Cuarentena 1 | Luces de invierno

Nuestra querida Lucia Salas, desde su búnker donostiarra, empieza esta serie de notas que conjuran la locura del encierro usando el cine como una forma de salir afuera. Esperamos les gusten.

Por Lucía Salas

Una película hecha de / Traveling Light

Domingo 15 de marzo. A partir de hoy no se puede circular por las calles de Donostia, salvo lo estrictamente necesario. Después de la declaración de emergencia sanitaria en toda España por el aumento de casos de coronavirus solo podemos salir a comprar comida y remedios y al médico, si hace falta. Desde la semana pasada el número de amigos y conocidos con síntomas crece y crece. Nuestros compañeros de casa se fueron con sus parejas a hacer la cuarentena a Pamplona, y acá estamos, cocinando, leyendo y viendo películas. Nuestra salud y nuestras vidas laborales son una incógnita total, y tenemos todo el tiempo del mundo. 

A veces tengo suerte y las películas se describen solas entre ellas, como pasa con estas dos: Una película hecha de de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld y Traveling Light de Gina Telaroli. Lo que queda con los títulos juntos es algo así como una película hecha de luz que viaja, o una película hecha de viajar ligera.

La de Zukerfeld y Solarz está filmada en Super-8 y comienza en Vigo, Galicia, no muy lejos de acá. Las luces navideñas de Vigo son famosas porque son muy exageradas, tanto que el alcalde local le mandó un mensaje al de Nueva York diciéndole que las de Vigo le hacían competencia. En la película se ve que es cierto. Comienza con un personaje, Ángel, que espera a dos amigos, Malena y Nicolás. Bajo las luces del alcalde, Ángel piensa en hacer una película hecha de, y la frase no se termina en palabras sino que se vuelve materiales de los que ahora pasa a estar hecha esta película. Vistas, cuadros, noticias, registros, la producción de esos registros. Una película hecha de luz que viaja, desde afuera hacia adentro de la cámara de Super-8 que la registra, y en ese viaje da forma a las cosas que Malena y Nicolás vieron en su propio viaje. En la película se usa material sensible en blanco y negro y en color, lo que hace que se perciba aún más cómo es la luz que se posa y se refleja sobre todo, lo que hace que veamos. Después de un pequeño triunfo, escuchar la canción que Ángel quería poner en su película, y otra canción tocada en unas copas de cristal, él vuelve a aparecer entre las luces del alcalde, esperando todavía a sus amigos. Todo eso que vimos aparecer fue un sueño que tuvo despierto, mientras esperaba, o algo que vio entre esos focos tan brillantes (más que los de Nueva York), ese túnel de luz por el que entra una historia y sale otra, que tiene tanto brillo que quizás hasta le dio luz a todo lo demás. Al final la película vuelve a empezar. En este conjunto de independencias y dependencias que llamamos España son buenos con las luces de navidad. El año empieza completamente estrellado de luz blanca y, aunque siempre el año que viene es uno nuevo, se van acumulando cosas, como canciones y lugares, de lo que está hecha esta película. 

Traveling Light quizás también tiene tiene su canción, que no suena pero tiene el mismo título. La película sucede durante un viaje en tren desde Nueva York a Pittsburgh el 5 de febrero de 2010 entre las 10:52 am y las 7:36 pm. 

La palabra “light” en inglés cambia completamente de significado dependiendo de si se usa como sustantivo o como adjetivo. “Light” como adjetivo es ligera/o, mientras que como sustantivo es luz. En la película una se convierte en la otra. 

Viajar en tren es una forma de viajar ligera, más ligera que manejar o volar. No hay que mirar mapas, prestar atención o pasar controles de seguridad. El tiempo está completamente detenido. En la línea de trenes Amtrak, como el de la película, por lo general no funciona bien internet y no hay mucho que hacer. Viajar en tren es como una pequeña cuarentena voluntaria. De hecho, hay mucha gente que ya no viaja en tren para ir de A a B sino para estar en el tren y ver el paisaje exterior, por la ventana, y el paisaje interior, que es la gente alrededor. Muchos lo hacen para vivir uno, dos, tres días en los que no tengan nada que hacer más que mirar, escuchar y charlar con desconocidos. Salvo que uno tenga miedo a volar o solo pueda viajar así por cuestiones religiosas, la gente elige viajar en tren para suspenderse de la productividad.

El paisaje lumínico es lo que conecta al adjetivo con el sustantivo. La luz que sale de afuera y la luz que surge de adentro del tren dan cuenta constantemente del movimiento. Hay momentos de Traveling Light, como su primera secuencia, una especie de flashforward que termina con el título, en los que el ángulo entre la cámara y la ventana imitan el parpadeo y la luminosidad de un proyector de Super-8, que es un parpadeo un poco más lento y evidente que el de un proyector de 16 o 35mm porque por lo general se reproduce a 18 cuadros por segundo en vez de a 24. Las lámparas de los proyectores de Super-8 son más chicas y más tenues que las otras, y no llegan a alcanzar un tono puro de blanco en la proyección. Traveling Light es una película hecha en digital, pero su relación con la luz es tan variable que a veces parece estar filmada con distintos formatos. La luz va haciendo aparecer también algunos personajes y jugando con lo que podemos y no podemos ver de cada uno. Un reflejo en la ventana, el perfil de un rostro, el brillo en los labios y el pelo rubio de una chica que ve las vías desaparecer desde la ventana. La observación de la luz que se mueve termina generando una asimilación tan grande con la luz misma que hay planos en los que parece que las luces estuviesen controladas como si fueran personajes. De hecho al final hay un pequeño fantasma de luz verde que recorre la plataforma de la estación de Pittsburg una vez que los pasajeros se han ido. One last light light miracle. Un último milagro ligero de luz.

Ahora que estamos de cuarentena pienso en lo importante que es la persistencia de registrar en estas dos películas. Si la cuarentena nunca terminara igual quedarían las luces de Vigo, orgullo de Galicia, y las variaciones lumínicas en un viaje en tren de nueve horas en invierno, nieve incluida. Pero no es solamente eso, sino que aún más importante es crear pequeñas ficciones con esto, tan disueltas que casi no deberían llamarse ficciones sino movimientos, operaciones que salen de pensar en un grupo de materiales para transformarlos en un objeto, para que estos materiales dejen de ser potencialmente cualquier cosa (la idea de potencia en el cine a veces es un tanto arbitraria) y se transformen en lo que son ahora.

Tanto Nicolás Zukerfeld como Malena Solarz son redactores de La vida útil y amigos, hemos escrito de sus películas juntos y por separado, y pueden leerlos en números pasados y futuros de la revista (¡que aún está en preventa!). A Gina Telaroli no la conocemos en persona, pero sabemos que al igual que Malena y Nicolás es cinéfila y también archivista y crítica de cine.  Los tres trabajan sobre la historia del cine de muchas maneras, así que les dejamos, para esta cuarentena, algunas cosas hechas por ellos.

Una lista de materiales que Solarz y Zukerfeld nos hicieron cuando se estrenó El invierno llega después del otoño y una entrevista de aquella época feliz:

Vaudeville, de Malena:

https://www.cinemargentino.com/films/914988470-vaudeville

Y ahora elogiemos las películas, de Nicolás:

El invierno llega después del otoño, de ambos:

Tumblr con materiales que acompañan Traveling Light:

https://travelinglightmovie.tumblr.com/

http://www.elumiere.net/especiales/traveling/supplements.php

Este texto sobre el Festival de Nitratos del 2015:

https://mubi.com/notebook/posts/beggars-of-light-the-nitrate-picture-show-2015

Dossier Allan Dwan editado por Telaroli y Phelps

http://elumiere.net/especiales/dwan/indexdwan.php

Una guía a los ciclos de Republic Pictures de Martin Scorsese:

https://mubi.com/notebook/posts/a-guide-to-martin-scorsese-presents-republic-rediscovered

Con sus respectivos Image Essays:

https://republicpictures.tumblr.com/

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