Jerry Seinfeld archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/jerry-seinfeld/ Revista de cine Thu, 02 Jul 2020 18:43:39 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.6 https://lavidautil.net/wp-content/uploads/2017/11/Icono-web-150x150.jpg Jerry Seinfeld archivos | La vida útil https://lavidautil.net/tag/jerry-seinfeld/ 32 32 Los prisioneros de la Isla Corona – # 05 https://lavidautil.net/los-prisioneros-de-la-isla-corona-05/ https://lavidautil.net/los-prisioneros-de-la-isla-corona-05/#respond Thu, 02 Jul 2020 18:43:39 +0000 http://lavidautil.net/?p=10061 Por Patrick Holzapfel y Lucía SalasJugend ohne Film se encuentra con La vida útil Lunes 13 de abril de 2020 Lucía: Me hiciste acordar una anécdota de la autobiografía de Jerry Lewis. Las cosas no van bien con Dean Martin, no puede suspender sus contratos y acaba de tener su primer paro cardíaco, así que decide llamar […]

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Por Patrick Holzapfel y Lucía Salas
Jugend ohne Film se encuentra con La vida útil

Lunes 13 de abril de 2020

Lucía: Me hiciste acordar una anécdota de la autobiografía de Jerry Lewis. Las cosas no van bien con Dean Martin, no puede suspender sus contratos y acaba de tener su primer paro cardíaco, así que decide llamar a un amigo psiquiatra. Va a la oficina, muy elegante y masculina, y le dice al tipo lo que le pasa. El tipo le contesta que cree que hay una pequeña paradoja en su acercamiento al análisis: el peligro de que, si el dolor se va, no haya razones para seguir siendo gracioso. Una anécdota que es suficiente para cortar cualquier carcajada que salga de ver Cracking Up. O quizás para reír histéricamente. De paso, ¿qué tal está Comedians in Cars Getting Coffee? Siempre quise mirar el episodio de Lewis, pero el despliegue normalizado de riqueza que se ven en las publicidades me hizo salir corriendo para el otro lado. Es una tontería, todos sabemos que esta gente es asquerosamente rica, pero hay algo de la forma poco graciosa en la que parecen manejar esa transparencia que me repugna. 

Acudo al cine para saber cómo vivir más de lo que me gustaría admitir. A veces tengo miedo de un día salir de ver una película y darme cuenta de que estuve caminando mal toda la vida. Mi consejo de maquillaje favorito (y el único que tengo) me lo dio Nancy Allen en Blow Out de Brian de Palma. Después de ver Terra de Rossana Torres y Hiroatsu Suzuki se me ocurrió que si todos supiéramos cómo se hace el carbón natural no quemaríamos tanto. Hoy vi A Japanese Village de Ogawa, y mientras veía a estas personas intentando encontrar la razón por la cual la cosecha iba mal, tuve la misma sensación con el arroz. Mientras veía una imagen en cámara rápida de cómo florece el arroz -le lleva 45 minutos hacerlo- pensé en ponerme a hacer brotes de algunas legumbres para tener algo creciendo cerca mío, ya que en España todavía está prohibido salir a caminar. Así que le pregunté a un par de amigas si querían hacer brotes en sus casas y ver juntas el crecimiento de cada uno. Una, Sol, me dijo que sí e inmediatamente me mandó un video a modo de semi-tomada de pelo. La película se llama Lea e il gomitolo (Lea y la pelotita), protagonizado por la comediante italiana Lea Giunchi. Es de 1913. Los padres de Lea le dicen que no tiene que leer sino tejer, y la sientan a trabajar. Pero apenas se van pierde su bola de lana y destroza la casa buscándola. La pelotita obviamente estuvo colgando de su vestido todo este tiempo. Mi amiga lo envió como una respuesta a la tiranía de lo doméstico que estamos viviendo ahora (los que no estábamos tan atados antes, a diferencia de muchas otras mujeres antes del corona) y como una posibilidad. Intentamos mantenernos cuerdos creando formas de vida permanentes que puedan producir alguna sensación de goce dentro de las condiciones del confinamiento, tomándonos el tiempo de hornear obsesivamente, tejer, reorganizar la casa o hacer que le crezcan cosas a las lentejas. Pero también está la opción de Lea, destrozarlo todo y sentarse a leer entre las ruinas. 

Un cruce ambicioso entre Ogawa y Lea: hay una escena en Dennis the Menace [Daniel el travieso] en la que un grupo de gente se reúne a esperar que florezca una orquídea especial que solo se abre una vez cada cuarenta años. Sucederá esa noche. Mientras tanto, Daniel se da cuenta de que hay unos ladrones en la casa y corre a decirles a todos. Comienza a gritar en el momento justo en que la orquídea se abre, y cuando la gente vuelve a ver la flor, ya se ha marchitado. Como el poema que abre El año del pensamiento mágico de Joan Didion: 

La vida cambia rápido.

La vida cambia en el instante.

Te sentas a cenar y la vida como la conoces termina.

El asunto de la auto-compasión.

Las películas también ayudan con el duelo, y estamos transitando uno tanto por nuestras vidas pasadas como por nuestras vidas futuras. ¿Qué hay del asunto de la auto-compasión?

Viernes 17 de abril de 2020 

Patrick: Me dejaste con la difícil tarea de tener que lidiar con dos temas que producen un océano de pensamientos: primero, el despliegue de riqueza; y segundo, la cuestión de la auto-compasión. El quid de la cuestión es que parecen cruzarse, estar relacionados. Vi algunos episodios más de Comedians in Cars Getting Coffee. Para ser sincero, más allá de haber oído alguna cosa u otra, no sabía bien de qué se trataba. Tampoco sé mucho sobre Seinfeld para ser sincero, y nada de esto cambió al ver algunos episodios. Sin embargo, me dio la sensación de que no hay nada que saber. Es sobre algo más, y ese algo más es una provocación. Se parece un poco a algunos cantantes de hip-hop, pero en vez de promover un acercamiento escapista o sexista a la sexualidad política, acá está la metáfora de los autos, cierto elitismo y una manera falsa de imitar la amistad e incluso la sensación de que los comediantes son una gran familia. Es gracioso como puede serlo un chiste que te hace tu recaudador de impuestos. Es un test sobre la cantidad de empatía que necesita cada uno para reírse. También es un documental accidental sobre la falta de personalidad y reflexión necesarias para “ser alguien”. Un espejo de los emprendimientos capitalistas de O Lucky Man!, la odisea alegórica de Lindsay Anderson. Solo hace falta ser suertudo y sonreír. Ves todas esas superficies suaves, el sofisticado descaro y, con la excepción de los invitados más viejos (a los que ya no les importa), podés sentir la presión tremenda de tener que ser gracioso mientras se mueven en un auto que cuesta más que todos los salarios de los que se supone se reirán de eso.

Pero luego Chaplin siempre fue un conflicto entre la risa y la riqueza. Mientras que Chaplin como uno de los hombres más ricos promovía una idea de pobreza, esa gente en sus autos impagables y mansiones de Hollywood dan la impresión de ser como vos y yo. Hablan como si tuvieran problemas y no me refiero al tipo de problemas que no se resuelven con dinero. Me intriga. ¿Podríamos ser nosotros? ¿Gente del cine en casa escribiendo mails? En cuanto a Jerry Lewis, él era rico y gracioso. Pero, como decís, no siempre era gracioso. ¿Quizás también sea un lujo ser gracioso en una forma que trasciende a tu clase? Hoy es más que claro que “hogar” no significa lo mismo para todos. Si veo las casas de los jugadores de fútbol en los videos que envían desde su supuesta cuarentena (ni siquiera graciosos), me da la sensación de que no vivimos en el mismo planeta. ¿Pero qué hay del asunto de la auto-compasión?

Solo puedo decir que el problema específico de esta pregunta es que ya está concebida como una respuesta. De todas formas hay momentos en que la auto-compasión es una razón para reírse. ¿No es The Nutty Professor de Jerry Lewis una gran película sobre la auto-compasión? ¿No es acaso una buena parte de las buenas comedias sobre estados de la auto-referencialidad que los espectadores podemos ver desde afuera, y por lo tanto reírnos o llorar al respecto?

Para una clase sobre auto-compasión recomiendo leer los diarios de Thomas Mann. Como escritor, jamás falla en mostrar cuánto se parecen en aislamiento la enfermedad y la auto-referencialidad. Borges escribió que la gran escritura es sobre acercarse lo más posible a un personaje. Cada paso de una historia está ahí para que nos acerquemos al personaje. Me pregunto si acercarse significa que automáticamente nos acerquemos a la auto-referencialidad. Quizás si escribo, hablo o hago una película sobre mí mismo estoy obligado a compadecerme. De otra forma no vería mi vulnerabilidad, mi insolencia, mi debilidad. ¡La desgracia que soy! ¿Esos pobres tipos en el auto buscando café? Aunque amo tantos libros escritos en primera persona o que lidian con el “yo”, debo decir que en el cine sucede lo contrario. Creo que en el cine hay una posibilidad de mirar verdaderamente al otro. Solo es difícil. Un hermoso ejemplo del cine de la auto-compasión que también es definitivamente un cine sobre el otro es Am Siel de Peter Nestler. “Para ver el pequeño chorrito que soy”, dice la voz del canal. Robert Wolfgang Schnell habla con la voz del canal, en la voz del otro, la voz de lo que la sociedad ignora. En unos pocos minutos Nestler propone una forma diferente de mirar el mundo, no por nuestros propios ojos sino por los de otro. Es bello y triste. 

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Por Patrick Holzapfel y Lucía Salas
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Lunes 6 de abril de 2020

Patrick: “Junto con el asesinato, la piratería es una de las prácticas más viejas de la humanidad”. Esta es una de las primeras cosas que dice Bud Spencer en Cantando dietro i paraventi de Ermanno Olmi. No pude resistir citarlo, aunque de ninguna manera pienso en asesinato cuando pienso en piratería. Aunque ambos pueden ser actos de amor. 

No sé si es usual que los piratas se manden cartas. Aún así, simpatizo con el pirata que comparte recuerdos tan bellos, como también con quien comparte su motín. Curiosamente mi vida como pirata siempre fue en tierra firme. La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, es quizás el libro más importante de mi vida. Me lo regalaron en las Islas Canarias y lo leí siete veces seguidas. Lo que más me quedó no es su sentido de la aventura, sino su anhelo. Recuerdo amar tanto el principio; vivía con Jim Hawkins en la posada, observaba a todas las criaturas marinas yendo y viniendo. Me quedaba en mi cuarto, escuchando las voces y risas volverse deseo y expectativa. Imaginar ser un pirata, soñar con oro enterrado y leer mapas siempre ha sido más cercano que zarpar. A veces me pregunto si esto me hace un tonto o un cobarde, pero luego pienso que se necesita coraje para soñar. No deberíamos olvidar que en árabe “riḥla” refiere tanto al viaje como su registro por escrito. Es quizás una ocupación un poco solitaria, pero los sueños también se pueden compartir. Los episodios sin fin de otra posada literaria, la de Don Quixote, fueron otro hito en mi forma de darme cuenta de que a veces la historia está en la vida, y viceversa. Me pregunto si los prisioneros de la Isla Corona, esos que tienen la suerte de estar sanos y moverse por la isla, se encuentran en la posada local. Beben y comparten historias y miedos, esperanzas y entusiasmo. Pero sé que ahora no se puede ir a las posadas. Tomémoslo como una metáfora y pensemos en la Treasure Island de Maurice Tourneur, una película perdida, una de esas sobre las que solo podemos soñar. 

Así que mientras navegaba con los piratas del cine que conozco, desde Anne of the Indies a Jacques Rivette, y de Paul Henreid y The Spanish Main de Frank Borzage a Anita Morgan en Hell Harbor, de Henry King. Es un género olvidado, bien enterrado por Walt Disney. Quizás algún día un grupo de aventureros audaces encuentren un mapa, lleguen a una isla desierta y lo desentierren. 

Luego me crucé con alguien que podría ser llamado pirata (quien incluso podría vencer a una armada de piratas) y quien secunda mis nociones de riḥla: Der Baron von Münchhausen. Vi la increíble Baron Prášil de Karel Zeman, una oda a la fantasía fuera de este mundo, un cuento romántico sobre la cercanía entre la aventura y el amor, Georges Méliès y los hermanos Lumière, la luna y la tierra. Ya que escribimos acerca de las nubes, no puedo evitar sentir que esta es otra película sobre mirar hacia arriba. Ya sea la lunas, las nubes, algún Dios, una señal de radio, todo lo que resulte importante. Y como insistís en las preguntas ontológicas, tengo que volver a la idea de Jean-Luc Godard según la cual en el cine se mira hacia arriba mientras que a la televisión (y las computadoras) se busca hacia abajo.

¿Hacia dónde mirás cuando escuchás la radio? 

Te mando dos imágenes del trabajo de Karel Zeman con animaciones y sueños:

Jueves 9 de abril de 2020

Lucía: Buena pregunta. Mi abuela escuchaba la radio todo el día mientras trabajaba cosiendo, mi abuelo la escuchaba en el auto mientras manejaba por toda la ciudad, y yo la escucho cuando hago tareas mecánicas (cada vez menos en mi línea de trabajo, si alguna vez vuelvo a trabajar), tejo o cocino. Así que creo que cuando escuchás la radio te mirás las manos o lo que sea que las mantiene ocupadas. O, quizás, mirás por la ventana. Sería lindo tener una Radio Isla Corona en la cual todos escuchemos las mismas cosas al mismo tiempo. El otro día alguien entrevistó a Godard en un vivo de Instagram, y se me hacía difícil prestar atención a nada que no fueran los comentarios de la gente que entraba al streaming (unas 4.000 personas). Algunos eran amigos e incluso pudimos intercambiar saludos. Después de la entrevista hubo tres tipos de posteos: unos sobre lo lindo que estaba Godard, otros con gente mostrándose a sí mismos en el streaming cuando sus nombres aparecían en pantalla (como los chicos haciendo morisquetas detrás de un periodista en un móvil) y gente que encontró amigos y capturó sus comentarios fugaces. 

Hace algunas semanas, cuando se podía ir a lugares, la última película de Michael Pilz se pasó en Rotterdam. La película se llama With Love – Volume One 1987-1996 y está compuesta de materiales de su archivo personal. Lo personal son sus amigos y personas queridas hablando y yendo a lugares. Después de la función habló de cómo no siempre se le hacía fácil prestar atención a lo que la gente estaba diciendo al enfrentar este tipo de material, porque se queda prensado de las caras de la gente y la forma en que se mueven. Me sentí un poco aliviada, ya que esto me pasa con frecuencia y su resultado es creerme una idiota; sucedió en el streaming de Godard, donde mis ojos, cuando no se prendaban constantemente de los corazoncitos (no bendecidos), iban directo a su cara y sus movimientos, especialmente el cigarro. El entrevistador no tenía un cigarro sino una máscara, el nuevo oro.

Extraño demasiado mirar hacia arriba, hacia las películas. Hace algunos días Rizi de Tsai Ming-Liang estuvo disponible en internet, una de las últimas películas que vi en un cine con probablemente más de mil personas. Estaba bastante cerca de la pantalla, mirando hacia arriba y pasándola muy bien mientras la señora sentada atrás mío dormía y respiraba suave pero sonoramente, y la gente tosía cada tanto sin sentirse asesinos. Una podía ver la proyección gigantesca de los cuerpos de dos hombres tocándose, ¿te imaginás? Como muestra el internet, no se necesita espacio para estar solo, pero sí se necesita espacio para estar juntos. La escena más larga de la película es una escena de trabajo sexual que involucra un masaje. En esa pantalla se podía sentir la presión en los músculos casi como si fueran los propios, sentir el tiempo como si fuese el propio, la vida fugazmente transformada por la vida de estos dos personajes. Eso era lo que un día podía llegar a ser. Volviendo a una vieja pregunta, sí creo que el tiempo se mueve de manera diferente cuando se ve una película en la computadora. Tampoco es lo mismo quedarse dormida en un cine que en casa, viendo una película en la cama, donde se supone que duermas.

Pero a estas películas las vi en el pasado, y no en cautiverio, así que va una desde la Isla: hablando de sueños, estuve leyendo la biografía de Jerry Lewis y sus películas. Su amistad con Dean Martin también se consolidó en un cuarto de hotel, una madrugada de cuatro amigos hueveando hasta el amanecer. Una amistad basada en elaborar diversiones juntos. En su debut cinematográfico, años después, hacer su usual número de una pareja hecha de dos amigos que han forjado su supervivencia juntos, viviendo en el mismo cuarto, trabajando los mismos trabajos y tratando de triunfar juntos como el hombre buenmozo y el monito. Su primer número musical conjunto en My Friend Irma sucede en un elegante restaurant en el que creen estar comiendo invitados por su manager, pero en realidad están trabajando a cambio de comida, así que Martin canta una canción y Lewis se une, haciendo como que interrumpe para pedir otra canción. Lewis dice todo mal, incluso declina mal las frases al punto que Martin le pregunta si le está consultando algo o diciéndoselo. Lewis contesta: “Me pregunto”. Nada fijo, todo en movimiento. Finalmente Martin le pide a Lewis que sea un instrumento musical humano mientras él canta la “Serenata del burro”. Mientras Martin ingresa a la canción con gracia, Lewis pierde la cabeza por el esfuerzo que lleva hacer unos chasquidos con la boca, algo así como el esfuerzo de batir claras a nieve con un batidor de mano. Termina en una nota sostenida impresionante. Monos y burros, la cura perfecta para el coronablues. 

Ah, y de paso: la canción que cantan es una versión de esta.

Sábado 11 de abril de 2020

Patrick: Hasta donde tengo memoria, Jerry Lewis siempre ha sido una cura. Hay algo profundamente gratificante y tranquilizador en su presencia en la pantalla. Incluso más allá de la pureza misma de la risa. Creo que tiene que ver con sus retratos de “debilidad” y “fuerza”. Siempre se las arregla para mostrar que ninguno de los dos atributos existe realmente. Las debilidades se pueden volver fortalezas, y las fortalezas son ridículas y pueden derivar en catástrofes. En el momento en el que muestra que la fuerza no existe realmente nos da una cura política, y una vez que se vuelve hacia las debilidades nos da una cura espiritual. Lo mejor, como bien decís, es que cura mientras baila, canta, salta, grita y rueda por el piso. Es música y la música tiene un efecto sanador en sí misma. 

Me decidí a darme una sobredosis de esta cura tan específica y pasé una noche viendo That’s My Boy, Visit to a Small Planet, The Bellboy, Three on a Couch y su episodio en Comedians in Cars Getting Coffee de Jerry Seinfeld. Como aún estoy drogado, solo puedo compartir dos observaciones. 

a: en Visit to a Small Planet su personaje (Kreton) le da un nuevo significado a la luna y a todo esto de mirar hacia arriba (hacia ella). Dice que la luna fue la última parada para cargar nafta antes de Marte. 

b: Luego de un par de horas con esas películas solo hay dos posibilidades. O bien te volvés completamente loco (si te identificás con lo que sucede, uno podría llamar a esto una experiencia de visionado superficial) o te volvés completamente cuerdo (si buscás los detalles, aprecias el trabajo y aprecias la anatomía de cada gag). Tengo que decidir hacia dónde voy pero me parece que podría volverme locamente cuerdo o, por lo menos, desordenadamente ordenado [Disorderly Orderly en el original, como la película].

Me pregunto, ¿te inspira el cine a vivir estos días? El cine es todo para mí cuando me enseña cómo ser, cómo actuar como una persona en el mundo fuera del cine.

Quería compartir esta imagen con uno de los más grandes escritores de cartas que conozco, D.H. Lawrence. En una de sus cartas, escribe: “No es el ambiente por el que uno vive, sino la libertad de moverse solo”. Aldous Huxley escribió un gran ensayo sobre Lawrence en el cual lidia con el conflicto entre una vida solitaria como artista y la necesidad de contacto social y físico. Me hizo pensar en muchas cosas. Por ejemplo, sobre el placer y la necesidad de escribir cartas y compartir nuestras experiencias solitarias. Después de todo, como Lawrence escribió en otra de sus cartas, el arte de la escritura era también una cura, una cura para el escritor y (quizás) el lector.

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