La encuesta de La Vida Útil – 2017

Otro año más, otro diciembre recolectando listas mientras nos acomodamos abajo del ventilador con los pies descalzos en una palangana llena de agua. Siempre es una alegría organizar nuestra Encuesta Anual, verificando que efectivamente la cinefilia argentina y latinoamericana está muy despierta, atenta a lo que sucede alrededor, con una mirada política y sensible. En momentos de disolución o directamente criminalización del espacio público se hace más necesario que nunca participar de las discusiones abiertas, de intervenir en los lugares que podrían ser enriquecidos con nuestra contribución.

La dinámica, para los que no la conocen, es muy simple: les pedimos a nuestros amigos, a personas que conocemos personalmente, que nos digan en 8 categorías lo mejor que vieron en el año. Sabemos que es un recorte parcial, parcialísimo, que responde a nuestra clase, formación, pertenencia geográfica, habilidades sociales en los festivales, y un largo etcétera. Este año somos muchos más, ya que se aprobó la fusión más grande e importante después de Cablevisión-Multicanal: La vida útil, website en la que se encuentran en este momento, es el resultante de la unión de dos revistas de cine. Las Pistas y Cinéfilo eran nuestros nombres antes. Éramos dos revistas con distintos modus operandi (en papel y en la web) y distinta base geográfica (Córdoba y Buenos Aires). Ante el adormecimiento generalizado, pensamos que la unión en este caso podría ayudar a agitar las aguas. En eso estamos.

Sería gracioso, ya que nos ponemos en balance, poder proyectar nuestro propio video de “los que se fueron de gira”, como si de los Oscars o los Martín Fierro se tratase. Pondríamos, por supuesto, a Fernando Birri, a Jerry Lewis, a Tobe Hooper, pero también habría que incluir a la producción audiovisual dependiente del INCAA, los derechos humanos como política de estado, el respeto por algunos críticos de la vieja generación, el aguinaldo, las jubilaciones. Los vamos a extrañar. En el 2017 el mundo empeoró un poco.

Creo que varios nos dimos cuenta al mismo tiempo de eso. Por eso hay varias películas optimistas contra toda expectativa, como si fueran una punta, lo primero que se puede ver cuando estamos desenterrando una vieja utopía. No por nada el que hizo la película más alegre sin dar concesiones es alguien que acaba de cumplir 60: Aki Kaurismäki. Baronesa y A fábrica de nada también son ejemplos de películas que no desestiman el poder de la música y el chiste aunque las condiciones sean las más sórdidas posibles. Después, sí, siempre hay películas de denuncia social que cosechan premios y levantan el dedito contra los supuestamente menos comprometidos. Pero no se dan cuenta del real problema: su éxito depende de que el mundo siga siendo una mierda.

¿Es la crítica de cine viable en este país? ¿En este o en cualquier otro? Si por viable entendemos con posibilidades de realización económica, la respuesta es no. Tampoco es un problema, aunque los críticos old school se horroricen ante esto. El estilo de escritura que existe en La vida útil no es unívoco y nadie podría hacerse cargo de cómo escribe el otro, pero podemos encontrar una renuncia a la lógica del periodismo y la gacetilla. En ese sentido, esa es la tarea: erosionar, ir contra el lugar común, tratar de encontrar en la selva de lo real huellas para afianzarse y pensar. Parecen lugares comunes pero al enunciarlos se produce cierto extrañamiento que resuena en nuestra cabeza como un mantra. Así es cómo escribimos, un poco fascinados, como en un trance, pero siempre tratando de encontrar pistas de la realidad en las películas (y viceversa).

Bueno, pasen y lean.

-Lautaro García Candela


Ramiro Sonzini (Crítico y editor de La vida útil. Fordista extremo. Peleador Nº 1)

Una película

Trás-os-Montes de Antonio Reis y Margarida Cordeiro

No sé quién cuenta en no sé dónde que en una visita de Adrian Martin a BAFICI el flamante director de ceremonias, Quintín, lo invita a una cena con la selección internacional de invitados de esa edición y Martin amablemente rechaza la invitación a causa de que a esa hora pasaban la nueva película de Garrel y quería verla. Quintín le dijo que no se preocupara, que esa noche era la primera proyección y había otras tres, a lo que Martin le respondió que su idea era verla las cuatro veces que se pasaba. Llevo esta anécdota grabada a fuego, porque es de esas cosas que marcan un modelo de conducta, una forma de hacer lo que uno quiere de manera obsesiva y con un compromiso admirable. Trás-os-Montes se pasó 2 veces y si hubiera habido 6 pasadas la hubiera querido ver las 6 veces, no sólo porque es una de esas pocas películas que “no se consiguen en internet” sino porque había algo en el fondo de ella, algo como primigenio y misterioso que prometía ir revelándose a medida que entráramos en confianza con su mundo. Me encantaría poder describirles pasajes y detalles, poder compartir algo de la emoción que la película me produjo, algo de los niños amorosos y terroríficos, de los cambios de tiempos, del campo y del castillo abandonado, pero todo me resulta borroso, como si la película se resistiera a ser rememorada. Sí recuerdo que mientras la veía pensé “claro, de acá salieron los portugueses”.

Mientras esperamos que algun iluminado con recursos edite en Blu-ray esta película fundamental de la historia del cine, podemos leer el afiladísimo texto de Roger Koza (http://www.conlosojosabiertos.com/las-peliculas-del-bafici-2017-tras-os-montes/), que sí tiene la capacidad de reponer mucho de la película:

“(…) la vida espiritual de un pueblo se enuncia en imágenes y sonidos; la experiencia subjetiva se objetiva y esa palabra tan anémica por su excesivo uso adquiere una prístina valencia y toma cuerpo sonoro y visual. Es que el pueblo se ve, se escucha; el pueblo como la indispensable suma que aporta cada individuo que pasó por un territorio en un tiempo, dejó su huella y se fundió en un coro sin límite.”

Una canción

El cierre del capítulo 11 de la tercera temporada de Twin Peaks. En la secuencia final con los hermanos Mitchum y Dougie, un pianista que se parece mucho al compositor de la serie, Angelo Badalamenti, aparece tocando espléndidamente “Heartbreaking” en las teclas (un rumor en el mundo virtual es que es Badalamenti mismo con una peluca a lo Burt Bacharach) mientras los tres personajes celebran su nueva amistad comiendo una tarta de frambuesa. En un momento, Dougie, que despues de estar 25 años encerrado en el black lodge tiene que aprender absolutamente todo lo que implica ser un ser humano, advierte al pianista tocando y dirige toda su atención hacia el y la música (una de las cosas maravillosas de este personaje/concepto es su capacidad/limitación de poder ir de a una cosa por vez) y con ese cambio de atención la escena se transforma imperceptiblemente, se estaciona y adquiere peso y sustancia. A partir de ese pequeño instante de conexión entre nuestro virginal protagonista y la música, toda la serie adquiere una emoción y una sensación de mundo complejo y completo, en el que a pesar de sus excentricidades ya nos sentimos timidamente familiarizados y el cual inevitablemente extrañaremos cuando llegue a su inevitable final. Es el climax secreto de la serie, el momento preciso en el que emerge el sentido de comunidad.

Un doble programa

Pump Up the Volume + Stand By For Tape Back-up: Dos formas de construir superhéroes solamente a partir de lo que dicen.

Un descubrimiento

La serie de Fassbinder, proyectada durante 6 días seguidos (un capítulo por día) en la Sala Lugones. Toda la precisión y el filo de Fassbinder retratando una comunidad de obreros de una fábrica y sus familias. Es un excelente triple programa con Twin Peaks T3 (por la maestría con que Fassbinder/Lynch trastornan los estereotipos a partir de la alteración del tiempo de las escenas, todo es tan estirado que resulta misterioso e incómodo) y A Fábrica de Nada (las dos relatan la lucha de poder entre los obreros y los patrones en el marco de una fábrica en crisis).

Un reencuentro

Mas que un reencuentro seria un encuentro: empezar a trabajar con Lautaro y Lucas a partir de la fusión de Las Pistas y Cinéfilo e inevitablemente empezar a compartir la cinefilia con ellos fue maravilloso. Fue una inyección de energía y sentido para seguir escribiendo sobre cine. Fue una muestra de que pensar/escribir (pero también filmar) de cine es algo que tiene sentido cuando se hace en compañía de otros. Ver Doble de cuerpo de Brian de Palma en compañía de mis viejos y nuevos amigos ilustra a la perfección este reencuentro.

Una experiencia en sala de cine

Las trasnoches de superacción en el festival de Cosquín. Por primera vez programamos dos funciones sorpresa al cierre de la noche del jueves y del viernes, en donde además había cerveza gratis, y fue todo un éxito. Cosquín cada vez está mejor. Es un festival en donde realmente ver películas, pasar películas, hablar de películas y conocer gente que está interesada en eso es lo más importante. Es una celebración desinteresada (porque no hay plata organizando simbólicamente ni materialmente nada) de las películas y los espectadores. Esperemos que dure muchos años más.

Un texto

Las clases abiertas que Piglia dio en la TV Pública sobre la obra de Jorge Luis Borges.

Y el texto introductorio de La Internacional Cinéfila  2017 de Roger Koza.

Un fotograma

Un momento mágico que atesoró la persona con la que vi por primera vez Trás-os-Montes.


Martín Álvarez (Crítico de La vida útil. De patria cordobesa, ahora vive en la tierra donde nacen las mejores películas del mundo)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves)

Una canción

The Singing Street
en este programa alucinante de Kino Slang en el Echo Park Film Center, recomiendo repetir en el mismo orden:
http://kinoslang.blogspot.com/2017/12/
(Andy Rector es el tipo que arma estas cosas, un grande)

Un doble programa

Solo los ángeles tienen alas (Hawks) / The Other Side of Hope (Kaurismäki)

Un descubrimiento

Jean Epstein (películas y textos).

Un reencuentro

Robert Forster y Pam Grier en Jackie Brown / Cuatro noches de un soñador (Bresson)

Una experiencia en sala de cine

En algún momento hace 7 años me agarró mucha ansiedad por ver cine clásico y le propuse a Ale Cozza que me deje darle una mano en el Pasión de los Fuertes, su ciclo de cine clásico en el Cineclub Municipal en Córdoba. En realidad le estaba pidiendo ayuda yo a él porque quería que me cuente lo que sabía y hacer eso con alguien más para no abandonar como me había pasado otras veces. Fue una de las mejores ideas que tuve en mi vida. En pocos lugares aprendí tanto ni la pasé tan bien como en el Pasión, y este año fue un poco triste tener que dejarlo cuando nos mudamos a Los Angeles. Pero fue lindo despedirse al lado de Ale y José Fuentes Navarro, dos tipos que son como Langloises mezclados con John Peel, sobre todo dos amigos. Una lista de esos 7 años:

The Shop Around the Corner (Ernst Lubitsch)
The Man from Laramie (Anthony Mann)
Forty Guns (Samuel Fuller)
The Lusty Men (Nicholas Ray)
Alyonka (Boris Barnet)
Going My Way (Leo McCarey)
Seven women (John Ford)
The Purchase Price (William A. Wellman)
Remorques (Jean Gremillon)
Rendez vous de juillet (Jacques Becker)
Gentleman Jim / The Man I Love / Me and My Gal / The Return of Mamie Stower / They Drive by Night / High Sierra / Pursued / The Strawberry Blonde / The Bowery / The World in his Arms (Walsh)

Un texto

“Siete veces Zama” (Ramiro Sonzini).

Un fotograma

La zarigüeya de The Southerner:


Lucía Salas (Línea fundadora de Las Pistas. Ahora, crítica de La vida útil y corresponsal extranjera. Calartian)

Una película

The Other Side of Hope

Una canción

“La disco resplandece” en La disco resplandece

Un doble programa

Ta peau si lisse/Donovan’s Reef

Un descubrimiento

Dorothy Arzner en las clases de Historia del Cine de Gary Mairs en Calarts.

Un reencuentro

Twin Peaks temporadas 1 y 2 antes de que empezara la nueva temporada. El triplete no fue lo mejor para ver a punto de mudarse a este nido de males.

Una experiencia en sala

El último programa del año de Kino Slang en el Echo Park Center. De hecho fue el mejor programa que vi en muchísimo tiempo. Andy Rector es un genio y ojalá viva 100 años.

Si lo van a ver, háganlo en este exacto orden:

The Singing Street (The Teachers of Norton Park School, Edinburgh, 195 1, 17 min) / Il Viandante – The Wayfarer (Jean-Marie Straub, Danièle Huillet, 2001, 5 min) / A Caça ao Coelho com Pau – The Rabbit Hunters (Pedro Costa, 2007, 23 min) / The Amazing Transparent Man (Edgar G. Ulmer, 1960, 58 min)

Un texto

El texto introductorio de Roger Koza para la Internacional Cinéfila

Un fotograma


Paul Von Sprecher (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº1)

Una película

La telenovela errante. El desparpajo y la libertad que impregnan la filmografía de Ruiz  se encuentran en su quintaesencia en esta película separada en distintos capítulos, con situaciones propias de la telenovela y parodiando a la sociedad chilena. Si la distribución fuera más justa y se estrenara la vería tantas veces como a Zama (a la cual estuve por elegir en esta categoría).

Una canción

“My Sweet Lord” de George Harrison en Guardianes de la Galaxia 2: Pertenece a mi banda sonora preferida del año y aparece en un momento crucial de la película (cuando Star Lord ingresa al planeta de su padre, a quien recién conoce). Gracias a lo bien que suena en esta escena, se transformó en una de las escasas canciones que apenas las escucho me hacen recordar a una película y que no fueron hechas para ésta.

Un doble programa

La  bella y la bestia (Jean Cocteau, 1946) / La bella y la bestia (Bill Condon, 2017): Aunque parezca un programa doble obvio ambas películas son bastantes distintas. Desde algunos aspectos de la historia (como que en la versión de Cocteau Bella tenga hermanas) hasta el aspecto artesanal de la de los 40 y el amplio uso de pantalla verde en la de Condon (cada uno, propios del tiempo en que estuvieron hechas); pero ambas tienen cierto encanto de los buenos cuentos de hadas que hizo que sean dos de las películas que más placer me causaron este año (y harían un excelente programa triple con la versión animada de 1991)

Un descubrimiento

Retrospectiva de Francisco Regueiro en el BAFICI. Programada por Álvaro Arroba, esta retrospectiva me permitió conocer a Regueiro, quien tiene un manejo del ritmo y de la narrativa increíbles, además de saber filtrar su crítica al franquismo. Entre las que vi las que más destaco son El buen amor (1963), que parte de la típica película romántica onda Nouvelle Vague para transformarse en algo mucho más fresco y Duerme, duerme, mi amor (1975), comedia negrísima que transcurre en un vecindario y que se nota que influenció a  Almodóvar y a De la Iglesia, pero que va mucho más lejos que éstos.

Un reencuentro

Ferris Bueller’s Day Off en Hoyts. En uno de los reestrenos mensuales del Hoyts, apareció esta joya de los 80, que –en una impecable copia en DCP– me demostró que está a la altura o supera a El club de los cinco dentro de la filmografía de John Hughes, quien estaba a un nivel mucho más alto que la mayoría de sus contemporáneos. Y que Matthew Broderick interpretara a quien interpretare, siempre iba a ser Ferris Bueller.

Una experiencia en el cine

Salas sin mujeres. Desde películas Soviéticas de género (Aerograd, Batalla más allá del sol), pasando por películas de culto (La balada de Cable Hogue, Flesh+Blood) hasta estrenos de acción (Power Rangers, Liga de la Justicia) me encontré en salas (tanto del Patio Olmos como del Cineclub Municipal) con la sola presencia de público masculino. Algo ni bueno ni malo, pero sí extraño.

Un texto

“No te mueras sin decirme adónde vas (Subiela y el Nuevo Cine Argentino). Primera y segunda parte” de Nicolás Prividera (publicado en Con los ojos abiertos). Prividera sorprende publicando estas notas (a propósito de la muerte de Subiela) que van más allá de cualquier lugar común sobre Subiela.

Un fotograma

Me casé con una bruja (René Clair, 1942): No es de este año pero la vi por primera (y segunda) vez este año. El fotograma con la cara sorprendida de Veronica Lake y la olla (donde está su padre que es brujo como ella) representa la sorpresa y el misterio que representan para mí el cine y que sentí este año al ver que varias películas superaban ampliamente mis expectativas o eran muy distintas a lo que creía. Incluyendo esta obra maestra, que apenas la vi pasó a formar parte de mi canon de películas preferidas.


Iván Morales (Ex-Las Pistas. Su ídolo es Riquelme)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves, 2017)

Una canción

“Take Me Home, Country Roads” (John Denver) en Logan Lucky (Steven Soderbergh, 2017)

Un doble programa

Wind River (Taylor Sheridan, 2017) / Track of the Cat (William Wellman, 1954)

Un descubrimiento

Las imágenes bajo tierra de Dawson City: Frozen Time (Bill Morrison, 2016)

Un reencuentro

Las luces y sombras de Ricardo Younis en Los tallos amargos (Fernando Ayala, 1956), gracias a la copia restaurada que proyectó Peña.

Una experiencia en el cine

El tango de Rosario Bléfari en Muñequita porteña (José A. Ferreira, 1931) y la copia recuperada por el Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken”.

Un texto

El primer trabajador: http://www.davidbordwell.net/blog/2017/01/23/how-la-la-land-is-made/

Un fotograma


Juan Villegas (Director. Tanguero)

Una película

El otro lado de la esperanza.

Una canción 

Cualquiera de las que aparecen en El otro lado de la esperanza.

Un doble programa

Out of the past (1947, Jacques Torneur) / Hell or High Water (2016, David Mackenzie)

Un descubrimiento

Damien Manivel.

Un reencuentro

Volví a ver La Dolce Vita luego de muchos años. La recordaba como muy buena; ahora me pareció extraordinaria.

Una experiencia en sala de cine

Mi amigo Iván Lapshin, de Aleksey Germán, en copia 35mm en el FICIC.

Un texto

Los empleos del tiempo, del colectivo “Los hijos”. http://ctxt.es/es/20170503/Culturas/12541/cine-precariedad-cultura-colectivo-los-hijos.htm

Un fotograma


Mariano Morita (Cameron-Carpenteriano. Pueden leerlo en Notas de cine)

Una película

War for the Planet of the Apes (Matt Reeves)

Es el cierre de la mejor trilogía de la década, sobre la que todavía no me animo a escribir. El simio César es uno de los personajes más completos, políticos y humanos (ja!) de los últimos años.

Una canción

“Take Me Home, Country Roads” de John Denver en Logan Lucky (Steven Soderbergh)

Un doble programa

Get Out (Jordan Peele, 2017) / The Serpent and the Rainbow (Wes Craven, 1988)

Dos películas donde el terror se manifiesta como impotencia y anulación del control, en primera persona. Dos películas que trabajan la “zombificación” como tema, duramente políticas, y que recuperan al zombie autómata clásico.

Un descubrimiento

Sofía Gala es el evento principal en Alanis (Anahí Berneri). Es una película sobre el trabajo, pero sobre el trabajo con el cuerpo. El suyo y la unión con su propio hijo son la materia fundamental que constituye a la película.

Un reencuentro

Okja de Bong Joon-Ho. Después del desastre de Snowpiercer (2013) Bong regresó con una criatura que es el reverso exacto de The Host (2006). La película no es extraordinaria y hasta por momentos es políticamente ingenua, pero al menos se aleja de lo alegórico de su antecesora.

Una experiencia en sala de cine

Ver measuring change de James Benning con Benning en la sala y su posterior charla. Hay que admitir que el verdadero sentido en mucho de su cine aparece así y no lo digo como algo malo.

Un texto

Campo y fuera de campo, por Luciano Monteagudo.

Un fotograma

Kim Min-he mirando la nieve por la ventanilla del taxi mientras reza el Padre Nuestro, en The Day After (Hong Sang-soo)


Gabriel Von Sprecher (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº2)

Una película

66 Kinos de Philipp Hartmann

Este año no fui a ningún festival de cine, tampoco tuve o busqué los posibles lugares de acceso a lo que podríamos llamar el cine contemporáneo no hollywoodense; el cine que importa – tal vez diría alguien. ¿Qué es lo que me queda entonces? Los márgenes en cierta medida. Un festival pequeño, posible de tomar cariñosamente entre las manos, el FICIC;  también, los cineclubs (los míos: el Cineclub Municipal Hugo del Carril, sede del Cinéfilo, del Pasión de los Fuertes; y por otro lado, el cálido espacio de La Quimera), tan alejados en la actividad cotidiana de ver cine al frenesí de los festivales.

Las listas y los debates de fin de año pueden estar atravesados por ciertos hits cinéfilos de la cartelera (a la cual por cuestiones más bien monetarias tampoco me acerqué demasiado este año) y los descubrimientos o más bien las películas ampliamente anticipadas vistas en los festivales. Me siento fuera de esas instancias en esta ocasión. Un poco incómodo, sin quererlo con algo de injustificada inseguridad en el valor de las películas de las que pueda hablar, pero tratando de entender en qué lugar del cine me estoy parando, porque si hay algo que no dudo es que el cine me atravesó fuertemente este año como en tantos otros.

El cine es una forma de acercarse al otro. En otro año, la elección de una película podría haber recaído en algo de Sylvain George o en la enorme Irak año cero. Este año fue un tanto introspectivo. En el cine existe la posibilidad de verse a uno mismo como un otro, o en un otro, y en el Cineclub se estrenó esta pequeña película de Philipp Hartmann, donde vi reflejados los espacios que habito todos los días, la forma en que el cine me atraviesa materializándose en las salas (la forma en que yo vivo esta experiencia). Entonces, una película que es reflejo de la forma y de los espacios en que vi películas durante el año.

Una canción

La Internacional en Kattie Tippel de Paul Verhoeven.

La protagonista vive la gran escena del desamor burgués. Luego de un intenso idilio Rutger Hauer le dice que se va a casar con la hija del dueño del banco; le avisa que lo que tenían va a tener que terminar. No es tan trágico en la medida que ellos siempre supieron que las reglas del juego eran así, dice él. Katie no espera ni deja nada a un pasivo conformismo y huye de la casa donde convivían esa misma noche. En las calles de Amsterdam, sola y sin ningún lugar adonde ir, vuelven a nosotros ominosas las imágenes de pobreza extrema y desesperanza del principio de la película, de las cuales la protagonista parecía haber podido alejarse. En aquel momento apenas iluminado por una farola de la calle se empieza a escuchar en la lejanía La Internacional. La mirada de Katie se dirige hacía el sonido, en la profundidad del plano oscuro; caminando por una callejuela hay una gran fila de hombres y mujeres avanzando y cantando, es una manifestación. Kattie corre hacia ellos, se mezcla con la multitud, toma por los brazos a dos personas y se une al canto.

Un doble programa

The Night Is Short, Walk on Girl de Masaaki Yuasa + Un divan à New York de Chantal Akerman

¿El cine puede hacernos mejores personas?

Dos pequeñas películas sobre la construcción de dos parejas, donde quienes las forman tienen una experiencia de crecimiento paralelo a través del conocer al otro, a una forma de enfrentarse a una realidad distinta a la propia, pero sin estar literalmente con el otro, sino a través del enfrentarse a observar las consecuencias de las acciones de este otro, de lo que lo va rodeando, de los objetos que se van cargando de significado. En ambas películas los personajes terminan coincidiendo en sendos finales felices, amables regalos del cine.

Autocrítica de un perro burgués de Julian Radlmaier + ‘Operación Y’ y otras aventuras de Shurik de Leonid Gaidai

Dos películas de humor marxista (Groucho+Karl, como dice sobre su propia película Radlmaier). La segunda un descubrimiento cortesía de los necesarios buceos de Martín Emilio Campos por el cine soviético (el Cineclub Municipal de nuevo).

Un descubrimiento

Georges Schwizgebel + Cheh Chang.

Si hay una instancia de descubrimiento que en cierta medida es el necesario paso previo al cineclub (el paso previo a la programación, la investigación) es el buceo por internet, buscando los nombres (miles de nombres) que no están en las programaciones.

A partir de una casualidad llegué a Schwizgebel, que estira las posibilidades de la imagen y de la mirada, además de construir el más terrorífico y diferido poema de desamor en Le ravissement de Frank N. Stein.

Por mi interés en el cine hongkonés llegué al maestro Cheh Chang, co-creador del wuxia, director de miles películas de género, mutante de la irrealidad de los cuerpos saltando por la pantalla y amante de los signos sugerentes powerrangeros (los ninjas de los cinco elementos -con sus cinco colores- y los cinco venenos -con sus cinco animales representados en sus cinco máscaras-).

Un reencuentro (para bien o para mal)

Escuela de rock de Richard Linklater

Verla en una sala de cine por primera vez, luego de años de la última vez -en la cual era yo un niño o mínimo un adolescente-, y descubrir muchos pequeños movimientos de cámara totalmente desapercibidos antes, o la construcción de las mecánicas del trabajo en equipo al mejor estilo hawksiano.

Una experiencia en el cine

Una canta, la otra no de Agnès Varda en La Quimera.

Primera película de un ciclo llamado “Mujeres en el cine, mujeres en lucha”, la electricidad en el ambiente y el aplauso final. Luego, las conversaciones conmocionadas sobre lo que acabamos de compartir.

Un texto

Momo de Michael Ende

Hace unos días les decía a algunos de los miembros de este espacio que realmente no leo prácticamente crítica de cine. Con la literatura tengo un trato hasta excesivo a causa de la carrera que estudio. Para este punteo elijo un libro de Michael Ende que nada tiene que ver con los programas de la facultad (el mejor escritor de novelas maravillosas, como también infantojuveniles, que yo haya leído).

Hay un momento en el que el Maestro Hora dice: “Porque al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis el corazón para percibir, con él, el tiempo”. El tiempo sólo se percibe por nuestra subjetividad (o por el deterioro o cambio de la realidad material de nuestro alrededor, o sea no existe tiempo, sólo instancias cambiantes, pero bueno, es una opción) y además, a través del cine.

El cine, siguiendo algunas ideas de Jean Epstein, es un potenciador de una forma de percibir la realidad (como el telescopio para los ojos, o el audífono para los oídos). Si el corazón es el que percibe el tiempo, el cine es también un potenciador o agudizador de nuestra sensibilidad.

Un fotograma

El año pasado en la encuesta de Las Pistas varios participantes nombraron la película de la cual viene este fotograma, Stand By for Tape Back-Up, la dieron en Bafici o en Mar del Plata; es una de esas pelis pequeñas que a veces pasan desapercibidas pero que sacuden el piso de cualquier espectador sensible. Fue el cierre de este año de la programación del cineclub Cinéfilo, llegó a nuestro Cineclub Municipal, llegó a meterse como punzón a nuestro año cinéfilo, a cerrarlo, a ser el punto final de la actividad en nuestros pequeños hábitats de todas las semanas. Me da la impresión de que todo lo escrito para esta encuesta no habla mucho de las películas; cómo en esta película en que las imágenes sólo pueden ser reflejo, para el observador-narrador, de él mismo.


Paola Buontempo (Programadora del Festifreak. Prepara una película sobre caballos que queremos ver urgentemente)

Una película

Dawson City: Frozen time (Bill Morrison)

Una canción

“Heart of gold” en Good Luck (Ben Russell)

Un doble programa

Reason Over Passion (Joyce Wieland) y El mar la mar (J.P. Sniadecki, Joshua Bonetta)

Un descubrimiento

Flores (Jorge Jácome)

Un reencuentro

Taipei Story de Edward Yang (¡para bien!)

Una experiencia en sala de cine

On the Beach at Night Alone (Hong Sang-soo), multitud en Gaumont.

Un texto

A la escucha de Jean-Luc Nancy

Un fotograma


Pablo Martín Weber (Cineasta. La muerte de Iván Ilich. Córdoba)

Una película

Perdón que elija películas viejas, pero he visto bastante poco cine este año y no me he acercado a ninguno de los festivales nacionales más importantes. Elijo Trouble in Paradise, de Ernst Lubitsch. Una de las más inteligentes críticas al capitalismo que yo haya visto de Hollywood. Filmada apenas tres años después del crack de la bolsa, enfrenta la cuestión de la desigualdad económica con varios diálogos memorables y actuaciones milimétricamente ejecutadas. Daría todo por tener ese nivel de maestría en la puesta en escena. Una intuición triste (o más bien melancólica) que tengo es que esa clase de directores ya no van a surgir, que Lubitsch se corresponde a una sensibilidad e inteligencia propia y específica del siglo pasado. Una verdadera comedia hollywoodense (con final feliz y todo), película en la que siempre pienso cuando leo sobre el macartismo: ¿cómo hubiera sido el cine yanqui si no hubiéramos tenido a ese siniestro senador dirigiendo contenidos y persiguiendo artistas? Para los que ya la vieron, la escena en la que la madame es intercedida por un trotskista que le empieza a gritar en ruso siempre me hizo cagar mucho de risa. Hay varios chistes muy buenos. Y ya que estamos… Ninotchka también es un peliculón de Lubitsch (ahí les da masa a los soviéticos).

Una canción

“Llorando” de Rebekah del Río en Mulholland Drive de David Lynch.

Un doble programa

La rabbia de Pasolini y Of Time and the City de Terence Davies. A ese plan se le podría agregar Outros Amarão as Coisas que Eu Amei de Manuel Mozos… capaz ya sería muy afrecho porque son intensas las tres, requieren concentración y disposición para el acto de ver.

Un descubrimiento

Construcciones de Fernando Restelli. Amores, conflictos, sueños y proyectos de los trabajadores cordobeses. Me conectó con mi infancia de una manera muy intensa, sobre todo las escenas en las que están en el río: volví a mis ocho años, en el Fantasio, con mi familia, mis tíos escabiando en un melón y nosotros los pendejitos echando moco en el agua. Orgullo y alegría de que se haya filmado algo así en esta ciudad.

Un reencuentro

5 pal peso de Raúl Perrone. La había visto apenas entré a la facultad. La volví a bajar hace muy poco porque recordé que podría ser interesante para un guion que estamos terminando. Es una cosa maravillosa. Cuando el personaje de Campi lo va a visitar al padre, que hace diez años que no ve. Entra, pone la pava para hacer unos mates, y Campi le dice: “Viejo, ¿no perdés más la costumbre de guardar los fósforos usados en la cajita?”. El diálogo sigue y en un momento el padre le dice señalándose el corazón: “Siempre te tuve muy acá”. Campi se ríe y se dan un abrazo. En fin, ese tipo de cosas son las que me hacen pensar que todavía vale la pena seguir haciendo películas.

Una experiencia

Irrational Man de Woody Allen, en el Nuevocentro. No por la película (una garcha) sino por la persona con la que fui.

Un texto

El siglo de Alain Badiou. Sobretodo me interesan los pasajes sobre Brecht y las vanguardias. Considero que es un aporte muy valioso para aquellos que, de alguna u otra manera, nos sentimos interpelados por la práctica artística. El texto, entre otras cosas, busca problematizar algunas concepciones estético-políticas que el marxismo promovió durante el siglo pasado y que llevaron a la crisis existencial del 89 y el final del socialismo como perspectiva real de construcción de un modo de vida alternativo. Es un valiente ejercicio por seguir pensando y creando; no dejarse derrotar y seguir soñando e intentando construir un mundo en común.

Un fotograma

Este fotograma de Mundo grúa de Pablo Trapero. El tipo está separado, vive solo, no consigue laburo en Capital y su hijo está perdido en un mundo que no le ofrece nada. Le salió un trabajo para manejar grúas en el sur y se lo está por decir a una mina con la que está saliendo (muy enganchado) y que conoció porque le vendía sanguches de milanesa en el kiosco a la vuelta de una obra en la que estaba haciendo unas changas. Se lo dice, le dice que va a estar todo bien, que la va a venir a ver cada quince días, que no se preocupe. Ella le corta. Él se va solo, a vivir en una pensión con otros treinta obreros, dejando atrás la ciudad en la que se crió y a la mujer que ama. (Este es el plano de establecimiento que inicia la escena: ellos sentados, el cartel de “Tenedor Libre”, la perspectiva de la calle porteña a la derecha del cuadro, un 4:3 soberbio, muy bien usado). En general me interesa bastante poco el Nuevo Cine Argentino pero ésta es hermosa.


Miguel Peirotti (Crítico. Antes en La Voz del Interior, ahora con columna propia en Con los ojos abiertos)

Una película

Paterson, de Jim Jarmusch

Una canción

“The Pure and the Damned”, de Oneohtrix Point Never ft. Iggy Pop (de la película Good Time, de Benny y Josh Safdie)

Un doble programa

A quemarropa, de John Boorman, junto a Brawl in Cell Block 99, de S. Craig Zahler.

Un descubrimiento

La actriz Hana Sugisaki en Blade of the Immortal, de Takashi Miike.

Un reencuentro

Me reencontré con The Stooges viendo Gimme Danger: The Story of the Stooges, de Jim Jarmusch

Una experiencia

Temporada de caza, de Natalia Garagiola.

Un texto

“Leer poesía traducida es como bañarse con un impermeable puesto”. Lo dice un personaje japonés al final de Paterson.

Un fotograma

La cara de la criatura Okja, en cualquier momento de la película Okja


Mariano Luque (Cineasta. Este año estrenó Otra madre)

Una película

Sieranevada, de Cristi Puiu

Una canción

“Brokendate” de Com Truise, tema de inicio de Toublanc, de Iván Fund y la secuencia de “Axolotl” de The Veils en Twin Peaks: The Return de David Lynch

Un doble programa

El corto L’amour existe (1961) de Maurice Pialat, y de nueva no tiene nada pero sí es posterior al corto del mismo director: Loulou (1980) proyectada en 35 mm en la Sala Lugones

Un descubrimiento

El corto Elephant (1989), de Alan Clarke, al que me parece que Gus Van Sant le debe todo.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Gran reencuentro con el cine de David Lynch: Twin Peaks: The Return

Una experiencia en sala de cine

Una proyección en 35 mm de Diamonds of the Night de Jan Nemec

Un texto

No tengo tanta memoria para tomar uno, pero sigo bastante los textos de Roger Koza y Nicolás Prividera.

Un fotograma

Aprovecho y mando una foto muy linda que sacó Cecilia Rotondi en una proyección de Otra madre, dirigida por mí.


Guillermo Franco (Fotógrafo, programador del Cineclub Municipal Hugo del Carril)

Una película

El otro lado de la esperanza (Aki Kaurismäki)

Una canción

El cover de “The Greatest Love of All” en Toni Erdmann (Maren Ade), o el soundtrack completo de As Mil e Uma Noites (Miguel Gomes).

Un doble programa

Cine y Fotografía: No Intenso Agora (João Moreira Salles) y la muestra Robert Frank (Os Americanos + Os libros e os filmes). Todo ello visto en el Instituto Moerira Salles de São Paulo (Brasil).

Un descubrimiento

Dawson city: Frozen time (Bill Morrison)

Un reencuentro

Para bien, el reencuentro con Terence Davies gracias a Una serena pasión.

Una experiencia en sala de cine

Entrar todos los días al Cineclub Municipal Hugo del Carril.

Un texto

“Water falls. Water falls from bright air. It falls like hair, falling across a young girl’s shoulders. Water falls making pools in the asphalt, dirty mirrors with clouds and buildings inside. It falls on the roof of my house. It falls on my mother and on my hair. Most people call it rain”. (en Paterson, Jim Jarmusch)

Un fotograma

Cualquiera de los afiches promocionales de Zama (Lucrecia Martel)


Rodrigo Moreno (Cineasta. Este año estrenó Una ciudad de provincia)

Una película

The Other Side of Hope, de Aki Kaurismäki (Finlandia, 2017)

Una canción en una película

“I’ll Be There in the Morning” de Townes Van Zandt en Arábia, de Joao Dumans y Affonso Uchoa (Brasil, 2017)

Un doble programa

Train to Busan, de Yeon Sang-Ho (Corea del Sur, 2016) / La llegada de un tren a la Ciotat, de Louis y Auguste Lumière (Francia, 1896)

Un descubrimiento

La disco resplandece, de Chema García Ibarra (España, 2016)

Un reencuentro (para bien o para mal)

Pierrot le fou, de Jean-Luc Godard (Francia, 1965). Sala Lugones. Para bien.

Una experiencia en el cine  

Mudar de vida, de Paulo Rocha (Portugal, 1966). BAFICI 2017.

Un texto

Este párrafo de David Oubiña en La enseñanza de cine, Cuadernos de Cine Documental 11, UNL, agosto 2017.

Tal vez, entonces, lo que se puede enseñar es que nunca se debe adquirir un «oficio». Ésa es una palabra terrible en el dominio del cine. Como cuando se dice que tal director «tiene mucho oficio». Esto habla de alguien que enfrenta los problemas de una película de la misma manera que los encaró en una película anterior. Tener oficio significa dar respuestas viejas a problemas que siempre son nuevos. Lo más interesante del cine es justamente tener que enfrentar, en cada film, problemas nuevos. Cocteau decía que Picasso le había enseñado que hay que correr más rápido que la belleza, para que pareciera que uno le está dando la espalda. Uno trabaja todo la vida para construir un estilo y, cuando lo logra, queda preso de ese estilo. Los grandes cineastas son aquellos que todo el tiempo le escaparon al oficio y le escaparon a acomodarse en un estilo. Lo mejor que tiene el cine es que cada nueva película circula todo el tiempo al borde del naufragio. A veces, y solo a veces, la película logra salir a flote. Pero por eso tiene sentido hacer cine.

Un fotograma

Sobéré Sessouma en Le parc, de Damien Manivel (Francia, 2016)


Carla Maglio (@novistenada en Twitter, recomendamos que la sigan)

Una película: 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017)

“Recién vi 24 Frames*. Voy caminando por Corrientes. Se me sale el corazón. Creo que la ha filmado después de morir”.

“Ayer volví a ver 24 Frames y sigo igual de sorprendida, aunque esta vez estuve más serena. Lo más deslumbrante de la película viene de que, al contrario de “La paz del cielo”**, el mundo de 24 Frames sea idéntico al nuestro, sea el nuestro. Y luego hay muchas otras cosas: que la crueldad de la vida no sea igual a la crueldad de los hombres y que, por eso, podamos reírnos si acaso con peso, nunca con culpa. Y que nos haga ver en cualquier cosa pequeñita algo más que humano, pero sólo posible porque están nuestros ojos. Y que con esas historias, tan chiquitas, tan no humanas en apariencia, nos tenga en vilo y nos emocione como si el cine fuera en serio tan grande, más grande que… -ya sabés. Y que junte al cine con toda la historia de la filosofía sin decir una sola palabra, apenas en esos cuadritos. También es emocionante tratar de pensar en cómo la ha hecho, en el tiempo que tiene que haberle dedicado… En fin, no quiero ponerme cursi, menos grandilocuente. Además, mi entusiasmo no es tan compartido”.

* 24 Frames se proyectó dos veces en Buenos Aires, en el FIDBA y éstas, más o menos, fueron mi impresiones a la salida del cine, o poco después.

**Bonus: “Cuando supo que estaba muerto”

Una canción en una película

En 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017), “Poema” (1925), de Mario Melfi y Eduardo Bianco, en versión de la orquesta de Francisco Canaro (1935), con voz de Roberto Maida. [Espero no estar pifiándole a la versión. Se agradecen correcciones.]

Un doble programa (vieja y nueva)

ORG (Fernando Birri, 1968-1979) + No Intenso Agora (João Moreira Salles, 2017)

Pese a mi elección de 24 Frames, quizá lo más justo sería decir que ORG ha sido la película del 2017 (*). Filmada en 1968, montada a lo largo de once laboriosos años y estrenada en Venecia en 1979, se vio por primera vez en Argentina en la última edición de BAFICI, en la magnífica versión restaurada por Arsenal-Berlin y exhibida antes en el Forum de la Berlinale. Hay que valorar la decisión de traerla y, al mismo tiempo, deplorar el lugar marginal al que distintas decisiones la confinaron. Pero ese es otro tema. Para Birri, ORG era un “no-film”, era más bien la posibilidad de una experiencia para “vísceras pensantes”. Había que ideologizar todo, pero también sensorializar todo porque no habría “revolución verdadera sin revolución del lenguaje”.

Casi medio siglo más tarde de que Birri acometiera esa aventura perceptiva y política monumental, João Moreira Salles nos trae su No Intenso Agora, una película construida de fragmentos de otras y montada según aquello que enlaza esos fragmentos con la memoria y con la voz, muy presente, de Moreira Salles. Se ha repetido que es una película melancólica, aun amarga, fijada en la imposibilidad de recuperar la vitalidad de la experiencia del 68 (tal vez, también la de la niñez). Yo creo que antes que eso, mejor que eso, No Intenso Agora es una crítica -claro está que ni cínica, ni renegada- del tipo de energía y de los supuestos que alimentaron las jornadas del Mayo del 68 francés (también, la oleada de revueltas alrededor del mundo, pero sobre todo, la parisina) y de la deriva subjetivista y fragmentaria que esos días, que esa experiencia, o que ese tiempo, impusieron o propagaron a la praxis política desde entonces. Los jóvenes que protagonizaron aquella rebelión decían “Queremos palabras, no acciones”. Moreira Salles reconoce la belleza de esa voluntad, pero -replica- ésa no es una consigna política. Al 68 le faltó política y en esa falta se cifra la imposibilidad de su sostenimiento.

En el arco temporal que va del 68 a nuestros días, en lo que va de ORG a No Intenso Agora, parecen  haberse acumulado causas y razones que merman nuestra confianza en el programa liberador que estuvo en el inicio. Si Birri encontraba que revolucionar el lenguaje (y está claro que llama “lenguaje” a una amplia serie de prácticas comunicativas) era condición para revolucionar toda la vida social, Moreira Salles parece más escéptico al respecto y, tal vez, echar más en falta algunas de las virtudes y las prácticas de la política (desde la polis al siglo XIX) que nuestra época se acostumbró a desdeñar, cuando no a hacerlas anatema. Es en la recuperación de esas tradiciones donde arraiga su (no sé si tan tenue) esperanza.

Quisiera agregar a este doble programa una tercera película, la otra gran película argentina del año: Cuatreros (Albertina Carri, 2016), pero me piden dos.

(*) Esto fue escrito antes de la muerte de Fernando Birri. Hoy, dan ganas de decir más, mucho más.

Un descubrimiento

Mi descubrimiento de este año fue no una película, sino una directora: la alemana Helma Sanders-Brahms (1940 – 2014). Vi tres películas de ella este año:

Heinrich (1977), sobre la vida y los escritos de Heinrich von Kleist. Con la extraordinaria Grischa Huber como Ulrike von Kleist y Heinrich Giskes dándole su voz a los textos del propio Kleist -su trabajo literario y muchas de las cartas que enviaba a su hermana, a sus amigos, o a Marie von Kleist. Lo más bello que vi en 2017.

Unter dem Pflaster ist der Strand (1975). Otra película sobre lo que dejó el 68. Pero ésta filmada en Alemania y en 1974, cuando la brevedad de los años que habían transcurrido debía de hacer más evidente lo trágico, o por lo menos lo triste, de la separación de dos épocas. De nuevo, Grischa Huber, magnífica. Grischa es Grischa, un actriz que necesita abrir su amor al mundo, hacer de él algo útil -si, útil. Pero quiere -o quiere creer que es posible- hacerlo de a dos.

Deutschland bleiche Mutter (1979) es la historia de una madre y una hija durante la Guerra. Narrada en primera persona por la propia voz de la directora, la derrota de estas dos mujeres, y del padre y marido ausente o espasmódico, se confunde con la historia misma de Alemania, con el dolor y la parálisis de una vergüenza.  ¡Oh Alemania, pálida madre! /¿Qué han hecho tus hijos de ti/ para que, entre todos los pueblos,/ provoques la risa o el espanto? BB

Un reencuentro

Este año, quizá después de ver Unter dem Pflaster ist der Strand, tuve una mirada aun más amarga de Gertrud. No de Gertrud (Carl Theodor Dreyer, 1964), la película, sino de nuestra Gertrud Kanning.

¿Qué hay que creer de sus reclamos de amor? Gertrud le ha exigido a Gustav, su marido, un amor absoluto y ha probado que él es incapaz de dárselo. Ahora se está sentando, o se ha sentado ya, en el rígido sillón del escritorio y tiene algo de triunfo, de satisfacción agria en el rostro. Esta la clave de esa sonrisa indecisa o burlona: Gertrud cree haber demostrado la imposibilidad del amor. Es curioso, porque no se puede detener del todo esa expresión en ninguna captura que se haga. Sólo se la ve en la imagen en movimiento, mientras ella se desliza hacia atrás para sentarse.  La exclusividad que Gertrud le pide al amor, la prescindencia o la renuncia del mundo es su coartada perfecta. Para Gertrud, el mundo debe desaparecer de la escena porque ella es ya todo el mundo: “la nube”, “el rocío”, “la luna”, “el cielo”, la “boca que busca a otra boca”: todo es ella. Y es al mismo tiempo un sueño o una cadena de sueños, la vida.

Una experiencia en sala de cine

Las últimas sesiones del año de Filmoteca en Vivo en ENERC, con el gran Fernando Martín Peña acompañado por la sala desbordada de público y de alumnos de la escuela, para darle el agradecimiento que merece y mostrar el amor por el ciclo, después del anuncio del INCAA de su cancelación en 2018. Filmoteca No Se Va.

Un texto

Dos:

Pablo García Canga, de color i de perfums

Fernando Martín Peña, “Así se trata a los grandes y no cómo se lo ha hecho…”

Un fotograma: 24 Frames (Abbas Kiarostami, 2017)


John Campos Gómez (Director y programador de Transcinema)

Una película (más otra)

La película más inteligente y lúcida del año me parece No Intenso Agora, de João Moreira Salles (Brasil, 2017), pero mi preferida -también de montaje y de memoria histórica, aunque más lúdica y tierna- es Every Wall is a Door, de Elitza Gueorguieva (Francia-Bulgaria, 2017).

Una canción

“Las películas tristes me hacen llorar”, por Gloria Benavides en Fuera de campo, de Marcelo Guzmán y Mauricio Durán (Bolivia, 2017)

Un doble programa (vieja y nueva)

Autobombo. La sección Herencias presentada en Transcinema 2017:

Jóvenes infelices o El hombre que grita no es un oso que baila, de Thiago Mendonça / 2016 / Brasil / 125’ + Blábláblá, de Andrea Tonacci / 1968 / Brasil / 28’ + Jardim Das Espumas, de Luiz Rozemberg Filho / 1970 / Brasil / 116’ + Bang Bang, de Andrea Tonacci / 1971 / Brasil / 93’

Un descubrimiento

Como programador estoy constantemente a la búsqueda, así que no tengo descubrimientos sino encuentros. Y este año tuve la suerte de encontrarme con la hasta recientemente inédita El hombres que siempre hizo su parte (Ecuador, 2017), de la cubana Orisel Castro y el alemán York Neudel, sobre un personaje fascinante y misterioso como el Dr. Carlos Rota, quien falleció cuando aún se estaba rodando la película. Tener el honor de “estrenar mundialmente” esta sentida película le da un poco más de razón a mi oficio.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Buena pregunta. No tuve grandes reencuentros porque me veo con la misma gente (cineastas, productores, críticos, programadores y cinéfilos) siempre en las mismas fechas y en los mismos lugares. Algo debe cambiar aquí. O ya, ok, sería reencontrarse en la sala nueve años después con una película de Lucrecia Martel.

Una experiencia en el cine

Soportar la insufrible, maniquea, explotadora y culebresca (o culebrítica) Custody, de Xavier Legrand (Francia, 2017). Inolvidable.

Un texto

Este año leí poco comentario cinematográfico. Será por ello que no encontré ningún texto memorable por los buenos motivos.

No obstante, elevaré a las bajuras este ridículo texto donde se mira por encima del hombro los distintos perfiles de cinéfilos que ejercen la crítica en el Perú: http://blog.desistfilm.com/2017/08/28/bitacora-de-tragedias-vol-3-el-estado-de-la-critica-de-cine-en-el-peru/ La mejor calificación del absurdómetro.

Un fotograma

El viejo hijo de puta de Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú, ratificando su infame decisión de indultar al genocida Alberto Fujimori, solo, escondido y asustado.


Ezequiel Salinas (Crítico. Queremos que en el 2018 escriba mucho en La vida útil)

Una película

Farpões, Baldios de Marta Mateus

Una canción en una película

“La Folie”, The Stranglers en el final de Caniba

Un doble programa

La fábrica de nada de Pedro Pinho y Un chambre en ville de Jacques Demy

The Sound of the Fury de Cy Endfield y War of the Planet of the Apes de Matt Reeves

Dimanche de Edmond Bernhard y White Epilepsy de Philippe Grandrieux

Un descubrimiento

Les Eternels de Pierre Yves-Vandeweerd

Un reencuentro (para bien o para mal)

Standard de Jorge Acha

Una experiencia en sala de cine

Caniba de Verena Paravel y Lucien Castaign Taylor

Un texto

“7 veces Zama” de Ramiro Sonzini en Ojos Abiertos

Un fotograma

Alemania en otoño de VV.AA


Tatiana Mazú (Cineasta. Sensible y militante)

Una película

En vez de una, cuatro películas hermosas sobre las que me gustaría escribir si tuviera tiempo: A fábrica de nada de Pedro Pinho; Baronesa, de Juliana Antunes; Paris est une fête – un film en 18 vagues de Sylvain George; El otro lado de la esperanza, de Aki Kaurismaki. Y quiero nombrar tres cortos de esos que me hacen sentir que a veces filmar puede ser parecido a respirar: Eliminar videos, de Manuel Embalse; ¿Dónde estás en el futuro? de Julieta Seco, Où êtes-vous, Joao Pedro Rodrigues?, de Joao Pedro Rodrigues.

Una canción en una película

“Soy lo prohibido” en Casa Roshell de Camila José Donoso: siempre quiero que haya boleros en mi respuesta para esta categoría porque tengo un fetiche con las relecturas de lo melodramático. Esta vez lo logré. Igual no quiero dejar de mencionar los libres desvíos musicales de A fábrica de nada de Pedro Pinho y las ya típicas escenas con banda en El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismaki.

Un doble programa

Este año vi sin querer Raídos de Diego Marcone y Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril.

Un descubrimiento. No mío, si no en tanto obra póstuma y para seguir con las relecturas del melodrama, La telenovela errante de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento. Y bueno, tengo que admitirlo, venía negándome a ver películas de Hong Sang-Soo y animarme a ver On the Beach at Night Alone fue una de las mejores decisiones que tomé al sacar una entrada este año. Gracias, Hong, por tanto amor a la palabra y tanta sinceridad cinematográfica. –

Un reencuentro

A 100 años de la Revolución Rusa, volví a ver El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein. No cambió mi valoración -me gustaba y me sigue gustando- pero no la veía desde que empecé a estudiar cine hace diez años.

Un experiencia en sala de cine

La primera Asamblea de la Comunidad Audiovisual, en la Sala 1 del Cine Gaumont, antes del derrotismo. Todas las intervenciones por la aparición con vida de Santiago Maldonado antes de una proyección de las que me tocó participar, como realizadora o espectadora.

Un texto

Por hermosos y porque estando hace rato en mi biblioteca aún no los había leído, “Filmar la lluvia” en “120 historias del cine” de Alexander Kluge y “Ningún lugar a donde ir”, el diario de exilio de Jonas Mekas.

Un fotograma 

Volviendo a El acorazado Potemkin, mi relación con esa película empezó cuando a los ocho o nueve años mi papá me la hizo ver en VHS. Lo único que recordaba de ella al crecer era esto:


Maximiliano Schonfeld (Cineasta. Integra la ala crespense del cine argentino. Este año estrenó la maravillosa La siesta del tigre.)

Una película

Sieranevada

Un doble programa

Martín Solá en la Lugones

Un reencuentro

Con Claire Denis el día que encontraron el cuerpo de Maldonado. Fue un desencuentro

Un descubrimiento

El corto María, de Manuela Gamboa

Una experiencia

Coscoínos en estado de euforia por ver Otra madre de Mariano Luque

Un texto

Francisco Márquez en Radar, acerca de Agnès Varda

Un fotograma

Toublanc


Nicolás Abello (Cineasta. Filmó La mirada escrita, sensación cordobesa del año)

Una película

Hell or High Water (David Mackenzie, 2016). Film tremendamente popular, que muy poca gente ha visto.

Una canción

“Nowhere Fast” / “Tonight Is What It Means to Be Young”

Poco tiempo después de terminar el corte final de La mirada escrita, Emanuel Díaz (montajista del film) me hizo notar varios paralelismos entre la primer secuencia de nuestra película y la primer secuencia de Streets of Fire (Walter Hill, 1984). Después de ver el video que comparto más arriba, quise ver la película completa y me encontré con una rareza del cine hollywoodense de los 80. Últimamente los ochenta parecieran estar de moda: he visto varios revivals/reboots/remakes que intentan representar de una forma u otra esa década. Para mí Streets of Fire condensa todo lo bueno (y parte de lo malo) que conozco de aquellos años. Tengo entendido que el film fue un fracaso tanto en la crítica como en la taquilla. Puedo entender los motivos de ambos resultados y sin embargo a mí la película me gusta bastante. Creo que el montaje es súper atendible (ese inicio con “Nowhere Fast”, y el final con “Tonight Is What It Means to Be Young” son grandes ejemplos) así como sus hermosos criterios de color y de sonido. Puede ser que sólo tenga “un rasgo redimible” o puede ser que sea algo más que eso. Mientras tanto ya la vi varias veces…

Un doble programa

Pickpocket (Robert Bresson, 1959) / Good Time (Hermanos Safdie, 2017)

Un descubrimiento

Unknown Chaplin (1983): Es una serie documental de tres partes sobre Chaplin, con material inédito que revela mucho de su forma de trabajar. Quizás es conocida, yo llegue a ella por un tweet perdido en el cosmos cibernauta. Creo que es obligatorio verlo si se tienen ganas de hacer cine, o quizás después de verlo se tengan ganas de hacer cine.

Un reencuentro (para mal)

Esperaba ver lo nuevo de Edgar Wright con muchísimas expectativas. Baby Driver me dejó gusto a poco. Todas sus previas genialidades me sonaron repetidas hasta el hartazgo en este film, y admito que me cansó un poco su montaje rítmico. Hay escenas que me encantaron (la de la lavandería es una) y creo que Lily James es un gran descubrimiento; pero Wright da para mucho más.

Una experiencia en sala de cine

Mi experiencia en sala de cine fue la sala de cine en sí misma. Este 2017 fui muchas veces al cine, pero casi la totalidad de las películas que vi fueron en el marco de festivales, o en cineclubes amigos.

La sorpresa me la depararon las pocas funciones a las que asistí en salas comerciales. A comienzos del año fui a ver La La Land al Cine Hoyts, y la experiencia fue olvidable. El aire acondicionado a mi izquierda se encendía y se apagaba con una regularidad desquiciante, el sonido desde afuera de la sala se confundía con la entonación de Emma Stone y la pantalla estaba ligeramente desenfocada. A esto se suma, por supuesto, el constante crunch-crunch de los nachos vecinos. Convencido de que esa experiencia había sido lo suficientemente tortuosa (y tras escuchar comentarios de vivencias similares de otros amigos) decidí no volver nunca más al Hoyts del Olmos.

Hace dos semanas volví al cine comercial, casi un año después de ver La La Land. Fui al cine donde crecí viendo películas, el Showcase Cinema del Shopping de Villa Cabrera; y de nuevo salí espantado, aunque por distintos motivos. Evidentemente estuve en una sala acondicionada bajo condiciones casi óptimas de visualización, pero no pude pasar por encima tres factores que me hicieron olvidar por un rato largo de los jedi. Primero, la cantidad de publicidades previas al film. Obviamente los festivales y los cineclubes me malacostumbraron a sobrellevar sólo un máximo de tres avisos comerciales previos a la función (nunca por una duración mayor a los 5 minutos) mientras que en una sala tipo Showcase debí asistir al menos a 20 minutos de publicidad previas a la función (habiéndome sentado al horario indicado por el ticket). Es una duración que genera gracia por lo inconcebible. Es el precio oculto de la entrada de 130 pesos. Aparte de pagar cuatro veces lo que se paga en otro espacio, estoy obligado a ver en pantalla gigante mil y un anuncios televisivos de los cuales ni me enteraría si descargase la película online.

Pero eso no es lo peor.

Durante estos eternos 20 minutos (para mí fueron más) los espectadores sobrevivimos auditivamente a tres nuevos trailer-tanks Hollywoodenses. Pude discernir de ellos dos cosas: 1) Que los trailers en la actualidad son los cortometrajes más caros de la historia del cine: la revelación me llegó tras comprender que poseen una construcción narrativa clásica propia, intuyo idéntica a la del film final y 2) Existe una enorme expectativa de los espectadores por consumir estos pedazos de video. Detrás de mí, un joven rogaba antes del final de cada uno los elegidos por Mr. Showcase la llegada del tráiler de Infinity War. En otras palabras: ¡estos momentos iniciales (1/6 de la función total) son realmente anhelados por parte del público!

Una vez comenzada la película, por supuesto, tuve que reinsertarme en el territorio cinematográfico intentando dejar fuera de campo el comportamiento (increíble) de un público que no tiene ningún respeto por la sala de cine.

En resumen, ese último viaje a una sala comercial me ha dejado un gusto amargo que me hace replantear algunas cosas referidas al circuito de exhibición de las películas. Evidentemente la sensación es que la única sala de cine en Córdoba que pareciera hacer honor a las condiciones en las cuales una película debe ser proyectada se ha convertido en exclusiva para un público que maltrata a las películas. El precio de la entrada, la venta (y valor) de comida para la función, la cantidad de publicidad proyectada… Las películas de esa cartelera parecieran hechas para sobrevivir a las condiciones de proyección. ¿Y qué queda para nuestro cine?

En agosto de 2017, durante los Premios Cóndor, Lita Stantic habló de la falta de público en gran cantidad de películas de autor independientes, y responsabilizó a las pésimas condiciones de exhibición por ese mal desempeño*. Yo estoy de acuerdo y quiero profundizar el concepto. Lentamente el cine nos está alejando de su matriz, por el manejo de los empresarios menos relevantes de la industria. Vivimos la época del cine on demand, donde las películas pueden ser consumidas con la misma facilidad con la que se piden empanadas por delivery. Yo mismo (que debería colaborar con nuestra industria) veo los grandes estrenos anuales en mi casa, ligeramente traumado por las condiciones mencionadas arriba. Hay gente que no ve películas que no estén en Netflix. Críticos cinematográficos han elegido como la película del año a la serie de Lynch, que no se estrenó en salas. Es virtualmente imposible que nuestras películas independientes puedan competir con esa industria, pero al mismo tiempo la entrada de cine es nuestro único ingreso como realizadores. Asumamos una realidad: cuando la película llegue a la web, muy poca gente pagará para verla.

Creo que debemos abordar esta problemática con seriedad, y es nuestra obligación lograr que las condiciones de proyección sean las mejores posibles para los espectadores. Probablemente con salas como el Showcase no podamos hacer nada, y quizás esté bien que eso sea así; pero al menos abordemos las condiciones de proyección en circuitos alternativos. Las películas deben proyectarse en la mejor de las condiciones así sea para un solo espectador, que eligió no ver la película en la verdadera comodidad de su casa.

Debajo comparto un breve resumen de la experiencia cinematográfica vivida:

Los tres trailers que proyectaron antes de El último Jedi. Sugiero al lector una experiencia cinematográfica propia: Siéntense con auriculares bien fuertes (PERO BIEN FUERTES) y escuche (sin ver) uno detrás del otro.

*Desde el minuto 28:51 al 31:00 las palabras de Lita Stantic.

Un texto

El cine según Hitchcock de Truffaut me acompaño a lo largo de todo este año en cada una de las proyecciones de La mirada escrita. Le debo una última mención, hasta la próxima película al menos. Dejo un link al extracto que hice de lo que para mí son algunas de las reglas del suspenso establecidas en el libro: https://www.vientosurcine.com/single-post/2017/06/16/Notas-sobre-el-cine-seg%C3%BAn-Hitchcock

Le sumo parte de mi nueva bibliografía: Empirismo eretico de Pier Paolo Pasolini y Ensayos sobre cine y cultura de masas de Siegfried Kracauer.

Un fotograma

Algún rostro escondido dentro de los 533 rollos de las 372 películas mudas que aparecen en el film de Bill Morrison Dawson City: Frozen Time. Dejo éste como referencia…


Matías Piñeiro (Cineasta. Este año estrenó Hermia & Helena y esperamos que pronto llegue una nueva)

Una película

The Day After (Hong Sang Soo)

Una canción en una película

“Extraños Juegos” del grupo Zombies en Aliens (Luis López Carrasco)

Un doble programa (vieja y nueva)

Il monte delle formiche (Riccardo Palladino) + The Whip and the Body (Mario Bava)

Un descubrimiento

i hate myself 🙂  (Joanna Arnow)

Un reencuentro (para bien)

Ecoute voir (Hugo Santiago)

Una experiencia en el cine

Emperor Tomato Ketchup (Shūji Terayama – 1971)

Un texto

Idols: Jessie Maple” de Ted Fendt

Un fotograma


Pierre Léon (Cineasta. No sabemos por qué no le dan la ciudadanía marplatense. Cat people.)

Una Pelicula

Tesnota, Kantemir Balagov

Una canción

Adieu es el único film del poeta Grigori Pojenian, filmado en 1966. Pojenian escribió el guion, puntuado con canciones-melodías, música escrita por Mikhaïl Tariverdiev. Sus pequeños monólogos son cantados-hablados en off por Tariverdiev, como digresiones brechtianas. Salvo ésta, “Sicambroise”, coplas entonadas por los jóvenes marinos. Una canción absurda donde hay un tal Sicambriose (no me pregunten quién es, lo desconozco, como también lo ignora su autor) quien, un día, trajo a bordo una pequeña canción que habla de un país llamado Tra-la-la-la. Un país muy extraño, donde podés atrapar el pescado ya seco y la cerveza para acompañarlo, donde las chicas son bonitas y donde nada está prohibido.

Un doble programa

L’avenir de Mia Hansen-Löve / Madame Hyde, de Serge Bozon

Un descubrimiento

Moscou, de Eduardo Coutinho, 2009 (gracias a Francis Vogner dos Reis)

Un reencuentro

L’enfance nue, Maurice Pialat, 1968

Una experiencia en el cine

Ninguna, ni buena ni mala.

Un texto

L’Image et l’Occident, Jean Louis Schefer, P.O.L, 2017. Por sus últimas palabras: «…nosotros somos la mitad de la imagen».

Un fotograma

Vivere, Judith Abitbol


Manuel Pose (Proyectorista y cinéfilo. No existe rollo de fílmico que se le resista)

Una película

Twin Peaks: The Return

Debo admitir que iba a elegir El otro hermano de Adrián Caetano pero debido a mi admiración por el cine de David Lynch terminé eligiendo Twin Peaks: The Return. El propio Lynch la definió como una película en dieciocho partes y, exactamente, esa fue mi experiencia con ella: dieciocho horas de placer audiovisual que me llevó a transitar por todos los estados de ánimos posibles. En mi opinión, un hito en la historia del cine.

Una canción

Nine Inch Nails “She’s Gone Away” en Twin Peaks: The Return

Curiosamente, presentados en el Roadhouse como “The” Nine Inch Nails. Maravillosa performance que a su vez tiene un valor narrativo y que sirve de preludio para presentar el origen del mal.

Un doble programa  

Una cita con el diablo (Night of the Demon) de Jacques Tourneur – Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell) de Sam Raimi

En mayo tuve la oportunidad de programar un ciclo sobre H. P. Lovecraft en MALBA Cine. Una de las principales razones del ciclo fue la posibilidad de proyectar estas dos genialidades juntas, que van de la mano y a su vez se complementan. El resultado fue fantástico.

Un descubrimiento

Como fanático del terror que soy, trato de investigar e indagar sobre películas del género de difícil acceso. Este año, disfruté de ver y conocer films de terror de dos países que ya no existen. En primer lugar, terror checoslovaco, principalmente el cine de Juraj Herz, con películas emblemáticas como El incinerador de cadáveres (Spalovac mrtvol, 1969), Morgiana (1972) y La bella y la bestia (Panna a netvor, 1978). En segundo lugar, terror yugoslavo, destacando los films de Goran Markovic y Djordje Kadijevic, especialmente Variola vera (1982) de Markovic.

Un reencuentro (para bien o para mal)   

Volví a revisar la filmografía de Quentin Tarantino y sigo pensando que sus mejores películas son las tres primeras. Hacía tiempo que no volvía a ver Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) y Jackie Brown (1997), Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992) la conozco de memoria ya que usualmente suelo proyectarla en el Malba. El resultado de volver a ver Tiempos violentos y Jackie Brown no podría haber sido más satisfactorio. Son dos películas que no han envejecido absolutamente nada, de hecho, todo lo contrario, parecen haber sido filmadas hoy día e incluso en el futuro. Dos obras maestras inagotables e inigualables.

Una experiencia

Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell) de Sam Raimi

Amo el cine de Sam Raimi y agradezco el poder proyectar sus películas en fílmico, como es el caso de Noche alucinante (Evil Dead II, 1987) y El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1992). En esta ocasión, pude proyectar una de mis favoritas de terror contemporáneo: Arrástrame al infierno. Proyectada en 35 mm, en Scope y con sonido Dolby Digital. Una verdadera fiesta, que, además, contó con la presencia de ciertos espectadores a los cuales aprecio mucho.

Un texto

“Comienzo en las cavernas” por Lucas Granero

Poco para decir, las palabras de Lucas Granero hablan por sí solas. El párrafo final del texto todavía resuena en mi cabeza y está más vigente que nunca.

BAFICI 2017 (01) – Comienzo en las cavernas

Un fotograma

El otro hermano de Adrián Caetano

Un plano que narrativamente lo dice todo, hasta funciona como una simetría de la vida.

Twin Peaks: The Return

Plano que sintetiza mi estado mental hacia el descenso o la introducción de los universos lyncheanos.

 


Maui Alena (Programador de la sala de cine del Centro Cultural Recoleta durante todo el año. En noviembre presenta películas en Mar del Plata)

Una película

Did You Wonder Who Fired the Gun? de Travis Wilkerson

No sé si fue lo mejor del año (hay muchas películas que están en las listas de las top que no vi) pero sí me parece que fue la que más me llamó la atención. Casi siempre los ensayos son interesantes pero poco movilizadores. Este no es el caso, en Did You Wonder Who Fired the Gun? Travis Wilkerson hace todo: entretiene, toca un tema personal y nada menor para la actualidad, filma, usa material de archivo y juega con formatos y formas hasta que uno deja de pensar la película para poder sentirla. A veces cae en comparaciones un poco efectistas, pero nunca deja de ser una película que toma riesgos y muy trabajada.

Una canción

Los “Say his name!” en Did You Wonder Who Fired the Gun?

Si Did You Wonder… se termina convirtiendo en una película por momentos sensorial es en gran parte porque uno se va del cine casi gritando los “Say my name” de las víctimas del racismo. No es algo menor ni casual la frecuencia con las que estas canciones aparecen, ni los momentos en los que lo hace y mucho menos la longitud de esos momentos. Uno arranca medio mirando y escuchando la canción con desconfianza y termina cantando con orgullo; ahí es donde muchas veces está el poder y la gracia del cine, en transportarte a lugares y hacerte sentir cosas. Para no ser menos, la película cierra con una versión impresionante de “None of Us Are Free” interpretada por Salomon Burke.

Un doble programa

The Rise and Fall of a Small Film Company (1986 – Jean-Luc Gordard) y The Meyerowitz Stories (2017 – Noah Baumbach)

En este caso sería una vieja/nueva y una nueva. La película de Godard es un homenaje triste, hermoso, reflexivo y divertido. En los 80, cuando estaban cerrando las compañías de cine que producían a la Nouvelle Vague, había muerto Truffaut y los directores tenían que ir a la TV para trabajar, llaman a Gordard de la tele para hacer un thriller que vaya el domingo a la noche en primetime. Él acepta la propuesta para ponerle una bomba a la TV desde el interior de la TV y decide llamar a Jean-Pierre Léaud y Jean-Pierre Mocky para protagonizar la historia de un productor y director de cine tratando de producir un film para la tele. Estos personajes serán llamados Bazin y Jean Almereyda (en un doble homenaje a la Nouvelle Vague). La película funciona como un muestreo del estado actual de entonces de la producción cinematográfica, como una declaración de principios frente a lo que estaba sucediendo y como una alarma frente el avance de la TV sobre la producción de cine. Hay música de Dylan y un cameo increíble de Godard haciendo de él mismo.

​En el mismo año en que esta película se re descubre y estrena, Netflix (un concepto imposible de soñar cuando Godard filmaba The Rise…) produce y estrena dos películas en Cannes, Okja (de la que ya hablaremos en otro punto) y la increíble The Meyerowitz Stories de Noah Baumbach, una película “comercialmente riesgosa” de producir por la cantidad de estrellas con las que cuenta (Dustin Hoffman, Adam Driver, Adam Sandler, Ben Stiller, Sigourney Weaver, Emma Thompson…) y lo “indie” en su forma que resulta para el mercado americano. No sé si Netflix es “la tele”, pero ver las dos películas el mismo año me hizo pensar un poco en cómo cambian las cosas.

Paradójicamente creo hubiese sido muy difícil que Baumbach filme su película con tantas libertades y comodidades en otro contexto que no sea el de Netflix. Quizá estas nuevas plataformas sean los nuevos Les Films du Carrosse o Films de la Pleiade, quizá no, por ahí son todo lo contrario y resulte la agudización de lo que Godard advertía en The Rise…

Un descubrimiento

Como ya dije otros años, no creo que yo, o algún festival o programador descubra a nada ni a nadie. Lo que sí, me gustaría invitar a muchos prejuiciosos con las películas animadas “para niños” y con los superhéroes a que descubran The Lego Batman Movie de Chris Mckay, que es para mí la película de superhéroes del año (creo que vi todas las que se estrenaron) y entra por lo menos en mi top 3 personal de películas de Batman. De hecho, no entiendo como no llaman a sus guionistas para hacer las próximas Batman.

Un reencuentro

Gummo de Harmony Korine

Este año tuve la oportunidad de ver Gummo en un cine y proyectada en 35mm (se programó en el marco del 20° aniversario de su estreno). No me entra en la cabeza cómo alguien a los 24 años puede hacer una película así. No sólo no le pasó el tiempo, sino que mirándola retrospectivamente toma más valor aún. Si uno se pregunta cómo Trump puede ser el presidente de Estados Unidos, encontramos la respuesta al ver cómo crecieron Salomon, Tummler y sus amigos en los 90.

Una experiencia en el cine

RoboCop de Paul Verhoeven en el Festival de Mar del Plata

Este año el festival de Mar del Plata fue difícil. Muchas cosas no estaban saliendo bien y, como siempre, la programación termina perjudicada por cuestiones del festival que no tienen nada que ver con ir al cine y mucho menos con las mismas películas. Realmente se generó un clima feo, donde uno se enteraba por todo el mundo de cosas que salían mal: que retrasan proyecciones por problemas de subtítulos, que a uno tardaron mucho en buscarlo en Ezeiza, que no está la acreditación del otro, que no hay fiestas, que cómo van a hacer fiestas con lo del submarino, que como quieren cortar presupuesto lo del submarino vino a pelo para suspender las fiestas y ahorrar plata, que en la gala estaba cualquier famoso de la tele, que el lobo marino tiene un pato triste, que el meeting point queda lejos y cierra temprano o que los vouchers de comida son para lugares más feos que años anteriores. Obviamente a los tres días del festival yo ya estaba repitiendo la mitad de estas cosas y, para colmo, llovió e hizo frío como nunca. El ambiente fue tan feo que por primera vez en diez años intenté volverme antes a Buenos Aires.

En el medio de este mar de quejas, me metí a ver la copia restaurada en 4K de RoboCop. Durante la función se escuchaba en unos asientos atrás mío dos personas que no paraban de hablar. Generalmente no soy de callar a la gente en el cine, pero estas personas hablaban mucho y mi humor por el estado del festival me incentivó a hacerlo. Cuando me di vuelta para pedir silencio, vi que los que hablaban eran un nene de unos ocho años con su padre y que no estaban charlando, sino que el padre le estaba leyendo los subtítulos a su hijo que no llegaba a leer. No sólo me emocionó pensando en mi papá cuando me llevaba al cine a esa edad o me leía subtítulos, sino que también, en el medio de un mar de quejas que no tienen nada que ver con el cine, me conectó de nuevo con eso por lo que alguna vez me metí a laburar en festivales, que es algo tan simple y lindo como ver películas en una sala. Un padre llevando a su hijo a ver al cine RoboCop tiene mucho más que ver con un festival de cine que los vouchers, las fiestas, las acreditaciones, los jurados o los traslados (que obviamente también son parte del festival). Esa experiencia en sala me hizo pensar en que no sé cómo me volví un pelotudo que con el tiempo terminó más cerca de todas las cosas accesorias de un festival que del cine.

Un texto

“Vida en Cannes: Parte 3” de Marcelo Alderete

Una de las razones por las que casi no leo crítica es porque muchas veces los críticos escriben de lo que quieren (están en su derecho) y evitan hacer una crítica no favorable de directores que admiran o que conocen y tienen un aprecio personal. Así es que a veces encontramos coberturas de festivales donde quien escribe selecciona sólo las películas que le gustaron para reseñar, manejándose en un terreno cómodo. No creo en la crítica mala, canchera y dañina, sino en la crítica no favorable pero cariñosa y constructiva.

Así es que Marcelo, sin tener la obligación laboral (pero aparentemente sí moral), elige escribir sobre Okja, la nueva película de Bong Joon-ho, director que admira y por quien tiene un cariño personal (fui testigo de este cariño mutuo). El texto es preciso, personal y dulce; explica todo lo importante que es Bong en la cinefilia de Marcelo y a su vez por qué la película no es buena. Probablemente Bong nunca lea el texto, pero siento que si alguna vez lo hace sentiría la crítica cariñosa.

Un fotograma

Queridos muertos x maui alena

Para este año elegí hacer un cruce entre las dos grandes películas que hablan sobre la muerte en 2017 y dos de sus personajes: Frida (Laia Artigas, la actriz del año) de Estiú 1993 de Carla Simón y el Fantasma (¿Casey Affleck?) de A Ghost Story de David Lowery. Fueron dos gratas y grandes sorpresas en el año, que tratan el tema de la muerte desde un perfil interesante, sensible y entretenido, de manera delicada sin ser pretenciosas o tener golpes bajos.


Alejandro Small (Perú. Cineasta. Director de Microbús)

Una película

No habiendo podido ver tantas películas como otros años: Western, de Valeska Grisebach

Una canción

“Soy lo prohibido”. Casa Roshell (Camila Donoso).

Un doble programa

Editando un corto de samuráis que verá la luz el 2018, me tope con Zatoichi. Duelo a muerte: Escena Samurai (2018) Jorge Ossio Seminario / The Tale of Zatoichi (1962) Kenji Misumi.

Y luego ir a marchar contra el indulto a un dictador japonés que nos gobernó.

Un descubrimiento

La retrospectiva a Zelimir Zilnik en Mar del Plata y pensar en todos esos cineastas y películas que la casualidad hará que me tope con ellos, nada más que la casualidad.

Un reencuentro

Marcel Carné y el realismo poético francés.

Una experiencia en el cine

Terminator 2 (en 3D) y Brawl in Cell Block 99. Gritos en la sala de cine.

Un texto

Uno antiguo. Teoría del montaje a distancia: Artavazd Peleshyan.

Un fotograma

Los fotogramas que definían el camino de las películas que edité este año. Dejo sólo una. Connatural de Javier Bellido.

Una conclusión

Quiero que se hagan / ver / hacer más películas “felices” como A Day in the Country de Jean Renoir.


Cristián Ulloa (Guionista. Conoce el mejor camino para llegar de Pilar a la ENERC)

Una película

El otro lado de la esperanza – Aki Kaurismäki

No sé si somos del todo conscientes de la suerte que implica ser contemporáneos de películas como ésta. Realmente no quedan muchos directores como Aki. En sus planos resuenan los ecos de nombres como Melville y Ozu, pero en vez de entregarse a la reproducción onanista de lo que aquellos hicieron en su momento, Kaurismäki toma la posta para acercarse a los conflictos sociales que más hondo golpean la tierra donde vive. Tan sencillo (y complejo) como suena. Un capo total.

Una canción

Concierto de piano de Carolyn Enger en Ex Libris – Wiseman

Pensar en una biblioteca como un lugar que se limita a guardar libros es una simplificación y una concepción ya obsoleta de lo que estas instituciones pueden y deben ser. La última película de Wiseman da pruebas de la función central que tienen las bibliotecas como centro de difusión de la cultura, el saber y el arte. La New York Public Library sirve de excusa para pensar en estas instituciones como lo que realmente son: Verdaderos templos de conocimiento y aprendizaje. Es imposible ver Ex Libris sin pensar en instituciones como el Centro Cultural Kirchner, o la misma Biblioteca Nacional, sólo dos de las numerosas instituciones públicas (y privadas) en las que es posible descubrir o asistir semanalmente a conciertos, charlas, exposiciones o cursos en Buenos Aires.

La pieza que Carolyn Enger interpreta en el Bruno Walter Auditorium produce en el espectador una certeza que es conocida por todos los que frecuentan este tipo de lugares. Uno sale de esas salas con la seguridad de haber expandido un poco más los límites de su saber. Wiseman captura algo tan noble y abstracto como es el disfrute de descubrir algo valioso que se ignoraba.

Una sociedad con una vida cultural plena es una sociedad que crece con dignidad y es capaz de elaborar herramientas para interrogarse, cuestionarse y conocerse a sí misma. Enriquecer ese bagaje cultural es una misión permanente que los privados nunca deberían olvidar, y que el Estado tiene la obligación de honrar. En cierta forma, todo esto está, sin ser dicho, en este documental y en esta escena.

Un doble programa

Solado – Manuel Abramovich y Missile – Frederick Wiseman

Dos documentales observacionales centrados en la instrucción militar. A contramano de lo que se suele ver sobre estos universos, las dos películas nos recuerdan que tan importante (o incluso más) que el entrenamiento físico, es la formación ideológica que reciben los nuevos reclutas. La escala de valores y la lógica son moldeadas por prácticamente todos los instructores, y tanto Abramovich como Wiseman ponen su atención ahí, en la formación de la mente militar.

Un descubrimiento

Zelimir Zilnik

Estos encuentros inesperados son los que hacen obligatorio peregrinar todos los años a Mar del Plata. Se podría decir mucho sobre Zilnik. Una de las cosas más notables de su obra es que, a diferencia de otros rupturistas que dieron sus primeros pasos en los 60, su filmografía es prueba de que jamás abandonó ese espíritu rebelde y marginal. Desde sus primeros trabajos en Yugoslavia, pasando por los proyectos para televisión en el exilio, o las películas hechas en video, en todo Zilnik hay una coherencia política y estética notable.
Por suerte su nombre dejó de ser un secreto para los cinéfilos de estas tierras.

Una experiencia en sala de cine

La última función de Filmoteca en Vivo

Una decisión tan necia como inexplicable del INCAA determinó que la función del 17 de diciembre fuera -por ahora- la última de Filmoteca en Vivo.

Tuve la suerte y el privilegio de ser estudiante de la ENERC durante cuatro de los cinco años que duró el ciclo allí, y sin lugar a dudas mi formación sería otra (muchísimo más incompleta y triste) sin este ciclo. Sentarse en esas butacas era asistir a una de las mejores clases de Cine que se puedan imaginar. Todos los espectadores que semana tras semana nos reencontrábamos en Filmoteca veíamos la Historia de las películas pasar, literalmente, frente nuestros ojos, sin discriminar entre grandes autores o ignotos olvidados, porque si algo enseña revisar la historia a contrapelo es que joyas hay en todos lados. Negarle a los estudiantes de la carrera y al público general el acceso a un ciclo con estas características (único a nivel nacional, y con poquísimos pares a nivel internacional) es un disparate absoluto.

La última función fue una de las experiencias en sala más movilizantes y emotivas que me haya tocado vivir. La sala llenísima aplaudió y rio con el programa que incluía a Laurel y Hardy, los Tres Chiflados, los hermanos Marx y Harold Lloyd. Fernando Martín Peña presentó las películas como todas las noches, y agradeció al público. Incluso pudimos darnos el lujo de ver en vivo a la dupla cinéfila por excelencia Peña/Koza presentar Safety Last! (1923). Si supieran dónde están parados, los festivales de todas partes se deberían pelear entre ellos por repetir algo así en sus programaciones. En resumen, a pesar de la noticia, fue una noche de verdadera alegría sin fin.

Las muestras de apoyo al ciclo y a Fernando no dejaron de sumarse desde ese día, y son un botón de muestra de lo importante que Filmoteca llegó a ser para todos los cinéfilos en estos años. Confiamos en que la decisión del Instituto se revea, mientras tanto, acá se siguen juntando firmas para pedir por la continuidad del ciclo. Casi 15.000 personas ya se sumaron.

Un texto

Palacios plebeyos – Edgardo Cozarinsky

Profundamente amable y cinéfilo. Es casi como ver una película del Hollywood clásico. Por unas horas viajamos a esos lugares fabulosos que ya no existen y en los que siempre quisimos estar. Se consigue en mesas de saldos.

Un fotograma

The Shape of Water – Guillermo del Toro


Enrique Méndez Valverde (Perú. Cineasta. Algo se debe romper)

Una película

A Fábrica de Nada – Pedro Pinho. Una de este año.

Una canción

“Neat Neat Neat” de The Damned en Baby Driver – Edgar Wright – 2017.

Definitivamente viene con la escena de persecución más divertida en el año: Máscaras de Austin Powers sobre unos ladrones al fracaso + Punk a todo volumen en el volante.


Un doble programa

Jal aljido mothamyeonseo (Like You Know It All) – Hong Sang-Soo – 2009. Dangsinjasingwa dangsinui geot (Lo tuyo y tú) – Hong Sang-Soo – 2016.

Las entradas para ver la primera proyección de Hong Sang-Soo dentro de una sala de cine en Lima se acabaron mientras hacía la cola. Me vine a casa y vi el primer DVD que encontré a la mano de una película que no había visto de él para no deprimirme. Una grata sorpresa con Like You Know It All, siempre es seguro lo que hace. Después vi Lo tuyo y tú (por fin), sin duda es de lo mejor y más cálido de la última temporada del surcoreano.

Un descubrimiento

Sexy Durga – Sanal Kumar Sasidharan – 2017

Craiglist Allstars – Samira Elagoz – 2016

Turn Left, Turn Right – Douglas Seok – 2016

Un reencuentro (para bien o para mal)

T2: Trainspotting – Danny Boyle – 2017.

Un fracaso a mi nostalgia de adolescencia.

Una experiencia en sala de cine

Adiós al lenguaje – Jean-Luc Gordard. Unos casi 4 años de espera que valieron la pena, además de ser mi primera experiencia viendo cine en 3D. Probablemente la mejor película de la década.

Un texto

“El paisaje va al oído. El cine de Lucrecia Martel” de Saúl Reyes en el Dossier N° 2 – Paisaje de Correspondencias. Cine y pensamiento.

Un fotograma

Fotograma extraído de Safari de Ulrich Seidl. Cineasta que está muy arriba en el top y también tuvo una primera proyección en pantalla grande en Lima este año. Gran experiencia, gran película. Una vez más haciendo lo que siempre hace: agitar.


Manuel Setton (Melómano, director)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt (es del año pasado, pero recién la vi este año) y la trilogía de Hong Sang-soo: On the Beach at Night Alone, Claire’s Camera y The Day After.

Una canción

“Rubi” por Monica Antonopulos en Desearás al hombre de tu hermana

Un doble programa

El otro hermano de Israel Adrián Caetano y Underworld USA de Samuel Fuller. Dos películas putrefactas.

Un descubrimiento

Hal Hartley y Kenedi is getting married de Zelimir Zilnik.

Un reencuentro

El desprecio. No cambio mi valoración, pero haberla visto en pantalla grande por primera vez fue muy fuerte.

Una experiencia en sala de cine

La marquesa de O en la Lugones. Mi primera película de Rohmer en cine.

-Ver Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld en Mar del plata, rodeado por los mismos que aparecían proyectados.

-Haber visto las primeras dos proyecciones de amigos en el Festifreak. Mientras Bode toca el piano de Santiago Aulicino y 10 vistas de Maximiliano Passarelli, dos grandes cortos de dos grandes personas.

Un texto

La cobertura del Bafici por Las Pistas y “ABC Arrieta” de Lucas Granero.

Un fotograma


Chema García Ibarra (Cineasta. La disco resplandece. Este año nos visitó.)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt

Una canción

En la bellísima Mechte Navstrechu (Milkhail Karzhukov, 1963) los humanos emiten una canción al espacio que cruza la galaxia hasta un planeta lejano, donde unos extraterrestres la reciben y escuchan. La canción cuenta que en el futuro veremos crecer manzanos en Marte y dice que es más fácil viajar por el Universo si eres buena gente.

Un doble programa

Ikea 2 de Burnin’ Percebes y Nocturno 29 de Pere Portabella.

Un descubrimiento

Craig Zahler. Ahora que John Carpenter está ocupado viendo partidos de beisbol, jugando a la Xbox y dando conciertazos, confío en que le tome el relevo.

Un reencuentro

Volví a ver mi película favorita secreta de mi adolescencia, Joe Versus the Vulcano de John Patrick Shanley, y sigue siendo extraordinaria y tristísima.

Una experiencia

Estuve en Argentina y un amigo me invitó a un pase en 16mm de Los caballeros de la cama redonda en el salón de una casa. Había muchos desconocidos sentados en el suelo, botellas de vino, cervezas de nombres divertidos y un gato.

Un texto

La conversación transcrita entre Max Aub y Conchita Buñuel en Conversaciones con Buñuel (página 177). https://es.scribd.com/doc/97237859/Max-Aub-Conversaciones-con-Bunuel

Un fotograma

Dos fotogramas. El mismo barrio en De bruit et de fureur (Brisseau, 1988) y Bande de filles (Sciamma, 2014)



Alejo Franzetti (Cineasta. Panke. Esperamos que pronto podamos ver una nueva película suya)

Una película

L’Amant d’un jour, de Philippe Garrel. El llanto, los amantes, el amor, las caminatas, la comprensión.

Una canción

Una música: Henry Purcell (y el sol berlinés) en la secuencia de títulos de Jahrgang 45 (Jürgen Böttcher, 1966).

Un doble programa

Las estaciones, de Artavazd Pelešjan + El auge del humano, de Teddy Williams. Dos grandes cineastas que confían en la imagen y en la realidad. (Ambas vistas este año).

Un descubrimiento

Die Puppe, una muda de Lubitsch.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Un reencuentro cinematográfico: hace poco vi Belle toujours, de Oliveira. Todavía no sé por qué me gustó tanto. Quise aplaudir cuando terminó, pero estaba solo en casa y nadie iba a escucharme.

Una experiencia en sala de cine

Matías Piñeiro pronunciando los nombres de muchos queridos amigos argentinos en el Arsenal, mientras dialogaba con Christoph Hochhäusler y Franz Müller (de la revista Revolver), y con el público, luego de la proyección de Rosalinda, como parte de la muestra de sus films que se hizo en Mayo (http://www.arsenal-berlin.de/en/arsenal-cinema/past-programs/single/article/6609/2804.html)

Un texto

La hipótesis del cine, de Alain Bergala. Libro (libre) base de Cinema en curs (http://www.cinemaencurs.org/es), un workshop de cine en escuelas que se realiza en España, Alemania, Argentina y Chile.

Gracias a Bergala y a Cinema en curs, una vez por semana en una escuela en un pueblo de Brandenburg, pronuncio frente a niñas y niños de 10 años los nombres Akerman, Benning, Pelešjan, Perlov, Philibert, Varda. Y ellos filman y editan.

Un fotograma


Nicolás Zukerfeld (Cineasta, docente, crítico. Pueden leerlo en Revista de cine)

Nota: Creo que Twin Peaks: The Return no es un programa de televisión, porque ya no existe la televisión como tal. Sí, es una “serie”, como lo fue Fantômas de Louis Feuillade y Out 1: Noli me tangere de Rivette. Se me pide que elija una “película” y la condición de “serial” que estos materiales conllevan, me impide incluirlos en una categoría tan purista como “película”. Cuando reine la impureza (y los problemas sean otros), lo que hizo Lynch estará en mi lista, en la mayoría de las categorías. Así, armé dos listas. Una pura y otra impura (o condenada).

PURA:

Una película

Logan (James Mangold)

Porque es una película popular sin ser pop. Graciosa sin hacerse la graciosa, y brechtiana, sin ser excesivamente retórica. Con uno de los finales, junto con el de War for the Planet of the Apes (Matt Reeves), más fordianos de los últimos tiempos.

Una canción

“The Good and the Damned” (Oneohtrix Point Never, Iggy Pop) en Good time (Josh y Bennie Safdie). De paso, dejo el gran video clip. Casi un spin off en clave fantástica de la película.

Un doble programa

Good time (Josh y Bennie Safdie) y After hours (Martin Scorsese)

Una experiencia

“Martes de cine”: en tiempos donde la gente puede ver mucho cine pero ya no va al cine, con un grupo de amigos intentamos combatir esta tendencia, yendo, todos los martes, al cine. No importa qué den, los martes se va al cine. Esta fue mi experiencia del 2017, que cada vez más se parece a la de los primeros espectadores en 1895.

Un reencuentro

Twin Peaks: Fire Walk with Me (David Lynch, 1992). Aunque podría decir, David Lynch en general.

Un texto

Elogio del amor, frases (de un film) (Jean- Luc Godard)

Un descubrimiento

Aliens (Luis López Carrasco) / Tonsler park (Kevin Jerome Everson)

Un fotograma

IMPURA:

Una película

Twin Peaks: The Return (David Lynch)

Una canción

“Just You” (James Marshall) en Twin Peaks: The Return, E13 (David Lynch)

Un doble programa

Twin Peaks: The Return, E8 (David Lynch) / Crossroads (1976, Bruce Conner)

Una experiencia

“Martes de cine”: en tiempos donde la gente puede ver mucho cine pero ya no va al cine, con un grupo de amigos intentamos combatir esta tendencia, yendo, todos los martes, al cine. No importa qué den, los martes se va al cine. Esta fue mi experiencia del 2017, que cada vez más se parece a la de los primeros espectadores en 1895.

Un reencuentro

Twin Peaks: Fire Walk with Me (David Lynch, 1992). Aunque podría decir, David Lynch en general.

Un texto

Elogio del amor, frases (de un film) (Jean- Luc Godard)

Un descubrimiento

Aliens (Luis López Carrasco) / Tonsler park (Kevin Jerome Everson)

Un fotograma


Malena Solarz (Cineasta, docente y también escribe en Revista de cine. Dirigió con Nicolás Zukerfeld El invierno llega después del otoño.)

Una película

La vendedora de fósforos, A. Moguillansky / Flammes, de Adolfo Arrieta (vista en el Festival de Mar del Plata)

Una canción

One, two, two

Three, three, three
Four, four, four

Fiiiiiveeee

Six, six, six

Seven, seven, seven

Eight, eight, eeeeeeight

Nine, nine, ten

All the numbers are important

We count everything with numbers

We don’t know

We don’t know

Only we count in numbers

(Cantada por el personaje de Min-hee Kim en Claire’s Camera, de Hong Sang-soo)

Un doble programa

Una ciudad de provincia, R. Moreno – Pequeño monasterio en la Toscana, O. Iosseliani

Un descubrimiento

La serie The Wire. Con muchos años de retraso, pero fue el gran descubrimiento del verano 2017.  Un curso intensivo de economía y narración clásica, pero también de un afán descriptivo y reflexivo que no necesita de la hiper-estilización que hoy en día tienen la mayoría de las series.

Un reencuentro

El reencuentro del año no fue con una película sino con Twin Peaks: The Return, D. Lynch. Pero a partir de ella, me reencontré con viejos capítulos y, por supuesto, con Fire Walk with Me. Lynch parece haber entendido todo sobre cómo narrar con el tiempo (mucho tiempo) a su favor. Lo sabía en los 90 y lo sabe todavía hoy, con algunos de sus actores muertos y otros tantos con arrugas y canas.

Una experiencia en el cine

Tres: 1.- La alegría de estrenar Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld en Mar del Plata, con la incómoda sesión de preguntas y respuestas del público a los directores de los cortometrajes en competencia. 2.- Ver Van Gogh, de M. Pialat, en la Sala Leopoldo Lugones. 3.- Ver Grandeur et décadence d’un petit commerce de cinéma, de J.-L. Godard en Mar del Plata

Un texto

No fue un año particularmente lector en lo que a textos de cine respecta. Muy rápidamente ahora se me vienen a la cabeza el lúdicamente exhaustivo “ABC Arrieta” de Lucas Granero, y dos textos no nuevos que me fueron muy útiles para escribir y dar clases respectivamente: “Space and Narrative in the Films of Ozu”, de K. Thompson y D. Bordwell, un minuciosísimo análisis casi plano a plano, corte a corte, de la filmografía de Ozu; y “El silencio y sus bordes”, D. Oubiña.

Un fotograma


Ivan Moscovich (Cineasta indiscreto. Jueves de cine)

Una película

Western (2017), de Valeska Grisebach.

No sólo es, creo yo, la mejor película estrenada en el 2017, sino que entablé una relación particular con ella. De tanto defenderla (ya sea de injusticias o tibiezas) me convertí en su abanderado. Lo admito con cierto orgullo. Hasta escribí un texto, o medio texto, que
de momento no va a salir de mi computadora.

Una canción

Un niño canta en la cena ceremonial de Kennedi is getting married. Lo hace varias veces en la película, pero acá se consagra. Cuando termina, en la sala de cine, una mujer lo aplaude.

Un doble programa

Me cuesta, así que digo una obviedad: después de ver Y ahora elogiemos las películas (2017), de Nicolas Zukerfeld, vi inmediatamente The Oxbow Incident (1943), de Willam Wellman. Fue una noche preciosa.

Un descubrimiento

Humphrey Jennings fue mi descubrimiento del año. Se me ocurren pocos cineastas tan ambiciosos. Me pregunto si Godard habrá pensado en él cuando afirma, en Historia(s) del Cine, que nada hicieron los ingleses por el cine.

Recomiendo particularmente The Farm (1938) y Listen To Britain (1942). La última está en YouTube.

Un reencuentro

A principios de año volví a ver la trilogía del terremoto de Kiarostami. Mi favorita ahora es la segunda.

Una experiencia

Los paraguas de Cherburgo, en la Sala Lugones. Estaba con amigos, así que no lloré.

Un texto

“Calibrar el ojo”, de Malena Solarz. También fue mi año Didi-Huberman, pero eso es aparte.

Un fotograma

Esta maravilla de Zelimir Zilnik


@ayresybenson (Héroe anónimo. Twitero de trinchera. Ya volverá)

Una película

Sandy Wexler (Steven Brill)

Mientras los franceses premian el miserabilismo, ese videoclub del Gran Buenos Aires que es Netflix cada tanto nos devuelve la oportunidad de sorprendernos. Como cuando buscando una de terror llegaste a Tenebre o La mosca. Broadway Danny Rose del vulgar auterism, o cómo hubiera sido Spanglish si James Brooks se hubiera animado a hacer una de Sandler (en vez de seguir su capricho de una remake no declarada de El hijo de la novia). Una fábula de perdedores hermosos que prescinde de la pose cool (teléfono, James Franco), con el mejor ventrílocuo de la historia del cine. Y si alguien todavía tiene dudas: una película con un número musical que incluye a casi todo Happy Madison nunca puede ser mala.

Una canción

I’ve Been Loving You (Otis Redding, en vivo en Monterrey) en el episodio 15 de Twin Peaks. Los muchachos de Cahiers dicen que es una película. Es un poco reaccionario creer que a esta altura la televisión es un medio de arte menor, pero lo cierto es que ningún otro director activo saca tanta belleza de la banda sonora. Otro ejemplo:

Un doble programa

Brawl in Cell Block 99 / The Texas Chainsaw Massacre 2. Carne sobre carne.

Un descubrimiento

Los taitas, de Hugo Santiago. Y va un agradecimiento a un particular desinteresado como @eldeibik, que se toma el trabajo de digitalizar y difundir los copetes y varias películas de Filmoteca. Mientras, en la TV Pública cierran el Archivo Prisma y eligen difundir en su canal de YouTube el programa de entrevistas de Fernández Meijide.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Martel, Larry David, Lynch, las naranjas de la Cooperativa de San Pedro, la reedición de El otro lado de Alfred Kubin y el canoli de dulce de leche de Heladerías Italia; y la Sala Leopoldo Lugones, cerrada durante cuatro años por los que venían a devolvernos las instituciones.

Una experiencia en el cine

Pasarla cada vez peor (con lo que implica movilizarse en una ciudad poco amigable ya no con el flaneur, sino con todo lo que camina; avances que son pura publicidad televisiva; pobreza de estrenos; proyecciones en las que se pierde el color y ya ni hablar de la profundidad de campo; gente cada vez más horrible y carente de buenos modales).

Un texto

Diario. Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas, de Raúl Ruiz. El director francés más destacado del último cuarto del siglo XX era chileno. Y el evento cinematográfico del año es un libro. Un libro escrito en castellano. Promediando la mitad del segundo tomo, Ruiz dice que se dedica al cine porque le permite filmar en las ciudades donde vivieron sus escritores más admirados. Y mientras tanto (año 2004) presenciamos una carrera y un cine al que cada vez le queda menos lugar en este mundo.

Y si consideramos Twin Peaks como película, vale como texto las apostillas hechas por la cuenta de Twitter @argtwinpeaks durante y después de la temporada 2017. Gente que (para nuestra fortuna) lleva una afición al límite y la comparte generosamente.

Un fotograma


Nicolás Carrasco (Perú. Crítico)

Una película

Twin Peaks: The Return, de David Lynch

Una canción

Sandra Hüller cantando “Greatest Love Of All” de Whitney Houston en Toni Erdmann, de Maren Ade

Un doble programa

Aquí haré trampa y pondré dos:

After Hours (Martin Scorsese, 1985) + Good Time (Josh y Benny Safdie, 2017)

Eraserhead (David Lynch, 1977) + Twin Peaks: The Return (David Lynch, 2017)

Un descubrimiento

Este año descubrí los ciclos de “Japanese Outlaw Masters” que Chris D. programó para el American Cinematheque de Los Angeles a inicios de los años 2000. A partir de esta curaduría he visto por primera vez obras maestras como School of the Holy Beast (Noribumi Suzuki, 1974), Female Prisoner #701: Scorpion (Shunya Ito, 1972), o Battles Without Honor and Humanity (Kinji Fukasaku, 1973). Lo que más me emociona es que aún no he cubierto ni la mitad de los programas.

Un reencuentro

Este año, un amigo me prestó la antología de Brakhage de Criterion Collection en Bluray (¡perdón por tenerla varios meses!). Hasta el día que pueda verlas (finalmente) en celuloide, volver a ver en excelentes copias películas como Dog Star Man o Window Water Baby Moving (o ver por primera vez Desert o los Visions in Meditation) ha sido una experiencia que me acompañará por mucho tiempo.

Una experiencia

Ver la retrospectiva en 35mm de Peter Tscherkassky (y un corto de Eve Heller) como parte del Festival Al Este de Lima.

Un texto

Aquí haré trampa de nuevo: los mejores textos sobre cine que leí este año fueron dos de José Miccio para Hacerse la crítica: “Marco Bellocchio en cinco saltos (al vacío)” y “Sobre Elle y el cine de Paul Verhoeven”.

Un fotograma

José Miccio, otra vez: “El plano de la llama es una imposición del cine”. (Zama, de Lucrecia Martel)


Fidel González Amaratta (Director de fotografía. Trabaja en el Museo del Cine. Nos ayuda a traducir cosas)

Una película

Zama / Twin Peaks: The Return

Una canción

“All that She Wants” de Ace of Base en Sieranevada

Un doble programa

Get Out (2017) y Scream (1996)

Un descubrimiento

Los niños de Golzow en la Lugones, primeras 4 partes. / Ocho horas no hacen un día en la Lugones

Un reencuentro

Vivir su vida

Una experiencia el cine

Los guantes mágicos en Mar del Plata / Twin Peaks: The Return eps. 17 y 18 con LG, MS, FR y NZ en el Black Lodge

Un texto

La columna de Daniel Link en el diario Perfil de los sábados.

Un fotograma


Marcelo Granero (Diseñador oficial de La vida útil. Sin él seríamos gente sin swing)

Una película

Zama (Lucrecia Martel)

Una canción

Annette Benning y Billy Crudup escuchando Black Flag y Talking Heads en 20th Century Women (Mike Mills)

Un doble programa

Rushmore (1998, Wes Anderson) y Lady Bird (2017, Greta Gerwig)

Un descubrimiento

Los videos que sube Zach Lieberman a su cuenta de Instagram.

Un reencuentro

The Host y las películas de Bong Joon-ho

Una experiencia en el cine

Ver colgados en el cine los afiches y demás cosas que diseñé para El invierno llega después del otoño (Solarz/Zukerfeld, 2016) e Y ahora elogiemos las películas (Zukerfeld, 2017)

Un texto

Jenn Pelly sobre The Raincoats en Pitchfork

Un fotograma

Morrissey, State of the Union (Diciembre, 2017)


Agustín Rayneli (Director autodidacta. Troll)

Una película

The Accidental Text on Purpose

Una canción

Un doble programa

Nueva:

Era Uma Vez Brasília (2017)

Vieja:

Esto

Un descubrimiento

Los melodramas tardíos de Delmer Daves.

Un reencuentro

Para bien:

1) Nuevas copias de las películas de Jorge Acha. Habeas corpus, entre mis favoritas del cine argentino: https://www.youtube.com/watch?v=XYm1NFlyIec

2) Escuchar Sondheim en las grabaciones de los elencos originales (Follies, particularmente).

3) Lucrecia Martel

4) LCD Soundsystem.

Para mal:

1) Louis C.K. fuera del formato televisivo.

Una experiencia

Una mala, las risas exageradas en mi funcion de The Disaster Artist.

Un texto

Revivo a Las Pistas: https://las-pistas.com/2017/07/19/cualquiera-que-los-viera-sobre-el-invierno-llega-despues-del-otono/

Un fotograma


Jaime Grijalba (Cineasta y crítico. Escribe la columna El ornitólogo de Santiago en Con los ojos abiertos)

Una pelicula

Sin que lo esperara, sin siquiera quererlo o planearlo, La telenovela errante se transformó en “mi causa” anual. He escrito en español e inglés sobre la importancia del descubrimiento de una de las cintas perdidas de Raúl Ruiz, la cual fue terminada recién en este 2017 gracias a la guía de la cineasta, colaboradora y viuda de Ruiz, Valeria Sarmiento. No tengo una razón en especial o técnica para decir por qué creo que es la mejor película del año, puede que mi chilenidad me traicione (ya que es tremendamente chilena -no sé si la más chilena como dijo Lucas Granero en su post, pero puedo entender su entusiasmo-), pero hay algo peculiar y magnífico en la simple observación social que logra Raúl en tan sólo pocos meses de democracia (al ser filmada en 1990, pocos meses después de la subida al poder del primer presidente democráticamente electo en casi 20 años. Sus referencias a la situación política y sobre todo al habla, a la cultura y lo que significa ser chileno nunca había sido retratado en un filme de manera tan brava y a la vez odiosa. Una suerte de “mea culpa” de Ruiz, una admisión de chilenidad luego de años de tratar de escaparla, pero que volvía a aparecer en su obra una y otra vez. La telenovela errante termine siendo, tal vez, una de las mejores películas de su filmografía, un director que sigue teniéndola más allá de la tumba… algo que sólo Ruiz podría lograr.

Una canción

En Did You Wonder Who Fired the Gun?, luego de un viaje al lado más oscuro de la historia personal y familiar, luego de los recovecos explorados, luego de un plano de 15 minutos ininterrumpidos en los cuales se leen cartas, se reflexiona sobre una canción (no, no elijo la que le da el título a la cinta), luego de que la voz temblorosa de Travis Wilkerson nos da cuenta de cómo el terror del pasado no termina, cómo este horror racial nos persigue hasta nuestros días, luego de ese escalofrío que recorrió mi espalda las dos ocasiones en que vi la película… se realiza un corte a blanco, volvemos a algo que ya hemos visto antes, un extracto de la canción de protesta “Hell You Tambout”, pero con una adición, esta vez es un karaoke, el público presente debe cantar la canción y decir el nombre de Bill Spann, el hombre que fue asesinado por el bisabuelo de Travis. Una explosión, una liberación, un momento catártico que también dobla como un momento de apreciación absoluta, un “mea culpa” racial. Whiteness can set the world on fire.

Un doble programa

Nuevamente me invitaron de MUBI para dar algo igual a esto, un programa doble de nueva y vieja vista este año. Para no repetirme, inventaré algo nuevo. Primero, On the Beach at Night Alone (2017, Hong Sang-soo) y luego Anne of the Indies (1951, Jacques Tourneur), ambas películas tan diferentes como cercanas en su tratamiento de mujeres protagonistas empoderadas, llevadas a los extremos por el amor, los celos y que finalmente, en su confrontación final, toman la decisión correcta para la salvación propia (moral), por sobre la de cualquier otro. Les dejo uno de yapa pero que no pongo por lo obvio: Visages, villages (2017, Agnès Varda, JR) y Bande à part (1964, Jean-Luc Godard)

Un descubrimiento

Jacques Tourneur como cineasta francés-americano inventivo y lleno del talento suficiente como para poder establecer su estilo por sobre cualquier género o época. Su versatilidad, casi, no tiene límite.

Un reencuentro

Creo que no hubo mejor reencuentro que el de Ruiz, sobre todo cuando uno ya no espera nada de nadie, menos de los muertos.

Una experiencia

Un empate: en Locarno, en la Piazza Grande, el cine al aire libre para 8000 personas, compartiendo las funciones de The Big Sick y de Laissez bronzer les cadavres; en Valdivia, presentando en la nueva sala de 35mm, la primera función del festival de Love Exposure con Sion Sono presente… para luego quedarme junto al público insospechado a las 4 horas de metraje del gran director japonés, el cual nos acompañó toda la semana en funciones llenas llenísimas.

Un texto

Ya no leo tanta crítica de cine, mala mía, pero de lo que he leído hace poco, el nuevo texto en este nuevo sitio, me removió algo:  http://lavidautil.net/2017/12/24/el-viento-sabe-que-vuelvo-a-casa-01-afi-fest/

Un fotograma

Homenaje a las 3 películas del año de Hong, las 3 obras mayores, las 3 me hacen pensar que tal vez no me gustan tanto por Hong, sino por Kim Min-hee. ¿La muerte de mi autorismo?


Pablo Acosta Larroca (Crítico. Grupo Kane, la casa donde empezamos varios)

Un cortometraje

Y ahora elogiemos las películas (2017) de Nicolás Zukerfeld

Cine dentro del cine de la mano de Nicolás Zukerfeld, con el amigo Lucas Granero (¡gran hallazgo!) traduciendo a Manny Farber, incluyendo aviones, rodaje con cohetes, e storyboard de convoys. A través de sus 15 minutos un sentimiento atravesando el metraje (está filmada en 16mm): Cinefilia, verdadero amor por el cine.

Motocross (2017) de Francisco Chiapparo

La película del amigo Pancho plantea con humor y frescura la frustración de Vero, una actriz treintañera que atraviesa el estancamiento de su carrera y duda si presentarse o no en un casting para conductora en un programa de motocross, ya que en el fondo la avergüenza. Una lúcida metáfora alrededor de nuestro mundillo pero también y sobre todo de esas ganas de vivir de lo que nos apasiona, cuyo arranque a veces es complejo.

Una película

Zama (2017) de Lucrecia Martel

«[…] hay un pez en ese mismo río, que las aguas no quieren y él, el pez, debe pasar la vida, toda la vida, como el mono, en vaivén dentro de ellas; pero de un modo más penoso, porque está vivo y tiene que luchar constantemente con el flujo líquido que quiere arrojarlo a tierra […] estos sufridos peces, tan apegados al elemento que los repele, quizás apegados a pesar de sí mismos, tienen que emplear casi íntegramente sus energías en la conquista de la permanencia»

Antonio Di Benedetto,
en Zama (1956).

Un beau soleil interieur  (2017) de Claire Denis

«[…] no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor: no soy su poeta (el recitador) más que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.»

Roland Barthes,
en Fragmentos de un discurso amoroso (1977)

Una canción en una película

«Toda Menina Bahiana» de Gilberto Gil, en Aquarius (2016) de Kleber Mendonça Filho, en esa escena memorable al inicio del filme, donde una comunidad celebra en el seno del hogar una visión de mundo basada en el amor por la diversidad, la amistad y los valores humanos por sobre el materialismo, el consumo, y el dinero.

Un doble programa (vieja y nueva)

Cuarenta años y dos soles en el horizonte. Y yo creciendo junto a ellos. El adiós a los Heroes y los Sabios. O como dice mi amigo Dieguillo Fernández: “Una generación acaba de abandonar la adolescencia definitivamente […] el «Universo Star Wars» es interminable, pero la ‘saga emocional’ para mí concluyó”.

Star Wars: Episode IV – A New Hope (1977) de George Lucas

Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi (2017) de Rian Johnson

Un descubrimiento

Estiu 1993 (2017) de Clara Simon

«Un exceso de infancia es un germen de poema»

Gaston Bachelard,
en La poética de la ensoñación.

Una niña de seis años a través del lente sensible de la directora debutante Simon deviene en un registro cuya agudeza emocional nos permite ver a través de sus ojos.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Kong: Island Skull (2017) de Jordan Vogt-Roberts

¡Para bien! Claro que sí. Por fin el gigantesco simio no muere al caer del Empire State por amor a la rubia, sino que finalmente es venerado y respetado por su nobleza y además logra destruir a cuanto helicóptero y soldado quiere lastimarlo. ¡Aguante Kooong!

Una experiencia en el cine

La Filmoteca en Vivo de Fernando Martín Peña

Tras años de la “alegría sin fin”, la versión en vivo de Filmoteca, programa televisivo emitido en la Televisión Pública y creado por Fernando Martín Peña y Fabio Manes (¡GRACIAS por tanto!) dejó de funcionar en la sala de proyección de la ENERC. Como sostiene Roger A. Koza: “Para la audiencia, siempre generacionalmente pluralista, se trataba de un acercamiento libre a la historia del cine y también una posibilidad única de ver ciertas películas en los formatos originales. Ver un film como tal es hoy una excepción y un privilegio, más todavía en Argentina”. ¿Por qué su cierre? ¿Por qué el corrimiento de su natural programador? Esta nota del siempre lúcido Koza hecha luz sobre el asunto: http://www.conlosojosabiertos.com/filmoteca-no-una-marca/

Estreno de “Pinamar” (2017) de Federico Godfrid

Siempre es hermoso cuando estrena un amigo y la alegría se duplica al encontrarse con una gran película: la vi tantas veces y de tantas formas que ya perdí la cuenta… Y sin embargo, siempre me emociona.

Un texto

Memorias de un cinéfilo. Escritos sobre cine (1931-1977) de Henri Langlois.

Colchones de fe – Tres aproximaciones a Zama de Lucas Granero.

Un fotograma


José Miccio (Crítico. Estrenó columna en La vida útil. Pero también escribe en muchos otros lados y en todos ellos es siempre bueno)

Una película

La telenovela errante (Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento).

Una canción

El año pasado elegí “Lust for Love” en Elle. En pos de mantener la coherencia y convertirme en alguien respetable, este año elijo “The Pure and the Damned”, de Oneothrix Point Never e Iggy Pop en Good Time.

Un doble programa

Piazza Vittorio (Abel Ferrara) y Loulou (Maurice Pialat). O cómo filmar al pueblo que está, que es el único que importa.

Un descubrimiento

Digo dos. Primero, la fuerza burguesa de Un bello sol interior, que no se deja sacudir ni por la bestia Depardieu. Por la dudas aclaro que esto que digo es cualquier cosa menos un elogio. Segundo, la existencia de una grey marteliana llena de magisters y doctores dispuesta a aplaudir cualquier cosa que la jefa diga.

Un reencuentro

Loulou. Una de las grandes películas de amor de la historia del cine. La había visto en DVD. Volví a verla este año, primero en un buen ripeo y después en 35mm. En el cine me reí mucho. En casa creo que casi nada. La película es maravillosa en cualquier lado, pero la proyección en una sala, en el formato en que fue concebida, no cambia solo la intensidad de las emociones sino su misma naturaleza.

Experiencia

Pialat en 35mm. Memorables la resurrección de Bajo el sol de Satán y el cancán de Van Gogh, por decir dos momentos obvios. Pero en sueños veo todavía el color de los pulóveres de La infancia desnuda.

Un texto

El Diario de Raúl Ruiz. Lo compré hace poco y todavía no me puse a leerlo en orden, con conducta. Pero todos los días abro al azar uno de los volúmenes y me topo con alguna maravilla. Por ejemplo, la compra de un libro para domar mesas. Ya que estamos, digo otro diario. No, no el de Piglia. El de Gombrowicz, felizmente reeditado. Curiosamente, en una de las hojas que abrí ayer, me topé con que Ruiz dice que Gombrowicz es un reaccionario. No creo. Pero qué más da. Lo que importa es que es un genio.

Un fotograma

Cualquiera de El otro hermano en el que aparezcan juntos Pablo Cedrón y el pibe con la camiseta de Independiente. Dos glorias argentinas.


Oscar Cuervo (Crítico y headmaster de La Otra)

Una película

Sieranevada (Cristi Puiu) / Twin Peaks: The Return (David Lynch)

Una canción

“My Prayer”, The Platters, en el capítulo 8 de Twin Peaks, Tercera temporada.

Un doble programa

Los rubios y Cuatreros, la dos de Albertina Carri: creo que ya no puede verse Los rubios sola, sin la relectura que Carri promueve desde Cuatreros.

Un descubrimiento

Hell or High Water (David Mackenzie)

Un reencuentro

Después de ver la tercera temporada de Twin Peaks, volví a ver Fire Walk with Me, que en su momento me había resultado inabordable, y hoy funciona perfectamente como el eslabón perdido entre la versión noventista y Twin Peaks ’17.

Una experiencia

Presencié una caliente discusión política a la salida de Yo, Daniel Blake (Ken Loach) en el cine Lorca, como ninguna película argentina lo logró en estos últimos años.

Un texto

“Más importante que la crónica de los sucesos es la significación actual de los mismos. Este estudio de la rebeldía popular debería conectarse con el estudio de las formas políticas que la expresan. Toda política tiene una ideología, Velázquez es una forma política de rebeldía y el sentimiento popular es en cierto modo la ideología. Aquí hay que escapar del formalismo ‘civilizado’ de considerar formas políticas exclusivamente a los partidos e ideologías a sus programas. Esta concepción falla cuando se quiere analizar este problema en el presente y desde la perspectiva de la liberación nacional. El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la más incipiente, los niega. Al resistir la opresión, niega los hechos que la producen. Con esto, siguiendo a Fanon quiero decir que la certeza es adecuación a los hechos pero la verdad para el pueblo es aquello que perjudica al enemigo. (…) Y Velázquez hoy ya es parte de la cultura de nuestro pueblo, el sentimiento que despertó su acción, su práctica concreta, son patrimonio de los oprimidos de las áreas rurales del Chaco”. (Roberto Carri, “Isidro Velázquez, formas prerrevolucionarias de la violencia”, citado en Cuatreros)

Un fotograma


Juan Francisco Gacitúa (Crítico. Miembro del podcast Los jóvenes viejos. Dos pasiones: cine clásico argentino y Los Simpson)

Una película

Dawson City: Frozen Time (Bill Morrison)

Una canción

Las de Will Arnett en The LEGO Batman Movie

Un doble programa

Galería Cinematográfica Infantil (Domingo Mauricio Filippini) / Una ciudad de provincia (Rodrigo Moreno)

Un descubrimiento

Gabriel Abrantes

Un reencuentro

Los guantes mágicos (Martín Rejtman), una comedia de Lubitsch sobre atravesar la crisis de los 30 en combo con la debacle del país. La disfruté cuando la vi hace varios años, pero esta revisión obviamente caló mucho más profundo.

Una experiencia

Muñequita porteña (José Agustín Ferreyra) restaurada en el Bafici, con música y actores en la sala interpretando un guion nuevo.

Un texto

“Crónica amarga en dos momentos sobre la visita de Nanni Moretti” al Bafici, por Juan Pablo Álvarez: http://encerradosafuera.com.ar/cronica-amarga-visita-de-nanni-moretti-bafici/

Un fotograma


Juanse Alamos (Productor. Humorista)

Una película

António Um Dois Três, ópera prima de Leonardo Mouramateus

Una canción

La secuencia musical en A Fábrica de Nada: no sé si es una gran película pero unos obreros bailando y cantando en una fábrica tomada en Portugal porque una empresa Argentina les encargó no sé cuántos ascensores, merece estar en mi lista. Mi segunda opción era la segunda secuencia de Desearás al hombre de tu hermana: burgueses cantando y bailando en la fiesta de casamiento de la hermana de Pampita, a principios de los 70, en las costas de Uruguay.

Un doble programa

A Fábrica de Nada  y The Old School of Capitalism (2009): Crisis económicas, fábricas tomadas, países europeos en decadencia y el pesimismo sobre una verdadera revolución del proletariado se encontraron este año en Mar del Plata.

Un descubrimiento

Mención doble:
Zelimir Zilnik: lo mejor de este último Mar del Plata.
Ma vie et mes films, de Jean Renoir, el mejor libro de cine que he leído.

Un reencuentro

Este año vi Un partie de campagne, de Renoir, por primera vez y desde entonces la habré visto unas diez veces.  No es una gran hazaña teniendo en cuenta que dura poco más de 40 minutos pero es un reencuentro al que siempre vuelvo.

Una experiencia

Gente filmando la pantalla de los cines en medio de la película y con la linterna del celular prendida. Por cosas como esta después gana Cambiemos.

Un texto

De Lautaro García Candela, para Las Pistas: “BAFICI 2017 (4) – Los territorios o por qué el lobby no sirve para nada”.

Un fotograma

¿Es acaso Desearás al hombre de tu hermana la mejor película argentina del año? La respuesta probablemente sea “No, no lo es”. Pero éste no deja de ser un gran fotograma


Matías Marra (Cineasta, docente, fan de Shakira)

Una película

El otro lado de la esperanza, Aki Kaurismäki

Una canción

No es de este año pero la vi este año: qué momento cuando aparece “Relax, Don’t Do It” en Body Double 

Un doble programa

I Walked With a Zombie de Torneur / Get Out de Jordan Peele.

I Walked With a Zombie es una película increíble. Maneja niveles de ambigüedad en el plano de las imágenes y la política que cuando la volví a ver este año quedé fascinado. Una clase de cine. Get Out la primera hora la vi con la misma intensidad. Hasta que resuelve todo mal y se vuelve una película conservadora y de repente los negros son lo que la película dice rechazar. Las elijo como el ejemplo de una muy buena y una que no tanto.

Un descubrimiento

Descubrí a Caetano este año. Vi toda su filmografía y todas me parecen buenas. El otro hermano es la película argentina del año.

Un reencuentro

Men in Black. Joya del cine blockbuster de los 90.

Una experiencia

Ir al Gaumont hoy en día es toda una experiencia en sí misma. Se volvió refugio/cama de la gente que vive en la calle y en la plaza. Me parece bizarro y piola a la vez.

Un texto

No es de cine pero sirve para ir abriendo puntas sobre macrismo y hegemonía: “El macrismo no es un golpe de suerte” de José Natanson.

Un fotograma

Éste de La idea de un lago, Milagros Mumenthaler.


Verónica Balduzzi (Cineasta. Le gusta mandar cartas)

Una película

Certain Women de Kelly Reichardt.

Una canción

“One More Time” de Redbone, en Person to Person de Dustin Guy Defa.

Un doble programa

Hermia & Helena (M. Piñeiro) / Design for Living (E. Lubitsch)

Un descubrimiento

Zelimir Zilnik.

Un reencuentro (para bien o para mal):

Para bien: en preparación para viajar a Pompeya, Viaggio in Italia, de Rossellini. Para mal: El desprecio, de J.-L. Godard.

Una experiencia

Zama. En Mar del Plata, una espectadora conmovida por el canto de un niño en la pantalla, aplaudió junto a los personajes.

Un texto

“La imagen pobre es RAG o RIP, AVI o JPEG, una lumpenproletaria en la sociedad de clases de las apariencias, clasificada y valorada según su resolución. La imagen pobre ha sido subida, descargada, compartida, reformateada y reeditada. Transforma la calidad en accesibilidad, el valor de exhibición en valor de culto, las películas en clips, la contemplación en distracción. La imagen es liberada de las criptas del cine y los archivos y empujada a la incertidumbre digital a costa de su propia sustancia. La imagen pobre tiende a la abstracción: es una idea visual en su propio devenir. La imagen pobre es una bastarda ilícita de quinta generación de una imagen original Su genealogía es dudosa. Sus nombres de archivo están deliberadamente mal deletreados. Es un frecuente desafío al patrimonio, a la cultura nacional o, de hecho al copyright. Te llega como un señuelo, una trampa, un indicio o un recuerdo de su anterior naturaleza visual. Burla las promesas de la tecnología digital”. (Fragmento: Hito Steyerl; “En defensa de la imagen pobre” en Los condenados de la pantalla)

Un fotograma

Un Vicuña Porto teñido de rojo, sumergido en el río.


Sofía Marramá (Directora de arte. Esperemos directora a secas algún día)

Una película

Zama (Lucrecia Martel)

Una canción

Cambio la consiga y elijo una película en una canción. Los Paraguas de Cherburgo (Jacques Demy)

Un doble programa

La vieja: La Chinoise (Jean Luc Godard)

La nueva: En el intenso ahora (Joao Moreira Salles)

Un descubrimiento

Peter Nestler y Aleksei German Jr.

Un reencuentro

Volví a ver La folie Almayer de Chantal Akerman y no entendí porque no la amé tanto la primera vez, esas cosas que nos hace el cine…

Una experiencia

Vi Neruda en The Duke’s cinema en Brighton, Inglaterra. Daba risa y bronca ver y escuchar a los ingleses en la sala maravillarse por una subversión mal filmada.

Un fotograma

Under Electric Clouds (Aleksei German Jr.)


Fernando Restelli (Cineasta. Director del cortometraje Merodeo. En 2018 va a estrenar su primer largometraje, Construcciones. Las expectativas son altas.)

Una película

Baronesa de Juliana Antunes

Una canción

“La Folie” de The Stranglers en Caniba de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel

Un doble programa

Una forma de acercarse a la historia lusa: No, o la vana gloria de mandar de Manoel de Oliveira y 48 de Susana de Sousa Dias

Un descubrimiento

The Way Steel Was Tempered de Želimir Žilnik

Un reencuentro

Hacía varios años no veía una película de Aki Kaurismäki y nunca había tenido la oportunidad de verlas en el cine así que cuando fui a ver El otro lado de la esperanza la alegría fue inmensa.

Una experiencia en el cine

Cuando fuimos a ver RoboCop de Paul Verhoeven en el festival de Mar del Plata, esperamos más de una hora dentro de la sala el reinicio del DCP. Conversamos con amigos cinéfilos que recomendaban (o no) lo que habían visto esos días mientras compartíamos unas empanadas y cervezas entre las butacas.

Un texto

Elevar el propio pensamiento hasta el nivel del enojo (el enojo provocado por toda la violencia que hay en el mundo, esa violencia a la que nos negamos a estar condenados). Elevar el propio enojo hasta el nivel de una tarea (la tarea de denunciar esa violencia con toda la calma y la inteligencia que sean posibles).

Elevar, por tanto, el propio pensamiento acerca de la imagen hasta el enojo provocado por el tiempo resistido, por el tiempo sufrido por los seres humanos en pos de determinar su propia historia.

Elevar el propio pensamiento hasta el enojo. Elevar el propio enojo hasta el punto de quemarse a uno mismo. Para mejorar, para denunciar serenamente la violencia del mundo.

Fragmentos del artículo “Cómo abrir los ojos”, prólogo del libro Desconfiar de las imágenes, de Harun Farocki (Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2013).

Un fotograma


Alejandro Cozza (Crítico. Videoclubista. Programador del cineclub Pasión de los fuertes. Esperamos que pronto pueda terminar su película)

Una película

Zama

Una canción

Lugar común pero inevitable: “Bellbottoms” de Jon Spencer Blues Explosion en Baby Driver

Un doble programa

Me llamó poderosamente la atención descubrir este año los fuertes lazos entre la filmografía de Jacques Becker y la de Éric Rohmer

Un descubrimiento  

La pelicula de Manuel de Sebastián Menegaz y Lucas Damino. Un personaje increíble sostenido por dos directores que saben cómo cuidar lo que tienen en mano y cómo filmarlo. ¿El último “pequeño” gran film independiente cordobés?

Un reencuentro (para bien o para mal)

El taxista ful de Jo Sol. Me había gustado mucho en su momento esta película catalana, la desempolvé este año para mostrarla en clases en un secundario y me di cuenta de los grandes detalles de esta bombita anarca y de su poder expansivo. Para tirar en medio de la grieta familiar en navidad.

Una experiencia en el cine

Ninguna particularmente excepcional, pero ver Zama y Baby Driver en sala me hizo creer que aún se podía asistir en tiempo presente a presenciar clásicos inmortales en un multicine. Las experiencias que NO tuve: ver Z, la ciudad perdida de James Gray en igual condición y algunos capítulos al menos de Twin Peaks: The Return: me fascina pero me entristece al mismo tiempo ver a Lynch en la tele.

Un texto

Cuaderno de los sesenta de Jonas Mekas (Caja Negra editora)

Un fotograma

Y todo lo que ocurre en ese plano de Era uma Vez Brasília de Adirley Queirós… La Brasilia de Queirós sintetiza en ese momento el sentir general de más de una ciudad latinoamericana en estos tiempos… ¡El imperio contraataca!


María Laura Pintor (Cineasta. Algas, pico alto de la cinematografía cordobesa)

Una película

A Fábrica de Nada de Pedro Pinho

Una canción

“Walk Away Renée” de The Four Tops (película: Tres anuncios por un crimen de Martin McDonagh)

Un doble programa

A Ultima Vez que Vi Macau de Joao Pedro Rodrigues y Los Corroboradores de Luis Bernárdez

Un descubrimiento

Adventureland de Greg Mottola

Un reencuentro (para bien o para mal)

La telenovela errante de Raúl Ruiz

Una experiencia en el cine

Zama de Lucrecia Martel

Un texto

“El cosmos como cine” de Alexander Kluge

Crítica y ficción de Ricardo Piglia

Un fotograma

Una chica y dos fusiles de Claude Lelouch


Roger Koza (Crítico y programador. No sabemos si a esta encuesta la mandó él o su alter ego Koger)

Una película

Trás-os-Montes, de António Reis y Margadira Cordeiro

Había visto esta obra incalificable en YouTube. Encontrarme con este film de Reis en un cine fue una experiencia de vida y me acompañará por siempre. A su vez confirmé que todavía existen películas populares. Sucede que este aerolito lusitano es la expresión misma de lo popular sin los prejuicios negativos o positivos que suele albergar ese término, cada vez más problemático para todos los que participan de la cultura cinematográfica. Lo popular como tal, y como se ve aquí, excede las categorías académicas de alta y baja cultura; también desmiente la cualidad asociada a la simplicidad, un atributo que puede comportar un desprecio sesgado. Por otra parte, Trás-os-Montes puede ser comprendida y amada por cualquier persona, cinéfila o no; basta que se disponga a sentarse por unas horas, porque el film hará el resto.

Una canción

El tema final de Pajarito Gómez, cuya letra dice: “Estaremos juntitos, en el año 2000”. No creo que este tema musical fomente la prometida unión de los argentinos anunciada en el Congreso de la Nación dos años atrás, pero el grito final que interrumpe el tema antes de que se lea “Fin” representa muy bien todo el sufrimiento y el malestar que se siente en todos los lugares del país. Obra maestra sin igual de Kuhn, que no tiene ningún heredero en el presente. Faltan películas de esta naturaleza: insolentes, divertidas y actuales.

Un doble programa

Baronesa y En el cuarto de Vanda: los materiales son parecidos, las diferencias también, pero las películas de Antunes y Costa están hermanadas por su honestidad y rigor.

Un descubrimiento

A Dragon Arrives! En este film de aventuras y fantasmas, Mani Haghighi introduce inesperadamente un núcleo misterioso y documental que relaciona su relato fantástico con la obra maestra absoluta (y ópera prima) de Ebrahim Golestan, El ladrillo y el espejo. Aún hoy no consigo entender las relaciones que el film sugiere, tanto personales como políticas, con el propio desarrollo narrativo; menos aún puedo entender la apatía generalizada de la audiencia madrileña en la función de clausura de FilMadrid. No tengo duda: los jóvenes programadores de FilMadrid entendían muy bien lo que estaban haciendo, porque pocos festivales en el mundo tienen la energética coherencia que resplandece en su programación.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Le cercle rouge. No la había visto nunca en una sala. Perfección absoluta; todo está bien en este film de perdedores en el que se puede constatar el misterio del ritmo en el cine.

Una experiencia en sala de cine

La proyección a sala llena y con la presencia de su protagonista, Esteban Buch, de Juan, como si nada hubiera sucedido en el Festival des 3 Continents de Nantes. Todo el festival fue una experiencia, pero la proyección del film de Carlos Echeverría tuvo una intensidad que aún hoy perdura en mis recuerdos cotidianos.

Un texto

Dos: el notable texto de Sonzini sobre Zama; el lúcido y preciso comentario de Luis Franc sobre Kékszakállú

Se pueden leer aquí.

-http://www.conlosojosabiertos.com/60-columnas-02-siete-veces-zama/

-http://www.hacerselacritica.com/una-noche-en-la-opera-kekszakallu-por-luis-franc/

Un fotograma

El que está al inicio de 24 Frames de Abbas Kiarostami, es decir, un plano fijo de Los cazadores en la nieve de Peter Brueghel. La intervención se la dejamos a él, pues nadie puede hacerlo mejor que el fantasma de Kiarostami, que desde el fuera de campo radical de todo el cine puede estrenar una película en Cannes.


Raúl Camargo (Director de FICValdivia. Fue el enemigo Nº1 de Las Pistas. Ahora es amigo de Sion Sono)

Una película

La telenovela errante, de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento. No sólo por ser el mayor acontecimiento cinéfilo del año, también porque tuve la suerte de estar involucrado en el proceso final del film y sus estrenos en sociedad en Locarno y Valdivia. Por lo mismo no dejo de pensar en esta frase de don Raúl luego de su especial retorno al cine: “Para mí, los fantasmas representan el cuestionamiento de la frontera entre los vivos y los muertos. Los muertos pasan entre los hombres vivos, los vivos penetran en el mundo de los muertos… Y eso es exactamente lo que pasa de alguna manera en el cine”.

Una canción

Los portugueses son espacialistas en lograr momentos musicales de antología en sus films. João Cesar Monteiro, Miguel Gomes, João Pedro Rodrigues y Pedro Costa dan fe de ello. Una fe en lo musical que este año desarrolló de manera magistral el colectivo encabezado por Pedro Pinho en A Fábrica de Nada, la flamante ganadora del Premio del Público en FICValdivia 2017 (tenemos el mejor público del mundo).

Un doble programa

Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de Leonardo Favio (1967) y The Day He Arrives, de Hong Sang-soo (2011), y la imagen de Federico Luppi y Joon-sang Yoo apoyados en el muro dejándome un nudo en la garganta.

Un descubrimiento

Hallelujah the Hills de Adolfas Mekas. Desde hace tiempo que tenía muchísimas ganas de verla y ver cómo filmaba el hermano de Adolfas, el mismo que lo acompañó en su huida de Lituania, el mismo que lo secundó en su labor de articulador del New American Cinema. La película es una comedia deliciosa llena de citas cinéfilas, una obra injustamente ignorada y que por lo mismo debemos resituar.

Un reencuentro

La vida de bohemia de Aki Kaurismäki, la cual vi hace muchos años sin causarme mayor impresión y que luego de volver a verla este 2017 se me hizo total y absolutamente imprescindible.

Una experiencia en sala de cine

Ver, mientras llovía como si se tratase del mismísimo diluvio, I Walked With a Zombie de Tourneur en la mítica Piazza Grande de Locarno, la sala al aire libre más linda del mundo. Con suerte éramos 20 personas en un lugar con capacidad para 8 mil espectadores, y cada cierto tiempo relampagueaba, y juro que uno de dichos relámpagos coincidió en perfecta sincronía con la irrupción del zombie. Inolvidable.

Un texto:

El mail de Sion Sono pidiendo llegar a Valdivia unos días antes del festival para poder conocer mejor la ciudad. Ahí supimos que no sólo era imposible que cancelara, también fue un adelanto del amor de persona que fue en FICValdivia. Sé que esta pregunta se refiere más bien a un texto-ensayo crítico, pero para mí dicho mail fue el texto más importante del 2017.

Un fotograma

Para mí la imagen del año es la estremecedora y entrañable sonrisa de Harry Dean Stanton en Lucky, en una escena que de sólo recordarla se me llenan los ojos de lágrimas. Imposible de olvidar e imposible de reproducir por acá. Ojalá puedan ver la película 🙂


Pablo Conde (Programador del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata IFF, miembro del sitio web Encerrados Afuera y colaborador de la revista Los Inrockuptibles)

Una película:

Brawl In Cell Block 99, de S. Craig Zahler. Policial / película carcelaria / descenso a la locura / canto a la violencia / old school setentoso. Zahler, presidente.

Una canción en una película

Harlem Shuffle de Bob & Earl, en la secuencia de títulos de Baby Driver. Primero, gran idea la de poner temas que no son tan populares como algunos de sus fragmentos, luego sampleados en otras canciones (el mejor ejemplo es este: las trompetas de apertura son también el comienzo de Jump Around, de House of Pain). Segundo, y más importante, la versión original de Harlem Shuffle (popularizada luego por los Stones) no sólo es una gran selección, sino que la escena en la que la incluye Edgar Wright es una maravilla visual: plano secuencia, cámara que sigue a su protagonista y fragmentos (sampleos) de la letra escritos en las paredes, los postes y la vereda, entre otras cosas. Y mientras Baby decide qué llevar, un yeah, yeah, yeah, no hace mal.

Aquí el link:

Un doble programa

Tres avisos para un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, Martin McDonagh, 2017) y Un santa no tan santo (Bad Santa, Terry Zwigoff, 2003): porque tratarse mal nunca fue tan disfrutable. Humor negrísimo -de ese que te hace sentir culpable de reirte- a la orden del día.

Un descubrimiento

Les garçons sauvages / The Wild Boys (Bertrand Mandico): Imperdible.

Un reencuentro

TWIN PEAKS. Así, en mayúscula. Volver a formar parte de ese universo (ahora ampliado hasta el mismísimo infinito) fue el mayor placer de 2017. Casi 18 semanas perfectas. Y un capítulo 8 que cambiará vidas. Sí, así de puntual y específico.

Una experiencia en sala de cine

Todas las medianoches del Ambassador 1, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Público insuperable, nueve experiencias cinematográficas estimulantes.

Un texto

Todo lo escrito por la cuenta de Twitter Twin Peaks Arg https://twitter.com/ArgTwinPeaks y el profundo análisis de la serie, episodio por episodio, del blog El pájaro burlón http://elpajaroburlon.com/tag/twin-peaks/

Un fotograma


Lucrecia Matorozzo (Programadora de del festival Cortópolis)

Una película

Largo y corto

El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismäki

Y ahora elogiemos las películas de Nicolás Zukerfeld

Una canción

“Liti liti” de Orchestra Baobab en A Fábrica de Nada

Un doble programa

Le di varias vueltas hasta tratar de encontrar dos películas que dialoguen entre sí y que por lo menos una haya visto este año; como tuve poco éxito, va mi intento con una película y una novela: puedo decir que ver Zama fue toda una experiencia visual y sonora que me acompañó a lo largo de varios días y algo similar me sucedió al leer El entenado de Juan José Saer que leí, por casualidad, a los pocos días de ver Zama. Ambas, película y novela, comparten el cruce entre españoles y aborígenes,  la extrañeza del paisaje y el idioma y el lugar para las preguntas y reflexiones que se hacen los protagonistas y que por reflejo interpelan al espectador/lector.

Un descubrimiento

Baronesa. La película me pareció tan increíble que ya quería ver toda la obra de Juliana Antunes, cortos, largos… La gran sorpresa fue que Baronesa, tan sensible, sólida y conmovedora, fuera la ópera prima de tan joven directora. Espero ansiosa su próxima película.

Un reencuentro

Un rencuentro con el maestro Fernando Birri fue Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini, una de las películas que más disfruté. En un año tan difícil como este para nuestro país, esta película fue una especie de bálsamo.  Un encanto ver a Birri, en un rodaje, haciendo preguntas, escuchando atento a sus interlocutores, compartiendo risas con amigos, sembrando acción y esperanza.

Una experiencia en el cine

Ver y escuchar en el cineclub La Quimera en el marco de la Muestra Cortópolis Nitrato argentino científico. Selección de cortometrajes de divulgación científica restaurados por el Museo del Cine y sonomusicalizados en vivo por Club Sportivo Tritono, dúo integrado por Atilio Sánchez y Federico Disandro. Nunca pensé que la ciencia me iba a proporcionar tremendo goce estético. Los sonidos y la música crearon un particular contrapunto con las imágenes y el uso del silencio en un momento muy preciso fue tan impactante que cuando el programa terminó pensamos y sentimos que una experiencia irrepetible había sucedido.

Un texto

Mejor tres…

“El mono en el remolino” de Selva Almada.

“¿Dios nos ama cuando bailamos? – El cine de Les Blank” por Martín Emilio Campos Revista Cinéfilo

“Verano en Nueva York” por Ramiro Sonzini en Revista Cinéfilo Nº 23

Un fotograma

A Fábrica de Nada de Pedro Pinho


José Fuentes Navarro (Crítico en La vida útil. Cocinero en Cinéfilo. Programa en Pasión de los fuertes)

Una película

The Lost City of Z de James Gray

Es la extrañeza en visitar un mundo que apenas reconocemos, filmado con una tecnología, la analógica, a la que se suele dar por perimida. Asentada sobre una tradición, el Hollywood 70s, de donde toma su estética, pero principalmente esa especie de regusto melancólico que deja. Con un personaje que tiene la habilidad de contagiar sus obsesiones a los demás (y a nosotros), porque Z como todos los cuentos de la selva es la historia de un obsesivo, narrada empero con baja intensidad lo que nos da tiempo para que sea una extraordinaria experiencia visual y sonora pero también cuasi táctil y olfativa. Es el sensualismo elegante de Gray llevado al límite, cine clásico como experiencia radical.

Una canción en una película

“Slippery People” de Talking Heads

Suena cuando la CIA lleva a Tom Cruise a la Casa Blanca en American Made. Una visita al detrás de escena de USA en los 80, corazón ideológico que hace que el personaje y por lo tanto la película de Doug Liman existan.

Un doble programa

The Smiling Lieutenant de Ernst Lubitsch (1931) / The Day After Hong Sang-soo(2017)

Un descubrimiento

1. El cine de Jean Epstein, inventor de formas.
2. La visión de cuatro (de las seis) extraordinarias películas que dirigió Kinuyo Tanaka
3. Las tres temporadas de Rick and Morty, que junto a films como Detention de Joseph Kahn dinamitan las imágenes e ideas pop desde adentro.

Un reencuentro

Reencontrarme con amigos en festivales, con los conocidos de siempre y con los nuevos, el cine es comunidad como bien lo sabía John Ford.

Una experiencia en el cine

Sin duda Body Double de Brian De Palma en el Festival de Mar del Plata, una película cuya maestría hace que paulatinamente te despegues del respaldo.

Un texto

Roger Koza sobre Good Time de los Safdie.

GOOD TIME / GOOD TIME: VIVIR AL LÍMITE

Un fotograma

John Wick: Chapter 2 de Chad Stahelski


Cecilia Kang (Cineasta. Pueden ver Mi último fracaso. Se viene una nueva pronto)

Una película

Zama, de Lucrecia Martel

Una canción en una película

La musiquita pedorra de teclado midi que sonaba como leitmotiv en El día después de Hong Sang-soo. Esa musiquita pedorra, que te quemaba el cerebro. Quise buscar en internet al menos el nombre del tema o algo pero no lo encontré.

Un doble programa (una película vieja y una nueva que se relacionen de alguna manera)

She’s Gotta Have It (1986) de Spike Lee. Vi la película original una noche en Netflix por casualidad y luego amé que no fuera ninguna casualidad, sino que me estaban preparando para la serie que salió hace unos meses por la misma plataforma. También dirigida por Spike Lee, es más easy going, pero me gusta la mirada de este director maravilloso que hace un esfuerzo gigante para correrse de ese lugar tan cómodo, el mundo en el que vivimos, el mundo de los hombres. No trata de ponerse en el lugar de la mujer porque entiende que él no lo es, y eso me llena de gratitud. Saber que hay hombres buenos que entienden lo que es y lo que no.

Un descubrimiento

Mario Levrero y los insta-stories.

Un reencuentro

Hace un mes más o menos unas queridas amigas me guardaron en su casa. Me dieron de comer, me hablaron de tonterías, me escucharon las torturas mentales que tejía, me abrazaron mientras lloraba. Una de las noches de cura a una de ellas se le ocurrió volver a ver Space Jam. Mi otra amiga cocinó riquísimo, nos sentamos en el sillón y pusimos la película en el proyector de la casa. Esas noches tan enternecedoras y ricas que uno no recuerda los detalles porque fue sólo así, muy lindo y acogedor. Una especie de medicina que sí te gusta tomar, como las aspirinetas cuando una era chica. Mientras mirábamos la película y resaltábamos las dificultades que habría tenido Michael Jordan para simplificar todos sus movimientos (ya que la técnica del chroma imagino era una joya aún complicada de pulir en ese entonces) recordaba que esta película la había visto en el cine de Flores, uno grande que estaba en frente del McDonald’s. Creo que ahora es un Musimundo u otra iglesia evangelista. Ése fue el primer cine donde vi las primeras películas de mi vida. Películas que yo decidía ver. Una especie de actividad de grande, la cual no sé por qué yo tenía bastante libertad de hacer. Era cuestión de guardar la plata para el domingo e ir con mi mejor amiga a ver una película y luego comer una hamburguesa. Recuerdo que vimos Space Jam dos veces. Dos domingos consecutivos. Una dicha. La ebullición con la que salíamos, eso recuerdo. Como si ver esas imágenes nos permitiera saltar y volar como Jordan. Esas primeras imágenes conscientes sobre el bien y el mal. Salir y discutir entre las pibas, de qué trataba una cosa y la otra. Me río sola mientras escribo este recuerdo. En fin, creo que este fue un buen reencuentro. Con el amor a la actividad de ver una película. Compartir estas sensaciones primitivas con los amigos queridos. La amistad. El cine lo compartí siempre con amigos. Hace un mes vi Space Jam, y me aburrió mucho, pero agradecí poder haberlo hecho con dos amigas queridas, queridísimas, una noche de viento en una casa envuelta en hojas verdes de árboles altos, en un barrio que no era mío: una casa cura que me transportó a esa cálida sensación de bienestar. Al menos por un instante, o una hora de dibujitos animados.

Una experiencia en sala de cine

Siguiendo mi estado emo, ahí otra anécdota.

Hacía mucho calor y el sol tiraba una luz hasta blanca de tan fuerte que estaba. Estaba yendo a lo de mis viejos porque tenía que contarles que me había separado. Un bajón total. Iba caminando a la parada del bondi y pasé por el cine. Pasaban Paterson de Jim Jarmusch. La pasaban en cuarenta y cinco minutos. Entré y me compré una entrada. Caminé unas cuadras y saqué plata del cajero, pasé por una panadería que recordaba tenía buenos sanguchitos de miga y me compré tres sanguchitos. Pasé por un kiosko y compré un agua y carilinas (porque además estaba engripada). Volví al cine y faltaban veinte minutos todavía. Me senté en el barcito que tienen adelante y me tomé un café con leche. Esperé los veinte minutos junto a la otra única pareja de abuelitos que estaba para la misma película. Todo muy de otra época, o con un tiempo que no recordaba que se podía manejar. Una especie de no-tiempo en el que flotábamos juntos, los abuelitos y yo. Pasados tres minutos de la hora de la función, la boletera nos llamó, nos recortó los tickets y entramos. Teníamos toda la sala para nosotros, los abuelos y yo. Ahora recuerdo que había otra mujer más, que estaba sentada una fila más arriba a la que yo había decidido sentarme. Cuando puedo elegir, me gusta estar en el medio y cerca, que me inunden las imágenes de la pantalla. Pasaron un montón de publicidad, yo comía los sanguchitos muy lentamente porque quería terminarlos viendo efectivamente la película. William Carlos Williams, Jim Jarmusch, Adam Driver… todos hombres bellos. No podía fallar. Quería olvidarme de todo, comer sanguchitos, mirar cosas bellas. No pensar en nada. Por supuesto que nada de eso sucedió. Todo me recordó a vos, a nosotros. A todas las vidas posibles que ahora no van a suceder. Me reía sola muy triste porque me sentía tan identificada con ambos personajes. Pensaba en qué pensaría el otro. Deseaba que la otra persona pudiera ver esa película también. En un momento un personaje hermoso le habla al protagonista sobre empezar una “hoja en blanco”. En esos momentos de tanta empatía, sentís que alguna clase de dios existe. Alguien de más allá te quiere dar una palmadita en el hombro. Algo así. Sucesos sobrenaturales. Aquellos en los que un texto, una imagen, una música te habla sólo a vos. Narcisista y adolescente, lo sé. Pero muy efectivo en esto de vivir. Lloré. Desconsoladamente. Con mucha fuerza. Feliz y tan triste. Pensé en todo. Pensé en mi vida futura. Pensé en mi vida pasada. En la valentía o la cobardía. En las cosas que pasan, porque simplemente son inevitables. Aquellas cosas que se te van de las manos. Lo que pierdo, por más que intente no soltar. Cuando terminó la película y se prendieron las luces, no quería irme de la sala de cine. No quería. No quería abandonar esa especie de consuelo, de lección magistral de las cosas y de las personas. No quería ir a la vida real tampoco, imagino… ¡Qué linda la oscuridad de la sala de cine! Las butacas suaves, ocupadas siempre por los espíritus de tu propio corazón. Obviamente, ese día no fui a la casa de mis viejos.

Un texto

2 poemas. El primero es más inmediato, como de presente, ¿no? El segundo una lectura de cómo quisiera ser cuando sea grande.

Por qué no explico, de Edgar Bayley

Abrir la puerta –

me pregunto

y es una pregunta inmoral

si servirá de algo abrir esa puerta

que da al patio

a la tierra

al viento del mundo

a los pasos de la gente

me pregunto

si servirá de algo escribir

a estas horas de la noche

en el silencio de mi habitación

con la puerta cerrada

sería tan sencillo

me digo

abrir por fin la puerta

y asomarme y mirar

dejando que me lleven

los pasos y la sombras del camino

me pregunto si servirá de algo explicar

por qué no explico

cuando tanta palabra y confidencia

intentaron traducirme

y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta

me pregunto

y andar por el patio

por el mundo entre la gente

abrir de par en par la puerta

para que todo pueda cumplirse

como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente

como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo

como el canto de las aguas y el susurro de la siesta

como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse

la luz la noche la inocencia

el nombre que pasa entre las ramas

la puerta se abrirá enteramente

se abrirá por fin la puerta

por si alguno

quiere volver a entrar o salir

o curiosear entre mis cosas

o esperarme mientras vuelvo

y si tardo y no regreso

salir al viento

y olvidarme

 

El huerto, de Mary Oliver

He soñado

con el éxito.

He alimentado

 

la ambición.

He cambiado

noches de sueño

 

por horas de trabajo.

Ah, y he descubierto

cómo el brote suave

 

se convierte en fruta verde

que se convierte en fruta dulce.

Ah, y he descubierto

 

que todos los vientos son fríos

al final

y las hojas

 

tan lindas, tantas,

se evaporan

en el gran

 

envoltorio negro del tiempo

en el gran envoltorio negro

del deseo

 

y que la madurez

de la manzana

es su caída.

Un fotograma

El amor. Total. Más amores fuertes así se necesitan en este mundo cada vez más atroz y estúpido.


Paz Bustamante (Guionista. Colaboró en varias de las películas de Sebastían Lingiardi. La más reciente de ellas, Imagen Mala, se estrenó este año)

Una película

Zama

Me perdí en la película, hubiera disfrutado mucho una proyección de Zama en continuado. Es difícil generar en el espectador esa “atención dispersa”, como si no supieras muy bien de qué va, para mí eso la hace genial, por qué sí hay sentidos complejos. Luego leí algunas críticas y sentí lo dificultoso que les resultaba decir algo puntual, certero. Por ejemplo, se notaba la necesidad de recurrir a otras películas o textos, no para establecer las habituales comparaciones, nexos o genealogías sino para rodearla y hacerla hablar.

Una canción en una película

“Corazón mágico” de Dyango cantada por Lalo, en La Siesta del Tigre de Maximiliano Schonfeld.

Hermoso momento pregnante de holgazanería. Si no es una canción de la biografía real de Lalo, pierdo puntos de intuición.

“Corazón/ Qué le has hecho a mi corazón/ Corazón/ Luna llena/ Canción de Amor”.

Un doble programa

El futuro perfecto, Nele Wohlatz, 2017

Perpetuum Mobile, Nicolás Pereda, 2009.

Las dos películas trabajan la repetición y la diferencia desde la narrativa – producen efectos distintos – pero ponen en cuestión la idea de representación y también del lenguaje como modo de comunicación/incomunicación. (Claramente se podría incluir una obra de Hong sang-soo, otras películas de Pereda, Viola de Matias Piñeiro… no sé si cumplo con la consigna).

Un descubrimiento

Audrius Stonys

https://www.stonys.lt/

Un reencuentro

Fata Morgana, Herzog.

Este año pude escuchar a Herzog de cerca, verlo conversar hasta altas horas con la misma o mayor vitalidad que la juventud que lo rodeaba, ver cómo discutía hasta “ganar”. La seguridad que tiene para pensar el cine es avasallante. Volví a ver muchas de sus películas. En ese contexto, Fata Morgana se convirtió en mi (una de mis) preferida(s) de la vida.

Una experiencia en sala de cine

Hanak Dusam, Obrazy Starého Sveta (Pictures of the Old World) en la sala Glauber Rocha, EICTV.

Todas las noches, durante la semana, en la mítica Glauber Rocha, se proyecta una película. Las conversaciones post película suelen ser muy enriquecedoras, en este caso, la sensación era la de haber vivido un momento de belleza y ocaso. De haber recibido un mensaje de una dimensión paralela y olvidada. De comprender un poco qué puede el documental.

Un texto

“La cifra impar” (Sobre mujeres directoras en el cine argentino). Publicada el 03-10-2017, Por Griselda Soriano y Luciana Calcagno.

Nota necesaria para nosotras que hacemos cine en Argentina y poco conocemos de nuestras filiaciones. Nota señuelo porque abre posibilidades para investigar. Además logró cierta popularidad que no es fácil.

Un fotograma

Los perros de Amundsen, Rafael Ramírez. Cuba, 2017.

Cortometraje híbrido: documental, ficción y found footage. Los pequeños puntos de sentido no determinan el goce de las imágenes, que a su vez logran tocarse como si formaran parte de una constelación más amplia, que los simples mortales no llegamos a comprender. Logra combinar poesía y filosofía sin empalagar. Expresión de lo mejor del Nuevo Cine Cubano. En esa especie de categoría incluyo al director Alejandro Alonso. Sus obras pudieron verse en el último Festival de Cine de Mar del Plata.

Por último, comentar que enero – agosto estuve en Cuba, eso marcó mi lista, hay muchas películas que se estrenaron en Buenos Aires que no alcancé a ver.


Ezequiel Iván Duarte (Crítico. El zapato de Herzog, La cueva de Chauvet)

Queridos amigos Pisteros, Cinéfilos, Útiles (y me recuerdan un libro de Nuccio Ordine que no leí, La utilidad de lo inútil): este año no estuve demasiado pendiente de los estrenos, no fui a festivales y en general no vi tantas películas por lo que mi aporte será muy modesto cuando no nulo en algunas categorías. Aquí vamos.

Una película

Paterson de Jim Jarmusch. La importancia de esta película no ha sido debidamente resaltada. Confieso que me debo al menos una revisión. Propone una forma de relación entre las personas alejada del cinismo y el desprecio imperantes. Es, en cierto sentido, una anti-película. Pero el prefijo negativo resulta engañoso: Paterson no funciona desde la negatividad. Por el contrario, lo hace desde una positividad que ha suscitado sospechas. “Si algo le reprocho es que es demasiado buenita, demasiado linda”, me comentó alguien. El corazón, la bondad, la comunión son vistos con sospecha en un mundo atroz. Es lógico entonces que algunos puedan ver en el largo de Jarmusch un gesto de imperdonable ingenuidad o banalidad o falta de brío, de sangre, de nervio. Pero es esa estética que propone Paterson, desde el rescate de la mirada cotidiana y rutinaria (¿ritual?) de la clase obrera, la que constituye una política desafiante y sin concesiones.

Un doble programa

O Ornitólogo (Joao Pedro Rodrigues) y Sebastiane (Paul Humfress y Derek Jarman). Mi primera idea fue combinar la película de Rodrigues con Rester vertical de Alain Guiraudie, pero la consigna indicaba el diálogo entre una película reciente y una vieja, así que reemplacé el pesadillesco film del director de El desconocido del lago por la ópera prima de Derek Jarman de 1976. El largo de Rodrigues está poblado de referencias cristianas, entre ellas a San Sebastián, una suerte de santo patrono gay. Humfress y Jarman, por su parte, abordan la historia de Sebastián desde un doble nivel homoerótico-religioso: por un lado, con la desnudez permanente de sus protagonistas masculinos y con la homologación de martirio y BDSM; por otro, en la propia tensión entre el deseo y su consecución, con el tema del consentimiento de por medio.

Un descubrimiento

Ésta es difícil. Supongo que podría nombrar el cine de pueblos pequeños y personajes abandonados de Kelly Reichardt, la sencilla contundencia de La noire de… (Ousmane Sembene), a Werner Schroeter o a Los muertos 2 de Manque La Banca, quizás la película argentina del año. Pero me inclino por mencionar una obra maestra de 1913: Ingeborg Holm de Victor Sjöström: una mujer enviuda, pierde su negocio y, debido a la situación precaria en la que cae, el Estado le quita a sus hijos. La economía de recursos esperable en una película de la década del 10 del siglo XX le juega absolutamente a favor, la dota de una pétrea aspereza digna del último Dreyer o de Bresson.

Un texto

Voy a violar la consigna y elegir dos, provenientes del libro Post-Cinema. Theorizing 21st Century Film que pueden descargar de forma gratuita y legal. Ambos pertenecen a una sección bellamente titulada Ecologies of Post-Cinema (Ecologías del post-cine). El primero es de Adrian Ivakhiv y se titula “The Art of Morphogenesis: Cinema in and beyond the Capitalocene” (El arte de la morfogénesis: el cine en y más allá del Capitaloceno). El autor comienza por diferenciar dos sentidos del cine: el que lo define como la grabación foto-realista de la realidad, en crisis por el avance de la tecnología digital respecto de la fotoquímica; y el de arte de la morfogénesis, “la generación de formas nuevas a partir de viejas, reproducidas, reensambladas, recompuestas y reimaginadas”. Es este último sentido el que interesa a Ivakhiv, quien procede a realizar un análisis onto-ecológico del cine que no descuida aspectos como la dependencia de las formas de luz. El otro texto es “Algorithmic Sensibility: Reflections on the Post-Perceptual Image” (Sensibilidad algorítmica: reflexiones acerca de la imagen post-perceptual) de Mark B. N. Hansen, de lectura obligada para todo aquel interesado en los escritos sobre cine de Gilles Deleuze. Hansen desarrolla el carácter inapropiado de la ontología de la imagen-movimiento de Henri Bergson en la que Deleuze basa sus reflexiones y, sobre todo, critica el uso instrumental, superficial, que hace de la faneroscopía peirceana (y su incompatibilidad con la concepción bergsoniana).

Un fotograma

Cuatreros, Albertina Carri.


María Aparicio (Cineasta. Este año esterenó Las calles, que no podemos dejar de recomendar. Ojalá falte poco para la próxima)

Una película

Dawson City: Frozen Time, de Bill Morrison.

Una canción

“I’ll Be Here in the Morning”, de Townes Van Zandt, en el comienzo de Arábia, de Affonso Uchoa y João Dumans.

Un doble programa (vieja y nueva)

Este año, hace apenas unos días, tuve la extraña fortuna de trabajar en la tercera película de Rodrigo Guerrero, que se filmó en Venecia. Mientras estábamos allí, Martincito Campos me manda el link del que se supone es el primer travelling de la historia del cine, filmado por los Lumière desde una góndola en el Gran Canal de Venecia.

Un descubrimiento

En Bafici de este año entré a ver Mister Universo, de Tizza Covi y Rainer Frimmel sin saber nada de ellos, y fue una de las alegrías cinematográficas más bonitas de mi año.

Un reencuentro (para bien o para mal)

El reencuentro con Kaurismäki, con The Other Side of Hope.

Una experiencia en el cine

Otra en Bafici, viendo los cortos animados de Johannes Nyholm. Creo que nunca había llorado de risa en una sala como esta vez.

Un texto

Ésta es difícil. Pero elijo este breve texto de Fer Pujato sobre The Dreamed Ones de Ruth Beckermann:

La correspondencia entre, quizá, los dos más importantes poetas de lengua alemana de posguerra, Ingeborg Bachmann y Paul Celan, plagada de confesiones tardías, trazos de amargura, y celos profesionales, trata sobre un amor imposible -como todo amor que se precie- cercado por la política y la historia; Celan era un judío nacido en Rumania y sus padres murieron en un campo de exterminio mientras que el padre de Bachmann era un austríaco nacionalsocialista. Dentro de la estación radial Funkhaus de Viena la sentida evocación de Beckermann para con esas frágiles criaturas que dejaron esta vida dolorosamente juega con dos espacios dentro del film: la filmación propiamente dicha donde dos jóvenes actores leen las cartas en un registro centrado casi exclusivamente sobre sus figuras y los momentos de pausa en los cuales comienzan a entablar una relación por fuera de lo estrictamente profesional. No sabemos qué es el amor, sólo sabemos que desde la literatura las formas del cine lo han traído desde un tiempo ya ido para depositarlo en otras voces y en otros cuerpos. Tal vez para que continúe siendo imperecedero. Tal vez.

Un fotograma

The Woman Who Left, de Lav Diaz.


Pablo Ceccarelli (Crítico. La Plata. Uno de los directores de la Revista Pulsión)

Una película

Cuatreros de Albertina Carri.

La memoria personal entremezclada con la historia política del país. El diálogo con la propia obra, el paso de los años, el pasado que siempre está refiriendo al presente, la voz que penetra constantemente vomitando de seco en la conciencia del espectador y jugando con las múltiples imágenes y sonidos. Pero, sobre todo, una apuesta hacia el futuro.

Una canción

“Gracias a Dios”, de Palito Ortega, incluida en Cuatreros

Nunca pensé que un tema de Palito Ortega me emocionara al sonar de forma casi épica en la conclusión de este film, retomando su uso en el film colectivo Argentina, mayo de 1969: Los caminos de la liberación

Un doble programa

Los taxis (1970; Ricardo A. Moretti, Diego Eijo, Carlos Vallina, Eduardo Giorello, Silvia Verga, Alfredo Oroz) (1970) / Los muertos 2 (2017; Manque La Banca)

Un medio metraje y un largometraje, ambos platenses, que a pesar de no ser redondos ni perfectos, se destacan y se vinculan en cuanto a la reflexión de la propia obra por parte de sus autores y el contexto de su realización en el marco de la institución universitaria de La Plata. (El colega Álvaro Bretal se encargó de analizar más extendidamente el diálogo entre estas dos películas en el nº 6 de nuestra revista Pulsión)

Un descubrimiento

Me despierta algo de rechazo el término “descubrir”, casi posicionándose como un Colón “descubriendo” algo que en realidad ya existía. Por lo tanto, optaré por dejarlo vacante este punto. (Sepan disculpar).

Un reencuentro

The End of Evangelion (1997; Hideaki Anno y Kazuya Tsurumaki) proyectada en el Cine Municipal Select de La Plata en el ciclo Videodromo.

Más que cambiar mi valoración, ver de nuevo este film en pantalla grande reforzó y potenció diversas sensaciones producidas a lo largo de varios visionados. Muchas versiones cinematográfica de animes terminan siendo meros capítulos extendidos, mientras que The End of Evangelion lo que hace es casi lo inverso: se presenta explícitamente como dos capítulos extendidos, pero éstos son más cinematográficos que cualquiera de sus pares, demostrando que existieron para verse en una pantalla de cine.

Una experiencia en sala de cine

El Auditorio de Mar del Plata aplaudiendo en el festival internacional durante la proyección de A Fábrica de Nada, cuando el personaje del padre le grita a su hijo “Hay que destruir a los gorilas sino los gorilas nos destruirán a nosotros”

Un texto

“Sombras terribles” de Oscar Cuervo, publicado en el blog La Otra: http://tallerlaotra.blogspot.com.ar/2017/02/sombras-terribles.html

Un fotograma

No he podido conseguirlo, pero si me tengo que quedar con un fotograma en el año, sería uno del momento en que Fernando Birri muestra cómo funciona una especie de juguete de una fantasma que cobra vida en Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini. La imagen de una despedida y un hasta siempre de Birri cargado de ternura y alegría ante la muerte.


Valeria Fernández (Cineasta y sonidista. ¿Cuánto falta para el primer largo?)

Una película:

Empate entre Yourself and Yours (Hong Sang-soo) y La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky).

Una canción

Una película que es canción: La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky).

Un descubrimiento

Julian Radlmaier, cortesía de FICIC 2017.

Un reencuentro (para bien)

Con Depardon, me había olvidado de que lo quería mucho.

Una experiencia en el cine:

Una película como experiencia: Ulysses in the Subway (Ken Jacobs, Flo Jacobs, Marc Downie, Paul Kaiser).

Un texto:

“Calibrar el ojo” de Malena Solarz (Revista de Cine, Número 4).

Un fotograma


Agustín Lostra (Codirector/redactor de Revista Pulsión, realizador, estudiante de teatro)

Una película

Muchos hijos, un mono y un castillo (2017) de Gustavo Salmerón, película que vuelve a demostrar que los actores/las actrices que hacen películas suelen tener más para mostrar que varios directorxs dedicadxs exclusivamente al cine.

Una canción

El hip-hop tumberochic de Twin Peaks

Un doble programa

Los inundados (1962) de Fernando Birri y Atenas (2017) de César González.

Dos películas que pueden obrar como retrato de quienes viven en los márgenes del estado ayer, hoy y -confiamos- no por siempre.

Un descubrimiento:

Los muertos 2 (2017) de Manque La Banca: tropipsicodelia sureña, resabios romanticistas, antisistema narrativo; un experimento con mucho aire fresco.

Un rencuentro

Gritos y susurros (1972) de Ingmar Bergman, que tuve el gusto de ver en pantalla grande gracias al ciclo platense Videodromo.

Una experiencia en el cine

Proyectar Cuatreros de Albertina Carri dos veces junto a los ciclos de Fesaalp y Videodromo a sala llena en el cine municipal Select con diálogo posterior con ella y Diego Schipani, el productor.

Un texto

“Aya Huma: poner el pasado por delante y el futuro por detrás” de Ronny Albuja, que abre los textos de la última Pulsión. Una mirada arriesgada/escorpiana sobre la historia eurocentrista hegemónica de los orígenes del cine que pone en relieve las experimentaciones lumínicas andinas.

Un fotograma

Los inundados, Fernando Birri, 1962. Retrato del caretaje solidario y anticonflicto que ayer, hoy y esperemos no siempre banca a este gobierno asesino.


 Juan Redondo (Córdoba. Cinéfilo extremo Nº3)

Una película

El otro lado de la esperanza – Toivon tuolla puolen de Aki Kaurismäki.

Una canción

“Slowly” en Fallen Angel (1945, Otto Preminger). La vimos en una de las últimas funciones del cinéfilo de este año. ¡Es el único tema que hay en la mejor rockola del mundo! (Ésta no es la versión de la peli pero es parecida)

Un doble programa

Vieja: Pat Garrett y Billy the kid – Sam Peckinpah

Nueva: Hell or High Water – David Mackenzie

Un descubrimiento:

Wonders of the Sea 3D (la inconmensurable belleza de la vida marítima).

El foco de Jean Epstein del cinéfilo

Un reencuentro:

Hubo un no-reencuentro, lamentable.

Una experiencia en sala:

Fausto y Amanecer de Murnau musicalizadas en vivo en el Cineclub la Quimera. Y una discusión sobre quién verdaderamente mató a Liberty Valance en The Man Who Shot Liberty Valance de John Ford en la sala del Hugo del Carril viendo y repasando la escena una y otra vez.

Un texto:

Un párrafo de El nombre de la rosa de Umberto Eco.  Tal vez parezca arbitraria la elección pero confío que alguna idea encierra.

– Pero no fue esto lo único que me contó Salvatore. Con palabras truncadas, obligándome a recordar lo poco que sabía de provenzal y de algunos dialectos italianos, me contó la historia de su fuga de la aldea natal, y su vagabundeo por el mundo. Y en su relato reconocí a muchos que ya había conocido o encontrado por el camino, y ahora reconozco a muchos otros que conocí más tarde, de modo que quizá, después de tantos años, le atribuya aventuras y delitos de otros, que conocí antes o después de él, y que ahora en mi mente fatigada se funden en una sola imagen, precisamente por la fuerza de la imaginación, que, combinando el recuerdo del oro con el de la montaña, sabe producir la idea de una montaña de oro.

Un fotograma:

Coeur fidèle (1923, Jean Epstein)


Jesús Rubio (Crítico de La Voz del Interior, programador del Cineclub de la Biblioteca en el Cineclub Municipal Hugo del Carril de Córdoba)

Una película:

Fragmentado (Split, M. Night Shyamalan).

Una canción en una película:

“Hechizo”, de Héroes del Silencio, en La posesión de Verónica (Paco Plaza).

Un doble programa:

A quemarropa (John Boorman, 1967) y Atómica (David Leitch, 2017).

Un descubrimiento:

Empathy (Jeffrey Dunn Rovinelli, 2016).

Un reencuentro (para bien):

The Man Who Shot Liberty Valance (John Ford, 1962), en el Cineclub Municipal (Córdoba Capital).

Una experiencia en el cine:

Zama (Lucrecia Martel).

Un texto:

La introducción de Roger Koza a la edición 2017 de La internacional cinéfila.

Un fotograma:

El hermoso plano final de Empathy (Jeffrey Dunn Rovinelli, 2016).


Martín Emilio Campos (Crítico en La vida útil. Trabaja y programa en el Cineclub Hugo del Carril. Tocá en Fonez, banda que deberían escuchar)

Una película

La fábrica de nada, de Pedro Pinho (2017). Podría llamarse “La fábrica de todo”: Lisboa, la micro y macroeconomía, la conciencia de clase, la crisis europea, obreros combativos, intelectuales pasivos, los fusiles de revoluciones pasadas, fábricas tomadas en Argentina, el portugués de Portugal, el portuñol, coreografías musicales, postpunk hardcore de protesta, batallas ganadas, la promesa de un mundo más justo.

Una canción en una película

Este año dejaré por consagrado el ítalo disco y el synth pop con tres elecciones:

– “Ikea Seki” de Kano, en Viejo calavera (Kiro Russo, 2016), la que, si no me equivoco, mi amigo John Campos Gómez eligió en esta encuesta el año pasado.

– “Brokendate” de Com Truise, en los créditos de inicio de Toublanc (Iván Fund, 2017), y cuyo nombre conozco por habérselo robado a Mariano Luque en su elección.

– “Sleep of Scars” de Milan Loewy, en los créditos de cierre de The Impossible Picture (Sandra Wollner, 2016).

Si nos toca vivir de nostalgias, que al menos sea con este bpm.

Un doble programa (vieja y nueva)

Tout va bien, de Jean-Luc Godard (1972) con La fábrica de nada, de Pedro Pinho (2017). Sí, sé que soy obvio. Sí, sé que es fácil. ¿Y qué? Fábricas tomadas: los obreros al poder.

Un descubrimiento

Primero querría destacar el caso de The Impossible Picture, de Sanda Wollner (2016), que venía oculta (al menos para nuestro radar) hasta que llegó a FilMadrid donde nuestro enviado especial Roger Koza la rescató (para nosotros) de un injusto olvido y de paso le dio un premio que de sobra merecía. Con terror pensamos: de cuántas películas estaremos así de lejos, sin causalidades que nos las acerquen. Otra más que se les escapa a los ejecutivos (¿está mal usar esta palabra?) de los grandes festivales europeos. Y van…

Por otra parte, hacia fines del año con Eva Cáceres decidimos darle una segunda parte al ciclo de cine soviético que el año pasado habíamos presentado en el Cineclub Municipal Hugo del Carril en el marco del cineclub Cinéfilo. Los aniversarios (100 años de la gesta de 1917) lo ameritaban. Nos propusimos, quizás con más ahínco que la primera vez, revolver los estantes buscando cosas que no hayamos visto nunca (amparados en los horarios del ciclo que lo acogería esta vez, el Etiqueta Negra). Así pude llegar a grandes momentos como los tractores filmados como tanques de guerra en Tractoristas, de Ivan Pyriev (1939) (una película muy feminista, dicho sea de paso; y, en general, qué roles magníficos tienen las mujeres en las películas soviéticas), cuadrillas enormes de aviones surcando el cielo en una estética coreografía combativa y visiones retrofuturistas de la Luna y Marte. Pero lo más llamativo que encontré fueron las películas de Leonid Gaidai, aparentemente el tipo más convocante de la historia del cine soviético. Sus comedias me hicieron recordar injustamente (para Gaidai) algunas comedias argentinas muy superficiales de los 80 y 90. Pero quizás ahí era donde residía parte de mi fascinación: poder distinguir en cada plano lo trivial de la vida cotidiana en la Unión Soviética de los 60 y los 70; las novedades que había, para nuestra concepción social, en aquellos momentos presentados sin mucho trabajo justamente por ser demasiado corriente para ellos. De todos modos Gaidai demuestra un tacto a la altura de los grandes (tampoco el Olimpo, seamos buenos) para el ritmo y el gag, algo que quizás mejor se exprese en “Operación Y” y otras aventuras de Shurik (1965), un slapstick formado por tres episodios independientes. Resulta raro hablar de descubrimiento de películas que han rozado los 80 millones de espectadores (hasta hay universidades en Rusia con estatuas de Shurik); es otro dato más acerca de lo poco que conocemos de aquella vasta y siempre sorprendente tradición cinematográfica.

Un reencuentro (para bien o para mal)

Ha sido un año de pocos reencuentros, para ser sinceros. Espero que a nadie más le interese, pero podría decir que volví a encontrarme, más de un lustro después, con la serie Arrested Development. Sin animarme aún a ver la última temporada (es algo que me suele suceder, de Seinfeld a Hercules Poirot, de no querer cerrar mis historias), para agarrar valor empecé a retomar esos capítulos que devoraba sin cesar cuando los pasaban continuamente por ISat. Créanme, y lo digo con alivio, aún están intactos.

A nivel cinematográfico, un reencuentro a medias. No voy a decir que RoboCop era un referente de mi infancia ni mucho menos, pero sí le he dedicado algunas horas de visionado. La volví a ver en una función bastante accidentada en Mar del Plata. Evidentemente la versión que nos tocaba ver de chicos estaba cortada con soda, porque hay imágenes fuertes que no recuerdo en la más mínima medida, ni siquiera como potencial trauma. Pero qué placer extraño es poder actualizar (¿políticamente?) nuestras ideas inocentes de niños… Sin dejar de disfrutar como uno, claro está.

Una experiencia en sala de cine

Con los amigos cinéfilos de Córdoba decidimos pasar algunas noches de verano comiendo asado y viendo películas proyectadas en una pared del patio del prócer Alejandro Cozza. Entre carne, humo, alguna que otra verdura y bien provistos de bebidas (hoy por hoy el trago de cabecera es “la burnetera”, un gin tonic armado con gin marca Burnett’s) empezamos el 2017 con obras tales como Hell or High Water, de David Mackenzie (2016) o Designing Women, de Vincente Minnelli (1957). La temporada de este verano ya se abrió con un título que nos dejó sabor a poco, pero enero es largo y prometemos afilar la puntería. Obviamente están todos invitados (tenemos requisitos mínimos de admisión). Amistad, carne, vino/burnetera y cine. Nos conformamos con poco.

Pero uno siempre apuesta a que las experiencias ocurran dentro de las salas de cine, esas cuevas oscuras, confortables, donde la películas realmente se aprecian en toda su dimensión (si sale todo bien…). Y mi mejor recuerdo del año en esta categoría (bueno, para ser sinceros la sala del Teatro El Alma Encantada es un lugar particular) es la función de Over the Edge, de Jonathan Kaplan (1979) en las “trasnoches de superacción” del festival de cine de Cosquín. Ya nos habíamos deleitado la noche anterior con Matinee, de Joe Dante (1993), y el suceso ya prometía ser memorable. Pero esta vez quedé sinceramente impactado. En ese momento sentí (aún me dura la sensación, he necesitado volver a visitarla varias veces) que era la película más necesaria de la historia. Que había que proyectarla todos los meses en todas las salas del país. Usarla de ejemplo para revolver los avisperos de todas las escuelas de cine. Era LA película que el cine de Córdoba (con esta policía…) aún necesita. Pocas veces he visto una película tan arriesgada a nivel político, y sin perder nunca el amor por esos niños de una generación olvidada por el resto del mundo, desobediente, indomable, sensible y subversiva. Es una película divertídisima y conmovedora y con la que dan ganas de salir a pelearse con todo lo que está mal en el mundo. Poder compartirla con tantos amigos, en un festival tan encantador como el de Cosquín, con una cantidad increíble de invitados queridos, fue irrepetible. Incluso antes de empezar la función ya había una sensación general de algarabía (probablemente la cerveza tirada artesanal de cortesía haya tenido algo que ver). Recuerdo un motoquero (que, sin entender muy bien de qué se trataba, andaba preguntando qué hacía tanta gente en la vereda) aplaudiendo a rabiar los primeros acordes del rock con el que empezaba de la película. Estábamos contentos por lo que íbamos a ver. A la salida ninguno era el mismo.

Un texto

Es una fija en mis votaciones de fin de año. Lo repito una vez más: crítico de excelencia en nuestro país mundano, Roger Koza desde Cannes está en estado de gracia. Su recorrido por el festival es preciso, actual, corrosivo cuando corresponde; y en cada idea se puede aprender una lección. Y es admirable, incluso, que lo logre en medio del ritmo frenético que se autoimpone para cubrir el evento.

Si el año pasado su análisis global estuvo centrado en una crítica al cine que presuponemos progresista, en el 2017 fue mordaz contra la crueldad imperante en las películas que el otrora prestigioso festival formador de agenda elige como editorial. En su nota de cierre (titulada “La Internacional de la crueldad” y que pueden visitar aquí: http://www.conlosojosabiertos.com/festival-cannes-2017-14-la-internacional-la-crueldad/), afirma: “En el cine se puede representar absolutamente todo, incluso aquello a lo que alguna vez se le adjudicó un carácter de irrepresentable por su intensidad traumática, aquello supuestamente inabordable para cualquier orden simbólico. El día en que el cine dejó evidencia de una pala mecánica que arrastraba cadáveres se traspasó todo límite representacional. La cuestión pasará siempre por pensar el código de representación elegido y sus funciones”. Sigue, ejemplificando con fragmentos de cada película de la competencia.

Imprimí la cobertura. Aún la tengo, subrayada a medias, en la mesa de luz.

Un fotograma

El programa de Pinho, desde Portugal, tiene una actualidad en estas coordenadas que pasma. Rogamos que en 2018 se concrete.


Lautaro García Candela (Editor de La vida útil. Se viene el estreno de su primera película)

Una película

No es la mejor película del año ni por asomo y su importancia es bastante exigua, pero elijo Lady Bird (2017, Greta Gerwig). Podría intercambiarla sin ningún problema con El futuro perfecto (2016, Nele Wohlatz) que vi este año en la Sala Lugones (O con Baby Driver, o con Spiderman: Homecoming). Son pequeñas fábulas de iniciación en las que la edad de sus protagonistas no son la excusa para hacerse el desentendido con el contexto, sino más bien lo contrario: miden los alcances de una época en una persona que todavía no está del todo desarrollada. Sus protagonistas están en esa etapa en la que no hay nada muy definido y todavía no saben a qué distancia del otro empieza uno, como decía Daney. Y cuando empiezan a darse cuenta, cuando amplían su lenguaje y sus capacidades, lo hacen también expandiendo su forma cinematográfica. Los finales de ambas películas traen aparejados aprendizajes (de manejar un auto o de un tiempo verbal) que hace estallar la organización de los planos, la supuesta equidistancia con que se venían manejando y se entregan de manera total a la celebración del conocimiento como forma de aprehender el mundo. Y que no suene demasiado solemne: son comedias nada finas, les dan a sus personajes el privilegio de la maldad, sin miedo a la incorrección política.

Una canción

Tengo que admitir que hice trampa y pude ver que nadie en toda la Encuesta había elegido la canción que cantan Adam Sandler y Grace Van Patten (revelación total) en The Meyerowitz Stories (2017, Noah Baumbach). Me pareció que había que hacerle justicia.

Mención especial al show de los hijos de Rosario Bléfari (Laila Maltz y Camilo Castiglione) en Adiós entusiasmo (2017, Vladimir Durán).

Un doble programa

A Jean-Luc Godard le gustaba mucho el musical, incluso decía que como género era “la idealización del cine”. A The Pajama Game (1956, Stanley Donen y George Abbott) la describió como el primer musical de izquierda. Una delegada sindical (Doris Day) y el supervisor de una fábrica de pijamas tienen un amorío aunque la clara diferencia de roles sociales los separe. Ante el reclamo de un aumento salarial (siete centavos y medio), quedan en veredas opuestas. Después de varias vueltas y canciones, descubren un manejo turbio del dueño de la fábrica y gracias a eso se ponen de acuerdo para finalmente tenerlo. The Pajama Game no es una gran película pero se ofrece al mundo con sus contradicciones: hecha desde el centro del poder mundial, tampoco puede ser radical en su representación de la lucha de clases.

Me pregunto si por un momento quienes escribieron y filmaron A Fábrica de Nada (2017, Pedro Pinho) estaban pensando en Godard cuando uno de los obreros le recrimina al director argentino que quiere hacer un musical sobre su lucha para recuperar una fábrica. Le dice exactamente: estás haciendo películas para tus amigos los franceses. Supongo que habrá sido linda la época en la que las películas no eran tan autoconscientes ni tenían tan controladas sus contradicciones.

Un descubrimiento

Ado Arrieta fue una especie de ángel pícaro que aparecía en las funciones del Festival de Mar del Plata caminando en un paso lento, casi tan lento como su dicción. Cada frase sucedía a otra con una extraña concatenación, más proveniente de la imaginación que de la lógica. Sus películas, parecidas a su manera de hablar, espantaron a los jubilados de siempre y a algunos despistados. Pero Flammes (1975, Ado Arrieta), dejó a todos adentro. Hay una chica mimada por su padre, ambos viven en un castillo atemporal, y ella desarrolla desde muy temprano una lasciva fascinación con los bomberos -Arrieta advierte: no interpreten desde el psicoanálisis-. Es una película de disfraces y pulsiones. Todos los personajes tienen ambas. Intercalan y amontonan.

La fachada aristocrática y los modales en esa mansión de clase alta son los que pervierten cada movimiento. Flammes se desentiende de cualquier actitud de los personajes: los mira con cariño y recelo. Lo que pase puertas para adentro de sus habitaciones no es cosa suya. Ahí es que puede verse lo clásico de su forma y su recorte: es una película que podría pasar sin problemas el código Hays, que trabaja por alusiones y silencios. Va homenajeando y parodiando en partes iguales a ese cine clásico estadounidense, que tantos problemas tenía en mostrar las perversiones, mientras a sus personajes los va enfermando cada vez, aún cuando siguen siendo totalmente amorosos. El final es un maravilloso plano sostenido en el que los protagonistas, sin importar sus diferencias sociales o de edad, ni siquiera algún eventual problema, se van en un avión de plástico, totalmente de juguete, artificial, que funciona como la síntesis y la cifra de una obra maestra.

Un reencuentro

Bajo el sol de Satán (1987, Maurice Pialat). Ver un milagro como el que pone en escena Maurice Pialat en la pantalla de una notebook es un despropósito. Al verla en el cine, en 35 mm, todo tuvo sentido.  Y después pudimos ver Van Gogh en la Sala Lugones: otra experiencia increíble.

Una experiencia

Ver por primera vez una película de James Benning en sala de cine: measuring change (2017, James Benning). Entre la abstracción y el realismo; el arte conceptual y una manera muy antigua de hacer las cosas.

Un texto

La crítica argentina (de la que esta página forma parte) no estuvo a la altura de las circunstancias. El mundo se configura cada vez más peligroso y difícil de entender: nuestra tarea es adentrarnos en ella con las películas (con su forma cinematográfica) como herramientas. No ha sucedido. Pero para no dejar vacante la categoría y dejar algo para leer, recomiendo Punctuum, de Martín Gambarotta. Se puede leer acá. Este año me interesé por la poesía argentina de los 90 y noté que algunos de los que pertenecieron a esa generación forzaron el lenguaje propio para devolverle a la poesía su costado más vital sin volverse costumbrista ni negar la dimensión política del espacio íntimo y el espacio público. Deberíamos leerlos más atentamente.

Un fotograma

No es estrictamente cine. Pero un procedimiento que le pertenece al cine, el montaje, junta dos imágenes aparentemente irreconciliables y muestran un accionar estatal que de otra manera hubiera permanecido escondido. Fue un año difícil.


Lucas Granero (Editor de La vida útil. Actor ocasional)

Una película

Sí, podría haber elegido cualquiera de las tres películas de Hong Sang-soo que vimos este año (en orden de visionado: On the Beach Alone at Night, The Day After y Claire’s Camera) o tal vez The Other Side of Hope, que probablemente sea la última película de Aki Kaurismäki si es que se decide por el retiro (esperemos que no) e incluso lo que tal vez haya sido el verdadero acontecimiento del año, es decir, el estreno de una nueva película de Lucrecia Martel. Pero no. Este año debe terminar con una nota que vaya en sincronía con la sinfonía de amarguras y derrotas que escuchamos hasta el hartazgo durante todo este año. Good Time, de los hermanos Safdie, es para mi una película en perfecta sintonía con su tiempo. ¿Cuántos están filmando películas como ésta? Está bien, pueden reclamarle que a veces la perilla de la sordidez se les sube demasiado, pero lo importante es que jamás se ponen por encima de sus personajes y con eso les alcanza para salir indemnes de la pesada condena del correctismo político que cada vez más y más parece dar por tierra las mejores intenciones. Algunos dirán que esa misma canción la tocan mejor los hermanos de Hell and High Water, pero a la sequía (en todo sentido) de la película de Mackenzie le pongo en frente la velocidad en clave rave de los Safdie y salgo ganando. Luces fuertes, un ritmo que va a 130 bpms, un lazo de hermanos indestructible y sobre todo eso la idea fija de que hay que irse de ahí, no importa dónde, sólo hay que salir, moverse, escapar. Un día en la vida en el planeta Tierra, año 2017.

Una canción

Las que se cantan y bailan y gritan en La bouche y Cilaos, diptico explosivo de Camilo Restrepo. Y también ésta de canción de Zombies que se escucha en Aliens, de Luis López Carrasco.

Un doble programa

Operai, contadini (Straub/Huillet, 2001) y Farpoes, Baldios (Marta Mateus, 2017)

La memoria de un pueblo, representada por sus discípulos.

Un descubrimiento

Van varios. Las películas de Julian Radlamaier que vimos en el Festival de Cosquín, history lessons como las de Straub & Huillet pero filmadas por Bugs Bunny. Las animaciones de Len Lye y Lewis Klahr, liechtensteins alucinados. Las cinco horas en las que acompañamos a las protagonistas de Happy Hour de Ryusuke Hamaguchi. Todo lo filmado por Zelimir Zilnik que vimos en Mar del Plata.

Un reencuentro

Del 21 de mayo al 3 de septiembre no hice otra cosa que pensar en Twin Peaks. Todavía, de vez en cuando, tengo mis momentos en los que vuelvo a ver ciertas escenas de la serie, tratando acaso de develar lo que fue imposible durante los meses que estuvimos mirándola en vilo, esperando ansiosamente la llegada de cada domingo en el que un nuevo episodio aparecía. La sorpresa fue siempre constante y nunca nos defraudó. La disección obsesiva de cada episodio que hicimos con un grupo de amigos vía WhatsApp (detalles, teorías, datos que pasaron desapercibidos) fue clave para que la experiencia se tornara aún más intensa y sobre todo divertida, claro. Cuando sentíamos que teníamos todo entendido, llegaba algo como el octavo episodio que nos hacía desarmar cualquier tipo de lógica hallada y nos instaba a empezar de nuevo. No hubo evento cinematográfico (yo diría directamente visual) que haya estado siquiera cerca de lo que Frost y Lynch consiguieron aquí. Cada escena de Twin Peaks: The Return traía consigo el nacimiento de un nuevo secreto, un enigma que nos hacía mirar siempre más de cerca, a veces para no encontrar nada y otras para verlo todo. Eso: como ver el interior de una caja de vidrio vacía.

Una experiencia

La experiencia del año es haber visto dos películas casi desconocidas de dos viejos amigos como lo son Rainer Werner Fassbinder y Jean-Luc Godard. Eight Hours Don’t Make a Day (1976) y Grandeur et decadence d’un petit commerce de cinéma (1986), vistas en la Sala Lugones y en el Festival de Mar del Plata respectivamente. Si le sumamos la retrospectiva de Antonio Reis y Margarida Cordeiro en BAFICI, queda claro que el verdadero valor de estos espacios de exhibición queda claro cuando estos tipos de acontecimientos suceden. ¡Qué vengan más!

Un texto

“Calibrar el ojo”, escrito por Malena Solarz para Revista de Cine, Nº4. Tcherkassky, Ford y Ozu y Antonioni unidos por la línea de horizonte. La historia del cine tiene más lazos de los que podemos pensar y textos como éstos vienen a descubrirlos con asombrosa lucidez.

Un fotograma

Grandeur et decadence d’un petit commerce de cinéma (Jean-Luc Godard, 1986)


 

 

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