Los prisioneros de la Isla Corona – # 05

Por Patrick Holzapfel y Lucía Salas
Jugend ohne Film se encuentra con La vida útil

Lunes 13 de abril de 2020

Lucía: Me hiciste acordar una anécdota de la autobiografía de Jerry Lewis. Las cosas no van bien con Dean Martin, no puede suspender sus contratos y acaba de tener su primer paro cardíaco, así que decide llamar a un amigo psiquiatra. Va a la oficina, muy elegante y masculina, y le dice al tipo lo que le pasa. El tipo le contesta que cree que hay una pequeña paradoja en su acercamiento al análisis: el peligro de que, si el dolor se va, no haya razones para seguir siendo gracioso. Una anécdota que es suficiente para cortar cualquier carcajada que salga de ver Cracking Up. O quizás para reír histéricamente. De paso, ¿qué tal está Comedians in Cars Getting Coffee? Siempre quise mirar el episodio de Lewis, pero el despliegue normalizado de riqueza que se ven en las publicidades me hizo salir corriendo para el otro lado. Es una tontería, todos sabemos que esta gente es asquerosamente rica, pero hay algo de la forma poco graciosa en la que parecen manejar esa transparencia que me repugna. 

Acudo al cine para saber cómo vivir más de lo que me gustaría admitir. A veces tengo miedo de un día salir de ver una película y darme cuenta de que estuve caminando mal toda la vida. Mi consejo de maquillaje favorito (y el único que tengo) me lo dio Nancy Allen en Blow Out de Brian de Palma. Después de ver Terra de Rossana Torres y Hiroatsu Suzuki se me ocurrió que si todos supiéramos cómo se hace el carbón natural no quemaríamos tanto. Hoy vi A Japanese Village de Ogawa, y mientras veía a estas personas intentando encontrar la razón por la cual la cosecha iba mal, tuve la misma sensación con el arroz. Mientras veía una imagen en cámara rápida de cómo florece el arroz -le lleva 45 minutos hacerlo- pensé en ponerme a hacer brotes de algunas legumbres para tener algo creciendo cerca mío, ya que en España todavía está prohibido salir a caminar. Así que le pregunté a un par de amigas si querían hacer brotes en sus casas y ver juntas el crecimiento de cada uno. Una, Sol, me dijo que sí e inmediatamente me mandó un video a modo de semi-tomada de pelo. La película se llama Lea e il gomitolo (Lea y la pelotita), protagonizado por la comediante italiana Lea Giunchi. Es de 1913. Los padres de Lea le dicen que no tiene que leer sino tejer, y la sientan a trabajar. Pero apenas se van pierde su bola de lana y destroza la casa buscándola. La pelotita obviamente estuvo colgando de su vestido todo este tiempo. Mi amiga lo envió como una respuesta a la tiranía de lo doméstico que estamos viviendo ahora (los que no estábamos tan atados antes, a diferencia de muchas otras mujeres antes del corona) y como una posibilidad. Intentamos mantenernos cuerdos creando formas de vida permanentes que puedan producir alguna sensación de goce dentro de las condiciones del confinamiento, tomándonos el tiempo de hornear obsesivamente, tejer, reorganizar la casa o hacer que le crezcan cosas a las lentejas. Pero también está la opción de Lea, destrozarlo todo y sentarse a leer entre las ruinas. 

Un cruce ambicioso entre Ogawa y Lea: hay una escena en Dennis the Menace [Daniel el travieso] en la que un grupo de gente se reúne a esperar que florezca una orquídea especial que solo se abre una vez cada cuarenta años. Sucederá esa noche. Mientras tanto, Daniel se da cuenta de que hay unos ladrones en la casa y corre a decirles a todos. Comienza a gritar en el momento justo en que la orquídea se abre, y cuando la gente vuelve a ver la flor, ya se ha marchitado. Como el poema que abre El año del pensamiento mágico de Joan Didion: 

La vida cambia rápido.

La vida cambia en el instante.

Te sentas a cenar y la vida como la conoces termina.

El asunto de la auto-compasión.

Las películas también ayudan con el duelo, y estamos transitando uno tanto por nuestras vidas pasadas como por nuestras vidas futuras. ¿Qué hay del asunto de la auto-compasión?

Viernes 17 de abril de 2020 

Patrick: Me dejaste con la difícil tarea de tener que lidiar con dos temas que producen un océano de pensamientos: primero, el despliegue de riqueza; y segundo, la cuestión de la auto-compasión. El quid de la cuestión es que parecen cruzarse, estar relacionados. Vi algunos episodios más de Comedians in Cars Getting Coffee. Para ser sincero, más allá de haber oído alguna cosa u otra, no sabía bien de qué se trataba. Tampoco sé mucho sobre Seinfeld para ser sincero, y nada de esto cambió al ver algunos episodios. Sin embargo, me dio la sensación de que no hay nada que saber. Es sobre algo más, y ese algo más es una provocación. Se parece un poco a algunos cantantes de hip-hop, pero en vez de promover un acercamiento escapista o sexista a la sexualidad política, acá está la metáfora de los autos, cierto elitismo y una manera falsa de imitar la amistad e incluso la sensación de que los comediantes son una gran familia. Es gracioso como puede serlo un chiste que te hace tu recaudador de impuestos. Es un test sobre la cantidad de empatía que necesita cada uno para reírse. También es un documental accidental sobre la falta de personalidad y reflexión necesarias para “ser alguien”. Un espejo de los emprendimientos capitalistas de O Lucky Man!, la odisea alegórica de Lindsay Anderson. Solo hace falta ser suertudo y sonreír. Ves todas esas superficies suaves, el sofisticado descaro y, con la excepción de los invitados más viejos (a los que ya no les importa), podés sentir la presión tremenda de tener que ser gracioso mientras se mueven en un auto que cuesta más que todos los salarios de los que se supone se reirán de eso.

Pero luego Chaplin siempre fue un conflicto entre la risa y la riqueza. Mientras que Chaplin como uno de los hombres más ricos promovía una idea de pobreza, esa gente en sus autos impagables y mansiones de Hollywood dan la impresión de ser como vos y yo. Hablan como si tuvieran problemas y no me refiero al tipo de problemas que no se resuelven con dinero. Me intriga. ¿Podríamos ser nosotros? ¿Gente del cine en casa escribiendo mails? En cuanto a Jerry Lewis, él era rico y gracioso. Pero, como decís, no siempre era gracioso. ¿Quizás también sea un lujo ser gracioso en una forma que trasciende a tu clase? Hoy es más que claro que “hogar” no significa lo mismo para todos. Si veo las casas de los jugadores de fútbol en los videos que envían desde su supuesta cuarentena (ni siquiera graciosos), me da la sensación de que no vivimos en el mismo planeta. ¿Pero qué hay del asunto de la auto-compasión?

Solo puedo decir que el problema específico de esta pregunta es que ya está concebida como una respuesta. De todas formas hay momentos en que la auto-compasión es una razón para reírse. ¿No es The Nutty Professor de Jerry Lewis una gran película sobre la auto-compasión? ¿No es acaso una buena parte de las buenas comedias sobre estados de la auto-referencialidad que los espectadores podemos ver desde afuera, y por lo tanto reírnos o llorar al respecto?

Para una clase sobre auto-compasión recomiendo leer los diarios de Thomas Mann. Como escritor, jamás falla en mostrar cuánto se parecen en aislamiento la enfermedad y la auto-referencialidad. Borges escribió que la gran escritura es sobre acercarse lo más posible a un personaje. Cada paso de una historia está ahí para que nos acerquemos al personaje. Me pregunto si acercarse significa que automáticamente nos acerquemos a la auto-referencialidad. Quizás si escribo, hablo o hago una película sobre mí mismo estoy obligado a compadecerme. De otra forma no vería mi vulnerabilidad, mi insolencia, mi debilidad. ¡La desgracia que soy! ¿Esos pobres tipos en el auto buscando café? Aunque amo tantos libros escritos en primera persona o que lidian con el “yo”, debo decir que en el cine sucede lo contrario. Creo que en el cine hay una posibilidad de mirar verdaderamente al otro. Solo es difícil. Un hermoso ejemplo del cine de la auto-compasión que también es definitivamente un cine sobre el otro es Am Siel de Peter Nestler. “Para ver el pequeño chorrito que soy”, dice la voz del canal. Robert Wolfgang Schnell habla con la voz del canal, en la voz del otro, la voz de lo que la sociedad ignora. En unos pocos minutos Nestler propone una forma diferente de mirar el mundo, no por nuestros propios ojos sino por los de otro. Es bello y triste. 

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