La encuesta de La Vida Útil – 2018

Introducción por Lautaro Garcia Candela

¿Para qué sirve la crítica? Es una pregunta tramposa que cada tanto me asalta en los momentos más desesperanzadores. Es una pregunta difícil de contestar porque supone una idea de utilidad que lleva a un callejón sin salida. En realidad, no debería servir para nada. No debería servir para extraer frases cortas y sencillas en los pósters de las películas (una costumbre en desuso) ni en los presskit de las películas que nos llegan por mail y en la que la opinión de un crítico está al lado de las especificaciones técnicas para orientar al proyectorista. Sobre esos usos, un manto de dudas. Una crítica disecciona, juzga, se expone. Muestra sus pasiones, que es algo vedado al periodismo. Puede o no estar en primera persona, pero lo que allí se expresa no representa a nadie más que al propio crítico. ¿Cuál es el destino de un texto calmo y equidistante? Los suplementos culturales, que terminan siendo una extensión del aparato de propaganda de una película, la versión culta de lo que Jonathan Rosenbaum describe en Las guerras del cine. La cultura se abre paso en forma de elogios y consensos. La crítica puede servir para ordenar, categorizar, hacer un mapa, para ver qué hacemos con lo contemporáneo. Es una forma de resistencia para reordenar lo que nos viene dado como natural, ya sea por el mercado, o en su variante más sofisticada, el buen gusto.

La crítica busca siempre el recoveco por el cual la revelación, el destello trascendente nos llega con el lenguaje del cine. Dar cuenta de esa herida en la experiencia que se escapa de lo verbal: mantener un misterio en la escritura, un vestigio de lo que siempre se escapa. Y a esa experiencia politizarla, ponerla en contexto. Nuestras elecciones y nuestro gusto nos ponen, lo queramos o no, al lado de algunas ideas y en contra de otras. Arístoteles, incluso antes de haber visto las películas de Cohn y Duprat, decía que pensar siempre es pensar contra alguien. De esto no se desprende que todas las críticas tienen que ser negativas. Todo lo contrario.

La tarea de cartografiar se vuelve cada vez más necesaria considerando que este año fue el de los estrenos en Netflix: por esa vía pudimos ver películas como Lazzaro Felice, The Other Side of the Wind o Roma, que son todo lo “de autor” que la plataforma permite. En su manera de presentarse, no se destacan por sobre otras películas menos importantes, como la de Sandra Bullock o el especial interactivo de Black Mirror. La interfaz de Netflix lo iguala todo en una idea falsamente democrática. A esas películas hay que destacarlas porque son de otro orden, pero eso no implica dejar de discutirlas: ¿qué implica su estreno allí? ¿qué vieron los empresarios, en qué momento se volvió rentable Orson Welles?

Lo último sobre la crítica: es capaz de crear textos que encuentran lectores, que a su vez crean comunidad. En Argentina al menos sabemos que algunas personas leen La vida útil. Nos gusta pensar que la encuesta es la manera de poner en escena esta comunidad natural que se arma. No alrededor de la revista, sino de ciertas películas y de ciertos eventos. La comunidad que se crea en las redes sociales tiene el encanto y la limitación de lo banal y la inmediatez. Lejanos son los tiempos de los comentarios en blogs llenos de respuestas sesudas y con secreta malicia que quedan guardados al lado del escrito original que suscitó la polémica, para placer de los bibliotecarios del futuro. O las mesas largas en bares, que algunos escritores todavía siguen añorando. Nosotros solíamos ir a La Giralda después de la Lugones pero parece que va a cerrar…

Lo que en cualquier momento va a cerrar, o al menos serviría para blanquear las intenciones del actual Gobierno, es el INCAA. Ralph Haiek habrá pensado que un crítico querido dentro de la cinefilia como lo es Fernando Juan Lima, con sensibilidad y renombre dentro de los festivales, podría haber sido un calmante para la convulsionada situación de la industria. Que dé la sensación de que había alguien allí de los nuestros, alguien con quien charlar. Pero después de una serie de papelones, actos de censura y prácticamente el desmantelamiento del cine nacional, no queda nada por discutir: Lima renunció y la situación, suponemos, se recrudecerá. No hay diálogo, no hay posibilidad de disenso. Hay una comunidad rota.

Si encima en este micromundo de pocos centenares de personas hay consenso, vamos fritos. Si somos pocos, al menos seamos intensos. La encuesta anual de La Vida Útil no contabiliza los votos, sino que enfatiza la particularidad de cada uno. Se pueden leer salteados, en orden, o como quieran. Este año incluimos la categoría Incertidumbre para que podamos expresar sin temor sus dudas. En general este tipo de convocatorias tienen un poco de impostura: son una especie de lucimiento personal. Pero la verdad es que no siempre sabemos qué pensar. Eso no implica no saber qué escribir. Mediante la crítica podemos poner en palabras cierto proceso mental para aclarar los tantos; o peor, caer en la duda más extrema.

Mejor termino acá, ya hay mucho para leer y veo que una de las primeras encuestas acá abajo es la mía. Todos en La Vida Útil queremos dedicarle este esfuerzo colectivo a Fernando Martín Peña y a Cecilia Barrionuevo por su dedicación y constancia en sus respectivos ámbitos, porque sin ellos no hubiésemos podido ver algunas de las películas aquí nombradas. Fuerza y a no desanimarse.


Lucía Salas (La Vida Útil, Actualmente en CalArts)

Una película

Las dos películas del año:

Something good – Negro Kiss
El teatro de las materias – Jean Claude Biette

El mundo es un lugar muy grande del cual no se casi nada, y el tiempo está lleno de sorpresas. Este año el archivo de USC encontró esta película (https://vimeo.com/305144396). Los actores son Saint Suttle y Gertie Brown. Como en este otro corto de Edison (https://www.youtube.com/watch?v=IUyTcpvTPu0), y una buena parte de los inicios del cine, el puritanismo, el racismo y la seriedad no era una obligación. Es una promesa que se dice que el cine no cumplió, pero yo creo que hay una historia secreta en la cual esa promesa si es cumplida y sigue siendo, la promesa de la vitalidad que casi no se nota que es un fantasma, de la posibilidad de una felicidad política, como la de las comedias y dramas feministas-anti-capitalistas de Alice Guy Blanchè y Dorothy Arzner, películas como Black and Tan Fantasy, Oscar Micheaux, Tod Browning, Moonfleet, Spencer Williams, Bodied de Joseph Kahn, Jack Smith, Los besos de Andy Warhol, Morir como un Hombre, Quinquin y CoinCoin, mil otros.

Este año también algunas almas milagrosas (Lucas Granero y Migo entre ellas) se pusieron a hacer y traducir subtítulos de algunas películas de Jean-Claude Biette y finalmente pude entender todo lo que estaba pasando en El teatro de las materias, por ejemplo qué Dorothèe se duerme cada vez que toma té. Por ahora hicieron esa y Le champignon de Carpathes, una película de ciencia ficción post-chernobyl. Este fue el año en el que un misterio se empezó a revelar, pero no diré más porque el año que viene traerá algunas sorpresas y Biette será parte.

Una canción

No fue en una película, pero bien podría porque las suyas tienen siempre grandes canciones. El cierre del año de REDCAT, el cine/teatro de CalArts, fue una función de películas de Laida Lertxundi con ella presente. En la presentación dijo unas palabras y nos hizo escuchar una canción que me acompañó el resto del año, no se si todos los días pero por lo menos todas las semanas. Es una versión de Yolanda de Pablo Milanés hecha por Robert Wyatt. No me acuerdo mucho que fue lo que dijo Lertxundi sobre la canción, los cierres de año acá se hacen en mayo, pero si me acuerdo que había sido una serie de ideas hermosas sobre las formas de Milanés y Wyatt. Hizo poner la canción entera en medio de una presentación de un programa de películas y nos tuvo a todos en silencio escuchando durante más de cuatro minutos, un poco preparándonos para lo que vendría. La canción, y las películas después, son formas de vivir en Los Ángeles de esa forma en la cual Los Ángeles es la ciudad y todas las montañas, mini desiertos y playas que hay alrededor. También es la experiencia extrañada de filmar en un lugar hipnótico pero ajeno (la experiencia de la gran mayoría de la gente que anda por acá como dicen en The Prowler, no hay tal cosa como un Californiano nacido y criado). O sea, formas de apropiarse del espacio mirando y escuchando. También evocan la experiencia del inglés hablado de mil formas, las cosas escritas por todos lados en español y el español medio redondeado de los que quieren acercarse más a la ciudad evitando hacer la ridiculez de vivir acá sin hablar una palabra de castellano, y así lo integran a la propia entonación, le inventan una nueva, las entonaciones se cruzan y vemos que pasan. También está en las películas la experiencia del paisaje, de cruzar por el paisaje todos los días para hacer algo, como por ejemplo ir a CalArts que hay que cruzar del otro lado de las montañas hacia el desierto, uno medio cementado. La belleza del cemento también, del sol duro y ridículamente fuerte, la uniformidad de los colores cuando el sol pega así. Y el sonido, la música, las cosas que pasan por al lado.

Un doble programa

Dos pares de refugios:

Soft Fiction (Chick Strand) – As Boas Maneiras (Juliana Rojas, Marco Dutra)
Old Cat (Kevin Jerome Everson) – Gens du Lac (Jean-Marie Straub)

Un descubrimiento

Joyce Wieland, Gunvor Nelson y Carolee Schneemann.

También Driftwood de Allan Dwan y este momento de Jerry Lewis que me ahorró mínimo 100 años de terapia:

Un reencuentro

Nunca no estamos viendo películas de Lubitsch pero la retrospectiva que hicieron en el archivo de UCLA este año fue lo mejor del año, empezando por This Is Paris que abrió las sesiones. Ese día hubo una charla entre Nicola Lubitsch, la hija, Joseph McBride (en algún lado pueden encontrar esa entrevista que McBride le hace a Ford en la que le dice “22 años y querés hacer un libro?”) y Jan-Christoph Horak, el héroe del verano. Ahí volvimos a ver varias cosas como One Hour With You.

Del primer día de esta retrospective no me voy a olvidar nunca. Seis de Julio, el día más caluroso del verano y de mi vida toda. Andábamos sin plata así que alquilamos el departamento por el fin de semana, metimos toda la ropa y algunos libros en el auto y yo me quedé dando vueltas hasta la noche que íbamos a ir al Hammer a ver la primera función. Después de darle la llave a los niños que alquilaron entré al auto y el volante quemaba. Me fui a buscar un estacionamiento techado para que las cosas no estén al sol y crucé la calle para ir a un café. El cemento de la calle estaba blando, la gente se ahogaba. Cuando llegamos a Westwood, el barrio donde está el Hammer y UCLA, que como queda del otro lado de las montañas y no tan lejos de la playa, debería estar más fresco, hacían 46 grados. Pasa un tipo corriendo, un tipo que salió a correr con 46 grados a las seis de la tarde. Nos vamos encontrando con amigos en el playón del museo, había más gente que nunca. Todo el mundo derretido, la cara desencajada. Ya en la sala estaban las estrellas, entre ellas Bogdanovich, a quien en algún momento le pidieron que haga su gracia y contó unas anécdotas con comentario, que fueron estas:

Renoir sobre Lubitsch: ah, inventó el hollywood moderno. Lo que quería decir es que hasta 1924, 1925, cuando vino, todo el cine estaba influenciado por Griffith. Pero cuando Lubitsch vino, cambió una cierta moral puritana, cuadrada, sexual y trajo el toque europeo. Y como ustedes dijeron, inventó el musical con The Love Parade, hizo cinco de los mejores musicales jamás hechos. Creo que La viuda alegre es una obra maestra. No hizo ninguna película mala, ¿saben? Era genial. La historia sobre Jack Benny… le pregunté una vez: ¿es cierto que [Lubitsch] actuaba todos los papeles? Y me dijo: si. Y le pregunté: ¿era bueno? Y me dijo: era un poco general pero te dabas una idea (risas). Y Signe Hasso, un nombre del pasado, que hacía de la empleada francesa en Heaven Can Wait, le pregunté sobre Lubitsch y me dijo que actuaba todos los papeles, incluso la empleada francesa, era muy bueno como mucama francesa (risas). No es común que los actores toleren que el director les diga cómo decir sus líneas y demás. Cuando hice una película con Streisand y le hice una lectura de sus líneas me llamó su agente y me dijo ¿le estás diciendo cómo decir sus líneas a Streisand? Si, estaba. No tiene que decirlo exáctamente como se lo dije. Pero con Lubitsch es cierto que tienen un cierto ritmo en su hablar. Ya era Gary Cooper, Melvin Douglas o Herbet Marshall… todos tienen un cierto ritmo en las películas habladas. El sonido fue muy bueno para lubitsch, sabía cómo usarlo. En 1929 todos en Hollywood decían: sonido, cómo vamos a hacer por dios? Y muchas de las películas son muy duras y avejentadas. Lubitsch hace un musical! ¡A la mierda! Tengo sonido, voy a hacer un musical… y es extraordinario. Y estoy tan contento de que Joe haya hecho este libro porque de verdad dice como Lubitsch lo hizo. Y hasta cierto punto porque el misterio de la personalidad es difícil de definir, pero es un libro genial y recomiendo a todos que lo lean, realmente pueden tener un sentido de lo que es Lubitsch por el libro, es un gran trabajo. Y el hecho de que hagan este festival de Lubitsch acá es genial porque no se pone mejor que esto, y creo que necesitamos un poco de Lubitsch en estos momentos.

Después de una charla bastante larga entre los invitados los amigos nos llevaron a la que es ahora nuestra hamburguesería favorita, The Apple Pan. Con Nora, una de las amigas que estaba esa noche, vamos a ir a filmar al apple pan dentro de poco. Es un lugar viejo que dice en el cartel de neón que lo marca “quality forever” (calidad para siempre). Es una barra semicircular con la cocina en el medio y un viejo que te pregunta solamente si queres papas y te echa 400 litros de ketchup en un plato cuando las trae. La gente con la que estábamos es bastante habladora, pero ese día decir una frase de corrido era una tortura. Hacían ya quizás solo 40 grados cuando terminamos de comer y nos fuimos afuera a seguir intentando hablar de lo increíble que es So This is Paris. En eso alguien dice: si uno pone un huevo en el cemento con este calor que hizo en el día seguro se hace rápido, imaginen lo que le hace esto al cerebro adentro del cráneo. Bastante aterrador y a la vez, adecuado — https://www.cinema.ucla.edu/events/2018/ernst-lubitsch-revisited

Una experiencia en el cine

El último día de Kino Slang (también mayo creo) se llenó de amigos cosa que no es para nada frecuente porque son amigos que hasta no van al cine jamás. Las películas eran Väntan (Das Warten, Waiting) de Peter Nestler, Le Six juin à l’aube de Gremillon y Gens du Lac de Staub.  Fuimos todos a tomar algo después y ahí conocimos a un chico que estaba de visita que resultó ser un brasilero de la revista Foco (http://www.focorevistadecinema.com.br/?fbclid=IwAR0Al6hd5x3buyeBXiMwaVJ02vs4BuEQkcRnif8kLVTX4lSZkAIbr4_qogg). Foco, como Lumière, puso en circulación cosas e ideas que ahora son corrientes para nosotros pero que no siempre lo fueron, como Brisseau y los macmahonianos. Así que estuvimos hablando a los gritos varias horas de Brisseau y de Arrieta, una práctica olvidada por estos lugares (el griterío y la amistad instantánea).

También me hizo pensar en cómo venía el año, que fue más o menos como siguió. La verdad amigos es que me pasé de bando. No vi tantas películas contemporáneas que pasaron por los festivales a los que hay que prestar atención, tampoco fui mucho al cine comercial. Sin embargo, fui mucho al cine. Los Ángeles es un mar de eventos, premieres, galas de homenajes y entregas de premios de los que no se nada. También hay una resistencia es bastante majestuosa. La forma en que funcionan ambas es hacer que todo sea un evento. En la resistencia esto también significa que gran parte de las proyecciones son un evento porque no hay otra forma de ver esas películas, o son películas que todavía están hechas para verlas en el cine, muchas veces en fílmico, con latas que van y vienen con sus hacedores, o restauraciones recientes. Estos eventos son armados por distintas familias de la resistencia, cada una con sus habituales aunque a veces se unen para hacer esfuerzos conjuntos. Es un ritual como los domingos. Algunas de estas familias a las que voy de visita son Acropolis Cinema con sus estrenos que son cercanos a lo que se ve en Locarno y compañía, más cosas que andan pasando en Estados Unidos, más lo que circula en las revistas, siempre intentando traer a alguien, armar una conversación, compartir unas cervezas, etc. El Archivo de UCLA, que es bastante ecléctico, con una retrospectiva de Lubitsch alternada con las funciones de los 50 años de Canyon Cinema, o sus funciones en casas prestadas como el ciclo de Poverty Row en los estudios Raleigh en Hollywood. Kino Slang, que está a punto de volver y ya les conté antes. El REDCAT, programado por dos profesores de CalArts a los que les tengo mucho cariño, Bèrènice Reynaud y Steve Anker, siempre están buscando combinar experiencias adentro y afuera de la pantalla, cine expandido, la linterna mágica de Ken Jacobs, la muestra de Morgan Fisher, así. El Los Ángeles Filmforum combina cineastas experimentales contemporáneos con ciclos como el del Mayo del 68 en Francia y EEUU y es itinerante, entre la salita chica de la American Cinematheque en Hollywood (que se llama Steven Spielberg Theater), el MOCA, el LACMA, el Echo Park Film Center (que es su propia familia, una cooperativa de cineastas con cursos y proyecciones, membresías para alquilar equipos y películas, la familia más familia de todas), y el Downtown Independent cuando se juntan con Acrópolis (si alguna vez vienen a visitar, me encontrarán vendiendo entradas y grabando preguntas y respuestas en el filmforum). Cuando las familias se juntan arman eventos que duran una semana, como cuando vinieron Ute Aurand y Robert Beavers, o Flo y Ken Jacobs. En CalArts los proyectoristas alumnos que trabajan pasando las películas para las clases tienen un cineclub los domingos, y en las clases se pasan decenas de películas por semana. Me fui del bando de lo que pasa “en el mundo” (esa ilusión que mantenemos con uñas y dientes) y me pase a lo que pasa en la ciudad, que es ilusorio también pero bastante menos. ¿Menos síntomas y conjeturas y más hechos? Puede ser.

Una incertidumbre

Este año vi varios de los documentales de Chantal Akerman y todavía me estoy peleando.

Un texto

Este: http://www.conlosojosabiertos.com/60-columnas-03-encontrar-lugar-mundo/

Y este:

Porque eran todos unos caretones de mierda… o sea, sin ánimo de crítica.
Una de las entrevistadas de El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi.

Un fotograma

Como se acerca el fin del mundo y vos tipo:



Lucas Granero (La Vida Útil)

Una película

Classical Period, de Ted Fendt

La nueva película de Ted Fendt retrata a un grupo de personas que no hacen otra cosa más que leer, escuchar música y discutir sobre esas cosas que leen y escuchan. Son cultores de una labor casi extinta, participantes de una selecta cofradía. Nada sabemos de ellos excepto que tienen un conocimiento extremo en cuestiones que hoy al mundo le resultan totalmente banales y prescindibles. Son gente culta que no pertenece a ningún tipo de aristocracia (ninguno de ellos podría ser parte de una película de Stillman). Autodidactas, son parte de un universo que el cine dejó de filmar acaso por considerarlo una nueva forma de obscenidad frente al malestar de un mundo que exige que las imágenes devuelvan un reflejo igualmente caótico de la realidad. Quizás por eso la película muchas veces se siente como un documento de un planeta paralelo, que respira con un ritmo único y que se interesa por el silencio, por filmar la quietud, por prestar atención a lo que las personas tienen para decir y sobre todo por aprender. Es, en un punto, una puesta en práctica de los conceptos de Straub/Huillet y podríamos pensarla hasta como una forma de traducción de los métodos de trabajo de aquella pareja, de la que Fendt sin duda ha tomado mucho pero que aquí trabaja a su propio modo, que siempre se desliza hacia un manejo del absurdo que manifiesta la incomodidad de vivir en un mundo en el que no encajan. Y si nada de esto alcanza, ahí tenemos al mejor personaje del 2018, Evelyn, la única mujer del grupo y la única capaz de demostrar que bajo toda esa erudición hardcore subyace una tristeza total que ningún conocimiento de las altas artes puede venir subsanar. Una película sobre genios pobres.

Una canción

En los créditos finales de la maravillosa Terra Franca, aparece esta canción de Bill Withers que acompaña el álbum de fotos de la familia Lobo. No es la única canción buena de la película, que se sirve de varios hits norteamericanos para musicalizar las pequeñas épicas cotidianas. Todo es luminoso, a lovely day.

Un doble programa

Van tres dobles programas:

La película infinita (Leandro Listorti) y El día de las películas familiares (de varios artistas no reconocidos)

Aunque se viene haciendo en Argentina hace bastante tiempo, este año el Museo del Cine fue por primera vez sede de ese evento mundial llamado El día de las películas familiares. Lo que allí se hace es bastante simple: cualquier persona puede venir con sus rollos de películas (super 8 o 16mm) y verlos proyectados (a veces por primera vez) ante la mirada atenta de un grupo de espectadores que acompaña la sorpresa de encontrar imágenes que se creían perdidas, secretas e inéditas. Toda la experiencia tiene algo de justicia, de volver a restituirles a esas imágenes el lugar que alguna vez merecieron, ponerlas otra vez en acción, verlas actuar con todo su poder de encantamiento. La película de Listorti funciona bajo esos mismos criterios. Es una obra que no confía en otra cosa más que en esas imágenes huérfanas y en aquello que pueden ofrecer, así que las deja que se expongan en todo su esplendor y misterios, acaso cumpliéndoles el sueño de ser aquello a lo que estaban destinadas. El futuro del cine está en su pasado.

Berliner Blatter (Alejo Franzetti) y München-Berlin Wanderung (Oskar Fischinger, 1927)

Citemos al poeta: As I was moving ahead… Dos películas que son dos formas de conocer un espacio ajeno a través del cine. Volver a lo extraño algo familiar. Volverse parte del mundo.

Transit (Christian Petzold) y Gens du lac (Jean-Marie Straub)

Si bien ambas son de este año, las dos miran el presente desde un estado fantasmagórico que bien puede entenderse como un limbo. En todos los espacios que Petzold y Straub filman (ambos, también, enlazados por el fantasma de Farocki), se ven las huellas de ese pasado que se busca enterrar a toda costa, pero que no hace otra cosa que resonar en cada esquina, habitación de hotel o en esas leves oleadas de un lago y un río que, vistos con el peso del presente, revelan un terror insospechado.

Un descubrimiento

Ver por primera vez en el cine las películas de Teo Hernández fue una revelación que bien podría aplicar para la categoría de experiencia. No hubo otro momento cinéfilo que haya superado la emoción de ver Lacrima Christi en el cine y el resto de su retrospectiva tampoco se quedó atrás. Todos los que vimos cada uno de los trabajos de Hernández que se exhibieron en el BAFICI quedamos convencidos de que allí estaba la obra de un cineasta total, de esos que cuando filmaban lo hacían con todo el cuerpo, pura electricidad en trance, miles de sensaciones entrando en acción. Sus películas son contagiosas, invitan a entrar en un ritmo que es el de sentirse vivo, el de estar verdaderamente presente en un momento y a vivirlo con total intensidad. Todo es rayo, luces, movimiento: nada más ni nada menos que la experiencia de la vida en formato pequeño.

Un reencuentro

Volver a ver las películas de Maya Deren. Aunque al verlas por primera vez en 16mm es como si nunca antes las hubiese visto. Algo me pasó con Meditation on Violence, que no me parecía tan bueno y ahora me resulta esencial.

Una experiencia en el cine

Este año pude conocer Anthology Film Archives y llegué justo para una proyección de The Text of Light de Stan Brakhage. Conocía buena parte de la leyenda de la película (que Brakhage la filmó utilizando como filtro un cenicero, por ejemplo) pero al verla uno no puede más que sentirse arrasado por todos esos climas hechos de pura luz, colores cambiantes, texturas que mutan y que van revelando nuevas formas de ver. Como ver cuadros de Turner que de repente entran en movimiento, esto es el verdadero arte de la visión y experimentarlo supone empezar a ver todo de vuelta con nuevos ojos.

Una incertidumbre

No hay nada que me haya dejado descolcado, pero aprovecho el espacio para decir que tanto Mandy como Under the Silver Lake me parecieron interesantes en lo suyo, aunque no dejan de parecerme dudosas en varios aspectos. Y que me hubiese gustado ver Ash is Purest White sin tanto cansancio encima. Y que me quedaron todavía por ver varios trabajos que podrían haber dado vuelta toda esta encuesta, como Altiplano, de Malena Szlam, Words, Planets, de Laida Lertxundi y que todavía no puedo creer que me perdí A Ilha dos Amores en el festival de Mar del Plata.

Un texto

“La tristeza durará por siempre. A propósito de Van Gogh, de Maurice Pialat”
Malena Solarz, Revista de Cine Nº5

Los enlaces entre la pintura y el cine desparramados por la historia son aquí ordenados por Malena Solarz con una amabilidad muy poco frecuente en este tipo de textos. Hasta que finalmente llega al Van Gogh de Pialat y todo se vuelve una lección de cómo escribir sobre una película que se ubica por encima de todo.

Un fotograma

El grito liberador de las chicas de Support the Girls


Lautaro García Candela (La Vida Útil)

Una película

Dos de viejos: Que el diablo nos lleve, de Jean-Claude Brisseau y El tren 15:17 a París, de Clint Eastwood.
Dos de jóvenes: El Ángel, de Luis Ortega y Under the Silver Lake, de David Robert Mitchell

Una canción

Imaginate m’hijo, de Leo Masliah, en Belmonte de Federico Veiroj..

Un doble programa

Support the girls, de Andrew Bujalski con La calle de la verguenza, de Kenji Mizoguchi.

Las prostitutas de la película de Mizoguchi lo son a la vieja usanza. Ganan dinero con lo que hacen, reciben regalos de clientes, y es ese el contrato. Una cosa es el trabajo y otra los sentimientos.También se enamoran, pero eso va aparte. Sin valoración moral. ¿Hasta qué punto las chicas de la película de Bujalski, 60 años después, venden sus encantos y hasta qué punto sólo están siendo simpáticas? ¿Cuánto de su sueldo es por servirle la cerveza a esos rednecks y cuánto es por sonreírles y soportar que les pongan la mano en el hombro o en la cintura? La economía, hoy, es también libidinal. En Support the girls vemos que todas las profesiones van vaporizándose en esa alquimia capitalista que nos confunde a todos.

Un descubrimiento

Tiro de gracia, de Ricardo Becher.

Un reencuentro

Alta Fidelidad, de Stephen Frears.

Todos los años vuelvo a ver esta película y siempre le encuentro una arista inesperada: no inventé yo eso de que el hombre nunca se baña dos veces en el mismo río. Con el tiempo dejaron de ser desconocidas para mí todas sus referencias culturales y hay líneas de diálogo que son como un chicle conceptual, uno las va masticando hasta que se quedan sin sabor y sin sentido, pero aún así lo sigue haciendo: “¿Escucho música pop porque estoy triste o estoy triste porque escucho música pop?”, etcétera, etcétera. Este año, año turbulento, Alta Fidelidad reveló su… machismo.

Una experiencia en el cine

Breaking Away, de Peter Yates, en el Teatro Encantado, en FICIC.

De FICIC es difícil decir algo que no se haya dicho. Es un festival pequeño, riguroso, con una comunidad que todos los años se arma de diferentes maneras pero siempre con una amabilidad y cinefilia que no existe en ningún otro lado. Ramiro Sonzini había programado algo llamado “Trasnoche de Superacción” y casi que nos arrastró al cine para que la veamos. Yo tenía algún privilegio (no por alguna credencial, nada más ridículo que pensar algo así para el festival) y pude pasar al primer piso de ese cine improvisado, en el que pudimos ver la película tomando cerveza y fumar sin que nadie se entere. La película refleja ese sentimiento de compañerismo entre un grupo desparejo y también el riesgo de que el tiempo pase y algunos deseos queden sin cumplirse. Más o menos lo que se vive en FICIC. Creo que fue un momento de comunión los que estuvimos en la sala, arriba y abajo, en el que alentamos la carrera de esos pibes de clase media que le querían ganar en su propia cancha a los chetos de la Universidad. Todos estuvimos a punto de aplaudir cuando salimos campeones, y todos nos fuimos con una sonrisa en la cara del cine.

Una incertidumbre

Las hijas del fuego, de Albertina Carri.

Un texto

Los monstruos más fríos, de Silvia Schwarzbock.

Buscando una cita para acompañar esta elección me doy cuenta de que es difícil que no quede descontextualizada. Schwarzbock va creando sus propias categorías de pensamiento para reformular cómo se mira una película hoy e ilumina las relaciones del cine clásico con el cine contemporáneo, el lugar de autores como Lynch y Kubrick, los límites de la primera persona en el cine. Viene de la academia pero conoce los códigos de la cinefilia: para los que somos cinéfilos (es decir, un poco brutos) es una manera de ver el cine completamente nueva.

Un fotograma

Podría poner cualquier de Classical Period, una película en la que persiste una belleza sin estridencias, calma, una concepción del cine casi siempre olvidada.


Martín Emilio Campos (La Vida Útil, programador Cineclub Municipal Hugo del Carril)

Una película

Bodied (Joseph Kahn, 2017).

Véanla. Todas y todos. De comienzo a final. Después la discutimos.

Una canción

Guardo en la memoria varios momentos gratos, entre ellos el final de El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi (que por obvio no deja de ser preciso), pero me gustaría destacar otros dos.

Probablemente, a pesar de que el enfoque queer dentro del cine brasileño nos viene dejando un número nada despreciable de obras notables, hubiera pasado muchísimo tiempo antes de que viera Inferninho de Guto Parente y Pedro Diógenes (sobre todo ya habiendo padecido la muy mediocre El club de los caníbales de Parente, en el mismo Bafici), si los subtítulos que nos llegaron al Cineclub en la muestra del Bafici itinerante hubieran estado perfectamente sincronizados. Pero no lo estaban, ni por asomo, así que no me quedó otra que dedicarme a la tarea de corregirlos, casi línea por línea. Lo que encontré mientras me enfrascaba en esa faena me dejó deslumbrado. En ese bar trágico perdido en la historia, de personajes irrisorios y tristes, marineros querellescos y canciones conmovedoras entonadas de manera desafinada con la mera compañía de un sobrecogedor órgano de iglesia, el desencanto de la noble y firme Deusimar es demasiado tangible. Quizás no haga falta aclarar a veces uno ve películas en condiciones emocionales endebles, pero a la canción final sólo atiné a responder de la única forma que encontré posible: llorando casi sin consuelo. Una y otra vez, cada vez que la repetía.

Me costó un poco más de la cuenta averiguar cuál era la canción original, pero finalmente la localicé: se llama “Barreiras” y fue compuesta por Rita de Cássia, la compositora más grande de forró brasileño. Es probable que este género tan popular en el noreste del país vecino resulte entre un poco y sumamente cansador para nuestros oídos (aunque recomiendo intentar ver algún show en vivo de artistas como Wesley dos Teclados), pero aún considero que ese estribillo vale todo el esfuerzo. Más aún en ese suspiro desgarrador de Luizianne, la cantante residente del Inferninho, que logra que esas palabras crueles y resignadas hagan sentir todo el peso de los amores frustrados.

Cuando Gaspar y Julia van a la fiesta en Julia y el zorro (Inés María Barrionuevo, 2018) también reaccioné con estupor. Si no hubiera habido tanta gente en la sala mientras me tocaba proyectarla probablemente hubiera hecho el intento (que estoy seguro varios hubieran aplaudido) de volver a pasar la escena: el primer contacto con el cuarteto/pasodoble que suena casi en un segundo plano generaba, al menos para gente como yo, muchísimo asombro, y no todos íbamos a tener la posibilidad de volver a escuchar qué era lo que estaba sucediendo. Pero lo bueno de ser proyectorista es que al menos dos veces por día (por el esquema de estrenos que maneja el Cineclub Municipal) uno puede asomarse a la sala para corroborar momentos que podrían llegar a pasar desapercibidos. Y, efectivamente, un rato después pude comprobar que todavía estaba allí: una canción que era casi una respuesta a mis plegarias.

No discutiremos aquí sobre el discurrir del cuarteto y sus muchas transformaciones (aunque en algún momento deberíamos hacerlo seriamente), pero sí voy a decir que de los muchos caminos que se han abandonado en pos del fin de lucro el que incluía sintetizadores trayendo sonidos desde el futuro sobre el ritmo del tunga-tunga es quizás el que más echo de menos (y la base de mi amor impertérrito hacia grupos como Santamarina). Si se combina este elemento capital con una instrumentación minimalista (pariente cercana a los primeros discos de La Mona), una voz sumamente dulce y una letra a la altura de la nostalgia nocturna cuartetera se puede lograr lo que automáticamente empezará a aparecer en los rankings de mis listas personales del gran género mediterráneo. El cine, nuevamente, cueva de descubrimientos insospechados.

Un doble programa

Mission: Impossible – Fallout (Christopher McQuarrie, 2018) – Cops (Edward F. Cline, Buster Keaton, 1922)

Les he fallado. Como verán no he dedicado mucho tiempo a la reflexión en torno a este asunto. Para salir del paso diré, consciente de ser un chanta, que cualquier excusa es buena para volver a ver a Buster Keaton en HD.

Mucho se ha hablado, luego de su heroica actuación en lo que fue la gran peli de acción de 2018 (¿y de la década?), del linaje que unía a Tom Cruise con los actores atletas de antaño (y no tan antaño, aunque ya no abundan). Yo simplemente propongo volver a ver dos formas hermosas, físicas y por ende poéticas de huir de la policía.

Un descubrimiento

El recorrido que desde hace un par de años hacemos con Eva Cáceres por el cine soviético y de detrás de la cortina de hierro para programar el Etiqueta Negra de fin de año en el Cineclub Municipal nos depara siempre una cantidad increíble de sorpresas. La idea de este año, luego de descartar con pesar varias opciones que incluían hacer un ciclo dedicado exclusivamente al ostern o western rojo, fue hacer un especial con cine de género de aquellas latitudes. Vimos horas y horas de ciencia ficción, comedias, musicales, bélicas (nos faltó terror, ¿quedará para el año que viene?), de las cuales hicimos una selección que siempre termina siendo muy escueta. Pero de entre todas las películas que programamos, con las cuales es imposible no encariñarse, hubo una en particular que, para mí, se llevó todos los laureles: Los vengadores escurridizos (1967) de Edmond Keosayan.

Quizás desde el mismísimo plano inicial, un contraluz en contrapicado de cuatro jinetes acercándose lentamente a la cámara con un fondo rojo furioso que simula ser un amanecer, ya se vislumbra una obra extraordinaria, así más no sea por esa voluntad pictórica sublime que no abandonará hasta el final. Pero las aventuras de estos cuatro niños étnicamente diversos, enfrentándose de manera fantasmal en venganza por las masacres de sus familias de manera fantasmal a todo un ejército que no sabe bien a quiénes combate, son algo digno de tener siempre a mano arriba del escritorio, para volver a ver al menos una vez al mes. Los momentos musicales, importantes, de hecho, para la trama, son memorables y su disección del campesinado soviético logra combinar momentos de suma hilaridad con un retrato dedicado del sufrimiento de la guerra. Este ostern, inventivo hasta la obsesión, basado en una conocida novela infantil y primera parte de una trilogía dirigida entera por Keosayan, fue definitivamente para mí una de las mayores alegrías del año que nos deja.

Un reencuentro

A comienzos de marzo La vida útil, el cineclub Cinéfilo y el Hugo del Carril organizamos en el auditorio del Cineclub Municipal de Córdoba un evento que, espero, no se haya agotado: la Primera Semana Mundial de la Cinefilia. Detrás de ese nombre pomposo se escondía el deseo de recrear una de las cosas que más nos gusta hacer en la vida: compartir las películas que más nos gustan con gente que queremos mucho, discutiendo obviamente en torno a ellas (en general, con mucha presencia etílica).

Resumo, brevemente, la propuesta: formamos cuatro parejas (Salinas/Cozza, los representantes cordobeses; García Candela/Granero, los delegados de La vida útil; Solarz/Zukerfeld, que vinieron en representación de Revista de cine; y Miccio/Vieytes, que recientemente habían inaugurado Calanda), trajimos a Córdoba a los extranjeros y los hicimos elegir uno o varios textos sobre los cuales explayarse y un programa doble para proyectar y luego discutir en vivo. Luego de la función de trasnoche, nos esperaba el meeting point.

En ese contexto, la dupla Solarz/Zukerfeld tuvo la felicísima idea de acompañar Hellzapoppin’ (H. C. Potter, 1941) con una de las grandes obras maestras de la historia de las comedias: La pistola desnuda (David Zucker, Jim Abrahams, Jerry Zucker, 1988). A pesar de las decenas de veces que la vimos en televisión, ver a Frank Drebin en pantalla grande tiene un sabor que jamás le había encontrado. Y, para ser sincero, no parece haber una mejor forma de ver una película que tan bien sabe esconder los chistes en el encuadre.

Una experiencia en el cine

Elegiré dos, aunque el cine afortunadamente aún sigue siendo una fuente inagotable de experiencias, más o menos significativas, que se renueva con cada nueva película con la que nos toca cruzarnos. Establecemos relaciones incluso con películas que no hemos llegado a ver (recuerdo por caso con muchísimo cariño un programa reciente de cortometrajes de cine polaco de animación cuyo cambio de locación no alcancé a enterarme); estructurar la vida en torno al cine hace que el aburrimiento sea prácticamente imposible.

Cuando uno viaja con cinéfilos por Estados Unidos puede suceder que vea a Martin Scorsese presentando en el MoMa el ciclo que curó con películas restauradas de la productora Republic, a Thom Andersen presentando Los Angeles Plays Itself con Benicio del Toro en la sala (y durante el Q&A) o The Blues Brothers en 35 mm presentada por el mismísimo John Landis (en realidad es justo decir que le pasaron mal las fechas y no llegó a la función por estar en el aire viajando desde Londres), pero de entre todas voy a elegir haber podido ver a) The Wild Bunch (Sam Peckinpah, 1969), b) en un 35 mm absolutamente glorioso, c) en el mítico Teatro Egipcio de Grauman, d) presentada por Chalo Gonzalez, un viejito simpatiquísimo que no sólo tuvo un gran papel de una sola frase en la película, sino que además ha pasado a la historia como location manager del rodaje por haber conseguido el tren para una de las secuencias más extraordinarias de la historia del cine. Y elijo esta función no únicamente por estas razones, cualquiera de las cuales podría ser suficiente, sino por la manera de vivir el cine en aquella sala de Los Ángeles. Pasamos de ver películas en el MoMa neoyorquino, un reducto plagado de viejas y viejos insoportables convencidos de que ver una película requiere un ritual aséptico digno de una ópera aristócrata y que chistaban y gritaban (¡incluso antes de las películas!) ante el más mínimo sonido, a un lugar en la cual el público en comunión aplaudía cada uno de los créditos iniciales y hasta estallaba de algarabía ante las escenas más excitantes que les tocaba atestiguar. Qué cosa más satisfactoria poder vivir el cine con esa pasión y esa alegría.

También atesoraré para siempre haber estado a un metro de Jean-Pierre Léaud mientras presentaba La mamá y la puta (Jean Eustache, 1973), con Cecilia Barrionuevo alumbrándole con una linternita sobre su hombro las hojas que leía. Lloré, aunque esta vez sólo un poquito y de manera contenida porque estaba en público, y contento de haber filmado con el celular algún video con el que estaría feliz de ser enterrado.

Un texto

El Comunicado del Colectivo de Cineastas de Córdoba sobre los Concursos 2018 del Polo Audiovisual (https://www.facebook.com/notes/colectivo-de-cineastas-de-c%C3%B3rdoba/comunicado-del-colectivo-de-cineastas-de-c%C3%B3rdoba-sobre-los-concursos-2018-del-po/455366771640620)

Aparecido a mediados de agosto de este año, el primer comunicado del CCC fue, ya desde su mismo enunciado, una victoria. Representó en primera instancia un paso adelante de una fuerza colectiva necesaria y que de a poco pero con pasos firmes se ha ido organizando para hacerse escuchar y sentir en medio del panorama tan hostil que se prefigura desde los distintos estratos políticos. Preciso, didáctico, combativo, el comunicado permite que el CCC plante una bandera aprovechando su claro punto de vista sobre los concursos del Polo en la provincia de Córdoba. Las réplicas (fuertes, en muchos casos), indican que sin lugar a dudas se avanza. La organización, en este panorama de ataques tan virulentos a la cultura (y no sólo a ella), es la única manera posible de resistencia.

Un fotograma

El chiste del año está (¡repetidas veces!) en Coincoin et les z’inhumains de Bruno Dumont.¡Larga vida a ese desenfreno delirante!

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Chema García Ibarra (Cineasta)

Una película

Mandy de Panos Cosmatos

Una canción

Entertainment de Rick Alverson es de 2015, pero yo la he visto en 2018.

Un doble programa

Recomiendo leer El reino de la noche de William Hope Hodgson y a continuación ver Mandy de Panos Cosmatos.

Un descubrimiento

Sole survivor (1984) de Thom Eberhardt. Lo mejor es verla sin saber nada de ella.

Un reencuentro

Hellraiser y Hellraiser 2 para mi yo niño eran gore, violencia y mal rollo. Películas prohibidas. Este año el reencuentro ha sido hermoso.

Una experiencia en el cine

Vivir una proyección cualquiera en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián es algo que le recomiendo a todo el mundo.

Una incertidumbre

Magic, magic de Sebastián Silva

Un texto

Mi libro favorito del año es Correspondencia escogida de Luis Buñuel (Cátedra Ed.)

Un fotograma

Conquest de Lucio Fulci, una película como ver atardecer a través de un cristal manchado de sangre.


Chiara Marañon (Programadora en MUBI)

Una película

Le Livre d’Image / The Image Book (Jean-Luc Godard)

Una canción

De mi 2018:

-‘Willow’ de Tindersticks cantada por Robert Pattinson en High Life.

-En Burning (Lee Chang-dong), Jeon Jong‑seo baila con atardecer de fondo, al ritmo de la trompeta de Miles Davis en Ascensor para el cadalso. No tengo link, tengo una imagen.

De mi vida:

-Dean Martin y Ricki Nelson cantando ‘My Rifle, My Pony and Me’ en Rio Bravo de Howard Hawks.

Un doble programa

-Sobre ciudades, conspiraciones e historias cifradas: Under The Silver Lake (David Robert Mitchell, 2018) + Out 1 (Jacques Rivette, 1971)

-Dos de 2018 que nos dan perspectiva sobre lo humano, demasiado humano: High Life (Claire Denis, 2018) + ☆ (Johann Lurf, 2018)

-Un doble programa doble sobre dobles y desdoblamientos: Quien Te Cantará (Carlos Vermut, 2018) + Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) + Persona (Ingmar Bergman, 1966) + Body Double (Brian de Palma, 1984)

Variaciones sobre el thriller político, los mecanismos del poder como abismo, la verdad y la mentira, la construcción de la impunidad: The Waldheim Waltz (Ruth Beckermann, 2018) + Investigation of a Citizen Above Suspicion (Elio Petri, 1970)

Un descubrimiento

El magnífico festival Play-Doc dedicó una retrospectiva este año al cineasta americano Peter Emanuel Goldman, cuya obra permanecía inédita en España. Ver Echoes of Silence, Wheel of Ashes y Pestilent City en compañía del director fue una revelación.

Un reencuentro

Douglas Sirk. Antes me parecía un director virtuoso, ahora me parece un genio indispensable.

Una experiencia en el cine

-Ver Leave Her To Heaven de J. M. Stahl, por primera vez, en 35mm, en una copia de archivo en magnífico estado y glorioso Technicolor, a las 9 de la mañana, café en mano, sentada en el suelo del cine Jolly de Bologna porque la sala estaba llena a reventar.

-Ver La Flor a lo largo de 3 días, junto a otras 30 personas, en la sala más pequeña del British Film Institute en Londres. Un acto de militancia, y una terapia cinematográfica colectiva.

-Ver West of The Tracks de Wang Bing. Nueve horas que recogen un cambio de siglo y de milenio, y suponen un esfuerzo físico y mental épico recordando que ser espectador de cine también requiere mano de obra.

Una incertidumbre

Yara (Abbas Fahdel)

Un texto

Julien Allen sobre The Other Side of The Wind

Un fotograma


Matías Piñeiro (Cineasta)

Una película

La Flor (Mariano Llinás)

Una canción

The Rhythm of the Night en I hope I am loud when I am dead (Beatrice Gibson)

Un doble programa

Asako I & II (Ryusuke Hamaguchi)

Backstreet (John M Stahl – 1932)

Un descubrimiento

Natalia Marin y su película La casa de Julio Iglesias

Un reencuentro

Frederick Wiseman y Monrovia, Indiana. Si ya me gustaba, ahora me resulta fundamental.

Una experiencia en el cine

La Flor de Mariano Llinás

Una incertidumbre

Este año estuve bastante afirmativo, no mucha incertidumbre, así que voy a aprovechar este espacio para decir que me gustó más Grass que Hotel by the River, que me gustó Classical Period más la segunda vez que la vi, aunque siempre me pareció bellísimo y fundamental el personaje de Evelyn, que no me puedo sacar de la cabeza Altiplano (Malena Szlam), que no vi todavía High Life (Claire Denis) y que… ¡larga vida a Orson Welles!

Un texto

Textes critiques de Jacques Rivette

Un fotograma

Le Livre d’Image, Jean Luc-Godard


Miguel Savransky (aka Migo)

Una aclaración preliminar: voy a hacer trampa sistemáticamente. Me valgo para ello de dos motivos: pragmáticamente, me han sido conferidos guiños de laxitud que me amparan; más globalmente, creo que precisamente lo valioso de una encuesta como esta de LVU reside en el hecho de no limitarse a la mera enumeración de las “mejores películas” del año –con conteo de votos y ganadores– sino en habilitar a través de una lista abierta de consignas un espacio lúdico para un paseo cinéfilo en el que se pone en juego algo del orden de la relación entre el cine y la subjetividad de cada uno. (A ello se suma una suerte de incapacidad crónica mía para ser sintético y establecer jerarquías.)

Una película

Elegir una película entre tantas vistas y amadas este año me resultaría tortuoso, casi imposible, por lo que voy a dejar dos listas bastante compactas de favoritas, una de actuales y otra de pasadas. (Últimamente veo muchas más películas en el cine que en casa, tal es así que todas las que voy a enumerar a continuación –excepto una– las vi en sala.)

Películas estrenadas este año (en orden aleatorio):

Classical period de Ted Fendt (MDQ)
Season of the devil de Lav Diaz (BAFICI)
Le livre d’image de Jean-Luc Godard (¡Ay, el BAMA!)
Dead souls de Wang Bing  (DocBsAs)
Milla de Valérie Massadian (BAFICI)
Farpões, baldios de Martha Mateus (FICIC/DosBsAs)

Películas no-estrenos vistas este año (en orden aleatorio):

Le théâtre des matières de Jean-Claude Biette (¡piratas del mundo, uníos!)
A ilha dos amores de Paulo Rocha (MDQ)
La maman et la putain de Jean Eustache  (MDQ)

Philippe Garrel x 4: Les hautes solitudes, L’enfant secret, Elle a passé tant d’heures sous les sunlights…, Les amants réguliers (las tres primeras vistas en el BAFICI, la última en el ciclo alrededor de mayo del ’68 en la Lugones).

Ozu en la Lugones x 3: La hierba errante, He nacido pero…, Una historia de Tokio.

Hugo del Carril x 3 en el Malba: Más allá del olvido, La quintrala, Amorina.

Una canción en una película

Que sean tres:

La versión de All tomorrow’s parties por Nico en Elle a passé tant d’heures sous les sunlights…

Love itself de Leonard Cohen en la película cuasi-homónima L. Cohen de James Benning. Recuerdo vagamente que Benning dijo al presentarla en el BAFICI –alerta: suerte de imposible spoiler– que al principio no pasaba nada (aunque si uno prestaba atención no era así), después empezaban a pasar algunas cosas, más adelante sucedía algo literalmente extraordinario y espectacular y finalmente de nuevo no pasaba nada. Es un plano fijo de alrededor de 45 minutos de un campo semi-desierto que captura el acontecimiento de un eclipse solar. Hacia el tramo final, aparece la canción espiritualizando el paisaje. Tras la proyección agregó que creía que esa percepción un tanto cíclica del tiempo y del carácter efímero de algo hermoso destinado a la insignificancia le hubiera gustado a Leonard Cohen. Y tenía toda la razón. (El momento de la película no está disponible para poner un link pero sí la canción con un video kitsch radioactivo que tiene al menos en su favor tener la letra subtitulada en español.)

Al final del último largometraje de Thom Andersen, The thoughts that once we had, hay un fragmento de Made in U.S.A. de Godard en el que Marianne Faithful canta As tears go by de los Rolling Stones. Lloré cada vez que la vi (que fueron varias) por una serie de razones que serían muy extensas para consignar aquí.

Un doble programa

Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc de Bruno Dumont / Moses und Aron de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet.

Digamos que en la primera se siente la huella de la oreja de los Straub (o mejor, de Huillet/Straub, puesto que ella estaba a cargo del sonido), ese bazinismo radical llevado al plano del registro directo y sincrónico del sonido en la interpretación del canto musical en un espacio abierto fuera de la comodidad acústica de un estudio de grabación (aquí lo que está interdicto es precisamente que la toma de sonido venga de otro sitio que aquél donde están situados los cuerpos filmados: el doblaje sería una vulgaridad). La admiración de Dumont por la dupla es bien sabida. Y ambas son películas de una intensa espiritualidad política “arcaica”.

Un descubrimiento

Teo Hernández. Lo conocía de nombre solamente (gracias a la infinita y amorosa labor de la asociación/revista Lumière: http://wwww.elumiere.net/especiales/teo/index.php). Vi todo lo que se pasó en el BAFICI, en total fueron cuatro funciones: dos programas de cortos, un programa de dos cortos junto con el breve-largo Salomé y el largo-largo Lacrima Christi. Cine de la devoción, sin dudas. Pocas veces experimenté esa sensación de ir al cine como ir a misa con tanta fuerza (una misa materialista y pagana, hecha de luz y sombra propagándose a ráfagas de velocidad fulminante). Mis favoritas fueron: L’Eau de la Seine, Nuestra señora de París, Gong, Pas de ciel (la calidad deja mucho que desear pero se puede ver aquí: https://www.numeridanse.tv/en/dance-videotheque/pas-de-ciel), Corps aboli y Lacrima Christi. Un gigante de la estatura de Brakhage o Caldini.

Un reencuentro

Pizza, birra, faso de Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro. La vi más o menos cuando salió en VHS (recuerdo el estuche alquilado de Blockbuster), pero era bastante jovencito en ese entonces y no guardaba prácticamente ningún recuerdo. La pasé junto a Crónica de un niño solo en un doble programa de dos clases consecutivas en el bachillerato popular donde doy clases. Gran pintura de la infame época menemista y su correlativa ruptura de los lazos sociales, una inyección de realismo para ese entonces. Es una obviedad referirse a ella como un hito del en su momento naciente y hoy crepuscular NCA pero no por ello deja de ser cierto.

Una experiencia en el cine

No puedo seleccionar una sola circunstancia que se halla grabado en forma indeleble en mi memoria prevaleciendo entre las otras de forma incontestable, así que voy a recuperar una breve serie de momentos, detalles o situaciones, todos relacionadas con la sala oscura (porque si se trata de hablar de experiencia, eso que aun llamamos ir al cine resulta inconmensurable respecto a la práctica privada de ver películas en formatos domésticos), en muchos casos con la posibilidad de acceder al formato fílmico original, y también un poco con una (discreta) dosis de cholulismo ante la presencia de los directores o una presentación “especial” en algunas funciones.

Cito desordenadamente: Benning ubicuo en Buenos Aires; los dos Joãos –unos de mis cineastas putos preferidos, dicho amorosamente– en O fantasma en la gloriosa oscuridad de la textura del fílmico; Garrel avistado en un par de ocasiones más o menos de cerca, aunque no estuvo en ninguna de las (muchas) funciones de su retrospectiva a las que fui; Jean-Pierre Léaud presentando La maman et la putain en el Teatro Colón en MDQ –ars longa vita brevis–; Gustavo Fontán en la presentación de su Trilogía del Lago helado en la Lugones –de la cual Sol en un patio vacío es la mejor y más radical–, uno de esos pocos cineastas que es un verdadero placer escuchar hablar porque pueden articular un discurso acerca de su práctica con una lucidez arrolladora (la conversación entre él, Eduardo Russo y Roger Koza parecía por momentos una tertulia lacaniana); el corto For Michael Brown, homenaje de Travis Wilkerson a un joven negro asesinado por un policía, pantalla en negro y silencio durante 5 minutos, una performance situacionista que exige un momento de recogimiento y duelo colectivo en la sala que sentí como un imperativo sagrado de una tristeza demoledora y una ira que subleva (se puede ver aquí: https://vimeo.com/112767701, con las siguientes instrucciones: “Por respeto al pedido de sus padres, cuatro minutos y medio de silencio por Michael Brown Jr. Un minuto por cada hora que su cuerpo permaneció en las calles de Ferguson, Missouri, después de que el Oficial Darren Wilson le disparó a matar. Por favor ver en oscuridad. Por favor ver en silencio.”); el plano frontal que comparten Godard y Patti Smith –el paso del tiempo que se inscribe en los cuerpos de estos dos héroes absolutos– en Film catastrophe de Paul Grivas (que lamentablemente no pude encontrar en ningún lado); fue muy estremecedor poder ver de nuevo (en el marco de la BIM) la impresionante L’anabase de May et Fusako Shigenobu, Masao Adachi et 27 années sans images de Eric Baudelaire, en esa proyección descubrí la pequeña publicación La imagen, el hecho, la acción y lo que queda por hacer de Nicole Brenez, que me pareció un hallazgo monumental con su cuadro comparativo de doble entrada entre los manifiestos más ultra de Godard y Adachi (aunque después lo leí entero y no fue para taaanto); las inmortales ¡Que vivan los crotos! de Ana Poliak y Pajarito Gómez de Rodolfo Kuhn, ambas en fílmico en el FICIC.

Una incertidumbre

Vi películas odiosas (Roi soleil), fallidas (Rojo), irregulares (La flor, Burning), problemáticas (La vendedora de fósforos, Esto no es un golpe), pero no se me ocurre nada que encaje estrictamente en esta categoría.

Un texto

Dos libros que con seguridad me acompañarán a partir de ahora.

Desconfiar de las imágenes de Harun Farocki, ya todo un clásico, que no había leído entero antes, alguien cuya temprana ausencia lamento mucho. Un inventor de conceptos capaz de desplegar una formidable maquinaria analítica de archivos históricos (muchos artículos obligatorios sobre el montaje, el uso de la música, la televisión, la guerra, las mutaciones sociales y tecnológicas, pero el gesto iconoclasta de “Mostrar a las víctimas” me quedó resonando fuertemente y he llegado a ver con mucha sospecha y recelo algunos aspectos de películas políticas progresistas encumbradas). Creo que no hay muchos cineastas que persigan esa senda crítica. Me encantaría poder ver la película que le dedicó Benning, que se ubica en un extremo formal completamente opuesto: un plano fijo de una nube como homenaje.

Slow writing de Thom Andersen, un verdadero maestro capaz de anudar la teoría cinematográfica más académica con la cinefilia voraz sin jerarquías (cine clásico, moderno, contemporáneo, experimental, autores, géneros), la crítica precisa, perseverante y rigurosa, la contra-cultura y el marxismo en… ¡Estados Unidos! Imperdibles sus textos sobre Warhol, Wang-Bing, Ozu, Pedro Costa, Straub/Huillet, Morgan Fisher y las investigaciones que guiaron sus propias películas, entre otros. Cito dos fragmentos sobre su último largo traducidos un poco al voleo:

The thoughts that once we had dice más de lo que yo sé, pese a que aprendí cierto número de hechos materiales sobre el cine y mi relación con el cine haciéndola: pocos cineastas son capaces de hacer lo que Deleuze llama una «imagen-afección», una imagen que inscribe el rostro como puro afecto; la melodía de la mirada también es rara; mientras más firme esté la cámara, mejor (lo que Joris Ivens enseñó); un plano de El undécimo año de Dziga Vertov anticipa Wavelenght; leer en voz alta es la más cinemática de todas las acciones; mi interés en el cine es más carnal de lo que me había dado cuenta; las películas de Fritz Lang son realmente ridículas; lo que interesa a la cámara no es algo dado sino algo que la cámara descubre de nuevo en cada plano. Y otra cosa: en Shanghai Express de von Sternberg no importa por qué Marlene Dietrich está rezando; lo que importa es el primer plano de sus manos en la oscuridad. Otros pensamientos les serán dados a otros espectadores.”

“La película no estaba calculada para volver locos a los liberales; simplemente resultó de esa manera. En The Hollywood Reporter, Todd McCarthy escribió, la película está «embebida en un pesado estilo europeo de sabor izquierdista de los tardíos ‘60s tan tediosamente doctrinario que resulta pintoresco.» Y Derek Jacobs en Cinema Axis: «Tanto tiempo inyectando comunismo, socialismo, capitalismo y otros ‘-ismos’ en escenas de películas donde pueden o no estar que se vuelve agotador.» Aparentemente las palabras «proletarios» y «capitalistas» ahora son tabú.”

Un fotograma

Lo voy a dividir en dos partes: una serie y un fotograma estrictamente.






(The thoughts that once we had, Thom Andersen)


(Farpoes, Baldios, Martha Mateus)


Mercedes Orden (Crítica en Revista Caligari)

Una película

The Florida Project (Sean Baker)

Una canción

La versión Frío, de Loquero interpretada por Cussy Fernández en Me quedo contigo, película de Javier González Díaz.

Un doble programa

O Processo y Era uma vez Brasilia. La primera película, dirigida por María Augusta Ramos, la destaco por estar en el momento adecuado en el lugar adecuado, atendiendo a los distintos discursos que circularon alrededor de la destitución de Dilma Rousseff, sin descuidar los aspectos técnicos y poniendo en cuadro imponentes planos de la Brasilia de Newmeyer.

Se complementa con la película de Adirley Queirós que si bien no es vieja (2017), comparte tema y habla de algo similar desde una perspectiva completamente distinta. En “Era uma vez Brasilia” lo llamativo es el modo en que entra en juego la imaginación de Queirós y la apuesta por distintos recursos que cooperan en la creación de una atmósfera de ciencia ficción donde lo que se observa es un panorama oscuro y pesimista de Brasil.

Un descubrimiento

Mónica Lairana en versión directora, con su ópera prima La cama.

Un reencuentro

Happy End de Michael Haneke. Sentí que esta versión soft traiciona al viejo Haneke aunque siempre resulta divertido ver de qué modo ver denuncia las lógicas burguesas.

Una experiencia en el cine

BAFICI: Estaba por empezar la función de From Where We’ve Have Fallen. Hablo con una señora que tenía asiento por medio. Me dice que era la segunda vez que la iba a ver. En verdad, estaba haciendo tiempo porque más tarde empezaba la que le interesaba. “Vi asiáticos y entré”, dijo. Citó a Diego Lerer, para hablar de la complejidad de la película china próxima a empezar, ya que él la había visto dos veces. Miró mi acreditación, me preguntó dónde escribía. Me contó las páginas de cine que ella leía y los periodistas que seguía. Después me preguntó si había visto “Las cinéphilas” de María Álvarez. Asentí. Se señaló. Era una de ellas. Ahí entendí todo. Admiración total por ese grupo de mujeres amantes del cine.

Un texto

La entrevista que le hizo Paulo Pécora a Ralph Haiek en Página 12 (para entender la necesidad de apoyar el cine nacional frente a los atropellos de la gestión actual)

https://www.pagina12.com.ar/149222-no-estamos-haciendo-un-ajuste-en-el-incaa

El libro “Diálogos de cine / Fernado Birri-Carmen Guarini” donde figuran las charlas presentes en “Ata tu arado a una estrella”. La película es un sentido homenaje al director y las entrevistas, un complemento necesario y digno de formar parte de la biblioteca de cualquier cinéfilo.

Un fotograma

En “La imagen tiempo”, Giles Deleuze escribe: “(…)De Sica plasma la secuencia que Bazin ponía como ejemplo: la joven criada entra por la mañana en la cocina, realiza una serie de gestos maquinales y cansados, limpia un poco, espanta las hormigas con un chorro de agua, coge el molinillo de café, cierra la puerta con la punta del pie. Y cuando sus ojos atraviesan su vientre de mujer encinta, es como si estuviera engendrando toda la miseria del mundo”.

Todo eso puede adaptarse a la mirada de Cleo en Roma, de Alfonso Cuarón, excepto las hormigas y el molinillo.


Fidel González Armatta (Archivista en el Museo del Cine)

Una película

Zama, de Lucrecia Martel. Ojalá la reestrenen el año que viene también.

Una canción

El trailer:

El tema:

Un doble programa

La Pelicula Infinita de Leandro Listorti / Rohfilm, de Birgit y Wilhelm Hein, 1968.

Dos Alephs.

Un descubrimiento

El Negocion, de Simon Feldman, 1959. Una película sobre el pasado el presente y el futuro.

Un reencuentro

El último Malon, de Alcides Greca, 1917. Una película distinta que la que vi en 2009 cuando estudiaba.

Una experiencia en el cine

Female Trouble, de John Waters, 1974. Proyectada en el Gaumont en el marco del BAFICI. Cómo me reí, especialmente en este momento:

El día de las peliculas familiares en el Museo del Cine P. Durcós Hicken. El día del año que mejor la pasé.

Una incertidumbre

Classical Period, de Ted Fendt.

Un texto

https://www.revistaotraparte.com/cine-y-tv/el-dia-despues/

https://www.revistaotraparte.com/discusion/la-pregunta-es-cual-es-la-relevancia-del-rock-argentino-en-2018/

Dos textos importantes para mi. Dos Alephs.

Un fotograma

Dos de La Película Infinita, de Leandro Listorti. Ojalá tuvieran sonidos.



Pablo Conde (Programador, Festival de Mar del Plata)

Una película

¡Un año muy difícil! La respuesta más sincera puede ser MandyTransit. Perdón, pero no puedo dejar de lado a ninguna. ¿Quién la dirigió? ¡El afamado CosmatosPetzold!

Una canción

No es canción, pero este tema instrumental en la escena de la pileta (piscina, sí) en Eight Grade es un gran logro para una película industrial. Que Anna Meredith la haya musicalizado completa, también.

Un doble programa

Butch Cassidy and the Sundance Kid, de George Roy Hill y The Old Man & The Gun, de David Lowery. En ese orden. Ver a Robert Redford en su joven esplendor y su más que digna retirada, es un acto de reverencia al cine y al tiempo, pero sobre todo al tiempo en el cine.

Un descubrimiento

La negrísima comedia Bêtes blondes (Blonde Animals) de Alexia Walther y Maxime Matray, es un debut rutilante por donde se lo mire. ¡Así se empieza una carrera! Es una película que tiene que ver todo el mundo, aunque más no sea para odiarla o desestimarla porque están por encima de ella. No faltarán los que.

Un reencuentro

Una insistencia: Harold and Maude, de Hal Ashby, es mejor y mejor a medida que uno la vuelve a ver.

Una experiencia en el cine

La de Hong Sang-Soo apareciendo en pantalla en vez de Prospect, en el Festival de Cine de Mar del Plata. Duró poco, pero fue un gran momento.

Una incertidumbre

Annihilation. No sé si me quemó los papeles. No sé si me gustó. O no. Creo que su solemnidad me hizo bostezar. Pero alguito tiene, ¿no? O no. En fin.

Un texto

“Merci pour tout: Pierre Rissient (1936-2018)”, de Scott Foundas

Deaths of Cinema | Merci pour tout: Pierre Rissient (1936-2018)

Un fotograma

Una vez la noche, de Antonia Rossi. Una acuarelística hermosura:


Leandro Listorti (Archivista y Cineasta)

Una película

Casanovagen de Luise Donschen

Una canción

Wuthering Heights por Kate Bush, al final de Casanovagen

Un doble programa

Algunas preguntas (2018) de Kristina Konrad + Me gustan los estudiantes (1968) de Mario Handler

Un descubrimiento

11 x 14 de James Benning. Gracias a la restauración que llevaron a cabo el Arsenal de Berlin y el Museo de Cine de Austria, se pudo ver (en digital o en 35mm) la ópera prima de Benning (1977). Muy alejada de las películas que le dieron renombre internacional y aún con una vitalidad deslumbrante.

Un reencuentro

Prisioneros de la tierra de Mario Soffici, restaurada por el Museo del cine con el apoyo de la Film Foundation. Nunca la había visto ni escuchado como ahora.

Una experiencia en el cine

Los 234 minutos de Season of the Devil de Lav Diaz.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image de JL Godard

Un texto

Die Radikalität der Avantgarde (1984) de Birgit Heim

Un fotograma

Un fotograma que todavía espera que lo identifiquemos. Nitrato perteneciente a la colección de materiales de Alberto Sorianello, probablemente se trate de un noticiero sobre un museo del norte de la Argentina.


Giuliana Nocelli (Crítica en Revista Pulsión)

Una película

Es difícil elegir una sola película, pero si me permiten voy a elegir las mejores dos películas que vi este año:

Las hijas del fuego de Albertina Carri y El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi.

Dos películas diferentes entre sí, pero que ambas me enamoraron. La primera, porque es una película que se distancia completamente del porno de consumo masculino y heteronormativo. Carri nos muestra diferentes cuerpos, deseos sexuales y fantasías sin límites. La segunda, la directora abre un diálogo con la vida de su padre. La sutileza y la poética de su realización es fascinante.

Una canción

Modern Love – David Bowie en Mauvais Sang (Leos Carax)

Finalizando una semana con muchas actividades, debates, charlas y películas en 33º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, decido ir a ver Mauvais Sang de la retrospectiva de Léos Carax.

A pesar de que me encontraba distante y analítica de lo que sucedía en el film,  comienza a sonar esta pieza musical que revitalizó todas mis energías, imposible no cantarla por lo bajo.

Un descubrimiento

Frederick Wiseman, descubrí este director en la proyección Monravia, Indiana en esta edición 33 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Fue la primera vez que vi una película de este director, y me pareció interesante recorrer sus obras y conocer más en profundidad la particularidad de su cine.

Una experiencia

En esta parte de la encuesta voy a inclinarme a describir mi experiencia actual de ver cine desde una perspectiva en general.

Ver cine y especialmente debatir sobre cine este último año me ha impulsado a pensar otras formas de hacer cine y reflexionar acerca de un lenguaje cinematográfico más liberador y no excluyente. Este año fue muy particular y hermoso porque junto a compañeras nos organizamos y formamos Mujeres Audiovisuales La Plata, una red de trabajadoras de cine que nos nucleamos para (re)pensar y producir contenido audiovisual de tinte feminista.

El cine como dispositivo dominado por la mirada masculina generaron representaciones en pantalla (y ni hablar detrás de cámara) que se alejan completamente al mundo de la mujer, ni hablar de que muchas veces es ofensivo y nefasto. Un cine que es muy difícil de volver a ver o una sorpresa muy amarga verlas en producciones actuales.

A través del cine como ventana al mundo, se pueden observar las diferentes formas de agresión, represión y disciplina del cuerpo femenino no sólo en diferentes épocas sino también a través de la mirada de distintos directores. No es el fin de esta encuesta, pero podría hacer una lista muy larga de todas aquellas películas que hacen apología a la violencia, abusos, violaciones, a la no valoración de la palabra de las mujeres o simplemente asignarles roles secundarios como simples adornos, o como un trofeo luego de un largo día de mucho trabajo. Ni menciones de la representación de otras identidades fuera del binarismo (hombre y mujer).

Identificar y desnaturalizar estas situaciones no me producen sensaciones muy gratas pero me han motivado a reflexionar y accionar, porque son necesarias nuevas miradas.

Me tomo el atrevimiento de citar el cartel que colocaban los realizadores de “La hora de los hornos” antes de las proyecciones: “Todo espectador es cobarde o traidor”, es bastante fuerte pero salir del cine y que no te produzca nada o que esto sea irrelevante puede notarse una fuerte tibieza ante un cine que siga reproduciendo una mirada patriarcal.

Ver películas hoy para mi es un trabajo de deconstrucción, de transformación, debate pero sin perder lo erótico y el disfrute del cine. Es un arduo trabajo pero que me fortalece y me hace seguir creciendo.

Un texto

El cine en lo ausente – Pablo Ceccarelli (Revista Pulsión nº8) y Universos masculinos en el cine de animación argentina – Lucila Da Col (Revista Pulsión nº9)

Un fotograma

Las Hijas del Fuego – Albertina Carri.

El fotograma perfecto es de la escena donde las personajes tienen relaciones sexuales en una parroquia. Esa combinación me parece fascinante, la libertad sexual y el goce femenino manifestándose sin tapujos frente a una religión que nos estigmatizó, mutiló y nos condena aún en cada uno de sus actos y palabras. Esa imagen, a mi punto de vista, se puede apreciar el goce, la libertad sexual femenina, diferentes cuerpos y deseos. Un lugar tan sobrio, frío y ortodoxo como el de la parroquia, ahora se ve iluminado y cálido por el fuego de las pasiones de las protagonistas.

Me hubiese gustado mostrar este fotograma, pero no pude conseguirlo. De todas formas, la presente imagen mantiene la misma esencia: el goce.


Daniel Ángeles Hernández (Crítico, México)

Una película

Classical Period de Ted Fendt.

Una canción

Todo el trabajo de Johann Johannsson en Mandy.

Aunque la cinta me pareció un despropósito de violencia gratuita y de una intencionada oscuridad caricaturizada, las piezas de Johannsson convierten el trabajo de Cosmatos en un videoclip de dos horas fácil de sobrellevar.

Un doble programa

No sé bien si las siguientes películas tengan una conexión en algún nivel, seguro sí, y no sé qué tan acertadas sean, pero al ver unas me recordó las otras, así entonces la relación radica en algo muy básico: la remembranza maquinal, solo comparable con aquello que recuerdas al oler la tierra mojada, cierto perfume, al ver un atardecer o escuchar una canción;  Dicho lo anterior:

Les Garçons sauvages, (Bertrand Mandico, 2017) – Village of the Damned (Wolf Rilla, 1960)

Transit (Christian Petzold, 2017) – Carnival of Souls (Heck Harvey, 1962)

Ésta es un poco más evidente:

First Reformed (Paul Schrader, 2018)-  Journal d’un curé de campagne  (Robert Bresson, 1951)

Un descubrimiento

Želimir Žilnik – The Most Beautiful Country In The World

Habiendo apenas escuchado y leído poco sobre él, este año descubrí a Želimir Žilnik con The Most Beautiful Country In The World, no sin cierta culpabilidad por no haber visto algo de él antes. La cinta, sin asomo de espectacularidad, aspira a una crítica social franca, los roces entre ficción y documental parecen ser la cualidad que potencializa el discurso político sobre la migración, la indiferencia y la pérdida de identidad.

Un reencuentro

Sam Peckinpah con The Wild Bunch.

Ahora he notado más su impecable estructura narrativa y formal. La película es una suerte de codificación de la barbarie como modo de vida y la muerte violenta como destino ineludible en un mundo que se cae a pedazos. Los tiempos que corren son así, violentos y amargos, solo a que diferencia de The Wild Bunch, nosotros caminamos solos en el sendero.

Esta respuesta me podría llevar a responder la numero 2 ahora que he visto la última de los Coen.

Una experiencia en el cine

Todas las funciones a las que asistí a en el MDQFilmFest

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang-dong.

No es porque sea enrevesada per se, sino porque es intensamente buena, socialmente significativa, cinematográficamente estimulante y políticamente perspicaz. Una cinta así es difícil -al menos para mi- de abordar, sobre ella no se hace “crítica”, se harían en todo caso ensayos u opiniones. En Burning todo parece estar en su lugar, cada imagen enuncia muchas cosas sin el esfuerzo por evidenciar lo que se quiere decir. En suma, sigo pensando en ella sin saber bien por dónde aprehenderla, no se diga ya, analizarla.

Mi respuesta a la pregunta 1 también podría caber dentro de ésta, pero aún sigo pensando en la película de Fendt sin saber qué escribir.

Un texto

Leyendo un poco de Samuel Beckett me encontré con otro pequeño libro suyo-de nombre Film- que recopila el proyecto original de Film, la única incursión de Beckett en el cine, y un par de textos más. Film (el producto audiovisual) tiene como protagonista a Buster Keaton. El magnetismo del libro recae en las anécdotas que cuenta sobre el encuentro entre Beckett y Keaton, un encuentro frió, casi insípido y vació. Solo en apariencia dos genios que no se pudieron entender.

Adjunto link del material audiovisual: https://vimeo.com/227365573

Un fotograma

Nuestro tiempo de Carlos Reygadas.


Héctor Coire (a.k.a. Ayresybenson)

Una película

Downsizing (Alexander Payne, 2017): Como dijo García Candela, parece una novela de Aira en su quiebre “fantástico” que va del retrato de una pareja en crisis a un culto nórdico que busca salvar a la humanidad. Pero también se parece a una novela de Aira en cierto desgano por avanzar porque sí, para terminar y de alguna manera para seguir con lo que vaya a venir después. Downsizing no sólo no es la obra maestra que prometía Payne desde hace más de diez años, sino que es el primer fracaso de público y crítica en una filmografía tendiente al consenso. Lo que la distingue de otras películas fallidas es que en ese fracaso (de la película y en parte del protagonista) podemos leer algunas cuestiones reconocibles sobre el estado actual del cine y de la cinefilia. Digamos que al protagonista le ofrecen una vida en la que tiene todas las comodidades a su alcance (como la próxima ganador del Oscar en tu televisor), pero elige el camino donde está su verdadero amor (digamos, sacar una entrada, lidiar con el transporte público y llegar en horario a la única sala con buen sonido y buena calidad de proyección en una pantalla grande, donde a su vez habrá que lidiar con espectadores desconsiderados). Downsizing también indica el final de una forma de cine en el hecho de que la presencia de “figuras” como las que aparecen en cameos ya no garantizan la difusión de una película (entendiendo por difusión convocar público para que películas similares se puedan seguir estrenando en los cines de este lugar perdido del mundo). Como el culto nórdico, el streaming promete una salvación al margen de tanta frustración. Olvidando que el que detenta el poder siempre tiene la razón, y que Netflix ya no se conforma con ganar el Oscar, sino con ser más grande que Dios y resucitarlo a Orson Welles. Pero nadie sabe si mañana la regla de negocios es Los Parchís, y ya no habrá ni salas de servicios de streaming donde ver algo que puede seguir conmoviéndonos. O tal vez tenga razón PTA, y a esta altura todo resulta tan al pedo como quejarse porque llueve.

Una canción

“This year´s girl” en la apertura de la segunda temporada de The Deuce

Un doble programa

Las Vegas (Juan Villegas) y They all laughed (Peter Bogdanovich)

Un descubrimiento

Ruth Beckermann

Un reencuentro

Ingmar Bergman: la edición del libro que conmemora su relación con el público del Río de la Plata, más la edición de Nórdica de sus Cuadernos, más la aparición de varios rips de Criterion de DEPTH, nos recuerdan que también fue un gran director de cine fantástico.

Una experiencia en el cine

Estar a punto de levantarme e irme de la sala (por primera vez en años) en Animal (Armando Bó)

Una incertidumbre

The Other Side of the Wind: ¿Es una película de Orson? ¿Es una película de Bogdanovich? ¿Es una película?

Un texto

“El tiempo y la sangre”, de Nicolás Prividera http://www.conlosojosabiertos.com/no-golpe-02/  “Payne y sus enanos”, de Quintín http://www.asalallena.com.ar/cine/pequena-gran-vida-downsizing-quintin/ …

Un fotograma


Jaime Grijalba (Crítico y programador en FICValdivia)

Una película

Siento, por alguna razón, la sensación de decir: “Lamentablemente, la Mejor Película del año para mi es Roma...” porque la reacción crítica ahora que el filme está siendo visionado por gente fuera del circuito de festivales es simplemente salvaje, pesimista, tremendo y de personas tan variadas que me hace pensar que podría estar equivocado. Con todas esas cosas en la cabeza la volví a ver en un cine de Santiago (luego de haberla visto por primera vez en la función de clausura del Festival de Mar del Plata), prestando atención a ver si podía captar esos momentos terribles, horribles, clasistas, racistas, manipuladores que tantos habían visto. No sólo encontré varias cosas más en las cuales fijarme, específicamente cómo Cuarón retrata la diferencia de clase y la relación extraña/extrañada entre el cariño de los niños y la forma en que sigue siendo una sirvienta, sino que lloré más en secuencias clave que pensé que ya había superado. No soy de los que lloran en el cine, por lo que me parece aún más sospechoso aquellos que reclaman por la cámara de Cuarón y que dicen que les impide acercarse emocionalmente a los personajes, sobre todo a Cleo, y creo que hay algo en esa operación técnica que se está obviando o simplemente malentendiendo o… sobre-entendiendo, hay una cierta parada en la que cierto espectador puede estar en la que desconfía de todo y de todos, yo ya no estoy para tener tantas cosas en la cabeza, prefiero entrar y que la película me lleve, y si la película no me deja entrar o me saca, pues es mala de la película. Acá no pasó.

Una canción

Apenas vi Belmonte supe que iba a poner esta canción en la encuesta de LVU, “Imaginate m’hijo” de Leo Maslíah, precisa en el momento en que suena, y a la vez un descubrimiento absoluto, un recitado triste pero duro.

Un doble programa

Une Chambre en Ville (1982, Jacques Demy) + Season of the Devil (2018, Lav Diaz)

Pareciera que la forma más clara de demostrar una revolución frustrada, la violencia de la represión y la imposibilidad del amor eterno es a través de un musical donde cada diálogo es cantado. Mientras que Demy busca la armonía musical para dar una ilusión de felicidad aplastada por el destino, Lav Diaz realiza una cantanta proveniente desde el infierno, donde la ilusión de felicidad es eso, sólo una ilusión, una mujer que se aparece de repente para cantar sobre la luna, la realidad es muerte.

Un Descubrimiento

Sin duda de lo más grato fue poder ver varias película del director Wolfgang Staudte en el Festival del Mar del Plata, presentada por diversas personas a lo largo de los días, pero sobre todo las funciones introducidas por Olaf Möller, sobre todo aquellos filmes que no hay ninguna posibilidad de ver mas que en esas copias en 35mm que estuvieron ahí  a disposición de todos y que sólo algunos se aventuraron a descubrir.

Un reencuentro

Lamentablemente no tuve tiempo de volver a revisar muchos filmes este año. Debería, pero no me da.

Una experiencia en el cine

No hay nada que supere la función en 35mm de una versión medio cortada, mal montada, con los rollos de diferentes fuentes de La maman et la putain de Jean Eustache, más de 3 horas sentados en el Cine Colón luego de haber sido introducidos al filme por el mismísimo Jean-Pierre Leaud. Una función mágica.

Una incertidumbre

Creo que esa incertidumbre es lo que definió mi más reciente visionado de The Ballad of Buster Scruggs. No sabía qué pensar y la verdad es que el formato antológico funciona dentro de lo esperado, en el sentido de que provoca novedad en el espectador, lo suficiente como para mantener la atención, pero al mismo tiempo no creo poder separar los cuentos unos de otros… salvo tal vez por Meal Ticket, el cual me provocó una reacción extrañísima de distancia y a la vez de desolación. Me gustan los Coen, pero mi película favorita de ellos es y seguirá siendo Raising Arizona, una muy diferente al resto de su filmografía, por lo que no sé qué pensar. “The Girl Who Got Rattled” termina de una forma tan decepcionante pero a la vez creíble, “Mortal Remains” juega a la metáfora pero alarga el final de una forma medio extraña, pero todo parece ser tan “a propósito” que me hace pensar que a la vez es mejor que todo lo que han hecho y a la vez lo más débil. Puf.

Un texto

Soy un pésimo lector sobre cine, pero los diarios de Raúl Ruiz, que estoy traduciendo al inglés, me provocan sustento emocional todos los días.

Un fotograma

Detective Dee: The Four Heavenly Kings (2018, Tsui Hark)


Griselda Soriano (Crítica en El Club de las Cinco)

Una película

Le livre d’image (Jean-Luc Godard) / As boas maneiras (Juliana Rojas y Marco Dutra) / The Other Side of The Wind (Orson Welles)

Elijo tres películas vistas en tres contextos muy diferentes; quizás estoy un poco fuera del espíritu de la época, pero para mí las experiencias de ver una película en una sala “común”, en un festival y en mi cama siguen siendo muy pero muy distintas. Las tres me parecen buenos puntos de partida para pensar el cine de hoy (y de ayer) por distintos motivos; las tres me obligaron a reacomodarme frente a ellas, me conmovieron, me hicieron pensar y me devolvieron al mundo mejor de lo que era antes de verlas.

Una canción

La canción de cuna de As boas maneiras. Pueden escucharla un poco en el trailer:

Y también escuchar la banda sonora completa de la película en Spotify: https://open.spotify.com/album/3mf518dDXjYKHGlxc4Nx7H

Un doble programa

Como el concepto “doble programa” me hace pensar en el cine de género, dejo dos programas dobles que van un poco por ahí:

In Fabric (Peter Strickland, 2018) + Death Bed: The Bed That Eats (George Barry, 1977): para una trasnoche de Objetos Asesinos.

As boas maneiras (Juliana Rojas y Marco Dutra, 2018) / Wolf Children (Mamoru Hosoda, 2012): dos fábulas con lobizones y también dos de las películas más hermosas sobre la maternidad que haya visto.

Un descubrimiento

Había leído mucho sobre ella y finalmente este año pude verla y comprobar que era todo eso y más: Funeral Parade of Roses (Toshio Matsumoto, 1969).

Un reencuentro

En parte gracias al Festival de Mar del Plata, en parte gracias al estreno de El libro de imagen y también gracias a una serie de circunstancias azarosas, este año (en particular, en estos últimos meses) volví a reencontrarme con muchos directores, películas y textos vinculados a la Nouvelle Vague, muchos de los cuales no había vuelto a ver ni leer desde mis primeros años de estudiante de cine. No sé si cambió tanto mi apreciación sobre las películas y los textos en sí, pero sí creció bastante (como yo, supongo). Sobre todo, el reencuentro me permitió reconstruir y ampliar la perspectiva sobre mi propia historia cinéfila.

En otro orden de cosas, este año estuve viendo por primera vez algunas películas de María Luisa Bemberg, de quien solo había visto Camila y a quien, confieso, siempre había subestimado un poco, bastante prejuiciosamente. La primera que vi, Yo, la peor de todas me cambió por completo e instantáneamente todo lo que pensaba sobre ella. Mi otro gran reencuentro nacional fue con una directora enorme a pesar de su bajo perfil: Ana Poliak, con la proyección de ¡Que vivan los crotos! en el FICIC, una película que había visto hacía mucho y que recordaba muy poco y que es increíble y adelantadísima a su época. Cuando reescribamos la historia del cine argentino, vamos a tener que repensar a esas dos.

Una experiencia en el cine

Ver Los cuatrocientos golpes, Besos robados, La mamá y la puta y La muerte de Luis XIV presentadas por el mismísimo Jean-Pierre Léaud en Mar del Plata fue la experiencia cinéfila del año. No me voy a olvidar nunca de la presentación de la película de Serra, en la que Léaud empezó diciendo “En esta película verán a la muerte trabajando a través de mi cuerpo”. Léaud habló de haberle entregado su cuerpo al cine, de empezar y terminar la vida en él, de sostener una mirada a cámara que es como sostenerle la mirada a la muerte. Todavía no me recupero y no creo que me vaya a recuperar.

Una incertidumbre

The Other Side of the Wind me parece uno de los eventos cinéfilos del año, pero creo que excede por mucho la discusión acerca de si es una película buena o mala. Nunca sé qué pensar sobre los proyectos póstumos y este no es la excepción. Me parece que es una película que obliga a volver a pensar en Welles, en la historia del cine, en quién, cómo y cuándo termina una película, en ciertas figuras arquetípicas del mundo cinematográfico y en muchas pero muchas otras cosas más.

Otra de las películas que me dejó sumida en la incertidumbre más extrema (aunque ya la había visto) es La mamá y la puta, que me parece una genialidad pero una genialidad que no sé por dónde abordar (más allá de los lugares comunes “muerte de los ideales del Mayo Francés”, “final de la Nouvelle Vague”, etc.) y que me deja siempre estallada de preguntas.

Un texto

Soy adicta a las entrevistas a Lucrecia Martel, y esta que leí este año me pareció particularmente hermosa: https://gatopardo.com/reportajes/entrevista-lucrecia-martel/ Y además, como el cine no está separado del mundo, sumo esta carta de Lucrecia en el marco del debate por la legalización del aborto: http://revistaanfibia.com/ensayo/vicepresidenta-usted-puede-cambiar-la-historia/

Además, y aunque esto no tenga mucho que ver con la crítica de cine (¿o sí?), hace poco me compré impulsivamente un librito misterioso que resultó ser un tratado sobre la escritura y a la vez un poema escrito en China en el siglo III (!): el Wen fu, de Lu Ji. Lo abrí y encontré este texto:

Un fotograma


Micaela Berguer (Crítica en El Club de las Cinco)

Una película

Amor de vinilo

Una canción

“Waterloo Sunset” por Ethan Hawke en Amor de vinilo

Un doble programa

El guiño de The Post a Todos los hombres del presidente me encantó

Un descubrimiento

¿Puede ser una serie? Bojack Horseman

Un reencuentro

Gracias a Isla de perros me amigué con Wes Anderson

Una experiencia en el cine

Las tres partes de La flor en dos días durante el Bafici

Una incertidumbre

Ready Player One

Un texto

Este año leí muy poca crítica. No recuerdo ningún texto particularmente.

Un fotograma

Alguno en la pileta de Los extraños: cacería nocturna o este de The Florida Project


Tatiana Mazú (Cineasta)

Una película

El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi

Narrada con la justa distancia que amerita una película, en parte, autobiográfica y familiar; y con la intensidad emocional necesaria para que salgamos del cine con ganas de construir otro mundo posible. Ese donde no tengamos que entendernos ni desentendernos como disidentes de ningún orden opresivo para sobrevivir.

Still recording, de Saeed Al Batal y Ghiath Ayoub

Película-golpe-manifiesto desde la Siria resistente. Por qué y para qué seguir sosteniendo una cámara en un mundo desbordado de imágenes. El cine como arma y las armas como cine.      

Las cruces, de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez

La belleza terrible. (muy) precisa excavación en imágenes y sonidos, que hace volar por los aires esa continuidad anestesiada que la sociedad chilena mantiene con la dictadura militar del 73’.     

Sumo cuatro cortos y un mediometraje, porque el cine más vivo puede hacerse con cualquier cosa y ser breve:

Elektro Pythagoras, de Luke Fowler – Las fuerzas, de Paola Buontempo – La carta natal de Argentina, de Manuel Embalse – Aquel verano sin hogar, de Santiago Reale . TRAP, de Manque La banca

Una canción

YMCA de Village People en Ash is the purest white de Jia Zhangke

Tuve un crush con Virus en El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi (con Dame una señal) y en Teatro de guerra de Lola Arias (creo que con Amor descartable y Luna de miel en la mano, si la memoria no falla).

Mejor película en un disco: El mal querer, de Rosalía.  

Un doble programa

Una obvia, pero ojalá se filmaran más seguido películas de ficción con esa verdad cinematográfica y ese cariño por los personajes: Entre dos aguas y La leyenda del tiempo, ambas de Isaki Lacuesta.

Un descubrimiento

Primero estas dos, porque óperas primas:

Terra franca, de Leonor Teles. Por favor, más películas donde conversaciones triviales sobre electrodomésticos nos permitan pensar los grandes problemas de la existencia humana bajo el capitalismo con el amor y la sobriedad con que lo hace esta chica.  

Construcciones, de Fernando Martín Restelli. Lo mismo digo. De alguna manera, tiene, con la película portuguesa, un parentesco visible –y audible-. Incluso hay algo en la ruptura excepcional de la ilusión en ese plano en que lx camarógrafx devuelve la pelota a uno de los personajes, que está en la mirada a cámara de la nena de Terra Franca. No somos nada haciendo cine sin otrxs.

Llegué tarde a La última vez que vi Macao de João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata, pero qué lindo ver películas donde los directores juegan así contando historias. También a Vida activa de Susana Nobre: la alquimia de extraer poesía de la burocracia.   

Un reencuentro

Volví a ver As i was moving ahead occasionally i saw brief glimpses of beauty de Jonas Mekas. Era otoño y estaba terminando una etapa muy triste. Me acosté con la gata entre muchas frazadas y me amigué con la soledad. La belleza como excepción política. Ahora tengo una relación personal con la película.

Una experiencia en el cine

Las películas que siguen apostando a que el cine es también algo físico que debe suceder frente a una pantalla grande, como LCohen de James Benning y Your face de Tsai Ming Liang.

Una incertidumbre

Le realidad. Un resumen de ella en las fotos sacadas por mi celular en 2018 aquí abajo:

Un texto

El otro montaje: reflexiones en torno al montaje documental de Coti Donoso. La terapia que necesitaba mientras intentaba terminar de editar mi película.

Imagen no disponible, pequeño pensamiento de Valeria Hofman sobre las imágenes alrededor del asesinato de Camilo Catrillanca en manos del Estado chileno.

http://vhttp.tumblr.com/post/180240107389/imagen-no-disponible-una-imagen-de-un-rostro-se?fbclid=IwAR1mMuzSuK4GQuqGmJ_Yt3qLnQ_W2M3emRMZE0G4zrmZ99WbWskOwPqbEf8

Un fotograma

El plano final de Las hijas del fuego, de Albertina Carri. Ojalá toda la película fuera así. No lo encontré sin censura ni en su mejor momento.


José Miccio (Crítico en Calanda)

Una película

Phantom Thread

Una canción

Elijo dos. Una de cierre: “Dame una señal”, de Virus, en los créditos de El silencio es un cuerpo que cae. Y otra de desarrollo y pausa: la que canta Zhao Tao en un teatro, sufriendo por amor, en Ash is Purest White, el extraordinario melo con trompadas, lágrimas, inteligencia sociológica y plato volador que Jia nos regaló este año.

Un doble programa

Dos obras maestras de lo sublime grasa.: Que le diable nous emporte y Showgirls:

Un descubrimiento

Descubrir amor en el amor: háblame de lo intenso. Acá van dos tipos que adoro. Primero, Raúl Ruiz. No había podido disfrutar nunca de La hipótesis del cuadro robado. La tenía en la cabeza como una de esas películas imposibles, que demandan esfuerzos que al final se revelan fofos porque no estimulan más que la inteligencia. Este año me divertí tanto como con las novelitas de César Aira (a propósito, ¿leyeron Un filósofo?). ¡Era una comedia! El otro tipo es Marco Ferreri. Volví a ver todas sus películas. El Gordo filmaba tragedias bufas. Su cine es infinito.

Un reencuentro

Amo a George Romero, pero tenía perdida su obra maestra de 1981, Knightriders. La había visto una sola vez, hace mil años, en una versión doblada, creo que grabada de Cinemax en velocidad lenta. Mi memoria me dictaba adjetivos ridículos como linda, agradable, menor y simpática. Este año la vi dos veces. La primera, sorprendido. La segunda, en estado de excitación. No hay muchas películas tan hermosas e inteligentes como esta de los caballeros artúricos en moto.

Una experiencia en el cine

Besos robados en un Auditorium repleto.

Una incertidumbre

Estrenada este año, ninguna que me acuerde. Vista por primera vez en este año,  4:44 Last day on Earth, de Abel Ferrara.

Un texto

Fassbinder por Fassbinder

Un fotograma

En una escena de Phantom Thread que contiene a la película entera, Alma y Reynolds juegan al backgammon. Ella se enoja y dice que es un juego estúpido. Reynolds contesta: “Tal vez te parezca estúpido porque estás perdiendo. Pero me atrevo a decir que si salieras victoriosa lo verías de manera diferente”. Y agrega: “Necesito tu silla para mi próximo rival”. Ese salirse del tablero es lo que Alma no acepta. La pelea que da es una de las más hermosas historias que contó Hollywood en los últimos años. Alma es una mujer fuerte que no quiere serlo por fuera de la pareja sino en su interior, poniendo ella las reglas. O disputándolas. Desde el comienzo, sirve el té, el agua o lo que sea levantando el recipiente para que el líquido caiga desde bien arriba. Reynolds se queja siempre de los ruidos. En algún momento ella obedece, se cuida, trata de no molestar. Se porta como una invitada. Pero Alma no es esa mina. En la escena central de la película, la de los hongos, esa que termina con Reynolds diciendo “Kiss me, my girl, before I’m sick”, y en la que la música de Johnny Greenwood crece como nunca antes, en esa escena, decía, que ya pertenece a la eternidad, Alma sirve el agua levantado tanto la jarra que mueve la lámpara que tiene arriba:


Gabriel Von Sprecher (Cinéfilo)

Una película

Céline de Jean-Claude Brisseau. Iba a poner solo esta peli que vi en mi casa, pero me parece que tendría que ir también una peli que haya visto en el cine, así que: Mujer nómade de Martín Farina

Una canción

Este año se termino Adventure time, sus canciones son geniales, para el último capitulo Rebecca Sugar compuso esta:

Y algo del cine, este tema que esta en El hombre de paso piedra de Martín Farina:

Un doble programa

Dos nenas de aventura:

The Florida Project de Sean Baker/Chibi Maruko-chan: mi canción favorita de Tsutomu Shibayama y Yumiko Suda

Una de terror digital y una de terror analógico:

Unfriended: Dark web de Stephen Susco/Celluloid nightmares de Hisayasu Satô

Un descubrimiento

Ermanno Olmi, en un ciclo del Pasión de los Fuertes, ya con las cinco pelis que vimos ahí queda para mi como uno de los más grandes.

La saga de Pesadilla, las pelis de Freddy, todas me parecieron buenas (quizá las que menos me entusiasmaron fueron las del padre, Wes), todas una locura de imaginario visual y pesadillesco.

Un reencuentro

Cronenberg. Creo que había visto Videodrome tipo a los 16 o 17 años, me había parecido que estaba bien. También por esa época vi The Brood, la misma sensación, tampoco era la gran cosa. Este año vi esas dos pelis de nuevo más varias otras de él. Videodrome es una de las cosas más alucinantes que he visto en mi vida, y este tipo es un genio.

Una experiencia en el cine

El pan nuestro de cada día de King Vidor, en La Quimera.

Creo que al terminar todos los que estábamos en la sala queríamos salir, agarrar picos y palas, y continuar la zanja que protagoniza la secuencia final de la película.

Una incertidumbre

Quizá el cine de Sally Cruikshank, pero es medio trampa porque el corto Face Like a Frog me parece genial. Así que voy a decir The Black Cat de Luigi Cozzi.

Un texto

Un texto sobre la tercera peli de Pesadilla, un textito de Claire Diane, que no es crítica de cine, ni tampoco me parece que sea el cine lo que más le interesa, pero es un texto con mucha emoción: https://letterboxd.com/fieldmouse/film/a-nightmare-on-elm-street-3-dream-warriors/

Y América profunda de Kusch, que también me acompaño para pensar muchas cosas, incluyendo el cine.

Un fotograma

Este año me acorde que siempre tendría que volver a Rohmer:


Paul Von Sprecher (Cinéfilo)

Una película

As Boas Maneiras de Juliana Rojas & Marco Dutra. La relación que se da entre una mujer joven de clase alta con  la niñera de su futuro hijo es algo realmente hermoso y conforma una de las grandes parejas cinematográficas del año. Además contiene la mejor escena de sexo que haya visto este año (y en mucho tiempo). Pero además es la mejor película sobre hombres lobos desde Nazareno y cruz y el lobo de Favio o al menos desde Aullidos de Joe Dante. As boas maneiras es la película del cine brasilero reciente que más me impresiono además de que puede hablar de muchos temas (distintas clases sociales, racismo, lesbianismo) sin señalar para nada con el dedo y ser una preciosa película de amor y terror al mismo tiempo. Integra mi combo de películas más queridas y hermosas del año junto a Proyecto Florida, Isla de perros y Juliet, Naked.

Una canción

Ethan Hawke cantando y tocando “Waterloo Sunset” de The Kinks en Juliet, Naked (Amor de vinilo). Ethan Hawke es un músico de culto retirado que va con uno de sus hijos al pueblito costero de su nueva novia. En una muestra, que prepara la novia (Rose Byrne) le piden que toque algo y toca una canción que aclara que no es suya. Mientras miraba la película me preguntaba de quien era. Más tarde me fije en internet y era uno de los clásicos de The Kinks. No recuerdo si la había escuchado probablemente sí pero al pasar. Desde entonces la escuche varias veces sobre todo a la versión de Hawke. Es una canción hermosa como la película que duro una semana en la cartelera cordobesa y las dos veces que la fui a ver la disfrute muchísimo. Salí contento del cine de una manera que pocas veces me paso este año.

Un doble programa

Campamento sangriento (Sleepaway Camp, 1983)/Los Extraños: Cacería nocturna (The Strangers,Prey at night,2018). Este año vi muchos slashers y estos dos fueron de los más destacados. Campamento Sangriento es una película de terror teenager post-Martes 13 que, por lo tanto, transcurre en un campamento de verano y Los Extraños: Cacería Nocturna es un slasher contemporáneo muy autoconsciente con aire ochentoso que incluye muertes musicalizadas con hits pop de dicha década (la muerta en la pileta con “Total Eclipse of Hearth” de Bonnie Tyler de fondo es una de las escenas del año). Las dos coinciden en un gran uso del suspenso, asesinos psicóticos y retorcidos, grandes climas y uso del espacio. Además los dos saben hacer un buen slasher (con todos los tópicos de estos) un subgénero difícil de hacer bien en un género (el terror, claro) de por sí difícil de hacer. De hecho Campamento Sangriento 2 y la primera de Los Extraños son bastante inferiores a las nombradas.  Campamento Sangriento pertenece a los 80’ la última década dorada del terror y Los segunda parte de Los extraños (o reebot ya que no continua de la primera)a la actual década donde el terror es más autoconsciente que nunca (autoconciencia  que termino de tomar forma a mediados de los 90’ con La Nueva Pesadilla y Scream ,ambas de Wes Craven, justamente dos grandes slashers).En el año que más películas de terror vi en mi vida (lo que es mucho decir ya que siempre fue de mis géneros preferidos) elegir un programa doble así era inevitable.

Un descubrimiento

Elaine May & Claude Sautet .Conocía solo de nombre a Elaine May pero a partir de ahora es mi directora preferida. Pertenece a ese selecto grupo de directores que con una obra muy breve hicieron una obra única y que supera  a otras filmografías más extensas. La tragedia absurda de A new Leaf  y The  Heartbreak kid, la amargura casevetiana de Mickey and Nicky y el delirio hilarante de Ishtar componen una  filmografía donde las situaciones más graciosas  se transforman en las más incomodas y viceversa. Además filma como pocas (perdón Bigelow y Claire Denis) a los grandes actores ya sean John Cassavetes,Walter Matthau o Dustin Hoffman. Fue una buena decisión de Alejandro Cozza y José Fuentes Navarro de cerrar el Pasión de los fuertes de este año con estas cuatro hermosuras. Otra buena decisión, en otro espacio del Cineclub Municipal, fue el ciclo que Jesús Rubio le dedico al gran Claude Sautet.  Imposible no enamorarse de Romy Schneider de la forma en que la dirige en Max y los Chatarreros,Cesar & Rosalie y Una historia simple y lo mismo con Emannuelle Beart en Un Corazón en Invierno y El placer de estar contigo. Justamente es un placer ver las películas de Sautet, un director francés no valorado en su justa medida.

Un reencuentro

Casper, Space Jam y Hook en el etiqueta negra. Martin Emiliano Campos programo para las vacaciones de julio un ciclo de películas infanto-juveniles de los 80’ y 90’ (el año pasado lo había hecho abarcando solo los 80’). La mayoría del ciclo las había visto de niño y un par de adolescente pero estas tres son las que más hace tiempo que no veía.  Casper la había visto en las salas de abajo del Nuevocentro shopping (varios años antes de que sean Hoyts) y Space Jam en el Cine Ciudad  (¡Dos veces seguidas! En los últimos años pre multicines), un cine que estaba en una peatonal del centro de Córdoba .Volver a ver esas dos películas, a las 23 en la sala grande del Cineclub Municipal, fue algo muy emocionante y divertido. Las disfrute tanto como cuando tenía 6 años. Cristina Ricci y Bugs Bunny siguen siendo dos ídolos. En cuanto a Hook recuerdo haberla visto por Space (u otro canal de cable) y tenía un grato recuerdo de ella. Verla en cine confirma que sigue siendo una de las películas más subvaloradas de Spielberg (Uno de mis directores preferidos, lo mismo pasa con Always que la vi por primera vez este año). Además fue muy grato ver ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Quisiera ser grande, Los Exploradores, El Secreto de la Pirámide y Cuidado Hércules vigila en pantalla grande .La diferencia en volver a ver estas hermosuras de grande fue ver que pertenecen a un tipo de cine que casi que  ya no existe más (por lo menos en salas de cine). Hoy en día las opciones en cine para niños y no tanto son o dibujos animados o películas de superhéroes. Ambas para un público amplio (entre los que me incluyo) pero películas apuntadas a un público infanto-juvenil como la de los 80´o 90´muy pocas. En el 2018 solo se me ocurre el muy divertido reebot de Jumanji.  He ahí también la importancia de lo que significó para mí este ciclo  que me hizo volver a asociar julio y vacaciones de invierno con este tipo de películas.

Una experiencia en el cine

Cine argentino clásico y moderno en 35mm/Semana de la Cinefilia.

En febrero, en el Malba, pude ver algunas películas de la retrospectiva integral como director  de Hugo del Carril (más un bonus con algunas películas en las que actuó) en fílmico. Entre ellas pude ver algunas de las grandes películas del cine argentino como Las Tierras Blancas, Surcos de Sangre, Mas alla del Olvido, Gente Bien (de Manuel Romero) y La Cabalgata del Circo (de Mario Soffici) . Ver estas obras maestras en fílmico (y por primera vez además) fue algo sumamente placentero más teniendo en cuenta que la mayoría de las veces se pueden ver en copias de dudosa calidad o aceptables en Youtube (o en Cine.Ar, acá si en mejor calidad). Pero cuando se las ve como se debe se nota que fueron hechas para ver en una sala de cine. Además permitió ratificar que considero a Hugo del Carril como el mejor director del cine argentino junto a Favio .Y como actor no se queda atrás. Este placer por ver cine argentino como se debe se amplió, unos meses después, con la muestra de 3 clásicos del cine argentino que se dio en el festival de cine de Cosquin que incluyo Amorina, también de Del Carril, No abras nunca esa puerta de Carlos Hugo Christensen y Pajarito Gomez de Rodolfo Kuhn. Tres obras maestras pero la que más me impresiono fue Pajarito Gomez. Hace rato que la quería ver y me dejo en estado de éxtasis. Fue mi película preferida del FICIC y tiene uno de los mejores finales que vi en mi vida. Como si fuera poco en el mismo festival se dio una retrospectiva de la gran Ana Poliak en fílmico también. Ver ¡Que vivan los crotos! el primer día del festival y volver a ver La fe del Volcán y Parapalos fue una experiencia única e irrepetible. Mi preferida de su filmografía es La fe del Volcán  que fue filmada en el 2001 y entre otras cosas impresiona como muestra un país devastado.  Y otra experiencia que no puedo dejar de nombrar es La Semana de la cinefilia el evento que unió a críticos de Calandia, La Vida Útil y Revista de cine en Córdoba en el Cineclub municipal y que entre charlas, proyecciones y post-charlas se transformó en un hito para la cinefilia cordobesa. Entre los momentos más memorables se hayan la proyección de La Pistola Desnuda (con la sala estallando de la risa), el doblete aventurero que integraron  El Mundo en sus manos de Raoul Walsh y Sueños de Hielo de Ignacio Aguero y José Miccio criticando la noción de abyección de Daney y de los que lo siguieron.

Una incertidumbre

Drift de Elena Wittman. Fue la primera película que vi en el FICIC y  la venia siguiendo pero a la mitad me dormí y cuando me desperté había varios planos del mar. Salí bastante desconcertado y aun hoy no se bien que pensar de la película y si me gusta o no.

Un texto

Nicolas Prividera (http://www.conlosojosabiertos.com/la-quietud-2/9 ) y Iván Zgaib (https://queridosrproyectorista.wordpress.com/2018/09/09/poses-de-familia/ sobre La Quietud.

Mientras veía La Quietud sentía vergüenza ajena. No podía creer que el mismo director de Mundo Grua y El Bonarense  hubiera dirigido esto. Y sentía que alguien que empezó en el denominado nuevo cine argentino que venía  a sacarnos del peor cine argento de los 80’ y comienzos de los 90’ terminaba en una película muy deudora de este cine.  Luego de leer la notable critica de Ivan Zgaib, donde desmenuza la película y donde coincido con todo lo que dice, y la excelente nota de Prividera, donde pone a la película en contexto con la historia del cine argentino y la compara con la última película de Leopoldo Torres Nilson (Piel de Verano) que yo no conocía, me  di cuenta que había sido fundamental ver La Quietud para poder comprender estos dos textos de dos de los críticos que más disfruto leer (coincida o no con ellos. En este caso sí, claro).

Un fotograma

The Florida Project es algo increíble y uno de los momentos más hermosos que tiene es este cuando Moone le muestra a su amiga un arco iris y le dice que hay oro al final del arcoíris pero la amiga le dice que  hay duende que no quiere se lleven el oro entonces Monee le dice “vayamos a golpearlo”. Ese dialogo entre dos niñas realmente contiene una frescura poco corriente en el cine contemporáneo. Y en cuanto a la imagen que más se puede decir de un fotograma así con dos niñas viendo  un arco iris con un hostel rosado y los autos estacionados de fondo. Después de que la vi por segunda vez (en cine) salí con la sensación de que era la mejor película de los últimos tiempos y de que Sean Baker es uno de los grandes directores en actividad.


Mariano Luque (Cineasta)

Una película

Phantom Thread, de Paul Thomas Anderson.

Una canción

Uno de los temas de Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta. Los músicos son Raül Refree y Kiko Veneno, encontré sólo este link, que sale un pedazo breve:

Un doble programa

The Post, de Steven Spielberg. El argumento no me interesó mucho, pero la disfruté un montón, tanto que me hubiese gustado que dure más. No la conecté con una película específica, sí con pasajes al mejor estilo Spielberg clásico. Una suerte de “grandes éxitos de Spielberg”.

Un descubrimiento

Mia Hansen-Løve (hermosas películas en las que transcurren varios años en la vida de los personajes).

Un reencuentro

Fui a ver otra vez Persona de Bergman en la Sala Lugones, y no fue una buena decisión. Me vi casi todo Bergman a los 20 años, Sonata de otoño es una de mis películas preferidas, a Persona la recordaba con mucho entusiasmo, pero ahora, 12 años después, me pareció un plomo. Posiblemente las interpretaciones ajenas a toda su simbología y el tono teatral, que ahora parece que tolero menos, contaminaron mi percepción. Así que mejor no sigo revolviendo.

Una experiencia en el cine

Fui al cine a ver A Quiet Place, de John Krasinski, y el principio es casi literalmente silencioso, está muy bien, y la banda sonora era la gente comiendo pochoclo, tomando Coca, atendiendo el celular, etc. Mientras avanzaba la película, iba subiendo la tensión y de a poco dejaron de hacer ruido. Muy de a poco. Recién a la media hora se quedaron en silencio, y pensé: al fin, les ganó la película.

Una incertidumbre

Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher. Consenso sospechoso. Tiene unos momentos increíbles y atrapantes, lúdicos y oníricos, que hacía tiempo no experimentaba, pero la escena final, que sentencia “puf, la sociedad está perdida y llena de violencia” me pareció muy vaga y simplista. Ese final me hizo repensar toda la película, y creo que hay una lectura super clasista de la pobreza y cristiana de la bondad. El protagonista se supone que es adorable y admirable por ser pobre, bueno, generoso y un poco boludo. Casi como si fuese un personaje de Disney. Incluso la película idealiza el trabajo esclavo como peones rurales frente a la miseria que viven en la ciudad. No pude evitar compararla con el humanismo de las películas de Kaurismäki. El puerto es una película de pobres y marginados que se ayudan entre sí frente a la malaria, hasta “el malo” es bueno, y no hace falta que haya un idiota buenudo. Sobre este consenso, algo más burdo y violento sucedió luego con Roma, de Cuarón. Mirada clasista y Lationamerica for export al palo. No es casual que esas películas entren a Netflix, y encima da la sensación de que están gustando y seduciendo muy bien al público progre.

Un texto

Del libro “Lynch por Lynch”, de la editorial El Cuenco de Plata, hay un pasaje donde el director habla del enorme trabajo y esfuerzo para hacer su primera película, Cabeza borradora, y me resultó muy motivador.

Un fotograma

Fotograma de Vendrán lluvias suaves, de Iván Fund, Director de fotografía: Gustavo Schiaffino


Martín Farina (Cineasta)

Una película

An Elephant Siting Still

Una canción

As Boas Maneiras tiene el momento musical que más disfruté. Creo que no hay link

Un doble programa

Construcciones / Yatasto

Un descubrimiento

Travis Wilkerson en el Doc Bs. As. Todas sus películas

Un reencuentro

Luis Ortega – El Ángel

Una experiencia en el cine

El encuentro con los espectadores cubanos en las salas de cine La Habana. Lo viven de una forma diferente a todo lo que había visto antes.

Una incertidumbre

No se si alguna película me quemó los papeles y categorías de pensamiento.

Un texto

En busca de la cinefilia perdida (Parte 4) – Quintin

Arqueología del Presente, algunas conjeturas sobre el cine de Travis Wilkerson – Roger Koza.

Corsario, de Perrone. Oscar Cuervo

Un fotograma

Este de As Boas Maneiras


Mercedes Arias (Productora y Realizadora)

Una película

As boas maneiras de Juliana Rojas y Marco Dutra.

Una canción

Todos los temas de Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc,  de Bruno Dumont  estrenada en Bafici 2018 son geniales

Un doble programa

Roma y La Teta asustada.

Un descubrimiento

La casa lobo, de Cristóbal León y Joaquín Cociña. Están completamente locos. Es dificilísimo lo que hicieron. Además uno no tiene la sensación de estar viendo una película animada, sino de estar frente a una obra de arte en constante transformación.

Un reencuentro

Al otro lado del viento, Orson Wells y Me amarán cuando esté muerto, Morgan Neville

Una experiencia en el cine

Una de las últimas noches del BAFICI, deambulando sin entrada por los pasillos, contacto a unos amigos para consultarles qué estaban por ver y me dijeron: “As boas maneiras, venite a la sala 6”. No tenía idea qué iba a ver, estaba con un poco de sueño y desde que comenzó la película, escena tras escena, no podría creer lo que estaba viendo. Todo me parecía increíble. Es un placer cuando uno tiene esas sorpresas.

Una incertidumbre

Roma, de Alfonso Cuarón, no me movió la estantería al nivel de la pregunta, pero me dejó esa sensación de no estar segura de si acababa de ver una buena o mala película… quizás fue sólo su virtuosismo obnubilándome. Aún lo estoy pensando.

Un texto

Esta pregunta me hizo dar cuenta que no estoy leyendo mucho sobre cine, pero recientemente leí esta nota en A sala llena, que me pareció muy interesante para pensar sobre las figuras de programadores y críticos, que sigue ocupando los lugares que “marcan la cancha”.

La nota además me dio muchas ganas de leer el ensayo de Sonzini, ¿me lo pasan? 🙂 http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/

Un fotograma


Ana Schmuckler (El arma secreta de todo festival)

Una película

Hago trampa y voy con una triada de peliculas que vi este año y se van a quedar conmigo: Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher

What you gonna do when the world’s on fire? de Roberto Minervini y Cassandro, el exótico de Marie Losier.

Una canción

Harry Dean por siempre:

Un doble programa

Malambo, el hombre bueno de Loza con Aniceto de Favio.  Fan de ambas, fan de las peliculas que se bancan su contundencia poetica y afirman que las historias pequeñas merecen pantalla. Además del baile, que salva.

Un descubrimiento

No habia visto Boy meets girl de Léos Carax. Descubrimiento con 34 años de demora….

Un reencuentro

No es tanto un reencuentro como una cita: cada vez que necesito recuperar la fe en el cine vuelvo a mis preferidos. Este invierno fue Fellini y el hermoso quilombo que es 8 1/2.

Una experiencia

En medio de dias muy agitados de trabajo festivalero me escapé a ver lo que me quedaba justo por horario. El título era conflictivo desde que apareció en programacion porque habia que copiar una estrella negra muy especifica, no escribirlo, no ingles ni aleman ni castellano. Meses hablando de “Estrellita”… Fue un viaje de una hora y media de cielos estrellados en la historia del cine. Justo lo que necesitaba. Gracias, Johan Lurf.

Una incertidumbre

Lo dejo vacante.

Un texto

El libro con el que empecé el año fue el de Henri Langlois: Memorias de un cinefilo. Escritos sobre cine (1931-1977).  Belleza que te hace soñar con fotogramas y suspirar por todo lo que falta ver. Tiene mil subrayados con lapiz, pero elijo compartir este a modo de anzuelo “El sueño implica la realidad.Es imposible que una imagen sea total si no se vincula con la vida, si no es concreta, si carece de volumen y sonido.”

Un fotograma


Enrique Méndez Valverde (Cineasta)

Una película

Climax – Gaspar Noé (2018)

Película que debería estar en la sección de Reencuentro, pero es la que más me gustó este año. Love la detesté por su espíritu hipster y esta me tiene todavía electrizado hasta ahora (como sus personajes). ¡Tremenda!

Mención: Era uma vez Brasilia Adirley Queirós (2017)

Una canción

Cornelius Bros and Sister Rose – Too Late Too Turn Back Now (Blackkklansman – Spike Lee)

Menciones:

Hot Blood – Soul Dracula (Los Débiles Eduardo Giralt y Raul Rico)

Sister Nancy – Bam Bam (Cómprame un revolver – Julio Hernández Cordón)

Un doble programa

The Harder They Come – Perry Henzell (1972)

Black Mother – Khalik Allah (2018)

Dos películas hechas en Jamaica, país con filmografía pequeña y con la mejor música en el mundo. Ambas situadas en contextos difíciles, pero en dos siglos distintos.

Un descubrimiento

Drvo André Gil Mata (2018)

Menciones:

Black Level Valentyn Vasyanovych (2017)

Casting – Nicolas Wackerbarth (2017)

Lima Grita – Ximena Valdivia y Dana Bonilla (2018)

Un reencuentro

Nuestro Tiempo – Carlos Reygadas.

Valió la pena esperar 6 años al mexicano, Post Tenebras Lux la vi mientras iba en el primer ciclo de la escuela de cine.

Una experiencia en el cine

Long Day’s Journey Into Night de Bi Gan

Una incertidumbre

Le Livre d’image – Jean-Luc Godard

El viejo Godard sigue desbordando (y loqueando también) con ideas sobre la vida, el cine y el estado político mundial.

Mención:

Cómo matar a tu presidente – Ernesto Flores.

Película de arrebato, hecha por unos chicos de Bolivia que se graban a ellos mismos, con muchas imperfecciones de realización, pero muy divertida y honesta a la vez.

Un texto

Los hijos del bit – Roger Koza.

Un fotograma

Uno de Inferninho, película freak, chacotera, exótica y a la vez cálida. Una de las más originales vista en el 2018.


Miguel Peirotti (Crítico en Perro Blanco)

Una película

Mandy, de Panos Cosmatos.

Una canción

“Lucky Man”, de Emerson, Lake & Palmer, en BlacKkKlansman, de Spike Lee.

Un doble programa

The Other Side of the Wind, de Orson Welles, para ver junto a F for Fake, también suya.

Un descubrimiento

Ari Aster, director de Hereditary.

Un reencuentro

Ver Bullitt de Peter Yates en el cine – gracias a ese programa esporádico de “Clásicos en el cine” – fue todo lo que podía pedirle al año.

Una experiencia en el cine

Misión imposible: Repercusión. La mejor película de acción del año, la mejor de la saga hasta el momento.

Una incertidumbre

Roma es una de las películas del año – ya la vi dos veces – pero no sé qué pensaré de ella en unos meses. Cuarón es brillante pero uno se olvida pronto de sus películas.

Un texto

2018 se ha caracterizado por golpearme de una manera extraña en lo referido a la transición en la forma de consumir cine estrenado comercialmente. A algunas de las mejores películas del calendario las he visto en streaming, y no en una sala, como prefiero, y en esta tesitura, o preferencia, siento cada año mayor soledad. Ustedes seguramente coincidirán conmigo. Pero no es novedad que coincidamos los cinéfilos. A mí me encanta hablar de cine con los no especialistas (amigos, familiares, gente casual), pero son los que la ponen cada vez más difícil. Los últimos tres meses del año casi no he ido al cine comercial por el sopor que me da la programación. Y creo que en 2019 seguiré bastante de este modo. Me condiciona hacer radio, pues hay que estar al día. Pero es insoportable perder tiempo cuando podés usar esas dos horas en ver una de Melville. Estoy volviendo a los clásicos. Uno nunca se va de ellos. Me refiero a que los estoy volviendo a ver en cantidades. En el pasado está el futuro, dice el proverbio japonés. En cambio, en el presente de la exhibición está el pasado, el hastío. Están llevando a la experiencia de ir al cine del shopping hacia un infierno inextinguible. Lo peor es que no me preocupa. Me irrita pero no me preocupa.

Me gustó una entrevista a Dario Argento muy grossa, publicada en Calanda Crítica: https://calandacritica.com/2018/07/20/argento-habla/?fbclid=IwAR1uC4XjIgETVwdPum2W1WDGI7l81lzVAqZ99ZpQJfaPp2BtsBVQ2Vuf68Q


Juan Pablo Martínez (Crítico en Los jóvenes viejos)

Una película

Puppet Master: The Littlest Reich (Sonny Laguna, Tommy Wiklund): no la vio nadie y deberían verla todos. Tiene guion de S. Craig Zahler (o sea, tiene sus diálogos) y un score hermoso de Fabio Frizzi, el músico de Fulci; tiene a Thomas Lennon, a Udo Kier, a Barbara Crampton, a Michael Paré y a Charlyne Yi, tiene un tono deadpan encantador, unas criaturas hermosas y varias de las muertes más creativas de este lado de Destino final. Y no necesitan ver las películas anteriores de la interminable franquicia a la que pertenece, pero de seguro van a querer ver la próxima

Estrenada: El legado del diablo (Hereditary, Ari Aster): podría haber sido otro exponente del “terror culposo de ser terror” al que A24 ya nos tiene acostumbradxs (ver: La bruja y Viene de noche), pero la opera prima de Ari Aster parte de lo terrenal para luego abrazar al género como pocas películas de los últimos años, con una segunda mitad enormemente generosa en materia de sustos y un final antológico que, extrañamente, muchos vieron como “sobreexplicado” cuando su gran mérito es precisamente el no molestarse demasiado en atar cabos.

Una canción

Toda la secuencia del Live Aid en Bohemian Rhapsody, que es el mejor final del año, “Te quiero” y “Confesiones de invierno” en Te quiero tanto que no sé y el combo Jim Steinman (“Total Eclipse of the Heart” por Bonnie Tyler y “Making Love Out of Nothing at All por Air Supply) en Los extraños: cacería nocturna.

Videos:

Un doble programa

Annihilation, de Alex Garland y Pequeños Milagros, de Eliseo Subiela

Un descubrimiento

Caught de Max Ophüls y su pañueloverdismo de avanzada.

Un reencuentro

Bergman en la Lugones, o cómo, luego de años de jactarme de ser antibergman, terminé haciéndome medio fan.

Una experiencia en en el cine

Las presentaciones de Jean-Pierre Léaud en el Festival de Mar del Plata.

El videoclip espantoso de Arjona en stop motion que se le ocurrió a la gente de Village Cines que podía ir bien antes de películas como El ángel y Misión: Imposible.

La indignación que Las hijas del fuego causó en parte de la platea masculina. 🙄

Una incertidumbre

Rojo.

Un texto

Quintín sobre Downsizing: http://www.asalallena.com.ar/cine/pequena-gran-vida-downsizing-quintin/ y Lucas Granero sobre Downsizing.

Un fotograma

Luego de haber estado solo una semana en cartel en 2011, Las aventuras de Nahuel, catástrofe marionetil de diseño más bien precario y por momentos involuntariamente aterrador perpetrada por el inefable Alejandro Malowicki (el del Pinocho de Midón con Solita Silveyra), desapareció del mapa, ya que no se editó en formato hogareño ni apareció colgada en Clan Sudamérica. Solo quedaba su imposible tráiler, hasta que finalmente, este año, el propio Malowicki nos la regaló en su canal de YouTube. Y la espera no fue en vano. El hecho de que durante toda la película se vea la marca de agua del software que Malowicki usó para ripearla no hace más que sumar al disfrute general.


Luciana Calcagno (Distribuidora y crítica en El Club de las Cinco)

Una película

The Florida Project.  

En una época en la que todas las películas empiezan a parecerse, no hay ninguna que se parezca a esta.

Con Tangerine, Sean Baker ya había demostrado por qué es uno de los directores más relevantes de la actualidad y acá lo reafirma: puede mostrar a los marginales de esta sociedad sin estetizarlos ni idealizarlos, y aún así lograr nuestra empatía. La paleta de colores y el soundtrack merecen un texto aparte, al igual que la actuación de Willem Dafoe,  y de Brooklynn Prince- la niña protagonista- que llevan la película a otro nivel.

Una canción

“Hand in my pocket” de Alanis Morissette en Lady Bird. Un hermoso viaje al pasado.

Un doble programa

Gracias a la visita de Jean-Pierre Léaud en el festival de Mar del Plata pudimos ver varias películas protagonizadas por él en pantalla grande. Y al ver nuevamente Los 400 golpes recordé inmediatamente The Florida Project.

El combo  Los 400 golpes y The Florida Project (al que le podríamos agregar Verano 1993, pero voy a respetar la consigna)  es recomendable para cualquiera que quiera recordar lo duro que es crecer. No sé si hay algo más agridulce que las escenas finales de ambos films, tan bellas como desgarradoras. Para ver en loop sólo  cuando se está anímicamente estable.

Un descubrimiento

Paul Dano. Le tenía cierta idea (¿desprecio?) por llevar siempre la misma cara a cada película, pero en el Festival de Mar Del Plata vi Wildlife (basada en la novela homónima  de Richard Ford) y me pareció muy sólida, una película con imaginario norteamericano  y problemas norteamericanos sin mayores pretensiones que mostrar la destrucción de una familia. Es durísima y muy efectiva.

Además, gracias a la película empecé a leer a Richard Ford, así que ahora Paul Dano me cae decididamente mejor.

Un reencuentro

Brian De Palma. Siempre lo tuve como  un director menor (y de muy mal gusto)  y este año volví a ver Doble de cuerpo y me di cuenta de lo equivocada que estaba. Lo del mal gusto lo sigo pensando, pero me parece que nunca tuvo el reconocimiento que se merece. Doble de cuerpo es una película complejísima (casi barroca) y muy buena.

Una experiencia en el cine

Tengo dos:  una más emocional y otra más cinematográfica – no estoy segura de que sean categorías distintas-.  Ambas fueron fallidas y en festivales de cine.

1) Ver a Jean Pierre- Leáud en el  cine Colón de Mar del Plata contando cómo Eustache le había llevado el guión de La Mamá y la puta. Nunca me voy a olvidar de eso. A la proyección posterior – en 35 mm-  le faltó un rollo pero ¿qué importa?.

2) Tuve la suerte de ir a TIFF y allí  ver Our time, de  Carlos Reygadas, en pantalla grande. Reygadas es uno de mis directores favoritos y poder ver y escuchar su última película  en una sala enorme y bien equipada fue una experiencia hermosa. Pero en los primeros minutos de de la proyección el sonido empezó a fallar generando un zumbido insoportable y se levantó más de la mitad  de la sala. Los verdaderos Reygadistas (?) seguimos firmes junto al pueblo y esperamos un rato hasta que el problema fue solucionado y finalizamos la proyección sin problemas. Nunca esperar tuvo tan buenos resultados como aquella vez.

Una incertidumbre

Enemy (Denis Villeneuve). Tiene unos años pero la vi hace poco. No sé si la odio  o no, no sé si es una metáfora de algo o simplemente una muy mala película. La tengo que pensar un poco más.

Un texto

Este año fue muy importante porque estuvimos cerca de conseguir la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, y el movimiento feminista creció y se multiplicó, mostrándose como fuerza política  en un país que está siendo arrasado por el gobierno de derecha.

Así que voy con dos textos de mujeres que son muy iluminadores en cuestiones de género:

http://revistaanfibia.com/ensayo/vicepresidenta-usted-puede-cambiar-la-historia/

http://panamarevista.com/sacar-las-violaciones-del-closet/

Y, en el plano cinematográfico, la hermosa entrevista de Peña a Leáud

https://www.pagina12.com.ar/162302-actor-de-autor

Un fotograma

The Florida Project


Roger Koza (Crítico y programador)

Una película

Good art sí, GodArt no. Podría haber elegido otra película (la última de Minervini, la de Rude, la de Diaz), pero el acto más sincero de mi parte es poner el film de Godard primero que todos. Al hacerlo, sé que una vez más seré blanco de críticas y acaso también de burla. He escrito en tres ocasiones sobre este film y he dejado constancia de mi parecer, y dudo que en esos textos haya siquiera insinuado que el arte de Godard es el arte de un ente divino sin fisuras. La irritación me es ajena como respuesta estética, y prefiero definir mi posición como crítico a propósito de lo que amo y no mutando la bilis en signo. Hay escritores que pueden sentirse de tal modo y darse el permiso de crear cuando los posee la hostilidad. Godard despierta desde siempre las ganas de escupir y asimismo de dirigir un par de dardos envenenados a todo aquel que sienta placer por los delirios del viejo cineasta. En ocasiones, algunos ataques indirectos sobre la felicidad ante este film parecen responder más a una inconfesable envidia por el placer que suscita. La dedicación policíaca al placer ajeno tiene algo de eso. Si tengo razón o no sobre este señalamiento —una intuición inverificable—, esto reviste tanta importancia como otras discusiones solo estimuladas por el combustible barato que proviene del desprecio. El enojo modifica toda noción de prioridad. Lo que sí importa, y mucho, es El libro de imagen, un film que asume su tiempo como ninguno, conjeturando lúdicamente un destino abierto de la imagen en movimiento devenida ahora en bit y enunciando tímidamente una discreta esperanza para la vida política. Lo últimos 30 minutos de este último film de Godard son memorables.

Una canción

Digan lo que digan los envidiosos y resententidos compatriotas que he escuchado un par de veces, la última película de Kent Jones titulada Diane es una feliz pieza anacrónica en el contexto del cine contemporáneo. Los protagonistas son personas ordinarias, los lugares elegidos son impersonales, la trama es elíptica, el tempo es clásico; todo eso se ordena para intentar filmar una experiencia infilmable, a la que se arriba lentamente y sin aviso. En el film se escucha una obra musical justificada por la trama de principio a fin. Se trata de “En el paisaje”, de John Cage, una composición de una simpleza océanica que se puede escuchar en loop hasta el infinito. El tema es perfecto para los planos elegidos y también para la intuición general que rodea a la trama: en el film de Jones los personajes y el paisaje se copertenecen, y aquel se limita a filmar esa interacción entre la imantación de un ecosistema y la vida espiritual de una mujer.

Aquí se puede escuchar:

Un doble programa

El último film de Wang Bing ya ha encontrado su lugar esplendoroso en la historia del cine, como alguna vez Shoah de Lanzmann lo hizo y así dejó para siempre asentada una posibilidad del cine y su incidencia en la Historia. Almas muertas es tal vez la película más extraordinaria del cineasta chino de la Sexta Generación. La he visto tres veces y sé que no tiene ningún plano de más y ninguno de menos. En cada plano hablan los que no tienen nombre, y el misterioso Wang —a quien le di la mano una vez sin poder asociar el genio a la sencillez casi campesina que emana de ese hombre circunspecto y distante— insiste en personalizar a cada uno de sus testigos, hombres y mujeres acostumbrados a la obediencia y la sujeción. A los delirantes y ardientes anticomunistas de hoy es bueno recordarles que esto sucedía antes, durante y después de los tiempos de Mao: la obediencia define la subjetividad vacía del pueblo chino, que se avisora en una forma de disciplinamiento que en su praxis no está tan alejada de aquella a la que se sometieron los alemanes en tiempos disímiles y bajo una constelación cultural inconmensurable. Ver Shoah y Almas muertas en un fin de semana puede ser deletéreo para el ánimo, pero no se me ocurre mejor medicina frente a la estupidez generalizada que orquesta la vida circundante.

Un descubrimiento

Peter Emanuel Goldman. Había escuchado de él por Godard y pensaba que estaba muerto, pero a fines de abril de este año, en el contexto del extraordinario festival llamado Play-Doc, hablé con esa leyenda del underground neoyorkino. Goldman supo mejor que nadie retratar la ciudad de Mekas en Echoes of Silence y desnudar y desanudar la relación entre misticismo oriental, narcisismo y locura en Wheel of Ashes. De estas dos magníficas películas no se predica ningún punto de vista que tenga algo que ver con el sionismo, inadmisible filosofía estatal a la que el director le prestó sus servicios una década más tarde. No será la ni la primea ni la últma vez en la que un genio siente simpatías políticas abominables.

Un reencuentro

La hora de los hornos. ¿Quién de nosotros es capaz de verla en serio y reconocer la vigencia de un experimento estético como este? No sería el caso de nuestros críticos de derecha. La burla sistemática y la nunca aguda defenestración que le dedicaron recientemente, acaso por razones no estéticas y de conyuntura, ni siquiera esboza un posible frente de discusión. La molestia que despierta, por otra parte,  revela la inesperada actualidad de un film que cumplió 50 años. Ya que estamos, y mal que les pese, incluso asumiendo los anacronismos poéticos del caso, el único cineasta que ha filmado los últimos 20 años de la reciente historia argentina es justamente aquel que hizo La hora de los hornos.

Una experiencia en el cine

La flor 2, un poco antes del primer intervalo. Dreyfuss está amordazado en el auto, sentado en el asiento de atrás. La voz de Llinás da significado a los gestos del prisionero y prodiga signos poéticos a la conciencia del personaje, cuyo rostro transmite perplejidad, temor y asombro. Llinás dice: “Y entonces, una a una, empezaron a salir las estrellas. Y ahí Dreyfuss miró al cielo. ‘Claro’, pensó, ‘soy un tonto. No estoy en Rumania, estoy en el sur, en algún lugar del hemisferio sur’. Y cuando vio que no solamente no estaban la Estrella Polar y la Osa Mayor, ni tampoco Vega, comprendió que estaba realmente muy abajo, en el fondo del planeta. ‘Este cielo es nuevo’, pensó. ‘Este cielo nunca lo había visto’”. La locución sigue, la emoción perdura y mi recuerdo de esa escena no me ha abandonado. No está nada mal señalar que todo el film destruye felizmente uno de los tantos dogmas que pasan en el discurso crítico por verdades reveladas. ¿No dice siempre el coro de fundamentalistas que la voz en off es una aberración?

Una incertidumbre

High Life de Claire Denis. No veo la hora de volver a ver la película espacial de Denis en la que todo el universo es libidinoso y la desespiritualización del cosmos es absoluta. La arritmia de su trama y el constante fraseo murmurante de su protagonista principal constituyen una resistencia para el pensamiento. A un querido amigo ruso le pareció la peor película del año; a otros, una inmediata genialidad. Personalmente, pienso que es un aerolito que no tiene que ver con nada, más allá de que hay rastros dispersos de Bella tarea, Trouble Every Day y Los bastardos de la misma Denis.

Un texto

El primer texto de Nicolás Prividera sobre The Other Side of the Wind titulado “La última película”. Y el libro Imitación de la vida, de Alberto Tabbia, a mi juicio uno de los grandes de la crítica de cine de Argentina. Leyéndolo pensé en qué hubiera sucedido entre nosotros si las dos últimas generaciones lo hubiéramos tenido a él como referente. Creo que nos hubiéramos ahorrado una cantidad de problemas y evitados los típicos trucos que aprendimos de la más nefasta tradición que triunfó y que todavía hoy detiene a la crítica vernácula y la condena a la más decadente forma de impresionismo: el diletantismo, esa retórica y sensibilidad nacida de la comodidad de clase y del desprecio.

Un fotograma

Pertenece a Buenos Aires al Pacífico, de Mariano Donoso. La elijo porque en ese plano se glosa el presente y el pasado de Argentina, y además porque el cine argentino evita sintomáticamente filmar el presente.


Cecilia Barrionuevo (Directora Artística del Festival de Mar del Plata)

Una película

Le livre d’image, Suiza-Francia/2018 – Jean-Luc Godard

Una canción

Yo soy el fuego (Grupo Siempreverde – Pelicula La Flor, de Mariano Llinás)

Un doble programa

O Fantasma (Joao Pedro Rodriguez) – High Life (Claire Denis)

Un descubrimiento

Luciano Emmer

Un reencuentro

John Stahl

Una experiencia en el cine

El séptimo cielo de Frank Borzage (1927)
Musicalizada en vivo. Festival Il Cinema Ritrovato (Bologna, Italia)

Un texto

Libro: La Poetica De Lo Cotidiano – Yasujiro Ozu
Texto: Algunas cosas en las que creo – Pablo Suárez

Un fotograma


Nicolas Abello (Cineasta)

Una película

The Other Side of the Wind (Orson Welles, 2018)

Una canción

No es una canción especificamente, es toda la banda sonora. Para mí la mejor OST del año.

Un doble programa

Mission: Impossible – Fallout va bien con cualquier película de Hitchcock. Habría que desmenuzar el trabajo de Cruise y de McQuarrie a la hora de armar el guión del film. Más allá de las referencias textuales, Mission Impossible es un conjunto de secuencias cinematográficas encadenadas, donde la progresión narrativa esta dada por la acción misma y no por la idea de un cambio que deba sucederle al héroe. Cine, suspenso  y acción recordando a Hitch todo el tiempo…

Un descubrimiento

Para mi el descubrimiento este año estuvo asociado casi siempre al curso dictado por Roger Koza en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. El “Seminario de los viernes” tiene de todo, pero me abrió una nueva pagina en el mundo del cine clásico. Vimos: Stars in My Crown de Jacques Tourneur (EE.UU., 1950)

Y tambien: Whistle Down the Wind de Bryan Forbes (Reino Unido, 1961)

Para completar una tríada medio extraña podría agregar una peli que no formó parte del Seminario pero si fue proyectada en el Cineclub: Seven Men From Now de Budd Boeticher (EEUU, de 1956). Un western romántico en el marco de los 100 años del nacimiento de André Bazin (que escribió una critica perfecta del film)

Un reencuentro

Volví a ver y analizar muchas películas, y sobre todo filmografías de directores. No creo que las películas que pueda mencionar impliquen un cambio de apreciación, pero si me parece que volver a verlas es meterlas debajo de la piel y empezar a pensarlas en profundidad fuera del terreno de espectador común.

Me enamoré perdidamente de Wong Kar Wai, de sus colores, de la música de sus películas. La trilogía de los departamentos de Polanski también fue un punto alto de mi año.  Y uno que aparecía esporádicamente por distintas recomendaciones amigas y cada vez me gusta más es Peter Bogdanovich. “Paper Moon” probablemente sea su obra maestra, pero Noises Off es una película que elegiría mil veces si necesito mejorar un día no tan bueno. Y la otra película que me encuentro viendo de nuevo y de nuevo es Sin lugar para los débiles de los Coen. Además de la obvia y tremendísima fotografía de Roger Deakins, el diseño sonoro (casi sin música) me parece visionario, señal del comienzo de una época en el cine contemporáneo.

Una experiencia en el cine

En Córdoba se han hecho muchos ciclos de cine hermosos, pero hay dos momentos que no podré olvidar en mi vida y que tienen un punto en común.

En el cineclub La Quimera se hizo un ciclo de cine mudo de Yasujirō Ozu. He nacido pero… musicalizado en vivo por los Tomates Asesinos fue una función mágica. La misma sensación de plenitud al finalizar la función la dio unas semanas mas tarde el Cineclub Municipal Hugo del Carril al proyectar Metrópolis de Fritz Lang con los Fonez acompañando las imágenes proyectadas en la terraza del lugar. Las dos experiencias son difíciles de describir, pero han sido realmente memorables (y lamentablemente irrepetibles)

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang-dong. Probablemente una de las mejores películas del año, pero ese final… Sigo (y seguiré) sin saber que pensar de la película por sus últimos minutos.

Un texto

Leí muchos libros vinculados al cine este año. El que más me gustó fue Croma de Derek Jarman. Es un libro hermoso que quiero volver a leer muchas veces a lo largo de mi vida. Este año la edición con la tapa azul radiante de Caja Negra parecía estar en todas partes… Certeza de que no era solo yo el que caminaba viendo a la vida y sus colores con otros ojos.

Además del libro de Jarman, dejo una recomendación que no está vinculada al cine pero fue parte de lo mejor de mi año. Quien pueda, sumérjase en la experiencia incomparable de leer El libro de la almohada de Sei Shonagon.

Un fotograma

Meteors, Gurcan Keltek, Turquía, 2017.


Alejandro Cozza (Crítico y cineasta)

Una película

Bodied de Joseph Kahn entró derecho a mi estantería de grandes clásicos norteamericanos.

Una canción

Acá siempre cuesta elegir solo una.

Claramente todas las de Bodied:

Como tambien la BSO. entera de Jeanette, las monjas haciendo headbanger es un momento glorioso de cine del 2018.

Y claro, varias de Juliet, Naked, como esta versión de Waterloo Sunset a cargo de Ethan Hawke.

Un doble programa

En A simple favor de Paul Feig se menciona directamente al clásico de Clouzot, Las diabólicas. Pero creo que su tono jugetón (por momentos de comedia) con el cine de pistas,  detectives y de tuercas argumentales linkea mucho mejor con ¿Quien mató a Harry? De Hitchcock.

Un descubrimiento

La trilogia inicial de Ermanno Olmi fue para mi el mayor descubrimiento del año: Il Tempo si ha fermato, Il posto e Il fidanzatti conforman un corpus de obra de una solidez inaudita en la historia del cine.  También lo fue sumergirme más a fondo en las fauces de la Hammer y encontrarme con un sinfin de placeres culpables inigualables. De yapa, la proyección sorpresa de Dead Birds de Robert Garner, gentileza de José fuentes Navarro.

Un reencuentro

Las primeras de James Bond con Sean Connery. Desde la icónica Goldfinger a las sorpresas que significaron para mi los delirios pop/kitsch de Thunderbolt, You only live twice y De Rusia con amor. Películas que tenía en un rincón de la niñez pero que jamás pensé que disfrutaría tanto de grande. La libertad formal y la autoconciencia del desparpajo absoluto las hace únicas.

Una experiencia en el cine

24 frames, o la tristeza de ver por última vez una película de Kiarostami en una sala de cine

Una incertidumbre

El otro lado del viento de Orson Welles. Claramente es extraordinaria, pero el tema es diseccionarla y ver que hay importante en esas imágenes/montajes al día de hoy, o qué puede dialogar de ella  con el cine actual. Es sin duda el estreno del año, pero… dejará alguna huella en nuestra contemporaneidad o será solo un gesto vintage más. Esa es mi incertidumbre.

Un texto

El dossier de cine y técnica publicado en Revista de cine Nº 4. Si la crítica de cine estuvo reñida históricamente con la perspectiva netamente material  y física del hacer cine, la gente de la Revista zanja esa grieta con textos justos que al mismo tiempo resuenan en lecturas frescas a pesar de lo complejo del tema abordado. Nunca fueron tan necesaria en estas épocas de cambios tecnológicos las reflexiones que disparan Mariano Llinás, Juan Villegas, Rodrigo Moreno, David Oubiña, Rodrigo Sanchez Mariño, Alejo Moguillansky y, mención de honor, al texto/entrevista Tres fotógrafos en donde Llinás conversa con Fernando Lockett, Inés Duacastella y Lucio Bonelli.

Un fotograma

Pertenece al corto Fragmentos desde el exilio de Pablo Martín Weber. Ese plano particular en donde con el trasfondo de la asunción de Macri festejada en la Casa Radical de Córdoba (preanuncio de una tragedia?) se relata la historia de un camionero cruzando la cordillera, trasladando un transbordador espacial, que se emociona leyendo desde su celular los comentarios de la gente en videos de Chebere por youtube. Ni lo popular, ni la alegría, estaban en esa imágen sino en otro lugar remoto, a mitad camino entre Chile y Argentina. La epifanía en un plano.


Iván Zgaib (Crítico y productor)

Una película

La flor (Mariano Llinás)

Una canción

Ethan Hawke (<3) tocando el piano y cantando The Kinks (<3) en Juliet, Naked

Que a su vez me recuerda a otro momento cinéfilo de los Kinks, quizás mi escena musical favorita de siempre:

Un doble programa

I do not care if we go down in history as barbarians (Radu Jude, 2018) + La commune (Paris, 1871)  (Peter Watkins, 2000)

Dos experimentos sobre el artificio cinematográfico que señalan otros mecanismos de construcción (el de los medios y el de los libros sobre la historia “universal”). Además, dos posibles respuestas sobre el lugar que puede asumir el cine frente a aquellos monstruos.

Un descubrimiento

Gracias al ciclo de Ermanno Olmi programado por Alejandro Cozza y José Fuentes Navarro en el Cineclub Hugo del Carril, terminé viendo otra película del director (su primer largo, de hecho), una de las más hermosas que vi en el año: Il tempo si è fermato (1959)

Una experiencia en el cine

La función de Golden Eighties (Chantal Akerman, 1986) en el Festival de Mar del Plata; uno de esos momentos extraños y milagrosos en que la película corre mientras va dejando su marca.

Bonus track: abuchear a Avelluto en la apertura del mismo festival.

Una incertidumbre

Still Recording (Saeed Al Batal, Ghiath Ayoub, 2018)

Un texto

La vida secreta de Walt Disney, escrito por Jim Hoberman: un texto de una precisión (¡y pasión!) admirable que cumple el (¡triple!) mérito de leerse como una pieza literaria, una crítica al cine industrial y a la cultura pop y una lectura sociológica de la muchachada estadounidense. Además, una clase sobre el uso del humor y la construcción poética en un texto de cine.

Y una elección no-cinéfila: De amor y de hambre, de Julian Maclaren-Ross; un libro de la juventud del ’39 para los jóvenes del 2018.

Un fotograma

Este plano de Instrucciones para flotar un muerto (Nadir Medina, 2018). Una imagen hermosa y conmovedora por la cual la película lucha desde el principio y que llega sólo cuando los protagonistas atraviesan sus diferencias. Ellos (y el film) se ganan este plano. Es el reencuentro, expresado en la materialidad de la película. Y por sobre todo, es la mirada de un fantasma que suelta a los protagonistas con cariño y melancolía.


Santiago González Cragnolino (Crítico)

Querida vida útil:

Una película

Bodied (Joseph Kahn, 2017)

No se si es la mejor pero es buenísima y grita 2018, no sólo por su tema/contexto, sus preguntas por los usos del lenguaje, la corrección o la incorrección política, las perspectivas de género, de raza, de clase; sino por su construcción. Joseph Kahn imagina un espacio cinematográfico con una claridad impresionante, aún ajustándose a la exigencia sensorial de los ritmos del videoclip y los entornos de pantalla 2.0; recursos para seguir moldeando nuestra vieja y querida forma cinematográfica… En ese sentido también es una película de actualidad, que sirve para pensar la pregunta baziniana en 2018.

Un texto

Cada tanto vuelvo a Las paradojas del arte político de Rancière (particularmente cuando habla de Juventud en marcha de Pedro Costa), una de las respuestas más sólidas que leí a la pregunta por el arte político y la política del arte. Me lleva a leerlo este momento de furor (?) por Roma y su dudosísimo homenaje a Cleo. ¿Cómo se posiciona el o la cineasta (en la mayoría de los casos parte de una clase acomodada) frente a los personajes cuando son pobres? Si el miserabilismo tradicional ya es una etapa casi superada, ha sido reemplazado por un paternalismo un poco más sofisticado, pero igual de elitista. Así, nos encontramos con un montón de películas lobo-con-piel-de-cordero.

Tenemos en Latinoamérica varios contra-ejemplos de películas que intentan imaginar otras posibilidades desde una empatía verdadera y que no caen en la candidez voluntarista. Pienso entre otras en Mambo Cool, en Branco Sai, Preto Fica o en la película que nos lleva a la…

Una canción

No es de 2018, pero conocí las películas de Martín Farina este año. El hombre de paso piedra (2015) podría haber sido un refrito de La libertad, observando con distancia la sacrificada labor de un trabajador, reemplazando hachero Misael por ladrillero Mariano, pero a los 10 minutos la película ya se mueve a otro terreno cuando el director se incorpora como personaje. Ahí empieza a mostrar sus conversaciones con el (otro) protagonista y se suceden importantes revelaciones, como por ejemplo que el hecho de que el dueño del precario ranchito viva sin luz y conexión de gas, es una elección antes que una imposibilidad material. Se siguen conversaciones en torno al dinero y los caminos a la felicidad que encuentran a Martín y a Mariano en posiciones opuestas, pero que se muestran como respuestas igualmente válidas. La película también va a trazar un paralelo entre las vidas solitarias de los dos hombres y los muestra compartiendo tiempo, charlando, riéndose juntos. Ahí es donde entra la canción de Coiffeur, una pieza de electro pop con una letra misteriosa que se repite una y otra vez; y vemos a Mariano y Martín bailar en el áspero contexto rural del rancho. El pasaje es cómico -digamos que no son Gene Kelly y Fred Astaire-, sorpresivo y está montado con mucha gracia (Farina tiene un sentido musical para montar que es notable). Es un momento feliz y muy inteligente: es su ruptura definitiva con la mirada pseudo-objetiva sobre un mundo ajeno. Lejos de la distancia observacional “neutra”, se nos muestra que el mundo del director de cine porteño invade el del ladrillero de Choele Choel. Es una confesión de parte, que renuncia a una falsa horizontalidad; es la aceptación de un límite a la hora de acercarse a una realidad de clase y vivencias intransferibles, pero también un momento compartido entre amigos y una invitación política a bailar:

Un (doble) doble programa

Vuelvo a Bodied y me hace pensar en una película muuuy distinta, que es Ayuno de amor de Hawks. Sí tienen en común que ambas conllevan un verdadero desafío cognitivo: seguir el ritmo arrollador de lo que dicen los personajes y lo que sucede en pantalla. Lo que es llamativo de la película de Hawks es que a pesar de que es un tren que no para, en realidad es una película de planos largos (15 segundos de promedio) y escenas larguísimas (hay una de 33 minutos). Es increíble como el cine manipula el tiempo y todas las posibilidades que ofrece.

El otro programa es más obvio. Hereditary (Ari Aster) y A Quiet Place (John Krasinski), son películas de terror, realizadas con gran habilidad, por directores de los que no esperaba mucho (un debutante y Jim de The Office). Son películas muy sentidas, donde el terror no resuena solamente por el ingenio de los artilugios formales, sino porque le dan forma a miedos profundos relacionados al terror por la responsabilidad paterna y a los traumas familiares que se sienten como condenas ineludibles y se rehúsan a morir.

Un fotograma

Pensando en lo visto este año, se me vienen a la cabeza planos extraordinarios de Season of the Devil (Lav Diaz), Mission Impossible: Fallout (Christopher McQuarrie) Un bello sol interior (Claire Denis), Support the Girls (Andrew Bujalski) y La cicatrice intérieure (Philippe Garrel). También un par de Hereditary que tiene algunas de las imágenes más perturbadoras que vi en mucho tiempo.

Aun así me quedo con un par de planitos que no son muy llamativos por sí solos, ni parecen inalcanzables, pero puestos a jugar en el contexto de la película de Aster tienen una fuerza enorme y hablan de una inteligencia y una claridad para filmar destacables.

Después de un accidente vial horroroso, la cámara se queda en un largo primer plano del protagonista, inmovilizado por el shock. Luego muestra esto:

En todo ese tiempo, quedó enterrado al freno el pie del personaje, que muy lentamente va soltando, después del momento más traumático de su/mi vida. Toda la secuencia es buenísima, pero este toque es un plus de calidad.

El otro plano es este. El padre sentado en la cama de su hija, da vuelta las páginas del cuadernito de dibujos de la niña, hasta que no hay más (y no habrán más). Hereditary es una película de posesiones demoníacas que adentro lleva una película conmovedora sobre (no poder) hacer un duelo.

Para no terminar en una nota tan sombría: gracias por esta encuesta, es muy divertido leerla. Feliz 2019.


Armand Tufenkian (Cineasta)

Una película

Roma… no, estoy jodiendo: El laberinto by Laura Huertas Milan

Una canción

Uno de los últimos trabajos de Johann Johannson antes de morir fue el soudtrack de la nueva película de Panos Cosmatos, Mandy. Melancolía garantizada:

Un descubrimiento

Disorder (2009) by Huang Weikai. El título en chino [Xianshi shi guoqu de weilai] se traduce mucho mejor como título: “Ahora es el futuro del pasado”

Una incertidumbre

No me quemó los papeles, pero todavía no se qué pensar sobre Casanovagen de Luise Donchen. Por momentos la considero como el fin de mi interes en un cierto tipo de película de composición conceptual que (sin saberlo) extiende el montaje de distanciamiento en una forma del lenguaje cinematográfico nueva y cuestionable. Otras veces, sin embargo, la veo simplemente como el pase de antorcha de O’er the Land, de Deborah Stratman; la cual, si alguien me preguntase por un top ten de todos los tiempos, estaría en algún lugar cerca de los primeros puestos.

Un texto

“The World is a Cartoon: Stray Notes on Animation” de Steve Reinke

Un fotograma

Una imagen de la película de Rob Todd Marking Time /  Y otra des Spot on Spot off: Uganda de Karo Goldt (niguna de estas película son de 2018)


José Luis de Lorenzo (Editor de A Sala Llena)

Una película

¿Quién mató a los Puppets? / Mid90s

Resulta imposible la tarea de aferrarse a tan sólo un film cuando tantos (y muy buenos) pasaron por nuestra retina dejando marca. Sí, este es el primer año de mi vida a partir del cual he tenido que adoptar un nuevo implemento/elemento para mi visión: unas hermosas gafas con aumento mínimo. Desconozco si estas huellas han sido dañinas o han mejorado notablemente mi percepción o quizás causado lo contrario, pero sí puedo afirmar que con (o sin ellas) mi percepción para elegir los mejores films de este año no se habría visto modificada.

¿Quién mató a los Puppets? es un film único, de esos que se disfrutan aún más estando acompañado, una comedia guaranga a partir de la que reírse (una de las mejores respuestas o estímulo al ver un film) es obligación. Mientras que Mid90s representa una especie de clausura sobre ciertas películas de skaters y coming of age, algo asi como lo que Ready Player One representó a los films que vivían homenajeando lo que se les ocurra y agregar nada más para concluir la cita a un twitt amigo de @jpmclovin que afirmaba que “Jonah Hill hace todo bien”. Y así es, de hecho.

Una canción

“Waterloo Sunset” (The Kinks), cantada por Ethan Hawke en Amor de vinilo (Juliet, Naked).

Un doble programa

Nota: cualquiera de las variantes que conformen un doble, triple o cuádruple programa de estos títulos.

All the President’s Men (Alan J.Pakula) / The Post (Steven Spielberg) / Frost / Nixon (Ron Howard) / Watergate (Charles Ferguson)

Un descubrimiento

Agustín Toscano por El Motoarrebatador.

Un reencuentro

Steve de Jarnatt (Cherry 2000, Miracle Mile), para bien.

Una experiencia en el cine

Ver The Other Side of the Wind en 35mm presentada por Martin Scorsese, Frank Marshall y Peter Bogdanovich, sumado a algunos gritos de Danny Huston en la platea muy entusiasmando con lo que se hablaba de su padre.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image

Un texto

El candidato a presidente de John Ford (Ramiro Sonzini – La vida útil)

http://lavidautil.net/2016/11/12/el-candidato-a-presidente-de-john-ford/

Un fotograma

Una escena de The Post (de la que no encuentro su imagen en google) dentro del hogar de Ben Bradlee (Tom Hanks) tomada desde un ángulo inferior en una esquina, y que registraba al grupo de periodistas trabajando en plena etapa de incertidumbre.

De lo contrario, fotograma de Sorcerer (William Friedkin), film que veo una o dos veces por año invitando a amigos (muchos de ellos cinéfilos) que desconocen la existencia de tal obra maestra.


Nicolás Carrasco (Crítico y productor)

Una película

The Other Side of the Wind, de Orson Welles

Una canción

“Starless” de King Crimson, al comienzo de Mandy de Panos Cosmatos

Un doble programa

Aquí hare trampa y pondré un programa doble y uno triple. Todas, salvo la de Polanski, las vi por primera vez este año.

East of War (1996) + The Waldheim Waltz (2018), ambas de Ruth Beckermann


Rosemary’s Baby (Roman Polanski, 1968) + Tutti i colori del buio (Sergio Martino, 1972) + Hereditary (Ari Aster, 2018)



Un descubrimiento

Director: Este año descubrí la maravillosa obra de Ruth Beckermann gracias a una pequeña retrospectiva durante el Festival Al Este de Lima, donde pude ver seis de sus películas, incluyendo la más reciente.

Películas: Las películas de explotación (y otras rarezas) restauradas por Nicolas Winding Refn y colgadas en su pagina web bynwr. Hasta ahora, he podido ver una película extraordinaria (Spring Night, Summer Night) y otras muy buenas (The Nest of the Cuckoo Birds, Night Tide, Shanty Tramp, Wild Guitar). También hay insufribles (Hot Thrills and Warm Chills) y otras delirantes (If Footmen Tire You, What Will Horses Do?).

Un reencuentro

Las dos veces que lloré en Mar del Plata. La primera fue después (¿o durante?) la presentación de Jean-Pierre Léaud antes de la proyección de La mamá y la puta. La segunda fue durante la escena de “Modern Love” en Mauvais Sang. En ambos casos fue un reencuentro con viejos amigos, con los que me sentí en confianza y feliz, con Antoine Doinel (más que con la película de Eustache) y con Denis Lavant.

Una experiencia en el cine

Ver 2001 de Kubrick en 70mm en el Village East Cinema en Nueva York, y Les amants du Pont-Neuf de Carax en 35mm en Mar del Plata.

Una incertidumbre

Apenas terminó la proyección de Nuestro tiempo de Carlos Reygadas, vista en Transcinema, Chacho León se acercó a preguntarme qué tal me había parecido. “Aún no lo sé”, le respondí, “es muy pronto para saber. Necesito tiempo”. Han pasado tres semanas y todavía no me decido. Es la única película vista en el año que tengo en un limbo, tal vez hasta que la vuelva a ver.

Un texto

“La poesía esta acá” de Marcos Vieytes y “El lugar sin límites” de José Miccio, que son casi unos manifiestos de Calanda, la web donde están publicados ambos textos. Disfruté también los “Giro d’Italia” de Miccio, publicados en la misma página.

Un fotograma

El momento en que aparecen las sombras del equipo en Era uma vez Brasilia de Adirley Queirós.

Y yapa (robada de Facebook)


Rodrigo Moreno (Cineasta y docente)

Una película

Le livre d’image de JLG

Una canción

“Le lendemain” de Diane Denoir, en Belmonte de Federico Veiroj

Un doble programa

Casa del teatro de Hernán Rosselli y Broadway Danny Rose de Woody Allen

Un descubrimiento

Valeska Grisebach, Western

Un reencuentro

Un alumno dio una clase sobre Hal Hartley -que no veía hacía 20 años (a Hartley, no al alumno que apenas si había nacido)- y ahora comprendí otras cosas. Antes me gustaba – pienso en Trust por ejemplo- por razones bien distintas, me gustaba básicamente que en los exteriores no hubiera nadie en cuadro más que los personajes. Hoy puedo apreciar una idea de montaje y de apuesta formal que en su momento me era totalmente negada. Así y todo, me gustaba más antes que ahora, se ve que disfruto más cuando entiendo menos las cosas.

Y El espejo de Tarkovski. Hacía tiempo que había dejado de ver las películas de Tarkovski. Su gravedad y virtuosismo me habían alejado de su obra. Ahora están todas en youtube subtituladas. Una mañana me puse a ver El espejo y quedé fascinado. Es demencial. Lejos de lo que yo recordaba, sus planos están llenos de vitalidad y de misterio, en un mismo plano las actrices pueden llorar, reir, desmayarse. Un cineasta cuyo virtuosismo (único por otra parte) pretende lo opuesto, el encuentro de lo salvaje y desequilibrado. Hay que volver a ver Tarkovski para reencontrarse con su vitalidad.

Una experiencia

La flor de Llinás. en tres dias. Y el ciclo de Ozu en la Lugones -sólo me perdí una-.

Una incertidumbre

Solo: A Star Wars Story. No termino de aceptar que Solo no sea más Harrison Ford. Entiendo que hay que mirar para adelante y seguir y que Disney pagó por los derechos para explotar lo mejor de mi infancia como se le de la gana. Al mismo tiempo la película es buena. No se.

Un texto

Seguí bastante los posts de Miccio en facebook. En general me gustan y/o me divierten todos.

Un fotograma

La descomunal Margarita Terekhova en El espejo de Andrei Tarkovski.


María Aparicio (Cineasta)

Una película

Lazzaro Felice

Una canción

Más que canciones, músicas:

La secuencia en la iglesia de Lazzaro Felice (qué belleza).

La música de Virus en El silencio es un cuerpo que cae.

Las músicas de Terra Franca.

Un doble programa

Haciendo un poco de trampa, ya que se trata de dos películas contemporáneas:

Playing Man de Matjaž Ivanišin y Football Infinit de Coneliu Porumboiu

Otro doble programa un poco más obvio pero que disfruté encontrar este año puede ser: Lucky, de John Carrol Lynch y Partly Fiction de Sophie Huber

Un descubrimiento

Meteoros, de Gürcan Keltek

Actriz, de Fabián Fattore

Un reencuentro

Un reencuentro con Kelly Reichardt. Había visto Wendy and Lucy en algún momento perdido en la adolescencia donde veía películas en el Cine Teatro Córdoba sin saber nada de sus directores. Este año vi Certain Women, que me gustó muchísimo y que luego de verla descubrí que se trataba de la misma directora de esa película que había visto aquella vez. Podría estar en mi top ten de directoras mujeres contemporáneas.

Otro reencuentro posible: Rita Azevedo Gomes y su A Portuguesa

Una experiencia en el cine

El estreno de Good Time en el Cineclub Hugo del Carril.

Una incertidumbre

Sol alegria, Tavinho Teixeira

Un texto

Un fotograma

Lazzaro Felice


Alejandro Small (Cineasta)

Vi mucho más fútbol que cine y haciendo el recuento del año me doy cuenta que vi bastante cine peruano. Quién se vea interesado en conocer más de él, que esta lista le sirva.

Una película

Grass de Hong Sang Soo / 24 frames de Abbas Kiarostami / Construcciones de Fernando Restelli

Una canción

Morbo – Cultura Juvenil en el El Anti-faz de Enrique Mendez (Perú, 2018)

Un descubrimiento

Las películas de Omar Forero (Perú). Las vi por primera vez este año (Chicama y Casos Complejos). Busquenlas.

Un reencuentro

El gran Spike Lee.

Una experiencia en el cine

Ver El Caballo de Turín en la Robles Godoy. Las hermosas palabras de los espectadores peruanos agradeciendo a Bela Tarr por su cine, y los abrazos que se dieron. Mitos alrededor de esa función, desde que se pasaba en dvd hasta que Bela Tarr manipuló el proyector DCP de la sala y lo malogró.

Bonus: Connatural de Javier Bellido (Perú). Los comentarios de una pareja de ancianos. Estremecedora reflexión sobre la vida cuando se encuentra encallada. Para verla siempre en el cine. (Colabore como editor en la pela)

Una incertidumbre

Mataindios de Robert Julca y Oscar Sánchez (Perú).

Un texto

Ignacio Agüero: Dos o tres cosas que sabemos de él.

Un par de bonus futboleros:

https://www.nytimes.com/es/2018/06/21/peru-mundial-rusia-eliminado/

https://www.nytimes.com/es/2018/12/09/boca-river-libertadores/

Un fotograma

Nuestro tiempo, Carlos Reygadas. El plano del avión. Cine.


John Campos Gomez (Programador y crítico)

Una película

No sé si la mejor, pero mi preferida: The Image you Missed, de Donal Foreman

Una canción

“Cuando salga el sol”, canción de los créditos de Entre dos aguas de Isaki Lacuesta

Autor:  Raül Refree
Voz: Rocío Márquez

Un doble programa

Este programa doble es una secuela que podría ser una obviedad, pero mejor me aseguro en mencionarla por si nadie más lo hace:

La leyenda del tiempo, de Isaki Lacuesta (2006)
Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta (2018)

Un descubrimiento

Encontrar una gran película no significa necesariamente descubrir un director, pero me pone muy contento la consolidación de Joel Potrykus (Buzzard, The Alchemist Cookbook y Relaxer) como cineasta de gran interés para distintos públicos.

Un reencuentro

Retomé el anime Full Metal Alchemist: Brotherhood (2009) 9 años después (y por Netflix) para convencerme de que fui un chibolo un poco estúpido al dejar trunco el visionado de esta obra maestra por tanto tiempo.

Una experiencia en el cine

Sala repleta para ver Le Livre d’Image, de Jean-Luc Godard, en FICValdivia, Chile.

Una incertidumbre

Me gusta la pregunta, así mismo no me gusta quedarme en offside al momento de valorar una película. Tomo posición. Sin embargo, esas películas que desacomodan, que te replantean, son las que uno busca con cierta desesperación al momento de programar. Y de ese tipo suelo encontrar más en mi imperfecto cine de mis pagos.

Cómo matar a tu presidente, de Ernesto Flores (Bolivia)

Abismos y Sonrisas, de Carlos Córdova Ayvar (Perú)

Un texto

Esta columna de Quintín, cuyo tema fue muy recurrente en los días del pasado Festival de Mar del Plata: http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/

Un fotograma

No sólo el fotograma sino el plano más importante del año (y de varios antes y después) es el último de Still Recording, de Saeed al Batal y Ghiath Ayoub. El cine como forma de vida y más allá de la misma.





Mariano Morita (Cineasta y crítico)

Una película

Downsizing (Alexander Payne)

Inesperado, porque  nunca me interesó mucho lo que hacía Alexander Payne. Sobre Downsizing ya dije algunas palabras en la encuesta de A Sala Llena y en la de B.S.O. (Banda Sonora Original).  La película se desarma a sí misma, e invierte lo que propone desde su trailer. Ahí hay de entrada un ejercicio consciente de elección de su espectador, pero no en vano. Si al principio podemos conectar con un sueño tecnocrático de bienestar, al final, luego de torcer la película hasta desenterrar una mirada más honesta, el centro de la cuestión es la pura empatía. Finalmente de la complejidad innecesaria se pasa a algo simple y directo, tal vez previamente desdeñado.  Es la mejor película del año porque, entre otras cosas, sabe a qué publico buscar, lo encuentra, lo lleva al cine y le enseña sin insultarlo. Es noble.

Una canción

“I’ve Been Everywhere” (Hank Snow), en The Mule (Clint Eastwood).

Acá hay algo de trampa porque The Mule no se estrena hasta enero. Sería de 2019. Pero no puedo evitar querer explayarme un poco.  Además de que la escena es extremadamente satisfactoria, con un Clint de 88 años cantando por la ruta mientras viaja, la canción, su tono y su letra, van perfectamente de la mano con la película. En una de las primeras secuencias, Clint es abordado por un reclutador del cartel, que nota la cantidad de calcomanías en pegadas en el vidrio trasero de su vieja camioneta. Son todos los estados por los que su dueño condujo. Clint estuvo en todas partes, pero no se trata solo de la experiencia sino también de la manera. Cuando el personaje tiene su humorístico encuentro con las motociclistas lesbianas, describe a una de las motos diciendo que anduvo en una de esas hasta gastarla por completo. Una de las taglines de The Mule dice “Nobody runs forever”. En un ambiguo inglés sugiere al verbo “run” como escape, pero también puede referir al funcionamiento de un objeto. Como si ningún objeto funcionara para siempre. Dentro ese plan crepuscular que tiñe toda la última parte de la filmografía de Eastwood, The Mule puede mostrarse como la consciencia trágica del desgaste, donde cada viaje como mula puede ser una de sus películas, todas por las que Eastwood pasó, como si fueran los estados que la letra de la canción enumera.  Pero el tono musical es alegre, irreverente, cómico, en un código que podría compartir algún jubilado al que ya todo puede chuparle un huevo.

Si consideramos que esta canción no vale, entonces :

“Starless” de King Crimson, durante los créditos iniciales de Mandy (Panos Cosmatos).

La película me parece apropiada para una elección músical y no cinematográfica. Es un juego plástico, superficial, caprichoso, pero sin aires de superioridad. Mandy es un conjunto de estéticas separadas provenientes de distintos lugares: la cultura del black metal, del hippismo, del LSD, y del terror cósmico. De todos estos puntos, Mandy toma la parte estética produciendo una experiencia plástica. Es una película que no intenta valerse de una narración fuerte y cargada de un sentido obtuso,  pero que al mismo tiempo elige explotar un relato mínimo de venganza, sin desprecio por el terror, aunque inevitablemente limitado en su capacidad de construcción de sentido cinematográfico. Su máximo disfrute encaja tal vez con una apreciación musical. En tiempos donde el terror se va adornando de snobismo y falsa intelectualidad, Mandy al menos le trae un poco de calor a tanta frialdad.

Un doble programa

Bodied (Joseph Kahn) y 8 mile (Curtis Hanson)

Dos películas sobre batallas de rap y con participación de Eminem. Fácilmente emparentables, pero difícilmente Bodied esté a la altura de 8 mile, que sin humor cínico logra el doble, además de la participación directa de Eminem y unos de sus mejores raps registrados en el film. Bodied arma algunos personajes y conflictos sólidos, pero caricaturiza otros dejando ver su risueña necesidad de molestar. Al final termina siendo muy buena, y con sus créditos finales hasta parece que nos invita al doble programa, a ver de nuevo la de verdad.

Un descubrimiento

Of Unknown Origin (George P. Cosmatos, 1983).  Llegué por el apellido del director, que es el padre de Panos, el de Mandy. Su cine es totalmente diferente y superior al de su hijo. El motivo del relato es simple: Peter Weller tiene una rata enorme en su casa y necesita sacarla, matarla, hacer algo al respecto. Es una película clase B donde la rata está filmada de verdad la mayor parte del tiempo, y donde la casa se destruye de verdad, y al mismo tiempo es también la destrucción de la idea de hogar de un prototipo de neoliberal ingenuo. Esta película se adelanta 6 años a El séptimo continente de Haneke y la destruye antes de que exista, con altura y cine, como se debe.

Un reencuentro

Rainer Werner Fassbinder y Yasujiro Ozu.

Volví a ver Veronika Voss después de muchos años de ausencia de Fassbinder en mi vida. Más allá de que hablemos o no hablemos del supuesto “Nuevo cine alemán”, Fassbinder es un director de melodramas totalmente sanguíneo, y es lo único que importa. Y Ozu se repitió en la Lugones, y siempre es bueno reencontrarlo porque nos enseña a vivir, que es muy importante.

Una experiencia en el cine

Mochila de Plomo (Darío Mascambroni)

Una sorpresa que me llevé en el BAFICI.  Mochila de Plomo es un relato simple de un intento de venganza, pero por un chico de 12 años. También puede pensarse como una especie de western cordobés infantil, pero sin ningún tipo de adorno. Una película que trata de llevar a su personaje a un entendimiento nada racional, pero certero y amargo, sobre el mundo de los adultos. Es una buena experiencia en el cine porque en el BAFICI puede pasar todo lo contrario, y en este caso me metí a la película sin saber nada, sin expectativas, con la mente en blanco.

Un texto

No estuve leyendo mucho.

Una incertidumbre

El por qué ya no tengo ganas de leer nada sobre cine. Aunque estuve escuchando muchos podcasts sobre cine de terror.

De la película The Ritual (David Bruckner)

Elegir un fotograma, al igual que con la música, es poner el foco en elementos extraídos del sentido total. Es intentar aislar elementos que tal vez no deberían aislarse. Por eso, ya que estamos separando, tenemos que hablar de elementos plásticos y recursos puntuales. En The Ritual hay un interés real por usar la puesta en escena como un elemento creador, en este caso particular, con la deformación de la realidad tangible del universo del relato. El terror siempre fue un género avanzado en esa materia, en tomar esa parte del cine que es fantástica por naturaleza y trabajarla para producir algo nuevo y terrible. Miro un plano como este y pienso que es muy valioso poder seguir haciendo lo que hacía Wes Craven con las pesadillas de Freddy y el uso del espacio y los escenarios. Acá en The Ritual tenemos el recuerdo de un hecho trágico en un supermercado totalmente mezclado en el bosque donde se da la pesadilla. Las luces de tubo se encienden una por una y revelan una dimensión espacial extraña inmiscuida entre la tierra y vegetación del lugar. El cine de terror es creativo cuando crea, no cuando se la da de sofisticado.

Un top 10:

10. Bodied (Joseph Kahn), 9. The Clovehitch Killer (Duncan Skiles), 8. The Night Eats the World (Dominique Rocher), 7. Upgrade (Leigh Whannell), 6. Misión: Imposible – Repercusión (Christopher McQuarrie), 5. Grass (Hong Sang-soo), 4. 15:17 Tren a Paris (Clint Eastwood), 3. Mochila de plomo (Darío Mascambroni), 2. A Quiet Place (John Krasinski), 1. Downsizing (Alexander Payne)

Y un par de buenas películas que vi después de haber hecho el top 10:

Lazzaro Felice (Alice Rohwacher), The Ritual (David Bruckner), One Cut of the Dead (Shin’ichiro Ueda)

Quería ver y me perdí:

Hotel by the River (Hong Sang-soo), Ash is Purest White (Jia Zhangke), Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler), Suspiria (Luca Guadagnino),  Anna and the Apocalypse (John McPhail), Overlord (Julius Avery), Le livre d’image (Jean-Luc Godard), Burning (Lee Chang-dong)

Lo peor del año:

El refinamiento kubrickiano del terror corpo-sofisticado de Hereditary (aunque la decapitación del principio fue muy buena), Spike Lee mostrando que todos los problemas del mundo son por culpa de Griffith (aunque Adam Driver siempre está bien), la película esa horrible sobre las aventuras de Godard siendo un forro, la película esa horrible y nostálgica del monstruo ese feo  del agua que no te enamora (solo te da asco y ganas de que ganen los malos), el final de Cam (que destruye en 5 minutos una película que podía ser genial), el ejército de nerds en relación de dependencia de Spielberg, la película esa mala de los tres carteles que todo el mundo por suerte ya se olvidó que existía, y Halloween 11 dirigida por un indie sin miedo y su certificado de que John Carpenter recibió dinero por ella (bien por John).


Marcos Vieytes (Crítico en Calanda)

Una película

El hilo fantasma y El depredador.

Una canción

Alguna de las versiones de “Dos corazones” cantada por Joanna Kulig en Guerra fría. Esta, por ejemplo:

Otra: “Procuro olvidarte”, que conocí por José Vélez, en Quién te cantará, de Carlos Vermut (vista en el festival de Mar del Plata)

Un doble programa

Falbalas, de Jacques Becker, y El hilo fantasma, de Paul Thomas Anderson, que la copió sin decir nada.

Un descubrimiento

Street Trash, de James M. Muro, gracias a la Semana Mundial de la Cinefilia que organizaron, donde José Fuentes Navarro la programó.

Otro: Nosotros los monos, fábula corpórea, epopeya del corazón y continua expresión del deseo. Terminé de verla en youtube con el recuerdo encima de El fantástico mundo de la María Montiel, El camino hacia la muerte del viejo Reales y Cochengo Miranda. Hay una poesía nacional hecha de precariedad, azul, celuloide con grano, tinta roja de ladrillo barrial sin revoque o madera de villa miseria, pared descascarada y calles de tierra, guitarra, barro, pudor, explotación, cariño y maltrato. Un llanto cinematográfico malamente retenido, una dulzura que el dolor no derrota. Que sabe la sensualidad incluso en la pobreza, y que no le esquiva el bulto al goce. Una poesía plebeya, brutal, sentimental y solidaria que desborda el documento para volverlo cuento. Una poesía fatalista que no se come el cuento del progreso aséptico aunque eche mano a lo que le sirva de él. Sabe, con Pasolini, que la salvación es la única pasión estética considerable justamente porque no existe. Una poesía que, mientras se esfuerza políticamente, nos hace sentir la discrepancia entre esa tarea y el anhelo de absoluto, tan verdadero como el melodrama. Puede que esa distancia sea la singularidad del espíritu que se objetiva en tales películas (así como en las de Favio y en otras que ahora no recuerdo o todavía no conozco, filmadas especialmente durante los 70). Poesía que se da en los márgenes, la clandestinidad, el exilio y la derrota, porque no es una poesía del poder sino de la esperanza. O sea, del dolor. Poesía trágica. Entonces, sagrada. Y por eso mismo popular. Siempre, desmesuradamente amorosa.

Heinosuke Gosho

Un reencuentro

Con Bergman, que es mucho más grosero de lo que sus viudas y devotos transmiten.

Un texto

La nota de Batlle del 12 de noviembre en La Nación acerca del festival de Mar del Plata (https://www.lanacion.com.ar/2190704-la-pantalla-grande-de-calidad-se-muda-a-la-playa) empieza mal desde el título y sigue peor. El adverbio de tiempo es peyorativo con las ediciones previas, superiores a ésta -al menos las inmediatamente anteriores- debido a razones de presupuesto por no hablar de otros aspectos. No le pifia indicando que la actual parece apostar a eso que llama calidad, pero cualquier cinéfilo sabe que tal criterio -o esa forma de expresarlo- no tiene nada que ver con el gran cine sino con el respetable, las más de las veces desde un punto de vista sociológico. En ese sentido, la mayor presencia de mujeres delante y detrás de las películas, o en las actividades paralelas, no garantiza mejora cinematográfica alguna. Es otro avance civil virtuoso no necesariamente relacionado -y más que a menudo reñido- con el placer cinéfilo. Tampoco hay evidencias de “la intensidad infrecuente” del inicio del festival, destacado en la portada del suplemento de espectáculos por el cronista, a no ser que se refiera al primer y estimulante Boca-River, o a los incidentes durante la ceremonia inaugural, en la que Avelluto fue abucheado según informan todos los medios. El cronista da cuenta de ello en una sola frase, sin informar o recordar las razones del repudio, y en la siguiente transmite los supuestos logros de la gestión declamados en su discurso -“récord de rodajes”- sin el más mínimo análisis, ni tan siquiera unas comillas que pongan saludable distancia entre el autobombo del ministro y la transcripción del cronista.

Gracias a las reediciones de revistas impulsadas por Horacio González cuando dirigía la Biblioteca Nacional –y descontinuadas por Cambiemos- leo un artículo de Rodolfo Kuhn publicado en Tiempos Modernos y me encuentro con la otra madre del borrego: Godard es la de los que crucifican a Tarantino y Kuhn es uno de los responsables de que la intelectualidad argentina desprecie Nazareno Cruz y el lobo (junto a Soñar, soñar, “dos películas lamentables” según él). Kuhn escribe enojado y me gusta. Vamos, que escribe exiliado (Godard suele hacerlo “retirado”). El artículo traza un recorrido histórico de trazo grueso y frases cortas que se lee con ganas. Por ahí dice que uno de los dos únicos momentos en que hubo “libertad de expresión cinematográfica” se dio “después de que fuera echado el peronismo” y uno se queda con las ganas de preguntarle específicamente a qué clase de libertad se refiere. La prioridad de su mirada política también le hace cometer el desatino de llamar a La patagonia rebelde -una de las películas más chatas que se hayan filmado en nuestro país- “una de las películas fundamentales del cine argentino”, en el mismo contexto en que le pone peros a Juan Moreira (“film desparejo y algo demagógico”).

Un fotograma

Un GIF: https://web.facebook.com/marcos.g.vieytes/videos/1953827038000124/.

El gag al fondo del plano secuencia, sin acercamiento por travelling, zoom o corte -el paneo a la izquierda opera como montaje en plano- porque la cámara confía en la mirada del espectador y porque los colores -negro el adulto, rojo y negro el niño que aún participa de la realidad cromática de su casi seguro progenitor- han sido distribuidos para compensar la distancia de modo que visualicemos las figuras arquetípicas del padre y del hijo. La creciente opacidad del primero aparta de sí la vitalidad de quien ha venido a este mundo para suplantarlo. La violencia del gesto, a la vez, implanta la utilidad colectiva del sufrimiento en la víctima, ocultando el victimario -quizás incluso ante sí mismo- las verdaderas motivaciones. Si nadie, además de la cámara que nos hace testigos impotentes, ha visto la totalidad del hecho, y si el colorado bulto menos autónomo aún que la pelota no revelara lo acaecido -por temor o perplejidad- será un héroe a los ojos del mundo, una nueva versión del melancólico hombre(cito) que mató a Liberty Valance.


Juan Francisco Gacitúa (Crítico en Los jóvenes viejos)

Una película

Visages villages

Una canción

La peregrinación de Ariel Ramírez (por Paul Mauriat) en Infinite Football, la (o las) de Vicentico en La reina del miedo, Lovely Day de Bill Withers en Terra franca, Che sarà de José Feliciano (en el estilo de Diego Torres) en Te quiero tanto que no sé, las viñetas de Mathieu Chedid en la banda sonora de Visages Villages, más obviamente El extraño de pelo largo en El ángel. También se me quedó grabada La trampera, por el final de Gotán de Jorge Cedrón, y Granero es testigo de que en una de Ozu proyectada en la Lugones sonaba la música de Esperando la carroza.

Un doble programa

El ángel con Somos? de Carlos Hugo Christensen, y El silencio es un cuerpo que cae con Being Boring de Pet Shop Boys.

Un descubrimiento

Descubrimiento: el ciclo de Hugo del Carril en el Malba, porque no había visto ninguna de sus películas. Como un mal chiste del destino, el año termina con la proscripción del archivista que las reunió.

Un reencuentro

Jackie Brown, que vi una sola vez alquilada en VHS y no había disfrutado demasiado, esta vez mucho más. Me recordó que me devoré muchos clásicos antes de los 20, y que debería volver sobre ellos.

Una experiencia en el cine

Quedarme como el Chavo cuando lo dejan hablando solo en clase, pero en mi caso riéndome con algunas escenas particularmente cruentas en las películas de John Waters durante el Bafici.

Una incertidumbre

Me costó algunos días definir cómo me sentía respecto a La omisión y Rojo, pero nada parecido a lo que propone la consigna. Es cierto que vi El libro de imagen (le robo esta mención a otro votante), pero me terminó provocando desazón ante los años que me llevaría absorber, relacionar y entender las referencias cruzadas que Godard tira como una ametralladora.

Un texto

No leí casi nada, pero lo primero que se me viene a la mente es esta nota sobre la caótica realización de The Last Movie de Dennis Hopper: https://www.esquire.com/entertainment/movies/a23287946/the-last-movie-dennis-hopper/

Un fotograma

El plano congelado de Grandinetti para los créditos de Rojo debe haber sido el único guiño formal que le festejé a la película, y amo el final de Visages Villages con los directores contemplando el río. Pero este ítem me parece demasiado pinterestero (además de que habría que contar con el Vimeo de la película elegida). ¿Se supone que estaba mirando una película y llegué a registrar un cuadro en un cachito de segundo que dije “Oh por Dios, este lo mando ya a la encuesta de La vida útil”? ¿Tengo que llevar la cámara al cine cuando den la próxima de Godard y volver siete veces hasta que enganche la cita a la película neorrealista con la canción editada por ECM y el pasaje del Corán? ¿Por qué no lo cambian a escena el año que viene?


Pablo Martín Weber (Cineasta y crítico)

Una película

The Day After, Hong: Por la fotografía y las actuaciones. Y la escena del taxi (elegida en la categoría fotograma también). Como le dije a un amigo, el universo es mucho menos feo gracias a que existe esa escena y la hermosa Min-hee Kim. Solo por el hecho de que haya un primer plano de ella ya consideraría a The Day After como la mejor película que vi este año. Por supuesto, la película tiene eso y mucho más.

Un doble programa

Fort Apache/La balada de Buster Scruggs: Como dijo Clint Eastwood, el jazz y los westerns son las grandes contribuciones culturales norteamericanas del siglo XX. Me parecería muy interesante armar un doble programa con estos dos westerns, el de Ford y el de los hermanos Coen, como un pequeño recorrido por la historia del cine y del capitalismo norteamericano. Tanto en lo que respecta a lo “de adentro” de la pantalla (tema, forma, etc.) como sus condiciones de producción y reproducción en tanto obras.

Un descubrimiento

The Flying proletarian,  Phillip Warnell. La vi en FICIC porque competía en la misma categoría que un cortometraje propio. Sinceramente me dio vergüenza que mi trabajo se pase en la misma categoría que este gran cortometraje. Una fotografía impresionante y los textos de Nancy acompañando con la voz en off. Lleva el mismo nombre que el famoso cortometraje soviético de ciencia ficción de Iósif Boyarsky & Ivan Ivanov-Vano. Comparto el interés por retomar críticamente los tópicos y preocupaciones de la ciencia ficción soviética.

Un reencuentro

La infancia de Iván, Tarkovski. La había visto apenas entré a la facultad y este año tuve la posibilidad de retomarla. No me siento digno como para opinar sobre semejante película: simplemente diré que, tal y como el mismo Tarkovski afirma en su libro, sus películas están estrictamente ligadas a la experiencia de la adultez.  Hay algo en su obra que me resultaba inaprensible en aquellos años y que poco a poco, con el correr de los años, se me ha ido develando (aunque aún no del todo).

Una experiencia en el cine

Zama. No soy un fundamentalista de la sala, sin embargo Zama en una pantalla grande es una experiencia única e imperdible. Tanto por su fotografía como por el sonido, demuestra lo poco “acabado” que está el cine propiamente dicho y lo irreductible de sus experiencias: Ir en grupo, salir de la sala y debatir la experiencia fue muy valioso.

Una incertidumbre

El silencio es un cuerpo que cae. Intento no hablar en términos de “bueno o malo” para referirme a una película. Considero la ópera prima de Comedi una obra con valor e interés en sí mismo y que puede suscitar todo tipo de debates en torno a ella. En ese sentido se podría decir que la considero una “buena” película. Sin embargo, no he podido digerir del todo mis opiniones con respecto a ella. Me gustaría verla de nuevo, para poder rescatar algunos pensamientos más claros.

Un texto

Gritos y susurros: a propósito de (las críticas sobre) Rojo de Nicolás Prividera y Frente al poema de José Miccio. El debate Prividera-Miccio (que es largo ya que son muchos textos más) me parece una de las cosas más interesantes que han pasado en el último tiempo en lo que respecta al pensamiento en torno al cine argentino. Si bien podríamos decir que se retoma una vieja, viejísima discusión del campo cultural argentino, considero valiosa la voluntad polémica de Prividera para poner nuevamente estas cuestiones sobre el tapete. Quisiera aportar a esta discusión el texto de Jorge Alemán llamado “Borges y lo real” publicado en su ante último libro Horizontes neoliberales de la subjetividad. El fantasma de Borges recorre de principio a fin este debate y Alemán trae a colación la relación entre lo particular y lo universal en su obra. Creo que ahí está en cierta medida el meollo de la cuestión, más allá de los rencores personales y los ataques ad hominem innecesarios que han plagado en cierta manera el debate.

Un fotograma

Zama y The day after



Fernando Restelli (Cineasta)

Una película

Touch me not – Adina Pintilie

Una canción

Skate Kitchen – Crystal Moselle

Esta película tiene muchísimos aciertos en relación a la música, pero hay una canción que no me la puedo sacar de la cabeza:

Un doble programa

Lazzaro Felice – Alice Rohrwacher y Edipo Rey – Pier Paolo Pasolini

Un descubrimiento

Ausencia de mi– Melina Terribili

He tenido la suerte de ver hace muy poco el estreno mundial en IDFA de una película argentina que espero tenga un gran recorrido el año entrante. La directora es una joven muy talentosa y sensible llamada Melina Terribili, que ha presentado su ópera prima titulada Ausencia de mi, antes titulada Hago falta, sobre la vida y obra del cantautor Alfredo Zitarrosa, construida mayormente a partir de las memorias dejadas por el músico en cassettes y diarios personales atesorados por su familia. A ella, mis agradecimientos.

Un reencuentro

Yara – Abbas Fahdel

De Fahdel solamente había visto la monumental Homeland (Irak Año Cero) y en ésta oportunidad pude conectar con una versión mas lúdica del cineasta. Quedé cautivado por su política del cine y la belleza que reside en los montes del Líbano.

Una experiencia en el cine

Tuve la suerte de ver en pantalla grande la versión restaurada de Prisioneros de la tierra (1939) de Mario Soffici en el 33˚ Festival de Mar del Plata. Siempre me impactó el vínculo que existe entre el cine clásico argentino y la representación del trabajo rural de mi tierra misionera, en particular Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril y El trueno entre las hojas de Armando Bó. Desconocía completamente la existencia de esta película pre-clásica y fue muy emotivo para mí ver en la pantalla grande las reducciones jesuíticas de San Ignacio tan vírgenes, como cuando iba de visita con el colegio y jugábamos a las escondidas entre sus calles o el monte que las rodea.

Una incertidumbre

El estreno en Netflix de The Other Side of the Wind fue un evento que me sacudió la cinefilia. Adjudicar a Orson Welles la dirección de una película estrenada a más de 30 años de su fallecimiento me pareció un acto osado y mercantilista. Sin embargo, todas las secuencias en las que se proyecta la película que se encuentra filmando el personaje protagonizado por John Huston (y que tengo entendido que fueron editadas por el mismísimo OW hace 35 años) me quemaron los papeles. El montaje, construido magistralmente a través de las miradas de Oja Kodar, como si fueran extraídas directamente del rodaje en celuloide, me pareció magistral y de lo más moderno que he visto en el cine contemporáneo.  Se podría decir mucho (mas y mejor) respecto a esta obra maestra post-mortem, pero por suerte Prividera se tomó el trabajo, y por eso lo elijo como el punto siguiente:

Un texto

The Other Side of the Wind – Nicolás Prividera

THE OTHER SIDE OF THE WIND

Un fotograma

Touch me not (2018) – Adina Pintilie


Marcelo Alderete (Programador en el Festival de Mar del Plata)

Una película

Dead Souls (2018) de Wang Bing. Una película política de verdad. Y otra que también dejé de lado en otras encuestas: Hotel by the river (2018) de Hong Sang soo.

Una canción

Los títulos finales de Terra Franca (2018) de Leonor Teles. Suena Lovely Day de Bill Withers sobre fotos de la familia protagonista.

When the day that lies ahead of me
Seems impossible to face
When someone else instead of me
Always seems to know the way
Then I look at you
And the world’s alright with me
Just one look at you
And I know it’s gonna be
A lovely day
A lovely day

Un resumen perfecto, y bello, para una película de una emoción seca y honesta, como Albertino Lobo el padre de la familia protagonista del documental, también dueño de uno de los mejores bigotes del año. (Por ese motivo el fotograma también va dedicado a él). Los marineros le hacen bien al cine. Aprovecho para mandarle saludos al amigo Xurxo Chirro.

Un doble programa

The other side of the wind (2019) de Orson Welles
The Last Movie (1971) de Dennis Hopper

El Nuevo Hollywood (New Hollywood) fue durante mucho tiempo una posibilidad de escape para el cine de EE.UU. Duró hasta que la mayoría de sus representantes se cayeron de sus egos. Pero no fueron ellos el problema, sino un sistema que prefirió la rutina a precio módico antes que las carísimas demencias de un par de directores tan jóvenes como engreídos. Orson Welles solo fue parte de ese movimiento de manera muy colateral (su relación con Henry Jaglom, algún que otro título como actor). The other side of the wind viene del pasado para hablarnos de la modernidad de aquellos tiempos y lo hace y de una forma espectacular. El pasado reescribiendo la historia (futura) del cine y a la vez también el mismo pasado. Algo tan maravilloso como extraño. Y todo gracias a Netflix…

En cuanto a los puntos en común entre estas dos películas, sólo basta verlas para notarlos. La película (y su rodaje) dentro de la película, la demencia en el montaje, la autoconciencia de sus autores y el fracaso que fueron en su momento, cada una a su particular y mítica manera.

Un descubrimiento

Si bien es alguien de la casa, me refiero a ésta casa, este punto le pertenece a Te quiero tanto que no sé (2018) de Lautaro García Candela. No la vi en el BAFICI y ninguno de mis allegados, ni de los confiables ni de los otros, me habló de la película. Recién tuve tiempo de verla gracias a ser jurado de la pasada edición del FESTIFREAK y fue, valga la repetición, un verdadero descubrimiento. Una película sobre amigos, hecha entre amigos. Amable, honesta, graciosa y rigurosa. Podría seguir hablando, pero para eso necesitaría hacerle demasiado bombo a mucha gente relacionada con La vida útil y no me parece que sea el lugar.

Un reencuentro

La hora de los hornos (1968) de Fernando Solanas / Octavio Getino

Apenas si tenía unos vagos recuerdos de La hora de los hornos. Imágenes poderosas en un contrastado blanco y negro vistas vaya uno a saber dónde y en qué formato. Un recuerdo borroso, pero positivo. Ahora, al volver a verla en su versión restaurada (o simplemente a verla, debería decir) el momento en el que se burlan de Mujica Lainez y tratan a las hermanas Ocampo y a Borges de “extranjerizantes”, me pareció algo muy triste de ver. Me pregunto qué pensará Solanas hoy en día al respecto de esa secuencia.

Una experiencia en el cine

Volver a ver Mala sangre (1986) de Leos Carax en un cine. La primera vez que la vi también fue en una sala, pero de la calle Lavalle. Demasiados años atrás. Y haber tenido el honor de presentarla con el director al lado. Sin dudas una de mis peores presentaciones, nervioso, demasiado emocionado, y con una infección en la garganta que me acompaño todo el festival, pero aún así, la experiencia valió la pena.

Una incertidumbre

No sabe / No contesta.
O quizás, para aprovechar el espacio, puedo agregar lo siguiente.

No soy fan de Roma (2018) de Alfonso Cuarón, pero la pasé bien viéndola. El prejuicio hacia la película porque su director haya sido un niño rico o de muy buen pasar, es un tanto hilarante. El 80% de los directores que nos gustan comieron caliente toda su vida. Pero lo que sí me gustaría agregar es que de las películas (o algo así) producidas por Netflix, la única que realmente le habló a mi niñez, a mis experiencias (aclaro que nuca estuve en la Estación 69), me mostró cómo pasa el tiempo en la vida de las personas, mientras me hacía reír y, finalmente, emocionar fue Adam Sandler: 100% Fresh de Steven Brill, Nicholaus Goossen.

Y algo parecido me ocurrió con la segunda temporada de Atlanta. Pero es televisión y de eso no se habla.

Un texto

El libro Totalmente, tiernamente, trágicamente de Phillip Lopate. Un libro que no figura en los cánones de los libros sobre cine, por algunas de las razones que expliqué en un breve texto que escribí en mi cuenta de Instagram y puede ir ahí a leerlo. O mejor no.

Un fotograma


Alejo Franzetti (Cineasta y programador)

Una película

La película de este (mi) año fue Shoah. Experiencia inolvidable, en busca del tiempo perdido. Durante días y noches fui viendo las 10 horas. Y nadie es el mismo después de ver Shoah. Antes y después. Cuerpo y alma. Quizás la película más importante del Siglo XX. Concreta y abstracta a la vez, gigante y simple a la vez, como el cine. 10 años de trabajo y riesgo. Film oral. Meticulosa dramaturgia del horror.

Una canción

La del final de Te quiero tanto que no sé. Extrañamente simpática y melancólica, como la película, como Buenos Aires. Me olvidé la letra pero aún la canto.

+ Bonus-track místico-banal: el día que murió Bertolucci, Facebook me “recordó” que “ese mismo día” pero hace años había posteado esta canción, que había conocido gracias a “Io e te”, su última película. Grandiosa canción; inevitable gritar con Bowie, que canta en italiano (sobre la base de “Space oddity”):

Dimmi ragazzo solo, dove vai
perchè tanto dolore
hai perduto senza dubbio un grande amore
ma di amori è tutta piena la città

Un descubrimiento

Imfura, de Samuel Ishimwe (Ruanda, 36 minutos). Un film admirable, rosselliniano y fordiano; un camarada en la batalla contra la tiranía del largometraje. Acá escribí un poco sobre él (en castellano debajo de la versión en inglés): https://shortsblog.berlinale.de/2018/03/02/terrible-ideal-youth/ Acá el trailer: https://vimeo.com/255358801 Ganó el Oso de Plata de los Berlinale-Shorts, el jurado hizo bien su trabajo.

Una experiencia en el cine

Estar por primera vez “del otro lado”, moderando proyecciones de los Berlinale-Shorts, gestando y organizando el Q&A. Especialmente la primera proyección, en un cine enorme en el este de la ciudad, lleno.

Una incertidumbre

Quizás Cat people, de Tourneur.

Un texto

Por descuido o pereza, o por el típico desorden de toda mudanza (o tal vez porque cada vez que pasaba por la biblioteca y leía el título, me daba miedo su genialidad), llegué tarde y recién este año leí “Una juguetería filosófica”, del Rey David. Señor rector de la universidad: elimine todo texto introductorio e incluya solamente este libro en el programa de primer año.

Un fotograma


Agustín Rayneli (Filósofo y cineasta)

Una película

Support the Girls (A. Bujalski)

Donde la empatía no se confunde con condescendencia, se revelan las complejidades de un oficio que es exclusivamente de mujeres. Un oficio que se sostiene a partir de pequeños y grandes gestos; para con los clientes y entre colegas de trabajo. Mujeres que también se hacen de un mundo privado que debe ser atendido; una madre soltera, una mujer a punto de divorciarse, una mujer en un noviazgo con una persona mucho mayor a ella. Ámbitos que se trascienden entre sí; en palabras de Regina Hall al principio de su jornada laboral “We are family!” Con esta película Bujalski entra en la misma línea de directores norteamericanos conformada por Whit Stillman, Nicole Holofcener y Desiree Akhavan.

Una canción

Springsteen on Broadway  (T. Zimny)

Un doble programa

Support the Girls (A. Bujalski)/Mujeres que trabajan (M. Romero)

Un descubrimiento

Model Jop (J. Demy)

Demy llega a los Estados Unidos, donde parece decepcionarse. Un arquitecto que no trabaja de eso vaga por las calles de Los Angeles; un destello de magia se da cuando aparece Lola. La Lola de Anouk Aimee, que nos había dejado con un final feliz casi diez años atrás. El cine no cumplió ninguna promesa, la vida continua.

Trailer:

Un reencuentro

Ozu y Jarman en la Lugones.

Una experiencia en el cine

Estreno de Cerca y Extraño en el BAFICI.

Una incertidumbre

The 15:17 to Paris (C. Eastwood)

Un texto

¿No hay inocentes? – Sobre Rojo. Por Lautaro Garcia Candela.

Un fotograma

The pictures are beautiful


Valeria Fernández (Cineasta)

Una película

La joya marplatense después de los churros de Manolo (R.I.P. el dueño): Classical Period, de Ted Fendt (2018)

Mención especial del jurado para La flor (Mariano Llinás, 2018).

Una canción

Le jardin imaginaire de Christine Corda. Aparece en la siempre genial La Flor, en lo que probablemente sea su fragmento más bello.

Un doble programa

No creo que valga porque son las dos de este año (igual discutible), pero me parece divertido pensar La flor y La película infinita (Leandro Listorti, 2018) juntas.

Un descubrimiento

Todo Ted Fendt. Es increíble.

Un reencuentro

En Mar del Plata volví a ver Baisers volés (Besos robados) de Truffaut. Tenía un recuerdo, que si bien era bueno, no me daba muchas ganas de reveerla (y menos habiendo visto poquitas semanas antes L’histoire d’Adèle H). Tal vez fue el contexto: haber visto pocas películas que me hayan gustado en el festival, el cine Auditorium, Jean-Pierre Léaud presentándola, pero creo que fue lo mejor que vi este año en Mar del Plata.

Una experiencia en el cine

Ver la grieta en vivo y en directo en la proyección de prensa de Vendrán lluvias suaves (Iván Fund, 2018) frente a la placa de conmemoración del ARA San Juan. Escuchar a unas señoras comentando Roi Soleil (Albert Serra, 2018) a la salida del cine.

Una incertidumbre

Estoy segura de que es buena, pero también estoy muy segura de que soy totalmente incapaz de decir por qué o siquiera hablar de ella: Le livre d’image, de J.-L. Godard.

Un texto

Elijo top five de libros que leí este año, porque creo que leí más de lo que vi (aclaro: 80% no son del 2018, ni de cine):

1) Vamos a tocar el agua, de Luis Chaves (2017)
2) Memoria Romana de Fogwill, que es parte de Memoria romana y otros relatos inéditos (Blatt & Ríos, 2018)
3) Hitchcock por Hitchcock I, editado por Eterna Cadencia (2017)
4) Esto no es una novela, de David Markson (2001)
5) Suicidio, de Édouard Levé (2008)

Un fotograma


Dana Najlis (Cinéfila y musica)

Una película

No puedo decir cuál es la mejor película del 2018 o de cualquier otro año y, en todo caso ¿quién puede? Me limito a mencionar dos películas de este año que me mostraron otros mundos posibles:

Asako I & II (Ryusuke Hamaguchi) y Ash is purest white (Jia Zhang-ke).

Una canción

Dream Baby Revisited del gran Alan Vega en los créditos finales de O Fantasma (2000)

Un doble programa

Classical Period (Ted Fendt, 2018) / Design for living (Ernst Lubitsch, 1933)

Un descubrimiento

Este año vi por primera vez dos películas de Jean-Charles Fitoussi: Les jours où je n’existe pas (2002) y Vitalium, Valentine! (2017). Ambas son verdaderas obras de arte de una originalidad, inteligencia y sensibilidad que me cautivaron por completo. La vida, la muerte, el tiempo, la filosofía, la ciencia, el misterio en relación a lo fantástico, el humor, la presencia y la ausencia: de todo ello nace su cine tan particular, poblado de constantes referencias literarias y musicales. Desafortunadamente, no tuve aún la posibilidad de ver ninguna de sus otras películas. Al comienzo de Les jours où je n’existe pas, una niña está leyendo El Horla de Guy de Maupassant. En cierto momento del cuento el narrador, aquejado por una presencia invisible que durante las noches absorbe su vida, afirma: “Nuestros ojos, señores, son unos órganos tan elementales que a duras penas si son capaces de distinguir lo que es indispensable a nuestra vida. Se les escapa lo demasiado pequeño, se les escapa lo demasiado grande, se les escapa lo demasiado lejano”. Fitoussi está cerca, que no se les escape.

Y me gustaría agregar un segundo descubrimiento. La retrospectiva de Wolfgang Staudte en el último Festival de Mar del Plata fue una maravilla. Todas las películas fueron proyectadas en 35mm y cuidadosamente presentadas por su curador Olaf Möller. Me hubiera gustado verlas todas. Espero que se repita en Buenos Aires pronto.

Un reencuentro

La retrospectiva de Max Ophüls este año en la Sala Leopoldo Lugones. Me hizo muy feliz.

Una experiencia en el cine

Roi Soleil (Albert Serra).

Un Texto

Los diarios de Raúl Ruiz. (Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas).

Un fotograma

Corps à coeur (1970), Paul Vecchiali.


Nicolás Zukerfeld (Cineasta y crítico en Revista de Cine)

Una película

Classical Period (Ted Fendt)
Porque es la película más radicalmente moderada, o moderadamente radical que vi en mucho tiempo.

Una canción

Love itself de Leonard Cohen en L.Cohen (James Benning):

Road to nowhere de Talking Heads en Transit (C. Petzold)

Elegí dos en este caso porque ambas contienen dos elementos que me resultan fundamentales: el amor y el humor. En el caso de Transit, la canción de Talking Heads parece ser una coda, un epílogo en sí mismo, de la película de Petzold. Hay allí un gesto humorístico de distancia y, a diferencia del cinismo de Lars Von Trier con “Young Americans” al final de Dogville, Petzold es irónico y en consecuencia exponencialmente más crítico. Incluso, además de adaptar la novela de Anna Seghers, parece haber adaptado Road to nowhere cuando Byrne canta “Hay una ciudad en mi cabeza, venite a dar una vuelta”

En el caso de la película de Benning, recuerdo a él mismo durante el último BAFICI, contar que la aparición del tema (y en consecuencia el título de su película) aparecieron más bien por azar, como el encuentro de dos fenómenos (¿meteorológicos?): Benning quería filmar las particularidades de un eclipse solar en Oregon y Leonard Cohen había muerto durante esos días. De vuelta a su casa, después de haber rodado uno de los planos más bellos en la historia del cine, Benning escucha en la radio Love itself y decide incorporarlo a su película. Entero, de principio a fin. Aquí, la música, como el amor mismo, irrumpen. Y, parafraseando a Cohen, intentaré decir un poco mas: el amor pasa sin detenerse.

Un doble programa

1. Uno de los capítulos de El libro de la imagen se llama La región central.
2. Michael Snow hizo en 1971 solo una película: La región central. Dura tres horas, pero él no quería que la sensación fuera “parece que pasaron treinta minutos”, sino “parece que pasaron treinta mil años”. El libro de la imagen parece contener en una hora y media, esos treinta mil años.
3. En 1971 Godard filma junto Jean-Pierre Gorin y El grupo Dziga Vertov dos películas: Luchas en italia y Vladimir y Rosa. También una publicidad de crema de afeitar.
4. Godard, más a o menos a partir se este momento, deja de escribir guiones de manera convencional y empieza a hacer gráficos (Fig. 1) como los que hacía Dziga Vertov en los 20’s (Fig. 2) o Michael Snow en 1971 (Fig. 3)
5. Godard y Snow están vivos y siempre trabajaron por y para la liberación.

Un descubrimiento

Anne Biller con The Love witch, Carla Simon con Estiu 1993, Berlín Eckshonhauser (G. Klein), Boss baby (T. McGrath), Kong: skull island (J. Vogt-Roberts)

Un reencuentro

Divido este grupo en dos. Tristezas: aquellas películas que al volver a verlas me trajeron pequeñas o grandes decepciones. Alegrías: aquellas películas que al volver a verlas que me trajeron, como su nombre lo indica, alegrías y emociones positivas, de esas que sirven para sobrellevar nuestras vidas como muertos vivientes.

Tristezas: Barcelona (Whit Stillman), Lost Highway (David Lynch) y Alien (Ridley Scott)
Alegrías: I walked with a zombie (Jacques Tourneur), Aliens (James Cameron), Small soldiers (Joe Dante)

Una experiencia en el cine

Todas las películas de Maya Deren en 16mm en el Festival de Mar del Plata.
La mamá y la puta en 35mm presentada por Jean-Pierre Léaud
La flor (Mariano Llinás) en el BAFICI
Que le diable nous emporte (J- C. Brisseau) en 3D en el BAFICI

El ciclo de Y. Ozu en La Lugones.

Una incertidumbre

The Love Witch (A. Biller). Un película que, a diferencia de todo el cine de terror “retro”, me resulta muy difícil de agarrar. Lleva a tal extremo el gesto de expropiación de un cierto tipo de estética que termina siendo, más que una película de referencia o cita, un objeto pop o un “détournement” situacionista. Es decir, está más cerca de lo que hace Guy Debord con su auto- adaptación de La sociedad del espectáculo o La dialectique peut-elle casser des briques?, de René Viénet, que a Tarantino o Brian De Palma (cineastas que entre paréntesis me encantan). Parece haber en Biller un borramiento total del lugar del estilo (o de su voluntad) que toca el imposible warholiano: allí donde no hay trazo alguno, es donde el trazo es mas notorio. El estilo aparece por saturación y la política, como un contrabando.

Un texto

Propongo dos textos que, como en la película de Biller o de Godard, se preocupan por los extremos: sus límites, diálogos y tensiones. Ambas críticas son pequeñas guías llenas de ideas para orientarse o perderse en ese libro de la imagen o jungla de asfalto que es el cine, ¿clásico?, ¿moderno?, ¿contemporáneo?

1. En busca de la cinefilia perdida IV (Quintín en A sala llena): http://www.asalallena.com.ar/quintin/busca-la-cinefilia-perdida-4-quintin/
2. La banalidad del bien (Fernando Ganzo, en A sala llena): http://www.asalallena.com.ar/cine/1517-tren-paris-the-1517-to-paris-fernando-ganzo/

Un fotograma

Te quiero tanto que no sé (Lautaro García Candela) porque este fotograma es sólo una fracción de toda la melancolía contenida en esta escena que tiene la particularidad de parecer un final, cuando en realidad es sólo el principio. Terminar una película con melancolía es mucho más fácil que empezarla. Y si hay algo que asume esta película es asumir este tipo de riesgos sin que importe nada más.


Malena Solarz (Cineasta y crítica en Revista de Cine)

Una película

Un trío: Classical period, Ted Fendt / La flor, M. Llinás (y Piel de Lava) / El libro de la imagen, Jean-Luc Godard

El año pasa rápido y siempre pienso lo mismo: por mi tarea de docente leo y veo más películas en proceso que películas terminadas. Eso, admito, genera una especie de deformación profesional un poco difícil, que implica que todas las películas (terminadas, ejercicios, planitos sueltos, etc.) queden en la cabeza como en un limbo un poco confuso. El Festival de Mar del Plata suele ser el mejor momento para ver películas despejada de todo esto, pero aún así hago el esfuerzo de buscar otros momentos de cierta belleza (en el sentido más amplio que pueda pensarse) que me regaló el cine (en el sentido más amplio que pueda pensarse) este año.

Una canción

Otro trío, pero en otro sentido. Justamente en Classical period, de Ted Fendt, hay una escena en la que un personaje interpreta en piano (acompañado por dos cuerdas, formando así un trío), ante la presencia atenta del protagonista, el 4º movimiento del Trío en Do menor de Beethoven. La película muestra un fragmento, y luego la próxima escena es una explicación que el pianista le da al protagonista de las cualidades compositivas de Beethoven, que lo convierten en un autor de transición entre el “período clásico” y el romántico. Estas dos escenas condensan algo de lo extraño y genial que tiene esta película: sencillez (no hay grandes despliegues técnicos con la cámara, el sonido de los instrumentos puede hasta escucharse algo desafinado y a un tempo mucho más lento que el “prestissimo” que dice la partitura) y un virtuosismo acallado, encerrado por esa austeridad (ambas escenas son filmadas de corrido, en 16 mm., en una película que no disponía de la posibilidad de hacer muchísimas tomas por plano). Pareciera como si Ted Fendt fuese de los pocos cineastas contemporáneos que soportan que sus escenas muestren o se traten “solamente” de eso, y en esa seguridad ganan poder.

Mención especial para Canción sobre canción, de Fito Páez, tocada por Franco Guareschi, al final de Te quiero tanto que no sé, del “vida útil” Lautaro García Candela. Después de haber visto varios armados de la película, apareció algo que no había visto ni oído antes, y que ahora asocio directamente, no sólo con Lautaro, sino con el momento de verla.

Un doble programa

Para variar, otro trío.

Transit, de C. Petzold
Alphaville, Jean-Luc Godard
Invasión, Hugo Santiago

Cierto juego con la alegoría, que suele ser tan tentador y peligroso para tantos cineastas, creo que en estos tres casos termina mostrando su mejor cara. En cada caso la extrañeza se construye por lados muy distintos, pero en todas hay algo fantástico/fantasmático y algo anacrónico, que se vuelve político también.

Un descubrimiento

En el BAFICI vi las películas Teo Hernández y me gustó mucho conocerlo. Escribiendo un artículo sobre Van Gogh, de M. Pialat, descubrí un cortometraje homónimo de 1965 que, además de venirme muy bien para el texto, me encantó. Y por último, pude ver hace unos días, en el Festival Novos Cinemas, en Galicia, The world is full of secrets, de Graham Swon; una película que casi propone una mezcla entre Straub/Huillet, Cuentos de la cripta, y los Screen tests de Warhol, con unas actrices adolescentes que parecen disfrutar y divertirse cada segundo que la cámara las toma.

Un reencuentro

También en Novos Cinemas, pude ver una copia en 35 mm. de Los muertos, la última película de John Huston. Es una película que forma parte del programa de una materia que doy hace muchos años en la facultad y, por lo tanto, me la sé de memoria, casi con puntos y comas. Pero verla de nuevo, entera, y con la concentración que una sala de cine permite, me hizo encontrarle cositas por todos lados, e incluso me empujó a que me gustara todo aquello que rechazaba hace años.

Una experiencia en el cine

Además de compartir tres largas jornadas en el Village Caballito con extraños, amigos, comidas e infusiones, viendo La flor, dos más: ver La mamá y la puta, presentada por Léaud en 35 mm. en Mar del Plata, y ver He nacido, pero…, de Ozu, en completo silencio en la Sala Lugones, para descubrir ahí otro genio oculto de la comedia muda.

Una incertidumbre

Como me pasa con las últimas películas de Godard, El libro de la imagen me dejó bastante sin palabras. Se ha escrito y se seguirá escribiendo muchísimo sobre Godard y toda su obra, incluso su último período, pero creo que eso es, en parte, porque todos intentamos poner en palabras algo que no tiene una lógica que el lenguaje verbal pueda aprehender, sino que tiende (y cada vez más) al caos, a la explosión, al dadá.

Un texto

Dejé esta categoría para último momento y ahora, apurada, no llego a releer y elegir una crítica del año. Recuerdo el texto de Lautaro García Candela sobre El ángel que nos dio mucho para hablar y discutir en esas charlas grupales que duran días, y también uno de Lucas Granero sobre el ciclo de Jarman en la Lugones que me parecía un buen cierre a esos días de invierno viendo películas todos los días.
Pero lo que quería nombrar, para festejar el hallazgo, es que hace unos días llegó a mi manos de manera casi azarosa, un libro que publica los diarios de Ozu durante los últimos treinta daños de su vida. Obviamente habla más del clima, de bebidas y comidas que de cine, pero es muy lindo seguirle los pasos durante algunos días de su vida e intentar buscar ahí algo que permita entender su genialidad, aunque sea imposible. Ya que tal vez esta encuesta sea publicada con el comienzo del año, aquí va la primera entrada de su diario, el 1 de Enero de 1933: “El albergue, que se encuentra en la región de Shinano, al pie de las montañas, está cubierto de nieve. Empiezo el año dormitando al calor del kotatsu. El sol ilumina las mamparas de papel. Ruido imperceptible de la fusión de la nieve. Mi espíritu vagabundo. Una larga jornada se despereza. El hervidor tintinea suavemente. ¡Recuerdo las aguas turbulentas y cálidas del río Abe! ¡Qué delicia, este sake del país tomado bien frío!”

Un fotograma

Quería incluir otros de La flor porque, volviendo al comienzo de la encuesta, ésta fue una de las películas que, durante el año, me dejaron imágenes rondando por la cabeza. En este caso, además, algunas de esas imágenes las asocio directamente con el impacto que tuvieron cuando las vi. El fragmento de los aviones haciendo piruetas, filmado por Inés Duacastella, en el episodio que homenaje a Un día de campo de Renoir, fue eso: un momento en el que la simpleza y la proeza (doblemente) se combinaron. (Estoy de viaje y el acceso a las imágenes de ésta y otras películas se me complica bastante, así que recurrí a esta imagen que puso mi amigo Agustín Gagliardi en su Facebook)


Ezequiel Iván Duarte (Crítico)

Una película

Pero no tengo para nada la memoria del cine. Es una cultura que, en mí, no deja rastros. Es registrada virtualmente, no me olvido nada, tengo hasta cuadernos donde anoto para acordarme títulos de películas de las que no recuerdo ninguna imagen. No soy en absoluto un cinéfilo en el sentido clásico del término. Más bien un caso patológico.
JACQUES DERRIDA

Este año descubrí este texto resultado de dos entrevistas realizadas a Jacques Derrida por Antoine De Baecque y Thierry Jousse para Cahiers du cinéma. En un año escasamente cinéfilo para mí, me sentí un tanto reconfortado por él. Ermitaño, salvo en el Festifreak, no recuerdo haber pisado una sala de cine. Desde 2017 me refugio más y más en los libros y menos en las películas. ¡Lo que me cuesta, en mi propia casa, sentarme a ver algunos de los largometrajes que he descargado de Internet! Con los cortometrajes parece irme un poco mejor, y últimamente le estuve entrando a algunos pre-codes de una hora. Este año vi cosas notables como El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi o El Liberado de Martín Farina o Blue de Apichatpong Weerasethakul (acá no vamos a menospreciar al corto: en otra ocasión, cuando esta encuesta la hacía Las Pistas, creo haber votado a World of tomorrow de Don Hertzfeldt como película del año); la maravillosa Lazzaro Felice de Alice Rohrwacher (¿una película sobre la inviabilidad de la bondad profunda, quizás?) y, por supuesto, esa obra esferoidal, profundamente auditiva (en el sentido de McLuhan) que es El otro lado del viento de nuestro vendedor favorito de barritas de pescado. Pero limitar las elecciones a películas efectivamente estrenadas en 2018 sería ignorar que muchos de nosotros recién podemos hacernos de muchos títulos al año siguiente de su estreno. Así que mi voto va a un film de 2017 que recién pude localizar este año, En attendant les barbares de Eugène Green. Y, ya que está, ex aequo con Como Fernando Pessoa salvou Portugal que es rico en gracias.

Mención especial para esto.

Una canción

No vi la película (dicen que no es gran cosa) y no sé cómo está usada la canción, pero “Unmade” de Thom Yorke, para la banda sonora de la remake de Suspiria, es exquisita (recomiendo con fervor todo el soundtrack).

Un doble programa

Lazzaro Felice y Nazarín (Luis Buñuel, 1959). Iba a mencionar la película de Rossellini sobre San Francisco, pero no la recuerdo en absoluto (aunque supongo que también funcionaría). En el film de Buñuel tenemos a un sacerdote que intenta hacer el bien a cada paso pero siempre termina por arruinar las situaciones en las que se involucra. En el de Rohrwacher tenemos a un santo cuya bondad se da de bruces con la crueldad del mundo.

Un descubrimiento

La destrucción del orden vigente de Alejo Franzetti.

Un reencuentro

Me pasó con Safo, historia de una pasión de Carlos Hugo Christensen: la vi este año, creía yo que por primera vez, pero cuando voy a IMDb me doy cuenta de que ya la había visto (y que me había resultado menos interesante aquella primera vez). Lo curioso y atroz es que, mientras la veía por (insospechada) segunda vez, en ningún momento siquiera me pasó por la cabeza una sensación de dèja-vu o algo parecido. Fue realmente como haberla visto por primera vez.

Una experiencia en el cine

Al final de El silencio es un cuerpo que cae en el cine Select, durante el Festifreak, sentado en una silla al fondo, junto a una columna, con la vista borrosa por las lágrimas.

Una incertidumbre

Uy, sí, la vi hace poquito (y parece ser bastante desconocida aún): Cuentos de chacales de Martín Farina. Estoy seguro de que me gustó, pero me dejó así.

Ya había visto el extraordinario corto El Liberado en el Festifreak y luego vi la que hizo con Marco Berger, Taekwondo (que es excelente: la composición de los planos, donde Farina se mimetiza con el estilo de Berger, el manejo de la tensión, la construcción de las masculinidades y hasta esa escenita muy ‘meta’ donde salen ellos dos). Pero chacales es algo muy diferente, híbrido, godardiano, fragmentario, hermético.

Un texto

No es chupada de medias, pero la verdad que no leí mucha crítica este año y el único texto que recuerdo con placer es este de Lautaro García Candela.

Un fotograma

Blue – Apichatpong Weerasethakul


Iván Moscovich (Cineasta y crítico)

Siento que esta vez, a diferencia de otros años, llego más preparado para esta encuesta. Creo haber visto más y mejores películas que en otras ocasiones. A la vez, el cine tiene una particularidad esencial para este tipo de evaluaciones: las películas suelen mirarse una sola vez, en especial aquellas que se proyectan durante los festivales (ni tampoco se puede volver atrás, detenerse, o releer). Algunas que nombraré a continuación escapan de esta lógica y están actualmente (al menos mientras escribo esto) disponibles en streaming – un dato que no me parece menor, y que quizás pueda pensarse como una tendencia en alza hacia la década que se viene. Quizás entonces hacer estas listas sea un poco más justo. De momento apelo a la memoria, a las primeras impresiones, a las discusiones de sobremesa y las anotaciones en celulares y cuadernos.

Una película

1) Classical Period, Ted Fendt
2) I Do Not Care If We Go Down In History As Barbarians, Radu Jade
3) Le Livre d’Image, Jean Luc Godard
4) Season of the Devil, Lav Diaz
5) The Other Side Of The Wind, Orson Welles

Una canción

Yo soy el fuego, que acecha, que volverá pronto cenizas tu alma condenada, soy la flecha directo hacia tu corazón, la flecha envenenada, soy tu amenaza, soy tu tortura… y voy buscándote en silencio por la noche oscura; la locura. Soy la mecha. La bomba a punto de explotar y que ya no se apaga. Soy la daga. Y si me sacas de tu pecho no va a quedar nada.

Un doble programa

Pensé en Procès de Jeanne d’Arc de Bresson mientras miraba The Trial de Loznitsa. No sólo porque ambas se desarrollen durante un juicio, sino por la meticulosidad de su procedimiento, la precisión en la adaptación de los textos, y la tensión un proceso jurídico y la verdad histórica.

Un descubrimiento

Descubrí que Sissy Spacek actua en algunas de las mejores películas de los 70s, como Badlands (1973), Carrie (1976), y 3 Women (1977). Y por si algo le faltaba para ganarse mi cariño, actuó recientemente en un videoclip de LCD Soundsystem: fue la mujer de mi año.

Un reencuentro

En Mar del Plata vi Mala Sangre (1986) de Leos Carax. A los 5 minutos me doy cuenta que ya la había visto y que la había olvidado: enseguida entendí por qué.

Una experiencia

En la escena más emotiva de Te quiero tanto que no sé, un joven irrumpe una fiesta tocando una guitarra y toca Confesiones de Invierno. Irremediablemente, me pongo a cantarla, en susurros por supuesto. No quiero molestar a nadie. Pero luego me parece escuchar al de al lado, y también a una persona sentada atrás, cantándola. Alzo un poquito la voz: pronuncio la melodía más claramente. Lo mismo hace el resto. De pronto, toda la sala estaba cantando Sui Generis. Y alguna lagrima se nos piantó a más de uno (pude verificarlo al final de la función).

Una incertidumbre

La Flor

Un texto

Un texto que sí: “La locura Einsestein”, de Jacques Ranciere. Polemiquísimo pero apasionante. Puede bajarse acá: https://es.scribd.com/document/75165615/Ranciere-Jacques-La-fabula-cinematografica-2001-ed-Paidos-2005

Un texto que no: “Con la reverencia a otra parte”, de Javier Porta Fouz. Está acá: https://www.lanacion.com.ar/2192128-con-la-reverencia-a-otra-parte

Un fotograma


Juan Villegas (Cineasta y crítico)

Una película

Paddington 2

Una canción

“Cuando vos estás” en Las Vegas.

Un doble programa

Cetáceos & Silvia Prieto

Un descubrimiento

Robert Smigel, el director de The Week Of.

Un reencuentro

Pulp Fiction. La tenía en mi memoria como una obra maestra. Me decepcionó bastante.

Una experiencia en el cine

Fui poco al cine este año. Mal.

Un texto

En busca de la cinefilia perdida (4), por Quintín

Un fotograma

Una ciudad de Provincia, de Rodrigo Moreno


Alejandro Tevez (Cinéfilo y crítico)

Una película

El 2018 fue un año para enojarse. Motivos hay millones y siguen apareciendo a cada minuto. Bronca o tristeza o todo junto. Uno de los últimos motivos de mis enojos, quizás de los más superficiales o menores ante tanta mala noticia, fue con aquellos que se cansan de repetir que fue un año malo para el cine. ¿Qué ve esa gente? Toda esta encuesta anual supongo que servirá para tirar abajo su enunciado.

Mi película favorita del año fue Transit de Christian Petzold, estrenada en el BAFICI, con aparición por ahí en la nube y todavía presencia en algunos y pocos cines argentinos. El sorprendente choque entre pasado/presente y la crítica social que contiene atrás ese juego formal lo relaciona con otra de las grandes obras de este año como es Lazzaro Felice de Alice Rohrwarcher.

Una canción

La primera opción era elegir cualquier canción que haya compuesto Igorrr para la maravilla de Jeannete pero, vaya a saber uno por qué, no se pueden conseguir ninguna de las canciones en toda la web. ¿Qué les costaba subirlas a Spotify? Bueno, también pensé en incluir esa versión de La Casa del Sol Naciente de Palito Ortega que suena en la mejor escena de El Angel pero, no sé, pasaron cosas.

Finalmente, opté por una canción que aparece en una de las películas más sorpresivas -y por qué no sorprendentes- que vi en el año: mientras la niña de Cómprame un revolver del mexicano Julio Hernández Cordon escapa de una fiesta narco que terminó en masacre se escucha la hermosa Golden Hair de Syd Barrett.

Un doble programa

Una excusa para mezclar el doble programa con dos grandes experiencias en cine como lo fueron estos dos musicales extraordinarios: Jeannette de Bruno Dumont (2017, pero estrenada este año tanto en BAFICI como en la Sala Lugones) y Golden Eighties de Chantal Akerman (1986 y uno de los lujos de Mar del Plata). Dos películas libres, muy libres, donde los directores manejan con virtuosismo el juego que proponen entre la sátira, las canciones y la historia que quieren contar.

Un descubrimiento

Gracias al supuesto lujo por los estrenos mundiales o del deleite por la presencia de las películas que vienen con grandes críticas, los festivales cada vez se alejan más de su tarea de ser formadores para los cinéfilos que buscan cinematografías ocultas a través de las retrospectivas.

Por suerte, Mar del Plata, a pesar de todos los recortes, hizo caso omiso a la desesperación por la novedad y programó dos secciones históricas que resultaban imperdibles: Wolfgang Staudte, considerado el maestro del cine alemán de posguerra del cual no vi ninguna de sus películas pero muchos se mostraron fascinados, y Maya Deren, a la cual conocí este año y quedé maravillado.

Maya Deren debe ser el mayor descubrimiento que tuve en años. Mi novia conocía sus cortos y por eso terminamos en el Colón de Mar del Plata -hagan algo con esos asientos que todo aquel que mide más de 1,60 la pasa horrible-. Su cine experimental y fantástico, en ambas acepciones, jamás pierde la sensibilidad y la belleza aunque filme a un hombre haciendo meditación/artes marciales durante casi 15 minutos o haga una maravilla como Meshes of Afternoon

La posibilidad de ver sus cortos en pantalla grande ¡y en 16mm! fue una experiencia única y dejó la sensación que con retrospectivas así, el rol de un festival está más que cumplido.

Un reencuentro

No entendí del todo si el reencuentro tenía que ser positivo o negativo. La revisión ha hecho estragos con la apreciación que tenía con obras que yo creaba intachables. Hola, Fight Club. Entonces, usé este punto para hablar de una película que no veía hace mucho, no la recordaba tan graciosa y que todo el contexto provocó un re-enamoramiento impensado.

La visita de Jean-Pierre Leaud fue una de las más importantes que recuerde en los festivales modernos. Veamos, el mejor actor de la historia frente tuyo y presentando las películas que amamos toda la vida. Una de ellas fue Besos robados de Truffaut, la continuación de Los 400 golpes y Antoine y Colette y donde Leaud encarna a un Doinel entrando casi a la adultez. La recordaba como una obra menor del director francés pero el timing cómico y el revisionismo cinematográfico que hace Truffaut a través de gags cambió totalmente mi valoración hacia la obra.

Una experiencia en el cine

Con el correr de todas estas consignas, noté que las experiencias más recordables fueron durante festivales y lo aburrido que fue el año de los estrenos más comerciales.

Experiencia inolvidable en el cine debe tomarse como sinónimo de John Waters presentando alguna de sus películas. Waters debe haber sido el invitado perfecto para el BAFICI: dio shows de stand up antes de sus obras -que dieron casi todas-, se mostró predispuesto todo el tiempo, se sacó fotos con todo aquel que le pidió, armó una firma de libros, dio dos charlas divertidísimas y contó mil anécdotas de su vida como cineasta, cinéfilo y artista.

Si tengo que elegir una, me quedo con la presentación que hizo previa a Pink Flamingos donde preguntó “What’s wrong with you, people?” a un Gaumont repleto en una medianoche mágica. Aun así nos quedamos con las ganas de un encuentro en vivo con Isabel Sarli pero Waters fue una experiencia única en sí.

Una incertidumbre

No sé qué pensar sobre Quién te cantará de Carlos Vermut. Una parte de mi la odió en su momento pero, ahora, pensándola, tiene escenas que me fascinaron. Tampoco sé si son suficientes para decir que es una buena película pero tampoco recuerdo cuáles eran los motivos para odiarla. No sé. Las escenas musicales siguen en mi cabeza pero, esperen, ya recordé, detesté todo el tramo final de la película y, sobre todo, la última escena. Innecesaria, obvia. Bueno, ahora no sé si entra en incertidumbre. No sé. Seguiré cantando Procura olvidarte por un rato y veré.

Un texto

Los textos que más me gustaron no se encuentran online y quizás esa sea la magia de Revista de Cine -sin dudas hubiese elegido el texto de Sarlo sobre Hong Sang-soo o la de Nicolás Zukerfeld sobre el cine y la historia-.

Pero, como esto es colectivo y la idea es compartir textos acá van una serie de artículos.

-Voy a elegir de La Vida Util porque, bueno, me parece un medio con una independencia única, no económica ni política sino con la agenda. Dos textos que releí un par de veces este año fueron dos crónicas de festivales: este de Lucas Granero durante el BAFICI con una gran descripción del cine de James Benning y la última crónica de García Candela en Mar del Plata. Dejé los textos de Ramiro Sonzini sobre Ford para las vacaciones.
-Ya fue comentado el nivel que muestra Roger Koza cuando está en Cannes. Como dijeron en la encuesta del año pasado, mientras está en el dicho festival el crítico cordobés está en estado de gracia. Este año no fue la excepción y escribió esta crónica maravillosa sobre “la última de Godard y la invención del color en la era digital” .

Un fotograma

El final de Wildlife de Paul Dano con este plano, compuesto por el protagonista de la película, me destrozó un poco por dentro.

Hubiese elegido cualquiera de El Silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi pero debería ser reconocimiento para el padre, quién además de filmar este fotograma es la razón de ser de este documental, una de las mejores películas argentinas del año.


Agustín Lostra (Crítico en Revista Pulsión)

Una película

Familia Sumergida

Una canción

Avenida Rivadavia de Manal (soundtrack divino para esta época espiriturera)

Un doble programa

El Ángel de Luis Ortega + Soñar, soñar de Leonardo Favio

Una experiencia en el cine

Yojimbo de Kurosawa. Eterno agradecimiento al ciclo de Videoteca Aquilea por la zambullida en esa peliculaza en pantalla grande.

Un reencuentro

Redescubrí a Gustavo Fontán. Sol en un patio vacío, de su trilogía del lago helado, me conmovió.

Un descubrimiento

La proyección de la copia digitalizada y acondicionada de La hora de los hornos: Neocolonialismo y violencia en el Cine Select durante el último FESAALP.

Un texto

La delgada línea invisible: Zama y Lucrecia Martel por Pablo Ponzinibbio en la Pulsión N9 ‘Rozar lo real’.

Un fotograma

Sintético plano de Calle 52 de Pablo Ceccarelli.


Sofía Marramá (Cinéfila, directora de arte)

Una película

La Flor (Mariano Llinás – 2018).

Una canción
Sobre el final de 4 Corazones (Manuel Mozos -2008) suena Hot Shot, temazo de la banda belga Vive la Fete. Recomiendo mucho musicalizar desarmes de rodajes con ese tema y disco.

Agrego link de descarga
http://www.mediafire.com/file/j1a1zwty9mn/vive_la_fete_-grand_prix.rar/file

Un doble programa

Armo dos dobles programas:

1. El capítulo La Araña de La Flor (Mariano Llinás – 2018) pega con El otro lado del viento (Orson Welles – 2018).  Me pregunto si El otro lado del viento es efectivamente de Welles y si su fecha de estreno corresponde al 2018. (Hay mucho de Welles en Llinás…)

2. Julia y el zorro (Inés Barrionuevo – 2018) pega muy bien con Jeanne Dielman, 23 Quai Du Commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman – 1976)

Un descubrimiento

Descubrí al Señor Krzysztof Zanussi, lejos el director que más disfruté éste año.

Un reencuentro

¡Orson Welles! ¡Orson Welles!

Una experiencia en el cine

Fue muy emocionante ver la recreación de Llinás de Une partie de campagne en La Flor Parte 3 en el Bafici. Sentada al lado mio estaba Mia Leonardi, la actriz que interpreta a la joven enamoradiza del corto episodio, las dos llorábamos de alegría por tanta belleza.

Una incertidumbre

Teatro de guerra (Lola Arias – 2018). Sinceramente todavía no sé que pienso de esa pelicula.

Un texto

Teniendo en cuenta que prácticamente no leo crítica de cine, y aprovechando de la laxitud que dicen tener, me parece simpático dedicarles (a los críticos de LVU) un fragmento del capítulo II del libro “Spinoza, Poema del Pensamiento” escrito por Henri Meschonnic. El capitulo se llama Regla de vida, regla de lenguaje. La crítica como libertad:

“Los que solo tienen como tarea sorprender a Spinoza en contradicción consigo mismo han propuesto que, queriendo separar filosofía y teología, debía, para el Tratado teológico-político, dejar “entre paréntesis su propia filosofía”…
El Tratado teológico-político es un libro de combate, no de polémica. Como se puede ver, la confusión entre crítica y polémica es muy antigua. Tan antigua como interesante. La polémica es del orden de la retórica y de la sofística. La crítica es un ejercicio de reconocimiento de las estrategias, y de denuncia de los efectos de poder. En este sentido, es lo contrario mismo de la polémica, que es una maniobra para tener poder. Es la crítica, y no la polémica, la que es filóloga, en el sentido de Sócrates. Ambas son batalladoras, pero ni los medios ni los fines son los mismos. La polémica trabaja para adormecer el espíritu crítico, y así vencer al otro. La crítica como facultad de despertar, trabaja para encontrar el sentido, trabaja la inteligibilidad, y la historicidad de esta inteligibilidad. La ética no es la misma. La política tampoco.”

Un fotograma

El fotograma es de El Extraño (Orson Welles – 1946)


Florencia Romano (Cineasta y docente)

Mejor Película 

Terra Franca (Leonor Teles)

Una canción en una película

“Lo mejor del amor” – Rodrigo  (El potro – Lorena Muñoz)

Dos versiones en vivo a través del tiempo:

1.

2.

Un doble programa

“La verdadera condición del hombre: pensar con las manos”
El libro de la imagen (Godard)

“Los ojos y las manos de los primeros pintores, de los primeros grabadores, eran tan diestros como los de los que vinieron después (…) Y ese es el misterio, ¿no?”
Los pintores de la cueva de Chauvet (John Berger –texto-), link: https://cuevadechauvet.wordpress.com/

La película de Godard está escrita como un texto de Berger. En este caso además, los dos hablan de lo mismo: para los dos, la humanidad aparece a través de la imágenes. Berger narra el comienzo del libro de la imagen, Godard cuenta sus capítulos finales.

Un descubrimiento

Elsa la rose (Agnès Varda)

Varda retrata a Louis Aragon quien retrata, a la vez, a su esposa Elsa Triolet. Nunca había visto este cortometraje ni sabía que existía. El retrato debería ser un género cinematográfico (como lo es en la pintura) y Varda debería liderarlo. Lo increíble para mí en esta película es que se trata de la mirada de la Nouvelle Vague hacia de una generación francesa anterior; pero sobre todo, el montaje, que logra con mucha destreza concatenar los planos de la misma forma en que Louis Aragon ordena las palabras de sus poemas

Link para ver: https://vimeo.com/308027381/9ffb5b4a40

Un reencuentro

El fondo del aire es rojo (Chris Marker) ft. En el intenso ahora (João Moreira Salles) / Realismo capitalista (Mark Fisher)

Viéndola de nuevo este año, creo que El fondo del aire es rojo habla directamente con nuestra contemporaneidad. Si se la compara con En el intenso ahora (no se puede no hacerlo, no sólo fueron programadas en el mismo ciclo, también trabajan en gran parte con el mismo material de archivo), se puede ver cómo la de Salles refleja la lógica del capitalismo actual, cuya mejor estrategia es hacernos pensar que no hay otra alternativa a él (M. Fisher). Marker en cambio, aún haciendo una autocrítica a su propia época, responde con otra actitud, más esperanzadora, por la que lucha Fisher en su texto. El reencuentro con la película de Marker, en pensamiento con los otros dos textos, significó el reencuentro con una actitud de resistencia en un plano político contemporáneo bastante oscuro.

Una experiencia en el cine

Easy Rider (James Benning)

La vi este año cuando la dieron en el Centro Cultural Recoleta y en la parte del río (un plano del agua de un río que corre, muy largo, no sé cuánto dura) entré en une estado de hipnosis medio inexplicable (que sucede con casi todas sus películas): estás en la película y a la vez no estás. Quizás podría ir también en incertidumbre pero va acá porque Benning transmite la experiencia del tiempo como ningún otro cineasta. Y después de la proyección habla sobre lo que filma, por qué lo filma, cómo piensa, qué recuerda, esa vez que conoció a…. y esa es también otra experiencia ♡.

Una incertidumbre

Back and forth (Tomás Rautenstrauch)

Creo que es el mejor cortometraje que vi en mi vida pero todavía no entiendo bien por qué. Existe de casualidad (el director lo descartó, reencontró una de las tomas tiempo después y decidió montarlo). Además es una remake de Back and forth (Michael Snow). Está filmado en super8, en tres planos en los que se pone una regla formal bastante estricta para la puesta en escena (el movimiento de cámara, que es lo que toma de la película de Snow). Al final, la película termina logrando algo que bien podría pertenecer al género fantástico del cine argentino, si es que eso existe. Es una película que festejo haber podido ver en un cine.

Un texto

La pregunta es: ¿cuál es la relevancia del rock argentino? – Lea Uría García y Pablo Schanton: https://www.revistaotraparte.com/discusion/la-pregunta-es-cual-es-la-relevancia-del-rock-argentino-en-2018/

Creo que no sólo es un texto sobre rock, sino un texto sobre el 2018.

Un fotograma

The night I swam (Kohei Igarashi, Damien Manivel), lo mejor del Bafici (y hace otro doble programa con Ladrones de Bicicletas).


Verónica Balduzzi (Cineasta)

Una película

Amantes por un día (L’amant d’un jour) de Philippe Garrel. Esta película define mi política del último tiempo en relación al hacer-películas: fácil de hacer (en el sentido de producir) y mucho sentimiento.

Una canción

Más allá del cariño personal que le tengo a esta película, los momentos musicales del año son de Te quiero tanto que no sé de Lautaro García Candela. Me cuesta elegir entre las interpretaciones musicales (me saltaron lágrimas durante muchas, llegando a cantar en voz alta “Confesiones de invierno” en plena sala de cine), pero siendo justa con la cantidad de veces que me vi tarareando esta canción durante el año, elijo la rotonda:

Un doble programa

Transit (Christian Petzold, 2018) / Letter from an unknown woman (Max Ophüls, 1948)

Un descubrimiento

Durante la Bienal de la Imagen Movimiento conocí las películas y los escritos de Érik Bullot. Su trabajo gira entorno a la idea de “salir del cine” y luego al “cine performativo”. De estas “películas-conferencias”, recomiendo su Tratado de óptica (Traité d’optique, 2017).

Un reencuentro

Con motivo de su visita a Buenos Aires (con seminario y retrospectiva correspondientes), me puse a revisar las películas de James Benning. Aunque recordaba las fachadas, los cielos y los cigarrillos, esta vez me encontré con algo más: todo está disponible, solo hace falta dedicarle el tiempo suficiente.

Una experiencia en el cine

Your face de Tsai Ming-liang. La vi en el Festival de Mar del Plata, temprano, por la mañana, y recomiendo verla enorme, en sala de cine.

Una incertidumbre

Las hijas del fuego de Albertina Carri. Me parece una película que no le cabe pensarla como buena o mala. Simplemente creo que es necesaria, y haberla visto en el contexto de una sala de cine me pareció muy especial. Puede que haga alarde en su provocación, sí. Y que haya incomodado (ofendido, fui testigo) a muchas personas, también. Pero por esto mismo la celebro, y sobre todo durante este año tan importante para la visibilización de las luchas de género.

Un texto

Durante la residencia de la Bienal de la Imagen Movimiento tomamos como punto de partida un texto de 1970 para pensar nuestras condiciones y responsabilidades del presente en tanto artistas/cineastas. Se trata del manifiesto de Jean-Luc Godard: Que faire? (¿Qué hacer?). En este año de rebrote fascista (de Brasil a Salta, son solo algunos ejemplos), este texto (y las reuniones y conversaciones que tuve con mis compañerxs residentes durante una semana hermosa) fue como una bocanada. Son 39 puntos de los cuales:

  1. Hay que hacer cine político.
  2. Hay que hacer cine políticamente.

Texto completo y traducido acá. (https://www.scribd.com/document/396245696/Que-hacer)

Un fotograma

The most beautiful country in the world (Zelimir Zilnik). Fotograma de una tragi-comedia, Zilnik siempre dando en el clavo.


Carlos Rentería (Programador en LimaIndie)

Una película

Le livre d’image.

Una canción y un fotograma

Es en una escena en Burning, de Lee Chang-dong. La película en realidad no me termina de cerrar pero tiene una enorme secuencia en la que Lee Jong-su recibe a Ben y Shin en su casa. Están cerca de la frontera con Corea del Norte. La película siempre se plantea desde el paradigma tan coreano de la opresión de clases y es un momento de obvio contraste cultural. Si mal no recuerdo Ben pone música en el auto (quizá es extradiegética, ya me corregirán) y Shin baila de cara al atardecer. Por un momento se ve el “afuera”. Fue tan notable que saqué la pobre foto que adjunto. Algún día sabré qué canción sonaba.

Un doble programa

The Grand Bizarrre de Jodie Mack y Film Gaudí de Claudio Caldini.

Un descubrimiento

Mencionaré aquí el enorme el ciclo, de Max Ophüls en la Lugones.

Un reencuentro

La proyección en Mar del plata de La maman et la putain presentada por Jean-Pierre Léaud. Copia en 35mm, un muy generoso Léaud hablando de su trabajo con Eustache… mucha emoción.

Una experiencia en el cine

A Land Imagined de Yeo Siew Hua.


Dante de Luca (Cineasta)

Una pelícua (aparte de Le Livre d’Image de Jean-Luc Godard)

Vi películas que quizás me parecieron muy productivas (Nervous translation de Shireen Seno) o complejas (Esto no es un golpe de Sergio Wolf) o hasta hermosas de un modo inesperado (Classical period de Ted Fendt, que no pude ver en festival de Mar del Plata, pero vi en mi casa) pero ver L. Cohen de James Benning en el cine se convirtió muy despacio en la experiencia más emocionante que viví en una sala, más allá de que me hizo repensar toda la obra de Benning en clave poética, que ya es bastante.

Una canción (aparte de la irrupción de Leonard Cohen en un pedacito de campo, bajo un eclipse, que está entre los usos más hermosos de una canción en la historia del cine)

La música de la banda ficticia The Futures al principio y al final de Nervous translation. No encuentro por ningún lado videos o pistas de la canción (quizás porque se trata de una banda ficticia), así que tendré que esperar algún estreno improbable para escucharla de nuevo.

Un doble programa

The green fog de Guy Maddin y Vértigo de Hitchcock. Más allá de que la relación es obvia (la primera propone una versión de la segunda) sería interesante ver las dos de corrido para realizar plenamente el experimento.

Un descubrimiento

Todo me pareció un descubrimiento con Teo Hernández: el hecho de que no fuera más conocido, la velocidad sostenida de Lacrima Christi, el que esa velocidad resultara de un trabajo de edición analógica inimaginable, que una ciudad cabe en una copa, etc.

Un reencuentro en el desencuentro con Lynch

Lo tenía muy mal visto, y si bien comprobé que era un prejuicio, no fue por su obra considerada como tal. Gustarme, diría que ahora me gustan Mullholand Drive y partes de Lost Highway, y no mucho más. Blue velvet que, hasta este año, era la que más me gustaba, me pareció horrible cuando la vi de nuevo. Pero Twin Peaks me sacó de un aprieto: no necesito pensar a Lynch como el último gran director norteamericano para pensar que Twin Peaks es última gran película norteamericana. Mucho menos dudar sobre si merece el título por tratarse de una “serie”. La tercera temporada me pareció tan hermosa que mi juicio sobre cualquier otra cuestión en torno a Lynch quedó relegado a un terreno insignificante.

Una experiencia en el cine

Jueves de cine. Bueno, no es exactamente una experiencia en el cine; más bien, es una experiencia del cine, hecha de las reuniones semanales de un taller que hacemos con amigos, de muchas proyecciones caseras y unas pocas en festivales, y sobre todo de charlas (y más proyecciones) en reuniones o fiestas chicas donde el cine aparece porque, en el fondo, no tenemos nada mejor que hacer.

Una incertidumbre

Para ser justo, diría que, si considero únicamente lo que hay de experiencia en ir al cine, es difícil pensar en otra película que La Flor. La Flor te somete a la experiencia. Te da la experiencia aún si querías ir ver una película y nada más. Yo había visto la primera parte de La flor en el Festifreak del 2016. No me había gustado. Para nada. Fui a ver la segunda parte directamente, más por un afán de completar que por verdaderas ganas de verla. La primera mitad me sorprendió para bien, pero fue de a poco. La segunda parte de la tercera parte, me pareció buenísima desde el primer minuto.

La incertidumbre persiste, sin embargo, sobre la ¿elección? de volver progresiva la calidad de la película como si hubiera bastado un botón para hacerlo. Voy a esperar algún reestreno para ver la primera parte de nuevo, y así comprobar si el rango va, efectivamente, de 1 a 10. Pero entonces, el promedio, la sensación general ¿sería un 5? ¿si viera las tres partes al revés, mi juicio, ahora muy satisfactorio, sería también el inverso? ¿Fue todo, aunque no importe realmente, a propósito?

Un texto

Confieso que no leí muchos textos sobre cine publicados este año, pero sí empecé a seguir a un crítico, Michael Sicinski, por la sola cantidad de películas y reseñas y ensayos que publica cada año en diferentes revistas digitales y otros sitios. Me gusta leer las crónicas de festivales e imaginarme un poco como serán esas películas que no consigo ni por internet. Esta me pareció especialmente intrigante: https://mubi.com/notebook/posts/toronto-wavelengths-preview-we-do-not-care-if-we-go-down-in-history-as-contrarians

Un fotograma


Paola Buontempo (Programadora Festival de Mar del Plata)

Una película
Lazzaro Felice (Alice Rochwacher)
Su estreno en Netflix fue una daga en el corazón para los entusiastas de los festivales y los nostálgicos de la sala oscura. El buen consuelo es que todos están a tiempo de ver (y volver a ver) esta belleza arrebatadora.

Una canción
Wuthering Heights de Kate Bush en Casanovagen (Luise Donschen):

Un doble programa
Alineación de planetas (una se estrenaba, la otra se restauraba), comunión espontánea en el MDQFF: Funeral parade of roses (Toshio Matsumoto) y Lembro mais dos corvos (Gustavo Vinagre)

Un descubrimiento
Citta Giardino (Marco Piccareda), los cortometrajes de Marjorie Keller y Malena Szlam.

Un reencuentro
O fantasma (Joao Pedro Rodríguez), proyección en 35 mm en la Semana del Cine Portugués. Ese chico animal es indeleble.

Una experiencia en el cine
La Flor (Mariano Llinás) en la Lugones. El ideal de comunidad cinéfila y el cine como experiencia compartida.

Una incertidumbre
Happy Lamento (Alexander Kluge)

Un texto
‘La imagen, el hecho, la acción y lo que queda por hacer’, de Nicole Brenez editado en un fanzine por la BIM (Bienal de la imagen en movimiento) uno de los eventos más estimulantes (y atentos a la coyuntura) que suceden en Buenos Aires. Regalo navideño: https://es.scribd.com/document/393897605/BRENEZ-Nicole-La-Imagen-El-Hecho-La-Accion-y-Lo-Que-Queda-Por-Hacer

Un fotograma
Mi año de consumo doméstico se acopia en la carpeta del VLC: stills icónicos, subtítulos ocurrentes o imágenes imperceptibles, difícilmente recordables, robadas al tiempo del parpadeo con un alt+cmd+S,. Huérfanas, esperan un posteo o el llamado de La vida útil. Aquí van tres de Interchange (Brian M. Cassidy y Melanie Shatzky), elogio a la luz, a la vida suburbana, tributo a las fotografías de Lorca DiCorcia y William Eggleston.


Marcos Migliavacca (Programador en Festifreak)

Una película

Lazzaro Felice (Alice Rohrwacher, 2018)

Mención especial:

Sophia Antipolis (Virgil Vernier, 2018)

Una canción

Thunder Road de Bruce Springsteen en Thunder Road (Jim Cummings, 2018).

Una canción que da nombre a la ópera prima de Jim Cummings, se baila en la genial secuencia inicial del funeral, está presente en los diálogos, pero que no suena en ningún momento en el film. Dos años antes de este largo, Cummings hizo el cortometraje homónimo. Éste tenía similar comienzo, pero en el funeral sí sonaba el tema de Springsteen. Acá se puede ver el cortometraje Thunder Road (Jim Cummings, 2016): https://vimeo.com/channels/1272597/174957219

Comparando las dos versiones de esa escena, la omisión de la canción en el largo es un acierto.

My Rifle, My Pony and Me – Soundtrack Río Bravo (Howard Hawks, 1959) cantada en el final de Playing Men (Matjaz Ivanisin, 2017)

Kate Bush – Wuthering Heights en la última escena de Casanovagen (Luise Donschen, 2018)

Un doble programa

Relaxer (Joel Potrykus, 2018) – Scanners (David Cronenberg, 1981)

John McEnroe: In the Realm of Perfection (Julien Faraut, 2018) – Zidane: A 21st Century Portrait (Douglas Gordon – Philippe Parreno, 2006)

Under the silver lake (David Robert Mitchell, 2018) – Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Un descubrimiento

Algunos cortometrajes internacionales programados en el 14º FestiFreak, que encontré o me recomendaron, y que me sorprendieron particularmente:

Monelle (Diego Marcon, 2017)

Tourneur (Yalda Afsah, 2018)

Una Luna de hierro (Francisco Rodríguez Teare, 2018)

Midnight confession (Maxwell McCabe-Lokos, 2017)

Radio Voorwaarts (Mateo Vega, 2018)

Un reencuentro

Walkabout (Nicolas Roeg, 1971)

Meeks Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)

El pájaro de las plumas de cristalL’uccello dalle piume di cristallo (Darío Argento, 1970)

En los tres casos superaron el recuerdo que tenía. El diseño sonoro de las primeras secuencias de Walkabout es tan inhabitual como notable. Meeks Cutoff pasó a ser la película que más vi y admiré este año. El pájaro de las plumas de cristal está a la altura de Suspiria.

Una experiencia en el cine

Como programador:

El estreno argentino de Rojo (Benjamín Naishtat, 2018) en el14º FestiFreak. Película de clausura del festival con sala desbordada de espectadores, la presencia del director y larga charla al final de la función con un público muy movilizado por lo que acababan de ver. La mejor forma de terminar con una sonrisa un festival.

Como espectador:

The Rider (Chloé Zhao, 2017) en BAFICI. La directora no estaba presente, ni la sala llena, tampoco era de los films señalados para ver. La función no tuvo ninguna particularidad llamativa, salvo que fue una experiencia individual sobredeterminante, de las que pocas veces me sucedieron en sala este año.

Una incertidumbre

Le Livre d’Image (Jean-Luc Godard, 2018). Más allá de sus previsibles grandilocuencias discursivas, este nuevo artefacto de Godard es un ejercicio de incertidumbre, que desacomoda categorías perceptivas inertes y nos obliga a repensar los modos de ver, pensar y escuchar la imagen del pasado-presente-futuro.

The Grand Bizarre (Jodie Mack, 2018). Juzgarla como buena o mala es algo que la misma película parece dejar fuera de lugar, solo anima a ser apreciada, pero sin dudas es la mejor película jamás hecha protagonizada por telas multicolores.

Un texto

La quimera del “glitch”. Texto crítico y lúcido acerca de Relaxer (Joel Potrykus, 2018), escrito por Manu Yáñez, que trasciende la simple lectura superficial y valoriza una película que merece ser destacada y vista: http://www.otroscineseuropa.com/critica-de-relaxer-de-joel-potrykus-la-quimera-del-glitch/

Bonus track:

Este año, para el 14º FestiFreak, hicimos unos fanzines especialmente escritos, diseñados e impresos para la ocasión, que acompañaron la estadía de 6 películas destacadas durante el festival. Tres de ellos están firmados por los integrantes de La Vida Útil (Notes on an appearance, Playing Men, y Those who are fine).

Acá pueden acceder a todos los fanzines en versión digital: https://drive.google.com/drive/folders/1cIaxusjz7lU0b1-Yk8ob6bracrOYMlqs?usp=sharing

Un fotograma

Dos fotogramas con algo en común.

Dead Horse Nebula (Tarik Aktas, 2018)

Burning (Lee-Chang Dong, 2018)


Matías Marra (Cineasta y docente)

Una película

The Florida Project

Un doble programa

Dos programas para pensar la célebre frase de Gramsci del optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón: La sapienza / Lazzaro felice – Le havre / Transit.

Un descubrimiento

Inside Llewyn Davies de los Coen.

Y diría algunas series, que fue algo nuevo que vi este año. De todas estas series, la temporada 1: Big Little Lies, Love, Bojack Horseman, Mad Men, y The handmaids tale.

Un reencuentro

List de Hong-Sang Soo

Cuando me enteré que la iban a dar en Mar del Plata en 2012, etiqueté a Lucía Salas en facebook para que la viéramos. Y anualmente facebook me recordaba de esa publicación. Con Lucía ya pensábamos que List era un misterio. Finalmente, un día, pudimos verla de nuevo.

Una experiencia en el cine

Las funciones de Te quiero tanto que no sé en el BAFICI.

Una incertidumbre

La Flor parte 1. Tengo que ver las otras partes.

Un texto

Los posteos en Facebook de mis amigxs que estudiaron cine buscando trabajo.

Un fotograma

La mamá de la protagonista en The Florida Project, gritando ¡¡FUCK YOU!!


Pablo Ceccarelli (Crítico en Revista Pulsión)

Una película

El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi. Un film hecho con inteligencia pero también con sensibilidad y amor. Pocas películas tocaron una fibra profunda de forma tan lucida e inexplicable como esta Opera Prima.

Una canción

Rid of me de PJ Harvey en Las hijas del fuego de Albertina Carri (La versión vista en BAFICI):

Un doble programa

1° función: No intenso agora, de Joao Moreira Salles (2018) // 2° función: La hora de los hornos (1968) de Fernando Pino Solanas y Octavio Getino. La primera, una película del presente, con la mirada apaciguada hacia el intenso pasado. La segunda, una película del pasado, con un intenso grito hacia nuestro continuo presente.

Un descubrimiento

Muy hermoso haberlo descubierto (tardíamente) a Ignacio Agüero e igual de hermoso haber compartido Como me da la gana 2 con el público platense.

Una experiencia en el cine

El viaje de 3 horas que fue la proyección de ORG de Fernando Birri en el Cine Municipal Select de La Plata.

Una incertidumbre

El hijo del cazador de German Scelso y Federico Robles (Por cómo se posiciona frente al personaje que retrata) –

– Muere, monstruo, muere de Alejandro Fadel (Por esos últimos minutos [¿innecesarios?])

Un texto

Elijo un texto y un libro:

– La hora de los hornos, todavía. Por Oscar Cuervo. http://tallerlaotra.blogspot.com/2018/06/la-hora-de-los-hornos-todavia.html

– El lago helado, de Gustavo Fontán y Gloria Peirano

Un fotograma


Manuel Embalse (Cineasta y músico)

Una película

Chubut, Libertad y Tierra de Carlos Echevarría

En este extraño y doloroso 2018, Carlos Echeverría estrena su última película, Chubut: Libertad y Tierra, fuera de competencia en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pareciera que es el único cineasta argentino que, a lo largo de los años, se mantiene fiel a su estilo, creencias e ideología. No sólo hay un extremo compromiso con la realidad, sino una necesidad de compartirlo y visibilizarlo. En la proyección, el público de la sala era casi en su totalidad adultos de 50 años para arriba. Eso, en cierto punto, llamó mi atención, pero a la vez no. Sentí el apoyo hacia el documentalista por parte del público. ¿Con cuántos creadorxs sucede esto hoy? A mi izquierda, derecha, adelante o atrás, sentía el dolor de una generación que acompañó los retratos sociales de Echevarría y la imposibilidad de cambiar la historia. Sentí el paso del tiempo, una carga energética que me hizo pensar en la responsabilidad ciudadana, y en cómo eso funciona en el presente. ¿Cómo seremos en unas décadas los que nacimos en los 90? Al salir de la sala, me resultaba inevitable hacer un montaje paralelo en mi cabeza de “Juan, como si nada hubiera sucedido”. Vi el mismo deseo de retratar la realidad, de compartir la oscuridad infinita del presente para que deje de ser invisibilizado.

Una canción

El diseño sonoro y todo el soundtrack de T.R.A.P realizado por Antu La Banca en el cortometraje dirigido por Manque La Banca: https://soundcloud.com/antuantumusica/t-r-a-p

Por otro lado, el leitmotiv de Coincoin et le Z’inhumains de Bruno Dumont.

Un doble programa

The image you missed de Donal Foreman (2018) y Photographic memory de Ross McElwee (2011). Mientras veía la reconstrucción del vínculo entre Donal Foreman y su padre cineasta, pensaba en el vínculo de Ross McElwee con su hijo al empezar Photographic memory. La imagen como testimonio creativo a la hora de pensar la desintegración las relaciones entre hijxs o padrxs.

Un descubrimiento

Las cruces de Teresa Arredondo y Carlos Vazquez y El hijo del cazador de Germán Scelso y Federico Robles.

Cuando vi Las cruces de Arredondo y Vazquez, me puse muy feliz del cine latinoamericano. Luego de la proyección, Carlos Vazquez habló del concepto de “presentización”, sobre esta necesidad de traer los conflictos del pasado histórico y dialogarlos en el presente, sobre todo en Chile que los militares involucrados en la dictadura no están procesados. En ese sentido, es muy distinto al diálogo de los documentales argentinos, pero la pongo en relación con El hijo del cazador de Scelso y Robles, donde visibilizan el testimonio de vida del hijo de un represor argentino. Llegando al fin de la década del 2010, pienso en el futuro del cine y lo impredecible de la historia. Que en Chile aparezcan películas con testimonios de carabineros que participaron de crímenes y desapariciones de trabajadores de una fábrica, y que esos testimonios sean leídos por familiares de los desaparecidos, y que ese diálogo construya audiovisualmente la topografía de un espacio, me parece un logro tremendo por parte de los directores de Las cruces. A su vez, valoro históricamente la película de Scelso y Robles porque, como acabo de mencionar, estamos llegando al 2020 y cada vez aparecen nuevos testimonios para completar la tenebrosa historia argentina.

Un reencuentro

Un reencuentro positivo y hermoso con Jacques Tati. Cuando había empezado a estudiar cine, en la primer materia de sonido mencionaron al pasar Playtime. La vi, pero la guía del docente hacia la película no me hizo comprenderla para nada. En la segunda materia de sonido, la mencionan y nos hacen analizar unas escenas. El docente que tuve en ese momento pertenece a la plantilla de pésimos docentes que no me incentivaron para nada el aprendizaje ni la creación. Por eso, vi esa película con ojos perdidos a los 18 años, no le di la atención que ameritaba. Este año, alguien me dijo que tenía que ver las películas de Tati y me bajé Mon oncle y Playtime. Las vi y el nivel de conexión que tuve no lo puedo explicar. Las posibilidades del futuro y la construcción de sociedades automáticas me interesaron desde siempre, pero el tono, la dirección de fotografía y el humor de Tati me contagiaron las ganas de hacer, algún día, una ficción.

Una experiencia en el cine

Las hijas del fuego de Albertina Carri, Still recording de Saeed Al Bata y Ghiath Ayoub, Good Luck de Ben Russell y The green fog de Guy Maddin,  Cada una de ellas fue un punto de giro en mi experiencia sensorial en un cine. Reafirmé la actividad física de estar en la sala, el viaje inmóvil.

Fui al preestreno de Las hijas del fuego en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. En un espacio dónde se torturaron, violaron y embarazaron mujeres durante la dictadura militar, ver la película a sala llena fue una experiencia inigualable. Después de verla, algunos comentarios puntuales se solían repetir en charlas con amigxs, sobre todo con la voz en off de Albertina, el tono de las actuaciones, la incomprensible participación de Sofía Gala o los no-desnudos de las actrices “famosas”. Sí, la película no es perfecta, pero es fundadora de una libertad en las pantallas que en este país no existía y siento que abre el debate, nuevas voces y un estímulo para que lxs creadorxs del futuro se animen a lo que sea, respondiendo a las condiciones patriarcales del cuerpo que se instalaron en nuestro país desde siempre.

Una de las primeras películas que vi en el Festival de Mar del Plata fue Still recording. Soy fan/espectador de películas de registro de sucesos en Medio Oriente hace muchos años; siempre me interesó y me interesa. Me hubiese encantado que Harun Farocki vea esta película y tomar una cerveza con él en La Rambla y charlar sobre el registro de las imágenes en las guerras contemporáneas. Es ver la guerra en vivo, es lo que nunca vimos de las guerras del mundo: el día a día, el diario-testimonio de la cotidianeidad de soldados que, encima, promueven la idea de testimonio histórico mediante la grabación de las imágenes: es la guerra en la era de YouTube y del Adobe Premier. Pienso en Five broken cameras de Emad Burnat y Guy Davidi. También en A world not ours de Mahdi Fleifel. Qué bueno que apareció esta película en la era del hiperregistro.

Una incertidumbre

Dead souls de Wang Bing. Es la primer y única película que vi de Wang Bing. Más allá de que dure 8 horas, me parece un testimonio histórico importantísimo que amerita ser transmitido a un público ATP. Pienso en cómo transmitir tantas vivencias en algo más compacto de menor duración. O bien, que no se proponga como película, no sé. No la disfruté, pero, a la vez, pienso en si es una propuesta del director que el espectador sufra como sufrieron los que participan de las entrevistas durante sus días en los campos de concentración. Pienso en: ¿por qué no es una serie de 8 capítulos? Hay algo de la acumulación y la repetición del discurso que agobia y no progresa. A su vez, me parece un experimento alucinante con un contenido histórico que desconocía y me dio ganas de explorar. No suelo hablar de “me gusta” o “no me gusta”, pero cuando terminé de ver la película pensé en: ¿vale la pena 8 horas de lo mismo? ¿Con una edición mucho más concreta no se podría haber logrado algo muchísimo más interesante y universal?

Un texto

Crítica de Nicolás Prividera sobre El Ángel http://www.conlosojosabiertos.com/inconformista-02-la-colulmna-nicolas-prividera-muchacho-proposito-angel/

Un fotograma

Playtime de Tati y Las cruces de Teresa Arredondo y Carlos Vazquez


Maui Alena (Programador)

Una película

Este año, mi copa se la llevan los rumanos:

Una ficción:  I do not care if we go down in history as barbarians (Radu Jude)

Es una película enorme, hace un panorama del estado actual de la sociedad rumana, poniendola en dialogo con su historia y su pasado, que es tomado por el director como algo vivo, latente y no como una suceción de hechos aislados y acabados: rescatando un hecho puntual histórico que social e institucionalmente se quiere olvidar, explica el conservadurismo, la falta de memoria y el racismo de la socidad contemporanea, mezclada con un falso progresismo. Es divertida, rigurosa e inteligente, reflexiona sobre la imposibilidad de representar ciertos hechos historicos, el valor del arte (muchas veces absurdo o nulo) y tiene un dispositivo que pese a ser moderno , siempre trabaja en funcion de la historia, sin ponerse por encima de ella o de la pelicula.

Un documental:  Infinit Football (Corneliu Porumboiu)

En el cine de hoy en día, donde lamentablemente muchas veces las formas de las películas preceden sus historias (o la idea de la pelìcula misma y su necesidad de realizarla), los documentales están cada vez más enrarecidos y parecen de diseño; una película tan simple como Infinit Footbal es casi un acto de rebeldía y valentía contra del sistema. Porumboiu reconoce que su entrevistado es tan extraordinario, potente y polémico, que simplemente tiene que ponerle una cámara en frente y dejarlo hablar, sin necidad de enrarecer la forma de su relato, o de ponerse él como director por encima de la película o su protagonista. El resultado de esto son momentos increíbles, hacen recordar al mejor Errol Morris (la escena del padre y el cuadro es casi surrealista y a su vez mas real que la vida misma), y cuenta la historia de un país a través de una persona.

PD: todo el mundo me dice que la nueva de Godard es la película del año. Me quedé dos veces sin poder verla, una por el sistema de castas de los festivales (mi acreditación era del color menos importante) y otra por quedarme sin entradas 🙁

Una canción

Un’estate italiana en Casa de teatro de Hernán Rosselli

En Casa de Teatro de Hernán Rosselli vemos a muchos personajes secundarios que viven en esta especie de pensión llena de Normas Desmonds: mayormente actores entrados en edad y  olvidados que buscan (casi todos sin logarlo) volver a tener su momento de fama y emocionar al público. En la única escena que uno de estos actores logró verdaderamente emocionarme, fue en uno de esos momentos mágicos del cine, donde el director parece estar con su cámara en el momento y lugar indicado: se encuentra con uno de ellos en su habitación, que sólo, con su micrófono con luces y parlante, se pone a cantar este especie de himno que apunta directo al corazón de todos los futboleros argentinos (y a ese despreciable y hermoso termo llamado “derrota digna”). La escena es íntima, emocionante, triste, feliz y a uno le vienen ganas de cantar. Filmándolo, Hernán le regala a este actor su reencuentro con el público y sus 30 segundos de fama.

Y para seguir en tono futbolero, me siento obligado a dar un premio chenemigo o la perla negra  también a Hernán que jugó con nuestros corazones y emociones, cortando la escena tan abruptamente en su climax. Nos regala la alegría de ese momento único, casi nos pone a cantar y como si nada, nos lo saca.

Un doble programa

Acá me tomo una licencia y en vez de seleccionar una película, selecciono un acto de La Flor (el IV) y lo pongo a charlar con una vieja-nueva (nuevísima!) película, la obra maestra The Other Side of The Wind de Welles.

Hago un jueguito para poner en diálogo a ambas, escribiré una especia de sinopsis/crónica (podría ser una descripción de la película o de la concepción de ella, o las dos cosas) y no hará falta explicar por qué dialogan:

Un director megalómano filmando la obra más ambiciosa de su vida que va en contra corriente del sistema cinematográfico de su época, contrata a un actor para representarlo a él mismo en el proceso de filmación y hace una película que reflexiona sobre el cine, sobre si misma, que nos pasea como quiere entre la ficción y la realidad, nos vuelve locos y nos divierte.

Un descubrimiento

Wagon Master de John Ford

Nunca la había visto (en mi vida vi menos Ford del que debería) y pude hacerlo hace poco, encima en un cine. Ford inventó a los Avengers, a Shane Black y a The Wire en en 1950.

Gregory Markopoulos

Leí bastantes textos suyos pero nunca había visto sus películas. Pude hacerlo hace poco con un programa suyo en 16mm y me pareció realmente fascinante.

Un reencuentro

Un condenado a muerte se escapa de Robert Bresson

Si me cambió en algo la apreciación, es para sostener más aún la gran película que es. Tuve la oportunidad de volver a verla en un cine hace poco, con muchos espectadores que la veían por primera vez. La reacción final del público fue increíble: aplausos y festejos genuinos cuando los protagonistas escapan. Esta filmada con tanta paciencia (la misma de Francois para escapar) que uno vive el triunfo de la escapada como propio.

Una experiencia en el cine

Una experiencia agridulce: La Chinoise de Godard en la Lugones

En el marco de la programación por los 50 años del Mayo Francés, fui a la Lugones a ver La Chinoise proyectada en una copia en 16mm. No pensé en que me quedaría sin entradas porque la película era un viernes en un horario temprano, pero tampoco esperaba encontrarme con la extraña situación que viví: fui el único espectador de la sala (en realidad no, al rato de haber comenzado la película se sumaron dos viejitos).

Esto me llevó a vivir una función agridulce: por un lado, una sala tan importante como la Lugones, con una película como La Chinoise en 16mm proyectada casi exclusivamente para mí; y por otro, la tristeza de la realidad en la que, cada vez va menos gente a ver el cine que supuestamente nos formó y que nos gusta (o queda bien decir que nos gusta). Si bien era un horario donde pocos somos los afortunados que tenemos tiempo para ir al cine de vez en cuando ¿En toda la ciudad solo a tres personas se nos cruzó por la cabeza ver a Godard en un cine en fílmico?

Creo que en el mundo de la exhibición independiente ya existe un mainstrem, donde la gente sólo se acerca a ver sólo las grandes películas de los grandes autores en los horarios centrales. Ya casi nadie va a ver películas desconocidas o nuevas; cada vez nuestro tiempo “vale más” y es tan valioso que no es bueno arriesgarlo en algo desconocido. Entiendo que muchos de nosotros hayamos visto La Chinoise pero ¿Cuantos estudiantes de cine hay en la ciudad que no lo hicieron? ¿Si eso sucede con Godard un viernes a la tarde, qué queda con el nuevo realizador argentino?

Debo admitir que esta reflexión tiene mucho que ver con una pesadilla recurrente que tuve a lo largo del último año, que generalmente se me aparece no menos de una vez por semana. Si bien tengo la fortuna de trabajar en el equipo de programación de una sala (trabajo que hace unos años ni me animaba a soñar con hacer), la verdad es que este último año lo sufrí mucho, ya que por más que haya habido funciones memorables, la triste realidad es que la mitad de las dos funciones semanales que suelo presentar, fueron “en familia” (termino simpático que uso cuando hay menos de diez espectadores en sala).

Creanme que no hay situación mas horrible para un programador que recibir a un director y explicarle que casi no hay gente para su función. Esta situación me persiguió a lo largo de todo el año, transformando mi trabajo soñado una pesadilla. Si bien queda muchisimo por mejorar de parte de las salas, los directores y  sobre todo del Instituto del Cine; hay un punto donde los estudiantes, productores, críticos, directores y actores de cine, casi no van al cine. Salvo estrenos o grandes clásicos, las salas están cada vez más vacías (puedo decir esto con conocimiento, transité muchas funciones en muchas salas alternativas en el año). En este momento, donde el cine, su financiamiento, su exhibición y viabilidad se están poniendo en duda más que nunca, la mayoría se queja y repudia públicamente las horribles medidas que se toman, pero pocos son los que apoyan el cine en su espacio fundamental: la sala. Estoy seguro que si no se disociara tanto el acto de ir a una sala de cine de la realidad que se vive, un montón de los problemas o discusiones de precarización que estamos teniendo ahora, tendrían una magnitud menor. ¿Cómo pretendemos que el ciudadano promedio vea las películas que hacemos si ni nosotros lo hacemos? Es un tema del que podría hablar o escribir horas y merece un análisis más preciso, pero creo que lo más importante es dejarle de echar la culpa a factores externos por la poca cantidad de gente en salas y comenzar nosotros mismos a militarlas. Siento que el hashtag #DEFIENDOELCINEARGENTINO que tan de moda estuvo este año, que estuvo presente en tantas remeras, carteles y marchas; no existiría si la defensa se haría entre todos, una vez por semana en una sala de cine donde proyecten una pelicula argentina.

Una incertidumbre

La Flor de Marino Llinás

Sin dudas fue una de las películas de año, casi una clase magistral de cine, con momentos muy altos. Lo que si aún no termino de procesar y elaborar es una pensamiento que tengo que me dice que la idea de la película es mas grande que la película misma (y la termina perjudicando). En algunos pasajes, esa necesidad de ir en contra de los metodos de producción tradicionales, o de demostrar lo magnífico que puede ser Llinás narrando, se pone por encima de la película y deja de trabajar en función de ella para ponerla en servicio de una demostración de virtuosismo narrativo y productivo: ahí es donde me hace cortocircuito el cerebro, no logro descodificar si en esos momentos verdaderamente estoy disfrutando de la película o de una idea.

Un texto

Menos Marketing màs cine de Raúl Camargo en Otroscines. Link: otroscines.com/nota-14089-menos-marketing-mas-cine

El problema de falta de público en salas del que hablé anteriormente, tiene otro capitulo también en festivales y Raúl lo sintetiza perfecto en su texto.

Un fotograma

La foto que nunca saqué: este año me pasaron cosas buenas, pero una de ellas, hizo que no pueda estar por décimo año consecutivo en el Festival de Mar del Plata. No sólo me perdí la que posiblemente haya sido la mejor edición de la historia reciente del festival (por coherencia en su programación e invitados), sino que personalmente me dolió mucho no poder ver a Marcelo y Cecilia con Leaud. Esta foto demuestra que a veces (muy pocas veces) se hace justicia, es un reconocimiento mas que a Jean Pierre, a ellos que se merecen esa imágen de recuerdo para toda la vida después de tantos años de momentos duros, buen cine y mucho trabajo. Y yo no estuve ahí para verlos.


Cecilia Kang (Cineasta y música)

Una película

A Portuguesa, de Rita Azevedo Gomez

Una canción

En tu jardín, una canción que aparece en un corto llamado Bicicletas, tocado por El asesino del romance. No es autobomobo, simplemente es una canción hermosa y era la oportunidad de lanzar al estrellato a la banda, pero sólo salieron un montón de memes y un corto que quiero mucho 🙂

https://youtu.be/BS-RjjlfPMI

Un doble programa

La vendedora de fósforos de Alejo Moguillansky y Al azar Balthazar de Robert Bresson. Bueno, pegan bien pero las razones son obvias, ¿no? Me encantó que alguien pueda tomarse la libertad de volver a filmar escenas que debe amar. Puro amor al cine. Bueno, eso es al menos lo que imagino.

Un descubrimiento

El diablo probablemente de Robert Bresson. No la había visto. Hace un año que tengo de fondo de pantalla una cita que le robé a Lucía Salas de un texto que leí de ella: “Bresson dijo: filmo la espera, no el punto”

Un reencuentro

Orson Welles y The other side of the wind. Netflix es un fenómeno que a veces me deja sin palabras. Welles para mí era una cosa institucional, como la tarea de escuela de cine. Bueno, con esta película… John Huston mi amor… al final, era verdad: todo, todo, todo, lo había (re)inventado Welles realmente.

Una experiencia

Una experiencia de cholula (o un castigo por cholula): tuve la oportunidad de estar en una función de “Grass” que presentaba Hong Sang Soo en la Berlinale. Muy ñoña y aplicada voy al cine a ver la película, y ¡oh! está el director con los actores y la están presentando. Termina la película, es una sala hermosa, un teatro bello, la noche es fría y prístina, estoy embriagada por la situación y la película, es mi momento, arriba el romanticismo. Salimos todos los espectadores a la calle como feligreses, Hong Sang Soo está ahí, pasó al lado mío (¡!). Me digo, “ya fue, lo saludo”. Y le golpeo la espalda con dos dedos. Él se da vuelta y le sonrío. No me animo a hablarle en coreano porque en el Q&A el chabón insistía en hablar en inglés (a pesar de que tenía traductora del coreano; no sé qué flasheará el tipo con el idioma, ¿quizás piensa que conquistar el inglés es una forma de conquistar otras voces? en fin…). Entonces, muy boba yo “Hi, I’m a fan from Argentina” y él me sonríe. Le pido una foto. Y él, amablemente, me niega con la cabeza. ¡Ay, qué vergüenza! Me sentí tan boluda… antes de bajar al calor del subte me comí un panchito y terminé conversando con dos muchachos españoles muy agradables que también habían salido de la película. Pude hablar en castellano y descargar mis emociones tan frívolas y tontas. Hablamos de la película y de hacer películas. Me prestaron wifi para que buscara cómo volver al hostel. El frío se llevó todas las estupideces. Me sentí afortunada.

Una incertidumbre

A portuguesa, de Rita Acevedo Gomes. Como dicen ustedes, me quemó los papeles. Recuerdo estar en la proyección y en una escena pensar “¡Claro! ¿¡Se puede hacer esto!?” Cuánta fuerza, cuánta libertad.

Un texto

Lecturas sobre el cine que me gustaría hacer. Unos textos de Anne Carson, de su libro “Charlas breves”:



Un fotograma

Morir como un hombre, de Joao Pedro Rodrigues. Tuve la oportunidad de verla en el cine gracias al hermoso ciclo de cine portugués que sucede todos los fines de año (lo recomiendo). Ay, la película me quebró en mil pedazos y mil veces la volvería a elegir.Así es como se filma un eclipse, señoras y señores. Así es como se filman las películas.


Lucrecia Matarozzo (Programadora en Cortópolis)

Una película

Corsario de Raúl Perrone/ Las fuerzas de Paola Buontempo (corto) / El silencio es un cuerpo que cae de Agustina Comedi / Lazzaro felice de Alice Rohrwacher

Una canción

Jukebox Baby de Alan Vega en Cassandro, the Exótico! (Marie Losier)

Dame una señal, de Virus en El silencio es un cuerpo que cae (Agustina Comedi)

Un doble programa

Corsario de Raúl Perrone + La mano de Wong Kar Wai. Hay una atmósfera en el corto de WKW que me remite a Corsario, algo en la sensualidad y poesía de las imágenes de ambas películas y la sutileza de los planos detalles, la voz de Caetano Veloso cantando en italiano en La mano y el poema de Verlaine en Corsario.

Una experiencia en el cine

La memorable proyección de He nacido pero… de Yasujiro Ozu musicalizada en vivo por Tomates Asesinos en el Cineclub La Quimera.

La selección de cortometrajes de diversos formatos del Museo del Cine presentados por Leandro Listorti en el Marco del Festival Cortópolis.

Un texto

Mar del Plata 6: Corsario (Perrone) Por Oscar Cuervo en el blog Taller La otra: http://tallerlaotra.blogspot.com/2018/11/mar-del-plata-6-corsario-perrone.html

Disculpen mi insistencia con Corsario. Que un director tan prolífico siga indagando y sorprendiéndose a sí mismo y a su público en cada película es algo a celebrar.

Un fotograma

Corsario de Raúl Perrone


María Laura Pintor (Cineasta)

Una película

An Elephant Sitting Still, de Ho Bo

Una canción

“Walk Away Renee” de The Four Tops en Tres anuncios para un crimen, de Martin MacDonagh.

Un doble programa

A peau si lisse de Denis Coté –  Bella Tarea de Claire Denis

Un descubrimiento

Der Apfel ist ab de Kauner

Un reencuentro

Cocina, de Gonzalo Castro

Una experiencia en el cine

Desmadre de Sabrina Farji en el Espacio INCAA en San Juan. La película no me gustó mucho, pero al finalizar la peli se armó una charla y lectura de la peli con un grupo de mujeres que habían ido a ver la peli y la directora que estaba presente.

Una incertidumbre

Mes provinciales, de Jean-Paul Civeyrac

Un texto

Capítulo Un largo amanecer del libro Historias de las ideas científicas de Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki.

Un fotograma

El silencio es un cuerpo que cae (Agustina Comedi)


Koger Roza (Fake)

Una película

Lazzaro Felice (Alice Rohrwacher)

Una canción

Too late to turn back now, de Cornelius Brothers & Sister Rose en la escena de baile en el boliche de BlacKkKlansman

Un doble programa

Triple, mejor: película con película y obra literaria.

Sorry to bother you de Boots Riley con Get Out de Jordan Peele y con Los viajes de Gulliver de Oliver Swift.

Buenos Aires al Pacífico de Mariano Donoso con El caballo de hierro de John Ford y el libro River of Shadow de Rebecca Solnit

Un descubrimiento

Helena Wittmann y el colectivo Veto Film de Hamburgo

Un reencuentro

Haber revisto varias películas de Jean Epstein

Una incertidumbre

Transit, de Christian Petzold

Una experiencia

Ninguna particularmente memorable en 2018. A la salida de una proyección del BAFICI en el Village casi le di un topetazo a Roger Koza, que se encontraba charlando amenamente con un hombrecito de larga barba blanca.

Un texto

El de Ramiro Sonzini sobre John Ford.

Un fotograma


José Fuentes Navarro (La Vida Útil)

Una película

Under the Silver Lake, de David Robert Mitchell

Animarse a hacer una película por una arteria que como mínimo se encuentra en estado vegetativo requiere algo de valor. Este camino, para colmo, no suele agradar a la mayoría del público, a la cinefilia o de la crítica. A su vez, esa tradición es quizás la que menos puede garantizar una película redonda o una obra maestra, más bien es al contrario: se suele estar expuesto al desastre. No hablo de las películas Netflix, me refiero a la vía Robert Altman. Cuyo campeón actual es Paul Thomas Anderson, con admiradores tempranos de la talla de Jean Marie Straub.

La investigación laberíntica que realiza el personaje de Andrew Garfield, al desaparecer la joven que había conocido la noche anterior, es casi una excusa que le sirve a Mitchell para crear su propia mitología sobre Los Ángeles. Pero no únicamente, a ese espíritu altmaniano se le suma una especie de universo expandido que propone Mitchell y que le da riqueza al film y que a su vez hace que éste no sea sólo un cover. Ese mundo hecho de películas, comics, fanzines, música es lo que llamamos cultura pop.

Entrar en el ámbito pop es de por si neblinoso, pocos son los que no están atravesados por esa entelequia que, muy resumidamente, nivela lo alto y lo bajo. Si la cortina se cae, si vemos al monstruo de frente, como sucede en la escena del Songwriter (o nos afecta de manera secundaria como en Ready Player One), no lo vamos a soportar. A su vez, esa mitología pop-angelina tiene su oscurísima culminación en la demencia new age. Por supuesto que no se sale indemne de semejante entrevero, la película es desigual, momentos extraordinarios conviven con grasadas soberanas y Mitchell pretende que todo funcione por igual. Precisamente eso es lo que me interesa de películas como Silver Lake, se afilan y piensan mejor entre ripios.

Feliz 2019.

Una canción

Orfeo ha regresado del inframundo dice la voz en off en el comienzo de la última película de Jean Luc Godard.

Ese fragmento pertenece al documental Scott Walker: 30 Century Man de Stephen Kijak.
A Godard muchas veces se lo ha comparado con Bob Dylan, accidente en moto incluido, un Dylan que no hizo su Blood on the tracks decía equivocadamente el cabeza de tarro de Tarantino. No creo más allá de cierta cuestión enigmática que sean tan similares. Sin ir más lejos, cuando Godard todavía se encontraba en el averno, Dylan quería su pase al cielo. No sé qué sabrá Godard de Scott porque nunca se sabe muy bien nada del suizo. A Scott por otra parte le gusta el cine, varias de sus canciones tienen nombres o referencias de películas y ha realizado al menos dos soundtracks uno para Leos Carax y otro para el súbitamente de moda Brady Corbet. Se puede pensar un paralelismo entre las carreras de Scott y Godard, ambos bartlebys a su manera, pero esos cruces suelen ser problemáticos y quizás demanden otro contexto. En cambio, sí imaginé lo emocionado que debe haber estado Walker cuando suena
Cossacks are en Le livre d’image.

Un doble programa

Fragment of an empire (1929), Fridrikh Ermler/Ready Player One (2018), Steven Spielberg

Un descubrimiento

Shinji Sômai, Oz Perkins,el Ermanno Olmi de los 60s (gracias Ale Cozza), José Ramón Larraz, la serie Atlanta y Shinsuke Ogawa entre otros.

Un reencuentro

Encontrarse con los amigos queridos a los que uno ve esporádicamente o una vez al año en festivales, ya lo dije el año pasado y es lo único que se ocurre en este apartado donde por nada del mundo voy sugerir que vean de nuevo Ishtar para reafirmar lo extraordinario del cine de Elaine May o verifiquen lo formidable que son las dos películas que dirigió Narciso Ibañez Serrador.

Una experiencia en el cine

Todas las charlas, presentaciones y proyecciones en la primera Semana mundial de la cinefilia en el Cineclub Hugo del Carril. Las increíbles presentaciones de Olaf Moller en la retrospectiva de Walter Staudte realizada en el festival de Mar del Plata.

Una incertidumbre

Burning, de Lee Chang Dong.

Un texto

Un tren que descarrila, ¿existe un star system europeo? Conversación con Axelle Ropert, de Fernando Ganzo: https://www.raco.cat/index.php/CinemaComparat/article/view/329728/420343

This Is Just So Sh**ty, We Gotta Watch”: The Beautiful, Inspirational Disaster of ‘Cabin Boy,’ 25 Years Later. How the film turned Chris Elliott and Adam Resnick into Hollywood pariahs … and comedy legends de Michael Tedder: https://www.theringer.com/movies/2018/12/5/18124195/cabin-boy-chris-elliott-anniversary-adam-resnick-comedy-get-a-life

El Joven Ford (04) – Ford Mudo de Ramiro Sonzini: http://lavidautil.net/2018/07/23/el-joven-ford-04-ford-mudo

Un fotograma

Still Recording (2018) de Ghiath Ayoub y Saeed Al Batal


Martín Alvarez (La Vida Útil)

Una película

El teatro de las materias. Si uno le da un par de vueltas al asunto (yo pienso lento) termina notando que una buena película podría rellenar cada una de las categorías de la encuesta. El teatro de las materias de Jean Claude Biette es para mí el gran descubrimiento del año, aunque acaso es menos un descubrimiento y más un regalo largamente esperado que llegó finalmente mediante la generosidad desinteresada de migo y Lucas Granero que la subtitularon al español, para que así algunos podamos empezar a verla (y hay que subtitular una película así, con sus juegos de palabras, así que dos veces gracias). ¿Con qué se podría acompañarla en un doble programa? A decir verdad las pocas cosas a las que por momentos se parece son las que para mí son inimitables en el cine, como esa forma de buscar entre los recovecos a la Mizoguchi, explorando los espacios con la cámara (más bien como transfigurándolos a partir de esos movimientos), o el humor de Fritz Lang, o el rumor secreto tourneuriano. La música, todo el tiempo presente en cierta atmósfera desvelada por la púa de los tocadiscos y el rumor de las habitaciones contiguas, la musicalidad misma con la que se relacionan las escenas, la forma de hablar, los silencios. ¿El texto? La precisión del lenguaje y sin embargo los trabalenguas, las palabras como un mundo paralelo y abstracto y las diferentes maneras en las que se encarnan. La política y la realidad, la hospitalidad amenazada, el terror y la precariedad descritos con una clarividencia que figura el mundo en el que todavía vivimos. Una película única, que funda su propio universo, y sus ecos que perduran.

Una canción

La canción en una película podría ser Deacon’s Hop, que en Get Out of the Car de Thom Andersen acompaña los planos filmados en lo que era la zona del Barrelhouse, el club de rhythm and blues fundado por Johnny Otis en 1948 en Watts, Los Angeles. Esa película fue la primera vez que escuché un tema de Big Jay McNeely y fue emocionante volver a escucharla junto con su gran hit, There is Something on Your Mind (que suena en la rockola de Olivia’s Place) en la función de un programa de cortos de Andersen el mismo día de la muerte de McNeely. Me cuentan que McNeely revolucionó completamente la manera de tocar el saxo en el rhythm and blues, y que se encendía en sus performances paseándose entre la gente, tocando caído de espaldas o saliendo a la calle con el saxo seguido por el público. Fue además uno de los primeros músicos cuya audiencia cruzaba público blanco y negro, acontecimiento por el que Andersen define sus presentaciones tempranas en Los Angeles como la verdadera fundación del rock and roll. Así lo describe Amiri Baraka: “La figura rítmica repetida, un riff a los gritos, empujado más allá de la música en su insistencia. Era odio y frustración, sigilo y desesperación… No había compromiso, ni sofisticación aburrida, solo la elegancia de algo demasiado feo para ser descrito… McNeely, el primer Dadá mapache de la era, saltó y sintió y aulló y finalmente percibió el único espacio que la forma permitía. Primero cayó de rodillas, sin soltar jamás el cuerno, y caminó hacia ese lado atravesando el escenario… y entonces cayó hacia atrás, de espaldas, con los dos pies en el aire, y pateó y golpeó y el cuerno escupió sociologías enfurecidas… Jay había establecido una forma social del pobre, así como Bird y Dizzy la habían propuesto para la clase media.”

RIP Big Jay McNeely, 1927-2018

Y esta es una buena película:

Un doble programa

The Unchanging Sea (D.W. Griffith) + Gens du Lac (Jean-Marie Straub). Griffith y Straub comunicados por la línea del horizonte de Ford.

Cinéfilos a la intemperie + The Blues Brothers. Personas reunidas en torno a una pasión compartida y la rara forma, como de doble vida disfrazada, sin gravedad, en que se expresan esas pasiones por el hecho de hacer una película sobre ellas.

Stuck on You (Peter & Bobby Farrelly) + Tirez la langue, mademoiselle (Axelle Ropert)

Un descubrimiento

  1. Axelle Ropert.
  2. Lubitsch mudo: el genio para el plano de Lubitsch, sus dispositivos cómicos que hacen pensar en Hitchcock (el juego de ventanas de un edificio a otro al inicio de So This is Paris), Ossy Oswalda en I Don’t Want to Be a Man (¿por qué las películas de mujeres disfrazadas de hombres son mejores que las de hombres disfrazados de mujeres?), el veneno (la impresionante secuencia de las tribunas en Lady Windermere’s Fan), charleston y foxtrot (So This is Paris, The Oyster Princess), las botellas, y el mismísimo Ernst saltando por todos los decorados en Forbidden Paradise.
  3. Driftwood de Allan Dwan. Una de las películas que mejor observa el mundo desde el punto de vista de los niños, y una de las mejores, seguramente la más excéntrica escena de juicio del cine.
  4. Le 6 juin a l’aube de Jean Gremillon y Waiting de Peter Nestler (gracias a Andy Rector que las programó junto con el estreno angelino de la última de Straub: “le pregunté y me dijo que sí”).

Una experiencia en el cine

L. Cohen (James Benning). Algo misterioso, algo espectacular, algo emocionante, algo inquietante.

Una incertidumbre

Paul Sanchez est revenu! — una película filmada en el filo de lo incierto. Beyond a reasonable doubt…

Un texto

El juego de las 7 familias de Axelle Ropert: https://www.raco.cat/index.php/CinemaComparat/article/view/329729/420344

Un fotograma


Ramiro Sonzini (La Vida Útil)

Este año, mientras el país se estaba yendo al carajo con Martín Emilio Campos y Martín Iparraguirre tomamos la ridícula decisión de gastar todos nuestros ahorros en ir a visitar a dos amigos del alma que habían emigrado a EEUU hacía un año. Desde Córdoba partimos al encuentro de Lucía Salas y Martín Álvarez en la gran manzana. Luego cruzaríamos a la costa oeste a conocer su nuevo hábitat, la infernal Los Ángeles. Casi todo el viaje estuvo signado por el cine, para nosotros fue casi una peregrinación a la tierra de nuestros ídolos, donde se hicieron varias de las más grandes obras de arte del siglo pasado, un paisaje mitificado por el poder del cine.

Todas las respuestas a esta encuesta se refieren directa o indirectamente a lo que fue esta gran aventura.

Una película

La flor (Mariano Llinas, 2018). Es una película inmensa, llena de cine, llena de escenas maravillosas, llena de detalles, llena de recorridos, llena de errores. Es un organismo vivo en mutación. No podremos terminar de entenderla hasta que tengamos la posibilidad de verla muchas veces, detenidamente y poder pensarla de a poco, parte por parte. Lo que si puedo afirmar es que embarcarme en la aventura de verla en el cine fue una experiencia muy parecida a salir de viaje, y es algo que no me pasaba con ese nivel de intensidad desde Misterios de Lisboa.

Una canción

Más que una canción es un momento musical. Llegando al final de Under The Silver Lake, Sam se mete en la impenetrable mansión del compositor, un misterioso personaje que encarna una de las pesadillas contemporáneas más aterradoras: el maligno y secreto creador de los grandes hitos del pop de todos los tiempos: I Want It That Way, Where Everybody Knows Your Name, I Want To Know What Love Is, Earth Angel, entre otros miles. La esperanza de que detrás del éxito comercial y de la fortuna y la fama haya verdaderos artistas, inventando obras populares y personales al mismo tiempo, que se conectan con el corazón de una generación a través de un sentimiento auténtico, muere definitivamente con este personaje. Es la encarnación del cinismo definitivo, la verdadera muerte del arte. Mientras garabatea en su piano de cola los acordes de Smell Like Teen Spirits dice socarronamente: “Esa canción no fue escrita con una guitarra distorsionada. No, yo la escribi. Aquí, en el piano, entre una mamada y un omelette. No hay rebelión. Sólo estoy yo, ganándome un cheque.”

Esta escena es el corazón de la película, condensa su forma de relacionarse con el pop en todos los niveles, en todas las capas; está atravesada por ese terror latente de que detrás de las superficies no haya nada más que vacío. La película se subleva ante esta demoledora perspectiva a fuerza de guitarrazos:

Escena del songwriter from Día de Fiesta Cine on Vimeo.

Un doble programa

Mientras estuvimos en Nueva York estaban pasando en el MOMA un ciclo increíble de películas producidas por los estudios Republic (https://www.moma.org/calendar/film/4990). La más alucinante que vimos fue Moonrise de Frank Borzage, en la cual el protagonista comete un asesinato en defensa propia y tal hecho lo lleva al borde de la locura, impregnando toda la atmósfera de una densidad pesadillesca única. La mejor escena de la película transcurre en el medio del pantano, donde Danny encuentra descanso y refugio. Su amigo Mose le canta una vieja canción y a través de ella le dice que él sabe que cometió un crimen. Todo ese momento funciona como un hiato en el espacio y el tiempo de la película, una burbuja que logra desprenderse del mundo al que pertenece y sobrevive autónomamente.

De esa necesidad de aislarse del tiempo y del espacio se trata la última novela de Cesar Aira, Prins, en donde un famoso escritor de novelas góticas decide abandonar la literatura para no seguir llenando de malos libros el mundo y dedicarse al opio:

“Los efectos antidepresivos del opio no tardaron en manifestarse. Mi mente, liberada de las trabas del tedio, proyectaban imágenes sobre los planos de sí misma. Descubrí el secreto del atractivo irresistible del opio, el motivo que lo hacía tan deseable para tanta gente, tanto como para animarlos a desafiar la ley y a poner en peligro su salud: transponía a imagen mental todas las cosas, las grandes y las chicas, los ríos y las montañas, así como la vajilla, los relojes, la caída del cabello, los recipientes. Y no sólo los objetos que cabían en una enumeración caótica sino también los que por su valor o su carácter sublime están aislados y fuera de circulación: las obras de arte, las gemas que por ser tan importantes tienen nombre. Todo pasaba a los planos, con lo que uno podía dejar de preocuparse por las cosas, por su cuidado y conservación, y hasta podía ver con indiferencia su destrucción, ya que las tenía en otro formato, prácticamente indestructible, interiorizado. Qué tranquilidad, no hacerse más problemas por inundaciones, robos, vandalismos, o por la lenta pero segura corrosión del tiempo. Gracias a esa sustancia mágica todo estaba fresco, sus colores prístinos, en un limbo donde nada podía afectarlo.

Como contrapartida, había que resignarse a que no hubiera nada nuevo. No había creación, sólo recopilación. Creo que nunca antes se había definido al opio como una recopilación, por lo que reclamo la primacía de originalidad en este punto.

(…)

Y el lenguaje, el gran lance de dados de veintiocho caras, me llevaba al efecto central del opio, que era la traducción al presente de todo lo que en el estado normal se encuentra disperso en los distintos estadios del tiempo.”

Un descubrimiento

Dentro del ciclo de la Republic vimos varias películas al azar, sin referencia de director o actores. Una de ellas fue The Outcast un western a color de 1954 que nos dejó extasiados por el nivel de violencia, la intensidad de la acción y la complejidad narrativa y psicológica del todo. Un western de los 50’s que se parecía llamativamente a los ejemplares post 90 del género. A la salida de la película charlando con un amigo neoyorkino nos enteramos que el director, William Witney había dirigido 140 películas, la gran mayoría de ellas entre los 40’s y los 50’s y que muchas de ellas eran tan buenas como la maravilla que acabábamos de ver. Tarea para el 2019: descubrir la filmografía de William Witney.

Un reencuentro

Todos los años para el día del trabajador el cine Aero de Santa Mónica (una sala secundaria de la Cinemateca Americana de Los Ángeles) programa Los Ángeles Plays Itself de Thom Andersen. Al finalizar la película hubo una extensa charla con él en la que contó muchas anécdotas personales relacionadas con ciertas locaciones o ciertas películas, por ejemplo que había disfrutado muchísimo de ver La La Land, o lo importante que habían sido en la gestación de la idea original ver LA Confidential y Chinatown. Había visto la película antes y mi recuerdo me indicaba que se trataba de un objeto muy interesante, una gran idea que en mi memoria no se sostenía por ningún recuerdo. Pero al volver a verla y poder escuchar a Thom Andersen mi percepción cambió completamente. Los Angeles Plays Itself es una película monumento, un edificio en el que habita una forma de entender el cine norteamericano y una forma de entender cómo relacionarse con la ciudad de Los Ángeles. Viéndola uno siente que en ella está registrada toda la historia del pensador, escarbando podemos detectar la evolución del pensamiento del cineasta a lo largo de los años. Además es una película ejemplar porque nos permite aprender una forma de relacionarnos con el lugar que habitamos y (para los cineastas) una forma de filmar ese lugar.

A partir de este reencuentro mi percepción de la ciudad cambió por completo. El resto de los días que pasé en Los Ángeles estuvieron inconscientemente guiados por el deseo de ver cada rincón, cada restaurante, cada paisaje, buscando la mirada que Thom Andersen había proyectado en ellos.

Una experiencia en el cine

La cinefilia Angelina resumida en tres proyecciones: Wild Bunch, Blues Brothers y Mandy. A diferencia del público neoyorquino que es bastante parecido al porteño, en términos de snobismo, intolerancia a ruidos molestos y proclividad al insulto y la violencia gratuita, el público que asiste a las funciones de cine “alternativo” en Los Ángeles es un show en sí mismo. Las películas y sus hacedores son celebrados con un entusiasmo llamativos, cada vez que en pantalla se imprime un nombre querible (sea actor, director, productor o guionista) la platea estalla en aplausos, lo mismo ocurre cuando los héroes de la película realizan una proeza destacable. En la proyección de The Wild Bunch estaba como invitado un anciano mexicano que había sido locacionista(!) en México y además tenía una aparición actoral fugaz. A los diez minutos de película nadie se acordaba del viejito mexicano. Pero cuando llegó el momento de su escena, promediando las dos horas de película, y apareció corriendo de un lado a otro de la pantalla llevando una carta para el general, el cine estalló en una ovación como si hubiese revivido William Holden para el QyA. Juraría que en la proyección de Blues Brothers la gente estuvo a punto de pararse y bailar en el pasillo del cine en el último número musical de la película. Y el momento de mayor euforia y desenfreno lo desató, como no podía ser de otra manera, Nicolas Cage en la escena de Mandy que llora y grita solo en el baño luego de que matan a su esposa.

Esta forma tan ruidosa y un poco salvaje de relacionarse con las películas resulta mucho más vital. En las salas de Los Ángeles uno tiene la sensación de que el cine está más vivo que en cualquier festival o cinemateca del mundo.

Una incertidumbre

15:17 Tren a París. La discusión sobre esta película arrancó cuando se estrenó y al día de hoy nos seguimos preguntando si es un intento desastroso de hacer algo sofisticado o es una genialidad que no logramos entender.

Un texto

Este año salieron dos libros con textos de Alberto Tabbia. Dos libros geniales: Palacios de olvido e Imitación de la vida. El primero, editado por La bestia Equilátera, tiene una sección de retratos llamada “Palabras ajenas” en los que uno de ellos es sobre Andy Warhol, ese texto es lo mejor que leí este año.

También elijo la crítica que Lautaro García Candela escribió sobre Misión Imposible, para mí fue el mejor texto que publicamos este año en La vida útil y tengo la sensación de que pasó demasiado desapercibido.

http://lavidautil.net/2018/08/01/azar-planificacion-engano-alrededor-de-mision-imposible/

Un fotograma


 

One Comment

  1. Juan José Gorasurreta

    Leí atentamente (como corresponde a nuestra responsabilidad como cineastas), el material sobre la utilidad de la vida. Muches jóvenes aprendiendo a través de diversas miradas con las cuales no siempre estoy de acuerdo (un poco por viejo y otro poco por cabron que soy!). Y eso es muy bueno por lo útil que suelen ser esos criterios a la hora de descubrir una pelicula, un o una realizadora, nuevas e ineditas construcciones que mejoran el cine. Siempre en la diversidad está el placerr y el goce. Creo además, salir del acartonado formato revista de papel, abre puertas y otorga otros espacios novedosos que deben tomarse para expresar claramente lo que sentimos al ver una película. La críítica debe servir para caminar firmemente en el pentagrama del soporte del cine. Abrazos.

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