encuentros 2020 archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/encuentros-2020/ Revista de cine Mon, 11 Jan 2021 19:49:37 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.6 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg encuentros 2020 archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/encuentros-2020/ 32 32 Sin pedir permiso – Sobre Como el cielo después de llover https://lavidautil.net/sin-pedir-permiso-sobre-como-el-cielo-despues-de-llover/ https://lavidautil.net/sin-pedir-permiso-sobre-como-el-cielo-despues-de-llover/#respond Mon, 11 Jan 2021 19:49:36 +0000 http://lavidautil.net/?p=10426 Por Simón Moreno Salinas  Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios […]

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Por Simón Moreno Salinas 

Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.

El documental Como el cielo después de llover comienza con un viaje: el de su  directora Mercedes Gaviria de regreso a Medellín para ejercer el cargo de asistente  en la grabación de La mujer del animal, la última película dirigida por su padre, el  realizador antioqueño Víctor Gaviria. Su presencia en el rodaje, sin embargo, significa una puesta en abismo: Mercedes, desde un lugar discreto de la producción,  y con una trayectoria corta como sonidista-cineasta, está haciendo su propia película. Carga una cámara en la mano, observa la reconocida dirección de actores  de su padre —inconfundible en el cine colombiano—, pero está buscando una voz  que se parezca a la suya. 

Este viaje de regreso implica, a su vez, el encuentro con varios materiales del archivo  familiar. Por un lado, las grabaciones caseras en video que hizo Víctor de la niñez de Mercedes y de Matías, su hermano menor. Y por otro, el diario que su madre, Marcela Jaramillo, le escribió antes de nacer y que habla, precisamente, de la  cotidianidad de una familia: de relaciones que se sostienen pese a no ser siempre idílicas e inofensivas.  

La película pareciera emerger de la síntesis de ambos archivos, que vienen a  ser una especie de material re-encontrado. En la obra de Víctor, esa observación del mundo familiar nunca ha trascendido para convertirse en materia cinematográfica. Los videos caseros jamás han sido algo más que un ejercicio de experimento con la cámara. En la película de Mercedes,  por el contrario, la representación invasiva de la intimidad familiar es un tema determinante que encuentra su dispositivo en la grabación directa e inmediata del otro, en una exposición que, como los textos de la madre, observan y registran sin consentimiento, pero con una propiedad sutil e indiscutible sobre la vida familiar.

Es justamente a partir de ambas fuentes que Mercedes desarrolla una sensibilidad artística que sintoniza, principalmente, con la tradición del cine diario o del diario filmado: un cine donde el pulso de las imágenes nunca es otro que el de los propios latidos del corazón, y donde las imágenes son un vehículo de esa poética que hay en lo cotidiano. Una tradición entre cuyos pioneros se encuentran autores como Jonas Mekas y que retoma, en nuestro medio, la documentalista Ana Salas, en cuya película En el taller también se explora, desde otras aproximaciones formales, la  relación artística entre un padre y una hija. 

Pero una síntesis conlleva, por supuesto, una negociación. En una de esas cintas  caseras, la Mercedes niña le pregunta al Víctor padre quién es el ratón Pérez, a lo  que él le responde con la consabida historia fantástica del dolor recompensado. Sin  embargo ella, insatisfecha con esa explicación, no sólo le lanza de nuevo la pregunta, sino que le deja clara su voluntad de saber, como si anticipara un diálogo  artístico entre dos personas cuya relación trasciende lo filial y se instala, ahora, en  una dimensión artística.  

En Como el cielo después de llover, el uso del archivo se muestra resignificado, no  se utiliza como una ilustración del pasado, sino como una reflexión sobre la  búsqueda del presente. La búsqueda que una cineasta hace de sí misma y para la que es necesario el viaje en una dimensión espacial, pero también en otras,  personales y emocionales, a través de los afectos que ese archivo familiar genera. Una búsqueda para la que, paradójicamente, debe ocultarse: sólo en el plano final es que se la ve adulta, quieta, de espaldas y mirando el  horizonte. Mercedes Gaviria comienza a caminar, cargando un boom, y con unos  audífonos desde donde pareciera escuchar unos sonidos entre los que se distingue una voz propia.

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El deseo disidente – Sobre Las mil y una https://lavidautil.net/el-deseo-disidente-sobre-las-mil-y-una/ https://lavidautil.net/el-deseo-disidente-sobre-las-mil-y-una/#respond Mon, 11 Jan 2021 18:38:11 +0000 http://lavidautil.net/?p=10421 Por Melissa Mira Sánchez Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios […]

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Por Melissa Mira Sánchez

Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.

La complicidad y el deseo encuentran su lugar incluso en las condiciones más  hostiles, donde los vínculos se convierten en una forma de resistir, no sólo a un contexto de marginalidad latente, sino a los prejuicios y paradigmas socialmente impuestos. 

Iris (Sofía Cabrera), una joven que habita un barrio periférico de la ciudad de Corrientes, alterna la práctica de tiros de baloncesto con las tardes de ocio con sus primos Ale (Luis Molina) y Darío (Mauricio Vila); fue expulsada de la  escuela y, sin más responsabilidades, seguimos su devenir en un escenario que parece estar al acecho constante. Renata (Ana Carolina García), una chica que  despierta habladurías entre los residentes del barrio, llama la atención de Iris, quien  contrariando los consejos y rumores termina acercándose a ella.  

En medio de la convivencia diaria en espacios muy reducidos, donde los límites de la intimidad se desdibujan, estos jóvenes atraviesan el despertar sexual y los altibajos  de la adolescencia, que ponen de manifiesto sus inquietudes identitarias y las preguntas frente al amor, las relaciones y las formas de habitar el mundo socialmente aceptadas. La sola existencia de estos personajes, deliberadamente queers, sienta una posición política y contestataria en un barrio cuya heteronormatividad se hace evidente desde las relaciones de violencia y dominio que se establecen entre los chicos, hasta los comentarios sentenciosos de los adultos y pintadas en las paredes con mensajes bíblicos. Sin embargo, el escenario esbozado aparece como un subtexto que está normalizado para los protagonistas, y que, lejos de limitarlos, los acoge. 

A lo largo del filme, Iris encuentra en Renata una forma de desafiar los prejuicios que recaen sobre la disidencia, y se redescubre a sí misma en la alteridad, un ejercicio que la directora consigue retratar con el plano secuencia como recurso narrativo, que  funciona como una cámara que atestigua los hechos y que busca dar espontaneidad a sus movimientos, procurando no perder de vista a sus personajes. Esta cámara evidencia una alta conciencia de la puesta en escena, premeditando las acciones y encuentros que van elaborando la cadena causal. 

El barrio, que es a su vez escenario y personaje, se ve caracterizado por la  acumulación de objetos en los interiores de las casas y por los exteriores en  decadencia, creando una sensación de sofoco en el primer caso, donde el incesante ruido de discusiones en fuera de campo acompaña la cotidianidad y crea conversaciones que se superponen entre sí. En los escenarios exteriores, impera una libertad imprecisa, donde, si bien el espacio no es una limitante, la protagonista se  presenta insegura ante la mirada de sus conciudadanos. 

Y es que esta podría leerse como una película de contrastes. Por un lado, están las  protagonistas: Iris, con su aire recatado y de inocencia, y Renata, desinhibida y con  un carácter más fuerte y seguro. Por el otro, el tratamiento de la historia, que si bien se desarrolla en un ambiente que podría considerarse opresivo, tiene la sensibilidad para detenerse en esa deriva que atraviesan sus personajes sin caer en su victimización, dejando además un espacio a guiños cómicos y dándole un valor al silencio como recurso expresivo que pone un alto a la estridencia del entorno y que  prescinde de la música extradiegética. Las mil y una propone entonces una reflexión alrededor de los vínculos de amistad  y amor no normativos, y de las dinámicas sociales de aceptación de la diferencia, tanto en el entorno familiar, donde hay un juego entre la comprensión y el establecimiento de límites, como en una escala más amplia en la que prevalecen los  convencionalismos. Finalmente, la película consigue dar cuenta de un contexto muy específico que, sin embargo, tiene una amplia resonancia como reflejo de realidades que caracterizan a gran parte de Latinoamérica.

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