Alessandra Sanguinetti antes de ser cineasta, fue (es) fotógrafa. Durante casi tres décadas, fotografió a sus vecinas, dos niñas de Maipú (Provincia de Buenos Aires), y publicó dos libros con estas fotos (The Adventures of Guille and Belinda and The Enigmatic Meaning of Their Dreams y The Adventures of Guille and Belinda and The Illusion of an Everlasting Summer) además de un tercero sobre los animales y el campo (On the Sixth Day). A lo largo de todos esos años también grabó a las niñas, luego adolescentes, mujeres, madres y, ahora, a las niñas de las niñas, primero con un camcorder y luego con una cámara digital.
No te asombres si te digo lo que fuiste
Una ingrata con mi pobre corazón
Como si hubieran ido al karaoke para despacharse de un desamor, Guille y Belinda, que han de tener nueve años, cantan a todo pulmón frente a la cámara el emblemático tema de La Sonora Dinamita. Repiten la escena unos años después y Guille se disculpa por las notas falsas al principio. Cuando lo vuelven a hacer aún unos años después, Belinda no puede bailar como antes porque ahora está embarazada.
Ganadora del Leopardo de Oro y del Premio a la Ópera Prima la semana pasada en Locarno, esta película en verdad no es un material complementario a la obra de Sanguinetti como fotógrafa. Es un testimonio poderoso de lo triste y bello que es crecer a la vez que un retrato nostálgico de los vínculos que nos permiten hacerlo. La cámara de Sanguinetti es tan íntima como generosa, ofreciéndonos la posibilidad de pensar dentro de ese espacio entre la fotografía y el cine. Días después del frenesí del estreno nos sentamos a conversar sobre el proceso de la película.

Matilda Hague: Entre el momento en el cual empiezas a grabarlas en 1999 y hasta que se edita tu primer libro con ellas en 2003, Argentina atravesó un momento político fuerte, provocando una respuesta importante para el cine y las artes, ¿te sentías parte de este movimiento? Lo pregunto porque ese era un momento en que el cine empieza a interesarse por la cotidianidad, sobre todo en el contexto local y de la crisis que estaban atravesando. Tu película comenzó a filmarse en ese momento, y se termina ahora, ¿Qué significa eso en relación al contexto actual?
Alessandra Sanguinetti: En ese momento yo no estaba para nada en el mundo del cine. Pero en los noventas definitivamente fue un momento importante para el cine argentino, y sigue siendo. No sé si yo me sentía como parte de un movimiento pero si me sentía parte de la comunidad artística del momento. Encima mi ex, Martín Weber, también era fotógrafo y formábamos parte de este mundo.
Mi película no es abiertamente política. Creo que en cualquier momento en el que la película saliera, hubiera encontrado su resonancia. No estoy segura de cómo será el efecto ahora. Por un lado, en este momento la gente tiene–y yo también–mucha sed de belleza. Estamos muy conscientes de que estamos perdiendo mucho ¿no? Entonces quizás justo ahora eso remite un poco a algo que realmente no hay que perder. No me gusta mucho asumir porque no sé cuál es la reacción que la gente tendrá a la película en otras partes del mundo.
MH: En los últimos años has tenido cierta visibilidad en redes sociales, en relación al contexto argentino pero también porque has pasado tiempo trabajando en Palestina. Si bien la película no tiene un mensaje político explícito, tú has tenido un discurso muy acertado y directo.
AS: Yo en este momento siento una sensación de hiperprotección de Argentina. Porque estoy sintiendo que está en peligro. Creo que la mayoría de los argentinos que todavía tienen dos neuronas se dan cuenta que estamos por perder todo: con este gobierno que está dejando que todas las arpías del mundo vengan y saquen lo que quieran. Y lo siento de manera fuerte, lo sentí como lo estuve sintiendo en Palestina desde el 2003 y obviamente desde Gaza: es una sensación física de enojo, de cierta impotencia, de tristeza, y una radicalización también.
Argentina siempre estuvo en medio de un quilombo, pero estamos en un momento distinto. La venta de tierras está destruyendo la cultura, la salud, la ciencia, la identidad argentina. Hay mucha fragilidad por proteger. Nunca me había sentido tan… patriota. Nunca vuelo bandejas, salvo si están en peligro. Siento eso con Palestina, lo siento con Argentina.
MH: Volviendo un poco a la película, me llamaron mucho la atención momentos en los cuales se presentan Belinda y Guille. Ahora que cambiaste el lente de la foto para el del cine, ¿sientes que hay un cambio en términos de agencia para ellas?
AS: Es como si ellas tuvieran otro tipo de control. También es la razón por la que las empecé a filmar: lo que les daba era agencia. Con las fotos, yo soy más una dictadora porque siempre estoy tratando de controlar lo que entra, lo que viene dejando, que venga algún accidente, pero con el video era más como un director de teatro, una improvisación donde das un tema y que la gente elija cómo lo va a interpretar. Entonces eso les daba muchísimo aire. Ellas se convertían por sí solas en las estrellas de su vida. En ese sentido, siento que tendría que decir ellas más que yo. Quiero que vean la película y después que digan. O sea, esta es una parte muy pequeña de su vida, la película. No es la historia de Guille y Beli, es la historia de cómo yo las vi a ellas y cómo ellas me respondieron a mí, nuestra relación. Después, el 80% de su vida no está ahí. Claro. No porque yo no quiera que esté, porque yo por mí hubiese todo pero había que hacer ciertas elecciones.
MH: Justo hablando de eso, siento que esta escena donde juntas dan los títulos a las fotografías de tu primer libro es muy reveladora de tu intención de documentar ese proceso, como si fuera material de archivo la película. ¿Podrías hablar un poco sobre la relación que tienen entre las tres y cómo la fuiste tejiendo?
AS: La relación entre las tres fue cambiando mucho a través del tiempo. Las conozco desde que son chiquititas, antes de empezar a fotografiarlas. Yo ya era una persona muy adulta y de confianza. Y de chiquitas, yo era como una niña más con ellas. Por cuestiones personales mías, necesitaba esa alegría, no quería estar trabajando en la fotografía sobre los animales, que era una pequeña beca que tenía para seguir con eso, y solo quería estar con ellas. La relación era muy orgánica, porque no es que yo tenía una historia que quería contar de dos niñas y tenía que encontrar mis personajes. Empecé a contar la historia porque las conocí a ellas. Y después, a lo largo del tiempo fue cambiando, porque yo fui cambiando, especialmente porque ellas, desde los nueve años, luego adolescentes, madres, adultas… nos teníamos que siempre volves a conocer. Ahora para mí somos como familia extendida. Creo que ellas dirían lo mismo pero nunca quiero hablar por ellas tampoco.
Siempre tuve dudas, por supuesto. Desde el principio: ¿Qué estoy haciendo? Con las fotos, más que nada, porque la edición de video fue reciente. ¿Cuánto estoy proyectando yo? ¿Cuánto estoy manipulando? ¿Es toda una ficción lo que estoy haciendo? Como dudando de si lo que estaba haciendo estaba bien o mal. Pero a lo largo del tiempo me iba dando cuenta de a poquito que no, que todo encajaba. Porque también cuando haces algo a lo largo del tiempo puedes empezar a ver patrones que cuando estás muy cerca no lo ves. Tipo cosas que decía Guille cuando era chiquita: su miedo a no casarse, miedo a estar sola. Y capaz yo le hacía más hincapié a eso en las fotos y después pensaba, uy, la estoy haciendo parecer algo que no es. Pero de grande, ella seguía repitiendo lo mismo o cayendo en los mismos patrones. En realidad, cuando está hablando de soledad, es más de una soledad romántica. Porque ella no está sola, tiene mucho amor a su alrededor, amistades. Entonces me di cuenta que yo simplemente estaba más que nada reaccionando a algo en ellas que quizás obviamente resonaba en mí.

MH: En tu libro, On the Sixth Day, hay una intención también de retratar el entorno, el paisaje aquí es importante porque forma parte esencial de su cotidianidad: tienes la cámara a ras del piso, filmas a la abuela dando de comer a las gallinas, Guille y Belinda nadando en el río.
AS: Para mí siempre los animales son personajes tan importantes como las personas. En esta película le presté más atención a Guille y a Beli, pero estaría feliz de hacer algo donde los animales sean protagónicos. Quizás hasta animales a los que realmente no se les presta atención, no se valoran tanto. La gallina, por ejemplo. Es más, creo que hay una película que se llama Hen, que me muero de ganas de verla. Para mí son personajes principales y en esta película están medio de testigos y también son gran parte de sus vidas, de todas nuestras vidas. O sea, en la ciudad tenemos perros, gatos, les damos libros a nuestros niños donde los personajes siempre son animales, ositos de peluches. Es muy extraño cómo nos relacionamos, porque los amamos, nos necesitamos y mira lo que hacemos con ellos. Al final hacemos lo mismo con las personas.
En la película me parecía súper importante mostrar la importancia real que tienen los animales en la vida de ellas: como testigos, como compañeros. Esta este mito que la gente de ciudad tiene sobre la gente de campo de que ellos no sienten nada por los animales o sea que como los tienen que matar, no se encariñan. No es cierto, es todo lo contrario. Creo que tienen mucha más noción de lo que es el sacrificio y de todo el amor y el cuidado que hay que darle a un animal. También hay un orgullo. Estoy hablando no de granjas de fábrica, sino del campo, de la relación diaria. No me imaginaba hacer una película donde los animales no fueran súper importantes.
Sus hijas también tienen este vínculo con la tierra. Por ejemplo, a la hija de Belinda, no le gusta nada ser fotografiada y filmada. Te juro que haría toda otra cosa sobre ella. Es una persona que está en medio de la naturaleza, pero de una forma que Guille y Beli no estaban. Muy atadas a los bichitos, a los animales. Y no desde un lugar romántico.
MH: Me comentabas que es la primera vez que presentas la película en un festival. Como ha sido esta experiencia? Sobre todo en comparación con las comunidades que ya tenias en el mundo de la fotografía.
AS: No estoy pensando en eso. No estoy esperando nada, pero lo que realmente siento ahora es como mucha gratitud, realmente, porque no me esperaba nada de esto. O sea, de estar invitada a un lindo festival, de que la gente la vea, de que les guste. Para mí esto es una sorpresa y es hermoso. Y de a poquito voy conociendo. No conocía a tanta gente tampoco, pero de a poquito es lindo ir entrando en otro mundo, es todo nuevo y estar en cualquier comunidad donde se trate de arte y de contar historias y ampliar ese mundo desde afuera de la fotografía es maravilloso.


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