Las mil y una archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/las-mil-y-una/ Revista de cine Mon, 11 Jan 2021 18:38:26 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.8 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg Las mil y una archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/las-mil-y-una/ 32 32 El deseo disidente – Sobre Las mil y una https://lavidautil.net/el-deseo-disidente-sobre-las-mil-y-una/ https://lavidautil.net/el-deseo-disidente-sobre-las-mil-y-una/#respond Mon, 11 Jan 2021 18:38:11 +0000 http://lavidautil.net/?p=10421 Por Melissa Mira Sánchez Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios […]

La entrada El deseo disidente – Sobre Las mil y una se publicó primero en La vida útil.

]]>
Por Melissa Mira Sánchez

Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.

La complicidad y el deseo encuentran su lugar incluso en las condiciones más  hostiles, donde los vínculos se convierten en una forma de resistir, no sólo a un contexto de marginalidad latente, sino a los prejuicios y paradigmas socialmente impuestos. 

Iris (Sofía Cabrera), una joven que habita un barrio periférico de la ciudad de Corrientes, alterna la práctica de tiros de baloncesto con las tardes de ocio con sus primos Ale (Luis Molina) y Darío (Mauricio Vila); fue expulsada de la  escuela y, sin más responsabilidades, seguimos su devenir en un escenario que parece estar al acecho constante. Renata (Ana Carolina García), una chica que  despierta habladurías entre los residentes del barrio, llama la atención de Iris, quien  contrariando los consejos y rumores termina acercándose a ella.  

En medio de la convivencia diaria en espacios muy reducidos, donde los límites de la intimidad se desdibujan, estos jóvenes atraviesan el despertar sexual y los altibajos  de la adolescencia, que ponen de manifiesto sus inquietudes identitarias y las preguntas frente al amor, las relaciones y las formas de habitar el mundo socialmente aceptadas. La sola existencia de estos personajes, deliberadamente queers, sienta una posición política y contestataria en un barrio cuya heteronormatividad se hace evidente desde las relaciones de violencia y dominio que se establecen entre los chicos, hasta los comentarios sentenciosos de los adultos y pintadas en las paredes con mensajes bíblicos. Sin embargo, el escenario esbozado aparece como un subtexto que está normalizado para los protagonistas, y que, lejos de limitarlos, los acoge. 

A lo largo del filme, Iris encuentra en Renata una forma de desafiar los prejuicios que recaen sobre la disidencia, y se redescubre a sí misma en la alteridad, un ejercicio que la directora consigue retratar con el plano secuencia como recurso narrativo, que  funciona como una cámara que atestigua los hechos y que busca dar espontaneidad a sus movimientos, procurando no perder de vista a sus personajes. Esta cámara evidencia una alta conciencia de la puesta en escena, premeditando las acciones y encuentros que van elaborando la cadena causal. 

El barrio, que es a su vez escenario y personaje, se ve caracterizado por la  acumulación de objetos en los interiores de las casas y por los exteriores en  decadencia, creando una sensación de sofoco en el primer caso, donde el incesante ruido de discusiones en fuera de campo acompaña la cotidianidad y crea conversaciones que se superponen entre sí. En los escenarios exteriores, impera una libertad imprecisa, donde, si bien el espacio no es una limitante, la protagonista se  presenta insegura ante la mirada de sus conciudadanos. 

Y es que esta podría leerse como una película de contrastes. Por un lado, están las  protagonistas: Iris, con su aire recatado y de inocencia, y Renata, desinhibida y con  un carácter más fuerte y seguro. Por el otro, el tratamiento de la historia, que si bien se desarrolla en un ambiente que podría considerarse opresivo, tiene la sensibilidad para detenerse en esa deriva que atraviesan sus personajes sin caer en su victimización, dejando además un espacio a guiños cómicos y dándole un valor al silencio como recurso expresivo que pone un alto a la estridencia del entorno y que  prescinde de la música extradiegética. Las mil y una propone entonces una reflexión alrededor de los vínculos de amistad  y amor no normativos, y de las dinámicas sociales de aceptación de la diferencia, tanto en el entorno familiar, donde hay un juego entre la comprensión y el establecimiento de límites, como en una escala más amplia en la que prevalecen los  convencionalismos. Finalmente, la película consigue dar cuenta de un contexto muy específico que, sin embargo, tiene una amplia resonancia como reflejo de realidades que caracterizan a gran parte de Latinoamérica.

La entrada El deseo disidente – Sobre Las mil y una se publicó primero en La vida útil.

]]>
https://lavidautil.net/el-deseo-disidente-sobre-las-mil-y-una/feed/ 0
Diario de Mar del Plata 2020 (3) – Las mil y una https://lavidautil.net/diario-de-mar-del-plata-2020-3-las-mil-y-una/ https://lavidautil.net/diario-de-mar-del-plata-2020-3-las-mil-y-una/#comments Mon, 23 Nov 2020 22:15:02 +0000 http://lavidautil.net/?p=10187 Por Lautaro García Candela Viene de acá Al cuarto día sucedió. Después de tanto encierro entre hombres, algunas butacas se estremecieron. En una de las primeras escenas de Las mil y una, escrita y dirigida por Clarisa Navas, uno de los protagonistas se presenta bailando “Ave de paso” de Sandro. Hay una línea ahí, entre […]

La entrada Diario de Mar del Plata 2020 (3) – Las mil y una se publicó primero en La vida útil.

]]>
Por Lautaro García Candela

Viene de acá

Al cuarto día sucedió. Después de tanto encierro entre hombres, algunas butacas se estremecieron. En una de las primeras escenas de Las mil y una, escrita y dirigida por Clarisa Navas, uno de los protagonistas se presenta bailando “Ave de paso” de Sandro. Hay una línea ahí, entre el baile original tan característico del novio de América y el de Darío, un pibe gay que no debe tener más de 17 años. Ambos saben el poder de unos buenos shorcitos apretados. Tienen la misma energía sexual; pero si Sandro centraba el baile en su pelvis (con la que soñaron varias generaciones de “nenas”), Darío le suma un poquito de twerk y baja hasta el piso. En ese momento, que dura toda la canción, una ola de incomodidad y nerviosismo empezó a sentirse en el cine al mismo tiempo que se intentaba reprimirla. 

La protagonista de Las mil y una es Iris, una adolescente que en un verano empieza a cruzarse con Renata, una chica más grande y más plantada. Iris duda: le gusta, pero a la vez dice que no es para tanto, que no es “lesbiana”. Sus dos mejores amigos, los hermanos Darío y Ale, funcionan casi todo el tiempo un comic relief al tratar continuamente de sacarla del clóset. El foco no está puesto en descubrir la propia sexualidad, sino más bien en aprender a convivir con ella en público, a cuidarse y entender algunos límites. 

En Medium, la película de Edgardo Cozarinsky dedicada a la pianista Margarita Fernández, aparece un afinador de pianos que explica algo muy curioso: este instrumento cambia su afinación según la estación del año. En invierno las cuerdas se tensan, en verano se expanden. El clima, entonces, puede cambiar cómo suena una canción, y definitivamente cambia cómo se ve (y se siente) una película. Las mil y una se vale de ese discurrir vago del verano, de un tiempo chicloso, de reposo e indeterminación. Si a eso le sumamos que la película está situada en un barrio popular de Corrientes (donde parecen ser hinchas de Boca Unidos), en el que todo el tiempo los personajes se cruzan, se bardean, se tiran bombuchas y circulan chismes, uno puede entender el ritmo de la película a partir de esos dos elementos. Los personajes están atravesados, conflictuados y en lucha con su contexto. La película varía entre un seguimiento frenético y múltiple (porque pasan muchas cosas cuando se camina por el barrio) y un tempo más sosegado, en general de un único plano en el que los cuerpos de los tres protagonistas se van amontonando. 

Sobre eso hablábamos en el Ambassador cuando el Cinéfilo del Diseño Gráfico (pobre, ya lo tengo de punto), planteó sus dudas sobre el uso de los planos secuencia en la película: un recurso usado hasta el hartazgo, que produce que las imágenes se desemprolijen con tanto movimiento. La quietud de los interiores no hacía juego con la vitalidad del caminar en el barrio. Tenía un punto. Después tomó la palabra otro cinéfilo que no había presentado hasta ahora: el Cinéfilo de las Buenas Causas. Dijo que todo eso era menos importante que la posibilidad de nuevas representaciones en la pantalla; todo lo que es periferia en la mayoría de los discursos (tanto sexuales como sociales y geográficos) aquí está en el centro. Que la película reivindicaba muchos modos de vivir distintos a los que veníamos viendo. Para qué. El Cinéfilo de Twitter dijo que eso era una trampa, un gimmick, para situarse en la agenda. Era una buena discusión: cuánto le perdonamos a una película sobre su cuestión formal en función de lo que narra; cuándo esas reivindicaciones dejan de ser tales y pasan a ser una pose bienintencionada. 

La cosa es que Las mil y una se lleva puestas estas discusiones con su sentido del humor y su particular manera de narrar, que avanza sinuosa, sin un centro claro. Por un lado, la relación entre Iris y Renata que va lenta pero segura. Y por otro, los tropiezos de los dos hermanos. Pero no es que una línea funcione para “oxigenar” o para referirse indirectamente a la otra. Se cruzan y se solapan. Más que dirigirnos hacia un dilema, nos muestra un ecosistema más complejo (que tiene sus malos, eso seguro). La película es morosa y está llena de relaciones absolutamente singulares (las madres acá adquieren un relieve fundamental, tanto la de los pibes como la de Renata) que alejan cualquier idea de statement. Incluso el final, que se precipita violentamente y que de alguna manera nos advierte que esto no es todo color de rosa, es más un golpe de efecto que un golpe bajo. 

Iris, Darío y Ale no hacen otra cosa durante toda la película más que ganarse la libertad de ser lo que ellos quieran. En público, sin tapujos ni inhibiciones. Algunos, como yo y los que estábamos en el cine, no sabemos lo que es pelear por esa libertad (en este caso sexual). Nos vino de antemano. En ese sentido, y como guía de instrucciones, la película está regada de situaciones de cuidado y de cariño. Incluso físico: los personajes se abrazan mucho, se protegen con el cuerpo (incluso un baile, como el que tienen los pibes con su mamá, puede ser reparador). Sin ese apoyo, sin una comunidad (por más “micro” que sea), sería imposible. 

La entrada Diario de Mar del Plata 2020 (3) – Las mil y una se publicó primero en La vida útil.

]]>
https://lavidautil.net/diario-de-mar-del-plata-2020-3-las-mil-y-una/feed/ 2