Joaquín Lema Huergo archivos | La vida útil https://lavidautil.net/autor/joaquin-lema-huergo/ Revista de cine Sun, 16 Nov 2025 13:25:03 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.6 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg Joaquín Lema Huergo archivos | La vida útil https://lavidautil.net/autor/joaquin-lema-huergo/ 32 32 Las nuevas ruinas: arquelogía del futuro presente https://lavidautil.net/las-nuevas-ruinas-arquelogia-del-futuro-presente/ https://lavidautil.net/las-nuevas-ruinas-arquelogia-del-futuro-presente/#respond Sun, 19 Oct 2025 13:16:01 +0000 https://lavidautil.net/?p=14708 La película de Manuel Embalse se pregunta qué hacer con todos los desechos tecnológicos de la actualidad.

La entrada Las nuevas ruinas: arquelogía del futuro presente se publicó primero en La vida útil.

]]>

Toma mi cable, un dios amable

Don Cornelio y la Zona, Imagen proyectada

Sabemos de sociedades antiguas por sus restos materiales, y por la interpretación que la arqueología hace de los mismos. Objetos como fragmentos de una época permiten imaginar y reconstruir una cotidianidad lejana con la cuál podemos trazar relaciones que nos permitan por lo menos jugar a entenderla. Retazos del paso de una comunidad por el pedacito de tiempo y Tierra que les tocó. 

Un ejercicio: buscar “ruinas” en Google Imágenes. Lo primero que sale: sólidas columnas griegas, imponentes pirámides precolombinas, el mítico coliseo romano. Restos de enormes y macizas construcciones de carácter sagrado pensadas para durar por la eternidad, ofrendas de los humanos a los dioses con una búsqueda trascendental, eventualmente deterioradas, ocultadas o destruidas por el tiempo implacable y traidor. Ahora, ¿qué pasa cuando el objeto ruinado no está pensado para durar? ¿Cuánto tarda lo descartable -lo que se fabrica pensando en su pronta obsolescencia- en convertirse en ruina? ¿Quién dictamina esto? ¿Cómo altera la percepción temporal en todos sus niveles el hecho de que tengamos cosas viejas cada vez más nuevas? Esto se pregunta Manuel Embalse en Las ruinas nuevas.

El viaje que nos propone es poético y político, lúdico y reflexivo, sonoro y táctil, partiendo desde una primera persona intimista: Embalse comienza su narración, acompañado de su gato Pendrive, hablándole a “les que lo conocen”, como si la película fuera primero para ellos, pero continúa inmediatamente abriendo lugar a los nuevos, invitándolos con sentido comunitario a ser parte de ese diario arqueológico urbano.

La película expone los restos materiales recolectados durante una década, usando un manual de arqueología como hilo conductor. Nos encontramos con texturas visuales -un continuum de vidrios rotos, transistores, placas, botoneras, cables, chips y todo tipo de hardware descartado, así como también montones de litio y fumatas industriales-  y sonoras -por un lado sonidos maquinales, industriales y digitales, por otro lado un trabajo de composición de una belleza inquietante que ayuda a la coherencia estética integral de la película bañando todo de una atmósfera de glitch emocional.

Cuando el progreso no solo es indetenible, sino también absurdamente veloz y su destino es un adelante incierto con el único objetivo aparente de dejar atrás lo que no terminó de pasar, perpetuando la cadena comprar-tirar-comprar, las ruinas empiezan a generarse en tiempo real. La obsolescencia programada de los artefactos electrónicos genera enormes cantidades de basura que se acumula a nivel exponencial. El archivo expuesto en Las nuevas ruinas es suficiente para denunciar este flagelo del siglo XXI, pero los mecanismos de la película trascienden rápidamente lo observacional cuando se integra la obra del chino Xu Lizhi. Poeta y obrero en la línea de producción de artefactos electrónicos para la empresa Foxconn, en sus escasos 24 años de vida dejó versos como:

tragué una luna de hierro

que los demás llaman tornillo

tragué las aguas residuales de esta industria y la hoja de desempleo

esos retoños de juventud bajo la línea de producción

hace mucho encontraron su prematura muerte

tragué el arduo trabajo, tragué la indigencia

tragué los puentes peatonales, tragué una vida plagada de herrumbre

ya no puedo tragar más

todo lo que antes tragué

ahora erupciona de mi garganta

y pavimenta el territorio de la Patria

con un poema de la humillación

El circuito de producción escupe los nuevos artefactos casi directamente a la trituradora, con un fugaz paso por el mercado y por la vida de alguien. Una serpiente que más que comerse la cola se traga una luna de hierro. Que ya no puede tragar más lo que antes tragó. La lectura de sus poemas se vuelve parte central de la narración. La primera persona se vuelve compartida, colectiva. Su fantasma se manifiesta a través de la voz del director y usa sus imágenes y sonidos como cable para volver a decir sus versos, tan trágicos y potentes. El tenue contacto de espíritus (por citar una canción que también habla del trance en la aldea electrónica) entre Embalse y Lizhi es el de dos poetas que sin saberlo recorren el mismo camino con vehículos diferentes: es el argentino quien en determinado momento entiende que bajo sus pasos está la huella del ex obrero Foxconn y decide seguir acompañándola. Los sistemas de producción capitalistas no solo tienen terribles consecuencias materiales, sino también otras intangibles y profundas. Bastardean el valor y el uso del tiempo, atrofian la creatividad y empapan de culpa lo que se entiende como no productivo restringiendo las prácticas destinadas a cultivar alma y mente.

alguien me ayudará a escribir aquel poema

que no tuve tiempo de terminar

alguien me ayudará a leer aquel libro

que no tuve tiempo de terminar

alguien me ayudará a encender aquella vela

que no tuve tiempo de encender

Su presencia termina de delinear el tono de elegía cyberpunk y acentúa la perspectiva humanista con la que se habla de la chatarra electrónica: una clave, apoyada en las preguntas propuestas por el manual de arqueología, es indagar en las historias de los objetos, preguntarse por sus propiedades materiales, sí, pero también por su vínculo con la vida de las personas. ¿Quién lo diseñó? ¿Quién lo fabricó? ¿Por cuántas manos pasó en su desplazamiento por la cinta de ensamblaje? ¿Quién y cuánto tiempo lo usó? ¿Por qué fue reemplazado? Al encontrar un teclado destartalado el narrador imagina a alguien que dejó de responder los mails de trabajo. Al encontrar auriculares, piensa en las orejas de las personas, se pregunta qué canción escucharon por última vez. 

Hay un paso más en la cadena humana del descarte electrónico. Después preguntarse quién manufacturó el producto, quién lo usó y descartó, aparece otro eslabón en la cadena: ¿quién y cómo se encarga de ese descarte? Los barrenderos y las barrenderas son los arqueólogos de lo cotidiano, dice la voz en off mientras los vemos trabajar enfundados de llamativos trajes anaranjados, como astronautas tanteando siempre por primera vez un suelo desconocido, de un color novedoso y de un material improbable. El manual nos desliza la instrucción: “recordemos que una exploración es buena no por lo que encuentra sino por cómo lo encuentra”. En los barrenderos vemos la forma colectiva e institucionalizada de la recolección, cada deshecho es tratado burocráticamente y metido en la misma bolsa, con el mismo destino. En contraposición tenemos la recolección sensible e individual de Manuel Embalse que, filmando su propia mano mientras con la otra sostiene la cámara, recoge un cable USB o una letra E metálica que alguna vez conformó un transformador con el mismo gesto de los espigadores que conocemos en Les glaneurs et la glaneuse Agnes Varda, en palabras de ella: “el gesto es el mismo, espigadores agrícolas y urbanos, se agachan para recoger. No se sienten avergonzados sino atribulados”. 

La entrada Las nuevas ruinas: arquelogía del futuro presente se publicó primero en La vida útil.

]]>
https://lavidautil.net/las-nuevas-ruinas-arquelogia-del-futuro-presente/feed/ 0
Misión Imposible o el apocalipsis digital https://lavidautil.net/mision-imposible-sentencia-final/ https://lavidautil.net/mision-imposible-sentencia-final/#respond Sun, 25 May 2025 15:06:15 +0000 https://lavidautil.net/?p=14418 Tom Cruise genera un efecto, salvando las distancias, al de la llegada del hombre a la Luna.

La entrada Misión Imposible o el apocalipsis digital se publicó primero en La vida útil.

]]>
Misión imposible: Sentencia final, octava entrega de la saga inaugurada por Brian De Palma hace casi tres décadas, y secuela directa de Misión imposible: Sentencia mortal – Parte 1, supone un (aparente) cierre a la franquicia de acción más importante de su tiempo. Sin hacer un repaso exhaustivo por cada entrega (desde las secuelas de John Woo y JJ Abrams, hasta la etapa más estéticamente homogénea que comienza con Brad Bird en Protocolo Fantasma y continúa con las cuatro películas dirigidas por Christopher McQuarrie), podemos hablar de una regla general que aseguró su éxito: en cada Misión Imposible, Ethan Hunt deberá enfrentar una misión más imposible que la anterior. ¿Cuál es el límite de esto? Bueno… Dios.

En Sentencia mortal – Parte 1 se nos presenta una inteligencia artificial fuera de control que adquiere un poder inimaginable, y el punto de partida en Sentencia final es esta misma IA, conocida como la Entidad:una suerte de mandala cibernético azulado, luminoso y geométrico, como una revelación de ayahuasca digital, una deidad cyberpunk maligna lista para tomar control de todo el arsenal nuclear a nivel mundial y acabar con el mismísimo planeta Tierra. Dios en el siglo XXI. Un dios técnico, un dios del desarrollo. La Entidad nos habla directamente, compilando toda la paranoia bélica actual, de hipervigilancia e hipercontrol, en un discurso profético y terrorífico. 

La película empieza con un discurso dado por esta dickeana fuente de información infinita e inteligente se aprovecha para enlazar los flashbacks pertinentes de modo que cualquiera pueda entender el argumento, en un racconto de la película anterior, un poco largo, pero que premia con la tan deseada golosina: nuestro querido Ethan Hunt, ahora sí, ensayando un escape espectacular, con un llamativo y divertidísimo paso de humor negro ligeramente gore.

Más allá de las virtudes técnicas, de ritmo, de ideas y del delirio que tenga cada Misión Imposible, hay otra virtud, tan cinematográfica como las anteriores, que es la virtud de realidad. Tom Cruise genera un efecto, salvando las distancias, al de la llegada del hombre a la Luna. Virtud que, sumada al resto, se convierten en, tal vez, el objetivo del cine: realidad aumentada. Y esto está dado por la construcción de un verosímil con reglas tan claras y autoconscientes que, sumadas a una ejecución tan precisa, no se rompe ni en sus momentos más absurdos. Pero también está dado, claro, porque sabemos que Tom Cruise no usa dobles de riesgo (a menos que…).  En Sentencia mortal – Parte 1, lo vimos tirarse en moto por un precipicio. Parte de la publicidad en redes del momento tuvo que ver con el tras bambalinas de esa escena, viendo a Tom Cruise avanzar con una moto real, sobre una rampa real, y saltando al vacío que logremos imaginarnos, solamente sujeto por una cuerda elástica que lo salve del infinito fuera de campo. Hasta hace poco (en el último tiempo pre-Eeternauta, digamos) Instagram nos mostraba la proeza técnica de los camarógrafos de Adolescencia, pasándose cámaras el uno al otro como si fuera una pelota de rugby para mostrar que no hay trucaje: la misma idea de usar la dificultad de la hechura como publicidad, en este caso “revelando el truco” y no mostrando, aumentando, o, por qué no, creando, tangibilidad en una era de cine tan poco tangible. En Sentencia final, hay un nivel de peligrosidad parecido en una escena con avionetas (que además incluye otro lindo toque de humor gore). Las redes no bombardean con el backstage, al menos por ahora, y lo que se ve en pantalla es francamente impactante. Y, a esta altura, si lo hizo Tom Cruise, es real. No importa si el hombre llegó o no a la Luna, importa que lo vimos. No importa si Tom Cruise trepó de un biplano en pleno vuelo a otro. Lo vemos. Lo creemos.

Es cierto que hay menos cantidad de escenas espectaculares que en otras entregas, o más bien, menos peleas espectaculares: acá lo Imposible pasa por hazañas visuales menos asociadas al combate cuerpo a cuerpo, como la increíble secuencia subacuática que cumple el cupo antigravedad (en la entrega anterior perteneció a la escena del tren colgante) con tensión e imaginación, con suspenso y con un ritmo más denso que meteórico. También hay bastantes escenas argumentativas. Es tal el nivel de autoconciencia de la saga que algunas cosas se sobreexplican de forma tan enmarañada y difícil que hasta logran efecto humorístico. Sí hay bastante revisión: luego de que el racconto inicial instale el flashback como recurso, tendremos más, de todas las películas de la saga. Para dar un cierre con honores, se intenta rememorar todas las hazañas de la Impossible Mission Force, personajes que pasaron, incluso el curriculum vitae del propio Ethan se repasa en varios diálogos. Por momentos esto aminora la marcha de la película, pero lo interesante es que muchos de estos ganchos al pasado, de repente, tienen que ver con la Entidad: varios eventos de las otras películas, llevaron, sin que los personajes -ni los guionistas, claro-, ni nosotros lo sepamos, a desatar el apocalipsis virtual de Sentencia final. Un apocalipsis que al igual que una película de 1987 como El príncipe de las tinieblas del maestro John Carpenter, se ve en pantallas con textura VHS, porque Misión Imposible existe en el Universo Cine, en ese espacio tiempo donde el apocalipsis, no importa con qué nivel de tecnología contemos, se ve así. Un apocalipsis de conexión total: la Entidad es el Aleph de Misión Imposible. Es la bomba suprema que el único héroe supremo puede desactivar. La llave-crucifijo es el disquete infinito con el código para abrir y cerrar la historia de Ethan, de Luther, de Benji, de Grace, de De Palma, de Woo, de Abrams, de McQuarrie, de Cruise, del Ben Stiller de Mission Improbable, de Lalo Schifrin, del millón de googleadas rezando “misión imposible serie 60s”, del espectador que vio la primera en una sala gigante en el 96 y salió extasiado, del público del festival de Cannes aplaudiendo con un cronómetro cerca para saber cuánto se bancaron aplaudiendo, de quienl que espera el bondi tiritando en la parada del colectivo ante las primeras señales invernales, porque para ver una película subtitulada en el shopping de Adrogué, incluso de una saga tan exitosa como Misión Imposible, tenés que ir a la última función, pero no importa, porque después de años viendo a Ethan soportar torturas y temperaturas extremas, un poco de frío no importa al calor de esta película (con mucha nieve y hielo, por cierto).

A partir de la consistencia de la franquicia -un poco discutida en las primeras dos secuelas y casi unánime en las siguientes- y de otros hits como Top Gun: Maverick, Tom Cruise fue constituyéndose en una figura de aires mesiánicos con la misión imposible de salvar al cine de acción espectacular destinado a la pantalla grande. El aroma a clausura de la película parece no caer solamente sobre la saga, sino también sobre este tipo de cine (ok, sí, tenemos a John Wick). Pero un amofletado Tom Cruise de 62 años con perfecto estado físico y un canonizado Ethan junto con 8 películas en su haber, siempre pueden volver a salvar el mundo. Arriba de un submarino aliado, luego de convencer a la tripulación de que lo ayuden a salvar el mundo, Ethan es atacado por un fanático de la Entidad. La nueva religión genera sus adeptos por peso y poder propio, a fuerza de lavaje cerebral. ¿Advertencia o realidad? No parece ser Ethan sino Tom Cruise el que le dice: pasaste demasiado tiempo en la internet. Y parece querer agregar: y muy poco tiempo en el cine.

La entrada Misión Imposible o el apocalipsis digital se publicó primero en La vida útil.

]]>
https://lavidautil.net/mision-imposible-sentencia-final/feed/ 0