Sin pedir permiso – Sobre Como el cielo después de llover

Por Simón Moreno Salinas 

Esta crítica es resultado del proceso formativo del Encuentro de Crítica e Investigación realizado durante el mes de noviembre en el marco de Encuentros 2020, una estrategia para el fortalecimiento de agentes, proyectos y dinámicas del ecosistema audiovisual de Colombia y Latinoamérica, organizada por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.

El documental Como el cielo después de llover comienza con un viaje: el de su  directora Mercedes Gaviria de regreso a Medellín para ejercer el cargo de asistente  en la grabación de La mujer del animal, la última película dirigida por su padre, el  realizador antioqueño Víctor Gaviria. Su presencia en el rodaje, sin embargo, significa una puesta en abismo: Mercedes, desde un lugar discreto de la producción,  y con una trayectoria corta como sonidista-cineasta, está haciendo su propia película. Carga una cámara en la mano, observa la reconocida dirección de actores  de su padre —inconfundible en el cine colombiano—, pero está buscando una voz  que se parezca a la suya. 

Este viaje de regreso implica, a su vez, el encuentro con varios materiales del archivo  familiar. Por un lado, las grabaciones caseras en video que hizo Víctor de la niñez de Mercedes y de Matías, su hermano menor. Y por otro, el diario que su madre, Marcela Jaramillo, le escribió antes de nacer y que habla, precisamente, de la  cotidianidad de una familia: de relaciones que se sostienen pese a no ser siempre idílicas e inofensivas.  

La película pareciera emerger de la síntesis de ambos archivos, que vienen a  ser una especie de material re-encontrado. En la obra de Víctor, esa observación del mundo familiar nunca ha trascendido para convertirse en materia cinematográfica. Los videos caseros jamás han sido algo más que un ejercicio de experimento con la cámara. En la película de Mercedes,  por el contrario, la representación invasiva de la intimidad familiar es un tema determinante que encuentra su dispositivo en la grabación directa e inmediata del otro, en una exposición que, como los textos de la madre, observan y registran sin consentimiento, pero con una propiedad sutil e indiscutible sobre la vida familiar.

Es justamente a partir de ambas fuentes que Mercedes desarrolla una sensibilidad artística que sintoniza, principalmente, con la tradición del cine diario o del diario filmado: un cine donde el pulso de las imágenes nunca es otro que el de los propios latidos del corazón, y donde las imágenes son un vehículo de esa poética que hay en lo cotidiano. Una tradición entre cuyos pioneros se encuentran autores como Jonas Mekas y que retoma, en nuestro medio, la documentalista Ana Salas, en cuya película En el taller también se explora, desde otras aproximaciones formales, la  relación artística entre un padre y una hija. 

Pero una síntesis conlleva, por supuesto, una negociación. En una de esas cintas  caseras, la Mercedes niña le pregunta al Víctor padre quién es el ratón Pérez, a lo  que él le responde con la consabida historia fantástica del dolor recompensado. Sin  embargo ella, insatisfecha con esa explicación, no sólo le lanza de nuevo la pregunta, sino que le deja clara su voluntad de saber, como si anticipara un diálogo  artístico entre dos personas cuya relación trasciende lo filial y se instala, ahora, en  una dimensión artística.  

En Como el cielo después de llover, el uso del archivo se muestra resignificado, no  se utiliza como una ilustración del pasado, sino como una reflexión sobre la  búsqueda del presente. La búsqueda que una cineasta hace de sí misma y para la que es necesario el viaje en una dimensión espacial, pero también en otras,  personales y emocionales, a través de los afectos que ese archivo familiar genera. Una búsqueda para la que, paradójicamente, debe ocultarse: sólo en el plano final es que se la ve adulta, quieta, de espaldas y mirando el  horizonte. Mercedes Gaviria comienza a caminar, cargando un boom, y con unos  audífonos desde donde pareciera escuchar unos sonidos entre los que se distingue una voz propia.

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