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Un breve itinerario personal de Victor Guimarães por el cine brasileño

Por Victor Guimarães 

El pequeño recorrido en cincuenta películas que he preparado no es un canon de las mejores películas de la historia del cine brasileño. Más bien, podríamos entenderlo como un itinerario de viaje, una mezcla de mapa y diario de navegación abandonado en la ruta por un viajero, secretamente destinado a otros viajeros desconocidos. Responde a una visión personal sobre mi relación con éste – anclada en mi formación, mis valores y mi trayectoria cinéfila –, a la vez que puede funcionar como introducción a esta cinematografía para un cinéfilo extranjero interesado en descubrirla. El itinerario, obviamente, no es autosuficiente. Fue pensado como un recorrido por un pasillo con cincuenta puertas, o como un viaje por una ruta con cincuenta salidas laterales. Cada película es también la apertura hacia un mundo: hacia la obra de un cineasta, una época o un movimiento, un género cinematográfico o una constelación singular de gestos de cine. 

Por esa razón, el orden es simplemente cronológico, no hay dos películas de un mismo director y hay un intento de componer una lista tan diversa como es el cine brasileño en su historia. También he intentado escapar al modelo hegemónico del largometraje de ficción, que domina ese tipo de iniciativa por todos lados. No como provocación, sino por justicia: el mejor cine brasileño acontece también en el cortometraje, en el videoarte, en el Super 8, y en los campos del documental, la militancia o lo experimental. La mayoría de las películas listadas aquí se puede encontrar online (casi siempre, lamentablemente, sin subtítulos). Espero que el ejercicio haya sido provechoso, señoras y señores. 

01 – Rituais e festas Borôro (Luiz Thomaz Reis, 1917) 

Un encuentro inaugural de la cámara cinematográfica con los pueblos originarios de esa tierra llamada Brasil por los colonizadores. Sus miradas aún hoy nos inquietan. 

02 – Braza dormida (Humberto Mauro, 1928) 

Mi película favorita del más importante autor brasileño de antes del Cinema Novo. 

03 – Limite (Mario Peixoto, 1931) 

Hubo un cine de vanguardia en Brasil y su mejor representante –insular como tantas veces– es esta película mítica, visionaria, inagotable. 

04 – Maridinho de Luxo (Luiz de Barros, 1938) 

El argumento: la hija de un millonario rechaza el amor romántico y decide hacer un concurso para comprarse un esposo. Con el gran cómico Mesquitinha en el rol protagónico, esta hilarante comedia costumbrista anticipa uno de los rasgos más fuertes del mejor cine popular brasileño: la indisociabilidad entre humor y crónica social que sería la marca de las chanchadas, el género cinematográfico popular genuinamente brasileño. 

05 – Também somos irmãos (José Carlos Burle, 1949) 

El más bello de los melodramas brasileños es también el más político. Grande Otelo, nuestro actor por excelencia, en una película sobre las relaciones raciales en un país que nunca ha superado el tiempo de la esclavitud. 

06 – Matar ou Correr (Carlos Manga, 1954) 

El mejor crítico brasileño, Paulo Emílio Salles Gomes, decía que una de las fuerzas del cine brasileño era “nuestra incompetencia creativa en copiar”. Las parodias de Hollywood hechas por Manga son una de las mejores traducciones de ese espíritu. El western aquí es transformado en chanchada, en una de las mejores actuaciones del dúo Oscarito y Grande Otelo.

07 – Rio Zona Norte (Nelson Pereira dos Santos, 1957) 

La segunda película del precursor del Cinema Novo es a la vez un melodrama realista incomparable y un anuncio de la reflexividad moderna que solo sería desarrollada muchos años después, ya en la mitad de la década siguiente. 

08 – Estranho Encontro (Walter Hugo Khouri, 1958) 

El prolífico maestro intimista investiga la profundidad de los sentimientos en la superficie de la forma. 

09 – Porto das Caixas (Paulo César Saraceni, 1962) 

La más bella de las películas de la primera fase del Cinema Novo. 

Limite (Mario Peixoto, 1931)

10 – Os Fuzis (Ruy Guerra, 1964) 

Entre 1963 y 1964, el Cinema Novo alcanza su notoriedad mundial con tres películas que forman la llamada “trilogía del sertón”: Vidas Secas (Nelson Pereira dos Santos), Deus e o Diabo na Terra do Sol (Glauber Rocha) y, justamente, Os Fuzis. La película de Ruy Guerra es la menos conocida de las tres, pero quizás sea la que más ha llevado adelante la exasperación de una forma que encuentra en la precariedad el germen de la violencia utópica. 

11 – A Entrevista (Helena Solberg, 1966) 

Visionaria experiencia de mezcla entre documental y ficción, uno de los rasgos más distintivos del mejor cine brasileño de siempre.  Helena Solberg era la única mujer en el grupo principal de cineastas del Cinema Novo, y su obra cinematográfica tiene un vigor y una variedad estilística notable. 

12 – A Vida Provisória (Maurício Gomes Leite, 1968) 

Con el fracaso del sueño de la revolución en 1964 –y la ascensión de la dictadura civil-militar– parte del Cinema Novo abandona la figuración utópica del pueblo y redirecciona la mirada hacia las distancias entre los intelectuales y los sectores populares en películas taciturnas, autorreflexivas, lúgubres. Esta es la menos conocida de las que han intentado pensar la derrota política en Brasil. Quizás sea la más impresionante. 

13 – Um clássico, dois em casa, nenhum jogo fora (Djalma Limongi Batista, 1968) 

Nuestra primera película experimental explícitamente queer

14 – Hitler III Mundo (José Agrippino de Paula, 1968) 

El momento post-1968 significa, en Brasil, la época más dura de la represión dictatorial. El mejor cine de esta época abandonó cualquier intento de diálogo con el público y pasó a las estrategias de agresión. Esta mezcla de comedia corrosiva y fábula política, desequilibrando entre la amoralidad y la desesperación, es una de las joyas del momento más vigoroso de la historia del cine brasileño. 

15 – O Ritual dos Sádicos/O Despertar da Besta (José Mojica Marins, 1969) 

Nuestro maestro del cine de horror tercermundista en su película más experimental. 

16 – Cuidado Madame (Júlio Bressane, 1970) 

El más extremo rigor en la más disparatada desarmonía. Una de las obras maestras del más importante cineasta brasileño vivo. 

17 – Sem Essa, Aranha (Rogério Sganzerla, 1970) 

El Brasil de los años de plomo encuentra su mejor traducción. El plano secuencia como libertad cósmica en el genio del Cinema Marginal. 

18 – Os Inconfidentes (Joaquim Pedro de Andrade, 1972) 

Algunos de los cineastas del Cinema Novo componen algunas de sus obras más formalmente consistentes en los años setenta. Joaquim Pedro encuentra la reinvención del cine histórico en la teatralidad de la puesta en escena. 

19 – São Bernardo (Leon Hirszman, 1972) 

La literatura brasileña en su más impresionante traducción/traición cinematográfica. 

20 – Os homens que eu tive (Teresa Trautman, 1973) 

Los años setenta son el auge de la comedia erótica popular conocida en Brasil como pornochanchada. Este ejemplar frontalmente feminista, anclado en el ejercicio de la libertad sexual de una mujer, es la prueba de que un género popular no es solamente hecho por sus clichés.  

Iracema, uma transamazônica (Jorge Bodanzky y Orlando Senna, 1976)

21 – Triste Trópico (Arthur Omar, 1974) 

Nuestro más celebrado cineasta experimental antes de ser capturado por el sistema de las artes visuales. 

22 – Declaração em Retrato I (Anna Bella Geiger, 1974)

Una de las primeras experiencias en videoarte en Brasil es a la vez performance, declaración política y teorema sobre el tiempo. 

23 – Marca Registrada (Letícia Parente, 1974) 

El cuerpo como lugar de inscripción alegórica. La violencia en la carne propia como deterioro de un país. 

24 – Alma no Olho (Zózimo Bulbul, 1974) 

Performance, baile, alegoría, trance. El cuerpo de un hombre negro como lugar de invención total. 

25 – As aventuras amorosas de um padeiro (Waldir Onofre, 1975) 

La obra maestra de la pornochanchada es la más evidente prueba de que la separación entre cine culto y cine popular es un arma colonial. 

26 – Iracema, uma transamazônica (Jorge Bodanzky y Orlando Senna, 1976)

La ficción como puesta a prueba de lo real. 

27 – O Tigre e a Gazela (Aloysio Raulino, 1976) 

Sumergirse en lo real para destrozar el cine. Mi cineasta brasileño favorito es el punto de encuentro improbable entre las utopías vivas del Cinema Novo y su autocrítica, entre la desesperación histórica y la formulación de un cine que es un punto de tensión irresuelta entre el documental y el ensayo, el compromiso militante y la poética experimental.  

28 – Destruição cerebral, esmagamento craniano, precipitação, fraturas generalizadas (Carlos Fernando Borges, Joatan Vilela Berbel, José Carlos Avellar, Nick Zarvos, Paulo Chaves Fernandes, 1977)

El suicidio de un obrero como alegoría de un país. La más sorprendente de las películas clandestinas hechas para combatir la dictadura. 

29 – A mulher que inventou o amor (Jean Garret, 1979) 

La comedia erótica en su acepción más rigurosa y más vagabunda, más auto-irónica y más elegante. El placer como arma de guerra. 

As aventuras amorosas de um padeiro (Waldir Onofre, 1975) 

30 – A Idade da Terra (Glauber Rocha, 1980) 

La obra más importante de un cineasta inmenso solamente puede ser la última. 

31 – Nada levarei quando morrer aqueles que mim deve cobrarei no inferno (Miguel Rio Branco, 1981)

El más bello elogio a la potencia incomparable de los desajustados. Evocación sensorial de una ciudad, devoción al cuerpo popular como reserva estética múltiple. 

32 – Das Tripas Coração (Ana Carolina, 1982) 

La estructura de una comedia popular incendiada por el virus del delirio que se infiltra por todos los cuerpos, todas las paredes, en una vibración onírica voraz que no cabe en los límites de la identidad. Ana Carolina es una de las cineastas más inclasificables del cine brasileño. 

33 – Os Arara (Andrea Tonacci, 1983) 

Un cineasta marginal va a la selva amazónica para descubrir otro cine en el encuentro inaugural con los indígenas. El colonialismo del aparato cinematográfico enfrenta su desafío más intenso. 

34 – Santo e Jesus, Metalúrgicos (Cláudio Kahns e Antônio Paulo Ferraz, 1978-1983) 

Intervención directa y ensayo crítico, palabras de orden y palabras de desorden. Una joya del cine militante, tantas veces visto con prejuicio, pero en realidad uno de los campos más inventivos del cine brasileño. 

35 – O Pequeno Exército Louco (Lúcia Murat & Paulo Adário, 1984) 

El cine brasileño viaja a la Nicaragua sandinista en pleno proceso revolucionario. Una cámara extenuada por las derrotas históricas en nuestro país vislumbra el devenir de un pueblo libre. Uno de los ejemplos menos conocidos – y más interesantes – de la producción de los cineastas brasileños en el extranjero durante la dictadura. 

36 – Aopção ou As Rosas da Estrada (Ozualdo Candeias, 1989) 

La fuerza disruptiva de la estética del hambre es más evidente en Candeias que en el propio Glauber. Y su forma más violentamente bella está en esta obra maestra tardía del cineasta cuyo primer largo, A Margem (1967), proporcionó el apellido a la generación del “Cinema Marginal”. 

37 – SuperOutro (Edgard Navarro, 1989) 

Nuestro más importante superochero experimental en su película más subversiva. La escatología como estética revolucionaria. 

38 – Orí (Raquel Gerber, 1989) 

Documental militante, retrato, ensayo experimental: la cultura negra brasileña en una explosión de formas. 

39 – Alma Corsária (Carlos Reichenbach, 1993) 

Al contrario de lo que se dice sobre la famosa “Retomada” (de Estación Central y cosas por el estilo), el cine brasileño de los años noventa ha sido salvado de la completa nulidad, primero, por los veteranos: Bressane, Candeias, Saraceni, Reichenbach, han hecho películas extraordinarias en esta década. Alma Corsária es un primor del manierismo brasileño. 

40 – Kyrie ou o Início do Caos (Débora Waldman, 1998)

Por otra parte, los noventas han visto nacer una generación de jóvenes paulistas extraordinarios que se han reunido alrededor de la productora Paraísos Artificiais. Muchos de ellos ni siquiera han logrado seguir su carrera en el cine, pero Kyrie es suficiente para constatar la fuerza de ese movimiento abortado. 

SuperOutro (Edgard Navarro, 1989)

41 – Das Ruínas à Rexistência (Carlos Adriano, 2007)  

Uno de los más inventivos cineastas del found footage es brasileño y se llama Carlos Adriano. La más bella película de nuestro maestro del cine de reapropiación. 

42 – Jogo de Cena (Eduardo Coutinho, 2007) 

Un maestro del documental se lanza a la aventura de implosionar su propio método. La más revolucionaria de las películas del cineasta brasileño más ineludible de los últimos 30 años. 

43 – Mokoi Tekoá, Petei Jeguatá | Duas aldeias, uma caminhada (Ariel Ortega, Jorge Morinico e Germano Benites, 2008) 

La reversión del eje de la cámara colonial. Los indios filman a los blancos para exponer la fractura en el presente. El cine brasileño que encararía de frente al enemigo en la década siguiente comienza entre los mbya-guarani. 

44 – Pacific (Marcelo Pedroso, 2009) 

Una película enteramente compuesta por videos amateurs de turistas brasileños en viaje. Más que una investigación sobre los valores decadentes de la clase media brasileña, una etnografía de la mirada que abre nuevos caminos para el documental. Un film paradigmático del cine provocador e investigativo hecho en Recife. 

45 – Fantasmas (André Novais Oliveira, 2010) 

El nacimiento de un cine que encuentra la más alta sofisticación artística en el jardín de casa. Una esquina de un barrio periférico de Minas Gerais contiene la promesa de un cine hecho con los materiales de lo cotidiano, pero cuyo compromiso primordial es la fabulación. 

46 – A Cidade é uma Só? (Adirley Queirós, 2011) 

La película que ha cambiado de una vez por todas al cine brasileño de este siglo, que vuelve a encarar de frente la historia del país. Adirley hoy es un faro tan importante como Coutinho. 

47 – Retratos de Identificação (Anita Leandro, 2014) 

La mejor película brasileña sobre los horrores de la dictadura es también un hallazgo en las relaciones entre cine y fotografía. Escarbar los archivos para imaginar el presente de un país que se vuelve cada vez más hacia el pasado.  

48 – Vando Vulgo Vedita (Andréia Pires y Leonardo Mouramateus, 2017) 

Frente al desastre cotidiano de un país ancestralmente violento, la luminosa apuesta por los cuerpos disidentes como promesa de invención.

49 – Inferninho (Guto Parente y Pedro Diógenes, 2018) 

Una pandilla de superhéroes tercermundistas se reúne todas las noches en un bar en el fin del mundo. Melodrama, fábula de guerra, teatro. La espesura del artificio en un cine tantas veces obligado a retratar lo real. 

50 – NoirBlue (Ana Pi, 2018) 

La reescritura del pasado colonial es también la invención utópica de la libertad para los cuerpos del futuro. 

Vando Vulgo Vedita (Andréia Pires y Leonardo Mouramateus, 2017) 

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