bafici 2019 archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/bafici-2019/ Revista de cine Fri, 12 Apr 2019 15:02:00 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.8 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg bafici 2019 archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/bafici-2019/ 32 32 BAFICI 2019 (03) https://lavidautil.net/bafici-2019-03/ https://lavidautil.net/bafici-2019-03/#comments Thu, 11 Apr 2019 22:25:49 +0000 http://lavidautil.net/?p=1353 Por Lautaro Garcia Candela Un doble programa portugués y endemoniado: primero Os verdes anos, de Paulo Rocha; segundo Diamantino, de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt. En el medio, más de medio siglo. Uno podría hacer algún tipo de recorrido por el cine portugués que los conecte, muy sinuoso y con muchas paradas intermedias, pero será para otra ocasión. […]

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Por Lautaro Garcia Candela

Un doble programa portugués y endemoniado: primero Os verdes anos, de Paulo Rocha; segundo Diamantino, de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt. En el medio, más de medio siglo. Uno podría hacer algún tipo de recorrido por el cine portugués que los conecte, muy sinuoso y con muchas paradas intermedias, pero será para otra ocasión. Si hay que encontrarle algún tipo de tradición portuguesa a la película de Abrantes y Schmidt es la de Manoel de Oliveira, Joao Cesar Monteiro o, más para acá, Joao Nicolau, pero sólo en su capacidad de invención y gusto por el absurdo porque estos dos son mucho más maliciosos y muchísimo menos cultos. 

Diamantino tiene esa extraña cualidad que hace difícil tomársela en serio, pero que, en el caso de hacerlo, hay que llevar ese estima hasta el final. La película, en su salto al absurdo y a la conspiración, hace cómplice a los espectadores de sus travesuras con la cultura popular. El protagonista es Cristiano Ronaldo pero sin la cesión de derechos: se llama Diamantino Matamouros, con peinado, arito, mansión, Lamborghini; el kit completo del futbolista. Lo vemos descansando en su yate, al lado de su padre, el día antes de la final de la Copa del Mundo. Se acerca lentamente un botecito, precario, de refugiados, pero Diamantino no entiende quienes son. Su voz en off nos cuenta que, más allá del fútbol, no tenía mucha información acerca de lo que pasaba en el mundo. El padre le explica de dónde vienen y los ayudan a subir, salvo a una mujer que se niega: perdió a su hijo en el mar y no quiere saber más nada. Diamantino la observa, extrañado y distraído. Tanto se distrae que cuando vuelve a encontrarse con la realidad faltan cinco minutos para que termine la final y Portugal está perdiendo 1-0. Le hacen un penal, pero la imagen de la refugiada lo persigue hasta el momento de patear. 

La sensibilidad de la película respecto al espectáculo estético y social del fútbol es totalmente nulo. Los directores podrían decir sin ningún tipo de pudor que es un deporte que consiste en once millonarios corriendo detrás de una pelota. De hecho les aburre tanto que Diamantino, en la cancha, no ve lo que todos ven: se le aparecen perros super esponjosos y gigantes que lo abstraen del contexto y explican, de una manera muy extraña, su habilidad para jugar al fútbol. La parte deportiva es sólo una introducción para adentrarse en las intrigas de espionaje. Hay dos agentes que lo investigan por evasión de impuestos y una de ellas se hace pasar por niño refugiado que Diamantino adopta para poder entrar en su casa. Mientras, un partido político de ultra-derecha lo utiliza para publicitar la salida de Portugal de la Unión Europea y la construcción de un muro que rodee sus fronteras. Make Portugal again, dicen en un momento. Después las cosas se ponen más complicadas y produce mucho más placer verlas que describirlas.

No me pongo de acuerdo en si es una película cara o barata. Tiene una cantidad innumerable de fondos, pero eso ya es lo habitual en cineastas como el niño mimado Abrantes, cuyos cortos se proyectan en todos los festivales del mundo. Se ve mucho dinero y ostentación en Diamantino; hay muchos efectos especiales, pero todo tiene un carácter artesanal que no encaja con la idea de lujo que quiere representar. Si en las grandes producciones la intención es que todo se vea lo más real posible, aumentando la esfera de lo posible, la imagen manipulada acá va completamente en la otra dirección, la del ensueño.

También es una de las películas más cínicas y misántropas que vi alguna vez. Cuando pensábamos que Diamantino era un tonto que lo único que sabe es jugar al fútbol -un clásico prejuicio social-, se descubre que en realidad es mentalmente disminuido (al hacerle estudios, determinan que sólo funciona el 10% de su cerebro), y que todos los que lo rodean se aprovechan de él. La ternura y la ingenuidad que emanan de su actitudes está distanciada por su estupidez: todo el humor de la película está apoyado ahí, machacando, como en una especie de venganza contra las personas públicas que generan fanatismos pero no tienen la menor idea de todo lo que implica eso. Su protagonista es el protagonista del relato más grande de la cultura contemporánea, que es el fútbol internacional. En ese sentido es una película inabarcable, que se expande a todos los recovecos políticos imaginables y sobre ninguno ofrece algún tipo de claridad: siempre encuentra estupidez y corrupción pero no tiene la convicción suficiente como para señalarlo moralmente, sino que mira con una sonrisa irónica cómo se desenvuelven las cosas. La recomendaría para que la vean porque sigo bastante intrigado, pero ya tuvo sus tres pasadas. De todas maneras asumo que será un clásico de internet, recordada como la película en la que a Cristiano Ronaldo le crecen tetas.

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BAFICI 2019 (02) https://lavidautil.net/bafici-2019-02/ https://lavidautil.net/bafici-2019-02/#respond Tue, 09 Apr 2019 14:51:38 +0000 http://lavidautil.net/?p=1348 por Lautaro Garcia Candela Es una experiencia un tanto esquizofrénica: en la misma mirada encontramos una frase de Jonas Mekas en la pared, una persona disfrazada de Spiderman para que los niños se saquen fotos, y uno de los cocineros de MasterChef en una pantalla gigante que se recorta sobre la Inmaculada Concepción de Belgrano. […]

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por Lautaro Garcia Candela

Es una experiencia un tanto esquizofrénica: en la misma mirada encontramos una frase de Jonas Mekas en la pared, una persona disfrazada de Spiderman para que los niños se saquen fotos, y uno de los cocineros de MasterChef en una pantalla gigante que se recorta sobre la Inmaculada Concepción de Belgrano. El BAFICI cortó la avenida Juramento para que la gente pudiese recorrer un par de cuadras con atracciones más o menos relacionadas con el cine. El movimiento parecería ser el de aumentar la cantidad de personas que “asisten” al festival. Lo mismo sucedió con el FIBA, y supongo que ya es una plantilla aplicable a los eventos públicos y culturales organizados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya no es necesario, para la lógica estatal, haber entrado a una sala de cine para haber vivido la experiencia del festival: con sacarse una foto imitando a los personajes de un póster de películas estadounidenses mainstream alcanza. Es una cuestión de sensibilidad, al GCBA lo que le importa es el número, lo cuantificable. No deja de tener su gracia la parte kermesse de la cuestión pero… ¿a qué precio? Hay un acercamiento a lo popular que es un poco degradante: para aumentar el número de personas que se acerquen se apela a lo ya conocido, a los superhéroes y al mainstream. De todas maneras, esto tiene sus matices: se organizan recitales, proyecciones y performances que sí son un poco más desafiantes y mantienen en tensión a esa letra “I” del BAFICI frente a las exigencias estatales.

Pero vayamos a las películas. Las facultades, de Eloisa Solaas, ex programadora del festival y profesora universitaria, es un documental que retrata a estudiantes al momento de dar un final. Aunque también abarca un poco antes, en la parte del estudio, y un poco después, en la espera de la libreta y la nota. Vemos las facultades de Agronomía, Derecho, Arquitectura y Diseño, Filosofía y Letras, etcétera. También vemos el camino hacia el examen de un estudiante de sociología en la cárcel dentro de un programa de la UNSAM: aplica categorías de Weber con un desparpajo asombroso, usando sus conocimientos para describir aspectos de su vida ahí adentro.

La mayoría del tiempo la película ostenta un humor incómodo que proviene de la inesperada intimidad que se produce entre los profesores y los alumnos. Hay nerviosismo, hay impunidad, una situación de fragilidad que los que no fuimos profesores no llegamos a mensurar: quien rinde está totalmente entregado incluso aunque esté seguro de las respuestas. Solaas es especialmente sensible a los detalles que dan cuenta de la situación. Las manos, siempre nerviosas, estrujan los lápices y bailan al compás de las palabras que a veces salen y a veces no. También hay miradas que son esquivas porque saben de lo endeble del argumento, y los tonos de voz oscilan entre el signo de pregunta y el signo de admiración. Todas son pequeñas puestas en escena con diferencias en su utilería. No es lo mismo ver los pedazos de cuerpos que manipulan con una indiferencia pasmosa en la Facultad de Medicina que el escenario ascéptico y un poco ridículo de un juicio simulado en la Facultad de Derecho. Quizás la excepción sea la directora y actriz María Alché, que está segura por partida doble: por sus conocimientos y por su experiencia frente a cámara.

A la salida de la función los más desconfiados veían un paternalismo determinista en la atención especial que se le presenta al estudiante de Sociología que está preso. Por cuestiones de pertenencia que él mismo analiza cuando estudia los actos del habla, se destaca de los demás alumnos, que parecen ser de clase media como la mayoría de los estudiantes de la UBA (y que merecería un análisis posterior pero no es el momento). La película lo acompaña en su salida de la cárcel en largos travellings que, pesados e importantes, son los únicos momentos que no hay diálogo. Quizás puedan parecer fuera de tono, pero por otro lado Las facultades tiene una sola regla: nunca volverse burocrática en su manera de filmar los finales. Su forma es elástica, atenta a cada historia, a cada particularidad del saber y la persona que lo encarna.

Y en ese sentido su tema es más una curiosidad que un recorte a priori ideológico o declamativo. Los finales son motivo intrigante que fuerza a la escucha atenta y que requiere un grado más de atención. La película es una anti-charla TEDx. En vez de escuchar conocimiento simplificado en función de su masividad, se adentra en los recovecos de la lengua particular de cada conocimiento específico. Incluso se permite mostrar algunos finales in media res, sobre la marcha. Los intercala y los saltea como para que una Facultad se responda a otra, articulando a los futuros profesionales en una red que no es otra que el entramado mismo de la sociedad.

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BAFICI 2019 (01) https://lavidautil.net/bafici-2019-01/ https://lavidautil.net/bafici-2019-01/#respond Sat, 06 Apr 2019 14:11:38 +0000 http://lavidautil.net/?p=1341 Por Lautaro Garcia Candela Empecé mi recorrido diezmado por el BAFICI con una película lateral en la programación. Retrato incompleto de la canción infinita es un documental alrededor de Daniel Melero, músico oculto pero importantísimo de por lo menos dos décadas del rock argentino. Fue líder de Los Encargados -primera banda asumida tecno en la […]

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Por Lautaro Garcia Candela

Empecé mi recorrido diezmado por el BAFICI con una película lateral en la programación. Retrato incompleto de la canción infinita es un documental alrededor de Daniel Melero, músico oculto pero importantísimo de por lo menos dos décadas del rock argentino. Fue líder de Los Encargados -primera banda asumida tecno en la época- y posterior productor de Soda Stereo, Babasónicos y Victoria Mil. Siempre en un lugar corrido del centro, de absoluta independencia pero siempre coqueteando con alguna manera de éxito. Orgullosamente dice que no sabe tocar con destreza ningún instrumento y que todos sus aportes son del orden de lo conceptual (todos los músicos y bandas a las que produjo remarcan su importancia en el descubrimiento de su propio estilo).

La película, dirigida por Roly Rauwolf, oscila entre el intento de darle una experiencia audiovisual a algunas de las ideas de Melero -con ambientes densos, bajas fidelidades, varias capas de sobreimpresiones- y la narración apoyada en la entrevista, más cercana a un documental de televisión. Estos últimos son los momentos más indulgentes, en los que el director se apoya demasiado en el carisma de su retratado.

Es que, de hecho, Melero es fascinante. Sabe ponerse en escena y es prodigio en tirar frases taxativas y arrogantes, máximas sobre la música y el arte, que tienen su componente provocador (como lo es toda reducción de ese estilo) pero que tienen su anclaje en una noción conceptual de la música, a contramano del culto al cancionismo que es transgeneracional en el rock argentino. Tiene algo mesiánico, de pastor hablándole al rebaño. Es de esos artistas que generan comunidad, guiños de pertenencia. Cuando habla es como si cada una de sus palabras fuera el resultado de un refinamiento intelectual pausado, pero que se las guardó mucho tiempo y salen atolondradas. “Tengo tanto que decir, las palabras me hacen torpe”, canta en “No dejes que llueva”.

Queda flotando una cosa sobre Melero que van a ser un motivo recurrente en estas crónicas sobre BAFICI. En un momento de freestyle, dice con aires frankfurtianos que “el rock siempre está en otro lugar” y que cuando la luz del mercado, o de la academia, o de cualquier legitimación del gusto convencional se posa sobre alguna corriente del rock significa que ésta ya no tiene valor. Siempre entendiendo al rock como un espacio de libertad y contracultura. Esto me hizo pensar en el propio festival: me pregunto si funciona como esa vidriera que expone y protege a las películas de la museificación entregándolas a un público más o menos dispuesto a la sorpresa, si persigue al cine como Melero al rock, en un acto un poco ingenuo sabiendo que es una entelequia, o si ya se estableció definitivamente como el dueño de la línea divisoria que separa lo in de lo out. Lo veremos con el correr de los días.



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