La vida útil N°2 – Editorial

Cuando un amigo de afuera nos visita, puede señalar algo que no podíamos ver. En la presentación del primer número de la revista en Córdoba, Roger Koza nos sorprendió con una idea que nunca habíamos pensado, al menos de manera consciente: que en la revista había una voz polifónica, fragmentada, pero mancomunada por una mirada que siempre buscaba lo particular. Esta mirada hacía foco en el detalle, en la singularidad frente a lo universal. No tanto encontrar el rasgo en común que devele la estela de una época -o su inconsciente oscuro-, sino poner atención en la parte irreductible de una película. Y jugando un poco con el nombre de la productora a la que le dedicábamos un dossier, explicaba que la forma de dar con esas particularidades era moverse por las diagonales en vez de por las rectas, por los caminos menos transitados por la crítica a la hora de elegir de qué escribir y cómo mirar. El foco puesto en lo que se resiste a la categorización.

En este nuevo número las categorías ocupan un lugar central: estereotipos, corrección e incorrección política, misoginia, racismo, xenofobia, entre otras. La actualidad política rodea a la ficción en un juego irresuelto de influencias: cómo incluirla es una preocupación que atraviesa a muchas películas de las que hablamos. En el juicio moral también participa la materia estética: en las películas, la crítica y en la vida. ¿Cuán problemático es que una película no tenga un punto de vista definido sobre el mundo que retrata? ¿Cómo nos acercamos a las contradicciones y a la multiplicidad? ¿Nos puede parecer buena una película cuyos valores no compartimos? o, en un lado más lejano del espectro, ¿Podemos defender una película con la que estamos enfrentados políticamente? La revista tiene una posición que se materializa en su forma. Presentamos en nuestra tapa Dragged Across Concrete, película cuyo protagonista concentra varios de los males de nuestra época (dentro y fuera de la pantalla) y con el cual definitivamente no estamos de acuerdo. Pero la película es genial. De manera más compleja y sofisticada Joseph Kahn, a quien le dedicamos un dossier, trabaja sobre este tipo de contradicciones. Él define la comedia (el género más preciso para pensar esta compleja relación entre lo bueno y lo correcto) como una contradicción con la que estás de acuerdo. En nuestra vida diaria no se presentan contradicciones tan claras, no existe el camino angelical frente a lo moralmente reprobable, eso es una falsa contradicción. En general es todo más gris. En los bordes -de la experiencia, de la forma, de la moral- es donde ponemos a prueba la mirada. El mundo está cambiando de manera drástica, a una velocidad irracional. La tecnología está modificando todos los paradigmas sociales de una manera completamente radical y sólo percibimos la punta del iceberg. El cine es parte de estos cambios y cineastas como Joseph Kahn nos ayudan a vislumbrar el presente.

Nuestra postura no es concluyente, es dinámica y necesita de los otros. Sobre todo de aquellos que piensan distinto. En ese sentido, la respuesta de Nicolás Prividera al texto de Garcia Candela sobre los doce años de cine argentino es el inicio de una discusión no sólo sobre cómo se hacen las películas sino también sobre cómo se leen. Una contradicción con la que estamos de acuerdo y a partir de la cual podemos aprender.

Otro eje central de este número es una forma de relacionarse con el pasado por fuera de su museificación. Sofia Bohdanowicz nos enseña que el pasado puede (y debe) ser parte de nuestra vida, sus películas crean espacios vitales para la continuación de la vida del pasado en el presente, como fantasmas o como determinantes de nuestras condiciones emocionales y materiales. Algo que intentamos hacer siempre con la revista, y en este caso con el dossier dedicado a Wanda y con la monumental entrevista/recorrido por el cine brasileño que tan gentilmente nos regaló Victor Guimaraes.

Cada vez somos más los que escribimos y quienes discutimos los textos. Lo importante no es que se disuelva en el confort privado de una cadena de mails irascibles, sino escuchar esas discordancias y devolverlas multiplicadas. Que la revista sea una caja de resonancia del mundo sin por eso replicar sus injusticias.

-Los editores

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