Mar del Plata 2017 (03) – Scarlet a examen

Por Lautaro García Candela

Empezó el festival con una tenue lluvia que hace más gris a nuestra querida ciudad balnearia. Con modorra por el día, hacemos todo el tramiterío necesario y empezamos a pegar nuestros stickers por todos los cines. Este primer día vimos 78/52, un documental sobre la famosa escena de la ducha en Psicosis: al estilo Netflix, con entrevistas en perfil ¾, hay algunas personas que dicen cosas inteligentes y concienzudas sobre su incidencia en la historia del cine y la sociedad norteamericana. Pero no podía dejar de pensar que era más bien un documental sobre el corto horizonte cultural de los estadounidenses, que creen que al otro lado de los dos océanos no hay nada digno de ser rescatado. Curiosamente, en nuestro destemplado monoambiente despertó varias polémicas.

Entre película y película, logro hojear en un Clarín desgastado una entrevista que le hacen a Peter Scarlet, nuevo director artístico de Mar del Plata (gracias a la Confitería Balcarce, que no puedo dejar de recomendar, con un café rico y más barato que la otrora dorada Fonte d’Oro; le perdonamos que su contraseña del WiFi tenga una referencia a Carlitos Balá y que la música sonando por los altoparlantes sea Joaquín Sabina). Me parece un buen test, considerando que el medio por sus simpatías no va a ser muy punzante, ver qué dice. Es como si jugara de local. 

Transcribo algunas respuestas:

No estuve acá, así que no puedo juzgar lo que pasó en los últimos años. Cuando este año haya pasado, tus colegas y vos verán si fue mejor, igual o peor. […] Las expectativas son terribles: siempre arruinan nuestra experiencia de vida. Así que estoy tratando de no tener ninguna, y ojalá que ustedes tampoco las tengan. Vengan al festival y vean qué tal es.

Es muy poco tribunero pero a la vez es extraño que presente su festival como medida de valor para juzgar el trabajo que hizo. De hecho, es algo muy respetable. Que no se me malinterprete: sigue siendo polémica su designación en un contexto del cine argentino en el que podríamos decir sin repetir y sin soplar al menos tres o cuatro personas que podrían haber ocupado el cargo de manera destacable. Pero aún así, sus respuestas no están a la defensiva por no ser argentino ni tampoco dicen que somos el mejor público del mundo.

-¿Por qué aceptó el trabajo?

-Me ofrecieron una fortuna. Es una broma: me ofrecieron una suma que no era ni siquiera seria para sentarse a conversar. Pero era un desafío interesante: había escuchado que era un festival con reputación creciente.

¡Encima hace chistes! Me preocupa que no seamos serios presupuestariamente a nivel internacional (¿qué va a decir el FMI sobre nuestros festivales?) y que Scarlet “haya escuchado” que teníamos reputación “creciente”. Es una coartada bastante sospechosa: según su versión, Scarlet viene a dirigir un festival que conoce de oídas por mucha menos plata de la que se merece. Considerando que antes dirigió el festival de Abu Dhabi, ahí hay algo raro. Es como si un director técnico luego de cobrar esos sueldos disparatados que se cobran en Emiratos Árabes venga a dirigir a Boca Juniors porque parece que es un club promisorio.

¿Es mejor tener más películas? El catálogo de Montreal parecía la guía telefónica de una gran ciudad, pero había sólo dos o tres películas interesantes, y mucha mierda. El fin de un festival es presentar trabajos nuevos, copias restauradas de películas del pasado que la gente no vio apropiadamente, y también ejercitar la discreción territorial. Tiene que funcionar como un San Jorge cinematográfico: los dragones están por bajar a la ciudad y nuestro trabajo es matar a los peligrosos antes de que destruyan la ciudad.

Puede parecer un dislate, pero hay que celebrar la palabra mierda en un funcionario público. Sólo me pregunto qué hubiese pasado si lo hubiese dicho alguien no afín al medio en el que sale la entrevista: se hubiera hablado de la incorrección y de la falta de modales. Aunque quizás sólo dijo bullshit y el traductor se sintió con libertad. Su descripción de lo que debería ser un festival es justa y concisa, sólo que no creo que sea la descripción de esta edición de Mar del Plata.

[…] Pero también sé que en el mundo en que vivimos se espera que te digan qué mirar o qué comprar. Preston Sturges dirigió Christmas in July, en la que Dick Powell participa en un concurso de eslógans para una compañía de café. Sus compañeros le hacen una broma mandándole un telegrama diciendo que ganó. Todo está tan desorganizado en la empresa que organiza el concurso, que le dan el premio y él es ascendido en su trabajo. Después el error es descubierto, y lo degradan. Entonces el personaje de Dick Powell le dice al que lo ascendió: “Me ascendiste porque te gustaban mis ideas, que siguen siendo las mismas”. Y el tipo le contesta: “Yo no sé nada de ideas. Pensé que eran buenas porque ganaste el concurso”. Y así funciona la gente: “Pensé que la película era buena porque ganó el premio”. Es más fácil que pensar por sí mismos.

No sólo es muy buena sino que también es muy pertinente la cita cinéfila. Sobre todo (y esto quizás Scarlet no lo sepa) considerando los premios de las últimas ediciones de la Competencia Internacional. El problema es que esa anécdota puede aplicarse a su propia experiencia como director de festivales: sabemos que estuvo en la Filmoteca Francesa y en el Festival de Tribeca pero nadie sabe si tuvo algún descubrimiento de esos que marcan un hito, una decisión fuerte de privar a tal película sobre otra. Parece que lo asocian con nombres como Jane Campion, Léos Carax y Hou Hsiao Hsien: 50% de efectividad. Y no parece que podamos juzgar su trabajo en este festival al que llegó cuando su preparación ya estaba empezada aunque él pida que lo hagamos.

Voy a ir a lo seguro y recomendar que vayan a ver los clásicos restaurados, como All That Jazz, Octubre, Camila, Blow-up, Pizza, birra, faso, Lucía […] Por lo demás, diría que para evitar las expectativas, abran el catálogo, cierren los ojos, apunten a algo al azar y vayan.

La última respuesta, apelando al azar y al espectador desprevenido, es un gesto populista: si bien ese público, el que va a sorprenderse sin saber nada sobre autores, festivales, y todo el sistema que lo rodea, es considerable y quizás el más deseado por quienes hacen los festivales, no es el que genera todos los discursos y la memorabilia sobre el propio festival. Incluso diría que trata de extender su experiencia en las salas de todo el año a estos diez días también. Quizás Scarlet sabe que el otro público, el cinéfilo, es más difícil de convencer y no hace el esfuerzo.

Por otro lado, no puedo dejar de identificarlo como un típico comentario de funcionario macrista que apunta a la ignorancia actuada y al canchereo para forjar cierto tipo de identificación con quien esté escuchando. No parece estar en consonancia con el resto de su discurso, muy poco nacionalista e ingenioso en un buen sentido. Hay que decir que Scarlet se sacó un 6. Lo estaremos vigilando de cerca.

 

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