíritu vagabundo. Una larga jornada se despereza. El hervidor tintinea suavemente. ¡Recuerdo las aguas turbulentas y cálidas del río Abe! ¡Qué delicia, este sake del país tomado bien frío!”

Un fotograma

Quería incluir otros de La flor porque, volviendo al comienzo de la encuesta, ésta fue una de las películas que, durante el año, me dejaron imágenes rondando por la cabeza. En este caso, además, algunas de esas imágenes las asocio directamente con el impacto que tuvieron cuando las vi. El fragmento de los aviones haciendo piruetas, filmado por Inés Duacastella, en el episodio que homenaje a Un día de campo de Renoir, fue eso: un momento en el que la simpleza y la proeza (doblemente) se combinaron. (Estoy de viaje y el acceso a las imágenes de ésta y otras películas se me complica bastante, así que recurrí a esta imagen que puso mi amigo Agustín Gagliardi en su Facebook)


Ezequiel Iván Duarte (Crítico)

Una película

Pero no tengo para nada la memoria del cine. Es una cultura que, en mí, no deja rastros. Es registrada virtualmente, no me olvido nada, tengo hasta cuadernos donde anoto para acordarme títulos de películas de las que no recuerdo ninguna imagen. No soy en absoluto un cinéfilo en el sentido clásico del término. Más bien un caso patológico.
JACQUES DERRIDA

Este año descubrí este texto resultado de dos entrevistas realizadas a Jacques Derrida por Antoine De Baecque y Thierry Jousse para Cahiers du cinéma. En un año escasamente cinéfilo para mí, me sentí un tanto reconfortado por él. Ermitaño, salvo en el Festifreak, no recuerdo haber pisado una sala de cine. Desde 2017 me refugio más y más en los libros y menos en las películas. ¡Lo que me cuesta, en mi propia casa, sentarme a ver algunos de los largometrajes que he descargado de Internet! Con los cortometrajes parece irme un poco mejor, y últimamente le estuve entrando a algunos pre-codes de una hora. Este año vi cosas notables como El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi o El Liberado de Martín Farina o Blue de Apichatpong Weerasethakul (acá no vamos a menospreciar al corto: en otra ocasión, cuando esta encuesta la hacía Las Pistas, creo haber votado a World of tomorrow de Don Hertzfeldt como película del año); la maravillosa Lazzaro Felice de Alice Rohrwacher (¿una película sobre la inviabilidad de la bondad profunda, quizás?) y, por supuesto, esa obra esferoidal, profundamente auditiva (en el sentido de McLuhan) que es El otro lado del viento de nuestro vendedor favorito de barritas de pescado. Pero limitar las elecciones a películas efectivamente estrenadas en 2018 sería ignorar que muchos de nosotros recién podemos hacernos de muchos títulos al año siguiente de su estreno. Así que mi voto va a un film de 2017 que recién pude localizar este año, En attendant les barbares de Eugène Green. Y, ya que está, ex aequo con Como Fernando Pessoa salvou Portugal que es rico en gracias.

Mención especial para esto.

Una canción

No vi la película (dicen que no es gran cosa) y no sé cómo está usada la canción, pero “Unmade” de Thom Yorke, para la banda sonora de la remake de Suspiria, es exquisita (recomiendo con fervor todo el soundtrack).

Un doble programa

Lazzaro Felice y Nazarín (Luis Buñuel, 1959). Iba a mencionar la película de Rossellini sobre San Francisco, pero no la recuerdo en absoluto (aunque supongo que también funcionaría). En el film de Buñuel tenemos a un sacerdote que intenta hacer el bien a cada paso pero siempre termina por arruinar las situaciones en las que se involucra. En el de Rohrwacher tenemos a un santo cuya bondad se da de bruces con la crueldad del mundo.

Un descubrimiento

La destrucción del orden vigente de Alejo Franzetti.

Un reencuentro

Me pasó con Safo, historia de una pasión de Carlos Hugo Christensen: la vi este año, creía yo que por primera vez, pero cuando voy a IMDb me doy cuenta de que ya la había visto (y que me había resultado menos interesante aquella primera vez). Lo curioso y atroz es que, mientras la veía por (insospechada) segunda vez, en ningún momento siquiera me pasó por la cabeza una sensación de dèja-vu o algo parecido. Fue realmente como haberla visto por primera vez.

Una experiencia en el cine

Al final de El silencio es un cuerpo que cae en el cine Select, durante el Festifreak, sentado en una silla al fondo, junto a una columna, con la vista borrosa por las lágrimas.

Una incertidumbre

Uy, sí, la vi hace poquito (y parece ser bastante desconocida aún): Cuentos de chacales de Martín Farina. Estoy seguro de que me gustó, pero me dejó así.

Ya había visto el extraordinario corto El Liberado en el Festifreak y luego vi la que hizo con Marco Berger, Taekwondo (que es excelente: la composición de los planos, donde Farina se mimetiza con el estilo de Berger, el manejo de la tensión, la construcción de las masculinidades y hasta esa escenita muy ‘meta’ donde salen ellos dos). Pero chacales es algo muy diferente, híbrido, godardiano, fragmentario, hermético.

Un texto

No es chupada de medias, pero la verdad que no leí mucha crítica este año y el único texto que recuerdo con placer es este de Lautaro García Candela.

Un fotograma

Blue – Apichatpong Weerasethakul


Iván Moscovich (Cineasta y crítico)

Siento que esta vez, a diferencia de otros años, llego más preparado para esta encuesta. Creo haber visto más y mejores películas que en otras ocasiones. A la vez, el cine tiene una particularidad esencial para este tipo de evaluaciones: las películas suelen mirarse una sola vez, en especial aquellas que se proyectan durante los festivales (ni tampoco se puede volver atrás, detenerse, o releer). Algunas que nombraré a continuación escapan de esta lógica y están actualmente (al menos mientras escribo esto) disponibles en streaming – un dato que no me parece menor, y que quizás pueda pensarse como una tendencia en alza hacia la década que se viene. Quizás entonces hacer estas listas sea un poco más justo. De momento apelo a la memoria, a las primeras impresiones, a las discusiones de sobremesa y las anotaciones en celulares y cuadernos.

Una película

1) Classical Period, Ted Fendt
2) I Do Not Care If We Go Down In History As Barbarians, Radu Jade
3) Le Livre d’Image, Jean Luc Godard
4) Season of the Devil, Lav Diaz
5) The Other Side Of The Wind, Orson Welles

Una canción

Yo soy el fuego, que acecha, que volverá pronto cenizas tu alma condenada, soy la flecha directo hacia tu corazón, la flecha envenenada, soy tu amenaza, soy tu tortura… y voy buscándote en silencio por la noche oscura; la locura. Soy la mecha. La bomba a punto de explotar y que ya no se apaga. Soy la daga. Y si me sacas de tu pecho no va a quedar nada.

Un doble programa

Pensé en Procès de Jeanne d’Arc de Bresson mientras miraba The Trial de Loznitsa. No sólo porque ambas se desarrollen durante un juicio, sino por la meticulosidad de su procedimiento, la precisión en la adaptación de los textos, y la tensión un proceso jurídico y la verdad histórica.

Un descubrimiento

Descubrí que Sissy Spacek actua en algunas de las mejores películas de los 70s, como Badlands (1973), Carrie (1976), y 3 Women (1977). Y por si algo le faltaba para ganarse mi cariño, actuó recientemente en un videoclip de LCD Soundsystem: fue la mujer de mi año.

Un reencuentro

En Mar del Plata vi Mala Sangre (1986) de Leos Carax. A los 5 minutos me doy cuenta que ya la había visto y que la había olvidado: enseguida entendí por qué.

Una experiencia

En la escena más emotiva de Te quiero tanto que no sé, un joven irrumpe una fiesta tocando una guitarra y toca Confesiones de Invierno. Irremediablemente, me pongo a cantarla, en susurros por supuesto. No quiero molestar a nadie. Pero luego me parece escuchar al de al lado, y también a una persona sentada atrás, cantándola. Alzo un poquito la voz: pronuncio la melodía más claramente. Lo mismo hace el resto. De pronto, toda la sala estaba cantando Sui Generis. Y alguna lagrima se nos piantó a más de uno (pude verificarlo al final de la función).

Una incertidumbre

La Flor

Un texto

Un texto que sí: “La locura Einsestein”, de Jacques Ranciere. Polemiquísimo pero apasionante. Puede bajarse acá: https://es.scribd.com/document/75165615/Ranciere-Jacques-La-fabula-cinematografica-2001-ed-Paidos-2005

Un texto que no: “Con la reverencia a otra parte”, de Javier Porta Fouz. Está acá: https://www.lanacion.com.ar/2192128-con-la-reverencia-a-otra-parte

Un fotograma


Juan Villegas (Cineasta y crítico)

Una película

Paddington 2

Una canción

«Cuando vos estás» en Las Vegas.

https://youtu.be/cfeHxWQPqsw

Un doble programa

Cetáceos & Silvia Prieto

Un descubrimiento

Robert Smigel, el director de The Week Of.

Un reencuentro

Pulp Fiction. La tenía en mi memoria como una obra maestra. Me decepcionó bastante.

Una experiencia en el cine

Fui poco al cine este año. Mal.

Un texto

https://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/

Un fotograma

Una ciudad de Provincia, de Rodrigo Moreno


Alejandro Tevez (Cinéfilo y crítico)

Una película

El 2018 fue un año para enojarse. Motivos hay millones y siguen apareciendo a cada minuto. Bronca o tristeza o todo junto. Uno de los últimos motivos de mis enojos, quizás de los más superficiales o menores ante tanta mala noticia, fue con aquellos que se cansan de repetir que fue un año malo para el cine. ¿Qué ve esa gente? Toda esta encuesta anual supongo que servirá para tirar abajo su enunciado.

Mi película favorita del año fue Transit de Christian Petzold, estrenada en el BAFICI, con aparición por ahí en la nube y todavía presencia en algunos y pocos cines argentinos. El sorprendente choque entre pasado/presente y la crítica social que contiene atrás ese juego formal lo relaciona con otra de las grandes obras de este año como es Lazzaro Felice de Alice Rohrwarcher.

Una canción

La primera opción era elegir cualquier canción que haya compuesto Igorrr para la maravilla de Jeannete pero, vaya a saber uno por qué, no se pueden conseguir ninguna de las canciones en toda la web. ¿Qué les costaba subirlas a Spotify? Bueno, también pensé en incluir esa versión de La Casa del Sol Naciente de Palito Ortega que suena en la mejor escena de El Angel pero, no sé, pasaron cosas.

Finalmente, opté por una canción que aparece en una de las películas más sorpresivas -y por qué no sorprendentes- que vi en el año: mientras la niña de Cómprame un revolver del mexicano Julio Hernández Cordon escapa de una fiesta narco que terminó en masacre se escucha la hermosa Golden Hair de Syd Barrett.

Un doble programa

Una excusa para mezclar el doble programa con dos grandes experiencias en cine como lo fueron estos dos musicales extraordinarios: Jeannette de Bruno Dumont (2017, pero estrenada este año tanto en BAFICI como en la Sala Lugones) y Golden Eighties de Chantal Akerman (1986 y uno de los lujos de Mar del Plata). Dos películas libres, muy libres, donde los directores manejan con virtuosismo el juego que proponen entre la sátira, las canciones y la historia que quieren contar.

Un descubrimiento

Gracias al supuesto lujo por los estrenos mundiales o del deleite por la presencia de las películas que vienen con grandes críticas, los festivales cada vez se alejan más de su tarea de ser formadores para los cinéfilos que buscan cinematografías ocultas a través de las retrospectivas.

Por suerte, Mar del Plata, a pesar de todos los recortes, hizo caso omiso a la desesperación por la novedad y programó dos secciones históricas que resultaban imperdibles: Wolfgang Staudte, considerado el maestro del cine alemán de posguerra del cual no vi ninguna de sus películas pero muchos se mostraron fascinados, y Maya Deren, a la cual conocí este año y quedé maravillado.

Maya Deren debe ser el mayor descubrimiento que tuve en años. Mi novia conocía sus cortos y por eso terminamos en el Colón de Mar del Plata -hagan algo con esos asientos que todo aquel que mide más de 1,60 la pasa horrible-. Su cine experimental y fantástico, en ambas acepciones, jamás pierde la sensibilidad y la belleza aunque filme a un hombre haciendo meditación/artes marciales durante casi 15 minutos o haga una maravilla como Meshes of Afternoon

La posibilidad de ver sus cortos en pantalla grande ¡y en 16mm! fue una experiencia única y dejó la sensación que con retrospectivas así, el rol de un festival está más que cumplido.

Un reencuentro

No entendí del todo si el reencuentro tenía que ser positivo o negativo. La revisión ha hecho estragos con la apreciación que tenía con obras que yo creaba intachables. Hola, Fight Club. Entonces, usé este punto para hablar de una película que no veía hace mucho, no la recordaba tan graciosa y que todo el contexto provocó un re-enamoramiento impensado.

La visita de Jean-Pierre Leaud fue una de las más importantes que recuerde en los festivales modernos. Veamos, el mejor actor de la historia frente tuyo y presentando las películas que amamos toda la vida. Una de ellas fue Besos robados de Truffaut, la continuación de Los 400 golpes y Antoine y Colette y donde Leaud encarna a un Doinel entrando casi a la adultez. La recordaba como una obra menor del director francés pero el timing cómico y el revisionismo cinematográfico que hace Truffaut a través de gags cambió totalmente mi valoración hacia la obra.

Una experiencia en el cine

Con el correr de todas estas consignas, noté que las experiencias más recordables fueron durante festivales y lo aburrido que fue el año de los estrenos más comerciales.

Experiencia inolvidable en el cine debe tomarse como sinónimo de John Waters presentando alguna de sus películas. Waters debe haber sido el invitado perfecto para el BAFICI: dio shows de stand up antes de sus obras -que dieron casi todas-, se mostró predispuesto todo el tiempo, se sacó fotos con todo aquel que le pidió, armó una firma de libros, dio dos charlas divertidísimas y contó mil anécdotas de su vida como cineasta, cinéfilo y artista.

Si tengo que elegir una, me quedo con la presentación que hizo previa a Pink Flamingos donde preguntó “What’s wrong with you, people?” a un Gaumont repleto en una medianoche mágica. Aun así nos quedamos con las ganas de un encuentro en vivo con Isabel Sarli pero Waters fue una experiencia única en sí.

Una incertidumbre

No sé qué pensar sobre Quién te cantará de Carlos Vermut. Una parte de mi la odió en su momento pero, ahora, pensándola, tiene escenas que me fascinaron. Tampoco sé si son suficientes para decir que es una buena película pero tampoco recuerdo cuáles eran los motivos para odiarla. No sé. Las escenas musicales siguen en mi cabeza pero, esperen, ya recordé, detesté todo el tramo final de la película y, sobre todo, la última escena. Innecesaria, obvia. Bueno, ahora no sé si entra en incertidumbre. No sé. Seguiré cantando Procura olvidarte por un rato y veré.

Un texto

Los textos que más me gustaron no se encuentran online y quizás esa sea la magia de Revista de Cine -sin dudas hubiese elegido el texto de Sarlo sobre Hong Sang-soo o la de Nicolás Zukerfeld sobre el cine y la historia-.

Pero, como esto es colectivo y la idea es compartir textos acá van una serie de artículos.

-Voy a elegir de La Vida Util porque, bueno, me parece un medio con una independencia única, no económica ni política sino con la agenda. Dos textos que releí un par de veces este año fueron dos crónicas de festivales: este de Lucas Granero durante el BAFICI con una gran descripción del cine de James Benning y la última crónica de García Candela en Mar del Plata. Dejé los textos de Ramiro Sonzini sobre Ford para las vacaciones.
-Ya fue comentado el nivel que muestra Roger Koza cuando está en Cannes. Como dijeron en la encuesta del año pasado, mientras está en el dicho festival el crítico cordobés está en estado de gracia. Este año no fue la excepción y escribió esta crónica maravillosa sobre “la última de Godard y la invención del color en la era digital” .

Un fotograma

El final de Wildlife de Paul Dano con este plano, compuesto por el protagonista de la película, me destrozó un poco por dentro.

Hubiese elegido cualquiera de El Silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi pero debería ser reconocimiento para el padre, quién además de filmar este fotograma es la razón de ser de este documental, una de las mejores películas argentinas del año.


Agustín Lostra (Crítico en Revista Pulsión)

Una película

Familia Sumergida

Una canción

Avenida Rivadavia de Manal (soundtrack divino para esta época espiriturera)

https://youtu.be/4eL1UkjDlfM

Un doble programa

El Ángel de Luis Ortega + Soñar, soñar de Leonardo Favio

Una experiencia en el cine

Yojimbo de Kurosawa. Eterno agradecimiento al ciclo de Videoteca Aquilea por la zambullida en esa peliculaza en pantalla grande.

Un reencuentro

Redescubrí a Gustavo Fontán. Sol en un patio vacío, de su trilogía del lago helado, me conmovió.

Un descubrimiento

La proyección de la copia digitalizada y acondicionada de La hora de los hornos: Neocolonialismo y violencia en el Cine Select durante el último FESAALP.

Un texto

La delgada línea invisible: Zama y Lucrecia Martel por Pablo Ponzinibbio en la Pulsión N9 ‘Rozar lo real’.

Un fotograma

Sintético plano de Calle 52 de Pablo Ceccarelli.


Sofía Marramá (Cinéfila, directora de arte)

Una película

La Flor (Mariano Llinás – 2018).

Una canción
Sobre el final de 4 Corazones (Manuel Mozos -2008) suena Hot Shot, temazo de la banda belga Vive la Fete. Recomiendo mucho musicalizar desarmes de rodajes con ese tema y disco.

Agrego link de descarga
http://www.mediafire.com/file/j1a1zwty9mn/vive_la_fete_-grand_prix.rar/file

Un doble programa

Armo dos dobles programas:

1. El capítulo La Araña de La Flor (Mariano Llinás – 2018) pega con El otro lado del viento (Orson Welles – 2018).  Me pregunto si El otro lado del viento es efectivamente de Welles y si su fecha de estreno corresponde al 2018. (Hay mucho de Welles en Llinás…)

2. Julia y el zorro (Inés Barrionuevo – 2018) pega muy bien con Jeanne Dielman, 23 Quai Du Commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman – 1976)

Un descubrimiento

Descubrí al Señor Krzysztof Zanussi, lejos el director que más disfruté éste año.

Un reencuentro

¡Orson Welles! ¡Orson Welles!

Una experiencia en el cine

Fue muy emocionante ver la recreación de Llinás de Une partie de campagne en La Flor Parte 3 en el Bafici. Sentada al lado mio estaba Mia Leonardi, la actriz que interpreta a la joven enamoradiza del corto episodio, las dos llorábamos de alegría por tanta belleza.

Una incertidumbre

Teatro de guerra (Lola Arias – 2018). Sinceramente todavía no sé que pienso de esa pelicula.

Un texto

Teniendo en cuenta que prácticamente no leo crítica de cine, y aprovechando de la laxitud que dicen tener, me parece simpático dedicarles (a los críticos de LVU) un fragmento del capítulo II del libro «Spinoza, Poema del Pensamiento» escrito por Henri Meschonnic. El capitulo se llama Regla de vida, regla de lenguaje. La crítica como libertad:

«Los que solo tienen como tarea sorprender a Spinoza en contradicción consigo mismo han propuesto que, queriendo separar filosofía y teología, debía, para el Tratado teológico-político, dejar «entre paréntesis su propia filosofía»…
El Tratado teológico-político es un libro de combate, no de polémica. Como se puede ver, la confusión entre crítica y polémica es muy antigua. Tan antigua como interesante. La polémica es del orden de la retórica y de la sofística. La crítica es un ejercicio de reconocimiento de las estrategias, y de denuncia de los efectos de poder. En este sentido, es lo contrario mismo de la polémica, que es una maniobra para tener poder. Es la crítica, y no la polémica, la que es filóloga, en el sentido de Sócrates. Ambas son batalladoras, pero ni los medios ni los fines son los mismos. La polémica trabaja para adormecer el espíritu crítico, y así vencer al otro. La crítica como facultad de despertar, trabaja para encontrar el sentido, trabaja la inteligibilidad, y la historicidad de esta inteligibilidad. La ética no es la misma. La política tampoco.»

Un fotograma

El fotograma es de El Extraño (Orson Welles – 1946)


Florencia Romano (Cineasta y docente)

Mejor Película 

Terra Franca (Leonor Teles)

Una canción en una película

“Lo mejor del amor” – Rodrigo  (El potro – Lorena Muñoz)

Dos versiones en vivo a través del tiempo:

1.

https://youtu.be/AY6mqk646Ds

2.

Un doble programa

“La verdadera condición del hombre: pensar con las manos”
El libro de la imagen (Godard)

“Los ojos y las manos de los primeros pintores, de los primeros grabadores, eran tan diestros como los de los que vinieron después (…) Y ese es el misterio, ¿no?”
Los pintores de la cueva de Chauvet (John Berger –texto-), link: https://cuevadechauvet.wordpress.com/

La película de Godard está escrita como un texto de Berger. En este caso además, los dos hablan de lo mismo: para los dos, la humanidad aparece a través de la imágenes. Berger narra el comienzo del libro de la imagen, Godard cuenta sus capítulos finales.

Un descubrimiento

Elsa la rose (Agnès Varda)

Varda retrata a Louis Aragon quien retrata, a la vez, a su esposa Elsa Triolet. Nunca había visto este cortometraje ni sabía que existía. El retrato debería ser un género cinematográfico (como lo es en la pintura) y Varda debería liderarlo. Lo increíble para mí en esta película es que se trata de la mirada de la Nouvelle Vague hacia de una generación francesa anterior; pero sobre todo, el montaje, que logra con mucha destreza concatenar los planos de la misma forma en que Louis Aragon ordena las palabras de sus poemas

Link para ver: https://vimeo.com/308027381/9ffb5b4a40

Un reencuentro

El fondo del aire es rojo (Chris Marker) ft. En el intenso ahora (João Moreira Salles) / Realismo capitalista (Mark Fisher)

Viéndola de nuevo este año, creo que El fondo del aire es rojo habla directamente con nuestra contemporaneidad. Si se la compara con En el intenso ahora (no se puede no hacerlo, no sólo fueron programadas en el mismo ciclo, también trabajan en gran parte con el mismo material de archivo), se puede ver cómo la de Salles refleja la lógica del capitalismo actual, cuya mejor estrategia es hacernos pensar que no hay otra alternativa a él (M. Fisher). Marker en cambio, aún haciendo una autocrítica a su propia época, responde con otra actitud, más esperanzadora, por la que lucha Fisher en su texto. El reencuentro con la película de Marker, en pensamiento con los otros dos textos, significó el reencuentro con una actitud de resistencia en un plano político contemporáneo bastante oscuro.

Una experiencia en el cine

Easy Rider (James Benning)

La vi este año cuando la dieron en el Centro Cultural Recoleta y en la parte del río (un plano del agua de un río que corre, muy largo, no sé cuánto dura) entré en une estado de hipnosis medio inexplicable (que sucede con casi todas sus películas): estás en la película y a la vez no estás. Quizás podría ir también en incertidumbre pero va acá porque Benning transmite la experiencia del tiempo como ningún otro cineasta. Y después de la proyección habla sobre lo que filma, por qué lo filma, cómo piensa, qué recuerda, esa vez que conoció a…. y esa es también otra experiencia ♡.

Una incertidumbre

Back and forth (Tomás Rautenstrauch)

Creo que es el mejor cortometraje que vi en mi vida pero todavía no entiendo bien por qué. Existe de casualidad (el director lo descartó, reencontró una de las tomas tiempo después y decidió montarlo). Además es una remake de Back and forth (Michael Snow). Está filmado en super8, en tres planos en los que se pone una regla formal bastante estricta para la puesta en escena (el movimiento de cámara, que es lo que toma de la película de Snow). Al final, la película termina logrando algo que bien podría pertenecer al género fantástico del cine argentino, si es que eso existe. Es una película que festejo haber podido ver en un cine.

Un texto

La pregunta es: ¿cuál es la relevancia del rock argentino? – Lea Uría García y Pablo Schanton: https://www.revistaotraparte.com/discusion/la-pregunta-es-cual-es-la-relevancia-del-rock-argentino-en-2018/

Creo que no sólo es un texto sobre rock, sino un texto sobre el 2018.

Un fotograma

The night I swam (Kohei Igarashi, Damien Manivel), lo mejor del Bafici (y hace otro doble programa con Ladrones de Bicicletas).


Verónica Balduzzi (Cineasta)

Una película

Amantes por un día (L’amant d’un jour) de Philippe Garrel. Esta película define mi política del último tiempo en relación al hacer-películas: fácil de hacer (en el sentido de producir) y mucho sentimiento.

Una canción

Más allá del cariño personal que le tengo a esta película, los momentos musicales del año son de Te quiero tanto que no sé de Lautaro García Candela. Me cuesta elegir entre las interpretaciones musicales (me saltaron lágrimas durante muchas, llegando a cantar en voz alta “Confesiones de invierno” en plena sala de cine), pero siendo justa con la cantidad de veces que me vi tarareando esta canción durante el año, elijo la rotonda:

https://www.youtube.com/watch?v=srpZgUHMYZo

Un doble programa

Transit (Christian Petzold, 2018) / Letter from an unknown woman (Max Ophüls, 1948)

Un descubrimiento

Durante la Bienal de la Imagen Movimiento conocí las películas y los escritos de Érik Bullot. Su trabajo gira entorno a la idea de “salir del cine” y luego al “cine performativo”. De estas “películas-conferencias”, recomiendo su Tratado de óptica (Traité d’optique, 2017).

Un reencuentro

Con motivo de su visita a Buenos Aires (con seminario y retrospectiva correspondientes), me puse a revisar las películas de James Benning. Aunque recordaba las fachadas, los cielos y los cigarrillos, esta vez me encontré con algo más: todo está disponible, solo hace falta dedicarle el tiempo suficiente.

Una experiencia en el cine

Your face de Tsai Ming-liang. La vi en el Festival de Mar del Plata, temprano, por la mañana, y recomiendo verla enorme, en sala de cine.

Una incertidumbre

Las hijas del fuego de Albertina Carri. Me parece una película que no le cabe pensarla como buena o mala. Simplemente creo que es necesaria, y haberla visto en el contexto de una sala de cine me pareció muy especial. Puede que haga alarde en su provocación, sí. Y que haya incomodado (ofendido, fui testigo) a muchas personas, también. Pero por esto mismo la celebro, y sobre todo durante este año tan importante para la visibilización de las luchas de género.

Un texto

Durante la residencia de la Bienal de la Imagen Movimiento tomamos como punto de partida un texto de 1970 para pensar nuestras condiciones y responsabilidades del presente en tanto artistas/cineastas. Se trata del manifiesto de Jean-Luc Godard: Que faire? (¿Qué hacer?). En este año de rebrote fascista (de Brasil a Salta, son solo algunos ejemplos), este texto (y las reuniones y conversaciones que tuve con mis compañerxs residentes durante una semana hermosa) fue como una bocanada. Son 39 puntos de los cuales:

  1. Hay que hacer cine político.
  2. Hay que hacer cine políticamente.

Texto completo y traducido acá. (https://www.scribd.com/document/396245696/Que-hacer)

Un fotograma

The most beautiful country in the world (Zelimir Zilnik). Fotograma de una tragi-comedia, Zilnik siempre dando en el clavo.


Carlos Rentería (Programador en LimaIndie)

Una película

Le livre d’image.

Una canción y un fotograma

Es en una escena en Burning, de Lee Chang-dong. La película en realidad no me termina de cerrar pero tiene una enorme secuencia en la que Lee Jong-su recibe a Ben y Shin en su casa. Están cerca de la frontera con Corea del Norte. La película siempre se plantea desde el paradigma tan coreano de la opresión de clases y es un momento de obvio contraste cultural. Si mal no recuerdo Ben pone música en el auto (quizá es extradiegética, ya me corregirán) y Shin baila de cara al atardecer. Por un momento se ve el «afuera». Fue tan notable que saqué la pobre foto que adjunto. Algún día sabré qué canción sonaba.

Un doble programa

The Grand Bizarrre de Jodie Mack y Film Gaudí de Claudio Caldini.

Un descubrimiento

Mencionaré aquí el enorme el ciclo, de Max Ophüls en la Lugones.

Un reencuentro

La proyección en Mar del plata de La maman et la putain presentada por Jean-Pierre Léaud. Copia en 35mm, un muy generoso Léaud hablando de su trabajo con Eustache… mucha emoción.

Una experiencia en el cine

A Land Imagined de Yeo Siew Hua.


Dante de Luca (Cineasta)

Una pelícua (aparte de Le Livre d’Image de Jean-Luc Godard)

Vi películas que quizás me parecieron muy productivas (Nervous translation de Shireen Seno) o complejas (Esto no es un golpe de Sergio Wolf) o hasta hermosas de un modo inesperado (Classical period de Ted Fendt, que no pude ver en festival de Mar del Plata, pero vi en mi casa) pero ver L. Cohen de James Benning en el cine se convirtió muy despacio en la experiencia más emocionante que viví en una sala, más allá de que me hizo repensar toda la obra de Benning en clave poética, que ya es bastante.

Una canción (aparte de la irrupción de Leonard Cohen en un pedacito de campo, bajo un eclipse, que está entre los usos más hermosos de una canción en la historia del cine)

La música de la banda ficticia The Futures al principio y al final de Nervous translation. No encuentro por ningún lado videos o pistas de la canción (quizás porque se trata de una banda ficticia), así que tendré que esperar algún estreno improbable para escucharla de nuevo.

Un doble programa

The green fog de Guy Maddin y Vértigo de Hitchcock. Más allá de que la relación es obvia (la primera propone una versión de la segunda) sería interesante ver las dos de corrido para realizar plenamente el experimento.

Un descubrimiento

Todo me pareció un descubrimiento con Teo Hernández: el hecho de que no fuera más conocido, la velocidad sostenida de Lacrima Christi, el que esa velocidad resultara de un trabajo de edición analógica inimaginable, que una ciudad cabe en una copa, etc.

Un reencuentro en el desencuentro con Lynch

Lo tenía muy mal visto, y si bien comprobé que era un prejuicio, no fue por su obra considerada como tal. Gustarme, diría que ahora me gustan Mullholand Drive y partes de Lost Highway, y no mucho más. Blue velvet que, hasta este año, era la que más me gustaba, me pareció horrible cuando la vi de nuevo. Pero Twin Peaks me sacó de un aprieto: no necesito pensar a Lynch como el último gran director norteamericano para pensar que Twin Peaks es última gran película norteamericana. Mucho menos dudar sobre si merece el título por tratarse de una “serie”. La tercera temporada me pareció tan hermosa que mi juicio sobre cualquier otra cuestión en torno a Lynch quedó relegado a un terreno insignificante.

Una experiencia en el cine

Jueves de cine. Bueno, no es exactamente una experiencia en el cine; más bien, es una experiencia del cine, hecha de las reuniones semanales de un taller que hacemos con amigos, de muchas proyecciones caseras y unas pocas en festivales, y sobre todo de charlas (y más proyecciones) en reuniones o fiestas chicas donde el cine aparece porque, en el fondo, no tenemos nada mejor que hacer.

Una incertidumbre

Para ser justo, diría que, si considero únicamente lo que hay de experiencia en ir al cine, es difícil pensar en otra película que La Flor. La Flor te somete a la experiencia. Te da la experiencia aún si querías ir ver una película y nada más. Yo había visto la primera parte de La flor en el Festifreak del 2016. No me había gustado. Para nada. Fui a ver la segunda parte directamente, más por un afán de completar que por verdaderas ganas de verla. La primera mitad me sorprendió para bien, pero fue de a poco. La segunda parte de la tercera parte, me pareció buenísima desde el primer minuto.

La incertidumbre persiste, sin embargo, sobre la ¿elección? de volver progresiva la calidad de la película como si hubiera bastado un botón para hacerlo. Voy a esperar algún reestreno para ver la primera parte de nuevo, y así comprobar si el rango va, efectivamente, de 1 a 10. Pero entonces, el promedio, la sensación general ¿sería un 5? ¿si viera las tres partes al revés, mi juicio, ahora muy satisfactorio, sería también el inverso? ¿Fue todo, aunque no importe realmente, a propósito?

Un texto

Confieso que no leí muchos textos sobre cine publicados este año, pero sí empecé a seguir a un crítico, Michael Sicinski, por la sola cantidad de películas y reseñas y ensayos que publica cada año en diferentes revistas digitales y otros sitios. Me gusta leer las crónicas de festivales e imaginarme un poco como serán esas películas que no consigo ni por internet. Esta me pareció especialmente intrigante: https://mubi.com/notebook/posts/toronto-wavelengths-preview-we-do-not-care-if-we-go-down-in-history-as-contrarians

Un fotograma


Paola Buontempo (Programadora Festival de Mar del Plata)

Una película
Lazzaro Felice (Alice Rochwacher)
Su estreno en Netflix fue una daga en el corazón para los entusiastas de los festivales y los nostálgicos de la sala oscura. El buen consuelo es que todos están a tiempo de ver (y volver a ver) esta belleza arrebatadora.

Una canción
Wuthering Heights de Kate Bush en Casanovagen (Luise Donschen):

https://www.youtube.com/watch?v=BW3gKKiTvjs

Un doble programa
Alineación de planetas (una se estrenaba, la otra se restauraba), comunión espontánea en el MDQFF: Funeral parade of roses (Toshio Matsumoto) y Lembro mais dos corvos (Gustavo Vinagre)

Un descubrimiento
Citta Giardino (Marco Piccareda), los cortometrajes de Marjorie Keller y Malena Szlam.

Un reencuentro
O fantasma (Joao Pedro Rodríguez), proyección en 35 mm en la Semana del Cine Portugués. Ese chico animal es indeleble.

Una experiencia en el cine
La Flor (Mariano Llinás) en la Lugones. El ideal de comunidad cinéfila y el cine como experiencia compartida.

Una incertidumbre
Happy Lamento (Alexander Kluge)

Un texto
‘La imagen, el hecho, la acción y lo que queda por hacer’, de Nicole Brenez editado en un fanzine por la BIM (Bienal de la imagen en movimiento) uno de los eventos más estimulantes (y atentos a la coyuntura) que suceden en Buenos Aires. Regalo navideño: https://es.scribd.com/document/393897605/BRENEZ-Nicole-La-Imagen-El-Hecho-La-Accion-y-Lo-Que-Queda-Por-Hacer

Un fotograma
Mi año de consumo doméstico se acopia en la carpeta del VLC: stills icónicos, subtítulos ocurrentes o imágenes imperceptibles, difícilmente recordables, robadas al tiempo del parpadeo con un alt+cmd+S,. Huérfanas, esperan un posteo o el llamado de La vida útil. Aquí van tres de Interchange (Brian M. Cassidy y Melanie Shatzky), elogio a la luz, a la vida suburbana, tributo a las fotografías de Lorca DiCorcia y William Eggleston.


Marcos Migliavacca (Programador en Festifreak)

Una película

Lazzaro Felice (Alice Rohrwacher, 2018)

Mención especial:

Sophia Antipolis (Virgil Vernier, 2018)

Una canción

Thunder Road de Bruce Springsteen en Thunder Road (Jim Cummings, 2018).

Una canción que da nombre a la ópera prima de Jim Cummings, se baila en la genial secuencia inicial del funeral, está presente en los diálogos, pero que no suena en ningún momento en el film. Dos años antes de este largo, Cummings hizo el cortometraje homónimo. Éste tenía similar comienzo, pero en el funeral sí sonaba el tema de Springsteen. Acá se puede ver el cortometraje Thunder Road (Jim Cummings, 2016): https://vimeo.com/channels/1272597/174957219

Comparando las dos versiones de esa escena, la omisión de la canción en el largo es un acierto.

My Rifle, My Pony and Me – Soundtrack Río Bravo (Howard Hawks, 1959) cantada en el final de Playing Men (Matjaz Ivanisin, 2017)

Kate Bush – Wuthering Heights en la última escena de Casanovagen (Luise Donschen, 2018)

Un doble programa

Relaxer (Joel Potrykus, 2018) – Scanners (David Cronenberg, 1981)

John McEnroe: In the Realm of Perfection (Julien Faraut, 2018) – Zidane: A 21st Century Portrait (Douglas Gordon – Philippe Parreno, 2006)

Under the silver lake (David Robert Mitchell, 2018) – Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Un descubrimiento

Algunos cortometrajes internacionales programados en el 14º FestiFreak, que encontré o me recomendaron, y que me sorprendieron particularmente:

Monelle (Diego Marcon, 2017)

Tourneur (Yalda Afsah, 2018)

Una Luna de hierro (Francisco Rodríguez Teare, 2018)

Midnight confession (Maxwell McCabe-Lokos, 2017)

Radio Voorwaarts (Mateo Vega, 2018)

Un reencuentro

Walkabout (Nicolas Roeg, 1971)

Meeks Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)

El pájaro de las plumas de cristalL’uccello dalle piume di cristallo (Darío Argento, 1970)

En los tres casos superaron el recuerdo que tenía. El diseño sonoro de las primeras secuencias de Walkabout es tan inhabitual como notable. Meeks Cutoff pasó a ser la película que más vi y admiré este año. El pájaro de las plumas de cristal está a la altura de Suspiria.

Una experiencia en el cine

Como programador:

El estreno argentino de Rojo (Benjamín Naishtat, 2018) en el14º FestiFreak. Película de clausura del festival con sala desbordada de espectadores, la presencia del director y larga charla al final de la función con un público muy movilizado por lo que acababan de ver. La mejor forma de terminar con una sonrisa un festival.

Como espectador:

The Rider (Chloé Zhao, 2017) en BAFICI. La directora no estaba presente, ni la sala llena, tampoco era de los films señalados para ver. La función no tuvo ninguna particularidad llamativa, salvo que fue una experiencia individual sobredeterminante, de las que pocas veces me sucedieron en sala este año.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image (Jean-Luc Godard, 2018). Más allá de sus previsibles grandilocuencias discursivas, este nuevo artefacto de Godard es un ejercicio de incertidumbre, que desacomoda categorías perceptivas inertes y nos obliga a repensar los modos de ver, pensar y escuchar la imagen del pasado-presente-futuro.

The Grand Bizarre (Jodie Mack, 2018). Juzgarla como buena o mala es algo que la misma película parece dejar fuera de lugar, solo anima a ser apreciada, pero sin dudas es la mejor película jamás hecha protagonizada por telas multicolores.

Un texto

La quimera del “glitch”. Texto crítico y lúcido acerca de Relaxer (Joel Potrykus, 2018), escrito por Manu Yáñez, que trasciende la simple lectura superficial y valoriza una película que merece ser destacada y vista: http://www.otroscineseuropa.com/critica-de-relaxer-de-joel-potrykus-la-quimera-del-glitch/

Bonus track:

Este año, para el 14º FestiFreak, hicimos unos fanzines especialmente escritos, diseñados e impresos para la ocasión, que acompañaron la estadía de 6 películas destacadas durante el festival. Tres de ellos están firmados por los integrantes de La Vida Útil (Notes on an appearance, Playing Men, y Those who are fine).

Acá pueden acceder a todos los fanzines en versión digital: https://drive.google.com/drive/folders/1cIaxusjz7lU0b1-Yk8ob6bracrOYMlqs?usp=sharing

Un fotograma

Dos fotogramas con algo en común.

Dead Horse Nebula (Tarik Aktas, 2018)

Burning (Lee-Chang Dong, 2018)


Matías Marra (Cineasta y docente)

Una película

The Florida Project

Un doble programa

Dos programas para pensar la célebre frase de Gramsci del optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón: La sapienza / Lazzaro felice – Le havre / Transit.

Un descubrimiento

Inside Llewyn Davies de los Coen.

Y diría algunas series, que fue algo nuevo que vi este año. De todas estas series, la temporada 1: Big Little Lies, Love, Bojack Horseman, Mad Men, y The handmaids tale.

Un reencuentro

List de Hong-Sang Soo

Cuando me enteré que la iban a dar en Mar del Plata en 2012, etiqueté a Lucía Salas en facebook para que la viéramos. Y anualmente facebook me recordaba de esa publicación. Con Lucía ya pensábamos que List era un misterio. Finalmente, un día, pudimos verla de nuevo.

Una experiencia en el cine

Las funciones de Te quiero tanto que no sé en el BAFICI.

Una incertidumbre

La Flor parte 1. Tengo que ver las otras partes.

Un texto

Los posteos en Facebook de mis amigxs que estudiaron cine buscando trabajo.

Un fotograma

La mamá de la protagonista en The Florida Project, gritando ¡¡FUCK YOU!!


Pablo Ceccarelli (Crítico en Revista Pulsión)

Una película

El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi. Un film hecho con inteligencia pero también con sensibilidad y amor. Pocas películas tocaron una fibra profunda de forma tan lucida e inexplicable como esta Opera Prima.

Una canción

Rid of me de PJ Harvey en Las hijas del fuego de Albertina Carri (La versión vista en BAFICI):

Un doble programa

1° función: No intenso agora, de Joao Moreira Salles (2018) // 2° función: La hora de los hornos (1968) de Fernando Pino Solanas y Octavio Getino. La primera, una película del presente, con la mirada apaciguada hacia el intenso pasado. La segunda, una película del pasado, con un intenso grito hacia nuestro continuo presente.

Un descubrimiento

Muy hermoso haberlo descubierto (tardíamente) a Ignacio Agüero e igual de hermoso haber compartido Como me da la gana 2 con el público platense.

Una experiencia en el cine

El viaje de 3 horas que fue la proyección de ORG de Fernando Birri en el Cine Municipal Select de La Plata.

Una incertidumbre

El hijo del cazador de German Scelso y Federico Robles (Por cómo se posiciona frente al personaje que retrata) –

– Muere, monstruo, muere de Alejandro Fadel (Por esos últimos minutos [¿innecesarios?])

Un texto

Elijo un texto y un libro:

– La hora de los hornos, todavía. Por Oscar Cuervo. http://tallerlaotra.blogspot.com/2018/06/la-hora-de-los-hornos-todavia.html

– El lago helado, de Gustavo Fontán y Gloria Peirano

Un fotograma


Manuel Embalse (Cineasta y músico)

Una película

Chubut, Libertad y Tierra de Carlos Echevarría

En este extraño y doloroso 2018, Carlos Echeverría estrena su última película, Chubut: Libertad y Tierra, fuera de competencia en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pareciera que es el único cineasta argentino que, a lo largo de los años, se mantiene fiel a su estilo, creencias e ideología. No sólo hay un extremo compromiso con la realidad, sino una necesidad de compartirlo y visibilizarlo. En la proyección, el público de la sala era casi en su totalidad adultos de 50 años para arriba. Eso, en cierto punto, llamó mi atención, pero a la vez no. Sentí el apoyo hacia el documentalista por parte del público. ¿Con cuántos creadorxs sucede esto hoy? A mi izquierda, derecha, adelante o atrás, sentía el dolor de una generación que acompañó los retratos sociales de Echevarría y la imposibilidad de cambiar la historia. Sentí el paso del tiempo, una carga energética que me hizo pensar en la responsabilidad ciudadana, y en cómo eso funciona en el presente. ¿Cómo seremos en unas décadas los que nacimos en los 90? Al salir de la sala, me resultaba inevitable hacer un montaje paralelo en mi cabeza de “Juan, como si nada hubiera sucedido”. Vi el mismo deseo de retratar la realidad, de compartir la oscuridad infinita del presente para que deje de ser invisibilizado.

Una canción

El diseño sonoro y todo el soundtrack de T.R.A.P realizado por Antu La Banca en el cortometraje dirigido por Manque La Banca: https://soundcloud.com/antuantumusica/t-r-a-p

Por otro lado, el leitmotiv de Coincoin et le Z’inhumains de Bruno Dumont.

Un doble programa

The image you missed de Donal Foreman (2018) y Photographic memory de Ross McElwee (2011). Mientras veía la reconstrucción del vínculo entre Donal Foreman y su padre cineasta, pensaba en el vínculo de Ross McElwee con su hijo al empezar Photographic memory. La imagen como testimonio creativo a la hora de pensar la desintegración las relaciones entre hijxs o padrxs.

Un descubrimiento

Las cruces de Teresa Arredondo y Carlos Vazquez y El hijo del cazador de Germán Scelso y Federico Robles.

Cuando vi Las cruces de Arredondo y Vazquez, me puse muy feliz del cine latinoamericano. Luego de la proyección, Carlos Vazquez habló del concepto de «presentización», sobre esta necesidad de traer los conflictos del pasado histórico y dialogarlos en el presente, sobre todo en Chile que los militares involucrados en la dictadura no están procesados. En ese sentido, es muy distinto al diálogo de los documentales argentinos, pero la pongo en relación con El hijo del cazador de Scelso y Robles, donde visibilizan el testimonio de vida del hijo de un represor argentino. Llegando al fin de la década del 2010, pienso en el futuro del cine y lo impredecible de la historia. Que en Chile aparezcan películas con testimonios de carabineros que participaron de crímenes y desapariciones de trabajadores de una fábrica, y que esos testimonios sean leídos por familiares de los desaparecidos, y que ese diálogo construya audiovisualmente la topografía de un espacio, me parece un logro tremendo por parte de los directores de Las cruces. A su vez, valoro históricamente la película de Scelso y Robles porque, como acabo de mencionar, estamos llegando al 2020 y cada vez aparecen nuevos testimonios para completar la tenebrosa historia argentina.

Un reencuentro

Un reencuentro positivo y hermoso con Jacques Tati. Cuando había empezado a estudiar cine, en la primer materia de sonido mencionaron al pasar Playtime. La vi, pero la guía del docente hacia la película no me hizo comprenderla para nada. En la segunda materia de sonido, la mencionan y nos hacen analizar unas escenas. El docente que tuve en ese momento pertenece a la plantilla de pésimos docentes que no me incentivaron para nada el aprendizaje ni la creación. Por eso, vi esa película con ojos perdidos a los 18 años, no le di la atención que ameritaba. Este año, alguien me dijo que tenía que ver las películas de Tati y me bajé Mon oncle y Playtime. Las vi y el nivel de conexión que tuve no lo puedo explicar. Las posibilidades del futuro y la construcción de sociedades automáticas me interesaron desde siempre, pero el tono, la dirección de fotografía y el humor de Tati me contagiaron las ganas de hacer, algún día, una ficción.

Una experiencia en el cine

Las hijas del fuego de Albertina Carri, Still recording de Saeed Al Bata y Ghiath Ayoub, Good Luck de Ben Russell y The green fog de Guy Maddin,  Cada una de ellas fue un punto de giro en mi experiencia sensorial en un cine. Reafirmé la actividad física de estar en la sala, el viaje inmóvil.

Fui al preestreno de Las hijas del fuego en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. En un espacio dónde se torturaron, violaron y embarazaron mujeres durante la dictadura militar, ver la película a sala llena fue una experiencia inigualable. Después de verla, algunos comentarios puntuales se solían repetir en charlas con amigxs, sobre todo con la voz en off de Albertina, el tono de las actuaciones, la incomprensible participación de Sofía Gala o los no-desnudos de las actrices «famosas». Sí, la película no es perfecta, pero es fundadora de una libertad en las pantallas que en este país no existía y siento que abre el debate, nuevas voces y un estímulo para que lxs creadorxs del futuro se animen a lo que sea, respondiendo a las condiciones patriarcales del cuerpo que se instalaron en nuestro país desde siempre.

Una de las primeras películas que vi en el Festival de Mar del Plata fue Still recording. Soy fan/espectador de películas de registro de sucesos en Medio Oriente hace muchos años; siempre me interesó y me interesa. Me hubiese encantado que Harun Farocki vea esta película y tomar una cerveza con él en La Rambla y charlar sobre el registro de las imágenes en las guerras contemporáneas. Es ver la guerra en vivo, es lo que nunca vimos de las guerras del mundo: el día a día, el diario-testimonio de la cotidianeidad de soldados que, encima, promueven la idea de testimonio histórico mediante la grabación de las imágenes: es la guerra en la era de YouTube y del Adobe Premier. Pienso en Five broken cameras de Emad Burnat y Guy Davidi. También en A world not ours de Mahdi Fleifel. Qué bueno que apareció esta película en la era del hiperregistro.

Una incertidumbre

Dead souls de Wang Bing. Es la primer y única película que vi de Wang Bing. Más allá de que dure 8 horas, me parece un testimonio histórico importantísimo que amerita ser transmitido a un público ATP. Pienso en cómo transmitir tantas vivencias en algo más compacto de menor duración. O bien, que no se proponga como película, no sé. No la disfruté, pero, a la vez, pienso en si es una propuesta del director que el espectador sufra como sufrieron los que participan de las entrevistas durante sus días en los campos de concentración. Pienso en: ¿por qué no es una serie de 8 capítulos? Hay algo de la acumulación y la repetición del discurso que agobia y no progresa. A su vez, me parece un experimento alucinante con un contenido histórico que desconocía y me dio ganas de explorar. No suelo hablar de «me gusta» o «no me gusta», pero cuando terminé de ver la película pensé en: ¿vale la pena 8 horas de lo mismo? ¿Con una edición mucho más concreta no se podría haber logrado algo muchísimo más interesante y universal?

Un texto

Crítica de Nicolás Prividera sobre El Ángel http://www.conlosojosabiertos.com/inconformista-02-la-colulmna-nicolas-prividera-muchacho-proposito-angel/

Un fotograma

Playtime de Tati y Las cruces de Teresa Arredondo y Carlos Vazquez


Maui Alena (Programador)

Una película

Este año, mi copa se la llevan los rumanos:

Una ficción:  I do not care if we go down in history as barbarians (Radu Jude)

Es una película enorme, hace un panorama del estado actual de la sociedad rumana, poniendola en dialogo con su historia y su pasado, que es tomado por el director como algo vivo, latente y no como una suceción de hechos aislados y acabados: rescatando un hecho puntual histórico que social e institucionalmente se quiere olvidar, explica el conservadurismo, la falta de memoria y el racismo de la socidad contemporanea, mezclada con un falso progresismo. Es divertida, rigurosa e inteligente, reflexiona sobre la imposibilidad de representar ciertos hechos historicos, el valor del arte (muchas veces absurdo o nulo) y tiene un dispositivo que pese a ser moderno , siempre trabaja en funcion de la historia, sin ponerse por encima de ella o de la pelicula.

Un documental:  Infinit Football (Corneliu Porumboiu)

En el cine de hoy en día, donde lamentablemente muchas veces las formas de las películas preceden sus historias (o la idea de la pelìcula misma y su necesidad de realizarla), los documentales están cada vez más enrarecidos y parecen de diseño; una película tan simple como Infinit Footbal es casi un acto de rebeldía y valentía contra del sistema. Porumboiu reconoce que su entrevistado es tan extraordinario, potente y polémico, que simplemente tiene que ponerle una cámara en frente y dejarlo hablar, sin necidad de enrarecer la forma de su relato, o de ponerse él como director por encima de la película o su protagonista. El resultado de esto son momentos increíbles, hacen recordar al mejor Errol Morris (la escena del padre y el cuadro es casi surrealista y a su vez mas real que la vida misma), y cuenta la historia de un país a través de una persona.

PD: todo el mundo me dice que la nueva de Godard es la película del año. Me quedé dos veces sin poder verla, una por el sistema de castas de los festivales (mi acreditación era del color menos importante) y otra por quedarme sin entradas 🙁

Una canción

Un’estate italiana en Casa de teatro de Hernán Rosselli

En Casa de Teatro de Hernán Rosselli vemos a muchos personajes secundarios que viven en esta especie de pensión llena de Normas Desmonds: mayormente actores entrados en edad y  olvidados que buscan (casi todos sin logarlo) volver a tener su momento de fama y emocionar al público. En la única escena que uno de estos actores logró verdaderamente emocionarme, fue en uno de esos momentos mágicos del cine, donde el director parece estar con su cámara en el momento y lugar indicado: se encuentra con uno de ellos en su habitación, que sólo, con su micrófono con luces y parlante, se pone a cantar este especie de himno que apunta directo al corazón de todos los futboleros argentinos (y a ese despreciable y hermoso termo llamado “derrota digna”). La escena es íntima, emocionante, triste, feliz y a uno le vienen ganas de cantar. Filmándolo, Hernán le regala a este actor su reencuentro con el público y sus 30 segundos de fama.

Y para seguir en tono futbolero, me siento obligado a dar un premio chenemigo o la perla negra  también a Hernán que jugó con nuestros corazones y emociones, cortando la escena tan abruptamente en su climax. Nos regala la alegría de ese momento único, casi nos pone a cantar y como si nada, nos lo saca.

Un doble programa

Acá me tomo una licencia y en vez de seleccionar una película, selecciono un acto de La Flor (el IV) y lo pongo a charlar con una vieja-nueva (nuevísima!) película, la obra maestra The Other Side of The Wind de Welles.

Hago un jueguito para poner en diálogo a ambas, escribiré una especia de sinopsis/crónica (podría ser una descripción de la película o de la concepción de ella, o las dos cosas) y no hará falta explicar por qué dialogan:

Un director megalómano filmando la obra más ambiciosa de su vida que va en contra corriente del sistema cinematográfico de su época, contrata a un actor para representarlo a él mismo en el proceso de filmación y hace una película que reflexiona sobre el cine, sobre si misma, que nos pasea como quiere entre la ficción y la realidad, nos vuelve locos y nos divierte.

Un descubrimiento

Wagon Master de John Ford

Nunca la había visto (en mi vida vi menos Ford del que debería) y pude hacerlo hace poco, encima en un cine. Ford inventó a los Avengers, a Shane Black y a The Wire en en 1950.

Gregory Markopoulos

Leí bastantes textos suyos pero nunca había visto sus películas. Pude hacerlo hace poco con un programa suyo en 16mm y me pareció realmente fascinante.

Un reencuentro

Un condenado a muerte se escapa de Robert Bresson

Si me cambió en algo la apreciación, es para sostener más aún la gran película que es. Tuve la oportunidad de volver a verla en un cine hace poco, con muchos espectadores que la veían por primera vez. La reacción final del público fue increíble: aplausos y festejos genuinos cuando los protagonistas escapan. Esta filmada con tanta paciencia (la misma de Francois para escapar) que uno vive el triunfo de la escapada como propio.

Una experiencia en el cine

Una experiencia agridulce: La Chinoise de Godard en la Lugones

En el marco de la programación por los 50 años del Mayo Francés, fui a la Lugones a ver La Chinoise proyectada en una copia en 16mm. No pensé en que me quedaría sin entradas porque la película era un viernes en un horario temprano, pero tampoco esperaba encontrarme con la extraña situación que viví: fui el único espectador de la sala (en realidad no, al rato de haber comenzado la película se sumaron dos viejitos).

Esto me llevó a vivir una función agridulce: por un lado, una sala tan importante como la Lugones, con una película como La Chinoise en 16mm proyectada casi exclusivamente para mí; y por otro, la tristeza de la realidad en la que, cada vez va menos gente a ver el cine que supuestamente nos formó y que nos gusta (o queda bien decir que nos gusta). Si bien era un horario donde pocos somos los afortunados que tenemos tiempo para ir al cine de vez en cuando ¿En toda la ciudad solo a tres personas se nos cruzó por la cabeza ver a Godard en un cine en fílmico?

Creo que en el mundo de la exhibición independiente ya existe un mainstrem, donde la gente sólo se acerca a ver sólo las grandes películas de los grandes autores en los horarios centrales. Ya casi nadie va a ver películas desconocidas o nuevas; cada vez nuestro tiempo “vale más” y es tan valioso que no es bueno arriesgarlo en algo desconocido. Entiendo que muchos de nosotros hayamos visto La Chinoise pero ¿Cuantos estudiantes de cine hay en la ciudad que no lo hicieron? ¿Si eso sucede con Godard un viernes a la tarde, qué queda con el nuevo realizador argentino?

Debo admitir que esta reflexión tiene mucho que ver con una pesadilla recurrente que tuve a lo largo del último año, que generalmente se me aparece no menos de una vez por semana. Si bien tengo la fortuna de trabajar en el equipo de programación de una sala (trabajo que hace unos años ni me animaba a soñar con hacer), la verdad es que este último año lo sufrí mucho, ya que por más que haya habido funciones memorables, la triste realidad es que la mitad de las dos funciones semanales que suelo presentar, fueron “en familia” (termino simpático que uso cuando hay menos de diez espectadores en sala).

Creanme que no hay situación mas horrible para un programador que recibir a un director y explicarle que casi no hay gente para su función. Esta situación me persiguió a lo largo de todo el año, transformando mi trabajo soñado una pesadilla. Si bien queda muchisimo por mejorar de parte de las salas, los directores y  sobre todo del Instituto del Cine; hay un punto donde los estudiantes, productores, críticos, directores y actores de cine, casi no van al cine. Salvo estrenos o grandes clásicos, las salas están cada vez más vacías (puedo decir esto con conocimiento, transité muchas funciones en muchas salas alternativas en el año). En este momento, donde el cine, su financiamiento, su exhibición y viabilidad se están poniendo en duda más que nunca, la mayoría se queja y repudia públicamente las horribles medidas que se toman, pero pocos son los que apoyan el cine en su espacio fundamental: la sala. Estoy seguro que si no se disociara tanto el acto de ir a una sala de cine de la realidad que se vive, un montón de los problemas o discusiones de precarización que estamos teniendo ahora, tendrían una magnitud menor. ¿Cómo pretendemos que el ciudadano promedio vea las películas que hacemos si ni nosotros lo hacemos? Es un tema del que podría hablar o escribir horas y merece un análisis más preciso, pero creo que lo más importante es dejarle de echar la culpa a factores externos por la poca cantidad de gente en salas y comenzar nosotros mismos a militarlas. Siento que el hashtag #DEFIENDOELCINEARGENTINO que tan de moda estuvo este año, que estuvo presente en tantas remeras, carteles y marchas; no existiría si la defensa se haría entre todos, una vez por semana en una sala de cine donde proyecten una pelicula argentina.

Una incertidumbre

La Flor de Marino Llinás

Sin dudas fue una de las películas de año, casi una clase magistral de cine, con momentos muy altos. Lo que si aún no termino de procesar y elaborar es una pensamiento que tengo que me dice que la idea de la película es mas grande que la película misma (y la termina perjudicando). En algunos pasajes, esa necesidad de ir en contra de los metodos de producción tradicionales, o de demostrar lo magnífico que puede ser Llinás narrando, se pone por encima de la película y deja de trabajar en función de ella para ponerla en servicio de una demostración de virtuosismo narrativo y productivo: ahí es donde me hace cortocircuito el cerebro, no logro descodificar si en esos momentos verdaderamente estoy disfrutando de la película o de una idea.

Un texto

Menos Marketing màs cine de Raúl Camargo en Otroscines. Link: otroscines.com/nota-14089-menos-marketing-mas-cine

El problema de falta de público en salas del que hablé anteriormente, tiene otro capitulo también en festivales y Raúl lo sintetiza perfecto en su texto.

Un fotograma

La foto que nunca saqué: este año me pasaron cosas buenas, pero una de ellas, hizo que no pueda estar por décimo año consecutivo en el Festival de Mar del Plata. No sólo me perdí la que posiblemente haya sido la mejor edición de la historia reciente del festival (por coherencia en su programación e invitados), sino que personalmente me dolió mucho no poder ver a Marcelo y Cecilia con Leaud. Esta foto demuestra que a veces (muy pocas veces) se hace justicia, es un reconocimiento mas que a Jean Pierre, a ellos que se merecen esa imágen de recuerdo para toda la vida después de tantos años de momentos duros, buen cine y mucho trabajo. Y yo no estuve ahí para verlos.


Cecilia Kang (Cineasta y música)

Una película

A Portuguesa, de Rita Azevedo Gomez

Una canción

En tu jardín, una canción que aparece en un corto llamado Bicicletas, tocado por El asesino del romance. No es autobomobo, simplemente es una canción hermosa y era la oportunidad de lanzar al estrellato a la banda, pero sólo salieron un montón de memes y un corto que quiero mucho 🙂

https://youtu.be/BS-RjjlfPMI

Un doble programa

La vendedora de fósforos de Alejo Moguillansky y Al azar Balthazar de Robert Bresson. Bueno, pegan bien pero las razones son obvias, ¿no? Me encantó que alguien pueda tomarse la libertad de volver a filmar escenas que debe amar. Puro amor al cine. Bueno, eso es al menos lo que imagino.

Un descubrimiento

El diablo probablemente de Robert Bresson. No la había visto. Hace un año que tengo de fondo de pantalla una cita que le robé a Lucía Salas de un texto que leí de ella: “Bresson dijo: filmo la espera, no el punto”

Un reencuentro

Orson Welles y The other side of the wind. Netflix es un fenómeno que a veces me deja sin palabras. Welles para mí era una cosa institucional, como la tarea de escuela de cine. Bueno, con esta película… John Huston mi amor… al final, era verdad: todo, todo, todo, lo había (re)inventado Welles realmente.

Una experiencia

Una experiencia de cholula (o un castigo por cholula): tuve la oportunidad de estar en una función de “Grass” que presentaba Hong Sang Soo en la Berlinale. Muy ñoña y aplicada voy al cine a ver la película, y ¡oh! está el director con los actores y la están presentando. Termina la película, es una sala hermosa, un teatro bello, la noche es fría y prístina, estoy embriagada por la situación y la película, es mi momento, arriba el romanticismo. Salimos todos los espectadores a la calle como feligreses, Hong Sang Soo está ahí, pasó al lado mío (¡!). Me digo, “ya fue, lo saludo”. Y le golpeo la espalda con dos dedos. Él se da vuelta y le sonrío. No me animo a hablarle en coreano porque en el Q&A el chabón insistía en hablar en inglés (a pesar de que tenía traductora del coreano; no sé qué flasheará el tipo con el idioma, ¿quizás piensa que conquistar el inglés es una forma de conquistar otras voces? en fin…). Entonces, muy boba yo “Hi, I’m a fan from Argentina” y él me sonríe. Le pido una foto. Y él, amablemente, me niega con la cabeza. ¡Ay, qué vergüenza! Me sentí tan boluda… antes de bajar al calor del subte me comí un panchito y terminé conversando con dos muchachos españoles muy agradables que también habían salido de la película. Pude hablar en castellano y descargar mis emociones tan frívolas y tontas. Hablamos de la película y de hacer películas. Me prestaron wifi para que buscara cómo volver al hostel. El frío se llevó todas las estupideces. Me sentí afortunada.

Una incertidumbre

A portuguesa, de Rita Acevedo Gomes. Como dicen ustedes, me quemó los papeles. Recuerdo estar en la proyección y en una escena pensar “¡Claro! ¿¡Se puede hacer esto!?” Cuánta fuerza, cuánta libertad.

Un texto

Lecturas sobre el cine que me gustaría hacer. Unos textos de Anne Carson, de su libro “Charlas breves”:



Un fotograma

Morir como un hombre, de Joao Pedro Rodrigues. Tuve la oportunidad de verla en el cine gracias al hermoso ciclo de cine portugués que sucede todos los fines de año (lo recomiendo). Ay, la película me quebró en mil pedazos y mil veces la volvería a elegir.Así es como se filma un eclipse, señoras y señores. Así es como se filman las películas.


Lucrecia Matarozzo (Programadora en Cortópolis)

Una película

Corsario de Raúl Perrone/ Las fuerzas de Paola Buontempo (corto) / El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi / Lazzaro felice de Alice Rohrwacher

Una canción

Jukebox Baby de Alan Vega en Cassandro, the Exótico! (Marie Losier)

Dame una señal, de Virus en El silencio es un cuerpo que cae (Agustina Comedi)

Un doble programa

Corsario de Raúl Perrone + La mano de Wong Kar Wai. Hay una atmósfera en el corto de WKW que me remite a Corsario, algo en la sensualidad y poesía de las imágenes de ambas películas y la sutileza de los planos detalles, la voz de Caetano Veloso cantando en italiano en La mano y el poema de Verlaine en Corsario.

Una experiencia en el cine

La memorable proyección de He nacido pero… de Yasujiro Ozu musicalizada en vivo por Tomates Asesinos en el Cineclub La Quimera.

La selección de cortometrajes de diversos formatos del Museo del Cine presentados por Leandro Listorti en el Marco del Festival Cortópolis.

Un texto

Mar del Plata 6: Corsario (Perrone) Por Oscar Cuervo en el blog Taller La otra: http://tallerlaotra.blogspot.com/2018/11/mar-del-plata-6-corsario-perrone.html

Disculpen mi insistencia con Corsario. Que un director tan prolífico siga indagando y sorprendiéndose a sí mismo y a su público en cada película es algo a celebrar.

Un fotograma

Corsario de Raúl Perrone


María Laura Pintor (Cineasta)

Una película

An Elephant Sitting Still, de Ho Bo

Una canción

«Walk Away Renee» de The Four Tops en Tres anuncios para un crimen, de Martin MacDonagh.

Un doble programa

A peau si lisse de Denis Coté –  Bella Tarea de Claire Denis

Un descubrimiento

Der Apfel ist ab de Kauner

Un reencuentro

Cocina, de Gonzalo Castro

Una experiencia en el cine

Desmadre de Sabrina Farji en el Espacio INCAA en San Juan. La película no me gustó mucho, pero al finalizar la peli se armó una charla y lectura de la peli con un grupo de mujeres que habían ido a ver la peli y la directora que estaba presente.

Una incertidumbre

Mes provinciales, de Jean-Paul Civeyrac

Un texto

Capítulo Un largo amanecer del libro Historias de las ideas científicas de Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki.

Un fotograma

El silencio es un cuerpo que cae (Agustina Comedi)


Koger Roza (Fake)

Una película

Lazzaro Felice (Alice Rohrwacher)

Una canción

Too late to turn back now, de Cornelius Brothers & Sister Rose en la escena de baile en el boliche de BlacKkKlansman

https://www.youtube.com/watch?v=YHJOMKmepnM

Un doble programa

Triple, mejor: película con película y obra literaria.

Sorry to bother you de Boots Riley con Get Out de Jordan Peele y con Los viajes de Gulliver de Oliver Swift.

Buenos Aires al Pacífico de Mariano Donoso con El caballo de hierro de John Ford y el libro River of Shadow de Rebecca Solnit

Un descubrimiento

Helena Wittmann y el colectivo Veto Film de Hamburgo

Un reencuentro

Haber revisto varias películas de Jean Epstein

Una incertidumbre

Transit, de Christian Petzold

Una experiencia

Ninguna particularmente memorable en 2018. A la salida de una proyección del BAFICI en el Village casi le di un topetazo a Roger Koza, que se encontraba charlando amenamente con un hombrecito de larga barba blanca.

Un texto

El de Ramiro Sonzini sobre John Ford.

Un fotograma


José Fuentes Navarro (La Vida Útil)

Una película

Under the Silver Lake, de David Robert Mitchell

Animarse a hacer una película por una arteria que como mínimo se encuentra en estado vegetativo requiere algo de valor. Este camino, para colmo, no suele agradar a la mayoría del público, a la cinefilia o de la crítica. A su vez, esa tradición es quizás la que menos puede garantizar una película redonda o una obra maestra, más bien es al contrario: se suele estar expuesto al desastre. No hablo de las películas Netflix, me refiero a la vía Robert Altman. Cuyo campeón actual es Paul Thomas Anderson, con admiradores tempranos de la talla de Jean Marie Straub.

La investigación laberíntica que realiza el personaje de Andrew Garfield, al desaparecer la joven que había conocido la noche anterior, es casi una excusa que le sirve a Mitchell para crear su propia mitología sobre Los Ángeles. Pero no únicamente, a ese espíritu altmaniano se le suma una especie de universo expandido que propone Mitchell y que le da riqueza al film y que a su vez hace que éste no sea sólo un cover. Ese mundo hecho de películas, comics, fanzines, música es lo que llamamos cultura pop.

Entrar en el ámbito pop es de por si neblinoso, pocos son los que no están atravesados por esa entelequia que, muy resumidamente, nivela lo alto y lo bajo. Si la cortina se cae, si vemos al monstruo de frente, como sucede en la escena del Songwriter (o nos afecta de manera secundaria como en Ready Player One), no lo vamos a soportar. A su vez, esa mitología pop-angelina tiene su oscurísima culminación en la demencia new age. Por supuesto que no se sale indemne de semejante entrevero, la película es desigual, momentos extraordinarios conviven con grasadas soberanas y Mitchell pretende que todo funcione por igual. Precisamente eso es lo que me interesa de películas como Silver Lake, se afilan y piensan mejor entre ripios.

Feliz 2019.

Una canción

Orfeo ha regresado del inframundo dice la voz en off en el comienzo de la última película de Jean Luc Godard.

Ese fragmento pertenece al documental Scott Walker: 30 Century Man de Stephen Kijak.
A Godard muchas veces se lo ha comparado con Bob Dylan, accidente en moto incluido, un Dylan que no hizo su Blood on the tracks decía equivocadamente el cabeza de tarro de Tarantino. No creo más allá de cierta cuestión enigmática que sean tan similares. Sin ir más lejos, cuando Godard todavía se encontraba en el averno, Dylan quería su pase al cielo. No sé qué sabrá Godard de Scott porque nunca se sabe muy bien nada del suizo. A Scott por otra parte le gusta el cine, varias de sus canciones tienen nombres o referencias de películas y ha realizado al menos dos soundtracks uno para Leos Carax y otro para el súbitamente de moda Brady Corbet. Se puede pensar un paralelismo entre las carreras de Scott y Godard, ambos bartlebys a su manera, pero esos cruces suelen ser problemáticos y quizás demanden otro contexto. En cambio, sí imaginé lo emocionado que debe haber estado Walker cuando suena
Cossacks are en Le livre d’image.

Un doble programa

Fragment of an empire (1929), Fridrikh Ermler/Ready Player One (2018), Steven Spielberg

Un descubrimiento

Shinji Sômai, Oz Perkins,el Ermanno Olmi de los 60s (gracias Ale Cozza), José Ramón Larraz, la serie Atlanta y Shinsuke Ogawa entre otros.

Un reencuentro

Encontrarse con los amigos queridos a los que uno ve esporádicamente o una vez al año en festivales, ya lo dije el año pasado y es lo único que se ocurre en este apartado donde por nada del mundo voy sugerir que vean de nuevo Ishtar para reafirmar lo extraordinario del cine de Elaine May o verifiquen lo formidable que son las dos películas que dirigió Narciso Ibañez Serrador.

Una experiencia en el cine

Todas las charlas, presentaciones y proyecciones en la primera Semana mundial de la cinefilia en el Cineclub Hugo del Carril. Las increíbles presentaciones de Olaf Moller en la retrospectiva de Walter Staudte realizada en el festival de Mar del Plata.

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang Dong.

Un texto

Un tren que descarrila, ¿existe un star system europeo? Conversación con Axelle Ropert, de Fernando Ganzo: https://www.raco.cat/index.php/CinemaComparat/article/view/329728/420343

This Is Just So Sh**ty, We Gotta Watch”: The Beautiful, Inspirational Disaster of ‘Cabin Boy,’ 25 Years Later. How the film turned Chris Elliott and Adam Resnick into Hollywood pariahs … and comedy legends de Michael Tedder: https://www.theringer.com/movies/2018/12/5/18124195/cabin-boy-chris-elliott-anniversary-adam-resnick-comedy-get-a-life

El Joven Ford (04) – Ford Mudo de Ramiro Sonzini: http://lavidautil.net/2018/07/23/el-joven-ford-04-ford-mudo

Un fotograma

Still Recording (2018) de Ghiath Ayoub y Saeed Al Batal


Martín Alvarez (La Vida Útil)

Una película

El teatro de las materias. Si uno le da un par de vueltas al asunto (yo pienso lento) termina notando que una buena película podría rellenar cada una de las categorías de la encuesta. El teatro de las materias de Jean Claude Biette es para mí el gran descubrimiento del año, aunque acaso es menos un descubrimiento y más un regalo largamente esperado que llegó finalmente mediante la generosidad desinteresada de migo y Lucas Granero que la subtitularon al español, para que así algunos podamos empezar a verla (y hay que subtitular una película así, con sus juegos de palabras, así que dos veces gracias). ¿Con qué se podría acompañarla en un doble programa? A decir verdad las pocas cosas a las que por momentos se parece son las que para mí son inimitables en el cine, como esa forma de buscar entre los recovecos a la Mizoguchi, explorando los espacios con la cámara (más bien como transfigurándolos a partir de esos movimientos), o el humor de Fritz Lang, o el rumor secreto tourneuriano. La música, todo el tiempo presente en cierta atmósfera desvelada por la púa de los tocadiscos y el rumor de las habitaciones contiguas, la musicalidad misma con la que se relacionan las escenas, la forma de hablar, los silencios. ¿El texto? La precisión del lenguaje y sin embargo los trabalenguas, las palabras como un mundo paralelo y abstracto y las diferentes maneras en las que se encarnan. La política y la realidad, la hospitalidad amenazada, el terror y la precariedad descritos con una clarividencia que figura el mundo en el que todavía vivimos. Una película única, que funda su propio universo, y sus ecos que perduran.

Una canción

La canción en una película podría ser Deacon’s Hop, que en Get Out of the Car de Thom Andersen acompaña los planos filmados en lo que era la zona del Barrelhouse, el club de rhythm and blues fundado por Johnny Otis en 1948 en Watts, Los Angeles. Esa película fue la primera vez que escuché un tema de Big Jay McNeely y fue emocionante volver a escucharla junto con su gran hit, There is Something on Your Mind (que suena en la rockola de Olivia’s Place) en la función de un programa de cortos de Andersen el mismo día de la muerte de McNeely. Me cuentan que McNeely revolucionó completamente la manera de tocar el saxo en el rhythm and blues, y que se encendía en sus performances paseándose entre la gente, tocando caído de espaldas o saliendo a la calle con el saxo seguido por el público. Fue además uno de los primeros músicos cuya audiencia cruzaba público blanco y negro, acontecimiento por el que Andersen define sus presentaciones tempranas en Los Angeles como la verdadera fundación del rock and roll. Así lo describe Amiri Baraka: “La figura rítmica repetida, un riff a los gritos, empujado más allá de la música en su insistencia. Era odio y frustración, sigilo y desesperación… No había compromiso, ni sofisticación aburrida, solo la elegancia de algo demasiado feo para ser descrito… McNeely, el primer Dadá mapache de la era, saltó y sintió y aulló y finalmente percibió el único espacio que la forma permitía. Primero cayó de rodillas, sin soltar jamás el cuerno, y caminó hacia ese lado atravesando el escenario… y entonces cayó hacia atrás, de espaldas, con los dos pies en el aire, y pateó y golpeó y el cuerno escupió sociologías enfurecidas… Jay había establecido una forma social del pobre, así como Bird y Dizzy la habían propuesto para la clase media.”

RIP Big Jay McNeely, 1927-2018

Y esta es una buena película:

Un doble programa

The Unchanging Sea (D.W. Griffith) + Gens du Lac (Jean-Marie Straub). Griffith y Straub comunicados por la línea del horizonte de Ford.

Cinéfilos a la intemperie + The Blues Brothers. Personas reunidas en torno a una pasión compartida y la rara forma, como de doble vida disfrazada, sin gravedad, en que se expresan esas pasiones por el hecho de hacer una película sobre ellas.

Stuck on You (Peter & Bobby Farrelly) + Tirez la langue, mademoiselle (Axelle Ropert)

Un descubrimiento

  1. Axelle Ropert.
  2. Lubitsch mudo: el genio para el plano de Lubitsch, sus dispositivos cómicos que hacen pensar en Hitchcock (el juego de ventanas de un edificio a otro al inicio de So This is Paris), Ossy Oswalda en I Don’t Want to Be a Man (¿por qué las películas de mujeres disfrazadas de hombres son mejores que las de hombres disfrazados de mujeres?), el veneno (la impresionante secuencia de las tribunas en Lady Windermere’s Fan), charleston y foxtrot (So This is Paris, The Oyster Princess), las botellas, y el mismísimo Ernst saltando por todos los decorados en Forbidden Paradise.
  3. Driftwood de Allan Dwan. Una de las películas que mejor observa el mundo desde el punto de vista de los niños, y una de las mejores, seguramente la más excéntrica escena de juicio del cine.
  4. Le 6 juin a l’aube de Jean Gremillon y Waiting de Peter Nestler (gracias a Andy Rector que las programó junto con el estreno angelino de la última de Straub: “le pregunté y me dijo que sí”).

Una experiencia en el cine

L. Cohen (James Benning). Algo misterioso, algo espectacular, algo emocionante, algo inquietante.

Una incertidumbre

Paul Sanchez est revenu! — una película filmada en el filo de lo incierto. Beyond a reasonable doubt…

Un texto

El juego de las 7 familias de Axelle Ropert: https://www.raco.cat/index.php/CinemaComparat/article/view/329729/420344

Un fotograma


Ramiro Sonzini (La Vida Útil)

Este año, mientras el país se estaba yendo al carajo con Martín Emilio Campos y Martín Iparraguirre tomamos la ridícula decisión de gastar todos nuestros ahorros en ir a visitar a dos amigos del alma que habían emigrado a EEUU hacía un año. Desde Córdoba partimos al encuentro de Lucía Salas y Martín Álvarez en la gran manzana. Luego cruzaríamos a la costa oeste a conocer su nuevo hábitat, la infernal Los Ángeles. Casi todo el viaje estuvo signado por el cine, para nosotros fue casi una peregrinación a la tierra de nuestros ídolos, donde se hicieron varias de las más grandes obras de arte del siglo pasado, un paisaje mitificado por el poder del cine.

Todas las respuestas a esta encuesta se refieren directa o indirectamente a lo que fue esta gran aventura.

Una película

La flor (Mariano Llinas, 2018). Es una película inmensa, llena de cine, llena de escenas maravillosas, llena de detalles, llena de recorridos, llena de errores. Es un organismo vivo en mutación. No podremos terminar de entenderla hasta que tengamos la posibilidad de verla muchas veces, detenidamente y poder pensarla de a poco, parte por parte. Lo que si puedo afirmar es que embarcarme en la aventura de verla en el cine fue una experiencia muy parecida a salir de viaje, y es algo que no me pasaba con ese nivel de intensidad desde Misterios de Lisboa.

Una canción

Más que una canción es un momento musical. Llegando al final de Under The Silver Lake, Sam se mete en la impenetrable mansión del compositor, un misterioso personaje que encarna una de las pesadillas contemporáneas más aterradoras: el maligno y secreto creador de los grandes hitos del pop de todos los tiempos: I Want It That Way, Where Everybody Knows Your Name, I Want To Know What Love Is, Earth Angel, entre otros miles. La esperanza de que detrás del éxito comercial y de la fortuna y la fama haya verdaderos artistas, inventando obras populares y personales al mismo tiempo, que se conectan con el corazón de una generación a través de un sentimiento auténtico, muere definitivamente con este personaje. Es la encarnación del cinismo definitivo, la verdadera muerte del arte. Mientras garabatea en su piano de cola los acordes de Smell Like Teen Spirits dice socarronamente: “Esa canción no fue escrita con una guitarra distorsionada. No, yo la escribi. Aquí, en el piano, entre una mamada y un omelette. No hay rebelión. Sólo estoy yo, ganándome un cheque.”

Esta escena es el corazón de la película, condensa su forma de relacionarse con el pop en todos los niveles, en todas las capas; está atravesada por ese terror latente de que detrás de las superficies no haya nada más que vacío. La película se subleva ante esta demoledora perspectiva a fuerza de guitarrazos:

Escena del songwriter from Día de Fiesta Cine on Vimeo.

Un doble programa

Mientras estuvimos en Nueva York estaban pasando en el MOMA un ciclo increíble de películas producidas por los estudios Republic (https://www.moma.org/calendar/film/4990). La más alucinante que vimos fue Moonrise de Frank Borzage, en la cual el protagonista comete un asesinato en defensa propia y tal hecho lo lleva al borde de la locura, impregnando toda la atmósfera de una densidad pesadillesca única. La mejor escena de la película transcurre en el medio del pantano, donde Danny encuentra descanso y refugio. Su amigo Mose le canta una vieja canción y a través de ella le dice que él sabe que cometió un crimen. Todo ese momento funciona como un hiato en el espacio y el tiempo de la película, una burbuja que logra desprenderse del mundo al que pertenece y sobrevive autónomamente.

De esa necesidad de aislarse del tiempo y del espacio se trata la última novela de Cesar Aira, Prins, en donde un famoso escritor de novelas góticas decide abandonar la literatura para no seguir llenando de malos libros el mundo y dedicarse al opio:

“Los efectos antidepresivos del opio no tardaron en manifestarse. Mi mente, liberada de las trabas del tedio, proyectaban imágenes sobre los planos de sí misma. Descubrí el secreto del atractivo irresistible del opio, el motivo que lo hacía tan deseable para tanta gente, tanto como para animarlos a desafiar la ley y a poner en peligro su salud: transponía a imagen mental todas las cosas, las grandes y las chicas, los ríos y las montañas, así como la vajilla, los relojes, la caída del cabello, los recipientes. Y no sólo los objetos que cabían en una enumeración caótica sino también los que por su valor o su carácter sublime están aislados y fuera de circulación: las obras de arte, las gemas que por ser tan importantes tienen nombre. Todo pasaba a los planos, con lo que uno podía dejar de preocuparse por las cosas, por su cuidado y conservación, y hasta podía ver con indiferencia su destrucción, ya que las tenía en otro formato, prácticamente indestructible, interiorizado. Qué tranquilidad, no hacerse más problemas por inundaciones, robos, vandalismos, o por la lenta pero segura corrosión del tiempo. Gracias a esa sustancia mágica todo estaba fresco, sus colores prístinos, en un limbo donde nada podía afectarlo.

Como contrapartida, había que resignarse a que no hubiera nada nuevo. No había creación, sólo recopilación. Creo que nunca antes se había definido al opio como una recopilación, por lo que reclamo la primacía de originalidad en este punto.

(…)

Y el lenguaje, el gran lance de dados de veintiocho caras, me llevaba al efecto central del opio, que era la traducción al presente de todo lo que en el estado normal se encuentra disperso en los distintos estadios del tiempo.»

Un descubrimiento

Dentro del ciclo de la Republic vimos varias películas al azar, sin referencia de director o actores. Una de ellas fue The Outcast un western a color de 1954 que nos dejó extasiados por el nivel de violencia, la intensidad de la acción y la complejidad narrativa y psicológica del todo. Un western de los 50’s que se parecía llamativamente a los ejemplares post 90 del género. A la salida de la película charlando con un amigo neoyorkino nos enteramos que el director, William Witney había dirigido 140 películas, la gran mayoría de ellas entre los 40’s y los 50’s y que muchas de ellas eran tan buenas como la maravilla que acabábamos de ver. Tarea para el 2019: descubrir la filmografía de William Witney.

Un reencuentro

Todos los años para el día del trabajador el cine Aero de Santa Mónica (una sala secundaria de la Cinemateca Americana de Los Ángeles) programa Los Ángeles Plays Itself de Thom Andersen. Al finalizar la película hubo una extensa charla con él en la que contó muchas anécdotas personales relacionadas con ciertas locaciones o ciertas películas, por ejemplo que había disfrutado muchísimo de ver La La Land, o lo importante que habían sido en la gestación de la idea original ver LA Confidential y Chinatown. Había visto la película antes y mi recuerdo me indicaba que se trataba de un objeto muy interesante, una gran idea que en mi memoria no se sostenía por ningún recuerdo. Pero al volver a verla y poder escuchar a Thom Andersen mi percepción cambió completamente. Los Angeles Plays Itself es una película monumento, un edificio en el que habita una forma de entender el cine norteamericano y una forma de entender cómo relacionarse con la ciudad de Los Ángeles. Viéndola uno siente que en ella está registrada toda la historia del pensador, escarbando podemos detectar la evolución del pensamiento del cineasta a lo largo de los años. Además es una película ejemplar porque nos permite aprender una forma de relacionarnos con el lugar que habitamos y (para los cineastas) una forma de filmar ese lugar.

A partir de este reencuentro mi percepción de la ciudad cambió por completo. El resto de los días que pasé en Los Ángeles estuvieron inconscientemente guiados por el deseo de ver cada rincón, cada restaurante, cada paisaje, buscando la mirada que Thom Andersen había proyectado en ellos.

Una experiencia en el cine

La cinefilia Angelina resumida en tres proyecciones: Wild Bunch, Blues Brothers y Mandy. A diferencia del público neoyorquino que es bastante parecido al porteño, en términos de snobismo, intolerancia a ruidos molestos y proclividad al insulto y la violencia gratuita, el público que asiste a las funciones de cine “alternativo” en Los Ángeles es un show en sí mismo. Las películas y sus hacedores son celebrados con un entusiasmo llamativos, cada vez que en pantalla se imprime un nombre querible (sea actor, director, productor o guionista) la platea estalla en aplausos, lo mismo ocurre cuando los héroes de la película realizan una proeza destacable. En la proyección de The Wild Bunch estaba como invitado un anciano mexicano que había sido locacionista(!) en México y además tenía una aparición actoral fugaz. A los diez minutos de película nadie se acordaba del viejito mexicano. Pero cuando llegó el momento de su escena, promediando las dos horas de película, y apareció corriendo de un lado a otro de la pantalla llevando una carta para el general, el cine estalló en una ovación como si hubiese revivido William Holden para el QyA. Juraría que en la proyección de Blues Brothers la gente estuvo a punto de pararse y bailar en el pasillo del cine en el último número musical de la película. Y el momento de mayor euforia y desenfreno lo desató, como no podía ser de otra manera, Nicolas Cage en la escena de Mandy que llora y grita solo en el baño luego de que matan a su esposa.

Esta forma tan ruidosa y un poco salvaje de relacionarse con las películas resulta mucho más vital. En las salas de Los Ángeles uno tiene la sensación de que el cine está más vivo que en cualquier festival o cinemateca del mundo.

Una incertidumbre

15:17 Tren a París. La discusión sobre esta película arrancó cuando se estrenó y al día de hoy nos seguimos preguntando si es un intento desastroso de hacer algo sofisticado o es una genialidad que no logramos entender.

Un texto

Este año salieron dos libros con textos de Alberto Tabbia. Dos libros geniales: Palacios de olvido e Imitación de la vida. El primero, editado por La bestia Equilátera, tiene una sección de retratos llamada “Palabras ajenas” en los que uno de ellos es sobre Andy Warhol, ese texto es lo mejor que leí este año.

También elijo la crítica que Lautaro García Candela escribió sobre Misión Imposible, para mí fue el mejor texto que publicamos este año en La vida útil y tengo la sensación de que pasó demasiado desapercibido.

http://lavidautil.net/2018/08/01/azar-planificacion-engano-alrededor-de-mision-imposible/

Un fotograma


 

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https://lavidautil.net/la-encuesta-de-la-vida-util-2018/feed/ 1
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La entrada La encuesta de La Vida Útil – 2017 se publicó primero en La vida útil.

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Otro año más, otro diciembre recolectando listas mientras nos acomodamos abajo del ventilador con los pies descalzos en una palangana llena de agua. Siempre es una alegría organizar nuestra Encuesta Anual, verificando que efectivamente la cinefilia argentina y latinoamericana está muy despierta, atenta a lo que sucede alrededor, con una mirada política y sensible. En momentos de disolución o directamente criminalización del espacio público se hace más necesario que nunca participar de las discusiones abiertas, de intervenir en los lugares que podrían ser enriquecidos con nuestra contribución.

La dinámica, para los que no la conocen, es muy simple: les pedimos a nuestros amigos, a personas que conocemos personalmente, que nos digan en 8 categorías lo mejor que vieron en el año. Sabemos que es un recorte parcial, parcialísimo, que responde a nuestra clase, formación, pertenencia geográfica, habilidades sociales en los festivales, y un largo etcétera. Este año somos muchos más, ya que se aprobó la fusión más grande e importante después de Cablevisión-Multicanal: La vida útil, website en la que se encuentran en este momento, es el resultante de la unión de dos revistas de cine. Las Pistas y Cinéfilo eran nuestros nombres antes. Éramos dos revistas con distintos modus operandi (en papel y en la web) y distinta base geográfica (Córdoba y Buenos Aires). Ante el adormecimiento generalizado, pensamos que la unión en este caso podría ayudar a agitar las aguas. En eso estamos.

Sería gracioso, ya que nos ponemos en balance, poder proyectar nuestro propio video de «los que se fueron de gira», como si de los Oscars o los Martín Fierro se tratase. Pondríamos, por supuesto, a Fernando Birri, a Jerry Lewis, a Tobe Hooper, pero también habría que incluir a la producción audiovisual dependiente del INCAA, los derechos humanos como política de estado, el respeto por algunos críticos de la vieja generación, el aguinaldo, las jubilaciones. Los vamos a extrañar. En el 2017 el mundo empeoró un poco.

Creo que varios nos dimos cuenta al mismo tiempo de eso. Por eso hay varias películas optimistas contra toda expectativa, como si fueran una punta, lo primero que se puede ver cuando estamos desenterrando una vieja utopía. No por nada el que hizo la película más alegre sin dar concesiones es alguien que acaba de cumplir 60: Aki Kaurismäki. Baronesa y A fábrica de nada también son ejemplos de películas que no desestiman el poder de la música y el chiste aunque las condiciones sean las más sórdidas posibles. Después, sí, siempre hay películas de denuncia social que cosechan premios y levantan el dedito contra los supuestamente menos comprometidos. Pero no se dan cuenta del real problema: su éxito depende de que el mundo siga siendo una mierda.

¿Es la crítica de cine viable en este país? ¿En este o en cualquier otro? Si por viable entendemos con posibilidades de realización económica, la respuesta es no. Tampoco es un problema, aunque los críticos old school se horroricen ante esto. El estilo de escritura que existe en La vida útil no es unívoco y nadie podría hacerse cargo de cómo escribe el otro, pero podemos encontrar una renuncia a la lógica del periodismo y la gacetilla. En ese sentido, esa es la tarea: erosionar, ir contra el lugar común, tratar de encontrar en la selva de lo real huellas para afianzarse y pensar. Parecen lugares comunes pero al enunciarlos se produce cierto extrañamiento que resuena en nuestra cabeza como un mantra. Así es cómo escribimos, un poco fascinados, como en un trance, pero siempre tratando de encontrar pistas de la realidad en las películas (y viceversa).

Bueno, pasen y lean.

-Lautaro García Candela


Ramiro Sonzini (Crítico y editor de La vida útil. Fordista extremo. Peleador Nº 1)

Una película

Trás-os-Montes de Antonio Reis y Margarida Cordeiro

No sé quién cuenta en no sé dónde que en una visita de Adrian Martin a BAFICI el flamante director de ceremonias, Quintín, lo invita a una cena con la selección internacional de invitados de esa edición y Martin amablemente rechaza la invitación a causa de que a esa hora pasaban la nueva película de Garrel y quería verla. Quintín le dijo que no se preocupara, que esa noche era la primera proyección y había otras tres, a lo que Martin le respondió que su idea era verla las cuatro veces que se pasaba. Llevo esta anécdota grabada a fuego, porque es de esas cosas que marcan un modelo de conducta, una forma de hacer lo que uno quiere de manera obsesiva y con un compromiso admirable. Trás-os-Montes se pasó 2 veces y si hubiera habido 6 pasadas la hubiera querido ver las 6 veces, no sólo porque es una de esas pocas películas que “no se consiguen en internet” sino porque había algo en el fondo de ella, algo como primigenio y misterioso que prometía ir revelándose a medida que entráramos en confianza con su mundo. Me encantaría poder describirles pasajes y detalles, poder compartir algo de la emoción que la película me produjo, algo de los niños amorosos y terroríficos, de los cambios de tiempos, del campo y del castillo abandonado, pero todo me resulta borroso, como si la película se resistiera a ser rememorada. Sí recuerdo que mientras la veía pensé “claro, de acá salieron los portugueses”.

Mientras esperamos que algun iluminado con recursos edite en Blu-ray esta película fundamental de la historia del cine, podemos leer el afiladísimo texto de Roger Koza (http://www.conlosojosabiertos.com/las-peliculas-del-bafici-2017-tras-os-montes/), que sí tiene la capacidad de reponer mucho de la película:

“(…) la vida espiritual de un pueblo se enuncia en imágenes y sonidos; la experiencia subjetiva se objetiva y esa palabra tan anémica por su excesivo uso adquiere una prístina valencia y toma cuerpo sonoro y visual. Es que el pueblo se ve, se escucha; el pueblo como la indispensable suma que aporta cada individuo que pasó por un territorio en un tiempo, dejó su huella y se fundió en un coro sin límite.”

Una canción

El cierre del capítulo 11 de la tercera temporada de Twin Peaks. En la secuencia final con los hermanos Mitchum y Dougie, un pianista que se parece mucho al compositor de la serie, Angelo Badalamenti, aparece tocando espléndidamente “Heartbreaking” en las teclas (un rumor en el mundo virtual es que es Badalamenti mismo con una peluca a lo Burt Bacharach) mientras los tres personajes celebran su nueva amistad comiendo una tarta de frambuesa. En un momento, Dougie, que despues de estar 25 años encerrado en el black lodge tiene que aprender absolutamente todo lo que implica ser un ser humano, advierte al pianista tocando y dirige toda su atención hacia el y la música (una de las cosas maravillosas de este personaje/concepto es su capacidad/limitación de poder ir de a una cosa por vez) y con ese cambio de atención la escena se transforma imperceptiblemente, se estaciona y adquiere peso y sustancia. A partir de ese pequeño instante de conexión entre nuestro virginal protagonista y la música, toda la serie adquiere una emoción y una sensación de mundo complejo y completo, en el que a pesar de sus excentricidades ya nos sentimos timidamente familiarizados y el cual inevitablemente extrañaremos cuando llegue a su inevitable final. Es el climax secreto de la serie, el momento preciso en el que emerge el sentido de comunidad.

Un doble programa

Pump Up the Volume + Stand By For Tape Back-up: Dos formas de construir superhéroes solamente a partir de lo que dicen.

Un descubrimiento

La serie de Fassbinder, proyectada durante 6 días seguidos (un capítulo por día) en la Sala Lugones. Toda la precisión y el filo de Fassbinder retratando una comunidad de obreros de una fábrica y sus familias. Es un excelente triple programa con Twin Peaks T3 (por la maestría con que Fassbinder/Lynch trastornan los estereotipos a partir de la alteración del tiempo de las escenas, todo es tan estirado que resulta misterioso e incómodo) y A Fábrica de Nada (las dos relatan la lucha de poder entre los obreros y los patrones en el marco de una fábrica en crisis).

Un reencuentro

Mas que un reencuentro seria un encuentro: empezar a trabajar con Lautaro y Lucas a partir de la fusión de Las Pistas y Cinéfilo e inevitablemente empezar a compartir la cinefilia con ellos fue maravilloso. Fue una inyección de energía y sentido para seguir escribiendo sobre cine. Fue una muestra de que pensar/escribir (pero también filmar) de cine es algo que tiene sentido cuando se hace en compañía de otros. Ver Doble de cuerpo de Brian de Palma en compañía de mis viejos y nuevos amigos ilustra a la perfección este reencuentro.

Una experiencia en sala de cine

Las trasnoches de superacción en el festival de Cosquín. Por primera vez programamos dos funciones sorpresa al cierre de la noche del jueves y del viernes, en donde además había cerveza gratis, y fue todo un éxito. Cosquín cada vez está mejor. Es un festival en donde realmente ver películas, pasar películas, hablar de películas y conocer gente que está interesada en eso es lo más importante. Es una celebración desinteresada (porque no hay plata organizando simbólicamente ni materialmente nada) de las películas y los espectadores. Esperemos que dure muchos años más.

Un texto

Las clases abiertas que Piglia dio en la TV Pública sobre la obra de Jorge Luis Borges.

Y el texto introductorio de La Internacional Cinéfila  2017 de Roger Koza.

Un fotograma

Un momento mágico que atesoró la persona con la que vi por primera vez Trás-os-Montes.


Martín Álvarez (Crítico de La vida útil. De patria cordobesa, ahora vive en la tierra donde nacen las mejores películas del mundo)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves)

Una canción

The Singing Street
en este programa alucinante de Kino Slang en el Echo Park Film Center, recomiendo repetir en el mismo orden:
http://kinoslang.blogspot.com/2017/12/
(Andy Rector es el tipo que arma estas cosas, un grande)

Un doble programa

Solo los ángeles tienen alas (Hawks) / The Other Side of Hope (Kaurismäki)

Un descubrimiento

Jean Epstein (películas y textos).

Un reencuentro

Robert Forster y Pam Grier en Jackie Brown / Cuatro noches de un soñador (Bresson)

Una experiencia en sala de cine

En algún momento hace 7 años me agarró mucha ansiedad por ver cine clásico y le propuse a Ale Cozza que me deje darle una mano en el Pasión de los Fuertes, su ciclo de cine clásico en el Cineclub Municipal en Córdoba. En realidad le estaba pidiendo ayuda yo a él porque quería que me cuente lo que sabía y hacer eso con alguien más para no abandonar como me había pasado otras veces. Fue una de las mejores ideas que tuve en mi vida. En pocos lugares aprendí tanto ni la pasé tan bien como en el Pasión, y este año fue un poco triste tener que dejarlo cuando nos mudamos a Los Angeles. Pero fue lindo despedirse al lado de Ale y José Fuentes Navarro, dos tipos que son como Langloises mezclados con John Peel, sobre todo dos amigos. Una lista de esos 7 años:

The Shop Around the Corner (Ernst Lubitsch)
The Man from Laramie (Anthony Mann)
Forty Guns (Samuel Fuller)
The Lusty Men (Nicholas Ray)
Alyonka (Boris Barnet)
Going My Way (Leo McCarey)
Seven women (John Ford)
The Purchase Price (William A. Wellman)
Remorques (Jean Gremillon)
Rendez vous de juillet (Jacques Becker)
Gentleman Jim / The Man I Love / Me and My Gal / The Return of Mamie Stower / They Drive by Night / High Sierra / Pursued / The Strawberry Blonde / The Bowery / The World in his Arms (Walsh)

Un texto

«Siete veces Zama» (Ramiro Sonzini).

Un fotograma

La zarigüeya de The Southerner:


Lucía Salas (Línea fundadora de Las Pistas. Ahora, crítica de La vida útil y corresponsal extranjera. Calartian)

Una película

The Other Side of Hope

Una canción

«La disco resplandece» en La disco resplandece

Un doble programa

Ta peau si lisse/Donovan’s Reef

Un descubrimiento

Dorothy Arzner en las clases de Historia del Cine de Gary Mairs en Calarts.

Un reencuentro

Twin Peaks temporadas 1 y 2 antes de que empezara la nueva temporada. El triplete no fue lo mejor para ver a punto de mudarse a este nido de males.

Una experiencia en sala

El último programa del año de Kino Slang en el Echo Park Center. De hecho fue el mejor programa que vi en muchísimo tiempo. Andy Rector es un genio y ojalá viva 100 años.

Si lo van a ver, háganlo en este exacto orden:

The Singing Street (The Teachers of Norton Park School, Edinburgh, 195 1, 17 min) / Il Viandante – The Wayfarer (Jean-Marie Straub, Danièle Huillet, 2001, 5 min) / A Caça ao Coelho com Pau – The Rabbit Hunters (Pedro Costa, 2007, 23 min) / The Amazing Transparent Man (Edgar G. Ulmer, 1960, 58 min)

Un texto

El texto introductorio de Roger Koza para la Internacional Cinéfila

Un fotograma


Paul Von Sprecher (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº1)

Una película

La telenovela errante. El desparpajo y la libertad que impregnan la filmografía de Ruiz  se encuentran en su quintaesencia en esta película separada en distintos capítulos, con situaciones propias de la telenovela y parodiando a la sociedad chilena. Si la distribución fuera más justa y se estrenara la vería tantas veces como a Zama (a la cual estuve por elegir en esta categoría).

Una canción

«My Sweet Lord» de George Harrison en Guardianes de la Galaxia 2: Pertenece a mi banda sonora preferida del año y aparece en un momento crucial de la película (cuando Star Lord ingresa al planeta de su padre, a quien recién conoce). Gracias a lo bien que suena en esta escena, se transformó en una de las escasas canciones que apenas las escucho me hacen recordar a una película y que no fueron hechas para ésta.

Un doble programa

La  bella y la bestia (Jean Cocteau, 1946) / La bella y la bestia (Bill Condon, 2017): Aunque parezca un programa doble obvio ambas películas son bastantes distintas. Desde algunos aspectos de la historia (como que en la versión de Cocteau Bella tenga hermanas) hasta el aspecto artesanal de la de los 40 y el amplio uso de pantalla verde en la de Condon (cada uno, propios del tiempo en que estuvieron hechas); pero ambas tienen cierto encanto de los buenos cuentos de hadas que hizo que sean dos de las películas que más placer me causaron este año (y harían un excelente programa triple con la versión animada de 1991)

Un descubrimiento

Retrospectiva de Francisco Regueiro en el BAFICI. Programada por Álvaro Arroba, esta retrospectiva me permitió conocer a Regueiro, quien tiene un manejo del ritmo y de la narrativa increíbles, además de saber filtrar su crítica al franquismo. Entre las que vi las que más destaco son El buen amor (1963), que parte de la típica película romántica onda Nouvelle Vague para transformarse en algo mucho más fresco y Duerme, duerme, mi amor (1975), comedia negrísima que transcurre en un vecindario y que se nota que influenció a  Almodóvar y a De la Iglesia, pero que va mucho más lejos que éstos.

Un reencuentro

Ferris Bueller’s Day Off en Hoyts. En uno de los reestrenos mensuales del Hoyts, apareció esta joya de los 80, que –en una impecable copia en DCP– me demostró que está a la altura o supera a El club de los cinco dentro de la filmografía de John Hughes, quien estaba a un nivel mucho más alto que la mayoría de sus contemporáneos. Y que Matthew Broderick interpretara a quien interpretare, siempre iba a ser Ferris Bueller.

Una experiencia en el cine

Salas sin mujeres. Desde películas Soviéticas de género (Aerograd, Batalla más allá del sol), pasando por películas de culto (La balada de Cable Hogue, Flesh+Blood) hasta estrenos de acción (Power Rangers, Liga de la Justicia) me encontré en salas (tanto del Patio Olmos como del Cineclub Municipal) con la sola presencia de público masculino. Algo ni bueno ni malo, pero sí extraño.

Un texto

“No te mueras sin decirme adónde vas (Subiela y el Nuevo Cine Argentino). Primera y segunda parte” de Nicolás Prividera (publicado en Con los ojos abiertos). Prividera sorprende publicando estas notas (a propósito de la muerte de Subiela) que van más allá de cualquier lugar común sobre Subiela.

Un fotograma

Me casé con una bruja (René Clair, 1942): No es de este año pero la vi por primera (y segunda) vez este año. El fotograma con la cara sorprendida de Veronica Lake y la olla (donde está su padre que es brujo como ella) representa la sorpresa y el misterio que representan para mí el cine y que sentí este año al ver que varias películas superaban ampliamente mis expectativas o eran muy distintas a lo que creía. Incluyendo esta obra maestra, que apenas la vi pasó a formar parte de mi canon de películas preferidas.


Iván Morales (Ex-Las Pistas. Su ídolo es Riquelme)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves, 2017)

Una canción

«Take Me Home, Country Roads» (John Denver) en Logan Lucky (Steven Soderbergh, 2017)

Un doble programa

Wind River (Taylor Sheridan, 2017) / Track of the Cat (William Wellman, 1954)

Un descubrimiento

Las imágenes bajo tierra de Dawson City: Frozen Time (Bill Morrison, 2016)

Un reencuentro

Las luces y sombras de Ricardo Younis en Los tallos amargos (Fernando Ayala, 1956), gracias a la copia restaurada que proyectó Peña.

Una experiencia en el cine

El tango de Rosario Bléfari en Muñequita porteña (José A. Ferreira, 1931) y la copia recuperada por el Museo del Cine «Pablo Ducrós Hicken».

Un texto

El primer trabajador: http://www.davidbordwell.net/blog/2017/01/23/how-la-la-land-is-made/

Un fotograma


Juan Villegas (Director. Tanguero)

Una película

El otro lado de la esperanza.

Una canción 

Cualquiera de las que aparecen en El otro lado de la esperanza.

Un doble programa

Out of the past (1947, Jacques Torneur) / Hell or High Water (2016, David Mackenzie)

Un descubrimiento

Damien Manivel.

Un reencuentro

Volví a ver La Dolce Vita luego de muchos años. La recordaba como muy buena; ahora me pareció extraordinaria.

Una experiencia en sala de cine

Mi amigo Iván Lapshin, de Aleksey Germán, en copia 35mm en el FICIC.

Un texto

Los empleos del tiempo, del colectivo “Los hijos”. http://ctxt.es/es/20170503/Culturas/12541/cine-precariedad-cultura-colectivo-los-hijos.htm

Un fotograma


Mariano Morita (Cameron-Carpenteriano. Pueden leerlo en Notas de cine)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves)

Es el cierre de la mejor trilogía de la década, sobre la que todavía no me animo a escribir. El simio César es uno de los personajes más completos, políticos y humanos (ja!) de los últimos años.

Una canción

«Take Me Home, Country Roads» de John Denver en Logan Lucky (Steven Soderbergh)

Un doble programa

Get Out (Jordan Peele, 2017) / The Serpent and the Rainbow (Wes Craven, 1988)

Dos películas donde el terror se manifiesta como impotencia y anulación del control, en primera persona. Dos películas que trabajan la «zombificación» como tema, duramente políticas, y que recuperan al zombie autómata clásico.

Un descubrimiento

Sofía Gala es el evento principal en Alanis (Anahí Berneri). Es una película sobre el trabajo, pero sobre el trabajo con el cuerpo. El suyo y la unión con su propio hijo son la materia fundamental que constituye a la película.

Un reencuentro

Okja de Bong Joon-Ho. Después del desastre de Snowpiercer (2013) Bong regresó con una criatura que es el reverso exacto de The Host (2006). La película no es extraordinaria y hasta por momentos es políticamente ingenua, pero al menos se aleja de lo alegórico de su antecesora.

Una experiencia en sala de cine

Ver measuring change de James Benning con Benning en la sala y su posterior charla. Hay que admitir que el verdadero sentido en mucho de su cine aparece así y no lo digo como algo malo.

Un texto

Campo y fuera de campo, por Luciano Monteagudo.

Un fotograma

Kim Min-he mirando la nieve por la ventanilla del taxi mientras reza el Padre Nuestro, en The Day After (Hong Sang-soo)


Gabriel Von Sprecher (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº2)

Una película

66 Kinos de Philipp Hartmann

Este año no fui a ningún festival de cine, tampoco tuve o busqué los posibles lugares de acceso a lo que podríamos llamar el cine contemporáneo no hollywoodense; el cine que importa – tal vez diría alguien. ¿Qué es lo que me queda entonces? Los márgenes en cierta medida. Un festival pequeño, posible de tomar cariñosamente entre las manos, el FICIC;  también, los cineclubs (los míos: el Cineclub Municipal Hugo del Carril, sede del Cinéfilo, del Pasión de los Fuertes; y por otro lado, el cálido espacio de La Quimera), tan alejados en la actividad cotidiana de ver cine al frenesí de los festivales.

Las listas y los debates de fin de año pueden estar atravesados por ciertos hits cinéfilos de la cartelera (a la cual por cuestiones más bien monetarias tampoco me acerqué demasiado este año) y los descubrimientos o más bien las películas ampliamente anticipadas vistas en los festivales. Me siento fuera de esas instancias en esta ocasión. Un poco incómodo, sin quererlo con algo de injustificada inseguridad en el valor de las películas de las que pueda hablar, pero tratando de entender en qué lugar del cine me estoy parando, porque si hay algo que no dudo es que el cine me atravesó fuertemente este año como en tantos otros.

El cine es una forma de acercarse al otro. En otro año, la elección de una película podría haber recaído en algo de Sylvain George o en la enorme Irak año cero. Este año fue un tanto introspectivo. En el cine existe la posibilidad de verse a uno mismo como un otro, o en un otro, y en el Cineclub se estrenó esta pequeña película de Philipp Hartmann, donde vi reflejados los espacios que habito todos los días, la forma en que el cine me atraviesa materializándose en las salas (la forma en que yo vivo esta experiencia). Entonces, una película que es reflejo de la forma y de los espacios en que vi películas durante el año.

Una canción

La Internacional en Kattie Tippel de Paul Verhoeven.

La protagonista vive la gran escena del desamor burgués. Luego de un intenso idilio Rutger Hauer le dice que se va a casar con la hija del dueño del banco; le avisa que lo que tenían va a tener que terminar. No es tan trágico en la medida que ellos siempre supieron que las reglas del juego eran así, dice él. Katie no espera ni deja nada a un pasivo conformismo y huye de la casa donde convivían esa misma noche. En las calles de Amsterdam, sola y sin ningún lugar adonde ir, vuelven a nosotros ominosas las imágenes de pobreza extrema y desesperanza del principio de la película, de las cuales la protagonista parecía haber podido alejarse. En aquel momento apenas iluminado por una farola de la calle se empieza a escuchar en la lejanía La Internacional. La mirada de Katie se dirige hacía el sonido, en la profundidad del plano oscuro; caminando por una callejuela hay una gran fila de hombres y mujeres avanzando y cantando, es una manifestación. Kattie corre hacia ellos, se mezcla con la multitud, toma por los brazos a dos personas y se une al canto.

Un doble programa

The Night Is Short, Walk on Girl de Masaaki Yuasa + Un divan à New York de Chantal Akerman

¿El cine puede hacernos mejores personas?

Dos pequeñas películas sobre la construcción de dos parejas, donde quienes las forman tienen una experiencia de crecimiento paralelo a través del conocer al otro, a una forma de enfrentarse a una realidad distinta a la propia, pero sin estar literalmente con el otro, sino a través del enfrentarse a observar las consecuencias de las acciones de este otro, de lo que lo va rodeando, de los objetos que se van cargando de significado. En ambas películas los personajes terminan coincidiendo en sendos finales felices, amables regalos del cine.

Autocrítica de un perro burgués de Julian Radlmaier + ‘Operación Y’ y otras aventuras de Shurik de Leonid Gaidai

Dos películas de humor marxista (Groucho+Karl, como dice sobre su propia película Radlmaier). La segunda un descubrimiento cortesía de los necesarios buceos de Martín Emilio Campos por el cine soviético (el Cineclub Municipal de nuevo).

Un descubrimiento

Georges Schwizgebel + Cheh Chang.

Si hay una instancia de descubrimiento que en cierta medida es el necesario paso previo al cineclub (el paso previo a la programación, la investigación) es el buceo por internet, buscando los nombres (miles de nombres) que no están en las programaciones.

A partir de una casualidad llegué a Schwizgebel, que estira las posibilidades de la imagen y de la mirada, además de construir el más terrorífico y diferido poema de desamor en Le ravissement de Frank N. Stein.

Por mi interés en el cine hongkonés llegué al maestro Cheh Chang, co-creador del wuxia, director de miles películas de género, mutante de la irrealidad de los cuerpos saltando por la pantalla y amante de los signos sugerentes powerrangeros (los ninjas de los cinco elementos -con sus cinco colores- y los cinco venenos -con sus cinco animales representados en sus cinco máscaras-).

Un reencuentro (para bien o para mal)

Escuela de rock de Richard Linklater

Verla en una sala de cine por primera vez, luego de años de la última vez -en la cual era yo un niño o mínimo un adolescente-, y descubrir muchos pequeños movimientos de cámara totalmente desapercibidos antes, o la construcción de las mecánicas del trabajo en equipo al mejor estilo hawksiano.

Una experiencia en el cine

Una canta, la otra no de Agnès Varda en La Quimera.

Primera película de un ciclo llamado “Mujeres en el cine, mujeres en lucha”, la electricidad en el ambiente y el aplauso final. Luego, las conversaciones conmocionadas sobre lo que acabamos de compartir.

Un texto

Momo de Michael Ende

Hace unos días les decía a algunos de los miembros de este espacio que realmente no leo prácticamente crítica de cine. Con la literatura tengo un trato hasta excesivo a causa de la carrera que estudio. Para este punteo elijo un libro de Michael Ende que nada tiene que ver con los programas de la facultad (el mejor escritor de novelas maravillosas, como también infantojuveniles, que yo haya leído).

Hay un momento en el que el Maestro Hora dice: “Porque al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis el corazón para percibir, con él, el tiempo”. El tiempo sólo se percibe por nuestra subjetividad (o por el deterioro o cambio de la realidad material de nuestro alrededor, o sea no existe tiempo, sólo instancias cambiantes, pero bueno, es una opción) y además, a través del cine.

El cine, siguiendo algunas ideas de Jean Epstein, es un potenciador de una forma de percibir la realidad (como el telescopio para los ojos, o el audífono para los oídos). Si el corazón es el que percibe el tiempo, el cine es también un potenciador o agudizador de nuestra sensibilidad.

Un fotograma

El año pasado en la encuesta de Las Pistas varios participantes nombraron la película de la cual viene este fotograma, Stand By for Tape Back-Up, la dieron en Bafici o en Mar del Plata; es una de esas pelis pequeñas que a veces pasan desapercibidas pero que sacuden el piso de cualquier espectador sensible. Fue el cierre de este año de la programación del cineclub Cinéfilo, llegó a nuestro Cineclub Municipal, llegó a meterse como punzón a nuestro año cinéfilo, a cerrarlo, a ser el punto final de la actividad en nuestros pequeños hábitats de todas las semanas. Me da la impresión de que todo lo escrito para esta encuesta no habla mucho de las películas; cómo en esta película en que las imágenes sólo pueden ser reflejo, para el observador-narrador, de él mismo.


Paola Buontempo (Programadora del Festifreak. Prepara una película sobre caballos que queremos ver urgentemente)

Una película

Dawson City: Frozen time (Bill Morrison)

Una canción

“Heart of gold” en Good Luck (Ben Russell)

Un doble programa

Reason Over Passion (Joyce Wieland) y El mar la mar (J.P. Sniadecki, Joshua Bonetta)

Un descubrimiento

Flores (Jorge Jácome)

Un reencuentro

Taipei Story de Edward Yang (¡para bien!)

Una experiencia en sala de cine

On the Beach at Night Alone (Hong Sang-soo), multitud en Gaumont.

Un texto

A la escucha de Jean-Luc Nancy

Un fotograma


Pablo Martín Weber (Cineasta. La muerte de Iván Ilich. Córdoba)

Una película

Perdón que elija películas viejas, pero he visto bastante poco cine este año y no me he acercado a ninguno de los festivales nacionales más importantes. Elijo Trouble in Paradise, de Ernst Lubitsch. Una de las más inteligentes críticas al capitalismo que yo haya visto de Hollywood. Filmada apenas tres años después del crack de la bolsa, enfrenta la cuestión de la desigualdad económica con varios diálogos memorables y actuaciones milimétricamente ejecutadas. Daría todo por tener ese nivel de maestría en la puesta en escena. Una intuición triste (o más bien melancólica) que tengo es que esa clase de directores ya no van a surgir, que Lubitsch se corresponde a una sensibilidad e inteligencia propia y específica del siglo pasado. Una verdadera comedia hollywoodense (con final feliz y todo), película en la que siempre pienso cuando leo sobre el macartismo: ¿cómo hubiera sido el cine yanqui si no hubiéramos tenido a ese siniestro senador dirigiendo contenidos y persiguiendo artistas? Para los que ya la vieron, la escena en la que la madame es intercedida por un trotskista que le empieza a gritar en ruso siempre me hizo cagar mucho de risa. Hay varios chistes muy buenos. Y ya que estamos… Ninotchka también es un peliculón de Lubitsch (ahí les da masa a los soviéticos).

Una canción

“Llorando” de Rebekah del Río en Mulholland Drive de David Lynch.

Un doble programa

La rabbia de Pasolini y Of Time and the City de Terence Davies. A ese plan se le podría agregar Outros Amarão as Coisas que Eu Amei de Manuel Mozos… capaz ya sería muy afrecho porque son intensas las tres, requieren concentración y disposición para el acto de ver.

Un descubrimiento

Construcciones de Fernando Restelli. Amores, conflictos, sueños y proyectos de los trabajadores cordobeses. Me conectó con mi infancia de una manera muy intensa, sobre todo las escenas en las que están en el río: volví a mis ocho años, en el Fantasio, con mi familia, mis tíos escabiando en un melón y nosotros los pendejitos echando moco en el agua. Orgullo y alegría de que se haya filmado algo así en esta ciudad.

Un reencuentro

5 pal peso de Raúl Perrone. La había visto apenas entré a la facultad. La volví a bajar hace muy poco porque recordé que podría ser interesante para un guion que estamos terminando. Es una cosa maravillosa. Cuando el personaje de Campi lo va a visitar al padre, que hace diez años que no ve. Entra, pone la pava para hacer unos mates, y Campi le dice: “Viejo, ¿no perdés más la costumbre de guardar los fósforos usados en la cajita?”. El diálogo sigue y en un momento el padre le dice señalándose el corazón: “Siempre te tuve muy acá”. Campi se ríe y se dan un abrazo. En fin, ese tipo de cosas son las que me hacen pensar que todavía vale la pena seguir haciendo películas.

Una experiencia

Irrational Man de Woody Allen, en el Nuevocentro. No por la película (una garcha) sino por la persona con la que fui.

Un texto

El siglo de Alain Badiou. Sobretodo me interesan los pasajes sobre Brecht y las vanguardias. Considero que es un aporte muy valioso para aquellos que, de alguna u otra manera, nos sentimos interpelados por la práctica artística. El texto, entre otras cosas, busca problematizar algunas concepciones estético-políticas que el marxismo promovió durante el siglo pasado y que llevaron a la crisis existencial del 89 y el final del socialismo como perspectiva real de construcción de un modo de vida alternativo. Es un valiente ejercicio por seguir pensando y creando; no dejarse derrotar y seguir soñando e intentando construir un mundo en común.

Un fotograma

Este fotograma de Mundo grúa de Pablo Trapero. El tipo está separado, vive solo, no consigue laburo en Capital y su hijo está perdido en un mundo que no le ofrece nada. Le salió un trabajo para manejar grúas en el sur y se lo está por decir a una mina con la que está saliendo (muy enganchado) y que conoció porque le vendía sanguches de milanesa en el kiosco a la vuelta de una obra en la que estaba haciendo unas changas. Se lo dice, le dice que va a estar todo bien, que la va a venir a ver cada quince días, que no se preocupe. Ella le corta. Él se va solo, a vivir en una pensión con otros treinta obreros, dejando atrás la ciudad en la que se crió y a la mujer que ama. (Este es el plano de establecimiento que inicia la escena: ellos sentados, el cartel de “Tenedor Libre”, la perspectiva de la calle porteña a la derecha del cuadro, un 4:3 soberbio, muy bien usado). En general me interesa bastante poco el Nuevo Cine Argentino pero ésta es hermosa.


Miguel Peirotti (Crítico. Antes en La Voz del Interior, ahora con columna propia en Con los ojos abiertos)

Una película

Paterson, de Jim Jarmusch

Una canción

“The Pure and the Damned”, de Oneohtrix Point Never ft. Iggy Pop (de la película Good Time, de Benny y Josh Safdie)

Un doble programa

A quemarropa, de John Boorman, junto a Brawl in Cell Block 99, de S. Craig Zahler.

Un descubrimiento

La actriz Hana Sugisaki en Blade of the Immortal, de Takashi Miike.

Un reencuentro

Me reencontré con The Stooges viendo Gimme Danger: The Story of the Stooges, de Jim Jarmusch

Una experiencia

Temporada de caza, de Natalia Garagiola.

Un texto

«Leer poesía traducida es como bañarse con un impermeable puesto». Lo dice un personaje japonés al final de Paterson.

Un fotograma

La cara de la criatura Okja, en cualquier momento de la película Okja


Mariano Luque (Cineasta. Este año estrenó Otra madre)

Una película

Sieranevada, de Cristi Puiu

Una canción

“Brokendate” de Com Truise, tema de inicio de Toublanc, de Iván Fund y la secuencia de “Axolotl” de The Veils en Twin Peaks: The Return de David Lynch

Un doble programa

El corto L’amour existe (1961) de Maurice Pialat, y de nueva no tiene nada pero sí es posterior al corto del mismo director: Loulou (1980) proyectada en 35 mm en la Sala Lugones

Un descubrimiento

El corto Elephant (1989), de Alan Clarke, al que me parece que Gus Van Sant le debe todo.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Gran reencuentro con el cine de David Lynch: Twin Peaks: The Return

Una experiencia en sala de cine

Una proyección en 35 mm de Diamonds of the Night de Jan Nemec

Un texto

No tengo tanta memoria para tomar uno, pero sigo bastante los textos de Roger Koza y Nicolás Prividera.

Un fotograma

Aprovecho y mando una foto muy linda que sacó Cecilia Rotondi en una proyección de Otra madre, dirigida por mí.


Guillermo Franco (Fotógrafo, programador del Cineclub Municipal Hugo del Carril)

Una película

El otro lado de la esperanza (Aki Kaurismäki)

Una canción

El cover de “The Greatest Love of All” en Toni Erdmann (Maren Ade), o el soundtrack completo de As Mil e Uma Noites (Miguel Gomes).

Un doble programa

Cine y Fotografía: No Intenso Agora (João Moreira Salles) y la muestra Robert Frank (Os Americanos + Os libros e os filmes). Todo ello visto en el Instituto Moerira Salles de São Paulo (Brasil).

Un descubrimiento

Dawson city: Frozen time (Bill Morrison)

Un reencuentro

Para bien, el reencuentro con Terence Davies gracias a Una serena pasión.

Una experiencia en sala de cine

Entrar todos los días al Cineclub Municipal Hugo del Carril.

Un texto

«Water falls. Water falls from bright air. It falls like hair, falling across a young girl’s shoulders. Water falls making pools in the asphalt, dirty mirrors with clouds and buildings inside. It falls on the roof of my house. It falls on my mother and on my hair. Most people call it rain». (en Paterson, Jim Jarmusch)

Un fotograma

Cualquiera de los afiches promocionales de Zama (Lucrecia Martel)


Rodrigo Moreno (Cineasta. Este año estrenó Una ciudad de provincia)

Una película

The Other Side of Hope, de Aki Kaurismäki (Finlandia, 2017)

Una canción en una película

“I’ll Be There in the Morning” de Townes Van Zandt en Arábia, de Joao Dumans y Affonso Uchoa (Brasil, 2017)

Un doble programa

Train to Busan, de Yeon Sang-Ho (Corea del Sur, 2016) / La llegada de un tren a la Ciotat, de Louis y Auguste Lumière (Francia, 1896)

Un descubrimiento

La disco resplandece, de Chema García Ibarra (España, 2016)

Un reencuentro (para bien o para mal)

Pierrot le fou, de Jean-Luc Godard (Francia, 1965). Sala Lugones. Para bien.

Una experiencia en el cine  

Mudar de vida, de Paulo Rocha (Portugal, 1966). BAFICI 2017.

Un texto

Este párrafo de David Oubiña en La enseñanza de cine, Cuadernos de Cine Documental 11, UNL, agosto 2017.

Tal vez, entonces, lo que se puede enseñar es que nunca se debe adquirir un «oficio». Ésa es una palabra terrible en el dominio del cine. Como cuando se dice que tal director «tiene mucho oficio». Esto habla de alguien que enfrenta los problemas de una película de la misma manera que los encaró en una película anterior. Tener oficio significa dar respuestas viejas a problemas que siempre son nuevos. Lo más interesante del cine es justamente tener que enfrentar, en cada film, problemas nuevos. Cocteau decía que Picasso le había enseñado que hay que correr más rápido que la belleza, para que pareciera que uno le está dando la espalda. Uno trabaja todo la vida para construir un estilo y, cuando lo logra, queda preso de ese estilo. Los grandes cineastas son aquellos que todo el tiempo le escaparon al oficio y le escaparon a acomodarse en un estilo. Lo mejor que tiene el cine es que cada nueva película circula todo el tiempo al borde del naufragio. A veces, y solo a veces, la película logra salir a flote. Pero por eso tiene sentido hacer cine.

Un fotograma

Sobéré Sessouma en Le parc, de Damien Manivel (Francia, 2016)


Carla Maglio (@novistenada en Twitter, recomendamos que la sigan)

Una película: 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017)

“Recién vi 24 Frames*. Voy caminando por Corrientes. Se me sale el corazón. Creo que la ha filmado después de morir”.

“Ayer volví a ver 24 Frames y sigo igual de sorprendida, aunque esta vez estuve más serena. Lo más deslumbrante de la película viene de que, al contrario de «La paz del cielo»**, el mundo de 24 Frames sea idéntico al nuestro, sea el nuestro. Y luego hay muchas otras cosas: que la crueldad de la vida no sea igual a la crueldad de los hombres y que, por eso, podamos reírnos si acaso con peso, nunca con culpa. Y que nos haga ver en cualquier cosa pequeñita algo más que humano, pero sólo posible porque están nuestros ojos. Y que con esas historias, tan chiquitas, tan no humanas en apariencia, nos tenga en vilo y nos emocione como si el cine fuera en serio tan grande, más grande que… -ya sabés. Y que junte al cine con toda la historia de la filosofía sin decir una sola palabra, apenas en esos cuadritos. También es emocionante tratar de pensar en cómo la ha hecho, en el tiempo que tiene que haberle dedicado… En fin, no quiero ponerme cursi, menos grandilocuente. Además, mi entusiasmo no es tan compartido”.

* 24 Frames se proyectó dos veces en Buenos Aires, en el FIDBA y éstas, más o menos, fueron mi impresiones a la salida del cine, o poco después.

**Bonus: «Cuando supo que estaba muerto»

Una canción en una película

En 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017), “Poema” (1925), de Mario Melfi y Eduardo Bianco, en versión de la orquesta de Francisco Canaro (1935), con voz de Roberto Maida. [Espero no estar pifiándole a la versión. Se agradecen correcciones.]

Un doble programa (vieja y nueva)

ORG (Fernando Birri, 1968-1979) + No Intenso Agora (João Moreira Salles, 2017)

Pese a mi elección de 24 Frames, quizá lo más justo sería decir que ORG ha sido la película del 2017 (*). Filmada en 1968, montada a lo largo de once laboriosos años y estrenada en Venecia en 1979, se vio por primera vez en Argentina en la última edición de BAFICI, en la magnífica versión restaurada por Arsenal-Berlin y exhibida antes en el Forum de la Berlinale. Hay que valorar la decisión de traerla y, al mismo tiempo, deplorar el lugar marginal al que distintas decisiones la confinaron. Pero ese es otro tema. Para Birri, ORG era un “no-film”, era más bien la posibilidad de una experiencia para “vísceras pensantes”. Había que ideologizar todo, pero también sensorializar todo porque no habría “revolución verdadera sin revolución del lenguaje”.

Casi medio siglo más tarde de que Birri acometiera esa aventura perceptiva y política monumental, João Moreira Salles nos trae su No Intenso Agora, una película construida de fragmentos de otras y montada según aquello que enlaza esos fragmentos con la memoria y con la voz, muy presente, de Moreira Salles. Se ha repetido que es una película melancólica, aun amarga, fijada en la imposibilidad de recuperar la vitalidad de la experiencia del 68 (tal vez, también la de la niñez). Yo creo que antes que eso, mejor que eso, No Intenso Agora es una crítica -claro está que ni cínica, ni renegada- del tipo de energía y de los supuestos que alimentaron las jornadas del Mayo del 68 francés (también, la oleada de revueltas alrededor del mundo, pero sobre todo, la parisina) y de la deriva subjetivista y fragmentaria que esos días, que esa experiencia, o que ese tiempo, impusieron o propagaron a la praxis política desde entonces. Los jóvenes que protagonizaron aquella rebelión decían “Queremos palabras, no acciones”. Moreira Salles reconoce la belleza de esa voluntad, pero -replica- ésa no es una consigna política. Al 68 le faltó política y en esa falta se cifra la imposibilidad de su sostenimiento.

En el arco temporal que va del 68 a nuestros días, en lo que va de ORG a No Intenso Agora, parecen  haberse acumulado causas y razones que merman nuestra confianza en el programa liberador que estuvo en el inicio. Si Birri encontraba que revolucionar el lenguaje (y está claro que llama “lenguaje” a una amplia serie de prácticas comunicativas) era condición para revolucionar toda la vida social, Moreira Salles parece más escéptico al respecto y, tal vez, echar más en falta algunas de las virtudes y las prácticas de la política (desde la polis al siglo XIX) que nuestra época se acostumbró a desdeñar, cuando no a hacerlas anatema. Es en la recuperación de esas tradiciones donde arraiga su (no sé si tan tenue) esperanza.

Quisiera agregar a este doble programa una tercera película, la otra gran película argentina del año: Cuatreros (Albertina Carri, 2016), pero me piden dos.

(*) Esto fue escrito antes de la muerte de Fernando Birri. Hoy, dan ganas de decir más, mucho más.

Un descubrimiento

Mi descubrimiento de este año fue no una película, sino una directora: la alemana Helma Sanders-Brahms (1940 – 2014). Vi tres películas de ella este año:

Heinrich (1977), sobre la vida y los escritos de Heinrich von Kleist. Con la extraordinaria Grischa Huber como Ulrike von Kleist y Heinrich Giskes dándole su voz a los textos del propio Kleist -su trabajo literario y muchas de las cartas que enviaba a su hermana, a sus amigos, o a Marie von Kleist. Lo más bello que vi en 2017.

Unter dem Pflaster ist der Strand (1975). Otra película sobre lo que dejó el 68. Pero ésta filmada en Alemania y en 1974, cuando la brevedad de los años que habían transcurrido debía de hacer más evidente lo trágico, o por lo menos lo triste, de la separación de dos épocas. De nuevo, Grischa Huber, magnífica. Grischa es Grischa, un actriz que necesita abrir su amor al mundo, hacer de él algo útil -si, útil. Pero quiere -o quiere creer que es posible- hacerlo de a dos.

Deutschland bleiche Mutter (1979) es la historia de una madre y una hija durante la Guerra. Narrada en primera persona por la propia voz de la directora, la derrota de estas dos mujeres, y del padre y marido ausente o espasmódico, se confunde con la historia misma de Alemania, con el dolor y la parálisis de una vergüenza.  ¡Oh Alemania, pálida madre! /¿Qué han hecho tus hijos de ti/ para que, entre todos los pueblos,/ provoques la risa o el espanto? BB

Un reencuentro

Este año, quizá después de ver Unter dem Pflaster ist der Strand, tuve una mirada aun más amarga de Gertrud. No de Gertrud (Carl Theodor Dreyer, 1964), la película, sino de nuestra Gertrud Kanning.

¿Qué hay que creer de sus reclamos de amor? Gertrud le ha exigido a Gustav, su marido, un amor absoluto y ha probado que él es incapaz de dárselo. Ahora se está sentando, o se ha sentado ya, en el rígido sillón del escritorio y tiene algo de triunfo, de satisfacción agria en el rostro. Esta la clave de esa sonrisa indecisa o burlona: Gertrud cree haber demostrado la imposibilidad del amor. Es curioso, porque no se puede detener del todo esa expresión en ninguna captura que se haga. Sólo se la ve en la imagen en movimiento, mientras ella se desliza hacia atrás para sentarse.  La exclusividad que Gertrud le pide al amor, la prescindencia o la renuncia del mundo es su coartada perfecta. Para Gertrud, el mundo debe desaparecer de la escena porque ella es ya todo el mundo: “la nube”, “el rocío”, “la luna”, “el cielo”, la “boca que busca a otra boca”: todo es ella. Y es al mismo tiempo un sueño o una cadena de sueños, la vida.

Una experiencia en sala de cine

Las últimas sesiones del año de Filmoteca en Vivo en ENERC, con el gran Fernando Martín Peña acompañado por la sala desbordada de público y de alumnos de la escuela, para darle el agradecimiento que merece y mostrar el amor por el ciclo, después del anuncio del INCAA de su cancelación en 2018. Filmoteca No Se Va.

Un texto

Dos:

Pablo García Canga, de color i de perfums

Fernando Martín Peña, “Así se trata a los grandes y no cómo se lo ha hecho…”

Un fotograma: 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017)


John Campos Gómez (Director y programador de Transcinema)

Una película (más otra)

La película más inteligente y lúcida del año me parece No Intenso Agora, de João Moreira Salles (Brasil, 2017), pero mi preferida -también de montaje y de memoria histórica, aunque más lúdica y tierna- es Every Wall is a Door, de Elitza Gueorguieva (Francia-Bulgaria, 2017).

Una canción

«Las películas tristes me hacen llorar», por Gloria Benavides en Fuera de campo, de Marcelo Guzmán y Mauricio Durán (Bolivia, 2017)

Un doble programa (vieja y nueva)

Autobombo. La sección Herencias presentada en Transcinema 2017:

Jóvenes infelices o El hombre que grita no es un oso que baila, de Thiago Mendonça / 2016 / Brasil / 125’ + Blábláblá, de Andrea Tonacci / 1968 / Brasil / 28’ + Jardim Das Espumas, de Luiz Rozemberg Filho / 1970 / Brasil / 116’ + Bang Bang, de Andrea Tonacci / 1971 / Brasil / 93’

Un descubrimiento

Como programador estoy constantemente a la búsqueda, así que no tengo descubrimientos sino encuentros. Y este año tuve la suerte de encontrarme con la hasta recientemente inédita El hombres que siempre hizo su parte (Ecuador, 2017), de la cubana Orisel Castro y el alemán York Neudel, sobre un personaje fascinante y misterioso como el Dr. Carlos Rota, quien falleció cuando aún se estaba rodando la película. Tener el honor de «estrenar mundialmente» esta sentida película le da un poco más de razón a mi oficio.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Buena pregunta. No tuve grandes reencuentros porque me veo con la misma gente (cineastas, productores, críticos, programadores y cinéfilos) siempre en las mismas fechas y en los mismos lugares. Algo debe cambiar aquí. O ya, ok, sería reencontrarse en la sala nueve años después con una película de Lucrecia Martel.

Una experiencia en el cine

Soportar la insufrible, maniquea, explotadora y culebresca (o culebrítica) Custody, de Xavier Legrand (Francia, 2017). Inolvidable.

Un texto

Este año leí poco comentario cinematográfico. Será por ello que no encontré ningún texto memorable por los buenos motivos.

No obstante, elevaré a las bajuras este ridículo texto donde se mira por encima del hombro los distintos perfiles de cinéfilos que ejercen la crítica en el Perú: http://blog.desistfilm.com/2017/08/28/bitacora-de-tragedias-vol-3-el-estado-de-la-critica-de-cine-en-el-peru/ La mejor calificación del absurdómetro.

Un fotograma

El viejo hijo de puta de Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú, ratificando su infame decisión de indultar al genocida Alberto Fujimori, solo, escondido y asustado.


Ezequiel Salinas (Crítico. Queremos que en el 2018 escriba mucho en La vida útil)

Una película

Farpões, Baldios de Marta Mateus

Una canción en una película

«La Folie», The Stranglers en el final de Caniba

Un doble programa

La fábrica de nada de Pedro Pinho y Un chambre en ville de Jacques Demy

The Sound of the Fury de Cy Endfield y War of the Planet of the Apes de Matt Reeves

Dimanche de Edmond Bernhard y White Epilepsy de Philippe Grandrieux

Un descubrimiento

Les Eternels de Pierre Yves-Vandeweerd

Un reencuentro (para bien o para mal)

Standard de Jorge Acha

Una experiencia en sala de cine

Caniba de Verena Paravel y Lucien Castaign Taylor

Un texto

«7 veces Zama» de Ramiro Sonzini en Ojos Abiertos

Un fotograma

Alemania en otoño de VV.AA


Tatiana Mazú (Cineasta. Sensible y militante)

Una película

En vez de una, cuatro películas hermosas sobre las que me gustaría escribir si tuviera tiempo: A fábrica de nada de Pedro Pinho; Baronesa, de Juliana Antunes; Paris est une fête – un film en 18 vagues de Sylvain George; El otro lado de la esperanza, de Aki Kaurismaki. Y quiero nombrar tres cortos de esos que me hacen sentir que a veces filmar puede ser parecido a respirar: Eliminar videos, de Manuel Embalse; ¿Dónde estás en el futuro? de Julieta Seco, Où êtes-vous, Joao Pedro Rodrigues?, de Joao Pedro Rodrigues.

Una canción en una película

“Soy lo prohibido” en Casa Roshell de Camila José Donoso: siempre quiero que haya boleros en mi respuesta para esta categoría porque tengo un fetiche con las relecturas de lo melodramático. Esta vez lo logré. Igual no quiero dejar de mencionar los libres desvíos musicales de A fábrica de nada de Pedro Pinho y las ya típicas escenas con banda en El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismaki.

Un doble programa

Este año vi sin querer Raídos de Diego Marcone y Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril.

Un descubrimiento. No mío, si no en tanto obra póstuma y para seguir con las relecturas del melodrama, La telenovela errante de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento. Y bueno, tengo que admitirlo, venía negándome a ver películas de Hong Sang-Soo y animarme a ver On the Beach at Night Alone fue una de las mejores decisiones que tomé al sacar una entrada este año. Gracias, Hong, por tanto amor a la palabra y tanta sinceridad cinematográfica. –

Un reencuentro

A 100 años de la Revolución Rusa, volví a ver El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein. No cambió mi valoración -me gustaba y me sigue gustando- pero no la veía desde que empecé a estudiar cine hace diez años.

Un experiencia en sala de cine

La primera Asamblea de la Comunidad Audiovisual, en la Sala 1 del Cine Gaumont, antes del derrotismo. Todas las intervenciones por la aparición con vida de Santiago Maldonado antes de una proyección de las que me tocó participar, como realizadora o espectadora.

Un texto

Por hermosos y porque estando hace rato en mi biblioteca aún no los había leído, “Filmar la lluvia” en “120 historias del cine” de Alexander Kluge y “Ningún lugar a donde ir”, el diario de exilio de Jonas Mekas.

Un fotograma 

Volviendo a El acorazado Potemkin, mi relación con esa película empezó cuando a los ocho o nueve años mi papá me la hizo ver en VHS. Lo único que recordaba de ella al crecer era esto:


Maximiliano Schonfeld (Cineasta. Integra la ala crespense del cine argentino. Este año estrenó la maravillosa La siesta del tigre.)

Una película

Sieranevada

Un doble programa

Martín Solá en la Lugones

Un reencuentro

Con Claire Denis el día que encontraron el cuerpo de Maldonado. Fue un desencuentro

Un descubrimiento

El corto María, de Manuela Gamboa

Una experiencia

Coscoínos en estado de euforia por ver Otra madre de Mariano Luque

Un texto

Francisco Márquez en Radar, acerca de Agnès Varda

Un fotograma

Toublanc


Nicolás Abello (Cineasta. Filmó La mirada escrita, sensación cordobesa del año)

Una película

Hell or High Water (David Mackenzie, 2016). Film tremendamente popular, que muy poca gente ha visto.

Una canción

«Nowhere Fast» / «Tonight Is What It Means to Be Young»

Poco tiempo después de terminar el corte final de La mirada escrita, Emanuel Díaz (montajista del film) me hizo notar varios paralelismos entre la primer secuencia de nuestra película y la primer secuencia de Streets of Fire (Walter Hill, 1984). Después de ver el video que comparto más arriba, quise ver la película completa y me encontré con una rareza del cine hollywoodense de los 80. Últimamente los ochenta parecieran estar de moda: he visto varios revivals/reboots/remakes que intentan representar de una forma u otra esa década. Para mí Streets of Fire condensa todo lo bueno (y parte de lo malo) que conozco de aquellos años. Tengo entendido que el film fue un fracaso tanto en la crítica como en la taquilla. Puedo entender los motivos de ambos resultados y sin embargo a mí la película me gusta bastante. Creo que el montaje es súper atendible (ese inicio con «Nowhere Fast», y el final con «Tonight Is What It Means to Be Young» son grandes ejemplos) así como sus hermosos criterios de color y de sonido. Puede ser que sólo tenga “un rasgo redimible” o puede ser que sea algo más que eso. Mientras tanto ya la vi varias veces…

Un doble programa

Pickpocket (Robert Bresson, 1959) / Good Time (Hermanos Safdie, 2017)

Un descubrimiento

Unknown Chaplin (1983): Es una serie documental de tres partes sobre Chaplin, con material inédito que revela mucho de su forma de trabajar. Quizás es conocida, yo llegue a ella por un tweet perdido en el cosmos cibernauta. Creo que es obligatorio verlo si se tienen ganas de hacer cine, o quizás después de verlo se tengan ganas de hacer cine.

Un reencuentro (para mal)

Esperaba ver lo nuevo de Edgar Wright con muchísimas expectativas. Baby Driver me dejó gusto a poco. Todas sus previas genialidades me sonaron repetidas hasta el hartazgo en este film, y admito que me cansó un poco su montaje rítmico. Hay escenas que me encantaron (la de la lavandería es una) y creo que Lily James es un gran descubrimiento; pero Wright da para mucho más.

Una experiencia en sala de cine

Mi experiencia en sala de cine fue la sala de cine en sí misma. Este 2017 fui muchas veces al cine, pero casi la totalidad de las películas que vi fueron en el marco de festivales, o en cineclubes amigos.

La sorpresa me la depararon las pocas funciones a las que asistí en salas comerciales. A comienzos del año fui a ver La La Land al Cine Hoyts, y la experiencia fue olvidable. El aire acondicionado a mi izquierda se encendía y se apagaba con una regularidad desquiciante, el sonido desde afuera de la sala se confundía con la entonación de Emma Stone y la pantalla estaba ligeramente desenfocada. A esto se suma, por supuesto, el constante crunch-crunch de los nachos vecinos. Convencido de que esa experiencia había sido lo suficientemente tortuosa (y tras escuchar comentarios de vivencias similares de otros amigos) decidí no volver nunca más al Hoyts del Olmos.

Hace dos semanas volví al cine comercial, casi un año después de ver La La Land. Fui al cine donde crecí viendo películas, el Showcase Cinema del Shopping de Villa Cabrera; y de nuevo salí espantado, aunque por distintos motivos. Evidentemente estuve en una sala acondicionada bajo condiciones casi óptimas de visualización, pero no pude pasar por encima tres factores que me hicieron olvidar por un rato largo de los jedi. Primero, la cantidad de publicidades previas al film. Obviamente los festivales y los cineclubes me malacostumbraron a sobrellevar sólo un máximo de tres avisos comerciales previos a la función (nunca por una duración mayor a los 5 minutos) mientras que en una sala tipo Showcase debí asistir al menos a 20 minutos de publicidad previas a la función (habiéndome sentado al horario indicado por el ticket). Es una duración que genera gracia por lo inconcebible. Es el precio oculto de la entrada de 130 pesos. Aparte de pagar cuatro veces lo que se paga en otro espacio, estoy obligado a ver en pantalla gigante mil y un anuncios televisivos de los cuales ni me enteraría si descargase la película online.

Pero eso no es lo peor.

Durante estos eternos 20 minutos (para mí fueron más) los espectadores sobrevivimos auditivamente a tres nuevos trailer-tanks Hollywoodenses. Pude discernir de ellos dos cosas: 1) Que los trailers en la actualidad son los cortometrajes más caros de la historia del cine: la revelación me llegó tras comprender que poseen una construcción narrativa clásica propia, intuyo idéntica a la del film final y 2) Existe una enorme expectativa de los espectadores por consumir estos pedazos de video. Detrás de mí, un joven rogaba antes del final de cada uno los elegidos por Mr. Showcase la llegada del tráiler de Infinity War. En otras palabras: ¡estos momentos iniciales (1/6 de la función total) son realmente anhelados por parte del público!

Una vez comenzada la película, por supuesto, tuve que reinsertarme en el territorio cinematográfico intentando dejar fuera de campo el comportamiento (increíble) de un público que no tiene ningún respeto por la sala de cine.

En resumen, ese último viaje a una sala comercial me ha dejado un gusto amargo que me hace replantear algunas cosas referidas al circuito de exhibición de las películas. Evidentemente la sensación es que la única sala de cine en Córdoba que pareciera hacer honor a las condiciones en las cuales una película debe ser proyectada se ha convertido en exclusiva para un público que maltrata a las películas. El precio de la entrada, la venta (y valor) de comida para la función, la cantidad de publicidad proyectada… Las películas de esa cartelera parecieran hechas para sobrevivir a las condiciones de proyección. ¿Y qué queda para nuestro cine?

En agosto de 2017, durante los Premios Cóndor, Lita Stantic habló de la falta de público en gran cantidad de películas de autor independientes, y responsabilizó a las pésimas condiciones de exhibición por ese mal desempeño*. Yo estoy de acuerdo y quiero profundizar el concepto. Lentamente el cine nos está alejando de su matriz, por el manejo de los empresarios menos relevantes de la industria. Vivimos la época del cine on demand, donde las películas pueden ser consumidas con la misma facilidad con la que se piden empanadas por delivery. Yo mismo (que debería colaborar con nuestra industria) veo los grandes estrenos anuales en mi casa, ligeramente traumado por las condiciones mencionadas arriba. Hay gente que no ve películas que no estén en Netflix. Críticos cinematográficos han elegido como la película del año a la serie de Lynch, que no se estrenó en salas. Es virtualmente imposible que nuestras películas independientes puedan competir con esa industria, pero al mismo tiempo la entrada de cine es nuestro único ingreso como realizadores. Asumamos una realidad: cuando la película llegue a la web, muy poca gente pagará para verla.

Creo que debemos abordar esta problemática con seriedad, y es nuestra obligación lograr que las condiciones de proyección sean las mejores posibles para los espectadores. Probablemente con salas como el Showcase no podamos hacer nada, y quizás esté bien que eso sea así; pero al menos abordemos las condiciones de proyección en circuitos alternativos. Las películas deben proyectarse en la mejor de las condiciones así sea para un solo espectador, que eligió no ver la película en la verdadera comodidad de su casa.

Debajo comparto un breve resumen de la experiencia cinematográfica vivida:

Los tres trailers que proyectaron antes de El último Jedi. Sugiero al lector una experiencia cinematográfica propia: Siéntense con auriculares bien fuertes (PERO BIEN FUERTES) y escuche (sin ver) uno detrás del otro.

*Desde el minuto 28:51 al 31:00 las palabras de Lita Stantic.

Un texto

El cine según Hitchcock de Truffaut me acompaño a lo largo de todo este año en cada una de las proyecciones de La mirada escrita. Le debo una última mención, hasta la próxima película al menos. Dejo un link al extracto que hice de lo que para mí son algunas de las reglas del suspenso establecidas en el libro: https://www.vientosurcine.com/single-post/2017/06/16/Notas-sobre-el-cine-seg%C3%BAn-Hitchcock

Le sumo parte de mi nueva bibliografía: Empirismo eretico de Pier Paolo Pasolini y Ensayos sobre cine y cultura de masas de Siegfried Kracauer.

Un fotograma

Algún rostro escondido dentro de los 533 rollos de las 372 películas mudas que aparecen en el film de Bill Morrison Dawson City: Frozen Time. Dejo éste como referencia…


Matías Piñeiro (Cineasta. Este año estrenó Hermia & Helena y esperamos que pronto llegue una nueva)

Una película

The Day After (Hong Sang Soo)

Una canción en una película

“Extraños Juegos” del grupo Zombies en Aliens (Luis López Carrasco)

Un doble programa (vieja y nueva)

Il monte delle formiche (Riccardo Palladino) + The Whip and the Body (Mario Bava)

Un descubrimiento

i hate myself 🙂  (Joanna Arnow)

Un reencuentro (para bien)

Ecoute voir (Hugo Santiago)

Una experiencia en el cine

Emperor Tomato Ketchup (Shūji Terayama – 1971)

Un texto

Idols: Jessie Maple” de Ted Fendt

Un fotograma


Pierre Léon (Cineasta. No sabemos por qué no le dan la ciudadanía marplatense. Cat people.)

Una Pelicula

Tesnota, Kantemir Balagov

Una canción

Adieu es el único film del poeta Grigori Pojenian, filmado en 1966. Pojenian escribió el guion, puntuado con canciones-melodías, música escrita por Mikhaïl Tariverdiev. Sus pequeños monólogos son cantados-hablados en off por Tariverdiev, como digresiones brechtianas. Salvo ésta, «Sicambroise», coplas entonadas por los jóvenes marinos. Una canción absurda donde hay un tal Sicambriose (no me pregunten quién es, lo desconozco, como también lo ignora su autor) quien, un día, trajo a bordo una pequeña canción que habla de un país llamado Tra-la-la-la. Un país muy extraño, donde podés atrapar el pescado ya seco y la cerveza para acompañarlo, donde las chicas son bonitas y donde nada está prohibido.

Un doble programa

L’avenir de Mia Hansen-Löve / Madame Hyde, de Serge Bozon

Un descubrimiento

Moscou, de Eduardo Coutinho, 2009 (gracias a Francis Vogner dos Reis)

Un reencuentro

L’enfance nue, Maurice Pialat, 1968

Una experiencia en el cine

Ninguna, ni buena ni mala.

Un texto

L’Image et l’Occident, Jean Louis Schefer, P.O.L, 2017. Por sus últimas palabras: «…nosotros somos la mitad de la imagen».

Un fotograma

Vivere, Judith Abitbol


Manuel Pose (Proyectorista y cinéfilo. No existe rollo de fílmico que se le resista)

Una película

Twin Peaks: The Return

Debo admitir que iba a elegir El otro hermano de Adrián Caetano pero debido a mi admiración por el cine de David Lynch terminé eligiendo Twin Peaks: The Return. El propio Lynch la definió como una película en dieciocho partes y, exactamente, esa fue mi experiencia con ella: dieciocho horas de placer audiovisual que me llevó a transitar por todos los estados de ánimos posibles. En mi opinión, un hito en la historia del cine.

Una canción

Nine Inch Nails “She’s Gone Away” en Twin Peaks: The Return

Curiosamente, presentados en el Roadhouse como «The» Nine Inch Nails. Maravillosa performance que a su vez tiene un valor narrativo y que sirve de preludio para presentar el origen del mal.

Un doble programa  

Una cita con el diablo (Night of the Demon) de Jacques Tourneur – Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell) de Sam Raimi

En mayo tuve la oportunidad de programar un ciclo sobre H. P. Lovecraft en MALBA Cine. Una de las principales razones del ciclo fue la posibilidad de proyectar estas dos genialidades juntas, que van de la mano y a su vez se complementan. El resultado fue fantástico.

Un descubrimiento

Como fanático del terror que soy, trato de investigar e indagar sobre películas del género de difícil acceso. Este año, disfruté de ver y conocer films de terror de dos países que ya no existen. En primer lugar, terror checoslovaco, principalmente el cine de Juraj Herz, con películas emblemáticas como El incinerador de cadáveres (Spalovac mrtvol, 1969), Morgiana (1972) y La bella y la bestia (Panna a netvor, 1978). En segundo lugar, terror yugoslavo, destacando los films de Goran Markovic y Djordje Kadijevic, especialmente Variola vera (1982) de Markovic.

Un reencuentro (para bien o para mal)   

Volví a revisar la filmografía de Quentin Tarantino y sigo pensando que sus mejores películas son las tres primeras. Hacía tiempo que no volvía a ver Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) y Jackie Brown (1997), Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992) la conozco de memoria ya que usualmente suelo proyectarla en el Malba. El resultado de volver a ver Tiempos violentos y Jackie Brown no podría haber sido más satisfactorio. Son dos películas que no han envejecido absolutamente nada, de hecho, todo lo contrario, parecen haber sido filmadas hoy día e incluso en el futuro. Dos obras maestras inagotables e inigualables.

Una experiencia

Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell) de Sam Raimi

Amo el cine de Sam Raimi y agradezco el poder proyectar sus películas en fílmico, como es el caso de Noche alucinante (Evil Dead II, 1987) y El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1992). En esta ocasión, pude proyectar una de mis favoritas de terror contemporáneo: Arrástrame al infierno. Proyectada en 35 mm, en Scope y con sonido Dolby Digital. Una verdadera fiesta, que, además, contó con la presencia de ciertos espectadores a los cuales aprecio mucho.

Un texto

“Comienzo en las cavernas” por Lucas Granero

Poco para decir, las palabras de Lucas Granero hablan por sí solas. El párrafo final del texto todavía resuena en mi cabeza y está más vigente que nunca.

https://las-pistas.com/2017/04/22/bafici-2017-01-comienzo-en-las-cavernas/

Un fotograma

El otro hermano de Adrián Caetano

Un plano que narrativamente lo dice todo, hasta funciona como una simetría de la vida.

Twin Peaks: The Return

Plano que sintetiza mi estado mental hacia el descenso o la introducción de los universos lyncheanos.

 


Maui Alena (Programador de la sala de cine del Centro Cultural Recoleta durante todo el año. En noviembre presenta películas en Mar del Plata)

Una película

Did You Wonder Who Fired the Gun? de Travis Wilkerson

No sé si fue lo mejor del año (hay muchas películas que están en las listas de las top que no vi) pero sí me parece que fue la que más me llamó la atención. Casi siempre los ensayos son interesantes pero poco movilizadores. Este no es el caso, en Did You Wonder Who Fired the Gun? Travis Wilkerson hace todo: entretiene, toca un tema personal y nada menor para la actualidad, filma, usa material de archivo y juega con formatos y formas hasta que uno deja de pensar la película para poder sentirla. A veces cae en comparaciones un poco efectistas, pero nunca deja de ser una película que toma riesgos y muy trabajada.

Una canción

Los “Say his name!” en Did You Wonder Who Fired the Gun?

Si Did You Wonder… se termina convirtiendo en una película por momentos sensorial es en gran parte porque uno se va del cine casi gritando los “Say my name” de las víctimas del racismo. No es algo menor ni casual la frecuencia con las que estas canciones aparecen, ni los momentos en los que lo hace y mucho menos la longitud de esos momentos. Uno arranca medio mirando y escuchando la canción con desconfianza y termina cantando con orgullo; ahí es donde muchas veces está el poder y la gracia del cine, en transportarte a lugares y hacerte sentir cosas. Para no ser menos, la película cierra con una versión impresionante de «None of Us Are Free» interpretada por Salomon Burke.

Un doble programa

The Rise and Fall of a Small Film Company (1986 – Jean-Luc Gordard) y The Meyerowitz Stories (2017 – Noah Baumbach)

En este caso sería una vieja/nueva y una nueva. La película de Godard es un homenaje triste, hermoso, reflexivo y divertido. En los 80, cuando estaban cerrando las compañías de cine que producían a la Nouvelle Vague, había muerto Truffaut y los directores tenían que ir a la TV para trabajar, llaman a Gordard de la tele para hacer un thriller que vaya el domingo a la noche en primetime. Él acepta la propuesta para ponerle una bomba a la TV desde el interior de la TV y decide llamar a Jean-Pierre Léaud y Jean-Pierre Mocky para protagonizar la historia de un productor y director de cine tratando de producir un film para la tele. Estos personajes serán llamados Bazin y Jean Almereyda (en un doble homenaje a la Nouvelle Vague). La película funciona como un muestreo del estado actual de entonces de la producción cinematográfica, como una declaración de principios frente a lo que estaba sucediendo y como una alarma frente el avance de la TV sobre la producción de cine. Hay música de Dylan y un cameo increíble de Godard haciendo de él mismo.

​En el mismo año en que esta película se re descubre y estrena, Netflix (un concepto imposible de soñar cuando Godard filmaba The Rise…) produce y estrena dos películas en Cannes, Okja (de la que ya hablaremos en otro punto) y la increíble The Meyerowitz Stories de Noah Baumbach, una película “comercialmente riesgosa” de producir por la cantidad de estrellas con las que cuenta (Dustin Hoffman, Adam Driver, Adam Sandler, Ben Stiller, Sigourney Weaver, Emma Thompson…) y lo “indie” en su forma que resulta para el mercado americano. No sé si Netflix es “la tele”, pero ver las dos películas el mismo año me hizo pensar un poco en cómo cambian las cosas.

Paradójicamente creo hubiese sido muy difícil que Baumbach filme su película con tantas libertades y comodidades en otro contexto que no sea el de Netflix. Quizá estas nuevas plataformas sean los nuevos Les Films du Carrosse o Films de la Pleiade, quizá no, por ahí son todo lo contrario y resulte la agudización de lo que Godard advertía en The Rise…

Un descubrimiento

Como ya dije otros años, no creo que yo, o algún festival o programador descubra a nada ni a nadie. Lo que sí, me gustaría invitar a muchos prejuiciosos con las películas animadas “para niños” y con los superhéroes a que descubran The Lego Batman Movie de Chris Mckay, que es para mí la película de superhéroes del año (creo que vi todas las que se estrenaron) y entra por lo menos en mi top 3 personal de películas de Batman. De hecho, no entiendo como no llaman a sus guionistas para hacer las próximas Batman.

Un reencuentro

Gummo de Harmony Korine

Este año tuve la oportunidad de ver Gummo en un cine y proyectada en 35mm (se programó en el marco del 20° aniversario de su estreno). No me entra en la cabeza cómo alguien a los 24 años puede hacer una película así. No sólo no le pasó el tiempo, sino que mirándola retrospectivamente toma más valor aún. Si uno se pregunta cómo Trump puede ser el presidente de Estados Unidos, encontramos la respuesta al ver cómo crecieron Salomon, Tummler y sus amigos en los 90.

Una experiencia en el cine

RoboCop de Paul Verhoeven en el Festival de Mar del Plata

Este año el festival de Mar del Plata fue difícil. Muchas cosas no estaban saliendo bien y, como siempre, la programación termina perjudicada por cuestiones del festival que no tienen nada que ver con ir al cine y mucho menos con las mismas películas. Realmente se generó un clima feo, donde uno se enteraba por todo el mundo de cosas que salían mal: que retrasan proyecciones por problemas de subtítulos, que a uno tardaron mucho en buscarlo en Ezeiza, que no está la acreditación del otro, que no hay fiestas, que cómo van a hacer fiestas con lo del submarino, que como quieren cortar presupuesto lo del submarino vino a pelo para suspender las fiestas y ahorrar plata, que en la gala estaba cualquier famoso de la tele, que el lobo marino tiene un pato triste, que el meeting point queda lejos y cierra temprano o que los vouchers de comida son para lugares más feos que años anteriores. Obviamente a los tres días del festival yo ya estaba repitiendo la mitad de estas cosas y, para colmo, llovió e hizo frío como nunca. El ambiente fue tan feo que por primera vez en diez años intenté volverme antes a Buenos Aires.

En el medio de este mar de quejas, me metí a ver la copia restaurada en 4K de RoboCop. Durante la función se escuchaba en unos asientos atrás mío dos personas que no paraban de hablar. Generalmente no soy de callar a la gente en el cine, pero estas personas hablaban mucho y mi humor por el estado del festival me incentivó a hacerlo. Cuando me di vuelta para pedir silencio, vi que los que hablaban eran un nene de unos ocho años con su padre y que no estaban charlando, sino que el padre le estaba leyendo los subtítulos a su hijo que no llegaba a leer. No sólo me emocionó pensando en mi papá cuando me llevaba al cine a esa edad o me leía subtítulos, sino que también, en el medio de un mar de quejas que no tienen nada que ver con el cine, me conectó de nuevo con eso por lo que alguna vez me metí a laburar en festivales, que es algo tan simple y lindo como ver películas en una sala. Un padre llevando a su hijo a ver al cine RoboCop tiene mucho más que ver con un festival de cine que los vouchers, las fiestas, las acreditaciones, los jurados o los traslados (que obviamente también son parte del festival). Esa experiencia en sala me hizo pensar en que no sé cómo me volví un pelotudo que con el tiempo terminó más cerca de todas las cosas accesorias de un festival que del cine.

Un texto

«Vida en Cannes: Parte 3» de Marcelo Alderete

Una de las razones por las que casi no leo crítica es porque muchas veces los críticos escriben de lo que quieren (están en su derecho) y evitan hacer una crítica no favorable de directores que admiran o que conocen y tienen un aprecio personal. Así es que a veces encontramos coberturas de festivales donde quien escribe selecciona sólo las películas que le gustaron para reseñar, manejándose en un terreno cómodo. No creo en la crítica mala, canchera y dañina, sino en la crítica no favorable pero cariñosa y constructiva.

Así es que Marcelo, sin tener la obligación laboral (pero aparentemente sí moral), elige escribir sobre Okja, la nueva película de Bong Joon-ho, director que admira y por quien tiene un cariño personal (fui testigo de este cariño mutuo). El texto es preciso, personal y dulce; explica todo lo importante que es Bong en la cinefilia de Marcelo y a su vez por qué la película no es buena. Probablemente Bong nunca lea el texto, pero siento que si alguna vez lo hace sentiría la crítica cariñosa.

Un fotograma

Queridos muertos x maui alena

Para este año elegí hacer un cruce entre las dos grandes películas que hablan sobre la muerte en 2017 y dos de sus personajes: Frida (Laia Artigas, la actriz del año) de Estiú 1993 de Carla Simón y el Fantasma (¿Casey Affleck?) de A Ghost Story de David Lowery. Fueron dos gratas y grandes sorpresas en el año, que tratan el tema de la muerte desde un perfil interesante, sensible y entretenido, de manera delicada sin ser pretenciosas o tener golpes bajos.


Alejandro Small (Perú. Cineasta. Director de Microbús)

Una película

No habiendo podido ver tantas películas como otros años: Western, de Valeska Grisebach

Una canción

«Soy lo prohibido». Casa Roshell (Camila Donoso).

Un doble programa

Editando un corto de samuráis que verá la luz el 2018, me tope con Zatoichi. Duelo a muerte: Escena Samurai (2018) Jorge Ossio Seminario / The Tale of Zatoichi (1962) Kenji Misumi.

Y luego ir a marchar contra el indulto a un dictador japonés que nos gobernó.

Un descubrimiento

La retrospectiva a Zelimir Zilnik en Mar del Plata y pensar en todos esos cineastas y películas que la casualidad hará que me tope con ellos, nada más que la casualidad.

Un reencuentro

Marcel Carné y el realismo poético francés.

Una experiencia en el cine

Terminator 2 (en 3D) y Brawl in Cell Block 99. Gritos en la sala de cine.

Un texto

Uno antiguo. Teoría del montaje a distancia: Artavazd Peleshyan.

Un fotograma

Los fotogramas que definían el camino de las películas que edité este año. Dejo sólo una. Connatural de Javier Bellido.

Una conclusión

Quiero que se hagan / ver / hacer más películas “felices” como A Day in the Country de Jean Renoir.


Cristián Ulloa (Guionista. Conoce el mejor camino para llegar de Pilar a la ENERC)

Una película

El otro lado de la esperanza – Aki Kaurismäki

No sé si somos del todo conscientes de la suerte que implica ser contemporáneos de películas como ésta. Realmente no quedan muchos directores como Aki. En sus planos resuenan los ecos de nombres como Melville y Ozu, pero en vez de entregarse a la reproducción onanista de lo que aquellos hicieron en su momento, Kaurismäki toma la posta para acercarse a los conflictos sociales que más hondo golpean la tierra donde vive. Tan sencillo (y complejo) como suena. Un capo total.

Una canción

Concierto de piano de Carolyn Enger en Ex Libris – Wiseman

Pensar en una biblioteca como un lugar que se limita a guardar libros es una simplificación y una concepción ya obsoleta de lo que estas instituciones pueden y deben ser. La última película de Wiseman da pruebas de la función central que tienen las bibliotecas como centro de difusión de la cultura, el saber y el arte. La New York Public Library sirve de excusa para pensar en estas instituciones como lo que realmente son: Verdaderos templos de conocimiento y aprendizaje. Es imposible ver Ex Libris sin pensar en instituciones como el Centro Cultural Kirchner, o la misma Biblioteca Nacional, sólo dos de las numerosas instituciones públicas (y privadas) en las que es posible descubrir o asistir semanalmente a conciertos, charlas, exposiciones o cursos en Buenos Aires.

La pieza que Carolyn Enger interpreta en el Bruno Walter Auditorium produce en el espectador una certeza que es conocida por todos los que frecuentan este tipo de lugares. Uno sale de esas salas con la seguridad de haber expandido un poco más los límites de su saber. Wiseman captura algo tan noble y abstracto como es el disfrute de descubrir algo valioso que se ignoraba.

Una sociedad con una vida cultural plena es una sociedad que crece con dignidad y es capaz de elaborar herramientas para interrogarse, cuestionarse y conocerse a sí misma. Enriquecer ese bagaje cultural es una misión permanente que los privados nunca deberían olvidar, y que el Estado tiene la obligación de honrar. En cierta forma, todo esto está, sin ser dicho, en este documental y en esta escena.

Un doble programa

Solado – Manuel Abramovich y Missile – Frederick Wiseman

Dos documentales observacionales centrados en la instrucción militar. A contramano de lo que se suele ver sobre estos universos, las dos películas nos recuerdan que tan importante (o incluso más) que el entrenamiento físico, es la formación ideológica que reciben los nuevos reclutas. La escala de valores y la lógica son moldeadas por prácticamente todos los instructores, y tanto Abramovich como Wiseman ponen su atención ahí, en la formación de la mente militar.

Un descubrimiento

Zelimir Zilnik

Estos encuentros inesperados son los que hacen obligatorio peregrinar todos los años a Mar del Plata. Se podría decir mucho sobre Zilnik. Una de las cosas más notables de su obra es que, a diferencia de otros rupturistas que dieron sus primeros pasos en los 60, su filmografía es prueba de que jamás abandonó ese espíritu rebelde y marginal. Desde sus primeros trabajos en Yugoslavia, pasando por los proyectos para televisión en el exilio, o las películas hechas en video, en todo Zilnik hay una coherencia política y estética notable.
Por suerte su nombre dejó de ser un secreto para los cinéfilos de estas tierras.

Una experiencia en sala de cine

La última función de Filmoteca en Vivo

Una decisión tan necia como inexplicable del INCAA determinó que la función del 17 de diciembre fuera -por ahora- la última de Filmoteca en Vivo.

Tuve la suerte y el privilegio de ser estudiante de la ENERC durante cuatro de los cinco años que duró el ciclo allí, y sin lugar a dudas mi formación sería otra (muchísimo más incompleta y triste) sin este ciclo. Sentarse en esas butacas era asistir a una de las mejores clases de Cine que se puedan imaginar. Todos los espectadores que semana tras semana nos reencontrábamos en Filmoteca veíamos la Historia de las películas pasar, literalmente, frente nuestros ojos, sin discriminar entre grandes autores o ignotos olvidados, porque si algo enseña revisar la historia a contrapelo es que joyas hay en todos lados. Negarle a los estudiantes de la carrera y al público general el acceso a un ciclo con estas características (único a nivel nacional, y con poquísimos pares a nivel internacional) es un disparate absoluto.

La última función fue una de las experiencias en sala más movilizantes y emotivas que me haya tocado vivir. La sala llenísima aplaudió y rio con el programa que incluía a Laurel y Hardy, los Tres Chiflados, los hermanos Marx y Harold Lloyd. Fernando Martín Peña presentó las películas como todas las noches, y agradeció al público. Incluso pudimos darnos el lujo de ver en vivo a la dupla cinéfila por excelencia Peña/Koza presentar Safety Last! (1923). Si supieran dónde están parados, los festivales de todas partes se deberían pelear entre ellos por repetir algo así en sus programaciones. En resumen, a pesar de la noticia, fue una noche de verdadera alegría sin fin.

Las muestras de apoyo al ciclo y a Fernando no dejaron de sumarse desde ese día, y son un botón de muestra de lo importante que Filmoteca llegó a ser para todos los cinéfilos en estos años. Confiamos en que la decisión del Instituto se revea, mientras tanto, acá se siguen juntando firmas para pedir por la continuidad del ciclo. Casi 15.000 personas ya se sumaron.

Un texto

Palacios plebeyos – Edgardo Cozarinsky

Profundamente amable y cinéfilo. Es casi como ver una película del Hollywood clásico. Por unas horas viajamos a esos lugares fabulosos que ya no existen y en los que siempre quisimos estar. Se consigue en mesas de saldos.

Un fotograma

The Shape of Water – Guillermo del Toro


Enrique Méndez Valverde (Perú. Cineasta. Algo se debe romper)

Una película

A Fábrica de Nada – Pedro Pinho. Una de este año.

Una canción

“Neat Neat Neat” de The Damned en Baby Driver – Edgar Wright – 2017.

Definitivamente viene con la escena de persecución más divertida en el año: Máscaras de Austin Powers sobre unos ladrones al fracaso + Punk a todo volumen en el volante.


Un doble programa

Jal aljido mothamyeonseo (Like You Know It All) – Hong Sang-Soo – 2009. Dangsinjasingwa dangsinui geot (Lo tuyo y tú) – Hong Sang-Soo – 2016.

Las entradas para ver la primera proyección de Hong Sang-Soo dentro de una sala de cine en Lima se acabaron mientras hacía la cola. Me vine a casa y vi el primer DVD que encontré a la mano de una película que no había visto de él para no deprimirme. Una grata sorpresa con Like You Know It All, siempre es seguro lo que hace. Después vi Lo tuyo y tú (por fin), sin duda es de lo mejor y más cálido de la última temporada del surcoreano.

Un descubrimiento

Sexy Durga – Sanal Kumar Sasidharan – 2017

Craiglist Allstars – Samira Elagoz – 2016

Turn Left, Turn Right – Douglas Seok – 2016

Un reencuentro (para bien o para mal)

T2: Trainspotting – Danny Boyle – 2017.

Un fracaso a mi nostalgia de adolescencia.

Una experiencia en sala de cine

Adiós al lenguaje – Jean-Luc Gordard. Unos casi 4 años de espera que valieron la pena, además de ser mi primera experiencia viendo cine en 3D. Probablemente la mejor película de la década.

Un texto

“El paisaje va al oído. El cine de Lucrecia Martel” de Saúl Reyes en el Dossier N° 2 – Paisaje de Correspondencias. Cine y pensamiento.

Un fotograma

Fotograma extraído de Safari de Ulrich Seidl. Cineasta que está muy arriba en el top y también tuvo una primera proyección en pantalla grande en Lima este año. Gran experiencia, gran película. Una vez más haciendo lo que siempre hace: agitar.


Manuel Setton (Melómano, director)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt (es del año pasado, pero recién la vi este año) y la trilogía de Hong Sang-soo: On the Beach at Night Alone, Claire’s Camera y The Day After.

Una canción

“Rubi” por Monica Antonopulos en Desearás al hombre de tu hermana

Un doble programa

El otro hermano de Israel Adrián Caetano y Underworld USA de Samuel Fuller. Dos películas putrefactas.

Un descubrimiento

Hal Hartley y Kenedi is getting married de Zelimir Zilnik.

Un reencuentro

El desprecio. No cambio mi valoración, pero haberla visto en pantalla grande por primera vez fue muy fuerte.

Una experiencia en sala de cine

La marquesa de O en la Lugones. Mi primera película de Rohmer en cine.

-Ver Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld en Mar del plata, rodeado por los mismos que aparecían proyectados.

-Haber visto las primeras dos proyecciones de amigos en el Festifreak. Mientras Bode toca el piano de Santiago Aulicino y 10 vistas de Maximiliano Passarelli, dos grandes cortos de dos grandes personas.

Un texto

La cobertura del Bafici por Las Pistas y “ABC Arrieta” de Lucas Granero.

Un fotograma


Chema García Ibarra (Cineasta. La disco resplandece. Este año nos visitó.)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt

Una canción

En la bellísima Mechte Navstrechu (Milkhail Karzhukov, 1963) los humanos emiten una canción al espacio que cruza la galaxia hasta un planeta lejano, donde unos extraterrestres la reciben y escuchan. La canción cuenta que en el futuro veremos crecer manzanos en Marte y dice que es más fácil viajar por el Universo si eres buena gente.

Un doble programa

Ikea 2 de Burnin’ Percebes y Nocturno 29 de Pere Portabella.

Un descubrimiento

Craig Zahler. Ahora que John Carpenter está ocupado viendo partidos de beisbol, jugando a la Xbox y dando conciertazos, confío en que le tome el relevo.

Un reencuentro

Volví a ver mi película favorita secreta de mi adolescencia, Joe Versus the Vulcano de John Patrick Shanley, y sigue siendo extraordinaria y tristísima.

Una experiencia

Estuve en Argentina y un amigo me invitó a un pase en 16mm de Los caballeros de la cama redonda en el salón de una casa. Había muchos desconocidos sentados en el suelo, botellas de vino, cervezas de nombres divertidos y un gato.

Un texto

La conversación transcrita entre Max Aub y Conchita Buñuel en Conversaciones con Buñuel (página 177). https://es.scribd.com/doc/97237859/Max-Aub-Conversaciones-con-Bunuel

Un fotograma

Dos fotogramas. El mismo barrio en De bruit et de fureur (Brisseau, 1988) y Bande de filles (Sciamma, 2014)



Alejo Franzetti (Cineasta. Panke. Esperamos que pronto podamos ver una nueva película suya)

Una película

L’Amant d’un jour, de Philippe Garrel. El llanto, los amantes, el amor, las caminatas, la comprensión.

Una canción

Una música: Henry Purcell (y el sol berlinés) en la secuencia de títulos de Jahrgang 45 (Jürgen Böttcher, 1966).

Un doble programa

Las estaciones, de Artavazd Pelešjan + El auge del humano, de Teddy Williams. Dos grandes cineastas que confían en la imagen y en la realidad. (Ambas vistas este año).

Un descubrimiento

Die Puppe, una muda de Lubitsch.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Un reencuentro cinematográfico: hace poco vi Belle toujours, de Oliveira. Todavía no sé por qué me gustó tanto. Quise aplaudir cuando terminó, pero estaba solo en casa y nadie iba a escucharme.

Una experiencia en sala de cine

Matías Piñeiro pronunciando los nombres de muchos queridos amigos argentinos en el Arsenal, mientras dialogaba con Christoph Hochhäusler y Franz Müller (de la revista Revolver), y con el público, luego de la proyección de Rosalinda, como parte de la muestra de sus films que se hizo en Mayo (http://www.arsenal-berlin.de/en/arsenal-cinema/past-programs/single/article/6609/2804.html)

Un texto

La hipótesis del cine, de Alain Bergala. Libro (libre) base de Cinema en curs (http://www.cinemaencurs.org/es), un workshop de cine en escuelas que se realiza en España, Alemania, Argentina y Chile.

Gracias a Bergala y a Cinema en curs, una vez por semana en una escuela en un pueblo de Brandenburg, pronuncio frente a niñas y niños de 10 años los nombres Akerman, Benning, Pelešjan, Perlov, Philibert, Varda. Y ellos filman y editan.

Un fotograma


Nicolás Zukerfeld (Cineasta, docente, crítico. Pueden leerlo en Revista de cine)

Nota: Creo que Twin Peaks: The Return no es un programa de televisión, porque ya no existe la televisión como tal. Sí, es una «serie», como lo fue Fantômas de Louis Feuillade y Out 1: Noli me tangere de Rivette. Se me pide que elija una «película» y la condición de «serial» que estos materiales conllevan, me impide incluirlos en una categoría tan purista como «película». Cuando reine la impureza (y los problemas sean otros), lo que hizo Lynch estará en mi lista, en la mayoría de las categorías. Así, armé dos listas. Una pura y otra impura (o condenada).

PURA:

Una película

Logan (James Mangold)

Porque es una película popular sin ser pop. Graciosa sin hacerse la graciosa, y brechtiana, sin ser excesivamente retórica. Con uno de los finales, junto con el de War for the Planet of the Apes (Matt Reeves), más fordianos de los últimos tiempos.

Una canción

«The Good and the Damned» (Oneohtrix Point Never, Iggy Pop) en Good time (Josh y Bennie Safdie). De paso, dejo el gran video clip. Casi un spin off en clave fantástica de la película.

Un doble programa

Good time (Josh y Bennie Safdie) y After hours (Martin Scorsese)

Una experiencia

«Martes de cine»: en tiempos donde la gente puede ver mucho cine pero ya no va al cine, con un grupo de amigos intentamos combatir esta tendencia, yendo, todos los martes, al cine. No importa qué den, los martes se va al cine. Esta fue mi experiencia del 2017, que cada vez más se parece a la de los primeros espectadores en 1895.

Un reencuentro

Twin Peaks: Fire Walk with Me (David Lynch, 1992). Aunque podría decir, David Lynch en general.

Un texto

Elogio del amor, frases (de un film) (Jean- Luc Godard)

Un descubrimiento

Aliens (Luis López Carrasco) / Tonsler park (Kevin Jerome Everson)

Un fotograma

IMPURA:

Una película

Twin Peaks: The Return (David Lynch)

Una canción

«Just You» (James Marshall) en Twin Peaks: The Return, E13 (David Lynch)

Un doble programa

Twin Peaks: The Return, E8 (David Lynch) / Crossroads (1976, Bruce Conner)

Una experiencia

«Martes de cine»: en tiempos donde la gente puede ver mucho cine pero ya no va al cine, con un grupo de amigos intentamos combatir esta tendencia, yendo, todos los martes, al cine. No importa qué den, los martes se va al cine. Esta fue mi experiencia del 2017, que cada vez más se parece a la de los primeros espectadores en 1895.

Un reencuentro

Twin Peaks: Fire Walk with Me (David Lynch, 1992). Aunque podría decir, David Lynch en general.

Un texto

Elogio del amor, frases (de un film) (Jean- Luc Godard)

Un descubrimiento

Aliens (Luis López Carrasco) / Tonsler park (Kevin Jerome Everson)

Un fotograma


Malena Solarz (Cineasta, docente y también escribe en Revista de cine. Dirigió con Nicolás Zukerfeld El invierno llega después del otoño.)

Una película

La vendedora de fósforos, A. Moguillansky / Flammes, de Adolfo Arrieta (vista en el Festival de Mar del Plata)

Una canción

One, two, two

Three, three, three
Four, four, four

Fiiiiiveeee

Six, six, six

Seven, seven, seven

Eight, eight, eeeeeeight

Nine, nine, ten

All the numbers are important

We count everything with numbers

We don’t know

We don’t know

Only we count in numbers

(Cantada por el personaje de Min-hee Kim en Claire’s Camera, de Hong Sang-soo)

Un doble programa

Una ciudad de provincia, R. Moreno – Pequeño monasterio en la Toscana, O. Iosseliani

Un descubrimiento

La serie The Wire. Con muchos años de retraso, pero fue el gran descubrimiento del verano 2017.  Un curso intensivo de economía y narración clásica, pero también de un afán descriptivo y reflexivo que no necesita de la hiper-estilización que hoy en día tienen la mayoría de las series.

Un reencuentro

El reencuentro del año no fue con una película sino con Twin Peaks: The Return, D. Lynch. Pero a partir de ella, me reencontré con viejos capítulos y, por supuesto, con Fire Walk with Me. Lynch parece haber entendido todo sobre cómo narrar con el tiempo (mucho tiempo) a su favor. Lo sabía en los 90 y lo sabe todavía hoy, con algunos de sus actores muertos y otros tantos con arrugas y canas.

Una experiencia en el cine

Tres: 1.- La alegría de estrenar Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld en Mar del Plata, con la incómoda sesión de preguntas y respuestas del público a los directores de los cortometrajes en competencia. 2.- Ver Van Gogh, de M. Pialat, en la Sala Leopoldo Lugones. 3.- Ver Grandeur et décadence d’un petit commerce de cinéma, de J.-L. Godard en Mar del Plata

Un texto

No fue un año particularmente lector en lo que a textos de cine respecta. Muy rápidamente ahora se me vienen a la cabeza el lúdicamente exhaustivo “ABC Arrieta” de Lucas Granero, y dos textos no nuevos que me fueron muy útiles para escribir y dar clases respectivamente: “Space and Narrative in the Films of Ozu”, de K. Thompson y D. Bordwell, un minuciosísimo análisis casi plano a plano, corte a corte, de la filmografía de Ozu; y “El silencio y sus bordes”, D. Oubiña.

Un fotograma


Ivan Moscovich (Cineasta indiscreto. Jueves de cine)

Una película

Western (2017), de Valeska Grisebach.

No sólo es, creo yo, la mejor película estrenada en el 2017, sino que entablé una relación particular con ella. De tanto defenderla (ya sea de injusticias o tibiezas) me convertí en su abanderado. Lo admito con cierto orgullo. Hasta escribí un texto, o medio texto, que
de momento no va a salir de mi computadora.

Una canción

Un niño canta en la cena ceremonial de Kennedi is getting married. Lo hace varias veces en la película, pero acá se consagra. Cuando termina, en la sala de cine, una mujer lo aplaude.

Un doble programa

Me cuesta, así que digo una obviedad: después de ver Y ahora elogiemos las películas (2017), de Nicolas Zukerfeld, vi inmediatamente The Oxbow Incident (1943), de Willam Wellman. Fue una noche preciosa.

Un descubrimiento

Humphrey Jennings fue mi descubrimiento del año. Se me ocurren pocos cineastas tan ambiciosos. Me pregunto si Godard habrá pensado en él cuando afirma, en Historia(s) del Cine, que nada hicieron los ingleses por el cine.

Recomiendo particularmente The Farm (1938) y Listen To Britain (1942). La última está en YouTube.

Un reencuentro

A principios de año volví a ver la trilogía del terremoto de Kiarostami. Mi favorita ahora es la segunda.

Una experiencia

Los paraguas de Cherburgo, en la Sala Lugones. Estaba con amigos, así que no lloré.

Un texto

«Calibrar el ojo», de Malena Solarz. También fue mi año Didi-Huberman, pero eso es aparte.

Un fotograma

Esta maravilla de Zelimir Zilnik


@ayresybenson (Héroe anónimo. Twitero de trinchera. Ya volverá)

Una película

Sandy Wexler (Steven Brill)

Mientras los franceses premian el miserabilismo, ese videoclub del Gran Buenos Aires que es Netflix cada tanto nos devuelve la oportunidad de sorprendernos. Como cuando buscando una de terror llegaste a Tenebre o La mosca. Broadway Danny Rose del vulgar auterism, o cómo hubiera sido Spanglish si James Brooks se hubiera animado a hacer una de Sandler (en vez de seguir su capricho de una remake no declarada de El hijo de la novia). Una fábula de perdedores hermosos que prescinde de la pose cool (teléfono, James Franco), con el mejor ventrílocuo de la historia del cine. Y si alguien todavía tiene dudas: una película con un número musical que incluye a casi todo Happy Madison nunca puede ser mala.

Una canción

I’ve Been Loving You (Otis Redding, en vivo en Monterrey) en el episodio 15 de Twin Peaks. Los muchachos de Cahiers dicen que es una película. Es un poco reaccionario creer que a esta altura la televisión es un medio de arte menor, pero lo cierto es que ningún otro director activo saca tanta belleza de la banda sonora. Otro ejemplo:

Un doble programa

Brawl in Cell Block 99 / The Texas Chainsaw Massacre 2. Carne sobre carne.

Un descubrimiento

Los taitas, de Hugo Santiago. Y va un agradecimiento a un particular desinteresado como @eldeibik, que se toma el trabajo de digitalizar y difundir los copetes y varias películas de Filmoteca. Mientras, en la TV Pública cierran el Archivo Prisma y eligen difundir en su canal de YouTube el programa de entrevistas de Fernández Meijide.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Martel, Larry David, Lynch, las naranjas de la Cooperativa de San Pedro, la reedición de El otro lado de Alfred Kubin y el canoli de dulce de leche de Heladerías Italia; y la Sala Leopoldo Lugones, cerrada durante cuatro años por los que venían a devolvernos las instituciones.

Una experiencia en el cine

Pasarla cada vez peor (con lo que implica movilizarse en una ciudad poco amigable ya no con el flaneur, sino con todo lo que camina; avances que son pura publicidad televisiva; pobreza de estrenos; proyecciones en las que se pierde el color y ya ni hablar de la profundidad de campo; gente cada vez más horrible y carente de buenos modales).

Un texto

Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas, de Raúl Ruiz. El director francés más destacado del último cuarto del siglo XX era chileno. Y el evento cinematográfico del año es un libro. Un libro escrito en castellano. Promediando la mitad del segundo tomo, Ruiz dice que se dedica al cine porque le permite filmar en las ciudades donde vivieron sus escritores más admirados. Y mientras tanto (año 2004) presenciamos una carrera y un cine al que cada vez le queda menos lugar en este mundo.

Y si consideramos Twin Peaks como película, vale como texto las apostillas hechas por la cuenta de Twitter @argtwinpeaks durante y después de la temporada 2017. Gente que (para nuestra fortuna) lleva una afición al límite y la comparte generosamente.

Un fotograma


Nicolás Carrasco (Perú. Crítico)

Una película

Twin Peaks: The Return, de David Lynch

Una canción

Sandra Hüller cantando “Greatest Love Of All” de Whitney Houston en Toni Erdmann, de Maren Ade

Un doble programa

Aquí haré trampa y pondré dos:

After Hours (Martin Scorsese, 1985) + Good Time (Josh y Benny Safdie, 2017)

Eraserhead (David Lynch, 1977) + Twin Peaks: The Return (David Lynch, 2017)

Un descubrimiento

Este año descubrí los ciclos de “Japanese Outlaw Masters” que Chris D. programó para el American Cinematheque de Los Angeles a inicios de los años 2000. A partir de esta curaduría he visto por primera vez obras maestras como School of the Holy Beast (Noribumi Suzuki, 1974), Female Prisoner #701: Scorpion (Shunya Ito, 1972), o Battles Without Honor and Humanity (Kinji Fukasaku, 1973). Lo que más me emociona es que aún no he cubierto ni la mitad de los programas.

Un reencuentro

Este año, un amigo me prestó la antología de Brakhage de Criterion Collection en Bluray (¡perdón por tenerla varios meses!). Hasta el día que pueda verlas (finalmente) en celuloide, volver a ver en excelentes copias películas como Dog Star Man o Window Water Baby Moving (o ver por primera vez Desert o los Visions in Meditation) ha sido una experiencia que me acompañará por mucho tiempo.

Una experiencia

Ver la retrospectiva en 35mm de Peter Tscherkassky (y un corto de Eve Heller) como parte del Festival Al Este de Lima.

Un texto

Aquí haré trampa de nuevo: los mejores textos sobre cine que leí este año fueron dos de José Miccio para Hacerse la crítica: “Marco Bellocchio en cinco saltos (al vacío)” y “Sobre Elle y el cine de Paul Verhoeven”.

Un fotograma

José Miccio, otra vez: “El plano de la llama es una imposición del cine”. (Zama, de Lucrecia Martel)


Fidel González Amaratta (Director de fotografía. Trabaja en el Museo del Cine. Nos ayuda a traducir cosas)

Una película

Zama / Twin Peaks: The Return

Una canción

“All that She Wants” de Ace of Base en Sieranevada

Un doble programa

Get Out (2017) y Scream (1996)

Un descubrimiento

Los niños de Golzow en la Lugones, primeras 4 partes. / Ocho horas no hacen un día en la Lugones

Un reencuentro

Vivir su vida

Una experiencia el cine

Los guantes mágicos en Mar del Plata / Twin Peaks: The Return eps. 17 y 18 con LG, MS, FR y NZ en el Black Lodge

Un texto

La columna de Daniel Link en el diario Perfil de los sábados.

Un fotograma


Marcelo Granero (Diseñador oficial de La vida útil. Sin él seríamos gente sin swing)

Una película

Zama (Lucrecia Martel)

Una canción

Annette Benning y Billy Crudup escuchando Black Flag y Talking Heads en 20th Century Women (Mike Mills)

Un doble programa

Rushmore (1998, Wes Anderson) y Lady Bird (2017, Greta Gerwig)

Un descubrimiento

Los videos que sube Zach Lieberman a su cuenta de Instagram.

Un reencuentro

The Host y las películas de Bong Joon-ho

Una experiencia en el cine

Ver colgados en el cine los afiches y demás cosas que diseñé para El invierno llega después del otoño (Solarz/Zukerfeld, 2016) e Y ahora elogiemos las películas (Zukerfeld, 2017)

Un texto

Jenn Pelly sobre The Raincoats en Pitchfork

Un fotograma

Morrissey, State of the Union (Diciembre, 2017)


Agustín Rayneli (Director autodidacta. Troll)

Una película

The Accidental Text on Purpose

Una canción

Un doble programa

Nueva:

Era Uma Vez Brasília (2017)

Vieja:

Esto

Un descubrimiento

Los melodramas tardíos de Delmer Daves.

Un reencuentro

Para bien:

1) Nuevas copias de las películas de Jorge Acha. Habeas corpus, entre mis favoritas del cine argentino: https://www.youtube.com/watch?v=XYm1NFlyIec

2) Escuchar Sondheim en las grabaciones de los elencos originales (Follies, particularmente).

3) Lucrecia Martel

4) LCD Soundsystem.

Para mal:

1) Louis C.K. fuera del formato televisivo.

Una experiencia

Una mala, las risas exageradas en mi funcion de The Disaster Artist.

Un texto

Revivo a Las Pistas: https://las-pistas.com/2017/07/19/cualquiera-que-los-viera-sobre-el-invierno-llega-despues-del-otono/

Un fotograma


Jaime Grijalba (Cineasta y crítico. Escribe la columna El ornitólogo de Santiago en Con los ojos abiertos)

Una pelicula

Sin que lo esperara, sin siquiera quererlo o planearlo, La telenovela errante se transformó en «mi causa» anual. He escrito en español e inglés sobre la importancia del descubrimiento de una de las cintas perdidas de Raúl Ruiz, la cual fue terminada recién en este 2017 gracias a la guía de la cineasta, colaboradora y viuda de Ruiz, Valeria Sarmiento. No tengo una razón en especial o técnica para decir por qué creo que es la mejor película del año, puede que mi chilenidad me traicione (ya que es tremendamente chilena -no sé si la más chilena como dijo Lucas Granero en su post, pero puedo entender su entusiasmo-), pero hay algo peculiar y magnífico en la simple observación social que logra Raúl en tan sólo pocos meses de democracia (al ser filmada en 1990, pocos meses después de la subida al poder del primer presidente democráticamente electo en casi 20 años. Sus referencias a la situación política y sobre todo al habla, a la cultura y lo que significa ser chileno nunca había sido retratado en un filme de manera tan brava y a la vez odiosa. Una suerte de «mea culpa» de Ruiz, una admisión de chilenidad luego de años de tratar de escaparla, pero que volvía a aparecer en su obra una y otra vez. La telenovela errante termine siendo, tal vez, una de las mejores películas de su filmografía, un director que sigue teniéndola más allá de la tumba… algo que sólo Ruiz podría lograr.

Una canción

En Did You Wonder Who Fired the Gun?, luego de un viaje al lado más oscuro de la historia personal y familiar, luego de los recovecos explorados, luego de un plano de 15 minutos ininterrumpidos en los cuales se leen cartas, se reflexiona sobre una canción (no, no elijo la que le da el título a la cinta), luego de que la voz temblorosa de Travis Wilkerson nos da cuenta de cómo el terror del pasado no termina, cómo este horror racial nos persigue hasta nuestros días, luego de ese escalofrío que recorrió mi espalda las dos ocasiones en que vi la película… se realiza un corte a blanco, volvemos a algo que ya hemos visto antes, un extracto de la canción de protesta «Hell You Tambout», pero con una adición, esta vez es un karaoke, el público presente debe cantar la canción y decir el nombre de Bill Spann, el hombre que fue asesinado por el bisabuelo de Travis. Una explosión, una liberación, un momento catártico que también dobla como un momento de apreciación absoluta, un «mea culpa» racial. Whiteness can set the world on fire.

Un doble programa

Nuevamente me invitaron de MUBI para dar algo igual a esto, un programa doble de nueva y vieja vista este año. Para no repetirme, inventaré algo nuevo. Primero, On the Beach at Night Alone (2017, Hong Sang-soo) y luego Anne of the Indies (1951, Jacques Tourneur), ambas películas tan diferentes como cercanas en su tratamiento de mujeres protagonistas empoderadas, llevadas a los extremos por el amor, los celos y que finalmente, en su confrontación final, toman la decisión correcta para la salvación propia (moral), por sobre la de cualquier otro. Les dejo uno de yapa pero que no pongo por lo obvio: Visages, villages (2017, Agnès Varda, JR) y Bande à part (1964, Jean-Luc Godard)

Un descubrimiento

Jacques Tourneur como cineasta francés-americano inventivo y lleno del talento suficiente como para poder establecer su estilo por sobre cualquier género o época. Su versatilidad, casi, no tiene límite.

Un reencuentro

Creo que no hubo mejor reencuentro que el de Ruiz, sobre todo cuando uno ya no espera nada de nadie, menos de los muertos.

Una experiencia

Un empate: en Locarno, en la Piazza Grande, el cine al aire libre para 8000 personas, compartiendo las funciones de The Big Sick y de Laissez bronzer les cadavres; en Valdivia, presentando en la nueva sala de 35mm, la primera función del festival de Love Exposure con Sion Sono presente… para luego quedarme junto al público insospechado a las 4 horas de metraje del gran director japonés, el cual nos acompañó toda la semana en funciones llenas llenísimas.

Un texto

Ya no leo tanta crítica de cine, mala mía, pero de lo que he leído hace poco, el nuevo texto en este nuevo sitio, me removió algo:  http://lavidautil.net/2017/12/24/el-viento-sabe-que-vuelvo-a-casa-01-afi-fest/

Un fotograma

Homenaje a las 3 películas del año de Hong, las 3 obras mayores, las 3 me hacen pensar que tal vez no me gustan tanto por Hong, sino por Kim Min-hee. ¿La muerte de mi autorismo?


Pablo Acosta Larroca (Crítico. Grupo Kane, la casa donde empezamos varios)

Un cortometraje

Y ahora elogiemos las películas (2017) de Nicolás Zukerfeld

Cine dentro del cine de la mano de Nicolás Zukerfeld, con el amigo Lucas Granero (¡gran hallazgo!) traduciendo a Manny Farber, incluyendo aviones, rodaje con cohetes, e storyboard de convoys. A través de sus 15 minutos un sentimiento atravesando el metraje (está filmada en 16mm): Cinefilia, verdadero amor por el cine.

Motocross (2017) de Francisco Chiapparo

La película del amigo Pancho plantea con humor y frescura la frustración de Vero, una actriz treintañera que atraviesa el estancamiento de su carrera y duda si presentarse o no en un casting para conductora en un programa de motocross, ya que en el fondo la avergüenza. Una lúcida metáfora alrededor de nuestro mundillo pero también y sobre todo de esas ganas de vivir de lo que nos apasiona, cuyo arranque a veces es complejo.

Una película

Zama (2017) de Lucrecia Martel

«[…] hay un pez en ese mismo río, que las aguas no quieren y él, el pez, debe pasar la vida, toda la vida, como el mono, en vaivén dentro de ellas; pero de un modo más penoso, porque está vivo y tiene que luchar constantemente con el flujo líquido que quiere arrojarlo a tierra […] estos sufridos peces, tan apegados al elemento que los repele, quizás apegados a pesar de sí mismos, tienen que emplear casi íntegramente sus energías en la conquista de la permanencia»

Antonio Di Benedetto,
en Zama (1956).

Un beau soleil interieur  (2017) de Claire Denis

«[…] no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor: no soy su poeta (el recitador) más que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.»

Roland Barthes,
en Fragmentos de un discurso amoroso (1977)

Una canción en una película

«Toda Menina Bahiana» de Gilberto Gil, en Aquarius (2016) de Kleber Mendonça Filho, en esa escena memorable al inicio del filme, donde una comunidad celebra en el seno del hogar una visión de mundo basada en el amor por la diversidad, la amistad y los valores humanos por sobre el materialismo, el consumo, y el dinero.

Un doble programa (vieja y nueva)

Cuarenta años y dos soles en el horizonte. Y yo creciendo junto a ellos. El adiós a los Heroes y los Sabios. O como dice mi amigo Dieguillo Fernández: “Una generación acaba de abandonar la adolescencia definitivamente […] el «Universo Star Wars» es interminable, pero la ‘saga emocional’ para mí concluyó”.

Star Wars: Episode IV – A New Hope (1977) de George Lucas

Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi (2017) de Rian Johnson

Un descubrimiento

Estiu 1993 (2017) de Clara Simon

«Un exceso de infancia es un germen de poema»

Gaston Bachelard,
en La poética de la ensoñación.

Una niña de seis años a través del lente sensible de la directora debutante Simon deviene en un registro cuya agudeza emocional nos permite ver a través de sus ojos.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Kong: Island Skull (2017) de Jordan Vogt-Roberts

¡Para bien! Claro que sí. Por fin el gigantesco simio no muere al caer del Empire State por amor a la rubia, sino que finalmente es venerado y respetado por su nobleza y además logra destruir a cuanto helicóptero y soldado quiere lastimarlo. ¡Aguante Kooong!

Una experiencia en el cine

La Filmoteca en Vivo de Fernando Martín Peña

Tras años de la “alegría sin fin”, la versión en vivo de Filmoteca, programa televisivo emitido en la Televisión Pública y creado por Fernando Martín Peña y Fabio Manes (¡GRACIAS por tanto!) dejó de funcionar en la sala de proyección de la ENERC. Como sostiene Roger A. Koza: “Para la audiencia, siempre generacionalmente pluralista, se trataba de un acercamiento libre a la historia del cine y también una posibilidad única de ver ciertas películas en los formatos originales. Ver un film como tal es hoy una excepción y un privilegio, más todavía en Argentina”. ¿Por qué su cierre? ¿Por qué el corrimiento de su natural programador? Esta nota del siempre lúcido Koza hecha luz sobre el asunto: http://www.conlosojosabiertos.com/filmoteca-no-una-marca/

Estreno de “Pinamar” (2017) de Federico Godfrid

Siempre es hermoso cuando estrena un amigo y la alegría se duplica al encontrarse con una gran película: la vi tantas veces y de tantas formas que ya perdí la cuenta… Y sin embargo, siempre me emociona.

Un texto

Memorias de un cinéfilo. Escritos sobre cine (1931-1977) de Henri Langlois.

Colchones de fe – Tres aproximaciones a Zama de Lucas Granero.

Un fotograma


José Miccio (Crítico. Estrenó columna en La vida útil. Pero también escribe en muchos otros lados y en todos ellos es siempre bueno)

Una película

La telenovela errante (Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento).

Una canción

El año pasado elegí “Lust for Love” en Elle. En pos de mantener la coherencia y convertirme en alguien respetable, este año elijo “The Pure and the Damned”, de Oneothrix Point Never e Iggy Pop en Good Time.

Un doble programa

Piazza Vittorio (Abel Ferrara) y Loulou (Maurice Pialat). O cómo filmar al pueblo que está, que es el único que importa.

Un descubrimiento

Digo dos. Primero, la fuerza burguesa de Un bello sol interior, que no se deja sacudir ni por la bestia Depardieu. Por la dudas aclaro que esto que digo es cualquier cosa menos un elogio. Segundo, la existencia de una grey marteliana llena de magisters y doctores dispuesta a aplaudir cualquier cosa que la jefa diga.

Un reencuentro

Loulou. Una de las grandes películas de amor de la historia del cine. La había visto en DVD. Volví a verla este año, primero en un buen ripeo y después en 35mm. En el cine me reí mucho. En casa creo que casi nada. La película es maravillosa en cualquier lado, pero la proyección en una sala, en el formato en que fue concebida, no cambia solo la intensidad de las emociones sino su misma naturaleza.

Experiencia

Pialat en 35mm. Memorables la resurrección de Bajo el sol de Satán y el cancán de Van Gogh, por decir dos momentos obvios. Pero en sueños veo todavía el color de los pulóveres de La infancia desnuda.

Un texto

El Diario de Raúl Ruiz. Lo compré hace poco y todavía no me puse a leerlo en orden, con conducta. Pero todos los días abro al azar uno de los volúmenes y me topo con alguna maravilla. Por ejemplo, la compra de un libro para domar mesas. Ya que estamos, digo otro diario. No, no el de Piglia. El de Gombrowicz, felizmente reeditado. Curiosamente, en una de las hojas que abrí ayer, me topé con que Ruiz dice que Gombrowicz es un reaccionario. No creo. Pero qué más da. Lo que importa es que es un genio.

Un fotograma

Cualquiera de El otro hermano en el que aparezcan juntos Pablo Cedrón y el pibe con la camiseta de Independiente. Dos glorias argentinas.


Oscar Cuervo (Crítico y headmaster de La Otra)

Una película

Sieranevada (Cristi Puiu) / Twin Peaks: The Return (David Lynch)

Una canción

“My Prayer”, The Platters, en el capítulo 8 de Twin Peaks, Tercera temporada.

Un doble programa

Los rubios y Cuatreros, la dos de Albertina Carri: creo que ya no puede verse Los rubios sola, sin la relectura que Carri promueve desde Cuatreros.

Un descubrimiento

Hell or High Water (David Mackenzie)

Un reencuentro

Después de ver la tercera temporada de Twin Peaks, volví a ver Fire Walk with Me, que en su momento me había resultado inabordable, y hoy funciona perfectamente como el eslabón perdido entre la versión noventista y Twin Peaks ’17.

Una experiencia

Presencié una caliente discusión política a la salida de Yo, Daniel Blake (Ken Loach) en el cine Lorca, como ninguna película argentina lo logró en estos últimos años.

Un texto

«Más importante que la crónica de los sucesos es la significación actual de los mismos. Este estudio de la rebeldía popular debería conectarse con el estudio de las formas políticas que la expresan. Toda política tiene una ideología, Velázquez es una forma política de rebeldía y el sentimiento popular es en cierto modo la ideología. Aquí hay que escapar del formalismo ‘civilizado’ de considerar formas políticas exclusivamente a los partidos e ideologías a sus programas. Esta concepción falla cuando se quiere analizar este problema en el presente y desde la perspectiva de la liberación nacional. El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la más incipiente, los niega. Al resistir la opresión, niega los hechos que la producen. Con esto, siguiendo a Fanon quiero decir que la certeza es adecuación a los hechos pero la verdad para el pueblo es aquello que perjudica al enemigo. (…) Y Velázquez hoy ya es parte de la cultura de nuestro pueblo, el sentimiento que despertó su acción, su práctica concreta, son patrimonio de los oprimidos de las áreas rurales del Chaco». (Roberto Carri, “Isidro Velázquez, formas prerrevolucionarias de la violencia”, citado en Cuatreros)

Un fotograma


Juan Francisco Gacitúa (Crítico. Miembro del podcast Los jóvenes viejos. Dos pasiones: cine clásico argentino y Los Simpson)

Una película

Dawson City: Frozen Time (Bill Morrison)

Una canción

Las de Will Arnett en The LEGO Batman Movie

Un doble programa

Galería Cinematográfica Infantil (Domingo Mauricio Filippini) / Una ciudad de provincia (Rodrigo Moreno)

Un descubrimiento

Gabriel Abrantes

Un reencuentro

Los guantes mágicos (Martín Rejtman), una comedia de Lubitsch sobre atravesar la crisis de los 30 en combo con la debacle del país. La disfruté cuando la vi hace varios años, pero esta revisión obviamente caló mucho más profundo.

Una experiencia

Muñequita porteña (José Agustín Ferreyra) restaurada en el Bafici, con música y actores en la sala interpretando un guion nuevo.

Un texto

“Crónica amarga en dos momentos sobre la visita de Nanni Moretti” al Bafici, por Juan Pablo Álvarez: http://encerradosafuera.com.ar/cronica-amarga-visita-de-nanni-moretti-bafici/

Un fotograma


Juanse Alamos (Productor. Humorista)

Una película

António Um Dois Três, ópera prima de Leonardo Mouramateus

Una canción

La secuencia musical en A Fábrica de Nada: no sé si es una gran película pero unos obreros bailando y cantando en una fábrica tomada en Portugal porque una empresa Argentina les encargó no sé cuántos ascensores, merece estar en mi lista. Mi segunda opción era la segunda secuencia de Desearás al hombre de tu hermana: burgueses cantando y bailando en la fiesta de casamiento de la hermana de Pampita, a principios de los 70, en las costas de Uruguay.

Un doble programa

A Fábrica de Nada  y The Old School of Capitalism (2009): Crisis económicas, fábricas tomadas, países europeos en decadencia y el pesimismo sobre una verdadera revolución del proletariado se encontraron este año en Mar del Plata.

Un descubrimiento

Mención doble:
Zelimir Zilnik: lo mejor de este último Mar del Plata.
Ma vie et mes films, de Jean Renoir, el mejor libro de cine que he leído.

Un reencuentro

Este año vi Un partie de campagne, de Renoir, por primera vez y desde entonces la habré visto unas diez veces.  No es una gran hazaña teniendo en cuenta que dura poco más de 40 minutos pero es un reencuentro al que siempre vuelvo.

Una experiencia

Gente filmando la pantalla de los cines en medio de la película y con la linterna del celular prendida. Por cosas como esta después gana Cambiemos.

Un texto

De Lautaro García Candela, para Las Pistas: «BAFICI 2017 (4) – Los territorios o por qué el lobby no sirve para nada».

Un fotograma

¿Es acaso Desearás al hombre de tu hermana la mejor película argentina del año? La respuesta probablemente sea “No, no lo es”. Pero éste no deja de ser un gran fotograma


Matías Marra (Cineasta, docente, fan de Shakira)

Una película

El otro lado de la esperanza, Aki Kaurismäki

Una canción

No es de este año pero la vi este año: qué momento cuando aparece «Relax, Don’t Do It» en Body Double 

Un doble programa

I Walked With a Zombie de Torneur / Get Out de Jordan Peele.

I Walked With a Zombie es una película increíble. Maneja niveles de ambigüedad en el plano de las imágenes y la política que cuando la volví a ver este año quedé fascinado. Una clase de cine. Get Out la primera hora la vi con la misma intensidad. Hasta que resuelve todo mal y se vuelve una película conservadora y de repente los negros son lo que la película dice rechazar. Las elijo como el ejemplo de una muy buena y una que no tanto.

Un descubrimiento

Descubrí a Caetano este año. Vi toda su filmografía y todas me parecen buenas. El otro hermano es la película argentina del año.

Un reencuentro

Men in Black. Joya del cine blockbuster de los 90.

Una experiencia

Ir al Gaumont hoy en día es toda una experiencia en sí misma. Se volvió refugio/cama de la gente que vive en la calle y en la plaza. Me parece bizarro y piola a la vez.

Un texto

No es de cine pero sirve para ir abriendo puntas sobre macrismo y hegemonía: «El macrismo no es un golpe de suerte» de José Natanson.

Un fotograma

Éste de La idea de un lago, Milagros Mumenthaler.


Verónica Balduzzi (Cineasta. Le gusta mandar cartas)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt.

Una canción

“One More Time” de Redbone, en Person to Person de Dustin Guy Defa.

Un doble programa

Hermia & Helena (M. Piñeiro) / Design for Living (E. Lubitsch)

Un descubrimiento

Zelimir Zilnik.

Un reencuentro (para bien o para mal):

Para bien: en preparación para viajar a Pompeya, Viaggio in Italia, de Rossellini. Para mal: El desprecio, de J.-L. Godard.

Una experiencia

Zama. En Mar del Plata, una espectadora conmovida por el canto de un niño en la pantalla, aplaudió junto a los personajes.

Un texto

“La imagen pobre es RAG o RIP, AVI o JPEG, una lumpenproletaria en la sociedad de clases de las apariencias, clasificada y valorada según su resolución. La imagen pobre ha sido subida, descargada, compartida, reformateada y reeditada. Transforma la calidad en accesibilidad, el valor de exhibición en valor de culto, las películas en clips, la contemplación en distracción. La imagen es liberada de las criptas del cine y los archivos y empujada a la incertidumbre digital a costa de su propia sustancia. La imagen pobre tiende a la abstracción: es una idea visual en su propio devenir. La imagen pobre es una bastarda ilícita de quinta generación de una imagen original Su genealogía es dudosa. Sus nombres de archivo están deliberadamente mal deletreados. Es un frecuente desafío al patrimonio, a la cultura nacional o, de hecho al copyright. Te llega como un señuelo, una trampa, un indicio o un recuerdo de su anterior naturaleza visual. Burla las promesas de la tecnología digital”. (Fragmento: Hito Steyerl; “En defensa de la imagen pobre” en Los condenados de la pantalla)

Un fotograma

Un Vicuña Porto teñido de rojo, sumergido en el río.


Sofía Marramá (Directora de arte. Esperemos directora a secas algún día)

Una película

Zama (Lucrecia Martel)

Una canción

Cambio la consiga y elijo una película en una canción. Los Paraguas de Cherburgo (Jacques Demy)

Un doble programa

La vieja: La Chinoise (Jean Luc Godard)

La nueva: En el intenso ahora (Joao Moreira Salles)

Un descubrimiento

Peter Nestler y Aleksei German Jr.

Un reencuentro

Volví a ver La folie Almayer de Chantal Akerman y no entendí porque no la amé tanto la primera vez, esas cosas que nos hace el cine…

Una experiencia

Vi Neruda en The Duke’s cinema en Brighton, Inglaterra. Daba risa y bronca ver y escuchar a los ingleses en la sala maravillarse por una subversión mal filmada.

Un fotograma

Under Electric Clouds (Aleksei German Jr.)


Fernando Restelli (Cineasta. Director del cortometraje Merodeo. En 2018 va a estrenar su primer largometraje, Construcciones. Las expectativas son altas.)

Una película

Baronesa de Juliana Antunes

Una canción

“La Folie” de The Stranglers en Caniba de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel

Un doble programa

Una forma de acercarse a la historia lusa: No, o la vana gloria de mandar de Manoel de Oliveira y 48 de Susana de Sousa Dias

Un descubrimiento

The Way Steel Was Tempered de Želimir Žilnik

Un reencuentro

Hacía varios años no veía una película de Aki Kaurismäki y nunca había tenido la oportunidad de verlas en el cine así que cuando fui a ver El otro lado de la esperanza la alegría fue inmensa.

Una experiencia en el cine

Cuando fuimos a ver RoboCop de Paul Verhoeven en el festival de Mar del Plata, esperamos más de una hora dentro de la sala el reinicio del DCP. Conversamos con amigos cinéfilos que recomendaban (o no) lo que habían visto esos días mientras compartíamos unas empanadas y cervezas entre las butacas.

Un texto

Elevar el propio pensamiento hasta el nivel del enojo (el enojo provocado por toda la violencia que hay en el mundo, esa violencia a la que nos negamos a estar condenados). Elevar el propio enojo hasta el nivel de una tarea (la tarea de denunciar esa violencia con toda la calma y la inteligencia que sean posibles).

Elevar, por tanto, el propio pensamiento acerca de la imagen hasta el enojo provocado por el tiempo resistido, por el tiempo sufrido por los seres humanos en pos de determinar su propia historia.

Elevar el propio pensamiento hasta el enojo. Elevar el propio enojo hasta el punto de quemarse a uno mismo. Para mejorar, para denunciar serenamente la violencia del mundo.

Fragmentos del artículo «Cómo abrir los ojos», prólogo del libro Desconfiar de las imágenes, de Harun Farocki (Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2013).

Un fotograma


Alejandro Cozza (Crítico. Videoclubista. Programador del cineclub Pasión de los fuertes. Esperamos que pronto pueda terminar su película)

Una película

Zama

Una canción

Lugar común pero inevitable: “Bellbottoms” de Jon Spencer Blues Explosion en Baby Driver

Un doble programa

Me llamó poderosamente la atención descubrir este año los fuertes lazos entre la filmografía de Jacques Becker y la de Éric Rohmer

Un descubrimiento  

La pelicula de Manuel de Sebastián Menegaz y Lucas Damino. Un personaje increíble sostenido por dos directores que saben cómo cuidar lo que tienen en mano y cómo filmarlo. ¿El último “pequeño” gran film independiente cordobés?

Un reencuentro (para bien o para mal)

El taxista ful de Jo Sol. Me había gustado mucho en su momento esta película catalana, la desempolvé este año para mostrarla en clases en un secundario y me di cuenta de los grandes detalles de esta bombita anarca y de su poder expansivo. Para tirar en medio de la grieta familiar en navidad.

Una experiencia en el cine

Ninguna particularmente excepcional, pero ver Zama y Baby Driver en sala me hizo creer que aún se podía asistir en tiempo presente a presenciar clásicos inmortales en un multicine. Las experiencias que NO tuve: ver Z, la ciudad perdida de James Gray en igual condición y algunos capítulos al menos de Twin Peaks: The Return: me fascina pero me entristece al mismo tiempo ver a Lynch en la tele.

Un texto

Cuaderno de los sesenta de Jonas Mekas (Caja Negra editora)

Un fotograma

Y todo lo que ocurre en ese plano de Era uma Vez Brasília de Adirley Queirós… La Brasilia de Queirós sintetiza en ese momento el sentir general de más de una ciudad latinoamericana en estos tiempos… ¡El imperio contraataca!


María Laura Pintor (Cineasta. Algas, pico alto de la cinematografía cordobesa)

Una película

A Fábrica de Nada de Pedro Pinho

Una canción

«Walk Away Renée» de The Four Tops (película: Tres anuncios por un crimen de Martin McDonagh)

Un doble programa

A Ultima Vez que Vi Macau de Joao Pedro Rodrigues y Los Corroboradores de Luis Bernárdez

Un descubrimiento

Adventureland de Greg Mottola

Un reencuentro (para bien o para mal)

La telenovela errante de Raúl Ruiz

Una experiencia en el cine

Zama de Lucrecia Martel

Un texto

«El cosmos como cine» de Alexander Kluge

Crítica y ficción de Ricardo Piglia

Un fotograma

Una chica y dos fusiles de Claude Lelouch


Roger Koza (Crítico y programador. No sabemos si a esta encuesta la mandó él o su alter ego Koger)

Una película

Trás-os-Montes, de António Reis y Margadira Cordeiro

Había visto esta obra incalificable en YouTube. Encontrarme con este film de Reis en un cine fue una experiencia de vida y me acompañará por siempre. A su vez confirmé que todavía existen películas populares. Sucede que este aerolito lusitano es la expresión misma de lo popular sin los prejuicios negativos o positivos que suele albergar ese término, cada vez más problemático para todos los que participan de la cultura cinematográfica. Lo popular como tal, y como se ve aquí, excede las categorías académicas de alta y baja cultura; también desmiente la cualidad asociada a la simplicidad, un atributo que puede comportar un desprecio sesgado. Por otra parte, Trás-os-Montes puede ser comprendida y amada por cualquier persona, cinéfila o no; basta que se disponga a sentarse por unas horas, porque el film hará el resto.

Una canción

El tema final de Pajarito Gómez, cuya letra dice: “Estaremos juntitos, en el año 2000”. No creo que este tema musical fomente la prometida unión de los argentinos anunciada en el Congreso de la Nación dos años atrás, pero el grito final que interrumpe el tema antes de que se lea “Fin” representa muy bien todo el sufrimiento y el malestar que se siente en todos los lugares del país. Obra maestra sin igual de Kuhn, que no tiene ningún heredero en el presente. Faltan películas de esta naturaleza: insolentes, divertidas y actuales.

Un doble programa

Baronesa y En el cuarto de Vanda: los materiales son parecidos, las diferencias también, pero las películas de Antunes y Costa están hermanadas por su honestidad y rigor.

Un descubrimiento

A Dragon Arrives! En este film de aventuras y fantasmas, Mani Haghighi introduce inesperadamente un núcleo misterioso y documental que relaciona su relato fantástico con la obra maestra absoluta (y ópera prima) de Ebrahim Golestan, El ladrillo y el espejo. Aún hoy no consigo entender las relaciones que el film sugiere, tanto personales como políticas, con el propio desarrollo narrativo; menos aún puedo entender la apatía generalizada de la audiencia madrileña en la función de clausura de FilMadrid. No tengo duda: los jóvenes programadores de FilMadrid entendían muy bien lo que estaban haciendo, porque pocos festivales en el mundo tienen la energética coherencia que resplandece en su programación.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Le cercle rouge. No la había visto nunca en una sala. Perfección absoluta; todo está bien en este film de perdedores en el que se puede constatar el misterio del ritmo en el cine.

Una experiencia en sala de cine

La proyección a sala llena y con la presencia de su protagonista, Esteban Buch, de Juan, como si nada hubiera sucedido en el Festival des 3 Continents de Nantes. Todo el festival fue una experiencia, pero la proyección del film de Carlos Echeverría tuvo una intensidad que aún hoy perdura en mis recuerdos cotidianos.

Un texto

Dos: el notable texto de Sonzini sobre Zama; el lúcido y preciso comentario de Luis Franc sobre Kékszakállú

Se pueden leer aquí.

-http://www.conlosojosabiertos.com/60-columnas-02-siete-veces-zama/

-http://www.hacerselacritica.com/una-noche-en-la-opera-kekszakallu-por-luis-franc/

Un fotograma

El que está al inicio de 24 Frames de Abbas Kiarostami, es decir, un plano fijo de Los cazadores en la nieve de Peter Brueghel. La intervención se la dejamos a él, pues nadie puede hacerlo mejor que el fantasma de Kiarostami, que desde el fuera de campo radical de todo el cine puede estrenar una película en Cannes.


Raúl Camargo (Director de FICValdivia. Fue el enemigo Nº1 de Las Pistas. Ahora es amigo de Sion Sono)

Una película

La telenovela errante, de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento. No sólo por ser el mayor acontecimiento cinéfilo del año, también porque tuve la suerte de estar involucrado en el proceso final del film y sus estrenos en sociedad en Locarno y Valdivia. Por lo mismo no dejo de pensar en esta frase de don Raúl luego de su especial retorno al cine: “Para mí, los fantasmas representan el cuestionamiento de la frontera entre los vivos y los muertos. Los muertos pasan entre los hombres vivos, los vivos penetran en el mundo de los muertos… Y eso es exactamente lo que pasa de alguna manera en el cine”.

Una canción

Los portugueses son espacialistas en lograr momentos musicales de antología en sus films. João Cesar Monteiro, Miguel Gomes, João Pedro Rodrigues y Pedro Costa dan fe de ello. Una fe en lo musical que este año desarrolló de manera magistral el colectivo encabezado por Pedro Pinho en A Fábrica de Nada, la flamante ganadora del Premio del Público en FICValdivia 2017 (tenemos el mejor público del mundo).

Un doble programa

Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de Leonardo Favio (1967) y The Day He Arrives, de Hong Sang-soo (2011), y la imagen de Federico Luppi y Joon-sang Yoo apoyados en el muro dejándome un nudo en la garganta.

Un descubrimiento

Hallelujah the Hills de Adolfas Mekas. Desde hace tiempo que tenía muchísimas ganas de verla y ver cómo filmaba el hermano de Adolfas, el mismo que lo acompañó en su huida de Lituania, el mismo que lo secundó en su labor de articulador del New American Cinema. La película es una comedia deliciosa llena de citas cinéfilas, una obra injustamente ignorada y que por lo mismo debemos resituar.

Un reencuentro

La vida de bohemia de Aki Kaurismäki, la cual vi hace muchos años sin causarme mayor impresión y que luego de volver a verla este 2017 se me hizo total y absolutamente imprescindible.

Una experiencia en sala de cine

Ver, mientras llovía como si se tratase del mismísimo diluvio, I Walked With a Zombie de Tourneur en la mítica Piazza Grande de Locarno, la sala al aire libre más linda del mundo. Con suerte éramos 20 personas en un lugar con capacidad para 8 mil espectadores, y cada cierto tiempo relampagueaba, y juro que uno de dichos relámpagos coincidió en perfecta sincronía con la irrupción del zombie. Inolvidable.

Un texto:

El mail de Sion Sono pidiendo llegar a Valdivia unos días antes del festival para poder conocer mejor la ciudad. Ahí supimos que no sólo era imposible que cancelara, también fue un adelanto del amor de persona que fue en FICValdivia. Sé que esta pregunta se refiere más bien a un texto-ensayo crítico, pero para mí dicho mail fue el texto más importante del 2017.

Un fotograma

Para mí la imagen del año es la estremecedora y entrañable sonrisa de Harry Dean Stanton en Lucky, en una escena que de sólo recordarla se me llenan los ojos de lágrimas. Imposible de olvidar e imposible de reproducir por acá. Ojalá puedan ver la película 🙂


Pablo Conde (Programador del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata IFF, miembro del sitio web Encerrados Afuera y colaborador de la revista Los Inrockuptibles)

Una película:

Brawl In Cell Block 99, de S. Craig Zahler. Policial / película carcelaria / descenso a la locura / canto a la violencia / old school setentoso. Zahler, presidente.

Una canción en una película

Harlem Shuffle de Bob & Earl, en la secuencia de títulos de Baby Driver. Primero, gran idea la de poner temas que no son tan populares como algunos de sus fragmentos, luego sampleados en otras canciones (el mejor ejemplo es este: las trompetas de apertura son también el comienzo de Jump Around, de House of Pain). Segundo, y más importante, la versión original de Harlem Shuffle (popularizada luego por los Stones) no sólo es una gran selección, sino que la escena en la que la incluye Edgar Wright es una maravilla visual: plano secuencia, cámara que sigue a su protagonista y fragmentos (sampleos) de la letra escritos en las paredes, los postes y la vereda, entre otras cosas. Y mientras Baby decide qué llevar, un yeah, yeah, yeah, no hace mal.

Aquí el link:

Un doble programa

Tres avisos para un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, Martin McDonagh, 2017) y Un santa no tan santo (Bad Santa, Terry Zwigoff, 2003): porque tratarse mal nunca fue tan disfrutable. Humor negrísimo -de ese que te hace sentir culpable de reirte- a la orden del día.

Un descubrimiento

Les garçons sauvages / The Wild Boys (Bertrand Mandico): Imperdible.

Un reencuentro

TWIN PEAKS. Así, en mayúscula. Volver a formar parte de ese universo (ahora ampliado hasta el mismísimo infinito) fue el mayor placer de 2017. Casi 18 semanas perfectas. Y un capítulo 8 que cambiará vidas. Sí, así de puntual y específico.

Una experiencia en sala de cine

Todas las medianoches del Ambassador 1, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Público insuperable, nueve experiencias cinematográficas estimulantes.

Un texto

Todo lo escrito por la cuenta de Twitter Twin Peaks Arg https://twitter.com/ArgTwinPeaks y el profundo análisis de la serie, episodio por episodio, del blog El pájaro burlón http://elpajaroburlon.com/tag/twin-peaks/

Un fotograma


Lucrecia Matorozzo (Programadora de del festival Cortópolis)

Una película

Largo y corto

El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismäki

Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld

Una canción

“Liti liti” de Orchestra Baobab en A Fábrica de Nada

Un doble programa

Le di varias vueltas hasta tratar de encontrar dos películas que dialoguen entre sí y que por lo menos una haya visto este año; como tuve poco éxito, va mi intento con una película y una novela: puedo decir que ver Zama fue toda una experiencia visual y sonora que me acompañó a lo largo de varios días y algo similar me sucedió al leer El entenado de Juan José Saer que leí, por casualidad, a los pocos días de ver Zama. Ambas, película y novela, comparten el cruce entre españoles y aborígenes,  la extrañeza del paisaje y el idioma y el lugar para las preguntas y reflexiones que se hacen los protagonistas y que por reflejo interpelan al espectador/lector.

Un descubrimiento

Baronesa. La película me pareció tan increíble que ya quería ver toda la obra de Juliana Antunes, cortos, largos… La gran sorpresa fue que Baronesa, tan sensible, sólida y conmovedora, fuera la ópera prima de tan joven directora. Espero ansiosa su próxima película.

Un reencuentro

Un rencuentro con el maestro Fernando Birri fue Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini, una de las películas que más disfruté. En un año tan difícil como este para nuestro país, esta película fue una especie de bálsamo.  Un encanto ver a Birri, en un rodaje, haciendo preguntas, escuchando atento a sus interlocutores, compartiendo risas con amigos, sembrando acción y esperanza.

Una experiencia en el cine

Ver y escuchar en el cineclub La Quimera en el marco de la Muestra Cortópolis Nitrato argentino científico. Selección de cortometrajes de divulgación científica restaurados por el Museo del Cine y sonomusicalizados en vivo por Club Sportivo Tritono, dúo integrado por Atilio Sánchez y Federico Disandro. Nunca pensé que la ciencia me iba a proporcionar tremendo goce estético. Los sonidos y la música crearon un particular contrapunto con las imágenes y el uso del silencio en un momento muy preciso fue tan impactante que cuando el programa terminó pensamos y sentimos que una experiencia irrepetible había sucedido.

Un texto

Mejor tres…

“El mono en el remolino” de Selva Almada.

“¿Dios nos ama cuando bailamos? – El cine de Les Blank” por Martín Emilio Campos Revista Cinéfilo

“Verano en Nueva York” por Ramiro Sonzini en Revista Cinéfilo Nº 23

Un fotograma

A Fábrica de Nada de Pedro Pinho


José Fuentes Navarro (Crítico en La vida útil. Cocinero en Cinéfilo. Programa en Pasión de los fuertes)

Una película

The Lost City of Z de James Gray

Es la extrañeza en visitar un mundo que apenas reconocemos, filmado con una tecnología, la analógica, a la que se suele dar por perimida. Asentada sobre una tradición, el Hollywood 70s, de donde toma su estética, pero principalmente esa especie de regusto melancólico que deja. Con un personaje que tiene la habilidad de contagiar sus obsesiones a los demás (y a nosotros), porque Z como todos los cuentos de la selva es la historia de un obsesivo, narrada empero con baja intensidad lo que nos da tiempo para que sea una extraordinaria experiencia visual y sonora pero también cuasi táctil y olfativa. Es el sensualismo elegante de Gray llevado al límite, cine clásico como experiencia radical.

Una canción en una película

“Slippery People” de Talking Heads

Suena cuando la CIA lleva a Tom Cruise a la Casa Blanca en American Made. Una visita al detrás de escena de USA en los 80, corazón ideológico que hace que el personaje y por lo tanto la película de Doug Liman existan.

Un doble programa

The Smiling Lieutenant de Ernst Lubitsch (1931) / The Day After Hong Sang-soo(2017)

Un descubrimiento

1. El cine de Jean Epstein, inventor de formas.
2. La visión de cuatro (de las seis) extraordinarias películas que dirigió Kinuyo Tanaka
3. Las tres temporadas de Rick and Morty, que junto a films como Detention de Joseph Kahn dinamitan las imágenes e ideas pop desde adentro.

Un reencuentro

Reencontrarme con amigos en festivales, con los conocidos de siempre y con los nuevos, el cine es comunidad como bien lo sabía John Ford.

Una experiencia en el cine

Sin duda Body Double de Brian De Palma en el Festival de Mar del Plata, una película cuya maestría hace que paulatinamente te despegues del respaldo.

Un texto

Roger Koza sobre Good Time de los Safdie.

GOOD TIME / GOOD TIME: VIVIR AL LÍMITE

Un fotograma

John Wick: Chapter 2 de Chad Stahelski


Cecilia Kang (Cineasta. Pueden ver Mi último fracaso. Se viene una nueva pronto)

Una película

Zama, de Lucrecia Martel

Una canción en una película

La musiquita pedorra de teclado midi que sonaba como leitmotiv en El día después de Hong Sang-soo. Esa musiquita pedorra, que te quemaba el cerebro. Quise buscar en internet al menos el nombre del tema o algo pero no lo encontré.

Un doble programa (una película vieja y una nueva que se relacionen de alguna manera)

She’s Gotta Have It (1986) de Spike Lee. Vi la película original una noche en Netflix por casualidad y luego amé que no fuera ninguna casualidad, sino que me estaban preparando para la serie que salió hace unos meses por la misma plataforma. También dirigida por Spike Lee, es más easy going, pero me gusta la mirada de este director maravilloso que hace un esfuerzo gigante para correrse de ese lugar tan cómodo, el mundo en el que vivimos, el mundo de los hombres. No trata de ponerse en el lugar de la mujer porque entiende que él no lo es, y eso me llena de gratitud. Saber que hay hombres buenos que entienden lo que es y lo que no.

Un descubrimiento

Mario Levrero y los insta-stories.

Un reencuentro

Hace un mes más o menos unas queridas amigas me guardaron en su casa. Me dieron de comer, me hablaron de tonterías, me escucharon las torturas mentales que tejía, me abrazaron mientras lloraba. Una de las noches de cura a una de ellas se le ocurrió volver a ver Space Jam. Mi otra amiga cocinó riquísimo, nos sentamos en el sillón y pusimos la película en el proyector de la casa. Esas noches tan enternecedoras y ricas que uno no recuerda los detalles porque fue sólo así, muy lindo y acogedor. Una especie de medicina que sí te gusta tomar, como las aspirinetas cuando una era chica. Mientras mirábamos la película y resaltábamos las dificultades que habría tenido Michael Jordan para simplificar todos sus movimientos (ya que la técnica del chroma imagino era una joya aún complicada de pulir en ese entonces) recordaba que esta película la había visto en el cine de Flores, uno grande que estaba en frente del McDonald’s. Creo que ahora es un Musimundo u otra iglesia evangelista. Ése fue el primer cine donde vi las primeras películas de mi vida. Películas que yo decidía ver. Una especie de actividad de grande, la cual no sé por qué yo tenía bastante libertad de hacer. Era cuestión de guardar la plata para el domingo e ir con mi mejor amiga a ver una película y luego comer una hamburguesa. Recuerdo que vimos Space Jam dos veces. Dos domingos consecutivos. Una dicha. La ebullición con la que salíamos, eso recuerdo. Como si ver esas imágenes nos permitiera saltar y volar como Jordan. Esas primeras imágenes conscientes sobre el bien y el mal. Salir y discutir entre las pibas, de qué trataba una cosa y la otra. Me río sola mientras escribo este recuerdo. En fin, creo que este fue un buen reencuentro. Con el amor a la actividad de ver una película. Compartir estas sensaciones primitivas con los amigos queridos. La amistad. El cine lo compartí siempre con amigos. Hace un mes vi Space Jam, y me aburrió mucho, pero agradecí poder haberlo hecho con dos amigas queridas, queridísimas, una noche de viento en una casa envuelta en hojas verdes de árboles altos, en un barrio que no era mío: una casa cura que me transportó a esa cálida sensación de bienestar. Al menos por un instante, o una hora de dibujitos animados.

Una experiencia en sala de cine

Siguiendo mi estado emo, ahí otra anécdota.

Hacía mucho calor y el sol tiraba una luz hasta blanca de tan fuerte que estaba. Estaba yendo a lo de mis viejos porque tenía que contarles que me había separado. Un bajón total. Iba caminando a la parada del bondi y pasé por el cine. Pasaban Paterson de Jim Jarmusch. La pasaban en cuarenta y cinco minutos. Entré y me compré una entrada. Caminé unas cuadras y saqué plata del cajero, pasé por una panadería que recordaba tenía buenos sanguchitos de miga y me compré tres sanguchitos. Pasé por un kiosko y compré un agua y carilinas (porque además estaba engripada). Volví al cine y faltaban veinte minutos todavía. Me senté en el barcito que tienen adelante y me tomé un café con leche. Esperé los veinte minutos junto a la otra única pareja de abuelitos que estaba para la misma película. Todo muy de otra época, o con un tiempo que no recordaba que se podía manejar. Una especie de no-tiempo en el que flotábamos juntos, los abuelitos y yo. Pasados tres minutos de la hora de la función, la boletera nos llamó, nos recortó los tickets y entramos. Teníamos toda la sala para nosotros, los abuelos y yo. Ahora recuerdo que había otra mujer más, que estaba sentada una fila más arriba a la que yo había decidido sentarme. Cuando puedo elegir, me gusta estar en el medio y cerca, que me inunden las imágenes de la pantalla. Pasaron un montón de publicidad, yo comía los sanguchitos muy lentamente porque quería terminarlos viendo efectivamente la película. William Carlos Williams, Jim Jarmusch, Adam Driver… todos hombres bellos. No podía fallar. Quería olvidarme de todo, comer sanguchitos, mirar cosas bellas. No pensar en nada. Por supuesto que nada de eso sucedió. Todo me recordó a vos, a nosotros. A todas las vidas posibles que ahora no van a suceder. Me reía sola muy triste porque me sentía tan identificada con ambos personajes. Pensaba en qué pensaría el otro. Deseaba que la otra persona pudiera ver esa película también. En un momento un personaje hermoso le habla al protagonista sobre empezar una “hoja en blanco”. En esos momentos de tanta empatía, sentís que alguna clase de dios existe. Alguien de más allá te quiere dar una palmadita en el hombro. Algo así. Sucesos sobrenaturales. Aquellos en los que un texto, una imagen, una música te habla sólo a vos. Narcisista y adolescente, lo sé. Pero muy efectivo en esto de vivir. Lloré. Desconsoladamente. Con mucha fuerza. Feliz y tan triste. Pensé en todo. Pensé en mi vida futura. Pensé en mi vida pasada. En la valentía o la cobardía. En las cosas que pasan, porque simplemente son inevitables. Aquellas cosas que se te van de las manos. Lo que pierdo, por más que intente no soltar. Cuando terminó la película y se prendieron las luces, no quería irme de la sala de cine. No quería. No quería abandonar esa especie de consuelo, de lección magistral de las cosas y de las personas. No quería ir a la vida real tampoco, imagino… ¡Qué linda la oscuridad de la sala de cine! Las butacas suaves, ocupadas siempre por los espíritus de tu propio corazón. Obviamente, ese día no fui a la casa de mis viejos.

Un texto

2 poemas. El primero es más inmediato, como de presente, ¿no? El segundo una lectura de cómo quisiera ser cuando sea grande.

Por qué no explico, de Edgar Bayley

Abrir la puerta –

me pregunto

y es una pregunta inmoral

si servirá de algo abrir esa puerta

que da al patio

a la tierra

al viento del mundo

a los pasos de la gente

me pregunto

si servirá de algo escribir

a estas horas de la noche

en el silencio de mi habitación

con la puerta cerrada

sería tan sencillo

me digo

abrir por fin la puerta

y asomarme y mirar

dejando que me lleven

los pasos y la sombras del camino

me pregunto si servirá de algo explicar

por qué no explico

cuando tanta palabra y confidencia

intentaron traducirme

y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta

me pregunto

y andar por el patio

por el mundo entre la gente

abrir de par en par la puerta

para que todo pueda cumplirse

como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente

como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo

como el canto de las aguas y el susurro de la siesta

como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse

la luz la noche la inocencia

el nombre que pasa entre las ramas

la puerta se abrirá enteramente

se abrirá por fin la puerta

por si alguno

quiere volver a entrar o salir

o curiosear entre mis cosas

o esperarme mientras vuelvo

y si tardo y no regreso

salir al viento

y olvidarme

 

El huerto, de Mary Oliver

He soñado

con el éxito.

He alimentado

 

la ambición.

He cambiado

noches de sueño

 

por horas de trabajo.

Ah, y he descubierto

cómo el brote suave

 

se convierte en fruta verde

que se convierte en fruta dulce.

Ah, y he descubierto

 

que todos los vientos son fríos

al final

y las hojas

 

tan lindas, tantas,

se evaporan

en el gran

 

envoltorio negro del tiempo

en el gran envoltorio negro

del deseo

 

y que la madurez

de la manzana

es su caída.

Un fotograma

El amor. Total. Más amores fuertes así se necesitan en este mundo cada vez más atroz y estúpido.


Paz Bustamante (Guionista. Colaboró en varias de las películas de Sebastían Lingiardi. La más reciente de ellas, Imagen Mala, se estrenó este año)

Una película

Zama

Me perdí en la película, hubiera disfrutado mucho una proyección de Zama en continuado. Es difícil generar en el espectador esa «atención dispersa”, como si no supieras muy bien de qué va, para mí eso la hace genial, por qué sí hay sentidos complejos. Luego leí algunas críticas y sentí lo dificultoso que les resultaba decir algo puntual, certero. Por ejemplo, se notaba la necesidad de recurrir a otras películas o textos, no para establecer las habituales comparaciones, nexos o genealogías sino para rodearla y hacerla hablar.

Una canción en una película

“Corazón mágico” de Dyango cantada por Lalo, en La Siesta del Tigre de Maximiliano Schonfeld.

Hermoso momento pregnante de holgazanería. Si no es una canción de la biografía real de Lalo, pierdo puntos de intuición.

“Corazón/ Qué le has hecho a mi corazón/ Corazón/ Luna llena/ Canción de Amor”.

Un doble programa

El futuro perfecto, Nele Wohlatz, 2017

Perpetuum Mobile, Nicolás Pereda, 2009.

Las dos películas trabajan la repetición y la diferencia desde la narrativa – producen efectos distintos – pero ponen en cuestión la idea de representación y también del lenguaje como modo de comunicación/incomunicación. (Claramente se podría incluir una obra de Hong sang-soo, otras películas de Pereda, Viola de Matias Piñeiro… no sé si cumplo con la consigna).

Un descubrimiento

Audrius Stonys

https://www.stonys.lt/

Un reencuentro

Fata Morgana, Herzog.

Este año pude escuchar a Herzog de cerca, verlo conversar hasta altas horas con la misma o mayor vitalidad que la juventud que lo rodeaba, ver cómo discutía hasta “ganar”. La seguridad que tiene para pensar el cine es avasallante. Volví a ver muchas de sus películas. En ese contexto, Fata Morgana se convirtió en mi (una de mis) preferida(s) de la vida.

Una experiencia en sala de cine

Hanak Dusam, Obrazy Starého Sveta (Pictures of the Old World) en la sala Glauber Rocha, EICTV.

Todas las noches, durante la semana, en la mítica Glauber Rocha, se proyecta una película. Las conversaciones post película suelen ser muy enriquecedoras, en este caso, la sensación era la de haber vivido un momento de belleza y ocaso. De haber recibido un mensaje de una dimensión paralela y olvidada. De comprender un poco qué puede el documental.

Un texto

“La cifra impar” (Sobre mujeres directoras en el cine argentino). Publicada el 03-10-2017, Por Griselda Soriano y Luciana Calcagno.

Nota necesaria para nosotras que hacemos cine en Argentina y poco conocemos de nuestras filiaciones. Nota señuelo porque abre posibilidades para investigar. Además logró cierta popularidad que no es fácil.

Un fotograma

Los perros de Amundsen, Rafael Ramírez. Cuba, 2017.

Cortometraje híbrido: documental, ficción y found footage. Los pequeños puntos de sentido no determinan el goce de las imágenes, que a su vez logran tocarse como si formaran parte de una constelación más amplia, que los simples mortales no llegamos a comprender. Logra combinar poesía y filosofía sin empalagar. Expresión de lo mejor del Nuevo Cine Cubano. En esa especie de categoría incluyo al director Alejandro Alonso. Sus obras pudieron verse en el último Festival de Cine de Mar del Plata.

Por último, comentar que enero – agosto estuve en Cuba, eso marcó mi lista, hay muchas películas que se estrenaron en Buenos Aires que no alcancé a ver.


Ezequiel Iván Duarte (Crítico. El zapato de Herzog, La cueva de Chauvet)

Queridos amigos Pisteros, Cinéfilos, Útiles (y me recuerdan un libro de Nuccio Ordine que no leí, La utilidad de lo inútil): este año no estuve demasiado pendiente de los estrenos, no fui a festivales y en general no vi tantas películas por lo que mi aporte será muy modesto cuando no nulo en algunas categorías. Aquí vamos.

Una película

Paterson de Jim Jarmusch. La importancia de esta película no ha sido debidamente resaltada. Confieso que me debo al menos una revisión. Propone una forma de relación entre las personas alejada del cinismo y el desprecio imperantes. Es, en cierto sentido, una anti-película. Pero el prefijo negativo resulta engañoso: Paterson no funciona desde la negatividad. Por el contrario, lo hace desde una positividad que ha suscitado sospechas. “Si algo le reprocho es que es demasiado buenita, demasiado linda”, me comentó alguien. El corazón, la bondad, la comunión son vistos con sospecha en un mundo atroz. Es lógico entonces que algunos puedan ver en el largo de Jarmusch un gesto de imperdonable ingenuidad o banalidad o falta de brío, de sangre, de nervio. Pero es esa estética que propone Paterson, desde el rescate de la mirada cotidiana y rutinaria (¿ritual?) de la clase obrera, la que constituye una política desafiante y sin concesiones.

Un doble programa

O Ornitólogo (Joao Pedro Rodrigues) y Sebastiane (Paul Humfress y Derek Jarman). Mi primera idea fue combinar la película de Rodrigues con Rester vertical de Alain Guiraudie, pero la consigna indicaba el diálogo entre una película reciente y una vieja, así que reemplacé el pesadillesco film del director de El desconocido del lago por la ópera prima de Derek Jarman de 1976. El largo de Rodrigues está poblado de referencias cristianas, entre ellas a San Sebastián, una suerte de santo patrono gay. Humfress y Jarman, por su parte, abordan la historia de Sebastián desde un doble nivel homoerótico-religioso: por un lado, con la desnudez permanente de sus protagonistas masculinos y con la homologación de martirio y BDSM; por otro, en la propia tensión entre el deseo y su consecución, con el tema del consentimiento de por medio.

Un descubrimiento

Ésta es difícil. Supongo que podría nombrar el cine de pueblos pequeños y personajes abandonados de Kelly Reichardt, la sencilla contundencia de La noire de… (Ousmane Sembene), a Werner Schroeter o a Los muertos 2 de Manque La Banca, quizás la película argentina del año. Pero me inclino por mencionar una obra maestra de 1913: Ingeborg Holm de Victor Sjöström: una mujer enviuda, pierde su negocio y, debido a la situación precaria en la que cae, el Estado le quita a sus hijos. La economía de recursos esperable en una película de la década del 10 del siglo XX le juega absolutamente a favor, la dota de una pétrea aspereza digna del último Dreyer o de Bresson.

Un texto

Voy a violar la consigna y elegir dos, provenientes del libro Post-Cinema. Theorizing 21st Century Film que pueden descargar de forma gratuita y legal. Ambos pertenecen a una sección bellamente titulada Ecologies of Post-Cinema (Ecologías del post-cine). El primero es de Adrian Ivakhiv y se titula “The Art of Morphogenesis: Cinema in and beyond the Capitalocene” (El arte de la morfogénesis: el cine en y más allá del Capitaloceno). El autor comienza por diferenciar dos sentidos del cine: el que lo define como la grabación foto-realista de la realidad, en crisis por el avance de la tecnología digital respecto de la fotoquímica; y el de arte de la morfogénesis, “la generación de formas nuevas a partir de viejas, reproducidas, reensambladas, recompuestas y reimaginadas”. Es este último sentido el que interesa a Ivakhiv, quien procede a realizar un análisis onto-ecológico del cine que no descuida aspectos como la dependencia de las formas de luz. El otro texto es “Algorithmic Sensibility: Reflections on the Post-Perceptual Image” (Sensibilidad algorítmica: reflexiones acerca de la imagen post-perceptual) de Mark B. N. Hansen, de lectura obligada para todo aquel interesado en los escritos sobre cine de Gilles Deleuze. Hansen desarrolla el carácter inapropiado de la ontología de la imagen-movimiento de Henri Bergson en la que Deleuze basa sus reflexiones y, sobre todo, critica el uso instrumental, superficial, que hace de la faneroscopía peirceana (y su incompatibilidad con la concepción bergsoniana).

Un fotograma

Cuatreros, Albertina Carri.


María Aparicio (Cineasta. Este año esterenó Las calles, que no podemos dejar de recomendar. Ojalá falte poco para la próxima)

Una película

Dawson City: Frozen Time, de Bill Morrison.

Una canción

“I’ll Be Here in the Morning”, de Townes Van Zandt, en el comienzo de Arábia, de Affonso Uchoa y João Dumans.

Un doble programa (vieja y nueva)

Este año, hace apenas unos días, tuve la extraña fortuna de trabajar en la tercera película de Rodrigo Guerrero, que se filmó en Venecia. Mientras estábamos allí, Martincito Campos me manda el link del que se supone es el primer travelling de la historia del cine, filmado por los Lumière desde una góndola en el Gran Canal de Venecia.

Un descubrimiento

En Bafici de este año entré a ver Mister Universo, de Tizza Covi y Rainer Frimmel sin saber nada de ellos, y fue una de las alegrías cinematográficas más bonitas de mi año.

Un reencuentro (para bien o para mal)

El reencuentro con Kaurismäki, con The Other Side of Hope.

Una experiencia en el cine

Otra en Bafici, viendo los cortos animados de Johannes Nyholm. Creo que nunca había llorado de risa en una sala como esta vez.

Un texto

Ésta es difícil. Pero elijo este breve texto de Fer Pujato sobre The Dreamed Ones de Ruth Beckermann:

La correspondencia entre, quizá, los dos más importantes poetas de lengua alemana de posguerra, Ingeborg Bachmann y Paul Celan, plagada de confesiones tardías, trazos de amargura, y celos profesionales, trata sobre un amor imposible -como todo amor que se precie- cercado por la política y la historia; Celan era un judío nacido en Rumania y sus padres murieron en un campo de exterminio mientras que el padre de Bachmann era un austríaco nacionalsocialista. Dentro de la estación radial Funkhaus de Viena la sentida evocación de Beckermann para con esas frágiles criaturas que dejaron esta vida dolorosamente juega con dos espacios dentro del film: la filmación propiamente dicha donde dos jóvenes actores leen las cartas en un registro centrado casi exclusivamente sobre sus figuras y los momentos de pausa en los cuales comienzan a entablar una relación por fuera de lo estrictamente profesional. No sabemos qué es el amor, sólo sabemos que desde la literatura las formas del cine lo han traído desde un tiempo ya ido para depositarlo en otras voces y en otros cuerpos. Tal vez para que continúe siendo imperecedero. Tal vez.

Un fotograma

The Woman Who Left, de Lav Diaz.


Pablo Ceccarelli (Crítico. La Plata. Uno de los directores de la Revista Pulsión)

Una película

Cuatreros de Albertina Carri.

La memoria personal entremezclada con la historia política del país. El diálogo con la propia obra, el paso de los años, el pasado que siempre está refiriendo al presente, la voz que penetra constantemente vomitando de seco en la conciencia del espectador y jugando con las múltiples imágenes y sonidos. Pero, sobre todo, una apuesta hacia el futuro.

Una canción

“Gracias a Dios”, de Palito Ortega, incluida en Cuatreros

Nunca pensé que un tema de Palito Ortega me emocionara al sonar de forma casi épica en la conclusión de este film, retomando su uso en el film colectivo Argentina, mayo de 1969: Los caminos de la liberación

Un doble programa

Los taxis (1970; Ricardo A. Moretti, Diego Eijo, Carlos Vallina, Eduardo Giorello, Silvia Verga, Alfredo Oroz) (1970) / Los muertos 2 (2017; Manque La Banca)

Un medio metraje y un largometraje, ambos platenses, que a pesar de no ser redondos ni perfectos, se destacan y se vinculan en cuanto a la reflexión de la propia obra por parte de sus autores y el contexto de su realización en el marco de la institución universitaria de La Plata. (El colega Álvaro Bretal se encargó de analizar más extendidamente el diálogo entre estas dos películas en el nº 6 de nuestra revista Pulsión)

Un descubrimiento

Me despierta algo de rechazo el término “descubrir”, casi posicionándose como un Colón “descubriendo” algo que en realidad ya existía. Por lo tanto, optaré por dejarlo vacante este punto. (Sepan disculpar).

Un reencuentro

The End of Evangelion (1997; Hideaki Anno y Kazuya Tsurumaki) proyectada en el Cine Municipal Select de La Plata en el ciclo Videodromo.

Más que cambiar mi valoración, ver de nuevo este film en pantalla grande reforzó y potenció diversas sensaciones producidas a lo largo de varios visionados. Muchas versiones cinematográfica de animes terminan siendo meros capítulos extendidos, mientras que The End of Evangelion lo que hace es casi lo inverso: se presenta explícitamente como dos capítulos extendidos, pero éstos son más cinematográficos que cualquiera de sus pares, demostrando que existieron para verse en una pantalla de cine.

Una experiencia en sala de cine

El Auditorio de Mar del Plata aplaudiendo en el festival internacional durante la proyección de A Fábrica de Nada, cuando el personaje del padre le grita a su hijo “Hay que destruir a los gorilas sino los gorilas nos destruirán a nosotros”

Un texto

“Sombras terribles” de Oscar Cuervo, publicado en el blog La Otra: http://tallerlaotra.blogspot.com.ar/2017/02/sombras-terribles.html

Un fotograma

No he podido conseguirlo, pero si me tengo que quedar con un fotograma en el año, sería uno del momento en que Fernando Birri muestra cómo funciona una especie de juguete de una fantasma que cobra vida en Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini. La imagen de una despedida y un hasta siempre de Birri cargado de ternura y alegría ante la muerte.


Valeria Fernández (Cineasta y sonidista. ¿Cuánto falta para el primer largo?)

Una película:

Empate entre Yourself and Yours (Hong Sang-soo) y La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky).

Una canción

Una película que es canción: La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky).

Un descubrimiento

Julian Radlmaier, cortesía de FICIC 2017.

Un reencuentro (para bien)

Con Depardon, me había olvidado de que lo quería mucho.

Una experiencia en el cine:

Una película como experiencia: Ulysses in the Subway (Ken Jacobs, Flo Jacobs, Marc Downie, Paul Kaiser).

Un texto:

«Calibrar el ojo» de Malena Solarz (Revista de Cine, Número 4).

Un fotograma


Agustín Lostra (Codirector/redactor de Revista Pulsión, realizador, estudiante de teatro)

Una película

Muchos hijos, un mono y un castillo (2017) de Gustavo Salmerón, película que vuelve a demostrar que los actores/las actrices que hacen películas suelen tener más para mostrar que varios directorxs dedicadxs exclusivamente al cine.

Una canción

El hip-hop tumberochic de Twin Peaks

Un doble programa

Los inundados (1962) de Fernando Birri y Atenas (2017) de César González.

Dos películas que pueden obrar como retrato de quienes viven en los márgenes del estado ayer, hoy y -confiamos- no por siempre.

Un descubrimiento:

Los muertos 2 (2017) de Manque La Banca: tropipsicodelia sureña, resabios romanticistas, antisistema narrativo; un experimento con mucho aire fresco.

Un rencuentro

Gritos y susurros (1972) de Ingmar Bergman, que tuve el gusto de ver en pantalla grande gracias al ciclo platense Videodromo.

Una experiencia en el cine

Proyectar Cuatreros de Albertina Carri dos veces junto a los ciclos de Fesaalp y Videodromo a sala llena en el cine municipal Select con diálogo posterior con ella y Diego Schipani, el productor.

Un texto

«Aya Huma: poner el pasado por delante y el futuro por detrás» de Ronny Albuja, que abre los textos de la última Pulsión. Una mirada arriesgada/escorpiana sobre la historia eurocentrista hegemónica de los orígenes del cine que pone en relieve las experimentaciones lumínicas andinas.

Un fotograma

Los inundados, Fernando Birri, 1962. Retrato del caretaje solidario y anticonflicto que ayer, hoy y esperemos no siempre banca a este gobierno asesino.


 Juan Redondo (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº3)

Una película

El otro lado de la esperanza – Toivon tuolla puolen de Aki Kaurismäki.

Una canción

“Slowly” en Fallen Angel (1945, Otto Preminger). La vimos en una de las últimas funciones del cinéfilo de este año. ¡Es el único tema que hay en la mejor rockola del mundo! (Ésta no es la versión de la peli pero es parecida)

Un doble programa

Vieja: Pat Garrett y Billy the kid – Sam Peckinpah

Nueva: Hell or High Water – David Mackenzie

Un descubrimiento:

Wonders of the Sea 3D (la inconmensurable belleza de la vida marítima).

El foco de Jean Epstein del cinéfilo

Un reencuentro:

Hubo un no-reencuentro, lamentable.

Una experiencia en sala:

Fausto y Amanecer de Murnau musicalizadas en vivo en el Cineclub la Quimera. Y una discusión sobre quién verdaderamente mató a Liberty Valance en The Man Who Shot Liberty Valance de John Ford en la sala del Hugo del Carril viendo y repasando la escena una y otra vez.

Un texto:

Un párrafo de El nombre de la rosa de Umberto Eco.  Tal vez parezca arbitraria la elección pero confío que alguna idea encierra.

– Pero no fue esto lo único que me contó Salvatore. Con palabras truncadas, obligándome a recordar lo poco que sabía de provenzal y de algunos dialectos italianos, me contó la historia de su fuga de la aldea natal, y su vagabundeo por el mundo. Y en su relato reconocí a muchos que ya había conocido o encontrado por el camino, y ahora reconozco a muchos otros que conocí más tarde, de modo que quizá, después de tantos años, le atribuya aventuras y delitos de otros, que conocí antes o después de él, y que ahora en mi mente fatigada se funden en una sola imagen, precisamente por la fuerza de la imaginación, que, combinando el recuerdo del oro con el de la montaña, sabe producir la idea de una montaña de oro.

Un fotograma:

Coeur fidèle (1923, Jean Epstein)


Jesús Rubio (Crítico de La Voz del Interior, programador del Cineclub de la Biblioteca en el Cineclub Municipal Hugo del Carril de Córdoba)

Una película:

Fragmentado (Split, M. Night Shyamalan).

Una canción en una película:

«Hechizo», de Héroes del Silencio, en La posesión de Verónica (Paco Plaza).

Un doble programa:

A quemarropa (John Boorman, 1967) y Atómica (David Leitch, 2017).

Un descubrimiento:

Empathy (Jeffrey Dunn Rovinelli, 2016).

Un reencuentro (para bien):

The Man Who Shot Liberty Valance (John Ford, 1962), en el Cineclub Municipal (Córdoba Capital).

Una experiencia en el cine:

Zama (Lucrecia Martel).

Un texto:

La introducción de Roger Koza a la edición 2017 de La internacional cinéfila.

Un fotograma:

El hermoso plano final de Empathy (Jeffrey Dunn Rovinelli, 2016).


Martín Emilio Campos (Crítico en La vida útil. Trabaja y programa en el Cineclub Hugo del Carril. Tocá en Fonez, banda que deberían escuchar)

Una película

La fábrica de nada, de Pedro Pinho (2017). Podría llamarse «La fábrica de todo»: Lisboa, la micro y macroeconomía, la conciencia de clase, la crisis europea, obreros combativos, intelectuales pasivos, los fusiles de revoluciones pasadas, fábricas tomadas en Argentina, el portugués de Portugal, el portuñol, coreografías musicales, postpunk hardcore de protesta, batallas ganadas, la promesa de un mundo más justo.

Una canción en una película

Este año dejaré por consagrado el ítalo disco y el synth pop con tres elecciones:

– «Ikea Seki» de Kano, en Viejo calavera (Kiro Russo, 2016), la que, si no me equivoco, mi amigo John Campos Gómez eligió en esta encuesta el año pasado.

– «Brokendate» de Com Truise, en los créditos de inicio de Toublanc (Iván Fund, 2017), y cuyo nombre conozco por habérselo robado a Mariano Luque en su elección.

– «Sleep of Scars» de Milan Loewy, en los créditos de cierre de The Impossible Picture (Sandra Wollner, 2016).

Si nos toca vivir de nostalgias, que al menos sea con este bpm.

Un doble programa (vieja y nueva)

Tout va bien, de Jean-Luc Godard (1972) con La fábrica de nada, de Pedro Pinho (2017). Sí, sé que soy obvio. Sí, sé que es fácil. ¿Y qué? Fábricas tomadas: los obreros al poder.

Un descubrimiento

Primero querría destacar el caso de The Impossible Picture, de Sanda Wollner (2016), que venía oculta (al menos para nuestro radar) hasta que llegó a FilMadrid donde nuestro enviado especial Roger Koza la rescató (para nosotros) de un injusto olvido y de paso le dio un premio que de sobra merecía. Con terror pensamos: de cuántas películas estaremos así de lejos, sin causalidades que nos las acerquen. Otra más que se les escapa a los ejecutivos (¿está mal usar esta palabra?) de los grandes festivales europeos. Y van…

Por otra parte, hacia fines del año con Eva Cáceres decidimos darle una segunda parte al ciclo de cine soviético que el año pasado habíamos presentado en el Cineclub Municipal Hugo del Carril en el marco del cineclub Cinéfilo. Los aniversarios (100 años de la gesta de 1917) lo ameritaban. Nos propusimos, quizás con más ahínco que la primera vez, revolver los estantes buscando cosas que no hayamos visto nunca (amparados en los horarios del ciclo que lo acogería esta vez, el Etiqueta Negra). Así pude llegar a grandes momentos como los tractores filmados como tanques de guerra en Tractoristas, de Ivan Pyriev (1939) (una película muy feminista, dicho sea de paso; y, en general, qué roles magníficos tienen las mujeres en las películas soviéticas), cuadrillas enormes de aviones surcando el cielo en una estética coreografía combativa y visiones retrofuturistas de la Luna y Marte. Pero lo más llamativo que encontré fueron las películas de Leonid Gaidai, aparentemente el tipo más convocante de la historia del cine soviético. Sus comedias me hicieron recordar injustamente (para Gaidai) algunas comedias argentinas muy superficiales de los 80 y 90. Pero quizás ahí era donde residía parte de mi fascinación: poder distinguir en cada plano lo trivial de la vida cotidiana en la Unión Soviética de los 60 y los 70; las novedades que había, para nuestra concepción social, en aquellos momentos presentados sin mucho trabajo justamente por ser demasiado corriente para ellos. De todos modos Gaidai demuestra un tacto a la altura de los grandes (tampoco el Olimpo, seamos buenos) para el ritmo y el gag, algo que quizás mejor se exprese en «Operación Y» y otras aventuras de Shurik (1965), un slapstick formado por tres episodios independientes. Resulta raro hablar de descubrimiento de películas que han rozado los 80 millones de espectadores (hasta hay universidades en Rusia con estatuas de Shurik); es otro dato más acerca de lo poco que conocemos de aquella vasta y siempre sorprendente tradición cinematográfica.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Ha sido un año de pocos reencuentros, para ser sinceros. Espero que a nadie más le interese, pero podría decir que volví a encontrarme, más de un lustro después, con la serie Arrested Development. Sin animarme aún a ver la última temporada (es algo que me suele suceder, de Seinfeld a Hercules Poirot, de no querer cerrar mis historias), para agarrar valor empecé a retomar esos capítulos que devoraba sin cesar cuando los pasaban continuamente por ISat. Créanme, y lo digo con alivio, aún están intactos.

A nivel cinematográfico, un reencuentro a medias. No voy a decir que RoboCop era un referente de mi infancia ni mucho menos, pero sí le he dedicado algunas horas de visionado. La volví a ver en una función bastante accidentada en Mar del Plata. Evidentemente la versión que nos tocaba ver de chicos estaba cortada con soda, porque hay imágenes fuertes que no recuerdo en la más mínima medida, ni siquiera como potencial trauma. Pero qué placer extraño es poder actualizar (¿políticamente?) nuestras ideas inocentes de niños… Sin dejar de disfrutar como uno, claro está.

Una experiencia en sala de cine

Con los amigos cinéfilos de Córdoba decidimos pasar algunas noches de verano comiendo asado y viendo películas proyectadas en una pared del patio del prócer Alejandro Cozza. Entre carne, humo, alguna que otra verdura y bien provistos de bebidas (hoy por hoy el trago de cabecera es «la burnetera», un gin tonic armado con gin marca Burnett’s) empezamos el 2017 con obras tales como Hell or High Water, de David Mackenzie (2016) o Designing Women, de Vincente Minnelli (1957). La temporada de este verano ya se abrió con un título que nos dejó sabor a poco, pero enero es largo y prometemos afilar la puntería. Obviamente están todos invitados (tenemos requisitos mínimos de admisión). Amistad, carne, vino/burnetera y cine. Nos conformamos con poco.

Pero uno siempre apuesta a que las experiencias ocurran dentro de las salas de cine, esas cuevas oscuras, confortables, donde la películas realmente se aprecian en toda su dimensión (si sale todo bien…). Y mi mejor recuerdo del año en esta categoría (bueno, para ser sinceros la sala del Teatro El Alma Encantada es un lugar particular) es la función de Over the Edge, de Jonathan Kaplan (1979) en las «trasnoches de superacción» del festival de cine de Cosquín. Ya nos habíamos deleitado la noche anterior con Matinee, de Joe Dante (1993), y el suceso ya prometía ser memorable. Pero esta vez quedé sinceramente impactado. En ese momento sentí (aún me dura la sensación, he necesitado volver a visitarla varias veces) que era la película más necesaria de la historia. Que había que proyectarla todos los meses en todas las salas del país. Usarla de ejemplo para revolver los avisperos de todas las escuelas de cine. Era LA película que el cine de Córdoba (con esta policía…) aún necesita. Pocas veces he visto una película tan arriesgada a nivel político, y sin perder nunca el amor por esos niños de una generación olvidada por el resto del mundo, desobediente, indomable, sensible y subversiva. Es una película divertídisima y conmovedora y con la que dan ganas de salir a pelearse con todo lo que está mal en el mundo. Poder compartirla con tantos amigos, en un festival tan encantador como el de Cosquín, con una cantidad increíble de invitados queridos, fue irrepetible. Incluso antes de empezar la función ya había una sensación general de algarabía (probablemente la cerveza tirada artesanal de cortesía haya tenido algo que ver). Recuerdo un motoquero (que, sin entender muy bien de qué se trataba, andaba preguntando qué hacía tanta gente en la vereda) aplaudiendo a rabiar los primeros acordes del rock con el que empezaba de la película. Estábamos contentos por lo que íbamos a ver. A la salida ninguno era el mismo.

Un texto

Es una fija en mis votaciones de fin de año. Lo repito una vez más: crítico de excelencia en nuestro país mundano, Roger Koza desde Cannes está en estado de gracia. Su recorrido por el festival es preciso, actual, corrosivo cuando corresponde; y en cada idea se puede aprender una lección. Y es admirable, incluso, que lo logre en medio del ritmo frenético que se autoimpone para cubrir el evento.

Si el año pasado su análisis global estuvo centrado en una crítica al cine que presuponemos progresista, en el 2017 fue mordaz contra la crueldad imperante en las películas que el otrora prestigioso festival formador de agenda elige como editorial. En su nota de cierre (titulada «La Internacional de la crueldad» y que pueden visitar aquí: http://www.conlosojosabiertos.com/festival-cannes-2017-14-la-internacional-la-crueldad/), afirma: «En el cine se puede representar absolutamente todo, incluso aquello a lo que alguna vez se le adjudicó un carácter de irrepresentable por su intensidad traumática, aquello supuestamente inabordable para cualquier orden simbólico. El día en que el cine dejó evidencia de una pala mecánica que arrastraba cadáveres se traspasó todo límite representacional. La cuestión pasará siempre por pensar el código de representación elegido y sus funciones». Sigue, ejemplificando con fragmentos de cada película de la competencia.

Imprimí la cobertura. Aún la tengo, subrayada a medias, en la mesa de luz.

Un fotograma

El programa de Pinho, desde Portugal, tiene una actualidad en estas coordenadas que pasma. Rogamos que en 2018 se concrete.


Lautaro García Candela (Editor de La vida útil. Se viene el estreno de su primera película)

Una película

No es la mejor película del año ni por asomo y su importancia es bastante exigua, pero elijo Lady Bird (2017, Greta Gerwig). Podría intercambiarla sin ningún problema con El futuro perfecto (2016, Nele Wohlatz) que vi este año en la Sala Lugones (O con Baby Driver, o con Spiderman: Homecoming). Son pequeñas fábulas de iniciación en las que la edad de sus protagonistas no son la excusa para hacerse el desentendido con el contexto, sino más bien lo contrario: miden los alcances de una época en una persona que todavía no está del todo desarrollada. Sus protagonistas están en esa etapa en la que no hay nada muy definido y todavía no saben a qué distancia del otro empieza uno, como decía Daney. Y cuando empiezan a darse cuenta, cuando amplían su lenguaje y sus capacidades, lo hacen también expandiendo su forma cinematográfica. Los finales de ambas películas traen aparejados aprendizajes (de manejar un auto o de un tiempo verbal) que hace estallar la organización de los planos, la supuesta equidistancia con que se venían manejando y se entregan de manera total a la celebración del conocimiento como forma de aprehender el mundo. Y que no suene demasiado solemne: son comedias nada finas, les dan a sus personajes el privilegio de la maldad, sin miedo a la incorrección política.

Una canción

Tengo que admitir que hice trampa y pude ver que nadie en toda la Encuesta había elegido la canción que cantan Adam Sandler y Grace Van Patten (revelación total) en The Meyerowitz Stories (2017, Noah Baumbach). Me pareció que había que hacerle justicia.

Mención especial al show de los hijos de Rosario Bléfari (Laila Maltz y Camilo Castiglione) en Adiós entusiasmo (2017, Vladimir Durán).

Un doble programa

A Jean-Luc Godard le gustaba mucho el musical, incluso decía que como género era “la idealización del cine”. A The Pajama Game (1956, Stanley Donen y George Abbott) la describió como el primer musical de izquierda. Una delegada sindical (Doris Day) y el supervisor de una fábrica de pijamas tienen un amorío aunque la clara diferencia de roles sociales los separe. Ante el reclamo de un aumento salarial (siete centavos y medio), quedan en veredas opuestas. Después de varias vueltas y canciones, descubren un manejo turbio del dueño de la fábrica y gracias a eso se ponen de acuerdo para finalmente tenerlo. The Pajama Game no es una gran película pero se ofrece al mundo con sus contradicciones: hecha desde el centro del poder mundial, tampoco puede ser radical en su representación de la lucha de clases.

Me pregunto si por un momento quienes escribieron y filmaron A Fábrica de Nada (2017, Pedro Pinho) estaban pensando en Godard cuando uno de los obreros le recrimina al director argentino que quiere hacer un musical sobre su lucha para recuperar una fábrica. Le dice exactamente: estás haciendo películas para tus amigos los franceses. Supongo que habrá sido linda la época en la que las películas no eran tan autoconscientes ni tenían tan controladas sus contradicciones.

Un descubrimiento

Ado Arrieta fue una especie de ángel pícaro que aparecía en las funciones del Festival de Mar del Plata caminando en un paso lento, casi tan lento como su dicción. Cada frase sucedía a otra con una extraña concatenación, más proveniente de la imaginación que de la lógica. Sus películas, parecidas a su manera de hablar, espantaron a los jubilados de siempre y a algunos despistados. Pero Flammes (1975, Ado Arrieta), dejó a todos adentro. Hay una chica mimada por su padre, ambos viven en un castillo atemporal, y ella desarrolla desde muy temprano una lasciva fascinación con los bomberos -Arrieta advierte: no interpreten desde el psicoanálisis-. Es una película de disfraces y pulsiones. Todos los personajes tienen ambas. Intercalan y amontonan.

La fachada aristocrática y los modales en esa mansión de clase alta son los que pervierten cada movimiento. Flammes se desentiende de cualquier actitud de los personajes: los mira con cariño y recelo. Lo que pase puertas para adentro de sus habitaciones no es cosa suya. Ahí es que puede verse lo clásico de su forma y su recorte: es una película que podría pasar sin problemas el código Hays, que trabaja por alusiones y silencios. Va homenajeando y parodiando en partes iguales a ese cine clásico estadounidense, que tantos problemas tenía en mostrar las perversiones, mientras a sus personajes los va enfermando cada vez, aún cuando siguen siendo totalmente amorosos. El final es un maravilloso plano sostenido en el que los protagonistas, sin importar sus diferencias sociales o de edad, ni siquiera algún eventual problema, se van en un avión de plástico, totalmente de juguete, artificial, que funciona como la síntesis y la cifra de una obra maestra.

Un reencuentro

Bajo el sol de Satán (1987, Maurice Pialat). Ver un milagro como el que pone en escena Maurice Pialat en la pantalla de una notebook es un despropósito. Al verla en el cine, en 35 mm, todo tuvo sentido.  Y después pudimos ver Van Gogh en la Sala Lugones: otra experiencia increíble.

Una experiencia

Ver por primera vez una película de James Benning en sala de cine: measuring change (2017, James Benning). Entre la abstracción y el realismo; el arte conceptual y una manera muy antigua de hacer las cosas.

Un texto

La crítica argentina (de la que esta página forma parte) no estuvo a la altura de las circunstancias. El mundo se configura cada vez más peligroso y difícil de entender: nuestra tarea es adentrarnos en ella con las películas (con su forma cinematográfica) como herramientas. No ha sucedido. Pero para no dejar vacante la categoría y dejar algo para leer, recomiendo Punctuum, de Martín Gambarotta. Se puede leer acá. Este año me interesé por la poesía argentina de los 90 y noté que algunos de los que pertenecieron a esa generación forzaron el lenguaje propio para devolverle a la poesía su costado más vital sin volverse costumbrista ni negar la dimensión política del espacio íntimo y el espacio público. Deberíamos leerlos más atentamente.

Un fotograma

No es estrictamente cine. Pero un procedimiento que le pertenece al cine, el montaje, junta dos imágenes aparentemente irreconciliables y muestran un accionar estatal que de otra manera hubiera permanecido escondido. Fue un año difícil.


Lucas Granero (Editor de La vida útil. Actor ocasional)

Una película

Sí, podría haber elegido cualquiera de las tres películas de Hong Sang-soo que vimos este año (en orden de visionado: On the Beach Alone at Night, The Day After y Claire’s Camera) o tal vez The Other Side of Hope, que probablemente sea la última película de Aki Kaurismäki si es que se decide por el retiro (esperemos que no) e incluso lo que tal vez haya sido el verdadero acontecimiento del año, es decir, el estreno de una nueva película de Lucrecia Martel. Pero no. Este año debe terminar con una nota que vaya en sincronía con la sinfonía de amarguras y derrotas que escuchamos hasta el hartazgo durante todo este año. Good Time, de los hermanos Safdie, es para mi una película en perfecta sintonía con su tiempo. ¿Cuántos están filmando películas como ésta? Está bien, pueden reclamarle que a veces la perilla de la sordidez se les sube demasiado, pero lo importante es que jamás se ponen por encima de sus personajes y con eso les alcanza para salir indemnes de la pesada condena del correctismo político que cada vez más y más parece dar por tierra las mejores intenciones. Algunos dirán que esa misma canción la tocan mejor los hermanos de Hell and High Water, pero a la sequía (en todo sentido) de la película de Mackenzie le pongo en frente la velocidad en clave rave de los Safdie y salgo ganando. Luces fuertes, un ritmo que va a 130 bpms, un lazo de hermanos indestructible y sobre todo eso la idea fija de que hay que irse de ahí, no importa dónde, sólo hay que salir, moverse, escapar. Un día en la vida en el planeta Tierra, año 2017.

Una canción

Las que se cantan y bailan y gritan en La bouche y Cilaos, diptico explosivo de Camilo Restrepo. Y también ésta de canción de Zombies que se escucha en Aliens, de Luis López Carrasco.

Un doble programa

Operai, contadini (Straub/Huillet, 2001) y Farpoes, Baldios (Marta Mateus, 2017)

La memoria de un pueblo, representada por sus discípulos.

Un descubrimiento

Van varios. Las películas de Julian Radlamaier que vimos en el Festival de Cosquín, history lessons como las de Straub & Huillet pero filmadas por Bugs Bunny. Las animaciones de Len Lye y Lewis Klahr, liechtensteins alucinados. Las cinco horas en las que acompañamos a las protagonistas de Happy Hour de Ryusuke Hamaguchi. Todo lo filmado por Zelimir Zilnik que vimos en Mar del Plata.

Un reencuentro

Del 21 de mayo al 3 de septiembre no hice otra cosa que pensar en Twin Peaks. Todavía, de vez en cuando, tengo mis momentos en los que vuelvo a ver ciertas escenas de la serie, tratando acaso de develar lo que fue imposible durante los meses que estuvimos mirándola en vilo, esperando ansiosamente la llegada de cada domingo en el que un nuevo episodio aparecía. La sorpresa fue siempre constante y nunca nos defraudó. La disección obsesiva de cada episodio que hicimos con un grupo de amigos vía WhatsApp (detalles, teorías, datos que pasaron desapercibidos) fue clave para que la experiencia se tornara aún más intensa y sobre todo divertida, claro. Cuando sentíamos que teníamos todo entendido, llegaba algo como el octavo episodio que nos hacía desarmar cualquier tipo de lógica hallada y nos instaba a empezar de nuevo. No hubo evento cinematográfico (yo diría directamente visual) que haya estado siquiera cerca de lo que Frost y Lynch consiguieron aquí. Cada escena de Twin Peaks: The Return traía consigo el nacimiento de un nuevo secreto, un enigma que nos hacía mirar siempre más de cerca, a veces para no encontrar nada y otras para verlo todo. Eso: como ver el interior de una caja de vidrio vacía.

Una experiencia

La experiencia del año es haber visto dos películas casi desconocidas de dos viejos amigos como lo son Rainer Werner Fassbinder y Jean-Luc Godard. Eight Hours Don’t Make a Day (1976) y Grandeur et decadence d’un petit commerce de cinéma (1986), vistas en la Sala Lugones y en el Festival de Mar del Plata respectivamente. Si le sumamos la retrospectiva de Antonio Reis y Margarida Cordeiro en BAFICI, queda claro que el verdadero valor de estos espacios de exhibición queda claro cuando estos tipos de acontecimientos suceden. ¡Qué vengan más!

Un texto

“Calibrar el ojo”, escrito por Malena Solarz para Revista de Cine, Nº4. Tcherkassky, Ford y Ozu y Antonioni unidos por la línea de horizonte. La historia del cine tiene más lazos de los que podemos pensar y textos como éstos vienen a descubrirlos con asombrosa lucidez.

Un fotograma

Grandeur et decadence d’un petit commerce de cinéma (Jean-Luc Godard, 1986)


 

 

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